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MIGRACION DE VENEZOLANOS A PERÚ

Muchos se preguntan si, por aceptar que sigan entrando venezolanos a Perú como
una medida humanitaria, se están perjudicando a los ciudadanos de nuestro país.

“No estamos acostumbrados a recibir inmigrantes y eso es malo, al no tener


costumbre de recibir inmigrantes la xenofobia se instala entre nosotros, creemos que
los que vienen de afuera, nos viene a quitar al que tenemos y que no podemos
compartir”
Rosa Maria Palacios
Huir resulta ser la única solución para miles de venezolanos que se oponen al
régimen de Nicolás Maduro. Antes de arribar a Argentina, Brasil, Colombia, Chile o
Ecuador, numerosos venezolanos hacen escala en la capital peruana, donde las
recientes reformas migratorias facilitan su llegada. Según la Superintendencia
Nacional de Migraciones, más de 100 mil venezolanos encontraron en el Perú un lugar
para vivir. Esta ola migratoria pone a prueba la histórica fraternidad venezolano-
peruana.

La aprobación del Permiso Temporal de Permanencia para los refugios venezolanos a


principios de enero de 2017 regularizó la situación de miles de migrantes
venezolanos, que pueden ahora trabajar legalmente, abrir una cuenta bancaria o
alquilar un departamento durante un año en el Perú, antes de pedir el muy codiciado
Carnet de Extranjería o de mudarse a otro país.
Una situación de la cual se felicita Martha Fernández, directora ejecutiva de la ONG
venezolanos en el Perú: "Estos programas permiten disminuir el número de
trabajadores informales e impide que los empresarios se aprovechen de la situación
de los inmigrantes. La mayoría de los venezolanos que llegan al Perú tienen menos de
treinta años y el 60 por ciento de ellos son profesionales, muchas veces diplomados,
que trabajan en comercios, en restaurantes, para conseguir dinero lo más rápidamente
posible. (...) No se trata solamente de que el peruano acepte al venezolano, sino que
también el venezolano se integre". Perú y Venezuela comparten una larga historia
migratoria: más de 110 mil peruanos emigraron a Venezuela durante la dictadura
fujimorista, hoy la inmigración va en la dirección contraria.

Según datos de la Superintendencia Nacional de Migraciones, se calcula


que, hasta la fecha, hay unos 190.000 venezolanosen el Perú. De todos ellos,
más de 35.000 han recibido el permiso temporal de permanencia (PTP), lo
que les permite trabajar en forma legal. A la par que el resto se encuentra en
calidad de turista hasta regularizar su situación. Mientras, la gran mayoría se
dedica al comercio informal, por lo que se les puede ver en las esquinas y
subiendo a los autobuses para ofrecer diversidad de productos.
Ahora, la pregunta que se repite en las calles de Lima y de otras regiones del
país, es si la inmigración venezolana está quitando las vacantes de empleo a
los peruanos; y si además esta oferta laboral contribuye a reducir los sueldos
que pagan los empleadores.

-25 mil ya tienen el permiso temporal de permanencia


-Somos un país que exporta personas, se calcula que unos 3 millones de peruanoss
viven fuera de Perú entre América del Norte y Europa, pero no estamos
acostumbrados a recibir migrantes, creemos que recibir migrantes, significa que nos
van a quitar oportunidades. Si nos vamos a poner a criticar a los venezolanos ¿dónde
nos van a criticar a nosotros afuera?
-Venezuela fue un país que recibió peruanos en la década de los 70 debido a la crisis
económica.
-En todos los países del mundo podemos encontrar Venezolanos que tratan de tener
una mejor calidad de vida.
-El venezolano no está migrando porque quiere, sino porque necesita. En muchos
casos viene huyendo porque ni siquiera puede alimentarse.
-Otra de las críticas hacia la inmigración venezolana ha sido el presunto incremento de
informalidad laboral con el ingreso de los venezolanos.

