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DEMOCRACIA

COMO
FORMA
DE
GOBIERNO
EVELIN JANETH MONZON HERNANDEZ N.L 19
PAOLA ELIZABETH TERAN DOMINGUEZ N.L 30

2-L
¿QUE ES UN GOBIERNO DEMOCRATICO ? La
democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción
gubernativa por medio del sufragio y del control que ejerce sobre lo actuado por el
estado. El control sobre las decisiones políticas del gobierno es otorgado
constitucionalmente a los representantes elegidos de manera legítima. Los La
democracia como estilo de vida es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad
humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunida
CARACTERISTICAS DE LA
NORMAS
VALORES DE LA DEMOCRACIA
CONCLUCION
Es evidente que el siglo XX ha conocido un éxito sin precedentes de la
forma de gobierno democrático. Un éxito que puede medirse no tanto por el
grado de observación real de las reglas del juego democrático, sino por el
incuestionable triunfo de la legitimidad de esta forma de gobierno. Los desafíos
que ha conocido la democracia liberal hasta hace unas décadas, iban
acompañados de intentos de justificar la viabilidad y hasta la justicia de otros
modos de organizar la vida política. Hoy apenas es posible oír argumentos que
justifiquen su cuestionamiento

Como señala Dahl “a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el mundo
fue testigo de un cambio político extraordinario y sin precedentes. Todas las
principales alternativas a la democracia, o bien desaparecieron, o se
transformaron en residuos exóticos, o se retiraron de la palestra para encerrarse
en sus últimos baluartes”

Como podemos observar la democracia se ha ido extendiendo


paulatinamente por todo el planeta. Tras la segunda guerra mundial los países
derrotados fueron obligados por los vencedores a adoptar formas de gobierno
democrático.

Tras la descolonización la mayoría de los países de África y Asia adoptaron


constituciones copiadas de los países colonizadores. Pero lo cierto es que la falta
de estructuras adecuadas para la prevalencia real de las instituciones
democráticas. Por ello en realidad estos países se regían con sistemas de partido
único o autoritarios. Otros países que se vieron llevados por la oleada
democrática fueron los Latinoamericanos, pero tampoco en este caso los sistemas
democráticos fueron duraderos, y pronto se vieron avocados a gobiernos
autoritarios, en muchos casos gobiernos militares y en otros dictaduras civiles
apoyadas por los militares.

En la zona europea que estaba bajo la influencia de la Unión Soviética al


acabar la segunda guerra mundial se desarrollaron regímenes totalitarios, de
economía estatal e ideología marxista, en la mayor parte de los casos impuestos
por las tropas de ocupación soviéticas
En Europa España y Portugal se encontraban bajo regímenes dictatoriales;
Grecia mantuvo una débil democracia que fue suprimida tras el golpe militar de
1967.

En 1974 se inició la tercera ola democratizadora y de forma casi simultánea


Portugal, Grecia y España implantaron regímenes democráticos. En la segunda
mitad de los setenta y a lo largo de los ochenta esta ola se extendió a los países de
América Latina, y a varios países de África y Asia. En 1989 la crisis de los países
del bloque comunista europeo se tradujo en el desmantelamiento de sus
estructuras políticas y del monopolio del partido único que fue sustituido por
democracias pluralistas.

Es muy importante tener claro cuales son los rasgos que distinguen a un
auténtico régimen democrático de aquél que no los es. Por ello es básica la
aportación de Dahl que nos define en su libro “Poliarquía” que rasgos debe
poseer una auténtica democracia. Estos rasgos son los siguientes: la libertad de
expresión, de asociación y de voto están garantizados; existen fuentes
alternativas de información, los cargos públicos son elegidos, y los grupos
políticos y los lideres pueden competir para conseguir el apoyo de la población
en elecciones libre e imparciales. Asímismo en su libro “La democracia una guía
para los ciudadanos” Dahl establece cinco criterios de igualdad que deben ser
satisfechos: Participación efectiva: antes de que se adopte una política por la
asociación, todos los miembros deben tener oportunidades iguales y efectivas
para hacer que sus puntos de vista sobre como haya de ser la política sean
conocidos por otros miembros; igualdad de votos: Cuando llegue el momento en
el que sea adoptada finalmente la decisión sobre la política, todo miembro debe
tener una igual y efectiva oportunidad de votar, y todos los votos deben contarse
como iguales; Compresión ilustrada: Dentro de los límites razonables en lo
relativo al tiempo, todo miembro debe tener oportunidades iguales y efectivas
para instruirse sobre las políticas alternativas relevantes y sus consecuencias
posibles; Control de la agenda: los miembros deben tener la oportunidad
exclusiva cómo y, si así lo eligen, que los asuntos deben ser incorporados a la
agenda. De esta forma, el proceso democrático exigido por los tres criterios
precedentes no se cierra nunca. Las políticas de la asociación están siempre
abiertas a cambios introducidos por sus miembros, si éstas así lo deciden;
Inclusión de los adultos: Todo, al menos, la mayoría de los adultos que son
residentes permanentes, deben tener los plenos derechos de ciudadanía que están
implícitos en los cuatro criterios.
Toda esta extensión de las democracias no nos pueden llevar a pensar que
la democracia a ganado la batalla contra la antidemocracia, ya que estos
continúan existiendo, y en muchas ocasiones están unidos al fundamentalismo
religioso y nacionalista.

