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María lbresa Gonnález García

Corín Tellado
Medio siglo de noYela de Amor
(1946-1996)

COR¡N TELL#UDC)
Vátünlb
?drr"w.eh
PENTALFA EDICIONES
iluminan y profundizaciones que nos acercan a una vida dedicada a Presentación de 1a escritora Corín Tellado
la Literatura, pero también muy próxima ol corozón humano y a sus
secretos. Por eso, recomiendo a los lectores una visita abietta y sin
- prejuicios. Aquí encontrarán materia más que sobrada para el dis-
frute, y para la sorpresa.
Gracias, Corín, y enhorabuena, Mqtía Teresa.

ace unos años -muchos ya- recibí una corta procedente de Ma'
ríq Terese Go¡tzúlez, cutedratica del Instituto Doña Jintentr,
Vrc¡Nrs AI-vRr.sz ARECES en la cual me expresaLta su extrañezq por httber leído varios
Alcalde de Gijón libros referentes al paisanaje y al asturianismo en los cuales se cita-
bqn escritos asturianos y se olvidaban de una autora que llevaba en
el mercado desde el año 46, es decir, cincuentq qños de su vida, de-
dicada a lq literatura sin que al parecer, en su provincia, recordaran
su sacrificio y su dedicación a descubrir ese mundo maravilloso de la
imaginación. Me pedía una cita que concedí inmediatamente. De aque-
lla entrevista, larga y creatita, nació una amistad que cada día fué
aumentando debido al interés que María Teresa demostraba por el
compendig de mi obra. Me pidió permiso para estudiarla, por su-
puesto, s'e lo concedí muy honrada por el favor que me hacía. Ernpezó
llevando novelas de mi casa de diez en diez años, es decir, lq obra de
diez años que estudiaba minuciosamente. Nos veíamos con frecuen-
ciay al cabo de unos años, no sé cuántos pero sí muchos, nació el li-
bro Corin Tellado. Medio siglo de novela. Debo advertir que lo
leí con fruición, con un interés especial, porque no se refería a mi per-
sona, sino a la obra de cincuenta años que yo había realizado con
todo cariño, mejor o peor, pero evidentemente, con todo cqriño, de-
dicadq siempre al lector y buscando en mi mente aquello que yo su-
ponía gustaría al personal, a ese mundo heterogéneo y variopinto al
que iba dirigido, qunque yo nunca supe quiénes erqn concretqmente
mis lectores. Sé, sin embargo, que he entretenido a varias generacio-
nes, que seguramente no lo hice por entretener, y seamos honestos al
confesar la realidqd, lo hice sin duda porque es mi vocqción, porque
sigo en ella y wy a seguir el resto de mi vida y ojalá muera dictando
una" nueya" novela que será lq úhimq... Debo confesar que el libro de
María Teresa me ha complacido enteramente, no tengo tacha que po-
nerle, sqlvo agradecerle ese afán suyo de poner de relieve mi esfuerzo

I
F
l2 l\4aría Teresa González CorínTellodo, ntedio siglo de novela de amor (194ó-1996) 13

y mi dedicación a entretener. Debo confesqr también que me sqtisface Prólogo


enormemente que este libro lo prologue unq personq tan ponderada Las «novelas de amor» de CorínTellado
y diáfana como es don Gustqvo Bueno, un hombre al que siempre ad- desde la dialéctica ética-moral.
miré por su valentía y su profundo conocimiento de la literatura. La
cultura para este filósofo no tiene ocuhismo, pero tqmpoco él es opaco,
su brillantez me honra y por eso razón agradezco desde estas líneas
su generosidad ql darme un cierto valor que los demás siempre han
1. Las casi tres mil novelas que Corín Tellado, reeditó y vendió en de-
intentado quitarme. Puedo asegurar que en el futuro de mi vida, viva
cenas de millares de ejemplares durante los últimos cincuentq años (en
poco o viva mucho, siempre estaré inmensamente agradecida a Ma-
1989 se habían contabilizado 2.243) obligan a considerar a este cuerpo
ría Teresa, que ha hurgado seriamente en una labor de esfuerzo po-
niendo de relieve aquella faceta de Corín Tellado que nadie quiso to-
de novelas como una de lasinstituciones literarias más interesantes -por
cqr y es eyidente que de igual modo agradezco a don Gustavo Bueno no decir, la más interesante- del siglo que acqba. Institución, porque la
su gentileza. He de decir, por úhimo, que no sólo he leído yo el ori- cantidad desbordante de novelas efectivamente publicadas y vmdidas, en
ginal. No fiándome del todo de mí, como nunca me fié -porque soy España y América, principalmente, durante un interyalo de tiempo tan
insegura y he de confesarlo-, lo he dado a leer a personas lo bastante dilatado (el que tronscurre desde el fin de la Segunda Guerra Mundiql
cualificadas como pqrq considerar debidamente su opinión; ésta ha hasta nuestros días), convierten a la obra de Corín Tellado en una reali-
sido siempre y en todo momento aprobatoria, halagadora y sincera. dad que «está por encimau de cualquier conceptuación dqda a escala indi-
El libro original de María Teresa González es digno de figurar en el vidual y la definen como una realidad que hay que dibujar a escala social
cqmpo vasto de la literatura española, y no por ser yo como prota- e histórica (de hecho, alguna vez fue formulada la hipótesis de que el nom-
gonista, sino porque se pone de relieve, al fin, una labor de sacrificio bre «Corín.Tellado, podría ser el rótulo de un equipo de fabricantes de no-
creativo de cincuentq qños de una vida, sencilla y humilde. Desde aquí velas, algo así como elnombre nBourbaki' resuhó ser elrótulo de un equipo
agradezco a la autora y al prologador la ayuda que, quizá sin darse
de matemáticos que, hace ya también más de cincuenta años, transformó
cuentq, me han ofrecido.
el aspecto de las matemáticas tradicionales convirtiéndolas en lo que po-
pularmente se conoce como «matemáticas modemasr). Desde este punto
CoRÍN Tslu.»o
de vista resubq inadmisible la actitud de tantos y tantos «*íticos literq-
rios, que se creen con el derecho de considerar como «cdntidqd desprecia-
ble, a la asombrosa producción de Tellado. Estos críticos -que, en algunos
casos, que yo conozco, rozan la categoría de la debilidad mental- se en-
castilldn en la burda distinción entre cantidad y calidad: nla obra de Co-
rín Tellado es de baja calidad, (incluso se acogen a un «tecnicismo» prr
ducto de laperezaintelectual, el de ninfralituatura», como si ellos pudieran
decir en qué consiste la literatura excelente);,,por ello, no time nada de
extrdño que la cantidadpueda ser muy grandeu.
Ahorq bien, la oposición cantidad/calidad es ella misma una opo-
sición grosera, porque el término ncqlidad, es sumqmente confuso y aun
metafísico (como cuando qpqrece incluido en la célebre ley hegeliana
14 María Teresa González CorínTellado, medio siglo de novela de amor (194ó-199ó) 15

