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Hacia un Marx del Siglo XXI

Marx y la crítica del capitalismo y la modernidad en la obra de Enrique Dussel A.

Juan José Bautista S.

Introducción.

El largo siglo XX ha sido un verdadero desafío para el pensamiento crítico,


especialmente en las regiones o países donde se ha vivido del modo más duro y
crudo el dominio no solo de los imperios de turno, sino del capitalismo tardío y
el totalitarismo del modelo neoliberal. La crítica que se le hizo desde el marxismo,
el socialismo y la izquierda en general, resultó insuficiente ante el avasallante
desarrollo del capitalismo a nivel mundial. Esta situación está mostrando la
evidencia de que ya no basta con hacerle la crítica al capitalismo, sino que
paralelamente hay que mostrar cómo es que se puede hacer la transición hacia el
más allá de ella, ya sea en términos del socialismo, del poscapitalismo o de otra
alternativa distinta al imperio del capital.
Desde inicios de este siglo, empezaron a aparecer muchos “retornos” a la
obra de Marx, en especial a El Capital. Este síntoma no es casual, en realidad es
un retorno a los fundamentos del pensamiento crítico. Pero, después de la
aparición del llamado “Giro de-colonial”, ya se está viendo con mucha claridad
que no se puede seguir releyendo textos clásicos del pensamiento crítico como si
el problema del “Locus” de enunciación ya no fuese problema.
Cualquiera que se haya enfrentado en serio con la obra de Marx,
especialmente con El Capital, pero también con Los Grundrisse, los manuscritos del
61-63 (Mal conocidos como teorías del Plusvalor) y ahora los manuscritos del 63-66
(editados recientemente por el proyecto MEGA2 de Berlín y desconocidos por el
marxismo del siglo XX), sabe que son obras que no se puede entender de buenas
a primeras. Quienes se auxilian de los manuales, casi siempre terminan
malparados. Apropiarse de la obra del genio de Marx implica comprender antes,
o paralelamente muchísimos presupuestos teóricos, políticos, económicos,
teológicos, históricos, filosóficos, literarios, etc., que Marx los da por supuesto en
la redacción definitiva de El Capital.
Muy pocos lectores de la obra de Marx conocen de cerca el contexto
histórico, político, económico y cultural en el cual Marx está pensando y
escribiendo su obra. Muchos párrafos, frases y hasta palabras en la pluma de
Marx cobran otro tipo de sentido del que habitualmente se piensa. De los cuales
si no se es consciente normalmente se los malinterpreta o simplemente no se
entiende, y lo que es peor, pasan completamente desapercibidos como
irrelevantes. En este sentido se nos hace central plantearse explícitamente la
necesidad de volver a Marx, pero, no sólo desde los nuevos problemas que
aparecieron en el siglo XXI, sino explícitamente desde la periferia del primer
mundo capitalista, y en nuestro caso, desde América Latina, como un nuevo locus
de enunciación de un pensamiento con fuerte pretensión crítica, pero también de
universalidad.

¿Hacia un Marx del siglo XXI?

Una visión no academicista de la obra de Marx permite entender de mejor


modo cómo es que se puede hacer el pasaje de la teoría a la política, esto es, de la
contemplación o interpretación, a la transformación. Porque no basta con la
acción. Ésta tiene que estar precedida o acompañada de la reflexión, o sino, del
pensar. El marxismo del siglo XX al cual habíamos tenido acceso desde fines de
los 70’s y toda la década de los 80’s no nos había servido mucho para entender
“nuestra” realidad. Sin embargo, percibíamos que había mucho más en Marx
Marx, y que no habíamos captado con el marxismo del siglo pasado. Desde
principios del siglo XXI, ante la avasallante aparición de nuevos problemas,
fenómenos y sujetos políticos, nos dimos cuenta de la necesidad de este otro
Marx, distinto del Marx del siglo XX. Este es el contexto en el que empezamos a
trabajar al Marx que Enrique Dussel estaba desarrollando desde principios de la
década del 80 del siglo XX.
Pero, nuestra relación con el Marx de Dussel recién empezó a cobrar sus
primeros frutos en este siglo, más precisamente desde las guerras del agua y del
gas que acontecieron en Bolivia entre el 2001 y el 2003. De pronto empezamos a
entender problemas que la izquierda habitual ni los captaba siquiera. Así, nuestro
trabajo con el Marx de Dussel de toda la década de los 90’s empezó a producir
sus frutos “críticos” en la primera década de este siglo. Pero teníamos todavía
nuestras dudas acerca de las hipótesis más duras. Hasta que tuvimos la
oportunidad de tener una pequeña estancia académica en Berlín el 2011, donde
tuvimos la oportunidad de dialogar con algunos investigadores del MEGA 2 y
también con su secretario general.
Ahí vimos cómo nuestras hipótesis funcionaban bastante bien, pero a su
vez vimos cómo, partiendo explícitamente de los problemas de nuestro tiempo,
pero también, explícitamente desde lo propio (es decir, desde las fuentes
históricas y culturales que operan como presupuestos de los actos y hechos
políticos que están impulsando los “nuevos actores” y sujetos sociales, políticos,
populares y comunitarios que irrumpieron con fuerza en el nuevo escenario
político actual, y que están promoviendo procesos de cambio), pero a su vez,
dichos en el nuevo lenguaje conceptual que Dussel1 había elaborado a partir de
Marx, cobraban otro sentido, digamos renovado, fresco, actual, en el cual la
realidad aparecía ahora de otro modo, lo que a su vez permitía ver y concebir
otro tipo de realidad distinto.
Ahora ya no veíamos sólo capitalismo y socialismo, sino el más allá que la
modernidad siempre había negado y encubierto con su ciencia y su filosofía, pero
también el más allá que presupone a ambos proyectos económicos y políticos que
conocemos como “modernidad”, el cual aparecía encubierto por éstas ciencias,
pero también empezamos a ver la filosofía presupuesta en la obra de Marx con la
cual se hizo ésta crítica. Esto es; desde la “ontología-negativa y crítica”
presupuesta en El Capital de Marx, se puede producir otra concepción “distinta”
del “Ser y no-Ser”, esto es, de la realidad, gracias a la “fenomenología de la vida
real” presupuesta en El Capital y encubierta por el capitalismo, esto es, otra forma
de acceso crítico, a la hora de desnudar el mito del mercado capitalista, el
progreso y la modernidad. Esta sería la actualidad de la obra de Marx para
nuestro tiempo.
Ahí fue cuando nos dimos cuenta de la relevancia actual de todo el trabajo
que Dussel había hecho sobre la obra de Marx, no solo para comprenderlo, sino
también para la comprensión actual del capitalismo y del tiempo histórico de la
modernidad. Por ello creemos que no sólo puede haber un Marx del siglo XXI,
sino que la obra de Marx ahora es la obra de un gran clásico con el cual todos los
momentos críticos en el futuro tendrán que dialogar con él, o sino, todos los que
en el futuro tengan una seria intencionalidad crítica tendrán que volver a dialogar
con el Moro desde esos nuevos problemas, para continuar con la tarea crítica. Y
en este intento, dialogar con el Marx de Enrique Dussel, será inevitable.

El Marx de E. Dussel

El problema para nosotros sería entonces; ¿cómo podríamos hacer una


nueva recepción de la obra de Marx en este siglo XXI que esté a la altura no sólo
de los problemas que ahora han aparecido ante nosotros, sino especialmente a la
altura de los nuevos proyectos políticos de transformación y revolución que están
proponiendo los nuevos actores políticos y sujetos sociales que ahora están
impulsando nuevas políticas? Un ejemplo de cómo se podría hacer esta nueva
recepción es la obra dedicada a Marx que Enrique Dussel produjo en la década
de los 80’s y principios de los 90’s. Con esto no estamos diciendo que el Marx de

