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José NataNsoN Julio BurdmaN reNaud lamBert Pierre rimBert saBiNe Cessou GilBert aChCar Gérard Pommier serGe halimi

el dipló, una voz clara en medio del ruido marzo 2018 Capital Intelectual S.A. Paraguay

el dipló, una voz clara en medio del ruido

marzo 2018

Capital Intelectual S.A. Paraguay 1535 (1061) Buenos Aires, Argentina Publicación mensual Año XIX, Nº 225 Precio del ejemplar: $90 En Uruguay: 100 pesos

www.eldiplo.org

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$90 En Uruguay: 100 pesos www.eldiplo.org 00225 Dossier El futuro del peronismo Tras la derrota electoral,
$90 En Uruguay: 100 pesos www.eldiplo.org 00225 Dossier El futuro del peronismo Tras la derrota electoral,
Dossier El futuro del peronismo Tras la derrota electoral, diferentes sectores justicialistas exploran un camino
Dossier El futuro del peronismo Tras la derrota electoral, diferentes sectores justicialistas exploran un camino
Dossier
El futuro del peronismo
Tras la derrota electoral, diferentes sectores justicialistas exploran
un camino de unidad. ¿Renacerá el peronismo?
Verónica Bellomo/Zur
de unidad. ¿Renacerá el peronismo? Verónica Bellomo/Zur la nueva amenaza nuclear Escribe Michael Klare El triunfo

la nueva amenaza nuclear

Escribe Michael Klare

El triunfo de Donald Trump marcó un cambio en la estrategia de Estados Unidos, que planea ampliar su arsenal atómico frente a posibles conflictos con China y Rusia. Así, luego de haber permanecido relegada durante décadas, la cuestión nuclear regresa al centro de la escena.

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2 | Edición 225 | marzo 2018 Todos unidos volveremos por José Natanson N ítidamente recortado

Edición 225 | marzo 2018

Todos unidos volveremos

por José Natanson

N ítidamente recortado frente a un gobierno que para bien o mal se afirma en su mix de gradualismo neoliberal, políticas sociales y de- magogia punitiva, el peronismo

vacila ante un interrogante que había permane- cido cerrado desde el alfonsinismo: ¿su resurrec- ción es inevitable? ¿Es un ave fénix que renacerá siempre o un día sus cenizas se apagarán, como se apagaron las de otras experiencias populis- tas del siglo pasado, digamos como el varguismo brasilero, el APRA peruano o el MNR boliviano? La decisión de un conjunto de dirigentes prove- nientes del kirchnerismo, el massismo, el randa- zzismo y los peronismos del interior de reunirse para un primer gesto de unidad confirma la gra- vedad de la crisis. Pero, ¿alcanza? ¿Y qué posibili- dades hay de que se transforme en una alternati- va política al macrismo? La situación es crítica. Si la derrota de Daniel Scioli y Aníbal Fernández en las elecciones de 2015 fue una primera señal, la caída en las legis- lativas del año pasado asumió la forma de una catástrofe. Perdieron todos: perdió el kirchne- rismo, nada menos que con la figura de Cristi- na y contra Esteban Bullrich (como escribió Sol Prieto, el mejor candidato opositor perdió contra el peor candidato oficialista); perdieron también las opciones neo-K de Agustín Rossi y Jorge Capitanich, perdió la hipótesis colabora- cionista de Juan Schiaretti y Juan Manuel Ur- tubey y perdió, por último, la entente contra- natura de Sergio Massa y Margarita Stolbizer (Massa perdió en… Tigre). Como las pocas ex- cepciones (Tucumán, San Juan, San Luis) ca- recen de proyección nacional, el escenario es trágico: si finalmente se produce la dichosa uni- dad, que como recuerda Nicolás Tereschuk es un concepto caro a la tradición peronista (1), se- rá la unidad de los derrotados. Puede ser también una oportunidad, claro. No hace falta remontarse a la posguerra euro- pea para aprender que los desastres suelen mar- car el origen de muchos cambios históricos. En la Argentina de los 80, después de la inesperada derrota en manos de Raúl Alfonsín, el peronis- mo inició un revulsivo proceso de reconversión que le permitió sacudirse los componentes fas- cistoides que todavía albergaba, transformar- se en un partido más moderno y presentable y ofrecer, finalmente, una alternativa a la socie- dad: la Renovación fue una articulación preca- ria de un conjunto de dirigentes que tenían po- co que ver entre sí, salvo la conciencia de que para recuperar el poder había que desplazar de la conducción a los sindicalistas, reemplazarlos por políticos, y mantenerse unidos (2). Como la

vida es una moneda, el emergente no fue la tibia socialdemocracia herbívora de Antonio Cafie- ro sino el “candidato negro”, Carlos Menem, el menos renovador de los renovadores. ¿Podrá el peronismo encarar hoy un proce- so similar al que atravesó en los 80? Aunque la horizontalidad de los perdedores facilita el diálogo y la necesidad acicatea, hay varios obs- táculos por delante, ninguno insalvable pero todos mayúsculos. Enumerémoslos. El primero es el perímetro. El renacimiento peronista depende de la posibilidad de cons- truir un espacio capaz de contener a todas, ab- solutamente a todas las ramas partidarias dis- persas. Para ello es necesario que nadie dispon- ga de poder de veto sobre los demás, porque to- dos tienen buenas razones para excluir a otro, ni se asuma a priori como el líder, lo que a su vez supone revisar el lugar del kirchnerismo:

si por un lado las elecciones del año pasado de- mostraron que conserva su peso en importan- tes sectores de la sociedad y que su presencia en cualquier armado es imprescindible, por otro carece de la fuerza necesaria para orientar el conjunto: es la parte de un todo. En otras pala- bras, la unidad del peronismo exige la renuncia de Cristina a su conducción. La segunda cuestión es programática. Aun- que la idea de las elecciones como una fría compulsa entre plataformas de gestión no deja de ser una fantasía, y aunque tiene razón Jaime Durán Barba cuando dice que las campañas gi- ran cada vez más en torno a las emociones y los miedos y menos alrededor de las argumenta- ciones racionales, una propuesta electoral po- tente exige sino coherencia al menos una con- sistencia mínima que permita transmitir cier- ta verosimilitud: el peronismo deberá proce- sar las contradicciones recientes –por ejemplo entre los que votaron el acuerdo con los fondos buitre y los que lo rechazaron como una clau- dicación cipaya– y pensar el modo de enfren- tar las actuales –por ejemplo entre los que con- sideran a Carlos Zannini y Julio De Vido pre- sos políticos y los que no–. La tercera cuestión: los condicionamientos institucionales derivados del régimen político, que tiende a premiar al oficialismo y castigar a la oposición. La reforma constitucional del 94 acortó el mandato presidencial a cuatro años, habilitó la reelección y sincronizó en un mismo año las elecciones presidenciales y las de gober- nadores, que también tienen períodos de cuatro años y en general pueden aspirar a un segundo mandato consecutivo. Como los jefes provin- ciales pueden adelantar los comicios en sus dis-

tritos y como la afirmación territorial es condi- ción para cualquier aventura posterior, los caci- ques peronistas seguramente optarán por des- doblar las elecciones provinciales de las nacio- nales para garantizar su supervivencia (3). Sal- vo aquéllos que, como Urtubey, ya van por su se- gundo período, el resto tiene pocos incentivos para apostar a un nebuloso armado nacional, y probablemente ya se haya resignado a convivir cuatro años más con Macri, cuya asistencia, por otra parte, necesitan. En contraste, la estrate- gia del gobierno es simple: unificar las eleccio- nes bonaerenses y porteñas con las nacionales y apostar al trío Macri-Vidal-Rodríguez Larreta. El cuarto desafío es el del liderazgo. El pe- ronismo carece hoy de un conductor claro, co- mo en su momento fueron Perón, Menem y los Kirchner, y ninguno de los dirigentes más rele- vantes parece capaz de encarnarlo. ¿Quién será entonces el candidato? Más allá de las mil com- binaciones que se ensayan en otras tantas me- sas de arena, el hecho de que ningún dirigente aparezca como favorito crea las condiciones pa- ra que el postulante surja de unas PASO civili- zadas (otro desafío) entre dos o tres fórmulas. En esta hipótesis, el candidato final no sería una figura rutilante sino el emergente de un cami- no de reunificación, el resultado de un proceso virtuoso; por eso todavía no sabemos su nom- bre, como en su momento ocurrió con Menem y Kirchner, dos sorpresas. La alternativa a esta apuesta paciente es la búsqueda de una figura extrapartidaria ultrapopular, la “hipótesis Ti- nelli”, pero parece improbable, porque resulta ajena a la tradición peronista y porque la socie- dad argentina no es proclive a votar outsiders (uno de los pocos vicios que no tenemos). Pero incluso si los planetas se alinearan y este proceso avanza, el peronismo enfrenta un desa- fío sociológico, que es el más importante por- que no tiene solución (no al menos en el corto plazo, cuando estamos todos vivos): el de la he- terogeneización de su base social. En efecto, la destrucción del tejido industrial y la mutación del mundo del trabajo vienen produciendo des- de hace ya un par de décadas una fragmenta- ción del universo popular que, a grandes rasgos, hoy se divide entre los desocupados, los trabaja- dores informales y los trabajadores formales (el “moyanismo social”, cuya emigración primero al massismo y luego al PRO produjo el quiebre de la coalición kirchnerista –y su derrota–). Co- mo demuestran investigaciones recientes (4), estos modos diferentes de inserción laboral ge- neran posiciones, visiones del mundo y hasta ideologías distintas, que profundizan la distan- cia incluso entre quienes viven medianera de

Editorial

Editorial

por medio; la distancia entre el traba- jador cuya vida, aun con un salario ba- jo, sigue organizada por el trabajo, pau- tada por la semana laboral y protegida por un sindicato, y el que se ve obliga- do a rebuscárselas con las changas y los planes. Esto genera a su vez demandas distintas entre los sobrevivientes de la

Argentina salarial que reclaman por el impuesto a las ganancias y la obra so- cial y los hundidos del siglo XXI, que piden el socorro del Estado. Y agudiza los odios: como recuerda Juan Carlos Torre (5), el uso de los es- tigmas es tanto más probable cuanto más próxi- mas están las poblaciones al contraste social o cultural: el “vago de mierda” como expresión de una fractura social dolorosa. Durante su larga década en el poder, el kirch- nerismo logró suturar esta herida abierta en el campo popular mediante la acción enérgica del Estado y el talento de su liderazgo. Sucedida la derrota, la fractura reemerge, más ardiente que nunca. Por eso el proceso de recuperación del peronismo, si finalmente se produce, debe con- templar la realidad de este universo social asti- llado, que es justamente lo que entendió el ma- crismo con su estrategia de sumar al voto natu- ral de clase media una parte del electorado del conurbano. Pero entender la astucia del adver- sario y aprender de él no significa imitarlo: el último desafío peronista consiste, entonces, en evitar la tentación de copiar al macrismo, de in- tentar crear, como se esucha a veces, un “PRO peronista” o, más insólito aún, un “PRO de iz- quierda”. Sumido en su crisis más grave desde la vuelta de la democracia, el peronismo debe re- correr un camino propio y original para recupe- rar el poder, porque tiene recursos para hacerlo y porque es la razón de su vida. g

1.

así la revista que pensó cómo debía o podía ser el peronismo

“‘Unidos’ es una palabra clave para el peronismo. Se llamó

de la transición democrática. Los peronistas no se piensan ‘juntos’. Se piensan ‘unidos’”, en www.artepolitica.com

2. Germán Basso, “La renovación peronista en cuestión:

una aproximación a la experiencia del peronismo durante la década del ‘80”, en Antíteses, Vol. 4, Nº 8, 2011.

3. Julio Burdman, “La oposición imposible”, en www.anfibia.com

4. Rodrigo Zarazaga y Lucas Ronconi (comps.),

Conurbano infinito, Siglo XXI Editores, 2017.

5. Juan Carlos Torre, “Los huérfanos de la política de

partidos revisited”, en www.panamarevista.com

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

Staff

Director: José Natanson

Redacción Pablo Stancanelli (editor) Creusa Muñoz (editora) Luciana Garbarino Laura Oszust Carolina Sosa (pasante)

Secretaria Patricia Orfila secretaria@eldiplo.org

Corrección

Irene Domínguez

Alfredo Cortés

Diagramación

Cristina Melo

Colaboradores locales Natalia Aruguete Julio Burdman Nazaret Castro Julián Chappa Nicolás Damin Carolina Keve Ezequiel Mario Martínez Ignacio Ramírez Josefina Sartora Andrés Schipani Martín Schorr Natalia Zuazo

Ilustradores

Gustavo Cimadoro

El Sike

Traductores Julia Bucci Victoria Cozzo Georgina Fraser Teresa Garufi Aldo Giacometti Florencia Giménez Zapiola Víctor Goldstein Patricia Minarrieta Bárbara Poey Sowerby Gustavo Recalde María Julia Zaparart Carlos Alberto Zito

Diseño original Javier Vera Ocampo

Publicidad Maia Sona publicidad@eldiplo.org contacto@eldiplo.org

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Pte. Luis Sáenz Peña 1836, Tel. 4305 3160. CF. Argentina. La circulación de Le Monde diplomatique,

La circulación de

Le Monde diplomatique,

edición Cono Sur, del mes

de febrero de 2018 fue

de 25.700 ejemplares.

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La opinión públicatiene aguante

por Ignacio Ramírez*

E l caso Mauricio “Macri” es uno de los casos más exitosos de metamorfosis simbólica de identidad pública. Su presidencia no hubiera sido posible sin un trabajo estratégico previo, des-

plegado a lo largo de muchos años, orientado hacia un objetivo muy claro: eliminar o suavizar los atri- butos elitistas que parecían adheridos al apellido

“Macri”, y que ponían un techo cultural (en socie- dades menos plebeyas esa curaduría no hubiera si- do necesaria) a su crecimiento político. Los chistes futboleros son quizás la única con- traseña popular que Mauricio Macri maneja con cierta naturalidad. El recurrente uso y abuso del recurso pareciera estar apoyado sobre una socio- logía duranbarbiana subyacente según la cual a

las minorías intensas les interesa la política y van

a marchas, mientras que a las mayorías silenciosas

les interesa el fútbol y van a la cancha. Cambiemos, recordemos, custodia el derecho a la “no partici-

pación política”: hablemos tranquilos de fútbol y tercericemos el gobierno en los que saben. En cierto sentido, cada gobierno adopta algunos territorios como “propios”. El kirchnerismo, por ejemplo, se sentía intrusado frente a las moviliza- ciones masivas en su contra. La cancha y el fútbol configuran el hábitat donde el macrismo edifica su identidad popular-despolitizada, dominguera, ba- rrial, vecinalista, argentina. La opinión pública se expresa de formas muy distintas y creativas; las encuestas la muestran or- denada y prolija pero en realidad grita, transpira, es caótica. En este contexto, un malestar se puede expresar de diversas maneras, pero existen algu- nos lenguajes más contagiosos que otros. El conta- gio constituyó uno de los mecanismos fundamen-

tales en ser analizados por los primeros teóricos de la opinión pública; el contagio como proceso des- de abajo, imprevisible e ingobernable. Cada vez más, en las canchas se viene contagiando

unrunrunqueinquietaalgobiernoyalpresidentemu-

cho más que las reuniones opositoras en la UMET. El fútbol se vive trágica y paranoicamente, co- mo una sucesión de injusticias: penales mal cobra- dos, faltas simuladas, sanciones inmerecidas, sor- teos adulterados. Durante los partidos, ante cada injustica –real o percibida– los enojos se vuelcan

ritualmente sobre el árbitro. Pero está empezando

a suceder otra cosa. La sensación de injusticia se

desagota de forma imprevista: “Macri hijo de puta,

la puta que te parió. Macri…”.

El rasgo que distingue a la canción no es su letra

(repetitiva y desprovista de la creatividad irónica que suele caracterizar a los cantos de cancha), sino su uso, el uso del apellido Macri.

A pesar de la algoritmización de la comunica-

ción política que practica Cambiemos, la opinión pública produce erupciones que no se pueden an- ticipar ni gobernar. Tras años de trabajo dedicados

a eliminar la resonancia elitista del apellido, las tri- bunas contagian un canto intuitivo y simple: “Ma- cri” como significante de cancha inclinada. g

* Sociólogo. © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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4 | Dossier El futuro del peronismo Edición 225 | marzo 2018 El peronismo se desindicalizó

Dossier

El futuro del peronismo

Edición 225 | marzo 2018

El peronismo se desindicalizó desde la recuperación de la democracia y atraviesa un proceso de desestatalización desde la llegada de Mauricio Macri al poder. En este marco, su futuro depende básicamente de su capacidad de construir un marco institucional para que las diferentes corrientes definan sus disputas en una interna.

Desafíos de un partido lejos del Estado

El club de la pelea

por Julio Burdman*

lejos del Estado El club de la pelea por Julio Burdman* L a principal atracción del

L a principal atracción del Museo Juan Domingo Perón en la ciudad bonaerense de Lobos es el escri- torio original que el general, en- tonces coronel, utilizaba como secretario de Trabajo del régi-

men nacionalista en 1943. Allí, sobre ese mueble sencillo y cubierto de libros, Perón construyó la alianza básica de lo que luego sería el movimien- to nacional justicialista: Poder Ejecutivo y sindi- catos por actividad. El Estado de Bienestar crio- llo y el partido dominante de la política argenti- na contemporánea nacieron allí. Es por eso que la peronología, una disciplina vibrante de las ciencias sociales argentinas, tie- ne entre sus temas predilectos a la relación his- tórica entre peronismo y sindicalismo. Ya en la

Mausoleo de Juan Domingo Perón en San Vicente, Buenos Aires (Marcos Brindicci/Reuters)

presidencia y con plenas credenciales democrá- ticas, la cultura peronista dirá que el movimien- to tiene tres ramas: política, sindical y femeni- na. Otra imagen clásica se refiere al sindicalis- mo como “columna vertebral” del movimiento. De esa compleja relación emergen una infinidad de cuestiones, como el rol de los sindicatos en el origen del peronismo, las tensiones entre la rama sindical y la rama política en el gobierno, la supervivencia de los gremios en los años de plomo y los enfrentamientos entre la ortodoxia (sindical) y la vanguardia en los 70. Podemos decir que hay un peronismo funda- cional, casi mitológico. Y otro realmente existen- te, actual, que disfruta evocando al anterior. Pero la tensión entre políticos y sindicalistas es parte de ambas vidas. Con el advenimiento de la demo-

cracia en 1983 se produjo una división entre or- todoxos y renovadores que reeditaba esta puja, ya que los sindicalistas eran el poder detrás de la ortodoxia. Camperas de cuero versus corbatas. Y ganaron las corbatas. El peronólogo estadounidense Steven Le- vitsky describe esta transformación en un libro clásico (1). Bien lejos del cliché de “los 70 años de peronismo” que prende como un fósforo en Twitter, Levitsky explica que en realidad el jus- ticialismo que conocemos comenzó en los 80 a partir del acceso regular al gobierno, algo que antes estaba vedado. Presidencia, gobernacio- nes, intendencias: la cultura peronista, durante décadas agazapada en los sindicatos, se mudó al Estado. Se produjo, según Levitsky, un proceso de desindicalización. Los jefes gremiales tuvie-

ron cada vez menos participación en el mundo de las elecciones y la representación política. El peronismo bonaerense, esa criatura territorial que comenzó a formarse en los 80, ya no depen- día de los grandes sindicatos organizados. La tesis de la transformación explicada por Levitsky, publicada en 2003, prohijó buena par- te de la imagen que todos tenemos sobre el pe- ronismo: un partido-movimiento territorial que gobierna el Estado apoyado en su red de jefes políticos, candidatos sonrientes, cuadros geren- ciales, punteros zorros e intelectuales coloridos. Pero ya pasaron varios años. Ahora estamos en la Argentina de Cambiemos y podemos hacernos algunas preguntas nuevas. En primer lugar, si algo puso en evidencia la marcha convocada por Hugo Moyano el 21 de febrero pasado es que, a pesar de la desindica- lización de la política peronista, el poder orga- nizacional de los gremios se mantiene intacto. Siguen contando con las leyes que le dan vida y brindando muchos servicios –comenzando por la salud– a sus afiliados; son aún los cogesto- res del Estado de Bienestar criollo. Muchos de ellos incluso han crecido, como el Sindicato de Camioneros en los gobiernos kirchneristas, o la Unión Obrera de la Construcción hoy. Moyano se puede dar el lujo de convocar a una gran movi- lización contra el gobierno nacional… desde su propio gremio. La CGT es, en este contexto, un lugar menor. Y no es la primera vez que sucede:

en Argentina no se transporta sin Camioneros y no se construye sin la UOCRA. Paradójicamente, es el “peronismo corbata” el que viene sufriendo varias derrotas consecu- tivas: en las presidenciales de 2015 perdió el go- bierno nacional, la provincia de Buenos Aires y una serie de intendencias impensables. Y en las legislativas de 2017 Cambiemos avisó que en un par de años podría desalojarlo de Córdoba, Entre Ríos y otras provincias más. Por supuesto que, aun con el peor de los re- sultados electorales, en 2019 seguirá habiendo gobernadores, intendentes, legisladores nacio- nales y concejales peronistas. Y también es cier- to que incluso en la era cambiemita quedan al- gunos cuantos peronistas en las oficinas públi- cas, resguardados por los sindicatos estatales, el know how administrativo y un bajo perfil perso- nal. Pero no es lo mismo. La organización desor- ganizada puede convertirse en mera desorgani- zación. La hipótesis está planteada: el peronis- mo, estructurado desde el Estado, la maquinaria que para Levitsky es desde los años 80 su verda- dero corazón, puede desaparecer si Cambiemos renueva en 2019. O, en todo caso, puede sobrevi- vir como un archipiélago ineficaz para construir gobiernos. El movimiento, habiendo ya atravesa- do por una desindicalización política, enfrenta ahora el desafío de la desestatalización.

Alternativas En más de un sentido, el justicialismo posterior a 1983 tiene poco que ver con el peronismo de la fundación, la proscripción o la violenta prima- vera setentista. Si no fuera por la potencia social del mito, tal vez los herederos de Perón hoy se llamarían de otra forma, como ocurrió con los gaullistas franceses. Pero más allá de las etique- tas podemos encontrar algunas analogías his- tóricas para pensar el desafío de un peronismo fuera del gobierno y del Estado. Una es la resin- dicalización, como la ocurrida a partir de 1955, durante los regímenes antiperonistas: en efecto, pese a los esfuerzos realizados por Perón entre 1946 y 1955 para distinguir entre sindicalismo y política, los gremios fueron un refugio durante los largos años de la proscripción. Otro punto de comparación es la repartidización ocurrida en- tre 1984 y 1988, cuando el peronismo derrotado por Alfonsín se organizó como un partido que funcionó relativamente bien, definiendo líneas de acción en órganos colegiados y logrando el hi-

to institucional de la interna entre Carlos Me- nem y Antonio Cafiero para seleccionar a su can- didato presidencial. ¿Ocurrirá una resindicalización? Cada vez que puede, Moyano dice en público que le gus- taría ver a un trabajador como presidente. Co- mo trabajadores somos todos, Moyano se refie- re a una persona proveniente del mundo sindical al estilo Lula, la referencia excluyente de todos los peronistas que sueñan con un gremialista en el gobierno. En este sentido, y al igual que en el pasado, la organización sindical, indemne a tra- vés del tiempo, puede resultar un techo para re- fugiarse durante la tormenta. Y más también: el presidente del Partido Justicialista porteño, por ejemplo, es Víctor Santa María, un sindicalista que gusta de la política y cuyo gremio adminis- tra una universidad y un grupo de medios de co- municación. Soñadores y salvadores siempre hay. Además, los sindicatos tienen algo del metal im- prescindible para financiar candidaturas. No obstante, las restricciones son muchas. Por cada jefe sindical dispuesto a lanzarse a la política peronista, o a rescatarla, hay docenas de veteranos sobrevivientes que están más interesa- dos en negociar con el oficialismo que en enfren- tarlo. Además, los sindicalistas no tienen gran aceptación en la opinión pública. Eso no es nue-

vo, y en cierta medida es lógico, porque los recla- mos sectoriales no son la mejor plataforma pa- ra construir liderazgos representativos del con- junto de la sociedad. Se suma a ello que hay con- notados sindicalistas bajo el asedio de los jueces federales, y que faltan renovación y mujeres. En un contexto de vacío de liderazgo, los dirigentes sindicales pueden ocupar un rol, o apuntalarlo. Pero es difícil ver allí el combustible suficiente para un renacimiento del peronismo, aun cuan- do un peronismo político convertido en perdedor crónico de elecciones corre el riesgo de no poder garantizar al peronismo sindical la supervivencia del modelo laboral argentino. La otra opción que señalamos es la repartidi- zación, una idea que últimamente circula en los ambientes peronistas como el camino más ade- cuado a seguir. Muchos diseñan un método eficaz para volver al gobierno (y cuanto antes, porque afuera hace frío) y creen encontrar en la expe- riencia de la Renovación de los 80 un modelo: en un movimiento identitario, los símbolos siempre tienen la respuesta. Mirar la Renovación llevaría

a sentar las bases de una nueva interna, como la

de 1988 pero treinta años después. La fórmula se-

ría dejar de lado las diferencias y concentrarse en la crítica del oficialismo como adversario común. Eso, en principio, poco se parece a la repar- tidización renovadora de los 80. Unirse de este modo equivale a buscar el eje ordenador afuera, articular un frente antimacrista como vía rápida para regresar al Estado –y luego organizarse des- de ahí–. Sin embargo, el motor del peronismo en- tre 1984 y 1988 no fue el antialfonsinismo. Aun- que por supuesto había críticas al gobierno radi- cal, la identidad opositora era el segundo plano de la militancia. Lo que movilizaba era vencer en la interna, recuperar el peronismo y liderarlo de cara a las elecciones presidenciales de 1989. Además, cabe preguntarse si a tan sólo dos años de la llegada de Cambiemos al gobierno el antimacrismo puede ser un eje ordenador eficaz. La Alianza entre el Frepaso y la UCR, construida como eje antimenemista, recién se formó luego de ocho años, y la coalición anti- kirchnerista después de casi doce. Un manda- to presidencial es poco para alinear tantas pa- siones. En los estudios de opinión pública no se registra un antimacrismo visceral, epidér- mico, como el que supieron padecer Menem

y los Kirchner sobre el final de sus mandatos

reeleccionarios. Hay gente a la que le gusta el gobierno, gente a la que le disgusta, y gente en el medio; hay, también, frustración. Pero el hastío es otra cosa.

hay, también, frustración. Pero el hastío es otra cosa. | 5 La estrategia antimacrista puede resultar

| 5

La estrategia antimacrista puede resultar por

lo tanto artificial, como también lo hubiera sido

un peronismo antialfonsinista en los 80. Lo que enciende y motiva a muchos peronistas, a decir verdad, hay que buscarlo más hacia adentro del

partido. Eso es lo real: buena parte del peronis- mo antikirchnerista cree que el kirchnerismo es lo peor que pudo pasarle al peronismo, que no merece siquiera llamarse peronismo, en tanto

el kirchnerismo piensa algo parecido del pero-

nismo cordobesista, del gobernador de Salta o de los integrantes del Bloque Justicialista. En otras palabras, la libi- do está adentro del pe-

ronismo. Y el resto se aprovecha de ella. Es cierto que muchos ar- gentinos se cansaron de la energía peronista. Pero el peronismo po- dría incluirlos también a ellos, con una prome- sa de no parar hasta re- solver sus propios pro- blemas. Monopolizar la cuestión peronista, to-

dos al ring, salir de gira, implosionar. Que nadie se salga de las cuerdas hasta que gane el mejor.

Y después, claro, que todos sin excepción levan-

ten en andas al ganador. Eso fue, más o menos, lo

que salvó al peronismo en los 80.

El box peronista sólo es posible con un cuadrilátero, porque de otro modo se transformaría en una pelea callejera.

Un cuadrilátero ahí El box peronista sólo es posible con un cuadri- látero, porque de otro modo se transformaría en

una pelea callejera. Pegarse es fácil, lo difícil es hacerlo respetando un marco de códigos y re- glas. En los 80, cuando Cafiero y Menem dispu- taron la interna, había mayores reservas de iden- tidad partidaria y una concepción diferente del federalismo político. Esto último es clave. Hoy

la división entre kirchneristas, centristas y an-

tikirchneristas está atravesada por la lógica de la relación Nación-provincias. Los peronistas con mayor peso institucional son los goberna- dores (Entre Ríos, Córdoba, Tucumán, Salta, San Juan), los senadores y los intendentes. Si ellos no se suben al ring la pelea carece de sentido. Y hoy no están realmente convencidos de que valga la pena. La presencia de Macri en la Casa Rosada

es una realidad tangible con la que tienen que li- diar en forma cotidiana para administrar sus dis-

tritos. El resto es incertidumbre. Y parece difícil que los peronistas y kirchneristas sin responsa- bilidad de gestión logren liderarlos (esta dife- rencia entre aquéllos que tienen la obligación de gobernar y quienes cuentan con más libertad es

la

misma que marcó el quiebre del radicalismo y

la

creación de la Concertación Plural durante los

primeros años del kirchnerismo). La coordina- ción de las voluntades no es imposible pero los incentivos juegan en contra del club de la pelea. Por supuesto, la unidad peronista se vería facilitada si el gobierno decide “ir por todo”, si apuesta a arrebatarle al justicialismo las provin- cias que aún gobierna en un contexto de ajuste del gasto público. Si un gobernador justicialista siente que la administración nacional está deci- dida a desplazarlo en 2019 posiblemente decida

poner más energía en un armado nacional de cara

a las presidenciales, cosa que hasta ahora no pa-

rece ocurrir. Mientras, el resto del peronismo de- berá esperar y contribuir a crear las condiciones para que las reglas del cuadrilátero funcionen. g

1. La transformación del justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista, Siglo XXI Editores, 2005.

* Politólogo y profesor de la UBA. © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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6 | Dossier El futuro del peronismo M.A.f.I.A. El gobierno de Macri ejecuta una política gradual

Dossier

El futuro del peronismo

6 | Dossier El futuro del peronismo M.A.f.I.A. El gobierno de Macri ejecuta una política gradual

M.A.f.I.A.

El gobierno de Macri ejecuta una política gradual contra los sindicatos; busca consolidarse para después poder desple- gar sin límites su esencia neoliberal. Las distintas respues- tas de los gremios expresan sus diferencias estructurales e influirán en la conformación futura del peronismo.

Respuestas sindicales a la ofensiva macrista

Un actor central del próximomapapolítico

por Andrés Schipani*

E s imposible comprender la agenda de política laboral de Cambiemos sin destacar que la lógica general detrás de la política pública del gobierno es- tá signada por la idea de secuencias o etapas. Los funcionarios de Cambie-

mos son liberales por orientación programática, pe- ro pretenden gobernar en el centro hasta el 2019. Son conscientes de que sólo gobernando en el centro po- drán consolidarse como un partido electoralmente sólido, construir mayorías parlamentarias y, eventual- mente, poder comenzar a gobernar en mayor sintonía con su corazón liberal a partir de 2019. ¿Cómo se traduce esto en términos de la política laboral? Su núcleo de creencias liberales los inclina a preferir convenios colectivos más descentralizados (idealmente, salarios negociados individualmente

entre trabajadores y empleadores), mayor flexibili- dad en la contratación, despido de la mano de obra y un mercado de seguros de salud donde prestadores privados reemplacen a (o compitan con) los sindica- tos. Sin embargo, la agenda laboral de esta etapa ha subordinado las preferencias liberales del gobierno a la agenda de la “gobernabilidad social”. Macri se pro- pone ser el primer presidente no peronista en finali- zar su mandato constitucional. Y entiende perfecta-

mente que, en Argentina, cuando la movilización po- pular desborda a las instituciones representativas, el presidente tiene altas probabilidades de ser eyectado del sillón de Rivadavia antes de tiempo. Eso explica en parte las distintas velocidades con las que el gobierno avanza en diferentes áreas de la política pública. En aquellas áreas donde no existen actores organizados capaces de articular una oposición a sus políticas públicas, el gobier- no ha optado por apretar el acelerador y acercar las políticas públicas a sus preferencias liberales. Ejemplo de ello son las políticas de recortes de subsidios a los servicios públicos esenciales (elec- tricidad, gas, agua), así como también la reforma previsional. Allí donde los perdedores de las refor- mas están atomizados (las clases medias, los jubi- lados), Cambiemos avanza con medidas más radi- cales y unilaterales. Sin embargo, en áreas en que existen actores organizados capaces de articular una resistencia coordinada a sus políticas, el go- bierno ha preferido ser más moderado y realizar reformas concertadas con ellos. Ejemplos de es- to son el proyecto de reforma laboral (que intentó concertar con los sindicatos, sin éxito), la preser- vación de las políticas de asistencia social hereda- das del kirchnerismo (que, entre otros, benefician

Edición 225 | marzo 2018

a los movimientos sociales de trabajadores infor-

males), y la política comercial (donde el poder de los empresarios locales y sindicatos por rama limi- ta cualquier intento radical de apertura). En resumen, si en las políticas previsionales y de subsidios el gobierno ha subordinado el bienes- tar social (al menos de corto plazo) a los imperati- vos de la política económica, en los terrenos de las políticas laborales, sociales o comerciales las pre- ferencias liberales se subordinan al imperativo de la gobernabilidad social. El objetivo aquí es tener a sindicalistas y líderes de movimientos sociales sen- tados en una larga, eterna mesa de negociación po- lítica que los mantenga lejos de las calles.

