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LITERATURA GRIEGA II

FICHA BIBLIOGRÁFICA

LA PERSUASIÓN EN LA TRAGEDIA GRIEGA

Buxton, R.G.A. Persuasion in Greek tragedy. A study of Peitho. Cambridge, Cambridge


Univ. Press, 1982.

Introducción
Buxton realiza el análisis de una faceta del comportamiento griego, la peithó
(persuasión), y de sus distintos aspectos explorados en las tragedias de Esquilo, Sófocles y
Eurípides.
Peithó es una noción que incumbe a varias áreas de la experiencia que hoy consideramos
diferenciadas: política, retórica, erótica, moral, filosofía. Puede referirse a una diosa con su culto
propio y su esfera de actividad, o puede tener un sentido secular. Sus connotaciones varían
según el contexto, asociadas con el desarrollo de la vida política griega. El estudio se centra en
Atenas, por las fuentes y la importancia que la peithó, especialmente pública, tenía en la práctica
social y en la ideología atenienses, comparada con otros estados griegos.

I- Historia de la palabra persuasiva en Grecia.


En la civilización micénica, semejante a las del oriente próximo pero muy distinta de la
polis griega, la utilización de la escritura (tablillas En Lineal B) apuntaba no a la información
pública sino a confinar la información dentro del palacio.
En Homero, los rasgos de la argumentación durante la asamblea son (según
Momigliano):
1) Asambleas irregulares, realizadas sólo en circunstancias especiales ; 2) eran
conducidas por individuos importantes, no por cualquiera ; 3) la asambleas expresa su
aprobación o desaprobación a los puntos de vista expresados por los jefes, pero no se vota ; 4)
Son reprimidas las intervenciones de la bases (episodio de Tersites).
Su funcionamiento depende de la autoridad de los que la convocan o dirigen. El poder de
persuasión es prerrogativa de los héroes (reyes y nobles).
Hesíodo en la Teogonía sanciona religiosamente esta asociación entre reyes y oratoria. El
discurso divino era una gracia divina otorgada a un grupo muy restringido que ofrece
paradigmas de conducta inclusive verbal, aceptados como vitales y autorizados por los griegos
(función educativa de Homero).
El desarrollo de la filosofía en Jonia impresiona como un debate entre pensadores que
tratan de superar a sus predecesores o rivales, proceso construido por medio de un continuo
postulado de tesis y antítesis.
Este crecimiento puede conectarse con la fijación de la escritura y el surgimiento de la
polis.
En Atenas, los retóricos teóricos como Aristóteles subdividieron la retórica o “arte de
persuadir” según su campo: política, legal y expositiva (discursos epidícticos). Estas distinciones
son útiles aunque no rigurosas. La menos familiar es la tercera, “mera retórica”, que consiste en
discursos para ser admirados y disfrutados como un espectáculo en los juegos y funerales.
Gorgias, el sofista, impactó con su llegada a Atenas en el 427 a C.
Pero el interés de los atenienses por el poder de la palabra está relacionado con la
persuasión legal o política. El ejemplo es Solón con su argumentación por el derecho de Atenas
a la isla de Salamina contra los de Megara, en el que invoca a la autoridad (Homero, oráculo de
Delfos) y utiliza argumentos críticos basados en un fenómeno verificable (cf. Plutarco).
Esta combinación de un prudente respeto por la autoridad de los relatos míticos y la
habilidad de argumentar sobre bases de evidencia y razón, representan lo mejor del pensamiento
griego durante siglos después de Solón. Además, los argumentos de Solón son desarrollados en
público y admiten ser contrapuestos a los reclamos de los rivales parra imponerse o caer. Esto es
profundamente característico de los griegos y en especial de los atenienses, de la polis. Pericles
podía ganarse a la gente por medio de la persuasión y la instrucción, según cuentan Plutarco y
Tucídides.
Esta persuasión política, tanto como la forense o legal, estaba relacionada con la
organización de la polis. Además de las asambleas y los tribunales, el teatro también era un
espacio para la participación de los ciudadanos.
Los sofistas cubrieron la necesidad de los nobles de defender sus derechos en público, y
su especulación conceptual era otra área de debate. Otro espacio relacionado con la retórica era
el de los médicos, que necesitaban hacerse creíbles ante sus potenciales clientes.