-Vivimos en una sociedad de libre mercado, donde la gente tiene derecho a ofrecer su
mano de obra al precio que quiera, así como los empresarios tienen derecho a
contratar a quien más le convenga, no es culpa del Venezolano somos nosotros quien
decidimos a quien comprar.
-En el Perú hay 100 mil venezolanos, que representa el 0.5 por ciento, hay gente que
cree que sería conveniente dejar que el venezolano pueda ejercer su carrera
profesional, para que no compita con los ambulantes, pero sería lo mismo, ya que
competirían con los profesionales peruanos, pero acaso esto no sucede esto cuando
hay migrantes peruanos del interior del Perú van a Lima, no quitan oportunidades a los
ciudadanos limeños.
-Al Perú llegan venezolanos que en su mayoría tienen estudios profesionales, sería
interesante que pudieran ejercer ya que ayudarían a la producción y desarrollo del
Perú. En qué caso sería razonable estar en desacuerdo con la migración: Cuando los
emigrantes no trabajan y esperar vivir de la caridad y los beneficios del gobierno, pero
ese no es el caso, el gobierno no los mantiene, si un venezolano quiere comer, tiene
que producir y trabajar.
-Hay gente que se cuestiona si los extranjeros pagan impuestos.
Esto si se da, ya que cuando consumen en restaurante o supermercados o en
cualquier otro establecimiento y reciben una boleta, pagan impuestos ,pero cuando
venden sus productos de manera ambulatoria no pagan impuestos al igual que un
peruano que se dedica al impuesto ambulatorio, pero parcialmente estos si pagan
impuestos ya que si venden arepas , los insumos que utilizan , los compran y al recibir
una boleta pagan impuestos.
No generan desempleo

Por su parte, el director ejecutivo de Phase Consultores, Juan Carlos Odar,


señaló que la migración venezolana en el Perú no es la causa del aumento
del desempleo en el país, sino el menor crecimiento de nuestra economía.

“El problema de la crisis venezolana es que ha estado exportando trabajadores


a todo el mundo y nosotros estamos recibiéndolos, pero no es la causa o el
centro de nuestro problema”, manifestó en RPP Noticias.

Precisó que la fuerza laboral en el Perú, es decir los trabajadores


ocupados,suman unas 16 millones de personas, mientras que los
venezolanos que llegaron al país se estiman solo en 100 mil.

“Están ocupando labores probablemente de baja productividad en su gran


mayoría, se trata de vendedores, personas que tienen un puesto o un negocio
de venta de comida”, dijo.

Aceptan menos salario

Odar afirmó que tal vez en ese segmento haya alguna fuerza mayor de
trabajadores venezolanos que están entrando y están dispuestos a
aceptar un ingreso más bajo, “pero no es el núcleo del problema, el problema
es que esto ha ocurrido en un momento en que la economía ya venía creciendo
poco”.

“Diferente hubiera sido si es que esa crisis en Venezuela se hubiera dado


cuando nosotros estábamos creciendo a 6% o 7 % al año, cuando el
crecimiento del empleo también era mucho más rápido, y allí seguramente
nadie se hubiera quejado de este problema”, dijo.

Desempleo

Según Odar, lo que explica el incremento del desempleo a 8.1% entre enero y
marzo, la mayor tasa en los últimos seis años, es la suma de varios
trimestres consecutivos con una economía creciendo por debajo del
potencial, “y eso se ha reflejado en un empleo que también ha crecido muy
poco”.

¿Qué se necesita para generar más empleo? Para el economista, el


crecimiento del empleo debe estar sustentado en la parte no primaria, es decir
en comercio, servicios y construcción, “esto puede ser el motor para que se dé
una mejora en la contratación”.

En los próximos meses la situación del empleo podría mejorar, estimó Odar,
pues la inversión pública está ganando velocidad y el tema de las obras por los
Panamericanos y la reconstrucción del Norte tendrán efecto en el empleo
Efectos positivos

Ahora bien, los flujos migratorios también impactan positivamente sobre la


economía. Jaramillo destaca que más de la mitad de los venezolanos que viven
en el país tienen estudios técnicos o profesionales y pueden ser altamente
productivos a bajo costo.

“Eso es ciertamente positivo, necesitamos más profesionales en el Perú y una


característica de los migrantes es que vienen de una situación tan
desesperada, que tener un empleo y tener una remuneración que les permita
cubrir sus necesidades básicas, es una cosa por la cual están muy agradecidos
y es una oportunidad para la economía peruana”,

NO LES DEBEMOS TENER MIEDO

Para el especialista, la sociedad peruana no es xenófoba ni lo


está siendo. ¿Qué ocurre? Siente miedo a lo desconocido y a
lo que pueda suceder con el futuro de los venezolanos en el
Perú.