1
Pero también con el Marx de Franz Hinkelammert, quien sigue desarrollando otra apropiación del
marco categorial de Marx en una dirección muy sui géneris, que estamos seguros, dará mucho que
hablar en el futuro.
Dussel sea el Marx definitivo, no. Lo que estamos afirmando es que su obra
relativa a Marx es un muy buen ejemplo de lo que hoy por hoy debiéramos hacer
con la obra de Marx, máxime cuando el proyecto del MEGA ya ha publicado en
su sección segunda2, todo lo que Marx escribió para El Capital, su magna obra.
Veamos entonces cómo Dussel produjo su propia recepción de la obra de Marx.
Como todo el mundo sabe, Dussel no fue marxista desde el principio, es
más, hasta le hizo varias críticas a Marx cuando todavía no distinguía bien a Marx
mismo de lo que sus intérpretes decían de él. Cuando E. Dussel llegó a México,
el contexto político y económico no era similar al de Sud América. Como se sabe,
desde la década de los 60’s hasta fines de la década de los 70’s el ambiente
político muy convulso, insurgente y hasta pre-revolucionario en algunos casos,
produjo sus propias reflexiones políticas y teóricas. Este protagonismo pasó
durante la década de los 80’s a Centro América donde lo cultural y político
produjo también como reflexión su propia especificidad teórica, ambos con
fuerte pretensión política, tanto en el ámbito de la praxis como en el de la teoría.
En cambio en México, después de las experiencias políticas del 68 y principios de
los 70’s se vivía una especie de relativa calma o tranquilidad política, la cual
influía también en el ámbito teórico. Si bien en América del Centro y del Sur, las
reflexiones económicas, sociales, culturales, etc., eran más políticas, en México,
podían ser más teóricas. No por casualidad en las décadas de los 70’s y 80’s en
México se produjo y publicó una inmensa cantidad de ensayos, libros y revistas
de literatura marxista y revolucionaria en general. Lo cual produjo un ambiente
intelectual muy rico en el cual se podían discutir en profundidad muchos
problemas teóricos y políticos. Este es el nuevo contexto en el que Dussel llegó a
México en 1975.
Es decir, se encontró no sólo en otro país latinoamericano, sino que el
contexto de la discusión no solo que era otro, sino que también el lenguaje en el
que se discutían los temas ya no era el mismo, especialmente en el ámbito
filosófico. Es cierto que Argentina no es como México, pero también es cierto
que en ambos países como en toda Latinoamérica se daban problemas comunes
como el subdesarrollo, la marginación y la pobreza, y por eso Dussel se puso a
pensar ahora América Latina «desde» este nuevo espacio histórico, económico y
social que como plataforma proponía México, como antes lo había hecho
2
Como mucha gente sabe hoy, el proyecto de la publicación de las obras completas de Marx y
Engels llamado Marx Engels Gesamtausgabe o MEGA, ha subdividido la obra entera en cuatro
secciones. La Primera Sección está dedicada a Trabajos, Artículos y Borradores de ambos
anteriores y paralelos a las redacciones de El Capital, que consta de 32 tomos. La Segunda Sección
está dedicada íntegramente a todo lo que Marx escribió para su magna obra El Capital, desde los
Grundrisse de 1857-58 hasta 1881-1882, pero también a las ediciones que Engels preparó para la
publicación del tomo II y III de El Capital, hasta 1894, que consta de 15 tomos. La Tercera Sección
está dedicada a la correspondencia íntegra de ambos, que consta de 35 tomos. La Cuarta Sección
está dedicada a artículos y notas de ambos, que consta de 32 tomos. En total suman 114 tomos.
«desde» Argentina (como la patria chica), pero muy pronto se dio cuenta que,
para poder intervenir en el debate tenía que apropiarse de un nuevo lenguaje para
no quedar fuera de la discusión.
En ese entonces el lenguaje que predominaba el ambiente de la izquierda y
de la crítica en América Latina era del llamado marxismo occidental3. Como
Dussel no lo conocía en profundidad, para hacer la crítica utilizaba otro lenguaje
más filosófico, no sólo el que provenía de los fundadores de la Escuela de
Frankfurt sino también de la obra de Lévinas y hasta Heidegger. En este
contexto, por la forma de la tematización de los problemas que Dussel estaba
trabajando y que provenían de América Latina, recibió diríamos, más que una
crítica, casi una acusación, de que su obra teórica era ingenua o ambiguamente
“populista”, es decir, ideológica y no así científica. Porque en ese entonces uno
de los conceptos centrales para hacerle la crítica al capitalismo como la forma
excelsa de la dominación era la de “clase social” y en este caso, la de clase obrera.
Porque Dussel, ya desde ese entonces, para hacer la crítica a los sistemas de
dominación, hacía un constante uso de la categoría de “pueblo”4, especialmente
en su Ética de la liberación latinoamericana. En ese entonces no hacía uso del
concepto de clase social, proletariado o clase obrera, como el sujeto de la crítica o
la revolución, el cual era supuestamente central a la hora de querer hacer
pensamiento crítico. A partir de esta crítica, el problema que se planteaba a sí
mismo era que; o su pensamiento no es radicalmente crítico y entonces es
ingenuo, o sino, que todo lo que había construido teórica y filosóficamente hasta
ese entonces era meramente ideológico y no así científico.
La única forma de responder a tan fuerte crítica fue apropiándose del
lenguaje, los conceptos y categorías al interior de las cuales aparece el concepto
3
Más propiamente, el del marxismo del materialismo histórico y el marxismo althusseriano.
“Criticábamos al Marx althusseriano de la época. Después hemos podido estudiar a Marx
detalladamente y nuestras conclusiones son exactamente las contrarias. En efecto, Marx no es un
pensador que queda apresado en la totalidad (como pensábamos en ese tiempo), ni tampoco es
expresión de un paradigma productivista (como lo piensa Habermas)”. Cfr. Dussel, Enrique.
Método para una filosofía de la liberación. Ed. Universidad de Guadalajara. 3ra. Ed. 1991. pág. 11.
4
Acá podemos notar una especie de déficit epistemológico, al confundir un concepto o categoría
con la cosa nombrada (¿sustancialismo?). Como si un concepto reflejara solamente una realidad y
no otra, como si la realidad no fuese capaz de cambiar, como si la realidad fuese siempre idéntica a
sí misma a pesar de la historia y la cultura. Porque el pueblo europeo no es el mismo pueblo que el
latinoamericano, por eso mismo la categoría pueblo, no puede tener el mismo significado, o
contenido cuando se hace uso de la categoría pueblo en Europa que en Latinoamérica. Cada pueblo
actúa de acuerdo a su propia historia, en el contexto de la macro historia y su cultura, por ello es que
ningún concepto o categoría de pueblo, puede agotar todos los modos o formas de ser del “pueblo”,
por ello es que siempre se puede pensar al pueblo o “lo popular” de distintos modos, sin necesidad
de caer en los “ismos”. Porque todos los pueblos por más identidad que tengan respecto de sí
mismos, siempre pueden cambiar en el devenir de la historia y por eso es que el pensador siempre
tiene que estar dispuesto a cambiar el contenido del concepto pueblo, para explicar la especificidad
histórica de los pueblos en la historia.
de “clase” o “clase obrera” como críticas y científicas, lo cual hacía aparecer al
concepto de “pueblo” o lo “popular” como ideológico y acrítico. Dussel por ese
entonces ya tenía una forma de producción filosófica en sentido estricto, y como
tal se puso a estudiar el problema en sus “fuentes” y no en los meros estudios
introductorios, comentarios o de divulgación que por ese entonces abundaban,
de tal manera que mucha gente después de leer uno de estos manuales, ya se
sentía auténtico conocedor de Marx. Y así fue entonces que Dussel se puso a
estudiar a fondo a Marx, no sólo para comprender el sentido de las objeciones,
sino también para responder a esas críticas que le hacían por un lado los
“marxistas” y por el otro los “latinoamericanistas”, ni qué decir los analíticos.
Cuando un pensador piensa de cara y de frente a la realidad, siempre
dialoga, a partir del modo cómo le aparece la realidad, con los grandes
pensadores, siempre los tiene como interlocutores a partir de los cuales se
construye y se afinan categorías para expresar del mejor modo posible,
categorialmente hablando, a la realidad que se está pensando, que en este caso era
la miseria del “pueblo” latinoamericano. Y como el ambiente de la intelectualidad
mexicana era bastante marxiano, Dussel se puso a estudiar a Marx “Marx”, o sea
a Marx mismo, para apropiarse de su lenguaje y categorías, pero no a los
marxistas, comentadores de moda, o lectores de Marx que en ese entonces
abundaban hasta por las facultades de ciencias exactas. Porque cuando uno va a
dialogar con un pensador, lo hace desde su obra y no desde lo que “se dice”
acerca de él.
Entonces empezó la larga y paciente lectura y estudio de más de diez años
de toda la obra de Marx (desde 1980 hasta 1993 inclusive), no sólo de lo que
había sido publicado en alemán, sino también de lo inédito5, algo que nunca antes
se había hecho. Y entonces con lo que se encontró Dussel, fue con un Marx
radicalmente crítico no sólo del “capitalismo”, sino también de la “modernidad”,
pero también anticipadamente del “socialismo real”, porque las preguntas, o los
problemas reales “desde” los que Dussel leía a Marx, no eran los mismos
5
Baste recordar que hasta el 2013, recién se habían publicado en alemán sólo 56 volúmenes de los
114 que son el total de la obra completa de Marx y Engels, que está siendo editada y publicada por
el instituto “Marx-Engels-Gesamt-Ausgabe” de toda la obra manuscrita y publicada por ambos. La
segunda sección, que es la dedicada íntegramente a todo lo que Marx escribió para El Capital,
consta de 23 volúmenes, divididos en 15 tomos. “Yo he trabajado Marx en sus cuatro redacciones
de El Capital (la segunda, tercera y parte de la cuarta redacción, están inéditas, están en los archivos
de Ámsterdam) y me tuve que meter en los archivos y estudiar inéditos de Marx. Ustedes dirán
¿cómo?, ¿tiene Marx inéditos? El 50 % de Marx nunca se ha publicado, ni en alemán. ¿Por qué?...
Porque la Unión Soviética no quiso publicar Marx. Porque si se leía seriamente a Marx, el
estalinismo caía hecho pedazos”. Cfr. Dussel, Enrique. Marx y la modernidad. Ed. Rincón
Ediciones. La Paz – Bolivia. 2008. O sea que el marxismo occidental de fines del siglo XIX y el
siglo XX sólo conoció una pequeña parte de la obra total de Marx, y a partir de esa parte, interpretó
todo Marx. Ver también. Dussel, Enrique. El último Marx (1863 – 1882) y la liberación
latinoamericana. Ed. Siglo XXI. México. 1990.
problemas que subyacían a las obras de los marxistas contemporáneos. No solo
que Dussel encontró que Marx hace constantemente alusiones al concepto de
pueblo, sino que ahora podía hacer un uso situado del concepto de clase social o
clase obrera, cuando se quiere hacer la crítica del capitalismo por un lado y ahora
la crítica de la modernidad por el otro.
Ahora se podía mostrar que la condición sine qua non para que exista la
clase social, es la existencia primero del pobre y luego del pueblo. Pero no es
cualquier pobre, es el pauper ante festum, es decir, el pobre que produce el
capitalismo para reproducirse a sí mismo. Es decir, si antes no hay pueblo y
pobres, es imposible que exista la “clase obrera”. Marx muestra muy bien,
especialmente en los Grundrisse que antes de la existencia de las clases sociales
modernas, existían ya los pueblos como comunidades. Sólo con el capitalismo
aparecen los “pobres producidos por el capitalismo”, que posteriormente se van
a convertir en obreros asalariados y luego de un proceso de toma de conciencia
en “clase obrera” con conciencia no sólo de clase social, sino con conciencia
política y hasta revolucionaria, pero siendo clase obrera, nunca abandonarán su
carácter popular.
Posteriormente en la discusión con E. Laclau a propósito de su Razón
Populista, Dussel mostró cómo es que se puede articular en la comprensión de las
luchas políticas actuales al pobre, el pueblo, lo popular y la clase obrera, y todo
ello utilizando a Marx sin entrar en contradicción con su pensamiento, sino
desarrollándolo en el contexto de las nuevas luchas sociales y populares. Algo
inconcebible para el pensamiento marxista del siglo XX que en su afán de
privilegiar unilateralmente a la clase social obrera, desdeñó el rol político y
revolucionario que el pueblo (los campesinos, indígenas y pobres de la ciudad
moderna y el área rural) como “pueblos” que luchan, pueden tener a la hora de la
insurrección, levantamiento, o revolución popular, o nacional; pero, como
“pueblo en tanto que pueblo”6, es decir, con conciencia de lo que son cultural,
política e históricamente.
En este sentido es que el marxismo del siglo XX siendo clasista, dejó de
ser popular, por eso se quedó desde fines de los 80’s sin sujeto político de la
revolución. No hay que olvidar que la implementación del modelo neoliberal

6
El “pueblo en tanto que pueblo” es ese remanente del pueblo que nunca ha doblado las rodillas
ante el encanto de los discursos de las oligarquías de turno, de la burguesía y la modernidad, es
decir, es esa parte del pueblo con “conciencia popular” de que tiene históricamente su propia
cultura, que es anterior inclusive al surgimiento de las burguesías y oligarquías de turno. El “pueblo
en tanto que pueblo” es ese remanente popular que nunca olvida y siempre intenta recordar,
especialmente en los momentos de gran crisis, la conciencia de que tiene su propia cultura e
historia, distinta y más allá de la cultura burguesa, moderna y de dominación, a la cual recurre para
producir un sentido propio a sus luchas. En este sentido, el pueblo en tanto que pueblo, tomando
conciencia de su pasado, del cual nunca reniega, siempre proyecta su propio proyecto de futuro.
Cfr. Bautista, Juan José. El pueblo, lo popular y la comunidad. Manuscrito inédito.
sirvió entre otras cosas para hacer desaparecer a la clase obrera del escenario
económico y político. Pero quedó el pueblo, porque el neoliberalismo produjo y
produce sistemáticamente más pobres. Y cuando los pobres se articulan en torno
de una toma de “conciencia popular”, vuelven a aparecer como sujeto político,
como “pueblo en tanto que pueblo”, pero ahora ya no solo con conciencia social,
sino también comunitaria.
Los “marxistas clasistas” no supieron qué hacer con el pobre o con el
pueblo, porque para ellos les aparecía como sin conciencia, como masa de
ignorantes, como “concepto vacío”7, casi como lumpen, por ello siempre han
desconfiado del pueblo. Por ello mismo el pueblo no confía en estos
intelectuales, porque no son populares, no pertenecen al pueblo, ni creen en lo
que los pueblos creen8.
En las décadas de los 60’s y 70’s muchos pobres campesinos rurales y de la
sierra, comprometidos con las luchas revolucionarias de nuestros pueblos, fueron
a las ciudades a formarse teóricamente, porque supuestamente ahí estaban los
grandes intelectuales que los iluminarían teóricamente con ideología
revolucionaria. Pero, en pleno proceso de formación política, estos mismos
intelectuales los despolitizaron al enseñarles que sólo la clase obrera era
revolucionaria, y que los campesinos no, por su relación con la tierra como
propiedad privada y además por su relación con formas arcaicas de producción