II- Peithó
La peithó que se traduce como “persuasión”, tenía diversas connotaciones.
1- Peithó era una divinidad cuya esfera de acción era el poder del amor sexual. Pero
en relación con esta función tenía asociaciones más amplias que la relacionaban con la vida
pública de la comunidad, las cuales aparecen en fuentes literarias, objetos de culto y
representaciones artísticas.
Aparece como una divinidad autónoma o como epíteto de otra diosa también
relacionada con el amor sexual. Es un epíteto de Afrodita en relación al amor matrimonial y al de
las hetairas. Su culto tenía que ver con prostitutas, en relación con la seducción erótica, pero
también con el ágora, donde la gente realizaba las discusiones públicas. En Atenas era
considerada la diosa de toda clase de persuasión. El sacerdote de Peithó tenía un asiento especial
en el teatro de Dionisos.
En Homero aparece la forma verbal (peithein) pero no el nombre. Sin embargo su poder
está presente, especialmente en el “Engaño a Zeus” de la Ilíada cuando Hera utiliza la seducción
matrimonial para distraerlo de la guerra.
Hesíodo la considera hija de Tetis y Océano. No tiene por sí misma una función
individualizada, pero todas las hijas de Océano, con Apolo y los Ríos “cuidan del hombre en su
juventud” (Teog.). En los Erga, Peithó adorna a Pandora con un bello y peligroso lazo de oro,
elemento tradicional de seducción erótica que utilizan también Afrodita, Helena y Harmonía.
Píndaro /fr.122, Snell) alude a la prostitución sagrada en el templo de Afrodita en
Corinto, las “servidoras de Peithó”.
En la poesía erótica aparece constantemente: Ibico, Safo, Píndaro, Alcmán, que le da un
sentido más general en las relaciones humanas.
A mitad del s V, la dimensión política de Peithó se volvió más importante. Heródoto la
identifica con un tipo de conducta política, el uso de la palabra o argumento como opuesto a la
compulsión.
Parménides, Empédocles y Demócrito la utilizan en su sentido retórico, En la comedia
también aparece en sentido más general, ya sea erótico, político o retórico.

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En las artes visuales Fidias coloca a Afrodita, Eros y Peithó en la base del trono de Zeus,
y aparece en numerosos vasos y ánforas.
2- Peithó secular
De las formas peítho, peíthomai y peithó, las formas verbales (peítho y peíthomai) son
más comunes que la nominal. Y de las formas verbales la voz media (peíthomai) más que la
activa. La voz media puede traducirse por obedecer, confiar o creer. Las tres acepciones tienen
en común la noción de aquiescencia con los deseos o las opiniones de otro. La voz activa que se
traduce por persuadir, puede ser entendida como “encontrar el modo de lograr que otro
obedezca”, es decir, lograr la aquiescencia sobre una acción o una creencia. Un buen ejemplo es
el final de la Orestíada, cuando el triunfo de Atenea sobre las Erinias está presentado como un
triunfo de Peithó. Atenea utiliza amenazas veladas, promesas, argumentos y otros recursos para
lograr esa aquiescencia.
La forma nominal pertenece al grupo de nombres terminados en  que en su origen eran
generalmente nombres propios que designaban una cualidad típica del carácter, como Argó,
Erató, Thaló, Kalisthó. Peithó es el nombre de “aquella que persuade”. Luego se extiende al
uso de apelativo para la conducta misma. Es importante destacar que la conexión entre peithó y
lenguaje no es forzosa, ya que la peithó opera también por otros medios, como regalos,
perfumes, sonrisas y engaños (Medea lo sabe bien). Peithó está presente en las relaciones entre
amantes.
Existen ocasiones en que peithó debe ser resistida. Afrodita tiene poder sobre todos,
excepto Atenea, Hestia o Artemis. En algunas circunstancias, un mortal puede resistirla (Odiseo/
Calipso 9,33.)
El amor es impuesto por peithó, y la víctima está bajo la influencia de algo tan poderoso
como cualquier bia (violencia) o ananke (necesidad).
El encuentro entre Odiseo y las Sirenas ilustra también el poder de la peithó erótica y su
oposición a bia. Ninguna decisión humana puede resistir a la seducción de las Sirenas: sólo la
fuerza. Odiseo se ata al mástil. El poder del amor es deleitable pero peligroso, ambigüedad
perfectamente capturada en la escena homérica. No se utiliza el término peithó sino otro
semánticamente cercano: thelgein (hechizar), palabra que aparece también en contextos
mágicos : Hermes, Circe, Calipso.
Gorgias aplica el término al efecto de las palabras en general, y al encantamiento
producido por la palabra.
El lenguaje es el principal medio de operación de la peithó, lo que resulta evidente en el s
V y IV. Los sofistas utilizaban y enseñaban la competencia en el arte de argumentar, el arte
retórica, par utilizar el poder de la palabra.
Gorgias es especialmente importante para nuestro tema y sus argumentos eran : 1- nada
existe. 2- si algo existiera no lo comprenderíamos. 3- si alguien pudiera comprenderlo, no podría
comunicarlo.
Para el filósofo Parménides (s VI a C), Peithó señalaba Verdad. Para los sofistas la
opinión (doxa) es lo supremo y no hay un criterio más alto por el cual pueda verificarse o
revertirse. El sofista-orador se adueña de todo el campo de la experiencia, ya que siendo
maestro en el arte de la persuasión privada y pública, puede influir en las opiniones. No existe un
conocimiento indudable y probado, que es el único que puede hacer frente a los ataques de la
peithó. Gorgias nos dejó el testimonio más radical de su confianza en el poder de la
palabra:”Logos es un señor poderosísimo. Con un cuerpo muy pequeño e invisible realiza los
actos más divinos: puede calmar el temor, aventar la pena, producir alegría, acrecentar la
compasión.” (Encomio, 8)

