Vous êtes sur la page 1sur 68

¿Qué es la verdad?

Reflexiones sobre algunos truismos

Pascal Engel

Amorrorlu editores
Buenos Aires - Madrid
Índice general
La Vérité. Réflexions sur quelques truismes, Pascal Engel
e Pascal Engel, 1998. Reservados todos los derechos.
Traducción: Heber Cardoso
€)Todos los derechos de la edición en castellano reservados por
Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225, 7° piso - C1057AAS Bue-
nes Aires
Amorrortu editores España S.L., ClLópez de Hoyos 15, 3° izq. -
2SOO6 Madrid

www.amorrortueditores.com
La reproducción total o parcial de este libro en forma idéntica o mo-
9 Introducción. La pregunta de Pilatos
dificada por cualquier medio mecánico, electrónico o informático,
incluyendo fotocopia, grabación, digitalización o cualquier sistema 23 I. Las teorías canónicas de la verdad
de almacenamiento y recuperación de información, no autorizada
por los editores, viola derechos reservados.
25 1. La verdad-correspondencia
Queda hecho el depósito que previene la ley n° 11.723 41 2. La verdad-coherencia
Industria argentina. Made in Argentina 47 3. La concepción pragmatista y el
ISBN 978-950-518-377-7 verificacionismo
ISBN 2 218-72 061-2, París, edición original

57 TI. La deflación de lo verdadero


57 1. Redundancia y «descitación»
67 2. La concepción semántica
72 3. ¿La metafisica desactivada?

87 ID. La verdad mínima

Engel, Pascal 87 1. El concepto mínimo de verdad


¿Qué es la verdad? Reflexiones sobre algunos truismos - 99 2. Verdad científica y verdad moral
18 ed. - Buenos Aires: Amorrortu, 2008.
144 p. ; 20x12 cm. - (Biblioteca de filosofia)
111 Conclusión. El valor de la verdad
Traducción de: Heber Cardoso

ISBN 978-950-518-377-7
125 Posfacio a la edición italiana
1. Filosofia. l. Cardos o, Heber, trad. II. Título.
CDD 100
129 Bibliografia

7
Introducción. La pregunta de Pilatos

Poncio Pilatos preguntó: «¿Qué es la verdad?»


(Juan, XVIII, 37), Yse lavó las manos. Muy a me-
nudo, también nosotros planteamos esta pregun-
ta en tono decepcionado, dando a entender que no
tiene respuesta o que, si la tiene, es tan compleja,
vasta y profunda que carece de sentido buscarla,
que es mejor dejarla en manos de los filósofos. Pe-
ro ellos también parecen lavarse las manos. Se ha
dejado de creer en ella y no se sabe qué es. ¿Quién
que no fuera el fundador de alguna secta religiosa
se atrevería hoya darle por título a una obra La
búsqueda de la verdad? ¿Qué científico aceptaría
decir, sin adoptar toda clase de precauciones, que
la ciencia enuncia lo verdadero? ¿La propia filoso-
fía no ha archivado desde hace mucho cualquier
intento de definir esa noción pasada de moda?
Aparentemente, más vale encomendarse a una
forma de relativismo. ¿N o sabemos acaso que
existe una pluralidad de discursos, todos ellos
«verdaderos» a su manera, y que no existe una
verdad única hacia la que puedan converger?
¿Que la pretensión de un discurso de encarnar la
verdad no es precisamente más que eso, una pre-

9
tensión, que pone de manifiesto en aquel que la pugnase, en nombre de una mejor forma de vali-
formula, más bien, una voluntad de saber y de dación, la pretensión de otro no sería, en sí mis-
verdad que disimula en realidad voluntades de mo, más que otro relato, igualmente válido, pero
poder y de dominación? Si se acepta, además, con- también igualmente arbitrario.
siderar que la propia noción de verdad pueda ser No obstante, son muchos los que se resisten a
objeto de una investigación crítica, ya no lo es pa- ese relativismo.i' Hacen hincapié en que, aun
ra proponer un análisis ni menos aún para basar- cuando la pretensión de un discurso de acceder a
la en principios epistemológicos o metafisicos, una verdad objetiva choque contra el hecho de
sino para estudiar los efectos que del empleo de que la verdad parece siempre relativa a un marco
esta noción pueden obtener quienes la reivindi- conceptual o a un «paradigma», no es menos cier-
can: efectos de saber, que también son efectos de to que la búsqueda de la verdad resulta siempre
poder, y que resultan, como dicen quienes inten- un ideal que rige nuestras investigaciones. Seña-
tan retomar la sofistica, efectos retóricos. De ma- lan que, aunque podamos tener buenas razones
nera que lo que nos quedaría por hacer es el estu- para no creer ya en la Verdad, siempre se sigue
dio paciente, minucioso, de las maneras en que juzgando acertado combatir el error y denunciar
ciertos individuos y ciertos grupos se convierten, la mentira, y que reconocemos, como el sentido
durante determinadas épocas, en «maestros de la común, que existen criterios más o menos objeti-
verdad-.! Se nos dice que no hay modo de valida- vos para separar lo verdadero de lo falso. Des-
ción universal y objetivo de lo verdadero; sólo hay pués de todo, incluso los intelectuales más dis-
variados «regímenes de veridicción» en contextos puestos a estigmatizar en sus obras teóricas la
determinados, a través de los cuales diversas au- crisis de valores cognitivos y éticos, llegado el mo-
toridades se apropian del derecho de decir lo ver- mento, no han vacilado en participar en comités
dadero y promueven, mediante ciertos relatos, «Verdad y justicia»: sería impropio suponer que
sus pretensiones.é Cualquier discurso que im- adherían a ellos por puro cinismo. Aunque este-
mos prestos para ironizar acerca de todos los tra-
vestismos que el ejercicio del poder político puede
1 Véase M. Détienne, Les Maitres de vérité dans la Gréce
archaique, París: Maspero, 1967 [Los maestros de verdad en
la Grecia arcaica, Madrid: Taurus, 1983]. 3 No cabe menos que concordar aquí con las lúcidas refle-
2 Véase P. Veyne, Les Grecs ont-ils cru a leurs mythes?, Pa-
xiones de R. Boudon en contra del relativismo contemporá-
rís: Seuil (reed. col. «Points»), 1983 [¿Creyeron los griegos
neo. Véase, por ejemplo, Le Juste et le Vrai, París: A. Fayard,
en sus mitos? Ensayo sobre la imaginación constituyente,
1995.
Barcelona: Granica, 1987].

10 11
producir, cuando un ministro, por ejemplo, emite aserciones+ Según este análisis, lo que importa
un pasaporte falsificado, bien sabemos que el do- no es el sentido «profundo» de la palabra «verda-
cumento en cuestión es sencillamente falso, del dero», porque no lo tiene, sino las actitudes psico-
mismo modo en que los peritos, cuando se trata lógicas, los valores y las prácticas que adoptan los
de decidir si un cuadro es auténtico o no, dejan a individuos o los grupos que consideran como ver-
un lado las reflexiones de los estetas acerca del daderos ciertos discursos. «Verdadero» es un pre-
necesario entrelazamiento de la verdad y la men- dicado estimativo, que designa un valor que atri-
tira en el arte. buimos a nuestros enunciados; es precisamente
Al relativista le será fácil objetar aquí que la eso, no tiene valor supremo, en particular el de
existencia de un conjunto de criterios prácticos de verdad. La verdad sólo es un epifenómeno, una
verificación de nuestros enunciados, e incluso la especie de proyección ficticia de esos valores o de
permanencia de un ideal de verdad en cierto nú- esas prácticas: primero tenemos actitudes, luego
mero de discursos, no prueban en absoluto que hacemos como si se refirieran a una «realidad»
esos criterios o ese ideal estén realmente basados objetiva. Pero no hay realidad objetiva: sólo están
en una esencia o en una estructura subyacente de nuestras actitudes, nuestros valores, nuestras
la realidad que sea común a esas prácticas o a prácticas. Es un tema recurrente en numerosos
esos discursos, a la que, según la imagen tan a sectores del pensamiento contemporáneo. Exis-
menudo denunciada, «reflejarían». El relativista ten antecedentes en la idea de D. Hume según la
no necesita sostener la tesis radical según la cual cual el espíritu se «expande» sobre el mundo y se
la palabra «verdadero» no denota nada ni tiene modela una objetividad que no es más que el pro-
sentido alguno en el lenguaje común, en el cientí- ducto de nuestra psicología.P Se la vuelve a en-
fico o en el ético. Habitualmente, afirma que esa contrar en el perspectivismo nietzscheano, para
palabra tiene un sentido y una denotación, pero el cual sólo hay valores que determinan las inter-
que estos son relativos en función de los indivi- pretaciones o los puntos de vista, y no existe rea-
duos, de los contextos de enunciación o de las lidad externa fuera de esas interpretaciones: «La
prácticas. Le resulta perfectamente lícito decir verdad no es más que una ilusión y hemos olvida-
que «verdadero» es un término que asociamos con
nuestros enunciados o con nuestras teorías para 4 R. Rorty, «Davidson, le pragmatisme et la vérité», en
Science et solidarité, Éd. de l'Éclat, 1991.
expresar el hecho de que los aprobamos o que los
5 Para una articulación contemporánea de esta problemá-
aceptamos. Como dice R. Rorty, «verdadero» no es tica, véase S. Blackburn, Spreading the Word, Oxford: Ox-
más que un «cumplido» que dirigimos a nuestras ford University Press, 1985.

12 13
do que era sólo una ilusión». De nuevo se la en- El desafio que plantea el escepticismo contem-
cuentra en numerosos trabajos de sociología de poráneo en lo referido a la verdad me parece real
las ciencias, cuando se nos dice que lo que hay y serio, como todos los desafíos escépticos. Pero
que tomar en cuenta no son las declaraciones ex- no creo que se le pueda responder simplemente
plícitas de los científicos sobre la objetividad de reinstaurando sin más trámite la idea de que la
sus investigaciones, sino su «vida de laboratorio» ciencia describe bien la realidad, que incluso en
y los mecanismos de poder que impregnan dichas nuestro discurso comente tenemos criterios para
declaraciones. diferenciar lo verdadero de lo falso, que lo Ver-
Sería extenso el listado de esas lecturas genea- dadero, lo Bello y el Bien no son ideales tan supe-
lógicas, «sintomáticas» o «deconstructivas» de rados como se piensa, o aun reafirmando alguna
nuestros ideales de verdad y racionalidad. Todas forma de platonismo. Después de todo, no resulta
se preocupan por operar lo que podríamos llamar evidente que haya una realidad única, la descrip-
una deflación, antes que un simple cambio total, ta por la ciencia: ¿N o puede haber descripciones
de esos ideales. Según esta línea de pensamiento, equivalentes, pero incompatibles entre sí, de un
de la que Rorty es uno de los más explícitos defen- mismo conjunto de datos empíricos? ¿Lo que sa-
sores contemporáneos, no se trata de decir que la bemos de la realidad no es relativo a nuestros
verdad y la realidad no existen, de suscribirse a esquemas conceptuales y teóricos? ¿Y a menudo
alguna forma de idealismo o de reintroducir esos no se plantean conflictos entre nuestros valores
ideales implícitamente, mediante una forma de cognitivos, tal como los hay entre nuestros valo-
homenaje negativo, para negarlos, sino de decir res éticos? No obstante, queremos decir también
sencillamente que no están vigentes, que el pro- que ciertas descripciones son mejores que otras;
blema de la verdad no se plantea. El eslogan, de que, a pesar de que están relacionadas con nues-
tipo nietzscheano, es: más allá de lo verdadero y tros esquemas, tienen que ver con algo que es in-
de lo falso y, por lo tanto, más allá del realismo y dependiente de ellos, y que no todos los valores
del idealismo, e incluso también más allá de los son equivalentes. ¿Cómo evitar, en todos estos
propios relativismo, escepticismo y nihilismo. Por casos, reintroducir, por medio de normas o de va-
eso, uno podría, al igual que Pilatos, lavarse las lores sustitutos -como los de la corrección o de la
manos y esgrimir una y otra vez la ironía, el hu- justeza, a menudo invocados para evitar hablar
mor, incluso el cinismo, frente a los ideales gran- de la verdad-, esta misma noción, así como las
dilocuentes y superados de aquellos que todavía de realidad y objetividad? Es una pregunta que
muestran piedad ante la Verdad. quienes desean mantener esos valores cognitivos
les plantean a los relativistas y a los escépticos, y rentemente sólo los lógicos que se han interroga-
es también una pregunta que estos últimos de- do sobre la naturaleza de la verdad lógica, o sobre
ben formularse a sí mismos. Sin embargo, dudo qué significa la noción de enunciado verdadero en
de que se pueda dar respuesta a esta pregunta un sistema formal, para evitar paradojas semán-
simplemente rechazando elucidar lo que se pue- ticas como la del Mentiroso (<<Miento»:si es ver-
de o se debe entender con el término «verdad». Y dadero, resulta falso; si es falso, resulta verdade-
es aquí donde la interrogación de Pilatos debe ro), así como los filósofos del lenguaje corriente,
adoptar un sentido que parecen haber olvidado han prestado atención a lo que parece ser un
quienes la escuchan con oídos desencantados o cí- preámbulo a cualquier crítica de la noción «pro-
nicos. Después de todo, tal vez Pilatos deseaba funda» de verdad, a saber: un análisis preciso de
plantear una pregunta seria, y no sencillamente su significado usual. La mayor parte de las veces,
irónica, y acaso se preguntaba en realidad, inge- todo ocurre como si se la considerara algo adqui-
nuamente, qué es la verdad. 0, más bien, como rido, 10 cual no facilita la evaluación del alcance
las preguntas socráticas, exhortaba a la búsque- de su denuncia. Por el contrario, se puede pensar
da de una definición al mismo tiempo que expre- que, si existen ilusiones que denunciar, sería más
saba dudas respecto de la posibilidad de encon- importante enfrentarlas allí donde pueden tener
trarla. Pues bien: resulta bastante sorprendente origen, procurando ante todo construir la noción
comprobar que, entre los pensadores contempo- de verdad a partir de sus significados usuales,
ráneos que han pretendido denunciar los ideales aquellos que es posible considerar como superfi-
de la verdad, muy pocos se preocupan por expli- ciales y de poco peso, antes que procurar decons-
car cuál es su significado, por lo menos en los usos truirla a partir de sus significados profundos o
más corrientes. Hay, por cierto, excepciones fa- densos.
mosas en sus inspiradores, como en los casos de 'Ibdo esto no permite, sin embargo, responder
Nietzsche y Heidegger, quienes nos proponen al otro interrogante contenido en la pregunta de
elucidar lo que entendemos por «verdadero»; su- Pilatos: «¿Para qué puede servir la noción de ver-
gieren que resulta muy dificil ver en ello algo que dad?» y «¿Cuál es su utilidad?», Porque si no exis-
no sea una metáfora, o que existe un sentido más te, o si no es más que un epifenómeno, no se ve
profundo, el del «desvelamiento» o el de la «aper- qué usos reales podría tener, salvo engañar a los
tura a la presencia». Empero, ¿cómo comprender demás o engañarse a sí mismo. Tras el escepticis-
esas sugerencias sin antes pasar por un análisis mo acerca de la noción, también hay, evidente-
de la noción? En el contexto contemporáneo; apa- mente, un escepticismo en cuanto a la propia ma-

16 17
nera de plantear los problemas filosóficos, porque verdadera, y verdadera independientemente de
si la noción de verdad está vacía de sentido, la lo que podamos creer con respecto a ella. Es razo-
propia idea de que se puedan plantear preguntas nable, entonces, suponer que las preguntas que
buscando respuestas en términos de verdad o fal- tienen que ver con la existencia se pueden refor-
sedad tampoco tiene sentido, y resulta absurdo mular en términos de preguntas referidas a la
decir que la verdad sería el objetivo de nuestras naturaleza de las aserciones acerca de esas enti-
investigaciones y una norma cognitiva auténtica. dades. Por eso, en general, se puede denominar
Las oposiciones filosóficas tradicionales, corno la «realista», en determinado campo, a la tesis con-
del realismo y el idealismo, también están, desde forme a la cual los enunciados de ese campo son
esa perspectiva, vacías. En efecto, al desligarse susceptibles de ser verdaderos o falsos y tienen
de la noción de verdad, todo un conjunto de pro- condiciones de verdad que trascienden el conoci-
blemas clásicos en filosofia pierde sentido: no sólo miento que de ellos podemos tener; se puede de-
el del realismo y el idealismo, sino también cues- nominar «antirrealista», en determinado campo,
tiones relativas a la teoría del conocimiento o a la a la tesis según la cual los enunciados de ese cam-
naturaleza de los hechos morales. Veamos algu- po tienen condiciones de verdad relativas a nues-
nos ejemplos. tro conocimiento o a nuestras aserciones. De este
Puede no parecer evidente, en primera instan- modo, el realista en matemática, o el platónico,
cia, que el problema de la verdad tenga algo que afirma que los enunciados referidos a los núme-
ver con el problema del realismo. En el sentido ros o a las clases son verdaderos o falsos, pero el
usual, el realismo expresa la tesis según la cual antirrealista, o el intuicionista, sostiene que esos
ciertas entidades (los universales, el mundo exte- enunciados son demostrables o no demostrables.
rior, por ejemplo) existen independientemente de El realista en lo que concierne a entidades teóri-
nuestras representaciones. Es una tesis ontológi- cas en filosofía de las ciencias sostiene que los
ca que concierne a la naturaleza de lo que es o de enunciados referidos a esas entidades (como «ma-
lo que existe. Pero decir que el mundo, u otras en- sa» o «electrón») son verdaderos o falsos. El anti-
tidades, existen independientemente de nuestras rrealista, o el instrumentalista, sostiene, por el
representaciones implica también preguntarse si contrario, que solamente tienen condiciones de
esas entidades existen independientemente del verificación empíricas, relativas al resultado de
conocimiento que de ellas tenemos. Ahora bien: nuestras observaciones. El realista en lo que con-
conocer la existencia de algo significa saber que la cierne a la ética sostiene que nuestros enunciados
proposición que informa sobre esa existencia es morales, o referidos a los valores, son verdaderos
o falsos, y el antirrealista, o el subjetivista, sostie- do? Y, más en particular, ¿cómo analizar el signifi-
ne que son relativos a las aserciones y a las acti- cado de los enunciados matemáticos, científicos
, . '
tudes psicológicas de los sujetos. Se pueden forjar eticos, etc.? Constituyen, en suma, un conjunto
oposiciones similares en el campo de las entida- de preguntas clásicas, referidas al conocimiento
des ficticias, en el de las entidades mentales, y así a las teorías científicas, a la objetividad en moral'
sucesivamente. La noción de verdad es, asimis- al significado, que se volverían caducas si se ob-
mo, decisiva para evaluar el alcance de otras tesis viara la noción de verdad.f Rechazar esta noción
filosóficas, las que llevan a ciertas formas de re- es una opción legítima, tan legítima como la acti-
duccionismo: frente a esas entidades postuladas tud de los filósofos marxistas que rechazan la no-
para un campo del discurso, se puede, por cierto, ción de derechos del hombre, o la de ciertos mate-
aceptar, con el realista, que los enunciados co- rialistas que rechazan el vocabulario mentalista
rrespondientes tienen condiciones de verdad, pe- de nuestra psicología usual y pretenden reempla-
ro también se puede sostener que esas condicio- zarlo por un vocabulario neurofisiológico. «''Ver-
nes de verdad se reducen a las de enunciados más dad" -nos dicen los detractores- no es una pa-
primitivos. Por ejemplo, el fenomenismo admite labra que pertenezca a nuestro vocabulario-e? Sin
que existen mesas, sillas y objetos materiales co-
munes, pero sostiene que los enunciados referi- 6 En la filosofía contemporánea, fue el filósofobritánico M.

dos a ellos pueden ser traducidos en términos de ~~ett q~e~ procuró reconstruir de este modo esas opo-
siciones tradicionales en términos semánticos formulando
enunciados referidos a sensaciones; el behavio- el realismo y el antirrealismo en general corno tesis referi-
rismo también sostiene que los enunciados referi- das a las condiciones de significación de nuestros enuncia-
dos a los estados mentales se reducen a enuncia- dos y a la validez de la explicación de esas condiciones en
~rminos de verdad o falsedad. Fue Durnmett quien introdu-
dos referidos a disposiciones acerca del comporta- JO la noc~ónd~ «antirrealismo» en esos debates. La distingue
miento. ¿Cómo puede evaluarse la verdad de esos de la de Idealismo, pues el antirrealista, en cuanto reempla-
enunciados más primitivos en cada caso especí- za a la.verdad por la asertabilidad, no necesita negar que
las entidades del campo correspondiente existen, contraria-
fico? mente al idealismo. (Véase M. Durnmett «La vérité» Philo-
Por último, la noción de verdad desempeña un sophie de la logique, trad. de F. Pataut, París: Minuit, 1991,
papel central en semántica y en filosofia del len- y P. Engel, Davidson et la philosophie du langage, París:
PUF,1994.)
guaje. Muchos filósofos sostienen que el significa- 7. Duran~e su proc:so, Osear Wilde le respondió al juez,
do de una frase está determinado por sus condi- quien le lela sus escntos y le preguntaba si él mismo no los
ciones de verdad. Si la noción de verdad ya no es hallaba «obscenos»:«"Obsceno"no es una palabra que figure
en mi vocabulario».
pertinente, ¿cómo se puede analizar el significa-

20 21
embargo, sea cual fuere la opción que un filósofo 1. Las teorías canónicas de la verdad
adopte en cuanto a la verdad, incluso si niega que
sea importante o pertinente, aun así le será preci-
so pasar por un análisis de esta noción.