Tensiones entre economía y sociedad Aun cuando el imperativo de la gobernabilidad so- cial dicta gran parte de la política laboral de Cambie- mos, hay dos áreas en las cuales el gobierno no puede permitirse preservar el statu quo sin minar sus pro- pios objetivos de política económica: la reducción

del déficit fiscal y la lucha contra la inflación. Estos objetivos son el origen de las tensiones entre sindica- lismo y gobierno nacional en la actualidad. El combate contra la inflación fue una de las prin- cipales promesas electorales del gobierno de Cam- biemos. Ante los escasos avances que una política monetaria contractiva ha tenido en este frente, el gobierno apunta ahora a otro elemento clave en la determinación del nivel de precios en Argentina: el precio de la mano de obra fijado vía convenios colec- tivos. El gobierno busca una moderación de las de- mandas salariales: que, a lo sumo, no superen a la in- flación. Este objetivo (que implicaría, al menos, au- sencia de aumento real del salario en 2018) afecta de manera diferencial la disposición de los sindicalistas del sector privado a enfrentar al gobierno. La política de moderación salarial pone en la ve- reda de enfrente a aquellos gremios que cumplen dos condiciones: tienen instituciones que garanti- zan una participación activa de la base en la vida in- terna del gremio, y pertenecen a sectores no tran- sables de la economía (esto es, producen bienes o servicios que por su propia naturaleza no pueden adquirirse en el exterior). Si en gremios con alta mi- litancia de base una baja del salario real le genera a la dirigencia serios problemas de legitimidad inter- na, el hecho de estar ubicados en sectores no transa- bles de la economía permite a los dirigentes presio- nar por aumentos del salario real sin temor a gran- des efectos negativos sobre el nivel de empleo en el sector. No es casual que camioneros y bancarios, dos gremios del sector privado que reúnen ambas con- diciones, se encuentren encabezando hoy la oposi- ción sindical al gobierno en el sector privado. Hay un segundo grupo de gremios, los grandes sindicatos del sector privado en Argentina (a menu- do referenciados por la prensa como “Gordos” e “In- dependientes”), en el que el nivel de participación de

la base en la vida interna del gremio es mínimo. Estos

sindicatos no tienen, en principio, grandes contradic- ciones con una política de moderación salarial impul- sada por el gobierno. La razón es que, en ausencia de un formato organizativo que los vincule de forma per- manente con las bases (sumado a la ausencia de de- mocracia interna común a casi todos los gremios del sector privado), es muy difícil que los liderazgos sin- dicales paguen un costo en términos de ascendencia sobre la base a causa de una moderación salarial tem- poraria. Así como la ausencia de democracia interna los blinda frente a una posible competencia electoral “por izquierda”, la ausencia de mecanismos internos de representación de la base los blinda frente a las pre- siones inmediatas de sus propios representados. Hay una diferencia abismal entre los mundos organizativos que habitan Armando Cavalieri (lí- der del Sindicato Empleados de Comercio) y Pablo Moyano (Camioneros). Moyano interactúa regular- mente con la base: les exige a sus afiliados niveles de participación y movilización elevados, lo que lo dota de un extraordinario poder frente al empresa- riado y el gobierno. Pero a cambio, las bases son exi- gentes en términos de salarios y beneficios sociales.

Cavalieri rara vez se cruza con sus afiliados. Es un ti- po de liderazgo menos ambicioso: su preocupación central es maximizar las contribuciones que los em- pleados de comercio realizan al gremio y, en espe - cial, a su obra social. La penetración del sindicato en los lugares de trabajo es muy baja. En ese univer- so organizativo, la “presión de las bases” es mínima. Esto no quiere decir que estos sindicatos “no ha- cen nada” frente a sus representados, sino que se vinculan con ellos de forma más burocrática e in- dividualista, a través de la prestación de servicios a sus afiliados (sobre todo, servicios de salud a través de las obras sociales). Estos sindicatos tienen como preocupación central la solvencia financiera de estas obras sociales, porque constituyen, al mismo tiempo, su principal forma de financiamiento y su principal vínculo de representación con los afiliados. Este formato organizativo los vuelve más vulnera- bles a las zanahorias y palos del gobierno de turno y,

por lo tanto, más proclives a negociar con él. Por un la- do, dado que en muchos casos las obras sociales tienen problemas de sustentabilidad financiera, la asistencia fiscal del gobierno de turno es una pieza fundamental para mantener estas organizaciones burocráticas (y, por lo tanto, la propia supervivencia de los liderazgos sindicales) a flote. Por el otro, su limitada capacidad de movilización de la base los vuelve muy vulnerables a las causas judiciales abiertas por el gobierno contra ellos: a diferencia de Moyano, les resulta difícil con- traatacar a embestidas judiciales con la amenaza de la

movilizacióncallejera.Estosgremiosfueronlosgran-

des ausentes en la movilización del pasado 21 de fe- brero auspiciada por Hugo Moyano.

Prioridad: mantener el empleo Por último, en el sector privado existe un tercer gru- po de gremios con alto grado de militancia entre las bases, pero cuya capacidad de avanzar en reclamos salariales se encuentra limitada por su ubicación en sectores transables de la economía. La princi- pal razón por la que gremios como SMATA (auto- motrices) o la UOM (metalúrgicos) precisan tener una buena relación con el gobierno no es para re- clamar fondos para las obras sociales o frenar cau- sas judiciales en contra de sus dirigentes. Aún más fundamental para estos gremios es contar con una política comercial que proteja las fuentes de trabajo de sus afiliados. La economía argentina durante el kirchnerismo se convirtió en la octava economía más cerrada del mundo (1). Eso implica que el go- bierno, mediante la amenaza de la apertura comer- cial sectorial, puede disciplinar las demandas sala- riales de los sindicatos. Los sindicatos en estos sec- tores, enfrentados al dilema de perder puestos de trabajo o resignar salario, se ven forzados a priori- zar la estabilidad laboral de sus representados. Un ejemplo cabal de ello fue el convenio colectivo fir- mado el año pasado por la UOM en Tierra del Fue- go: de ser uno de los colectivos de trabajadores más beneficiados durante el kirchnerismo, en 2017 el sindicato metalúrgico de esta provincia aceptó un congelamiento de salarios hasta 2020 a cambio de que no haya despidos ni suspensiones en la indus- tria (2). Aún con una orientación tradicionalmente más militante y combativa que el grupo anterior, es- tos gremios tampoco estuvieron en la movilización del 21 de febrero convocada por el líder camionero. La reducción gradual del déficit fiscal es otro componente clave de la política económica del go- bierno. Este compromiso envía una señal positiva a los mercados, que le permite al gobierno no sólo ac- ceder al financiamiento externo a tasas menos ele- vadas sino, eventualmente, crearía un clima de con- fianza entre los inversores que finalmente traería aparejada la prometida “lluvia de inversiones”.

La combatividad de los estatales Esta política afecta directamente la relación del go- bierno con los gremios del sector público: estatales (especialmente ATE) y maestros (CTERA), colo- cando a estos gremios en la vereda opuesta al go- bierno. Esta relación se agudiza en vistas de la re- forma fiscal acordada con los gobernadores en 2017,

que obliga a las provincias a reducir sus déficits fiscales en los próximos años. ¿Cuál es el principal componente del gasto público en las provincias? Sa- larios de docentes (representados de CTERA), em- pleados administrativos (principalmente represen- tados de ATE) y policía. Difícilmente las provincias puedan cumplir estas metas sin ajustar a la baja los salarios reales de estos trabajadores. En este sentido, la confrontación con los sindicatos de maestros también se agudiza por el imperativo an- terior (moderación salarial): dado que los gremios de maestros son los primeros en el año en cerrar parita-

rias, la moderación de sus reclamos salariales es clave

para el gobierno en la medida en que envía una señal

al resto de los sindicatos sobre qué porcentaje de au- mento salarial está determinado a tolerar. Tan deter- minante es la actuación del sindicalismo docente en la concreción de estos dos objetivos (reducción del défi- cit fiscal –sobre todo para provincias controladas por el PRO, como la de Buenos Aires–, y moderación sala- rial), que el gobierno ha decidido suspender la Parita- ria Nacional Docente, una institución consagrada en

la legislación argentina vigente a partir de la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo y su posterior reglamentación durante el kirchnerismo. ¿En qué medida estos alineamientos pueden desembocar en una coalición que pueda articular de manera exitosa una oposición sindical al gobierno? ¿Hasta qué punto estas coaliciones sindicales repre- sentan una amenaza a la estrategia de “gobernabili- dad social” del macrismo? Una posibilidad es que la oposición sindical se arti- cule exclusivamente en un “sindicalismo de resisten-

cia”, esto es, una coalición estrecha formada en torno

a los perdedores inmediatos en el mundo de los traba-

jadoresformales:camionerosybancarios,losgremios combativos del sector público y la izquierda sindical

clasista. Esta coalición sería básicamente una reedi- ción de la coalición anti-menemista que se opuso a las reformas de mercado durante la década de 1990. Esta coalición nucleó en su momento al MTA (el conjun- to de gremios del transporte liderado por camioneros,

pero que también incluía a gremios como los de ma-

quinistas de tren, taxistas, colectiveros), la CTA y la

CCC (la Corriente Clasista y Combativa).

La reedición de este “sindicalismo de resisten-

cia” difícilmente redunde en conquistas concretas

para la clase trabajadora. En primer lugar, porque

incluso en su época de apogeo durante el segundo gobierno de Menem y contando con un enorme po- der de movilización, no modificó los grandes trazos de la política laboral. En segundo lugar, en caso de reeditarse, esta coalición carece del elemento que la dotaba de un poder de fuego considerable: la leal- tad del conjunto de los gremios del transporte y, con ello, la capacidad de paralizar la actividad económi- ca del país. Todos esos gremios se encuentran hoy en la vereda opuesta a Moyano. Una segunda posibilidad es la formación de una coalición de “gremialismo corporativo”, en el cual parte de los gremios que hoy están alineados con el

gobierno procuren reeditar una alianza con Moya- no. La reedición de esta coalición, similar a la que existió entre 2004 y 2011 bajo el paraguas de la CGT conducida por Hugo Moyano, es extremadamente peligrosa para el gobierno, y su materialización de- pende principalmente del camino de política eco- nómica y laboral que adopte en los próximos años. De triunfar en las elecciones de 2019, el gobierno tendrá el capital político necesario para avanzar en una reforma laboral con una orientación más libe-

ral. Ahora bien, existen dos posibilidades para ello.

Una opción es la flexibilización de la legislación de

trabajo individual (por ejemplo, indemnizaciones

por despido), pero dejando intactos los derechos colectivos de los sindicatos. Ése es un tipo de refor- ma laboral a la que los “Gordos” e “Independientes” accederían a cambio de algunos beneficios para sus organizaciones, tal como lo hicieron durante el go- bierno de Carlos Menem en los años 90 (3). Ahora bien, si el gobierno decidiera avanzar sobre los derechos laborales colectivos (negociación por

rama de actividad, control sindical sobre las obras so-

por rama de actividad, control sindical sobre las obras so- | 7 ciales), los gremios del

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ciales), los gremios del sector privado se unirán y en- columnarán, una vez más, tras la dirigencia más com- bativa de los Moyano. Esta unificación de “dialoguis- tas” y “combativos” ya ocurrió en 1993, cuando el go- bierno de Carlos Menem intentó (sin éxito) avanzar sobre el monopolio sindical de las obras sociales (4). Quien conoce de historia sindical en Argentina sabe que nunca hay que subestimar la enorme plasticidad

que exhiben los dirigentes sindicales a la hora de for- jar alianzas con antiguos adversarios (5). La tercera opción es una coalición estilo “frente ciudadano”. ¿Qué beneficios podría traer este tipo de coalición para los sindicatos opuestos a la polí- tica de Cambiemos? El primero es que aumentaría considerablemente el poder de movilización de la clase trabajadora. Eso se evidenció en la moviliza- ción del pasado 21 de fe-

brero, donde las filas de los trabajadores camio- neros, bancarios, esta- tales y docentes fueron engrosadas por las de trabajadores informales enrolados en la Confede- ración de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) o sectores me- dios que militan en el va- riopinto universo de or-

ganizaciones kirchneris- tas. El segundo beneficio es que dotaría de mayor legitimidad a las protestas frente a la opinión públi- ca: mientras más amplia sea la coalición, menor es la probabilidad de que las movilizaciones aparez- can en la opinión pública asociadas a los intereses de Moyano (o incluso de una “aristocracia obrera” de camioneros y bancarios), y más a una suerte de fren- te ciudadano (incluidos los “pobres”, tan centrales en el horizonte discursivo de Cambiemos) que se siente damnificado por las políticas del gobierno. ¿Qué posibilidades existen de que esta coalición se consolide? Depende en parte del gobierno y en parte de la oposición peronista. En la medida en que el peronismo no presente un candidato competitivo con un perfil redistributivo, el universo de votantes filo-kirchnerista, hoy huérfanos de representación política, tenderá a encontrar en este tipo de movili- zaciones el único canal útil a través del cual expresar su descontento con las políticas del gobierno. Pero también depende del gobierno: en la medida en que continúe con su política de gradualismo, difícilmen- te este polo de oposición se convierta en un actor de peso (sobre todo teniendo en cuenta que el grueso de los ajustes de tarifas que afectan a la clase media habrá finalizado para fines de 2019). De radicalizar el gobierno su política económica, sin embargo, un frente ciudadano (que incluso podría incluir a una CGT unificada) pondría seriamente en jaque el obje- tivo de gobernabilidad social que tanto desvela a los funcionarios de Cambiemos. g

La política monetaria no tiene éxito en bajar la inflación; el Gobierno apunta ahora a la baja de salarios.

1. World Economic Forum, “The Global

Competitiveness Report 2014-2015”, Ginebra.

2. La Izquierda Diario, “Acuerdo flexibilizador en Tierra del

Fuego: la UOM aceptó congelar paritarias hasta 2020”, 14-11-17.

3. Sebastián Etchemendy, Modelos de liberalización económica:

empresarios, trabajadores y compensaciones en América Latina, España y Portugal, Cambridge University Press, Nueva York, 2011; María Victoria Murillo, Sindicalismo, coaliciones partidarias y reformas de mercado de América Latina, Siglo XXI Editores, Madrid, 2005.

4. Sebastián Etchemendy y Vicente Palermo, “Conflicto y

concertación. Gobierno, Congreso y organizaciones de interés en la reforma laboral del primer gobierno de Menem (1989-1995)”, Desarrollo Económico, Vol. 37, Nº 148, enero-marzo de 1998.

5. Para un resumen de la historia sindical contemporánea en

Argentina, véase Juan Carlos Torre, El gigante invertebrado. Los sindicatos en el gobierno, Argentina 1973-1976, Siglo XXI Editores, 2004.

*Politólogo. Universidad de California, Berkeley. © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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8 | Dossier El futuro del peronismo Desde antes de su llegada al Ejecutivo nacional, pero

Dossier

El futuro del peronismo

Desde antes de su llegada al Ejecutivo nacional, pero ahora con mayor alcance, el macrismo desarrolla una activa política sin- dical. Entre la confrontación y la negociación, los gremios de la CGT se ven obligados a recalibrar su estrategia en un contexto de desencanto con el gobierno y de reconfiguración del peronismo.

Siete ideas para entender la coyuntura sindical

Todo lo sólido se desvanece

por Nicolás Damin*

E l gobierno afirma que uno de sus prin- cipales objetivos es reducir el costo de la producción argentina y aumentar su productividad. Esta propuesta mo- viliza un conjunto de pasadas viven- cias en el universo sindical, pero abre

distintos horizontes de acción según cada gremio y ra- ma de actividad. Este artículo esboza siete ideas para entender la coyuntura actual.

Primera. En el verano de 2018 el sindicalismo acusó re- cibo del resultado de las elecciones legislativas de octu-

brepasado.Paralosgremialistasexisteuna“nuevanor-

malidad” política a la que adaptarse y desde la cual pro- yectar: Cambiemos se consolidó en las provincias pam- peanas, del Litoral y Cuyo, donde vive casi la totalidad de sus afiliados. También infieren que este panorama se completa con dos datos básicos: el voto opositor de más de la mitad del padrón y la fragmentación peronis- ta-kirchnerista en todo el país, con la escasa posibilidad de que una figura de ese espacio se perfile, en el corto plazo, para las presidenciales de 2019.

Segunda. Con este análisis los gremios cerraron sus congresos, reuniones y cenas de fin de año con el ob- jetivo de recalibrar su estrategia. Entonces, en ene- ro, se perfilaron dos cursos de acción. Por un lado, el sector liderado por Hugo Moyano (camioneros, ca- nillitas, panaderos, seguros, judiciales, entre otros), movilizó la totalidad de su capital político personal, familiar y colectivo para confrontar con el gobierno. La masiva concentración del 21 de febrero en la Ciu- dad de Buenos Aires fue su resultado. Por otro lado, los gremios industriales, de transporte, servicios y la mayoría de la CGT (incluyendo a Luis Barrionuevo, líder de la CGT Azul y Blanca, que integra gastronó- micos, maestranza, vidrio, barracas de lanas y otros) decidieron no participar del acto, se encaminaron a negociar de forma individual con el gobierno y a me- dir el poder realmente acumulado para conformar una nueva conducción de la CGT.

Tercera. El corolario de estos dos caminos es que el triunvirato de la CGT (integrado por Carlos Acuña, Héctor Daer y Juan Carlos Schmid) está llegando a su fin, y se descarta que en las próximas semanas se con- voquen congresos para crear una, dos o, lo más proba- ble, dos CGT y media. Una CGT opositora, con el mo- yanismo y la Corriente Sindical (bancarios, curtido- res, docentes privados, entre otros) a la cabeza. Otra, con las instituciones más numerosas, que confronta- rá y negociará en función de la evolución semanal del clima político y social, pero que priorizará la obten- ción de propios beneficios por sobre la agenda opo- sitora. Un tercer grupo, menor, conformado por sin-

dicatos que no logren capturar espacios de poder en ninguna central, y que no deseen figurar ni muy cerca ni muy lejos del gobierno. Ningún colectivo sindical puede hoy imponer al próximo secretario general de

una CGT unificada. Pero ¿cuáles son los nucleamien- tos? La totalidad de las federaciones y uniones que in- tegran el “segundo nivel” del sindicalismo argentino, el que de verdad tiene el poder gremial y negocia las paritarias, están hablando entre sí. Miden apoyos, in- tentan establecer agendas, alianzas. Cualquier rea- lineamiento es posible. La mayoría de los grandes y medianos sindicatos no desea otorgarle todo el poder

a Moyano para que vuelva a ser el líder de la CGT, ni

quiere confrontar directamente con el gobierno con un final incierto. Tampoco buscan quedar como ofi- cialistas cuando hay poca ganancia política en hacer- lo, salvo en los casos puntuales como UOCRA que vio crecer en 2017 un 10% de sus trabajadores en las obras por el plan del gobierno.

Cuarta. Todo lo que alguna vez fue sólido se desvane- ció por el oficio de la administración del presidente Ma-

cri,quehaceunaactivapolíticasindicaldesdesustiem-

pos en la Ciudad de Buenos Aires. El gobierno regula el

flujo de fondos para las obras sociales sindicales que los trabajadores aportan, retienen las empresas, lo derivan al Estado y, por último, éste decide en qué cantidad se depositan en las cuentas de las asociaciones. Concede ante reclamos de algunos gremios, aporta fondos para “formación” a través del Ministerio de Trabajo, modera

la presión mediática, política y judicial de sus integran-

tes, acepta una mejora en el aumento salarial con reco- nocimiento de la inflación y abre canales para dialogar directamente con el presidente de la República, un va- lor que cotiza mucho en el universo sindical.

Eso le permitió a Macri ganar el apoyo de Moyano

y Gerónimo Venegas (UATRE) para la campaña pre-

sidencial. Los líderes lo saben: un número importan-

te de trabajadores sindicalizados votó por Macri, tiene

obrasocialsindical,envíaasushijosaescuelasprivadas

confesionales, usa las colonias de vacaciones gremiales

y recurre al Estado sólo en algunas ocasiones. No quie-

ren pagar más impuestos si los sectores empresariales no lo hacen. Esto marca un límite, en el corto plazo, al voto a favor de desmercantilizar la vida social propues- to por sectores del FPV y la centroizquierda. Todos los trabajadores buscan ascender socialmente, ser –como afirman cada vez que pueden– de “clase media”. El pro-

ceso de movilidad social ascendente de la próxima ge- neración sigue siendo su horizonte de sentido y el gre- mio funciona como defensor de ese sueño y sacrificio. El peronismo fue siempre el gran catalizador de esa

energía social vital, pero hoy tiene enormes dificulta- des para mostrar una oferta que permita, en el mediano

plazo,concretaresasaspiraciones.Lasúltimasencues-

Edición 225 | marzo 2018

tas muestran que ese sector tampoco ve en el gobierno la concreción de su aspiración. Esto fue leído por Mo- yano como una oportunidad de recuperar y acrecentar espacios políticos y establecer una agenda opositora, pero sin condicionamientos directos de la cúpula de los PJ provinciales o de CFK, aunque con ellos como po- tencialesaliados.

Quinta. La indagación acerca de los grupos sindicales en el nivel nacional no alcanza para comprenderlos, da- do que los líderes regionales y locales sobreviven más porlasinclinacioneselectorales(políticasysindicales) de sus afiliados y, en los hechos, terminan articulados con los entramados locales. Por eso hay gremios que no convocaron a la marcha del 21F, pero tienen seccionales que concurrieron con banderas, como la Unión Ferro- viaria Lanús, o sin ellas, como los delegados de la Unión Obrera Metalúrgica de La Matanza.

Sexta. ¿Qué queda del modelo sindical argentino? La ley de asociaciones profesionales de 1988 fue modificada

por la Corte Suprema en varias oportunidades y, a me- diados de febrero, ésta ratificó que no se puede expulsar

a un delegado sindical sin causa. En fallos anteriores am-

plió la cobertura legal para todos los delegados electos, aun si su sindicato no tuviera la personería gremial. En la práctica, se observa que la crítica presidencial a la media- ción de la justicia laboral en los conflictos no estaría dan- do resultados. Por ejemplo, un juez civil y comercial de Resistencia habilitó al gremio a seguir cobrando la “cuo- ta solidaria”, un aporte que hacen trabajadores banca- rios no sindicalizados.

La utilización del Poder Judicial para intentar dominar o regular la situación política es una constante desde 1983.

Séptima. El discurso an- tisindical en los medios de comunicación y en la máxima jefatura del país existe desde la fundación de los gremios (salvo por breves intervalos). La uti- lización del Poder Judi- cial para intentar domi- nar o regular la situación política es una constante

desde 1983, no una nove- dad de los últimos días. Los sindicalistas están acostumbrados. Todos los sin- dicatos nacionales pueden sobrevivir y lo han hecho en varias situaciones con sus líderes encarcelados. Por ejemplo, la detención del secretario general de la Asociación Bancaria (2009) o de la Unión Ferrovia- ria (2011) no impidió su crecimiento con nuevas di- recciones: sus actuales jefes son mencionados como

dos candidatos a dirigir la CGT. Su fuerza resiste, más

o menos intacta, porque persisten las comisiones in-

ternas y la red de delegaciones, seccionales y regiona- les, verdadero asiento del poder social sindical. Pero su talón de Aquiles son las obras sociales. Sin ellas son espectadores pasivos de la discusión por el rumbo de la sociedad. Por eso tanto la dictadura (1979), como la Ley Mucci (1983) plantearon separar gremios de obras sociales. Cambiemos aún no ha iniciado ese de- bate, aunque los sindicalistas intuyen que si las cosas se tensan y rompen, puede ser su objetivo de máxima. Carlos Acuña lo manifestó el 11 de febrero cuando re- tiró su apoyo a la marcha convocada por camioneros.

El Rubicón de la era Macri no fue cruzado aún. Los sindicatos siempre tienen un representante para con-

frontar, dialogar y resistir en sus primeras filas. En los comienzos de un nuevo gobierno son apoyos cons- tructivos y, con el desgaste natural que éstos sufren por una sociedad con expectativas y pujas, inician el endurecimiento de su estrategia. Todos los actores de

podereconómico,judicial,comunicacionalyeclesiás-

tico reales en Argentina hacen lo mismo. g

* Sociólogo y doctor en Ciencias Sociales por la UBA. Profesor asociado regular, UNLa. Su último libro se titula Derechos, organizaciones sindicales y política 1930/1983 (EDUNLA). © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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10 | Edición 225 | marzo 2018 La puja entre gigantes tecnológicos y países por obtener

Edición 225 | marzo 2018

La puja entre gigantes tecnológicos y países por obtener una máquina cuántica capaz de abordar problemas imposibles para las computadoras actuales está muy cerca de definirse. Una carrera de patentes y contratos millonarios se suma a una posible revolución del conocimiento.

Un salto tecnológico de alcances impredecibles

Debates

del

futuro

A la espera de la imaginación a la acción en la computación cuántica, en los últimos años el aprendizaje automático,

machine learning o inteligencia artificial, avanzó desde las aulas hasta las corpora- ciones y se convirtió en una palabra ha- bitual para el gran público. Las grandes compañías como Amazon, Google, Face- book, Microsoft e IBM son dueñas de los servidores que albergan los datos y pre- ferencias de usuarios en tiempo real en todo el mundo, y de los algoritmos que los explotan para generarles las riquezas extraordinarias que las convirtieron en las empresas más rentables del planeta. Pero ese poder también les genera una enorme responsabilidad: con qué reglas

y políticas de transparencia utilizar esa

información para que no sea sólo el lucro

el que guíe sus decisiones.

La tecnología, otra vez, está avanzan- do más rápido que la ética de sus deci- siones. Los problemas causados por al- goritmos que clasifican desde CV para un trabajo, hasta radiografías para de- terminar un tratamiento médico o per- files sociales para recibir un crédito hi- potecario, se están convirtiendo en un tema de preocupación académica, cor- porativa y de políticas públicas. Frente al desafío, la Universidad de Stanford publicó “Cien años de estudio en inteligencia artificial”, donde propuso realizar un reporte detallado sobre los avances de las empresas y la posibilidad de regulación estatal de algunas iniciati- vas. Las compañías se niegan: dicen que esto restringiría su capacidad de inves- tigación e innovación, lo cual también involucra problemas y secretos de pro- piedad intelectual. Mientras tanto, en el mismísimo Silicon Valley, el mes de fe- brero de 2018 será recordado como el momento en el que docenas de cientí- ficos de datos de las corporaciones, go- biernos y ONG se reunieron para comen- zar a bocetar un código de ética para la profesión, algo así como el primer có- digo hipocrático de los programadores. Entre los veinte principios iniciales, el de programar “respetando la dignidad hu- mana” ya es realidad. g

Natalia Zuazo

La carrera cuántica

por Bruno Massare*

P ensada como un concepto superador de las computa- doras a principios de 1980 por científicos como el fí- sico ganador del Nobel Ri-

chard Feynman, la idea de una máqui- na cuántica tuvo que vencer un primer

obstáculo para volverse viable: pasar de la teoría a la práctica. La promesa de un invento que podía resolver proble- mas imposibles para la capacidad de las computadoras tradicionales entró así en una suerte de letargo. Sin embargo, hace poco, los proyectos parecieron re- vivir. “En los últimos años hubo gran- des avances que volvieron a demostrar que es posible”, dice Miguel Laroton- da, doctor en Física e investigador en el Instituto de Investigaciones Científicas

y Técnicas para la Defensa (CITEDEF)

de Argentina. “Sucede que uno no vive ni piensa con una lógica cuántica, sino que lo que siente y tiene alrededor son

objetos macroscópicos que responden a las leyes de la física clásica”. La reactivación del entusiasmo por la computación cuántica derivó en una carrera frenética entre gigantes de la in- dustria tecnológica como Google, IBM, Microsoft e Intel por alcanzar la “supre- macía cuántica”, es decir, demostrar que una máquina cuántica es capaz de hacer cosas que su equivalente clásica no pue- de. Pero la carrera no es sólo por la gloria. En el medio está el botín de la propiedad intelectual y jugosos contratos con go- biernos y empresas, ávidos de contar con una capacidad de procesamiento inédita para ciertos problemas matemáticos que podría revolucionar áreas de la química,

la biología, la inteligencia artificial y bue-

na parte de la actual arquitectura de se- guridad de Internet. “Hoy cualquier persona que traba- ja seriamente en este campo sabe que vamos a tener computadoras cuánti- cas en un par de años”, dice Christian

Schmiegelow, director del Laborato- rio de Iones y Átomos Fríos (LIAF) del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Schmiegelow trabaja en la puesta a punto de un laboratorio para la expe- rimentación con estas tecnologías que recibió un subsidio del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Pro- ductiva de más de 17 millones de pesos.

Larga vida al cúbit Mientras que los transistores de un chip en una computadora clásica traba-

jan a nivel de voltajes eléctricos (don- de las unidades de información –bits– son ceros y unos), en la computación cuántica una partícula –o cúbit– puede ser cero, uno o ambos valores al mismo tiempo. También puede al mismo tiem- po presentarse en más de un estado, fe- nómeno conocido como superposición.

A la gran ventaja que supone la capaci-

La reactivación del entusiasmo por la computación cuántica derivó en una carrera frenética entre gigantes de la industria tecnológica.

dad de los cúbits de representar más de un valor, se le suma que éstos pueden quedar vinculados (o enmarañados) de manera que una operación afecte al res-

to. Estas características le permitirían

a una computadora cuántica descar-

tar rápidamente caminos incorrectos a

una solución y resolver problemas has-

ta ahora inalcanzables. Por ejemplo, re-

solver el algoritmo de Shor, lo que per-

mitiría romper la criptografía de cla-

ve pública, base de la actual seguridad en Internet, una tarea imposible para

la capacidad de las computadoras que

conocemos. No obstante, para obtener una computadora cuántica funcional es necesario que esos estados puedan ma- nipularse. Pero los estados cuánticos

son muy frágiles y difíciles de controlar. “Con un cúbit no se puede hacer nada. Son necesarios un conjunto de ellos pa- ra realizar cálculos. Para eso se necesi- ta manipular a esos cúbits y que sigan manteniendo sus propiedades. Esto úl- timo es lo más difícil. Hay que llegar a temperaturas muy bajas para lograr eso, para aislarlos del entorno”, explica

la doctora en Física Liliana Arrachea,

directora adjunta del Centro Interna- cional de Estudios Avanzados de la Uni- versidad Nacional de San Martín. En los últimos avances, como en el caso de la computadora de 50 cúbits que IBM presentó a fines de 2017, el es- tado cuántico se mantiene por apenas

90 microsegundos. Por esa razón, uno de los grandes desafíos que persigue la comunidad científica es el de mantener un cúbit “vivo” por un tiempo indefini- do. “Nadie pudo hacerlo todavía. Hay experimentos con cúbits en sistemas físicos que se mantienen mucho tiem- po, por minutos y horas, porque el sis- tema se conserva particularmente ais- lado del entorno”, dice Schmiegelow en un laboratorio de Ciudad Universitaria con láseres, cámaras de ultra alto vacío, espejos y trampas de iones. Frente a es- ta dificultad, un atajo hacia el objetivo de obtener una computadora cuántica programable es el desarrollo de simula- dores cuánticos, es decir, de máquinas especialmente diseñadas para imitar sistemas complejos. La diferencia con respecto a una máquina programable reside en que su diseño es aplicado a la resolución de un problema en particu- lar en áreas como la química y la física de estado sólido.