del «salto cuqlitativo» como resultado de una «transformación de la existir entre la estructura de sus noyelas (la estructura del ngénero no-
cqntidad en cualidad»). Y, si esto es qsí, tendremos que comenzar por velas de amor», como lo denomina Mqríq Teresa González, o nnovelas
prescindir del término ncqlidadr, de uso común en contextos tan peli- blancas, como pqrece preferir Corín Tellado) y la cantidad de modelos
grosos como «literqtura de alta cqlidad, o «literatura de baja cqlidqd, ofrecidos (sin contar con la cantidad, por decenas de miles, de los ejem-
(o bien nyida de alta calidad, y ovida de baja calidad, aunque sea al plares oclónicos» que muhiplican cada modelo).
parecer cuantitatiyamente muy aha, tanta. como la de los 4.000 mi- 2. El libro de María Teresa González que tengo el honor de prolo-
llones de hombres del segundo, tercero y cuarto mundo). nCalidadu sig- gar es un pdso absolutamente necesario en el proceso de análisis del nfe-
nifica muchas yeces, qunque confusa y oscurqmente, «estructura» (la nómeno editorial del siglor. Porque María Teresa González, prescin-
estructura, no sólo su calidad, de una sociedqd anónima es muy dis- diendo de consideraciones extraliterarias -no sólo de aquellas a las que
tinta cuando tiene 10.000 accionistas y cuando tiene uno solo, ql re- me he referido, de naturaleza gratuitamente valorativa («infralitera-
ducirse, por fallecimiento de los demás socios, a lq condición de nsocie- tura») sino q otras que no dejan tdmpoco de ser extraliterarias, pese a
dad unipersonalr); a veces, la misma. estructura formal se expresa en su tono a yeces laudatorio, al menos en el terreno de la psicología y de
diversas realizaciones materiales (Las Meninas, en copiqs, fotogra- la sociología barata: «literatura de evasión para tiempos reyuebos»- ha
fías, de diversos tamqños y texturas); realizaciones que pueden valo- ido al bulto, al cuerpo mismo de la obra y, sobre una muestrq signifi-
rarse, sin duda, según grados de calidad, pero como también pueden cativa de cien noyelas cuidadosamente seleccionadas, ha emprendido
yalorarse, según su ncalidadr, las estructuras mismas (y no su realiza- un «análisis estructural» con resuhados tangibles y esclarecedores.
ción) en relación con otras esffucturas. En resolución: se trata" de ad- Este análisis debía desplegarse en dos frentes: el que sigue lalínea
vertir que lq cantidad no está necesariamente desvinculada de la es- evolutiya ligada al orden cronológico de las partes del corpus consl-
trucfiiro (como si hubiese dc su meramultiplicacionrEetitiva, extmsi.onal, derado, y,el que sigue la línea arquitectónica ligada, sobre todo, a la
y además en proceso de degradación, de unq supuesta intensión in- «anq.tomía» misma de los argumentos. Ambas líneas son inseparables,
marcesible), si no que, en muchos casos, la cantidad está determinada porque si lq línea cronológica se otuviese sólo al orden de sucesión de
precisamente en función de la estructura -en una combinatoria de cua- las obrqs en el tiempo métrico nos pondría delante de una sucesión
tro términos la cantidad de combinaciones de estructurabinaria (que, amorfa «extraliterariar; y si la línea arquitectónica prescindiera del or-
a su vez, ya tiene ndturaleza cuantitativa) será mayor que la cantidad den evolutiyo nos sugeriría la idea de una estuctura invariable, rígida,
de combinaciones de estructura ternqria y ésta será también mayor que omegáricao, en sus manifestaciones, en lugar de sugerir la idea de una
la única combinación de estructura cuaternaria. estructurq dinámica que, por serlo, va realizándose en la variedad de
Y, en nuestro caso, diremos que la cantidad de noyelas consÜuidas sus especificaciones, en gran medída determinadas por el medio histó-
y aceptadas editorialmente (por tanto, por elpúblico) no tiene por qué rico y social. Un medio que no tendrá por qué ser considerado a priori
entenderse como un «dato extrqliterario», desvinculado a prioti de la como extraliterario, puesto que de él se nutre la morfología misma de
estructura del género mismo creado por Corín Tellado, o solamente vin- cada argumento y la de sus personajes. La idea de una obra literaria
culado a él por lavíanegativa que sigue el aquejado de perezaintelec- de calidad, pura, resubado de una creación poética ex nihilo, es sim-
tuql: «esta cantidad se debe ala ausencia de calidad, a su condición de plemente una idea metafísica.
infraliteratura». Y aun cabría añadir que el problema más importqnte, María Teresa González ha tenido el acierto de cortar «por lds juntu-
dentro de la teoría de lq noyela, que plantean las obras de Corín Te- ras naturqles» las épocas y etapas evolutivas de Corín Tellado; ha dado
llado es el problema de la determinación de la relación interna que pueda en el clavo al escoger, sin temor a que alguien pudiera reprocharle que
14 aríu'l-¿r¿sa C on:á I c:
CorínTellodo, ntedio siglo de noyelo de antor (1946-l99ó) t7
adoptaba criterbs extrariterarios,
el criterio de ras editoriares
a través de
lqs anles Corín Tellado
llegó hasta,u pflU*, un público ducción de Corín Tellado) y no está asociada en exclusiva a una de-
que, a st y?2,
realimmtó k morfología di ,u*o, terminada editorial. Por lo demás, cada una de estas épocas y etapas
prÁir¡*" con demanda efectiva.
No es éste, en efecto,
un criterio exiraliterario, porque queda caracterizada por rasgos diferenciales y pertinentes, en gran
el haho de que
Corín Tellado prefiriese siempre, medida determina.dos, a yeces, a trayés de la censura por el contexto
previamente un contrato.ed¡ior¡it,
para publicar, it o ,irr * ;*r;; social o político. Por ejemplo, en la primera época, sobre todo en sus
opo",
vas (del finis operantis) que pudieran
i
ras significaciones subjeti-
dos primeras etapas, no figurarán en los argumentos relaciones eró-
atribuírselel in r;;g"iír;;
objetivo, vinculado in
t;::;,!rT;;ff ticas pre-matrimoniales o extra-mqtrimoniales; en cambio estqs re-
Lanaturateza,o,,o,l,lu:lo'{ff
(no se contratabauna
obra de la que se;;;k"
:;iff *r:§;yfr
rEroducir d*mas
laciones comienzan a qparecer en la tercera etapa y, sobre todo, en la
segunda época. La primera novela larga publicada a final de lq se-
millares de ejmtplaru;.s.e contrataba dc gunda época, Lucha oculta conforma su espacio literario a partir
producir decenas de millares
rn sén ro ful qr, * rre:;;;;;_ de la morfología del ncapitalismo democrático, que
de ejempkis,
modclos); ni es un crite.rio ,*trníitnrrio
arao, i, p;,i ;i;;'; cada del gobierno socialista.
floreció en la dé-

