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CRISTOLOGÍA III

PASIÓN MUERTE Y RESURRECCIÓN

1. LOS PADECIMIENTOS DEL MESÍAS Y SU MUERTE EN CRUZ

Hallamos una DISCREPANCIA PATENTE ENTRE LAS EXPECTATIVAS MESIÁNICAS DE ISRAEL, con un
fuerte acento político, Y LOS GESTOS Y LA PREDICACIÓN REAL DE JESÚS, quien puso gran
cuidado en no instrumentalizar a Dios.

Varios factores1 conducen a la muerte de Jesús en la cruz, pero visto desde Jesús, lo
que provoca la irrupción final del reino de Dios es su OBEDIENCIA A LA VOLUNTAD DEL PADRE,
como manifiesta en la ORACIÓN EN EL MONTE DE LOS OLIVOS.

Jesús debió contar con la CERCANÍA DE UNA MUERTE VIOLENTA, sobre todo cuanto más se
acercaba ésta. Jesús comprendió y aceptó activamente el HORIZONTE SALVADOR DE SU
MUERTE. Jesús pone en relación el Reino de Dios y del Mesías con los padecimientos y la
impotencia de la muerte en cruz. Pero los discípulos sólo podrían percibir esta conexión
tras la experiencia de la cruz y de la Pascua2.

JESÚS HABRÍA DADO UN SENTIDO SALVÍFICO3 A SU MUERTE INMINENTE, como se desprende de la


ÚLTIMA CENA y los gestos realizados en ella, y la ORACIÓN EN EL MONTE DE LOS OLIVOS.
Asimismo, la confianza sin límites de Jesús en el Padre es el origen de la significación
salvífica de su muerte en la cruz. LA MUERTE DE JESÚS ES LA CONSUMACIÓN DE SU VIDA, vida
al servicio del Reino de Dios, en la que se pone de manifiesto su “ser-para” de Dios.

Este significado salvífico de la muerte en cruz de Jesús aparece claramente en las


epístolas neotestamentarias.

1 Fundamentalmente, su mensaje acerca de Dios y su conducta acorde con el mismo, junto con su
pretensión de actuar en nombre de Dios.

2 Antes de la pasión, los discípulos no parecen entender los anuncios de Jesús, como en Marcos 8, 31 “Y
comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los
sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días”, al que le sigue la reprensión de
Pedro. Camino de Emaús recordará que el Mesías tenía de padecer para entrar en la gloria.

3 Es preciso evitar los extremos de la soteriología explícita (Jesús que conoce todo lo referente a su muerte)
y de la ausencia total de soteriología en la narración evangélica.

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2. LA RESURRECCIÓN

Ninguno de los evangelistas nos narra lo que sucede en el momento de la resurrección.


Los Evangelios canónicos prosiguen con el momento siguiente: con la tumba vacía y
cuando el Resucitado se hace visible (y prácticamente ninguno de los destinatarios de
la aparición lo reconoce: HAY UNA DISCONTINUIDAD EN LA CONTINUIDAD.

Sólo el poder soberano de Dios puede salvar el foso absoluto entre la muerte y la vida,
entre el Viernes Santo y la Pascua. La acción de Dios a favor del crucificado, por la cual
le introduce en su propia vida eterna, es el origen de la fe pascual.

En los inicios de la TRADICIÓN PASCUAL hallamos FÓRMULAS DE CONFESIÓN que ponen de


manifiesto el KERYGMA PASCUAL. Hallamos fórmulas de un solo miembro (“Dios ha
resucitado a Jesús de entre los muertos” 4 ). Después hallamos fórmulas de varios
miembros, donde se introducen los testigos.

Así, hallamos una primera fórmula breve de “credo protoapostólico” en 1 Corintios


15,3-5: “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, fue sepultado, y al
tercer día resucitó según las escrituras, se apareció a Cefas y después a los Doce”.

3. LA EXPERIENCIA PASCUAL

Simplificando mucho, podemos decir que el evangelio ha sido escrito en orden inverso
a como nosotros lo leemos. Jesús murió crucificado y abandonado por sus mismos
discípulos. Pero el Resucitado les salió al camino, y fueron testigos de que Jesús, el
mismo que había muerto en la cruz, vive para siempre. A este encuentro con el
Resucitado llamamos experiencia pascual. A partir de ahí, los primeros discípulos de
Jesús comenzaron a interpretar el significado salvífico que había tenido el martirio de
aquel hombre y su conducta histórica mientras vivió en Palestina. El evangelista
Marcos centra su atención en la vida pública de Jesús, sin decir nada sobre su vida
oculta en Nazaret. Hacia el año 85 el evangelista Mateo y Lucas escriben los

4 1 Tesalonicenses 1,10 y Gálatas 1,1; 1 Corintios 15,15; Romanos 4,25; romanos 10, 9; Hechos 2, 32, Efesios
1,20; Colosenses 2,12.