7
Para E. Laclau el concepto de pueblo es un concepto vacío que puede ser llenado de varios tipos
de contenido. Esto es posible de ser pensado cuando uno se enfrenta a un pueblo moderno en
sentido estricto, digamos de primer mundo, a quienes se les ha vaciado (por el proceso de trabajo
capitalista) sistemáticamente de todo contenido, es decir, de toda memoria histórica y cultural, pero,
no a los de tercer mundo. Los pueblos de tercer mundo, tienen una memoria histórica y cultural
anterior inclusive al capitalismo y la modernidad. Por ello no tienen un contenido vacío, sino lleno
de toda esa memoria e historia, casi siempre negada y menospreciada por el capitalismo y la
modernidad, pero también por la izquierda occidental con conciencia moderna y los marxistas con
conciencia eurocéntrica, que creen que la historia y memoria cultural de nuestros pueblos es mera
ideología pre-moderna. Por eso no creen en los pueblos, por eso mismo éstos no los siguen, por ello
se entiende que el refugio ideal de estos marxistas modernos y eurocéntricos sean los partidos
políticos, que se forman y desarrollan literalmente de espaldas a los pueblos. Como los partidos
políticos no tienen base social, por eso recurren al pueblo, para que los sigan a ellos, los supuestos
iluminados. Sin embargo no se dan cuenta que están en la obscuridad, porque han creído más en la
teoría que en la realidad, porque la realidad latinoamericana y de tercer mundo es constitutivamente
popular y no clasista. Marx describe bien este proceso, pero no los marxistas, porque no conocen
bien a Marx. Siempre nos hacemos la pregunta: ¿Qué leyeron entonces?
8
Algo que hemos aprendido de los procesos boliviano y venezolano de este siglo, es que una cosa
es; “creer en el pueblo” y otra muy distinta es; “creer en lo que el pueblo cree”. No es lo mismo. La
primera posición puede tomar al pueblo como objeto, como masa o como multitud, la segunda no.
No es lo mismo pensar “para” el pueblo, que pensar “con” el pueblo y a su vez, pensar “desde” el
pueblo. Para pensar con y desde el pueblo, hay que convivir existencialmente con él, para poder
sentir con él y entonces poder pensarlo y pensar la realidad toda desde lo popular.
que los arraigaban más al “pasado feudal”, o sino a formas de producción
asiáticas, que al presente, es decir, sin conciencia moderna9.
Por ello es que desde el principio intuimos que el Marx de Dussel, no era
el mismo Marx del marxismo occidental, ni mucho menos del marxismo
estándar, porque no partía de los mismos presupuestos de estos, es decir, no
asumía ingenuamente a la modernidad como fundamento, pero tampoco
presuponía a los problemas de los países de primer mundo ingenuamente, ni
parte sin tematización previa de supuestos como la concepción de realidad, de
ciencia, de historia que manejó el marxismo del siglo XX, casi naturalmente, los
cuales tomó de Europa y la modernidad como si fuesen evidentes en sí mismo.
Por ello, cuando uno se enfrenta a la obra de Dussel y le atribuye a ésta los
presupuestos del marxismo común o estándar, o se acerca a la obra de Dussel,
con los prejuicios del marxismo occidental, de seguro que tendrá muchos
problemas de comprensión, porque no solo que el marxismo del siglo XX se
enfrentó a problemas distintos de los que enfrentamos hoy, sino que tuvo un
acceso muy sesgado a la obra de Marx, cosa que ya no sucede con la recepción
que Dussel hizo de la obra más madura de Marx.
Es evidencia cuasi de sentido común afirmar que el objetivo de la crítica
de la obra de Marx es el capital y el capitalismo de su tiempo. Pero, no así la
crítica de la modernidad. Al descuidar este aspecto tan fundamental, el marxismo
del siglo XX, dejó intacto a la modernidad, la cual es el fundamento cultural e
histórico del capitalismo. Dejando intacto a este fundamento, el capitalismo pudo
seguir desarrollándose casi sin interrupción hasta el día de hoy, de tal modo que
aún ahora, algunos procesos progresistas con intención socialista y
revolucionaria, al final terminen recayendo en medidas de corte capitalistas en
sentido estricto. Esto querría decir que en general la izquierda europeo-occidental
asumió un tipo de Marx de tal modo que ya no le permitía ni le permite
cuestionar a la modernidad como fundamento del capitalismo, y por eso al final,
habiendo partido de posiciones socialistas y hasta de transformación
revolucionaria, terminan abandonándolas.
Por esto la opinión común de mucha gente inclusive de izquierda, es que
el marxismo de Marx ya ha sido superado por el desarrollo de las fuerzas
productivas que la ciencia y la tecnología han desarrollado en el mundo moderno,
o en todo caso, Marx se equivocó en su diagnóstico del derrumbe del capitalismo
y por eso, sencillamente puede ser abandonado, posición a la cual arribó muy

9
Lo peor de todo fue cuando estos mismos intelectuales les mostraban, utilizando el libro de Engels
El origen de la familia la propiedad privada y el Estado, que por el tipo de dieta ligada más a
productos aborígenes como el maíz, no eran aptos para el trabajo intelectual, al cual sí eran aptos
gente que se alimentaba más con la dieta europea y moderna, fundada especialmente en la carne, la
leche, el pan, etc. O sea que para los marxistas estándar, nuestros campesinos e indios les aparecían
inferiores hasta biológicamente, por la dieta! ¿Eurocentrismo solapado?
pronto Habermas y otros. Por ello es que mucha gente optó por partir ya no de
Marx, sino de Weber, de Kant y hasta de Popper. Este giro a la derecha no fue, ni
es casual.
En cambio, lo que en contraposición a la tradición que el marxismo
occidental, eurocéntrico y moderno ha desarrollado, y que Dussel descubrió en
su investigación es que Marx es crítico de toda forma de capital, sea clásico-
liberal o neoliberal y que mientras existan relaciones de producción económicas
cuya producción de riqueza10 implique la producción de miseria, Marx sigue
siendo pertinente, porque la obra de Marx permite entender justamente este
fenómeno, el de la producción a escala mundial de la miseria, o si se quiere de la
pobreza. Y como el fenómeno de la miseria del pauper latinoamericano es muy
evidente en América Latina y en todo tercer mundo, por ello volver a Marx sigue
siendo actual y pertinente11. Esto quiere decir que quien quiera entender este
10
A mediados del 2005, The Wall Street Journal informaba que los millonarios en los EUA habían
crecido el 2004 en un 21%, con lo que llegó a haber en los EUA; “7.5 millones de hogares con valor
neto de por lo menos 1.000.000 de dólares… EUA continúa encabezando al mundo en la creación
de nuevos millonarios. El número de hogares estadounidenses con bienes líquidos de 20 millones de
dólares o más se está incrementando en 3.000 hogares al año, según uno de los estudios… (en el
2004) Los más ricos fueron quienes más prosperaron; el número de hogares con valor neto de 5
millones de dólares o más se incrementó 38%…(la revista) Forbes informó hace unos meses que el
número de multimillonarios (con una fortuna de más de mil millones) llegó a 691, un incremento de
17% en relación con el año anterior”. Cfr. Más millonarios y más gente en la pobreza, el “milagro”
estadounidense. Periódico La Jornada. México. 27-05-05. pág. 28. Poco después la revista Time
informó que casi la mitad de los habitantes del planeta están por debajo del umbral de la pobreza:
mil millones con ingresos de menos de un dólar por día. Diez años después, la riqueza a escala
mundial no sólo se había incrementado, sino que se había concentrado en unos cuantos, tal es así
que ahora el 1% de la población mundial son los ricos más ricos del planeta. En cambio el 90% de
la población mundial sigue en franco proceso de empobrecimiento. Ni que se diga la explotación de
la naturaleza. El último informe de Oxfam de este 2018 afirma que solo 8 empresarios ganan lo que
3.600 millones de personas en el mundo, es decir, 8 personas ganan lo que la mitad de la población
mundial.
11
A mediados de la década de los sesenta Habermas decía que: “En los países capitalistas
avanzados, el nivel de vida –también en las amplias capas de la población- ha subido con todo tan
lejos, que el interés por la emancipación de la sociedad ya no puede expresarse inmediatamente en
términos económicos. La alienación ha perdido su forma económicamente evidente”. Cfr.
Habermas, Jurgen. Teoría y Praxis. Ed. Taurus. Madrid. 1989. Pág. 216. Es cierto que en Europa
central la pobreza prácticamente había sido superada, pero no en América Latina, mucho menos en
el tercer mundo. Si Habermas hubiese sido un filósofo y pensador “universal” no se hubiese
limitado solamente a pensar Europa o Alemania, sino que habría incluido en su tematización
América Latina y el tercer mundo y entonces no habría abandonado a Marx. Pero como es sólo un
pensador “europeo-continental” o sea “local”, por eso en su pensar no está incluido lo que no es
primer mundo. De ahí que su filosofía sea sólo regional, particular y no universal. Además que
Habermas no se daba cuenta por su “eurocentrismo” que la pobreza y explotación que había en
Europa antes de la segunda guerra mundial, se la había pasado ahora a los países pobres del tercer
mundo, después de esa guerra y que esa pobreza y explotación se ha intensificado sin interrupción
hasta el día de hoy. Su última obra sigue pecando de esta ceguera, por eso mismo, porque ya no es
crítica su obra, puede ser ampliamente difundida y discutida en las universidades de primer mundo,
fenómeno tan actual, no puede prescindir de Marx, a no ser que en última
instancia esté de acuerdo con el capital y el proyecto moderno o posmoderno12.
Pero insistimos, no es cualquier Marx, en específico ya no es el marxismo del
siglo XX, sino este otro Marx redescubierto desde América Latina.
Hay que recordar que Marx es un filósofo que se pone a estudiar la
economía política de su tiempo para entender el misterio de la dominación y
explotación y pauperización de los obreros por el capital. Afirmar que Marx al
final de su vida deja de hacer filosofía para convertirse en economista, equivale a
decir que en El Capital Marx no hace filosofía, sino sólo economía, ni siquiera
economía política. Una de las novedades del Marx de Dussel es que leyendo a
Marx y en este caso a El Capital como filósofo, descubre lo que de filosófico
sigue existiendo en El Capital y que se les obnubiló a los marxistas del siglo XX.
Marx hace “filosofía” de la economía, y de las consecuencias de esta en la
realidad, hasta el final de su vida y más propiamente hace una “fenomenología de
la vida real”, como dice el último Hinkelammert13.
Pues bien, veamos entonces un poco las grandes diferencias entre el
marxismo del siglo XX y el Marx de Dussel. Uno de ellos, tal vez el más evidente
sea el economicismo del marxismo occidental. Con honrosas excepciones, casi
todos los marxistas del siglo XX han leído El Capital como si fuese un libro de
economía. Es cierto que trata de economía y, de modo abundante, pero no se
limita a lo económico. Cuando Marx habla de la economía no habla en los
mismos términos en los cuales hoy se entiende a la economía como dimensión de
la realidad. Por ello la insistencia tanto en Dussel como en Hinkelammert de
distinguir entre economía y Económica. La economía en el siglo XX es la ciencia
que indaga la producción o incremento de la riqueza o ganancia. En la obra de
Marx la economía o económica trata de la producción y reproducción de la vida
de una comunidad, pueblo o país, y en última instancia de la humanidad. La