Utilizamos comúnmente la palabra «verdade-


ro» como un predicado que expresa una propie-
dad de lo que decimos o de lo que pensamos, de
nuestras aserciones, juicios, creencias o teorías.
(También la empleamos como un predicado de las
cosas: una verdadera ducha fría, un verdadero
hermano, etc.) En la mayoría de los casos, esta
propiedad es atribuida al contenido de lo que de-
cimos o pensamos. Ahora bien, en otros casos pa-
rece atribuírsela a su vehículo: frases, secuencias
de símbolos, representaciones, entidades menta-
les que tienen el poder de representar las cosas.
Empero, cuando alguien dice, por ejemplo, «El
cielo está azul» y se asiente con un «Es verdad»,
aunque parece que se hubiera atribuido la verdad
a la frase enunciada, resulta claro que de hecho
se la ha atribuido a lo que dice la frase, y no a los
sonidos o a los símbolos lingüísticos, pues la mis-
ma frase podría haber sido enunciada en otras
circunstancias y ser falsa. Asimismo, cuando se
dice que una creencia es verdadera, no se quiere
decir que el estado mental en el que consiste sea
verdadero, sino que lo verdadero es su contenido.

22 23
, entonces, que lo verdadero o lo falso son cuales reconocemos la verdad. De hecho, la dis-
proposiciones enunciadas o creídas, y no sus tinción depende de la cuestión de saber si se debe
<=Ll'''U~V~ concretos. La distinción tendrá su im- definir la verdad independientemente de los me-
pOI1:aJ1Cli3., pero por el momento supondremos que dios que tenemos para conocerla; y de ahí parece
verdad es predicada con contenidos proposicio- que cualquier análisis del sentido de esa palabra
de aserciones ojuicios o creencias, sin hacer se debe apoyar en una teoría acerca de la natura-
entre esas entidades. ¿Cómo definir es-
fU-"LLLlo..J.V'll leza de la propiedad en cuestión, en el sentido fi-
propiedad de ser verdaderos o falsos que les losófico del término. Todo el problema se reduce a
unnmos a nuestras aserciones o a nuestrosjui- saber si existe dicha naturaleza y, en caso afirma-
En cierto sentido, es lo mismo que pregun- tivo, cuál es.
«¿Cuál es el significado de la palabra "verda-
. Pero, en otro sentido, esta última pre-
no es idéntica a la anterior. Preguntar lo
significa «verdadero» puede implicar querer 1. La verdad-correspondencia
~'~ ..........
mediante qué criterios reconocemos la
sea cual fuere la manera en que la defina- En ese sentido, el significado más usual de la
con lo que las dos preguntas pueden diver- verdad, la definición, es la correspondencia con la
Se puede, por ejemplo, sostener, como lo hace realidad o con los hechos, el acuerdo o, para ha-
, que el criterio de la verdad es la evi- blar en términos escolásticos, la adaequatio rei et
f4=~".L,a., aunque la verdad sea la adecuación del intellectus. Pero eso parece ser una pura y simple
bensamiento a la cosa.f Las dos también pueden tautología, incluida bajo la forma en que la enun-
si se sostiene que el sentido último de ciaAristóteles en lo que es considerado (con el So-
no es más que el o los criterios por los fista, 262e-263b) como la primera «definición» de
la teoría de la verdad-correspondencia: «Decir
1En cuanto a la distinción entre criterio y definición, véa- que el ser no existe, o que el no-ser existe, he aquí
B. Russell, Essais philosophiques, trad. de F. Clementz y
lo falso; y decir que el ser existe, que el no-ser no
_Cometti, París: PUF, 1997, págs. 173 y sigs.
2 Con frecuencia aludiré a doctrinas filosóficas partícula- existe, he aquí lo verdadero» (Metafísica, I' 7,
a propósito de una u otra de las categorías de teorías ca- lOllb 26). Este texto, citado tan a menudo, está
. de la verdad aquí examinadas. Pero tengo clara con-
lejos de ser claro. Aristóteles parece asimilar, a la
de que ninguna es un caso puro y de que las teorías
describimos son más «ideales-tipo» que doctrinas real- manera de Parménides, la verdad y el ser, la fal-
sostenidas. sedad y el no-ser, pero no es ese el caso, pues el

25
Estagirita agrega en e 10, 1051b 3-8: «No porque consigo mismo: es una relación del intelecto con
creamos que tú eres blanco, eres blanco en efecto, el ser. Hay, además -señala Tomás de Aquino,
sino porque eres en efecto blanco, y al decir noso- citando a San Agustín-, un tercer sentido, aquel
tros que lo eres, decimos la verdad». Según Aris- en que lo verdadero es «lo que manifiesta lo que
tóteles, «la verdad y el error no están en las cosas es» (Heidegger lo recordará). Lo verdadero es,
[. .. ] sino en el pensamiento» (E, 3, 1027b 25), lo pues, un modo del ser, uno de sus modos más ge-
que demuestra que para él la relación entre ver- nerales como bonum, ens et unum, pero es «algo»
dad y ser no es tanto relación de identidad o de co- (aliquid) que significa de cierta manera «un otro
rrespondencia, sino de significado. Al comentar algo» (aliud quid). Se trata -dirán los medieva-
esos pasajes, Tomás de Aquino advierte la dificul- les- de un término trascendental, que trascien-
tad: por un lado, «lo verdadero es lo que es» y «lo de las determinaciones categorial es , que, según
verdadero y el ente no son diferentes bajo ningu- los términos de Tomás de Aquino, «agrega algo al
na relación [... ] Son, en consecuencia, por com- ente» y al mismo tiempo no le agrega nada. En
pleto idénticos»; pero, por el otro, si lo verdadero consecuencia, cuando se dice que el predicado
fuera idéntico al ente, «sería completamente en «verdadero» expresa una propiedad, más valdría
vano hablar de un ente verdadero, lo que no es el decir que expresa una propiedad relacional o una
caso; no son, pues, idénticos». Lo verdadero agre- relación, que es al mismo tiempo de identidad (en
ga, entonces, algo al ente: la relación del ente con el sentido inicial) y de conformidad o de corres-
el intelecto, que es «una relación de concordancia pondencia (en el sentido formal). Esto permite
entre este y aquel». «He ahí lo que se denomina comprender por qué el predicado «verdadero» se
"adecuación del intelecto y la cosa", y de esa ma- aplica a cosas (en el sentido en que un X es verda-
nera se cumple formalmente la razón de lo verda- dero en cuanto verdadero o auténtico -un ver-
dero [ratio veri]».3 Dicho de otro modo, lo verda- dadero amigo, una verdadera casa-, cuya natu-
dero es en sí mismo idéntico al ser y expresa una raleza denota), al mismo tiempo que indica una
relación de identidad que es anterior a la «razón conformidad con algo, es decir, una relación. El
de la verdad». Pero hay una segunda definición, sentido predicativo depende, pues, del sentido re-
la de la «perfección formal», según la cual lo ver- lacional.
dadero es también una relación, pero no del ser Como buen realista, Tomás de Aquino negaba
3 «Questions disputées sur la véritá- (Q. 1, 1-2,8-9), en R.
que del hecho de que se debiera distinguir el sen-
Imbach y M.-H. Méléard, eds., Philosophes médiévaux, Pa- tido de la verdad en la cosa del sentido de la ver-
rís: Plon, col. <<l0/18»,1986, págs. 80-1. dad en el intelecto se deducía que la verdad se en-

26 27
contraba ante todo en este último: «El juicio refe- autenticidad de un billete de banco aplicándolo
rido a la verdad dependería de la opinión de cada por superposición sobre un billete auténtico. Em-
uno; se volvería a caer así en el error de esos filó- pero, intentar obtener la superposición de una
sofos antiguos que decían que todo lo que cada moneda de oro mediante un billete de veinte mar-
uno juzga es verdadero y, por lo tanto, que esas cos sería ridículo. La superposición de una cosa
dos proposiciones contradictorias son verdaderas sobre una representación sólo sería posible si la
al mismo tiempo-r' Pero la dificultad se duplica cosa fuera en sí misma una representación. Y si
cuando se admite, como Gregorio de Rímini, que la primera concuerda perfectamente con la se-
la verdad no se predica de la cosa, sino del conte- gunda, entonces coinciden. Ahora bien: es preci-
nido de la proposición formulada, es decir, del sig- samente esto lo que no se puede tener si se define
nificado proposicional. Pues bien: si de ese modo la verdad como la concordancia de una represen-
se distingue una predicación de verdad (por ejem- tación con algo real. Resulta esencial que el objeto
plo, -Deus est») de una predicación de la ciencia o real y la representación sean diferentes-P
del saber (<<"Deusesse" est uerum»), deberíamos y si lo real y la representación son diferentes,
concluir en la imposibilidad de cualquier predica- agrega Frege, ya no hay acuerdo y se debe decir
ción de verdad, dado que sería necesario, incluso, que no puede haber verdad perfecta, sino que hay
asegurarse de que la segunda predicación (la de grados de verdad, lo cual es absurdo, pues la ver-
la ciencia) sea verdadera; dicho de otra manera, dad «no admite el más o el menos». La correspon-
que «"Deus esse" esse verum est verum-J' dencia es imposible porque presupone la existen-
Resulta interesante comprobar que G. Frege, cia de una relación entre dos cosas diferentes,
el fundador de la filosofia analítica, chocó exacta- aunque esta relación parece ser de identidad. Pe-
mente con las mismas dificultades y de ello con- ro Frege propone una segunda argumentación:
cluyó que no se puede formular ninguna defini- «Sin embargo, ¿no se podría plantear que hay
ción de la verdad como correspondencia: «Un verdad cuando la concordancia tiene lugar desde
acuerdo no puede ser total a menos que las cosas cierto punto de vista? Pero, ¿desde cuál? ¿Qué se-
en concordancia coincidan, es decir, que no sean ría necesario para decidir si algo es verdadero?
de naturaleza diferente. Se debe poder probar la Sería necesario averiguar si es verdadero que,
por ejemplo, una representación y un objeto real
4 !bid., arto 2,3, pág. 85.
5 Gregorio de Rímini, Commentaire des sentences, Prolo-
gue, question 1, article 1, en R. Imbach y M.-H. Méléard, op. 6 G. Frege, «La pensée», en Écrits logiques et philosophi-
cit., pág. 393. ques, trad. de C. Imbert, París: Seuil, 1971, pág. 172.

28 29
concuerden conforme al punto de vista en cues- nible y primitiva, con lo cual parece decir que en
tión. Nos enfrentaríamos de nuevo a una pregun- «es verdad que p» no hay nada más que el propio
ta del mismo género que la anterior, y el juego juicio «que p». Preguntar si, probar que, interro-
volvería a comenzar. De esta manera se fracasa garse para saber si, negar que, asombrarse de
al intentar explicar la verdad como un acuerdo. que, etc.,p es verdadero es lo mismo que pregun-
Pero cualquier otro intento por definir al ser-ver- tarse si, probar que, etc., p. Es como si no se pu-
dadero fracasa igualmente. Una definición pro- diera ir más lejos de la simple equivalencia:
pondría ciertos rasgos característicos de lo verda-
dero, y en una aplicación particular se trataría (E) «Es verdadero que p si y sólo si p».
siempre de saber si es verdad que los rasgos carac-
terísticos son comprobables. Se da vuelta en círcu- Aquí, Frege parece anticiparse a lo que luego
los. Resulta, pues, verosímil que el contenido de la se llamará la concepción deflacionista de la ver-
palabra "verdadero" sea único en su género e inde- dad, según la cual no hay nada más que decir so-
finible».7 bre la verdad que no sea esta equivalencia tri-
La objeción de Frege, que hace eco a la de Gre- via1.8 Ello parece condenar de antemano cual-
gorio de Rímini, estriba aquí en que si se define la quier intento de definición informativa de la pala-
verdad como correspondencia con los hechos o bra «verdadero».
con la realidad, también habrá que admitir que la Sin embargo, se puede resistir esta argumen-
cuestión de saber si p corresponde o no a los he- tación de Frege por dos razones. La primera es la
chos dependerá de la cuestión de saber si el juicio siguiente: aunque admitamos que el predicado
«p corresponde a los hechos» corresponde en sí «verdadero» es redundante, e interno, de alguna
mismo a los hechos o es verdadero en ese sentido. manera, al hecho de emitir un juicio o de hacerlo
Esto se aplicaría, además, a una definición de la con éxito, de ello no se deduce que no tengamos
verdad en términos de coherencia de un juicio con una cierta concepción de lo que hace que un juicio
otros, pues aún sería preciso saber si el juicio «p
es coherente con otros juicios» es en sí mismo ver- 8 Frege lo enuncia en el mismo texto (pág. 174), pero, a di-
dadero, y así con cualquier otra definición que ferencia del deflacionismo que examinaremos más adelan-
presuponga de esta manera lo que debe definirse. te, defiende la idea de que la verdad es una propiedad real y
sustancial de nuestras aserciones y de nuestros pensamien-
Frege concluye que la noción de verdad es indefi- tos, que están, cuando son verdaderos, en conformidad con
el «ser-verdadero». Véase P. Engel, La Norme du vrai, París:
7 Ibid., las bastardillas son mías. Gallimard, 1989, págs. 118-9.

30 31
sea mejor que otro. Para retomar una analogía de No obstante, si esas nociones son en sí mismas
Dummett, del mismo modo en que el propósito de indefinibles, en lo esencial, ¿no se le concede ra-
un juego es ganar, el propósito de una aserción es zón a Frege? Le incumbe entonces al partidario
la verdad. Pero eso no nos impide saber cuándo de la teoría correspondentista tratar de articular
nuestras jugadas son mejores que otras ni cuán- una concepción de la naturaleza de los hechos o
do nuestros juicios están más justificados -y, en de la realidad que permita comprender la noción
ese sentido, son más verdaderos- que otros. de verdad en términos de esa naturaleza, y no a
Aunque la verdad sea interna al juego, no puede la inversa. Esas concepciones no faltan: es, tradi-
serIe solamente interna. cionalmente, lo que supone hacer metafísica. La
En segundo lugar, el argumento de Frege sólo realidad puede estar compuesta por sustancias,
vale contra la teoría de la verdad-corresponden- individuales o no, materiales o espirituales; pue-
cia si se supone que está orientado a explicar o de- de estar compuesta por entidades estructuradas
finir la verdad por medio de la noción de hecho o o no, particulares o que componen un Todo indivi-
la de realidad. Y, efectivamente, esta definición es sible, etc. Sea como fuere, el problema es: ¿pode-
circular si la noción de hecho o la de realidad no mos tener una concepción tal de la realidad que
tienen otro contenido que la propia noción de ver- sea a la vez independiente de nuestras aserciones
dad. Pero el partidario de tal definición no está y de nuestros juicios (sin lo cual hablar de «corres-
obligado a aceptar esa caracterización de lo que pondencia» no tiene sentido) e independiente de
emprende. Puede considerar las nociones de he- la propia noción de verdad (sin lo cual esta con-
cho, de realidad o de ser como nociones primitivas cepción es circular)?
o últimas. Puede admitir que haya regresión o Tratemos de ver si ello es posible, a partir de
circularidad, pero que sea virtuosa, y no viciosa: las teorías filosóficas que articulan la intuición
«p corresponde a los hechos» debe corresponder correspondentista en términos de la noción de
con los hechos, pero eso mismo es un hecho, o eso hecho. En la filosofía contemporánea, el atomis-
es, como dice Aristóteles. Lo que se requiere en- mo lógico defendido por Russell y Wittgenstein en
tonces no es una concepción de la verdad, sino la década del veinte es un paradigma de ese géne-
una concepción de los hechos o del ser.?

pues la propia cosa sería una representación. Es la tesis se-


9 Aquí es posible defender otra tesis, que Frege parece ex- gún la cual la verdad consiste en la identidad entre el conte-
cluir cuando dice que la relación de correspondencia entre nido de una proposición y un hecho, a la que a veces llama-
una representación y la realidad no puede ser la identidad, mos teoría de la verdad como «identidad».

32 33
ro de teoría. 10 Un hecho es un conjunto estructu- turbaba a Russell, es la de los hechos negativos:
rado de entidades de la realidad, un complejo de «Mi vaso no está vacío", ¿es verdadero en virtud
individuos y de sus propiedades o relaciones. Se- de su correspondencia con un hecho negativo es-
gún el Tractatus logico-philosophicus, la noción pecífico, o bien en virtud de su falta de correspon-
de correspondencia es un isomorfismo estructu- dencia con un hecho positivo? La segunda, cuyo
ral: las proposiciones son imágenes de los hechos, origen también se encuentra en Frege, es que si
y a los elementos de las proposiciones les corres- se dice que un hecho es lo que corresponde a una
ponden los elementos de los hechos pertinentes, y proposición verdadera, y que todas las proposicio-
la manera en que los elementos de las proposicio- nes verdaderas designan una sola y misma enti-
nes -nombres, en última instancia- son combi- dad -lo Verdadero-, entonces deberíamos decir
nados para formar la proposición corresponde a que todas las proposiciones verdaderas, o mate-
la manera en que los elementos de la realidad rialmente equivalentes, designan el mismo he-
-objetos- están vinculados entre sí. Esto pare- cho. De ello parece deducirse que no se pueden in-
ce ser exactamente la teoría que necesitamos. Pe- dividualizar los diferentes tipos de hechos a los
ro resulta notorio que deja sin explicar la relación que corresponden las proposiciones. 11 La tercera
de correspondencia: una correspondencia (la de objeción estriba en que el atomismo lógico presu-
las proposiciones con los hechos) es explicada en pone que las proposiciones atómicas, y los hechos
términos de otra (la de los nombres con los objetos que les corresponden, son independientes entre
y la de la estructura de las proposiciones con la de sí. Pero, ¿es en verdad así? El hecho de que Nápo-
los hechos). Según Wittgenstein, no puede ser di- les esté al sur de Roma, ¿es independiente del he-
cha y está destinada a seguir siendo misteriosa, cho de que Roma esté al norte de Nápoles (lo cual
lo cual parece confirmar a la perfección el diag- es una versión de la dificultad anterior)? ¿Hechos
nóstico de Frege. aparentemente independientes como «Esto es ro-
Independientemente de lo expuesto, dicho gé- jo" y «Esto es azul" lo son en verdad si los concep-
nero de concepción choca contra cuatro clases de tos de color son interdependientes? De manera
objeciones bien conocidas. La primera, que per- general, ¿se puede convertir en verdadera una

10 Véase B. Russell, "La philosophie de l'atomisme logi-


11 Resulta imposible detallar aquí este argumento, que se
que", en Écrits de logique philosophique, trad. de J.-M. Roy, denomina el «tira piedras de Frege». Véase D. Davidson, En-
París: PUF, 1989; L. Wittgenstein, Tractatus logico-philoso- quétes sur la vérité et l'interpretation, trad. de P. Engel, Ni-
phicus, trad. de G. Granger, París: Gallimard, 1992 [Tracta- mes: J. Chambon, 1993, cap. 3, y P. Engel, La Norme du
tus logico-philosophicus, Madrid: Altaya, 1994]. crai.op. cit., caps. 1 y 5.

34 35
proposición sin convertir en verdadero un conjun- cosas y de las propiedades que forman parte de
to de otras proposiciones? Es esta una de las razo- ellas. Ahora bien: cuando decimos que el hecho de
nes que llevaron a Wittgenstein a abandonar el que El gato esté sobre la alfombra corresponde al
atomismo lógico. Por último, se cuenta con toda enunciado de que el gato está sobre la alfombra,
una familia de argumentos para demostrar que ¿podemos decir que, además del gato, de la alfom-
existe una multiplicidad de maneras diferentes bra y de la relación entre ellos, hay una entidad
de proyectar nuestras proposiciones y sus ele- compleja, a la que se podría denominar el ser-
mentos sobre la realidad, todas ellas concordan- sobre-la-alfombra-del-gato? Si se responde por la
tes con esta realidad, pero que, sin embargo, son afirmativa, ¿qué es esa entidad extraña que flota,
incompatibles entre sí.12 por así decirlo, sobre los objetos familiares en
Como respuesta a estas dificultades, es posible cuestión? ¿Y diremos que hay aún otra entidad
tratar de proporcionar concepciones de los he- que corresponde a otro enunciado, como El gatito
chos, de los estados de las cosas o de las situacio- está sobre la alfombra, que parece enunciar, en
nes del mundo en términos de entidades cuyas otros términos, el mismo «hecho»? Ya es ontológi-
condiciones de individuación serían más estric- camente muy costoso admitir entidades tales co-
tas, o aceptar, asimismo, que la noción está desti- mo los hechos, que serían características, ontoló-
nada a seguir siendo vaga. Pero ninguno de estos gicamente autónomas, de las cosas y de las pro-
intentos parece escapar a la dificultad de tener :piedades corrientes. Más costoso aún resulta ad-
que definir un hecho o una entidad del mismo ti- :::nitir que existen tantos hechos como maneras
po, como es el caso cuando una proposición es ver- equivalentes de describir esos objetos.l-' Para
dadera y corresponde a la realidad, lo cual resulta
13 Otro ejemplo de teorías de la verdad que apelan a la no-
circular. Un partidario de la primera estrategia
ción de hecho es el que propone E. Husserl en las Recherches
deberá explicarnos cómo es que existen entidades Jogiques, trad. de Élie, Kelkel y Schérer, en particular, VI,
tales como los «hechos» que son distintas de las París: PUF, 1963 [Investigaciones lógicas, Madrid: Revista
de Occidente, 1967), donde habla de «estados de las cosas»
12 Esos argumentos tienen su fuente en la tesis de Quine que convierten en verdaderas a las proposiciones. Respecto
sobre la inescrutabilidad de la referencia. Véase W. V. O. ce esas teorías, véase K. Mulligan, B. Smith y P. Simons,
Quine, Le Mot et la chose, París: Flammarion, 1979, cap. 2 Truth-Makers», en Philosophy and Phenomenological Re-
(Palabra y objeto, Barcelona: Labor, 1968); D. Davidson, En- search, XLIV, 3, marzo de 1984, págs. 287-321. Mi objeción a
quétes sur la uérité et i'interprétation, op. cit., cap. 16; H. esas teorías no es tanto la objeción nominalista según la
Putnam, Raison, vérité et histoire, trad. de A. Gerschenfeld, cual aquellas parecen multiplicar más allá de lo necesario
París: Minuit, 1987 [Razón, verdad e historia, Madrid: Tec- ~ entidades que «vuelven verdaderas» a las proposiciones,
nos, 2006]. SUla el hecho de que parecen no poder definir la relación de

36 37
considerar la segunda estrategia, examinemos cional de las correlaciones: no importa qué pala-
brevemente la versión de la teoría de la verdad- bras puedan estar correlacionadas con no impor-
correspondencia propuesta por J. L. Austin.14 Se- ta cuál situación, lo cual quiere decir que las c.o-
gún él, la verdad se predica con enunciados, y no rrelaciones no descansan en ningún isomorfismo
con frases o proposiciones. Un enunciado es lo entre las palabras y las cosas. Esta definición no
que dice una frase en una circunstancia particu- pretende tanto expresar que los enunciados son
lar de enunciación. Los enunciados están vincu- verdaderos si corresponden a los hechos, sino
lados con el mundo mediante convenciones de dos más bien expresar que lo son si los hechos son
clases: (1) descriptivas y (H) demostrativas. Las tales como el enunciado dice que son. Pero hablar
convenciones (I) correlacionan las palabras, en su de convenciones es, al parecer, rechazar la propia
uso común, con tipos de situaciones, de cosas o de idea de una auténtica correspondencia con la rea-
acontecimientos del mundo. Las convenciones lidad; las convenciones son lingüísticas, creadas
(Il) correlacionan las palabras, tal como son utili- por nosotros: ¿qué tienen que ver, pues, con lo
zadas en circunstancias de enunciación específi- real? ¿Yen qué se distingue eso de una pura y
cas, con «situaciones históricas» (o específicas) simple tautología: un enunciado es verdadero
que se encuentran en el mundo. Austin postula cuando el estado de cosas pertinente es tal como
que un enunciado es verdadero cuando el estado se dice que es?
de cosas histórico con el que está correlacionado El resultado de todo esto es que parece extre-
por las convenciones (Il) es del tipo de aquel con madamente dificil articular la noción de hecho y
el que la frase utilizada para producir ese enun- de correspondencia con los hechos de manera
ciado está correlacionada con las convenciones sustancial y no trivial. Con toda evidencia , las
(1).15 Austin pone el acento en el carácter conven- proposiciones tienen una estructura, en el senti-
do de que su naturaleza depende de la combina-
ción de sus partes. Evidentemente, el mundo
«volver verdadera» una proposición, ni las entidades que también es algo estructurado. Pero, si lo es, ¿lo es
juegan ese papel (hechos, estados de cosas o situaciones), sin
utilizar el propio concepto de verdad, cuando tienen por de forma tal que la estructura de los hechos que lo
objetivo definirla.
14 Véase J. L. Austin, «La vérité», en Essais philoso-
phiques, trad. de L. Aubert y A. C. Hacker, París: Seuil, 1994 situaciones en las que un gato está sobre una alfombra y si
[Ensayos filosóficos, Madrid: Revista de Occidente, 1975]. las convenciones (H) correlacionan las palabras con el loen-
15 Por ejemplo, «el gato está sobre la alfombra» es verda- tor en la situación dada, aquella en la que este observa lafe-
dero si las convenciones (1) correlacionan esas palabras con linidad de Gatito sobre una alfombra.