“Racionalmente, pensando en los fines de cada individuo,


muchos consideran que la migración es una amenaza a
nuestro trabajo y recae más en puestos de trabajo informal.
Pero no es así”, resalta.

“Si lo vemos desde un punto de vista irracional,


esta xenofobia no tiene sustento”, explicó Loyza a este diario
citando que “la xenofobia surge de un choque de civilizaciones
en la cual surge la necesidad de proteger lo tuyo. Nace cuando
existe una amenaza que puede desarticular tu historia, tus
costumbres, tu identidad”.

La influencia venezolana y los cambios en el Perú a largo plazo

Sin duda, la llegada de ciudadanos extranjeros representa un cambio para el


Perú, por lo que Samuel Escobar apunta que se dará “una mecánica social de
adaptación”. “Se va a enriquecer culturalmente el país con un aporte nuevo y,
posiblemente, con un cierto elemento de competencia que es parte del sistema
capitalista en el que vivimos. Si el otro trabaja mejor que tú, tú tienes que
aprender a trabajar mejor para poder competir”

Migrantes por elección y por obligación: el caso de Venezuela

Hoy, los ciudadanos venezolanos que radican fuera de su país lo hacen no por
una experiencia de turismo sino, en la mayoría de casos, como una huida ante
la situación que afrontan dado a su contexto político. “El migrante por elección
es generalmente de una clase social más alta, en el sentido de que ha
escogido ir a otro país y empezar otro futuro. En cambio, el que migra por
obligación no tiene tiempo de ahorrar, reunir dinero, arreglar todos sus papeles,
es una situación de mayor emergencia”, sostiene Escobar.

Reflexiones urgentes para peruanos preocupados por


la migración venezolana
Ideele, 19 de abril, 2018.- Arepas ‘calenticas’, tizana fresca en una
esquina, bombas que desfilan entre los autos detenidos por el tráfico
limeño, mientras cachapas, asado negro y pabellón criollo llegan a la mesa
de comensales peruanos, todo ello ofrecido con inusitada amabilidad por
chamos y chamas en distintas partes de nuestra ciudad –y ya en algunas
regiones del país–. Para algunos peruanos esta sería la estampa de la
convivencia que logran los venezolanos que han llegado en los últimos
años al Perú –para 2014 ingresaban anualmente unos 6 mil venezolanos,
a 2017 se superó los 12 mil, según cifras de la Superintendencia Nacional
de Migraciones–; para otros peruanos, sólo sería constatar una
amenaza: el Perú está volviéndose una República Bolivariana.
A lo largo del 2017 se ha constatado dos tendencias en la opinión pública
peruana. Por un lado, quienes respaldan la llegada de venezolanos y
aprueban las políticas implementadas por el Gobierno para la
incorporación formal de la población venezolana; y por otro lado, quienes
rechazan el aumento de inmigrantes venezolanos, que desaprueban que
el Gobierno esté dando facilidades a esta migración en desmedro de los
peruanos, y que asumen que están quitando puestos de trabajo e ingresos
mientras crece el aumento de ambulantes en las calles así como la
informalidad. No es de extrañar que a este grupo de peruanos se les
escuche respuestas en las cuales vinculan este “problema” con una
nacionalidad como origen de todos los males.
Según el informe de 2011 del Latinobarómetro(1), el 39% de peruanos
cree que es discriminado por su raza, cifra que nos sitúa como uno de
los países más discriminadores de América Latina, ocupando el sétimo
lugar de los 18 países estudiados de la región. En un país con altos índices
de discriminación étnica y racial –una encuesta del MINJUS de 2013 reveló
que 81% de los encuestados está de acuerdo en que la discriminación
ocurre todo el tiempo y nadie hace nada–, la xenofobia es la otra cara
de la moneda de este problema social, y queda evidente con la
llegada de más venezolanos. Ante la creciente tendencia de esta opinión
pública de rechazo a la migración venezolana se hace necesaria abordarla
y plantearle reflexiones para contrarrestarla.