De la óptica a los materiales Las dos principales aproximaciones experimentales a una arquitectura de computación cuántica provienen de dos tradiciones de la física: los super- conductores (materiales) y los iones (óptica). En la primera, se trata de un átomo “ingenierizado”, es decir, un ob- jeto construido mediante ingeniería de materiales –como aluminio y plomo– que imita el comportamiento de un áto- mo. En la segunda, son átomos que se encuentran en la naturaleza, a los que se busca aislar y manipular mediante diversas técnicas, como el láser y los campos magnéticos. Las inversiones en investigación rea- lizadas por empresas como IBM y Goo- gle se basan en chips que se hacen con uniones de superconductores y que se comportan como un cúbit. “Es lo más parecido a los chips que uno tiene ac- tualmente, pero deben estar muy re- frigerados ya que la superconductivi- dad se logra con temperaturas cerca- nas al cero absoluto (por debajo de los 273 grados Celcius bajo cero)”, explica Arrachea. Ésta es una barrera conside- rable a la hora de pensar en los modelos comerciales de estas computadoras. Los superconductores también son el principio de la tecnología de D-Wave Systems, la empresa canadiense que vende computadoras de hasta 2.000 cúbits específicamente diseñadas para ciertos problemas matemáticos –al mó- dico precio de 15 millones de dólares–,

y cuyo funcionamiento ha sido cuestio-

nado desde el ámbito académico: su ca- pacidad para mantener estados cuán- ticos es muy frágil y su supuesto ma- yor rendimiento comparado con el de computadoras clásicas ha sido objeto de controversia (1). La otra variante son las platafor- mas de iones y átomos fríos, en las que se atrapan átomos mediante trampas magnéticas, bombas de vacío y medios ópticos como el láser, técnicas que uti- liza en Argentina el LIAF. Los avances en esta tecnología provienen en su ma- yoría de laboratorios del ámbito de in- vestigación universitario, tanto de Es- tados Unidos –con desprendimientos empresarios como IonQ, fundada por científicos de Duke y Maryland– co- mo de Europa, en ciertos casos con fi- nanciamiento público y del sector de defensa e inteligencia, como la esta- dounidense IARPA.“Nosotros usamos láseres y los que trabajan con materia- les ponen ondas de microondas. Pero los dos necesitamos trabajar a una tem- peratura tan baja como para que las vi- braciones externas no interfieran”, ex- plica Schmiegelow. Además de los superconductores y los iones, existe una tercera platafor- ma en pugna que se basa en el uso de materiales topológicos. Su principal inversionista es el gigante Microsoft y se considera que, de resultar viable, po- dría ser superadora de las anteriores. “Los materiales superconductores no existen en la naturaleza, sino que son diseñados para que cumplan con cier- tas propiedades. Por ahora es una pro- puesta teórica, pero si sale bien va a te- ner un gran impacto”, dice Arrachea. La empresa de Bill Gates, la principal financiadora del proyecto, pronosticó que tendrá una máquina comercializa- ble en un plazo de cinco años (2).

En busca de la supremacía Lo que hasta hace una década era un problema de laboratorio pasó a ser una carrera entre gigantes de la industria informática que pelean por sumar a los mejores cerebros de las universidades. Si bien hay coincidencia en que IBM

y Google son los más cercanos a lograr

la máquina cuántica, el fabricante de chips Intel también se sumó a la carrera con la presentación de un chip de 49 cú- bits superconductores en la última feria CES de Las Vegas 2017. A estas empre- sas se les suman Microsoft (con una vía más experimental pero prometedora), D-Wave y varios desprendimientos de empresas y universidades que se trans- formaron en un imán para fondos de in- versión tecnológicos.

Salvo la canadiense D-Wave, el res- to son empresas nacidas y con base en

Estados Unidos, lo que denota la veloci- dad con la que avanzan en ese país con respecto a Europa, continente en el que los estadounidenses financian investi- gaciones en institutos y universidades. Como forma de revertir esta situación, la Unión Europea lanzó en 2017 un pro- grama regional para promover las tec- nologías cuánticas con 1.000 millones de euros en financiamiento público a partir de este año. China no quiere quedarse atrás y lanzó el año pasado una plataforma de computación cuántica en la nube a par- tir de un proyecto conjunto entre el gi- gante del comercio electrónico Alibaba

y la Academia de Ciencias de ese país.

Pan Jianwei, líder de la iniciativa, pro- nosticó que en un plazo de cinco a diez años China dispondrá de computado- ras cuánticas con cientos de cúbits.

de computado- ras cuánticas con cientos de cúbits. Schmiegelow cree que la tecnología elegida será

Schmiegelow cree que la tecnología elegida será determinante: “Las prime- ras computadoras cuánticas funciona-

les, de algunas decenas de cúbits, esti- mo que serán de iones. Pero en algún momento los superconductores les van

a ganar. Y es probable que las que uti- lizan cúbits topológicos vengan desde atrás y ganen la carrera”. Arrachea expresa cierta preocupa-

ción que, sostiene, se extiende en la co- munidad científica con respecto a las consecuencias del desembarco de las grandes empresas en un terreno hasta hace poco sólo ocupado por la investi- gación básica. “Las empresas obligan

a firmar compromisos. Hay investiga-

dores que trabajan con superconduc- tores topológicos, en colaboración con Microsoft, que firmaron ciertos logros con plazos. Imagino que, desde el punto de vista de la empresa, ellos no querrán perderse la oportunidad de tener la pa- tente, pero es algo que todavía se está validando experimentalmente”.

Solución busca problema ¿Qué soluciona la computación cuán- tica que justifique inversiones millo- narias y de alto riesgo por parte de em- presas que cotizan en bolsa y necesitan rendir cuentas ante sus inversores? La respuesta todavía está abierta, pero al- gunos la encuentran en el láser, una tec- nología que en el momento de su descu- brimiento no tenía un fin preciso.

Anahí Roitman, Contrapunto plata, 2006

“Creo que el gran aporte de las com- putadoras cuánticas será el problema original para el que se las pensó: simu- lar sistemas físicos”, opina Schmie- gelow. Esto podría servir para emular moléculas y reacciones químicas para la investigación de nuevos materiales, fármacos o catalizadores industriales. “El gran problema tecnológico en sis- temas físicos –y que mueve mucho di- nero– es encontrar drogas que hagan ciertas cosas y simular estructuras de proteínas, por ejemplo. Para eso no só- lo habrá que tener computadoras cuán- ticas, sino trabajar en algoritmos que permitan aprovecharlas”, advierte el investigador de la UBA. Investigaciones preliminares tam- bién permiten especular con la posi- bilidad de aprovechar las ventajas de procesamiento que ofrecería una com- putadora en el campo de la inteligencia artificial, como el desarrollo de nuevas técnicas de aprendizaje automático.

La gran zanja En una carrera en la que compiten los laboratorios de los países más avanza- dos del planeta y grandes corporacio- nes que tienen una capacidad económi- ca equiparable a la de muchas naciones, ¿qué rol le queda al resto del mundo en la investigación en computación cuán- tica? ¿Qué tan grande es la brecha? ¿El resto de los países deberá limitarse a ser sólo usuario de esta tecnología?

deberá limitarse a ser sólo usuario de esta tecnología? | 11 “En la física de la

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“En la física de la materia condensa- da, en los laboratorios veo una brecha muy grande, tremenda. No así en teoría, ni en calidad de los recursos humanos. Los teóricos podemos trabajar con re- cursos modestos, con un escritorio y una computadora, y con buenos contactos en el exterior es posible acceder a equipa- miento experimental”, dice Arrachea. “Lo que entienden muy bien en Alema- nia y en Estados Unidos, y en Argentina parece no estar tan claro, es que estas in- versiones que son de riesgo dan lugar a subproductos que pueden tener impacto económico en el mediano plazo”. Larotonda, desde su laboratorio de investigación en el CITEDEF, apunta a las dificultades que representa la com- pra de equipos: “Consume casi todo el presupuesto disponible y suele tener muchas demoras, aunque son dificul- tades históricas. En ese contexto, un error de estimación en lo que se quie- re comprar puede ser casi letal para un proyecto”, dice. ¿Qué hacer desde un país como Ar- gentina? “Si bien hemos probado ideas vinculadas con la computación cuán- tica a nivel experimental, fabricar una computadora implicaría un volumen de dinero que en Argentina está li- mitado no sólo por el presupuesto de ciencia y tecnología, sino por la dis- ponibilidad de gente formada”, dice el doctor en Física Juan Pablo Paz, uno de los pioneros de la física cuántica en América Latina. Sin embargo, Paz rescata el valor de poner en marcha la- boratorios como el LIAF, que no sólo sirven para hacer experimentos, sino también para entender la tecnología que se desarrolla en otros lugares: “La ciencia básica también juega ese rol. Si en algún momento se considera que hay que invertir en eso, permite estar al nivel como para hacerlo”. Schmie- gelow coincide: “Yo no podría armar hoy un equipo argentino que sepa gas- tar el dinero que reclamaría una com- putadora cuántica. Dentro de cinco o seis años tal vez sí, pero habría que ver si entonces es la inversión a realizar, porque las computadoras cuánticas van a estar accesibles en la nube (co- mo servicio de procesamiento, a través de Internet). Lo que sí podemos hacer es apuntar al desarrollo de tecnologías cuánticas específicas, que es a lo que estamos apuntando con este labora- torio y con proyectos de colaboración que buscamos realizar con organis- mos como el INTI (el Instituto Nacio- nal de Tecnología Industrial)”. El investigador de la UBA también ve una oportunidad en identificar pro- blemas que podría solucionar la com- putación cuántica: “Se podría pensar en grupos interdisciplinarios de gente que sepa de cuántica, de algorítmica, de medicina, de farmacología, de ma- teriales, de biología y de simulaciones, que se planteen como línea de trabajo identificar cuáles son los problemas numéricos que hoy le interesan a la in- dustria que una computadora cuántica podría resolver y desarrollar el soft- ware para eso”. g

1. https://www.nature.com/news/d-wave-

upgrade-how-scientists-are-using-the-world-s-

most-controversial-quantum-computer-1.21353

2. https://www.bloomberg.com/news/

articles/2017-12-11/microsoft-takes-path-less-

traveled-to-build-a-quantum-computer

* Periodista. © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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12 | La Habana, 13-3-17 (Alexandre Meneghini/Reuters) El presidente Raúl Castro se alejará de sus funciones
12 | La Habana, 13-3-17 (Alexandre Meneghini/Reuters) El presidente Raúl Castro se alejará de sus funciones

La Habana, 13-3-17 (Alexandre Meneghini/Reuters)

El presidente Raúl Castro se alejará de sus funciones en abril. Por primera vez en su historia, la isla será probablemente dirigida por una persona nacida después de la caída de Fulgencio Batista. Aunque se abren muchas preguntas, sigue habiendo una certeza: el Ejército cumplirá un rol determinante en la fase que se inicia.

Donald Trump y la estrategia hacia Cuba

El país del verde oliva

por Renaud Lambert*

A lgunos meses después de su entrada en funciones, Do- nald Trump decidía anular “el tratado para nada equi- tativo firmado con Cuba”

por su predecesor Barack Obama el 16 de junio de 2016. El presidente demócra- ta había considerado ineficaz la estrate- gia estadounidense de estrangulación agresión militar, embargo, ruptura de las relaciones diplomáticas–. De acuerdo con su opinión era mejor normalizar las rela- ciones entre Washington y La Habana, de manera tal de acelerar “la apertura” del país caribeño (1). Al contrario, replicó el republicano: la ola de turistas estadouni- denses, que la mansedumbre de Obama

había ayudado a alimentar, habría “agra- vado la represión” al consolidar la posi- ción de las Fuerzas Armadas. Después de la “dictadura comunista”, ¡Cuba iba a caer bajo el yugo de una junta militar! ¿No ha- bía ocho generales en la cima del poder, entre los diecisiete miembros del politbu- ró del Partido Comunista Cubano? Los entramados latinoamericanos suscitan reacciones variadas en Wash- ington. Satisfacción, en el momento en que derrocaron al presidente Manuel Zelaya en Honduras (2009). Entusias- mo, cuando bombardearon el Palacio de la Moneda en Chile (1973). Indignación, si están cubiertas con una boina roja en Venezuela o precedidas de un cigarro en

Cuba. En estos últimos casos concretos, la Casa Blanca recuerda de mejor grado que la espada no siempre ha hecho buena pareja con la boleta electoral y que los ca- ñones destinados a parar al adversario a veces terminaron apuntándole al pueblo. ¿Cuál es la situación en Cuba?

La imagen del Ejército Allí, el Ejército es la imagen de un hombre discreto pero rígido, pragmático, determi- nado: Raúl Castro, presidente desde 2008 y general del Ejército. Inamovible minis- tro de Defensa entre 1959 y su llegada a la cabeza del Estado, moldeó la institución a su imagen, sobre la base de su experiencia en Sierra Maestra. Después del desembarco de los “bar- budos” en la isla, en 1956, Fidel Castro le pidió a su hermano que se pusiera al fren- te de una columna de rebeldes en armas en una zona apartada del este del país. La región que quedó entonces bajo el co- mando del menor fue bautizada “segun- do frente oriental Frank País”, a partir del nombre de un dirigente estudiantil revo- lucionario. “Mientras que en su zona Fi- del hablaba mucho de sus ambiciones, de sus grandes ideas–, Raúl organizaba la suya explica el periodista Fernando Ravsberg–. Creó por ejemplo un servicio de zapatería, para que sus hombres con- taran con un calzado digno de ese nom- bre”. Recorriendo el territorio oriental

para organizar el reclutamiento y el apro- visionamiento de sus tropas, Raúl Castro decretó una reforma agraria, fundó es- cuelas y abrió clínicas que financió me- diante la creación de un impuesto–. En septiembre de 1958, el joven (tenía entonces 27 años) convocó a un congre- so campesino en el transcurso del cual se invitó a los habitantes de su región a pre- sentar sus reclamos. “Para fin de año re- sume el investigador Hal Klepak–, Raúl había lanzado las bases de una forma de gobierno no sólo para sus tropas sino también para el pueblo. Con una suerte de ministerios de Guerra, Justicia, Pro- paganda, Salud, Finanzas, Obras Públi- cas, Comunicaciones, Educación, pero también con oficinas encargadas de las cuestiones agrarias o de trabajo” (2). La institución militar que conocen hoy en día los cubanos, inaugurada oficial- mente el 2 de diciembre de 1961, emergió por lo tanto del caldero de la guerrilla, de ahí su nombre: Fuerzas Armadas Revolu- cionarias (FAR). No fue concebida para defender al país, sino con la perspectiva de liberar al pueblo de la dictadura una vocación política que nunca abandonó, ni siquiera cuando mutó el proyecto inicial, pasando del nacionalismo a la construc- ción de un socialismo “a la cubana”–. Las FAR gozan por lo tanto de un aura consi- derable entre aquellos que vivieron el de- rrocamiento del dictador Fulgencio Batis-

Edición 225 | marzo 2018

ta. Para ellos, los militares son los antiguos guerrilleros, a quienes en la mayoría de los casos les deben sus primeros zapatos, sus primeros libros, su primera victoria. El in- ternacionalismo de las FAR contribuyó a su renombre dentro de una población más politizada que en otros lados y ella misma enfrentada a las angustias de la resisten- cia contra los asaltos de Washington: la población se comprometió y participó en guerrillas latinoamericanas, en Argelia, en Etiopía y principalmente en Angola, don- de decenas de miles de soldados cubanos combatieron contra las tropas del régimen de apartheid sudafricano. Más aún, la ley exige que al menos la mitad de los jóvenes que entran a la academia militar sean hijos de obreros o de campesinos, más pobres (y por lo tanto con mayor frecuencia negros) que el resto de la población (3).

Capacidad de adaptación Pero la imagen de las FAR en el pueblo se construyó también a partir de otro episo-

dio, más reciente, de la historia cubana: el período conocido como “especial” que se abrió después de la caída del bloque soviéti- co. Entre 1991 y 1994, el PBI cayó alrededor del 35%. La violencia del golpe enajenó a los anticastristas. Andrés Oppenheimer, uno de los editorialistas preferidos de la pren- sa con base en Miami, publicó entonces un libro que tiene como título La hora final de Castro (4): creía en eso fervientemente. “De un día para el otro, Fidel le dice a Raúl: ‘Ya no tengo más dinero para ti. El Ejército tendrá que arreglárselas’”, cuenta Ravsberg. En menos de un año, “el menor amputó las Fuerzas Armadas a la mitad, mientras el presupuesto se derretía como nieve al sol (de 1.149 a 736 millones de pe- sos cubanos, una moneda cuyo valor mis- mo se había desplomado)”, cuenta Klepak. En un contexto en el que el Estado cubano parecía petrificado por la crisis económica y en el que Fidel Castro se obstinaba con promesas de dignidad, orgullo y honor a las panzas vacías que lo escuchaban–, las FAR se destacaban por su capacidad de adapta- ción. En un artículo que les dedicó en 1995, The New York Times las presentó como “lo único que todavía funciona” en la isla (5). Los militares no tenían dinero, com- bustible, piezas de repuesto de las que antes los proveía Moscú–. “Nuestra mi- sión es la defensa del país, pero la defen- sa en sentido amplio declaró con todo Raúl Castro–. De momento eso implica proveerle alimento a nuestro pueblo (…) Los frijoles son más importantes que los cañones” (6). Los militares cambiaron por lo tanto sus fusiles por palas y… cocteleras. A partir de 1980, las FAR empezaron a trabajar en el sector de turismo, por medio de la empresa Gaviota, que administraba centros de recreación destinados a los so- viéticos. Abrieron entonces una cadena de

localesparalosvisitantesextranjeros,don-

de reabsorbían los dólares que circulaban en el país. Una parte de los militares guar- dó sus uniformes en el placard y se puso una guayabera, un tipo de camisa que tie- ne rango de traje formal en Cuba. Algunos partieron al extranjero para tomar cursos de management; otros empezaron a dirigir hoteles. Pilotos de guerra se convirtieron en pilotos de línea, almirantes de marina en comandantes de yate. Se estima que, a mediados de los años noventa, las FAR produjeron entre un tercio y la mitad del alimento que con- sumió la población. Los presupuestos destinados a Educación o Salud empe- zaron a volver a subir cuando el de De- fensa se seguía hundiendo, forzando a los militares a la autonomía financiera. “Durante todo ese tiempo, las escuelas de ballet mantuvieron sus puertas abier- tas”, recuerda Ravsberg, que ya entonces

vivía en la isla (7). En un contexto en el que Estados Unidos decidió agravar las sanciones contra el país, las FAR incluso demostraron a su manera– que seguían asegurando la protección del territorio. Cuatro años después de la aparición del libro de Oppenheimer, Raúl Castro pre- sidió un desfile militar en el que sus sol- dados exhibieron sofisticados misiles tierra-aire, remolcados con bicicletas. Las FAR constituyen por lo tanto el la- boratorio de las reformas que Castro in- tentó poner en práctica desde su llegada al poder, como la implementación de re- muneraciones indexadas por la produc- tividad (8). La ruptura se mostró por mo- mentos sensible: ¿Fidel Castro prefería que ningún cubano disfrutara de las in- fraestructuras hoteleras si sólo los ricos se las podían permitir? Su hermano, que denunció las derivas del “igualitarismo”, decidió, al contrario, abrirlas a todos y de- jar que operara el mercado. Se descubrió entonces que ciertos cubanos conserva- ban sumas significativas debajo de sus colchones. Al gastarlas en los hoteles (de las FAR), liberaron las habitaciones en casas particulares con las que se tenían que contentar hasta entonces, y por lo tanto los precios cayeron. ¿Abandono del proyecto socialista? Incluso cuando cada discurso del menor promete la continuidad con la “visión” del mayor, él se desvía de su concepción utópica según la cual las ideas, solas, pueden mover a las masas. Muchos observadores han considerado paradójica una situación en la cual Raúl, miembro de las juventudes comunistas cuando su hermano no lo era, se habría convertido en el “sepulturero” discreto del proyecto que

durante tanto tiempo sostuvo Fidel. El ac-

tual presidente se muestra quizás más sen- sible al hecho de que un análisis del entorno

concretobeneficialasluchaspolíticas.Aho-

ra bien, los contextos económico y geopolí-

tico no son para nada propicios a la emer- gencia del socialismo “en una sola isla” (9).

La institución militar que conocen hoy en día los cubanos, inaugurada el 2 de diciembre de 1961, emergió del caldero de la guerrilla.

Claramente, el capitalismo y sus recetas in- quietan menos en los cuarteles que en la se- de del Partido Comunista Cubano (PCC).

El modelo de negocios de las FAR

A pesar de que no hay ninguna cifra oficial

disponible, se estima que las FAR cuentan hoy en día con alrededor de 80.000 efecti- vos entre hombres y mujeres, contra más de 200.000 en los años ochenta. Las em- presas que controlan, entre las cuales se cuentan Gaviota, Cimex e incluso la ca- dena de Tiendas de Recaudación de Di- visas (TRD), están reunidas en el holding Grupo de Administración Empresarial, GAE SA, dirigido por el ex yerno de Raúl

Castro, Luis Alberto Rodríguez López- Callejas. La primera controla el 40% de las habitaciones del sector hotelero. En un artículo detallado en el que se intenta de- construir las cifras disparatadas expues- tas por la prensa de Miami, el académico estadounidense William LeoGrande po- co sospechoso de simpatías castristas– estima las ganancias de Gaviota en 2016 en 1.700 millones de dólares (10). Cimex cadenas de negocios, alquiler de coche, etc.– habría conseguido por su parte 1.300 millones de dólares de beneficios duran- te el mismo año. Especializada en el co- mercio dirigido al gran público (de jabón a electrodomésticos pasando por produc- tos destinados a los turistas), TRD habría alcanzado en 2016 una cifra de negocios de alrededor de 440 millones de dólares. Es decir, un total de 3.400 millones de dó- lares para GAE SA, el equivalente al 20% de las entradas de divisas al país y del 4% del PBI de 2015. Con una particularidad, que no se le escapó a Trump: las ganancias de las empresas dirigidas por las FAR fluc- túan con los ingresos del sector turístico. En estas condiciones, no es del todo falso sugerir que normalizar las relacio- nes con La Habana es facilitar la vida de los militares. De ahí a sugerir que la ope- ración “agrava la represión”, sin embar- go… Cada nuevo paso de un huracán en el Caribe lleva a los observadores interna- cionales a preguntarse: ¿por qué Cuba sa- le mejor parada que otros países? Para los habitantes del país, la respuesta tiene dos caras: gracias a la solidaridad, que lleva a los más favorecidos a abrir sus puertas pa- ra recibir a los más expuestos; pero tam- bién gracias a la organización logística de las FAR, que dirigen la protección civil.

logística de las FAR, que dirigen la protección civil. | 13 ¿Éstas ignorarían por lo tanto

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¿Éstas ignorarían por lo tanto el fenómeno de corrupción, que gangrena una parte de las instituciones del país? No, aunque la reputación de las FAR en la población sigue siendo mejor que la de la policía. El maná que colecta GAE SA po- dría aumentar la tentación de optar por las mil y una acrobacias que facilitan el enriquecimiento personal: otros países (como Vietnam) tuvieron este tipo de evolución. Pero, por ahora, no es raro ver a un coronel hacer dedo al costado de la ruta. En el resto del mundo andaría en un sedán con aire acondicionado. g

1. Véase Patrick Howlett-Martin, “¿Deshielo

en el trópico?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2014.

2. Hal Klepak, Raúl Castro and Cuba. A Military

Story, Palgrave Macmillan, Nueva York, 2012.

3. Para los hombres es obligatorio un servicio

militar de dos años. Las mujeres también pueden hacerlo, como voluntarias.

4. Andrés Oppenheimer, La hora final de

Castro, Javier Vergara, Buenos Aires, 1992.

5. Larry Rohter, “In Cuba, army takes on

party jobs, and may be only thing that works”, The New York Times, 8-6-1995.

6. Citado por Larry Rohter, op. cit.

7. “¿Quién paga la salud y la educación en

Cuba?”, Cartasdesdecuba.com, 30-3-17.

8. Véase “Las (pequeñas) revoluciones

de Raúl Castro”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2017.

9. Véase “Les enfants ont veilli”, “Cuba,

ouragan sur le siècle”, Manière de voir, Nº 155, octubre-noviembre 2017. 10. “¿Cuánto de la economía cubana controlan las empresas militares?”, Resumen

Latinoamericano, Buenos Aires, 30-6-17.

* Jefe de Redacción adjunto de Le Monde diplomatique, París. Traducción: Aldo Giacometti

, Buenos Aires, 30-6-17. * Jefe de Redacción adjunto de Le Monde diplomatique , París. Traducción:

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14 | Tras varias décadas en que la amenaza de una guerra nuclear parecía desactivada, la

Tras varias décadas en que la amenaza de una guerra nuclear parecía desactivada, la actual política militar de Estados Unidos planea ampliar y modernizar su arsenal y vuelve a colocar en primer plano el recurso a las armas atómicas ante posibles conflictos con Rusia y China.

Decodificar la estrategia del Pentágono

La nueva era nuclear

por Michael Klare*

del Pentágono La nueva era nuclear por Michael Klare* Explosión de una bomba de hidrógeno de

Explosión de una bomba de hidrógeno de Estados Unidos en un atolón del océano Pacífico (Stringer/Reuters)

D urante cerca de medio siglo, desde la destrucción de Hiro- shima, el 6 de agosto de 1945, hasta la caída de la Unión So- viética, el 25 de diciembre de

1991, una buena parte de la población mun- dial vivió bajo la amenaza de la devastación nuclear. Para reducir este riesgo, se orga- nizaron cumbres entre las grandes poten- cias, se firmaron acuerdos sobre el control de armamento, etc. Pero el temor de una catástrofe nunca terminó de disiparse ver- daderamente. Hubo que esperar el fin de la Guerra Fría para que las aguas se calmaran. Seguía habiendo stocks colosales de armas, pero había menos preocupación… Sin em- bargo, desde hace algunos meses la amena- za nuclear parece haber regresado. Las principales potencias que cuentan con armas atómicas –Estados Unidos, Ru- sia y China– se embarcaron recientemen- te en un proceso de modernización de sus equipamientos, y Washington ya no duda en contemplar su utilización, como lo reve- la el informe sobre la “evaluación de la pos- tura nuclear” de Estados Unidos (Nuclear Posture Review, NPR) publicado por el Pen- tágono el 2 de febrero de 2018 (1).

El Departamento de Defensa utiliza el término “postura nuclear” para referirse tanto a la evaluación de la seguridad en el mundo como a la declaración oficial de la política estadounidense en materia de ar- mas atómicas y a un inventario de equipa- mientos cuyo desarrollo se considera ne- cesario. Sobre cada uno de estos puntos, el nuevo NPR se muestra particularmen- te alarmista. Estados Unidos se vería con-

frontado a una mayor cantidad de ame- nazas que nunca, empezando por la hos- tilidad y el belicismo de Rusia y de China.

Entonces,seríanecesariorevisarminucio-

samente su política nuclear y desarrollar nuevas municiones para ampliar el margen de maniobras de su presidente y permitirle

así pasar a la acción si fuera necesario.

Trump contra Obama La “postura nuclear” que presentó la ad- ministración Trump rompe con la estrate- gia definida por el gobierno precedente. El NPR de Barack Obama, publicado en abril de 2010, tenía el objetivo de disminuir la importancia de las armas nucleares en la

doctrinamilitarestadounidense,perotam-

bién el de reducir el arsenal a escala mun-

dial, abriendo negociaciones con las demás grandes potencias. “Para terminar con el fantasma de la Guerra Fría, reduciremos el rol de las armas nucleares en nuestra estra- tegia de seguridad nacional e incitaremos a los demás países a hacer lo mismo”, afirma- ba Obama el 5 de abril de 2009, durante su discurso en Praga. Esta decisión se inscribía en una visión optimista del futuro de la di- plomacia. Suponía que las relaciones entre las grandes potencias podían mejorar, que la perspectiva de una guerra nuclear se ale- jaba y que se había vuelto posible reducir los stocks de armas con total seguridad. El in- forme publicado ocho años más tarde echa por tierra estas tres ideas: verdadero mani- fiesto para una nueva era nuclear, el texto afirma exactamente lo contrario. “Desde el 2010, constatamos el retorno de las rivalidades entre las grandes poten- cias. En diferentes medidas, Rusia y Chi- na demostraron que intentaban transfor- mar el orden internacional de la Postgue- rra Fría y las normas de comportamiento”, decía el informe. Algunos ejemplos que se mencionan apoyan esta tesis, en particular la “anexión” de Crimea por parte de Rusia y la implantación de bases militares chinas

Edición 225 | marzo 2018

en islas en disputa con Japón ubicadas en el mar de China meridional. Moscú y Pekín “persiguen objetivos y medios asimétricos para combatir las capacidades convencio- nales de Estados Unidos, aumentando de este modo los riesgos de errores de cálcu- lo y la potencial confrontación militar con Estados Unidos, sus aliados y sus socios”, afirma el Pentágono. El NPR no reconoce en ningún momen- to el papel que desempeñaron Estados Unidos y sus aliados en la supuesta degra- dación de las relaciones internacionales. El informe omite mencionar, por ejemplo, la expansión de la Organización del Tra- tado del Atlántico Norte (OTAN) sobre el territorio de la ex Unión Soviética o el giro provocador de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico (2). Tampoco se dice nada sobre su superioridad aplastante en ma- teria de armamento nuclear, ni sobre sus masivas inversiones en armas convencio- nales y la conquista del espacio. Al leer el informe, hasta se podría llegar a la conclu- sión de que Estados Unidos sufre un cierto retraso con respecto a Rusia y China y que deberíaentoncesreforzarsusejércitos.Sin embargo, en 2016, el país ocupaba por le- jos el primer lugar en la clasificación mun- dial de gastos militares. Con 611.000 mi- llones de dólares, superaba la suma de los ocho países siguientes. Sólo el aumento de 80.000 millones de dólares, que se decidió en 2018, excede el presupuesto militar de todos los países del mundo, a excepción de China. El Pentágono dispone de bases mi- litares distribuidas en los cuatro rincones del planeta, y mantiene fuerzas de comba- te preparadas para actuar en la periferia de Rusia y China –países que, por su parte, no congregan sus tropas en México o en Cana- dá–. Y sin embargo, según el NPR, Estados Unidos se ve severamente amenazado por Moscú y por Pekín, únicos responsables de la escalada de la tensión nuclear.

