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David Ricardo

Principios de economía política,


y tribulación

Capítulo 1

Sobre el valor

Sección primera: El valor de una mercancía, o la cantidad de otra mercancía cualquiera por la que ha de
cambiarse, , depende de la cantidad relativa de trabajo que es necesaria para su producción, y no de la mayor
o menor compensación que se pague por ese trabajo.

Adam Smith ha observado que "la palabra valor tiene dos acepciones distintas y, unas veces, expresa la
utilidad de cierto objeto particular, y otras la capacidad de comprar otros bienes que otorga ' la
posesión de ese objeto.

Lo primero puede, llamarse valor de uso; lo segundo, valor de cambio". Continúa, "las cosas que tienen
el mayor uso no tienen, a menudo, sino poco o ningún valor de cambio; y, a la inversa, las que tienen el
mayor valor de cambio, tienen poco o ningún valor de uso". Es copiosa la utilidad del agua y del aire;
por cierto, puesto que son indispensables para la vida; y, sin embargo, en condiciones ordinarias, nada
puede obtenerse a cambio de ellos. Por lo contrario el oro, aunque es poco lo que puede servir si se lo
compara con el agua o el aire, ha de cambiarse por una gran cantidad de otros bienes.
Por consiguiente, la utilidad no es la medida del valor de cambio, aunque le es absolutamente esencial.
Si una mercancía no revistiese utilidad alguna en otros términos, si no fuese apta para contribuir en
forma alguna a satisfacernos, carecería de valor de cambio, por muy escasa que pudiese ser, y
cualquiera fuese la cantidad de trabajo necesaria para obtenerla.
Una vez que poseen utilidad, las mercancías reciben su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez,
y de la cantidad de trabajo necesaria para obtenerlas.

Hay mercancías cuyo valor está determinado exclusivamente por su escasez. la cantidad de estos
bienes no puede aumentarse con trabajo alguno y, por consiguiente, su valor no puede verse reducido
por un aumento de la oferta. Están en este caso ciertas estatuas y cuadros raros, los . libros y monedas
escasos, los vinos de especial calidad, que sólo pueden obtenerse de la uva de ciertos suelos que
existen en cantidad muy limitada. Su valor es independiente por completo de la cantidad de trabajo
que haya sido necesaria originariamente para producirlos, y varía con las variaciones de la riqueza y
los gustos de quienes desean poseerlos.
Sin embargo, esas mercancías constituyen una parte muy pequeña de la masa de las mercancías que
se cambian a diario en el mercado. La mayor parte, con mucho, de esos bienes que se desean, se
obtienen mediante el trabajo, y pueden multiplicarse no en un solo país, sino en muchos, casi sin
límite determinable, siempre que estemos dispuestos a gastar el trabajo necesario para obtenerlos.
Por ende, cuando hablamos de las mercancías, de su valor de cambio, y de las leyes que rigen sus
precios relativos, siempre nos referimos únicamente a las mercancías que pueden aumentarse en
cantidad mediante el ejercicio de la habilidad humana, y en cuya producción funciona la concurrencia
sin obstáculos.
En las etapas iniciales de la sociedad el valor de cambio de estas mercancías, o la norma que determina
qué cantidad de una ha de darse a cambio de otra, depende casi exclusivamente de la cantidad
comparativa de trabajo gastada en cada una de ellas.
"El precio real de una cosa cualquiera", dice Adam Smith, "lo que una cosa cualquiera cuesta
realmente a quien quiere adquirirla, es el esfuerzo y la molestia de adquiriría. Lo que una cosa
cualquiera vale realmente para quien la ha adquirido y quiere disponer de ella, o cambiarla por alguna
otra, es el esfuerzo y la molestia que puede evitarle, imponiéndolos a otros". "El trabajo fue el primer
precio pagado por todas las cosas, el dinero con que se las compró originariamente". Y luego, "en el
estado primitivo y basto de la sociedad que es anterior tanto a la acumulación del acervo, cuanto a la
apropiación de la tierra, la proporción existente entre las cantidades de trabajo necesarias para la
adquisición de diversos objetos parece ser la única circunstancia capaz de proporcionar alguna norma

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para cambiarlos entre sí, Sí, por ejemplo, en una nación de cazadores, matar un castor cuesta
habitualmente el doble de trabajo que matar a un ciervo, un castor habría de cambiarse naturalmente
por dos ciervos, o valerlos. Es natural que lo que, habitualmente, es producto de dos días o dos horas de
trabajo, haya de valer el doble de lo que es, habitualmente, producto de un día o una hora de trabajo"
(Libro 1, cap. 5).

La doctrina de que éste es realmente el fundamento del valor de cambio de todas las cosas, excepto de
aquéllas cuya cantidad no puede aumentarse mediante la habilidad humana, reviste la máxima
importancia en economía política; pues no provienen de ninguna fuente tantos errores, ni tantas
discrepancias en esa ciencia, cuanto de las ideas vagas que se relacionan cor. , la palabra valor.

Si la cantidad de trabajo realizada en las mercancías rige su valor de cambio, todo aumento de la
cantidad de trabajo tiene que incrementar el valor de la mercancía a la cual se aplica, así como toda
disminución tiene que reducirle.
Adam Smith, quien tan exactamente definió la fuente originarla del valor de cambio y quien, para ser
coherente, tendría que haber sostenido que todas las cosas se hacían más o menos valiosas según se
gastase más o menos trabajo en su producción, estableció él mismo otra medida patrón del valor, y dice
que las cosas son más o menos valiosas según hayan de cambiarse por una cantidad mayor o menor de
esta medida patrón. Unas veces, considera a los granos como medida patrón; otras veces, al trabajo; no
la cantidad de trabajo gastada en. la producción de un objeto cualquiera, sino la cantidad de la que ese
objeto puede disponer en el mercado; como si se tratase de dos expresiones equivalentes y como si,
porque el trabajo de un hombre se, hubiese hecho doblemente eficaz, y él pudiese, por tanto, producir
una cantidad igual al doble de, la anterior, de una mercancía, hubiese de recibir necesariamente, a
cambio de él, una cantidad igual al doble de la que recibía anteriormente.

Si esto, en verdad, fuese cierto, si 'la remuneración del trabajador guardase siempre proporción con lo
que él produjera, entonces la cantidad de trabajo gastada en una mercancía y la cantidad de trabajo que
esa mercancía compraría, serían iguales, y cualquiera de ellas podría medir exactamente las variaciones
de otras cosas; pero no son iguales: la primera, en muchas circunstancias, es un patrón invariable que
indica correctamente las variaciones de otras cosas; la segunda está sujeta a tantas fluctuaciones como
las mercancías que con ella se comparan. El propio Adam Smith, después de demostrar con la mayor
eficacia la insuficiencia de un patrón variable, como el oro y la plata, para la finalidad de determinar el
variable valor de otras cosas, ha escogido un patrón no menos variable, al optar por los granos o el
trabajo.

El oro y la plata, sin lugar a dudas, están sujetos a fluctuaciones debidas al descubrimiento de
minas nuevas y más abundantes; pero tales descubrimientos no son frecuentes y sus efectos, aunque
son potentes, están limitados a períodos relativamente breves. También están sujetos a fluctuación
por causa de mejoras que afecten el procedimiento y la maquinaria con los que pueden saborearse
las minas puesto que, como consecuencia de tales mejoras, puede obtenerse una cantidad mayor con
el mismo trabajo. También están sujetos a fluctuación en razón de la evolución decreciente de la
producción de las minas, después de haber aprovisionado éstas al mundo durante épocas sucesivas.
Pero, ¿de cuál de estas fuentes de fluctuación se encuentra eximido el grano? ¿No varía también él,
por un lado, a raíz de las mejoras en la agricultura, a raíz de las mejoras en la maquinaria y' en los
aperos que se utilizan en la agricultura, así como a raíz del descubrimiento de nuevas extensiones de
tierra fértil que pueden pasar a ser cultivadas en otros países y que han de afectar el valor de los
granos en todo mercado donde haya libertad de importación? Por otro lado, ¿no puede verse
incrementado su valor por prohibiciones de importación, por el incremento de la población y de la
riqueza, y por la creciente dificultad que supone la obtención de cantidades mayores de él, en razón
de la cantidad adicional de trabajo que supone el cultivo de tierras inferiores? ¿No es, igualmente,
variable el valor del trabajo, puesto que no sólo lo afecta, como a todas las demás cosas, la
proporción entre la oferta y la demanda que, invariablemente, se modifica a raíz de cualquier cambio
en as circunstancias reinantes en la comunidad, sino también as variaciones del precio de los
alimentos y otros artículos necesarios en que se gastan los salarios del trabajo?
En un mismo país, puede ser necesaria una cantidad doble, de trabajo para producir una cantidad
dada de alimentos y' artículos necesarios en un período con respecto a otro período muy alejado de
aquél; y, sin embargo, es posible que la remuneración del trabajador sufra muy poca disminución. Si

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los salarios del trabajador, en el primer período , consistían en cierta cantidad de alimentos y
artículos necesarios, es probable que él no hubiera podido subsistir de haberse visto reducida esa
cantidad. En este caso, los alimentos y artículos necesarios habrán aumentado en un cien por ciento
si se los evalúa por la cantidad de trabajo necesaria para su producción mientras que su valor apenas
habrá aumentado si se lo mide por la cantidad de trabajo por la cual han de cambiarse.
Lo mismo puede observarse si se comparan dos, o más, países. En América y en Polonia, un año de
trabajo de un numero dado de hombres, cualquiera sea, ha de producir en la tierra puesta en cultivo en
último término mucho más grano que en la tierra correspondiente, en Inglaterra. Ahora bien,
suponiendo que todas las restantes cosas necesarias sean igualmente baratas en los tres países, ¿no sería
un gran error concluir que la cantidad de grano otorgada al trabajador sería, en cada uno de ellos,
proporciona] a la facilidad de su producción allí?
Si, mediante mejoras en la maquinaria, se pudiesen producir los zapatos y ropas del trabajador en una
cuarta parte del tiempo que se requiere actualmente para producirlos, es probable que se abaratasen en
un 75 por ciento; pero no es cierto, ni mucho menos, que el trabajador hubiese de poder, por ello,
consumir cuatro chaquetas, o cuatro pares de zapatos en vez de uno; tan así es que, probablemente, sus
salarios se ajustarían en poco tiempo por medio de la concurrencia y del estímulo recibido por el
desarrollo de la población, al nuevo valor de los artículos necesarios en los que se gastasen. Si estas
mejoras se ampliasen hasta abarcar todos los objetos que consume el trabajador es probable que, al cabo
de muy pocos años, le encontraríamos disfrutando de muy pocos, si es que de algún goce adicional,
aunque el valor de cambio de esas mercancías hubiese experimentado una reducción muy importante,
comparado con el de otra mercancía cualquiera en cuya fabricación no se hubiese verificado ninguna
mejora semejante; y aunque aquellas mercancías fuesen producto de, una cantidad de trabajo, ahora,
mucho menor.
Entonces, no puede ser correcta la afirmación de Adam Smith según la cual "el trabajo puede, a veces,
comprar una cantidad mayor de bienes, y otras, una cantidad menor, pero es 'el valor de estos bienes el
que varía, no el del trabajo que los compra"; y, por consiguiente, "el trabajo, que es lo único cuyo valor
nunca cambia, es el único patrón último y real mediante el cual puede estimarse, y compararse, el valor
de todas las mercancías en todo tiempo y lugar"; sino que es correcto decir, como lo hiciera
anteriormente Adam Smith, "que la proporción entre las cantidades de trabajo necesarias para adquirir
diversos objetos parece ser la única circunstancia capaz de proporcionar alguna norma para cambiarlos
entre sí"; o, en otros términos, que es la
cantidad comparativa de mercancías que produce el trabajo la que determina el valor presente o pasado
de aquéllas, y no las cantidades comparativas de mercancías que se entregan al trabajador a
cambio de su trabajo.
Dos mercancías experimentan cambios en su valor relativo, y queremos saber en cuál de ellas ha
ocurrido realmente la variación. Si comparamos el valor presente de una de ellas con los zapatos,
medias, sombreros, hierro, azúcar y todas las restantes mercancías, encontramos que la de cambiarse
por la misma cantidad Que todas estas cosas, exactamente, que antes. Si comparamos la otra con las
mismas mercancías, hallamos que ha variado con respecto a
todas ellas. En tal caso podemos inferir, con gran probabilidad de acertar al hacerlo, que la variación
ha ocurrido en esta mercancía, y no en las mercancías con las cuales la hemos comparado. Si, al
examinar aún más pormenorizadamente todas las circunstancias relacionadas con la producción de
estar diversas mercancías, hallamos que se requieren exactamente las mismas cantidades de trabajo y
capital para la producción de los zapatos, medias, sombreros, hierro, azúcar, etc. , pero que no es
necesaria la misma cantidad que antes para producir la mercancía particular cuyo valor relativo ha
sufrido alteración, de la probabilidad pasamos a la certeza,, y estamos seguros de que la variación ha
ocurrido en esa mercancía particular; descubrimos también, en este caso, la causa de su variación.

Si yo hallase que una onza de oro hubiese de cambiarse por una cantidad menor; de todas las
mercancías enumeradas más arriba, y muchas otras, y si, además, hallase que una cantidad dada de oro
pudiera obtenerse con una cantidad menor de trabajo por el descubrimiento de una mina nueva y de
mayor rendimiento, o por la utilización de maquinaria con gran ventaja, estaría justificado al decir que
la causa de la alteración ocurrida en el valor del oro en relación con otras mercancías residiría en la
mayor facilidad que presenta su producción, o en la menor cantidad de trabajo necesaria para obtenerlo.
Del mismo modo, si el trabajo viese reducido su valor en gran *medida, en relación con todas las demás
cosas, y yo hallase que su caída se debiera a la abundancia de su oferta, a raíz del estímulo provisto por
la gran facilidad existente en la producción de granos, y de los demás artículos necesarios para el

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trabajador, me temo que yo tendría razón si afirmase que el grano y los artículos necesarios habrían
caído en valor como consecuencia de requerirse menos trabajo para producirlos, y que esta facilidad
existente para proveer el sustento del trabajador habría ido seguida por una caída del valor del trabajo.
No, dicen Adam Smith y Mr. Malthus; en el caso del oro tenía usted razón a1 considerar su variación
como una caída de su valor, pues los granos y el trabajo no habían variado en ese caso; y, puesto que el
oro habría de disponer de una cantidad menor de ellos, así como de todas las demás cosas, que antes,
estaba bien decir que todas las cosas habían permanecido sin cambio y que sólo el oro había variado;
pero cuando caen el grano y el trabajo cosas que hemos escogido como nuestra medida patrón del valor,
pese a todas las variaciones a las que, según reconocemos, están sujetos, sería sumamente impropio
decirlo; la forma correcta de hablar ha de ser decir que los granos y el trabajo han permanecido sin
cambio, mientras ha aumentado el valor de todas las demás cosas.
Pues bien, mi protesta va dirigida contra esta forma de hablar, justamente. Hallo que, precisamente,
igual que en el caso del oro, la causa de la variación ocurrida entre el grano y otras cosas es la menor
cantidad de trabajo necesaria para producirlo y, por consiguiente, todo razonamiento correcto me obliga
a llamar a la variación del grano y del trabajo, caída de su valor, y no aumento en el valor de las cosas
con las que se los compara. Si tengo que conchavar un trabajador por una semana y, en vez de diez
chelines, le pago ocho, sin que haya ocurrido variación alguna en el valor del dinero, es probable que el
trabajador pueda obtener más alimentos y artículos necesarios con sus ocho chelines que los que, antes,
obtenía con diez. Pero ello se debe, no a un aumento del valor real de su salario, como afirma Adam
Smith y, más recientemente, M. Malthus, sino a una caída del valor de las cosas en que su salario se
gasta, que es una cosa completamente distinta. Y, sin embargo, porque llamo a esto caída del valor real
del salario, se me dice que adopto un lenguaje nuevo y contrario al uso, que no es conciliable con los
auténticos principios científicos. A mí me parece que es el lenguaje que usan mis contradictores el que es
contrario al uso y, ciertamente, incoherente.