porque no cuestiona en absoluto el sistema de la dominación mundial que sigue desarrollando el


capitalismo de este tiempo. Su Marx no nos sirve en absoluto para hacer y producir pensamiento
crítico. Aunque su intencionalidad sea crítica, su concepto de crítica es pertinente a la modernidad,
porque no la cuestiona.
12
Es interesante observar cómo muchos intelectuales de izquierda cuando escuchan reclamos
políticos de autonomía de los pueblos originarios, lanzan gritos desesperados al cielo denunciando a
estos movimientos como “fundamentalismos” indigenistas, por supuestamente querer volver
ingenuamente al pasado. Nadie quiere volver al pasado porque no se puede, lo que queremos es
recuperar el pasado que la modernidad nos ha negado. Pareciera que estos intelectuales se han
acomodado tan bien a la modernidad, que no quieren soltarla, ni perderla, por eso están en contra de
nuestro pasado y por ello mismo, de nuestro futuro, el cual no es el mismo que la modernidad
anuncia. Hasta W. Benjamin se dio cuenta de ello en el siglo pasado.
13
Hinkelammert, Franz. Sobre la reconstitución del pensamiento crítico. En: Yo soy, si tú eres. Ed.
Dríada. México. 2010. “En El Capital Marx cambia este punto de vista del prólogo [de la
Contribución a la crítica de la Economía Política de 1859] de manera fundamental… Se trata
efectivamente del paso hacia una fenomenología de la vida real”. Pág. 131
economía como disciplina o campo de la realidad, es una mediación para ello,
porque no lo es todo. Es como más o menos se entendía a la Economía Política
de su tiempo.

El proyecto de “Las cuatro redacciones de El Capital de Marx” de


Enrique Dussel

Entre 1985 y 1993 Enrique Dussel publicó cuatro libros en los cuales
expuso -producto de casi 10 años de paciente lectura-, las cuatro redacciones que
Marx hizo entre 1857 y 1867, para publicar el tomo I de El Capital (la primera
edición en 1867 y la segunda edición en 1873), el único de tres o cuatro tomos
que el Moro (como le llamaba su esposa) tenía pensado publicar en vida. Durante
toda la década de los 90’s no hubo una sola recensión, comentario o crítica a los
cuatro libros de Dussel. Silencio total14. En el 2001 apareció la primera
traducción al inglés del segundo de los volúmenes, titulado Towards An unknown
Marx. A Commentary on the Manuscripts of 1861-63. Y posteriormente aparecieron
las traducciones al francés de La producción teórica de Marx y la italiana de El último
Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. Pero el silencio de la crítica en
México y América Latina permaneció, casi, hasta el día de hoy.
En La producción teórica de Marx. Un estudio de los Grundrisse, Dussel expuso
su trabajo acerca de los Grundrisse exclusivamente como la primera redacción o
borrador de El Capital, cuando por primera vez Marx escribe el resultado de casi
15 años de investigación acerca del capitalismo, para por primera vez tener una
visión de conjunto de todo lo que hasta ese entonces había investigado él. En
Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los manuscritos del 61-63, Dussel expuso la
segunda redacción o borrador de El Capital. Recordemos por un momento que
Marx publicó en 1859 la famosa Contribución…, la cual supuestamente iba a ser el
libro sobre el capital tan anunciado por él, pero que contenía solo dos capítulos,

14
Siempre recuerdo la presentación de Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los
manuscritos del 61-63 que se hizo en el auditorio de la editorial Siglo XXI de México en noviembre
de 1988. Los comentaristas eran Bolívar Echeverría, Roger Bartra y Cesáreo Morales. Los dos
primeros se opusieron rotundamente a la afirmación de Dussel de que el concepto de “Trabajo
vivo” era el presupuesto del concepto de valor, además de negar la idea de que el concepto de
Lebendige arbeit o trabajo vivo, sea central en la obra de Marx. El segundo negó enfáticamente la
existencia del concepto de no-ser y de exterioridad en Marx, cuando en sus cuatro libros Dussel va
mostrando con citas textuales de Marx que éste se refiere a estos temas de modo explícito. Ahora,
nuestro trabajo sobre Marx no solo está comprobando la centralidad de estos conceptos en Marx,
sino su riqueza crítica a la hora de desarrollar la crítica de la modernidad europeo occidental. Sin
embargo, partiendo de este descubrimiento de Dussel, ahora podemos remontarnos a otros
presupuestos que el mismo Marx los expone con mucho detalle, que pondrán en evidencia el
simplismo de muchos marxistas del siglo XX.
el de la mercancía y el dinero, pero nada sobre el capital propiamente dicho.
Marx interrumpió la publicación de ese capítulo porque todavía no le aparecía de
modo claro todo el problema. En los manuscritos del 61 al 63 Marx intenta hacer
justamente eso, aclararse el problema o misterio del capital, y todo este itinerario
Dussel va mostrando paso a paso en este su libro. En El último Marx (1863-1882)
y la liberación latinoamericana, Dussel expone la tercera y cuarta redacción de El
Capital de Marx. Como muchas veces dice Dussel, la tercera redacción de El
Capital es la primera vez que Marx escribe un borrador completo de lo que
posteriormente aparecerán como los tres tomos del capital15. Estos manuscritos
son los que Dussel leyó en el archivo de Amsterdam porque todavía no estaban
publicados en alemán. Una vez que Marx tiene clara la visión de conjunto de su
obra, entonces puede preparar la primera edición de lo que conocemos como el
primer tomo de El Capital de 1867, que sería la cuarta redacción de El Capital de
Marx que es lo que la primera generación de “marxistas” conocerá16.
Luego de haber hecho la lectura, recepción y trabajo de las cuatro
redacciones de El Capital de Marx, Dussel estaba en condiciones de enfrentar su
Marx a la tradición de intelectuales marxistas como Luckács, Althusser, Marcuse,
Kosik, Habermas y otros que habían formado generaciones y generaciones de
marxistas. Las sorpresas fueron muchas, porque es cierto que todos estos
marxistas no tuvieron acceso a la obra de Marx relativa a El Capital in extenso,
sino solo a una parte, pero lo cierto es que se encontró con grandes déficits de
interpretación la obra de Marx, y en algunos casos hasta distorsiones. Aun hoy,
seguimos descubriendo cuánto se sigue desconociendo a Marx y que hay que
seguir recepcionando y desarrollando en este siglo XXI.
En octubre de 1995 al profesor Dussel y a mi persona nos invitaron a
Bolivia a exponer los resultados a los que había arribado la “Filosofía de la
liberación”. En concreto Dussel con la obra de Marx, y este servidor, la filosofía

15
En la edición del MEGA, este manuscrito o tercer borrador, conocido ahora como el Haupt
Manuskript o manuscrito principal, fue publicado en tres volúmenes, que aparece en la Segunda
Sección del MEGA como el tomo 4. El primer volumen apareció en 1988, el segundo en 1993 y el
tercer volumen apareció recién en el 2013. Recientemente fue publicado en inglés el segundo
volumen con el título de Marx’s Economic Manuscript of 1864-1865, traducido por Ben Fowkes,
bajo la edición e introducción de Fred Moseley. Haymarket Books, Chicago, IL. 2017
16
Posteriormente Marx recibirá muchos comentarios y observaciones a este tomo de 1867, además
de ello ocurrirá en Francia la experiencia política de la Comuna de París de 1871 que le impactará
mucho, por lo que decidirá preparar una “segunda edición” de ese tomo corregida y aumentada que
empezará a publicarse por entregas entre 1872 y 1873. En nuestra opinión, esta segunda edición del
tomo I de El Capital sería la quinta redacción, no solo por el incremento cuantitativo de la cantidad
de páginas (cerca de 300 páginas) sino los cambios cualitativos en la redacción y explicación de los
temas que está exponiendo en ese tomo, especialmente el relativo a la sección del fetichismo de la
mercancía que no aparecía en la primera edición. No está demás decir, que esta sección del
fetichismo de la mercancía era la que más le apasionaba a W. Benjamin que lo leía una y otra vez y
que marxistas como Althusser lo desecharon como cuasi irrelevantes.
de la liberación en discusión con la Ética del discurso de K.O. Apel. En ese curso
que duró una semana, Dussel expuso por primera vez una especie de resumen de
todo su trabajo con la obra de Marx, pero en relación ya no sólo al capitalismo,
sino que esta vez, a la modernidad (que posteriormente apareció en forma de
libro con el título Marx y la Modernidad17). 1992 como quinto centenario de la
memoria de la invasión, despojo, saqueo, magnicidio cometido primero por
España y Portugal y luego por Inglaterra y Europa, y ahora por EUA, permitió
poner a la obra de Marx en otro contexto de discusión muy distinto del que tuvo
durante el siglo XX. Ahora la crítica de Marx hacia el capitalismo ya no se
limitaba a este último, sino que ahora se había extendido al horizonte cultural que
la hizo posible. Lo paradójico era comprobar que Marx en su obra madura hacía
esta crítica paralela de la cual el marxismo del siglo XX ni siquiera se percató. Por
eso afirmamos que, hoy por hoy, la crítica del capitalismo es ingenua si no critica
también a la modernidad, que ahora aparece como su fundamento histórico y
cultural.
A principios de este siglo recién empezaron a aparecer algunos
comentarios a la obra de Dussel acerca de Marx, pero paradójicamente, ninguna
en lengua hispana, sino en inglés, italiano, luego en francés y portugués18. En
general los comentarios, críticas u observaciones son parciales, o centradas sólo
en aspectos. En especial a los críticos de primer mundo, les llama la atención el
comentario que Dussel hace a los Manuscritos del 61-63, porque en parte es cierto
que fueron casi desconocidos por el marxismo del siglo XX y por eso no se
hicieron trabajos sistemáticos como los que hubo acerca de El Capital, o después
de la segunda guerra mundial con los Grundrisse.
Los Manuscritos de 1861 al 1863 de Marx, conocidos ahora como la segunda
redacción de El Capital, son mal conocidos por la tradición como Teorías sobre la
plusvalía19, publicados inicialmente por Karl Kautsky como Historia crítica de la
teoría de la plusvalía, y que según él correspondía a la parte histórica anunciada por
Marx como Tomo IV. Ahora que la segunda sección del MEGA ha publicado
íntegramente estos manuscritos podemos decir que no corresponden a este título,
ni a la parte histórica, ni a un tal tomo IV. Como ahora se sabe y Dussel lo