El mismo hecho de que la democracia sea el régimen político más tolerante


la hace también el más frágil, por ello los ciudadanos debemos cuidarla puesto
que es muy fácil para sus enemigos acabar con ella.

Hasta bien entrado el siglo pasado el término “democracia” se asociaba a


una forma de gobierno en el que las decisiones colectivas eran tomadas por unas
masa desinformadas, manipulables y exentas de una responsabilidad sobre las
decisiones que tomaban. En términos generales “democracia” era un término
contrapuesto a libertad responsable y argumentación razonada. Esta valoración
negativa puede resultar sorprendente en la actualidad, Hoy sin embargo tiene un
sentido positivo y legitimador. Prácticamente todas las ideologías actuales se
autodenominan democráticas, con independencia de las grandes diferencias que a
veces se dan entre las mismas.

Salvo en contadas excepciones después de la experiencia griega, la


democracia no volvió a presentarse como un modelo conveniente de
organización política hasta bien entrado el siglo XVIII. Sobre el origen de la
democracia Dahl señala que proviene de algunas sociedades primitivas. Pero no
será hasta el 500 AC, cuando se vuelvan a dar las condiciones favorables para
que se desarrolle la democracia. En Grecia y Roma, en torno al 500 AC se
establecen sistemas de gobierno que permitieron la participación popular de un
sustancial número de ciudadanos.

Pero no nos encontramos aún ante la democracia moderna. De este modo


podemos señalar que aunque la democracia, en su sentido más general, es
antigua, el tipo de Democracia al que Dahl se refiere en su libro “La democracia
una guía para los ciudadanos”se desarrolló en el siglo XX.

Hasta el siglo XX la mayor parte del mundo proclamaba la superioridad de


los sistemas no democráticos, tanto en la teoría como en la práctica. Hasta muy
recientemente, una mayoría preponderante de seres humanos han estados
sometidos a gobernantes no democráticos. Los lideres de los países no
democráticos han justificado su dominación invocando la antigua y persistente
pretensión de que las personas son incapaces de participar en el gobierno de un
Estado, por ello sería mejor para ellos confiar la tarea de gobierno a otros. Pero
este argumento casi nunca era suficiente y había que recurrir también a la
coerción.

Esta enorme expansión de la democracia nos hace preguntarnos qué


ventajas tiene la democracia frente a otras formas de gobierno: La democracia
ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados: el proceso
democrático tenderá a producir menos daño a los intereses y derechos de sus
ciudadanos que cualquier otra alternativa no democrática; La democracia
garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los
gobiernos no democráticos no garantizan ni pueden garantizar; La democracia
asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier
alternativa factible a la misma; La democracia ayuda a las personas a proteger
sus propios intereses fundamentales; Sólo un gobierno democrático puede
proporcionar una oportunidad máxima para que las personas ejerciten la libertad
de autodeterminarse, es decir vivir bajo leyes de su propia elección; Un Gobierno
democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercitar la
responsabilidad moral; La democracia promueve el desarrollo humano más
plenamente que cualquier alternativa factible; Sólo un gobierno democrático
puede fomentar un grado relativamente alto de igualdad política; La democracias
representativas modernas no se hacen la guerra entre sí; Los países con gobiernos
democráticos tienden a ser más prósperos que los países con gobierno no
democráticos.

Todas estas ventajas son los que sin duda han llevado a su extensión, pero
sin embargo todavía mucho de los ciudadanos del tercer mundo se encuentran
aún bajo sistemas autoritarios. Ello es debido a que la democracia necesita para
mantenerse una serie de condiciones sociales, culturales y económicas. Si esas
condiciones no se dan la democracia no sobrevive

Hay una serie de instituciones políticas que requiere la democracia para


existir: Cargos públicos electos, elecciones libres, imparciales y frecuentes;
libertad de expresión; fuentes alternativas de información; autonomía de las
asociaciones; ciudadanía inclusiva.

