Vous êtes sur la page 1sur 5

INTRODUCCIÓN

En el ámbito de la historiografía de la neurología y las neurociencias, las historias de vida de los


neurólogos y los neurocientíficos son relevantes junto a otros géneros de la escritura histórica.
De hecho, la vida y el trabajo de médicos y científicos tradicionalmente ha sido un componente
importante de narrativas neurohistóricas, así como las colecciones biográficas/ autobiográficas
de neurólogos y neurocientíficos siguen siendo un campo del trabajo histórico. Incluso, algunas
monografías biográficas de esta temática suponen una gran contribución académica a la
historiografía de la neurología y a las neurociencias.

En la terminología de Rosner (1999) existen dos tipos de autores; médicos-historiadores e


historiadores-académicos, pese a que los primeros han sido los protagonistas de las
neurobiografías. Tradicionalmente, la historia de la medicina ha sido escrita
desde la perspectiva de los "Grandes Doctores", aunque necesariamente no toma la forma de
las colecciones de biografías de grandes doctores y científicos, como en el caso del enfoque
biográfico de Henry E. Sigerist de la historia de la medicina en Grosse Arzte (1932; Great
Doctors, 1933). De hecho, el neurólogo o neurocientífico individual generalmente se integra en
la narrativa histórica. Por ejemplo, la versión apliada de Lawrence McHenry's (1969) de la
History of Neurology de Fielding H. Garrison's, presenta una división según los períodos de
tiempo y las principales subdisciplinas neurológicas y una subdivisión en forma de sucesión
cronológica de neurocientíficos individuales y sus trabajos. El método de McHenry no es único,
ya que en la siguiente enumeración se muestran ejemplos similares; Russel DeJong A history
of American Neurology (1982), así como los dos libros Neurofisiólogos de Mary Brazier sobre
la historia de la neurofisiología, History of Neurophysiology in the 17th and 18th Centuries
(1984) and A History of Neurophysiology in the 19th Century (1988). A partir de Foundations
of Modern Neurology: A century of Progress (1994) el elemento biográfico es más
pronunciado, de manera que su autor (Robert Burns Aird) tiene el propósito explícito de dar
reconocimiento a los neurocientíficos nombrados. Sin embargo, los capítulos están
organizados según las subdisciplinas, además se componen por una serie de minibiografías con
una opinión muy subjetiva y un tanto isiosincrásicas. Las opiniones de este autor no suponen
necesariamente un agregado a la calidad histórica del texto. Inclusive, el enfoque individualista
de Aird a la historia de las neurociencias principalmente se centra en retratar a los autores tan
vívidamente como sea posible.

No todos los tratados históricos escritos por profesionales historiadores se centran en el


neurólogo individual o neurocientífico, como en el caso de Stanley Finger's Origins of
Neuroscience (1994), cuya organización es como un libro de texto sobre las funciones
específicas del sistema neural - `` Theories of Brain Function '', ` Olfaction '', `` The nature of
the memory trace '', etc. -donde cada función neuronal se trata cronológicamente, con poca
atención a la contribución del individuo. Sin embargo, el trabajo de Finger es la excepción ya
que en la última década la mayoría de los enfoques biográficos son producto de historiadores
académicos. Edwin Clarke y Stephen Jacyna en Nineteenth-Century Origins of Neuroscientific
Concepts (1987) presentan la ausencia casi completa de la información biográfica, por ejemplo
Gall aparece sin ningún detalle biográfico, como si únicamente fuera un conjunto de ideas y
conceptos puros. En esta línea se encuentra Medicine, Mind and Double Brain de Anne
Harrington (1987), un estudio del siglo XIX de las ideas sobre las implicaciones de la dualidad
del cerebro humano para la conciencia y la personalidad humana. Harrington de hecho une
los nombres de los orginadores de los conceptos neurológicos tratados en el libro, pero el
resto del contenido está descontextualizado. Asimismo, argumenta contra una tendencia
sociológicamente informada y fomenta el enfoque no individualista y biográfico. En cambio,
Mark Micale en Approaching Hysteria: Disease and Its Interpretations (1995) muestra
múltiples referencias al ámbito histórico y cultural de la década de 1990, como la historia
narrativa intelectual, la historia social y cultural, la historia de la mujer y la crítica literaria. Sin
embargo, es en conjunto silencioso sobre la posibilidad de la biografía como una estrategia de
investigación para entender el fenómeno de forma inminente.