El “peligro” ruso Rusia se ve acusada de intentar dominar a sus vecinos, de preparar una guerra con- tra la OTAN y de concederle una impor- tancia desmesurada a las armas nucleares para intimidar a Occidente e imponerse en el campo de batalla. “La estrategia y la doctrina rusas ponen el acento sobre el potencial coercitivo y los usos militares de las armas nucleares”, sostiene el NPR. También afirma que Moscú estaría proce- diendo a una “modernización total de su arsenal nuclear”, principalmente a través de “las múltiples actualizaciones de todos los componentes de la tríada nuclear ru- sa, que comprende bombarderos estraté- gicos y misiles de mar y de tierra”. Final- mente, el informe evoca el desarrollo por parte de Rusia de nuevas armas nucleares “no estratégicas” destinadas a ser utiliza- das sobre futuros frentes europeos contra las fuerzas convencionales de la OTAN. Esta insistencia sobre la amenaza ru- sa puede resultar sorprendente si recor- damos las declaraciones indulgentes de Trump sobre Vladimir Putin durante la campaña presidencial de 2016. Pero el Pen- tágono nunca aceptó esta actitud concilia- dora. Mientras que los demócratas y los medios no dejan de alarmarse por un su- puesto complot de Rusia contra la demo- cracia estadounidense, el Pentágono ins- trumentaliza esta obsesión para inflar los gastos militares y obtener nuevas armas, convencionales y nucleares. Todo el edificio del NPR reposa sobre una afirmación no confirmada: Rusia y Chi- na concederían un lugar cada vez más im- portante a las armas nucleares en sus res- pectivas estrategias de defensa. “Mientras que Estados Unidos sigue reduciendo la cantidad y la importancia de sus armas nu- cleares, otros países, como Rusia y China,

adoptaron la estrategia opuesta. Agrega- ron nuevos tipos de capacidades nucleares

a sus arsenales. (…) La doctrina y las estra- tegias de seguridad nacional de Rusia, que insisten sobre la amenaza de una escalada

nuclear limitada, son muy preocupantes”, se inquieta el Pentágono. En caso de guerra con la OTAN en Europa, Moscú estaría dis- puesto a utilizar primero armas atómicas “tácticas”, y principalmente “municiones nucleares de baja potencia”, para obligar

a los occidentales a abandonar el combate

–una estrategia a veces llamada en Wash- ington de “escalada-desescalada”–. Sin embargo, no hay ninguna prueba que per- mita confirmar esta teoría que numerosos analistas independientes consideran inve- rosímil, al tiempo que recuerdan que, aun- que es cierto que la doctrina militar de Mos- cú prevé la utilización de armas nucleares, sólo lo hace en caso de un eventual ataque contra el territorio ruso. Es decir que se trata de un principio comparable al de la OTAN, que contempla la misma estrategia en el caso de un “ataque estratégico no nu- clear” de Rusia contra Occidente.

“Flexibilidad” y “diversidad” Pero el NPR se apoya en este dudoso postu- lado para reclamar mayor “flexibilidad” en

la política de utilización de armas atómicas

y más “diversidad” en la gama de los siste-

mas de armamento. Según el documento, Rusia tendría motivos para pensar que un presidente estadounidense se mostraría re- ticente a hacer uso de alguna de las potentes armas nucleares que posee como respues- ta a la utilización por parte de Moscú de un arma más débil: semejante reacción provo- caría automáticamente una represalia del Kremlin y, por lo tanto, una guerra total. Los autores insisten sobre la necesidad que tie-

ne Washington de disponer de armas más modestas para eliminar esta supuesta dis- paridad en los medios de disuasión. China es objeto de un trato semejante. Aunque jamás haya amenazado con utili- zar primero su arsenal nuclear –que por otra parte está menos desarrollado que el de Francia (3)–, el NPR afirma que Esta- dos Unidos debe ser capaz de amenazarla con una mayor variedad de armas atómi- cas, y esto con el objetivo de disuadir: “La estrategia que implementamos con res-

Según el Pentágono, Estados Unidos se ve severamente amenazado por Moscú y por Pekín.

pecto a China apunta a impedir que Pekín llegue a la conclusión errónea de que po- dría obtener una ventaja gracias al uso li- mitado de armas nucleares en el teatro de operaciones”. Entre los blancos del Pen- tágono también figura Corea del Norte. El NPR subraya que Pyongyang protege su sistema militar gracias a infraestructuras subterráneas, para luego indicar que “Es- tados Unidos continuará desplegando sus capacidades convencionales y nucleares hacia estos blancos”. Para que esta estrategia resulte creíble, el NPR preconiza la renovación en pro- fundidad del arsenal estadounidense a través de la adquisición de nuevas muni-

ciones. La mayoría de las armas actuales, concebidas hace ya varias décadas, pron- to llegarán al final de sus días. Entonces, habría que reemplazar todos los elemen- tos de la “tríada nuclear” por sistemas más eficaces: misiles balísticos intercontinen- tales lanzados desde tierra (intercontinen- tal ballistic missiles, ICBM), misiles mar- tierra balísticos estratégicos (sea-launched ballistic missiles, SLBM), bombas y misiles de crucero aerotransportados (air-laun- ched-cruise missiles, ALCM). Con la esperanza de convencer al Con- greso de apoyar la disminución del núme- ro de armas nucleares, Obama había acep- tado emprender la concepción de nuevos equipamientos: un misil submarino (el Columbia), un bombardero estratégico (el B-21), un misil de crucero aerotrans- portado de largo alcance o un sistema de “disuasión estratégica basada en tierra”, destinado a reemplazar a los misiles ba- lísticos intercontinentales equipados con ojiva nuclear Minuteman. Pero el ex pre- sidente había dejado a su sucesor la facul- tad de decidir si era verdaderamente ne- cesario procurárselos. La administración Trump decidió desarrollarlos a todos. La concepción y la producción de esta artillería se extenderá durante varios años, con una factura total estimada en, como mínimo, 1.200.000 millones de dólares (4). En su propuesta presupuestaria para 2019, la administración Trump ya prevé destinar 2.300 millones de dólares al bombardero B-21, 3.700 millones al Columbia, 600 mi- llones al misil de largo alcance y 300 millo- nes al sistema de disuasión, es decir, una primera inversión de 6.900 millones de dólares. Para implementar su estrategia de disuasión “flexible” y “a medida”, el Pen- tágono contempla dotarse de municiones

medida”, el Pen- tágono contempla dotarse de municiones | 15 nucleares de baja potencia, que podrían

| 15

nucleares de baja potencia, que podrían utilizarse contra Rusia o China durante un eventual conflicto. En el marco de su compromiso en el seno de la OTAN, Esta- dos Unidos ya tiene estacionados en Euro- pa aviones de doble capacidad (principal- mente aviones de caza F-15), que pueden lanzar bombas nucleares de baja potencia B61 sobre el enemigo ruso. El Congreso todavía debe destinar un presupuesto para todos estos programas y es posible que los objetivos del NPR no sean alcanzados en su totalidad. No obstante, la atmósfera anti-rusa que invade a la clase política estadounidense no deja lugar a nin- gún tipo de oposición a esta reactivación de la carrera armamentista, como lo demues- tra la aprobación casi unánime, por parte de los parlamentarios de ambos partidos, de un aumento masivo de los gastos milita-

respara2018.Losdirigentesrusosychinos,

entre otros, no dejarán de inspirarse en esta estrategia para incrementar sus propios ar- senales, marcando así el inicio de una nueva escalada nuclear. g

1. Nuclear Posture Review 2018, Departamento de Defensa,

Washington, DC, 2018. Salvo indicación en contrario, todas las citas corresponden a este documento.

2. Véase “China es el enemigo”, Le Monde diplomatique,

edición Cono Sur, Buenos Aires, marzo de 2012.

3. China posee aproximadamente 270 ojivas nucleares

y Francia alrededor de 300. Cf. “Nuclear weapons :

Who has what at a glance”, Arms Control Association, Washington, DC, enero de 2018, www.armscontrol.org

4. Cf. Aaron Mehta, “America’s nuclear weapons will cost

$1.2 trillion over the next 30 years”, Defense News, 31-10-17.

* Profesor en el Hampshire College, Amherst (Mas- sachusetts). Autor del libro The Race for What’s Left. The Global Scramble for the World’s Last Resources, Metropolitan Books, Nueva York, 2012. Traducción : María Julia Zaparart

Scramble for the World’s Last Resources , Metropolitan Books, Nueva York, 2012. Traducción : María Julia

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16 | The Post, la película de Steven Spielberg recientemente estrenada en Argentina, ha sido saludada

The Post, la película de Steven Spielberg recientemente estrenada en Argentina, ha sido saludada como “una obra maestra” y “un canto a la libertad de prensa”. Pero el film deja de lado numerosos puntos oscuros acerca de The Washington Post y de su propietaria, Katharine Graham, erigida en heroína.

A propósito del último film de Steven Spielberg

Un gigantesco malentendido

por Pierre Rimbert*

L a historia de The Post, de Steven Spielberg, titulada en Argenti- na The Post. Los oscuros secre- tos del Pentágono, inspirada en hechos reales, transcurre en

Estados Unidos en 1971. Daniel Ellsberg, analista de un think tank del Pentágono, asumió el enorme riesgo de fotocopiar un documento clasificado como “secreto de defensa” que probaba que John Kennedy

y Lyndon Johnson habían mentido tanto

al Congreso como al público respecto de la guerra de Vietnam, que sabían perdida. The New York Times publicó una síntesis de dicho informe, pero una orden judi- cial les prohibió continuar. ¿Tomaría The Washington Post, modesto diario regio- nal, el relevo de su prestigioso homólogo? El director, sensible a las batallas femi- nistas actuales, decidió centrar el relato en una mujer –Katharine Graham, la due-

ña del periódico (interpretada por Meryl Streep)– más que en los protagonistas que, en los hechos, tomaron los mayores ries- gos y desempeñaron un papel primor- dial: Ellsberg, el “alertador”, acusado de “espionaje” en virtud de una ley de 1917 y condenable a cadena perpetua, y el equi- po de The New York Times que publicó el caso. Esta decisión cinematográfica irritó

al jefe de redacción de Internacionales del

Times, encargado de supervisar la publica- ción de los documentos en junio de 1971. “¡Es totalmente falso! –se indignó al leer el guión–. Esta película es una farsa” (1). Aunque también un éxito: cerca de un mi-

llón de entradas vendidas en tres semanas de proyección en Francia. En la sala llena del cine Publicis Drugs- tore, en París, donde se pre-estrenó el film, se anunció la presencia de Françoi- se Nyssen, ministra de Cultura, y de Har- lem Désir, representante para la libertad de prensa dentro de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Por delicadeza, nadie mencio- nó que en 2013, mientras Désir ocupaba el cargo de primer secretario del Partido Socialista en Francia, París, como muchas otras capitales europeas, rechazó el asilo político solicitado por Edward Snowden, acusado de filtraciones sobre la vigilancia masiva en Internet por parte de Estados Unidos. Pero puesto que esa noche se tra- taba más de aplaudir a Katharine Graham que a Daniel Ellsberg, a la empresaria de prensa más que al rebelde, no era necesa- rio arruinar el placer de los espectadores con oscuras reflexiones sobre el destino de “alertadores” actuales.

Del otro lado del Atlántico, los demó- cratas tampoco se han destacado por de- fender la libertad de expresión, que sin embargo consideran sagrada cada vez

que Donald Trump la infringe. “La acti- tud del actual gobierno lo incitó a realizar esta película –señala a Steven Spielberg un periodista de la British Broadcasting Corporation (BBC)–. Pero si mira las ci- fras, el gobierno de Barack Obama em- prendió más acciones legales en virtud de la ley sobre espionaje que cualquier otro gobierno. Sin embargo, nadie en Ho- llywood salió a decir o a hacer algo al res- pecto” (17-12-17). “No me parece que sea lo mismo” –balbuceó Spielberg, fervien- te simpatizante de los demócratas–. Ells- berg, por su parte, reconoció a sus here- deros: “Chelsea Manning (2) y Edward Snowden son mis héroes. Me identifico con ellos más que con nadie” (Democra- cy Now!, 6-12-17). Sin duda, más que con Katharine Graham, cuya decisión de pu- blicar los Pentagon Papers, a pesar de la prohibición del 18 de junio de 1971, fasci- nó a los profesionales de la información reunidos para la avant-première parisina. Poco después, los medios aclamaban una “obra maestra” en la cual “Spiel- berg coloca la democracia en las rotati- vas” (Le Monde, 24-1-18); “una defensa muy contemporánea a favor de un con- tra-poder independiente y fuerte, hoy más necesario que nunca” (Télérama, 23-1-18); “una magnífica lección de co- raje y de democracia” (Journal du Di- manche, 21-1-18); “Katharine Graham, la mujer que reveló los Pentagon Papers

y el Watergate [sic]” (FranceTVinfo.fr,

23-1-18)…

Las amistades peligrosas Si bien se entiende el regocijo al ver una profesión por fin retratada bajo una luz que la favorece, la recepción con bombos

y platillos se funda en un gran malenten-

dido. La heroína de Spielberg no era re- portera, sino la dueña de The Washing- ton Post, que heredó de su marido. En la primavera de 1971, se vio cómo expresa- ba su amor por la independencia… intro- duciendo su diario en la Bolsa. Íntima de Robert McNamara, ministro de Defensa de los gobiernos de Kennedy y Johnson, también frecuentaba a Henry Kissinger, asesor de Richard Nixon. Todo el sus- penso de la película –y la suerte de la li- bertad de prensa– se basa pues en la de- cisión económica de una empresaria: ¿va

o no a censurar la publicación de un ar-

tículo que podría poner en peligro el va- lor en Bolsa de su empresa y sus amista- des mundanas? Aquí, la magia del cine

y la miseria de una profesión convergen

erigiendo en acto de resistencia épica algo que debería constituir la norma: la ausencia de diktat económico o político en las decisiones editoriales. Era nece- sario que la regla se volviera excepción para transformar su cumplimiento en un acontecimiento histórico… Sin embargo, una de las reacciones más entusiastas a la película de Spielberg provino de los industriales, de los publi- cistas y de la Bolsa. El día de su estreno (23-1-18), el sitio Mediapart le dedicó to- da su página principal. “En Pentagon Pa- pers –escribe su director Edwy Plenel–, la cuestión de la independencia es el ele- mento clave de la historia: saber resistir a las presiones, animarse a publicar lo que los poderes quieren callar, emanciparse de la tutela de los propietarios, defender el poder soberano de la redacción”. La superproducción hollywoodense emo- cionó a Plenel por dos razones. Primero, porque “es difícil encontrar una buena película francesa en la que se heroifique al periodismo como soldado de la de- mocracia”, tanto más indignante cuanto que “la breve historia de Mediapart, que cumplirá 10 años en marzo”, no espera más que un director intrépido que quiera poner en escena su epopeya. Pero lo fundamental es que Plenel imputa la ausencia en Francia de un “ima- ginario democrático”, como el que culti- va Spielberg, al “iliberalismo francés, ese privilegio que se otorga al poder, princi- palmente en su forma estatal, antes que al individuo y a sus audacias solitarias”. Ha- biendo estado bajo escucha telefónica por los servicios de François Mitterrand en

los años 1980, conoce los límites a la liber- tad de informar que impone el Estado. Sin embargo, su alegato omite que, en otras circunstancias, ha sabido mantener una relación más cómplice con el poder. Preocupados por la investigación de Pierre Péan y Philippe Cohen, La face ca- chée du Monde, publicada en febrero de 2003 por la editorial Fayard, Plenel, por entonces jefe de redacción de Le Monde,

y Jean-Marie Colombani, editor jefe del

diario, un día del mes de marzo se reu- nieron en la plaza Beauveau para hablar del asunto con el ministro del Interior de ese momento, Nicolas Sarkozy. Este en- cuentro entre dos supuestos pilares del contra-poder y el ministro de la policía,

Edición 225 | marzo 2018

para detener las “audacias solitarias” de un par de reporteros independientes, daría una buena trama para una pelícu-

la realista sobre la prensa francesa. Una parte del guión fue de hecho confirma- da por el mismo Plenel en un correo a la revista Marianne (18-3-06): “Un día de 2003, Jean-Marie Colombani me llevó a una reunión que había pautado con Ni-

Convencido de que

los ataques contra Le Monde habían si- do en parte inspirados por el entorno de Jacques Chirac, Colombani buscaba que Sarkozy le proporcionara información para corroborar esta hipótesis”. Organizar el olvido, formatear la me- moria colectiva heroificando una con- ducta valiente que esconde cobardías y compromisos, tal es la operación de ab- solución colectiva que propone The Post. Al hablar de The Washington Post, uno antes pensaba en la investigación sobre el escándalo Watergate (1972-1974), lleva- da a la pantalla grande por Alan Pakula en 1976 con Todos los hombres del presiden- te. Ahora se podrá también recordar la valentía de Katharine Graham. Y nos fas- tidiará que un aguafiestas venga a decir que, en 1987, una investigación de Robert Parry sobre el apoyo financiero de la Cen- tral Intelligence Agency (CIA) a la gue- rrilla de extrema derecha en Nicaragua fue edulcorada para complacer a la em- presaria que recibiría en su casa a Henry Kissinger el fin de semana siguiente (3); o que el diario dio todo su apoyo al inicio de la guerra en Irak en 2003; o que antes que Fidel Castro, prefería a dictadores de de- recha como Augusto Pinochet, “a fin de cuentas, menos nocivos que los dirigen- tes comunistas, porque sus regímenes podían dar paso a democracias liberales” (The Washington Post, 12-12-06); o que cobraba 25.000 dólares a patrocinadores privados para el acceso a cenas con pe- riodistas de la casa y personalidades in- fluyentes, para luego conceder “un desliz ético con proporciones monumentales” (The Washington Post, 12-7-09); o que se vendió en 2013 por 250 millones de dó- lares al fundador de Amazon, Jeffrey Be- zos; o que desde mayo de 2017 prohíbe a los periodistas “perjudicar a los clien- tes, anunciantes, abonados, vendedores, proveedores o socios” a través de la redes sociales (Washingtonian, 27-6-17); o que toca los tambores para una mayor inter- vención estadounidense en Siria o para una guerra en Irán (The Washington Post, 22-1-18); o que su obsesión anti-rusa la lleva a publicar en serie noticias falsas (The Intercept, 4-1-17). Ciertamente, pero todo esto no funcionaría para hacer una buena película. Haciendo referencia a sus aventuras en una larga entrevista para la revista Rolling Stone, hace treinta y cinco años, Daniel Ellsberg concluía: “Esto confir- ma lo que yo sé de la gente de los medios:

colas Sarkozy (

).

muchos de ellos aspiran a insertarse en el poder más que a encarnar un cuarto poder independiente” (8-11-1973). Des- de entonces, como es bien sabido, todo ha cambiado. g

1. Citado por Thomas Vinciguerra, “Hell hath no fury

like The New York Times scorned by Hollywood”,

Columbia Journalism Review, 1-5-17, www.cjr.org

2. Chelsea Manning (en aquella época, su

nombre era Bradley Manning) es una analista del ejército estadounidense condenada en 2013 por haber transmitido a WikiLeaks documentos militares clasificados.

3. Norman Solomon, “The real story behind Katharine

Graham and ‘The Post’”, HuffPost, 20-12-17.

* De la redacción de Le Monde diplomatique, París. Traducción: Victoria Cozzo

India: Bombay, India (Danish Siddiqui/Reuters) Dossier crecimiento y pobreza En los últimos 30 años la
India: Bombay, India (Danish Siddiqui/Reuters) Dossier crecimiento y pobreza En los últimos 30 años la

India:

Bombay, India (Danish Siddiqui/Reuters)

Dossier

crecimiento y pobreza

En los últimos 30 años la economía india creció entre el 6% y el 8% anual. Pero la miseria de gran parte de su población aumentó. La discriminación por castas, clases, género, etnia y región favoreció la brutal explotación de los trabajadores, muchos de los cuales carecen de todo derecho. Al mismo tiempo, la crisis del campo convirtió a las mujeres en protagonistas de una nueva agricultura.

La “superexplotación” del capitalismo indio por Dalel Benbabaali 22 Las mujeres toman las riendas de la tierra por Jack Fereday 24

del capitalismo indio por Dalel Benbabaali 22 Las mujeres toman las riendas de la tierra por

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22 | Edición 225 | marzo 2018 Dossier India: crecimiento y pobreza Bangalore, India (Abhishek N.

Edición 225 | marzo 2018

Dossier India: crecimiento y pobreza Bangalore, India (Abhishek N. Chinnappa/Reuters) El auge del capitalismo en
Dossier
India:
crecimiento
y pobreza
Bangalore, India (Abhishek N. Chinnappa/Reuters)
El auge del capitalismo en la India fortaleció las formas de opresión vinculadas
con las castas, las clases, el género, la etnicidad y la región. Los pueblos
autóctonos y los excluidos –adivasis y dalits– son los más expuestos a la
explotación y los mayores niveles de pobreza.
Estratificación social y desigualdad
La “superexplotación”
del capitalismo indio
por Dalel Benbabaali*
“ Arruinados por el crecimiento” (1), adivasis
y dalits contribuyen sin embargo al boom
económico de la India. Los primeros son
pueblos llamados “tribales”, que prefieren
identificarse como “autóctonos”: “adiva-
social, pero no tiene efectos en el sector privado,
donde la mayoría de los puestos de responsabilidad
quedan en manos de las castas altas (3).
A pesar de estas medidas, adivasis y dalits siguen
constituyendo la mayoría de la población india po-
bre. El crecimiento económico récord que se registró
tras la liberalización de la economía (un promedio
cesario poner el foco en las discriminaciones que es-
tán enraizadas en lo profundo de la sociedad india y
en formas de opresión que conjugan casta, clase, gé-
nero, etnicidad y región.
si” significa “habitantes originarios”. Éstos
constituyen el 8,6% de la población del país, es decir,
más de cien millones de personas de un total de 1.200
millones. Los segundos dicen estar “devastados” por la
opresión de casta: el término “dalits”, que reemplazó
al de “intocables”, quiere decir “oprimidos”. Son dos-
cientos millones, es decir, un 16,6% de la población.
Desde el punto de vista administrativo, estos
de 6% durante dos décadas, a partir de mediados de
los años ochenta, y luego un 8% en la década siguien-
te) no les permitió escapar de su condición: la tasa
media de reducción de la pobreza para estos grupos
es menor al 1% desde el año 2000 y el 82% vive bajo
la línea de pobreza internacional, fijada en 2 dólares
grupos históricamente desfavorecidos son “tribus
diarios. Con un índice establecido sobre la base de
y castas registradas” (scheduled tribes y scheduled
múltiples factores (ingresos, acceso a la electricidad
castes). Esta categorización les permite gozar de
cuotas proporcionales a su peso demográfico, lo
que les garantiza cupos en instituciones educativas,
empleos públicos y cargos electivos (2). Esta políti-
ca de discriminación positiva, contemplada por la
Constitución de 1950, favoreció cierta movilidad
y al agua potable, sanitarios, educación, etc.), la je-
rarquía es la misma: se considera que el 81,4% de los
adivasis y el 65,8% de los dalits son pobres, contra un
33,3% de los miembros de las castas altas y un global
de la población de 55,4% (contra un 12,6% en China,
por ejemplo) (4). Para entender esta situación, es ne-
Opresión de casta, opresión de clase
Paradójicamente, el auge del capitalismo y la mo-
dernización que éste trajo aparejada no sólo no ate-
nuaron estas identidades heredadas, sino que se
vieron fortalecidas. Las reformas neoliberales que
el gobierno introdujo a partir de los años ochenta y
luego, de manera decisiva, en 1991, tras una crisis
financiera, tenían como objetivo fomentar el creci-
miento abriendo la economía a los intercambios y
atrayendo capitales extranjeros. Los inversores in-
dios y extranjeros sacaron provecho de estas me-
didas explotando una mano de obra barata y muy
dividida socialmente. En la actualidad, más del no-
venta por ciento de los trabajadores indios lo hace
en el sector informal y no goza de ninguna protec-
ción social. Para ellos no es fácil organizarse y re-

clamar aumentos salariales o crear redes de solida- ridad con los empleados del sector formal, quienes, en términos relativos, gozan de más beneficios. Más allá de estas divisiones de clase dentro del propio mundo obrero, la pertenencia étnica, de casta y de género continúa desempeñando un pa- pel determinante en la distribución de empleos. Las tareas más duras o consideradas degradantes suelen atribuirse a los dalits, mientras que los em- pleos más precarios quedan sobre todo en manos de migrantes estacionales, provenientes de los te- rritorios más pobres, donde el Estado confiscó tie- rras adivasis. Por otra parte, las diferencias de clase internas se han vuelto más marcadas a medida que logra conformarse una élite, aún muy minoritaria, entre los dalits y los adavasis, sobre todo gracias a la política de cuotas: sólo el 18% de estos grupos dispone de un ingreso medio o elevado (5), contra un 55% para las otras castas. Tal como lo mostró el antropólogo británi- co Brendan Donegan, en el corredor industrial de Cuddalore, en el Tamil Nadu (al sur del país) (6), los obreros agrícolas dalits de los pueblos de los alrede- dores lograron emanciparse de una forma de servi- dumbre que los mantenía atados, a veces de por vida, a los grandes propietarios de la tierra integrantes de las castas dominantes, mediante la práctica del so- breendeudamiento. Sin embargo, sus esposas siguen trabajando en esas tierras por un jornal. Además, no se trata de una verdadera liberación, ya que como no han alcanzado el nivel educativo necesario para in- gresar a la función pública, terminan empleándose en los puestos más bajos de fábricas extremadamen- te contaminantes, donde deben manipular sustan- cias peligrosas. La fábrica Pioneer Jellice de Cudda- lore, por ejemplo, que emplea a quinientos traba- jadores, no les provee de ninguna protección para manejar los productos químicos que emplean para limpiar los huesos de bovinos que se usan en la fabri- cación de gelatina. En 2008, estos obreros, dalits en un 70%, iniciaron un paro para exigir una mejora en las condiciones de trabajo. La dirección de la fábrica rompió la huelga contratando migrantes adivasis es- tacionales no sindicalizados. Estas estrategias patronales también se observan en las plantaciones de té de Kerala. Jayaseelan Raj se- ñala que allí la mano de obra adivasi, proveniente de las regiones pobres del este de la India (Jharkhand), considerada más dócil y remunerada a destajo, fue reemplazando poco a poco a las cosechadoras dalits, quienes tenían empleos permanentes y se mostraban más combativas (7). Esta “superexplotación” revela el modo en que el capitalismo indio saca provecho de las divisiones sociales, étnicas y regionales. En septiembre de 2016, una huelga de un mes movi- lizó a ocho mil dalits –sobre todo mujeres que seguían trabajando en las plantaciones– contra el drástico de- terioro de sus condiciones de trabajo, en un sector fuer- temente golpeado por la crisis; la misma que había de- jado en la calle a sus maridos, quienes trabajaban en las fábricas de té. Éstos se vieron obligados a migrar a las grandes ciudades del vecino estado de Tamil Nadu pa- ra trabajar en la industria textil, donde siguen sufrien- do discriminación. Algunos de ellos incluso decidieron ocultar su identidad cambiando su apellido, que suele ser un indicador de la casta de pertenencia.

Desposesión y expulsión En las regiones en que los adivasis son mayoría, su empobrecimiento se debe principalmente a un pro- ceso de “acumulación por desposesión”, que tiene su origen en el creciente avance de empresarios y agri- cultores de las castas dominantes, que explotan en beneficio propio los recursos naturales de los que dependen los pueblos autóctonos. Esto sucede, en

particular, en el territorio tribal de Bhadrachalam, en el noreste del estado de Telangana, donde lleva- mos a cabo nuestro trabajo de campo (8). En teoría, los territorios donde la población es ma- yoritariamente adivasi están protegidos por la Consti- tución. Asimismo, se trata de zonas reservadas (sche- duledareas)queestánregidasporleyesespecíficasque

prohíben que otros pueblos compren tierras. Pero lo cierto es que estos derechos territoriales están constan- temente en tela de juicio: por un lado, por la llegada de agricultores capitalistas que ocupan dichas propieda- des de manera ilegal e introducen cultivos comerciales como el tabaco y el algodón; por el otro, por el propio Estado que, en nombre del desarrollo, adquiere terre- nos para entregarlos a inversores o realizar proyectos de infraestructura, como grandes represas. Así, en plena zona reservada del valle fértil del río Godavari, en Bhadrachalam, hay una gigantes- ca papelera, propiedad de la Indian Tobacco Com- pany (ITC), un conglomerado indio que se ubica entre los mayores fabricantes de papel y embalajes del sur de Asia. Al contrario de lo que afirma el go- bierno indio para justificar la industrialización de los territorios tribales, son muy pocos los adivasis contratados en la fábrica: según nuestra investiga- ción, éstos representan menos del 5% de los 1.575 empleados permanentes y sólo el 8% de los 4.000 jornaleros ocasionales. Numerosos dalits trabajan allí como obreros, puesto que no gozan de derechos territoriales tribales. Sin embargo, son muchos los adivasis que prefieren seguir practicando la agri- cultura familiar en sus tierras para preservar su au- tonomía cultural e independencia económica, al menos en las parcelas que les quedan. Aún así, a medida que van siendo desposeídos de sus tierras y recursos hídricos, sobre todo por la contaminación del Godavari con los efluentes de la fábrica, los adivasis se proletarizan. La ITC, des- pués de haber agotado el bambú que crecía natu- ralmente en el bosque, está invirtiendo en planta- ciones de eucaliptus. Éstas no sólo son desastrosas para el medioambiente, ya que desgastan los suelos

y vacían las napas freáticas, sino que además están

emplazadas en tierras que pertenecen a los adiva- sis. Así, éstos terminan expulsados de sus propias tierras y se ven obligados a vender su fuerza de tra- bajo o migrar hacia las ciudades. De nuestras investigaciones realizadas en distin- tos estados de la India se desprende que los procesos

son similares más allá de las especificidades regiona- les. Desde que la participación de la agricultura en el producto bruto interno de la India cayó (de un 29% en 1990 a un 17% en 2016), las zonas rurales han de- jado de ser el principal sitio de acumulación de capi- tal de las castas agrarias dominantes, que diversifi- can sus actividades invirtiendo en comercio e indus- tria. Este cambio económico se vio acompañado de una transformación en los modos de subordinación

y en las estrategias de control, sin que las relaciones

de poder se vieran fundamentalmente afectadas. Y cuando lo hacen, es gracias a las luchas. El combate de los adivasis contra la apropiación de sus tierras cuenta con el apoyo de la guerrilla maoís- ta (9). Algunas multinacionales ya han dado un paso atrás: Pohang Iron and Steel Company (Posco), pro- ductor de acero de Corea del Sur, que había recibido el aval del gobierno indio para instalarse en un terre- no de ochocientas hectáreas (10), Vedanta, una com- pañía minera con base en Londres, que explotaba las minas de bauxita generando una intensa contamina- ción, e incluso Tata, el gigante indio del acero (11). No obstante, la represión gubernamental ha sido feroz, como en 2006, durante la masacre de Kalinganagar, en el estado de Odisha (ex Orissa), cuando la policía asesinó al menos a doce personas e hirió a decenas

asesinó al menos a doce personas e hirió a decenas | | 23 23 al hacer

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al hacer fuego sobre la multitud que se manifestaba contra la instalación de una acería Tata. Por su parte, el movimiento dalit permitió que sus miembros se emanciparan políticamente de la hege- monía de las castas superiores a través de la formación de sus propios partidos y organizaciones, incluso cuan- do los brahmanes y otras castas dominantes mantienen el control del sistema de producción y del aparato es-

tatal. Los partidos comunistas indios, dirigidos por las castas altas, son reacios a

considerarestetemaypri-

vilegian el análisis de clase en nombre de la ortodoxia

marxista. Ahora bien, las inves- tigaciones son claras: la explotación de clases en la India está ligada de ma- nera inextricable a la opre- sión de casta, y los nuevos mecanismos de subyuga- ción se incorporan a los anteriores, modificándo- los. Estas formas de opre- sión convergen para man-

tener a adivasis y dalits en la posición de dominados, aunque tengan un diplo- ma: el 47,8% de quienes tienen al menos el equivalente de un título secundario son pobres. La discriminación de casta continúa en la universidad, como lo recordó de manera trágica el suicidio de Rohith Vemula, estudian- te dalit de doctorado en la Universidad de Hyderabad en 2016 (12). Las relaciones de poder que oponen his- tóricamente las castas dominantes a estos grupos mar- ginados y estigmatizados se fortalecieron con la inte- gración de estos últimos en la economía de mercado en términos desfavorables. Las divisiones internas de los grupos oprimidos, basadas en identidades étnicas, re- gionales y de castas, se intensificaron con el avance del capitalismo, lo que socava la unidad de las luchas por la justicia social. Precisamente, una de las prioridades más urgentes consiste en superar estas divisiones. g

Más del noventa por ciento de los trabajadores indios lo hace en el sector informal y no goza de ninguna protección social.

1. Según el título del libro colectivo Ground down by

growth: tribe, caste, class and inequality in Twenty- first-century India, Pluto Press, Londres, 2017.

2. Véase Purushottam Agrawal, “Exclusividad del criterio de

castas”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2007.