38 39
componen se corresponde con la estructura de las dad mediante la adecuación de la realidad a en-
proposiciones que lo describen? Al mismo tiempo, tidades intermediarias entre sí pueda concluir en
¿cómo podemos articular la estructura de los he- otra cosa que no sea en el fracaso. También los
chos de otro modo que no sea diciendo que se co- han llevado a sostener que la primera rama del
rresponde con la de nuestras proposiciones? A dilema de Frege -la cual supone que no hay co-
menudo se objeta que si se plantean esas dificul- rrespondencia posible sino con una realidad to-
tades es porque nos concentramos en entidades talmente independiente de nuestras representa-
de tipo lingüístico, como las frases, o casi lingüís- ciones y de nuestro conocimiento- termina por
ticas, como las proposiciones o los enunciados, y forjar una imagen de la realidad perfectamente
se olvida que entramos en contacto con el mundo misteriosa, radicalmente exterior a nosotros y
a través de otras cosas que no son las palabras: sólo asible desde el punto de vista de un «exilio
entramos en contacto con él mediante nuestras cósmico». En ese sentido, la verdad de nuestras
percepciones, o en un nivel preproposicional o representaciones sería como una especie de foto-
«antepredicativo». Pero, ¿se desvanecen los pro- grafía o de espejo invisible. Y en cuanto a la se-
blemas cuando se opta por decir que la interfase gunda rama del dilema -que requiere la identi-
está constituida por percepciones? Si queremos dad entre la realidad y las representaciones=-,
mantener la idea de correspondencia, será preci- también parece insostenible, por lo menos si se
so decir que esas percepciones son representacio- quiere permanecer dentro de un marco corres-
nes de las cosas del mundo. Y aquí se reproduce el pondentista y realista.
dilema de Frege: o bien las cosas no se parecen a
nuestras representaciones y, en ese caso, no pue-
de haber correspondencia, o se parecen,pero
tampoco hay correspondencia. Esas dificultades 2. La verdad-coherencia
son perfectamente clásicas; pesan sobre toda la
teoría empírica de las ideas y vuelven a encon- ¿No se debe renunciar entonces a ese marco?
trarse, por ejemplo, en los intentos contempo- Hablar de una realidad que fuese enteramente
ráneos de explicar la representación en términos exterior a nuestro pensamiento, ¿no sería suscri-
de una covarianza entre los contenidos de nues- bir a un mito a menudo denunciado, el del «dato»
tros estados internos y los estados del entorno. que no sería informado por nuestro pensamiento?
Esos intentos han llevado a muchos filósofos a ¿Existen hechos independientes de nuestros jui-
dudar de que cualquier teoría que defina la ver- cios y de nuestras interpretaciones? Esto conduce

40 41
a argumentos familiares: ver una situación como coherente, sino que nuestras creencias son verda-
un «hecho» es juzgar e interpretar, y nuestros po- deras si pasan por un test interno a nuestras pro-
deres conceptuales impregnan y condicionan pias creencias. A un teórico coherentista no le es-
nuestras experiencias. Si la realidad, los hechos, tá prohibido sostener la primera hipótesis y dis-
no son independientes de nuestras creencias y de tinguir -al menos en primera instancia, como se
nuestros juicios, ¿qué es lo que constituye la ver- ha hecho antes- una definición de la verdad (co-
dad de nuestras creencias y de nuestros juicios? mo correspondencia) y un criterio de la verdad
De ese modo se llega a la idea de que la verdad no (como coherencia), por ejemplo al sostener que la
es la concordancia de nuestros juicios con la reali- realidad es la Sustancia infinita, o el Absoluto, o
dad, sino una concordancia de los juicios y las re- el Todo, y diferenciarlos de los modos de acceder a
presentaciones entre sí. Cuando se confrontan ellos. Pero, en ese caso, para el coherentista ha-
esos juicios con la experiencia, no se logra la reali- bría al menos una tensión entre su definición y su
dad en sí misma, sino otros juicios, otras creen- criterio, si admite que no hay otro criterio de cohe-
cias, otros enunciados, otras representacíonas.l" rencia que no sea la coherencia en el nivel del
El término apropiado ya no es entonces «concor- pensamiento o del conocimiento. Si lo admite, es
dancia», sino «coherencia». La teoría en cuestión más razonable para él sostener que el test de la
es la de la verdad-coherencia: una proposición, coherencia nunca puede realizarse en el nivel de
un juicio o una creencia p son verdaderos si y sólo la propia realidad, y reconocer que la teoría de la
si p pertenece a un conjunto coherente de proposi- verdad-coherencia es necesariamente una teoría
ciones, juicios o creencias. Como decía un célebre según la cual la naturaleza de la verdad depende
filósofo alemán: «Das Wahre ist das Ganze» [«Lo del criterio epistémico de su reconocimiento o de
Verdadero es el 'Iodo»]. Es importante compren- su justificación. Queda a su cargo, entonces, tra-
der bien el sentido de esta teoría. No significa que tar de explicar cómo es posible, en tales condicio-
nuestras creencias sean verdaderas si se corres- nes, mantener aún la idea de una realidad que
ponden con una realidad que sería en sí misma sería al mismo tiempo coherente e independiente
por sí misma, y no según un criterio interno a
16 No existe la obligación de concebir esas representacio-
nes como conceptuales; se las puede concebir como funda- nuestro conocimiento. Según ese criterio, que de-
mentalmente perceptivas. Pero aun así son relativas con be constituir la esencia de la verdad, nuestras
respecto al sujeto al que se le aparecen. El «dato» fenoméni- creencias son verdaderas no porque se correspon-
co, como dicen los fenomenólogos, ¿no es ante todo lo que se
nos da como fenómeno? Véase J.-L. Marion, Étant donné, dan con algo, sino porque tienen un cierto pedi-
París: PUF, 1997. gree o un cierto test interno a su naturaleza. Todo

42 43
el problema consiste, pues, en cuál es la naturale- dad en una conjunción de creencias verdaderas
za de ese test y de esta coherencia. vuelve falsas a estas).
En un sentido lógico mínimo, debe tratarse de Sin embargo, el coherentista tiene los medios
la coherencia lógica, es decir, de la no contradic- para responder a esta objeción. Lo que él entien-
ción: un conjunto de proposiciones o de creencias de por «coherencia» no es la coherencia en el seno
es verdadero si y sólo si no contiene creencias con- de un conjunto de proposiciones posibles o no es-
tradictorias o incompatibles entre sí. Pero aquí la pecificadas, sino la coherencia entre un conjunto
teoría coherentista se encuentra con una objeción de creencias provistas de un cierto pedigree, con-
devastadora: si el criterio y la definición de la ver- troladas o justificadas. De esta manera, Descar-
dad constituyen una coherencia en el seno de un tes (que en ese sentido es un coherentista) sostie-
conjunto de proposiciones o de contenidos que se ne que solamente las creencias claras y netas pa-
pueden juzgar, entonces se puede hacer que cual- san ese test. N o es necesario que el criterio opedi-
quier contenido sea coherente con otros, porque gree en cuestión sea externo a las ideas o a las re-
cualquier conjunto de proposiciones que mues- presentaciones verdaderas: es compatible con la
tren una coherencia interna puede pasar el test tesis spinozista del verum index sui. También se
de la no contradicción. Como lo destaca Russe11,17 puede sostener que el test de coherencia reside en
por más que el muy respetable obispo Stubbs ha- la posesión de un método de justificación confia-
ya muerto en su lecho, la proposición «Monseñor ble, susceptible de filtrar las creencias que tienen
Stubbs fue colgado por homicidio» puede ser uni- buen pedigree, o que la coherencia no afecta a las
da a todo un conjunto de otras proposiciones, de creencias efectivas o presentes, sino a creencias
manera de pasar el test de coherencia y, en conse- que tendríamos en circunstancias ideales, una
cuencia, volverse verdadera. De este modo, cual- vez que nuestros métodos de investigación estu-
quier conjunto de enunciados ficticios pasa el test viesen a salvo de la duda y fueran estables. El pe-
y así todas las novelas serían verdaderas. N o sólo so del argumento ya no se remite entonces a la
un conjunto de creencias falsas puede ser cohe- verdad, sino a la propia naturaleza del método.
rente, sino también que a cualquier conjunto E de Empero, aun cuando adopte esta estrategia, el
creencias verdaderas es posible agregarle un con- coherentista no está a salvo de la objeción de Rus-
junto C de creencias falsas pero coherentes con se11,pues, aunque se admita que la coherencia no
E. (E+C) sería, no obstante, falso (pues una false- remite a un conjunto arbitrario de proposiciones,
sino a un conjunto que pasa por un cierto test o
17 Véase B. Russell, Essais philosophiques, op. cit. por una cierta prueba, todavía es preciso poder

44 45
estar seguro de que ese test no permite el agrega- F. H. Bradley, uno de los partidarios más radica-
do de creencias falsas o ficticias a nuestro conjun- les de la teoría coherentista, haciéndose eco de las
to de creencias iniciales. Por ejemplo, como le pre- observaciones de Frege: «Para ser verdadera, la
guntaba Leibniz a Descartes, ¿cómo estar seguro verdad debe ser verdadera de algo, y ese algo 00
de que las creencias que llevan la marca de la evi- es la verdad».2o En tal caso, se vuelve a encontrar
dencia no son falsas?18 Nuevamente, aquí pode- la tensión antes señalada entre el criterio y la de-
mos idealizar y suponer que contamos con la ga- finición.
rantía divina o que nuestro método es completo.
Mas, en este caso, el problema para el coherentis-
ta reside en saber si puede atenerse a una teoría
pura de la coherencia. Si admite que nuestras 3. La concepción pragmatista
"." creencias son verdaderas al ser coherentes en y el verificacionismo
... _ una situación ideal, ¿no será esta, sencillamente,
una situación en la que nuestras creencias se co- La misma tensión está presente en lo que se
rresponden en definitiva con la realidad? Enton- considera el tercer tipo de teoría canónica de la
ces, ¿cómo evitar reintroducir subrepticiamente verdad: la teoría pragmatista. Se orienta a pro-
la definición de la verdad como correspondencia o porcionar un criterio de coherencia -y, por lo
adecuación? El coherentista puede suponerlo en tanto, una definición de la verdad- de las creen-
...... forma implícita, en cuyo caso la teoría será circu- cias destinado a controlar los conjuntos pertinen-

... ,
lar, o bien puede admitirlo con franqueza y soste-
ner una teoría dual, de acuerdo con la cual la ver-
tes. Ese criterio consiste en la utilidad o el éxito.
Un sistema de creencias modificado resultará más
dad es al mismo tiempo coherencia y correspon- útil o tendrá más éxito que aquel al que reem-
dencia. Así, Descartes admite a la vez la regla de plaza, y la virtud del progreso científico, a partir
la evidencia y la verdad como adaequatio, 19Kant del cual la verdad puede ser construida, es, en
admite la idea de que la verdad consiste en la particular, la de producir sistemas que «funcio-
coherencia entre nuestros conceptos y la confor- nan» cada vez mejor.
midad con la experiencia. Como dice lúcidamente La imaginería, tanto filosófica como popular,
ha asociado al pragmatismo, y en especial al de
18 Véase, por ejemplo, Méditations sur la connaissance, la
vérité et les idées, Schrecker, ed., París: Vrin, 1969,pág. 14. 20 F. H. Bradley, Essays on Truth and Reality, Ox:ford.
19 A. Mersenne, 16 de octubre de 1640. 1914,pág. 325.
W. James, con la ecuación «lo verdadero es lo pragmatismo, y en todo caso más cercana a sus
útil», y lo ha ridiculizado al presentarlo como una orígenes históricos, se apoya en la idea, defendida
ideología -típicamente norteamericana- de co- por C. S. Peirce, según la cual hay un vínculo ínti-
merciantes e ingenieros: lo verdadero es lo que mo entre la creencia y la disposición para la ac-
paga, lo que tiene «efectos». Bajo esta forma gro- ción.22 Creer que p es verdadero es estar dispues-
sera o vulgar, la tesis está expuesta a objeciones to a actuar de ciertas maneras o tener hábitos de
evidentes. Hay muchas cosas en las que es útil acción. Existe una versión behaviorista (aunque
creer pero que son falsas, y viceversa. También no sea la de Peirce) que entiende por «disposición
hay muchos casos, en la vida, en que la ignoran- para la acción» disposiciones del comportamien-
cia, la credulidad, incluso la estupidez, resultan to. Sin embargo, también ella está expuesta a ob-
más redituables que el conocimiento y la inteli- jeciones evidentes. Ninguna de nuestras creen-
gencia. Y hay una infinidad de verdades en las cias, y en particular nuestras creencias verdade-
que resulta inútil creer, como las respuestas a las ras, conduce a la acción ni se deja definir por com-
preguntas de los juegos televisivos, que se plan- portamientos, ni siquiera por clases de comporta-
tean precisamente porque son, en su mayoría, mientos. Además, la reducción behaviorista, si se
inútiles e idiotas. ¿Y cuál es el criterio mismo de considera que define la noción de creencia verda-
utilidad? Parece variar de un individuo a otro, de dera, es circular, pues su pone que estamos dis-
una comunidad a otra, de manera que el pragma- puestos a actuar como si nuestras creencias fue-
tismo tiene todo el aspecto de implicar un relati- ran verdaderas, lo cual implica un criterio inde-
vismo. De igual modo, como destaca Russell,21 el pendiente de lo que es una creencia verdadera,
pragmatismo así entendido deforma totalmente que no esté directamente vinculada con sus efec-
el concepto de conocimiento: saber que p es saber tos en la acción.
que p es verdadero; pero si saber que p es verda- Aquí, el pragmatismo adopta una estrategia
dero es saber que es útil creer que p, entonces, de que lo distingue de sus formas caricaturescas.
ello debería deducirse que cuando, por ejemplo, Sostiene que la virtud de utilidad que se adosa a
queremos saber si es verdad que la nieve es blan- nuestras creencias verdaderas no concierne a la
ca, queremos saber si es útil creer en esa proposi- utilidad efectiva de nuestras creencias particula-
ción, lo cual no es, evidentemente, el sentido de la
cuestión inicial. Una versión menos grosera del
22 Véase C. S. Peirce, «Comment rendre nos idées claires»,
en Textes anti-cartésiens, trad. de J. Chenu, París: Aubier,
21 B. Russell, Essais philosophiques, op. cit., pág. 173. 1984.

48
49
res, sino a los tipos de creencias que producen matista es una concepción epistémica de la ver-
nuestros mecanismos cognitivos y a los métodos dad, que establece un lazo esencial entre verdad y
de que disponemos para formar creencias en ge- justificación. Por último, es también una teoría
neral, cuyo método científico es el paradigma. La coherentista: una creencia es verdadera si es
verdad no está definida por la utilidad de aquello coherente con el conjunto de otras creencias de
que creemos de hecho, sino por la utilidad de aque- las que podríamos disponer una vez que estuvié-
llo que creería un agente ideal, ubicado en condi- semos en posesión del método apropiado de
ciones ideales, o, como dice Peirce, «en el límite de investigación, el que permite obtener creencias
la investigación científica». La verdadera teoría estables. Yeso sólo nos lo puede dar realmente la
pragmatista, la que se ajusta mejor a las inten- investigación científica. Mas Peirce está lejos de
ciones de sus autores, en particular las de Peirce, concebir esta coherencia ideal como el producto
está, entonces, muy alejada de la ecuación «10ver- de un proceso estático. Por el contrario, uno de los
dadero es 10útil». O, más bien, le da a esta ecua- temas esenciales de su pragmatismo es la idea de
ción un sentido sofisticado. Dice que una creencia que nuestras creencias comunes, así como
es verdadera si y sólo si, en condiciones ideales, es nuestras creencias científicas, se pueden revisar,
producto del método apropiado de investigación, y que nuestros conjuntos de creencias deben ser
y si es coherente con la totalidad de los datos dis- modificados a la luz de la experiencia, hasta
ponibles en esas condiciones ideales. Esta defi- llegar a un límite, tal vez inaccesible, pero que
nición compleja muestra, ante todo, que el 'prag- desempeña el papel, en sentido kantiano, de un
matismo no basa la utilidad de las creencias en focus imaginarius o de un ideal regulador.
cualquier criterio de utilidad o de acción. La utili- Pero, precisamente si nuestras creencias de-
dad , o los efectos en cuestión, son ante todo cog- ben ser revisadas a la luz de la experiencia, ¿no
nitivos o epistémicos. Lo verdadero es 10 que pa- significa esto que la realidad de la experiencia, in-
ga, pero 10que paga cognitivamente, en un campo cluido su término ideal hiperbólico, que en teoría
donde el valor supremo es ya entendido como un nos provee, es independiente de esta experiencia
valor de conocimiento y de investigación. Y Peirce y de los conjuntos de creencias que se supone pro-
sostiene, precisamente, que la esfera de investi- ducen nuestros métodos confiables de investiga-
gación científica no tiene que dejarse pisotear por ción? En este caso, ¿cómo puede el pragmatista
las otras esferas de utilidad o de interés: la bús- prescindir de la noción de correspondencia? De
queda de lo verdadero -no deja de insistir- es hecho, la mantiene y admite que la verdad es in-
totalmente desinteresada. Luego, la teoría prag- dependiente de 10 que podamos creer. Desde este

50 51
punto de vista, incluso la teoría pragmatista vul- objeción decisiva. Como el coherentista, puede
gar presupone una concepción de la verdad dife- admitir que defiende una concepción dual. Junto
rente de la simple utilidad. Por cierto, resulta útil con Peirce, puede sostener que el significado de
para mí creer que estoy redactando una pequeña una proposición es su concordancia con la expe-
obra sobre la noción de verdad, pero la razón por riencia posible, o su verificación, incluida la ideal,
la cual esta creencia resulta útil no reside simple- y que esto se aplica en todas partes, incluido el
mente en que producirá ciertos efectos, ya sean sentido de «verdadero». Dado que supone la exis-
vulgares o nobles. La razón consiste sencillamen- tencia de una verdad como límite ideal, el prag-
te en que es verdadera, a saber: que en efecto es- matista no apoya necesariamente la teoría según
toy redactando esta obra. De hecho, mi utilidad la cual la verdad es la verificación, la que común-
es directamente proporcional a mi capacidad pa- mente se denomina verificacionismo. Pero apoya
ra reaccionar ante el mundo sobre el que mis jui- una teoría verificacionista del significado: el sen-
cios me informan, y no a la inversa. Nuestras tido de nuestros enunciados es la posibilidad de
creencias no son verdaderas porque funcionen, su verificación mediante la experiencia posible.
sino que funcionan porque son verdaderas. La Los positivistas vieneses, de hecho, a menudo
mejor explicación de su éxito es su verdad, y por adoptan las dos teorías, que no resultan fáciles de
eso no se puede explicar la segunda a partir de la distinguir, y por lo menos un pragmatista, J. De-
primera. 23 wey, sostiene que la verdad es la verificabilidad o
Un partidario de la teoría correspondentista, y la «asertabilidad garantizada». Pragmatismo y
en todo caso un partidario de la tesis según la verificacionismo son, en todo caso, teorías episté-
cual la verdad es por esencia indefinible, conclui- micas de la verdad que vinculan esta noción con
rán que el pragmatismo, al igual que el coheren- la de aserción o con la de criterios de aserción, y
tismo, son sencillamente falsos o circulares. Pero que son antirrealistas por lo menos en el sentido
el pragmatista no está obligado a ver en ello una en que niegan que la verdad pueda ser totalmen-
te independiente de nuestras creencias. Les re-
23 Los au téen tilCOS pragmatistas
. no cometen, por cierto, el sulta dificil concebir que nuestras creencias pue-
error de creer que lo verdadero puede dejarse definir sola- dan ser radicalmente falsas, en el sentido en que
mente mediante lo útil. Así, F. Ramsey sostiene que una
creencia es una disposición para actuar y es útil si y sólo si
el escéptico puede suponerlo.é?
es verdadera (Philosophical Papers, Cambridge, 1990, pág.
24 Véase B. Russell, Signification et vérité, trad. de P. De-
27 [Obra filosófica completa, Granada: Comares, 2005». La
vaux, París: Flammarion, 1969, cap. XXI [Investigación so-
definición pragmatista presupone la noción de verdad en su
bre el significado y la verdad, Buenos Aires: Losada, 2003].
sentido correspondentista, y no a la inversa.