dada (o que se consolida a üavés


q;;;*
edítoríar bien consori-
d, ,* En cuanto al análisis arquitectónico, Maríq.Teresa González logra
íAones) es decir, una institu_
ción como progruma y plan eütorial identificar los diferentes modelos de relaciones en torno a las cuales se
.que.asume lapubticación de obras
destinadas a ser vmdidas_1nliammte, tejen los qrgumentos de sus obras, qsí como también las características
porque (otra vez la distinción
entre er finis operantis der de cada época o etapa; también analizq la tipología de los personajes
editor y ¿ nrir of.rrnti, de
ra editoriar)
los interesx económicos_empresaria,les masculinos o femeninos, las profesiones que se les atribuyen (empresa-
sólo ,r r*ti^n mfunción de
d:,,anda social efectiva y, por tanto, una
ligada a lq esúuctura misma rios, arquitectos o arquitectas, cirujanos) y la panoplia de conceptos
génno. La círcunstancia de'que del
rn ,rrAZl ir"copion de obrqs esté psicológicos o físicos atibuidos por la novelista d sus personajes, así
atlado para fruir a través de una cal_
e&on¡ar'fuinuionat¡zoda (que es, como los recursos estilísticos empleados en cada caso. En particular,
misma, un componalte de la era
rcalidait, ,op* Lon¡or¡nar Corín Tellado nos es presentada, sin duda con razón, como una maes-
d* f k obras qw a mvf ar rao i *utt¡íAd *nfin
en algma me_
tra del diálogo. También subraya María Teresa González hasta qué
objetivo un carácrcr
o
a la actividaa a, tíortoro. podríamos punto los personajes de las novelas de Corín Tellado, salvo aquellos po-
-suprasubjetivo afirmar
que, por ello mismo, Ia ointercalqres» que están movidos por el odio o por el resentimiento,
autora (o el autor en su caso) queda cos
de su evmtuales cremcia.s subjetivas, Erexrvada» se mueyen por el amor, buscando la felicidad, q pesar de las dificulta-
líricas, o;eramente «expresivas»
(en el smtido de X. eiihler). y que deberán remontar. Sin embargo, ese amor
des que les salen al paso
Dktingue María fery,l Gonzalez que mueve a los personajes de Tellado no parece tanto un sentimiento
dw épocas: la pim*a, comprmdc
el intervalo 1946 a t956, psicológico cuanto un «destino» (sobre todo en la primera época) que
eye ar¡fWí""**n tres etapas Qa pri_
mera, de Ig46 a 1g64, asociaila¡e qrrastrd. q los personqjes «por encima de su yoluntad, (el proceso de
a ti eaio¡a|-Bruguera; la segunda,
dc 1gG4 a ISZS, es la etapa ile enamoramiento suele pasar inadtertido a sus protagonistqs; se mqni-
la editoríatt notUn; y la tercera,
1976 a lg86, conesponfle 4la de
vueha ¿e to iüt*¡A Bruguera, fiesta como una «turbación», o es revelado, cuando ya existe, por ter-
gada por sentencia judicial). obli_ ceras personas).
La segunda época, comprend.e
er intervqro r9g6 a 1996 (tímite
Por otrq pqrte, y a nuestro juicio, las líneas argumentales tejen,
del campo de qnálisis de esie casi inyqriqblemente, Jiguras «roses» o «blancasu, lo que no significa
libro, y ,, *olo oiguno límite
de la pro_
que todo esté predetermina"do nhacia lo mejorr, sino más bien que la
/E l4uríu Tcrtsu Gon:úlc:
Corín Tellado, medio siglo de novela de ontor ( 1946-199ó) 19
elección de
figuras con ofinal feriz, constituye un criterio serectivo
selección de la construcción d,e
qie la autora ,n prupr* a sí como algunos dicen) aunque el lenguoje psicológico pueda servir a la
¡nuncre co,ro en gcolnctr.ía mis¡tttt, a la
plana el gcótnetra pucda autora como mediador para describir otros omecanismos, que ella ha-
tcrio stlectivo de sc^ción lru.figurn, utilizar, ,or,n-rr¡_
bría certeramente determinado como constitutivos de una estructura
cics y varicdudes, a
,rin,rrgu,trur, ,n ,iiur;;;;; dramática (literaria) y que están siendo sobrentendidos por su termi-
¡tonuitricas.
firt rt, drtri,rrinu, ;r;i:,las caractcríst¡c{¡s r,.iqo_
La selección,liguras blar,.rrJ, ,r, conduce,
ele nología psicológica. Supuesta esta estructurq, como referencia, el len-
tttt género de motlelos.icleatei sín duda, tt
y no propirrrrrnr, t7 ,,eras nd.escripciones guaje psicológico nos permite, en gran medida, seguir sus lineamien-
