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Desenvolvimiento Histórico Epistemológico de la Psicología III “B” 1

Examen final. Tema: La ética del psicoanálisis y la moral capitalista. Una lectura
desde Lacan y Zizek

La ética del psicoanálisis y la moral capitalista: una lectura desde Lacan y Zizek

Objetivo expositivo: Me propongo responder a la pregunta “¿por qué el psicoanálisis no es


una moral?”, correspondiente a un punto del programa de la unidad 3 de la materia Dhep III
B, Facultad de Psicología, UNR. Para ello, me valdré de los desarrollos de Jacques Lacan
en El Seminario 7 “La ética de psicoanálisis”. Una vez delimitado el campo
correspondiente a la ética del psicoanálisis en relación al deseo, ésta se articulará con la
perspectiva de Slavoj Zizek respecto de la naturaleza de la moral capitalista y las demandas
culturales de la sociedad actual. ¿Acaso el capitalismo neoliberal es un mandato a “ceder en
el deseo propio”?

A) ¿Por qué el psicoanálisis no es una moral? ¿Cuál es la originalidad del aporte


freudiano respecto de toda la reflexión ética anterior?

Toda moral pretende establecer una medida de la conducta, determinando lo que está
bien y lo que está mal. La ética es la rama de la filosofía que apunta a la reflexión acerca de
la condición humana y el cálculo de su acción.

A lo largo de la historia, la moral y la reflexión ética tradicional se ha orientado a una


determinación y elucidación de los bienes que corresponden al ser humano, generando
posturas filosóficas que apuntan a la búsqueda de la felicidad como un bien soberano o a la
exaltación de la razón para alcanzar un bien universal.

Según Lacan, Freud opera un cambio respecto de las éticas anteriores (Aristóteles,
Kant, Sade, Bentham).En primer lugar, el psicoanálisis no es una moral porque no responde
a una búsqueda del bien y de la felicidad, sino que deja al descubierto otro hecho más
radical: el lugar del soberano bien es un lugar inalcanzable en lo que respecta a la
constitución de la vida psíquica y social. Y Lacan encuentra motivos tanto en la
metapsicología como en los trabajos de reflexión sobre la cultura para argumentar esta
posición. El lugar de acceso a los bienes será vedado, ya que señalará como inalcanzables
los ideales de la moral del sujeto y de la cultura. El acceso a un bien soberano, completo,
acabado, estará vedada y se constituye como un lugar inalcanzable. En el malestar en la
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cultura, Freud señala tres fuentes que obstaculizan el acceso a la felicidad completa: 1) la
hiperpotencia de la naturaleza, 2) la fragilidad del cuerpo humano y 3) la inconsistencia de
las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los seres humanos. El precio de por
habitar y ser habitado por la cultura, fundada en la Ley y el deseo, supone la renuncia al
proyecto de la felicidad y bienestar plenos en función de las propias condiciones
constitutivas de la realidad humana.

Lacan efectúa su recorrido acerca de la cosa freudiana para dar cuenta de este
fenómeno y determinar qué es lo paradójico a nivel metapsicológico y que
constitucionalmente nos presenta los ideales éticos como vedados. La Cosa freudiana (del
Latín, causa) es decripta por Lacan como un elemento aislado en el origen para el sujeto,
constituyendo una división original de la experiencia de la realidad, lo cual lo configura
como un gran otro absoluto del sujeto, perdido para siempre. Es un lugar fuera del
significado, fuera del lenguaje y sólo se nos presenta en la medida en que hace palabra. Al
revisar el proyecto de psicología para neurólogos de Freud, lo rastrea en tanto constata que
el fin de la acción específica de la experiencia de satisfacción es volver a encontrar este
objeto, que se encuentra perdido desde el inicio. Por este motivo, es el lugar donde el objeto
fantasmático se coloca. Desde un inicio, la cosa se aísla como el lugar extranjero dentro del
sujeto en torno al cual gira todo el movimiento de las vorstellung, a través de una
organización de complejo de memoria. Es decir, el movimiento de las vorstellung se orienta
alrededor de este objeto mítico, y es el principio del placer el que gobierna la búsqueda del
objeto. Lacan repara en que esta búsqueda se provee de distintos rodeos, conservan una
distancia entre la satisfacción lograda y la satisfacción absoluta que significaría colmar este
lugar ausente, extranjero. Justamente es esta moderación entre placer y displacer lo que nos
orienta para pensar que alcanzar este soberano bien es imposible. Todo lo que es del orden
de lo bueno o malo corresponde al orden de las vorstellung y divide al sujeto, en tanto
ambos casos se articulan con la cosa.

