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CUANTIFICANDO EL RIESGO DE ENDOCARDITIS INFECCIOSA EN

PACIENTES CON CARDIOPATÍAS PREDISPONENTES

Nos encontramos ante un estudio observacional que cuantifica los riesgos de desarrollar EI y muerte
durante un ingreso por EI en la población inglesa según diferentes condiciones cardiacas predisponentes.
Se confirma el alto riesgo de los pacientes con historia de EI previa o cirugía valvular, pero en cambio
muestra que los riesgos en otros grupos de pacientes pueden estar infravalorados o sobreestimados por
las guías actuales, cierta reclasificación puede ser apropiada a la luz de esta evidencia. Concretamente, los
riesgos de desarrollar EI o morir durante ingreso por EI en aquellos con anomalías congénitas de válvula
(actualmente riesgo moderado) fueron muy similares (con IC superpuestos) a los de varias condiciones de
"alto riesgo" (incluidos los pacientes con válvulas cardiacas protésicas, válvulas reparadas con material
protésico o cardiopatía congénita cianótica). Los riesgos solo son un poco más bajos en otras condiciones
de "riesgo moderado" (historia de fiebre reumática o valvulopatía no reumática) y que a su vez son más
altos que en pacientes con cardiopatía congénita completamente reparada con material protésico.

Las pautas actuales solo clasifican a las personas con cardiopatía congénita reparada con material protésico
como de "alto riesgo" durante los primeros 6 meses después de la cirugía. Sin embargo, los datos del estudio
muestran que el riesgo a 5 años EI o muerte relacionada en estos individuos fue persistentemente menor
que para todas las demás condiciones de riesgo alto o moderado. Por el contrario, estos riesgos
(particularmente morir durante un ingreso por EI) fueron más altos en pacientes reparados mediante
derivación o conducto. Destaca que el riesgo de EI fue significativamente mayor en pacientes con
miocardiopatía hipertrófica, sin aumento de mortalidad por EI no, al contrario que los pacientes con
dispositivos electrónicos implantables, que aunque el riesgo estaba solo ligeramente aumentado, era
significativamente mayor tanto para incidencia de EI como por muerte relacionada.

La gran proporción de personas con antecedentes de EI (21%), prótesis (24%), o válvulas cardiacas
reparadas (19%) que evolucionaron mal y murieron durante el ingreso incluso por EI no es sorprendente,
pero ha de resaltarse la proporción de pacientes con DEI que mueren tras desarrollar EI (30%). A esto se
suma el mal pronóstico de los pacientes, con AP de fiebre reumática (30%) o valvulopatía adquirida no
reumática (24%) que tiene un mal resultado y fallecen durante el ingreso por EI, que debería ser motivo de
preocupación. No ser etiquetado de "alto riesgo" podría dar lugar a un menor índice de sospecha y de
diagnóstico precoz de EI y una sensación inapropiada de que el tratamiento no necesita ser tan intenso
como para aquellos etiquetados de "alto riesgo", lo que lleva a diagnóstico tardío, tratamiento menos
efectivo y peores resultados.

Entre las posibles limitaciones se podría señalar que para identificar episodios de IE se utilizó la codificación
CIE-10 de episodios hospitalarios en lugar de datos individuales. Sin embargo, la codificación del diagnóstico
de alta de pacientes, que en el caso de Reino Unido se basa para la EI en los criterios de Duke, y por tanto
en los resultados de la ecocardiografía y hemocultivos (aunque estos los datos no se recolectasen
directamente). Un estudio reciente mostró que los casos de EI por criterios de Duke positivos se
identificaron con un 95% de sensibilidad y un 100% de especificidad usando similar metodología.

Otra posible limitación es la amplitud de algunas categorías utilizadas (como valvulopatía no reumática o
congénita), que podrían abarcar condiciones con un riesgo diferente de EI. No obstante, son las categorías
utilizadas actualmente en las guías de práctica clínica. Los datos de comorbilidad no se encontraban y no
pudieron reflejarse en el estudio (por ej. inmunosupresión, diabetes o enfermedad renal). Del mismo modo,
no se pudo evaluar el impacto de diferentes microorganismos causales en el resultado de EI. Por último, el
conjunto de datos solo registró muertes durante hospitalización por EI que, aunque siendo esta una medida
simple y efectiva para cuantificar mal resultado, no refleja las muertes tras el alta subestimando la
verdadera mortalidad por EI.

En conclusión, los datos del estudio sobre el riesgo de desarrollar o morir por EI según diferentes
predisponentes cardiológicos es importante para el pronóstico y asesoramiento del riesgo-beneficio de
nuestros pacientes. Las guías de estratificación de riesgo también son importantes para elevar nuestro nivel
de sospecha del diagnóstico de EI y para aconsejar estrategias de tratamiento y prevención (consejos sobre
higiene oral, cuidado dental, evitar uso de drogas intravenosas, piercing corporales, etc.).

El presente estudio cuantifica el riesgo de EI y sus consecuencias, según múltiples estados cardiológicos,
confirmando el alto riesgo de las personas con antecedentes previos de EI o cirugía valvular. También
confirma el alto riesgo de la mayoría de otras condiciones consideradas de "alto riesgo" por las guías
internacionales.

El riesgo de EI o muerte durante ingreso por EI de los pacientes con anomalías congénitas de válvula
(actualmente clasificada como “moderado riesgo” en las guías europeas) fue, sin embargo, similar a varias
condiciones de "alto riesgo", y el riesgo de otras condiciones de "riesgo moderado" fue solo un poco menor.
Por el contrario, los riesgos asociados con cardiopatías congénitas reparadas con material protésico
material (actualmente categorizado como de "alto riesgo" durante los primeros 6 meses tras la
intervención) fueron menores que para todas las condiciones de "riesgo moderado".

El estudio muestra también un riesgo 10 veces superior de EI o muerte por EI durante ingreso en pacientes
con dispositivos electrónicos implantables. Estos hallazgos sugieren la necesidad reevaluar la estratificación
del riesgo de endocarditis infecciosa en las diferentes afecciones cardiacas, así como proporciona datos
valiosos para los comités de las guías internacionales para próximas recomendaciones.

Daniel Alva Hernández