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CULPABILIDAD

NUBIA CORREDOR SALCEDO


Docente

PENAL GENERAL ll
Materia

Estudiantes:
Alain Martínez Guevara
José Juan Camilo Guerra Mendoza
Luis Armando Ariza
Otto Fernando Mendoza
Sindy Lorena Rios Quiroz
Valentina Edith Lemus Barrios

UNIVERSIDAD POPULAR DEL CESAR


FACULTAD DE DERECHO
PERIODO I 2018
CULPABILIDAD

En Derecho Penal, es la ejecución de hecho típico y antijurídico por alguien que


lo hizo como resultado de operación mental en la que intervinieron consciente y
libremente las esferas intelectiva, afectiva y volitiva de su personalidad. En su más
amplio sentido, es el conjunto de presupuestos que fundamentan la
reprochabilidad personal de la conducta antijurídica. Bajo la categoría de la
culpabilidad, como último elemento de la teoría del delito, se agrupan todas
aquellas cuestiones relacionadas con las circunstancias específicas que
concurrieron en la persona del autor en el momento de la comisión del hecho
típico y antijurídico.

La culpabilidad es un elemento del delito, esto es, una condictio sine qua non “sin
la cual no” del mismo, fundada más que en razones éticas o utilitaristas, en la
estructura lógica de la prohibición.
El concepto de culpabilidad fue desarrollado por la doctrina europea hacia finales
del siglo XIX. Por lo tanto, en el Derecho penal se asigna al concepto de
culpabilidad una triple significación:

 Culpabilidad es una categoría de la teoría del delito que permite reprochar la


conducta de la persona que cometió un delito, y por lo tanto atribuirle esa
conducta y hacerle responsable de ese hecho. Para ello se exige la presencia
de una serie de elementos (capacidad de culpabilidad, conocimiento de la
antijuricidad, exigibilidad de la conducta), que constituyen los elementos
positivos específicos del concepto dogmático de culpabilidad.

 Culpabilidad vinculado al aspecto biológico y psicológico: para que una


persona sea considerada culpable, debe ser mayor de 18 años de edad y debe
tener la capacidad de comprensión de la realidad, por tanto, si una persona
tiene enfermedades mentales o es menor de edad será considerado
inimputable (incapaz penalmente), incapaz para responder una acción u
omisión que constituye delito o falta, por lo tanto, se convierten en elementos
atenuantes o eximentes del hecho.

 Culpabilidad como base de aplicación para la imposición de la pena: está


vinculado y entendido como presupuesto para imponer la pena, en este caso
se trata de determinar el cómo de la pena, su gravedad, su duración. Se
asigna a la culpabilidad una función sobre todo limitadora, que impida que la
pena sea impuesta por debajo o por encima de unos límites que vienen
impuestos por la idea misma de la culpabilidad.
Teoría de la culpabilidad del autor

En la teoría de la culpabilidad de autor pueden comprenderse dos direcciones


principales: la culpabilidad por el carácter y la culpabilidad por la conducción de la
vida.
Según la teoría de la culpabilidad por el carácter, el acto culpable constituye la
manifestación sintomática de la naturaleza peculiar del autor, porque si este obra
contra el derecho, esa infracción se valora, esencialmente, como expresión del
carácter asocial del autor.
Conforme a la teoría de la culpabilidad por la conducción de la vida, la culpabilidad
del sujeto existe por no haber corregido o educado su modo de ser, modelándole
en armonía con el tipo de personalidad que requieren los valores jurídicos-
penales; o sea, por haber conducido su actuación general en la vida de tal forma
que se ha convertido en lo que es.
Las teorías de la culpabilidad de autor son objetables por haber confundido la
culpabilidad con la peligrosidad subjetiva. Han disfrutado, además, de muy
limitada acogida, porque en definitiva están ligadas a una concepción biologicista
del derecho penal; constituyen la manifestación de un derecho penal de autor.

