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EL LIDERAZGO TRANSFORMADOR

Autor Dr. Martín Cañeque

INTRODUCCIÓN
Mucho se ha dicho ya sobre este tema tan importante para las Empresas de hoy. Se lo
ha analizado de distintas maneras, desde distintos ángulos, encarado hacia distintas
disciplinas.
Entonces por qué seguimos hablando solamente de carisma, conocimiento, visión,
proactividad, capacidad y tantas otras cosas que se han asociado al Liderazgo y no se
escucha decir nada acerca del amor a servir que hay que tener para conducir personas
hacia un destino incierto que las hará crecer.
Ese amor que hay que tener para hacer realidad los sueños, para vivir por los demás,
para trabajar compartiendo nuestros objetivos con otros, y por qué no por la
Empresa.
Hay líderes muy capaces, carismáticos, con objetivos muy claros y ese brillo en los
ojos que refleja riesgo, pero no son seguidos por los suyos. También los hay con un
estilo más autoritario, más posesivo, más controlador o más permisivo, pero en
ninguno de los casos son seguidos por los suyos, por lo menos con la firme convicción
de querer hacerlo, de desearlo en su interior.
Qué fue del amor que despertaba Gandhi, la admiración que infundía la Madre
Teresa, los grandes desafíos de San Martín o Alejandro Magno, y tantos otros que
supieron conquistar verdaderas masas de seguidores.
Será que hemos perdido la capacidad, el don, la magia de seducir a quienes nos
rodean? Que estamos más atentos de cuidar el “puesto” que a nuestra gente? Será
que las personas ya no quieren correr riesgos? Que no les creen? Que se ha vuelto más
fácil ser un Jefe autoritario que un verdadero Líder? Que muchas veces prefieren
mentir que decir la verdad?
Lamentablemente, la respuesta a estas preguntas sea afirmativa en la mayoría de las
Empresas de hoy. Ya no se encuentran Líderes con la facilidad que debería
encontrarse, sobre todo en la Crisis mundial que estamos viviendo.
Confirmación de esto, es lo que dicen los empleados de las empresas del unod entero
cuando se les pregunta por sus Jefes:
 No lo podemos seguir...
 No entendemos lo que dice...
 Todos los días cambia de opinión...
 No nos enseña nada...
 Nadie lo quiere...
 No le importa lo que nos pasa, cómo estamos...
 Dice siempre lo mismo...
 No sabemos cómo hacer lo que nos plantea...
 Le importa poco la Compañía... o el Equipo...
 Sólo piensa en él y en su futuro...
 Es muy diferente a nosotros...
 Los objetivos son demasiado ambiciosos...
 Nos da el trabajo pero no se despega de nosotros.
 Las cosas sólo se pueden hacer a “su” manera...
 Yo no lo puse ahí...es pariente de…
 Nunca tiene tiempo para escucharme...
 Tiene un discurso poco creíble...
 Sueña. Vuela. Confía demasiado, etc

Pero saben ellos que sus empleados piensan eso???....en la mayoría de los casos no. Y
esto es porque no se les pregunta, no se los tiene en cuenta, o el temor de alguno
ambos lados no posibilita que esto sanamente salga a la luz.
Este es uno de los errores más groseros que puede cometer un Líder: dejar de pensar
por un solo segundo de su vida, que la gente no es lo más importante de la Empresa,
lo que le da vida, lo que la hace crecer, superar obstáculos, generar nuevos desafíos.
¿Cómo sería una Empresa sin personas o un equipo sin participantes?

Probablemente lo mismo, para muchos que están tan concentrados en sus objetivos
que olvidan quiénes posibilitan alcanzarlos, hasta que se encuentren con que solos no
pueden llegar a anda y el precio que pagan muchas veces por intentarlo, cargándose
la Empresa al hombro, es muy alto.

LA TRANSFORMACIÓN TAN DESEADA

El Mundo vive un constante cambio que transforma muy rápidamente la forma de ver
las cosas, los gustos, las necesidades, las tendencias y las preferencias de los
consumidores. Para seguirlos, se necesitan equipos que se transformen a sí mismo de
manera constante, buscando aprovechar las ricas e innumerables oportunidades que
se presentan diariamente en los Mercados y sólo unos pocos aprovechan.
Estas transformaciones solo pueden ser generadas y conducidas por los Líderes,
logrando de los empleados una genuina voluntad de alcanzar objetivos cada vez más
desafiantes y exigentes que los conduzcan al éxito no sólo laboral sino al de su vida
diaria: el éxito de crecer, de superarse, de alcanzar nuevas metas.
Para transformar los equipos, los Líderes primero necesitan aprender a transformarse
a sí mismos y para ello, deben reconocer que no son perfectos y que no están por
encima de los demás sino que los conducen, o sea, por delante. Y eso no los hace
mejores personas, sino “diferentes”.
Es hora que los que han sido bendecidos con el “don” del Liderazgo lo comiencen a
utilizar para enseñar, para ayudar a los demás, para conducirlos hacia horizontes
consensuados, hacia tierras mejores y para ello sólo tienen un arma:
su capacidad de dar y recibir amor.