17
Dussel, Enrique. Marx y la modernidad. Ed. Rincón ediciones. La Paz – Bolivia. 2006
18
A mediados y fines de los 90’s y principios de este siglo, algunos doctorandos cuyas tesis
doctorales eran sobre la obra de Dussel, apenas llegaban a mencionar casi al final su obra relativa a
Marx. Los de licenciatura y maestría no llegaban ni siquiera al punto. A principios de los 90’s un
alumno suyo que hizo su tesis de maestría sobre el Marx de Dussel y de Habermas, más se limitó a
revisar el Marx de Habermas que el de Dussel.
19
Marx, Karl. Teorías sobre la plusvalía. Ed. FCE. México. Traducida por W. Roces. En tres
tomos. 1980. Existe también la versión de la editorial Cartago, traducida por Floreal Mazía. Buenos
Aires. 1964. También en tres tomos. Estas ediciones se basan en la Theorien Über den Mehrwert
(Tomo IV de El Capital) que publicó entre 1956 y 1962 la Dietz Verlag, de Berlín, que a su vez se
basan en la versión de Karl Kautsky de 1905 – 1910.
empieza a mostrar en su Hacia un Marx desconocido20, después de haber escrito su
primer borrador conocido ahora como Grundrisse… recién empieza a redactar su
tan anunciado libro sobre la crítica del capitalismo. Escribió solo dos capítulos
conocidos ahora como Contribución a la crítica de la economía política de 185921; pero
faltaba el capítulo central, el capítulo de El Capital. Por falta de tiempo y además
porque Marx todavía no tenía del todo claro su exposición e investigación, decide
publicar sólo esos dos capítulos; el del relativo a la mercancía y luego del dinero.
Luego de una pausa de trabajo (su debate en torno del señor Vogt) retoma el
trabajo ahora con una nueva redacción. En la versión del MEGA (la primera
edición) son 6 volúmenes y no así tres, ¿qué paso? Esto es, la tradición conoció
solamente los tres cuadernos de apuntes de Marx de los manuscritos del 61-63 y
no así los otros tres. En concreto fueron publicados solamente los volúmenes
dos, tres y cuatro. En cambio no se publicaron el primero, el quinto y el sexto,
permanecieron inéditos hasta que aparecieron en el MEGA entre 1976 y 1982. Y
según el actual director del Mega de Berlín, son los más importantes, es decir, lo
que se publicó de los manuscritos del 61 al 63 fue ¿lo menos importante?
Recordemos por un momento que Marx cuando retoma los manuscritos del
61-63 él dice que es una continuación de la Contribución…, es decir, que este
nuevo manuscrito trataba precisamente del capital. Bueno pues, esta laguna entre
la Contribución… y El Capital, es decir, entre 1859 y 1867, la cubría precisamente
este manuscrito. Como dijimos antes, posteriormente escribirá Marx otro gran
borrador del capital conocido como Manuscritos del 63-65, al cual Dussel le dará
atención con su siguiente libro sobre Marx. Sobra decir que entre las décadas del
70 y el 80 nadie en absoluto trataba este tema. Y precisamente el libro de Dussel
Hacia un Marx desconocido…, hacía aparecer ante la crítica, ante el pensamiento
marxista, y ante la izquierda, este Marx desconocido por la tradición, que cuando
aparece, paradójicamente ni siquiera se reconoce que se la ha desconocido. Por
eso algunos marxistas decían que en este libro de Dussel, no había en absoluto
nada desconocido, es más no trataba nada de la discusión central de Marx que
supuestamente giraba en torno del valor de uso y del valor de cambio22.

20
Dussel, Enrique. Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los Manuscritos del 61-63. Ed.
Siglo XXI. México. 1988
21
Marx, Karl. Contribución a la crítica de la economía política. Ed. Siglo XXI, México. 1980
22
Es cierto que Marx trata de estos conceptos en el tomo I de El Capital de 1867 y de 1873, pero,
cuando uno tiene una visión de conjunto de las distintas redacciones o borradores que Marx ha
escrito previamente, entre 1857 y 1866, uno se da cuenta que la redacción del tomo I, presupone los
anteriores borradores en los cuales Marx muestra cómo es que llega categorialmente a definir el
contenido de estos conceptos. Una comprensión adecuada de estos conceptos, presuponía a su vez
haber tematizado el modo cómo el propio Marx construye sus contenidos, mostrando lo que ellos
presuponen, no solo lógica sino también históricamente. Haber partido en el análisis de los
conceptos de valor de uso y de cambio sin conocer lo que ellos presuponen, conduce a un
economicismo, en cambio tematizarlos a ellos en su producción genealógica, o modo de aparecer le
Solo como ejemplo podemos citar su tematización en torno de la
competencia en relación a la teoría de la dependencia, nacida y debatida en
América latina en las décadas de los 60’s y 70’s. El marxismo estándar había
dicho que la teoría de la dependencia no era marxista. Pues a partir de la
tematización ya hecha en su La producción teórica de Marx23 y desarrollada en estos
Manuscritos del 61-63 Dussel expone lo que previamente había ya descubierto en
su estudio de los Grundrisse. En efecto, en la parte final de estos manuscritos de
1857-58 Marx muestra que:
“…no solo los capitalistas individuales, sino las naciones pueden
intercambiar continuamente entre sí, pueden también repetir
continuamente el intercambio en una escala siempre creciente, sin que por
ello hayan de obtener ganancias iguales. Una puede apropiarse
constantemente de una parte del plustrabajo de la otra, por el que nada da
a cambio, sólo que en este caso ello no ocurre en la misma medida que entre el
capitalista y el obrero”24 (subrayado nuestro).

¿Dónde está lo novedoso? En la forma de la tematización, en este caso, en la


claridad metodológica que Dussel estaba logrando gracias a la apropiación de la
forma metodológico-dialéctica que Marx ya está desarrollando en los
Grundrisse…, porque por un lado en los capitales de primer mundo existen la
contradicción capital-trabajo, del mismo modo que entre los capitales de tercer
mundo, pero, la forma de la explotación, o extracción de plusvalor no es la
misma, es decir, el tipo de contradicción, siendo capital-trabajo en ambos casos
no es el mismo, porque esta contradicción la cual ya no es simple, sino compleja,
presupone “la relación mutuamente constituyente del capital central-desarrollado
con respecto al capital periférico-subdesarrollado”25, esto es, presupone la
tematización de las relaciones comerciales externas de los estados y el mercado

muestra al investigador que el problema no es económico solamente, sino muchísimo más


complejo. Hoy diríamos multidimensional, porque la tematización económica tradicional, encubre
la problematización existencial que Marx hace previamente, porque lo que Marx está discutiendo es
que el robo que el capitalista hace del obrero durante el proceso de producción, no es el robo de un
cuantum de tiempo, sino de vida, es decir, de la humanidad de la vida del trabajador. Y este no es
un problema económico solamente, sino antropológico y existencial. Una reflexión meramente
económica no entiende este problema, en cambio una tematización filosófica y ética, sí.
23
Dussel, Enrique. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse. Ed. Siglo
XXI. México. 1985
24
Marx, Karl. Elementos fundamentales para la Crítica de la Economía Política. Grundrisse 1857-
1858. Ed. Siglo XXI. México. 1976. Vol. II. Pág. 451. No por casualidad los editores subtitulan a
esta parte: “Dos naciones pueden intercambiar entre sí conforme a las leyes del beneficio, de tal
modo que ganen ambas, aunque una resulte perjudicada”. Ibídem. Esto sucede especialmente en el
intercambio entre un capital de primer mundo y otro de tercer mundo.
25
Dussel, Enrique. La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse. Ed. Siglo
XXI. México. 1985. Pág. 371.
mundial. Dicho de otro modo, después de la tematización del capital en general,
aparecerían dos tipos específicos de capital como capital central y capital
periférico, que no son el capital en general. Así la clarificación de las categorías
abstractas presuponían a su vez el desarrollo de categorías en concreto, la famosa
relación entre la dialéctica de lo abstracto y lo concreto.
Y así de este modo le aparecía a Dussel, a partir de Marx, la tematización
de la competencia de capitales entre sí, o la “cuestión” de la dependencia. Porque
en concreto, por la competencia se enfrentan “muchos” capitales. La
competencia es el movimiento mismo del ser del capital en concreto, en la
realidad. Es su repulsión y atracción, es decir, los capitales necesitan de otros
capitales para realizarse, pero se enfrentan a él para desvalorizarlo como
posibilidad: (y cita a Marx)
“La coerción recíproca que en ella ejercen los capitales entre sí […] es el
desarrollo libre y a la vez real de la riqueza en cuanto capital. La
competencia ejecuta las leyes internas del capital, las impone como leyes
obligatorias a cada capital, pero no las crea”26.

“En efecto, la competencia… es sólo el movimiento realizador de lo ya


dado en la esencia, en el valor, según la ley del valor. La competencia en general
es una relación activa entre dos términos (dos capitales en abstracto)”27. A partir
de esta forma de tematización se podía entender el problema no solo de la
competencia entre capitales de primer mundo, sino entre capitales de primer y de
tercer mundo, de cómo a través de la competencia, los capitales de primer
mundo explotan inclusive a los capitales de tercer mundo, con menos
composición orgánica y con menor desarrollo tecnológico, explotación de la cual
se benefician hasta los obreros de primer mundo, apareciendo así nuestros
obreros como explotados hasta por los obreros de primer mundo. Así entonces,
la contradicción dialéctica ahora ya no se podía limitar sólo a la tematización de la
contradicción entre capital y trabajo, sino también entre capitales de primer y de
tercer mundo. Por ello a partir de Marx se podía tematizar ahora la dominación y
explotación del capital de primer mundo, a la clase obrera de tercer mundo, pero
también a su burguesía, por eso apareció en el último libro de Dussel sobre Marx,
la posibilidad de tematizar en sentido marxista el problema de las burguesías
nacionales de tercer mundo, en torno del concepto más amplio de “pueblo” y no
solo de clase social. Un tema sumamente actual hoy.
El argumento central que utilizó el pensamiento crítico de izquierda
latinoamericano, es que el problema de la dependencia no era un problema
marxista, sino burgués. Lo que afirmaban los teóricos marxistas era que la
26
Dussel, Enrique. Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los manuscritos del 61-63. Ed.
Siglo XXI. México. 1988. Pág. 333
27
Ibídem.
contradicción fundamental propia del marxismo a partir de la cual se podían
entender casi todos los problemas de la explotación, era la contradicción capital-
trabajo, esto es, entre la burguesía y el proletariado. Y es cierto que Marx analiza
en profundidad esta contradicción, pero no se queda ahí, porque si bien esta es
una contradicción fundamental, ella no se queda ahí, sino que continúa lógica e
históricamente en la contradicción o lucha que aparece entre capitales de primer
y tercer mundo. Porque al gran capital para seguir desarrollándose ya no le basta
con seguir explotando a su proletariado, sino que en sus fases desarrolladas se
pone a explotar también a pequeños capitales, o menos desarrollados, o sino con
menor composición orgánica, esto es, menos industrializados.
Sin embargo hacer estos descubrimientos supuso desde el principio un
trabajo concienzudo y paciente con la obra directa de Marx, no solo la traducida
al español, sino especialmente la parte de la obra de Marx no publicada siquiera
en alemán28 y ni qué decir de la obra no traducida del alemán, pero publicada.
Porque no es lo mismo leer o trabajar a Marx a través de sus intérpretes, que
enfrentarse directamente con la obra del maestro. Especialmente cuando uno
tiene preguntas que hacerle a la obra y problemas a partir de los cuales se puede
hace una apropiación/aprehensión original de la obra del pensador, en este caso
de Marx.
Paradójicamente para varios estudiosos actuales del MEGA, ahora que se
tiene todo el material de la segunda sección (Zweite Abteilung) publicado en
alemán, no hay en general gran diferencia entre la recepción de Marx del siglo
XX y este nuevo Marx al cual se tiene acceso hoy. Y por eso en general se ve a la
obra de Dussel como la de un marxista que vino a completar o llenar ciertos
vacíos que de la visión general de la obra de Marx se tenía y se tiene aún, pero
nada más.
Sin embargo el proyecto de la exposición de las cuatro redacciones de El
Capital de Marx (ahora después de otra relectura paciente de la obra de Marx y la
de Dussel estamos descubriendo que son cinco)29 presupuso desde el principio el
28
Recordemos por un momento que entre el 80 y el 90, los años en los cuales Dussel hizo la
recepción de toda la obra de Marx en torno de El Capital, recogida en la Segunda sección del
MEGA, no estaban publicados los tres volúmenes de los Haupt Manuscript, esto es, la tercera
redacción de El Capital, correspondientes al tomo 4 titulados por el MEGA como los Manuscritos
económicos de 1863-1867. Tampoco estaban publicados los tomos 10, 11, 12, 13 y 15 que
correspondían a la cuarta edición del tomo I de 1890, los manuscritos de Marx para el tomo II del
Capital hasta 1881 y los manuscritos de Marx para el tercer tomo escritos entre 1871 y 1882, así
como la versión de Engels del tomo III de 1894. Por ello muchas veces Dussel insiste en que varias
veces visitó el archivo de Holanda donde se hallaban muchos de estos manuscritos aún inéditos,
para poder trabajar Marx directamente en sus fuentes.
29
Michael Heinrich dice que si de borradores o redacciones del capital se podría hablar, serían solo
dos, desde 1857 hasta 1863 y desde 1863 en adelante. Evidentemente que ésta es una discusión en
el fondo metodológica, no solo tiene que ver con un conocimiento en general de la redacción de El
Capital, sino de una relación metodológica con los 23 volúmenes de los 15 tomos que consta la
trabajo y conocimiento de todos los materiales de la Segunda Sección del
Proyecto MEGA, donde está publicado todo lo que Marx (y en parte Engels)
escribió para El Capital, trabajo desconocido para la gran mayoría de marxistas
del siglo XX. Lo cual a nosotros nos está llevando al convencimiento que en el
Siglo XXI para hablar con seriedad de Marx y hablar de posibles desarrollos de
su obra, habrá que haber hecho mínimamente un recorrido por esta monumental
obra. Veamos entonces con otros ejemplos, lo que ello significa.

