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Julio Meinvielle.

Julio Meinvielle (Buenos Aires el 31 de agosto de 1905 - ibídem, 2 de agosto


de 1973) fue un sacerdote integrista argentino, filósofo tomista e ideólogo
antisemita.

Sus libros fueron muy influyentes en el nacionalismo católico argentino. .

Biografía.
Estudió en el Pontificio Seminario Conciliar de Villa Devoto. Se doctoró en
teología y filosofía en Roma y pronto comenzó su prolífica obra sobre historia
y economía. El 20 de diciembre de 1930 fue ordenado sacerdote.

En 1934 participó en la creación de la Acción Católica Argentina.

A partir de su trabajo en la parroquia Nuestra Señora de la Salud del barrio de


Versailles de la ciudad de Buenos Aires dio el puntapié a una iniciativa de
campamentos juveniles parroquiales, que se difundió entre otros colegas del
sacerdocio. Años después, promovió la creación de la Unión Scouts Católicos
Argentinos (USCA), que lo eligió como su primer secretario. El 7 de abril de
1937, dicha asociación scout fue reconocida por el cardenal Santiago Luis
Copello, obispo primado de la Argentina, como asociación privada de fieles
de la Iglesia católica. Fue también uno de los fundadores del Ateneo Popular
de Versailles, un club con gran trayectoria deportiva y social, que presidió
hasta su muerte.

Entre 1943 y 1956 fue director de las revistas Nuestro Tiempo y Balcón.

En los años sesenta, el padre Meinvielle fue el guía espiritual del Movimiento
Nacionalista Tacuara, un grupo integrado por jóvenes.

Uno de los discípulos de Meinvielle fue el escritor anticomunista Jordán


Bruno Genta, autor de Guerra contrarrevolucionaria: doctrina política (Buenos
Aires, 1965). Otros discípulos de Meinvielle fueron el ideólogo nacionalista
católico argentino Alberto Buela Lamas y su hermano, el sacerdote Carlos
Buela, que en 1984 fundaría el Instituto del Verbo Encarnado, y (autor de un
opúsculo in memoriam de Meinvielle).

Para sus trabajos Meinvielle recibía el apoyo económico de la empresa Pérez


Companc.

En julio de 1973 sufrió un accidente al ser atropellado por una camioneta de la


municipalidad de Lanús mientras cruzaba la avenida Nueve de Julio. Estuvo
un mes hospitalizado y falleció el 2 de agosto de 1973. .

Su pensamiento.
Interpretaba la historia como un proceso de declive y decadencia de los
valores católicos, que vendría determinado por tres eventos catastróficos para
la Iglesia:

La irrupción de Martin Lutero,


La Revolución francesa y
La Revolución bolchevique. .

Polémicas.
Crítico acérrimo de lo que percibía como "retrocesos" en los niveles de la
educación católica. En 1936, cuando visitó Argentina por primera vez el
filósofo católico modernista francés Jacques Maritain ―y fue bien recibido
por una parte de la jerarquía eclesiástica― Meinvielle lo criticó fuertemente.
Entre otras cosas, Meinvielle afirmaba que la Guerra civil española era una
«guerra santa». A partir de esa correspondencia, en 1937 publicó un libro
titulado Qué saldrá de la España que sangra.

Su obra De Lammenais a Maritain supuso una crítica a las ideas del segundo
Maritain; sostenía que defendía la falta de fe de la sociedad moderna, dado su
apoyo al liberalismo. Expuso que la obra de Maritain se asentaba en la de
Felicidad Roberto de Lamennais, en la de Marc Sangnier y en la de Le Sillon;
afirmó que el antropocentrismo de estos autores era incompatible con la fe
católica.

Su obra también dio frutos en la formación de importantes dirigentes


nacionalistas y católicos. Sin embargo, algunos de ellos, como Fernando Abal
Medina, Carlos Gustavo Ramus, Mario Firmenich y Rodolfo Galimberti,
abandonaron sus enseñanzas y tendieron al revolucionarismo de izquierda. .

Economía.
Condenó el capitalismo y el marxismo y trató de buscar paralelos entre los
dos, sosteniendo que el materialismo era la base de ambos.
Abogó por un sistema económico basado en la Doctrina Social de la Iglesia,
en el que el consumo regulase la producción y en el que la creación de riqueza
fuese permitida siempre que se reinvirtiera. .

Antisemitismo y oposición al nazismo.


Al igual que Rodolfo Irazusta fue un furibundo crítico de la usura, de la que
culpó "a los judíos", citando como inspirador al economista Werner Sombart,
perteneciente a la escuela histórica alemana.

Arguyó que el judaísmo tenía como objetivo la destrucción del cristianismo y


sostuvo que todo tipo de males que le sucediesen a la Iglesia tendrían su base
en la acción judaica. Aunque no repitió libelos de sangre, afirmó que el
comunismo y el capitalismo eran creaciones judías como parte de su plan para
dominar el mundo.