tle la rea!idad entpíricu,.¡V, tos, pero sin que esto signifique que estqmos pmetrando en la naturaleza
,rr,nrr'r-ryrU'r',nr, u,t rctllismo
.fico, sitto il,ttt, u¡tu ctposición ,1, lr, fotográ_ efectiva de esa estructurq, porque ella es indeducible de la perspectiva
itrlividuos racionales "rnrrurtstllos» lrot los cuales los
pueclen otr.,r,r"rrl,-r¡i'perjuicio psicológica (podemos seguir, en grandes trechos, las trayectorias de cier-
de su destino,
la
felicidad' corín Tellado expresuba lu, tírlnlo{ tos objetos por las sombras que proyectan en una pantalla, pero el olen-
,orstitutivas de su crite_
rio selectivo en un lenguuj,i psicológico_p)roi*,ar¡ro, guaje de las sombras, sólo nos permitiría seguir a los objetos, supuesto
olo que pretende la
gente cs vivit' a trqvés de ra noveriro que ellos estén ya dados). Por eso, el lenguaje psicológico sólo nos apro-
ulidad. y las novclas
qrn io han podido
vivir en ra re-
tlue terminar xima a la perspectiva emic del qnálisis de unas situaciones operato-
felices»; o.b.ien: «es que si ex-
plico la vidu tal ,orrrot""" rias que requerirían (suponemos) un análisis etic de otro orden.
gusta' Dov at tector to que pide,
to que ctesea, t, q,, b;u::;:;:.'.':,*
Por nuestra parte, introduciríamos las coordenadas del materia-
3. t-o que ocurre ac,(tso es q_ue este Iismo filosófi.co y, en particular, las que tienen que ver con la distin-
lerryuaje psicológico es sólo un
yodo, ritil a efectos prácticos, áe pvciA¡,
i,rolrrr*rtura.lue'e resisre, ción entre ética y moral. Las normas éticas y las normas morales son
sin embargo, a ser reclucida inseparables, sin dudq. Pero son disociables, porque las normas éticas
o rro, t¿r,n¡norfr"rfrg,.^ tales
que desear, nlo que le gustaríar. pues, co¡¡to ulo
sin iuio, to grnre deseamuchas (aunque iólo puedan ejercer su influencia en individuos que, & su vez,
cosqs y muy diversas y están inmersos en un sistema de normas morales) mantienen un ritmo
a ra_gente re gustan *urhá
rentes. Luego a,quello que
*rr;;;;r-;i;;" propio, respecto del ritmo cqracterístico de las normas morales. En oca-
ofrece la návehsta, a medida
de gustos o de_
seos, nos permitirá determinar la estructura siones, las normqs éticas y las normas morqles son incompatibles y en-
de
,,,, ol rrr.ér. r.,
lrrrr,"r,la que va, dirigidas rr:::rt;;:';i:::;:t;! tran en conflicto: las normas éticas son aquellas que están tqlladas a
llado, cabría decir, se defi,e escala de sujetos corpóreos individuales (ethos = carácter individual) ,
por to, ,;;;;t;ri)rrnao, gustados que
mientras que las normas morales (mos : costumbre) son aquellas que
o
se les oftece; estos ntotlelos rr,
blico,,en-general, el que define
/r, qr, ¡ri';;;'; esepúblico y no el pú_
tr, ,r,rit"r'.'i,
huho, como nos re_
están talladas a escala de los sujetos operatorios en tanto son miem-
"
cuerda ltlaría Teresa González,.los bros de un grupo (una horda, una bqnda, una familia, una clase so-
J¡rrridos por Corín Te_
,|.*.n, ^oarU,
en gran meditla las cial). El principio de las normas étícas es el principio de la preserva-
1o,,,rr.ntaron cond.uítas de una importante
parte da jóvencs as,añolcs ar.h
los ción de lq vida corpórea de los individuos en cuqnto tales (no sólo del
porg,u:ro,"l), ,rrorrroron en
el código an,roso *oara s,tbe.teui,bri, ellos
,t ,;;; ego): el delito ético supremo es quitar la vida a otÍo o a uno mismo. El
blccer tuttt contunicación positit,tt
, identificurlo y esta_
,0, of ,r*o'ipuesto». principio de lqs normas morales es el de la preservación de la existen-
Por nuestra parte, deduciríamos cia del grupo en cuanto tal; y este principio moral conduce muchas ve-
de aquí qu, l, urtrurturtt
modelos en tonrc de los
a los cuales ,, ,on¡or*irr'tlr"nnudu, de Corí¡t .l-e- ces a violentar la norma ética fundomental, a saber, siempre que la mo-
llado tíene poco que yercon ral del grupo requiera el sacrificio de las inclinaciones o incluso de la
la psicoíogír';;r;;;, fton la *realid,aclu,
vida del sujeto corpóreo (pulchrum est pro patria mori).
)0 14 u t ío'l'c tc su Go t t:ú I c:
Crtrít¡ Tcllodo, ntctlio ti,qlo dc ttt¡,elu d¿ ont¡¡r U916 t99ó) 2t