3. En la India, el 80% de la población es hindú y son parte de un sistema

de castas muy complejo. Se distinguen las castas altas, contituidas por brahmanes (sacerdotes, letrados), kshatriyas (guerreros, militares)

o vaishyas (comerciantes). La casta más baja está conformada por los

sudras (campesinos, artesanos). Los dalits están fuera de toda casta.

4. Ground down by growth, op. cit.

5. Ibid.

6. Brendan Donegan, “Cuddalore, chemical industrial

estate, Tamil Nadu”, en Ground down by growth, op. cit.

7. Jayaseelan Raj, “Tea belts of the Western Ghats,

Kerala”, en Ground down by growth, op. cit.

8. Dalel Benbabaali, “Bhadrachalam Scheduled

Area”, en Ground down by growth, op. cit.

9. Véase Naïké Desquesnes y Nicolas Jaoul, “Les

intellectuels, le défi maoïste et la répression en Inde”, Le Monde diplomatique, octubre de 2011.

10. “Inde. Posco ne s’en tirera pas comme ça”,

Courrier international, París, 4-7-11.

11. Véase Jyotsna Saksena, “Tata, una leyenda india”, Le

Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2015.

12. “Suicide d’un étudiant dalit et discriminations de

caste dans les universités indiennes”, Contretemps, 22-2-16, http://www.contretemps.eu/.

* Antropóloga, coautora (junto con Alpa Shah, Jens Lerche, Richard Axelby, Brendan Donegan, Jayaseelan Raj y Vikra- maditya Thakur) de Ground down by growth: tribe, caste, class and inequality in Twenty-first-century India. Traducción: Georgina Fraser

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24 | Edición 225 | marzo 2018 Plantación de té en Siliguri, India (Rupak De Chowdhuri/Reuters)

Edición 225 | marzo 2018

24 | Edición 225 | marzo 2018 Plantación de té en Siliguri, India (Rupak De Chowdhuri/Reuters)

Plantación de té en Siliguri, India (Rupak De Chowdhuri/Reuters)

En la India rural que sucumbe bajo la sequía y las deudas y donde los campesinos se suicidan de a miles, las mujeres, pese a vivir en un país en el que la desigualdad de género está fuertemente arraigada, disputan un lugar en un ámbito que fue predominantemente de hombres y promueven una agricultura solidaria y sustentable.

Las mujeres toman las riendas de la India agrícola

Las empoderadas de la tierra

por Jack Fereday*, enviado especial

M ientras las vecinas se instalan a su alrededor, a la sombra de una casita de adobe, Shaila Shikrant, envuelta en un sari naranja, llena cuencos de ce- reales y de legumbres secas:

arroz, trigo, maíz, arvejas, maníes, granos de sésamo, garbanzos, lentejas, fenogreco… Por su sonrisa adivi- namos que se trata del fruto de su trabajo. Pero es tam- bién el de una pequeña revolución. Estamos en Masla, un poblado de ochocientas familias en el corazón de Marathwada, en el estado de Maharashtra, a quinientos kilómetros de la capi- tal, Bombay (Mumbai). La región, que soporta olas de calor extremo, se ha convertido en el epicentro de una grave crisis agrícola: más de seis mil campe- sinos se suicidaron en el transcurso de los dos últi-

mos años, superados por las sequías sucesivas y por un endeudamiento crónico. El fenómeno es de al- cance nacional: todos los años, desde 2013, doce mil campesinos ponen fin a sus días en la India, según cifras transmitidas por el gobierno a la Corte Supre- ma en mayo de 2017. Los expertos señalan también

una estrategia agrícola desfalleciente: desde hace diez años, los cultivos alimentarios fueron progre- sivamente abandonados en favor de cultivos comer- ciales, entre ellos la caña de azúcar –una planta por cierto más rentable, pero que requiere enorme canti- dad de agua–. Según el gobierno, la superficie de tie- rra utilizada para este cultivo que, entre 2004 y 2014, pasó de 300.000 a un millón de hectáreas, absorbe el 70% de la irrigación en la región. “En cinco hectáreas de terreno no producíamos más que eso”, cuenta Shikrant. “Entonces, cuando faltó el agua, perdimos todo. No había más dinero para alimentos”.

Organización femenina La agricultora hunde sus dedos en los cuencos de le- gumbres, las frota, después las desgrana con un ges- to de ternura. Las mujeres sentadas a su alrededor la escuchan atentamente. Desde la ola de suicidios que sacudió la región en 2014, todas siguieron el ejemplo de esta pionera de la agricultura sustentable. “Yo le pedí a mi marido que me dejara una hectárea para cultivar una veintena de plantas más económicas en

agua. Quería tener con qué alimentar a mi familia si

la caña de azúcar fracasaba, y volver a las prácticas tradicionales, utilizando abonos naturales. Al prin- cipio se mostró escéptico, pero terminó por conce- derlo. Un año más tarde, cuando vio los resultados,

me dejó administrar la mitad del terreno”.

Las cosechas pronto superaron las expecta- tivas. No sólo permitieron alimentar a su fami- lia, sino que la venta del excedente duplicó el in- greso anual del hogar, que se eleva en la actuali-

dad a 6.000 euros, o sea, casi cuatro veces el ingre-

so medio de los campesinos en ese estado (1.600

euros por año). Desde entonces, esta mujer de 38 años no ha cesado de diversificar su actividad al ad- quirir ganado, que le provee abono, y vender sus semi- llas orgánicas en Bombay. La última etapa franqueada es el registro de su propia empresa agrícola –“¡todo a

mi nombre!” –, precisa bajo la mirada admiradora de

sus vecinas. Gracias a sus consejos, también adquirie-

ron un nuevo estatus dentro de sus familias. Una de ellas todavía no lo puede creer: “Cuando les dijimos a nuestros maridos y a nuestras familias políticas que queríamos administrar una parte del terreno, se bur-

Dossier

India:

crecimiento

y pobreza

laron de nosotras. Pero ahora que ganamos más que ellos, nos miran con otros ojos”.

En Maharashtra, como en el resto de la India, las mujeres aportan más de la mitad de la mano de obra agrícola, pero la gestión le corresponde en general

a los hombres, que poseen cerca del 80% de la tie-

rra cultivada. Una tradición patriarcal que Shikrant

y sus amigas decidieron cambiar por completo –y

no son las únicas–. Según la organización no guber- namental (ONG) Swayam Shikshan Prayog (“Ex- periencia de autoaprendizaje”, SSP), dentro de las 2,3 millones de familias rurales que viven en Ma- rathwada, 40.000 mujeres han tomado el control de por lo menos una hectárea de terreno para de- sarrollar allí una agricultura de subsistencia, con frecuencia dejada de lado por los hombres. Algunas fueron primero formadas por la Agricultural Tech- nology Management Agency (Agencia de Gestión Agrícola y Tecnológica) del gobierno indio, en co- laboración con algunas ONG, entre ellas SSP. Pero el movimiento se propaga por sí mismo, por la crea- ción de miles de women’s farmers groups –grupos de ayuda mutua, cuyas participantes contribuyen no sólo con sus conocimientos, sino con una parte de sus ahorros–. Desde los huertos de Uttar Pradesh hasta las arroceras de Tamil Nadu, se han converti- do en uno de los pilares del desarrollo local en toda la India y reciben un apoyo creciente de universida- des, ONG y gobiernos locales. En menos de dos años, en el pueblo de Chivu- ri, a cuarenta kilómetros de Masla, el DeltaSakhi Farmer’s Group recaudó así más de 1.300 euros en una cuenta común. Fue la oportunidad de un dine- ro útil para sus veinticinco mujeres miembro cuyos maridos se endeudaban antes con prestamistas te- mibles, a tasas de interés que alcanzaban el 12%. Ahora, cuando las mujeres tienen necesidad de fi- nanciar un proyecto, se dirigen a ese grupo que ense- guida puede obtener un préstamo en un banco local. En cuanto a los prestamistas de dinero, dieron media vuelta y se fueron. “Los hombres son más individualistas: trabajan sus propios campos, cada uno en su espacio, mien- tras que nosotras trabajamos en equipo”, explica Va- nita Balbhim, presidenta del grupo, que ella recibe en su casa en una reunión semanal. “¡Y, sobre todo, administramos mejor el dinero!, agrega su amiga Lakshmi Brirajdar, provocando las risas de sus com- pañeras. “¡Nosotras regateamos por 10 rupias [12 centavos de euro] cuando hace falta! ¡Y cuando tene- mos sed, tomamos un té en casa, en lugar de derro- char dinero en alcohol!”. Chivuri está unido al mundo por un simple cami- no de barro con baches, pisoteado por manadas de cebús raquíticos, entre campos pelados hasta donde se pierde la vista. En el medio de las casas de techos de chapa se levanta un templo hindú en forma de co- no, una acacia catechu cuya sombra sirve de ágora a los ancianos, y una pequeña construcción sin puer- tas donde voces de niños recitan el alfabeto. En estos pueblos alejados, donde el 30% de las familias viven bajo el umbral de la pobreza, los grupos de agricul- toras están rehaciendo la economía local, asegurán-

doles la autonomía alimentaria y el acceso al micro- crédito –dos palancas vitales en tiempos de crisis–.

Grandes conquistas Así, desde que lanzó su producción de frutas y verdu-

rasecológicashacedosaños,Balbhimpudoalimentar

a su familia y, al mismo tiempo, sumar más de 1.000

euros a los 780 euros anuales de su familia. Estos aho- rros le permitieron instalar un nuevo techo y una he- ladera y, sobre todo, financiar la educación de sus cua- tro hijas. “Yo estoy muy orgullosa de ella”, confía con

emoción Supriya, la mayor, estudiante de informática. “Ella decidió salir de la casa para ir a cultivar su cam- po, y ahora preside un grupo de agricultoras… ¡Aquí, jamás ninguna mujer había hecho eso!”. Como consecuencia de una migración masiva de hombres hacia las grandes ciudades, las mujeres jue- gan un rol cada vez más importante en las explotacio- nes agrícolas en la India, sin ser, sin embargo, recono- cidas plenamente como agricultoras. “Cuando su ma- rido sale a buscar trabajo en la ciudad o muere antes que ella; de hecho, están al mando. Pero, sin reconoci- miento legal, no tienen el acceso a los recursos nece- sarios, es decir a los préstamos bancarios, los seguros

o las subvenciones del gobierno”, se exaspera Soma

Parthasarathy, una de las mujeres fundadoras de Ma- hila Kisan Adhikaar Manch (MAKAAM), una red de asociaciones para los derechos de las agricultoras. La reforma de 2005 a la ley de sucesiones asegura ya a las indias un igual derecho a la propiedad de los padres, pero sigue siendo poco aplicada. “Las condiciones so- ciales no cambiaron mucho: las mujeres reivindican raramente su parte de la herencia, pues se las anima a cederla a los hombres de la familia”, explica esta femi- nista sexagenaria en un café ruidoso de Nueva Delhi. “Seguimos en un mundo patriarcal, donde los hom- bres continúan controlando los recursos con el fin de controlar a las mujeres. Tenemos que hacer mucho más para impedírselo…”. MAKAAM milita al lado de la ONG Oxfam por la adopción de un proyecto de ley pre- sentado en mayo 2012 en la Cámara Alta del Parlamen- to por Monkombu Sambasivan Swaminathan, el padre

de la “revolución verde” en la India. Esta ley permitiría

a las autoridades municipales conceder más fácilmen-

te el estatuto de agricultora a las mujeres que arriendan

y trabajan la tierra e invalidaría los títulos de propiedad que no mencionaran el nombre de la esposa. Agriculto- ras llegadas de toda la India –entre ellas muchas viudas de chacareros suicidas– reiteraron esta reivindicación en ocasión de una gran manifestación campesina ante

el Parlamento, el 20 de noviembre de 2017.

Mientras tanto, la emancipación de las mujeres ru- rales avanza a diferentes velocidades, en función de las particularidades de cada estado. En las regiones donde la crisis agrícola empuja a los hombres a migrar hacia las ciudades, o a poner fin a sus vidas, aparece sobre to- do como una necesidad. “Cada catástrofe es una chan- ce de avanzar: las mujeres aprovecharon la ocasión de los largos períodos de sequía para persuadir a sus familias de que ellas podían jugar un rol de líder”, ob- serva la jefa de proyecto de SSP, Naseem Shaikh, en su oficina de Osmanabad (Maharashtra). Desde hace tres años, la ONG sirve de intermediaria entre el gobierno

tres años, la ONG sirve de intermediaria entre el gobierno | 25 local y los grupos

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local y los grupos de agricultoras, a quienes facilita el acceso a la formación y a las subvenciones. “El traba- jo de las mujeres habla por sí mismo: cuando el dinero comienza a entrar, les da poder de negociación. La ob- tención de una cuenta bancaria y de un pedazo de tie-

rra vendrá naturalmente a continuación sin que haya

necesidad de forzar las cosas”. Anup Shengulwar, uno

de los jefes administrativos del distrito, comparte su

entusiasmo: “Según el número de mujeres propieta-

rias, estamos todavía atrasados respecto de los estados del sur como Telangana o Andhra Pradesh, pero la

situación está cambiando. Aquí hemos sufrido mu- cho la sequía. Los hom- bres se desinteresan del trabajo agrícola, mientras que las mujeres quieren todavía cultivar la tierra. Entonces, tratamos de formarlas en la medida de lo posible. Y ya se observa

un aumento del nivel eco- nómico de los pueblos”. Un tercio de las agricultoras censadas por la SSP poseen ahora una parte del terreno familiar, pero, so- bre todo, han adquirido una existencia social. “An- tes, nadie me respetaba”, aporta Rekha Shinde, en el pueblo de Hinglajwadi. “Si yo quería 10 rupias [12 céntimos de euro], tenía que mendigarlas cinco días

seguidos y no tenía el derecho de salir de casa. Ahora, traigo 10.000 [125 euros] por mes a mi familia, y ayu-

dé a cuarenta mujeres a crear sus propias empresas”.

Signo de su nueva importancia dentro de la comu-

nidad, el grupo de ayuda mutua que ella preside dis- pone ahora de su propia sala de reunión, establecida por la alcaldía en el centro del pueblo. Los hombres son, quizás, los primeros beneficia- rios de este nuevo equilibrio: en los hogares donde

las mujeres tomaron las riendas no se ha reportado,

por el momento, ningún suicidio. “Antes, durante la

sequía, yo me sentía verdaderamente aislado”, con-

fía Vishnu Kumbhar, un hombre de unos 50 años de

cara marchita por el sol. Con sus 700 euros por mes y un premio nacional al microemprendimiento, su

esposa Kamal se volvió una celebridad en el distri- to de Osmanabad. Hija de un trabajador jornalero, educada en la pobreza, transformó seis hectáreas

de terreno a la salida de Hinglajwadi en chacra ex-

perimental y hoy va al trabajo en scooter. Depósito

de agua, incubadora eléctrica, estanque de algas pa-

ra alimentar a sus animales: a esta madre de dos hi-

jos nunca le faltan ideas. Su última jugada: la impor-

tación desde el estado vecino de Madhya Pradesh de cinco pollos kadaknath –una especie codiciada por su valor nutritivo–; ella los alimenta bajo la mirada cu-

riosa de los niños del pueblo. “Ahora, yo sigo sus con- sejos –dice sonriendo Kumbhar, con la mirada vuel- ta hacia su esposa–. Tengo la impresión de que con

mi apoyo, no hay límite a lo que ella puede hacer”. g

En Maharashtra, como en el resto de la India, las mujeres aportan más de la mitad de la mano de obra agrícola.

* Periodista. Traducción: Florencia Giménez Zapiola

mujeres aportan más de la mitad de la mano de obra agrícola. * Periodista. Traducción: Florencia

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26 | Desde la caída del régimen soviético, la religión dejó de ser “el opio del

Desde la caída del régimen soviético, la religión dejó de ser “el opio del pueblo”. Bajo el liderazgo de Vladimir Putin se han estrechado los lazos entre el Estado y la antes perseguida Iglesia ortodoxa, a la que se valora como garante de la unidad nacional, del patriotismo y de los valores tradicionales de “la Madre Rusia”.

La Iglesia ortodoxa en el corazón del Estado ruso

De opio a pilar de la Patria

por Anaïs Llobet*

Estado ruso De opio a pilar de la Patria por Anaïs Llobet* E l 25 de

E l 25 de mayo de 2017, bajo un gran sol, el patriarca Ciri- lo de Moscú y de toda Rusia inauguraba la nueva iglesia del monasterio Sretenski,

en el corazón de la capital. A su lado, el presidente Vladimir Putin, con cara so- lemne e impasible, observaba todos los ritos. Después le entregaba al patriarca un ícono de cuatrocientos años de anti- güedad, que representa a san Juan Bau- tista, el profeta que anunció la llegada de Jesús, y que hasta ese momento ocu- paba un lugar de honor en su oficina del Kremlin.Desde entonces está colgado sobre el altar del nuevo lugar de culto. Un patriarca ortodoxo junto a un jefe

de Estado ruso: la escena habría resulta- do extraña hace algunas décadas. Ubica-

da a algunos pasos de la Lubianka, el edi- ficio del Ministerio del Interior soviético, símbolo de la gran represión de los años 1930, la iglesia está dedicada a la memo- ria de los “mártires de la persecución an- tirreligiosa”. La decisión de consagrarla el año del centenario de las revoluciones de febrero y octubre constituye un “impor- tante símbolo”, destacó Putin, tomando la palabra luego de la ceremonia. “Sabemos cuán frágil es la paz civil. No tenemos que olvidarnos nunca cuán difícil es curar las heridas provocadas por las divisiones. És- ta es nuestra responsabilidad común: ha- cer todo lo que podamos para preservar la unidad de la nación rusa”. Aunque no había desaparecido completamente durante el régimen co- munista, la ortodoxia sale de un largo pe-

Sike (www.elsike.com)

ríodo de purgatorio. Después de la vio- lenta campaña antirreligiosa de los bol- cheviques contra un clero íntimamente ligado a la autocracia que ellos comba- tían, quedaban, en vísperas de la Segun- da Guerra Mundial, sólo 250 parroquias activas, contra 54.000 en 1914. Frente al avance de las tropas alemanas, Josef Sta- lin rehabilitó la Iglesia para apoyar la movilización general, en la larga tradi- ción de las guerras “sagradas” libradas por Rusia contra las invasiones bárbaras. “Hermanas y hermanos, un peligro mor- tal amenaza nuestra patria”, dijo en 1941 en un discurso que se volvió célebre. El reconocimiento del clero en 1943 se ope- ró sin embargo bajo el estricto control de la policía política y del Consejo para los Asuntos de la Iglesia Ortodoxa Rusa. To -

Edición 225 | marzo 2018

lerada para garantizar discretamente el ejercicio del culto, a la Iglesia se le pro- hibió todo tipo de intervención en la vi- da pública. Posteriormente, el desmoro- namiento de la URSS condujo a una cre- ciente cantidad de ciudadanos a volverse hacia Dios: sólo un tercio de los rusos se declaraban ortodoxos en 1991; en 2012 era el 74%, muy por delante de los mu- sulmanes, que representaban el 7% de las personas encuestadas (1).

Conveniencia mutua En estas condiciones, Estado e Iglesia operaron un acercamiento que ambas

partes consideran provechoso. “Después de estas décadas de marginación –explica Andrei Beglov, uno de los especialistas en

la Iglesia ortodoxa más respetados de Ru-

sia–, la Iglesia busca aumentar su visibili-

dad y su influencia en los sectores que más le importan: la familia, la cultura, la edu- cación, la procreación, las costumbres”. No sin conseguir algunos logros. Gracias al lobby de militantes orto- doxos, una reforma escolar volvió obli- gatorio un curso sobre los “fundamen- tos de las culturas religiosas y de la éti- ca laica”. Desde 2012, los padres de los alumnos pueden optar por un módulo adaptado a su fe, aunque en los hechos esta decisión no sea siempre respeta- da por falta de recursos. El patriarcado también puede contar con la amistad de la nueva ministra de Educación, Ol- ga Vassilieva. Esta célebre historiadora de la Iglesia ortodoxa, cercana al archi- mandrita Tijon Shevnukov, está a favor del aumento de la cantidad de horas consagradas a los estudios religiosos. La Iglesia tiene también entrada en el Ministerio de Salud. Regularmente invi- tados a las comisiones sobre la salud de los ciudadanos, algunos obispos dan su opinión acerca de las políticas sanita- rias. Durante una de estas reuniones, en octubre de 2015, el obispo Panteleimon Shatov le explicaba a la ministra Vero- nika Skvortsova que el virus del sida te- nía “una causa social y moral, o más bien inmoral”. La única manera de luchar contra la enfermedad era, según él, “la promoción de valores morales sanos”. Los poderes públicos subvencionan hogares para mujeres embarazadas y pa- ra jóvenes madres dirigidos por asociacio- nes ortodoxas, a imagen de la Casa para las Madres ubicada en el centro de Moscú. “La decena de mujeres que recibimos se negaron a abortar a pesar de la presión de su pareja o de su difícil situación econó- mica”, se enorgullece la directora, Maria Studenikina, cuyo dulce rostro se endure- ce cada vez que evoca esos “asesinatos en masa”. Para esta joven mujer de 29 años, “ser ortodoxo es ser patriota y amar a Ru- sia; es negarse a matar a sus futuros hijos, que se convertirán en soldados y que la

Putin –agrega– escucha

defenderán (

mucho a nuestro patriarca”. En 2014, la Iglesia logró hacer fraca- sar un proyecto de reforma de la justi- cia de menores que apuntaba a introdu-

cir el principio de un fuero especial y un acercamiento menos punitivo, princi- palmente con soluciones de sustitución

a las penas de prisión. En nombre de la

defensa de la unidad familiar, también consiguió enterrar una legislación sobre

la tutela social, un dispositivo de ayuda

a los padres en dificultades que preten-

día prevenir que se mandara a los niños a instituciones especializadas. De todas maneras, sería acaso erró- neo afirmar que es capaz de imponer su línea política al poder ruso. Por una par- te, el patriarca se ve superado por el acti- vismo de algunos grupos ultraortodoxos. El otoño boreal pasado, éstos dificulta-

)

ron el estreno de Matilda, una película de Alexei Uchitel que cuenta el romance del zar Nicolás II, canonizado en 2000, con una bailarina del Bolshoi; obliga- ron a dos de las cadenas más importan- tes de salas a que sacaran la película de su programación. Luego de la condena de las Pussy Riot, un grupo feminista cu- yos tres miembros entonaron en 2012 un rezo punk en la catedral del Cristo Sal- vador de Moscú, el patriarcado celebró la adopción de una ley que instituyó el

delito de “ofensa a los sentimientos reli- giosos de los creyentes”. Incómodo por las espectaculares acciones que este re- conocimiento de un delito de blasfemia pareció autorizar, el metropolita Hila- rión, presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del patriarcado de Moscú, se pronunció “in- condicional y categóricamente en con-

tra de todo llamado a la violencia (

) Al

mismo tiempo –agregó–, no puedo y no quiero de ningún modo estar del lado de quienes defienden el film” (2).

Primero, el Estado Por otra parte, las posiciones que defien- de la institución religiosa no necesaria- mente ganan. La interrupción volunta- ria del embarazo, legal desde 1920 en Rusia –salvo por un corto período con

Stalin–, sufre repetidos ataques por par- te de la Iglesia. En septiembre de 2016, el patriarca Cirilo firmaba una petición en la que llamaba a “terminar con la muer- te legal de niños antes de su nacimiento”

y exigía “enmiendas legislativas” para

prohibir la pastilla del día después. Pe-

ro estas maniobras no tienen efecto. En Rusia, así como en Francia, una mujer puede decidir abortar hasta la duodé- cima semana de embarazo. Los retroce- sos legislativos conciernen a las excep-

ciones posibles más allá del plazo legal.

A partir de la decimotercera semana, el

aborto sólo está permitido en caso de violación, mientras que, hasta 2012, los criterios sociales como pobreza o encar- celamiento del padre podían ser consi- derados. “Sin nosotros, no se habría te- nido noticia de estos asesinatos. Ahora bien, gracias a este diálogo que nosotros llevamos a cabo para su prohibición, los abortos en Rusia han disminuido a la mi- tad [desde hace cuatro años]”, se com- place en afirmar el padre Dimitri Smir- nov, nuevo vocero de la Iglesia ortodoxa, olvidándose de que esta cifra especta- cular también se explica por un mejor acceso a los métodos anticonceptivos y por una mayor consideración del cuida- do de la salud en las mujeres. Según una

encuesta del centro Levada llevada a ca- bo en 2018, el 35% de las personas en- cuestadas consideraron al aborto como “chocante”, incluso en el caso en que la familia no pueda satisfacer las necesida- des del niño. En 1998, ésta era la opinión del 18% de los encuestados. Además, la recuperación de influen- cia de la Iglesia en la vida política no se ve acompañada por un aumento de la devoción. Cerca del 30% de las perso- nas que se declaran ortodoxas afirma no creer en la existencia de Dios (3). Só- lo el 3% va a la iglesia al menos una vez por semana, prácticas comparables a las que se observan en Francia entre los ca- tólicos (4,5%), y muy por detrás de las de los protestantes en Estados Unidos (48%) (4). La falta de iglesias ubicadas

a una distancia razonable explica sólo

en parte esta baja frecuentación: las de Moscú, que son muchas, suelen estar,

a pesar de todo, vacías. Es el caso de la

iglesia San Pimén, en el norte de la ca- pital. El domingo es normal que los po- pes den misa sólo ante una veintena de

abuelas. “De todas formas, es más que en la época soviética, ¿sabe?”, se alegra sin embargo Maria Lizevskaia, cubierta con una pañoleta con motivos tradicionales que le esconde los blancos cabellos. A los 67 años, la jubilada no falta nunca a misa, pero nota que los jóvenes no asisten a la llamada. Practican su fe de otra manera, espera ella. De hecho, Ilia Stoniakine, diseñador gráfico independiente, sólo va a la iglesia una vez al año, para la Pascua ortodoxa. Sin embargo se considera a sí mismo re- ligioso: lleva colgada una cruz, obser- va la Cuaresma y… se tatuó en la espal- da una inmensa Virgen María hace seis meses. “Lo hice un poco como un de- safío, porque vengo de una familia atea que considera que la religión es el opio del pueblo”, explica, en referencia a Karl Marx. Él ve con buena cara la cercanía entre el presidente y el patriarca. Por- que, para él, la Iglesia es el “garante mo- ral” de la vida política rusa. Aunque una mayoría de rusos se de- finen como ortodoxos, este calificativo traduce menos una convicción religiosa que la afirmación de pertenencia a una nación. De donde se deduce el acerca- miento con el patriarca desde el punto de vista de un Estado interesado, desde 1991, en instalar las bases ideológicas de un Estado-nación. Después de todo, desde Pedro el Grande, quien, en 1721, destituyó al pa- triarca en pos de un colegio de dignata- rios –el Santo Sínodo– nombrados por él, el poder temporal ruso domina al po- der religioso. La ortodoxia está defini- da como un componente de la identi- dad nacional, como fue teorizada por el conde Sergei Uvárov. “Ortodoxia, au- tocracia y principio nacional”: este mi- nistro de Educación del zar Nicolás I (1825-1855) veía en esta tríada el corazón de la rusidad, en una época en la que bus- caba proteger a su país de una contamina- ción de las ideas de la Revolución France- sa, “libertad, igualdad, fraternidad”.

“Sinfonía de los poderes” Ya en 1997, bajo la presidencia de Bo - ris Yeltsin, se infringió por primera vez el principio de laicidad afirmado en la Constitución de 1993: una ley “reconoce el rol especial de la ortodoxia en la his- toria de Rusia, en la evolución y el desa- rrollo de su espiritualidad y su cultura”. Le concede una preeminencia a la orto- doxia e instaura, en otros términos, un “pluralismo jerarquizado”, según la de- finición de Alejandro Agadjanian, espe- cialista de las religiones en Moscú (5). Durante sus dos primeros manda- tos presidenciales (2000-2008), Putin se presentaba como un buen gestor sin ideología. Atemperó en ese entonces las ambiciones de la Iglesia, a la cual se le re- chazó la creación de un impuesto para financiar el culto e incluso un canal de televisión federal (6). El “rol especial” de la ortodoxia se concretó en la presi- dencia de Dmitri Medvédev, cuyo prin- cipio de mandato estuvo marcado por la muerte del patriarca Alexis II, a fines de 2008. Su sucesor, Cirilo, intentó en- tonces rehabilitar el modelo de la “sin- fonía de los poderes”, establecido por el emperador bizantino Justiniano en el siglo VI. Según esta concepción, los po- deres temporal y espiritual se deben cooperación y apoyo mutuo. Medvédev respondió, en un mensaje de felicitación al nuevo patriarca, llamando a un diálo- go con la Iglesia para “el desarrollo del país y la consolidación de los valores es- pirituales”, según él indisociables. Rápidamente, bajo el impulso de Medvédev y Putin, convertido en su

primer ministro, la Iglesia recibió im- portantes rebajas fiscales sobre sus co- losales ingresos: 5.600 millones de ru- blos (76 millones de euros) en 2014 (7), gracias a las donaciones de los fieles y de ricos mecenas, pero también a ven- tas parroquiales de íconos, cirios, obje- tos decorativos y tortas. Mientras Rusia era golpeada por una crisis económica internacional, Medvédev tampoco du- dó en desembolsar 6.000 millones de rublos entre 2008 y 2010 para la cons- trucción de iglesias en todo el país. Y en

La ortodoxia está definida como un componente de la identidad nacional, como fue teorizada por el conde Uvárov.

2010 el Estado se comprometió a resti- tuir más de 6.400 propiedades confisca- das por las autoridades soviéticas. Como contrapartida, el patriarca Cirilo aceptó apoyar el programa de “modernización” lanzado en la presidencia de Medvédev, que combinaba un relanzamiento de las privatizaciones en las grandes empre- sas en manos del Estado y la apertura del juego electoral a más fuerzas políticas. “La Iglesia ayuda al Estado porque con eso obtiene beneficios, pero también hay que decir que no tiene mucha elección –matiza Alexandre Verkhovski, al frente del centro moscovita Sova, que produce estudios sobre la tolerancia religiosa y la xenofobia–. No es una relación igualita- ria: el Estado tiene el control”. Esta relación de ayuda mutua –asimé- trica– se definió con el regreso al poder de Putin. Reelegido en 2012, después de una campaña llena de manifestaciones de una amplitud nunca vista desde su prime- ra elección, en marzo de 2000, el jefe de Estado decidió movilizar a la población ya no en torno a su persona, sino en torno a un principio fuerte e irrefutable: la defen- sa de los valores rusos tradicionales con- tra un Occidente que, según Moscú, bus- ca cercar militarmente a Rusia y derrocar a los regímenes que no se corresponden ni con sus permisivos valores ni con sus intereses geopolíticos. “Sin los estánda- res morales formados durante milenios, la gente perderá inevitablemente su dig- nidad humana”, afirmaba en el Club Val- dai en 2013, antes de aclarar un año más tarde ante la misma asamblea: “Para que la sociedad exista, conviene fomentar (…) el respeto de nuestras tradiciones y de las grandes religiones”. El padre Smirnov se alegraba con esta ofensiva presiden- cial. “¿Cómo un ruso, un ortodoxo, puede aceptar el matrimonio homosexual? ¡No! ¡Rusia y la Iglesia no lo pueden aceptar! –remarcó ante nosotros–. Nuestro presi- dente tampoco”. Ingrediente del patriotismo, la orto- doxia también provee un excelente me- dio de proyección de Rusia hacia fuera de sus fronteras. El patriarcado de Mos- cú presume contar con 150 millones de fieles en el mundo, y particularmente en los márgenes del ex Imperio ruso. Des- pués de la anexión de Crimea, donde se encuentra la muy estratégica base naval rusa de Sebastopol, Putin recordó que la península vio el bautismo de san Vladi- mir, “un bautismo ortodoxo que deter- minó las nociones básicas de la cultura,

que deter- minó las nociones básicas de la cultura, | 27 de los valores y de

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de los valores y de la civilización de los pueblos ruso, ucraniano y bielorruso”. La convergencia de visiones entre Ci- rilo y el jefe de Estado sin embargo no es siempre perfecta, sin que eso cons- tituya una desventaja para el Kremlin. La preocupación de Cirilo por cuidar a la importante comunidad ortodoxa de Ucrania lo convierte en un puente en- tre Kiev y los rebeldes separatistas del Donbass apoyados por Moscú. El 27 de diciembre pasado, la mediación del pa- triarca de Moscú desembocó en un in- tercambio de más de trescientos prisio- neros de uno y otro lado del frente.