¿Perú a la bolivariana?
En enero de 2017, la Superintendencia Nacional de
Migraciones(2) implementó una primera etapa de regularización
migratoria –que es formalizar la estadía de todo extranjero en suelo
nacional–, ya que el Gobierno del Perú observó un creciente ingreso de
migrantes – principalmente venezolanos – y que la medida de suspensión
de Venezuela del MERCOSUR del 1 de diciembre de 2016 exponía a esta
población a carecer de los beneficios de la Visa Mercosur(3) para una
estadía regular, por lo cual estableció a través del Decreto Supremo N°
001-2017-IN(4) se otorgase permanencia temporal para garantizar los
derechos de personas extranjeras madres/padres de hijos/as peruanos/as
menores de edad o hijos/as mayores con discapacidad permanente y el
DS N° 002-2017-IN(5) que hace extensivo esta permanencia temporal
para ciudadanos venezolanos que hayan ingresado legalmente al Perú
hasta el 2 de febrero de 2017.
Posteriormente, en julio de ese año mediante el DS Nº 023-2017-IN(6) se
aplicó la segunda etapa con la cual se amplió el beneficio para los
venezolanos que siguieron ingresando legalmente luego del 2 de febrero
hasta el 31 de julio. Estos decretos brindan una regulación migratoria
llamada Permiso Temporal de Permanencia (PTP), que es un
documento que acredita la situación migratoria regular y habilita al
beneficiario a desarrollar actividades bajo el marco de la legislación
peruana, como trabajar, estudiar, poner un negocio y tener un número de
Registro Único de Contribuyentes (RUC).
Esta serie de decretos supremos no brindan “facilidades” como se los
quiere hacer ver, sino todo lo contrario, es en estricto un cumplimiento y
reconocimiento de los derechos que todo migrante posee y es en esa
orientación que todo Estado debe salvaguardarlos. El Permiso Temporal
de Permanecía atiende a una población migrante, como la venezolana, en
situación de vulnerabilidad, que reconoce los motivos de fuerza mayor que
los hace migrar de su país de origen –no los anima motivos turísticos ni de
diversión–, que se adapta a la urgencia de esta migración por laborar para
sobrevivir y, a su vez, evita que esta población sucumba a condiciones de
ilegalidad favorables para la trata de personas, explotación laboral y/o
extorsión, pudiendo ello volverse un problema público para el
Estado, ¿quisiéramos exponerlos a ellos y a su vez crearnos un
problema mayor? Según cifras publicadas(7) por Migraciones se ha
regularizado con estos tres decretos supremos la estadía de 25 mil
venezolanos que ya cuentan con el PTP vigente por un año, de los cuales
el 12% son menores de edad que ahora pueden continuar sus estudios
escolares y acceder a servicios públicos.
Las cifras nos confirman que la población venezolana tiene la voluntad de
estar en condición de legalidad en el Perú, no ven atractivo quedarse en
la ilegalidad porque sus fines, en casi todos, es optar a una mejor calidad
de vida a la que tenían en Venezuela haciéndolo en términos
formales. Recientemente el Gobierno ha promulgado el Decreto
Supremo N° 001-2018-IN por el cual aprobó los nuevos lineamientos
para el otorgamiento del PTP por un año a venezolanos que
ingresaron desde el 1 de agosto de 2017 hasta el 31 de diciembre de
2018, pues desde agosto el ingreso de venezolanos ha quedado bajo
la calidad de turistas sin posibilidad de trabajar con legalidad.
Esta medida migratoria del PTP guarda consonancia con la política
exterior del Perú, la cual cuestiona al Gobierno de Venezuela en sus
actitudes hostiles para con su población y condena la ruptura del orden
democrático –en marzo de 2017 se retiró al Embajador de Perú en
Caracas y en agosto se expulsó al Embajador de Venezuela en Lima–, por
tanto, reconocer y apoyar los derechos de los venezolanos migrantes hace
congruente el discurso a nivel político con acciones a nivel
social. ¿Quisiéramos que el Perú solo asuma un discurso
cuestionador con el Gobierno de Venezuela sin apoyar a su
población? Además, cabe resaltar que los venezolanos en el Perú no
cuentan con el apoyo de su Embajada, según han declarado ante medios
de comunicación consideran que dicha institución mella sus derechos tales
como la solicitud de renovación de pasaportes o validar títulos
profesionales los cuales pueden tardar meses sin motivo lo cual perjudica
su estadía regular y que en vez de asumir su rol de brindar información y
asesoría migratoria asumen un rol político que los trata como “traidores a
la revolución bolivariana”.