52 53
Pero esas teorías chocan con conocidas objecio- la experiencia, sino en bloque, de manera que no
nes. La primera postula que es muy dificil definir se puede revisar una parte sin revisar el conjun-
las condiciones efectivas, incluso las ideales, de la to. La noción de un límite ideal de la investiga-
verificación, y son notorias las dificultades de los ción, en el que coherencia y correspondencia po-
positivistas para definir criterios empíricos de sig- drían converger, no resuelve ese problema, pues
nificado y de verificación de enunciados. La segun- no sólo no se ve exactamente en qué podría con-
da plantea que, si bien el verificacionismo pretende sistir (¿habrá alguna vez un estado en el que se
mantener una relación entre la verdad y la expe- pueda contar con todos los datos disponibles?), si-
riencia, por lo general resulta dificil sostener es- no que tampoco se ve en qué podría ser compati-
to, por razones igualmente conocidas: teorías con- ble con la situación ya evocada: que la comunidad
trapuestas, incompatibles entre sí, pueden pre- ideal de investigadores científicos disponga de to-
decir exactamente las mismas consecuencias em- dos los datos y converja hacia una teoría única,
píricas. Así, si se recurre a un número apropiado que sin embargo se revele falsa. ¿El acuerdo, in-
de hipótesis ad hoc, la teoría ptolemaica siempre cluso ideal, de los investigadores reemplaza a la
puede ser construida de manera tal que produz- verdad?
ca exactamente las mismas predicciones que la Al igual que la teoría coherentista, la teoría
hipótesis copernicana. Es el problema clásico, en pragmatista y el verificacionismo tienen dificul-
filosofia de las ciencias, de la subdeterminación tades para conservar su concepción de la verdad
de las teorías por los datos empíricos. Si se lleva pura, y se debe admitir, con Russell, que en deter-
la coherencia hasta sus límites, se llegará a la minado momento la correspondencia prevalece
idea absurda, vigorosamente denunciada por K frente a la coherencia. Y, sin embargo, habida
Popper, de que todas nuestras creencias o teorías, cuenta de las objeciones que le han sido dirigidas
si recurren a ajustes apropiados, podrían volver- --en especial por Frege-, ¿puede la correspon-
se coherentes con la experiencia, lo que retrotrae dencia escapar a ellas?
también a la objeción russelliana. Vuelve a apare-
cer la misma idea, con otro nombre, en lo que
comúnmente se conoce como concepción holista
de las teorías científicas -de la que P. Duhem y
W. V O. Quine son los principales representantes
contemporáneos-, la cual dice que nuestras teo-
rías nunca encuentran por sí solas el tribunal de

54 55
TI.La deflación de lo verdadero

1. Redundancia y «descitación»

El punto al que hemos llegado parece ser el si-


guiente. Si tratamos de dar una definición de la
noción de verdad, ya sea en términos correspon-
dentistas o coherentistas, en términos pragma-
tistas o verificacionistas y, en general, en térmi-
nos de cualquier análisis «profundo» o por lo me-
nos informativo, no podemos hacerlo sin volver a
caer en la obviedad según la cual «''p'' es verdade-
ro» no remite a otra cosa que a «''p'' corresponde a
los hechos». Pero cuando tratamos de explicitar el
significado de esta última expresión, no consegui-
mos ir más allá de la tautología según la cual ella
significa que <'{J» es verdadero.
Esto no quiere decir que «verdadero» esté, por
ello, desprovisto de significado o de denotación,
sino más bien que el significado de esa palabra no
es un significado profundo. El sentido de la pala-
bra no es más que el que da la equivalencia ((E),
véase antes): es verdadero que p si y sólo si p (que
de ahora en más abreviaremos «ssi»). De hecho,
Frege muestra con claridad esta línea de pensa-

57
miento: «Si afirmo "Es verdad que el agua del para decir sobre verdadero, sino que es una cierta
mar es salada", expreso lo mismo que si afirmara función lógica consistente en afirmar la frase co-
"El agua del mar es salada" [. .. ] Esto no puede rrespondiente. Varios autores, como F. Ramsey y
llevarnos a pensar que la palabra "verdad" no Wittgenstein, han sostenido explícitamente, a
tenga sentido, pues, en ese sentido, una frase en continuación de Frege, que en la verdad no hay
la que "es verdad" tuviera la función de predicado más que esta equivalencia que hace del predicado
tampoco tendría sentido. Todo lo que se puede «verdadero» un predicado redundante o super-
decir es que la palabra ''verdad'' tiene un sentido fluo.2 Por eso, la teoría en cuestión es denomina-
que no contribuye en nada al sentido de toda la da, algunas veces, «la teoría de la verdad como re-
frase en la que figura como predicado-.! dundancia» o teoría deflacionista, porque produ-
En este sentido, «verdadero» no denota una ce una verdadera deflación en nuestros intentos
propiedad o una relación sustancial que tengan inflacionistas por ver en la verdad una propiedad
.. nuestros enunciados, como la correspondencia o sustancial.
la coherencia, sino un rasgo superficial: decir que No obstante, existen diferentes versiones posi-
bles de esta teoría, según la manera en que se lea
.. «P»es verdadero es sencillamente afirmar que p .
«Verdadero» no es un predicado auténtico, que la equivalencia (E). Si «verdadero» no es más que
denote una propiedad real del enunciado; sino un predicado de afirmación, entonces parece po-
que denota una cierta función lingüística o lógica: der aplicarse a cualquier frase «p», cuyo sentido
la de expresar una afirmación que de otro modo conozcamos o no y de la que sepamos o no por qué
habría sido efectuada enunciando otra frase que razones es enunciada. Por ejemplo, supongamos
expresara que p. Según esta concepción, «verda- que alguien pronuncia la frase «"Los snarks son
dero» es una especie de operador lógico en las fra- boojums" es verdadero». Trivialmente, se podría
ses, que se debe colocar en el mismo plano que co- inferir que afirmó «Los snarks son boojums». Pe-
nectores lógicos como y u o, tal como «falso» es ro, al parecer, no se podría inferir de ella que haya
equivalente a no. Así como ya no queda nada por afirmado que los snarks son boojums, a menos
decir con respecto a la conjunción, además del he- que se conozca el sentido de la proposición que es-
cho de que es una cierta función lógica caracteri- ta frase expresa. Saber que una frase es verdade-
zada por la tabla de verdad de y, tampoco hay más
2 F. Ramsey, «Facts and propositions», en Philosophical
Papers,op. cit.; L. Wittgenstein, Recherches philosophiques,
1 Nachgelassene Schrifften, F. Meiner Verlag, 1969, págs. París: Gallimard, 1962, § 113 [Investigaciones filosóficas,
271-2. ~Iadrid: Crítica, 1988].
ra es una cosa, pero saber qué proposición expre- que la teoría de la «descitación» simple sólo se
sa es otra, y este segundo saber es el necesario pa- puede aplicar si se refiere a frases, porque no son
ra determinar qué verdad se afirma de ese modo. las frases (declarativas) las que resultan verda-
Esta distinción señala la diferencia entre dos con- deras o falsas, sino las frases enunciadas en cierto
cepciones de tipo deflacionista. Según una de contexto; dicho de otra manera, los enunciados.
ellas, «verdadero» es un predicado que se aplica a Por ejemplo, «Yotengo hambre» sólo es verdadera
frases y que sólo actúa como un dispositivo desen- en el contexto en que el término indicial «Yo»deno-
trecomillador, como una «descitación» de una ta a un individuo que tiene hambre, y «"Yotengo
frase de la forma «''p'' es verdadero», que permite hambre" es verdadero ssi tengo hambre» resulta
obtener, una vez quitadas las comillas, la propia opaco en tanto esta circunstancia no está especi-
«p». Es lo que se llama la teoría de la «descitacián» ficada. Quine, uno de los defensores de la concep-
de «verdadero». ción «descitacional», sostiene que sólo se aplica a
La equivalencia sobre la cual descansa esta frases «eternas», es decir, desligadas de cualquier
teoría no es (E), sino lo que se podría llamar el es- referencia al contexto.i' Otra versión de la misma
quema de «descitacion»: dificultad es la siguiente: la teoría «descitacional»
relativiza la verdad a un lenguaje; en consecuen-
(T) <<p» es verdadero ssi p. cia, si se desea que el predicado «verdadero» no
funcione simplemente en el vacío, es preciso su-
Según la otra concepción, «verdadero» se debe poner que la frase del lenguaje del locutor, citada
aplicar no a frases sino a proposiciones, es decir, a por quien atribuye la verdad a esta frase, forme
los contenidos de las frases, y se lee (E) bajo la for- parte ya del lenguaje propio de quien atribuye, o
ma de lo que se puede llamar el esquema de equi- que tenga un medio para traducir esta frase a su
valencia: lenguaje; dicho de otra manera, que la compren-
da o sepa qué proposición expresa. Estos hechos
(E) La proposición que p es verdadero ssi p. parecen militar en favor de la concepción redun-
dante, o mostrar que la teoría de la «descitación»
Este segundo esquema es característico de la únicamente es correcta si se recurre al empleo de
teoría de la verdad-redundancia propiamente di-
3 W. V. O. Quine, Philosophie de la logique, trad. de J. Lar-
cha. La diferencia es importante, pues al parecer
geault, París: Aubier, 1975, cap. 3, y La Poursuite de la oéri-
no se puede atribuir la verdad a una frase sin sa- té, trad. de M. Clavelin, París: Seuil, 1994, cap. 5 [La bús-
ber qué dice. Muchos autores piensan también queda de la verdad, Barcelona: Crítica, 1992).

60 61
la noción de proposición o de alguna noción equi- Una segunda fuente de dificultades (tanto pa-
valente. ra la versión redundante como para la de la «des-
Si se dejan a un lado las dudas que las nocio- citación»), que sólo podemos indicar aquí, consis-
nes de proposición y de traducción a menudo sus- te en que «verdadero» se aplica a proposiciones (o
citan, la teoría de la verdad-redundancia tam- a frases) aisladas, pero también a conjuntos de
bién choca con varias objeciones. Ya hemos for- proposiciones (o de frases), como en «Todo lo que
mulado antes una de ellas en relación con las ob- el Papa dice es verdadero». Al parecer, se puede
servaciones de Frege, que parecen ir en el sentido expresar esto con la forma: «Para todos los valo-
de esta concepción: «''p'' es verdadero» parece de- res de p, si el Papa dice que p, entonces p». Mas
cir más que la simple afirmación o el simple juicio hay algo problemático en ese género de cuantifi-
que p. En tal caso, esto parece decir algo con res- cación. La variable p no funciona de la misma
pecto a la proposición que p, que se vuelve verda- manera en todos los casos. En el segundo, se pue-
dera por el hecho que describe y al estar justifica- de decir que es el nombre de una proposición. Pe-
da de cierta manera. Así, «Es verdad que N apo- ro si decidimos cuantificar sólo sobre frases el )

león murió en Santa Elena» parece más fuerte antecedente del condicional se convierte en «Si el
que «Napoleón murió en Santa Elena»: de ese mo- Papa dice "p?».Ahora bien: el último caso de la va-
do se quiere decir que se asume realmente la pro- riable no se puede analizar así, pues dado que «p,.
posición en cuestión, algo así como cuando se en- es el nombre de una proposición, el consecuente
fatizan las aserciones diciendo «en serio». Mas, del condicional estaría incompleto y sería preciso
¿cómo evitar aquí que se reintroduzcan nuestras agregarle «es verdadero». Mas en tal caso ese pre-
intuiciones en cuanto a la correspondencia o a la dicado ya no sería redundante y no se lo podría
coherencia? El deflacionista no necesita negar la eliminar simplemente. El deflacionista tiene
existencia de esas intuiciones. Sin embargo, sos- aquí a su disposición toda una batería de recursos
tiene que no se pueden articular más allá de la técnicos, como el que consiste en distinguir dos
obvie dad según la cual el hecho de que p no dice clases de cuantificación, una sobre objetos y la
más que «p es verdadero». En su opinión, apenas otra sobre expresiones. Pero esas estrategias, ¿no
existe, pues, una diferencia retórica entre ambos remiten simplemente a presuponer la noción de
enunciados." Pero, ¿es realmente así? verdad de manera circular'r''
5 Sobre este punto, véanse en especial C. J. F. Wíllíams,
4 Véase P. Horwich, Truth (Oxford: Blackwell, 1990, págs. What is truth?, Cambridge, 1976, y D. Grover, A Prosenten-
110-1), la principal defensa más reciente del deflacionismo. tial Theory ofTruth, Princeton: University Press, 1992.

62 63
La concepción deflacionista constituye un pro- «verdad» no expresa ninguna propiedad común
blema en otros contextos, como aquellos que dan esas frases. Existen tantas verdades como OJ·l6U-l.ll.-1
lugar a la paradoja del Mentiroso, con los usos au- cados, tantas verdades como cosas de las que
torreferenciales de «verdadero» (<<Esteenunciado habla. Esto no implica el relativismo, en la .l.LLOlLL-'

es falso»); aquí, «es falso» no se puede reemplazar da en que este consiste en decir que una .I..L.U""'-A.uJ.1

simplemente por la negación. El deflacionista di- frase puede ser verdadera para unos (o desde un
rá que es precisamente una ventaja de su teoría cierto punto de vista) y falsa para otros (o desde
impedir la formación de dichos enunciados para- otro punto de vista). Esto implica, por lo menos,
dójicos, pero las cosas no son tan simples. Otro un pluralismo radical, según el cual la verdad no
J
problema de entidad es que ciertas frases -por puede ser unívoca de un campo a otro. Por ejem-
ejemplo, las que contienen términos vagos, como plo, si se habla de números no se dice lo mismo
«calvo», o sin denotación, como «Pcgaso->- no pa- que si se hablara de valores morales o de propie-
.... recen ser ni verdaderas ni falsas, mientras que el dades estéticas. De ello se deriva que las verda-
-..,
.... deflacionismo implica el principio de bivalencia, des matemáticas, morales, estéticas, etc., no son
.... según el cual todo enunciado es verdadero o falso .
Hayal respecto toda una serie de estrategias, co-
verdaderas en el mismo sentido. Hay verdades,
pero no la verdad. Con el mismo argumento, se
1'"'
mo la que consiste en sostener que de hecho las podría concluir que el predicado «existe» significa
-- frases vagas o que contienen términos no referen- cosas diferentes porque se lo predica con relación
ciales son verdaderas o falsas, aunque no lo sean a diferentes cosas, como la torre Eiffel, Chirac o el
de manera definida. pastel de cerezas. Empero, de la misma manera
Esas dificultades «técnicas» aparentemente que «existe» no parece que sea sistemáticamente
ocultan importantes posturas. Para comprender ambiguo porque hablemos de cosas diferentes,
de manera adecuada cuán radical resulta la tesis tampoco parece que lo sea «verdadero». No obs-
deflacionista es preciso tomar en cuenta el si- tante, el deflacionista no llega tan lejos, puesto
guiente hecho. Al decir que es verdad que la torre que admite que en la palabra «verdadero» hay un
Eiffel está en París, y que es verdad que Chirac sentido mínimo, contenido en la equivalencia de
vive en el ÉIysée, decimos simplemente que la to- la verdad y la aserción. Pero se acerca peligrosa-
rre Eiffel está en París y que Chirac vive en el mente.
Élysée. Ahora bien: puesto que esas frases signi- Ese pluralismo no es, sin embargo, la única
fican cosas diferentes, en cada caso la palabra consecuencia del deflacionismo. Si la palabra
«verdad» significa cosas distintas. En ese sentido, -verdadero» no denota ninguna propiedad, y si
«Es verdad que p» no es la aserción de p, que a su cado, entonces no existe medio para determinar
vez depende del significado de p, se deduce que la qué clase de hecho puede enunciar una aserción.
verdad de ese enunciado depende de su significa- La concepción deflacionista está dirigida, induda-
do. Esto parece inofensivo: para decir si un enun- blemente, contra cualquier forma de concepción
ciado es verdadero, ¿acaso no es preciso conocer realista de la verdad; empero, también parece
su significado? Mas también implica algo menos conducir, si se alía con un escepticismo referido a
inofensivo: el significado de un enunciado no pue- las propias nociones de contenido y de significa-
de depender de sus condiciones de verdad, puesto do, a una forma extrema de irrealismo o de nihilis-
que, según la concepción deflacionista, es a la in- mo. No sólo no hay Verdad común a conjuntos de
versa como ocurre. La concepción corriente, la aserciones, sino que tampoco hay verdades par-
que se encuentra en la filosofía contemporánea ticulares, si no hay contenidos que esas verdades
desde Frege hasta D. Davidson -según la cual el puedan expresar.
significado de un enunciado está determinado
por sus condiciones de verdad-, parece, pues, in-
compatible con la concepción redundante de la
verdad.f Pero es posible que haya consecuencias 2. La concepción semántica
más radicales aún. Según una de las corrientes
más influyentes en la filosofia del lenguaje con- La concepción de la verdad como redundancia
temporánea, la noción de significado es profunda- o «des citación» tiene estrechas afinidades con
mente indeterminada y no hay en ella «hechos» otra concepción, la concepción «semántica» de la
de significado." No obstante, si el significado es verdad de A. Tarski, quien generó un interés con-
indeterminado y si la verdad depende del signifi- siderable luego de que la propuso, a comienzos de
la década del treinta. 8 Al igual que la teoría de la
6 Como lo señala M. Dummett en «La vérité», Philasophie
verdad-redundancia y la teoría de la «descita-
de la logique, trad. de F. Pataut, París: Minuit, 1991, págs.
46-7.
ción» (con la que a veces se la confunde), se apoya
7 Es esta una de las implicaciones de la famosa tesis de en el esquema de equivalencia (E) y en el esque-
Quine a propósito de la «indeterminación de la traducción
(véase nota 12, pág. 36). Sin embargo, en opinión de ciertos
comentaristas, es también una de las consecuencias de la 8 Véase A. Tarski, «Le concept de vérité dans les langues
concepción wittgensteiniana del significado (véase S. Krip- furmelles», en Logique, sémantique et métamathématique,
ke, Regles et langage privé, trad. de T. Marchaisse, París: trad. de G. Granger et al., vol. II, París: A. Colin; P. Engel, La
Seuil, 1996). - Iorme du urai, op. cit., cap. V.