A fines de 2016, la inauguración en

París del Centro Espiritual y Cultural Ortodoxo permitió que centellearan las cúpulas ortodoxas en el corazón de una capital occidental, al pie de su mo- numento más emblemático, la torre Ei- ffel. Según la investigadora Marlène La- ruelle, la construcción de este conjunto, que comprende una catedral, una escue-

la y un centro cultural, le costó a Moscú 150 millones de euros y confirmó “la ins- trumentalización de la ortodoxia como elemento del soft power ruso” (8).

El Estado tiene las cartas en la mano,

pero “la situación puede derrapar rápi- do”, estima Boris Vichnevski, diputado de la Duma en San Petersburgo, al fren- te del movimiento que se opone al tras- paso a la Iglesia ortodoxa del derecho de usufructo de la catedral de San Isaac. Transformada en museo del ateísmo por Stalin, después en museo de historia y de arte en 1937, la catedral es uno de los principales destinos turísticos de la ciu- dad. Genera importantes ingresos (12,5 millones de euros en 2016), que ahora pasarían a quedar en manos de la Igle- sia, aunque el mantenimiento del edifi- cio siga a cargo del Estado. “No entien- do por qué el Estado le hace favores a la Iglesia ortodoxa”, declara Vichnevski. Es, según él, “un juego extremadamente peligroso”: al privilegiar la ortodoxa por encima de las otras religiones, el Estado se arriesga a eliminarlas eventualmente, a excluirlas del contrato social ruso. “Lo esencial no es la influencia de la Iglesia en las prácticas de la vida cotidiana –des- taca la investigadora Kathy Rousselet, especialista de la Iglesia ortodoxa en Ru- sia– sino su capital simbólico”. Mientras el Estado la necesite en su calidad de de- fensora de los valores tradicionales, “el poder les hará reverencias a los eclesiás- ticos”, predice por su parte Vichnevski. “Esta fecundación cruzada podría dar a luz un monstruo”. g

1. Encuesta del centro de estudios

Levada, Moscú, diciembre de 2012.

2. Jacques Berset, “Le film Matilda, réprouvé par

l’Église, réveille les extrémistes orthodoxes”,

Portail catholique suisse, 25-9-17, www.cath.ch

3. Boris Dubin, “Formes de la foi orthodoxe en

Russie contemporaine”, conferencia en el Centro Carnegie, Moscú, carnegie.ru, junio de 2012.

4. Instituto Sreda, agosto de 2012; encuesta

IFOP para La Croix, París, 2009; Pew Research Center, Washington, DC, 2014.

5. “Pluralisme religieux et identité nationale en

Russie”, International Journal on Multicultural Societies, vol. 2, N° 2, Unesco, París, 2000.

6. Régis Genté, “Russie: l’Église orthodoxe, l’État

et la société. Entretien avec Nikolaï Mitrokhine”, Religioscope, enero de 2014, www.religion.info

7. Encuesta del diario ruso RBK ,

Moscú, febrero de 2016.

8. Marlène Laruelle, “Le soft power russe

en France: la paradiplomatie culturelle et d’affaires”, Carnegie Council for Ethics in International Affairs, Nueva York, 8-1-18.

* Periodista. Traducción: Aldo Giacometti

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28 | Tras largas negociaciones, el presidente sudafricano Jacob Zuma, involucrado en varios escándalos de corrupción,

Tras largas negociaciones, el presidente sudafricano Jacob Zuma, involucrado en varios escándalos de corrupción, renunció el pasado 14 de febrero. El Congreso Nacional Africano, verdadero partido- Estado, enfrenta graves tensiones internas que debilitan una hegemonía adquirida con el fin del apartheid, en 1991.

Fuertes conflictos en el interior del partido gobernante

Tormenta sobre Sudáfrica

por Sabine Cessou*

C onocido por haber sido el primer millonario negro de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa fue elegido, el 18 de diciembre de 2017, presidente del Congreso

Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés). Muy probablemente será el próxi- mo presidente de la República, en 2019, tras el interinato que ejerce desde la renuncia forzada de Jacob Zuma por corrupción, el 14 de febrero pasado. El tumultuoso reco- rrido de este veterano de la lucha contra el apartheid se explica en gran medida por los engranajes y la particular cultura política del partido político más antiguo de África. De filiación socialdemócrata, miembro de la Internacional Socialista, el ANC es, al igual que el Frente de Liberación Nacio- nal (FLN) en Argelia o la Unión Nacional Africana de Zimbabue –Frente Patriótico (ZANU-PF)–, uno de esos antiguos movi- mientos de liberación nacional que partici- paron en la lucha armada antes de llegar al poder. A pesar de sus tensiones internas, los escándalos de estos últimos años y la caída en sus resultados electorales desde 2014, esta máquina sofisticada, aferrada a sus re- glas de funcionamiento democráticas, si- gue teniendo el control en Sudáfrica (1). Fundado en 1912, durante la coloniza- ción británica, para enfrentar la expolia- ción de las tierras ocupadas por la mayoría negra, el ANC atravesó el siglo XX reno- vándose constantemente. Le dio al mun- do no occidental su primer Premio Nobel de la Paz, mucho antes de Desmond Tutu (1984) y Nelson Mandela (1993): en 1960, su presidente Albert Lutuli, reverendo zulú pacifista, fue galardonado tras la es- trepitosa masacre de Sharpeville. Sesenta y nueve personas que se manifestaban con- tra los pass (pases), impuestos a los negros para circular por la ciudad, fueron enton- ces asesinadas a quemarropa por la policía. Prohibido inmediatamente después, al mismo tiempo que el Congreso Pana- fricano (PAC) y el Partido Comunista Su- dafricano (SACP), el ANC, legalista y no violento en sus comienzos, pasó a la lucha armada recién en 1961. Para muchos, esto significó la clandestinidad y el exilio. Bajo la dirección de Oliver Tambo, los exiliados se organizaron desde Lusaka, en Zambia, donde el partido estableció su sede. Otros militaron desde el interior contra el régi- men racista, como Ramaphosa y toda la “generación perdida”, que se lanzó a la lu- cha contra el apartheid bajo la bandera del ANC y su brazo armado, tras las protes- tas estudiantiles del 16 de junio de 1976 en Soweto, sangrientamente reprimidas. Es- tos militantes se reunieron en 1983 bajo el

reprimidas. Es- tos militantes se reunieron en 1983 bajo el Presidente interino Cyril Ramaphosa, Ciudad del

Presidente interino Cyril Ramaphosa, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 11-2-18 (Mike Hutchings/ Reuters)

estandarte del Frente Democrático Unido (UDF), la cara legal del ANC en el interior del país, agrupando a las asociaciones, las iglesias y los sindicatos no prohibidos. Las relaciones entre el UDF y los exiliados del ANC fueron constantes y orgánicas, pero marcadas por una sospecha: los segundos querían conservar el mando, y llegarían a preguntarse si el propio Mandela no había traicionado la causa cuando comenzó a ne- gociar solo, en prisión, a partir de 1986, con los nacionalistas afrikaners.

La conquista de la hegemonía Con el fin del apartheid en 1994, el ANC, reconocido por años de lucha y gozando del prestigio de Mandela, primer presi- dente negro elegido de la nueva Sudáfrica, se volvió hegemónico. Ganó elección tras elección. El “camarada” Mandela se lo ha- bía confiado a sus íntimos sin decirlo nun- ca abiertamente: antes que Thabo Mbeki, habría preferido que fuera Ramaphosa, de

42 años en 1994, quien lo sucediera al tér- mino de su primer y único mandato pre- sidencial, en 1999. Entre 1982 y 1992, es- te jurista de formación, hijo de un policía, que creció en Soweto, había transformado el Sindicato Nacional de Mineros (NUM) en una organización de masas con más de 200.000 afiliados. Negociador excepcio- nal: lo demostró en las muy difíciles discu- siones con el Partido Nacional de Frederik de Klerk en torno a la transición post-apar- theid . A los ojos de Mandela, presentaba también la ventaja de pertenecer a una et- nia minoritaria del norte de Sudáfrica, los venda. Esta elección habría resuelto así, evitándola, la cuestión del equilibrio entre zulúes y xhosas, los dos grupos dominan- tes (alrededor del 20% de la población cada uno). Un objetivo político delicado, tenien- do en cuenta la negativa del ANC de jugar la carta racial, manipulada continuamente por el régimen del apartheid: para dividir a la mayoría negra, los dirigentes hacían hin-

Edición 225 | marzo 2018

capié en la violencia entre los nacionalistas zulúes del Partido de la Libertad Inkatha (IFP) y los militantes del ANC, que carac- terizó toda la transición (1990-1994). Ramaphosa ponía en peligro lo que se describíaveladamente,puertasadentrodel ANC, como la “Xhosa Nostra”, es decir, la influencia de los xhosas, la etnia de Mande- la, Tambo y Walter Sisulu, en el aparato del partido. Histórica, esta dominación se de- bía a la presencia de la Universidad de Fort Hare en el país xhosa, antiguo Transkei y actual Provincia Cabo Oriental. La institu- ción británica, que quería formar cuadros negros, produjo a su pesar los héroes de las independencias del África austral, co- mo Mandela, pero también como Kenneth Kaunda (Zambia) y Robert Mugabe (Zim- babue). Como inzile, militante del interior que permaneció en Sudáfrica para luchar frontalmente contra el régimen racista, Ra- maphosa desafiaba también al bando me- nos numeroso de los “exiliados”. Evitando toda autocracia, Mandela se había limitado a observar las disputas que libraban los candidatos a sucederlo. Co- nocedor de los secretos del partido y hábil maniobrista, Mbeki se impuso en 1994 en

la vicepresidencia del ANC, y del país. Ra-

maphosa había tomado entonces distan- cia de la política y reciclado su talento en los negocios, siendo uno de los miembros menos locuaces pero más populares del Comité Ejecutivo Nacional –la instancia de decisión más alta del ANC, que posee 86 miembros, la mitad de los cuales son mujeres conforme al estatuto–. Una regla no escrita exige que un can- didato a la presidencia ascienda sucesivos escalones: elección por parte de las bases

a la vicepresidencia del ANC, seguida de

una designación automática a la vicepre- sidencia de la República, luego una con- firmación a la presidencia del partido du- rante su congreso quinquenal, que, desde 1967, se celebra dos años antes de las elec- ciones legislativas. El presidente es luego elegido por el Parlamento, donde el ANC goza de una abrumadora mayoría des- de 1994. Este dispositivo inaugurado por Mandela ofrece a la vez visibilidad y expe- riencia al candidato designado (2).

El oportunismo de Zuma Pero, en su lucha por el poder, Mbeki to- mó una decisión llena de consecuencias. Respaldó a Jacob Zuma, ex jefe de inteli- gencia del brazo armado del ANC, como su vicepresidente predefinido, en 1997, para desechar perfiles de presidenciables más creíbles. Luego, tras su propia reelección, en 2004, para un segundo mandato pre- sidencial, y tres años antes de un congre- so del partido previsto para fines de 2007, abrió los “archivos”. En 2005, se inició un proceso por corrupción contra Zuma por los sobornos que habría cobrado durante la negociación de jugosos contratos para la compra de armamento en 1998. Un pro- ceso por violación, tras una denuncia rea- lizada en 2006 por una joven, “amiga de la familia” Zuma, fue presentado por el acu- sado como otra maniobra política. Muy tensa, la conferencia del ANC en Polokwane, en 2007, vio cómo los bandos de Zuma y Mbeki se destrozaban por cues- tiones a la vez personales y políticas. Con sus cantos de lucha contra el apartheid , Zuma recurrió a un registro populista pa- ra desmarcarse de Mbeki, considerado de- masiado refinado y distante respecto de las masas. También sacó provecho de las frustraciones del ala izquierda del partido frente a la eclosión de una burguesía negra ligada al poder y a la gestión neoliberal del país, en un contexto de crecimiento econó- mico, pero de desempleo (27% de trabaja- dores activos) y pobreza (42% de la pobla- ción) persistentes. La pulseada se saldó con

la victoria de Zuma, impulsada por un vasto movimiento denominado “Los amigos de JZ”. Éste agrupaba a todos los decepciona- dos con la “Thabocracia”, el ala izquierda del ANC, aferrada a un ideal socialista de redistribución de las riquezas, y electores seducidos por promesas firmes de creación de medio millón de empleos. Un compro- miso incumplido debido a la crisis finan- ciera internacional, a fines de 2008, pero también a la gestión imprecisa de Zuma y una corrupción que se tornó endémica. El único mercado emergente del continente africano fue degradado a partir de 2015 por las agencias de calificación internacionales debido a sus perspectivas “negativas”. A la depreciación continua del rand, la moneda nacional, se sumó una recesión en 2017.

El partido sigue siendo la clave En diciembre último, el futuro de Sudáfrica se siguió jugando en el congreso del ANC, y no en otra parte. Una diferencia de 179 votos en 4.708 se produjo en favor de Ramaphosa, frente a Nkosazana Dlamini Zuma, ex espo- sa –aún muy cercana– de Zuma, ex minis- tra de Relaciones Exteriores y ex presidenta de la Comisión de la Unión Africana. Rama- phosa, cuyo programa se resume en pocas palabras –“el regreso a los valores origina- les de los fundadores del ANC”, lejos de la corrupción, el clanismo y el populismo del régimen Zuma– puso fin a las angustias de los sudafricanos sobre la impunidad previ- sible del presidente saliente si ganaba su ex mujer. Estos valores sustentan la Carta de la Libertad, adoptada en 1955 por toda la opo- sición existente entonces en el país: 3.000 delegados, entre ellos 300 indios, 200 mes- tizos y un centenar de blancos. El ANC só- lo era entonces uno de sus signatarios, antes

de convertirla en su programa político. Este texto fundacional incluye un ideal preciso:

el sufragio universal, la igualdad de oportu- nidades y la “democracia multirracial”, por la cual varias generaciones de sudafricanos hicieron demasiados sacrificios como para olvidarlatanrápidamente. Convertido en un partido de masas al finalizar el apartheid, en 1991, e integrado hoy por 700.000 miembros, el ANC sigue siendo el crisol de las dinámicas políticas más importantes en Sudáfrica. Valiéndose de su legitimidad histórica, representa a la vez una garantía de estabilidad para una de las democracias más jóvenes de África y su principal debilidad, debido a su hegemo- nía. Sus dirigentes, que son también minis- tros y gobernadores provinciales, contro- lan la designación de todos los puestos im- portantes –hasta en el sector privado– y los contratos públicos. Sus desvíos son pues susceptibles de arrastrar a todo el país. A pesar de los escándalos y las nume- rosas y tumultuosas reuniones del Comité Nacional Ejecutivo, el jefe de Estado sigue siendo apoyado por el aparato del partido, al que controla desde el interior, especial- mente en su feudo de KwaZulu-Natal. En la culturapolíticadelANC,“laorganización”, como la llaman sus militantes, importa más que las personas. Lo que era una necesidad vital bajo el apartheid, para resistir a la re- presión, permitió al partido sobrevivir cua- lesquiera sean sus jefes, produciendo sin cesar nuevos dirigentes a través de sus “ra- mas” (el equivalente a las “secciones” so- cialistas o las “células” comunistas). En ca- da congreso, las cartas se reparten nueva- mente. La ajustada elección de Ramaphosa para la presidencia del ANC por parte de los representantes de sus “ramas” puede

interpretarse, tal como lo explica el poli- tólogo sudafricano William Gumede, co- mo una “reacción de las bases para salvar lo que aún puede salvarse”. Ya que el partido sale dañado de las eras Mbeki y Zuma, tras haberse obtenido la dimisión de este último recién después de nueve mociones de censura del Parlamen- to, el 14 de febrero. Sus resultados comen- zaron a caer, pasando de 65,9% en 2009 a 62,15% en 2014, y a menos de 54% durante las municipales de agosto de 2016. Esta lla- mada de atención vio al ANC perder tres grandes ciudades: Johannesburgo, Pre- toria y Puerto Elizabeth. La competen- cia de la oposición se torna cada vez más dura. En la centroderecha, la Alianza De- mocrática (22,23% de los votos en 2014 y 26,9% en 2016), agrupación mayoritaria- mente blanca y mestiza en vías de desra- cialización, está dirigida desde 2014 por un joven negro, Mmusi Maimane. Con- voca prometiendo hacer lo que el ANC no ha logrado: “luchar contra las desigualda- des y redistribuir las riquezas”; el ingreso de los hogares negros es seis veces menor (6.600 euros por año en promedio según Statistics SA) que el de los hogares blan- cos (36.500 euros). En la izquierda, los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), un partido fundado en 2013 por el disidente del ANC Julius Malema (6,35% de los votos en 2014 y 8,19% en 2016), rei- vindica la nacionalización de las minas –9% del PBI– y la expropiación de unos 50.000 granjeros blancos (la agricultura representa el 2,5% del PBI), según el mo- delo del Zimbabue de Mugabe. El ANC se ve además atravesado por fuertes tensio- nes internas. El gran sindicato negro de los metalúrgicos (NUMSA), excluido en 2014

negro de los metalúrgicos (NUMSA), excluido en 2014 | 29 del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU,

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del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU, aliado histórico del ANC) por sus críticas virulentas al poder, amenaza con fundar un partido de trabajadores in- dependiente. Designado presidente interino tras la renuncia de Zuma, el 14 de febrero de 2018, Ramaphosa, ex líder sindical y prin- cipal accionista de McDonald’s en Sudá- frica, debe agrupar en torno a un viejo es- logan, “Una vida mejor para todos”, que suena un poco vacío. Promete sin embar- go escuela gratuita para los hogares que cobran menos de 22.800 euros por año, la redistribución efectiva de las tierras, la creación de una comisión investigadora sobre la corrupción, así como una política económica liberal concebida para atraer a los inversores y reanudar el crecimiento. A largo plazo, el futuro sigue siendo sin embargo incierto, en la medida en que el ANC no produjo una clara ruptura con la década Zuma. En efecto, eligió para su vicepresidencia al muy controvertido David Mabuza, de 57 años, designado en 2009 gobernador de la provincia de Mpu- malanga en recompensa por su apoyo a Zuma. Un camino por recorrer, ya que también está acusado de corrupción, e in- cluso sospechado de estar involucrado en crímenes políticos. g

1. Véase “L’Afrique du Sud lassée de ses libérateurs”,

Le Monde diplomatique, París, junio de 2017.

2. Cf. Raphaël Porteilla, Judith Hayem, Marianne

Séverin y Pierre-Paul Dika (dirs.), Afrique du Sud.

20 ans de démocratie contrastée, L’Harmattan, col. “Études africaines”, París, 2016.

* Periodista. Traducción: Gustavo Recalde

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30 | Arabia Saudita busca impedir la eclosión de un movimiento democrático en la región y

Arabia Saudita busca impedir la eclosión de un movimiento democrático en la región y combatir la influencia de su rival iraní. El nuevo poder multiplica sus iniciativas, la mayoría de las cuales acaban en fracaso: no logra favorecer la derrota militar del régimen de Al-Assad en Siria, al tiempo que se hunde en el conflicto en Yemen.

Avatares de la política exterior de Arabia Saudita

Impasse saudí en Medio Oriente

por Gilbert Achcar*

Saudita Impasse saudí en Medio Oriente por Gilbert Achcar* L a clave de la especificidad de

L a clave de la especificidad de Medio Oriente no es el Islam, sino el petróleo. La riqueza de la región del Golfo arabo-iraní impulsó al Imperio británico a

crear o a consolidar entidades artificia- les en diversos grados en el flanco árabe. Los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) (1) tienen la particularidad de que los extranjeros constituyen la mayoría de su fuerza de trabajo. En gran parte de éstos (Arabia Saudita, Omán, Kuwait, Bahréin, Emi- ratos Árabes Unidos y Qatar), los ex- tranjeros son la mayoría de la población. Llegan casi al 90% en Qatar y los Emira- tos Árabes Unidos.

Fuerzas especiales de Arabia Saudita, Riad (Fahad Shadeed/Reuters)

Al explotar y revivir el legado del tri- balismo, el Imperio británico transfor- mó a los grupos clánicos en “familias reinantes”, que instalaron poderes ab- solutistas de tipo patrimonial de los que esperaba ser la potencia tutelar hasta el agotamiento de sus recursos hidrocar- buríferos. Esta riqueza llevó a Estados Unidos a actuar del mismo modo con su más antiguo protectorado de facto en la región: el reino saudí. El líder del “mun- do libre” mantuvo al estado más antide- mocrático, más misógino y más integris- ta del planeta, el único donde el Corán y la sunna (tradición) son la Constitución. La extrema autonomía del Estado que permite la renta petrolera y gasí-

fera posibilitó que se perpetuaran los sistemas arcaicos, anclados en ins- tituciones estatales y economías ca- pitalistas contemporáneas. El poder no obedece allí a la racionalidad so- cioeconómica habitual –la de los sis- temas políticos en los que los intere- ses de una clase capitalista o de una capa burocrática delimitan las posi- bles elecciones– porque está más con- centrado: cuanto más restringido es el círculo dirigente, que dispone de un tesoro natural para el financiamiento de un Estado al que considera como su propiedad privada, menos obedece a fuerzas estructurales, al tiempo que se acrecienta su margen de maniobra.

Edición 225 | marzo 2018

En semejantes circunstancias, sus de- cisiones pueden tomar giros brus- cos que dan la impresión de cambios erráticos y caprichosos. Allí donde las grandes máquinas estatales, como los navíos, giran lentamente, los poderes estatales ultraconcentrados están su- jetos a giros abruptos, como las lan- chas con motor fuera de borda. Dos países de la región del Golfo es- caparon a la configuración sociopolí- tica que comparten los demás porque estaban dotados de civilizaciones ur- banas muy antiguas y heredaron po- blaciones más numerosas y sociedades más desarrolladas: Irán e Irak. Resul- tan ser los únicos dos países de la re- gión en los que la monarquía fue derri- bada. En Irak, esto llevó a la constitu- ción de un régimen patrimonial “repu- blicano”, dirigido con mano dura por una familia reinante que reproducía los defectos de las monarquías absolu- tistas, hasta que fue derrocada en 2003 tras la invasión conducida por Estados Unidos. En Irán, la situación condujo al surgimiento del único estado estric- tamente teocrático (salvo por el Vati- cano). A diferencia de sus vecinos del Golfo, Irán se rige por instituciones y leyes, y no por una familia, aunque el Guía Supremo goce de un poder exor- bitante (2). Bien visto, es el único Es- tado de la zona que actúa en virtud de una estrategia coherente, fácilmente identificable: el expansionismo de los guardianes de la revolución y la exa- cerbación de la tensión regional que produce refuerzan la legitimación de su poder (3).

Configuración geopolítica del Golfo El marco en el que se inscribe la diná- mica geopolítica actual del Golfo estu- vo determinado por el nacimiento de la República Islámica de Irán en 1979. La revolución iraní provocó un gran temor en el seno de las monarquías árabes ve- cinas, principalmente porque Estados Unidos estaba en el punto más bajo de su declive post-Vietnam y paralizado frente a numerosos desafíos que sur- gieron ese mismo año: la revolución en Nicaragua, la invasión soviética de Afganistán. La ofensiva de Irak contra Irán en 1980 permitió que Washington y sus aliados regionales salieran del pa- so: facilitaron la destrucción mutua de los dos estados agitadores. Esta guerra terminó en “empa- te”, al cabo de ocho años de masacres inauditas (cerca de un millón de muer- tos, según la estimación más corrien- te). Al no obtener la anulación de las deudas que había acumulado con sus financiadores de los fondos monárqui- cos, Saddam Hussein decidió obtener- los por sus propios medios apropián- dose de Kuwait en agosto de 1990. Al hacerlo, le dio a Washington una exce- lente ocasión para matar dos pájaros de un tiro: recuperar sus fuerzas en el terreno del Golfo por primera vez desde 1962 –fecha de la evacuación de la base estadounidense de Dahrán, en la región petrolera del reino saudí, ba- jo la presión del Egipto nasserista–, y confirmar a sus aliados, rivales y ene- migos planetarios la supremacía (“in- dispensable” o inevitable) de Estados Unidos en la posguerra fría, en el mo- mento en que el bloque soviético se derrumbaba. La intervención estadounidense de 1991 despertó sentimientos encontra- dos en los dirigentes iraníes en la me- dida en que destruyó el Irak baasista, su enemigo declarado. Pero este des- pliegue de fuerzas tranquilizó a la fa-

milia reinante saudí, que a partir de ese momento se sintió protegida frente a una acción iraní en su territorio. Riad hizo de la actitud frente a la guerra di- rigida por Washington contra Bagdad la piedra de toque de sus relaciones regionales. Castigó a todos los que ha- bían visto con buenos ojos la invasión de Kuwait y que se habían declarado hostiles a la intervención estadouni- dense: a Yemen, expulsando cerca de un millón de trabajadores inmigrantes originarios de este país; a la Organiza- ción para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat cortándole los víveres, y a los Hermanos Musulmanes rompiendo lazos con ellos. El reino saudí había sido hasta en- tonces el principal soporte de la Her- mandad, desde su fundación en Egipto en 1928. Con Washington, combatió al régimen nacionalista de Gamal Abdel- Nasser (1954-1970), apoyado por Mos- cú, que había reprimido con dureza a los Hermanos. Sin embargo, los Her- manos no hubieran podido alinearse en Riad en el momento de la Guerra del Golfo sin perder muchos de sus miem- bros. Al privarlos de su apoyo logísti- co y financiero, Riad buscaba obtener de ellos, como de la OLP, el reconoci- miento de sus errores. La situación no tardó en cambiar con la toma del poder en Qatar de Ha- mad Ben Khalifa Al-Thani, quien des- tituyó a su propio padre en 1995. Pro- bablemente, el nuevo emir no había leído la fábula de La Fontaine “La ra- na que quiso ser buey”. Con el deseo de jugar en el patio de los grandes en materia de política regional, decidió

financiar a los Hermanos Musulma- nes, un poco como otros magnates ad- quieren equipos de fútbol. Se proveyó además, a un alto precio, de una cadena de televisión satelital, Al-Jazeera, de la cual los Hermanos se convirtieron en la columna vertebral y que constru- yó rápidamente una audiencia excep- cional al darle voz a los opositores del mundo árabe –a excepción del vecino saudí y del propio Qatar, donde el cri- men de lesa humanidad puede ser cas- tigado con prisión perpetua–.

La extrema autonomía del Estado que permite la renta petrolera y gasífera posibilitó que se perpetuaran los sistemas arcaicos.

Fortalecido por estos dos instru- mentos políticos y confrontado a la ira del gran hermano saudí, el emir iba a desplegar una política de rentas de “co- bertura del riesgo” a través de la “diver- sificación de sus capitales”; en otras pa- labras, tejer lazos con toda la gama de fuerzas que actúan en la región. De es- te modo, realizó la hazaña de construir a su cargo, en secreto, una base aérea

para Estados Unidos (Al-Oudeid, cer- ca de Doha) y de establecer relaciones comerciales con Israel, mientras logra- ba mantenerse en buenos términos con Irán y apoyaba al Hezbollah libanés y al Hamás palestino.

Frente a los conflictos recientes Pero la invasión de Irak en 2003 trans- formó la situación en toda la región. En el plano de los desafíos estratégicos, sin duda fue el fracaso más grave de la his- toria de la política imperial de Estados Unidos: tuvieron que evacuar el país en 2011 sin haber concretado ni uno solo de sus objetivos fundamentales. Peor aún: lo dejaron dominado por su gran enemigo regional iraní. El mismo año, Washington asistió a la explosión de varios de los estados so- bre los que reposaba su hegemonía re- gional. Frente a la “primavera árabe”, emergieron dos opciones contrarrevo- lucionarias opuestas, ambas ancladas en el bastión reaccionario del CCG: una con el apoyo del reino saudí, la otra con el del Emirato de Qatar. Tradicionalmente ultraconservado- res, los saudíes eran partidarios de la defensa de los regímenes instalados, ya sea aplastando los levantamientos, co- mo contribuyeron a hacer con su inter- vención en marzo de 2011 en Manama, la capital de Bahréin, ya sea negocian- do compromisos allí donde mantenían buenas relaciones con la oposición oficial, como en Yemen. Qatar, por su parte, se convirtió en el principal apo- yo del levantamiento regional, hacien- do valer su capacidad de recuperación gracias a su influencia determinante

de recuperación gracias a su influencia determinante | 31 sobre los Hermanos Musulmanes. Es- tos últimos

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sobre los Hermanos Musulmanes. Es- tos últimos aprovecharon las circuns- tancias para desempeñar un papel esencial con el apoyo financiero y tele-

visivo de su padrino. La mejor ilustra- ción del contraste entre las dos opcio- nes la ofrece el país en el que todo co- menzó: Túnez. El emirato acompañó la revuelta popular apoyando al socio tu- necino de los Hermanos Musulmanes, Ennahda, mientras que el reino waha- bita le ofreció asilo al dictador derro- tado, Zine el Abidine Ben Ali. La administración de Barack Obama osciló entre las dos opciones. Permi- tió la represión del levantamiento en Bahréin pero sostuvo el compromiso en Yemen. Cuando la revuelta se tor- nó demasiado impetuosa, jugó la carta de la recuperación apostando a la coo- peración de los Hermanos Musulma- nes, como fue el caso en Egipto, inclu- so antes de que estos últimos ganaran la elección presidencial de mayo-junio de 2012 (4). En Libia, Washington se dejó convencer por sus aliados euro- peos –franceses y británicos en parti- cular– de bombardear a las fuerzas de Muamar Gadafi. Qatar participó acti- vamente en la intervención, mientras que los saudíes se negaron a hacerlo. El resultado ya es conocido: el caos de Libia iba a disuadir a Obama de con- tribuir de nuevo al derrumbamiento de un estado de la región. En Siria, el presidente estadouni- dense se negó a brindarle a la oposi- ción los medios para neutralizar la principal ventaja militar del régimen, el control exclusivo de los medios aé-

reos: no sólo se negó a mantener la

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la principal ventaja militar del régimen, el control exclusivo de los medios aé- reos: no sólo

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32 | d “zona de exclusión aérea” impues- ta sobre Libia, sino que, además, le im-

d “zona de exclusión aérea” impues-

ta sobre Libia, sino que, además, le im- pidió a la oposición cualquier tipo de entrega de armas antiaéreas. De este modo, el régimen de Bashar al-Assad se aseguró el control del espacio aéreo, incluso el lanzamiento desde helicóp- teros de mortíferas bombas de barril. Al mismo tiempo, Obama delegó a sus aliados del Golfo y a Turquía la tarea de financiar a la oposición siria. Los saudíes no podían tomar par- tido por Al-Assad debido a su alianza con Irán. Pero, como Qatar, no lograron acostumbrarse a una revolución demo- crática y laica en su región. Entonces, decidieron remodelar a la oposición siria para hacerla compatible con la naturaleza reaccionaria de su propio régimen. Se lanzaron a una dura com- petencia con el eje Doha-Ankara por el financiamiento de los grupos arma- dos sirios con perfil integrista islámi- co (salafismo yihadista) y sunnita. La revolución siria de 2011 fue aplastada y quedó entre la espada y la pared: por un lado, el régimen, las milicias integristas chiitas regionales teledirigidas por Te- herán, y luego, a partir de 2015, la avia- ción y los misiles de Moscú; por el otro, los grupos armados integristas apoya- dos por Ankara, Doha y Riad. Ni el crecimiento en potencia del Estado Islámico (EI), ni la toma de Mosul en Irak y la proclamación del califato bastaron para impulsar a Obama a apoyarse en las fuerzas ar- madas sunnitas que gozaban de cre- dibilidad en ambos países, como mu- chos lo incitaban a hacer. Argumenta- ban que esto habría minado el terreno para el EI durante un largo tiempo, de la misma manera que la ocupación es- tadounidense sólo había logrado aca- bar con su avatar precedente, el EI en Irak, recurriendo a la provisión de armas y al financiamiento de las mi- licias tribales árabes sunnitas. En lu- gar de esto, Washington se apoyó, en su intervención en Irak, en las Fuer- zas Armadas regulares e irregulares predominantemente chiitas y some- tidas por Teherán en diversos grados, en perjuicio de Riad. Y, en Siria, en las fuerzas nacionalistas kurdas, en per- juicio de Ankara.