Desde esta perspectiya efic acaso fuera posible concluir que los per- que la felicidad a la que aspiran los personajes de la unovela
blanca,
sonajes de la noyela de Corín TeIIado actúan en las situaciones «senc¡- no es tdrto el m*o sentin¡icnro subjetívo absftatto rle satisfacción
o
llas, en las cuaLes sus relaciones mutuas implican un conflicto entre complacencitt (que putliera ser producido por Lma droga
ettforizante)
ciertas normas éticas y ciertas normas morales, A saber: las normas cuanto el «se¡¡¡¡rr¡r,rro cle re.tlidatl,, que derivtl tlel aiuite practico
efcc_
éticas que tienen que yer con el ejercicio del amor físico (que no es re- tivo entre tn cierto ct¡orden ¿ltr inrrniduo.s corpóreos qre ia logrado'
su-
ducible al ejercicio puro del sexo, aunque sí incluye el contacto físico perar, mediante su rozón práctica, dercrmitadas connzdiccio¡res
nro-
entre los cuerpos: de hecho Corín Tellado, conto obserya María Teresa rttles. El sentimiento de
.felicittad firt spyi¡1, por ta,to, en la n¡tot,ekt
González, considera al beso como la expresión más característica del blanctt,, d.fin meranrcnfe eg6f5¡,¡ o nújativo cle los personajes, por
amor entre sus personajes) y las normas que establecen reglas limita- cuanto él ervtrclve ta
feticidact dc los indivicluos implicados en- la r'ela-
tivas o preceptivas de los contactos físícos entre los individuos, en fun- ción tunorosu. Es cierto que c-§f os intlivid,uos se reclucen sicmpre
tt rut
ción de los grupos a los que éstos pertenecen. Ahora bien, tanto las nor- círculo tle rqdio muy corto: tut círcrilo
fantíliar o tn círculo dr rr»rrgos,
ntas éticas como las normas morales son componentes de la realidad, rtlnrr si ese círculo fuese uquél en donde comienza y
acabe la feliciiatl.
pero n0 se reducen a |os procesos aún más primarios de la realidad vi- Pero se supone que los ucírculos de
felicidd, son rnúltiples ,n ,,no ,u_
viente o biológica (como pudiera serlo el ndestino genéticor) en cuyo es- c'iedad dada )¡ ss suponr ta¡nbitln que esa sociedsd pod,iá
estar uclistri_
pacio tiene lugar, npor encima de la voluntad de los personajes,, el de- buida' en ürrl.s ¿'i¡¡¡¡l¡¡5 (ttunque ro cierto ,,s qrrc erios, sarvo er cre
refe-
sencadenamíento de los prlcesos éticos del amor (uturbaciónr) y cuyo renc.itr, quedan fhera del lrcrizonte del relato
tle la unot,ela blanca",).
análisis, en términos fisiológicos, queda fuera del foco de atención de lncl.uso cabría sospechar si a ls nttturaleza cle cad¡ «círculo
de felici-
la noyela. Porque ésta se atiene estrictamente a ciertos arquetipos de ded" no le corresponde precisamente er montener cresdibujudos
r'os cre-
estructur a bioló gico-c orp ór e a (biotípo s anatómicos : espaldas anchas, más círculos y, en general, /as nonrrr¡s socir¡les o po!íticai
qtr- ¡tuedatt
atléticas, ojos azules...) o etológica, que se utilizan en la descripción actuar como un reJlejo de los demás círculos sobre aquéI que
se describe;
del ujuego, de las relaciones interindividuales. La perspectiva de Corín esro nos rtproxímu €stos «círculos de
lbticidad, (que constitnirían el ob-
Tellado no es, según esto, estrictamente naturalista, pero tampoco es
.jetivo de la uff¡gsno,rrrtría, de la nx6ys[e bla¡tca,) a los círculos que
la perspectiva del realismo fantástico, puesto que las normas éticas y inspiraron, en el mundo üntiguo, la llamacla nvitla epicúrea,,
especial-
morales no son simples ilusiones, sino componentes efectivos, y aun eto- nrcnte defendida contra todo tipo de incitación o tonnenta
procedertte
lógicos, de las conductas de los sujetos de una especie determinada. de la vida políticu o pública en general.
Las conductas de los personajes de la nnoyela blanca, parecen ser Los personajes de lLt unot,ela blanca,, soLtre todo
los ,héroes,. nrr._
analizadas o descritas como conductas propias de los indíviduos {lue, nifiestan con.frecuencia ww gren rebeldía hacia las convenciones ufor_
o
sometidos al udestino, -es decir, a impulsos o efectos (uflechazosr) que malidades socia/es, (cerentonins de borlq, por e.jemplo);
lo que no-sig_
no dependen de suvoluntady que tienen unafuente genética, sin duda- rtiJicrt que e/los no estén ¡tlonnwrt¿ irrn¡ersos e¡ Ii án$ito tle le nomúti;,a
comienzan a asumirlo como propio, en la medida en que pueda entrar de la sociedad comple.itt de la parte. Se comprenderá, por
t¡ue fornron
en conJlicto con el orden moral, gobernándose mediante una regla su- tanto, que, cuando /a-s nonnas sociales ca¡nbien, tanúién los persinu_
prema que se expresa como nbusca de la felicidad,. Y, sin embargo, esta ies de la «novela blanca, habrán de cambiar para adaptarse a las nuc_
regla que, por sí misma, podría ínterpretarse en el terreno puramente vas normas, sin que por ello la eficacia conformadora, respecto
cle las
subjetivo o egoísta, parece sobrentenderse como referída a un contexto conductas personales, de las normas morales, sea menor.
Desde este
ético y no meramente psicológico. En efecto, cabría acaso demostrar punto de vístq, la eyolución de la moral d,e los personaies
en de función
22 María Teresa Conziile: CorínTellatlo, nrcdio siglo de not'ela de antor (1946-1996) 23