66 67
ma de «descitación» (T). Pero, mientras que las cia a esta distinción entre lenguaje-objeto y meta-
concepciones de la redundancia y de la «descita- lenguaje, porque le preocupa evitar paradojas se-
ción» se orientan a dar el significado de la pala- mánticas como la del Mentiroso: los lenguajes de
bra «verdadero» (<<''p'' es verdadero» sólo significa Tarski no permiten que predicados semánticos
«p») y sostienen que la verdad no puede ser defini- como «es verdad» se apliquen, dentro de un len-
da en términos de una proposición cualquiera, guaje dado, a las frases del propio lenguaje, sino
Tarski no propone un análisis conceptual, sino solamente a las frases de otro lenguaje, que es un
una definición. Esta definición no pretende ser metalenguaje para ese lenguaje. Esta restricción
una definición filosófica que revele la esencia de basta para descartar la aplicación de estas defini-
la verdad, sino una definición semántica del pre- ciones a las lenguas naturales, que contienen en
dicado «verdadero» para una clase acotada de sí mismas sus propios predicados semánticos. No
lenguas, las lenguas formales, en tanto que las obstante, resulta posible, en cierta medida, apli-
teorías que acabamos de examinar se referían a car esta idea a una explicación de «es verdadero»
las lenguas naturales y pretendían tener un im- en una lengua natural. La idea central consiste
pacto filosófico menos negativo. en que la relación «es verdadero ssi» está comple-
Tarski trata el esquema de la «descitación» (T) tamente caracterizada, para el lenguaje conside-
como una «condición de adecuación material» pa- rado, por la teoría axiomática, que permite la de-
ra cualquier definición de la verdad en una len- rivación de teoremas de la forma (T) para todas
gua formal L, y demuestra que se puede dar una las frases del lenguaje. La teoría no requiere una
definición no circular de «"S" es verdadero ssi p» comprensión previa de la noción de verdad. Por
para cualquier frase verdadera del lenguaje con- esta razón, no utiliza la palabra «verdadero», sino
siderado, proporcionando un conjunto de axio- que genera frases Camenudo llamadas «frases-
mas para L y un conjunto de reglas de derivación T») con la forma
que permiten deducir axiomas de los teoremas de
la forma (T). «S» designa aquí una frase de L (el (T') «S» es T ssi p
lenguaje-objeto), y lo hace por medio de su estruc-
tura, mostrándola como una concatenación de ex- donde «T» es un predicado no especificado que de-
presiones más simples del lenguaje-objeto. La sempeña el papel del predicado de verdad. Los
propia demostración (así como los axiomas y los a_xiomas asocian cada uno de los términos primi-
teoremas) pertenece a un lenguaje diferente: el tivos del lenguaje-objeto con un conjunto de cosas
metalenguaje. Tarski otorga una gran importan- en el mundo; por ejemplo, «Sócrates» a Sócrates y
«es sabio» a los individuos sabios. También inclu- una demanda. Todo lo que dice es que la verdad
yen cláusulas que emplean la estructura del len- es una propiedad que caracteriza a «El gato está
guaje-objeto para permitir la derivación de fra- sobre la alfombra» si y sólo si el gato está sobre la
ses-T. La relación de asociación es lo que Tarski alfombra, y así sucesivamente para todas las fra-
llama la satisfacción, la cual se vuelve más com- ses de un lenguaje. La verdad podría estar carac-
pleja con la estructura de las frases. terizada por una larga lista de este tipo si el len-
¿De qué manera esos resultados en apariencia guaje-objeto es limitado. Pero este análisis no nos
puramente técnicos y limitados a lenguas especí- dice nada en general sobre la cuestión de la ver-
ficas pueden aclarar el problema filosófico de la dad y, en ese orden, dificilmente pueda pasar por
verdad? Al respecto, los diagnósticos varían. El una teoría en el sentido filosófico del término.
propio Tarski creía, al parecer, que sus definicio- Una «teoría» de la verdad tarskiana es relativa
nes permitían circunscribir el empleo de la pala- con respecto a las frases de un lenguaje particu-
bra «verdadero» a lenguas científicamente bien lar que nos permita derivar frases- T para todas
formadas, manteniendo la neutralidad en cuanto sus frases: son los axiomas de satisfacción para el
al impacto filosófico o metafísico de la noción de lenguaje LO los que determinan la verdad para
verdad, y de hecho numerosos positivistas lógicos LO, los axiomas para LIlas que determinan la
han considerado que sus análisis son capaces de verdad para LI, etc. Sin embargo, esto no nos dice
eliminar los problemas metafísicos. Otros, como qué es la verdad para cualquier lenguaje. Tarski
Popper.f han sostenido, por el contrario, que la nos asegura que ese resultado es imposible: sería
concepción semántica es una concepción corres- preciso que fuera un análisis de la verdad para to-
pondentista, que permite el anclaje de las frases dos los lenguajes, incluido el lenguaje que así es-
de un lenguaje en las cosas del mundo. Otros sos- taría expresado en sí mismo. Pero semejante len-
tienen, como ya se ha dicho, que Tarski lleva agua guaje sería un lenguaje en el que desaparecería la
al molino del deflacionismo. De hecho, si se supo- distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje.
ne que el análisis de Tarski define a la propia ver- Para tratar de evitar esta relatividad de la ver-
dad, en vez de explicar el sentido de la noción, en- '3ad con respecto a un lenguaje, podríamos decir
tonces se parece más bien a la desestimación de -:.:.le la relación de satisfacción vincula, en general,

zn predicado con las cosas a las que ese predicado


9 K. Popper, La Connaissance objectiue, trad. de J.-J. ~
_c aplica, nombres para las cosas que designan,
sat, París: Aubier, 1991, cap. 9 [Conocimiento objetivo, Me- Mas esto equivaldría a decir que la verdad es
drid: Tecnos, 1974]. ---a propiedad que una frase tiene si las cosas son
tales como esa frase dice que son y, por lo tanto, se diferencia, en cuanto a la verdad, de las di-
significaría introducir una cuantificación en las versas teorías clásicas en que sostiene que esta es
proposiciones. Autores como Davidson han trata- una noción casi trivial o «sutil», y no una noción
do de aplicar el procedimiento de Tarski a las len- profunda y cargada de sentido. 0, más bien, que
guas naturales, suponiendo que el predicado de su profundidad reside en su propia superficiali-
verdad está implícitamente incluido, y que la es- dad: como dice Ramsey, el hecho de que «"p" es
tructura así establecida permitiría explicar, en verdadero» significa p, y no hay nada más que
condiciones específicas, el significado de las fra- decir, o que «no existe problema aparte de la ver-
ses en términos de sus condiciones de verdad. No dad, sino solamente un embrollo lingüístico», im-
obstante, incluso suponiendo que esa clase de in- plica que no hay nada más que buscar más allá de
tento tuviera éxito, esto no nos permitiría ir más esta obviedad. Buscar más allá significaría decir
allá de la obviedad conforme a la cual una frase es buscar, detrás de «verdadero», algo así como una
verdadera si y sólo si un locutor la reconoce como esencia oculta o una propiedad explicativa que
verdadera y si las cosas son tal como la frase dice expresaría ese predicado. Sin embargo, el análi-
que son, lo cual acabaría con toda esperanza de sis conceptual sólo revela una palabra sin carga
definir la noción de verdad como una relación sus- metafísica.
tancial de correspondencia o de confrontación con Esta clase de deflación no es nueva en filosofia.
la realidad. En ese sentido, la concepción semán- Kant también sostenía, a propósito de la existen-
tica de Tarski confirma el diagnóstico deflacio- cia, que no es ni una propiedad ni un predicado, y
nista.l'' la reemplazaba por la «posición». Mas la compa-
"
.. ración se impone aún mejor con Russell, quien
.," pretendía demostrar, con su teoría de las descrip-
ciones definidas, que enunciados como «El actual
3. ¿La metafisica desactivada? rey de Francia es calvo», que parecen afirmar la
existencia de objetos no existentes, no hacen refe-
Sean cuales fueren sus versiones -redwldan- rencia a ninguna entidad misteriosa de ese tipo y
te, «descitacional» o tarskiana-, el deflacionismo que simplemente pueden ser eliminados. Me-
diante su teoría de la verdad-redundancia , Ram-
sey procura demostrar que el predicado de ver-
10 Véase D. Davidson, Enquétes sur la vérité et l'interpré-
tation, op. cit.; P. Engel, Davidson et la philosophie du las: dad también puede ser eliminado y que el proble-
gage,op. cit. ma metafísico de la verdad no se plantea. El pro-

72 73
vecho que el positivismo puede sacar de una tesis Sin embargo, esas teorías «modestas» de la
así resulta evidente; uno de los eslóganes favori- verdad implican compromisos diversos. Se puede
tos de los miembros del Círculo de Viena, por llevar la modestia, como hacen los positivistas,
ejemplo, era la eliminación de los problemas me- hasta la evanescencia o, más agresivamente, has-
tafísicos. Por eso, como se señaló en relación con ta la eliminación pura y simple; al respecto, hay
la teoría de la verdad de Tarski, los positivistas la cierta ironía en el hecho de que los autores con-
consideraban una postura que llevaba toda el temporáneos que se desinteresan del problema
agua posible al molino propio. El impacto negati- de la naturaleza de la verdad para sólo conside-
vo es muy fuerte, pues disputas como las que opo- rar sus «efectos» asuman, en este punto, el diag-
nen el realismo al idealismo en general, el realis- nóstico positivista al mismo tiempo que procla-
mo científico al instrumentalismo, el platonismo man despreciar esta doctrina. Pero las obvieda-
al intuicionismo en matemática, o el realismo al des contenidas en la tesis de equivalencia y en el
subjetivismo en filosofía moral, pierden todo su esquema de la «descitación» no son del todo ino-
sentido si la noción de verdad sólo conserva un fensivas. El hecho de que atribuir la verdad a un
sentido mínimo. Por ejemplo, si el hecho de decir enunciado equivale a afirmarlo no es una obvie-
que nuestras teorías científicas son verdaderas dad absoluta, pues esto significa que el concepto
sólo significa que las aceptamos, no hay lugar pa- de verdad tiene el mismo efecto, y el mismo senti-
ra preguntarse si enunciados como «Existen elec- do, que el concepto de aserción. Ahora bien: afir-
trones» designan entidades reales o solamente mar un enunciado significa, por lo menos, creer y
observables. El hecho de que el propio Wittgens- eomprender lo que dice (salvo en la versión de la
tein haya sostenido una teoría redundante muy -descitación», que es compatible, en última ins-
cercana a la postulada por Ramsey también per- sancia, con la idea de que se puede afirmar o te-
mite comprender su actitud con respecto a los ner por verdadero un enunciado sin creer o sin
problemas metafísicos en general: esas cuestio- mmprender su contenido); implica, asimismo, te-
nes no se plantean y resultan vanas. Esta actitud aer la intención de afirmarlo y -se presume-
recibe algunas veces el nombre de «quietismo», zambién afirmarlo por ciertas razones. Son, por
en virtud de que, como su equivalente religioso, cierto, obviedades, pero no son inocentes. En par-
reclama la «paz en los pensamientos» y exige que :!cular, parece difícil creer lo que dice un enuncia-
se cuiden los embrollos mentales creados por el ~ sin creer que es verdadero, como lo demuestra
uso inmodesto de términos como verdad, realidad a célebre «paradoja de Moore», discutida asimis-
o ser. zno por Wittgenstein. G. E. Moore destacaba que

74 75
parece absurdo decir: «Llueve, pero creo que no deseo se vuelva «verdadero», sino que lo realiza;
llueve». La razón es simple: afirmar que llueve es el mundo el que se ajusta o no a nuestros de-
implica que se cree que llueve; en consecuencia, seos, y no a la inversa. Es esta una de las razones,
las dos afirmaciones parecen contradecirse.l+ Por en especial, por las cuales resulta dudoso que las
otra parte, la equivalencia (E) también vale para creencias puedan ser voluntarias, o que se pueda
la creencia: creer que llueve es creer que es ver- decidir creer en el mismo sentido en que se puede
dad que llueve. En consecuencia, creer que no decidir dar un paseo: si fueran voluntarias, se-
llueve es creer que es falso que llueva (o creer que rían como los deseos, que son satisfechos o reali-
«llueve» es falso). Y si afirmar que llueve implica zados por estados del mundo, y no se podría decir
que se cree que llueve, y que es cierto que llueve, que se ajustan a él. 12 Ahora bien: esos hechos con-
se obtiene la misma contradicción. Aunque se ceptuales referidos a la creencia no sólo no resul-
pueda, como lo vemos, reencontrar la redundan- tan triviales, sino que el propio hecho de que para
cia de «verdadero» en la atribución de creencias, explicarlos tengamos necesidad de recurrir a la
el hecho de que afirmar un enunciado implica, o noción de una creencia «que el mundo vuelve ver-
presupone, que se lo cree no es un hecho pura- dadera» parece guiarnos en el sentido de la intui-
mente trivial. Ese vínculo entre creencia y verdad ción correspondentista. Evidentemente, el defla-
nos dice algo importante sobre la naturaleza de cionista negará que esta expresión sea algo más
las creencias: son estados mentales que se orien- que una variante estilística de «verdadero»; pero
tan hacia la verdad o que son tales que sus conte- tendrá mayores dificultades para explicar la asi-
nidos pueden llegar a ser verdaderos o falsos se- metría entre las creencias y los deseos.P
gún el estado de cosas que se orientan a describir. No obstante, aceptémosle por el momento este
Las creencias son verdaderas o falsas según se punto y admitamos que decir que un enunciado o
ajusten o no al mundo. No ocurre lo mismo con
otros estados provistos de contenido (o «intencio- 12 Véase P. Engel, «Les croyances», en D. Kambouchner,

nales», en el sentido de F. Brentano), como los de- ed., Notions de philosophie, Il, París: Gallimard, 1995, págs.
32-3.
seos o las voluntades: el mundo no hace que un 13 Sin embargo, W. James sostiene que es posible, en cier-
to sentido, querer creer. Véase La Volonté de croire, París:
11 Aun cuando no se trate, como lo ha observado Wittgen- Flammarion, 1920 [La voluntad de creer y otros ensayos de
stein, de una contradicción formal, de la forma <']J Y no P". filosofía popular, Madrid: Daniel Jorro, 1922]. Tal vez allí
sino más bien de una contradicción pragmática que tiene esté la fuente más profunda del vínculo que el pragmatismo
que ver, como él mismo también lo destaca. con la «lógica de establece entre conocimiento y acción, que el deflacionismo
la afirmación». admite implícitamente.

76 77
una creencia son verdaderos no es más que afir- tivo de esta glosa aparentemente inocente sobre
marlo o, como lo hemos dicho antes (§ 1.1), que la el sentido de la aserción. Si la verdad es relativa
verdad es interna a la aserción o aljuicio. Si fuera con respecto a la aserción, es relativa con respecto
ese el caso, como ya se ha destacado, tampoco es a un individuo que afirma algo y relativa con res-
inocente, pues se afirma un enunciado por ciertas pecto a alguien que atribuye a otro 'alguien (o a sí
razones. Del mismo modo que antes, se podría de- mismo) una cierta aserción. Y si, de este modo es
cir que la principal razón por la cual se lo afirma r~lativa a alguien que atribuye algo, ¿cómo es po-
es, simplemente, que se lo juzga verdadero, en el s~ble que la verdad pueda denotar un rasgo obje-
sentido en que sejuzga que se corresponde con los tIVOde la realidad? En ese sentido, sólo habría
hechos. Pero también aquí el deflacionista resis- enunciados y gente que dice que estos son verda-
tirá y sostendrá que es preciso invertir el orden deros, y no verdaderos en sí mismos o simpliciter.
u.~ la ~x."\)l\caú6l\:. 'i'>~ )"U'LlE,a<'<''l~"!u.au.~"!~))
"Un ~mm.- ~\ \~l\.%U-a~~ \)"U~ü~ \.\ota:r 'i>ob-rela su:\)enic1.e u.e \as
Ú'O.~\)})\)l~\\~~~\\) 'ó.l\.'fll'l.'ó.. ht~})\~m~~\'O.m\)\~l\
~~- 'i'>lnal~ITa"!s~ a ~\\as; en V~TQaQ,nisiquiera
~Wi:,a'i'>,
tooPero, ¿se afirman enunciados porque nos place hay «cosas» sobre las cuales pueda flotar.
hacerlo, o al azar? Eso puede suceder, por cierto, y La modestia de la teoría deflacionista tiene,
la fe ciega, la credulidad o la pura charlatanería pues, todo el aspecto de una falsa modestia. Xo
gratuita bien pueden ser «razones» para afirmar parece poder descargar a la noción de verdad de
y, en consecuencia, considerar verdadero o creer su peso metafisico sino reintroduciéndolo subrep-
cualquier cosa. Pero, habitualmente, lo que en- ticiamente. Sin embargo, el deflacionista no se
tendemos con «por razones» es «por buenas razo- queda corto de argumentos. A los anteriores po-
nes», es decir, justificaciones. En ese sentido, la drá responder que, si la noción de aserción presu-
noción de verdad es normativa y evaluativa: su pone la de razones para afirmar y justificar, no
uso supone que existen normas epistémicas de está obligado a admitir que las razones o lasjusti-
evaluación de nuestras aserciones. ¿Cómo evitar, ficaciones en cuestión sean probatorias u objeti-
entonces, ver en la sedicente obvie dad deflacio- vas. Puede sostener, esta vez a la manera relati-
nista otra cosa que no sea una reafirmación im- vista, que las razones que X tiene para afirmar
plícita del lazo conceptual que existe entre ver- que p pueden ser tan buenas como las razones di-
dad y verificación, asertabilidad o coherencia? De ferentes que podría tener Y para afirmar lo mis-
este modo, así como la concepción corresponden- mo o lo contrario. En otros términos, puede adop-
tista puede volver a asomar de nuevo, la concep- tar una concepción relativista de lajustificaciány
ción antirrealista también puede hacerlo con mo- decir que las razones son relativas con respecto a

78 ,9
BIBLIOTECA UACM
los individuos o a los grupos a los que estos perte- bargo, no parece haber gran diferencia entre esta
necen. De tal modo, se llega a una posición como concepción y el relativismo, a pesar de los des-
la de Rorty, según la cual decir que un enunciado mentidos de Rorty. Y si, como lo indicamos al final
es verdadero implica aceptarlo y dirigir un «cum- del parágrafo anterior, recordamos el lazo po-
plido» a nuestras aserciones. ¿Por qué aceptamos tencial que existe entre el deflacionismo y un es-
enunciados o teorías como «verdaderos»? Según cepticismo referido al significado, también pode-
Rorty, muy sencillamente: porque los aceptamos mos comprender por qué Rorty puede sentirse
(y, sobre todo, no porque sean «verdaderos» y «ob- atraído a la vez por una forma de irrealismo se-
jetivos»). ¿Y por qué los aceptamos? Porque nos gún la cual hay que renunciar simplemente a de-
parecen, en distintos grados, útiles, interesantes, cir cualquier cosa objetiva sobre la realidad que
ventajosos, por las razones que fuera, que no son sea una realidad cualquiera. Es decir, según sus
buenas razones en algún sentido absoluto. En ese términos, «renunciar al mundo». 14
sentido, Rorty está perfectamente dispuesto a ad- Puede resultar interesante confrontar esta po-
mitir el lazo entre verdad y asertabilidad, pero no sición con la de Nietzsche y la de Heidegger, a la
admite el lazo entre asertabilidad y asertabilidad que Rorty también se afilia. Según el perspecti-
garantizada, si con eso se entiende una garantía vismo nietzscheano, aceptamos ciertos enuncia-
objetiva o que de alguna manera resista a los test. dos como verdaderos porque tenemos ciertos va-
También puede admitir que la verdad implica lores que determinan ciertas interpretaciones
una cierta convergencia de opiniones, pero esta que les damos a los fenómenos. Pero no existe
convergencia, a su juicio, sólo es local: solamente realidad objetiva fuera de nuestras interpretacio-
hay «vocabularios» diferentes, cuyas únicas -jus- nes ni fuera de los valores y de las fuerzas que las
tificaciones» se apoyan en las costumbres, las determinan. La verdad no es más que algo que se
convenciones y las prácticas de una determinada desea, voluntad de poder, y la transmutación de
comunidad. Rorty no niega que la noción de ver- los valores implica que se vaya más allá de lo Ver-
dad sea sustancialmente una noción normativa y dadero y lo Falso. 15 Aquí resulta importante ver
evaluativa que valga la pena buscar, y que consis-
ta en un objetivo, pero no cree que este valor ten- 14 Véase R. Rorty, Conséquences du pragmatisme, trad. de
ga un fundamento. Llama «pragmatista» a esta J.-P. Cometti, París: Seuil, 1993, cap. 1 [Consecuencias del
pragmatismo, Madrid: Tecnos, 1996], y Objectiuiié, vérité et
versión del deflacionismo, porque la verdad está relativisme, trad. de J.-P. Cometti, París: PUF, 1994.
vinculada allí con los intereses contingentes de 15 Nietzsche muestra acentos deflacionistas cuando dice,
los grupos y de las prácticas humanas. Sin em- por ejemplo: «La opinión agradable es aceptada como verda-

80 81
bien que la estrategia nietzscheana no se orienta, resantes, necesarios e importantes, pero sin em-
como el positivismo, a eliminar la noción de ver- bargo falsos. Rorty es más coherente cuando lo
dad, aun cuando Nietzsche, como los positivistas, niega.
denuncie a la metafísica como un «error»; se Si bien hay una afinidad entre el deflacionis-
orienta a producir un equivalente o un sustituto. mo y la concepción nietzscheana de la verdad, re-
Ese sustituto es el valor, la voluntad de verdad, sulta más difícil hallarla entre aquel y la concep-
que no es, precisamente, más que voluntad. Que ción heideggeriana, pues esta, a primera vista, se
se interprete la voluntad de poder como autoafir- ubica del lado de las concepciones inmodestas o
mación de las «fuerzas activas», como lo hace G. sustanciales, puesto que se orienta a enunciar
Deleuze, o que se la interprete de otro modo, el la esencia de la verdad como «desvelamiento» o
hecho es que sustituye a la verdad. Como dice «apertura» del Dasein al ser-a-letheia, según la
Deleuze, lo importante no es lo verdadero o lo fal- célebre etimología. Heidegger tiene en común con
so, sino lo bueno y lo malo. En ese sentido, Nietzs- las posiciones deflacionistas el hecho de que nie-
che parece muy cercano al pragmatismo vulgar. ga que esta esencia implique una propiedad en
Cuando Deleuze declara: «Las nociones de impor- un sentido sustancialista o «metafísico». Tiene en
tancia, de necesidad, de interés son mil veces más común con la posición nietzscheana el hecho de
determinantes que la noción de verdad. No por- que asimila, como es sabido, la verdad a la volun-
que la reemplacen, sino porque miden la verdad tad y a la libertad, lo que «hace posible» su defini-
de lo que digo»,16 no se entiende demasiado bien, ción como conformidad o correspondencia, que él
a pesar del prudente rechazo a reemplazar la ver- mismo presenta como una trivialidad.l" Sea lo
dad por el interés, el hecho de que, si este es la que fuere que esto quiera decir, a menudo se ha
«medida» de la verdad, haya espacio todavía para comparado -Rorty fue el primero en hacerlo--la
una verdad que sea independiente de esa medi- posición heideggeriana con el pragmatismo, en el
da, es decir, cómo podría haber enunciados inte- sentido en que la estructura del Dasein es apre-
hendida por nosotros en el seno del mundo huma-
no de nuestras prácticas y de nuestros esquemas
dera» (Humano, demasiado humano, I, § 180). Porque se
de «utilizabilidad», que sólo podemos describir
cree, se cree que es verdadero. "En sus orígenes, el juicio no
significaba solamente "Esto y aquello son verdaderos", sino
bastante más: "Quiero que eso sea verdadero de talo cual
17 M. Heidegger, "De l'essence de la vérité», trad. deA de
manera"». Véase J. Granier, Le Probléme de la uérité dans la
philosophie de Nietzsche, París: Seuil, 1966,pág. 477. Waelhens y W. Biemel, Questions J, París: Gallimard, 1974,
16 G. Deleuze, Pourparlers, París: Minuit, 1990, pág. 117.
págs. 172 y sigs.