Supóngase que un trabajador reciba un bushel de grano en pago de una semana de trabajo, cuando el
precio del grano son 80 chelines el cuartal, y que se le pague un bushel y un cuartal cuando el precio cae
a 40 chelines. Supóngase además que él consuma medio bushel de grano por semana en su propia
familia, cambiando el resto por otras cosas como combustible, jabón, velas, té, azúcar, sal, etc. , etc. ; si
los tres cuartos de bushel que le quedan en el

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segundo caso no pueden proporcionarle las mercancías mencionadas más arriba en la misma cantidad,
que medio bushel en el primer caso, que es lo que efectivamente pasará, ¿habrá aumentado o
disminuido el valor del trabajo? Habrá aumentado, tiene que decir Adam Smith, pues el patrón que él
aplica es el grano, y el trabajador recibe más grano por una semana de trabajo. Habrá caído, tiene que
decir el propio Adam Smith, "pues el valor de una cosa depende de la capacidad de comprar otros
bienes que otorga la posesión de ese objeto", y el trabajo tiene ahora menor capacidad d comprar esos
otros bienes.

Sección segunda: El trabajo de distintas calidades recibe distinta remuneración. Esto no constituye
causa alguna de variación en el valor relativo de las mercancías.

Sin embargo, al decir del trabajo que él es el fundamento de todo valor, y de la cantidad relativa de
trabajo que es ella la que determina en forma exclusiva el valor relativo de las mercancías, no debe
suponerse que no presto atención a las distintas calidades de trabajo, y a la dificultad que comporta el
comparar una hora o un día de trabajo en una actividad con el mismo lapso de trabajo en otra actividad.
La estima de que son objeto los trabajos de distinta calidad resulta prontamente ajustada en el mercado,
con precisión suficiente para toda finalidad práctica, y depende en gran medida de la destreza relativa
del trabajador y de la intensidad del trabajo realizado. Una vez que está conformada la escala
correspondiente, son reducidas las variaciones a las que se encuentra sujeta. Si un día de trabajo de un

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joyero trabajador es más valioso que un día de trabajo de un trabajador común, hace mucho tiempo que
ha sido ajustado y situado en la posición adecuada en la escala de valor. 1

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Por consiguiente, al comparar el valor de una misma mercancía en distintos períodos, apenas es
necesario prestar atención a la habilidad y la intensidad comparativas de] trabajo que se requiere para
esa mercancía particular, puesto que influye en igual forma en ambos períodos. Una clase de trabajo en
un período se compara con la misma clase de trabajo en otro período; si se ha agregado, o retirado, un
décimo, un quinto o un cuarto, en el valor relativo de la mercancía se verificará un efecto proporcional a
la causa.
Si una pieza de paño vale actualmente lo que dos piezas de lienzo; y si, dentro de diez años, el valor
ordinario de una pieza de paño hubiese de consistir en cuatro piezas de lienzo, podríamos concluir sin
temor que, o bien se necesita más trabajo para fabricar el paño, o bien se requiere menos para fabricar el
lienzo o, por último, que han actuado ambas causas conjuntamente.
Como la investigación sobre la que deseo atraer a atención del lector está referida al efecto de las
variaciones del valor relativo de las mercancías, y
r la consideración o tenidas las distintas clases concluir con fundamento que, que haya podido existir
originariamente entre ellas, cualquiera el ingenio, la habilidad o el tiempo necesarios para la adquisición
de una clase de destreza manual, por encima de los necesarios para adquirir otra clase, esta desigualdad
sigue siendo aproximadamente la misma de generación en generación; o, por lo menos, la variación es
de muy poca monta de un año a otro y, por consiguiente, poco es el efecto que puede ejercer, en.
períodos breves, en el valor relativo de las mercancías.
"La proporción existente entre las diversas tasas, tanto de los salarios cuanto de la ganancia, en los
distintos empleos del trabajo y del acervo, como ya se ha observado no parece verse fuertemente
afectada por la situación dé' riqueza o pobreza, de progresión, estancamiento o declinación en que se
encuentre la sociedad. Tales revoluciones en el campo del bienestar general, aunque afectan tanto la tasa
general de los salarios, cuanto la de la ganancia, tienen que terminar por afectarlas por igual en todos los
empleos diferentes. Por ende, la proporción entre ella s tiene que mantenerse igual y no puede alterarse
verdaderamente por revolución alguna de esta índole, al menos en forma duradera. " (Wealth of
Nations, libro 1. cap. X. ).

Sección tercera: No sólo el trabajo aplicado directamente a las mercancías afecta su valor, sino también
el trabajo que se gasta en los instrumentos, herramientas y edificios de que se vale ese trabajo.

Aun en aquellas condiciones primitivas a las que se refiere Adam Smith habría de ser necesario al
cazador, para que éste pudiera matar a su presa, algún capital, aunque posiblemente sería fabricado y
acumulado por el propio calzador, No sería posible destruir al castor, ni al eleve, sin algún tipo de arma
y, por consiguiente, el valor de estos animales estaría regido, no únicamente por el tiempo, y trabajo,
necesarios para su destrucción, sino también por el tiempo, y trabajo, necesarios para proveer el capital
del cazador, el arma mediante la cual se efectuase su destrucción.

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Pero, aunque el trabajo es la medida real del valor de cambio de todas las mercancías, no es la medida mediante la cual se
estima habitualmente su valor. A menudo es difícil determinar la proporción que guardan entre sí dos cantidades diferentes de
trabajo. El tiempo pasado en dos clases distintas de trabajo no será siempre la única circunstancia que determine esta
proporción. Tienen que tomarse en cuenta igualmente los distintos grados de dureza que se sufren en un caso y otro, y los
diversos grados de ingenio que se ejercen. Puede haber más trabajo en una hora de una tarea dura de realizar que en dos horas
de una ocupación fácil; o en una hora dedicada a una actividad que, en materia de aprendizaje, cuesta diez años de trabajo, que
en un mes de esfuerzo en un empleo común y de características evidentes. Pero no es fácil hallar una medida exacta para la
dureza ni para el ingenio. Ciertamente, al cambiar los productos respectivos de distintas clases de trabajo, entre sí,
habitualmente se tienen en cuenta una y otro en cierta forma. Esto, empero, no se ajusta por ninguna medida exacta, sino a
través de la negociación y del regateo del mercado, según esa suerte de igualdad aproximada que, aunque no es precisa, basta
para llevar adelante las actividades comunes de la vida". Wealth of Nations, libro 1, cap. 10.

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Supóngase que el arma necesaria para matar al castor, se construyese con mucho más trabajo que el
arma necesaria para matar al ciervo, en razón de la mayor dificultad que comporta aproximarse al
primero de estos animales, y de la consiguiente necesidad de que el arma en cuestión asegurase más
exacta puntería; un castor valdría más, naturalmente, que dos ciervos, y ello sería así exactamente en
razón de que sería necesario, en conjunto, más trabajo para la destrucción de aquél. 0 bien, supóngase
que fuese necesaria la misma cantidad de trabajo para fabricar ambas al mas, pero que su duración
fuese muy desigual; sólo una pequeña fracción del valor del instrumento duradero sería transferida a la
mercancía, mientras que una fracción mucho mayor del valor del instrumento de menor duración sería
realizada en la Mercancía a cuya producción concurriese.
Todos los instrumentos necesarios para matar al castor y al ciervo podrían pertenecer a una clase de
hombres, y el trabajo empleado en su destrucción podría ser provisto por otra clase de ellos; y, sin
embargo, sus precios comparativos serían proporcionales al efectivo trabajo gastado, tanto en la
constitución del capital, cuanto en la destrucción de los animales. En distintas circunstancias en lo que
hace a la abundancia o escasez de capital, en comparación con el trabajo, en distintas circunstancias de
abundancia o escasez de los alimentos y artículos necesarios, esenciales para el sustento de los hombres,
quienes proveyesen un valor igual en capital para uno u otro empleo podrían recibir la mitad, un cuarto
o un octavo del producto obtenido, pagándose el resto, en concepto de salarios, a quienes proveyesen el
trabajo; sin embargo, esta división no podría afectar el valor relativo de estas mercancías pues, ya fuesen
mayores o menores las ganancias del capital, ya alcanzasen el 50, 20 ó 10 por ciento, ya fuesen altos, o
bajos, los salarios del trabajo, influirían en forma pareja en ambos empleos.
Si suponemos que se ampliasen las ocupaciones existentes en la sociedad, que unos proveyesen los
botes y aparejos necesarios para la pesca; otros, la simiente y la basta maquinaria utilizada, inicialmente,
en la agricultura, seguirá valiendo el mismo principio según el cual el valor de cambio de las mercancías
producidas estaría en proporción con el trabajo gastado en su producción; y no sólo en su producción
inmediata, sino también en todos los instrumentos o máquinas necesarios para llevar a cabo el tipo de
trabajo al que se los aplicase.
Si consideramos unas condiciones de la sociedad en las que se han llevado a término mejoras mayores,
y en las que florecen las artes y el comercio, hallaremos una vez más que las mercancías difieren, en
cuanto a su valor, de acuerdo ron este principio: al estimar el valor de cambio de las medias, por
ejemplo, encontraremos que su valor, en relación con otras cosas, depende de, la cantidad de trabajo
necesaria, en total, para fabricarlas y llevarlas al mercado. Primeramente, está el trabajo necesario para
cultivar la tierra en la que se produce el algodón en bruto; segundo, el trabajo de llevar el algodón al
país en el que han de fabricarse las medias, que incluye una parte del trabajo gastado en la construcción
del buque en el cual aquél es transportado, que se carga en el flete de los bienes; tercero, el trabajo del
hilandero y del tejedor; cuarto, una fracción del trabajo del mecánico, del herrero y del carpintero que
erigieron los edificios y construyeron la maquinaria mediante los cuales se hacen las medias; quinto, el
trabajo del negociante al por menor y de muchos otros que n es necesario continuar pormenorizando. El
total de estas

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diversas clases de trabajo determina la cantidad de otras cosas por la cual han de cambiarse estas
medias; y el mismo cómputo de las diversas cantidades de trabajo que se han gastado en esas otras
cosas regirá, del mismo modo, la porción de ellas que se entregará a cambio de las medias.

Para persuadirnos de que es éste el fundamento real del valor de cambio, supongamos que se aplique
una mejora en los medios de abreviar el trabajo en uno cualquiera de los diversos procesos por los que
tiene que pasar el algodón en bruto antes que las medias, ya fabricadas, lleguen al mercado para ser
cambiadas por otras cosas, y observemos qué efectos surgirán. Si hiciesen falta menos hombres para
cultivar el algodón en bruto, o si se empleasen menos marineros en la navegación, o menos trabajadores
en la construcción del buque en que se lo transportó hasta nosotros; si se empleasen menos brazos en la
construcción de los edificios y de la maquinaria o si, una vez construidos, se los hiciese más eficaces,
inevitablemente caería el valor de los medias,,y, por consiguiente, éstas dispondrían de una cantidad
menor de otras cosas. Caería su valor por requerirse una cantidad menor de trabajo para su producción
y, por consiguiente, se cambiarían por una cantidad menor de cosas con respecto a las cuales no se
hubiese practicado ninguna abreviación similar del trabajo.

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La economía, en el uso del trabajo, nunca deja de reducir el valor relativo de una mercancía, ya se
ahorre trabajo del que es necesario para la fabricación de la mercancía misma en cuestión, ya sea del que
es necesario para la obtención del capital mediante el cual se la produce. El precio de las medias caería
en cualquiera de ambos casos, ya se empleasen menos hombres como blanqueadores, como hilanderos,
como tejedores, personas inmediatamente necesarias para su fabricación; o como marineros,
transportadores, mecánicos y herreros, personas éstas afectadas más indirectamente. En un caso, todo el
ahorro de trabajo recaería en las medias, pues esa porción de trabajo estaba dedicada íntegramente a las
medias; en el otro, sólo una parte recaería en las medias, aplicándose el resto a todas las demás
mercancías para cuya producción sirviesen los edificios, la maquinaria, y el transporte.

Supóngase que, en las etapas primitivas de la sociedad, y flechas del cazador tuviesen el mismo valor
y duración que el bote y los aparejos del pescador, nos y otros, producto de la misma cantidad de
trabajo tales circunstancias el valor del ciervo, producto a de trabajo del cazador, sería exactamente
igual

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al del pescado, producto de un día de trabajo del pescado' El valor comparativo del pescado y del
ciervo estaría regido integralmente por la cantidad de trabajo realizado en uno y otro, cualquiera fuese
la cantidad de la producción, o por muy altos o bajos que pudiesen ser los salarios o ganancias. Por
ejemplo, si los botes y aparejos del pescador tuviesen un valor de 100 £, y se calculase su duración en
diez anos, y él emplease a diez hombres cuyo trabajo anual costase 100 £ y que produjesen veinte
salmones cada día mediante su trabajo; si las armas utilizadas por el cazador tuviesen también un valor
de 100 £, Y se calculase su duración en diez años, y si él también emplease a diez hombres cuyo trabajo
anual costase 100 £ y que, en un día, le proporcionasen diez ciervos; entonces, el precio natural de un
ciervo serían dos salmones, ya fuese grande o pequeña la" proporción del producto total entregada a los
hombres que lo obtuvieron. La proporción que pudiera pagarse como salarios reviste la máxima
importancia en lo que hace a las ganancias, pues es necesario advertir inmediatamente que las ganancias
serían altas o bajas, exactamente, según los salarios fuesen bajos o altos, pero el valor relativo del
pescado o de los ciervos no podría verse afectado en absoluto por esta circunstancia, puesto que los
salarios serían altos o bajos en ambas ocupaciones a la vez. Si el cazador alegase que él paga una gran.
fracción, o el valor de una gran fracción de sus presas, como salarios, para lograr que el pescador le
entregase más pescado a cambio de sus presas, el pescador afirmaría que él se encuentra igualmente
afectado por la misma causa; Por consiguiente, cualesquiera sean las variaciones de los salarios y las
ganancias, cuales. quiera los efectos de la acumulación del capital, mientras ambos continuasen
obteniendo, respectivamente, la misma cantidad de pescado y la misma cantidad de presas mediante el
trabajo de un día, la tasa natural de intercambio seguiría siendo un ciervo por dos salmones.

Si, con la misma cantidad de trabajo, se obtuviese una cantidad menor de pescado, una cantidad
mayor de ciervos, aumentaría el valor del pescado en comparación con el de los ciervos. Si, a la inversa,
con la misma cantidad de trabajo se obtuviese una cantidad menor de ciervos o una cantidad mayor de
pescado, aumentarían los ciervos en comparación con el pescado.

Si hubiese alguna otra mercancía cuyo valor fuese invariable, estaríamos en condiciones de
determinar, comparando el valor del pescado y el de los ciervos con esta mercancía, qué porción del
cambio hubiese de atribuirse a una causa que afectara el valor del pescado, y qué porción de él a una
causa que afectara el valor de los ciervos.
Supóngase que el dinero fuese esa mercancía. Si un salmón valiese 1 £, y un ciervo 2 £, un ciervo
valdría dos salmones. Pero quizás un ciervo llegase a valer lo que tres salmones, pues podría necesitarse
más trabajo para obtener el ciervo, o menos, para obtener los salmones, o bien podrían actuar ambas
causas a la vez. Si poseyésemos este patrón invariable, podríamos determinar fácilmente en qué medida
actuaría cada una de estas causas. Si los salmones continuasen vendiéndose por 1 £ mientras los ciervos
aumentasen a 3 £, podríamos concluir que se necesitaría más trabajo para obtener los ciervos. Si los
ciervos continuasen en el mismo precio de 2 £, y los salmones se vendiesen en 13 chelines y 4 peniques,
podríamos estar seguros de que se requeriría menos trabajo para obtener los salmones; y si los ciervos

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aumentasen a 2 1, 10 s, y los salmones bajasen a 16 s. 8 d. , estaríamos persuadidos de que ambas causas
habrían actuado para provocar la alteración del valor relativo de estas mercancías.
Ningún cambio en los salarios de] trabajo es susceptible de producir cambio alguno en el valor relativo
de estas mercancías. Pues, si se supone que aquellos aumenten, no haría falta una cantidad mayor de
trabajo en ninguna de estas ocupaciones, sino que lo pagaría a un precio más alto, y las mismas razones
por las que el cazador y el pescador se esforzarían por elevar el valor de sus ciervos y su pescado '
harían que el propietario de la mina incrementase el valor de su oro. Puesto que este estímulo ejerce la
misma fuerza en las tres ocupaciones consideradas, y la situación relativa de quienes están empeñados
en ellas es la misma después del aumento de los salarios, que antes de él, el valor relativo de los ciervos,
el pescado y el oro no habría sufrido alteración. Los salarios podrían aumentar un veinte por ciento y las
ganancias, por consiguiente, podrían caer en una proporción mayor o menor, sin que esto ocasionase ni
la más pequeña alteración en el valor relativo de las mercancías.