las diferentes epocas (a mujer de la novelas referidas a la segunda época tructura dramática de una «novelablanca, cabe dentro de un opúsculo
es bien distinta de las protagonistas de épocos anteriores; las mujeres y su aumento ortificioso empañaría su propia estructura.
de la segunda época suelen ser jóvenes desinhibidas sexualmente («que Con todo, la acusación de simplicidad a la nnovela blqncau no iría
no tienen incoveniente en mantener relqciones prematrimonialesr) que más allá de lo que podría ir la acusqción de simplícidad en la trigono-
no equivaldría tqnto q una oliberación», por parte de la autora, de los metría. «Hay en el plano muchas más figuras que triángulos en sus di-
límites externos de la censura que le permitiero hacer jugor a sus per- ferentes especiesr. Sin duda, sólo que únicamente ateniéndonos a lq es-
sonajes con omás autenticidad». Los personajes se comportqrían en unos tructura de los triángulos podemos desarrollar la trigonometría. Y aún
casos y en los otros del mismo modo, como personajes que tienden a hay más: las figuras de los triángulos se mantiene incluso en las si-
adaptarse, al buscar su felicidad, a las condiciones de lqs normas so- tuaciones en los que ellos aparecen inscrítos o circunscritos en circun-
ciales vigentes (a percepción de las vigencias de estas normas como una ferencias o en elipses, o compuestos, de los modos más diferentes, en
censura extrínsecq, no dejaría de ser, por tonto, un sirnple efecto de polígonos. Así tqmbién, la estructura de los ncírculos epicúreos» se man-
perspectiva de una escritorq que, personalmente, se sentía ya liberada tiene en el ámbito de estructuras envolventes mucho más complejas,
de lqs normas de una época determinada, pero sabiendo que sus perso' como si estuvieran presentes en ellqs, aunque de un modo abstracto,
najes no podían estarlo). Se diría que CorínTellado no buscq construir constituyendo una «franja» de su realidad. En esto se diferencia tam-
personajes imaginarios, sino personajes «alustados al terrenoo, sin per- bién la nnovela blanca, de otros géneros literarios sencillos, como pueda
juicio de que este terreno no sea inmóvil, sino cambiante. Por ello, su serlo la nnoyela negra» o la novela policiaca. Los tableros en los cuales
nrealismou no hqbría que confundirlo con un «naturalismo» reduccio- se mueven sus respectivos personajes se nos darán mucho más locali-
nista, porque las normas éticas y las normas morales actúan como com- zados o circunscritos dentro de la sociedad global. Pero, en todo caso,
ponentes y motores de la misma realidad. No se tratq de construir pet- la supuesta simplicidad de la nnovela blanca, quedará desmentida por
sonajes descontextuqlizados, de hqcernliteraturtu; no se trata de dibujar la infinita riqueza de la combinqtoria de situaciones de conflicto entre
figuras en irreales, como pudieran serlo las escaleras de Es-
espacios la ética y la moral que el tablero contiene. Esa riqueza es la que se ma-
cher, sino de hacer topografía, es decir, de nanalizqr el terreno» trian' nifestaría en la cantidad ingente de modelos diferentes ofrecidos por
gulándolo y ateniéndose estrictamente a las reglas de la triangulación. Corín Tellado; diferencias que no excluyen la posibilidad de su rea-
Esta es acaso la razón principal por la cual la «novela blanca', de grupomiento en tipos distintos, como lo hace Marla Teresa González:
Corín Tellqdo puede parecer a algunos títicos como excesivamente sim- tampoco los infinitos modelos de jugadas distintas de ajedrez excluyen
ple y monótona. Es sólo un «efecto óptico, que resuba del contraste en- la posibilidad de su agrupamiento en diversos géneros o especies.