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capítulos sobre el nacimiento e infancia de Jesús. Más tarde el Juan en su evangelio
confiesa que Jesucristo es la Palabra que desde la eternidad está en Dios y es Dios.

¿Qué significa? Incluye a su vez dos experiencias muy ligadas entre sí, aunque
distintas. Una es el encuentro con el Resucitado en las "apariciones"; y otra la
recepción del Espíritu Santo.

1. Jesús ha resucitado. Han llegado los últimos tiempos: La esperanza en la


resurrección no aparece en la historia bíblica hasta el s.II antes de Cristo. Pero
en tiempo de Jesús la mayor parte de los judíos tenían ya esa fe; únicamente
la negaban el grupo de los saduceos, integrado por la casta sacerdotal alta y
por algunas familias más pudientes. Pero se esperaba una resurrección del
pueblo como tal que implicaba también una tierra nueva. Y aquí está la gran
novedad de la experiencia pascual o encuentro con el Resucitado; en Jesús de
Nazaret se ha realizado ya lo que los judíos esperaban para todo el pueblo.
Había comenzado ya el mundo nuevo, el tiempo último, y Jesús es presentado
como "el primogénito de los que triunfan sobre la muerte" (Col 1,18). En este
comienzo de los últimos tiempos por fin Dios instauraba su reinado entre los
hombres

2. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo": Los judíos contemporáneos de


Jesús y durante el s. I cuando se escriben los evangelios, tenían una idea muy
generalizada. Pensaban que en la época de los patriarcas todos eran
favorecidos con la presencia del Espíritu de Dios. Cuando Israel cometió el
pecado de idolatría con el becerro de oro, Dios limitó el envío de su Espíritu sólo
a algunos, los profetas; finalmente, debido al pecado del pueblo, el Espíritu dejó
de ser enviado. Dios guardaba silencio: "Ya no hay signos ni profetas, y nadie
sabe hasta cuando" (Salm.74, 9). Sin embargo los judíos esperaban que, con la
llegada de los últimos tiempos, de nuevo el pueblo recibiría el Espíritu: "En los
últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán
vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros
ancianos sueños; sobre mis siervos y mis siervas derramaré mi Espíritu en
aquellos días" (Joel 3,15). En Pentecostés y hablando en nombre de todo el
grupo de discípulos, Pedro declara: "Se ha cumplido lo que dice el profeta Joel"
(Hech 2,16).

3. "Ver al Señor Resucitado" (Jn 20,25): Fue una experiencia excepcional que
vivieron los discípulos tras la muerte de Jesús. No es cuestión de entender
literalmente los "cuarenta días" que, según Hech 1,3, separan la primera

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aparición de la última. Más bien parece que la experiencia fuerte se dio a lo
largo de dos o tres años según sugiere 1 Cor 15,6.. El texto de 1,3 significa que
hubo un tiempo en que cesaron las apariciones del Resucitado

Es muy aventurado decir qué fueron para los discípulos las "experiencias
pascuales". No fueron imaginarias, las apariciones no fueron producto de la
imaginación de los discípulos. Pero tampoco podemos decir que fueran
apariciones objetivas externas; no era posible sacar ninguna foto de las
mismas. En este sentido las apariciones no son objetos constatables por un
historiador que hubiera estado presente entre los discípulos cuando se les
apareció el Resucitado. Reconocer que las apariciones no son objetivas,
externas e históricamente controlables, tiene sumo interés para la fe: el
Resucitado no es ya un objeto de nuestro mundo, que se podría ver con los ojos
de la cara, escuchar con los oídos y tocar con las manos. Pertenece totalmente
al mundo de Dios que sólo puede ser conocido por la fe, "medio para conocer
las realidades que no se ven" (Heb 11,1).La resurrección de Jesús no es una
"reanimación" o retorno a la vida anterior, sino entrada en una plenitud de vida
donde ya no queda espacio para la muerte.

Pero, si bien los discípulos se encontraron con el Resucitado gracias a la fe, no


se puede decir sin embargo que la experiencia pascual fuera fruto de
imaginación exaltada. Los textos evangélicos no autorizan para reducir las
apariciones a simple proyección de lo que los discípulos llevaban dentro.
Prueba de ello es que en la mañana de pascua, más bien ellos mismos no dan
crédito a quienes dicen que Jesús ha resucitado. Por otra parte las
descripciones del Resucitado son muy sobrias; si los discípulos hubieran sido
víctimas de su imaginación, se habrían servido de imágenes sacadas de la
literatura apocalíptica muy generalizada en aquel tiempo, como por ejemplo
vemos en el relato de la transfiguración: "Sus vestidos se volvieron de un
blanco deslumbrador, como ningún batanero del mundo podría
blanquearlos"(Mc 9,3). Lenguaje que no se encuentra en las cristofanías de la
resurrección. El Resucitado se presenta como el Viviente que, lejos de ser
encerrado en las categorías de los discípulos, rompe los esquemas de aquellos
hombres y los saca de su encerramiento. Si bien era el mismo al que había
acompañado por tierras de Galilea, era también el Otro que inesperadamente
entraba en sus vidas y las cambiaba., sin dejarse reducir a las categorías y
horizonte de los discípulos.