Venezolano por nacimiento, migrante por derecho


Venezuela durante los siglos XIX y XX se caracterizó por ser un país
receptor de inmigrantes entre los que estuvieron peruanos que se
asentaron allá en las décadas de los setenta y ochenta, pero que en las
tres últimas décadas presenta un drástico cambio en su patrón migratorio,
para el investigador y sociólogo venezolano Tomás Páez a este cambio se
le puede denominar “la diáspora venezolana”(8), que es la salida
constante y creciente de venezolanos por factores endógenos que se
manifiestan es una crisis nacional como consecuencia del modelo político
y económico aplicado por el régimen de la Revolución Bolivariana. De la
investigación de Páez se puede afirmar que el perfil del emigrante es
profesional: el 90% tiene grado universitario, 40% una maestría, 12% un
doctorado; esto en Perú significa un 60% de profesionales del total de
migrantes según la ONG Unión Venezolana(9). En cifras extraoficiales,
para 2014 ya existiría más de un millón quinientos mil venezolanos en el
exterior, lo que representa el 5% de la población nacional (33
millones)(10).

El Perú, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en


su informe “Estadísticas de la Emigración Internacional de Peruanos
e Inmigración de Extranjeros – 2016”(11) publicado en 2017 se indica
que de acuerdo con la nacionalidad, el 13,4% son de Colombia, 10,2% de
España, 8,9% de Estados Unidos, 7,5% de Argentina, 6,6% de
Ecuador, 6,4% de Venezuela, entre otros más, da un total de extranjeros
residentes en nuestro país de 103 mil 854. Estas cifras nos permiten
conocer la dimensión de cada población migrante en nuestro territorio,
quitándole ese peso malintencionado que por estos días se viraliza contra
los venezolanos y que nos evidencia que somos país cada vez más
receptor de distintas nacionalidades. También se puede verificar que el
número de peruanos que salieron del país y no han retornado, hasta
diciembre 2016, ascendió a 2 millones 885 mil 787 personas, es decir, casi
el 9% de la población nacional. Según el país de residencia, al 2015, el
31% se encuentra en Estados Unidos, 14,3% España, 14,2% Argentina,
11,1% Chile, 9,9% Italia, 3,9% Japón, 3,3% Venezuela; y se estima que la
población peruana en Venezuela asciende a 150 mil que según nuestra
Embajada en Caracas en 2013 se tuvo que regularizar a 90 mil peruanos
que vivían ilegalmente. Según declaró el por entonces Embajador Luis
Raygada: “la mayoría de los inmigrantes peruanos residen en Caracas y
trabajan en el comercio informal, en la industria textil y en la
construcción”.(12)
Poner estos datos en perspectiva comparada nos permiten deshacer esa
falacia que nos impulsa a comentarios xenófobos y rechazo a la migración
venezolana, la data debería empatizarnos con esta y otras migraciones,
pues la población peruana también forma parte de este flujo migratorio
global. Vale decir que el proceso de Globalización no solo favorece la
apertura de mercados, la reducción de barreras para el traslado de
productos y divisas, sino también favorece el libre tránsito de las personas,
es decir, la migración. En ese sentido debemos entender que todo ser
humano tiene el derecho a migrar por las razones que considere
pertinentes y es obligación de todo Estado y sociedad reconocer dichos
derechos; todos somos migrantes ya dentro de nuestra ciudad o país, ya
saliendo a otros países o continentes. Que las banderas o nacionalidades
no sean muros que impidan el derecho al libre tránsito, y que la regulación
migratoria no camufle nuestra xenofobia. Por eso también hay que
deshilvanar los argumentos de aquellos que asumen ante esta migración
un discurso de reciprocidad, “el Perú le debe a Venezuela lo que ellos
hicieron por nosotros durante nuestra crisis”, pues olvidan que esto se trata
de un derecho humano y no de un trueque, no hay nada más humano que
migrar, ir a otro territorio porque en el tuyo la promesa de vida digna se ha
roto.