Las instituciones del gobierno democrático representativo moderno,


tomadas en su conjunto, son históricamente únicas, es conveniente dotarlas de un
nombre propio. Por eso denominaremos a este tipo de gobierno democrático
moderno Democracia Poliarcal (poliarquía = ”muchos””gobiernos”)
Por supuesto hay unas condiciones esenciales para la democracia: Control
del poder militar y de la policía por parte de cargos electos; valores democráticos
y cultura política; inexistencia de un control exterior hostil a la democracia. Pero
también hay condiciones que son favorables para la democracia: Economía de
mercado y sociedad modernas, débil pluralismo subcultural.

Una cuestión muy importante es la de los representantes electos: Cuando la


atención sobre el gobierno democrático se trasladó a unidades a gran escala
surgió la siguiente pregunta. ¿Cómo pueden los ciudadanos participar
efectivamente si el número de ciudadanos llega a ser tan grande o estar
geográficamente tan disperso como para que puedan participar convenientemente
y dictar leyes en asambleas?. La única solución es que los ciudadanos elijan a los
cargos más importantes y los sometan a una redención de cuentas más o menos
eficaz a través de elecciones sucesivas. Como sabemos el pensamiento De
Rousseau impulsó de forma decisiva una concepción ideológica avanzada de la
representación política al introducir un concepto clave: el de voluntad general,
esencial y funcionalmente unitaria y sólo encarnable en el pueblo soberano,
entendido este como la totalidad de ciudadanos que poseen, cada uno de ellos,
una fracción inalienable de la soberanía. La voluntad general no es, en principio
susceptible de representación, el ejercicio legítimo de la función legislativa ha de
ser directo y sin mediatización. Pero dado que esto es imposible en comunidades
de cierto tamaño, queda justificada una delegación de la soberanía a través de la
elección, no de auténticos representantes, sino de comisionado que, como tales,
están sujetos a mandato imperativo.

El esquema roussoniano conducía en su formulación pura a un sistema que


no es viable en grandes comunidades.

Más viable es la aplicación de las denominadas técnicas de democracia


semidirecta, o mecanismos diversos de democracia participativa, que no
conducirán a la configuración de ninguna forma política específica, sino a
complementar o perfeccionar la democracia liberal representativa, o ésa es la
menos la pretensión, a través de determinados instrumentos de participación
popular.

El sufragio universal distingue a la democracia representativa moderna de


las demás formas anteriores de democracia.

Es evidente que un país debe tener un sistema representativo. Por ello es


muy importante que a través de las elecciones periódicas los ciudadanos
controlen a las élites políticas que han de tomar importantes decisiones para el
conjunto de las decisiones.

Como dice COLOMER la democracia es preferible a cualquier forma de


Gobierno, porque necesita la participación de todos las ciudadanos, aunque estos
sól consiga imponer límites a las decisiones, siempre algo aleatorias que toman
los políticos y los funcionarios, porque producen libertad e impide opresión de
los individuos, y porque se apoya en unos principios de igualdad jurídica que son
condición de cualquier otra igualdad de derechos de las personas.

Por ello es difícil que la política en democracia genere grandes rechazos, ni


grandes entusiasmos. Lo cierto es que la forma menos mala de gobierno que
existe lleva en su propia esencia al aburrimiento y la mediocridad.

Por ello podemos decir que aún le queda mucho por hacer. La democracia
se encuentra ante grandes desafíos a los que debe responder para ir avanzando y
no quedarse atascada o retroceder.

Con todo esto hemos visto las características que debe reunir la democracia.
España es una democracia joven, tiene apenas veintisiete años, por ello, y
aunque nadie dude que España es una auténtica democracia, nos podemos
preguntar si España reúne todas los cinco criterios de igualdad política que Dahl
establece que deben ser satisfechos por la democracia moderna:

Participación efectiva: Todos los miembro deben tener oportunidades


iguales y efectivas para hacer que sus puntos de vista sean conocidos por todos
los miembros. Los ciudadanos españoles pueden participar a través de las
elecciones, los referéndum , así como a través de cauces específicos reservados a
determinados grupos de presión : como por ejemplo los sindicatos,
organizaciones de consumidores...

Igualdad de votos: Todos los votos deben contar como iguales. En teoría
todos los votos valen igual en España. pero el sistema electoral establecido desde
la Transición española y mantenido más tarde contribuyó a que los votos de las
distintas provincias no valgan igual, de tal forma que el voto de los ciudadanos
de las provincias menos pobladas vale más que el voto de los ciudadanos de las
más pobladas. Esto fue debido a que este sistema era el más beneficioso para el
partido de UCD, y por ello Suárez se negó a negociar con las demás fuerzas
políticas sobre este tema. Más tarde mediante el intercambio de votos la
constitución permitió casi el mantenimiento del sistema electoral introducido en
1977 por el gobierno de Suárez y su posterior confirmación en la ley electoral de
1985 por el Gobierno de Felipe González.