Animados por la experiencia pascual y por la fuerza del espíritu, los discípulos
descubrieron y confesaron que Jesús es el Cristo, el Salvador de los hombres.
Como todo ser humano, Jesús el galileo estuvo limitado por el espacio y por el
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tiempo; sólo curó, dialogó y dispensó su amistad a un número pequeño de
personas. Pero gracias a la resurrección, puede entrar y entra en contacto con
todos los hombres de todos los tiempos. Es lo que dice Pablo cuando habla del
"cuerpo resucitado" en 1 Cor 15,44. Para los primeros discípulos que, tan de
cerca experimentaron la presencia de Cristo Vivo después de haber sufrido el
martirio de la cruz, la compasión y el apoyo de Jesús para con los enfermos y
pecadores que dispensó durante su actividad en Palestina sólo a unos pocos,
ahora , ahora es don concedido a todos. Eso quiere decir la confesión: "A este
Jesús crucificado Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hech 2,369)

4. LAS CONSECUENCIAS

1. A la luz de la experiencia pascual los primeros cristianos pudieron entender


quién fue Jesús de Nazaret. Algunos textos del evangelista Juan manifiestan esa
nueva comprensión de los creyentes: "Jesús encontró a mano un asno y mentó
sobre él. Así lo había predicho la escritura: no temas, hija de Sión, mira, tu rey
viene a ti montado sobre un asno`. Al principio los discípulos no comprendieron
estas palabras, pero, cuando Jesús fue glorificado las recordaron y cayeron en
la cuenta de que aquellas palabras de la Escritura se referían a él y se habían
cumplido en él" (Jn 1214-16). Cuando Jesús expulsó a los mercaderes del
templo, declaró: "Destruid este templo y en tres días yo lo levantaré". Juan
entiende que el Señor "hablaba del templo de su cuerpo"; y así, cuando Jesús
resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron eso. "y creyeron en la
Escritura y en las palabras que él había pronunciado" (Jn 2,21-23).

El evangelista deja bien claro que, sólo gracias al Espíritu, los discípulos
pudieron comprender el significado profundo que tenían las palabras y los
gestos de Jesús durante su ministerio público en tierras de Palestina: "El
espíritu que el padre enviará en mi nombre os enseñará todas las cosas y os
hará recordar todo lo que os he dicho" (Jn 14,26. No se trata de que el
Espíritu traiga las palabras y gestos de Jesús a la memoria de los discípulos
desgastada por los años. Como los otros evangelistas Juan considera que
muchas palabras y gestos de Jesús fueron incomprendidos o mal interpretados
mientras los discípulos vivieron con él antes de su martirio. Pero la resurrección
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les permitió descubrir el verdadero significado de aquellas palabras y de
aquellos gestos.

Claro está que para expresar la experiencia pascual que los primeros discípulos
tuvieron emplean distintos géneros literarios según la a cultura de la
comunidad donde escriben y por tanto según la cultura de sus destinatarios..

2. Así el acontecimiento pascual -resurrección de Jesús y don del Espíritu- aporta


a los discípulos una inteligencia nueva y profunda del misterio de Jesús. Pero
no ha cambiado sólo la situación de los discípulos. También ha cambiado Jesús.
Es ciertamente el mismo que recorrió los caminos de Galilea y fue crucificado en
Jerusalén - "soy yo mismo", declara el Resucitado cuando irrumpe en la vida
de los discípulos-. Pero al mismo tiempo es muy diferente de lo que era antes
de la Pasión, porque en la resurrección, su humanidad quedó transformada por
el espíritu y la vida de Dios. Pasando de la muerte a la vida, Jesús accede a una
dignidad nueva; según la difícil expresión de Rom 1,4, ha sido "constituido Hijo
de Dios con poder por la resurrección de entre los muertos".

3. Finalmente, la resurrección ilumina toda la conducta histórica de Jesús. Y esta


afirmación implica otras dos. Primera, que los primeros cristianos interpretan a
la luz de la resurrección todo lo que Jesús había dicho y hecho. Segunda:
porque Jesús manifestó una fidelidad y un amor ejemplares, porque aceptó
una muerte infame "para congregar a todos los hijos de Dios que estaban
dispersos", Dios no sólo le ha exaltado a la dignidad de Señor, sino que ha
ratificado solemnemente todo lo que Jesús había dicho, hecho y sufrido a lo
largo de su vida y en su forma de morir. Porque Jesús ha sido resucitado por
Dios, nosotros podemos confesar hoy que él era realmente el Hijo de Dios
desde su nacimiento.