Desde antiguo la tradición de escribir autobiografías científicas viene desde las reminiscencias
renacentistas de Hieronymus Cardano, De vita propria liber, así como las autobiografías de
científicos, ingenieros y médicos que florecieron en los siglos XIX y XX. Los Neurólogos y los
neurocientíficos no son una excepción: Santiago Ramón y Cajal's Recollections of My Life fue
publicada en 1937. Ramón y Cajal estableció un estándar, para el espesor de autobiografías
neurológicas. Por una parte, The Never-Ceasing Search de Frank Schmitt's (1990) ocupa más
de 400 páginas, y The Spice of Life (1993) por el ex presidente de la Federación Mundial de
Neurología, John Walton, supera las 600 páginas. Aparte del tamaño, las autobiografías son
una mezcla del género, ya que Walton parece estar más interesado en los detalles más
íntimos, que en su trabajo científico y médico. No obstante, a diferencia de The Spice of Life,
Chance and Design (1992) de Alan Hodgkin es una materia autobiográfica totalmente
diferente. La brevedad del relato, a pesar de que cuenta considerables detalles personales
junto con el contenido de su trabajo científico caracterizan la obra de Hodgkin. En cambio,
Walton se lee como un diario del día a día. En el contexto de la ciencia como una actividad
socialmente construida y culturalmente contingente, ambas obras no son relevantes desde un
punto de vista crítico. Obras como '' Double Helix de James Watson(1968) y `` The
intronspection of” de Françoise Jacob´s igualmente famosa a la Statue Interieure (1987),
presentan más interés, aunque la evaluación de autobiografías neurológicas es un asunto más
personal.

Durante todo el siglo XX se ha popularizado una colección de artículos autobiográficos, como el


primer volumen de A History of Psychology in Autobiography (1930). Las neurociencias
también han tenido su parte de colecciones. El 1975 el festschrift de Francis O. Schmitt era una
colección de artículos autobiográficos escritos por sus compañeros. Actualmente, The History
of Neuroscience in Autobiography (1996 ± 1998) de Squire es la empresa más ambiciosa, el
cual que presenta dos volúmenes donde ilustran un problema con las autobiografías de
muchos científicos, como los peores ejemplos de excesos autocomplacientes, falta de distancia
histórica y la creación de mitos. Las autobiografías científicas son notoriamente un género
problemático, tanto desde el punto de vista de la precisión histórica y como de los estándares
literarios.

Las biografías de los neurocientíficos vienen en todas las formas, desde obituarios en
periódicos y breves artículos sobre biografías en revistas académicas o colecciones biográficas
hasta monografías bien investigadas. En concreto, las biografías cortas vienen en muchas
formas, incluidas colecciones biográficas, un viejo género que se ha desarrollado a partir de los
diccionarios biográficos de los siglos decimoséptimo y XVIII. Un ejemplo de ello es The
Founders of Neurology, Lebensbilder, Grosse Nervenarzte o Nervenarzte: Biographien
(1998), entre otros. Otras colecciones se leen como una extensión de `` Who´s Who´s '', por
ejemplo The Founder of Child Neurology. Algunos ejemplos que puede sufrir el género
biográfico constituyen un delicado equilibrio entre literatura e historia, entre estilo,
composición y exactitud fáctica. Las biografías en general se supone que son una buena
literatura, escrito no solo para informar sino también para entretener al lector y presentarlo
con personalidades y eventos nuevos e interesantes. Por ejemplo, el `` neurólogo multinacional
'' Charles-E douard Brown-Sequard ha sido el tema perfecto de biografías para una historia
romántica sobre una vida errante, como su alma gemela, el médico francés Andre Role,
intentó transmitir en La vie etrange d'un grand savant: le professeur Brown-Sequard (1977).
Pero los objetivos de tal literatura son raros entre los neurobiógrafos- la vida de los neurólogos
y neurocirujanos en general escritos para otros , supuestamente más serios, son fines de
entretenimiento.