La amenaza iraní La actitud de Obama se inscribía de manera coherente en su política de apaciguamiento frente a Teherán, al apostar a la fracción moderada, llama- da reformista, del régimen iraní; una política en la que el acuerdo sobre el tema nuclear constituyó la piedra an- gular. El presidente estadounidense hi- zo de este acuerdo su prioridad y logró concluirlo en julio de 2015, al cabo de largas negociaciones en las que partici- paron Rusia, China, Alemania y Fran- cia. Tomó este camino en perjuicio de la expansión regional de Teherán, que, tras haberse instalado sólidamente al mando del Estado iraquí, intervino de manera creciente en Siria con sus su- pletorios regionales a partir de 2013. La pasividad de Washington no dejó de suscitar la exasperación de los dos principales enemigos de Irán en la re- gión: Israel y el reino saudí. El recelo de los saudíes alcanzó su paroxismo cuando se agregó al cuadro, en septiembre de 2014, la toma de la capital yemení, Saná, por parte de los hutíes, amigos de Irán, con quien com- parten las orientaciones ideológicas, y aliados del ex presidente Ali Abdallah Saleh (5). En este contexto alarman- te para los dirigentes saudíes, Salman

Ben Abdelaziz Al-Saud tuvo que suce- der a su medio hermano, que falleció el 23 de enero de 2015. Con 80 años al momento de su as- censo al trono, el rey Salman se fijó un objetivo prioritario: dejar en posición de sucederlo a su hijo preferido, Mo- hammed, que en ese momento aún no había cumplido 30 años. Empezó por confiarle el Ministerio de Defensa; dos años más tarde, en junio de 2017, Mo- hammed Ben Salman (MBS, como se lo suele designar) se convirtió en el príncipe heredero (6). El nuevo rey y

La intervención militar que Riad

condujo en Yemen

a partir de marzo

de 2015 movilizó

a una coalición que incluía a Qatar.

su joven hijo optaron por una reacción enérgica frente a la amenaza iraní: de- cidieron realizar una intervención di- recta en Yemen y llevar una política sunnita regional unificada que pasaba por mejorar las relaciones con Doha y suavizar la actitud frente a los Herma- nos Musulmanes. La intervención militar que Riad condujo en Yemen a partir de marzo de 2015, bajo la supervisión de “MBS”, movilizó a una coalición que incluía a Qatar. Se realizó en apoyo a un gobier- no yemení “legítimo” que representa- ba a una coalición de la cual partici- paban los Hermanos Musulmanes lo- cales. Estos últimos eran un elemento fundamental del partido Al-Islah, con el que el reino saudí tuvo que resta- blecer las relaciones porque el reino precedente lo había excomulgado. Sin embargo, la nueva política de Riad no dejó de generar tensiones con el Egip- to del mariscal Abdel Fatah Al-Sissi, partidario de la línea dura contra la hermandad, a la que aplastó en su país. Los Emiratos Árabes Unidos, cuyo príncipe heredero de Abu Dabi y hom- bre fuerte de la federación, Moham- med Ben Zayed (llamado MBZ), pro- fesa una vehemente hostilidad hacia los Hermanos (7), adoptaron la misma posición inflexible que El Cairo.

Efecto Trump La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos provo- có que todo cambiara por completo una vez más. El nuevo presidente es- tadounidense se rodeó de entrada de consejeros islamófobos que abogaban por una actitud dura contra los Herma- nos Musulmanes y llegaron a recomen- dar que se los considerara una organi- zación “terrorista”. Fueron alentados por los Emiratos y su muy activo emba- jador en Washington. Con ellos, insis- tieron para obligar a Qatar a quitarle su apoyo a los Hermanos. Donald Trump, que fue recibido con gran pompa en el reino saudí en mayo de 2017 en ocasión de su primera visi- ta presidencial al extranjero, presionó a sus anfitriones para que forzaran a Doha a romper con la Hermandad y a dejar de poner a Al-Jazeera a su dispo- sición. Menos de quince días después de su visita, el reino saudí, los Emira-

tos y Bahréin, seguidos por Egipto y algunos gobiernos vasallos, rompían sus relaciones diplomáticas con Qatar. Los tres miembros del CCG llegaron a interrumpir el transporte y los inter- cambios con su par. El asunto, que hizo mucho ruido, resultó un fiasco. Qatar fue expulsado de la coalición en Yemen pero rechazó la imposición. Recurrió a sus enormes recursos financieros para adaptarse a la situación con la ayuda comercial y militar de Turquía, su alia- do y también padrino de los Hermanos Musulmanes desde el inicio de la “pri- mavera árabe”. Aunque pretende lo contrario, la Ad- ministración Trump podría beneficiar- se si Al-Assad se mantiene en el poder bajo la tutela de Rusia, siempre y cuan- do Moscú contribuya a expulsar a las

fuerzas iraníes y aliadas fuera del país. Las dos orientaciones fueron seguidas por Riad desde la visita del presiden- te estadounidense. A principios de oc- tubre de 2017, el rey Salman realizó la primera visita de un soberano saudí a la capital rusa. La operación de seduc- ción –a juzgar por la delegación de al- to rango que acompañaba al monarca

y por los contratos negociados– apun-

taba a convencer al presidente Vladi- mir Putin de cambiar de actitud con respecto a Teherán. Un mes más tarde, Trump y Putin, presentes en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrada en Da Nang, Vietnam, firmaron una declara- ción conjunta sobre Siria: apoyo al pro- ceso internacional de la Conferencia de Ginebra y aval implícito para que Al- Assad se mantenga en el poder hasta la adopción de una nueva Constitución y la organización de las elecciones. Mientras tanto, Riad había convo- cado al primer ministro libanés Saad Hariri, cuya familia depende estrecha- mente de los saudíes (8), para imponer- le una declaración de renuncia que, de manera completamente absurda, tuvo que leer desde el reino el 4 de noviem- bre de 2017. La declaración, que arre- metía contra Irán y su auxiliar libanés, el Hezbollah –con el que Hariri había formado un gobierno de unión nacional en diciembre de 2016–, puso fin a cual- quier tipo de cooperación con el parti- do chiita. La declaración era del mismo tipo que las de Trump sobre el césped de la Casa Blanca con Hariri a su lado, durante su visita a Washington en julio:

el presidente estadounidense arreme- tió con vehemencia contra el Hezbo-

llah, lo calificó de “amenaza para el Es- tado libanés, el pueblo libanés y toda la región” y lo puso en la misma bolsa que el EI y Al Qaeda, sin contemplar que el “partido de Dios” participaba del go- bierno presidido por Hariri… El conjunto de esta operación tam- bién resultó ser un fiasco: extraído del reino por el presidente francés Em- manuel Macron, Hariri volvió a pre- sentar su renuncia. Sin embargo, la coalición gubernamental libanesa si- gue estando en una posición muy frágil

y se expone a repetidas crisis. Por otra

parte, surgieron algunos signos de ten- sión entre Moscú y Riad respecto de la cuestión siria: aunque parecía avalar

las iniciativas rusas que apuntaban a promover un diálogo entre el régimen

y la oposición, Riad habría endureci-

do su posición, al punto de alentar a la oposición siria a no prestarse al juego de Moscú. A fin de cuentas, el destino de Siria dependerá de la evolución de las relaciones entre estadounidenses

y rusos. Por el momento, la actitud de Washington hacia Moscú se endureció

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considerablemente: campaña contra el “Rusiagate”, nuevas sanciones, envío de armas a Ucrania, etc. Todo esto con- tra la voluntad de un Donald Trump claramente exasperado. Frente al caos inaudito de la políti- ca estadounidense, los saudíes se en- frentan a un grave problema, sobre todo porque su ofensiva en Yemen se estancó y provocó uno de los peores desastres humanitarios contempo- ráneos, aún más grave que la tragedia siria. Su esperanza de enmendar la si- tuación convenciendo a Saleh –que no estaba dispuesto a cambiar de opinión– se diluyó en diciembre con el asesina- to de este último por parte de los alia- dos a los que había traicionado. A esto se agregó un conflicto abierto entre las fuerzas yemeníes de la coalición dirigi- da por Arabia Saudita, que se complicó aún más porque algunas facciones reci- ben ahora el apoyo de Abu Dabi y otras el de Riad. Qatar, el Líbano, Siria, Ru- sia: todas las maniobras emprendidas por los dirigentes saudíes instigados por Trump se alargaron demasiado. Para colmo, el reconocimiento de este último de Jerusalén como capital del estado de Israel los puso en una situa- ción aún más incómoda, sobre todo si se considera que, conforme a su deseo, habían comenzado a presionar a la au- toridad palestina de Mahmoud Abbas para hacerle aceptar la imposición de Israel –tuvieron que retractarse–. Y el aislamiento del presidente estadouni- dense en el plano internacional sobre el caso de Irán agravó todavía más su desazón. La danza de los sables ejecu- tada por Trump junto a sus anfitriones saudíes durante el pasado mes de mayo parece haber quedado muy lejos… g

1. Creado en 1980, el CCG reúne al reino de Arabia

Saudita, al reino de Bahréin, a la federación de los Emiratos Árabes Unidos, al Emirato de Kuwait, al Sultanato de Omán y al Emirato de Qatar. Desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Qatar y sus vecinos de Arabia Saudita y Bahréin, el funcionamiento del CCG se congeló de facto.

2. Véase Philippe Descamps y Cécile

Marin, “Esperanzas y simulacros de cambio en Irán”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2016.

3. Véase Bernard Hourcade, “Irán redefine sus

ambiciones regionales”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2018.

4. Véase “Una ‘transición dentro del

orden’”, Le Monde diplomatique,

edición Cono Sur, marzo de 2011.

5. Véase Laurent Bonnefoy, “Yemen, protagonista

de un conflicto olvidado”, Le Monde diplomatique,

edición Cono Sur, diciembre de 2017.

6. Véase Nabil Mouline, “La ‘deswahabización’

de Arabia Saudita, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2018.

7. Nacido en 1961, “MBZ” se convirtió en jefe

de los servicios de seguridad de los Emiratos Árabes Unidos en los 90; se considera que fue formado por oficiales egipcios expatriados, de los que los Hermanos Musulmanes habían

sido el principal blanco en su país de origen. “MBZ” acusó a la hermandad de conspirar para tomar el poder y dirigió la represión de sus miembros y simpatizantes en los Emiratos.

8. El padre de Saad Hariri, el ex primer ministro

libanés Rafik Hariri, asesinado en febrero de 2005,

había amasado su fortuna en Arabia Saudita bajo la protección del rey Fahd Ben Abdelaziz Al-Saoud.

*Profesor en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres. Autor del libro Les Arabes et la Shoah. La guerre israélo-arabe des récits, Sindbad - Actes Sud, 2009. Traducción: María Julia Zaparart

En 1911, la célebre militante libertaria y feminista Emma Goldman describía a la inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) como pionera del progreso humano y campeona de los desheredados. En rigor, fue una de las primeras en ocuparse del destino de las mujeres en términos políticos.

Mary Wollstonecraft, una pionera

La aurora del feminismo

por Marion Leclair*

L a propia vida de Mary Wolls- tonecraft da prueba de una no- table voluntad por derribar los viejos obstáculos; constituyó una figura central del feminis-

mo, vinculada al radicalismo inglés, cuyo auge precipitó la Revolución Francesa. El historiador marxista Edward P. Thomp- son demostró su rol decisivo en la crista- lización de una primera conciencia de la clase obrera en Inglaterra. En los años 1760, los “radicales” eran un grupo de reformistas resueltos. A partir de 1789, las reivindicaciones de- mocráticas, la influencia de la corriente jacobina y el deseo de rechazar el orden

de la oligarquía aristocrática y mercantil otorgaron mayor amplitud al movimien- to. Dos teóricos contribuyeron a este despertar: Thomas Paine, entusiasta se- guidor de los principios de la revolución estadounidense y de la Revolución Fran- cesa, cuyos Derechos del Hombre (1791) se constituyeron con rapidez en la biblia del radicalismo democrático, ejerciendo una enorme influencia en el mundo del trabajo, y William Godwin, un pastor que había abandonado la Iglesia, primer re- presentante del pensamiento socialista que en su Encuesta sobre la justicia polí- tica (1793) preconizaba una doctrina a la vez anarquista y optimista, basada en la perfectibilidad indefinida del hombre y de la sociedad. Los radicales se opusie- ron a los conservadores, incluso en las calles. Y Mary Wollstonecraft desempe- ñaría un papel esencial en este debate. No obstante, sus comienzos en la vida habían sido mucho más clásicos. Naci- da en el seno de la burguesía comercial e industrial, conocía las limitadas posibi- lidades del género femenino. Sufrió di- rectamente las consecuencias del gran encierro hogareño al que estaban desti- nadas las mujeres. Fue víctima de la au- toridad abusiva de un padre despótico y

la apatía de una madre sometida a su ma-

rido, de quien hará un retrato en su pri- mera novela (1). Ella y sus hermanas re- cibieron una educación muy superficial en una pequeña escuela de Yorkshire, mientras su hermano mayor estudiaba Derecho; más tarde, como resultado de

un revés de la fortuna familiar, se vieron obligadas a trabajar como institutrices

o damas de compañía, mal pagadas y en

condiciones humillantes. En 1784, jun- to con una amiga cercana, Fanny Blood, abrieron una escuela para niñas que tu- vieron que cerrar dos años más tarde de- bido a dificultades financieras. La enseñanza inspiró el primer libro de Mary Wollstonecraft, Reflexiones so- bre la educación de las hijas (1787), que se convirtió en instrumento privilegiado pa-

ra mejorar la “desafortunada situación de las mujeres” (2). El origen del mal y su remedio seguían circunscriptos a la es- fera doméstica, y el tratado educacional, prisionero de cierto moralismo burgués. Wollstonecraft advertía a las madres con- tra la influencia corruptora de niñeras ig- norantes y criados ladrones. Sin embargo, constituyó el punto de partida para una primera politización de su pensamiento. Es que la escuela estaba muy cerca de la ca- pilla donde Richard Price predicaba. Es- te pastor y teólogo se hizo famoso en 1789 por un sermón a la gloria de las revolucio- nesestadounidenseyfrancesa,sermónque provocó la ira del intelectual conservador Edmund Burke y la redacción de su panfle- to contra la Revolución Francesa. Wollstonecraft empezó pues a frecuen- tar los círculos de protestantes inconfor- mistas, aquellos dissenters que en ese en- tonces, en un país anglicano, no tenían el derecho ni de estudiar en la universidad ni de ocupar cargos oficiales. Estos disiden- tes eran asiduos de los clubes políticos y las sociedades científicas donde germina- ban proyectos de reforma parlamentaria e invenciones científicas, núcleo duro del movimiento radical prerrevolucionario, del apoyo a la independencia estadouni- dense y de la campaña abolicionista. Allí conoció a Joseph Johnson, una figura cla- ve del radicalismo londinense y editor de Paine, quien la alentó y aceptó publicar sus Reflexiones, y luego su primera nove- la. Le encomendó traducciones y reseñas para la revista que publicaba. De esa ma- nera, los disidentes fueron el determinan- te de una doble emancipación, política y económica: al tiempo que conocía el radi- calismo, gracias a sus escritos Wollstone- craft lograba su independencia financiera. Pero fue la Revolución Francesa la que produjo en ella el punto de inflexión más significativo. Antes que Paine, escribió una Vindicación de los derechos del hombre (1790) que la transformó en una intelectual reconocida, bien establecida en los círculos radicales (y masculinos) de la metrópoli. En la mesa de Johnson cruzó espadas con Paine, los novelistas Mary Hays y Thomas Holcroft, así como con William Godwin, un crítico protoanarquista de todas las for- mas de gobierno. Godwin se convertirá en su amante, luego en su marido. En la biogra- fía que éste dedica a su tenacidad y talento argumentativo, incluye su habilidad para acaparar la conversación sin dejar que su interlocutor dijera una palabra; fue lo que sucedió con Paine durante la cena donde Godwin y ella se encontraron por primera vez. Un poco más tarde, en 1792, escribió su Vindicación de los derechos de la mujer (3). La Revolución llevó a Wollstonecraft a aplicar la crítica radical del despotismo a

la experiencia femenina. Así, pudo conde- nar la condición “degradada” de las muje- res como resultado no de una mala edu- cación, sino de una sistemática opresión, una esclavitud organizada por la tiranía masculina. Pero entre ambas Vindicacio- nes hay más que una simple transferen- cia. En la primera, su crítica reiterada al “velo” que la pompa de la realeza y aris- tocracia arrojaba sobre la desnudez de la

Fue víctima de la autoridad abusiva de un padre despótico y la apatía de una madre sometida a su marido.

opresión del pueblo la hace particular- mente sensible a la dimensión ideológica de la opresión. En efecto, aunque no ha- ble de “ideología”, se trata de una crítica sobre la ideología de la feminidad y su pa- pel en la perpetuación de la degradación y esclavitud de las mujeres, que desarrolla en la segunda Vindicación. Allí rastrea con método su presencia y sus implicaciones:

en las guías para el buen comportamien- to (conduct books) que enseñaban a las jó- venes a ser bellas y calladas; en el Emilio de Jean-Jacques Rousseau; en las novelas sentimentales que estaban de moda o en la galantería masculina, que las mujeres cometían el grave error de apreciar (4). Así, Wollstonecraft propone una teoría de la construcción de “caracteres sexua- dos” que anticipa el feminismo de los años 1960 y los estudios de género. La naturale- za socialmente mixta del movimiento ra- dical la pondrá en contacto con ideas que empujan al liberalismo hacia los confines del socialismo: el Estado de Bienestar re- distribuidor que esbozó Paine; la defensa del derecho del trabajador a una parte de las ganancias generadas por su trabajo, promovido por John Thelwall; el proto- comunismo agrario de Thomas Spence, que abogaba por abolir la propiedad pri- vada de la tierra (5). Su novela póstuma –e inacabada– La novela de María o Los agra- vios de la mujer se hizo eco de ello; descri- bía con crudeza lo duro del trabajo feme- nino y abogaba por la ayuda mutua entre “diferentes categorías de mujeres” (6). En la década de 1970, a menudo las fe- ministas de la segunda ola fueron críticas

a menudo las fe- ministas de la segunda ola fueron críticas | 33 con Wollstonecraft. Subrayaron

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con Wollstonecraft. Subrayaron el libera-

lismo burgués que la volvió ciega a las di- ferencias de clase, así como el puritanis- mo que la hizo castigar a las mujeres en los términos misóginos que condenaba, pero

tambiénreprimirtodafeminidadysensua-

lidad: para ella la mente no tiene sexo. De hecho, se contentaba con luchar para que la carrera liberal se abriera al talento feme- nino y soñaba con el día en que las muje- res se convirtieran en diputadas sin recla- mar ni siquiera el derecho al voto, que en ese tiempo sólo defendía Thomas Spence. La imposibilidad de escribir sobre el deseo femenino, en un momento en que el mero hecho de ser escritora ya era bastante in- moral, se refleja en su obra mediante sor- prendentes disyunciones estilísticas: la filosofía asexual da paso a fantasías senti- mentales que la hacen caer en los defectos femeninos que denuncia. Pero cuando, en el París revolucionario adonde viaja sola, inicia un agitado romance con un aventu- rero estadounidense (con el que tiene una primera hija), cuando es amante de God- win (quien ve el matrimonio como un “mo- nopolio odioso”, pero que se casará con ella después de un embarazo no planificado), cuando ambos eligen no cohabitar (cada uno juzga que la profesión de escritor es in- compatible con la vida conyugal), cuando ella vive, más joven, una apasionada amis- tad con Fanny Blood (donde hay quienes ven una relación lesbiana) (7), reivindica y practica una forma de libertad sexual que provocará la ira de la prensa conservadora, y también de algunos radicales. Después de su muerte, a la edad de 38 años, en el nacimiento de su segun- da hija, la difusión de sus ideas será len- ta, frenada por la virulencia de la prensa conservadora en su contra, el colapso del movimiento radical bajo el gobierno con- servador de William Pitt el Joven y la per- sistente misoginia del radicalismo mas- culino. La constitución de un movimien- to feminista en Inglaterra recién se desa- rrollaría un siglo más tarde, lo que privó al emergente socialismo de un pensamiento específico sobre la opresión de las muje- res y el trabajo femenino (excepto tal vez en la filosofía de Robert Owen) (8). En cierto sentido, el legado más direc- to de Wollstonecraft puede haber sido su segunda hija, Mary, que a los 16 años huyó con el joven poeta Percy Shelley, casado y padre de familia, y a los 20 años publicó Frankenstein, una de las grandes novelas de la modernidad. Un libro que entremez- cla abiertamente ciencia y filosofía –un poco menos directamente política– y que la posteridad no ha olvidado. g

1. “Mary. Invention”, en Mary Wollstonecraft.

Aux origines du féminisme politique et social en

Angleterre, textos reunidos y presentados por Nathalie Zimpfer, ENS Éditions. Lyon, 2015.

2. Pensées dur l’éducation des filles”,

en Mary Wollstonecraft, op. cit.

3. Mary Wollstonecraft, Défense des droits

des femmes, en Œuvres, edición de Isabelle Bour, Classiques Garnier, París, 2016.

4. Barbara Taylor, Mary Wollstonecraft and the

Feminist Imagination, Cambridge University Press, 2003. Para una biografía, véase Janet Todd, Mary Wollstonecraft: A Revolutionary Life, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 2000.

5. Gregory Claeys, The French Revolution

Debate in Britain: The Origins of Modern Politics,

Palgrave Macmillan, Basingstoke, 2007.

6. Mary Wollstonecraft, Maria ou le malheur

d’être femme, en Œuvres, op. cit.

7. Claudia L. Johnson, Equivocal Beings: Women in

Culture and Society, University of Chicago Press, 1995.

8. Barbara Taylor, Eve and the New Jerusalem:

Socialism and Feminism in the Nineteenth Century, Virago Press, Londres, 2016 [1ª ed.: 1983].

* Doctoranda en literatura inglesa en la Universidad de París-III. Traducción: Teresa Garufi

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34 | Liliana Golubinsky, Día de campo , 2013 (Gentileza Galería Rubbers) Lejos de las frenéticas
34 | Liliana Golubinsky, Día de campo , 2013 (Gentileza Galería Rubbers) Lejos de las frenéticas

Liliana Golubinsky, Día de campo, 2013 (Gentileza Galería Rubbers)

Lejos de las frenéticas metrópolis, los indígenas en América Latina habrían conservado, pese a siglos de colonización, una íntima relación con la Naturaleza, erigida al rango de divinidad: la Pachamama. Enraizada en la cultura de las comunidades en Ecuador, la Madre Tierra es utilizada, en ocasiones, para desalentar las luchas políticas.

La relación del pueblo indígena con la divinidad

En busca de la Pachamama

por Maëlle Mariette*

E n el otoño europeo de 2017, cruzamos el Atlántico para lle- gar a Ecuador en busca de la Pachamama (1). En nombre de esta divinidad americana, in-

dígenas, militantes ecologistas, dirigen- tes políticos, intelectuales intentan “fre- nar las agresiones del capitalismo” (2), especialmente cuando implican la ex- tracción de materias primas. “La Pachamama es una realidad en el mundo indígena”, nos explica Alberto Acosta, a quien contactamos al llegar a Qui- to. Acosta fue ministro de Energía y Minas en 2007 y presidente de la Asamblea Cons- tituyente que, en 2008, bajo el impulso del presidente Rafael Correa, reconoció a la Pachamama como un sujeto pleno de de- recho. Una primicia mundial. Actualmen- te enfrentado al ex jefe de Estado, al que le reprocha su traición por haber perpetuado la explotación de los recursos naturales del país, Acosta encarna una corriente ecolo- gista que goza de gran atención en el ex- tranjero. “Para las poblaciones autóctonas, la Pachamama no es una simple metáfora, contrariamente a lo que sucede en el mun- do occidental. Los indígenas identifican la Tierra con la madre. Mantienen una rela- ción muy estrecha con ella. Por supuesto, no todos los indígenas ven las cosas de es- ta manera: después de todo, sufrieron qui-

nientos años de colonización, y eso no ha

terminado. El mundo indígena no escapa a las lógicas del capitalismo, el individualis- mo, el consumismo, el productivismo. Pero aún existen comunidades que organizan su vida social, política, económica y cultural en torno a nociones tales como la Pacha- mama y el Sumak Kawsay [buen vivir]”. En Ecuador más que en otras partes, la influencia del concepto de “Madre Tierra” supera actualmente el círculo de comuni- dades indígenas “protegidas”. “Cuando mis hijos salen al jardín, no les pongo bo- tas, para que sientan la tierra, sientan el contacto con la Pachamama”, nos explica Rocío G., directora y productora de pelícu- las relativas al mundo indígena, que vive en un barrio residencial de la capital. Antes de lamentarse: “En cambio, mi hermana, pa- ra quien todo esto no tiene importancia, le pone zapatos a su hija cuando sale”. Absurda a los ojos de la cineasta, la de- cisión de su hermana coincide con la de los indígenas quechuas del Altiplano con quienes conversamos días más tarde: pa- ra que los niños no tomen frío ni se las- timen, ellos también les ponen calzado

¿Habría que

cuando salen de sus casas

inferir que los quechuas olvidaron su cultura? No en Otavalo, donde funciona a lo largo del año uno de los más grandes mercados artesanales de América Lati-

na. Aquí, todo se hace para promover la identidad quechua. Una decisión que condujo además a “indigenizar” algunas fiestas antes carentes de toda referencia quechua. Como la que marca el solsticio de invierno, convertida en “Inti Raymi”, o el carnaval, celebrado en todas partes en Ecuador, pero aquí rebautizado “Pawkar Raymi”. Las festividades se desarrollan en la comunidad de Peguche, a unos ki- lómetros del centro de Otavalo, en una curiosa mezcla: una procesión alrede- dor de un chamán es acompañada por un concierto de reggae, un campeonato de- portivo, una misa católica, la elección de una reina de belleza quechua, así como una batalla gigante de agua, harina, hue-

vos y pintura. Edwin T., hijo de artesanos

y músicos de la comunidad vecina, que

está completando actualmente sus estu- dios en París, nos explica con una sonri- sa que la mayoría de los dirigentes loca-

les no sabe hablar quechua. Según él, esta reindigenización “se basa esencialmente en una reinterpretación incierta de tradi- ciones narradas en libros de antropólogos

o intelectuales blancos” (3). —¿Qué es la Pachamama, Luis? La pregunta genera un recuerdo doloroso en Tuytuy, uno de los dirigentes de la na- ción zápara, en el corazón de la Amazo- nia ecuatoriana.

Edición 225 | marzo 2018

—¿La Pachamama? Ah sí, se trata de una fundación ecuatoriana que apoyaba a las comunidades indígenas en su lucha por la defensa de la Naturaleza. Ya no existe. —Ah, de acuerdo. Pero yo hablaba de la

divinidad, la “Madre Tierra”. ¿Cómo se di- ce Madre Tierra en zápara?

Lo siento, la

verdad, no lo sé.

—Ehhh

Espere

Ehh

Indigenismo y negocios Cuando hacemos la pregunta, la mayo- ría de las reacciones son similares a la de Tuytuy. En los (pocos) casos en los que el término remite a algo, se trata de una tie- rra que debe defenderse como territorio ancestral: un espacio de vida constituti- vo de una identidad. Conversamos con los achuar de las comunidades Wisui, Chumpi o Copataza, situadas a orillas del río Pastaza y accesibles tras varias horas en autobús, piragua y caminata en la sel- va desde la ciudad de Puyo, al borde de la Amazonia; o con los quechuas de las co- munidades de la región del Curaray, se- parada de Puyo por tres horas de autobús por caminos y más de ocho horas de pira- gua en el río Curaray –cuando el nivel del río lo permite–. Las aspiraciones de las poblaciones locales atañen menos al me- dio ambiente que a la mejora de las con- diciones de vida: acceso a los centros de salud –las mordeduras de serpiente por ejemplo representan aproximadamente el 10% de las causas de muerte en Amazo- nia ecuatoriana–, la educación, las redes de carreteras –especialmente para vender su producción en la ciudad– y los medios de comunicación a distancia –radios HF o Internet– “para entrar en contacto con el exterior si hay una emergencia”, nos ex- plica el decano de la comunidad Copata- za. Antes de agregar: “El gasoil para la pi- ragua está bien. Antes, remando, era mu- cho más difícil remontar la corriente”. Sin embargo, aquí también preocupa el impacto de la modernidad en las prácticas culturales. Las inquietudes de algunos re- caen sobre la educación, las de otros sobre el acceso a la red de carreteras, pero todos temen que los jóvenes olviden sus raíces. Una tensión estructura la manera en que las poblaciones locales perciben los pro- yectos de extracción minera o petrolera desarrollados por el gobierno: por un lado, la amenaza de la desaparición de la cultura de sus ancestros y de su modo de vida, con la sensación de ser abandonados por un go- bierno que sólo se interesa en ellos por “las riquezas de [su] suelo”; por el otro, el hecho de que estos proyectos, aunque contami- nantes, permitirían mejorar las condicio- nes de vida actualmente miserables. Una ambivalencia que no siempre lo- gran traducir aquellos que en Ecuador se expresan en nombre de las poblaciones indígenas. Como uno de los dirigentes del movimiento indígena Pachakuti, Salva- dor Quispe, actual prefecto de la provin- cia de Zamora Chinchipe, que apoyó al muy acaudalado banquero Guillermo Las- so, candidato de la derecha, en la elección presidencial de 2017. Equipado con dos smartphones, viajando regularmente en avión a través del país, Quispe nos explica su credo: cuando las poblaciones indíge- nas invocan su pobreza para defender la explotación minera, él las invita a rechazar un “modo de vida occidental”. Les recuer- da que la “magnífica selva” que los rodea, con sus cascadas, constituye la única “ver- dadera riqueza”, y les explica que el desa- rrollo económico que generan las grandes explotaciones mineras amenaza con “co- rromperlos” y “destruir su cultura”. La conciencia ambiental de los indí- genas no sorprende demasiado. Cuando circulamos por la cordillera y la región amazónica, donde estas poblaciones están

particularmente representadas, las rutas están rodeadas de carteles instalados por el Estado llenos de recomendaciones: “Cuide el medio ambiente”, “Cuide la Naturaleza, usted depende de ella”, “La Naturaleza es vida”, “La Tierra merece respeto, cuídela”. Para Carlos Freire, sin embargo, la Pacha- mama es bien real: “Es sagrada, es nuestra madre. Debemos respetarla”. Mestizo ins- talado en la ciudad de Puyo, dirige la agen- cia Hayawaska Tour, que ofrece circuitos turísticos en la Amazonia. “Organizamos el programa de nuestros circuitos en fun- ción de lo que quieren ver los turistas y lo ponemos luego a consideración de las co- munidades. En nuestro Full Day Tour [cir- cuito de un día], ofrecemos talleres en el seno de estas poblaciones. Pero el más so- licitado es el Ayahuasca Tour. Trabajamos con chamanes que conocen el buen uso de la ayahuasca [brebaje alucinógeno] (4). Es un momento especial donde la gente podrá vivir cosas profundas en perfecta conexión

con la naturaleza. Al día siguiente, se levan- tan y toman un caldo puro de gallina, sin productos químicos. Ofrecemos también menús vegetarianos”. La promoción de los circuitos New Age de Freire pasa por una oposición militan- te a los proyectos de explotación petrolera, en nombre de la defensa de la Pachamama. Un combate al que se consagra enteramen- te el “Toxi Tour” de la asociación dirigida por Diocles Zambrano, en los alrededores de Coca, ciudad amazónica cercana a los pozos. La visita apunta a mostrar “el horror de la explotación petrolera”, en colabora- ción con la ONG Acción Ecológica. Con se- de en Quito, esta última tiene a Acosta en- tre sus apoyos más destacados. ¿Resulta- do? Se volvió ineludible para los periodis- tas deseosos de investigar sobre la cuestión ambiental en Ecuador. Muy profesional, Acción Ecológica les ahorra el trabajo pro- veyéndoles todos los contactos útiles. Para Acosta, Acción Ecológica, los mo- vimientos ecologistas cercanos como Ya- sunidos (5), así como para muchos diri- gentes actuales de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), ecología, antiextractivismo e indigenismo se volvieron indisociables. Las reivindicaciones sociales, territoriales

o culturales tradicionales se realizan pues

en nombre de la Pachamama

La misma

lógica se observa en algunos dirigentes po-

líticos, indígenas o no, para quienes la divi- nidad ofrecería un vector de lucha contra

el calentamiento climático y el capitalismo.