Luego, existe un lugar de la cultura, tal como lo ponen en evidencia el psicoanálisis y


Lévi-Strauss que constituye una interdicción universal, que no tiene explicación alguna: el
lugar de interdicción del incesto, en tanto ley universal de la cultura humana y luegar
enigmático de la relación entre naturaleza y cultura. En tanto ley, funciona como resorte del
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principio del placer, interponiéndose y generando rodeos para alcanzar la satisfacción


absoluta. Este lugar es asociado, mediante el recurso a la afirmación de Melanie Klein, con
el cuerpo de la madre, esa madre primordial con la cual el cuerpo se encuentra fusionado y
el sujeto aún no se encontraría dividido sino en su plenitud. El principio de interdicción del
incesto consistiría en la imposibilidad de retornar a este lugar primordial.

Desde esta perspectiva, la cosa se presenta a nivel de la experiencia inconciente como


lo que hace la ley. Sin embargo, el suejto miente, porque lo que hay allí en realidad es algo
enigmático, y la interdicción sólo es un velo de esto enigmático, ya que en el principio no
pudo completarse su aprehensión.

Luego, la vía por la cual los principios éticos se formulan tiene la más estrecha
relación con el principio de realidad, que no es más que el correlato dialéctico del principio
del placer. La realidad se plantea al hombre por estar estructurada y por ser lo que se
presenta en su experiencia como lo que siempre vuelve al mismo lugar.

Tesis de Lacan: la ley moral se articula con la mira de lo real como tal, de lo real que
puede ser garantía de la cosa. “Sin ley, el pecado está muerto”. Propone reemplazar en la
frase de San Pablo “pecado” por “la cosa” Es decir, que es la ley la que pone en
funcionamiento la dialéctica con el deseo. Entonces, si lo real conduce a ser una garantía de
la cosa, de la conquista del máximo bien, se constituye en tanto deseo de muerte, ya que
sería la aniquilación del funcionamiento psíquico. Por este motivo el campo del das ding
constituye una paradoja ética: es el lugar hacia donde se dirige la tendencia del soberano
bien, sin embargo, si es alcanzado, es el fin de la vida psíquico porque implica la inercia, la
pasividad del significado, el cese del deseo y la compulsión de repetición.

En fin: el soberano bien está perdido. ¿Qué hacemos con ello? Y esto es lo que
distingue al psicoanálisis de toda moral: un sistema moral apunta al sostenimiento de lo
ideal, lo que en otras palabras es una demanda de lo imposible. En cambio, el psicoanálisis
permite apreciar lo ilusorio de tal demanda y cómo esta demanda de la cultura se articula
con el deseo inconciente, volviendo la mirada sobre lo real, como un lugar inaccesible
desde el orden simbólico, pero que es sin embargo el fundamento material de la existencia
y en tanto representa la fisura que impide el cierre de la sociedad sobre sí misma. La ética
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del psicoanálisis entonces consistirá en la consideración de la puesta en juego de la acción y


el deseo en el análisis. La ética conforme al deseo convoca al sujeto a resistir frente a
“ceder en el propio deseo” ¿El deseo de quién? Por una parte tenemos el deseo del
analizado, por otra parte, el deseo del analista. Esta articulación entre el deseo del analizado
y del analista es lo que constituye la complejidad de la situación analítica.

Por su parte, el deseo del analizado. La ética conforme al deseo convoca al sujeto a
resistir frente a “ceder en el propio deseo”. Para explicar esto, Lacan recurre a Antígona. Es
ella la que cede su deseo en función de la áte de su familia. Es una obediencia absoluta a la
ley del tema familiar que la convoca a su muerte y que la tiene muerta desde el inicio, tal
como nos declara ella misma. No puede sustraerse de su deseo desmesurado. Sin embargo,
el goce constituye la muerte. Es la alienación total del sujeto al deseo, lo que Lacan llama
“deseo puro”.

B) ¿Cómo podríamos describir las coordenadas de la ética en la modernidad?

La modernidad, como proyecto cultural, alentó las búsquedas morales en tanto se


consideró al hombre como portador de una bondad natural, es decir, el encuentro con la
cosa pertenecería al orden de la naturaleza y, dado que el discurso científico se proponía
revelar sus misterios, los saberes serían una fuente de acceso a los bienes naturales. Sin
embargo, esto distorisionaría la función del principio del placer, produciéndose la ficción
de una suerte de posibilidad de retorno a lo natural mediante los artilugios de la razón. La
razón iluminadora proveería la clave de estos bienes. Existe toda una tradición de la
filosofía política dedicada a la elucidación de estados de naturaleza de la sociedad humana
y de su intento de recuperación mediante diversos pactos sociales, que introducirían al ser
humano en el orden de la ley.

C)¿En qué consiste el concepto de “fantasía ideológica” en el pensamiento de Zizek?