Concepción normativa de la culpabilidad


La culpabilidad, en el sentido común y generalizado de la teoría normativa,
consiste en el juicio de reproche formulado por el tribunal, acerca del hecho
cometido por el sujeto. Ella se caracteriza; en general, por dos aspectos
principales: por constituir la culpabilidad un juicio llevado a cabo por el tribunal y
porque la esencia de ese juicio es la reprochabilidad.
El problema de la teoría normativa ha consistido en definir el contenido de ese
juicio de reproche. De lo que se trata es de proporcionar una respuesta
satisfactoria a la pregunta siguiente: ¿Por qué se le reprocha su conducta al
autor?, Esto determinó que, en el desarrollo de la teoría normativa se hayan
seguido tres direcciones fundamentales: la concepción neokantiana, la concepción
finalista y la concepción ético-social.
Concepción neokantiana
El juicio de culpabilidad –según la concepción neokantiana- no se limita a verificar
el nexo psicológico entre el autor y el hecho (dolo o imprudencia), sino que
consiste en un reproche al culpable (juicio de valor), sobre la base de las
concretas circunstancias internas y externas en que actuó, a lo cual se adiciona el
requisito de la “exigibilidad”. La característica o calidad desvaliosa del
comportamiento (la reprochabilidad), derivadas de las personalísimas
circunstancias en que actuó el autor, se origina cuando, atendidas esas
circunstancias concretas, le es exigible otra conducta, o sea, el “haber podido
actuar de otro modo”.
Hasta cierto punto, esta concepción de la culpabilidad constituye un puente entre
la teoría psicológica y la concepción estrictamente normativa (propia de los
finalistas), por cuanto se conserva, dentro de la culpabilidad, sus dos formas, o
sea, el dolo y la imprudencia y la esencia subjetiva psicológica de estas.
Concepción finalista
El proceso de “normativización” de la culpabilidad se llevo a cabo por los finalistas.
La teoría finalista extrajo el dolo y la imprudencia del terreno de la culpabilidad y lo
traslado al de la acción. Ese desplazamiento vació la culpabilidad de todo
contenido psicológico. La culpabilidad, de este modo, quedo reducida por los
finalistas a estricto “juicio de valor”, o sea, normativo.
El juicio de culpabilidad –para los finalistas- consiste en el reproche al autor por
haberse decidido, en el momento del hecho, por la ilicitud jurídico-penal, a pesar
de haberse podido decidir por la actuación conforme al Derecho, es decir, por
haber podido actuar de otro modo.
Concepción ético-social
La concepción ético-social, en cambio, procuró regresar a la tesis de índole
subjetiva, pero conservó la esencia de la culpabilidad como un “juicio normativo”,
formulado con vistas a la actitud del sujeto. El juicio de culpabilidad – según la
concepción ético-social- radica en la actitud interna, jurídicamente defectuosa, de
la cual ha surgido la resolución de cometer el hecho. Culpabilidad, por
consiguiente, significa reprobabilidad del hecho a la atención a la reprochable
actitud interna manifestada en aquel (en el hecho). Sin embargo, lo que se
reprocha será siempre el hecho y no solo la actitud interna de la que surge (con lo
que se separa de la teoría psicológica).
La teoría normativa (examinada globalmente, o sea, en el conjunto de todas sus
direcciones), adolece de un serio inconveniente: el poder actuar de otro modo
constituye una formula dudosa, por cuanto lo que realmente se estaría decidiendo
en ese denominado “juicio de culpabilidad” no seria la incontestable cuestión del
poder del individuo para actuar de otro modo en el momento del hecho, sino de
enjuiciar lo que en el orden jurídico, se exige del autor a la vista de sus
condiciones y de las circunstancias externas de lo sucedido, en comparación con
las de otros hombres (hombre medio), colocado en el lugar del autor, hubiese
estado en situación y condiciones de haber actuado de otro modo: si es así,
entonces habrá que reconocer la culpabilidad del autor. La fórmula, por
consiguiente, es extraordinariamente insegura.
Por otra parte, ese “juicio de culpabilidad” coloca la culpabilidad, rasgo
eminentemente subjetivo, no en la cabeza del autor, sino en la del tribunal, aun
cuando sus sostenedores hayan protestado de esta objeción.
La culpabilidad en sentido procesal
Es la resultante de la presencia de todos los requisitos de la conducta punible y de
la prueba de éste, siguiendo, eso sí, el debido proceso legal. La culpabilidad en
sentido procesal surge de un nexo contradictorio entre la voluntad conciente del
agente imputable y la obligación que tiene de comportarse de acuerdo con las
exigencias de la ley penal.

La culpabilidad como elemento independiente de la conducta punible


Es entendida como posibilidad de conocimiento de la desaprobación o posibilidad
de motivación en sentido estricto.

Es que la ejecución de un hecho típico, antijurídico y no justificado, nos basta para


aseverar la comisión de una conducta punible. Es necesario que el agente haya
actuado con culpabilidad. Dentro de la estructura dogmática-culpabilista adoptada
por la legislación penal colombiana desde 1980, la culpabilidad es el tercer
elemento dogmático de toda conducta punible.