Supóngase ahora que, con el mismo trabajo y el mismo capital fijo, se pudiese producir más pescado,
pero no más oro, ni más ciervos: el valor relativo del pescado caería en comparación con el oro o los
ciervos. Si, en vez de veinte salmones, veinticinco pasasen a ser el producto de un día de trabajo, el
precio del salmón sería ahora dieciséis chelines en vez de una libra; y se entregarían dos salmones y
medio, en vez de dos, a cambio de un ciervo, pero el precio de los ciervos seguiría situándose en 2 £,
como antes.

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En la misma forma, si se pudiese obtener menos pescado con los mismos capital y trabajo, aumentaría
el valor comparativo del pescado. En tal caso, el pescado aumentaría, o disminuiría, en su valor de
cambio, únicamente porque se requeriría más, o menos, trabajo para obtener una cantidad determinada
de él; y nunca podría aumentar, o disminuir, más allá de la proporción correspondiente al aumento, o a
la disminución de la cantidad de trabajo requerida.
Si tuviésemos, pues, un patrón invariable mediante el cual pudiésemos mediar la variación que ocurre
en otras mercancías, hallaríamos que el límite máximo hasta el cual podrían aumentar en forma
permanente, si se las produjese en las condiciones que se han supuesto, sería proporcional a la cantidad
adicional de trabajo necesario para su producción, y que a menos que hiciese falta más trabajo para su
producción no podrían aumentar en ninguna medida. Un aumento de los salarios no incrementaría su
valor en dinero, ni en relación con otras mercancías cuya producción no requiriese ninguna cantidad
adicional de trabajo. que empleasen capita] fijo y circulante en la misma proporción, y capital fijo de la
misma duración. Si hiciese falta más, o menos, trabajo en la producción de la otra mercancía, ya hemos
afirmado que esto determinará inmediatamente un ' cambio en su valor relativo, pero tal cambio se debe
al cambio en la cantidad de trabajo necesaria, y no al aumento de los salarios.

Sección cuarta: El principio de que la cantidad de trabajo empleada en la producción de las


mercancías rige su valor relativo, se ve modificado en medida considerable por el empleo de
maquinaria y otro capital fijo y duradero.

En la sección anterior, suponíamos que los instrumentos y armas necesarios para matar los ciervos y
salmones tenían la misma duración, y resultaban de la misma cantidad de trabajo, y hemos visto que las
variaciones en el valor relativo de los ciervos y salmones dependían solamente de las variaciones de la
cantidad de trabajo necesaria para obtenerlos; pero, en cualquier estado de la sociedad las herramientas,
instrumentos, edificios y maquinaria empleados en distintas actividades pueden presentar distintos
grados de duración, y pueden requerir distintas cantidades de trabajo para su producción; además de
las proporciones diversas en que pueden combinarse el capital que ha de sustentar al trabajo y el capital
que está invertido en herramientas, maquinaria y edificios. Esta diferencia en el grado d e duración del
capital fijo, y esta diversidad de las proporciones en que pueden combinarse las dos clases de capital,
introducen otra causa, aparte de la mayor, o menor, cantidad de trabajo necesaria para producir las
mercancías, para las variaciones de su valor relativo, siendo esta causa la elevación o caída del valor del
trabajo.

8
Los alimentos y vestidos que consume el trabajador, los edificios en los cuales trabaja, los instrumentos
que facilitar, su trabajo son, todos ellos, de índole perecedera. Sin embargo, existe una gran diferencia en
el tiempo que duran estos diversos capitales: una máquina de vapor durará más que un buque; un
buque, más que la indumentaria del trabajador y ésta, más que los alimentos que él consume.
El capital sea de carácter rápidamente perecedero era una reproducción frecuente, o sea de consumo
se lo clasifica en los rubros de capital circulante o e un cervecero cuyos edificios y maquinaria son y
duraderos, se dice que emplea una gran fracción de capital fijo; a la inversa, de un zapatero cuyo capital
se emplea principalmente en el pago de salarios que se gastan en alimentos y vestidos, mercancías éstas
más perecederas que los edificios y la maquinaria, se dice que emplea una gran proporción de su capital
como capital circulante.

Ha de observarse, también, que el capital circulante puede circular, o ser repuesto a su empleador, en
períodos muy desiguales unos de otros. El trigo que compra un granjero para la siembra es un capital
fijo2, comparado con el trigo que compra un panadero para hacer de él hogazas. El primero lo deja en la
tierra, y no puede obtener compensación en menos de un año; el otro puede hacerlo moler, obteniendo
harina, venderlo en forma de pan a sus clientes, y liberar su capital para renovar el mismo empleo de él,
o iniciar otro empleo cualquiera, en una semana.
Así pues, dos actividades pueden emplear la misma cantidad de capital, pero éste puede estar
dividido en forma muy diferente en cuanto a la porción de él que es fija, y aquélla que es circulante.

En una actividad puede emplearse muy poco capital como capital circulante, es decir en el
sostenimiento del trabajo: puede estar invertido principalmente en maquinaria, instrumentos, edificios,
etc. , capital de carácter comparativamente fijo y duradero. En otra actividad, la misma cantidad de
capital se usará quizá, pero puede estar empleado principalmente en el sostenimiento del trabajo, y
puede haber muy poco invertido en instrumentos, máquinas y edificios. Un aumento en los salarios del
trabajo no puede por menos de afectar en forma desigual las mercancías producidas en condiciones tan
distintas.
/' A su vez, dos manufacturas pueden emplear la mis cantidad de capital fijo y el mismo monto de
capital circulante, pero la duración de sus capitales fijos puede ser muy desigual. Uno, puede tener
máquinas de vapor de un valor de 10. 000 £; el otro, buques del mismo valor.
Si los hombres no empleasen maquinaria en la producción, sino únicamente trabajo, y tardasen, todos
ellos, el mismo tiempo en llevar sus mercancías al mercado, el valor de cambio de sus bienes sería
precisamente proporcional a la cantidad de trabajo empleada.
Si empleasen capital fijo del mismo valor y duración, también, el valor de las mercancías producidas
sería el mismo, y ellas variarían con la mayor, o menor, cantidad de trabajo empleada en su producción.
Pero, aunque las mercancías que se produjesen en condiciones similares entre sí, no variarían entre sí
por causa alguna distinta de un aumento o disminución de la cantidad de trabajo necesaria para
producir una de ellas, o la obra, sin embargo comparadas con otras que no se produjesen con la misma
cantidad proporciona] de capital fijo, variarían también por la otra causa que he mencionado
anteriormente, a saber un aumento en el valor del trabajo, aunque no se emplease más, ni menos, trabajo
en la producción de ninguna de ellas. La cebada y la avena mantendrían la misma proporción recíproca,
cualquiera fuese la variación de los salarios. Lo mismo ocurriría entre los artículos de algodón y el paño
si, también ellos, se produjesen en condiciones exactamente iguales unas a las otras; con todo, un
aumento o disminución de los salarios podría hacer que la cebada fuese más, o menos, valiosa en
comparación con los artículos de algodón, y la avena comparada con el paño.
Supóngase que dos hombres empleen a cien hombres cada uno, durante un año, en la construcción de
dos máquinas; y que otro hombre emplee al mismo número de hombres en el cultivo de granos. Cada
una de las máquinas, al terminar el año, tendrá el mismo valor que los granos, pues unas y otros serán
producidos por la misma cantidad de trabajo. Supóngase que el poseedor de una de las máquinas la
emplee con el concurso de cien hombres, el año siguiente, en la fabricación de paño; y que el poseedor
de la otra máquina la emplee también, igualmente con el concurso de cien hombres, en la fabricación de

2
División ésta que no es esencial, y en la que no es posible trazar con exactitud la línea de demarcación .

9
artículos de algodón, mientras que el granjero siga empleando, como antes, a cien hombres en el cultivo
de granos, Durante el segundo ano, todos ellos habrán empleado la misma cantidad de trabajo, pero los
bienes y la máquina de] pañero, conjuntamente, y también los del fabricante algodonero, serán el
resultado del trabajo de doscientos hombres durante un año; o, más bien, de] trabajo de cien hombres
durante dos años; mientras que el grano será el producto del trabajo de cien hombres durarte un año.
Por consiguiente, si el grano tuviese un valor de 500 £, la máquina y el paño del pañero, conjuntamente,
tendrían que tener un valor de 1. 000 £; y la máquina y los artículos de algodón del fabricante
algodonero tendrían que ser, también, de un valor igual al doble del grano. Pero tendrán un valor
superior al doble del valor del grano, pues la ganancia sobre el capital del pañero y del fabricante
algodonero, por el primer año, se ha agregado a sus respectivos capitales, mientras que la ganancia del
granjero se ha gastado y disfrutado. Así, en razón de los diversos grados de duración de sus capitales o,
lo que es lo mismo, en razón del tiempo que tiene que transcurrir antes de que un tipo de mercancías
pueda ser llevado al mercado, ellas serán valiosas, no exactamente en proporción a la cantidad de
trabajo empleada en ellas no guardarán una proporción de dos a uno, sino en mayor grado, en
compensación del mayor lapso que tiene que transcurrir antes que puedan ser llevadas al mercado las
de mayor valor.
Supóngase que se pagasen 50 £ anuales por el trabajo de cada trabajador, o que se empleasen 5. 000 £
de capital, y que las ganancias fuesen el 10 por ciento: el valor de cada una de las máquinas, así como el
del grano, alcanzaría entonces 5. 500 £ al concluir el primer año. El segundo año, fabricantes y granjeros
emplearán nuevamente 5. 000 £ cada uno en sustentar el trabajo y, por consiguiente, volverán a vender
sus bienes en 5. 500 £; pero los que emplean las máquinas, para encontrarse en paridad con el granjero,
tienen que obtener no sólo 5. 500 £ por los capitales, iguales,

de 5. 000 empleados en el trabajo, sino también una suma adicional de 550 £ en concepto de la
ganancia sobre 5. 500 £ que invirtieron en maquinaria y, por consiguiente, sus bienes tienen que
venderse en 6. 050 £ Aquí, pues, los capitalistas emplean exactamente la misma cantidad de trabajo
anualmente en la producción de sus mercancías y, sin embargo, los bienes que producen difieren en
cuanto a su valor, en razón de las diferentes cantidades de capital fijo, o trabajo acumulado, que emplea
cada uno de ellos. El paño y los artículos de algodón tienen el mismo valor, porque son producto de
cantidades iguales de trabajo y cantidades iguales 1 de capital fijo; pero el grano no tiene el mismo valor
que estas mercancías porque se lo produce, en lo referente al capital fijo, en condiciones distintas.
Pero, ¿cómo se verá afectado su valor relativo por un aumento del valor del trabajo? Es evidente que
no habrá cambio alguno en los valores relativos del paño y de los artículos de algodón, pues lo que
afecta al primero tiene que afectar igualmente al otro, en las condiciones que se han supuesto; ni
cambiarán en absoluto los valores relativos del trigo y de la cebada, pues se los produce en las mismas
condiciones en lo referente a capital fijo, y circulante; pero el valor relativo del grano frente al paño, o
frente a los artículos de algodón, tiene que alterarse a raíz de un aumento del trabajo.
No puede aumentar el valor del trabajo sin que caigan las ganancias. Si el grano ha de dividirse entre
el granjero y el trabajador, cuanto mayor la fracción que se entregue al segundo, menos quedará para el
primero. Asimismo, si el paño o los artículos de algodón se dividen entre el trabajador y su empleador,
cuanto mayor la parte que se entregue al primero, menos queda para el segundo. Supóngase pues que,
en razón de un aumento de los salarios, las ganancias caigan del lo al 9 por ciento: en vez de agregar 550
£ al precio ordinario de sus bienes (a 5. 500 £) en concepto de ganancias sobre su capital fijo, los
fabricantes agregarían solamente el 9 por ciento de esa suma, o sean 495 £ y, por consiguiente, el precio
alcanzaría a 5. 995 £ en vez de 6. 050 £. Como el grano seguiría vendiéndose por 5. 500 £, los bienes
manufacturados en los que se empleó más capital fijo bajarían, en relación con el grano, o con
cualesquiera otros bienes en los que entrase una porción menor de capital fijo. El grado de la alteración
del valor relativo de los bienes, a raíz de un aumento o disminución del trabajo, dependería de la
proporción que guardase el capital fijo con

el capital circulante empleado. Todas las mercancías producidas por maquinaria muy valiosa, o en
edificios de gran valor, o que requieren el transcurso de mucho tiempo para poder ser llevadas al
mercado, caerían en valor relativo, mientras que aumentarían de valor relativo las que son producidas
principalmente por el trabajo o que pudiesen llevarse rápidamente al mercado.

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Sin embargo, el lector debe observar que esta causa de variación de las mercancías tiene efectos
comparativamente leves. Con un aumento de los salarios tal, que provocase una caída de un 1 por
ciento en las ganancias, los bienes producidos en las condiciones que he supuesto varían de valor
relativo sólo en un 1 por ciento; con una caída tan grande* en las ganancias, bajan solamente de 6. 050 £
a 5. 995 £. los efectos más fuertes que podría producir un aumento de los salarios en los precios relativos
de estos bienes, no podrían ir más allá del 6 ó 7 por ciento pues, probablemente, las ganancias no
podrían admitir en circunstancia alguna una reducción general y permanente que fuese más allá.

No ocurre así con la otra gran causa de variación en el valor de las mercancías, que es el aumento, o la
disminución, en la cantidad de trabajo necesaria para producirlas, Si, para producir el grano, hiciesen
falta ochenta hombres en vez de cien, el valor del grano caería en un 20 por ciento, o sea de 5. 500 £ a 4.
400 £. Si, para producir el paño, bastase el ' trabajo de ochenta, en vez del de cien hombres, el paño
bajaría de 6. 050 £ a 4. 950 £. Cualquier alteración importante en la tasa permanente de las ganancias
resulta de causas que no actúan sino a través de los años, mientras que cambios en la cantidad de
trabajo necesaria para producir las mercancías, ocurren a diario. Toda mejora en la máquina
herramientas, en los edificios, en el cultivo de prima, ahorra trabajo y nos permite producir con dad la
mercancía a la cual se aplica la mejora; por consiguiente, se modifica su valor. Entonces al estimar las
causas de las variaciones en el valor de las mercancías, si bien sería erróneo dejar por completo fuera de
consideración el efecto que produce un aumento, o disminución del trabajo, sería igualmente incorrecto
atribuirle mucha importancia; y, por consiguiente, en el resto de esta obra, aunque me referiré
ocasionalmente a esta causa de variación, consideraré que todas las grandes variaciones que ocurren en
el valor relativo de las mercancías son producidos por una cantidad mayor, o menor, de trabajo que
puede hacer falta, de tanto en tanto, para producirlas.