Buscando "permiso temporal de permanencia" para un sueño


Se afirma que el PTP estaría agravando la situación laboral de los
peruanos, y es todo lo contrario, permite más bien que los venezolanos
ingresen con legalidad al ámbito laboral y no se les vulnera por su
condición de extranjeros, es decir, entran a la competencia laboral en las
mismas condiciones legales que los nacionales. Sin embargo, lo que
sucede desde antes de esta inmigración es la precariedad laboral que
afecta indistintamente a peruanos como a venezolanos. También
ocurre que se emplea a trabajadores sin contrato y se los despide
arbitrariamente sin beneficios ni pagos, que en el caso de venezolanos se
ha tenido constancia de que denuncian a empleadores peruanos por
estafa al trabajar sin pagarles el salario acordado. Los venezolanos no son
los que “quitan trabajos a peruanos”, más bien, se trata de empresarios
peruanos que despiden o contratan preferentemente venezolanos para
reducir sus costos de planilla y por una la misma labor pagar menos, con
lo cual incurrían en faltas sancionables por la SUNAFIL. Además, al igual
que los peruanos, los venezolanos también optan por trabajos informales
y venta ambulatoria porque les permite tener ingresos inmediatos. Más
bien, todo esto debe recordarnos la tarea pendiente que tenemos en
materia de derechos laborales.
En abril de 2017, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) consideró como un “ejemplo para la región”(13) el decreto del
Gobierno de Perú que otorga el Permiso Temporal de Permanencia (PTP)
por ser la primera medida adoptada por un país para proteger y asegurar
los derechos de los migrantes de nacionalidad venezolana. En ese
sentido, Colombia, que tiene más de 470 mil venezolanos en su territorio,
implementó una medida similar al PTP, denominado Permiso Especial de
Permanencia (PEP) y a octubre pasado había otorgado 67 mil permisos,
según datos oficiales de Migración Colombia. La mayoría de los
venezolanos vienen por ruta terrestre –algunos sin sus familiares y con
pocos ahorros–, pasando legalmente por los controles migratorios en la
frontera donde se les registra su ingreso como turista con permanencia de
hasta 183 días, lo que les impide ser contratados cuando lo que les urge
en tener trabajo para enviar remesas a sus familiares para comida y
medicamentos. Por eso el PTP es lo que mejor se adapta a su urgente
condición, que es muy distinto a solicitar Asilo (protección política) o
Refugio (protección por persecución) que según Ley de Migraciones
reconoce estas dos condiciones como calidad humanitaria al migrante que
otorga el Estado Peruano para la protección de extranjeros en peligro en
cumplimiento del Derecho Internacional que estipula para cada uno los
requisitos en la Declaración 2312 sobre El Asilo Territorial (1967) y
Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951,
respectivamente. A lo cual la mayoría no cumple con eso requisitos. No
obstante, el PTP no se trata de una calidad migratoria, sino de un
permiso legal al migrante que se ciñe a fechas de ingreso al país y le
exige tras la renovación de este permiso estar calificado para postular a
una de las condiciones migratorias regulares sino pierde la legalidad de su
estadía. A esta conclusión llega el análisis que realiza el investigador del
Observatorio para los Derechos Humanos y los Migrantes
Forzados, Nicolas Parent:
“aunque se elogie a Perú por acoger a venezolanos, debemos
entender que el PTP no es un instrumento de protección que
garantice amplios derechos. Sobre el papel se trata solo de un
permiso de residencia que autoriza a los venezolanos a trabajar y a
estudiar allí durante el periodo de un año y, aunque puede ser
adecuado para algunos solicitantes, no lo es para quienes han huido
de su país porque han visto amenazadas sus vidas, su seguridad y
libertad. Por tanto, no deberíamos considerar el PTP de Perú como
una nueva norma de protección para los que huyen de la crisis, el
conflicto y la violencia en Latinoamérica, ya que corremos el riesgo
de propagar un discurso y unas prácticas basadas en la generosidad
y la buena voluntad en vez de basarnos en los derechos.”(14)
En esta migración de venezolanos al Perú también se ha tenido
conocimiento de peruanos retornados que fueron migrantes en la década
de los setenta y ochenta que hoy junto a sus hijos y/o nietos regresan al
país, la mayoría no fueron registrados en el Consulado peruano como hijo
de padres/madres peruanas con lo cual siendo migrantes venezolanos con
ascendencia peruana deben seguir los mismos procesos que un nacional
venezolano y optar por el PTP para permanecer en Perú, esto nos da
cuenta de que ambos grupos con estas características estarían siendo
vulnerados en sus derechos y al pendiente de una regulación que los
favorezca. La migración es, quizás, uno de los mayores retos del mundo
actual y el debate más cruel, no por las razones de quienes necesitan
migrar, sino por quienes imponen su inhumanidad a los migrantes a través
de leyes y razonamientos hostiles. Seamos más humanos.