EL LIDERAZGO DEL SERVICIO

El servicio del que hablo, que tanto necesitan los empleados, no es más que pensar en
el otro, ponerse en su lugar, estar atento a qué necesitan, qué sienten, cuáles son los
deseos, los anhelos, las historias de aquellos que los siguen. Porque son personas, y
eso quiere decir que se mueven por deseos y necesidades y tienen objetivos
individuales que hay que hacer conjugar con los de la Compañía.
Las personas que los siguen, pasan más de la mitad de su día útil encerrados con
otros, y deben conformar un nuevo núcleo social que los proteja, los haga sentir
seguros, les provoque concurrir, les plantee desafíos lógicos y alcanzables que los
haga superarse día a día.
Estas personas de las que hablamos, necesitan Líderes, no Jefes y saben distinguir
muy bien la diferencia entre unos y otros. A la corta o a la larga lo terminan sabiendo
y es ahí cuando comienzan los problemas, cuando bajan los rendimientos, cuando
falta diálogo, información, cooperación y el Líder termina contratando los servicios de
un Consultor para que motive al equipo o le diga qué sucede con él.
La única manera de que esto no ocurra, es que el Líder conduzca al equipo, de
manera que ellos se sientan orgullosos de estar siendo conducidos por él. Tarea que le
llevará bastante tiempo y esfuerzo llevar a cabo al Líder.

COMPETENCIAS ESCENCIALES

Ser Líder no es fácil, ni es para cualquiera, ni siquiera se trata de aprender una


técnica o estilo que cualquiera de nosotros podría adquirir con unas cuantas horas de
Curso o algún asesoramiento personalizado o Coaching alguno.
Se ha instaurado últimamente en nuestra sociedad, el concepto de que cualquiera
puede llegar a ser líder y en algunos casos, que todos debemos serlo.
Hace un tiempo, una señora me preguntó en una Conferencia: cómo debían trabajar
los Líderes que no tenían gente a cargo. Mi asombro no fue menor, pero creo que hay
mucha gente que no ha entendido que un Líder es quien conduce un equipo,
cualquiera sea su actividad. Por ende, si no tenemos un equipo que conducir, no
podemos proclamarnos Líderes.
Un Líder debe venir, con un “chip” de fábrica que lo habilita para tomar el mando en
momentos claves y conducir gente hacia un destino concreto deseado por todos, pero
ignorado por muchos. Es un conjunto de habilidades con las que se nace y hay que ir
desarrollando con el tiempo.
Ese “chip” ya se ve cuando la persona es un niño. Sólo hace falta entrar a un aula del
jardín de infantes y gritar: Fuego, fuego!!!!. El Líder será el que en lugar de salir
corriendo, llorar o echarle la culpa a la maestra como todos los demás, se pone a
orinar sobre el fuego para apagarlo, como presencié en una situación real hace varios
años.
En este burdo pero claro ejemplo, se vislumbran ya, algunas características de la
personalidad que sólo se heredan o se adquieren en los primeros años de vida, como
son: la valentía, la creatividad, el interés por los demás, el compromiso con el resto
de los compañeros y un atractivo especial por los desafíos.

Para ser un Líder Empresarial eficiente, la persona debe adquirir ciertas habilidades
que serán indispensables para el éxito de su Misión:
1. Tener un buen nivel intelectual.
2. Saber trabajar eficientemente: logrando las metas en la menor cantidad de
tiempo y con la menor cantidad de recursos posibles.
3. Actitud Positiva frente a improvistos o problemas.
4. Creatividad y buen humor.
5. Respeto por sí mismo y por los demás.
6. Fijar Objetivos claros, compartidos y realizables.
7. Capacidad para Discernir.
8. Capacidad para Escuchar.
9. Autonomía e independencia.
10. Voluntad de aprender y crecer constantemente del entorno y de los miembros de
su equipo.
11. Poder contener emocionalmente a los demás.
12. Pensar en el bienestar común y las necesidades de todo el equipo.
13. La humildad necesaria para reconocer sus propios errores y la sabiduría para
aprender de ellos.
14. Planificar estratégicamente los distintos caminos posibles hacia el objetivo.
15. Reconocer y premiar los logros de sus empleados.
16. Resolver Creativamente los Conflictos.
17. Darle el poder necesario a los empleados para que decidan por ellos mismos lo
mejor para sus objetivos y los del Equipo.

