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En muchos sentidos, el ministerio juvenil enfrenta desafíos similares a los del tiempo

de Lutero Warren y Harry Fenner. Los adolescentes y jóvenes, ahora como antes, están
pasando por un tiempo de tremendos cambios en sus vidas. Están completando su
educación, escogiendo profesiones y preparándose para escoger el compañero o la
compañera de su vida. Como siempre, los jóvenes necesitan el apoyo de una comunidad
cristiana y la orientación de personas mayores, mientras ellos pasan por esos años
cruciales.
Estos elementos de trabajo con los jóvenes no han cambiado en los últimos cien años,
aunque algunas cosas sí. El mundo de los primeros años del siglo XXI opera diferente,
en muchas formas, que el mundo de los últimos años del siglo XIX y los primeros del
siglo XX. A menudo pensamos en tentaciones como la drogadicción y el sexo
prematrimonial, a los cuales los jóvenes están más expuestos que en las pasadas
generaciones. Pero la sociedad también ha cambiado. Se ha producido un desajuste
significativo en la forma de cómo la mayoría de las personas ve las cosas y percibe la
verdad.
En generaciones pasadas, los cristianos y los no cristianos tenían la tendencia de ver
muchas de las grandes verdades como absolutas y aplicables a cualquier persona. Las
normas de la sociedad eran, generalmente, aceptadas. Por supuesto, había rebeldes que
se burlaban de esas normas, aunque ellos reconocían que estaban transgrediendo normas
sociales ampliamente aceptadas.
La sociedad actual, con frecuencia, es llamada “posmoderna”, y uno de los factores
claves que identifica al posmodernismo es la idea de que todas las verdades y todos los
valores no son absolutos, sino relativos. Poniéndolo en el lenguaje actual, lo que es
correcto para mí puede que no lo sea para ti. Y, precisamente, nuestra juventud se está
erigiendo en una sociedad que enfatiza la permisividad, la tolerancia y la aceptación de
ideas que todo el mundo acepta, y que las ideas de los demás tienen prioridad.
Esto puede ser favorable, en el sentido de que puede mover a los jóvenes a ser más
positivos con las personas, más flexibles y menos rígidos y condenatorios, y con más
deseos de aceptar la diversidad, que las de generaciones pasadas. La desventaja, sin
embargo, es que la juventud –aun los jóvenes cristianos más comprometidos– está lejos
de ver que los valores y las normas bíblicas son absolutos y que se aplican a cualquier
persona en cada situación. Esto afecta las preferencias que adoptan en sus vidas cuando
racionalizan y dicen: “Esta regla no se aplica a mí en esta situación”. Afecta, además,
la forma como ven a otras personas y al mundo que los rodea; están lejos de condenar
el pecado y buscan compartir el evangelio con otros, si creen que están siguiendo un
“camino espiritual” idéntico al suyo.
El desafío de la iglesia en el siglo XXI, es entender el mundo posmodernista en el que
viven nuestros jóvenes, y enfatizar sus aspectos positivos, al mismo tiempo que guían
sus mentes hacia las verdades bíblicas, las cuales no han cambiado, a pesar de los
diversos y controversiales puntos de vista y vanas filosofías. Nuestro desafío consiste
en llevarlos a Jesús, como sucedió en el primer siglo.
Siéntase satisfecho de que su iglesia le haya pedido que trabaje en esta labor tan digna.
Este bello ministerio demanda de todos dedicación al Señor y a su obra, mucho
esfuerzo, fervor y consagración. ¡Únase, de todo corazón, al cuerpo de líderes juveniles!
Al trabajar por los jóvenes, nuestra meta debe ser su salvación y motivación para el
servicio. Sea nuestro lema, “La salvación de los jóvenes mediante Jesucristo”.