Vous êtes sur la page 1sur 8

Gutiérrez Hernández Ashley.

311162819

Extraordinario
Martin Lutero

Las repercusiones sociales y políticas de la Reforma protestante

Hace 500 años ocurrieron transformaciones en el área germana que dejaron profundos surcos
en la historia mundial. Desde entonces existe en el cristianismo la división entre protestantes
y la Iglesia católica.

Innegablemente, la Reforma es uno de los sucesos más incisivos en la historia alemana,


europea y mundial. Marcó profundamente la identidad teológica, histórica, mental y política
de Alemania y Europa y de Occidente en general. Tuvo decisivas influencias sobre la lengua
alemana, la música y el arte, proporcionó importantes impulsos a la educación y creó bases
imprescindibles para la participación social y política, es decir, para el concepto del
ciudadano emancipado. Se desarrolló la libertad de conciencia del individuo, el idioma
alemán tal como lo conocemos hoy y la definición actual de profesión u oficio. Sin la
Reforma, el mundo se vería hoy muy diferente.

La senda de Lutero de monje agustino a descubridor de una libertad hacia la fe, sin
consideración de exigencias institucionales, lo convierte en el arquetipo existencial de todos
los caminos de liberación.

Pero ni la Reforma en general, ni la teología de Lutero en particular son vistas por


historiadores y teólogos como una mera historia de liberación. Puede partirse de que
resaltarán aquellos puntos de la historia de la Reforma que mal pueden celebrarse, desde los
escritos antijudíos de Lutero hasta las guerras religiosas.

En cuanto a la historia de las ideas, Lutero tuvo muchos antecesores, que habían formulado
ya sus pensamientos. Pero Lutero logró imponerlos, con valor y habilidad, con la atención
que atrajo hacia sus ideas en toda Europa, debido también a la revolución mediática que tuvo
el invento de la imprenta, y gracias a la situación política del momento.

La historia de la Reforma fue contradictoria en sí misma y, como todos los procesos


históricos, abierta: la Reforma no rompió con la Edad Media, sino que surgió de ella. El
Medioevo no fue “oscuro”, muchas ideas que hoy están consideradas modernas surgieron ya
entonces.

1
En ese sentido, la Reforma es una formulación más aguda de ideas medievales, no su
superación. Tampoco es una historia solo de Lutero. Lutero es una figura central, pero no la
única que marcó los tiempos tempranos de la Reforma.

Consecuentemente, el Medioevo debe ser entendido como una época de una enorme
variedad, lo mismo que la era de la Reforma misma fue también muy diversa. Ya el concepto
de “era de la Reforma” es equívoca: no solo fue la era de la Reforma, sino también la era del
Renacimiento. Entre los contemporáneos de Lutero se contaron asimismo otros
reformadores, como Ulrico Zuinglio y Juan Calvino, como lo indica incansablemente la
Iglesia Evangélica en Alemania, y personalidades del Renacimiento tales como el artista
Leonardo da Vinci y el historiador y teórico del Estado Nicolás Maquiavelo.

La fe apela a la subjetividad y a la interioridad

No hay que sorprenderse de que Lutero encontrara en las prácticas devocionales y rituales de
su tiempo, (las indulgencias, los sufragios, la limosna, la penitencia, la peregrinación), en el
culto católico y los mandamientos de la Iglesia, superpuestos y casi confundidos con la ley
de Dios, un residuo del legalismo religioso judío, tan propenso al fariseísmo moral; en suma,
la positivación de la libertad cristiana, con un regreso al espíritu de servidumbre.