Apenas hace falta decir que las mercancías en cuya producción se gasta la misma cantidad de trabajo
tendrán tinto valor de cambio si no es posible llevarlas al mercado en el mismo lapso.
Supóngase que yo emplee a veinte hombres con un gasto de 1. 000 £ durante un año en la producción
de una mercancía, y al fin del año empleo nuevamente a veinte hombres por un año más, con un gasto
de otras 1. 000 £, en la terminación o perfeccionamiento de la misma mercancía, llevándola al mercado
al cabo de dos años: si las ganancias son el 10 por ciento, i mercancía tiene que venderse en 2. 310 £,
pues he empleado 1. 000 £ de capital durante un año, y 2. 100 £ de capital durante un año más otro
hombre emplea exactamente la misma cantidad de trabajo, pero lo emplea íntegramente en el primer
año; emplea a cuarenta hombres con un gasto de 2. 000 £ y, al fin del primer año, la vende [sic] con una
ganancia del 10 por ciento, es decir en 2. 200 £ He aquí, pues, dos y mercancías en las que se gasta
exactamente la misma cantidad de trabajo, vendiéndose una de ellas en 2. 310 £, y la otra en 2. 200 £.
Este caso parece distinto del anterior pero, en realidad, es igual a él. En ambos casos, el precio, más
alto, de una de las mercancías se debe al mayor lapso que tiene que transcurrir antes que ella pueda ser
llevada al mercado. En el caso anterior, la maquinaria y el paño valían más del doble de lo que valía el
grano, aunque en ellos se había gastado sólo el doble de trabajo. En el segundo caso, una mercancía es
más valiosa que la otra, aunque no se empleó más trabajo en su producción. la diferencia de valor en
ambos casos, de la acumulación de las ganancia como capital, y es sólo una justa compensación por el
tiempo que fueron retenidas las ganancias.
Se observa, entonces, que la división del capital en distintas proporciones en fijo, y circulante, en las
diversas actividades, introduce una modificación de considerable importancia en la norma que, cuando
el trabajo se emplea en forma casi exclusiva en la producción, es de aplicación universal, a saber: que las
mercancías nunca varían de valor a menos que se gaste en su producción una cantidad mayor, o menor,
de trabajo. Se ha mostrado en esta sección que, sin variación alguna en la cantidad de trabajo, el mero
aumento de valor ocasionará una caída en el valor de cambio de los bienes en cuya producción se
emplea cantidad de capital fijo y que, cuanto mayor la cantidad de capital fijo, mayor será la caída.

Sección quinta: El principio de que el valor no varía por el aumento o la caída de los salarios se ve
modificado, también, por la desigual duración del capital, y la desigual rapidez con que es repuesto
a su empleador.

En la sección anterior supusimos que eran desiguales las proporciones entre los capitales fijos y
circulante de dos capitales iguales, en ocupaciones distintas; supongamos ahora que las proporciones
sean las mismas, pero no la duración. En la medida en que el capital fijo se hace menos duradero, se

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aproxima a la índole del capital circulante. Será consumido, y su valor, reproducido, en un período más
breve, para preservar el capital del fabricante. Hemos visto que, en la medida en que el capital fijo
predomina en una manufactura, cuando los salarios aumentan, el valor de las mercancías producidas en
esa manufactura es relativamente más bajo que el de las mercancías producidas en manufacturas donde
predomina el capital circulante. En proporción a la menor duración del capital fijo, y a su aproximación
a la índole del capital circulante, surgirá el mismo efecto de la misma causa.
Si el capital fijo no es de naturaleza duradera, será necesaria anualmente una gran cantidad de trabajo
para mantenerlo en su estado originario de eficacia; pero el trabajo gastado en ello puede considerarse
gastado, realmente, en la mercancía fabricada, la cual tiene que tener un valor proporcionara tal trabajo.
Si yo tuviese una máquina que valiera 20. 000 £ y que, con muy poco trabajo, fuese apta para la
producción de mercancías, y si el desgaste de esta máquina fuese muy pequeño, y la tasa general de
ganancia el 10 por ciento, yo no exigiría que se agregase mucho más de 2. 000 £ al precio de los bienes,
en razón del empleo de mi máquina. Pero si el desgaste de la máquina fuese grande, si la cantidad de
trabajo necesaria para mantenerla en condiciones de eficacia alcanzase a cincuenta hombres anualmente,
yo exigiría por mis bienes un precio adicional igual al que obtendría otro fabricante cualquiera que
emplease a cincuenta hombres en la producción de otros bienes, sin usar maquinaria en absoluto.
' Pero un aumento en los salarios del trabajo no afectaría por igual a las mercancías producidas con
maquinaria de rápido consumo y a las mercancías producidas con maquinaria de lento consumo. En la
producción de la primera [sic] sería transferida una gran cantidad de trabajo, continuamente, a la
mercancía producida; en la otra [sic]: muy poco sería el trabajo así transferido. Por consiguiente todo
aumento de los salarios o, lo que es lo mismo, toda caída de las ganancias, reduciría el valor relativo de
las mercancías que se produjesen con un capital de índole duradera, elevando proporcionalmente las
que se produjesen con. Capital más perecedero. Una caída de los salarios arrojaría exactamente el efecto
opuesto.
He dicho ya que el capital fijo presenta distintos grados de duración; piénsese ahora en una
máquina que pudiese emplearse para hacer la tarea de cien hombres en un año, y que durase sólo un
año. Supóngase el también, que la máquina cuesta 5. 000 £, y que sean 5. 000 £ los salarios que se
paguen anualmente a cien hombres. Es evidente que seria indiferente para el fabricante comprar la
máquina, o emplear a los hombres. Pero supóngase que el trabajo aumente y, por consiguiente, los
salarios de cien hombres en un año se elevan a 5. 500 £: es obvio que el fabricante ya no vacilará le
convendrá comprar la máquina y pagar 5. 000 £ por la realización de la tarea. Pero, ¿no alimentará el
precio de la máquina?, ¿no valdrá, también, ella, 5. 5oo £ a raíz del aumento del trabajo? La máquina
aumentaría de precio si no se emplease acervo alguno en su construcción, ni hubiesen de pagarse
ganancias a sui fabricante. Si, por ejemplo, la máquina fuese producto del trabajo de cien hombres que
trabajasen en ella un año con 50 £ libras de salario cada uno y su precio, por consiguiente, fuesen 5.000
£; si esos salarios aumentasen a 55 £, su precio serían 5. 500 £, pero no puede ser así; o bien se emplean
menos de cien hombres, o bien no podría venderse en 5. 000 £ pues, de las 5.000 £, tienen que pagarse
las ganancias del acervo que les empleó. Supóngase ,entonces, que sólo se empleasen ochenta y cinco
hombres, con un gasto de 50 £ por cada uno, o sean 4. 250 £ por año, y que las 750 £ que arrojaría la
venta de la máquina por sobre los salarios adelantados a los hombres constituyesen las ganancias del
acervo del fabricante. Cuando los salarios aumentasen; en un diez por ciento, se vería obligado a
emplear un capital adicional de 425 £ empleando, por consiguiente, 4. 675 £ en vez de 4. 250. y obtendría
una ganancia de sólo 325 £ sobre este capital si continuase vendiendo. en 5. 000 £; pero esto es
exactamente lo que ocurre a todos los fabricantes y capitalistas: el aumento de los salarios les afecta a
todos. Por consiguiente, si el fabricante de la máquina aumentase el precio de ésta a raíz de un aumento
de los salarios, se emplearía una cantidad extraordinaria de capital en la construcción de máquinas de
ese tipo, hasta que su precio arrojase la tasa común de ganancias solamente3. Así, vemos que las más no
aumentarían de precio a raíz de un aumento de salarios.
Pero el fabricante que, en caso de aumento general de los salarios, puede echar mano de una máquina
que no aumentará las cargas de la producción en su mercancía, disfrutaría de ventajas especiales si

3
Aquí vemos por qué los países antiguos se ven forzados sin cesar al empleo de maquinaria, y los países nuevos, al empleo de
trabajo. Con toda dificultad para proveer al sustento de los hombres, aumenta necesariamente el trabajo, y con cada aumento en
el precio del trabajo surgen nuevos estímulos para el uso de maquinarias. Esta dificultad para proveer el sustento de los
hombres actúa constantemente en los países viejos; en los nuevos puede ocurrir un incremento muy grande en la población, sin
el más pequeño aumento en los salarios del trabajo. Es posible que sea tan fácil proveer lo necesario para el séptimo, el octavo
y el noveno millón de hombres cuanto lo necesario para el segundo, tercero y cuarto millón.

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pudiese continuar cargando el mismo precio por sus bienes; pero, como ya hemos visto, se vería
obligado a rebajar el precio de sus mercancías: de lo contrario, afluiría capital a la actividad en la que él
se encuentra hasta que sus ganancias hubiesen bajado hasta el nivel general. Así es, pues, cómo se ve
beneficiada por la maquinaria la generalidad de la gente: estos agentes mudos son, siempre, producto
de mucho menos trabajo que el que ellos desplazan, aun cuando son del mismo valor monetario.
Gracias a ellos, un aumento en el precio de las vituallas, que hace aumentar los salarios, afectará a
menos personas; alcanzará en el ejemplo anterior, a ochenta y cinco hombres en vez de alcanzar a cien, y
la economía consiguiente se pone de manifiesto en el monto más reducido del precio de la mercancía
fabricada. No aumenta el valor real de las máquinas, ni el de las mercancías que mediante ellas se
hacen, sino que se abaratan todas las mercancías hechas por máquinas, y lo hacen en forma
proporcional a la duración de ellas.
Se advertirá, pues, que en las etapas primitivas de la sociedad, antes que se use mucha maquinaria o
capital duradero, las mercancías producidas por capitales iguales serán, aproximadamente, del mismo
valor, y aumentarán o disminuirán unas en relación con otras )or ser necesario más, ,. o menos, trabajo
para su producción; pero, después de haberse introducido estos instrumentos costosos y duraderos, las
mercancías producidas mediante el empleo de capitales iguales serán muy desiguales en valor y,
aunque serán todavía susceptibles de aumentar, o disminuir, relativamente unas a otras, por hacerse
necesario más, o menos, trabajo para su producción, estarán sujetas a otras variaciones, aunque de
menor importancia : también a raíz del aumento o caída de los salarios y ganancias. Puesto que bienes
que se venden en 5. 000 £ pueden ser producto de un capital de la misma magnitud que aquél a partir
del cual se producen otros bienes que se venden en 10. 000 £, las ganancias sobre su fabricación serán las
mismas; pero esas ganancias serían desiguales si los precios de los bienes no variasen con un aumento o
disminución en la tasa de las ganancias.
También se advierte que, en proporción a la duración del capital empleado en una clase cualquiera de
producción, los precios relativos de las mercancías en las que se emplea tal capital duradero variarán en
forma inversa a los salarios; bajarán al aumentar los salarios y aumentarán al caer los salarios; y, a la
inversa, las que son producidas principalmente por trabajo, con menos capital fijo, o con capital fijo de
índole menos duradera que el patrón en el cual se estima el precio, aumentarán al aumentar los salarios
y bajarán al bajar los salarios.

Sección sexta: Acerca de una medida invariable del valor.

Cuando las mercancías variasen en su valor relativo, sería deseable disponer de los medios necesarios
para determinar cuál de ellas experimenta una caída, y cuál un aumento, de su valor real; y esto sólo
podría realizarse comparándolas, una tras otra, con alguna medida patrón invariable del valor que, por
su parte, no estuviese sujeta a ninguna de las variaciones que afectan a otras mercancías. Es imposible
disponer de semejante medida, pues no hay mercancía alguna que no se encuentre expuesta, ella
misma, a las mismas variaciones que afectan las cosas cuyo valor se trata de determinar; es decir,
ninguna de ellas esta exenta de requerir más, o menos, trabajo para su producción. Pero, si fuese
posible, eliminar esta causa de variación el valor de un patrón; si fuese posible, por ejemplo, que en la
producción de nuestro dinero fuese necesaria en todo tiempo la misma cantidad de trabajo, él no sería,
de todos modos, un patrón perfecto, o una medida invariable del valor; porque, como ya he intentado
explicar, estaría sujeto a variaciones relativas a causa de un aumento o caída de los salarios, a raíz de las
distintas proporciones de capital fijo que podrían ser necesarias para producirlo, y para producir las
otras mercancías cuya alteración de valor deseásemos determinar. También podría encontrarse sujeto a
variaciones, por la misma causa, a raíz de los distintos grados de duración del capital fijo empleado en
él, y en las mercancías que con él hubiesen de ser comparadas; o bien, el tiempo necesario Para llevar el
primero al mercado podría ser más, o menos, Prolongado que el tiempo necesario para llevar al
mercado las otras mercancías cuyas variaciones hubiesen de determinarse: circunstancias todas que
descalifican a toda mercancía en que pueda pensarse, en relación con la calidad de medida
perfectamente exacta del valor.
Si, por ejemplo, hubiésemos de adoptar el oro como patrón, es evidente que él no es sino una
mercancía obtenida bajo el imperio de las mismas contingencias que otra mercancía cualquiera, y cuya
producción requiere trabajo y capital fijo. Como en el caso de toda otra mercancía, podrían aplicarse a

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su producción mejoras en el ahorro de trabajo y, Por consiguiente, podría caer su valor relativo frente a
otras cosas, simplemente en razón de la mayor facilidad de su producción.
Si suponemos que esta causa de variación estuviese eliminada, y que hiciese falta siempre la misma
cantidad de trabajo para obtener la misma cantidad de oro, el oro seguiría sin ser una medida perfecta
del valor mediante la cual pudiésemos determinar exactamente las variaciones ocurridas en todas las
demás osas, pues no se lo produciría con las mismas combinaciones de capital fijo y circulante,
exactamente, que todas las demás cosas; ni con capital fijo de la misma duración; ni requeriría
exactamente el mismo tiempo hasta podérselo llevar al mercado. Sería una medida perfecta del valor de
todas las cosas que se produjesen en las mismas condiciones, exactamente, que él mismo, pero de
ninguna otra. Si, por ejemplo, se lo produjese en las mismas condiciones que hemos supuesto necesarias
para producir paño y artículos de algodón, sería una medida perfecta del valor para esas cosas, pero no
para el grano, para el carbón, y otras mercancías que se produjesen con una proporción mayor, o menor,
de capital fijo porque, como hemos puesto de manifiesto, toda modificación de la tasa permanente de
ganancia provocaría cierto efecto en el valor relativo de todos estos bienes, independientemente de toda
alteración en la cantidad de trabajo que se emplease en su producción. Si el oro se produjese en las
mismas condiciones que el grano, aun si estas condiciones nunca se modificasen, las mismas razones
harían que él no fuese en todo momento una medida perfecta del valor del paño y de los artículos de
algodón. Así, ni el oro, ni otra mercancía alguna, puede jamás ser una medida perfecta del valor para
todas las cosas; pero ya he observado que el efecto que provoca tina variación de las ganancias en los 10
precios relativos de las cosas es, comparativamente, leve; que, con mucho, los efectos más importantes
provienen de las cambios en las cantidades de trabajo requeridas para la producción; y, por
consiguiente, si suponemos que esté eliminada esta importante causa de variación en el caso de la
producción de oro, probablemente dispondremos de la máxima aproximación a una medida patrón del
valor que pueda concebirse teóricamente. ¿No es posible considerar el oro como una mercancía que se
produzca con proporciones tales de las dos clases de capital, que éstas se aproximen al máximo a la
cantidad media empleada en la producción de la mayoría de las mercancías? ¿No pueden, estas
proporciones, estar distanciadas en forma tan aproximadamente igual de ambos extremos aquél en el
que se usa poco capital fijo, aquél en el que se emplea poco trabajo, que constituyan una medida exacta
entre ellos?

Entonces, si puedo suponer que tengo a mi disposición un patrón tan p o a una base invariable, la
ventaja emergente es que estaré en condiciones de hablar de las variaciones de otras cosas sin verme
lastrado, en cada ocasión, por la necesidad de tener en cuenta la posible alteración, del valor del patrón
en que se estiman el precio y el valor.

Así pues, aunque reconozco plenamente que el dinero hecho de oro está sujeto a la mayoría de las
variaciones que afectan a otras cosas, con el objeto de facilitar el logro de los fines de esta investigación,
supondré que él fuera invariable y, por consiguiente, que todas las variaciones en los precios fueran,
provocadas por alguna variación en el valor de la mercancía de la que pueda estar hablando en cada
caso.

