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-Posgrado en Psicoanálisis-

Centro de Salud Mental N°3 "Arturo Ameghino"

Materia: “Psicosis:”

Fecha: Noviembre 2017


SJ

INTRODUCCIÓN
En el presente trabajo nos interesa situar las características estructurales de las psicosis,
fundamentalmente de la paranoia, en los distintos momentos de la constitución subjetiva.

DESARROLLO

El organismo al nacer desprovisto de cualquier recurso de supervivencia, no sólo para


satisfacer sus necesidades sino también para trasmitirlas al otro, necesita la asistencia de
un “otro auxiliador” quien pueda responder a esas necesidades básicas, para la
conservación de la vida y a su vez lo humanice, posibilitando la operación de transformar
una necesidad en demanda, reacciones inespecíficas de un organismo vivo en un llamado
al otro.

Es a través de la intervención del auxilio ajeno como el niño irá incorporando la estructura
del lenguaje que le servirá de base y sostén de su subjetividad.

Es por ello que Lacan afirma que es necesario que alrededor del sujeto se hable, ya que
en el habla es donde se manifiesta el deseo del Otro, su falta. Pero también es el lugar
mediante el cual se trasmite aquel significante esencial que es el Nombre del padre, cuya
función es “aunar” o ligar las excitaciones mecánicas del organismo al significante para
conformar un cuerpo a su vez que introduce una sustitución metafórica y significa el
deseo, como deseo de falo.

La operación del Nombre del padre le permite al sujeto habitar el lenguaje, teniendo un
margen de movimiento para tomar al Otro como lugar de referencia y no como Otro del
código, le permite hacer uso del lenguaje y así salirse de la posición pasiva del inicio, en
la cual lenguaje hace uso de él.

De ésta inscripción también va a depender la configuración de la realidad que para Lacan


está constituida por una trenza de significantes.

Entonces, desde ésta perspectiva, podríamos tomar la experiencia que para Freud es
fundante de la subjetividad, la experiencia de satisfacción, que se desarrolla bajo el
complejo del prójimo y establece el modo en que se constituye el desear sobre la base de la
articulación entre vivencias del propio cuerpo y el pensar y como operación constituyente
de nexos y ligaduras e interrogarnos como se “vivencia” esta experiencia en las psicosis,
puntualmente en la paranoia.
En proyecto de psicología para neurólogos (cita) Freud construye un modelo de aparato
psíquico que sugiere la idea de una cierta organización interna atribuyendo diferentes
funciones psíquicas, a los cuales le asigna un orden. Se trata de un aparato dotado de
tres sistemas de neuronas que tienen la capacidad de trasmitir y transformar cantidades
de energías, estableciendo un circuito de entrada y de descarga de la tensión: Este
circuito articula tres funciones o registros: El primero es la huella mnémica, que es la
huella de la tensión inscripta por la necesidad. El segundo, la imagen mnémica, es la
imagen del objeto con el cual se alcanza la aparente satisfacción. Y el tercera, la vivencia
de satisfacción que es la que articula ambas relaciones.

Entonces, por un lado tenemos el incremente de tensión de cual se inscribe una primer
huella, por otro lado, la imagen del objeto con el cual se alcanza la aparente satisfacción y,
articulando a ambos, la vivencia de satisfacción que se origina cuando, alucinatoriamente, el
objeto cumple la función de acción específica como auxilio ajeno, produciéndose una
inscripción a partir de la cual, el incremento de tensión pasa a convertirse en una llamada,
es decir que esta experiencia posibilita un primer trabajo de simbolización constituyendo un
sujeto deseante.

A su vez, esta vivencia articula dos elementos heterogéneos dice Freud: la cosa del mundo
(das-Ding) y su predicado. Podríamos interrogarnos cuál es la relación del sujeto paranoico
con éstos dos elementos y a partir de ahí, cómo se articulan ambos para conformar la
experiencia de satisfacción.

En primer lugar, Lacan dice que el paranoico en este primer objeto no cree, y la falta de fe
en el funcionamiento del Otro deja al paranoico en una posición pasiva frente él,
transformándolo en un Dios oscuro que da testimonio de su existencia. Falla este primer
trabajo de simbolización ya que la increencia recae sobre el Otro simbólico.

Por otro lado Freud plantea que en la paranoia, la vivencia primaria parece ser la misma
que en la neurosis, a diferencia que aquí tanto el afecto (excitación) como la
representación (imagen del objeto con el cual se alcanza la aparente satisfacción) ambos,
son rechazados; es decir que, si de la vivencia de satisfacción, según Freud, se genera
una facilitación entre dos imágenes-recuerdos y un núcleo investido en estado de
esfuerzo (Drang) y de éste modo, frente a un incremento de tensión se inviste las
imágenes recuerdo y se decreta la descarga y, en esta descarga de satisfacción, una
cantidad es drenada. En la estructura psicótica, al ser rechazados tanto la representación
(imagen-recuerdo) como el afecto (incremento de tensión), es decir el propio goce y el
apoyo del orden simbólico, el sujeto queda inerme frente al incremento de excitación, al
no contar con recursos para descargar ese exceso e integrar esa “vivencia”, va a recurrir
a la proliferación imaginaria como intento de mediación entre él y esa cantidad.