Actualmente, los historiadores de la ciencia coinciden en que la función principal de la


biografía monográfica es contribuir a una comprensión de la ciencia y la medicina en su
contexto cultural y social. Un ejemplo paradigmático es el estudio de Bonnie Ellen Blustein de
William Alexander Hammond. Blustein eligió a Hammond porque él era uno de los médicos
estadounidenses más conocidos en la segunda mitad del siglo XIX, y también porque él `` se
convirtió en un símbolo de un nuevo tipo médico, cuyo especialista en consultoría poseía la
habilidad práctica suscrita a la experiencia científica". La carrera de Hammond, agrega
Blustein, por lo tanto `` ayuda a ilustrar la transición de la medicina tradicional que él ha
aprendido como un estudiante a mediados del siglo XIX, a los logros dramáticos de la ciencia
médica en la que él creía con devoción, pero apenas ha vivido para ver ''. En el libro de la tesis,
Preserve Your Love for Science: Life of William A. Hammond, American Neurologist (1991),
concluye que la biografía `` es así la historia, no solo de la vida y el trabajo de un hombre, sino
del mundo médico que primero apoyó su ascenso a la altura de su profesión, y más tarde lo
envió a una oscuridad inmerecida". Esta es una biografía como ancilla historiae, es decir, para
el bien de la historiografía, una comprensión del género que era, y hasta cierto punto sigue
siendo, típico de la alma mater de Blustein en Filadelfia, una de las principales instituciones
detrás de la vuelta a una historiografía social y cultural de la ciencia y la medicina en la década
de 1970.

Esta visión de la biografía como ancilla historiae domina más o menos explícitamente la
historia académica actual del discurso de la ciencia y la medicina, mientras que Eulogy (``
buenas palabras '') y panegíricos (alabanza) de hecho no. Las prácticas Eulogistic y panegyrical
han permeado la escritura de la vida desde el amanecer del género en el período clásico
(Momigliano, 1993), pero se considera terriblemente anticuado por los historiadores
académicos de la medicina de hoy. Sin embargo, el género todavía se cultiva ampliamente
entre los historiadores-profesionales, aunque pocos lo harían tal vez lo admitiesen
abiertamente. Las metáforas y el, sin embargo, el fraseo es a menudo revelador. En su
Prefacio John Hughlings Jackson: Father of English Neurology (1998), Macdonald y Eileen
Critchley declara que `` cuando habla de los hombres del calibre de John Hughlings Jackson, es
fácil deslizarse en la hagiolatría, pero se dan cuenta que Jackson no es omnisciente aunque sea
un gigante. La historia escrita por Peter H. Schurr sobre el neurocirujano británico Geoffrey
Jefferson, So that was Life (1997), es un buen ejemplo de un panegírico moderno en la
biografía- como involuntariamente reflejada en la enumeración de Jefferson (indudablemente
bien merecido) títulos y premios en el subtítulo, A biography of Sir Geoffrey Jefferson Kt CBE
FRS MS FRCS. - y por lo tanto, en mi humilde opinión, no es `` digno de un lugar al lado de la
vida de Cushing. La vida de Cushing de Osler y Fulton como editor sugiere en la portada otro
motivo antiguo, y todavía común, para que escribir una biografía sea una conmemoración, el
deseo de rescatar a alguien del olvido. Usualmente, el objetivo conmemorativo es implícito,
como en el texto escrito por el neurólogo convertido en historiador Francis Schiller, en su
introducción a Paul Broca: Paul Broca: Founder of French Anthropology, Explorer of the Brain
(1979), otros trabajos más explícitos son el de U.J. McMahan, editor de Steve:
Remembrances of Stephen W. Kuffler (1990). McMahan es muy explícito sobre el objetivo
conmemorativo, pero sin embargo, él no discute la razón más profunda de por qué su tema
elegido debe ser recordado- como la mayoría de los otros escritores de biografías
conmemorativas hoy en día le deja al lector adivinar por qué es tan importante recordar a los
predecesores de la neurología y la neurociencia en todas. La conmemoración es un tema que
rara vez se refleja (Jordanova, 2000). A veces la conmemoración es llevada por un sentido de
orgullo nacionalista o profesional. Georges Guillain's J.-M. Charcot 1825-1893: sa vie, son uvre
(1955) no es solo elogioso, sino que también es llevado por un fuerte sentimiento nacionalista.
Independientemente del sentimiento nacionalista, Guillain alude a una importancia intelectual
y moral que apunta a otro uso más de temas biográficos, es decir, como modelos de conducta
para jóvenes científicos. Por ejemplo, según Benjamin White una biografía de Stanley Cobb era
necesaria debido a su amplitud de conocimiento y una visión poco común que llega a
trascender el limitado parroquialismo que caracteriza a las especialidades médicas actuales.
Por lo tanto, merece ser recordado como un modelo a seguir, ya que un libro sobre Stanley
Cobb puede demostrar el valor de los ocasionales hombres de la medicina renacentista. La
neurobiografía puede funcionar como una fuente de modelos profesionales.