Esta situación no se observa únicamen- te en Ecuador. La antropóloga Sarah Qui- lleré investigó sobre las luchas de las pobla- ciones wayuu en Colombia. Según ella, “la

retórica indigenista y la ecologización del discurso de los líderes wayuu son segura- mente lo que más llama la atención” en su movimiento “contra las minas y las expo- liaciones territoriales”. El fenómeno res- pondería “a la creciente preocupación eco- lógica en los países más industrializados”. Los pensadores “en los que se inspiran en gran medida las organizaciones indigenis- tas y las ONG [tienden a] decir que es ne- cesario buscar en las tradiciones preco- loniales las lógicas alternativas al modelo

El mundo indígena no escapa a las lógicas del capitalismo, el individualismo, el consumismo, el productivismo.

racional europeo. Estas nuevas corrientes de pensamiento proponen rehabilitar los valores tradicionales como único medio de emancipación y supervivencia autónoma de las poblaciones” (6).

De Marx al poncho y el yoga En Ecuador, nadie encarna mejor el fenó- meno de “pachamamización” de la políti- ca –una forma de ecologización indigeni- zante, o de indigenización ecologizante– que Carlos Pérez, el presidente de Ecua- runari, que representa a los indígenas de la zona montañosa. Muy respetado por la izquierda ecologista internacional, radi- calmente opuesto al presidente Correa, Pérez nos explica que, al no haber sido contaminados por Occidente, los indíge- nas poseen una “verdad ancestral” a pro- pósito del mundo “que puede salvar a la humanidad”. Internet ofrecería la forma de “globalizar la resistencia” a los proyec- tos de extracción minera y petrolera y, en general, a la política “capitalista, ‘ecosui- cida’ y ‘etnosuicida’”. ¿Cómo globalizar la resistencia? “Globalizando la Pachama- ma, las cosmovisiones, las cosmo-expe- riencias”, nos explica Pérez. O más bien “Yaku” Pérez, ya que recientemente deci- dió indigenizar su nombre. Aquellos que, como los zápara, eligen otro camino para satisfacer necesidades básicas observan que no sólo las ONG sue- len renunciar a ayudar a las comunidades que decidieron “colaborar” con el Estado,

sino que la propia CONAIE los mantiene al

Esta situación no le sorprende al

ex presidente de la confederación Antonio Vargas: a medida que la organización se in- trodujo en el juego de las alianzas políticas, se “separó de sus bases”, estima (7). Si una parte de los actuales dirigentes de

la CONAIE asumió la decisión de apoyar al

banquero Guillermo Lasso en 2017, quizás

se debió a que los militantes históricos de filiación marxista –como Humberto Cho- lango, Ricardo Ulcuango, Pedro de la Cruz

o Miguel Lluco–, para quienes el combate

indígena se entiende en términos de lucha de clases, decidieron apoyar a Correa du- rante su presidencia. El fenómeno dejó el campo libre a otros dirigentes, como Quis- pe o Pérez, partidarios de una forma de esencialismo indigenista. “Las cuestiones de los derechos de la naturaleza o del Sumak Kawsay no for- maban parte de los reclamos indígenas en los años 1990 –nos explica el politólogo Franklin Ramírez–. Fue a comienzos de la Revolución Ciudadana [tras la elección de Correa], y sobre todo con la Asamblea Constituyente de 2008 –bajo el impulso de Acosta–, que estos temas ingresaron ver- daderamente en el paisaje político y ad-

quirieron gran visibilidad. Mucha gente piensa que el movimiento indígena utilizó siempre una retórica ecologista; no es así”. Tras sumergirse en los documentos programáticos de la CONAIE de los años 1990, Ramírez observó que los reclamos indígenas de la época giraban en torno a la plurinacionalidad, las tierras, la repre- sentación en el seno del Estado, así como

a la promoción de una forma de autoges-

tión, de democracia comunitaria. “En este marco entraba, de manera colateral y pe- riférica, la cuestión de la naturaleza y los recursos naturales. Para los movimientos indígenas de esta época, la respuesta al problema de la protección del medio am- biente, la naturaleza, era la autonomía in- dígena y la adquisición de un poder terri- torial sobre los recursos”. Ramírez coin- cide con Floresmilo Simbaña, dirigente e intelectual de la CONAIE, al decir que la decisión de enarbolar la bandera del Su- mak Kawsay y la Pachamama fue una for- ma para Correa de neutralizar la delicada cuestión de la plurinacionalidad, hacién- dola pasar a un segundo plano. En cuanto a la despolitización de la Pa- chamama –que tornó posible su repolitiza- ción conservadora–, se inicia según Ramí- rez cuando las luchas políticas indígenas adquieren una visibilidad importante, en los años 1990: “En esa época, tenía com- pañeros en la universidad que eran mar- xistas o freudianos y que se indigenizaron.

margen

eran mar- xistas o freudianos y que se indigenizaron. margen | 35 Comenzaron a llevar trenzas,

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Comenzaron a llevar trenzas, gorros, pon- chos. Se los veía en televisión hablando de la Pachamama. Hubo un proceso impac- tante de reindigenización, acompañado de la aparición de servicios espirituales étnicos: chamanes, rituales con ayahuas- ca, iglesias, etc. Muchísima gente de mi en- torno, ciudadanos de Quito, aprovecharon la ocasión, sobre todo la pequeña y la gran burguesía. Actualmente es el yoga, y ade- más esta visión pachamamista del mundo recuerda un poco algunas formas de yoga:

los problemas están en el interior. Es una manera de personalizar la cuestión de la transformación de las cosas y abandonar las luchas políticas fundamentales”. La reducción de la Pachamama a su di- mensión espiritualizante y ecologizante garantiza a Acosta cierto éxito fuera de las fronteras. “Estoy recorriendo perma- nentemente Europa, sobre todo Alema- nia, Austria, España, Italia –nos explica por Skype, debido a sus incesantes des- plazamientos–. Pero también muchos países de América Latina. Soy invitado por universidades, así como por movi- mientos sociales. Por ejemplo, esta noche viajo a Alemania –donde me entregarán un premio– para hablar de los derechos de la Naturaleza, todas esas transforma- ciones civilizacionales que permiten sa- lir de un mundo antropocéntrico para ir hacia un mundo biocéntrico”. g

1.

Nuestra investigación nos llevó a realizar treinta

y

nueve horas de entrevistas a setenta y cuatro

personas en treinta comunidades, veintiuna

de ellas indígenas, así como a recorrer más de cuatro mil kilómetros a través del país.

2. Roberto Ojeda, “Perú: Pachamama contra el

capitalismo”, Erosión. Revista de Pensamiento Anarquista, N° 2, Santiago de Chile, 2013.

3. Véase Renaud Lambert, “El fantasma del

pachamamismo”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2011.

4. Véase Jean-Loup Amselle, “Turismo chamánico

en la Amazonia peruana”, Le Monde diplomatique,

edición Cono Sur, febrero de 2014.

5. Grupo militante opuesto a la decisión del gobierno

de explotar una parte del Parque Nacional Yasuní

y creado tras el fracaso de la iniciativa Yasuní-ITT.

Véase Aurélien Bernier, “En Équateur, la biodiversité

à l’épreuve de la solidarité internationale”, Le Monde diplomatique, París, junio de 2012.

6. Sarah Quilleré, “Écologisation et standardisation des

mythes traditionnels, reconfiguration des connaissances locales et nouveaux concepts. Les Wayuu en lutte pour

la sauvegarde du territoire”, Revue d’Anthropologie

des Connaissances, Vol. 10, N° 4, París, 2016.

7. “Bases indígenas desde Santo Domingo

exigen ‘diálogo directo con el gobierno’ sin

CONAIE”, El Telégrafo, Guayaquil, 23-2-15.

* Periodista. Traducción: Gustavo Recalde

con el gobierno’ sin CONAIE”, El Telégrafo , Guayaquil, 23-2-15. * Periodista. Traducción: Gustavo Recalde

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36 | Cada vez más tienden a abandonarse las terapias psiquiátricas y psicoanalíticas y a ser

Cada vez más tienden a abandonarse las terapias psiquiátricas y psicoanalíticas y a ser reemplazadas por psicotrópicos. No se elaboran diagnósticos concienzudos, se confunden los síntomas con las causas:

lo importante es recetar medicamentos para “trastornos” inventados. Detrás está el fabuloso poder de la industria farmacéutica.

La medicalización de la experiencia humana

Fármacos para todo y todos

por Gérard Pommier*

D esde hace algunas décadas, frente a la realidad del “su- frimiento psíquico” –una de las más importantes patolo- gías modernas–, se ha puesto

en marcha una maquinaria de diagnóstico inédita, que tiene como objetivo rentabili-

zar este enorme mercado potencial. Para hacerlo, era necesario primero reempla- zar la gran psiquiatría europea que, gracias

a observaciones clínicas múltiples y con-

cordantes reunidas durante los dos últi- mos siglos, había enumerado los síntomas

y los había clasificado en grandes catego-

rías: neurosis, psicosis o perversiones. Va- liéndose de estos conocimientos, el médi-

co clínico de cabecera podía establecer un

diagnóstico y distinguir los casos graves de aquéllos causados por circunstancias pa- sajeras. Separaba entonces aquello que re- quería la ayuda de medicamentos de aque-

lloquepodíaencontrarunamejorsolución

a través de las entrevistas.

Psiquiatría clásica y psicoanálisis ha- bían realizado las mismas constataciones. Así, estos dos enfoques muy distintos se confirmaron y enriquecieron mutuamen- te. El mercado del medicamento conser- vaba entonces proporciones razonables, lo que debió hacer reflexionar a “Big Phar- ma” –un apodo apropiado para el enorme poder de los laboratorios farmacéuticos, que cortejan asiduamente tanto a los mé- dicos de barrio como a las más altas instan- cias del Estado y los servicios de salud, con quienes saben mostrarse más bien genero- sos (por ejemplo, ofrecen cruceros de “for- mación” a los jóvenes psiquiatras)–. La tarea de conquistar este gran mer- cado comenzó en Estados Unidos, con la Asociación Estadounidense de Psiquia- tría (APA) y su primer Manual Diagnósti- co y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Men- tal Disorders, o DSM), en 1952 (1). En 1994,

la Organización Mundial de la Salud (OMS)

adaptó el capítulo “Psiquiatría” de la Clasi- ficación Internacional de Enfermedades a las nomenclaturas del DSM-IV, lo que con- dujo a numerosos países a hacer lo propio. Esto trajo como resultado un incremento de las patologías clasificadas. En 1952 había 60, y en 1994, 410 en el DSM-IV.

Negocios son negocios Los negocios son los negocios; era nece- sario que el método DSM fuera simple: ya no se trata de buscar la causa de los sínto- mas ni de saber a qué estructura psíquica corresponden. Basta con marcar los casi- lleros correspondientes al comportamien-

marcar los casi- lleros correspondientes al comportamien- to visible de aquel a quien le aquejan. Es-

to visible de aquel a quien le aquejan. Es- ta práctica olvida que un síntoma nunca es una causa. La entrevista con un psiquiatra

se vuelve entonces apenas necesaria, ya que se trata sólo de clasificar “trastornos” de superficie: “trastornos” del comporta- miento, de la alimentación, del sueño, en

síntesis, “trastornos” de todo tipo

la reciente invención de “trastornos” pro-

ducto de atentados. Cada uno tiene, mara- villosamente, su medicamento. Es en estas

turbias que ahogaron los antiguos

diagnósticos. El lobbying de “Big Pharma” conquistó también las facultades de medi- cina, donde sólo se enseña el DSM. Mejor aún, a veces los mismos laboratorios im- parten la enseñanza; se han denunciado múltiples conflictos de intereses. La gran cultura psiquiátrica ha sido olvidada, de

aguas

hasta

Gustavo Cimadoro (cima-cima-doro.tumblr.com)

manera tal que, frente a un paciente, el nue- vo médico clínico made in DSM ya no sabe si se trata de una psicosis, una neurosis o una perversión. No distinguirá un proble- ma grave de un estado circunstancial. Y, an- te la duda, prescribirá psicotrópicos La “depresión”, por ejemplo, es una palabra que forma parte del vocabulario corriente. La depre puede afectar a cual- quiera, en cualquier momento de la vida. Pero ¿por qué dejar la noción de “depre- sión” en semejante subutilización? Fue elevada pues al rango de una enfermedad plena. Sin embargo, la tristeza puede ser tanto el síntoma de una melancolía –con importante riesgo de suicidio– como el de un estado pasajero e incluso normal, como consecuencia de un duelo. Confucio reco- mendaba a un hijo un duelo de tres años

Edición 225 | marzo 2018

tras la muerte de su padre; hoy, si uno está triste más de quince días, está enfermo. Le darán antidepresivos, que pueden aliviar temporalmente, pero que no resuelven el

Sólo que, como el tratamien-

to no debe interrumpirse bruscamente, la prescripción dura a veces casi una vida. El marketing del DSM es simple: basta con inventar regularmente nuevos trastor- nos, que mezclen lo patológico y lo exis- tencial. Lo que resulta bastante fácil, ya que la existencia se basa en lo que no enca- ja para seguir adelante. Lo que no funciona –en nuestra vida– nos da energía para salir adelante. Hay que llorar antes de reír. Co- rremos sobre un volcán: apagar el volcán con medicamentos que son drogas es apa- gar una vida, que es a cada instante riesgo y riesgosa. “Lo patológico sólo tiene sentido para lo improductivo”, señalaba el escri- tor Stefan Zweig (2). La denominación de ciertos medicamentos parece aprobar es- ta concepción, pero en una acepción por lo menos discutible: en algunas formas agu- das de psicosis, los psicotrópicos son ne- cesarios para calmar las alucinaciones y los delirios. Estos medicamentos fueron llamados antipsicóticos. En la mente del fabricante, ¿estarían estas sustancias des- tinadas pues a acabar con el sujeto que pa- dece psicosis? Esto significa olvidar que el “sujeto” es siempre más grande que aque- llo que padece. Estos medicamentos debe- rían más bien llamarse “propsicóticos” o “filopsicóticos”, ya que un psicótico libe- rado de sus delirios suele ser un gran in- ventor (el matemático Georg Cantor), un gran poeta (Friedrich Hölderlin), un gran pintor (Vincent van Gogh), un gran pensa- dor (Jean-Jacques Rousseau). Pero a “Big Pharma” no le preocupa la libertad del su- jeto que, finalmente, pondría en tela de jui- cio su influencia. Prefiere el opio. Y sus va- pores se instalan mejor cuando el “trastor- no” es proyectado sobre los resortes efec- tivos del sufrimiento psíquico.

problema

Los “trastornos” se multiplican Es mucho mejor que el número de “tras- tornos” crezca y se multiplique. Entre los más recientes, el “trastorno bipolar” gozó de una gran difusión mediática, mientras no hace más que patologizar la enferme- dad universal del deseo: éste se lanza rien- do hacia el objeto soñado, pero, en cuanto lo alcanza, su sueño está aún más lejos, y su risa termina en lágrimas. A medida que transcurre la vida, somos con total norma- lidad “bipolares”, es decir, un día estamos eufóricos y al día siguiente abatidos. Pe- ro a veces, en las psicosis melancólicas, el objeto del deseo es la propia muerte, o la explosión de una supervivencia maníaca. El diagnóstico de “bipolaridad” se vuelve entonces criminal cuando no se diferen- cia entre el ciclo maníaco-depresivo de las psicosis –con un riesgo grave de pasa- je al acto que pueda justificar la prescrip- ción de neurolépticos– y la euforia/de- presión de las neurosis. La eliminación de esta distinción de los DSM suscita nume- rosos dramas (3). El “trastorno” más masivo y preocupan- te, ya que afecta a los niños, que sufren sin saber de qué y no pueden quejarse, es sin duda el “trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad” (TDA/H). Estas dificultades de la niñez son tratadas desde hace mucho tiempo por los psiquiatras in- fantiles y los psicoanalistas, pioneros en la materia. Pero, como se trata de problemas específicos de cada niño, evitaron etique- tarlos como un “trastorno” general. De modo que actualmente son acusados de no prescribir recetas, especialmente por aso- ciaciones de padres, algunas de las cuales están subvencionadas por los laboratorios farmacéuticos (por ejemplo, la asociación Hypersupers TDAH France, financiada

por los laboratorios Mensia, Shire, HAC Pharma y NLS Pharma). La inclusión inesperada de este supues- to diagnóstico significa decir, por ejemplo, que la tos es una enfermedad. Y el ejem- plo viene de arriba: el 29 de septiembre de 2017, se celebró en la Universidad de Nan- terre una conferencia en favor del diagnós- tico TDA/H, con el distinguido auspicio de Emmanuel Macron y Agnès Buzyn, mi- nistra de salud. Los psicoanalistas inscrip- tos en este coloquio no pudieron ingresar, ya que los vigilantes les prohibieron la en- trada. El TDA/H no existe en las clasifica- ciones francesas, ya sea la de los trastornos del niño y el adolescente (CFTMEA), fiel

a la psiquiatría francesa, o incluso la clasi- ficación internacional de las enfermeda- des (CIM 10), que retoma las opciones del DSM. Éstas sólo describen problemas de agitación. Y la agitación no es una enferme-

dad.Puedetenermúltiplescausas(proble-

mas familiares, dificultades en la escuela, etc.) y requiere en primer lugar que los ni- ños y sus familias sean escuchados, lo que a menudobastapararesolverlosproblemas. Con el TDA/H, el síntoma se transforma en enfermedad y, lo que es mucho más gra- ve, se le atribuyen causas ligadas al “neuro- desarrollo”. Esta afirmación no tiene nin- guna base científica, mientras que existen pruebas constantes de las dificultades cau- sadas por problemas en el seno de la fami- lia o en la escuela

Invento rentable… y peligroso Jerome Kagan, profesor en Harvard, decla- raba en una entrevista en 2012: “El TDA/H no es una patología, sino un invento. ( ) El noventa por ciento de los 5,4 millones de niños tratados con Ritalin en Estados

Unidos no tienen ningún metabolismo anormal” (4). En Francia, el doctor Patrick Landman demostró en su libro Tous hype- ractifs? (Albin Michel, 2015) que el TDA/H no tiene ninguna causa biológica identi- ficable: sus síntomas no son específicos y carecen de marcadores biológicos. Nin- guna hipótesis neurobiológica fue valida- da. El doctor Leon Eisenberg, inventor de

la sigla “TDA/H”, declaraba en 2009, siete

meses antes de su muerte: “El TDA/H es el ejemplo mismo de una enfermedad inven- tada. La predisposición genética al TDA/H está totalmente sobreestimada” (5). Y, sin embargo, gracias al lobbying, aproxima- damente el 11% de los niños de entre 4 y

17 años (6,4 millones) fueron diagnostica- dos con TDA/H a partir de 2011 en Estados Unidos, según los Centros para el Control

y la Prevención de Enfermedades esta-

dounidenses. Lo que a menudo conlleva una prescripción de Ritalin (metilfenida- to), que contiene sustancias consideradas como estupefacientes en las clasificaciones francesas. La prescripción de esta anfeta- mina a gran escala podría crear un escánda- lo sanitario semejante al del Mediator o el Levothyrox. Estas sustancias provocan un acostumbramiento, y no se descarta –aún está en discusión– que exista una correla- ción entre los niños que tomaron Ritalin y los adolescentes que se drogan. Los niños no son ajenos a los cambios de la sociedad. Se les impone, como a los adultos, el imperativo de un éxito rápi- do, la competitividad, el cumplimiento de normas que no corresponden a su edad. Aquellos que lo incumplen son fácilmente considerados hoy como “deficitarios”. Es preocupante pues ver aparecer, en una pá- gina del Ministerio de Educación de Fran-

cia, un folleto destinado a los docentes que afirma sin pruebas que el TDA/H es una “enfermedad neurológica” y les da un ins- tructivodetalladopara establecerprediag- nósticos. Los “signos de reconocimiento” propuestos podrían aplicarse a casi todos los niños. Siempre la misma amalgama en- tre problemas normales y patología No hace mucho tiempo, Michel Fou- cault puso en evidencia la represión, espe- cialmente por parte de los Estados y la re- ligión, de ese “malestar en la cultura” que es la sexualidad. Actualmente, el manto de silencio de un patriarcado de derecho divi- no está en proceso de marginación. ¿Cómo se organiza hoy esta represión, dado que el término “sexualidad” debe entenderse en un sentido amplio? Es la industria farma- céutica la que pretende tomar el relevo, ba-

jo la protección de la ciencia. El mensaje es claro: “Si usted tiene insomnio, momentos de abatimiento, una excitación exagerada, ideas suicidas, ¡no se preocupe! No es cul- pa suya: es culpa de sus genes, de sus hor- monas; usted sufre de un déficit en el neu-

rodesarrolloynuestrafarmacopeaarregla-

rá todo”. Se trata de hacer creer que todo se reduce a problemas de neurotransmisores y de mecánica, donde lo humano desapa- rece. Habría que olvidar que los problemas deliciosos y cotidianos de las relaciones de hombres y mujeres, los embrollos nunca bien resueltos de los hijos con sus padres, las relaciones de fuerza angustiantes con la jerarquía y el poder tienen sus raíces en lo más profundo de la infancia. En todas partes, lo infantil está en pri- mer lugar, y es lo que torna la cuestión del TDA/H aún más “turbia”. En todos los tiempos y lugares, es el niño el primero en ser reprimido, golpeado, formateado.

el niño el primero en ser reprimido, golpeado, formateado. | 37 Cuando un maestro de la

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Cuando un maestro de la vieja escuela le ti- raba de las orejas a un chico revoltoso era, por más chocante que pueda parecer, casi más humano que cuando los docentes son obligados a hacer un diagnóstico de dis- capacidad. Se mantenía una relación per- sonal, mientras que una pseudociencia la borra. Por primera vez en la historia, es en nombre de una supuesta ciencia que los ni- ños son “golpeados”. Todos los años, Papá Noel, ese mito con múltiples estratificacio- nes, tal como lo demostró el etnólogo Clau- de Lévi-Strauss (6), ofrece a los niños re- galos para consolarlos. Actualmente, “Big Pharma” pretende ponerse la hopalanda de Papá Noel. Pero no olvidaremos que bajo el abrigo rojo se oculta una sombra que se parece mucho a la del lobo de Caperucita. g

1. Véase “La bible américaine de la santé mentale”,

Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2011.

2. Stefan Zweig, Le Combat avec le démon: Kleist,

Hölderlin, Nietzsche, Le Livre de Poche, col. “Biblio Essais”, París, 2004 [1 ° ed.: 1925].

3. Yo mismo acompañé al hospital Sainte-Anne

a un paciente melancólico, que un psiquiatra

ignorante de todo lo que no sea el DSM dejó salir. Se suicidó. Conozco varios casos similares.

4. “What about tutoring instead of pills?”,

Spiegel Online, 2-8-12, www.spiegel.de

5. “Schwermut ohne Scham”, Der

Spiegel, Hamburgo, 9-2-12.

6. Claude Lévi-Strauss, Le Père Noël supplicié, Seuil, col.

“La librairie du XXIè siècle”, París, 1994.

*Médico psiquiatra, psicoanalista, profesor univer- sitario emérito, director de investigaciones de la Universidad de París VII. Autor, entre otras obras, de Comment les neurosciences démontrent la psycha- nalyse, Flammarion, col. “Champs Essais”, 2010, y Féminin, révolution sans fin, Pauvert, París, 2016. Traducción: Gustavo Recalde

fin , Pauvert, París, 2016. Traducción: Gustavo Recalde ¡YA SALIÓ! Revista de Libros JACQUES RANCIÈRE
¡YA SALIÓ! Revista de Libros JACQUES RANCIÈRE DEMOCRACIA E IGUALDAD EN UN MUNDO QUE CAMBIA
¡YA SALIÓ!
Revista de Libros
JACQUES RANCIÈRE
DEMOCRACIA E IGUALDAD EN UN
MUNDO QUE CAMBIA
Es una publicación de cultura, literatura y política
que ofrece una selección de los mejores textos de
The New York Review of Books junto con
artículos de prestigiosos escritores y académicos
argentinos y latinoamericanos
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ISRAEL Y LA "BANALIDAD DEL MAL"
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38 | Economía Montaje de un gasómetro a presión de Gas del Estado, 1950 Una industria
Economía Montaje de un gasómetro a presión de Gas del Estado, 1950
Economía
Montaje de un gasómetro a presión de Gas del Estado, 1950

Una industria para la periferia

Manufactura y cambio estructural

Aportes para pensar la política industrial en la Argentina

Martín Abeles, Mario Cimoli y Pablo Lavarello (eds.) CEPAL; Santiago de Chile, noviembre de 2017. 336 páginas.

Esta nueva obra de la CEPAL dedica- da a la política industrial en Argentina constituye un libro importante y opor- tuno por numerosas razones, entre las que cabe particularmente resaltar tres. Primero, porque ofrece un análisis exhaustivo de la evolución de la indus- tria argentina bajo los gobiernos kirch- neristas, el cual arroja como conclusión principal la debilidad del cambio estruc-

tural en el perfil del sector. Se trata de una perspectiva interesante, pues de ella surgen varias coordenadas para debatir con aquellos que postulan la existencia de un proceso vigoroso de reindustrialización nacional como caracterización global del período. En la descripción de los factores que concurren a explicar la debilidad del cambio estructural, los autores hacen hincapié en los déficits en materia de consisten- cia y articulación de los diferentes instrumentos de política industrial y tecnológica. Segundo, porque la obra ofrece varios elementos de análisis y teórico-concep- tuales para el debate sobre la especialización productiva de Argentina, hoy nue- vamente hegemonizado por amplios sectores (no sólo ortodoxos) que postulan, en general sin aportar evidencias concluyentes, que el destino manifiesto del país pasa por consolidar una inserción en la división internacional del trabajo a partir de sus ventajas comparativas estáticas. En el libro el lector podrá encontrar argumentos muy sólidos en torno a “la centralidad de la política industrial y tecnológica para el desarrollo económico y la inconveniencia de apostar a una especialización basada exclusivamente en las ventajas comparativas estáticas o naturales y la posibilidad efectiva de elegir ganadores a partir de determinadas consideraciones estratégicas”. Tercero, y a criterio de quien escribe estas líneas lo más importante, porque la CEPAL ha decidido recuperar de modo explícito su pasado glorioso en lo que refie- re a pensar la industrialización desde y para los países latinoamericanos, ofrecer diagnósticos rigurosos como sostén de esas reflexiones y generar insumos críticos para el diseño de políticas de fomento productivo que procuren el desarrollo eco- nómico e industrial de la región. Al respecto, cabe cerrar con un señalamiento de los editores del trabajo: “Pasado el auge de los precios internacionales de las materias primas de la primera década del siglo XXI, surge en América del Sur una preocupación creciente por la debilidad de los procesos de industrialización y una de sus principales secuelas, la escasa o nula diversificación productiva… Diseñar e implementar políticas industriales y tecnológicas capaces de dar respuesta, desde la periferia, a un escenario interna- cional complejo constituye una necesidad de primer orden, no sólo para reducir las brechas tecnológicas que nos separan de los países centrales, sino también para evitar que éstas se amplíen aun más, agudizando la restricción externa al creci- miento y, con ella, la dificultad para generar empleos bien remunerados”.

Martín Schorr

Libros

del mes

Democracia

remunerados”. Martín Schorr Libros del mes Democracia Aporofobia, el rechazo al pobre Adela Cortina Paidós;

Aporofobia, el rechazo al pobre

Adela Cortina

Paidós; Buenos Aires, julio de 2017.

200 páginas, 299 pesos.

Una tesis recorre este ensayo: el proble- ma al que se enfrentan las sociedades, y que constituye un desafío para las demo-

cracias, no es que rechacen la extranjería,

o ciertas razas o etnias, sino que recha-

zan al pobre, al áporos, en griego. De ahí el neologismo inventado por la autora:

aporofobia, que supone un atentado dia- rio contra la dignidad de las personas. La filósofa española encuentra una raíz bio- lógica en la tendencia humana a la apo- rofobia y otras fobias: el cerebro tiende a rechazar la diferencia, que podría señalar peligro o riesgo, y a poner entre parénte- sis lo que percibimos como perturbador. Además, en sociedades regidas por un contrato de reciprocidad, el pobre no está en situación de poder dar, por tanto pare- ce quebrar ese juego que “consiste en dar con tal de poder recibir”. Lo que Cortina olvida es que, para que amplias poblaciones llegaran a ser pobres, antes fueron empobrecidas, sus- traídas de sus medios de vida y aun de los saberes ancestrales en los que se

apoyaba su posibilidad misma de ser un pueblo. Y en ese proceso de despo- jo fueron centrales las categorías de raza y colonialidad, como también de sexo/género. Cortina aborda la pobreza desde una perspectiva ahistórica, como si los pobres siempre hubieran sido pobres,

sin problematizar por qué son los pueblos racializados, las mujeres y los países del Sur global los que en mayor grado sufren

la pobreza y, con ella, la aporofobia.

Nazaret Castro

Edición 225 | marzo 2018

Cultura

Nazaret Castro Edición 225 | marzo 2018 Cultura La cultura como política Erich Auerbach El cuenco

La cultura como política

Erich Auerbach El cuenco de plata; Buenos Aires, septiembre

de 2017. 224 páginas, 368 pesos.

En 1935 Erich Auerbach es suspendido como profesor de Romanística en la Uni- versidad de Marburgo a causa de las leyes raciales de Núremberg y obligado a aban-

donar Alemania. Parte hacia Italia y luego a Turquía, donde enseña durante once años (1936-1947) en la Universidad de Estambul. Esa dramática experiencia del exilio

le proporcionó al autor la oportunidad de

continuar estudiando la historia cultural de Europa desde una perspectiva singu- lar. El propio Auerbach destacó en varias ocasiones el valor de este trabajo previo para la génesis de su obra maestra –Míme- sis–, manifestando además el justificado temor de que su publicación en Estambul en 1937 no le permitiese llegar a un gran público. Y efectivamente así sucedió. Este volumen recoge textos inéditos en castellano de la etapa más significativa del autor. Se divide en dos partes, la primera incluye escritos sobre temas de la historia cultural europea (el realismo en la Europa del siglo XIX, literatura y guerra, influencia de las monarquías sobre la democracia en

Francia y la catástrofe alemana). Allí des- taca el texto “El surgimiento de las lenguas nacionales en la Europa del siglo XVI”. La segunda parte reúne escritos sobre

algunos protagonistas de la historia cultural europea, descollando dos ensayos sobre la vida y obra de Dante Alighieri, especial- mente acerca de la relevancia lingüística

y literaria de la Divina Comedia. Incluye

además textos sobre Voltaire, Maquiavelo,

Montesquieu, Rousseau y Benedetto Croce.

Julián Chappa

Novela gráfica

Rousseau y Benedetto Croce. Julián Chappa Novela gráfica El diario de Anne Frank Ari Folman, David

El diario de Anne Frank

Ari Folman, David Polonsky Debolsillo; Barcelona, octubre de 2017.

160 páginas, 369 pesos.

Ari Folman es uno de los directores cine- matográficos más renombrados de Israel, conocido mundialmente por su película de animación documental Vals con Bashir, que narra su traumática experiencia como soldado durante la Guerra del Líbano, en la que fue testigo de los ataques a los cam- pamentos de refugiados de Sabra y Chatila. En 2012, el Anne Frank Fonds lo contactó para proponerle un desafío mayúsculo: edi- tar como novela gráfica, apuntando prin- cipalmente a un público joven, El diario de Anne Frank, un texto “icónico y único”, en el que una niña de apenas 13 años narra los dos años que pasó escondida de la Gestapo junto a su familia y otros residentes en una buhardilla oculta en Ámsterdam, antes de ser descubiertos y enviados a campos de concentración donde morirían, con excep-

ción de su padre. El resultado, realizado con

el ilustrador y d