82 83
desde el interior de esas prácticas, que corres-
Rorty, ¿no lo es también porque, como hemos te-
ponde develar a la fenomenología hermenéutica.
nido ocasión de verlo, resulta una posición sus-
No es posible captar la verdad, y por ende al ser,
tancialmente inestable, obligada a devolver con
fuera de esas prácticas constitutivas de nuestra
una mano lo que quita con la otra?
precomprensión ontológica del ser, que no es,
pues, un conjunto de cosas, de hechos, o una rea-
lidad independiente del Dasein. Si existe prag-
matismo, este no reside en la afirmación de la
identidad de lo verdadero y de lo útil, lo cual sería
un regreso al pensamiento técnico y, en conse-
cuencia, olvido del ser, sino en la afirmación de la
identidad de lo verdadero con lo que aceptamos
en nuestras prácticas triviales. Encontrar en esa
trivialidad cotidiana el remedio para la metafi-
sica es, en ese sentido, suscribir la tesis negativa
del deflacionismo. Y vincular lo verdadero con la
acción o con la afirmación pura y simple es, en ese
sentido, acercarse a su tesis positiva. Ni Nietz-
sche ni Heidegger aceptarían decir, como el defla-
cionista, que el sentido de «verdadero» queda ago-
tado por los rasgos lógicos de ese predicado, pues-
to que ambos denuncian la «logícidad» como la fic-
ción metafísica por excelencia, pero el impacto de
su crítica de la metafísica de lo Verdadero tiene
algo en común con esta doctrina.
Sin embargo, y sea cual fuere el valor de estas
aproximaciones muy sumarias, si esta doctrina,
bajo su forma llanamente positivista o más sutil-
mente «analítica», puede encontrarse en tan ex-
traña compañia como la de Nietzsche, la de Hei-
degger o la de un pragmatista relativista como

84
85
lII. La verdad mínima

1. El concepto mínimo de verdad

. La concepción deflacionista tiene efectos salu-


bres y desmitificadores. Pero es inestable, pues si
bien pregona que en la verdad no hay «nada IIllÍ.S»
que un dispositivo de aserción y la propiedad for-
mal de «descitación», no consigue disipar la sen-
sación de que en esa expresión trivial hay algo
más que esas trivialidades. Podemos exponer el
mismo punto de la siguiente manera. Cuando
empleamos la palabra «verdadero», parece que
hiciéramos algo más que emplear un dispositivo
lógico comparable con el que nos hace inferir, por
ejemplo, q de si p entonces q y de p. Al hacer esas
aserciones, y al decir que son verdaderas, tam-
bién registramos el hecho de que son válidas, es-
to es, asertables, y admitimos implícitamente
que nuestras aserciones se orientan hacia lo ver-
dadero. Dicho de otra manera, sancionamos el
hecho de que la verdad sea una norma de nues-
tras aserciones. Con esto quiero decir lo siguien-
te: si se describiera la práctica de una comunidad
lingüística a cuyos miembros se les imputara ha-

81
cer aserciones, pero sin mencionar que esas aser- posición se vuelve entonces incorrecta en el caso
ciones están destinadas a procurar la verdad, de que las razones que tengamos para afirmar p
nuestra descripción seria necesariamente incom- no sean más que las razones que tenemos para
pleta e incorrecta. La idea de que alguien pueda afirmar no-p, pues la equivalencia no vale si se la
afirmar algo pero no creer que lo que afirma sea lee de derecha a izquierda. Por ejemplo, el hecho
verdadero, o que sea capaz de serlo, es incoheren- de que no podamos afirmar que haya extraterres-
te, como ya lo vimos a partir de la paradoja de tres no implica que podamos afirmar que no hay
Moore. Si la verdad no fuera una norma de la extraterrestrss.! En consecuencia, el deflacionis-
aserción (y de la creencia), la mentira no sería ta no puede sostener que el predicado de verdad
posible: si, como se dice, «la verdad sale de la boca sea simplemente un predicado de aserción; debe
de los niños», es precisamente porque aún no sa- admitir que «verdadero» es la marca de la exis-
ben mentir y aún no han adquirido esa norma, o tencia de una norma distinta de la de la aserción
la dominan imperfectamente. Como ya se ha vis- o, si se prefiere, de la justificación. ¿Qué norma?
to, el deflacionismo no niega la existencia de esta Evidentemente, estamos tentados de decir aquí:
norma que vincula la verdad con la asertabilidad la norma según la cual nuestros enunciados de-
garantizada; se apoya incluso en ella para afir- ben corresponderse con los hechos o representar
mar un pluralismo y un relativismo de los valores la realidad. Pero entonces parece que volvemos a
asertivos: cada cual expresa lo que le parece ver- nuestro punto de partida, pues habíamos recha-
dadero o conveniente decir, pero no hay una nor- zado precisamente la idea de que se pudiera ar-
ma suprema, el valor de los valores. El problema ticular de manera sustancial la intuición corres-
consiste en que si el deflacionista admite que pondentista o realista que implica nuestro pre-
«verdadero» y «es asertable de manera garantiza- sente rechazo de la tesis deflacionista. Nuestro
da» tienen la misma fuerza normativa, y que ese dilema es el siguiente: ¿cómo admitir a la vez que
hecho se halla totalmente incluido en el esquema todo predicado de verdad debe satisfacer las con-
de la «descitación» (T), este implica: diciones formales planteadas por los esquemas
(E) y (T) y la idea de que la verdad registra una
(1) «No se da el caso de que P» es verdadero ssi norma distinta de la aserción?
no se da el caso de que <<]J» sea verdadero.
1 Este razonamiento es el de C. Wright, y está desarrolla-
Pero reemplacemos «verdadero» por «es aser- do en Truth and Objectivity, Cambridge, Mass.: Harvard
table (de manera garantizada)» en (1). Esta pro- University Press, 1992, págs. 19 y sigs.

88 89
La respuesta es que tal vez no sea imposible a esta concepción el minimalismo referido a la
admitir ambos a la vez, con la condición de reco- verdad. Que lo verdadero sea mínimo no quiere
nocer que la norma de correspondencia con los decir que esté, como lo sostiene el deflacionismo,
hechos que asociamos con la verdad no sea preci- vacío. Corresponde a una propiedad real de nues-
samente más que eso: una norma conforme a la tras aserciones, una norma de verdad diferente
cual decir que un enunciado es verdadero equiva- de la norma de aserción. Se llega así a una con-
le a decir que las cosas son realmente tal como es- cepción que es al mismo tiempo muy cercana a la
te las describe. No es una propiedad profunda; es del deflacionismo, pero que se distingue de ella en
simplemente una obviedad. C. Wright propuso cuanto admite, conforme a nuestras intuiciones
que la incorporáramos a las obviedades que, de «realistas», que hay muchas características de la
acuerdo con el deflacionista, caracterizan al pre- verdad que trascienden las simples característi-
dicado de verdad. Según él, todo predicado sus- cas locales de las aserciones. ¿Cuáles son? Tam-
ceptible de desempeñar el papel de un predicado bién aquí se roza la trivialidad. En primer lugar,
de verdad tiene que satisfacer las siguientes ob- un enunciado verdadero es estable: no deja de ser
viedades: verdadero si aumentan las razones para justifi-
carlo (aunque puede volverse falso si aumentan
a) Afirmar un enunciado es presentarlo como las razones para rechazarlo). En segundo lugar,
verdadero CE). un enunciado verdadero sería tal que las opinio-
b) «p» es verdadero si y sólo sip (es decir, (T)). nes de quienes lo consideran tenderían a conver-
e) Los enunciados susceptibles de ser verda- ger. De esto no se deduce, evidentemente, que la
deros tienen negaciones susceptibles de ser convergencia de las opiniones sea una marca fia-
verdaderas. ble de verdad, puesto que las opiniones pueden
d) Ser verdadero no es lo mismo que estar jus- converger sin que el enunciado sea por ello verda-
tificado. dero. Pero al menos se puede decir que, para un
•a e) Ser verdadero es corresponder con los he- enunciado dado, si tenemos todas las razones
chos. para suponer que su verdad es afirmada porque
disponemos de un proceso confiable -por ejem-
Estas obviedades circunscriben un concepto plo, una fotografia o una cinta de registro-, las
mínimo de la verdad, sin el cual resulta imposible divergencias de opinión sólo podrán obedecer a
reconocer en nuestro uso de la palabra «verdade- fallas cognitivas particulares de los agentes, es
ro» su sentido más común. Por eso, Wright llama decir, a defectos en sus respectivos tratamientos
de la información. Por último, un enunciado sus- ciados morales son verdaderos. En tal caso ·10
ceptible de ser verdadero debe poder ser explica- son en el sentido en que hemos dicho que la' ;u-
do por hechos que sean independientes de los me- ~edad de una carretera es un hecho indepen-
dios que tenemos para afirmarlos o de nuestras diente que explica mi creencia de que está moja-
representaciones de esos hechos. Es natural su- da ~ de que hace patinar mi vehículo? ¿Podemos
poner -salvo que uno sea un berkeliano puro y decir, por ejemplo, que si juzgamos «buena» una
duro-- que la propiedad de estar mojado es lo que acción
. o «injusta» una situación , lo h acemos en
explica al mismo tiempo creencias, como mi VIrtud de un rasgo objetivo, autónomo de la reali-
creencia de que el camino está mojado, aconte- dad, inscripto, por así decirlo, en esta acción o en
cimientos, como el hecho de que mi vehículo pati- esta situación? ¿Podemos afirmar que registra-
ne, o estados, como la humedad del suelo. Inde- mos ~q~í u.n hecho y que nuestras divergencias
pendientemente de todas las reservas que hemos de opinión Implican una forma de déficit cogniti-
formulado en cuanto al empleo de la palabra «he- vo e~ aquellos sujetos que no reconocen esas si-
cho» para caracterizar a esas circunstancias, pa- tuaCIOnes como buenas e injustas? Los realistas
rece claro que nos manejamos con hechos inde- ~orales se harían cargo de esta consecuencia sin
pendientes, que entran en nuestras explicaciones dificultad. Por el contrario, quienes piensan que
de la verdad de los enunciados correspondientes nuestros juicios morales se apoyan únicamente
y que los causan. e~ sentimientos y actitudes subjetivas la nega-
En este punto, el lector se preguntará sin duda ran,. y r:chazarán postular que una acción pueda
por qué esas obviedades no indican sencillamente ser .mtnnsecamente buena o injusta. Pero, ¿qué
que el concepto de verdad coincide con el concepto decir de aquellos dispuestos a sostener que nues-
realista, según el cual la verdad es algo indepen- tros enunciados morales son verdaderos o falsos
diente de nuestro conocimiento o de nuestras re- pero no en ese sentido realista, por ejemplo, por-
I presentaciones y sanciona la existencia de una que a~rman que serían verdaderos para una per-
• realidad que podría ser tal como es incluso aun- sona Idealmente racional? Si se fuerza la inter-
" que no tengamos ninguna creencia o ninguna re- pretación de «verdadero» en el sentido realista, se
presentación acerca de ella. Pero aquí es preciso va en contra de nuestra intuición de que las ver-
ver qué consecuencias implicaría esta reducción, dades morales no son de la misma especie que las
independientemente de todas las que ya hemos v~rd~des empíricas usuales o que las verdades
relevado a propósito de la teoría correspondentis- CIentíficas, o bien se va en contra de nuestra in-
tao Admitamos, por ejemplo, que nuestros enun- tuición de que esos enunciados no pueden ser

92 93
simplemente falsos. Se debe reservar un espacio la verdad, para un campo en particular, no supe-
para poder expresar esas intuiciones. ra nuestras capacidades de conocimiento. Así, el
La concepción minimalista propuesta por intuicionista en matemática puede querer decir
Wright permite hacerlo. Sostiene, en la misma que los enunciados matemáticos son verdaderos
veta que Peirce y H. Putnam, que el predicado solamente en proporción a la capacidad que ten-
mínimo de verdad puede corresponder a una nor- gamos de demostrarlos; el antirrealista en moral
ma de asertabilidad ideal, que él mismo expresa, puede querer decir que nuestros enunciados mo-
para evitar las dificultades propias de la idea se- rales son verdaderos en proporción a la capacidad
gún la cual podría haber condiciones míticas en que tendrían agentes idealmente racionales o
las que todos los datos en favor de un enunciado idealmente informados, de reconocerlos como:.a-
estarían disponibles bajo la siguiente forma: les. Quienes defienden esas posiciones no necesi-
tan rechazar la noción clásica de verdad; pueden
(S) Un enunciado es sobreasertable ssi es aser- conservar una noción, como la de sobreasertabi-
table de manera garantizada y está desti- lidad, que sea suficientemente cercana.
nado a permanecer como tal, sea cual fuere Con esa sugerencia, el problema es que si bien
la información de la que podamos disponer en ciertas circunstancias --en ética , en estética ,
en su favor. tal vez en matemática- estamos dispuestos a
tomar partido por algo que sea menos que el con-
Según Wright, esta condición, la sobreaserta- cepto realista de verdad, no ocurre lo mismo en
bilidad, es suficiente en ciertos casos para expre- otros campos, como el de la verdad científica em-
sar lo que significa el predicado de verdad. El pre- pírica. ¿Se puede decir aquí que todas las verda-
dicado «es sobreasertable» pasa los test de equi- des son cognoscibles en principio? ¿Podrían ser
valencia, de «descitación», de estabilidad, de con- falsas nuestras teorías sin que nos fuera dado el
vergencia y de independencia que corresponden a medio para reconocerlo? Si lo negamos, recaemos
las obviedades antes enunciadas. Permite enun- en las dificultades del pragmatismo y del verifí-
ciados como (1), antes expresado, en el que «ver- cacionismo ideal. Hay aquí un conflicto latente
dadero» es reemplazado por «es sobreasertable», entre dos obviedades del minimalismo: aquella
pues la sobreasertabilidad no es, contrariamente según la cual la marca de la verdad es la conver-
a la asertabilidad, relativa a un estado de la infor- gencia de las opiniones, y aquella según la cual lo
mación, y es estable. Satisface esas obviedades en es la independencia de los hechos en relación con
todos los casos en los que queremos sostener que esas opiniones. Como señala Wright, ese conflicto
no deja de recordar al del Eutifrón de Platón, ceder del propio deflacionismo, que admite esta
donde Eutifrón sostenía que los actos piadosos consecuencia sin problemas pero que, como he-
son aquellos que son juzgados como tales por los mos visto, se acerca entonces peligrosamente al
dioses, en tanto que Sócrates sostenía que los ac- relativismo y al perspectivismo: tantas verdades,
tos piadosos son reconocidos como tales por los tantos discursos, tantos «vocabularios», tantas
dioses porque ellos son piadosos. Según Wright, actitudes, tantas «razones», a menudo muy poco
ni uno ni otro tenían razón: una respuesta com- racionales, de decir lo verdadero. Por otra parte,
parable a la de Eutifrón será correcta en ciertas pueden proceder del campo realista, pues, ¿cómo
formas de discursos y no lo será en otras. Dar lu- estar seguros, en determinado campo, de que una
gar a esta clase de contrastes es la característica explicación como la de Eutifrón acerca de la pie-
de los debates que se refieren a los grados del rea- dad deba prevalecer sobre la de tipo socrático, la
lismo. Por ejemplo, con referencia a los colores y a cual supone que en la realidad hay un rasgo obje-
las cualidades secundarias, se puede sostener, tivo independiente de nuestras respuestas y de
desde un punto de vista antirrealista, que algo es nuestras reacciones? Si el pluralismo de las ver-
verde si así aparece ante observadores normales dades se toma al pie de la letra, aserciones como
en condiciones normales, o, desde un punto de la de J. Monod: «Lo que es verdadero para la bac-
vista realista, que algo es verde porque en las co- teria es verdadero para el elefante», no tendrían
sas existe una disposición física real responsable ningún sentido, porque ni siquiera sería posible
de la percepción de esta cualidad. comparar, a fortiori de reducir, como lo exige una
La solución minimalista, a diferencia del de- estrategia corriente en ciencias, enunciados de
flacionismo, tiene la ventaja de conservar un con- un determinado tipo con enunciados de otro tipo.
cepto de verdad que es, de alguna manera, cons- Sin embargo, el minimalista tiene los medios
tante y neutro de un campo a otro y, por lo tanto, para resistir esas presiones. Lo que sostiene no es
no sostiene que ese predicado puede desvanecer- que el predicado de verdad sea radicalmente am-
se como la sonrisa del gato de Cheshire. Pero pa- biguo, de la misma manera que podría serlo la no-
rece conservar un rasgo de esta última concep- ción de existencia si se dijera que cambia de sen-
ción, que, como hemos visto, es problemática: la tido según se hable de mesas, de quarks o de uni-
idea de que hay un pluralismo de tipos de verdad, cornios, sino que hay un sentido mínimo, aunque
tantas verdades de distinto tipo como campos del no estrictamente formal, que corresponde al con-
discurso existen. Aquí, las presiones pueden tener junto de obviedades indicadas. Ese sentido está
origen en dos campos. Por una parte, pueden pro- constituido por su función o por el papel uniforme
que desempeña en todas esas aserciones, de la 2. Verdad científica y verdad moral
misma manera que la existencia. Lo que constitu-
ye la existencia de un número, por ejemplo, es El minimalismo implica que las tradicionales
muy diferente de lo que constituye la existencia y recurrentes disputas acerca del buen funda-
de un objeto material. De ello no se deduce que mento de una posición realista o antirrealista re-
«existe» sea radicalmente ambiguo. Lo mismo ferida a un campo particular (se trate de objetos
ocurre con la identidad: lo que constituye la iden- materiales, de números, de entidades abstractas,
tidad de una persona no es lo mismo que constitu- de propiedades éticas, estéticas, mentales, etc.)
ye la identidad de un objeto material o de una no deben recibir respuestas idénticas según los
propiedad mental. Así como la identidad es defi- campos considerados. En cierto sentido resulta
nida por ciertos principios, como la reflexividad, evidente: un realista en matemática no está obli-
la simetría, la transitividad de la relación de iden- gado a ser un realista en moral, ni, a la inversa, la
tidad y el principio de la identidad de los indiscer- pureza del paraíso de Cantor puede, por contras-
nibles, la verdad se define por las obviedades en te, llevarnos a juzgar infernal el universo de sen-
cuestión. Esto no quiere decir que esas nociones timientos humanos, y los elevados sentimientos
sean puramente formales; por el contrario, res- que A. Nobelle reclamaba a la literatura para la
pecto de las cosas que caracterizan, imponen re- obtención de su premio no los extendía al campo
quisitos suficientes como para evitar que se ha- de la matemática. Se responderá que todo depen-
ble, por ejemplo, de cosas que no sean idénticas a de aquí de lo que se entienda por «realismo». El
sí mismas o que cambian sus atributos de mane- sentido tradicional pretende que implique la exis-
ra arbitraria. Lo mismo ocurre con la verdad. tencia de entidades independientes de la mente.
Aunque la verdad sea, como el hecho de ganar en Para un filósofo como M. Dummett, un criterio
un juego, aquello que procuramos, y en tal senti- más profundo es el tipo de concepción del signifi-
do, una propiedad interna de nuestra actividad cado que se adopte: un realista es alguien que
de jugadores, no se deduce de ello que todos los piensa que el significado de un enunciado está de-
11,
juegos sean idénticos ni que ganar en esos juegos terminado por sus condiciones de verdad, inde-
equivalga a hacer lo mismo en cada caso. pendientes de las condiciones de su uso. Pero si la
posición minimalista es correcta, también hay un
sentido mínimo del término «realismo», con el
que pueden concordar incluso aquellos que tie-
nen convicciones opuestas sobre la realidad de

98 99
las entidades del campo considerado, y en ese propiedades de las explicaciones científicas de las
sentido es falso decir que esta noción, como la de cuales uno considera que el otro no puede dar
verdad, debe variar radicalmente de un campo a cuenta. Por ejemplo, el realista sostendrá que el
otro. Esto no quiere decir que, si se acepta el con- objetivo unificador y explicativo de las ciencias no
cepto mínimo de verdad, se esté destinado a ser tendría sentido si estas no procuraran describir
realista en todos los campos y, por lo tanto, que una realidad única, o que sería imposible obtener
los debates en cuestión sean triviales, sino que nuevas y sorprendentes predicciones a partir de
hay un sentido en el que tanto realistas como an- nuestras teorías si sólo fueran instrumentos de
tirrealistas pueden concordar y a partir del cual cálculo, o también que sería imposible explicar su
pueden circunscribir sus desacuerdos. Para ver éxito si no existiera una realidad subyacente. Alo
la manera en que lo hacen, consideremos (muy) cual el instrumentalista siempre puede respon-
brevemente el caso de las verdades científicas y el der que la unificación sólo es el subproducto de
de las verdades éticas. una máxima metodológica de simplicidad; que
Tradicionalmente, un realista en filosofía de explicar no es esencial para la ciencia, como lo es,
las ciencias sostiene que los enunciados teóricos por el contrario, predecir y describir, y que el éxito
que aparecen en nuestras teorías científicas --que de nuestras teorías puede deberse perfectamente
conciernen a entidades no directamente observa- a ese poder predictivo. En estos términos, el de-
bles, como las partículas sub atómicas- son lite- bate no parece tener salida. ¿No resulta más sim-
ralmente verdaderos o falsos y que los términos ple suponer que, a pesar de sus «profundas» con-
correspondientes tienen una referencia. Por el vicciones en cuanto a la esencia última de lo real,
contrario, un antirrealista o un instrumentalista los dos campos pueden concordar sobre un realis-
sostendrán que esos enunciados no son verdade- mo mínimo, del mismo tipo que el sugerido antes,
ros, sino que sirven solamente para hacer predic- según el cual son reales las entidades que los
ciones empíricas y cálculos. Para estos, no necesi- científicos consideran natural postular, y verda-
tamos suponer que la ciencia describe la realidad, deros los enunciados que aceptan en sus teorías?
ni creer en la existencia de las entidades que ella Según esta concepción, debemos rechazar simul-
postula, sino tan sólo admitir que nuestras teo- táneamente la idea de una realidad totalmente
rías son empíricamente adecuadas. Por lo común.. externa a las teorías científicas y la idea de una
cuando se formula en ese plano general, la con- realidad por siempre relativa a nuestros «para-
troversia entre realismo e instrumentalismo con- digmas». Ella supone que, a pesar de los cambios
siste, para cada uno de los campos, en proponer teóricos, la referencia de los términos científicos