“Puede afirmarse que la culpabilidad es la actitud conciente de la voluntad que da


lugar a un juicio negativo de reproche, porque el sujeto actúa antijurídicamente
pudiendo y debiendo actuar de otra manera, y que en nuestro derecho positivo
puede adoptar la forma del dolo, de la culpa o de la preterintención; cuando de la
primera de ellas se trata, el agente mediante un acto de acción o de omisión
emanado con humana libertad de su propio psiquismo, realiza un hecho
penalmente antijurídico con conocimiento de su típica ilicitud, con conciencia de su
antijuridicidad y con voluntad de ejecutarla”. (C.S. de J. Sala Penal Sentencia de 9
de agosto de 1983 M.P. Dr. Alfonso Reyes Echandía.

Estructura de la culpabilidad

En el nuevo estatuto sustancial el esquema de la culpabilidad como principio


rector y tercer elemento dogmático del hecho punible, se conserva dentro del
culpabilismo adoptado por nuestro sistema desde el código de 1980.

En un sentido esencial, la culpabilidad considera la motivación del actuar típico y


antijurídico y su conocimiento por parte del agente.

No obstante, el conocimiento de la antijuridicidad se traslada de ser un elemento


de dolo (recordemos que el artículo 36 del código de 1980 hablaba de
conocimiento del hecho punible), para integrarlo ahora como elemento de la
culpabilidad; por ello tal conciencia se admite como presupuesto tanto en los
delitos dolosos como en los delitos culposos.

A partir del criterio de motivabilidad o capacidad de motivación, se integra el


contenido de la culpabilidad, vale decir, se elaboran los requisitos o elementos
necesarios para que una conducta típica y antijurídica pueda ser tildada de
culpable. De esta forma, para que la conducta considerada por el derecho penal
sea definitivamente punible, se exige que además de ser típica, antijurídica y no
justificada, que de ella se pueda pregonar culpabilidad del agente, este tercer
elemento lo centra la sistemática que adoptamos en la capacidad de culpabilidad o
imputabilidad, la conciencia de la antijuridicidad y la exigibilidad de otra conducta,
tres elementos que conforman la culpabilidad y que pasaremos a reseñar con la
brevedad de las circunstancias.

Primer elemento de la culpabilidad, IMPUTABILIDAD O CAPACIDAD DE


CULPABILIDAD

Define el diccionario de la Real Academia la palabra imputar como “atribuir a un


sujeto un hecho como suyo”. Así las cosas, sólo se puede imputar un hecho a
aquel que es “dueño de sus actos”. La imputación consiste, siguiendo la definición
de la Real Academia, en extractar de un hecho una consecuencia. La
imputabilidad será entendida como la idoneidad o actitud jurídica de un sujeto para
la realización plena de un hecho típico, antijurídico en cuanto culpable o
reprochable, que genera como consecuencia jurídica la imposición de una sanción
penal.

Segundo elemento de la culpabilidad, CONOCIMIENTO DE LA


ANTIJURIDICIDAD

Como segundo elemento positivo, el juicio de culpabilidad exige el conocimiento


de la ilicitud de la conducta realizada o conocimiento de la antijuridicidad o
conciencia de la antijuridicidad, en razón de que la norma sólo puede motivar al
individuo si este conoce y entiende, bajo unos parámetros medios de
razonabilidad, el contenido de la prohibición. Dentro de la teoría de la
motivabilidad, el conocimiento de la ilicitud es la razón de la abstención; si tal
conciencia no existe, no puede haber motivación y la acción típica y antijurídica no
adquirirá la calidad de culpable.

No se puede tratar de un simple conocimiento con visos objetivos, ni mucho


menos que tenga por objeto el contenido exacto de la norma penal o de su
punibilidad; se trata de una conciencia que exige la aprehensión e
internacionalización de la prohibición, aspectos que deben ser fruto del proceso de
socialización del individuo; sólo en esta media puede plantearse el tema del
conocimiento de la antijuridicidad.

Al agente no se le exige que en el momento de su actuación conozca exactamente


que ella está prohibida, sino que atendiendo a sus circunstancias personales,
sociales, culturales, etc., haya tenido la oportunidad de tomar conciencia de dicha
ilicitud y a pesar de ello a actuar.