Ya no valía la fides implícita del creyente ingenuo medieval, sino el acto personal de la fe,
de la sola fe, sin la mediación sacramental, magisterial y canónica, quebrantando así el orden
dogmático y jurisdiccional de la Iglesia. De ahí la tenacidad de Lutero en oponer la
experiencia de la fe o confianza en los méritos de Jesucristo al sistema positivizado de los
deberes religiosos, que hay que cumplir para ganar el reino de los cielos Tal como lo expresa
el historiador Wilhelm Dilthey, de abierta influencia protestante:

“La justificación por la fe, que Lutero experimentó en sí, era la experiencia personal del fiel
que se mantiene en la continuidad de la comunidad cristiana, que alcanza la certeza de la
gracia de Dios en el proceso personal de la fe, en la que se apropia de los méritos de Cristo
en virtud de la predestinación personal”.1

__________
1
Dilthey, W. Hombre y mundo en los siglos XVI y XVII, (2013), Madrid: Fondo de Cultura Económica,
p 66. 2
Esto supone una retracción del acto de fe a la soledad e interioridad de la conciencia,
rompiendo con toda exterioridad cúltica, simbólica y sacramental, y con toda forma de
mediación.

El hecho de la reforma apela a la libertad humana.

La interpretación agustiniana del pecado original, que ha dañado sustancialmente la


naturaleza humana, según Lutero, la hace incapaz de cualquier iniciativa, de índole racional
y moral, de cualquier colaboración en el proceso de la justificación. Solos quedan, frente a
frente, el pecado y la gracia, el primer Adán de la caída y el segundo Adán de la redención,
de modo que la libertad del cristiano se gana al precio de la renuncia a la libertad del hombre.
O dicho, en términos más suaves, la libertad del hombre justificado es la libertad en sí, pues
en el pecado solo hay servidumbre.

El objetivo es bien claro negar que el hombre sea sujeto capaz de libertad. Lutero otorga tanta
importancia a este tema a la negación de la libertad.

En efecto, decir que el libre arbitrio es una palabra vacía de contenido equivale a establecer
el fundamento intelectual de su teoría en torno a la justificación por la sola fe, de la
justificación absolutamente pasiva, de la justificación sin obras.

A pesar de que la negación de la libertad es tan importante para Lutero, y que tiene como
objetivo de estudio el libre arbitrio (la libertad), no encontramos en ella una definición de
qué se entiende por libertad.

Sin embrago, al describir la naturaleza de la libertad, Lutero no sólo ha prescindido de lo que


es su raíz, la inteligencia; sino que ha reducido este libre arbitrio a “jus utendi, faciendi,
omittendi pro libero arbitrio”, a derecho de usar, obrar u omitir conforme al libre capricho.

La libertad queda, pues, confundida con el dominio absoluto sobre las cosas inferiores, con
ese “jus utendi, fruendi et abutendi” con que se describía el dominio despótico y arbitrario
sobre las cosas materiales. Puede decirse que liberum arbitrium y arbitrariedad (capacidad
incontrolada de elegir) han quedado identificados. La libertad ya no es concebida como
cualidad del ser dotado de inteligencia y voluntad. Cualidad cuya finalidad es la perfección

3
de ese mismo ser, sino como algo cerrado en sí mismo, anárquico y ateleológico: mero
derecho de usar y de abusar sin referencia al orden del ser.

La puntualización que ha hecho Lutero: el hombre es libre, “aunque eso mismo esté regido
por el libre arbitrio de Dios solo, hacia donde a Él le plazca”, es decir, la libertad humana e
incluso en el pequeño espacio que Lutero le concede en este lugar es totalmente irrisoria;
Todo está sometido al dominio divino. Las únicas posibilidades de que el hombre obtenga
verdadero dominio sobre las cosas se encuentra en que Dios renuncie a su dominio, o en que
el hombre haga desaparecer a Dios.

La Nación alemana se fortalece contra la apropiación del Papado de las familias Borgia,
Medici, Della Rovere, Farnase

Durante la vida de Martín Lutero hubo varias personas que ocuparon el cargo de papa, a
saber: Alejandro VI (Rodrigo de Borja), Pío III (Francesco Todeschini Piccolomini), Julio II
(Giuliano della Rovere), León X (Giovanni di Lorenzo di Medici), Adriano VI (Adriaan
Floriszoon Boeyens), Clemente VII (Giulio di Giuliano di Medici) y Paulo III (Alessandro
Farnese). Además del cargo que ocuparon, ellos tienen en común vidas bastante polémicas y
haber sido blanco de las críticas directas e indirectas del Reformador.