100 101
permanece estable incluso a través de los para- ra considerar como verdaderos a tales o cuales
digmas. El filósofo de las ciencias A. Fine la llamó enunciados, o como provistos de referencias a ta-
«la actitud ontológica natural» y se la atribuye a les o cuales términos.
Einstein, en especial cuando decía: «La física des- Aun cuando el científico puede albergar dudas
cribe la "realidad", pero no sabemos qué. es la en lo que respecta a la aptitud para la verdad de
realidad. Sólo la conocemos mediante la descrip- tales o cuales de sus enunciados en el marco de
ción física».2 Sin embargo, ¿cómo evitar que ese determinada investigación, parece inmunizado
realismo mínimo no se convierta muy simple- contra esas dudas cuando se trata del objetivo ge-
mente en un deflacionismo que postule, por ejem- neral de esa investigación. Esta clase de diferen-
plo, que es verdad que hay quarks (para nuestra ciación no es un eco de la que hacía R. Carnap en-
teoría física actual) si y sólo si hay quarks, que es tre las cuestiones puramente «internas» de la
verdad que hay agujeros negros si y sólo si hay ciencia y las cuestiones «externas», dentro de las
agujeros negros, etc., haciendo así de la «reali- cuales incluía precisamente las cuestiones meta-
dad» y de la «verdad» en cuestión propiedades pu- fisicas, como la del realismo, porque supone que
ramente relativas a nuestras teorías e internas a incluso dentro del marco interno de su investiga-
ellas, y que admita no sólo que lo que es verdade- ción el investigador científico tiene una visión ex-
ro para la bacteria no lo es para el elefante, sino terna y admite lo que hemos denominado realis-
también que lo que es verdadero para la biología mo mínimo. La diferenciación aquí propuesta se
molecular no lo es para la física cuántica? Me parece más bien a la que Kant hacía entre un uso
parece que aquí hay que distinguir dos cosa!'):por constitutivo y un uso regulador de ciertas ideas o
una parte, la «actitud ontológica natural» que ha- principios. Sin embargo, ¿no podría ocurrir que
ce que el científico, por lo general, tenga por ver- incluso en el seno de ese marco interno o intrateó-
daderos los enunciados fundamentales de las teo- rico el científico exprese dudas acerca de la vali-
rías que considera como las mejores porque des- dez del realismo que adopta como principio? En
criben la realidad, aunque bien pueda no tener ese caso -que quizá corresponda a lo que se de-
ninguna idea sobre la naturaleza «última» de es- nomina un cambio de paradigma-, habría clara-
ta realidad; y, por otra parte, las razones particu- mente un conflicto entre el realismo mínimo o la
lares que puede tener, en un campo específico, pa- actitud ontológica natural y la presión antirrea-
lista local experimentada en el nivel intrateórico.
2 Véase A. Fine, The Shaky Game, Einstein, Realism and
Es, notoriamente, lo que ocurre en la fisica cuán-
Quantum Theory, Chicago: Chicago University Press, 1986. tica: la cuestión de saber si la fisica cuántica des-

102 103
cribe o no la realidad lleva a respuestas divergen- los «hechos» morales se los concibe como detecta-
tes, que parecen reproducir precisamente la al- dos mediante una intuición o un sentido moral
ternativa realismo/instrumentalismo. Y la des- particular, parecen esencialmente susce\)tibles de
cripción cuántica del mundo parece tan diferente ser detectados, y la idea de que podrían existir sin
de lo que llamamos corrientemente «la realidad», que los reconociéramos resulta sencillamente ini-
que incluso si se quiere sostener que describe maginable. De todos modos, la alternativa parece
bien una realidad, más dificil aún es saber cuál. enfrentar a un realismo que no puede ser tan
Desde el punto de vista de la descripción interna fuerte como el estricto realismo científico con di-
de la teoría fisica, la cuestión parece abierta. Em- versas variedades de antirrealismo. Por esa mis-
pero, aunque admitamos que esta descripción no ma razón, la cuestión también es más compleja
nos permite confirmar en absoluto la existencia que en el campo de las verdades científicas, por-
de una realidad subyacente, sino tan sólo creer en que parece haber toda una escala de grados de re-
dicha existencia, subsiste el hecho de que no se ve conocimiento o de no reconocimiento de verdades
qué sentido podría tener una física que no se éticas.
planteara como objetivo describir semejante rea- Si uno toma posición del lado del antirrealis-
lidad. En ese sentido, no se advierte cómo escapar mo en ética, surgen dos importantes paradigmas
al realismo mínimo. de análisis. El teórico que defiende el primero ad-
Las cosas son de alguna manera más simples, mite que los enunciados morales son verdaderos
aunque también más complejas, en el terreno o falsos y que tienen condiciones de verdad, exac-
moral. Más simples porque, a menos que lo haga tamente en el mismo sentido que lo admite el rea-
por razones teológicas, incluso un realista moral lismo moral. Pero, además, sostiene que esos
convencido tendrá dificultades para sostener, a enunciados son falsos, o producto de una cierta
propósito de los enunciados morales, que existe superstición, tal como lo son nuestros enunciados
una realidad moral independiente, eventualmen- acerca de las brujas o el flogisto. Según él, senci-
te indetectable, que explicaría la verdad o la fal- llamente se comete un error cuando se postula, al
sedad de esos enunciados. La metáfora realista modo del realista, que existen entidades tales co-
común del descubrimiento de hechos o entidades mo propiedades éticas o valores morales. Esas
cuya existencia no se sospechaba puede tener entidades son fundamentalmente extravagantes
aplicación en física o en matemática, pero no se y no tienen ningún lugar en el seno de las entida-
advierte qué sentido se le podría dar en moral r des corrientes del mundo ni en el seno de las que
en los asuntos humanos. Por definición, aunque a la ciencia puede describir. Para esta concepción, a
menudo llamada «teoría del error»,3 los valores palabra del vocabulario ético». Esta concepción
son solamente subjetivos y la moral no puede ser es, por cierto, subjetivista, pero no necesariamen-
descubierta, sino que debe ser «inventada» a par- te lleva al relativismo: no implica que las actitu-
tir de nuestras disposiciones naturales, y sólo a des y las evaluaciones que motivan nuestros jui-
partir de ellas. Pero esta invención, aunque pue- cios morales sean variables, ni que los individuos
de llevar a juicios acerca de lo que es correcto o no puedan esperar un consenso moral acerca de
bueno, no puede ser un sustituto de la búsqueda esos juicios. En efecto, de conformidad con esta
de una verdad moral. El segundo paradigma de concepción, nuestros juicios morales también
análisis corresponde a una tradición cuyos repre- pueden continuar siendo tan «objetivos» como lo
sentantes son positivistas lógicos como A. J. Ayer son para el sentido común; lo único que cambia es
y, más lejanamente, D. Hume. Según ellos, los la explicación que brindamos de esta objetividad.
enunciados morales no son verdaderos ni falsos, o En ese sentido, el «mundo» ético al que hacen re-
no son auténticas aserciones, sino que tienen co- ferencia nuestros enunciados morales puede te-
rno función expresar emociones (lo que se deno- ner todas las apariencias de un mundo objetivo,
mina «el emotivísmo»), sentimientos o disposicio- a~que no sea, de acuerdo con esta concepción,
nes afectivas de aprobación o de desaprobación mas que una proyección ficticia a partir de nues-
(lo que se denomina «el expresivismo»). Esta con- tras actitudes+
cepción no nos invita a tornar corno algo incues- Desde nuestro punto de vista, ni la teoría del
tionable la estructura corriente del discurso ético, error ni la teoría expresiva resultan adecuadas.
que parece enunciar verdades y mostrar razona- La primera, porque no se advierte por qué los va-
mientos concluyentes o no, sino a tratar de re- lores morales tendrían que ser objetivos en el
construir su seudoobjetividad en términos de ac- sentido en que pueden serlo, según la concepción
titudes psicológicas de los sujetos. En ese sentido, realista de las teorías científicas, las entidades fí-
está cercana a la posición que hemos caracteriza- sicas postuladas por esas teorías, ni siquiera en el
do antes corno la de rechazo: «''Verdad'' no es una sentido en que pueden serlo los objetos materia-
les corrientes del sentido común, ni, en conse-
3 El principal representante contemporáneo de esta teoría cuencia, por qué los enunciados morales se debe-
es J. L. Mackie; véase Ethics: Inventing Right and Wrong,
Londres: Penguin, 1977 [Ética: la invención de lo bueno y lo 4 Es la posición «casi realista» defendida por S. Blackburn
malo, Barcelona: Gedisa, 20001. Para una excelente presen- (nota 5, pág. 13). Una posición cercana es la de A Gibbard,
tación de esas cuestiones, véase S. Virvidakis, La Robustes- desarrollada en Sagesse des choix, justesse des sentiments,
se du bien, Nimes: J. Chambon, 1996. trad. de S. Laugier, París: PUF, 1996.

106 107
rían rechazar como falsos por esa razón. La se- actitudes de alguien que admite (1) y (2) Yla acti-
gunda también resulta inadecuada, porque no se tud de la misma persona cuando no admite (3 .
advierte bien qué sustituto se le podría encontrar De alguna manera, esta persona no consigue res-
a la noción usual de verdad una vez que se admi- petar sus propios valores. Pero el expresivista pa-
tiese que los enunciados morales expresan sola- rece no tener ningún medio para dar cuenta del
mente actitudes psicológicas. La dificultad resul- hecho de que puede tratarse de un razonamiento
ta familiar. cuya forma es la más usual y del hecho de que el
Sea el siguiente razonamiento moral corrien- fracaso en sacar la conclusión es un muy grosero
te, con la forma de un modus ponens: er:or de razonamiento. Esta dificultad es muy SÍ-
milar a las que encuentra el deflacionista cuando
1) Robar está mal. se trata de reconstruir en los términos de su too-
2) Si robar está mal, hacerse cómplice de un ría enunciados como «Todo lo que el Papa dice es
robo está mal. verdad», y esto no es casual: así como el deflacio-
3) Entonces, hacerse cómplice de un robo está nista pretende sustituir la noción de verdad por
mal. la de aserción, del mismo modo, el expresivista
entiende sustituir la de aprobación en ética. No
Si los enunciados morales no son realmente obstante, si las anteriores observaciones son co-
aserciones, entonces (2) tampoco puede ser una rrectas, la noción de verdad no se puede eliminar ,
aserción. El problema consiste en saber cómo el porque expresa una norma de nuestro discurso
expresivista puede reconocer la validez del razo- que es independiente de la de aserción.
namiento en cuestión, dado que sostiene que las ¿Es preciso entonces volver al realismo moral?
proposiciones que lo componen no son verdaderas No, si adoptamos la estrategia minimalista. Nos
ni falsas. El expresivista debe decir que (2) es la es perfectamente posible sostener que para el dis-
expresión de una compleja actitud condicional, la curso moral la verdad equivale a la sobreaserta-
que consiste en desaprobar la complicidad en el bilidad: que las verdades morales son las que
robo si se tiene una actitud de desaprobación del pueden estar moralmente justificadas y que si-
robo. Pero no puede decir que quien no llega a ex- guen estándolo independientemente de las justi-
traer la conclusión (3) comete un error de razona- ficaciones suplementarias que podamos aportar-
miento, puesto que no admite que las proposicio- les. Una concepción así no necesita renunciar al
nes (1) y (3) sean verdaderas. Debe sostener, más naturalismo que inspira la posición expresivista.
bien, que hay una especie de conflicto entre las Puede admitir que los enunciados están basados

108 109
en disposiciones subjetivas de los agentes, pero Conclusión. El valor de la verdad
que estas sólo son correctas -y, de hecho, c~pa-
ces de dar lugar a verdades- si son ~once~ldas
como las de un agente idealmente racional.

Tratemos de desarrollar algunas consecuen-


cias de la posición minimalista aquí defendida. Al
igual que el deflacionismo, esta no ve en la noción
de verdad una noción metafísicamente profunda,
cuya utilización exigiría tomar posición sobre
cuestiones concernientes a la naturaleza de la
realidad o del ser, o presuponer, explícitamente o
a regañadientes, una respuesta a esas cuestio-
nes. En ese aspecto, rechaza tanto la idea tradi-
cional según la cual la verdad debe recibir una de-
finición que compromete nuestras tesis metafísi-
cas más cargadas de sentido, como la idea, asi-
mismo basada en la concepción tradicional, se-
gún la cual desentenderse de la creencia en la
Verdad significaría un ataque devastador contra
la metafísica. Los realistas y los antirrealistas
pueden compartir una concepción común de la
noción, metafísicamente más liviana de lo que
nos puede parecer en primera instancia. Esta
concepción común se resume en un conjunto de
truismos: afirmar un enunciado es presentarlo
como verdadero; «Es verdad que P» equivale a
<<p»; la verdad no es la asertabilidad garantizada;
5Dicha concepción tiene, evidentemente, fuertes afinida-
des con la concepción kantiana.

111
110
los enunciados susceptibles de ser verdaderos cuencia de que las entidades de uno u otro campo
tienen negaciones que lo son; y ser verdadero es también son tan «reales» en un caso como en el
corresponderse con los hechos. Emplear el con- otro. Así, el camino parece abierto, por interme-
cepto de verdad en un tipo de discurso es emplear dio del deflacionismo, a todos los excesos a que
una noción capaz de desempeñar el papel defini- nos ha habituado lo que se denomina corriente-
do por esas obviedades. Ese compromiso puede mente el «posmodernismo», a saber, que hablar
ser descripto como realista, yen ese sentido la no- tanto de Madame Bovary como de la síntesis de
ción de verdad parece concordar con nuestras in- las proteínas ya no tiene consecuencias metafísi-
tuiciones más arraigadas. Empero, no implica cas profundas, que los dos tipos de discursos no
que la cuestión de saber si debemos ser realistas son más que «relatos».
en un sentido más fuerte -es decir, en el sentido He sostenido, por el contrario, que aunque esto
en que hablar de verdad implica la existencia de ~o decida cuestiones metafísicas profundas, sí
una realidad independiente, explicativa de la ver- tiene consecuencias significativas, pues la verdad
dad de nuestros enunciados- esté, por eso mis- expresa una norma diferente a la de la asertabili-
mo, decidida. La decisión dependerá del ámbito, y dad. También registra el hecho de que nuestras
no hay razón alguna para suponer, por ejemplo, aserciones están justificadas de las maneras más
que deberá ser la misma si se trata de enunciados estables, más absolutas, más sustraídas a la revi-
relativos a la crítica literaria o si se trata de enun- sión. Incluso, aunque nunca estemos seguros de
ciados de bioquímica. Es preciso admitir que esto haber alcanzado este límite ideal, acaso mítico, es
no hace sino desplazar un grado más la dificul- a él al que apuntamos, y desde ese punto de vista
tad, pues cuando, por ejemplo, planteamos la pre- la posición de Peirce, según la cual la verdad es el
gunta: «Los enunciados referidos a entidades fic- «límite de la búsqueda», es fundamentalmente
ticias, como Madame Bovary o el Gran Gatsby, correcta.
¿son verdaderos?», con ello entendemos pregun- Es importante ser claro acerca de ese carácter
tarnos si describen una realidad. El minimalismo normativo de la verdad o sobre lo que en otra par-
parece privarnos de la respuesta adecuada. Peor te he llamado esta «norma de lo verdadero». En
aún: parece peligrosamente cercano a la posición un sentido, las normas que adoptamos no son
deflacionista, según la cual podemos decir tanto más que el producto de nuestras prácticas y de
que son verdaderos los enunciados de la ficción nuestras actitudes, es decir, de lo que aceptamos.
como que lo son los de la bioquímica, ya que son Si se lleva esta línea de pensamiento hasta sus
objeto de nuestras afirmaciones, con la canse- últimas consecuencias, se reduce a la tesis de

112 113
Rorty y del pragmatismo vulgar, según la cual paradoja de Moore, creer que esta proposición es
sólo existe verdad dentro de nuestras prácticas, y verdadera. Por supuesto que hay una lectura de-
nunca de manera externa o desde el punto de vis- flacionista de esta obviedad, según la cual creer
ta ilusorio de una realidad que trasciende tales que «P»es verdadero es simplemente creer que p.
prácticas. El minimalismo le concede al deflacio- Pero justamente, si se elimina así la palabra «ver-
nismo que este punto de vista bien puede ser ilu- dadero» a partir de esa equivalencia, ya no se al-
sorio. Pero no le acepta que no tenga ningún va- canza a comprender cómo puede surgir la para-
lor, o que su valor no supere el de algún otro, o doja de Moore, puesto que la aserción problemáti-
que el sentido del concepto de verdad se agote ca <<p, pero creo que ''p'' es falso» (o «p, pero creo
una vez que se vuelva equivalente a la simple que no P» [por «descitación-j) se convertiría sim-
aserción o aceptación. Aceptar un enunciado o plemente en la contradicción: «p y no p». De ello
una creencia es tenerlos por verdaderos en virtud también concluyo aquí que «verdadero» refiere a
de una decisión y en función de un contexto; otros una norma diferente de la simple aserción o de la
contextos podrían llevarnos a dejar de aceptarlos. simple creencia, porque la verdad es lo que se
Kant lo admite a partir de las creencias que deno- orienta a una creencia, y cuando se elimina la re-
mina las «creencias pragmáticas», como cuando, ferencia a la verdad se pierde el lazo conceptual
por ejemplo, un médico decide creer (aceptar) que que existe entre creencia y verdad. Señalemos
ciertos síntomas son los de una determinada en- que lo mismo vale para la noción de conocimiento
fermedad, aunque no disponga de todas las prue- o de saber: saber que p es saber que p es verdade-
bas.! Mas no ocurre lo mismo con las creencias ro. Aquí, el lazo conceptual es aún más fuerte que
propiamente dichas. Creer una proposición no es el que une a la creencia con la aspiración a la ver-
simplemente aceptarla en un contexto, sino estar dad, puesto que, por así decirlo, el objetivo debe
dispuesto a aceptarla, según una actitud cogniti- ser alcanzado: saber que p implica que p es verda-
va relativamente estable, que no depende, en dero, mientras que se puede creer que p sea ver-
condiciones normales, de nuestra voluntad. Y dadero aunque p sea falso. Pero el lazo normativo
también es, como lo hemos visto a propósito de la es también más claro: la noción de saber es una
noción intrínsecamente normativa, vinculada
1Critique de la raisori pure, «Doctrine transcendantale de con la evaluación y con la justificación. Podría
la rnéthode», trad. de A. Renaut, París: Aubier, 1996, págs.
667-73 [Crítica de la razón pura, Buenos Aires: Espasa-Cal-
preguntarse si de ello se deduce que la propia no-
pe, 1975]. Sobre estos temas, véase P. Engel, «Les ero- ción de verdad es normativa. No, evidentemente
yances», arto cit. si se la entiende en el sentido más llanamen~

114 115
realista, pues un conocimiento verdadero es lo ras, la cuestión de su verdad sólo se plantea en
que registra una realidad o un hecho, y no se ad- contextos donde debemos creer o saber, es decir,
vierte qué tiene que ver eso con una norma o con en el contexto del conocimiento. La noción de
un valor. Nuestras normas, nuestros valores, de- creencia y la de conocimiento son nociones nor-
penden de nuestras evaluaciones, y en ese senti- mativas, intrínsecamente asociadas con las na-
do la verdad no puede ser «normativa». Un rea- ciones de razón y de justificación. Ahora bien,
lista diría aquí que nuestros enunciados, si son como se ha visto, esas nociones (así como la de
verdaderos, lo son aun cuando nunca los haya- aserción) no pueden ser definidas sin apelar al
mos afirmado o siquiera los hayamos tomado en concepto de verdad: creer es creer lo verdadero y
consideración. Es lo que quería decir Frege cuan- saber es tener creencias verdaderas justificadas.
do sostenía que la verdad es una propiedad inde- La verdad no es por sí misma normativa, sino que
finible, asociada con pensamientos eternos, que hereda esa normatividad de la del saber. Aunque
siguen siendo verdaderos aunque no haya perso- la verdad parezca identificarse de manera indefi-
nas que puedan captarlos. Un realista como Fre- nible con la realidad o con el ser, sólo cuando se
ge sostendrá que si la verdad es normativa, lo es plantea la cuestión de conocerla hablamos de ver-
porque nuestras normas de conocimiento deben dad. Dicho de otro modo, no hay nada que decir,
corresponder a verdades inmutables, externas en sino que está allí y que está allí aun cuando no di-
relación con nuestras normas. Pero la intuición gamos nada.
realista lleva las cosas demasiado lejos. Como En consecuencia, tal vez no haya mucho que
bien lo observó Wittgenstein en su crítica del pla- decir acerca de la verdad, fuera de que es aquello
tonismo, ella suscribe la imagen de una realidad a lo que apuntan nuestras investigaciones y que
que actuaría como una especie de fuerza magné- está vinculada conceptualmente, de manera
tica o que nos indicaría de antemano los «carri- esencial, con nociones tan fundamentales como
les» que deberíamos seguir. No estamos obligados las de creencia y conocimiento. Pero esto no signi-
a suscribir esa imagen. Al defender el realismo fica que no haya nada que decir acerca de esas no-
mínimo, he querido sostener que «invertir el ciones. Por el contrario, el hecho de sentirnos con
platonismo» no implicaba por ello renunciar a las manos libres, o en todo caso más libres, cuan-
cualquier ideal de objetividad. ¿En qué sentido, do empleamos la noción de verdad no debe impe-
entonces, la v~rdad es una norma? Es una norma dirnos analizar la noción de conocimiento. Desde
porque, aunque no dependa de nosotros el hecho ese punto de vista, nada de lo que aquí he dicho
de que nuestras representaciones sean verdade- con respecto a las teorías correspondentistas,

116 117
coherentistas o pragmatistas de la verdad debe- la ingenuidad de ver o de tocar, no es representa-
ría implicar una respuesta especial a la cuestión ción ni es provocada por los objetos. Plantea la
de saber si son o no correctas las teorías funda- «identidad del ser y de lo sensible-.é y por eso mis-
cionalistas o coherentistas, por ejemplo, del cono- mo no tiene que proponerse la cuestión de la re-
cimiento. Permanece abierta la cuestión de saber presentación del ser mediante los sentidos y, me-
cuál es la buena concepción de la justificación de nos aún, mediante los conceptos y las proporcio-
nuestras creencias y cuál es la buena concepción nes. Sin embargo, en primer lugar, no es absolu-
de los diversos tipos de verdad que puede haber. tamente seguro que una teoría de la percepción
De esta manera, nada he dicho aquí, por ejemplo, pueda prescindir de la noción de representación
de la distinción entre las verdades que llamamos ni, en consecuencia, escapar a las dificultades de
analíticas y, en oposición, las verdades sintéticas. una concepción correspondentista, ni tampoco
Pero la cuestión de la distinción entre esos tipos que las dificultades de la definición de las percep-
de verdad pertenece a la teoría del conocimiento, ciones «verídicas», en oposición a las ilusiones
y no a la teoría de la verdad. Diría otro tanto de perceptivas y a las alucinaciones, sean tan distin-
una cuestión que ha sido, con toda razón, desa- tas de las dificultades de la noción de adecuación
tendida aquí: la de la percepción. Sin duda, se di- de nuestros conceptos y de nuestras proporciones
rá que me he concentrado en la verdad de los con lo reaL Y, en segundo lugar, no resulta claro
enunciados y que, al hacerlo, he adherido a uno que el carácter normativo de la noción de verdad,
de los prejuicios más tenaces de una cierta tradi- sobre la cual he puesto el acento, desaparezca del
ción idealista, según la cual nuestro acceso al cuadro. Si ver es ver correctamente, ver correcta-
mundo pasa por conceptos o proposiciones, y no mente no será equivalente simplemente a ver. La
por percepciones. El retorno, a menudo predicado teoría deflacionista de la percepción resultará tan
hoy en día, a una forma de «realismo natural» del problemática como la teoría deflacionista de la
sentido común, conforme a una línea que va des- verdad.
de Aristóteles hasta Austin y (al parecer) Witt- Que sea necesario pasar la posta de la teoría
genstein, pasando por Reid y Husserl, ¿no volve- de la verdad a la teoría del conocimiento no signi-
ría caducos los interrogantes aquí expresados? fica, evidentemente, que la noción de verdad sea
De acuerdo con esta concepción, el mundo no es una noción radicalmente epistémica, lo que abri-
conocido mediante proposiciones ni conceptos, ría el camino no sólo al antirrealismo, sino quizá
sino directamente en la percepción. Y la percep-
ción, según esta forma de realismo que recupera 2 R. Barbaras, La Perception, París: Hatier, 1994, pág. 78.