Compresión ilustrada: todos los miembros debe tener oportunidades iguales


y efectivas para instruirse sobre las políticas alternativas relevantes y su
consecuencias posibles. Sin duda la existencia de medios de comunicación de
distinta ideologías ha contribuido a este conocimiento, pero el problemas es que
las personas casi nunca tienden a comparar esos medios, de tal modo que sólo
obtienen un conocimiento sesgado. Aunque también hay que tener en cuenta que
estos medios siempre ofrecen una comunicación sesgada y que está en función de
las tendencias de las élites dominantes.

Por otra parte la educación gratuita y obligatoria establecida en la


Constitución también ha contribuido a una mejor comprensión política por parte
de los españoles. Así el artículo 27 de la Constitución establece “Todos tienen
derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza. ...La enseñanza
básica es obligatoria y gratuita”

Sin embargo los niveles de competencia política personal son muy


deficientes. Así en 1980 quién afirmaba comprender la vida política y poder
influir en el gobierno por formas diferentes del voto en elecciones, representaba
sólo a un 22-25 por ciento de los españoles. Este porcentaje es similar al
correspondiente al de quienes consideraban que el sistema político era
suficientemente receptivo a sus demandas, y al de quienes afirmaban tener algún
interés por la política.

Control de la agenda: los miembros deben tener la oportunidad exclusiva


de decidir cómo y , si así lo eligen, que asuntos deben ser incorporados a la
agenda. De esta forma, el proceso democrático exigido por los tres criterios
precedentes no se cierra nunca. Las políticas de la asociación están siempre
abiertas a cambios introducidos por sus miembros, si así lo deciden. Este punto
no se cumple en gran medida dado que casi nunca son los ciudadanos los que
deciden lo que se incluye en la agenda. Aunque la ley incluye en su articulado
(artículo 87.3)cuestiones como la iniciativa legislativa popular, el referéndum o
la defensa de los consumidores y usuarios, fomentando sus asociaciones y
oyendo a estas en las cuestiones que afecten a aquellos (artículo 51), y también se
produce en ocasiones mecanismo de autoalimentación, en los que los partidos
lanzan algunas ideas a los ciudadanos para ver como responden estos y actuar en
función de esa respuesta, ya que esto le permite obtener más votos. Pero pese a
todo esto el pacto o el consenso entre partidos y el voto “sofisticado” que los
partidos invitan a realizar a sus electores o partidarios desvirtúan aquellos
asuntos que se incluyen en la agenda. Es el caso por ejemplo del referéndum de
permanencia en la OTAN.

Pero para tener una compresión adecuada de la democracia española


actual hay que retrotraerse a sus orígenes. Nuestra actual democracia nació del
consenso entre las fuerzas sociales y los partidos políticos. Consenso es la
palabra clave de la transición. Esto fue lo que permitió la salida delante de un
modelo de democracia y de Constitución que si bien no satisface completamente
a nadie tampoco es detestada por nadie.

Pero la cautela de los constituyentes para conseguir unos altos niveles de


representatividad y de estabilidad del sistema político. Seguramente la
moderación fue una consecuencia reactiva de la guerra civil de los años treinta, y
que fue la culminación de historia centenaria de incomprensión mutua.

Algunos rasgos de la transición española han marcado la democracia que se


consolido en España posteriormente. El propio temor a un enfrentamiento fatal,
la tendencia a la componenda y la posibilidad de múltiples satisfacciones
parciales que proporciona la complejidad a la vez que facilitan el logro de una
transición, que predisponen al estado latente de la ciudadanía y conceden un
amplio margen de maniobra a los políticos. Si eso no va acompañado, como es el
caso, por tradiciones asociativas, da pie a abundantes comportamientos
estratégicos, como los intercambios de votos entre los partidos, los cambios de
coaliciones sin intervención electoral, el transfugismo, los repartos de poder no
correlativos a la representatividad y la maximización excluyente de los
beneficios producidos por ciertos sistemas electorales y de votación. De este
modo, puede comprenderse la unidad de las dos caras de la política española de
los últimos años: por un lado, una transición que, por el predominio de la
negociación y el pacto y la escasez de violencia en la misma, es contemplada
como ejemplar, y, por otro lado, una democracia consolidada que, como
resultado del mismo temor a la inestabilidad y la misma tendencia a las
componendas entre políticos que

inspiraron a la transición, aleja a los ciudadanos de los lugares de decisión.


Lo que fue en una fase fecundo y modélico para el cambio, produjo con
posterioridad estancamiento, exclusión, falseamiento de la voluntades políticas y
desinterés. Las virtudes de la transición se han convertido en vicios de la
democracia