El trabajo vivo como negación originaria, como negación fundante

Uno de los grandes descubrimientos que hace Dussel por ejemplo, y que
para los marxistas economicistas podría parecer irrelevante, es mostrar que Marx
hace una explícita distinción entre “trabajo vivo” y “trabajo objetivado”. Estas
categorías presuponen una reflexión antropológica de tipo filosófica al interior de
la cual el trabajador como ser humano aparece como sujeto y no así como objeto.
El concepto de trabajo vivo por ejemplo, no presupone una idea abstracta del ser
humano, sino una tematización que hace alusión a la condición existencial
sufriente a la que es sometido el trabajador cuando se le extrae “vida”, esto es, no
solo “tiempo de vida cuantitativa”, sino “vida existencial” durante el proceso de
producción, la cual no se repone sólo con descanso o alimentación, sino de
modo familiar, existencial, popular, cultural y comunitariamente. Si no hay esta
“vida” del trabajador, sencillamente no hay producción de nada.

“De ella se deducen todas las demás distinciones. Una de ellas, quizá la
más esencial conclusión práctico-política o económica de Marx, porque
aquí se originan las restantes, es el enunciado práctico siguiente: el trabajo
vivo no tiene valor; la capacidad o fuerza de trabajo tiene valor… Según Marx,
el trabajo es la “sustancia” o causa productora del valor. Más aún, el valor
[…] no es más que trabajo “vivo” objetivado; es decir, trabajo “hecho
objeto”… Mientras que, y ésta es la primera deducción de la distinción
esencial entre trabajo “vivo” y “objetivado”, la “capacidad” o “fuerza de
trabajo” sí tiene valor, por cuanto puede reproducirse en el tiempo
necesario exigido para producir tanto valor en el proceso productivo como
el contenido en el salario… El trabajo vivo es así la “fuente” (más que
“fundamento”) que “crea” (y el concepto de creación debe distinguirse de la
mera “producción” desde el “fundamento” del capital) plusvalor (…) desde la

segunda sección del MEGA. Otros estudiosos más extremosos ahora están afirmando que El
Capital, en sentido estricto, no es el tomo I publicado por Marx, ni siquiera el tomo I, II y III, sino
los 15 tomos de la Segunda Sección del MEGA. Algo de eso hay, porque Marx a lo largo de todos
estos borradores y años, casi nunca se repite, siempre anda o corrigiéndose, desarrollando o
transformado su argumento.
nada del capital (es decir: desde ningún valor presupuesto). El “trabajo
vivo” pone en la realidad valor que surge “desde más allá
(trascendentalidad, exterioridad, anterioridad) del “ser” del capital”30.

Por eso Dussel puede afirmar que el “trabajo vivo” es el principio “meta-
físico” real y crítico del capital como “totalidad”. Ahora bien, ¿por qué es
importante destacar este descubrimiento? Para mostrar en última instancia la
falacia del capital y de la modernidad, porque esta última necesitó sepultar a Marx
para que no se viera y entendiera en aquello que consiste el salario impago, que es
el momento de la creación del “plus”, que es a su vez el fundamento de la
ganancia, porque al decir Dussel a partir de Marx que “el trabajo vivo no tiene
valor”, lo que se está diciendo en última instancia es que el “trabajo vivo”, no tiene
precio.
No tiene precio quiere decir que es in-apreciable, in-finito, in-calculable, y
por eso mismo impagable, es decir, no existe salario alguno que pueda pagar el
trabajo vivo31, porque lo que el trabajo vivo realiza en el momento de su actividad,
es tiempo de vida transcurrida que nunca más ha de recuperar el trabajador en
toda su vida, por eso es in-calculable, es decir, no se lo puede calcular, que quiere
decir, no se puede cuantificar, determinar, o sea cosificar en una cantidad equis
llamada salario. Porque en última instancia, la vida del trabajador presupone no
solo su vida, sino la vida de la humanidad y la vida de la naturaleza, es decir, de
que haya vida en el planeta entero.
Dicho de otro modo, el trabajo vivo es impagable porque es infinito, pero
es a su vez, condición de posibilidad de las finitudes, de las mercancías, el dinero,
la riqueza, las grandes construcciones, y en general de todo tipo de obras. Por ello

30
Dussel, Enrique. El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. Ed. Siglo XXI.
México. 1990. pp. 334-337.
31
Levinas muestra esto mismo, pero de otro modo, en su libro Cuatro lecturas talmúdicas. (Ed. Río
Piedras. Barcelona. 1992). Cuando a propósito de unas reflexiones talmúdicas de la tradición judía
muestra por qué no existe riqueza alguna capaz de pagar el trabajo vivo de un ser humano vivo. Por
ello es que desde el principio se puede decir que, el salario es injusto, porque no equivale, ni puede
compensar el tipo de trabajo o labor realizada, es decir no paga ni con toda la riqueza del mundo, lo
que pretende pagar, por eso el beneficiario es siempre deudor del trabajador, éste en última
instancia nos hace un favor con su trabajo, porque nos da algo que no hemos hecho, y que por eso
no tenemos. De ahí que por principio el «salario justo» no existe, su principio falaz es totalmente
encubridor de este acto injusto, porque nunca pagará justamente lo que pretende pagar. Así, el gran
capital después de no pagar lo que es impagable, roba además sistemáticamente el “plus”. En este
hecho radica la posibilidad de acumulación permanente de riqueza por el gran capital y la
permanente acumulación de miseria del “pauper”, de quien tiene sólo su fuerza de trabajo para
poder vivir. Por ello, en última instancia el problema de la deuda externa, por principio es
éticamente perverso, porque pretende querer cobrarle al “pauper” lo que sistemáticamente se le ha
robado en décadas y siglos, primero por la violencia, y ahora de modo legal, justificado por las
leyes del mercado.
es que la tematización del “trabajo vivo” es la condición primera de cualquier
forma de reflexión teórica y de producción en general, no sólo porque presupone
la vida del trabajador, sino porque la vida de éste, presupone la vida de la
comunidad y la naturaleza como condición de posibilidad de la vida de la
humanidad, al interior de la cual es posible la existencia el trabajador, como
“trabajo vivo”.
Pero por otro lado, tampoco se puede pagar, o sea calcular la riqueza que
produce la naturaleza, la cual como riqueza no existe sino es a partir del trabajo
vivo. El misterio de la riqueza que produce la modernidad se funda precisamente
en este doble ocultamiento, por un lado, en hacer creer que el “trabajo vivo” es
calculable o sea pagable, y por eso mismo, el salario mínimo podría aparecer
como justo, y por el otro lado, creer que la naturaleza concebida como objeto,
también es posible de ser cuantificable. Por ello es fundamental el desarrollo del
concepto de trabajo vivo desde el Marx de Dussel, para cuestionar y desfondar en
regla las pretensiones morales de bondad o de justicia de la modernidad-
posmodernidad, porque cuando no se tiene claridad al respecto, se estaría
cayendo en cierta ingenuidad a la hora de intentar hacer una crítica en regla al
discurso de la modernidad neoliberal.
Posteriormente Dussel le va a llamar a la negación del trabajo vivo, como
“materialidad negada” no solo por el capitalismo, sino también por la
modernidad, pero especialmente por su pensamiento formal. La racionalidad para
la modernidad es “formal”, es decir, sin contenido, o sea sin materialidad, lo
mismo la política y hasta la democracia. La formalización propia de la
modernidad, tiene a la materialidad negada, como la negación fundante de su
racionalización.
Años después, cuando estaba escribiendo la Ética de la Liberación entre el 95
y el 98 apareció de modo renovado esa reflexión relativa al trabajo vivo, ahora
como contenido de la “materialidad negada” por la formalización de la
racionalidad moderna de dominación. Por ello es que la segunda parte de la
nueva Ética de la liberación empieza en este momento, el de la “materialidad negada
del pauper” que ha producido la Globalization moderna. Esto quiere decir que una
nueva fundamentación de lo que sea la “racionalidad de la vida”, debiera empezar
afirmando la “materialidad de la vida” como fundamento de cualquier intento de
formalización. En realidad, cualquier pretensión seria, de intencionalidad crítica
del sistema mundo-moderno, que no empiece por la tematización explícita del
“principio material crítico”, estaría en riesgo de convertirse en una crítica
pertinente al sistema y así de convertirse en una crítica óntica, o sea parcial y
superficial de cualquier forma de dominación.
El problema y la “cuestión” del método en Marx, o la famosa inversión
dialéctica

Cualquiera que haya leído los Grundrisse, sabe que en la “Introducción”