118 119
también a sus formas más relativistas. Dado que plo en cuestión demuestra precisamente que hay
comencé este ensayo con una crítica contra esa al menos una excepción al realismo. Supongamos
clase de concepciones, quisiera, para terminarlo, ahora que la tesis relativista concierne a lajusti-
volver brevemente a ellas.é ficaciori de las dos tesis. Aquí dirá que esas dos
El relativismo referido a la verdad supone que teorías están igualmente justificadas por los da-
dos tesis se pueden contradecir y ser verdaderas tos disponibles. N o hay en ello nada de incoheren-
al mismo tiempo. Pero, ¿cómo dos tesis que se te, puesto que eso sucede a menudo. Para defen-
contradicen pueden ser verdaderas al mismo der el relativismo en cuanto a la justificación, es
tiempo? El relativista responderá que ambas son preciso sostener que las reglas de justificación de
verdaderas porque son relativas a una perspec- quienes creen en la primera teoría y de aquellos
tiva. Y si la verdad es relativa a una perspectiva, que creen en la segunda teoría están igualmente
ambas son verdaderas, según su propia perspec- justificadas. También en este caso el relativista
tiva. Esto parece ser simplemente una manera de deberá aplicar esto a su propia tesis y admitir que
decir que unos creen una cosa y otros creen otra. sus reglas de justificación son tan buenas como
Mas si lo que yo creo contradice lo que usted cree, las de su adversario. Pero, con el mismo razona-
¿cómo es posible sostener que las dos creencias miento anterior, no puede admitirlo, salvo que
son verdaderas al mismo tiempo? El relativista presuponga la validez del punto de vista según el
dirá que también esta es una «perspectiva». Em- cual ciertas reglas son mejores que otras. Final-
pero, si es posible que haya una perspectiva se- mente, se puede considerar al relativismo como
gún la cual dos tesis contradictorias pueden ser referido a los objetivos de esas teorías. No obstan-
verdaderas, entonces, debe poder existir por lo te, como ya lo hemos visto al discutir la tesis prag-
menos otra perspectiva, el realismo, según la cual matista, eso significa confundir la utilidad de una
dos tesis contradictorias no pueden ser verdade- tesis con su verdad. Que las consecuencias de
ras. Si quiere ser tolerante frente a las perspecti- cierta tesis sean útiles es una cosa, pero que sean
vas, el relativista debe admitir este punto. Pero verdaderas es otra. Es un error que bien puede
no puede admitirlo, pues se supone que el ejem- cometer el deflacionismo, pues sostiene que adju-
dicar un valor a la verdad es valorizar las conse-
3 Todo esto se remonta al Protágoras de Platón, y no tiene cuencias de las creencias verdaderas. Por mi
nada de original. Véase también M. Clavelin y R. Boudon,
parte, he sostenido lo contrario. Valorizar la ver-
eds., Le relativisme est-il résistible?, París: PUF, 1994, Y D.
Davidson, "Sur l'idée méme de scheme conceptuel», en D. dad no es pretender creer lo que es útil o intere-
Davidson, Enquétes sur la vérité et l'interprétation, op. cit. sante creer, sino valorizar una norma que sea ca-

120 121
paz de trascender esos intereses, y que sea presu- ble no es la verdad: es la imposición en sí misma,
puesta por ellos. y está claro que siempre puede producirse. De he-
Hay formas más sutiles de relativismo, pero lo cho, la imposición intelectual se ejerce mediante
que muestra la incoherencia de la grosera forma otro expediente, la autoridad, así como la imposi-
que acabo de describir es la imposibilidad de pro- ción fisica se ejerce mediante la voluntad de quie-
porcionar una teoría de la justificación de nues- nes utilizan armas. Pero el mejor medio de resis-
tras creencias sin apelar a la noción de verdad, tir al poder, a la autoridad, cuando son ilegítimos,
que es, en consecuencia, una norma epistémica es la verdad. Es el rechazo de lo que Peirce llama
no eliminable. El relativista podría conceder este el «método de la autoridad», el hecho de dejar que
punto y sostener, sin embargo, que ello no de- la verdad se someta a la autoridad. No es respon-
muestra que los efectos de esta norma de lo ver- der a las armas con otra arma, pues, a diferencia
dadero no sean nocivos, y que al menos por eso de una pistola, que sólo sirve para matar, la ver-
debería ser encarada con sospechas. Siempre se dad tiene toda una variedad de otros usos, que
tiene la sensación de que admitir el carácter plu- son muy buenos (lo cual no quiere decir que no
ral y relativo de la verdad es una forma de libera- pueda tener malos usos). Se puede querer, por
ción contra la tiranía de una verdad única. Pero buenas razones, el desarme universal, pero la
también en eso es incoherente esta idea. Que la idea, si así puede decirse, de un desarme alético es
verdad tenga poder, y que pueda ser impuesta, no un sinsentido y un peligro peor aún que el que se
es una amenaza mayor que el poder de constric- denuncia. 'Ibdo concurre, pues, a hacernos pensar
ción que puede tener una pistola apoyada en que pretender abandonar la verdad, bajo sus ela-
nuestra sien. No se puede acusar a la verdad más boraciones filosóficas más sofisticadas así como
de lo que se puede acusar a la pistola. Puedo ejer- sus formas más obvias, tiene un costo ciertamen-
cer sobre usted un poder al pretender poseer la te exorbitante.
verdad o imponerla como norma contra su volun-
tad. Pero esta imposición no puede funcionar
simplemente por el hecho de que yo pretenda po-
seer la verdad, pues en tal caso a usted le bastaría
con tener una pretensión similar para ejercer
una imposición análoga sobre mí. Por lo tanto, la
verdad por sí misma no tiene nada que ver con la
imposición o la dominación. La verdadera culpa-
Posfacio a la edición italiana

Me halaga mucho que aparezca una traduc-


ción italiana de este pequeño libro, publicado en
1998. No tengo nada esencial que modificar, pero
desde entonces han aparecido diversos ensayos
sobre la verdad y también una obra en inglés que
en gran medida se debe a este libro.! Allí se preci-
sa la posición que aquí llamo «realismo mínimo».
Muchos lectores se han preguntado en qué medi-
da es distinta de aquel deflacionismo que critico,
y la misma pregunta le ha sido planteada a Cris-
pin Wright, en cuyas ideas he hallado una pro-
funda inspiración. En realidad, me parece que la
pregunta más interesante es en qué medida mi
posición se distingue de la del realismo en cuanto
a la verdad. En efecto, en muchos aspectos se dis-
tingue bastante poco, y en este sentido se aleja de
la tesis de Wright. Actualmente defino al Realis-
mo Mínimo CRM) como la conjunción de las si-
guientes tesis:

1 P. Engel, Truth, Londres: Acumen, Bucks, 2002.

í25
CA) Minimalismo ra ser verdadero o falso (la existencia de auténti-
1) El RM concuerda con el minimalismo en el cas condiciones de verdad para un determinado
hecho de que la verdad es una noción «sutil» que tipo de enunciados).
satisface los requisitos de la sintaxis (propiedad 6) En cada campo, la capacidad de verdad se
de «descitación») y las relativas obviedades a pro- debe juzgar según un criterio realista de la inde-
pósito de la aserción, de la correspondencia y de pendencia del campo con respecto a nuestras res-
la convergencia. puestas o según la trascendencia con respecto a
2) No obstante ello, el RM rechaza la tesis se- la verificación: nuestras mejores teorías podrían.
gún la cual la verdad no es más que un dispositi- ser falsas.
vo de aserción o de «descitación»; la rechaza pues- 7) En cada campo, la verdad realista, en el sen-
to que la verdad implica la existencia de una nor- tido de (6), es la opción por default.
ma distinta a la de la aserción (la norma del cono-
cimiento). En cuanto a la parte (A), estas tesis están cer-
3) Aquello de lo que se predica la verdad son canas a las de Wright, pero en lo que concierne a
las proposiciones o los contenidos de las creen- la parte (E) son simétricamente inversas, por ser
cias; el RM supone que se debe efectuar un análi- Wright un antirrealista minimalista.
sis independiente de tales conceptos.
4) Sin embargo, el RM no es pluralista, puesto El otro punto que me he preocupado en preci-
que no considera el predicado de verdad como sar en mis trabajos recientes (entre ellos, en par-
ambiguo en relación con diferentes campos (ma- ticular, un diálogo con Richard Rorty) es el del ca-
temática, ética, ciencia, etc.): «verdadero» tiene rácter normativo del concepto de verdad: en parte
un sentido uniforme, definido por su papel (vale es una norma y en parte es un valor. Concuerdo
decir (1» y que de todas maneras es realizado de con Bernard Williams cuando dice, en su reciente
modo diferente según el campo. obra Truth. and Truthfulness: «Resulta importan-
te ver qué papel de la verdad en el sistema aser-
CB) Realismo ción-comunicación-pensamiento no nos permite
5) La uniformidad del predicado de verdad no en absoluto determinar los valores de la veraci-
neutraliza las cuestiones relativas al realismo y dad (truthfulness)>>.2Dicho de otra manera, seña-
al antirrealismo en los diferentes campos: un mi-
nimalismo sobre la verdad no implica un mini-
~ B. Williams, Truth and Truthfulness, Princeton, NJ:
malismo sobre la capacidad de un enunciado pa- Pnnceton University Press, 2002, pág. 85.

126 127
lar que la verdad desempeña un papel central en Bibliografia
el seno de nuestros conceptos de aserción, de
creencia y de conocimiento -lo cual puede ex-
presarse con la siguiente norma: Para cada p se
debe creer que p si y sólo si p es verdadero- no im-
plica nada acerca del valor de la verdad. Saber en
qué consiste esto es una cuestión distinta, y no
existe deducción trascendental, por así decirlo, de
los rasgos conceptuales de la verdad sobre su ca- Austin, J. L. (1950) Truth, en Philosophical Papers
(1961), ed. por J. O. Urmson y G. J. Wamock, tercera
rácter deseable, válido, etc. Sin embargo, algunos edición, Oxford: Oxford University Press, 1979; trad.
pensadores, como Rorty, aprueban, por el contra- italiana de P. Leonardi, Saggi filosofici, Milán: Gueri-
rio ,tal inferencia cuando sostienen que si no exis- ni, 1993 [Ensayos filosóficos, Madrid: Revista de Occi-
dente, 19751.
te la norma (cognitiva) de verdad, entonces, no
Barbaras, R. (1994) La Perception, París: Hatier.
existe el valor de la noción de verdad (para nues- Blackbum, S. (1985) Spreading the Word, Oxford: Ox-
tras búsquedas, para la vida, etc.). No defiendo lo ford University Press.
contrapuesto a ese condicional, sino que defiendo Boudon, R. (1995) Le Juste et le Vrai, París: Fayard; trad.
la conjunción: existe una norma de verdad y la italiana de R. Falcioni, Il vera e il giusto, Bologna: n
Mulino, 1997.
verdad tiene un valor intrínseco. Bradley, F. H. (1914) Essays on Truth and Reality, Ox-
ford: Clarendon Press.
Clavelin, M. y Boudon, R. (eds.) (1994) Le relativisme est-
il résistible?, París: PUF.
Davidson, D. (1984) Jnquiries into Truth and Jnterpreta-
tion, Oxford: Oxford University Press; trad. italiana
Verita e interpretazione, E. Picardi (ed.), Bologna: TI
Mulino, 1994.
Deleuze, G. (1990) Pourparlers, París: Minuit.
Détienne, M. (1967) Les MaUres de vérité dans la Gréce
archafque, París: Maspero [Los maestros de verdad
en la Grecia arcaica, Madrid: Taurus, 19831.
Dodd, J. (2001) The Jdentity Theory of Truth, Londres:
Sto Martin's Press.
Dokic, J. y Engel, P. (2001) Ramsey. Vérité et succés,
París: PUF; trad. inglesa, Ramsey. Truth and Suc-
cess, Londres: Routledge, 2002.

128
129
Dummett, M. (1978) Truth and other Enigmas, Harvard:
Harvard University Press; ed. italiana, M. Sant~- Sa.ntambrogio, Wittgenstein su regole e lingu.aggio
brogio (ed.), La cerita e altri enif!mi, Milá~:.Il Saggia- p~LVato, TU:í~: Bollati Boringhieri, 2000 [Wittgens-
tore, 1986 [La verdad y otros enigmas, MeXlCO:Fondo tein, a proposLto de reglas y lenguaje privado: una. er-
de Cultura Económica, 1990]. po~ición elemental, Madrid: Tecnos, 20061.
Engel, P. (1989) La Norme du urai, París: Gallimard. , Mackie, J. L. (1977).Ethics: Inv~nting Right and Wrong,
(1994) Davidson et la philosophie du langage, París: Londres: Pengum Books [Etica: la invención de lo
bueno y lo malo, B,arcelona: Gedisa, 20001.
P~. N Marion, J.-L. (1997) Etant donné, París: PUF.
(1995) «Les croyances», en D. Kambouchner (ed.), 0-
tions de philosophie, 11, París: Gallimard. Mulligan, K.; Simons, P. y Smith, B. (1984) «Trutb-Mak-
(2001) «The False Modesty of the Id~ntity '!'heory of ers», Philosophy and Phenomenological Research 44.
págs. 287-321. '
Truth», International Journal of Philosophical Stud-
ies, 9, págs. 441-58. .. Pe~ce,. C. S. (1878) How to Make Our Ideas Clear, trad
Fine A. (1986) The Shahy Game, Einstein, Realism and Itall~na en Le leggi dell'ipotesi, M. A. Bonfantini, R
Grazia, G. Proní (eds.), Milán: Bompiani, 1984.
Quantum Theory, Chicago: Chic~go Univer~ityPress.
Frege, G. (1919) -n pensiero», en Ricerche logiche, ~r~d. Popper, K. (1972) Objective Knowledge, Oxford: CIaren-
italiana de R. Casati, M. di Francesco (ed.), Milán: do.n Press; trad. italiana, Conoscenza oggetiva, A Ro-
Guerini, 1988 [Investigaciones lógicas, Madrid: Tec- S~l (ed.), Roma: Armando, 1994 [Conocimiento obje-
tiuo, Madrid: Tecnos, 19741.
nos, 1984]. . .
(1986) Scritti postumi, ed. italiana, E. Picardi (ed.), Putnam, H. (1981)Reason, Truth andHistory, Cambrid-
Nápoles: Bibliopolis. . ge: Cambridge University Press; ed. italiana, S. Veca
Gibbard, A. (1990) Wise Choices, Apt Feelings: A Theory (ed.), Ragione, storia e ueritá, Milán: TI Saggiatore
of Normative Judgement, Oxford: Clarendon. . 1994 [Razón, verdad e historia, Madrid: Tecnos, 2006)'
Granier, J. (1966) Le Probléme de la vérité dans la phllo- (1~94) "Sense, Nonsense, and the Senses: An In~
sophie de Nietzsche, París: Seuil. . m~ the Powers ofthe Human Mind", The Journal of
PhLlosophy, 91, págs. 445-517, luego en The Threefold
Grover, D. (1992) A Prosentential Theory ofTruth, Prin-
ceton: Princeton University Press. r: ord
, Nueva York: Columbia University Press, 1999.
Qume, W. V. O. (1960) Word and Object, Cambridge
Heidegger, M. (1930) Dell'essenza. deUa ve~i~a, ahora e~
Segnavia; ed. italiana, F. Vol PI (ed.), Milan: Adelphi, (Mas~.): The MIT Press, 1999; trad. italiana, Milán: TI
1987. Sagg¡atore, 1970 [Palabra y objeto Barcelona: Labor
1968]. "
Horwich, P. (1990) Truth, Oxford: Blackwell (segunda
edición, 1998). (19_70)Philosophy of Logic, Harvard: Harvard Univer-
(1998) Meaning, Oxford: Clarendon Press. Slty Press; trad. italiana, Logica e grammatica Mi-
James, W. (1897) The WiU to Believe, Harvard: Harvard lán: Il Saggiatore, 1981 [Filosofía de la lÓgica' Ma-
drid: Alianza, 1977). '
University Press, 1979 [La voluntad de cre~r y otros
ensayos de filosofía popular, Madrid: Damel Jorro. (19.90) The Pursuit ofTruth, Harvard: Harvard Univer-
1922). . s~ty Press [La búsqueda de la verdad, Barcelona: Crí-
tICa, 1992].
Kripke, S. (1982) Wittgenstein on Rules an~ P~LUateLa~-
guage, Oxford: Basil Blackwell; trad. ItalIana de M. Ramsey, F. P. (1927) «Facts and PropositiollS" enPhilo-
sophical Papers, D. H. Mellor (ed.) Cambridge: Cam-

130
131
bridge University Press, 1990 [Obra filosófica com- Wittge~st~in, L. (1921) Tractatus lOgico-philosophicus.
pleta, Granada: Comares, 2005]. ed. Italiana, A.. G. C~nte (ed.), Turín: Einaudi, 1995
Rorty, R. (1982) Consequences of Pragmatism, Brighton: [Tractatus loglco-phlloso'Phicus Barcelona' Alta
1994]. ,. ya,
The Harvester Press; trad. italiana de F. Elefante,
Conseguenze del pragmatismo, Milán: Feltrinelli, (1953) Ricerche filosofiche, ed. italiana, M. Trinchero
1986 [Consecuencias del pragmatismo, Madrid: Tec- (ed.), Turín: Einaudi, 1999 [Investigaciones filosófi-
nos, 1996]. cas, Barcelona: Crítica, 1988J.
(1986) «Pragmatism, Davidson and Truth», en Rorty Wright, C. (1992) Truth and Objectivity, Cambridge
(1991). (Mass.): Harvard University Press.
(1991) Objectivity, Relatioism and Truth, Philosophical
Papers, vol. 1, Cambridge: Cambridge University
Press; trad. italiana de M. Marraffa, Scritti filosofici, Algunas obras de autores italianos
vol. 1, Roma-Bari: Laterza, 1994 [Objetivismo, relati-
vismo y verdad: escritos filosóficos 1, Barcelona: Pai-
B?ttani,.A: (1989) Yerita e coerenza, Milán: Angeli,
dós, 1996].
D AgostIru, F. (2002) Disavventure della ueritñ Turí:n:
Russell, B. (1910) Philosophical Essays, Londres: Allen Einaudi. '
& Unwin, 1984 [Ensayos filosóficos, Madrid: Alianza,
Dell'Utri, M. (1996) Il falso specchio: teorie della veriJa
1968]. nella filosofia analitica, Pisa: ETS.
(1918) «The Philosophy of Logical Atornism», en The Marso~et, M. (ed.) (2000) Il concetto di uerita nel pensiero
Collected Papers of Bertrand Russell, vol. 8, J. G. Sla- occidenmi«, Génova: TI Melangolo.
ter (ed.), Londres: Allen & Unwin, 1986; trad. italia- Messeri, M. (1997) Verita, Florencia: La Nuova ltalia,
na, Turín: Einaudi, 2003. Scandicci.
(1940) An Inquiry into Meaning and Truth, Londres: Usberti, G. (1980) Logica, cerita e paradosso Milán.:
Allen & Unwin, 1976 [Investigación sobre el significa- Feltrinelli. '
do y la verdad, Buenos Aires: Losada, 2003].
Tarski, A. (1935) «TI concetto di veritá nei linguaggi for-
malizzati», trad. italiana en F. Rivetti Barbo, L'anti-
nomia del mentitore nel pensiero contemporaneo. Da
Peirce a Tarski, Milán: Vita e pensiero, 1961.
Veyne, P. (1983) Les Grecs ont-ils cru a leurs mythes?,
París: Seuil [¿Creyeronlos griegos en sus mitos? Ensa-
yo sobre la imaginación constituyente, Barcelona:
Granica, 1987].
Virvidakis, S. (1996) La Robustesse du bien, Nimes: J.
Chambon.
Williams, C. J. F. (1976) What is Truth?, Cambridge:
Cambridge University Press.

132 133
Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda,
provincia de Buenos Aires, en septiembre de 2008.

Tirada de esta edición: 2.000 ejemplares.


Biblioteca Cuautepec

111111111111111111111111111111111111111111111
8-14157