DELEGAR PARA CRECER

Para los Líderes en general, todo el tema de la Delegación de tareas se reduce a la


cesión, por su parte, de una porción de su poder.
Esto suele ser así porque sienten que el otro no va a hacer las cosas como él, que no
tiene su capacidad, que no ve las cosas de la misma manera y para ellos tengo una
mala noticia.............es verdad!!!.
Lo que no entienden es que el otro es distinto y por ende, entiende y hace las cosas
de otra manera, pero eso no está mal y menos aún si pensamos en la cantidad de
tiempo que podría aprovechar el Líder para estar descubriendo nuevos horizontes en
lugar de estar “fiscalizando” lo que hacen los otros.
El año pasado tuve la oportunidad de conocer a un Líder de la Empresa Bridgestone-
Firestone con quien trabajé que no tenía miedo a ser superado, a aceptar las cosas de
otra manera, a consensuar con los demás y era más valorado y admirado por ello que
por su capacidad. La seguridad que él sentía en su equipo y en sí mismo era
transmitida a los demás, generando la “confianza” necesaria para que intercambiaran
conocimientos, se complementaran y sinergizaran sus capacidades.
El Líder no debe pretender que hagan las cosas como él, sino incitarlos a que las
hagan distintas, a que mejoren su idea, a que lo superen. Pero siempre cumpliendo
con el objetivo y parámetros que el Líder fijó para la tarea. Para esto, es
fundamental que el Líder dedique un rato todas las semanas a entrenar a sus
colaboradores en la Delegación.
FORMACIÓN DE EQUIPOS EFICIENTES

Por último, para transformar una Empresa, se deben transformar su Grupos de trabajo
en verdaderos Equipos Eficientes.
Sólo llegarán a serlo, si son conducidos a un Objetivo claro, alcanzable y bien
definido, dentro de una Misión corporativa creíble, respetada y valorada y una
Cultura de crecimiento y valoración del ser humano que los sostengan.
Pero para que las personas logren sus mejores rendimientos, además, deben sentirse
contenidos, apoyados y valorados.

Para la mejor construcción de los Equipos, los Líderes deben inculcar:


1. la Autoridad, como la influencia que ejerce sobre los demás miembros de su
equipo.
2. la Disciplina, pero la más difícil de estas, no la militar, ni la eclesiástica, ni la del
temor, la de enseñarle a los empleados a ser discípulos de sí mismos, a
comprometerse consigo mismos antes que con el otro, a cumplir con lo pactado.
3. el Respeto por sí mismos y por los demás, creando un ambiente de trabajo sin
malos tratos, ni jugadas engañosas.
4. la Sinceridad que sólo se logra propiciando la cultura de la libertad de expresión y
la falta de castigos.
5. la Autonomía en el trabajo de cada uno, teniendo siempre al Líder como soporte
de conocimiento y experiencia.
6. la Moral con la cual deben actuar los empleados en todo momento de su vida, no
sólo dentro de la Empresa, por lo que debe ser construida con ellos.
7. los Cambios de rumbo necesarios para que los empleados no se estanquen ni se
aburran.
8. la Ayuda, el Apoyo y a Comprensión entre todos los miembros del equipo.
9. la Motivación necesaria para que todos quieran poner todas sus energías en
cumplir los objetivos propuestos.
10. la Coherencia de los actos del Líder y de cada uno de los empleados en ese
orden.
11. la generación de Desafíos que apunten al crecimiento y superación constante del
equipo.
12. la Lealtad entre los empleados, hacia la Empresa y por último hacia él.
13. el Consenso en la toma de decisiones, dándole participación a todos por medio de
sus opiniones.
14. la generación de Críticas Constructivas que sirvan para detectar fallas y mejorar
rendimientos individuales y grupales.

Si se inculcan con verdadera actitud de servicio por el otro, estas características a los
empleados, si se piensa en ellos por sobre todas las cosas, si se los valora y tiene en
cuenta, si uno aprende a admitir que no es perfecto ni tiene la verdad, entonces se
lograrán las transformaciones verdaderamente importantes que exigen las empresas
de hoy.

Dr. Martín Cañeque


10/08/2011