El problema con Lutero es que las 95 tesis resumían de forma sencilla, profunda y pública
los cuestionamientos hacia el papado y también hacia la exitosa fórmula de recaudación de
fondos que se había implementado. Estos asuntos no pasaron desapercibidos para los lectores
de la época y fueron ciertamente uno de los motivos por los cuales fue llamado a dar cuentas
en los juicios (dietas) que se realizarían posteriormente.

El año de 1520 fue intenso para Lutero, pues las relaciones con la jerarquía eclesiástica de su
época se tensionaron gravemente, ya que se le acusó directamente de herejía con todo lo que
ello implicaba: excomunión, expulsión de la cristiandad y la siempre presente amenaza de
muerte. En ese contexto, escribe una carta al “Sumo Pontífice León X en el nombre de Cristo
Jesús, nuestro Señor”2, para aclarar que no eran ataques personales sino más bien hacia la
corrupción e inmoralidad instalada en la institución que el encabezaba.

4
Durante el desarrollo de la Reforma, Lutero llegó a considerar al papa no como cabeza de la
Iglesia, sino como enemigo de Dios: el Anticristo.

En “A la nobleza cristiana de la Nación alemana acerca del mejoramiento del estado


cristiano (1520)”, señala que “cuando el papa obra en contra de las Escrituras, estamos
obligados a acudir en ayuda de ellas, a vituperarlo y a compelerlo de acuerdo con las palabras
de Cristo”3.

“cuando el papa usara de la potestad para oponerse a la organización de un concilio libre con
el fin de impedir el mejoramiento de la iglesia, no debemos respetarlo a él ni a su poder. Y si
excomulgara y tronara, deberíamos desdeñar esto como el proceder de un hombre loco y,
confiando en Dios, excomulgarlo y acorralarlo por nuestra parte tanto como se pueda, pues
semejante poder temerario no es nada”4.

Hacia el final de sus días, ¿habrá cambiado en algo la opinión del Reformador con respecto
al papado? La respuesta es un rotundo no.

De hecho, su rechazo hacia dicha institución se hizo más profundo. Esto queda expresado en
el texto: “En contra el papado de Roma, fundado por el diablo”, que fue redactado entre
enero y febrero de 1545, a petición del príncipe elector de Sajonia, Juan Federico y como
respuesta a dos breves cartas papales que el papa Pablo III había dirigido al emperador Carlos
V, complementándolo con otro de ilustraciones satíricas llamado “Abbildung des Bapstum”
(Imagen del papado) publicado dos meses después, en mayo. Fiel a su estilo y al trabajo de
su vida califica al pontífice de su época como “Satanísimo Padre san Pablo III, como si fuera
un obispo de la iglesia romana”.

____________

2
Lutero, M. La cautividad babilónica de la iglesia. En: Lutero, M. (1967). Obras de Martín Lutero.
Buenos Aires: Editorial Paidós, p. 258-259.

3
Lutero, M. A la nobleza cristiana de la Nación alemana acerca del mejoramiento del estado
cristiano. En: Lutero, M. (1967). Obras de Martín Lutero. Buenos Aires: Editorial Paidós, p. 81.

4
Lutero, M. A la nobleza cristiana de la Nación alemana acerca del mejoramiento del estado
cristiano. En: Lutero, M. (1967). Obras de Martín Lutero. Buenos Aires: Editorial Paidós, p. 82

5
La lectura libre de la Biblia se ve fortalecida por la difusión de la imprenta

Un elemento central del rompecabezas es el papel de la tecnología emergente. Pocas décadas


antes de que Lutero elaborara su argumento, un fundidor alemán llamado Johannes
Gutenberg había inventado un nuevo sistema de impresión con tipos móviles, que permitía
la reproducción de la palabra escrita a más velocidad y menos costo que con el laborioso y
menos duradero método de los tipos tallados en madera.