tre la nnovela blanca, y otras novelas en las cuales los personajes no 4. La riqueza combinatoria del tablero en el que se mueven los per-
son analizados únicamente como elementos de ese ocírculo de felicidadr, sonajes de la nnovela blanca, de Corín Tellado habría que vincularla,
sino como individuos que juegan en otros contextos (como ocurre, por cuando se la analiza desde categorías lógico-materiqles, a la estructura
ejemplo, con los personajes de La Montaia Mágica o en los de E s- distributiva de los ocírculos de felicidad, a los que venimos refiriéndola.
cuela de mandarines) . La relqtiva brevedad de las nnovelas blancasu Una distributividad que se constituye, desde luego, en un campo social
tendrá que ver también con la naturaleza de su estructurq dramática. heterogéneo más amplio en el cuql, sin duda, se concatenan histórica-
(Jna nnovela compleja», en la que, además de triángulos, hay círculos mente los diferentes sectores en ese campo incorporados.
y poliedros, requiere un amplio despliegue de los personajes, lo que se La desconexión del orden histórico de las concatenaciones que la
traduce en la exigencia de un volumen de muchas páginas; pero la es- distributividad de los ncírculos epicitreos» comporta suele ser percibida
María Teresa Con:ále: Corín Tellado, medio si,qlo de tu¡t,ala de an¡¡r (1916-1996) 25

por la crítica literaria la categoríq de la nintemporalidad». Los


desde minada: no en todas las sociedades hay ingenieros navales o empresa-
protagonistas de la novela de Corín Tellqdo -se dice- «son intempora- rios o cirujanos de corqzón. Lo que ocurre es que los personajes de la
les». Pero esto no es verdad. Es imposible, además, en general, q1úe un «novelq blqnca, se ajustan a estos arquetipos en la medida en que es-
personoje de novela, cualquiera que seq su género, esté situado fuera tos mismos se conciben de modo distributivo, es decir, en la medida en
del tiempo histórico, y sólo ocurrirá que el intervalo de ese tiempo pueda que qparecen desconectados de las referencias vinculadas a un orden
tener unalongitud diversa. Enparticular, los personajes de la «novela histórico -y cuando aparecenlas referencias, por ejemplo, al nGeneralr,
blancau, en la medida en que siempre están inmersos en un determi- yinculado históricqmente a un contenido ídiográfrco (el Valle de los
nado sistema de normas morales, vinculqdos a arquetipos personales, Caídos) este General o aquél Valle siguen desempeñando el papel de
habrán de estar siempre insertados en unq épocahistóricqy, por tanto, rótulos de situaciones distributivas: podría ser el general Batista o el
con unq localización geográfica precisa, sin perjuicio de su indetermi- general Trujillo, en relación con las respectitas obras públicas de ín-
nación sobre un mqpq 1/50.000: pongamos por caso, la posguerra de dole faraónica que tuvieron a bien a hacer como dictadores-. Los ar-
lq Guerra Civil española, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, quitectos o los ingenieros o los cirujanos de las novelas de Corín Te-
la «transición demorática, o la guerra del Golfo. La sociedad en cuyo llado figuran simplemente como tales arquitectos, ingenieros, üc., es
morco se delimítan los tableros blancos y los arquetipos de los perso- decir, como arquetipos nomotéticos; no figuran como creadores de una
najes que en ellos van a jugar es la sociedad burguesa industrial con- obrq histórica individuqles, idiográfica. Por consiguiente, los prota-
t a, c on imp or t ant e s r eli quias ar i s t o cr át ic qs. Lo s ar quetip o s
emp or áne gonistas podrán ser presentados como brillantes ingenieros, arquitec-
se extraen, en general, de las capos más distinguidas de esa sociedad tos o cirujanos, pero abstrayendo sus obras (sepukadqs en una especie
(cirujanos, arquitectos, ingenieros...), aunque también de capas me- de nprivacidad profesional, poco relevante para la acción dramática):
dias. Esta circunstancia podría ser interpretada como una limitación son individuos que realizan un arquetipo nomotético asociado a un
extrínseca, no exigida internamente por las posibilidades dramáticas valor en'la jerarquía, repetible en los diferentes círculos distributivos,
del tablero blanco. Pero en todo caso, «toda determinación es una ne- y esto es suficiente. En este sentido, no deberían ser llqmados nhéroesu
gación, y, además, hobría que plantear la cuestión (en la que aquí no (en el estricto sentido del término, que incluye, precisamente, el signi-
vqmos q entrar) de hasta qué punto las virtualidades drqmáticas de los ficado histórico de sus obras), qunque siguiendo la costumbre de los te-
ncírculos de felicidadu, de la misma manerd que se desvanecen al pasar óricos de la literatura se les aplique este nombre en virtud de una cierta
a sociedades o civilizaciones diferentes (por ejemplo, los conflictos mo- analogía, que distorsiona, sin embargo, profundamente sunaturaleza
rales impuestos por las normqs del matrimonio monógamo, al pasar a (Miguel Angel o Eiffel son nhéroes culturalesu, pero jamás podría con-
sociedades con poliginia o poliandria), no se desvanecerán tqmbién al siderarse tal al nbrillante arquitecto» o al «interesante ingeniero» que
pasar del sistema de arquetipos nburgueses, (arquitectos, ingenieros, interviene en el tablero de una «novela blancau).
abos ernpleados de banco...) a otros arquetipos, digamos, proletarios La estructurq dramática de unq novela blanca, en resolución, po-
(mecánico ajustador, qlbañil o picapedrero, cuando los había) o, si se
dría cifrarse enel juego que, al enfrentarse con las normqs morales,
prefiere, al pasar de personajes que se llaman Borja o se apellidan Pi- suscitq la. nética del qmoru que dirige a los individuos enmqrcados en
mentel, a personajes que se llaman José o se apellidan Pérez. ar quetip os profesionales (ar quitectos, ciruj anos...) per o t ambién en
En cualquier cdso, es evidente que los arquetipos personales a los arquetipos físicos o biotipos (atléticos, de anchas espaldas, alta tq-
que pertenecen los protagonistas de las novelas de Corín Tellado son lla...) y todos ellos movidos por un «destino» impersonal, que actúa
todos ello arquetipos que pertenecen a una época histórica bien deter- en ellos in medias res. En el análisis de estos iuegos dramáticos lo
Muríu Ttt tsLt Gou:últ,: Corít¡ Ttllutlt¡. rttt'tlio si.qlo dt not'clu tlt, utnrtr ( 191(t l9t)6)