¿Por qué toda ideología tiene una organización fantasmática? ¿Cuál es la relación que
establece la ética del psicoanálisis con la moral capitalista?
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Zizek concibe a los sujetos sociales frente a la ideología tal como entendemos al
sujeto del inconciente en relación con su fantasma. El fantasma lacaniano, el objeto que se
coloca sobre el lugar de la cosa para velar el agujero fundamental de la existencia humana y
forma parte de la dialéctica del deseo, funciona como una pantalla imaginaria que
estructura y da consistencia a la realidad que percibe el sujeto. En este sentido, Zizek lo
asimila al concepto de ideología de Marx, en tanto que falsa conciencia, construcción
discursiva que opera como falsa representación de la realidad en la medida que produce un
saber artificial para los sujetos respecto de la sociedad y de sí mismos. La ideología permite
la perpetuación de la dominación en tanto se ocupa de producir un discurso que legitime la
legalidad del orden social y permitir, así como también perpetuar, la dominación y la
obediencia. La ideología se encarga de ocultar la lógica de la legitimación de las relaciones
de dominación.

El fantasma moldea al deseo y le ofrece al sujeto el objeto imaginario que lo incita,


manteniendo así una promesa de alcanzar la totalidad anhelada. De manera similar la
fantasía ideológica no sólo apunta hacia aquello que el sujeto carece, sino que produce en
los sujeto s un deseo orientado a perseguir los bienes que le oferta. La fantasía ideológica
fabrica el deseo de los sujetos sociales para justificar la construcción de una realidad
conveniente al poder. Determina modos de desear y de goce.

Entonces, la ideología es fantasía ideológica en tanto que produce y sostiene la


ilusión de alcanzar la perfección, de superación de imperfecciones que causan el malestar,
manteniendo el deseo que aspira a cosas tales como la libertad, la felicidad y la verdad.

Zizek asimila la fantasía ideológica que provee el capitalismo a la cultura actual con
la posición discursiva del perverso. Ésta tiene que ver con la negación rotunda de la falta,
la cual intentará suturar, taponar, cubrir de alguna manera construyendo fetiches que
oculten la evidencia del inconciente, es decir, la evidencia del no saber fundamental que
constituye el lugar de la cosa. Esta posición dicursiva hace del sujeto un aspirante a la
conversión imaginaria de sí mismo en un objeto ideal, puesto que presenta al perverso
como librado del inconciente y amo de su goce, se oferta a sí mismo como capaz de
sustraerse de las fallas de la naturaleza y la cultura.
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El capitalismo se posiciona perversamente en la medida que pretende dar cuenta de


verdades científicas, políticas y económicas irrefutables, sin fisura y sin error, es decir, sin
lugar para la manifestación de la inconciente, proclamando un haber y un saber respecto
del goce.

La fantasía ideológica capitalista promueve una búsqueda desenfrenada del goce y


fomenta un modelo de intercambio social perverso, donde se produce la conversión de
todos los objetos y las otras personas al estatuto de la mercancía capitalista, es decir, que
son plausibles de aportar un bien que puede ser puesto en circulación en el mercado de
bienes y servicios. La felicidad se impone como imperativo categórico, hay un deber moral
del goce. La moral capitalista reconoce tal imposibilidad, pero la rechaza, fomentando la
sutura de la misma. El fantasma fomentado por el capitalismo es una ideología perversa con
aspiraciones totalizadoras, incitando a los sujetos a ceder en el deseo, a suprimirlo a cambio
de un goce que tapone las fallas inherentes al sujeto y la cultura. El acceso a la verdad, la
felicidad y la perfección son la promesa del bien que asegura el capitalismo en tanto que
fantasía ideológica. Es el velo fundamental, el fetichismo de la mercancía, tal como lo
describe Marx. Esto tiende al borramiento de los límites entre el sujeto y los objetos, en
tanto estarían ocupando el lugar del goce, del deseo puro, irresistible, al cual se precipita
Antígona, hacia la muerte. El kinismo representa el rechazo de la cultura popular de la
ideología oficial. La negación de la negación de la perversión de la ideología oficial es el
cinismo

La producción de un deseo particular, independiente de los mandatos de la cultura,


impide al sujeto sufrir la alienación a las demandas irrealizables de la cultura. Y es
justamente esto, lo que Lacan señala como “no ceder en su deseo”. Por otra parte, de ceder
en el deseo es de lo único que se puede ser culpable. Por esto mismo, cuanto más
obediencia a la ley, existe una mayor severidad del superyó, ya que se cede en el deseo
propio para cumplir un deseo que es demanda del otro.

La máxima ética freudiana “donde estuvo ello debo advenir yo”, es un primer
acercamiento a la ética del psicoanálisis en tanto la medida de la acción se inscribe en la
dialéctica de la ley y el deseo, juego que nos aleja del goce, de la muerte. También
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implicaría la responsabilidad ética de no incurrir en el deseo puro, en el imposible, tras la


ilusión ingenua de quedar absueltos del propio pecado al ceder la subjetividad y morir
pasivamente en el deseo del otro.