La imprenta fue una tecnología revolucionaria y exponencial para la difusión de ideas. En


1455, la “biblia de Gutenberg” se imprimía a un ritmo de unas 200 páginas al día,
considerablemente más que las 30 al día que podía producir un copista bien entrenado. En
tiempos de Lutero, una sola imprenta ya podía imprimir unas 1.500 hojas diarias por una sola
cara. La mejora de la eficiencia de impresión, combinada con una gran disminución de costos,
llevó a que entre 1450 y 1500 creciera mucho el acceso a la palabra escrita (aunque se calcula
que solo un 6 % de la población sabía leer).

Lutero se dio cuenta enseguida del potencial de la imprenta para difundir su mensaje, y
terminó inventando nuevos modos de publicar, en forma concisa, clara y en alemán, el idioma
del pueblo. Pero es posible que el aporte personal más duradero de Lutero sea su traducción
de la Biblia del griego y el hebreo al alemán. Estaba decidido a “hablar como lo hace la
gente en el mercado”; y en las décadas que siguieron se imprimieron en Wittenberg más de
100.000 copias de la biblia de Lutero, contra solo 180 de la biblia en latín de Gutenberg.

La imprenta hizo mucho más accesible la controversia religiosa promovida por Lutero y
movilizó la revuelta contra la Iglesia. Una investigación del historiador de la economía Jared
Rubin indica que la mera presencia de una imprenta en una ciudad antes de 1500 aumentaba
en gran medida la probabilidad de que esa ciudad fuera protestante en 1530. Es decir, cuanto
más cerca vivía uno de una imprenta, más probable era que cambiara su modo de ver la
relación con la Iglesia (la institución más poderosa de aquel tiempo) y con Dios.

6
Volver a las fuentes para renovar la Iglesia y la vida civil

La doctrina de Lutero sobre la Iglesia de Cristo y los medios de gracia fue de la mayor
importancia en su actividad como reformador. En su opinión era la congregación de los fieles
quienes son santificados por los medios de gracia y deben ejercitarse en ellos continuamente
en nombre de Dios. En cuanto al estado moral del cristiano en este mundo, procedente de la
fe y del Espíritu Santo, Lutero sostuvo que ya compartía las bendiciones celestiales y estaba
exaltado por encima del mundo, sirviendo a Dios en las ordenanzas temporales y estados
ordenados por Dios y participando agradecidamente en las bendiciones temporales
otorgadas. Aunque tuvo un cálido interés en los problemas de la vida secular, civil y social
fue un reformador en este aspecto hasta donde Dios le daba importancia y con la debida
actitud de mente.

Si, finalmente, se pregunta de dónde obtuvo Lutero el fundamento de su creencia y doctrina,


la respuesta debe ser que siempre defendió la suprema autoridad de la Biblia contra las
pretensiones de la Iglesia católica. Esta fe está basada también en el testimonio interior que
el Espíritu de Dios da al creyente en el recto uso de la Escritura, no solamente sobre su
autoridad sino también sobre su contenido, por lo que consideró pertinente distinguir el alto
carácter y valor de los libros individuales incluidos en la Biblia, pero hizo una distinción
añadida entre declaraciones referidas a la revelación divina y las que aluden a asuntos
seculares.

7
Bibliografía

Dilthey, W. Hombre y mundo en los siglos XVI y XVII, (2013), Madrid: Fondo de Cultura
Económica.

Lutero, M. La cautividad babilónica de la iglesia. En: Lutero, M. (1967). Obras de Martín


Lutero. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Lutero, M. A la nobleza cristiana de la Nación alemana acerca del mejoramiento del estado
cristiano. En: Lutero, M. (1967). Obras de Martín Lutero. Buenos Aires: Editorial Paidós.