A su vez Freud, en su artículo sobre la paranoia dice: “Lo cancelado [no inscripto]
adentro, retorna desde afuera” (Freud Schreber. P66) y Lacan continua esta frase
diciendo: “lo no simbolizado reaparece en lo real, hay respuestas, del lado del mecanismo
de la verneinung pero son inadecuados.”( S3p126) Es decir que frente a la irrupción de
goce, el sujeto se queda inerme sin poder responder con recursos simbólicos, no puede
ponerle texto a ese monto de excitación y responde de modo psicótico es decir, “sustituye
una mediación simbólica por una proliferación de lo imaginario, en lo que se introduce, de
manera deformada y profundamente a-simbólica, la señal central de mediación posible.”
S3P127 Siendo una respuesta delirante cuya función es un intento de “integrar lo que
surgió en lo real que representa para el sujeto ese algo propio que nunca simbolizó.”
S3p128 Y es delirante puesto que al no poder borrar la vivencia, el paranoico se sustrae
de ella.

Por otro lado, Lacan tomo el delirio de Schreber para dar cuenta de la dialéctica
imaginaria puesta en juego no sólo en la psicosis sino también en la neurosis, pero dice
que allí, en la psicosis, se encuentra en su estado desarrollado: “el delirio muestra el
juego de los fantasmas en su carácter absolutamente desarrollado de duplicidad. Los dos
personajes a los que se reduce el mundo para el presidente Schreber, están hechos uno
en referencia al otro, uno le ofrece al otro su imagen invertida.” S3p 128 Es decir que el
sujeto, al no poder reconocer esa irrupción de goce como propia, puesto que el
reconocimiento es siempre simbólico, ese goce le retorna desde afuera, fuera del universo
simbólico y responde delirantemente desde la dimensión imaginaria como otro, “el mundo
del sujeto consistirá esencialmente en la relación con ese ser que para él es el
otro”S3p127 y queda desarticulado en una multitud de seres imaginarios que
conformarían su cuerpo, siendo un cuerpo fragmentado y haciendo jugar abiertamente el
inconsciente S3p89
Lacan dice que en el delirio, el paranoico testimonia acerca de la estructura del
inconsciente en tanto que “el inconsciente es el discurso del Otro que le habla al sujeto,
más allá del sujeto, incluso cuando el sujeto no lo sabe…” S3p64 Pero a diferencia de la
neurosis que está reprimido, en la paranoia se manifiesta a cielo abierto en el momento
en que el sujeto es hablado por el Otro y a su vez, el sujeto no está incluido en ese
discurso quedando sin posibilidad de fundar una nueva dimensión de la experiencia
tomado al Otro como un código.

Por otro lado, el sujeto situado en lo imaginario y por fuera del universo discursivo, queda
en posición pasiva frente al Otro, que para él es un Otro del código, quedando a merced
sus significaciones y todas las manifestaciones de este Otro, se convierten para él en
sanciones de suficiencia o insuficiencia. Si el sujeto no pueda tomar la palabra y dar una
respuesta de índole ética, es decir, en tanto que el Otro es un lugar de referencia sin
garantías, el sujeto se ve llevado a la necesidad de una confianza, no en alguien sino en
una estructura literal, la fe en el funcionamiento del Otro como lugar de referencia y en esta
falta de fe transforma al Otro en un Dios oscuro que brinda testimonio de su existencia.

Para concluir, diríamos que lo característico de la estructura psicótica es la exterioridad


del sujeto en el discurso, es decir que está en el lenguaje, porque padece de sus efectos
pero no en el discurso. Y al quedar fuera del discurso queda sin recursos para hacer de
ese padecimiento la causa para construir lo más singular de su existencia.
En cuanto a los tiempos lógicos de constitución subjetiva podríamos suponer que el sujeto
ingresa a la estructura del lenguaje quedando detenido en la inscripción virtual, sin poder
acceder al discurso que le daría un sostén simbólico a esa imagen y un lugar en el
mundo.

BIBLIOGRAFÍA
- Freud, S.: (1886/1899) “Proyecto de psicología”, En Obras Completas, tomo I. Buenos
Aires, 2010, Ed. Amorrortu Editores.
- Freud, S.: (1911/1913) “Sobre un caso de paranoia descripto auntobiográficamente
(Schreber)”, En Obras Completas, tomo XII. Buenos Aires, 1991, Ed. Amorrortu
Editores.
- Lacan, J. (1955-1956) “El Seminario de Jacques Lacan, Libro 3, “Las Psicosis” Ed
Paidós, Buenos Aires, 2011
- Lacan, J. (1959-1960) “El Seminario de Jacques Lacan, Libro 7, “La ética del
psicoanálisis” Ed Paidós, Buenos Aires, 2013