Antes de dejar este tema, puede ser apropiado observar que Adam Smith, y todos los autores
que le han seguido, sin excepción que yo conozca, han sostenido que un aumento en el precio del trabajo
se vería seguido invariablemente por un aumento del precio de todas las mercancías. Espero haber
logrado demostrar que no hay bases para semejante opinión, y que sólo aumentarían las mercancías en
las que se emplease menos capital fijo que en el patrón en el cual se estimase el precio, y que todas
aquéllas en las que se emplease más, indudablemente, bajarían de precio cuando aumentasen los
salarios. A la inversa, si bajasen los salarios, sólo bajarían las mercancías en las que se emplease una
proporción menor de capital fijo que en el patrón en el cual se estimase el precio, y todas aquéllas en las
que, se emplease más aumentarían, seguramente, de precio.
Necesito señalar también que no he dicho que, porque se gaste en una mercancía la cantidad de
trabajo que cueste 1. 000 £, y en otra la cantidad que cueste 2. 000 £, la primera haya de valer 1. 000 £, y
la segunda haya de valer 2. 000 £, sino que he dicho que el valor de una ha de ser al de la otra como dos
es a uno, y que se cambiarán en esas proporciones. A los efectos de la validez de esta doctrina, no
importa si una de estas mercancías se vende en 1. 100 E, y la otra en 2. 200 £, o una en 1. 500 £ y la otra

14
en 3. 000 ; no me interrogo al respecto en este momento: sólo afirmo que sus valores relativos estarán
regidos por las cantidades relativas de trabajo gastadas en su producción. 4

Sección séptima: Diversos efectos emergentes del cambio en el valor del dinero, que es el patrón en
el cual se expresa el precio siempre, o del cambio en el valor de las mercancías que el dinero compra.

Aunque, como ya he explicado, he de considerar el dinero como de valor invariable, con la finalidad
de señalar más nítidamente las causas de las variaciones relativas del valor de otras cosas, puede ser útil
señalar los distintos efectos que resultarán de la alteración de los precios de los bienes por las causas que
ya he mencionado, a saber, las distintas cantidades de trabajo necesarias para producirlos, y su
alteración por una variación en el valor del propio dinero.

102

Siendo el dinero una mercancía variable, el aumento de los salarios monetarios tendrá por causa, a
menudo, una caída en el valor del dinero. Un aumento de los salarios debido a esta causa irá
acompañado, infaltablemente, por un aumento en el precio de las mercancías; pero, en tales cosas, se
hallará que el trabajo, y todas las mercancías, no han variado en su relación recíproca, y que la variación
se ha limitado al dinero.
El dinero está sujeto a variaciones incesantes por ser una mercancía que se obtiene de un país
extranjero, por ser el medio de cambio general entre todos los países civilizados, y por encontrarse
también distribuido entre esos países en proporciones que cambian continuamente, con toda mejora que
ocurre en el comercio y en la maquinaria, y con todo aumento de la dificultad que comporta la
obtención de los alimentos y artículos necesarios para una población creciente. Al enunciar los
principios que rigen el valor de cambio y el precio, debemos distinguir cuidadosamente las variaciones
que corresponden a la mercancía misma de aquéllas que son causadas por una variación en el medio de
cambio en el cual se estima el valor o se expresa el precio.
Un aumento de los salarios debido a un cambio en el valor del dinero provoca un efecto general en el
precio y, por esta razón, no provoca absolutamente ningún efecto real en las ganancias. Por lo contrario
un aumento de los salarios debido a la circunstancia de que el trabajador sea remunerado con mayor
liberalidad, o debido a la dificultad que Comporta la obtención de los artículos necesarios en los que se
gastan los salarios, salvo en algunos casos, no tiene por efecto un aumento del precio, pero tiene un gran
efecto de depresión de las ganancias. En el primer caso, no se destina una fracción mayor del trabajo
anual del país al sostenimiento de los trabajadores; en el segundo, se destina a ello una fracción mayor.
Es según la división del producto íntegro de la tierra de una granja cualquiera entre las tres clases, la
del terrateniente, la del capitalista Y la del trabajador, cómo hemos de juzgar del aumento, o la
disminución, de la renta, la ganancia y los salarios, y no según el valor en el que pueda estimarse ese
producto en un medio de cambio que, según se reconoce, es variable.
No es la cantidad absoluta de Producto que obtiene cada clase lo que puede permitirnos juzgar
correctamente acerca de la tasa de ganancia, renta, y salarios, sino la cantidad de trabajo necesaria para
obtener ese producto, Mediante mejoras en la maquinaria y en la agricultura, es posible duplicar el
producto total; pero si los salarios, la renta y la ganancia se duplican igualmente, los tres guardarán
entre sí las mismas proporciones recíprocas que antes, y no podría decirse de ninguno de ellos que haya
variado relativamente. Pero si los salarios no participasen en la totalidad de este incremento; si, en vez
de duplicarse, sólo se incrementasen en la mitad de su magnitud anterior; si la renta, en vez de
duplicarse, sólo aumentase en tres cuartos de su nivel anterior, y el resto del aumento afluyese a la

Mr. Malthus observa, acerca de esta doctrina: "Ciertamente podemos, arbitrariamente, llamar al trabajo que se ha empleado
en una mercancía, su Valor real, pero al hacerlo empleamos las palabras en un sentido distinto de aquél en el cual se las usa
habitualmente; obnubilamos inmediatamente la distinción, muy importante, entre costo y valor; y hacemos poco menos que
imposible explicar claramente el principal estímulo a la producción de riqueza que, en realidad, depende de esta distinción"
Mr. Malthus parece pensar que es parte de mi doctrina la identificación del costo y el valor de una cosa; así es, si por costo
quiere referirse al "costo de producción", incluidos en él las ganancias. En el trozo que acabo de citar no es esto lo que quiere
decir; por consiguiente, no me ha comprendido 'claramente.

15
ganancia, me temo que sería correcto que yo dijese que la renta y los salarios habrían caído, mientras
que habrían aumentado las ganancias. En efecto, si tuviésemos un patrón invariable mediante el cual
medir el valor de este producto, encontraríamos que habría tocado un valor menor que el que recibían
antes a la clase de los trabajadores y terratenientes, y uno mayor a la clase de los capitalistas. Podríamos
encontrar, por ejemplo, que, aunque se hubiese duplicado la cantidad absoluta de mercancías, ellas
fuesen el producto de la misma cantidad de trabajo, exactamente, que antes. Si, de cada cien sombreros,
chaquetas, y cuarteles de grano,

Los trabajadores obtenían, anteriormente 25


Los terratenientes 25
y los capitalistas 50

100

y si, después de duplicarse la cantidad de estas mercancías, de cada 100


los trabajadores obtuviesen solamente 22
Los terratenientes 22
Y les capitalistas 56
100

en tal caso, yo diría que los salarios y la renta habrían caído, y aumentado las ganancias aunque, como
consecuencia de la abundancia de mercancías, la cantidad que se paga al trabajador, y al terrateniente,
habría aumentado en la proporción de 25 a 44, Los salarios han de estimarse por su valor real, o sea por
la cantidad de trabajo y capital empleada en producirlos, y no por su valor nominal, ya sea en
chaquetas, sombreros, dinero o granos. En las condiciones que acabo de suponer, el valor de las
mercancías habría caído a la mitad de lo que era y, si el dinero no hubiese

104

variado, también su precio habría caído a la mitad de lo que era. Así pues, si, calculados en este medio
de cambio cuyo valor no habría variado, se encontrase que los salarios del trabajador hubiesen caído, no
dejará esto de ser una caída real porque puedan proporcionarle una cantidad mayor de mercancías
baratas, que sus salarios de antes. ( Por muy grande que pueda llegar a ser, la variación del ¡valor del
dinero no afecta la tasa de las ganancias. En efecto, supóngase que los bienes del fabricante aumenten de
11. 000 £ a 2. 000 £, o sea en un 100 por ciento; si su capital, sobre el cual las variaciones del dinero
ejercen un efecto no menor que sobre el valor del producto, si su maquinaria, sus edificios y existencias
de mercancías aumentan también en un 100 por ciento, su tasa de ganancia será la misma, y tendrá a su
disposición la misma cantidad del producto del trabajo del país, ti¡ un ápice más, t Si, con un capital de
valor determinado, economizando el trabajo, puede doblar la cantidad de producto, y éste cae a la
mitad de su precio anterior, guardará con el capital que lo produjo la misma proporción que guardaba
anteriormente y, por consiguiente, las ganancias seguirán representando la misma tasa.
Si, al mismo tiempo que duplica la cantidad de producto empleando el mismo capital, se reduce
casualmente a la mitad el valor del dinero, el producto se venderá por un valor monetario doble del
anterior, pero el capital empleado para producirlo tendrá también un valor monetario doble del anterior
y, por consiguiente, también en este caso, el valor del producto guardará con el valor del capital la
misma proporción que guardaba antes; y, aunque se duplique el producto, la renta, los salarios y las
ganancias sólo variarán citando varíen las proporciones en que pueda dividirse este producto doble
entre las tres clases que lo comparten.

Capítulo 11

Sobre la renta

16
Sin embargo, falta considerar si la apropiación de la tierra, y la consiguiente creación de la renta, ha de
provocar alguna variación en el valor relativo de las mercancías, independientemente de la cantidad de
trabajo necesaria a la producción. Para comprender esta parte de la cuestión, tenemos que indagar la
naturaleza de la renta, y las leyes que disminución.
La renta es la porción del producto de la tierra que se paga al terrateniente por el Uso de las fuerzas
originarias suelo.
Sin embargo, a menudo se la confunde con el interés y la ganancia del capital y, en lenguaje popular,
se aplica el término a todo lo que paga anualmente un granjero a su terrateniente. Si, de dos granjas
contiguas de igual extensión y fertilidad natural, una tuviese todas las construcciones útiles para la
agricultura y, además, tuviese buen drenaje y estuviese bien abonada y subdividida con cercos,
empalizadas y muros, mientras que la otra no tuviese ninguna de estas ventajas, se pagaría
naturalmente una remuneración mayor por el uso de la primera, que por el uso de la segunda y sin
embargo,, esta remuneración sería llamada renta en ambos casos. Pero es evidente que sólo una Parte
del dinero que se pagase anualmente por la granja dotada de mejoras se pagaría por las fuerzas
originarias e indestructibles del suelo; la otra parte se pagaría por el uso del capital empleado en
mejorar la calidad de la tierra y en levantar las construcciones necesarias para obtener y preservar el
producto. Adam Smith habla de renta, unas veces, en el sentido estricto al que deseo limitarla, pero más
a menudo lo hace en el sentido Popular en el cual se emplea habitualmente el término. Nos dice que la
demanda de madera, y el consiguiente alto precio de ella en los países más meridionales de Europa,
hizo que se Pagase una renta por bosques de Noruega que, anteriormente, no podían arrojar renta
alguna. Sin embargo, ¿no es evidente que la persona que pagaba lo que él, de tal modo, llama renta, lo
pagase tomando en cuenta la valiosa mercancía que se erguía sobre la tierra, y que obtenía efectiva
compensación, con una ganancia, con la venta de la madera? Ciertamente si, después de haberse
extraído la madera, se pagase al terrateniente una compensación cualquiera por el uso de la tierra, con
la finalidad de cultivar especies maderables, o de obtener otro producto cualquiera con vistas a la
demanda futura, esa compensación podría ser denominada correctamente renta, pues se la pagaría por
las fuerzas productivas de la tierra; pero, en el caso planteado por Adam Smith, la compensación se
pagaba por el permiso de extraer y vender la madera, no por el permiso de cultivarla. El habla también
de la renta de las minas y de las canteras, aplicándose a esto la misma observación: que la compensación
que se da por la mina o la cantera se paga por el valor del carbón o de la piedra que

106

pueden extraerse de ellas, y no guarda relación alguna con las fuerzas originarias e indestructibles de
la tierra. 5

Esta distinción reviste gran importancia en una investigación relativa a la renta y las ganancias pues se
descubre que las leyes que rigen el avance de la renta difieren ampliamente de las que rigen el de 1as
ganancias, y rara vez actúan en la misma dirección. En todos los países que han experimentado mejoras,
lo que se paga anualmente al terrateniente, puesto que participa de anchos caracteres: renta y ganancia,
se ve mantenido en un nivel estacionario algunas veces por efecto de causas opuestas entre sí y, en otros
casos, avanza o retrocede según prevalezca una u otra de estas causas. Así, en el resto de esta obra,
cuando hable de la renta de la tierra, deseo se interprete que me refiero a la 'compensación que se paga
al poseedor de la tierra por el uso de sus fuerzas originarias e indestructibles.

5
Aquí Ricardo niega explícitamente que exista una auténtica renta de minas. Sin embargo, el capítulo siguiente (111) de los
Principios, se titula precisamente "Sobre la renta de minas"; y en él desarrolla Ricardo el tema según lineamientos similares a
los de este capítulo sobre la renta de la tierra. Se trata de una contradicción particularmente manifiesta y, por ello, sorprendente
en este autor, por lo general muy coherente (aunque no es la única, ni la más importante desde el punto de vista teórico). Es
posible atribuir esta confusión reinante en el pensamiento de Ricardo sobre la cuestión al persistente problema del inexistente
patrón invariable del valor de cambio. Si bien Ricardo anota explícitamente persistente problema del inexistente patrón
invariable dad de que exista semejante patrón, parece continuar ilusionado, en el fondo, en que el oro pueda presentar esas
características. Y la renta en su teoría, está ligada unívocamente al fenómeno de los "rendimientos decrecientes" que, de ser
aplicables a la producción de oro, someterían a este metal a una causa específica de variación persistente sistemática de su valor
de cambio, aparte de las que afectan a la generalidad de las mercancías. (N. del T. )

17
En los comienzos del poblamiento de una comarca donde abunda la tierra rica y fértil, de la que sólo
es necesario cultivar una fracción reducida para sustentar a la población que entonces hay, o donde sólo
puede cultivarse esta fracción de la tierra con el capital del que puede disponer la población, no habrá
renta, pues nadie pagaría por el uso de la tierra cuando abundase la tierra aún no apropiada y
disponible, por ende, para quienquiera pudiese optar por cultivarla.
Según los principios generales de la oferta y la demanda, no podría pagarse renta alguna por tales
tierras, por la razón enunciada, que explica por qué no se paga nada por el uso del aire y del agua, o por
cualquiera de los restantes dones de la naturaleza que existen en cantidad ilimitada.
107

Con una cantidad dada de materiales, y con la ayuda de la presión atmosférica y de la elasticidad del
vapor, las máquinas pueden cumplir tareas y abreviar en gran medida el trabajo humano; pero nada se
cobra por el uso de estas ayudas naturales, pues son inagotables y se encuentran a disposición del
hombre. Del mismo modo el cervecero, el destilador, el tintorera, usan constantemente el aire y el agua
para la producción de sus mercancías; pero, domo la oferta es ilimitada, no tienen precio 6, Sí toda la
tierra presentase las mismas propiedades, si su cantidad fuese ilimitada, , uniforme su calidad, nada
podría cobrarse por su uso, a menos que ella tuviese ventajas especiales relativas a su situación. Por
consiguiente, el hecho de que la tierra no existe en cantidad ilimitada, y su calidad no es uniforme y de
que, con el avance de la población, se pasa a cultivar tierra de calidad inferior, o situada en una posición
menos ventajosa, es la única razón de que se pague renta jamás por el uso de ella. Cuando, con el avance
de la sociedad, se pasa a cultivar tierras del segundo grado de fertilidad, aparece inmediatamente renta
en las de primera calidad, y la magnitud de esa renta dependerá de la diferencia de calidad existente
entre estas dos porciones de tierras.

