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El caso Nadine Heredia: el concepto

civil olvidado por los penalistas


La situación del mandato de comparecencia con restricciones de la ex primera
dama Nadine Heredia, ha venido concitando bastante atención de la prensa. Este
caso ha girado sobre la base de cuatro tesis: i) la tesis del Ministerio Público, ii) la
tesis de la defensa de Heredia, iii) la tesis del Juez de primera instancia, y iv) la tesis
de la Sala Superior. Todas estas tesis se han construido bajo un enfoque puramente
penalista. En mi opinión, esto explica que todas las tesis tengan un flanco demasiado
débil: pasan por alto analizar el rol que cumple un concepto de derecho civil en la
solución del caso. Pareciera que no se han percatado de que la situación del mandato
de comparecencia de la ex primera dama pasa necesariamente por aplicar nada
menos que el Código Civil. Veamos.

El problema ocasionado por el viaje de Heredia a Suiza

En medio de la investigación que se le sigue por el supuesto delito de lavado de


activos, el juez (de investigación) del caso dictó un mandato de comparecencia con
restricciones, estableciéndose la siguiente regla de conducta sobre la investigada:
“no ausentarse del lugar donde reside y cambiar de domicilio sin previo aviso a la
autoridad judicial y fiscal”.

Es el caso que la investigada viajó a Suiza, avisando al juez y al fiscal de este viaje,
días antes de partir al país alpino.

¿La salida del país de Heredia implica una violación a la citada regla de
conducta?

La situación del mandato de comparecencia con restricciones de la ex primera dama


Nadine Heredia, ha venido concitando bastante atención de la prensa. Este caso ha
girado sobre la base de cuatro tesis: i) la tesis del Ministerio Público, ii) la tesis de la
defensa de Heredia, iii) la tesis del Juez de primera instancia, y iv) la tesis de la Sala
Superior. Todas estas tesis se han construido bajo un enfoque puramente penalista.
En mi opinión, esto explica que todas las tesis tengan un flanco demasiado débil:
pasan por alto analizar el rol que cumple un concepto de derecho civil en la solución
del caso. Pareciera que no se han percatado de que la situación del mandato de
comparecencia de la ex primera dama pasa necesariamente por aplicar nada menos
que el Código Civil. Veamos.

El problema ocasionado por el viaje de Heredia a Suiza

En medio de la investigación que se le sigue por el supuesto delito de lavado de


activos, el juez (de investigación) del caso dictó un mandato de comparecencia con
restricciones, estableciéndose la siguiente regla de conducta sobre la investigada:
“no ausentarse del lugar donde reside y cambiar de domicilio sin previo aviso a la
autoridad judicial y fiscal”.

Es el caso que la investigada viajó a Suiza, avisando al juez y al fiscal de este viaje,
días antes de partir al país alpino.

Lea también: Descarga en PDF la resolución que permite la salida del país de
Nadine Heredia

¿La salida del país de Heredia implica una violación a la citada regla de conducta?
Es evidente que la regla de conducta invoca un concepto civil harto conocido: el
domicilio. Según el artículo 33 del Código Civil, el domicilio está constituido por el
lugar donde reside habitualmente una persona. Así pues, la regla de conducta
impuesta por el Juez de Investigación consiste en que la investigada no puede
ausentarse de su domicilio ni cambiarlo, salvo que dé aviso previo a los magistrados.
Por tanto, la pregunta planteada demanda, previamente, establecer el alcance del
concepto de domicilio. Cosa que, como veremos en seguida, ninguna de las cuatro
tesis penalistas ha hecho.

i) La tesis del Ministerio Público

Según el fiscal, la respuesta a la pregunta es positiva, puesto que la regla de


conducta debe entenderse “según la naturaleza y finalidad de la medida coercitiva,
que es la comparecencia con restricciones”. Así, el fiscal señala que la regla de
conducta se traduce en un impedimento de tener una ausencia prolongada en el
extranjero. Para el representante del Ministerio Público, en consecuencia, la regla de
conducta solo tiene sentido si se le entiende como “un deber de no ausentarse del
lugar donde reside”. En este caso, Heredia viajó con el propósito de empezar a
radicar un tiempo prolongado (dos años) en Suiza, lo que importa una violación de
dicho deber.