Fuerte opositor al nazismo, lo criticó desde el catolicismo integral en su obra


"El nazismo y la Iglesia católica" en la cual detalla las persecuciones que el III
Reich infligió a la Iglesia. Asimismo criticó el racismo por su positivismo y
cientificismo exacerbado y anticristiano. Expuso estas tesis en su obra El judío
en el misterio de la Historia (1936), y dio a su pensamiento una dimensión
argentina, al considerar a Buenos Aires, una Babilonia moderna, dominada
por el lobby judío de las finanzas:

¿Quién puede ocuparse del judío sin un sentimiento de admiración o de


desprecio, o de ambos a la vez? Pueblo que un día nos trajo a Cristo, pueblo
que le rechazó, pueblo que se infiltra en medio de otros pueblos, no para
convivir con ellos, sino para devorar insensiblemente su substancia; pueblo
siempre dominado, pero pueblo lleno siempre de un deseo insolente de
dominación. [...] Los judíos dominan a nuestros gobiernos como los
acreedores a sus deudores. [...] Esta dominación se hace sentir en los
ministerios de Instrucción Pública, en los planes de enseñanza, en la
formación de los maestros, en la mentalidad de los universitarios; el dominio
judío se ejerce sobre la banca y sobre los consorcios financieros, y todo el
complicado mecanismo del oro, de las divisas, de los pagos, se desenvuelve
irremediablemente bajo este poderoso dominio; los judíos dominan las
agencias de información mundial, los rotativos, las revistas, los folletos, de
suerte que la masa de gente va forjando su mentalidad de acuerdo a moldes
judaicos; los judíos dominan en el amplio sector de las diversiones, y así ellos
imponen las modas, controlan los lupanares, monopolizan el cine y las
estaciones de radio, de modo que las costumbres de los cristianos se van
modelando de acuerdo a sus imposiciones. ¿Dónde no domina el judío? Aquí,
en nuestro país, ¿qué punto vital hay de nuestra zona donde el judío no se esté
beneficiando con lo mejor de nuestra riqueza al mismo tiempo que está
envenenando nuestro pueblo con lo más nefasto de las ideas y diversiones?
Buenos Aires, esta gran Babilonia, nos ofrece un ejemplo típico. Cada día es
mayor su progreso, cada día es mayor también en ella el poder judaico. Los
judíos controlan aquí nuestro dinero, nuestro trigo, nuestro maíz, nuestro lino,
nuestras carnes, nuestro pan, nuestra leche, nuestras incipientes industrias,
todo cuanto puede reportar utilidad, y al mismo tiempo son ellos quienes
siembran y fomentan las ideas disolventes contra nuestra Religión, contra
nuestra Patria y contra nuestros Hogares; son ellos quienes fomentan el odio
entre patrones y obreros cristianos, entre burgueses y proletarios; son ellos los
más apasionados agentes del socialismo y comunismo; son ellos los más
poderosos capitalistas de cuanto dáncing y cabaret infecta la ciudad.
Diríase que todo el dinero que nos arrebatan los judíos de la fertilidad de
nuestro suelo y del trabajo de nuestros brazos será luego invertido en
envenenar nuestras inteligencias Y lo que aquí observamos se observa en todo
lugar y tiempo. Siempre el judío, llevado por el frenesí de la dominación
mundial, arrebata las riquezas de los pueblos y siembra la desolación. Dos mil
años lleva en esta tarea la tenacidad de su raza, y ahora está a punto de lograr
una efectiva dominación universal;
Julio Meinvielle. .

Cuando comenzaron a difundirse en Argentina doctrinas anarquistas


procedentes de Italia y España, colaborará con la Liga Social Argentina, grupo
de tendencias fascistas, cuyo objetivo era luchar contra el modernismo y las
tendencias que consideraban subversivas. Donde tenían activa participación
Alejandro Bunge y Atilio Dell'Oro Maini, Miguel de Andrea cuyos enemigos
definidos por sus órganos de prensa La Unión eran los judíos, los liberales y
los masones. .

Bibliografía.
El comunismo en la revolución anticristiana.
Prólogo y comentarios a la carta encíclica «Pacem in Terris».
Concepción católica de la economía.
Concepción católica de la política.
Discurso del padre Julio Meinvielle en la Sociedad Rural.
Entre la Iglesia y el Tercer Reich.
Iglesia y mundo moderno.
De Lamennais a Maritain.
Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana.
El judío en el misterio de la Historia.
Qué saldrá de la España que sangra.
En torno al progresismo cristiano.
Das Judentum im Geheimnis der Geschichte (traducción al alemán de su El
judío en el misterio de la Historia).
La libertad religiosa.