esencial es lq, interyención de los arquetipos físicos o profesionqles en Corín Tellado habría descubierto lq clave de estos mecanismos tql
un contexto de normas mora.les. No es la voluntqd de los individuos como se desencqdenan en la representable en un tablero blanco;
franja
lo que pone en mqrcha el juego drqmático, sino el desencadenqmiento, y dueño soberana de esta clave la habría desplegqdo con toda precisión
al margen de la yoluntad de los personajes (nflechazos», nturbación») , en centenares ycentenares de modelos ofrecidos como guías o puntos
de unos mecanismos cuya naturalezq, con el nombre de «destino» o de referencia a una muchedumbre necesitada. Es lo que Corín Tellado
«ezar», se mantiene en la penumbra (no se desciende a la considera- declarabaen 1977, alarevista Interviú, y enlenguaje, desdeluego,
ción de qué tipo de feromonas intervienen en el efecto de turbación psicológico, según un texto que reproduce María Teresa González en
que ejerce sobre la joven protagonista el arquitecto de anchas espal- las primeras páginas de su magnífico libro: «Es que si explico la vida
das); lo que importa, para la construcción literaria., es seguir el curso tal como es, entonces no gusta. Doy al lector lo que pide, lo que desea,
de la adaptación de los personajes alas situaciones creadas, un curso lo que le gustaría. Si tú al personaje ma.sculino le pones que es mecá-
que cobra el aspecto de una secuencia de moyimientos que siguiera nico ajustador, entonces lq obra no gusta, porque precisamente, el no-
una suerte de «qutomatismo ético» que procede oracionalmente» bus- vio de la lectora es mecánico ajustador, y ella ya sqbe lo que da de sí
cando la mayor felicidad posible en el ámbito del círculo abstracto de su noyio. Tengo, por Io tanto, que echarle un poco de imaginación para
realidad en el que está enmarcado. proporcionar un poco de fantasía a la vidq de mis lectoras, que es un
Y esta sería lq razón por la cual las novelas de Corín Tellado de- poco aburrida y monótona. Yo trabajo para vender. He tratado de es-
sempeñaron, y siguen desempeñando, aún el papel que, en siglos ante- cribir de otra mqnera y he fracasado, no he tenido éxito. Mis novelqs
riores, desempeñqron las colecciones de casos de moral distribuidas ql son un tubo de escape de la rutina de la realidad.,
gran público a través de los confesores, a saber: el papel de guías éti-
cos y morales de gran parte de jóvenes y menos jóvenes pertenecientes
a capas medias (capaces de leer) de la sociedad industrial, en tqnto que Gusrnvo Bu¡No
y menos jóvenes se mueye uracionalmenteu buscando el as-
estos jóvenes
censo o aproximación a la capa inmediatamente superior a ellas (de la
que emanaría su felicidad). Cada novela de Corín Tellado equivaldría,
según eso, a uno de esos «ca.sos de morql, que los casuistqs, en unq. so-
ciedad analfabeta, proponían en colecciones (casus conscientiae) des-
tinados a confesores o jueces; sólo que mientras los casos de moral se
limitaban a introducir a sus personajes por sus nombres escuetos (Bert-
hina, Marius, Sylvia...) a fin de plantear el conflicto entre ellos, que
es aquello que itnportaba, en las «noyelas blancas, los nombres de los
personajes (que suelen, por cierto, ir con apellidos: Raquel Ortiz, Ca-
rolina Bretón, Leandro Hurtado...) se rellenarán con determinadqs ca-
racterísticas anqtómicas, psicológicas o sociales qrquetípicqs que, sin
embargo, no deben ocultar el hecho de que no son otra. cosa sino pre-
sentaciones de sujetos entrelazados en un tablero de juego y sometidos
al ritmo de los automatismos éticos y morales.