El conocimiento aquí requerido tampoco debe referirse al contenido exacto del


precepto penal o a la punibilidad como consecuencia jurídica de su inobservancia;
el autor debe conformarse simplemente con que el agente haya tenido la
posibilidad, en cuanto ocasión, suficiente para saber que el comportamiento
realizado está prohibido normativamente; no se trata entonces de una “conciencia
moral”, del todo relativa y subjetiva, sino del conocimiento de la contrariedad del
hecho con las normas de convivencia, sujeta a los procesos de
internacionalización y socialización.

El conocimiento de la antijuridicidad es uno de los elementos subjetivos de la


conducta punible y precisamente por ello exige que su valoración se realice ante el
caso concreto, en sus diversos componentes tanto sicológicos como sociales y
socioculturales, que determinan el actuar humano. Si el agente no ha conciencia
de la antijuridicidad de su actuar, su comportamiento se ha verificado en error de
prohibición, del cual nos ocuparemos más adelante, cuando hablemos de las
causales de inculpabilidad.

Tercer elemento de la culpabilidad, EXIGIBILIDAD DE COMPORTAMIENTO


DIFERENTE.

Como principio general, aún plenamente admisible, advertimos que la observancia


de los mandatos normativos, sobre todo de los que ostentan contenido punitivo,
puede y debe ser exigida a la generalidad de los coasociados sin ningún tipo de
distinción. Para la exigibilidad jurídica de un comportamiento o una abstención el
ordenamiento siempre ha de tener en cuenta la propia naturaleza de la exigencia
normativa, las circunstancias de realización y la jerarquía de los bienes jurídicos
comprometidos.

También como principio inmanente al propio sistema jurídico, encontramos los


rangos de exigencia mínimos o comunes para todos los ciudadanos, en virtud de
lo cual se asume que los mandatos normativos pueden ser observados por todos.
En el presente caso se habla entonces de una exigibilidad normal o general,
también denominada objetiva o material, que es examinada sin atender a
consideraciones, circunstancias o posiciones peculiares del individuo cuya
actuación se confronta con la norma.

Pero paralelamente a la exigibilidad material se ha de examinar la llamada


exigibilidad subjetiva o individual, que se refiere a situaciones circunstanciales
extremas en que se debate el sujeto, en las que, vista su actuación concreta, no
se le puede exigir que se abstenga de realizar un hecho típico y antijurídico, pues
ello implicaría un sacrificio injustificado, y más que un sacrificio injustificado, como
sostienen Muñoz Conde y García Arán, exigir en esta situación que el sujeto se
abstenga de realizar el hecho típico y antijurídico implicaría su negación en cuanto
individuo con plenitud de subjetividad jurídica fundamental.

La exigibilidad de un comportamiento diferente es, pues, la tercera condición para


la estructuración de la culpabilidad. El sujeto actuante debe encontrarse dentro de
unos límites tangibles que hagan exigible, por parte del ordenamiento, la
respectiva acción o abstención.

En varias oportunidades hemos dicho que a los coasociados no se les puede


reclamar comportamientos heroicos o imposibles y por ello, este tercer elemento
de la culpabilidad, fija un ámbito normativo de conminación o un límite de
exacción, que si bien se trata de nutrir estableciendo fronteras de naturaleza
objetiva, sigue siendo un elemento por determinar frente al caso concreto.

Si obedecer la norma coloca al sujeto en el ámbito de lo heroico o imposible, no


puede haber exigibilidad y, por ende, se ha de derivar inculpabilidad y supresión
del juicio de responsabilidad penal. De esta forma, el derecho no puede sancionar
la actuación en circunstancias extremas de quien prefiere ejecutar conducta típica
y antijurídica para no anular o menoscabar su vida, libertad o integridad personal,
por ejemplo.

En torno a realizaciones en las que no es posible exigir un comportamiento distinto


encontraremos un hecho típico, por los aspectos subjetivo objetivo, antijurídico, en
cuanto no justificado o autorizado, pese a lo cual del autor no se puede aseverar la
nota de culpabilidad. Pero adicionalmente, el análisis de la exigibilidad de otro
comportamiento supone, en primer término, la capacidad de culpabilidad del
agente, imputabilidad, y el conocimiento de la antijuridicidad del hecho, pero por
encontrarse en una situación extrema no le puede exigir el cumplimiento de otra
conducta y, por ende, se hace innecesaria e inconveniente la derivación de
responsabilidad penal y consecuente imposición sancionatoria.