Marx hace una reflexión metodológica en el apartado titulado El método de la
economía política, sobre el cual se ha escrito bastante, aunque no tanto como lo que
se ha escrito a partir del prólogo de la Contribución…, y el Epílogo a la segunda edición
del tomo I de El Capital, en el cual Marx hace una explícita reflexión
metodológica hablando acerca de la diferencia de “su” método en relación a la de
Hegel. Casi todo el mundo ha terminado afirmando que la diferencia entre el
método de Marx y el de Hegel, está en que el de Hegel es idealista y de Marx
materialista y que en ello consistiría la famosa inversión del método dialéctico.
Pues bien, a partir no solo de la introducción de los Grundrisse, sino que ahora de
la paciente lectura de las cuatro redacciones de El Capital de Marx, Dussel llega a
otras conclusiones sumamente relevantes, que ponen en entre dicho lo
comúnmente afirmado por el marxismo del siglo XX y que aún ahora, con Mega
incluido no se entiende bien. Esto quiere decir que; Dussel habla o escribe acerca
del método en Marx no después de haber leído algunos libros, pasajes, o
capítulos en los que Marx se refiere al método, no, sino después de haber leído
“todo” lo que Marx escribió acerca de El Capital.
Las referencias explícitas al método en Marx lo hace en su La producción
teórica de Marx…, en el capítulo 2; El método dialéctico de lo abstracto a lo concreto. En
Hacia un Marx desconocido…, en el capítulo 14, en los apartados ¿Qué es “ciencia”
para Marx?, luego “Crítica” desde la exterioridad del trabajo vivo, después; Pasaje a la
esencia o el “desarrollo” del concepto, y finalmente en La constitución de las categorías.
Después en su libro El último Marx [1863-1882] y la liberación latinoamericana, en los
capítulos 8. Interpretaciones filosóficas de la obra de Marx, donde entabla un diálogo-
discusión explícito con filósofos de la talla de G. Lukács, K. Korsh, H. Marcuse,
K. Kosík, L. Althusser y J. Habermas. También en el capítulo 9 titulado Marx
contra Hegel. El núcleo racional y la matriz generativa, y finalmente en el capítulo 10;
Hegelianismo de Marx. La dialéctica de “El Capital”32.
Casi todos los marxistas del siglo XX han sostenido que el método
dialéctico de Marx consiste en el ascenso de lo abstracto a lo concreto, o de la
parte al todo, cosa que también dice Hegel, esto es, en el pasaje dialéctico de la
doctrina del ser a la esencia, o del ascenso del ente que aparece hacia su
fundamento, y que la diferencia con Hegel consistiría en que la inversión que

32
Pero también vuelve al tema, problema o cuestión del método en ensayos paralelos y posteriores
como: Las cuatro redacciones de El capital; así como El Programa científico de investigación de
Karl Marx, y también; Trabajo vivo y filosofía de la liberación.
Marx le hace al método dialéctico estaría en el punto de partida, el cual no sería la
idea o lo ideal, sino la materia, lo material o sino la economía o lo económico.
En el caso de Dussel la diferencia aparece en el asunto de la famosa
inversión. Dussel dice que desde Lucáks en adelante, todos los marxistas cuando
afirman al método de Marx, parten del Ser, o, de la Totalidad, o sino del ente que
aparece al interior de la totalidad, en principio abstracta, para desde ella
remontarse a la totalidad concreta, cosa que también hace Hegel. La diferencia de
los marxistas con Hegel estaría en que el Ser del que parten no es una “idea”,
sino que es la realidad “material” como nos aparece ante los ojos, para desde ella
remontarse por análisis a la Totalidad concreta, que aparece ahora de modo ideal,
pero cuyo punto de partida no fue ideal, sino real, o sea material. Esto es, no se
parte de una idea, sino que se arriba a ella como totalidad concreta, como
concreción de la realidad representada por el pensamiento, esto es, “pensada”.
Como muchos hegelianos dicen con cierta razón, si esto fuese así, casi no habría
ninguna diferencia con el método de Hegel, porque los entes que nos aparecen
ante los ojos, aunque tengamos una relación física con ellos, nunca se nos
aparecen de modo cósico solamente, sino siempre mediados por ideas, o
nombres, o sino mediados lingüísticamente. Y así en el fondo, muchos marxistas
que afirmaban al método de Marx de este modo, terminaban en el fondo
procediendo a la Hegel, pero sin darse cuenta, o sea de modo ingenuo. Entonces
¿dónde estaría la diferencia con la reflexión de Dussel relativa al método?
Lo novedoso aparece cuando Dussel descubre que Marx, cuando habla de
la inversión, no está refiriéndose a que parta de lo material o económico, sino
cuando en el análisis parte explícitamente del No-Ser o la exterioridad de la
Totalidad, esto es, cuando parte en el análisis de lo que el Ser o la Totalidad,
niegan, excluyen, marginan, condenan, encubren o invisibilizan, esto es, Marx no
parte del Ser, sino del No-Ser; o si no, no parte en el análisis de la Totalidad, sino
de la exterioridad negada o excluida por la totalidad. ¿Qué quiere decir esto? Aquí
radicaría el carácter crítico que en parte habría perdido el marxismo del siglo XX.
Cuando Dussel afirma que metodológicamente Marx parte en el análisis de
la exterioridad, o del No-ser, está diciendo de otro modo lo que Marx afirma
cuando dice que su método es inverso al de Hegel, porque éste parte de la
totalidad, o del Ser, esto es, de la realidad que como horizonte ha creado o
producido el capitalismo de su tiempo, es decir, de la realidad “puesta” por el
capitalismo, o de lo que “pone” como objetividad, la subjetividad del capitalista.
Dicho de otro modo, si partimos en el análisis del Ser o la totalidad, estamos
afirmando que la realidad producida por el capitalismo y ahora la modernidad,
“es la realidad” y que desde ella hay que remontarse a sus explicaciones. Cuando
sucede esto, generalmente el analista termina afirmando la realidad que quiere
cuestionar, porque está tomando como supuesto o presupuesto, el tipo de
realidad o visión de realidad que ha producido este sistema de dominación.
En cambio, para no recaer en ello Marx, tiene que partir de lo que esta
realidad producida por el capitalismo quiere negar, ocultar, encubrir y hacer
invisible ante el análisis, esto es, tiene que partir no del Ser, sino del No-ser, esto
es, no del Mercado, sino de la producción encubierta por el mercado capitalista.
No de la mercancía ante los ojos, sino de lo que no aparece en ella a la vista, pero
que está presupuesto como su contenido, que son las “relaciones sociales”
producidas por el capitalismo.
Para Marx las “relaciones sociales” son siempre relaciones de dominio y de
explotación, tanto del trabajo humano como de la naturaleza. Gracias a estas
relaciones sociales que produce o pone en la realidad el capitalismo, el trabajador
termina siempre siendo pobre y el capitalista cada vez más rico. Para poder
descubrir esta relación perversa, Marx no puede partir del tipo de realidad que
después de varios siglos ha producido el capitalismo y que gracias a la ciencia y la
filosofía aparecen ahora como el contenido del Ser. Tiene que partir de lo que
ella niega y encubre, esto es, no partir del capital, sino del No-Capital; no partir
de la totalidad, sino de la exterioridad al Capital. Esto es, la inversión consistiría
en que el método dialéctico de Marx parte de lo que el Ser y la Totalidad,
excluyen, niegan o invisibilizan, por ello parte, no desde el punto de vista del
burgués o empresario, sino del proletariado, del obrero, del trabajador, pobre o
excluido de la riqueza que produce el modo capitalista de producción.
Metodológicamente Marx parte en los Grundrisse del análisis de los
economistas clásicos de su tiempo, por eso parte también con el capítulo del
Dinero. Pero en esa obra Marx se da cuenta que el dinero es también una
mercancía, o si se quiere, un valor de cambio. A partir de la Contribución a la crítica
de la crítica de la economía política de 1859 y también de los manuscritos del 61-63 Marx
empieza a desarrollar sistemáticamente lo que en los Grundrisse había
descubierto ya, que a todo valor de cambio no solo le presupone un tipo de valor
de uso, y que en ambos siempre está presupuesto el “valor” en general, pero que
tienen este valor, porque su contenido es siempre el “trabajo vivo”, o la vida del
trabajador, la cual es cedida al capitalista a cambio de un “salario” que nunca
repone o restaura la vida entregada en el proceso de producción, porque le es
usurpado sistemáticamente el “plus” o pluses que produce el trabajador, cuando
el capitalismo incrementa con el desarrollo de la tecnología la extracción de vida
que tiene el trabajador y que la reproduce no solo individualmente, sino
familiarmente, barrialmente, de modo popular y hasta comunitario.
En “El Capital” cuando Marx ya ha depurado su método de análisis y
exposición, parte con mucha seguridad con el capítulo de la mercancía, y con la
sección sobre el fetichismo, muestra muy bien, qué es lo que está escondido,
ocultado y encubierto en el aparecer de la mercancía como objeto. En el objeto
llamado mercancía capitalista, siempre están encubiertos el tipo de relaciones
sociales de dominio y explotación, que son su contenido, por eso al mercado
llegan, como dice Marx; chorreando sangre. Esto es, el pasaje del Ser a la Esencia
en Marx, es el pasaje del aparecer del objeto, a los sujetos que como relación está
presupuesto en ella. Pero, este ascenso no lo hace desde el Ser, sino desde el no-
ser, porque si lo hiciese desde el ser, aparecería como que el capitalista es el
creador de toda esta nueva realidad, y la haría aparecer como lo hace la
modernidad, como lo más humano, lo más racional y justo. Pero como lo hace
desde el No-ser, por eso aparece la realidad que produce el capitalismo como
éticamente perversa, injusta e irracional. Por eso Dussel termina toda su reflexión
relativa a la obra de Marx afirmando que “El Capital” de Marx es una obra ética,
pero crítica de la forma de dominio del capitalismo, pero también de su sistema
de valores éticos, que ahora son juzgados desde Marx como injustos.