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El Gorgias de Platón coincide en esto con el propio sofista: “Según Gorgias el arte de la
persuasión sobrepasa en mucho a los demás y es en mucho el mejor, porque esclaviza todas las
cosas por sumisión voluntaria y no por la violencia.”
Sócrates y Platón dieron gran importancia a la peithó. Muchas veces en la oposición
bia / peithó, ya que el problema era cómo vivir y morir correctamente en la polis. En Las Leyes,
Platón sostiene que la conducta política debe basarse en la persuasión. La obligación de los
ciudadanos en la democracia ateniense es producir cambios sociales por medio de argumentos
razonables.
Según los sofistas Lisias e Isócrates, la posesión del discurso persuasivo es la base
necesaria sobre la que se asienta la vida humana civilizada. En términos de polaridad: hombres /
animales, griegos / bárbaros, atenienses / griegos, el foco de estas oposiciones se da entre peithó
/ bía.
En contra de Gorgias, Platón se opuso fuertemente a la excesiva valoración de la peithó,
porque la retórica de los sofistas- oradores puede ser considerada a-logos, irracional, porque
produce “creencia”, no “conocimiento”; la peithó ideal sería aquella cuyos argumentos dependen
de su relación con una verdad absoluta y universal. El orador debe poseer conocimiento de la
verdad.

III- Categorías y estructuras: la peithó en el pensamiento griego.

1- Peithó y bía
Para entender cómo estaba ubicada la peithó en el sistema de categorías a través de las
cuales los griegos percibían la experiencia, tomaremos la polaridad más importante, en la que
figura como opuesta a bía (fuerza, violencia)
Mientras peithó caracteriza la conducta en una comunidad civilizada, bía caracteriza la
conducta fuera de tal comunidad, sea geográfica o cronológicamente. Los griegos la utilizan, los
bárbaros no, o las comunidades pre-civilizadas no. Isócrates afirma que Atenas fue la primera
ciudad que estableció nomoi (leyes) y politeia (constitución política). Hay conexión entre nomoi
y peithó ; se da un fuerte paralelismo entre las oposiciones nomos / ausencia de nomos y
peithó / bía.
Así como la presencia de peithó, la de nomos separa los griegos de los bárbaros, y a los
hombres de los animales.
Un tercer aspecto de esta homología se relaciona con los tipos de organización política
de la polis. Una sociedad que opera sin los beneficios de la peithó, sufre la violencia de los
tiranos o de las mayorías dominantes.
Igualmente, una sociedad sin nomos sufre de un exceso de orden o de un orden
deficiente. La presencia de peithó y nomos permite vivir en una posición privilegiada intermedia
entre los dos extremos. Lisias dice:”Los hombres deberían tener nomos por rey, y logos por
guía.”
La falta de nomos equivale a la falta de dike, a estar fuera de la civilización, a conducirse
como animales y no como hombres. En Odisea, Polifemo no conoce las themistes (leyes de la
costumbre) y está fuera de la civilización.
Para Hesíodo, dike es lo que diferencia a los hombres de las bestias, como opuesto a bía.