La noción de biografía como vehículo para modelos de roles se da un paso más en Sherrington:
His Life and Thoughts (1979) de John Eccles, él mismo un aclamado neurocientífico e
historiador de neurología William C. Gibson. Sherrington es un modelo a seguir desde la ética
profesional, puesto que el trabajo del famoso neurofisiólogo `` se logró sin la competitividad
que amenaza a la comunidad científica hoy en día '', y su historia de vida puede por lo tanto
ser usada, ellos reclaman, como una directriz ética en el duro clima científico de hoy, donde el
éxito es medido por el tamaño de la ayuda de la subvención. En este sentido, otro autor que
sigue este modo a seguir desde la ética profesional, Samuel Smiles dice que él pidió prestada
su noción de biografía de la helenística del filósofo y escritor L. Mestrius Plutarco, quien pensó
que la descripción de las personalidades y los personajes de sus temas fueron mucho más
importantes que elogiar o recordar sus logros históricos. Sus biografías de griegos y estadistas
romanos, Bioi paralleloi (parallel lives; California. 100 CE), se escribieron para presentar a los
lectores (generalmente jóvenes que aspiraban a puestos en la administración imperial romana)
ejemplos morales de conducta. Al leer biografías, según el pensamiento Plutarco, el carácter
moral del lector puede ser cultivado y moldeado en la dirección de la virtud. Del mismo modo,
el siglo XIX de las biografías de Smile fueron escritas no solo para alabar y conmemorar a los
grandes hombres de la industrialización, sino sobre todo, para edificar al lector y construir sus
virtudes. Y la virtud podría ser mejor aprendida al observar los pequeños eventos de todos los
días de su vida. Desde un punto de vista plutarquiano, algunas vidas son de hecho más
interesantes que otras, ya que como Sir Francis Walshe señala, con referencia implícita a
Plutarco, los grandes logros neurológicos o neurocientíficos `` no componen la totalidad de una
vida completa plenamente vivida. Un ejemplo de ello es Hughlings Jackson que tocó la vida en
relativamente pocos puntos, a diferencia del carismático neurocirujano y neuroanatomista
Victor Horsley. Para Walshe, la neurobiografía se trata de carácter y personalidad, y una buena
biografía no puede ser sino la expresión de `` un trabajo de amor ''.

El enfoque plutarquiano de la neurobiografía también presenta peligros. El balance entre


orientación y eulogy-panegyric es muy estrecha, y solo algunos biógrafos lo dominan.
Desafortunadamente, Sherrington termina en un panegírico puro al afirmar que era `` un
erudito y un científico, un aventurero que busca la verdad y la belleza… En una cultura
escéptica moderna tardía, ¿quién creerá eso? Y, además, esto probablemente no sea lo que el
viejo Plutarco quiso decir después de todo. En el filólogo clásico Tim Duff (1999) en una
reciente lectura de Plutarco, el `` moralismo '' de estos retratos antiguos no es una simple
exposición de consejos o medidas cautelares que se aplicarán, sino un `` moralismo desafiante
'', un alimento para la reflexión y `` una especie de exploración suave de las realidades de la
vida humana y los dilemas morales '' (p. 68). Parallel Lives estaba más bien `` diseñada para
hacer que el lector se cuestione la moral nueva y sobre preguntas bastante desafiantes ''. Así
que el moralista ampuloso de la lectura de Smiles no es necesariamente de Plutarco. En lugar
de mirar a hombres al igual que Sherrington como `` una guía para quienes buscan el camino '',
un moderno tardío Plutarco preferiría escribir la vida de Sherrington y otros neurólogos o
neurocientíficos con el fin de provocar al lector (tal vez un joven, en ciernes neurocientífico)
para hacer sus propias preguntas sobre las dimensiones éticas de la ciencia: ¿cómo puedo
aprender lo que es bueno y lo que es una mala conducta en la ciencia? Lo que constituye, para
mí, una fuente de alimentación de la vida en el laboratorio científico?