Cuando se pasa a cultivar tierras de tercera calidad, aparece inmediatamente renta en las de segunda
y esta renta está regida, como en caso anterior, por la diferencia existente entre ellas en cuanto a sus
fuerzas productivas. Al mismo tiempo, aumentará la renta de la de primera calidad, pues ésta tiene que
ser siempre superior a la renta de la de segunda calidad, en la proporción de la diferencia existente
entre el producto que rinde una y otra, con una cantidad dada de capital y de trabajo. Con cada avance
sucesivo de la población, que ha de obligar a un país a recurrir a tierras de calidad peor para que le sea
posible incrementar su oferta de alimentos, aumentará la renta en todas las tierras de mayor fertilidad.
Así, supóngase que las tierras números 1, 2 y 3 rindan,

108

empleando en ellas cantidades iguales de capital y trabajo, un producto neto de 100, 90 y 80 cuarteles
de granos. En un país nuevo, en el cual abunda la tierra fértil en comparación con la población, y donde,
por consiguiente, sólo es necesario cultivar la número 1, el producto neto tocará, íntegro, al agricultor, y
constituirá las ganancias del acervo que él adelanta, Tan pronto como la población haya aumentado lo
suficiente para hacer necesario el cultivo de la número 2, de la que sólo pueden obtenerse noventa
cuartales por sobre el sustento de los trabajadores, aparecería renta en la número 1: en efecto, o bien
tiene que haber dos tasas de ganancia sobre el capital agrícola bien tienen que deducirse del producto
de la número 1, para algún otro destino, diez cuarteles o el valor de diez cuarteles. Ya fuese el
propietario de la tierra u otra persona cualquiera, quien cultivase la número 1, estos diez cuarteles
constituirían renta; pues quien cultivase la número 2 alcanzaría el mismo resultado con su capital en
caso de cultivar la número 1, pagando diez cuartales como renta, o en caso de seguir cultivando la
número 2 sin pagar renta alguna. Del mismo modo podría demostrarse que, cuando se pusiese en
cultivo la número 3, la renta de la número 2 tendría que alcanzar diez cuarteles, o el valor de diez

6
"Como ya hemos visto, la tierra no es el único agente de la naturaleza que posee una energía productiva' pero es el único, o
poco menos, que es apropiado por una clase de hombres, excluyendo a los de más y cuyos beneficios, por consiguiente,
aquellos Pueden apropiarse. Las aguas de los ríos, y del mar tienen también una fuerza productiva por la capacidad que tienen
de mover nuestras máquinas, portar nuestras embarcaciones, nutrir nuestros peces; el viento que hace girar molinos, y aun el
calor del sol, trabajan para nosotros; pero, por fortuna, todavía nadie ha podido decir 'el viento y el sol me pertenecen, y hay
que pagar el servicio que ellos prestan?". Economie Politiquee, por J. B. Say, vol. II. 124.

18
cuartales, mientras que la renta de la número 1 aumentaría a veinte cuartales. En efecto, el cultivador de
la número 3 obtendría las mismas ganancias en caso de pagar veinte cuartales como renta de la número
1, que si pagase diez cuartales como renta de la número 2, o cultivase la número 3i sin pagar renta
alguna.
Ocurre a menudo y por cierto comúnmente que, antes que entren a cultivarse las tierras números 2, 3,
4. 5 u otras inferiores, el capital puede emplearse en forma más productiva en las tierras que ya se
encuentran en cultivo. Quizá se encuentre que, duplicando el capital empleado originariamente en la
número 1, aunque el producto obtenido no se duplicará, no aumentará en 100 cuarteles, pueda
incrementarse en ochenta y cinco cuartales, y que esta cantidad sea superior a lo que podría obtenerse
empleando el mismo capital en la tierra número 3.
En tal caso, se emplearía el capital, preferentemente, en la vieja tierra, e igualmente crearía una renta,
pues la renta es, siempre, la diferencia en el producto que se obtiene, empleando dos cantidades iguales
de capital y de trabajo. Si, con un capital de 1. 000 £, un arrendatario obtuviese de su tierra 100 cuarteles
de trigo y, empleando un segundo capital de 1. 000 obtuviese un rendimiento adicional de

109

ochenta y cinco, su terrateniente podría, al vencimiento del arriendo, obligarle a pagar quince
cuarteles, o un valor equivalente, como renta adicional, pues no puede haber dos tasas de ganancia 7. Si
se conforma con una deducción de quince cuarteles del producto de sus segundas 1. 000 £, es' porque no
puede encontrarles una aplicación más rentable. la tasa habitual de ganancia correspondería a esa
proporción y, si el arrendatario inicial se negase, se encontraría alguna otra persona que estuviese
dispuesta a entregar todo lo que excediese de esa tasa de ganancia, al poseedor de la tierra de la que
obtuviese el producto en cuestión.
En este caso, así como en el otro, el capital empleado en último término no paga renta. Se pagan
quince cuartales como renta por las mayores fuerzas productivas de las primeras 1. 000 £; por el empleo
de las segundas 1. 000 £, no se paga renta alguna. Si se emplean unas terceras 1. 000 £ en la misma tierra,
con un rendimiento de setenta y cinco cuarteles, se pagará entonces renta por las segundas 1. 000 £, y
ella será igual, a la diferencia existente entre el producto de unas y otras, o sea, diez cuarteles; y, al
mismo tiempo, la renta pagada por las primeras 1. 000 £ aumentará de quince a veinticinco cuarteles,
mientras que las últimas 1. 000 £ no pagarán renta alguna.
Así pues, si existiesen tierras en ' cantidad mucho mayor que la necesaria para la producción de
alimentos para una población en aumento, o si pudiese emplearse capital en la vieja tierra,
indefinidamente, sin que decreciese el rendimiento, no podría aumentar la renta, pues la renta proviene
invariablemente del empleo de una cantidad adicional de trabajo con un rendimiento
proporcionalmente menor.
1 La primera tierra que se cultive será la más fértil y situada en una posición más favorable, y el
valor de cambio de su producto se ajustará en la misma forma que el valor de cambio de todas las
demás mercancías: según la cantidad total de trabajo necesaria en diversas formas, desde la, primera
hasta la última, para producirlo y llevarlo al mercado. Cuando se ponga en cultivo tierra de calidad
inferior, aumentará el valor de cambio de los productos primos por ser necesario más trabajo para
producirlos.
El valor de cambio de todas las mercancías, ya sean manufacturadas, Ya sean producto de las minas, o
producto de la tierra, está regido siempre, no por la cantidad menor de abajo que bastará para su
producción en circunstancias altamente favorables, y que benefician solamente a quienes tienen
facilidades especiales para la producción, sino por la mayor cantidad de trabajo que tienen por fuerza
que gastar en su producción quienes no tienen tales facilidades, quienes siguen produciéndolas en las
condiciones mas desfavorables entendiéndose, por condiciones más desfavorables, las más

7
Este ejemplo comprende incoherencias insalvables en los números. Si es cierto, como se indica al comienzo del ejemplo,
que no están en cultivo las tierras 2, la inversión adicional en las tierras 1 de que se trata es la que, por primera vez, haría que la
primera inversión arrojase renta: por consiguiente, está demás el término "adicional". SI, en cambio, estuviesen ya en cultivo
las tierras 2, con un rendimiento de 90, la inversión adicional haría que, en adelante, la primera arrojase no ya 10 de renta,
como antes, sino 15: serían, entonces, cinco, y no quince, de renta adicional.
Parece más razonable pensar que el error está en la indicación Inicial según la cual las tierras 2 no están en cultivo: tendrían
que estarlo para que la alternativa, frente a la inversión adicional en las tierras 1, fuese una primera inversión en las tierras 3
(como lo plantea Ricardo) y no, en cambio, en las tierras 2. (N. del T. )

19
desfavorables en las que es necesario llevar a efecto su producción, dada la cantidad del producto que
se necesita.
Así, en una institución de caridad donde se hace trabajar a los pobres con fondos provistos por ciertos
benefactores, los precios generales de las mercancías producto de este trabajo no han de estar regidos
por las especiales facilidades brindadas a estos trabajadores, sino por las dificultades comunes, usuales
y naturales que habrá de enfrentar otro fabricante cualquiera. Ciertamente, el fabricante que no goza de
ninguna de estas facilidades podría verse excluido por completo de] mercado, si la oferta ejercida por
estos trabajadores favorecidos cubriese todos los requerimientos de la comunidad; pero si continuase
desenvolviendo su actividad, esto sólo podría ocurrir por satisfacerse la condición de que él obtuviese
de ella la tasa habitual y general de las ganancias sobre el acervo; y esto sólo podría ocurrir mientras su
mercancía se vendiese por un precio que guardase relación con la cantidad de trabajo gastado en su
producción 8.
Cierto es que, en las mejores tierras, seguiría obteniéndose el mismo producto con el mismo trabajo
que antes, pero su valor se vería aumentado como consecuencia de los menores rendimientos que
obtendrían quienes empleasen nuevo trabajo y acervo en la tierra de menor fertilidad. Así pues, pese a
que las ventajas de las tierras fértiles con respecto a las de calidad inferior no se pierden en ningún
caso, sino que se transfieren simplemente del cultivador, o del consumidor, al terrateniente; sin
embargo, puesto que hace falta más trabajo en las tierras inferiores, y puesto que sólo a partir de tales
tierras nos es posible proveernos de la oferta adicional de productos primos, el valor comparativo de
esos productos se mantendrá continuamente por encima de su nivel anterior, y hará que se cambie por
más sombreros, paño, zapatos, etc. , etc. , en cuya producción no se requiere tal cantidad adicional de
trabajo,
'-Así, la razón por la cual aumenta el valor comparativo de los productos primos es que se emplea más
trabajo en la producción de la última porción obtenida, y no que se pague una renta al terrateniente. El
valor de los granos está -regido por la cantidad de trabajo gastada en su producción en las tierras de
esa calidad, o con la porción de capital, que no paga renta alguna. No es caro el grano porque se pague
una renta, sino que se paga una renta porque el grano es caro; y se ha observado con acierto que en
nada se reduciría el precio del grano aunque los terratenientes renunciasen a toda su renta. Tal
decisión permitiría, simplemente, que algunos granjeros viviesen como caballeros, pero no reduciría la
cantidad de trabajo necesaria para cultivar los productos primos en las tierras menos productivas
entre las que están en cultivo.
Nada tan común como oír hablar de las ventajas que posee la tierras con respecto a toda otra fuente
de productos útiles, a raíz del remanente que ella rinde en la forma de la renta. Sin embargo, cuando
más abundante la tierra, cuando es más productiva, cuando es más fértil, no arroja renta; 'y sólo
cuando sus fuerzas declinan y se obtienen menos en compensación del trabajo, una fracción del
producto originario de las porciones más fértiles se separa como renta. Es singular que esta
particularidad de la tierra, que debería

112

haberse advertido como una imperfección de ella, comparada con los agentes naturales con cuya ayuda
cuentan los fabricantes, haya sido señalada como su especial superioridad. Sí el aire, el agua, la

8
¿No ha olvidado Mr. Say,en el trozo siguiente, que es el costo de producción el que, en última instancia, rige el precio? "El
producto del trabajador empleado en la tierra tiene la propiedad especial de no tornarse más caro por hacerse más escaso,
porque la población siempre disminuye al mismo tiempo que disminuyen los alimentos y, por consiguiente, la cantidad 1
demandada de aquellos productos disminuye al mismo tiempo que lo hace la cantidad ofertada. Además, no se observa que el
grano sea más caro en los sitios donde abundan las tierras incultas que en los países íntegramente cultivados. Inglaterra y
Francia, en la Edad Media, estaban mucho más imperfectamente cultivadas que hoy; producían muchos menos productos
primos; sin embargo, según todos los elementos de juicio que tenemos gracias a la comparación con el valor de otras cosas, el
grano no se vendía más caro entonces. Si bien el producto era menor, también lo era la población; la debilidad de la demanda
compensaba la de la oferta" (vol. 11, p. 338). M. Say, impresionado por la tesis de que el precio de las mercancías está regido
por el precio del trabajo y suponiendo, con justeza, que las instituciones caritativas de toda especie tienden a incrementar la
población más allá del numero que ella alcanzaría de otro modo y , por consiguiente, a reducir los salarios, dice: “Sospecho
que la baratura de los bienes provenientes de Inglaterra tiene por causa, en parte, las numerosas instituciones caritativas
existentes en ese país” (vol. II, p. 277) He aquí una posición que es coherente en quien sostiene que los salarios regulan los
precios.

20
elasticidad del vapor y la presión atmosférica presentasen diversas calidades; si pudiesen, ser
apropiados, y sólo existiesen en cantidad moderada en cada calidad, arrojarían una renta a medida que
fuesen poniéndose en uso las sucesivas calidades, al igual de la tierra. Con el empleo de cada calidad
inferior a la anterior, aumentaría el valor de las mercancías en cuya fabricación se los usase, pues
cantidades iguales de trabajo serían menos productivas. El hombre haría más con el sudor de su frente,
y las realizaciones de la naturaleza serían menores, y la tierra no gozaría ya de ninguna superioridad en
razón de lo limitado de sus fuerzas. Si el producto sobrante que arroja la tierra en la forma de la renta es
una ventaja, entonces es deseable que, cada año, la maquinaria que se construye sea menos eficaz que la
de antes, pues que ello otorgaría, indudablemente, un valor de cambio mayor a los bienes fabricados, no
sólo por dicha maquinaria, sino por todo el resto de la maquinaria existente en el reino; y se pagaría una
renta a todos los poseedores de la maquinaria de máxima productividad. 9
El incremento de la renta es siempre el efecto de la creciente riqueza del país, y de la dificultad que comporta
proveer alimentos para su 1íncrementada población. constituye un síntoma, pero jamás una causa de la riqueza, en
efecto, la riqueza aumenta a menudo con la máxima rapidez, mientras la renta se encuentra ya sea en estado
estacionarío o, inclusive, declinante. La renta aumenta con mayor rapidez a medida que decrecen las fuerzas
productivas de la tierra disponible. La riqueza aumenta con la máxima rapidez en los países donde es más fértil la
tierra disponible, donde las importaciones sufren las mínimas restricciones y donde, merced a las mejoras
agrícolas, pueden multiplicarse los productos sin incremento alguno en la cantidad proporcional de trabajo; donde,
por consiguiente, es lento el avance de la renta.

Si el alto precio del grano fuese el efecto, y no la causa, de la renta, el precio se vería influido
proporcionalmente según las rentas fuesen altas o bajas, y la renta sería una parte componente del
precio. Pero el grano producido por la máxima cantidad de trabajo es el que regula el precio del grano; y
la renta no entra, ni puede entrar en absoluto, en su precio como una parte componente de él. 10 Por

9
"También, en la agricultura’, dice Adam Smith. "la naturaleza trabaja junto al hombre; y, aunque su trabajo no acarrea
desembolso alguno, su producto tiene un valor al igual del producto del trabajador más Costoso" El trabajo de la naturaleza se
paga, no porque sea mucho lo que ella hace, sino porque es poco. En la medida en que se torna avara en sus dones, arranca una
precio mayor por su tarea "El ganado de labor que se emplea en la agricultura arroja no sólo, como los trabajadores de las
manufacturas, la reproducción de un valor igual a su propio consumo, al capital que ¡es emplea junto cor) las ganancias del
poseedor de éste, sino un valor mucho mayor. Por encima del capital del granjero y todas sus ganancias, arrojan regularmente
la reproducción de la renta del terrateniente, Esta renta puede considerarse como e¡ producto de esas energías de la naturaleza
cuyo uso concede el terrateniente al granjero Es mayor, o menor según la magnitud que se atribuye a dichas energías 0, en otro
s términos, según la fertilidad natural, o proveniente de mejoras, que se atribuye a la tierra, queda la obra de ¡a naturaleza, una
vez que se ha deducido o compensado todo lo que puede considerarse como obra del hombre. Rara vez es menos que un
cuarto, y a remitido más que un tercio del producto total. Ninguna cantidad igual de trabajo productivo, empleado en las
manufacturas, puede arrojar jamás tan gran reproducción. En ellas, la naturaleza no hace nada; el hombre hace todo; y la
reproducción tiene que ser siempre proporción a la fuerza de los agentes que la ocasionan. Por consiguiente, el capital
empleado en la agricultura no sólo pone una cantidad mayor de trabajo productivo que cualquier capital igual, empleado en las
manufacturas sino que, también proporcionalmente a la cantidad de trabajo productivo que emplea, agrega un valor mucho
mayor al producto anual de la tierra y del trabajo del país a la riqueza y al ingreso reales de sus habitantes. De todas las formas
era que puede emplearse un capital, ésta es, con mucho, ¡a más ventajosa pasa la sociedad’. Libro 11, cap. V, p. 15,
¿No hace nada por el hombre, la naturaleza, en las manufacturas?_ ¿Nada son las energías del viento y del agua, que mueven
nuestra máquinaria y ayudan la navegación? La presión atmosférica y la elasticidad del vapor, que nos permiten hacer
funcionar las máquinas más magníficas, ¿no son dones de la naturaleza? Ni qué decir de los efectos del calor, en cuanto al
ablandamiento y fusión de metales, de la descomposición de la atmósfera en el proceso de teñido y en el de fermentación. No
existe ni una manufactura que pueda mencionarse, en la que la naturaleza no ayude al hombre haciéndolo, además, generosa y
gratuitamente.
Acerca del trozo que acabo de copiar de Adam Smith, Mr. Buchanan observa lo siguiente: "Me he esforzado por poner de
manifiesto, en las observaciones concernientes al trabajo productivo e improductivo contenidas en el cuarto volumen, que la
agricultura no agrega al acervo nacional más que otra especie cualquiera de industria. Al extenderse sobre la reproducción de la
renta como una ventaja tan grande para la sociedad, el Dr. Smith no para mientes en que la renta es efecto del alto precio, y en
que lo que, de este ¡-nodo, gana el terrateniente, lo gana a expensas de la generalidad de la comunidad. No hay ganancia
absoluta alguna para la sociedad en la reproducción de la renta; no hay en ello más que ventaja de una clase en detrimento de
otra. La idea de que la agricultura arroja un producto y, por consiguiente, una renta, porque la naturaleza se une a la industria
humana en el proceso de cultivo, no es sino fantasía. La renta no proviene del producto, sino del precio al que se vende el
producto, y se obtiene este precio, no porque la naturaleza ayude en la producción, sino porque es ése el precio que ajusta el
consumo a la oferta [sic.
10
Estoy convencido de que una comprensión clara de este punto reviste la máxima importancia para la ciencia de la economía
política.