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La ecuación proporcional peithó : bía : : hombres : bestias, es de hecho, un caso
especial de un rasgo más general del pensamiento griego, la idea de que el lenguaje es lo que
separa al hombre del animal. Aristóteles y muchos antes que él, (Sófocles, Eurípìdes,
Protágoras, Platón, Jenofonte), dijeron que el hombre se distingue del animal porque posee
logos. Sólo el hombre tiene el poder del discurso articulado y puede, por lo tanto, comunicar
valores morales, actuar políticamente, adquirir conocimientos, enseñar, persuadir. Muchas veces
aparecen en la poesía griega la equivalencia metafórica entre la palabra de los “bárbaros” y el
canto de los pájaros. Un griego no puede entender a un bárbaro, tal como un humano no puede
entender a un animal.
Así como un hombre es superior a un animal, un griego es superior a un bárbaro :
griegos : bárbaros : : hombres :bestias. Así como un hombre es superior a un animal, un griego
es superior a un bárbaro. Isócrates decía: “Filipo necesita peithó para tratar con los griegos,
pero bía para tratar con los bárbaros”.
Tendríamos así una tercera proporción:
griegos : bárbaros : : hombres : bestias : : peithó :bía
Una serie de polaridades pueden considerarse homólogas con peithó / bía :
peithó bía
civilizado incivilizado
dentro de la polis fuera de la polis
nomos ausencia de nomos
dike ausencia de dike
hombres animales
griegos bárbaros
Este no es un sistema mental rígido, sino que en diversos contextos los diversos
pensadores han enfatizado aspectos distintos de la oposición fundamental.

2- Peithó y dolos. Las ambigüedades de la persuasión.

Dolos (engaño) es otro concepto que se relaciona con peithó por oposición o
complementariedad. En el Himno a Hermes homérico se describe el robo del ganado de Apolo
por Hermes niño. Podemos destacar en él varios elementos: 1) La astucia de Hermes permite
que el más débil aventaje al más fuerte. 2) La cualidad que permite esta subversión del
ordenamiento normal de las relaciones de poder es la metis (astucia). 3) Se realiza de noche, lo
que la ubica fuera de las formas normales de actividad social que se realizan de día (cf. episodio
nocturno de Dolón en Ilíada X). 4) La noción de dolos está estrechamente relacionada con la de
apate (engaño) cuando Hermes despista con maña a sus posibles perseguidores.
Resulta claro que dolos es una forma subversiva de actividad. Se utiliza con frecuencia
cuando una persona desea obtener algo de otra superior en poder. Si el antagonista no puede ser
persuadido, y es superior en fuerza el único recurso que resta es el engaño. Por eso las mujeres
en el mito griego con frecuencia superan su inferioridad respecto a los hombres por medio del
engaño (Deyanira, Medea, Fedra, Hécabe, las Danaides, etc.). Dolos funciona como un reflejo
especular de bía; bía se impone sobre el inferior, dolos sobre el que es más poderoso.
La separación entre dolos y peithó es mucho más variable y ambigua que la que existe
entre peithó y bía. A veces se refieren a tipos excluyentes de conducta, pero a veces se
confunden. Como conductas opuestas las encontramos en Filoctetes de Sófocles, en la discusión
entre Odiseo y Neptólemo sobre cómo conducir a Filoctetes a Troya, por bía, dolos o peithó, o

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sea convenciéndolo. En Euménides de Esquilo Atenea propone a Peithó como presidente de la
escena, reemplazando en la discusión pública las múltiples formas de bía que aparecieron antes
en la trilogía y del dolos de Clitemnestra.
Íntima conexión entre peithó y dolos (peithó dolía) encontramos en el episodio hesiódico
de Pandora, y en el engaño de Zeus en Ilíada. En algunos contextos peithó, caracterizada por la
franqueza, es quien sostiene la legítima unión entre hombre y mujer, o entre ciudadanos en la
polis. Esta ambigüedad es uno de los rasgos fundamentales de la peithó.