Desarrollos a partir de esta recepción

Cuando nos conocimos a mediados de 1988, el profesor Dussel estaba


terminando su segundo tomo sobre Marx33, y ya estaba empezando a preparar los
materiales para escribir el tercero. Debo decir que me acerqué a Dussel, por los
seminarios que él estaba dando sobre Marx, y no así por su obra, la cual me
parecía más discurso político, que filosofía en sentido estricto, y así empecé como
muchos otros, con varios prejuicios de la izquierda jacobina y moderna. Dicho de
otro modo, cuando uno se aproxima a la obra de Dussel y se enfrenta con el
Marx que descubrió y lo trata de entender desde la perspectiva del marxismo
estándar u occidental, simplemente no se lo entiende, no necesariamente porque
sea otro Marx (lo cual es cierto en parte) sino porque entender al Marx de Dussel
implica entender previa o paralelamente el marco categorial con el que se está
enfrentando a Marx, y así tenemos entonces que el Marx de Dussel no es el
auténtico Marx o el original, o el auténticamente puro y virginal, sino un Marx
renovado y repensado y, en cierto sentido «desarrollado» a partir de los
problemas que nuestro presente plantea al pensar, pero también respetando el
sentido con el que Marx había producido toda su obra, que en última instancia se
podría reducir a una pregunta: ¿por qué Marx critica y cuestiona al capital?
Básicamente porque destruye sistemáticamente las dos únicas fuentes desde
33
Dussel, Enrique. Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los Manuscritos del 61-63. Ed.
Siglo XXI. México. 1988. Como dije anteriormente, durante la presentación de este libro en el
auditorio de la Editorial Siglo XXI en México, dos de los tres comentaristas se oponían
rotundamente a la idea dusseliana de que Marx tematizara en su obra madura el trabajo en términos
de “trabajo vivo” o Lebendige Arbeit y que éste fuese precisamente el trabajo del pauper. Es más,
decían que no se podía hablar de que el Marx maduro partiera en su análisis del no-ser del capital ya
que el Marx maduro ya no era filósofo sino científico. Pero lo peor de todo es que –según los dos
comentaristas- no se podía afirmar de que el pauper como horizonte de la crítica, sea también sujeto
de la revolución en Marx, sino sólo y exclusivamente la clase social, en este caso el proletariado.
donde se puede producir riqueza, que son: el trabajo humano (vivo) y la
naturaleza; esto es, porque destruye sistemáticamente y a una velocidad
vertiginosa (por la industrialización y la automatización), todo tipo de relaciones
humanas intersubjetivas (cualitativas) que la humanidad ha producido a lo largo
de milenios, para hacerlas funcionar de acuerdo a la lógica del capital (que
privilegia sólo la dimensión cuantitativa, o sea calculable).
Justamente por ello Dussel termina su trilogía afirmando algo insólito para
el marxismo contemporáneo, que “El Capital” de Marx, es una ética. Porque para
Dussel la ética no es moral, y en este preciso sentido es que no es óntica o sea
valórica, pero tampoco es una ética ontológica, sino que la ética, porque es trans-
ontológica, es “crítica” de toda ontología o proceso de ontologización, en el
sentido de totalización, o sea de dominación. Así tenemos pues que “El Capital”
de Marx es una “ética crítica” para Dussel, porque es crítica radical del mercado
moderno, y del proceso de ontologización del capital, y por eso mismo sigue
siendo vigente Marx para nuestro tiempo. Y seguirá siéndolo mientras haya
alguien que quiera cuestionar el constante proceso de acumulación de capital a
escala mundial, lo que implica el constante incremento de miseria a nivel
planetario, lo cual implica a su vez la explotación y destrucción sistemática de la
naturaleza, la cual es finita, al igual que la fuerza de trabajo vivo. El capital
neoliberal concibe a estas dos fuentes como infinitas, por eso no entiende el
proceso de destrucción de estas dos únicas fuentes desde donde se puede extraer
riqueza, que son finitas, como todo lo que existe debajo del cielo.
Hasta 1990 Dussel había hecho una revisión en profundidad de la
producción teórica del Marx más maduro. Es cierto que las categorías que había
descubierto en la obra de Marx le habían permitido afirmar de mejor modo la
función crítica de conceptos supuestamente no marxistas como el concepto de
“pueblo”, pero también había descubierto temas que Marx trabaja, si bien no de
modo central, pero que ayudan a entender de mejor modo problemas que
aparecieron en nuestra realidad después de la segunda guerra mundial, como el
problema de la dependencia anteriormente citado.
Esta contradicción en sí no aparece al interior de los países de primer
mundo, sino cuando aparece la posibilidad de la industrialización de países de
tercer mundo. El problema aparece por primera vez en la ex Unión Soviética,
pero después de la segunda guerra mundial aparece con fuerza en los países del
tercer mundo, en este caso en América Latina, cuando éstos optan por desarrollar
su propio proceso de industrialización para competir de mejor modo en el
mercado mundial. Dussel, con los conceptos y categorías que estaba
descubriendo en Marx había tematizado ya el problema de la dependencia con
categorías estrictamente de Marx en tres de sus libros34, pero el desarrollo ulterior
de esta forma de tematización enriqueció de tal modo la recepción que Dussel
hizo de Marx, que le obligó a exponer de modo más preciso estos desarrollos que
hizo de la obra de Marx en este siglo XXI, de ahí surgió la idea de su último libro
dedicado a la temática. Un Marx digerido después de casi 25 años de haber hecho
su primera recepción.
Su último libro, que ya no es una exposición sobre la obra de Marx,
supone ese Marx trabajado durante esa década, pero ahora desarrollado en el
contexto teórico y conceptual de la nueva Ética de la liberación, pero a su vez en el
nuevo contexto económico y político surgido después del derrumbe del modelo
neoliberal. En estas nuevas 16 Tesis de Economía Política, lo que se pretende en
parte es una redefinición de algunos conceptos centrales de la economía política
cuando se quiere hacer una crítica en regla a la economía capitalista y moderna.
Porque normalmente el crítico, ya sea economista, de izquierda, socialista e
inclusive marxista, suele suponer en la crítica, el mismo contenido de los
conceptos acuñados por la economía que se quiere criticar y superar, en este caso
de la economía moderna en general y capitalista en particular. Una redefinición
de algunos conceptos centrales de la “Economía Política Crítica” implica no
presuponer explícitamente los mismos prejuicios coloniales y eurocéntricos
implícitos en la economía capitalista y moderna. No tener claridad al respecto
implica no solo hacer una crítica ingenua y hasta superficial al capitalismo, sino lo
que es peor, lleva a recaer en ella.
Después de la primera crítica a la Economía política efectuada por Marx
implica ahora en este siglo XXI desarrollar una segunda crítica del sistema de las
categorías de la economía política burguesa. Ello implicaba desde el principio
reconstituir el sentido de la crítica que Marx había hecho ya en su obra,
trabajando “principios orientadores” y “categorías que ayuden concreta y
positivamente en su praxis liberadora a los [pueblos, movimientos populares,
sociales y comunitarios] que están efectivamente ejerciendo el poder delegado y
obediencial… en América Latina y en otras partes del mundo, y a los que están
efectuando experiencias de un nuevo modelo o sistema en los diferentes
momentos de las estructuras posibles de la economía. En estos casos la crítica
negativa ya no es suficiente”35.

34
Dussel, Enrique. Los Grundrisse y la cuestión de la dependencia; en La producción teórica de
Marx. Ed. Siglo XXI. México. 1985. Capítulo 18, pp. 371-413. Los Manuscritos del 61-63 y el
“Concepto” de Dependencia; en Hacia una Marx desconocido. Ed. Siglo XXI. México. 1988.
Capítulo 15, pp. 312-361. Competencia entre capitales globales nacionales de los países
desarrollados y subdesarrollados. Teoría de la dependencia; en 16 Tesis de Economía Política. Ed.
Siglo XXI. México. 2014. Capítulo 10, pp. 150-164.
35
Dussel, Enrique. 16 Tesis de Economía Política. Interpretación filosófica. Ed. Siglo XXI.
México. 2014. Pág. 10
Finalmente el 2017 salió en la editorial Siglo XXI Las metáforas teológicas de
Marx, un libro publicado inicialmente en España en 1993, hace 24 años, el cual
pasó casi completamente desapercibido y hasta ignorado hasta hace muy poco,
cuando gracias a W. Benjamin volvió a actualizarse la idea de que el capitalismo
es también una religión. Como dice F. Hinkelammert, la idea es de Marx quien lo
dice, no de modo explícito, pero tampoco lo desarrolla, y cuando el marxismo del
siglo XX agarra esta idea benjaminiana del capitalismo como religión, no sabe
qué hacer con ella, porque nunca pensó en la posibilidad de hacerle al capitalismo
una crítica, también en términos religiosos, o sea teológicos, cosa que Marx sí lo
hizo. Y este libro de Dussel trata ampliamente de este tema, cuasi tabú en el
marxismo del siglo XX.
El capitalismo no solo es un fetiche, sino que él mismo produce
sistemáticamente fetiches, que pasan desapercibidos como tales, porque el mismo
capitalismo encubre su fetichismo bajo un ropaje secular, que hace aparecer a
toda la realidad como si estuviese más allá de toda religión y por eso mismo más
allá de toda creencia. Y así aparece ahora la modernidad como realidad evidente
en sí misma, como si no hubiese un más allá de ella misma. Pero sucede que la
realidad tiene su propia consistencia, su propio modo de ser y ella está mostrando
que el capitalismo y la modernidad no han superado a la religión, es más, ahora sí
aparece con mucha fuerza la idea de que el capitalismo es también otra religión,
tal vez mucho más nefasta que las religiones tradicionales. Y paradójicamente
este argumento habría aparecido por primera vez con la obra de Marx, pero no
solo del joven, sino también del maduro, y este libro de Dussel sirve para mostrar
también esto que a muchos marxistas se les pasó completamente.
Y lo que es peor, muchos de ellos, cuando vieron estas alusiones les
pareció completamente irrelevantes, como pasó con la primera de las tesis de
Benjamin sobre la historia36, en la cual hace alusión explícita a la idea de la unión
entre el Materialismo histórico y la teología. Si a muchos marxistas cientificistas
les parecía una locura pensar en la idea del Marx maduro filósofo, ya nos
imaginamos lo que ocurriría con la idea de que el Marx maduro también hizo
crítica teológica. Este libro de Dussel sobre Marx, dará mucho de qué hablar en
el futuro, pero repetimos, ya estamos hablando de un Marx del siglo XXI.

36
Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia. Y otros fragmentos. Ed. Ithaca - UACM. México.
2008. “… En la filosofía, uno puede imaginar un equivalente de ese mecanismo; está hecho para
que venza siempre el muñeco que conocemos como “materialismo histórico”. Puede competir si
más con cualquiera siempre que ponga a su servicio a la teología, la misma que hoy, como se sabe,
además de ser pequeña y fea, no debe dejarse ver por nadie”. Pág. 35. Muchos marxistas e inclusive
benjaminianos cuando comentan esta afirmación de Benjamin de la relación entre el materialismo
histórico y la teología, dicen que solo es una metáfora nada relevante como para tomársela en serio.
En el futuro a partir tanto de Bloch como de Benjamin mostraremos cuán relevante es esta
afirmación no solo para comprender al capitalismo y la modernidad, sino también para seguir
desarrollando la concepción de “crítica” de Marx.
Desafíos

A partir de la recepción hecha por E. Dussel se podría desarrollar otra


tradición de recepción o lectura de la obra de Marx, pero, sólo porque ahora le
estamos haciendo otro tipo de preguntas a su obra, distintas a las hechas durante
el siglo XX, pero a su vez, desde los nuevos problemas que están apareciendo en
este siglo XXI. Todo esto presupondrá en el futuro que una lectura o comentario
serio de la obra de Marx no podrá ser hecha sin una recepción de las cuatro o
cinco redacciones de El Capital de Marx. En esto la obra de Dussel marcó un hito
difícilmente prescindible en el futuro.
Por ello creemos que no sólo puede haber un Marx del siglo XXI, sino que
la obra de Marx como gran clásico del pensamiento crítico y filosófico será un
interlocutor con el cual todos los momentos críticos en el futuro tendrán que
dialogar con él, para continuar con la tarea crítica. Hay todavía mucho de lo que
las nuevas generaciones pueden aprender o recepcionar de este Marx, porque en
el escenario político y teórico mundial, todavía siguen campeando las ideas
marxistas de manual, que tienen poco o nada que ver con la obra de Marx. Y
paradójicamente los nuevos estudios de El Capital, siguen presuponiendo al
marxismo del siglo XX. Pero lo peor de todo es que ya se está empezando a ver
que con ese marxismo, no se está avanzando mucho en el intento de querer ir
más allá del capitalismo. De ahí la necesidad de recuperar al “filósofo” Marx,
acorde a estos tiempos. La obra de Marx es un hermoso ejemplo de cómo siendo
crítico él del capitalismo de su tiempo, es también crítico de su propio marco
categorial. Por eso la obra de Marx es una obra abierta que no está cerrada, ni
acabada. En este sentido, el propósito de este ensayo fue desarrollar las líneas
generales de este otro pensamiento crítico, de esta otra idea de filosofía contenida
en Marx y desarrollada por E. Dussel en su obra acerca del gran crítico del
capitalismo.

Meshico – Tenochtitlán
Tlalpan de Cuicuilco
Marzo del 2018