21
consiguiente, no puede estar en lo cierto Adam Smith cuando supone que la norma originaria que regía
el valor de cambio de las mercancías -a saber, la cantidad comparativa de trabajo por la que eran
producidas- pueda verse alterada, en medida alguna, por la apropiación de la tierra y el pago de una
renta. La materia prima entra en la composición de la mayoría de las mercancías, pero el valor de esa
materia prima, así como el grano, está regido por la productividad de la porción de capital empleada en
último término en la tierra, y que no paga renta; y, por ende, la renta no constituye una parte
componente del precio de las mercancías.
Hasta aquí hemos venido considerando los efectos del avance natural de la riqueza y de la población, en
la renta, en un país donde las fuerzas productivas de la tierra alcanzan distintos grados; y hemos visto
que, cada vez que se hace necesario emplear en la tierra una porción adicional de capital con un
rendimiento de menor productividad, aumenta. Los mismos principios arrojan la conclusión de que
cualesquiera circunstancias vigentes en la sociedad que hiciesen innecesario el empleo de la misma
cantidad de capital en la tierra y que, por ende, hiciesen más productiva la porción empleada en último
término, reducirían la renta. Cualquier reducción grande del capital de un país que disminuyese
significativamente los fondos destinados al sostenimiento del trabajo tendría este efecto en forma
natural. La población se rige por los fondos que han de emplearla y, por consiguiente, aumenta siempre,
o disminuye, con el incremento, o disminución, del capital. Por tanto, toda reducción del capital se ve
seguida necesariamente por una demanda de granos menos efectiva, por luna caída del precio y una
reducción del cultivo. En orden inverso a aquél según el cual la acumulación de capital eleva la renta, la
disminución de aquél reducirá la renta. Se abandonarán tierras de calidad cada vez menos productiva,
caerá el valor de cambio del producto, la última tierra cultivada será de calidad superior, siendo ésta la
que, en tales condiciones, no pagará renta.
Sin embargo, es posible que se produzcan los mismos efectos cuando se incrementen la riqueza y
población de un país, si ese incremento va acompañado por mejoras tan notables en la agricultura, que
su efecto sea el mismo, reducir la necesidad de cultivar las tierras más pobres, o de gastar el mismo
monto de capital en el cultivo de las opciones más fértiles de las tierras.
Si hace falta un millón de cuarteles de granos para sustentar a una población dada, y se los cultiva en
tierras de las calidades Nos. 1, 2 y 3; y si, después, se descubre una mejora mediante la cual puedan
cultivarse en las tierras Nos. 1 y 2, sin utilizar la número 3, es evidente que el efecto inmediato tiene que
ser una caída de la renta: 'en efecto, serán entonces la Nos 2, en vez de la No, 3, la que se cultive sir.
pagar renta, y la renta de la N" 1, en vez de ser la diferencia entre los productos de la N 3 y la N" 1, será
sólo la diferencia entre la No 2 y (a N' 1. Con la i-misma población, nada más, no puede haber demanda
para una cantidad adicional de granos,- el capital y el trabajo empleados en la número 3 se dedicarán a
la producción de otras mercancías deseables para la comunidad, y no podrán provocar ninguna
elevación de la renta a menos que la materia prima de la cual estén hechas no pueda obtenerse sin
emplear el capital en forma menos ventajosa en la tierra: en este caso, la número 3 tendría que cultivarse
nuevamente.

Es cierto, sin lugar a dudas, que la caída del precio relativo de los productos. primos, como
consecuencia de las mejoras introducidas en la agricultura o, más bien, como consecuencia de gastarse
menos trabajo en su producción, llevarla naturalmente a una acumulación acrecentada, pues las
ganancias del' capital se verían aumentadas en gran medida. Esta acumulación acarrearía una mayor
demanda de trabajo, salarios más altos, una población mayor, una demanda mayor de productos
primos, y un incremento en el cultivo. Sin embargo, sólo después de haberse incrementado la población
volvería la renta a ser tan alta como antes; es decir, sólo después de haberse puesto en cultivo las tierras
número 3. Habría trascurrido un período de consideración, caracterizado por una disminución clara de
la renta.

Pero las mejoras son, en la agricultura, de dos clases: las que incrementan las energías productivas de
la tierra y las que nos permiten, mejorando nuestra maquinaria, obtener el producto de aquella con
menos trabajo. Unas y las otras acarrean una caída en el precio de los productos primos; unas y otras
afectan la renta, pero no la afectan del mismo modo. Si no provocasen la caída del precio de los
productos primos, no serían mejoras; en efecto, es una cualidad esencial de las mejoras la de reducir la
cantidad de trabajo que, antes, se requería para producir determinada mercancía: y esta disminución no
puede ocurrir sin que caiga el precio, o valor relativo, de aquélla.

22
Las mejoras que incrementan las energías productivas de la tierra son del tipo de una rotación más
apta de los cultivos, o una selección mejor de abonos. Estas mejoras nos permiten, absolutamente,
obtener el mismo producto de una cantidad menor de tierra. Si, introduciendo una franja de nabos,
puedo alimentar mis ovejas además de cultivar mis granos, se hace innecesaria la tierra en la cual se
apacentaban antes las ovejas, y se cultiva la misma cantidad de productos primos empleando una
cantidad menor de tierra. Si descubro un abono que me permitirá hacer que una extensión de tierra
produzca un 20 por ciento más de granos, podré retirar al menos una parte de mi capital de la parte más
improductiva de mi granja. Pero, como he observado anteriormente, no es indispensable que se dejen de
cultivar tierras para reducir la renta: para alcanzar este efecto es suficiente que se empleen porciones
sucesivas de capital en la misma-tierra, con resultados de y que - se retire la porción que arroje el
rendimiento más pequeño introduciendo el cultivo de nabos, o usando un abono más vigorizante,
puedo obtener el mismo producto con menos capital, y sin alterar la diferencia existente entre las
energías productivas de las porciones sucesivas de capital, he de reducir la renta, pues será otra porción,
más productiva, la que constituya el patrón según el cual se juzgarán todas las demás.
[. . . 1
Pero hay mejoras que pueden reducir el valor relativo del producto sin rebajar la renta en granos,
aunque han de rebajar, renta en dinero de la tierra. Tales mejoras no incrementan las energías
productivas de la tierra, sino que nos permiten obtener el producto de esta con menos trabajo. Estas
mejoras están referidas a la formación del capital que se aplica a la tierra, mas bien que al cultivo
mismo de la tierra. Las mejoras en los aperos agrícolas, como el arado y la trilladora, la economía
practicada en el uso de los caballos de labor, y un conocimiento mejor del arte de la veterinaria,
pertenecen a esta clase, Se empleará en la tierra menos capital, que es lo mismo que menos trabajo,
pero no es posible cultivar menos tierra para obtener el mismo producto. Sin embargo, la cuestión de
si las mejoras de esta especie afectan la renta en granos tiene que depender de la cuestión de si la
diferencia entre el producto obtenido mediante el empleo de diferentes porciones de capital aumenta,
se mantiene igual o disminuye, Si se empleasen en la tierra cuatro porciones de capital: 50, 60, 70 y 80,
dando todas los mismos resultados, y alguna mejora en la formación de este capital me permitiese
retirar 5 de cada una de ellas, de modo que pasasen a ser 45, 55, 65 y 75, no cambiaría en nada la renta
en granos; pero si las mejoras fuesen tales que me permitiesen alcanzar toda la economía en la porción
de capital empleada en forma menos productiva, caería inmediatamente la renta en granos, pues se
reduciría la diferencia entre el capital de máxima productividad y el de mínima productividad; y es
esta diferencia la que constituye la renta.

Capítulo VII

Sobre el comercio exterior

La norma que rige el valor relativo de las mercancías en un país, no rige el valor relativo de las
mercancías que se intercambian entre dos o más países.

En un sistema de comercio perfectamente libre, cada país destina naturalmente su capital y trabajo a
los empleos que resultan más beneficiosos para cada uno de ellos. Esta búsqueda de la ventaja
individual está ligada en forma admirable con el bien universal del conjunto. Estimulando la industria,
premiando el ingenio, y otorgando el uso más eficaz a las energías particulares brindadas por la
naturaleza, distribuye el trabajo del modo más eficaz y más económico mientras, incrementando la masa
general de los Productos, difunde el beneficio general y estrecha los vínculos de la sociedad universal de
las naciones, por todo el mundo civilizado, mediante un lazo general de interés y relaciones. Este es el
principio que determina que el vino se produzca en 'Francia y Portugal, que los granos se cultiven en
América y Polonia, y que los artículos de ferretería Y otros bienes hayan de fabricarse en Inglaterra.

En el interior de un mismo país, en términos generales, las ganancias se sitúan siempre en un nivel
parejo, o difieren solamente en tanto un empleo determinado del capital puede ser más, o menos,
seguro o agradable. No ocurre lo mismo entre países diferentes. Si las ganancias del capital empleado
en Yorkshire superasen a las del capital empleado en Londres, el capital se trasladaría rápidamente de

23
Londres a Yorkshire, y se alcanzaría una nivelación de 'las ganancias; pero Si, a raíz de la disminución
de la tasa de producción en las tierras de Inglaterra, debida al incremento del capital y de la población,
aumentasen los salarios y disminuyesen las ganancias, no se seguiría. que hubiesen de trasladarse
necesariamente capital y población, de Inglaterra, a Holanda, o España, o Rusia, donde las ganancias
podrían ser más altas.

118

Si Portugal no mantuviese relaciones comerciales con otros países, en vez de emplear una gran parte
de su capita[ e industria en la producción de vinos con los que compra, para su propio consumo, los
paños y artículos de le. ferretería de otros países, se vería obligado a destinar una parte de ese capital a
la fabricación de esas mercancías que, de tal modo, obtendría probablemente de calidad inferior, así
como en menor cantidad.

la cantidad de vino que entregará a cambio del paño de Inglaterra no está determinada por las
cantidades respectivas de uno y Otro, como ocurriría si ambas sen fabricadas en Inglaterra, o ambas en
Portugal.

Inglaterra puede encontrarse en condiciones tales que, para producir el paño, sea necesario el trabajo
de 100 hombres durante un año; y que, sí intentase producir el vino, ello podría requerir el trabajo de
120 hombres durante el mismo período. Por consiguiente, Inglaterra estaría interesada en importar vino,
comprándolo mediante la exportación de paño.
La producción del vino podría requerir, en Portugal, solamente el trabajo de 80 hombres durante un
año, y la producción del paño, en el mismo país, podría requerir el trabajo de 90 hombres durante el
mismo lapso. Por consiguiente, sería ventajoso para ese país exportar vino a cambio de paño. Este
intercambio podría efectuase no obstante que la mercancía importada por Portugal podría producirse en
ese país con menos trabajo que en Inglaterra. Aunque Portugal podría hacer el paño con el trabajo de 90
hombres, lo importaría de un país donde su producción requeriría el trabajo de 100 hombres, por ser
ventajoso para Portugal emplear su capital, más bien, en la producción de vino a cambio del cual
obtendría de Inglaterra más paño que el que podría producir por sí mismo desplazando una porción de
su capital del cultivo de la viña a la fabricación del paño.

Así, Inglaterra entregaría el producto del trabajo de 100 hombres por el producto del trabajo de 80
hombres. Semejante intercambio no podría verificarse entre individuos del mismo país. El trabajo de 100
ingleses no puede cambiarse por el de 80 ingleses, pero el producto del trabajo de 100 ingleses puede
cambiarse por el producto del trabajo de 80 portugueses, 60 rusos, o 120 indios orientales. Se explica
fácilmente, en este aspecto, la diferencia existente entre un sólo país y varios países: considerando la
dificultad con la que el capital se traslada de un país a otro en busca de un empleo más rentable, frente a
la agilidad con la que pasa, invariablemente, de una a otra provincia dentro de un mismo país 11.
11
Así, supóngase que, antes de la mejora en la producción de vino en Inglaterra, el precio del vino aquí
fuese 50 la barrica, y el precio de cierta cantidad de paño fuese 45 £, mientras que, en Portugal, el
precio de la misma cantidad de vino fuese 45 £ y el de la misma cantidad de paño, 50 £; se exportaría
vino de Portugal con una ganancia de 5 £, y paño de Inglaterra con una ganancia del mismo monto.
Supóngase que, después de la mejora, el vino caiga a 45 £ en Inglaterra, manteniéndose en cambio el
precio del paño. Cada transacción es, en el comercio, una transacción independiente. Mientras un
mercader pueda comprar paño en Inglaterra a 45 £, y venderlo con la ganancia habitual en Portugal,
continuará exportándolo de Inglaterra. Su negocio consiste simplemente en comprar paño Inglés
pagando, por él, mediante una letra de cambio que compra con dinero portugués. No tiene, para él,

11
Así, pues, se observará que un país dotado de muy grandes ventajas en maquinaria y habilidades y que, por ello, puede estar
en condiciones de fabricar mercancías con mucho menos trabajo que sus vecinos, puede importar, a cambio de tales
mercancías, una parte de los granos necesarios para su consumo, aun si su tierra es más fértil y los granos pueden cultivarse en
el país con menos trabajo que en aquél del que se los importa. Dos hombres pueden hacer, por igual, zapatos y sombreros, y ser
uno de ellos superior al otro en ambas tareas; pero es posible que supere a su competidor, en la fabricación de sombreros, por
un quinto lamente, o por el 20 por ciento y, en la fabricación de zapatos, lo supere en un tercio, o en un 33 por ciento: ¿no será
favorable a los intereses de ambos que el que es superior se dedique exclusivamente a la fabricación de zapatos, y el que es
inferior a la de sombreros?

