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Etchevery plantea desde un inicio la importancia de una posición determinante en términos de carácter

evaluativo. De forma transversal, nos remarca como estas nos muestran una realidad que, con matices,
muestra un bosquejo del estado de la sociedad en ese momento y, a su vez, la madurez que se debe
poseer para afrontar los resultados obtenidos; desterrando al mismo tiempo, cualquier atisbo de
creencia con tintes políticos, destacando que es algo que va más allá, dándole el carácter derecho
humano, con todo lo que ello supone.

En varios momentos, el autor del artículo se toma su tiempo para dejar en claro que son las
herramientas básicas, los conceptos elementales los que sufren más en la escolaridad.

Estas deficiencias, que lamentablemente se han perpetuado a través de los años, han dejado a su paso
una disminución general en el rendimiento académico de los alumnos sin parecer importarle mucho a
una mayoría de la población.

A sí mismo, es muy denotar el marcado carácter critico en todas sus palabras. Pone la responsabilidad)
o, mejor dicho, la falta de ella) en las manos de los padres y tutores; que deliberadamente se alían con
sus hijos en pos de la búsqueda de la aprobación de la cursada, sin mediar palabra alguna en relación a
lo fundamental, a la que es la esencia misma de la educación, que es la enseñanza y el aprendizaje. Es
decir, que es de mayor importancia, el título que certifique un final positivo más que lo representa, el
alcanzar un punto donde hay consenso que esos conocimientos han sido incorporados al individuo.

Pensando en el futuro y en lo que abarca a los modelos internacionales, Etchevery propone una solución
al temor que existe de ser opacados o incluso de perder fuentes de empleo. Con todo esto en mente, se
basa en la idea de que los cambios venideros pueden modificarse el contexto en que se muevan las
siguientes generaciones, pero, aun con las facilidades de todos los avances tecnológicos, la
adaptabilidad de los educandos permitirá que tengan más posibilidades de no ser dejados atrás por un
mundo en constante cambio.

Aunque en lo personal discrepo que el humor social sea tan reacio a los cambios hasta tal punto de ser
un obstáculo para el mismo, si puedo decir que no ha permanecido como parte de los temas de mayor
importancia de las personas, sino que ha sido diezmada por temas más polémicos o alarmantes en la
inmediatez como la seguridad o la economía.

Por lo demás, concuerdo con la mayoría de argumentos que da en los temas que toca, en especial con la
idea de buscar consciencia de cómo nos encontramos ahora y pensar como queremos estar mañana.