24
ninguna importancia qué pase con este dinero: él ha cancelado su deuda girando la letra. Su
transacción está regida, indudablemente, por las condiciones en las que puede conseguir esta letra,
pero estas condiciones le son conocidas en ese momento, mientras que nada le importan las causas que
puedan influir en el precio de mercado de las letras, o en la tasa de cambio.
Si las condiciones del mercado fuesen favorables a la exportación de vino de Portugal a Inglaterra, el
exportador del vino será vendedor de una letra que será comprada, ya sea por el importador del paño,
ya sea por la persona que vendió a éste su letra; así, sin que sea necesario que el dinero pase de un país
a otro, los exportadores de ambos países obtendrán el pago de sus bienes. Sin que efectúen transacción
directa alguna entre sí, el dinero pagado en Portugal por el importador de paño será pagado por el
exportador portugués de vino; y, en Inglaterra, mediante la negociación de la misma letra, el
exportador del paño será autorizado a recibir su valor del importador del vino.
Pero, si los precios del vino fuesen tales, que no fuese posible exportar a Inglaterra ninguna cantidad
de él, el importador de paño compraría igualmente una letra; pero el precio de esa letra sería más alto,
en razón de que el vendedor de ella estaría en conocimiento de la inexistencia, en el mercado, de otra
letra, compensatorio, mediante la cual él pudiese en definitiva saldar las transacciones entre ambos
países; él podría saber que el dinero de oro o de plata que recibiese a cambio de su letra tendría que
exportarse efectivamente hacia su corresponsal en Inglaterra para permitirle satisfacer la exigencia que
él habría autorizado que se plantease a este corresponsal; por consiguiente, podría cargar en el precio de
su letra todos los gastos en que hubiera de incurrir, junto con su ganancia razonable y habitual.
Así, si este premio por una letra sobre Inglaterra igualase la ganancia de importar paño, la importación
se interrumpiría, por supuesto; pero, si el premio sólo alcanzase el 2 por ciento; si, para poder pagar una
deuda de 100 £ en Inglaterra, hubiesen de pagar 102 £ en Portugal, mientras que el paño que cuesta 45 £
se vendiese en 50, se importaría paño, se comprarían letras y se exportaría dinero hasta que la
disminución de [la cantidad de dinero] en Portugal y la acumulación de él en Inglaterra hubiese
provocado un estado tal de los precios, que la continuación de estas transacciones dejase de ser rentable.
Pero la 'disminución de [la cantidad de] dinero en un país y su aumento en otro, no afecta el precio de
una mercancía solamente, sino los precios de todas ellas y, por consiguiente, se verán aumentados
conjuntamente los precios del vino y del paño en Inglaterra, y reducidos en Portugal.
El precio del paño, que era 45 libras en un país, y 50 libras en el otro, caería probablemente a 49 o 48
libras en Portugal, y aumentaría a 46 £ o 47 en Inglaterra, no arrojando una ganancia suficiente, previo
pago de un premio por una letra, para mercader alguno a importar esa mercancía.
Así es cómo el dinero de cada país le es asignado sólo en las cantidades que resultan necesarias
para regir un beneficioso comercio de trueque. Inglaterra exportaba paño a cambio de vino porque,
haciéndolo, su industria se le hacía más productiva; tenía, de este modo, más paño y vino que si hubiese
fabricado ambos por sí mismo; y Portugal importaba paño y exportaba vino porque la industria de
Portugal' podía emplearse más beneficiosamente para ambos países en la producción de vino. Hágase
más difícil producir paño en Inglaterra, o producir vino en Portugal, o hágase más fácil producir vino en
Inglaterra, o paño en Portugal, y el tráfico tendrá que interrumpirse de inmediato.
Nada cambia en absoluto en las condiciones en que se encuentra Portugal; pero Inglaterra encuentra
que puede emplear su trabajo más productivamente en la producción de vino, cambiando entonces,
instantáneamente, el tráfico de trueque entre los dos países. No sólo se detiene la explotación de vino de
Portugal, sino que se configura una nueva distribución de los metales preciosos, y la importación de
paño a aquel país se ve, también, imposibilitada.
Probablemente, ambos países encontrarían favorable a sus intereses producir su propio vino y su
propio paño, pero sobrevendría el siguiente, singular resultado: en Inglaterra, aunque el vino estaría
más barato, aumentaría el precio del paño, el consumidor pagaría más por él; mientras que, en Portugal,
los consumidores, tanto los de paño cuanto los de vino, podrían comprar esas mercancías más barato.
En el país en el que se efectuó la mejora, aumentarían los precios; en aquél en el que no hubiese ocurrido
cambio alguno, pero que se hubiese visto privado de una rama rentable de comercio exterior, caerían los
precios.
Sin embargo, esto sólo es una ventaja aparente para Portugal, pues habría disminuido la cantidad de
paño y vino producida, conjuntamente, en ese país, mientras que habría aumentado la cantidad
producida en Inglaterra. El dinero habría cambiado, en cierta medida, de valor en ambos países; este
valor se habría visto reducido en Inglaterra, y aumentado en Portugal. Estimado en dinero, el ingreso
total de Portugal se vería reducido; estimado en el mismo medio de cambio, el ingreso total de
Inglaterra se encontraría incrementado.

25
r- Así pues, resulta que el mejoramiento de una producción en un país cualquiera tiende a alterar la
distribución de los metales preciosos entre las naciones del mundo: tiende a incrementar la cantidad de
mercancías, a la vez que eleva los precios en general en el país en el que se verifica la mejora. .
Para simplificar la cuestión, he venido suponiendo que el tráfico entre dos países estaba limitado a dos
mercancías: vino y paño; pero es bien sabido que son muchos, y variados, los artículos que integran la
lista de las exportaciones e importaciones. La salida de dinero de un país y la acude él en otro país
afecta los precios de todas las as y, por consiguiente, alienta la exportación de mercancías, aparte del
dinero; esto impedirá que grande el efecto que experimente el valor del dinero dos países, como podría
esperarse de no ser así.

Aparte de las mejoras en las artes y la maquinaria, existen diversas otras causas que están actuando,
constantemente, sobre la marcha natural del tráfico y que interfieren en el equilibrio y el valor relativo
del dinero. Los gravámenes sobre las exportaciones e importaciones, los nuevos impuestos sobre las
mercancías, por su acción directa unas veces, por su acción indirecta, otras, perturban la marcha natural
del trueque y generan la consiguiente necesidad de importar, o exportar, dinero para que los precios
puedan adaptarse a la marcha natural del comercio; y este efecto se produce, no sólo en el país donde
aparece la causa perturbadora sino también, en mayor o menor grado, en todos los países del mundo
comercial.

Esto ha de explicar, en cierta medida, el diferente valor que presenta el dinero en los diversos países;
ha de explicarnos por qué los precios de las mercancías del país, y las de gran bulto aunque de valor
comparativamente reducido, independientemente de otras causas, son más caras en los países donde
florecen las manufacturas. De dos países que tengan exactamente la misma población y la misma
cantidad de tierra de igual fertilidad en el cultivo, además del mismo conocimiento de la agricultura, los
precios de los productos primos serán más altos en aquél en el que sea mayor la habilidad, y mejor la
maquinaria, aplicadas a la fabricación de mercancías exportables. Es probable que la diferencia en
cuanto a la tasa de ganancia sea pequeña pues los salarios, o la recompensa real del trabajador, puede
ser la misma en ambos; pero esos salarios, así como los productos primos, tendrán un precio más alto en
dinero en el país al cual se importe una gran cantidad de dinero, a cambio de sus bienes, en razón de las
ventajas atinentes a sus habilidades y maquinaria.
Si uno de estos países tuviese ventaja en la fabricación de bienes de un tipo y el otro, en la de bienes de
otro tipo, no entrarían firmemente metales preciosos en ninguno de ellos; pero si la ventaja prevaleciese
muy fuertemente en favor de alguno de ellos, tal efecto sería inevitable.

En la primera parte de esta obra hemos supuesto, a los efectos del razonamiento, que el valor del
dinero se mantenía siempre, sin variación alguna; ahora, estamos esforzándonos por demostrar que,
aparte de las variaciones comunes en el valor del dinero y aquéllas que son comunes a todo el mundo
comercial, existen también variaciones parciales a las que está sujeto el dinero en determinados países; y
el hecho de que el valor del dinero no es nunca el mismo en dos países cualesquiera, puesto que
depende de la fiscalidad relativa, de las habilidades manufactureras, de las ventajas cismáticas,
productos naturales, y muchas causas más.

Capítulo XXI

Efectos de la acumulación en las ganancias y el interés

- A partir de la explicación que se ha dado de las ganancias del acervo, se advertirá que ninguna
acumulación de capital reducirá permanentemente las ganancias, a menos que haya alguna causa
permanente de aumento de los salarios. Si se duplicasen los fondos destinados a sustentar el trabajo, si
se triplicasen, si se cuadruplicasen, no habría dificultad por mucho tiempo para conseguir el número de
brazos necesario para que esos fondos los empleasen; pero, en razón de las crecientes dificultades que
comporta el incremento constante de los alimentos del país, es probable que unos fondos de un mismo
valor no hubiesen de sustentar la misma cantidad de trabajo. Si fuese posible aumentar constantemente
la cantidad de artículos necesarios al trabajador, con la misma facilidad, no podría producirse ninguna
alteración permanente de la tasa de ganancia o de salarios, cualquiera fuese la cantidad que alcanzase la
acumulación de capital. Sin embargo, Adam Smith atribuye permanentemente la caída de las ganancias
a la acumulación del capital y a la concurrencia que ha de resultar de ella, sin prestar atención jamás a la

26
creciente dificultad que presenta el aprovisionamiento de alimentos para los trabajadores adicionales
que ha de emplear el capital adicional. Dice: "El aumento del acervo, que eleva los salarios, tiende a
reducir la ganancia. Cuando los acervos de muchos ricos mercaderes son orientados a una misma
actividad, la concurrencia que se hacen mutuamente tiende a reducir la ganancia de esos acervos; y,
cuando ocurre un aumento similar de acervo en todas las diversas actividades que se llevan adelante en
una misma sociedad. la misma concurrencia tiene que producir el mismo efecto en todas ellas". Adam
Smith habla, aquí, de un aumento de los salarios, pero se trata de un aumento transitorio debido al
aumento de los fondos, que se produce antes que crezca la población; y no parece advertir que, al
mismo tiempo que se aumenta ese capital, se ve incrementada en la misma proporción la tarea que ha
de ser realizada por el capital. Sin embargo, M. Say ha demostrado en forma sumamente satisfactoria
que no hay cantidad alguna de capital que no pueda emplearse en un país, pues nada limita una
demanda sino la, producción. Nadie produce sino con vistas a consumir o vender, ni vende jamás sino
con la intención de comprar alguna otra mercancía que pueda serle de inmediata utilidad, o que pueda
contribuir a la producción futura. Así pues, al producir se convierte necesariamente, ya sea en el
consumidor de sus propios bienes, ya sea en el comprador y consumidor de los bienes de alguna otra
persona. No ha de suponerse que haya de estar mal informado durante lapso alguno de consideración,
acerca de las mercancías que pueda Producir con la máxima ventaja Para alcanzar el objetivo que se
propone, a saber la posesión de otros bienes; por consiguiente, no es probable que produzca en forma
ininterrumpida una mercancía carente de demanda.12
Entonces, no puede acumularse en un País ninguna cantidad de capital que no pueda emplearse en
forma productiva mientras los salarios no hayan aumentado tanto, a raíz del encarecimiento de los
artículos necesarios, y quede tan poco, por consiguiente, como ganancias del acervo, que cese el motivo
de la acumulación.13
acervo estén altas, los hombres tendrán n motivo para acumular- mientras un hombre tiene algún goce
que desea y que no ha satisfecho, tendrá una demanda de más mercancías; y ésta será una demanda
efectiva mientras tenga algún valor nuevo que ofrecer a cambio de ellas. Si se entregasen diez mil libras
a un hombre que Poseyese [un ingreso de] 100. 000 £ por año, no las encerraría en un cofre sino que, o
bien incrementaría sus gastos en 10. 000 £, o bien las emplearía productivamente por sí mismo, o bien
las prestaría a alguna otra persona con tal finalidad; en cualquiera de estos casos, la demanda resultaría
incrementada, aunque las finalidades serían distintas. Si incrementase sus gastos, su demanda efectiva
se orientaría probablemente a edificios, muebles, o algún otro goce similar. Si emplease sus 10. 000 £
productivamente, su demanda efectiva se orientaría a alimentos, vestimenta y materia prima que
podrían poner a trabajar a nuevos trabajadores; pero, de todos modos, habría una demanda. 14

12
Adam Smith habla de Holanda como un ejemplo de la caída de 1as ganancias a raíz de la acumulación de capital y del
hecho de verse, por ello, sobrecargado todo empleo de él. "El gobierno, en ese País, toma dinero prestado al 2 por ciento, y los
Particulares de crédito sólido lo hacen al 3 por ciento Pero debe recordarse que Holanda estaba obligada a importar casi todos
los granos que consumía, y aumentaba aun más los salarios del trabajo imponiendo pesados gravámenes sobre los artículos
necesarios para el trabajador. Estos hecho, brindan una explicación suficiente para la baja tasa de ganancia, y del interés, en
Holanda.

13
Lo siguiente, ¿guarda coherencia con el principio establecido por M. Say?' Cuanto más abundan los capitales disponibles, en
relación con a amplitud del empleo que hay para ellos. tanto más caerá la tasa de interés sobre los Préstamos de capital" (vol. ii,
p. 108). Si un país puede emplear capital en cualquier magnitud, ¿cómo Puede decirse que él abunde en comparación con la
amplitud del empleo de que es susceptible?

14
Adam Smith dice que "Cuando el producto de una rama particular cualquiera de la industria supera lo que requiere la
demanda de] país, el sobrante tiene que enviarse al exterior, y cambiarse por algo que cuente con una demanda en el país. Sin
tal exportación, tiene que cesar una parte del trabajo productivo del país, y tiene que disminuir el valor de su producto anual.
La tierra y el trabajo de Gran Bretaña producen, generalmente, más granos, artículos de lana y de ferretería que lo que requiere
la demanda del mercado interno, La parte sobrante de ellos, por consiguiente, tiene que enviarse al exterior y cambiarse por
algo que cuente con una demanda en el país. Sólo merced a esta exportación puede este sobrante adquirir un valor suficiente
para compensar el trabajo y el gasto que supone su producción". Uno se vería llevado a pensar, a raíz de este texto, que Adam
Smith llegó a la conclusión de que nos encontrábamos de algún modo obligados a producir un sobrante de granos, artículos de
lana y de ferretería, y que el capital que los producía no podía emplearse de otro modo. Sin embargo, es siempre cuestión
optativo la de la forma en que un capital ha de emplearse y, por consiguiente, nunca puede haber, durante un período de alguna
consideración, un sobrante de mercancía alguna: en efecto, si lo hubiese, ella caería por debajo de su precio natural, y el capital
sería desplazado a algún empleo más rentable. Ningún autor ha puesto de manifiesto más satisfactoria y adecuadamente que el

27
Los productos son comprados siempre por productos, o por servicios; el dinero no es más que el
medio por el cual es efectuado el intercambio. Es posible que se produzca en exceso una
mercancía particular, y puede haber de ella un abarrotamiento tal en el mercado, que no
reponga el capital gastado en ella; pero no puede ocurrir lo mismo con todas las mercancías: la
demanda de grano está limitada por las bocas que han de comerlo, la de zapatos y chaquetas
por las personas que han de vestirlos; pero, aunque una comunidad, o una parte de una
comunidad, puede poseer tanto grano y tantos sombreros y zapatos, cuantos es capaz, o pueda
desear consumir, no puede decirse lo mismo de todas las mercancías producidas por la
naturaleza o por el arte. Unos consumirían más vino si estuviesen en condiciones de
procurárselo. Otros, satisfechos en cuanto a vino, desearían aumentar la cantidad, o mejorar la
calidad de sus muebles. Otros podrían desear embellecer sus jardines o ampliar sus casas. El
deseo de hacer todas, o algunas de estas cosas, se encuentra plantado en el pecho de todos los
hombres; no hace falta nada más que los medios para ello, y nada puede proporcionarlos sino
un aumento de la producción. Si yo tuviese alimentos y artículos necesarios a mi disposición, no
tardaría mucho en conseguir trabajadores que me proporcionarían algunos de los objetos más
útiles para mí, o que yo más desease.
...

Dr. Smith la tendencia del capital a abandonar los empleos en los que los bienes producidos no compensan en su precio el total
de los gastos, incluyendo las ganancias habituales, de producirlos y llevarlos al mercado. Véase cap. X del libro 1.

28