ii) La tesis de la defensa de Heredia

Según la defensa técnica de la ex primera dama, la respuesta a la pregunta es


negativa. Así, la regla de conducta significa que la investigada podía variar su
domicilio libremente, siendo suficiente que avise a los magistrados antes de ello. En
este caso, la investigada decidió cambiar su domicilio y trasladarlo al extranjero por
motivos de trabajo, habiendo cumplido con avisar al juez y al fiscal antes de
emprender el viaje, así que no se configura una violación de la regla de conducta.
La tesis de la defensa señala que no se puede entender que la regla de conducta se
traduzca en un impedimento de residir o trabajar en el extranjero. Según esta tesis,
esta interpretación es “analógica”, “se encuentra expresamente prohibida y es
desproporcionada”.

iii) La tesis del juez de primera instancia

Para el juez de investigación, la respuesta también es negativa. No obstante, hay que


hacer unas precisiones. Por un lado, el juez señala que Heredia no violó la regla de
conducta, pues avisó al juzgado y a la fiscalía antes de cambiar su domicilio al
extranjero. Pero, al mismo tiempo, sostiene que el mandato de comparecencia que
pesa sobre la investigada necesariamente implica mantener arraigo en el país.

Para el juez, si bien la investigada, en el ejercicio del derecho al trabajo, puede viajar
al extranjero, también es cierto que ese derecho se encuentra limitado por el
mandato de comparecencia con restricciones, que importa mantener arraigo en el
Perú. Y se trata de una limitación constitucional, pues el derecho al trabajo se
encuentra por debajo del “interés del proceso”. Este juzgado, pues, ensaya una
ponderación para resolver el problema.

iv) La tesis de los jueces superiores

La segunda instancia trata de resolver ciñéndose estrictamente a lo dispuesto en las


normas del Código Procesal Penal. Según esta normativa (art. 287), los magistrados
pueden peticionar e imponer una variedad de medidas de restricción, no solo las
previstas en el artículo 288 de este Código. En este caso, el Juez no impuso una
obligación de no ausentarse de la localidad en que se reside (art. 288, inciso 2). No,
el Juez puso una regla de conducta “radicalmente diferente”, pues agregó la frase
“sin previo aviso a la autoridad judicial y fiscal”. Y acá, siempre según los jueces
superiores, lo que importa es que el ciudadano debe interpretar la regla de acuerdo
con su tenor literal, no en función de su naturaleza o finalidad. Así, los jueces
superiores lanzan la siguiente pregunta: “¿Cómo puede exigírsele al destinatario de
la regla de conducta, interpretarla en sentido distinto al expresamente establecido en
la propia regla?

Los jueces superiores admiten que es posible entender la regla de conducta en el


sentido de que era necesaria una respuesta del juez al aviso de cambio de domicilio,
pero se trata de una interpretación que tendría “cierto rigor jurídico”, cosa que no se
puede pedir a un ciudadano estándar, por más que tenga estudios superiores.

El Código Civil y su pertinencia en este caso

Ninguna de las cuatro tesis descritas, como ya indiqué, se preocupa por analizar el
concepto de domicilio a la luz del Código Civil. Como bien sabido es, las normas
penales y procesal penales muchas veces invocan conceptos civiles. Si estos
conceptos no se tienen claros, tales normas sencillamente no se podrán aplicar de
una forma adecuada.

Con respecto a la tesis del Ministerio Público, hay que decir que esta olvida que la
regla de conducta invoca un concepto de derecho civil: el domicilio. Por esto, no es
oportuno hablar de la “naturaleza y finalidad de la medida coercitiva”, como si el
domicilio fuera un concepto que se puede esclarecer echando mano solo a la
normativa procesal penal y excluyendo al Código Civil. La tesis fiscal, siendo
consciente de que el tenor de la regla de conducta no le ayuda mucho, sugiere que el
domicilio es un tanto invariable, no pudiendo cambiar así nada más. Sin embargo, el
domicilio es, a diferencia del nombre por ejemplo, esencialmente variable, tal como
lo estipula el artículo 39 del Código Civil. La invariabilidad del domicilio, es cierto,
puede ser impuesta conforme al inciso 2 del artículo 288 del Código Procesal Penal.
Empero, como bien lo resaltan los jueces superiores, la regla de conducta establecida
en el presente caso tiene un texto distinto al citado inciso 2. En ningún extremo de la
regla de conducta se suprime el rasgo principal del domicilio, es decir su
variabilidad.

Pero no se vaya pensar que solo el fiscal puede verse en problemas ante argumentos
basados en derecho civil. De hecho, la tesis de la defensa de Heredia podría terminar
mal parada de cara a lo dispuesto en el artículo 38 del Código Civil: el domicilio
solo podría ser nacional, no pudiendo ser extranjero en un sentido técnico. Según
este precepto civil, la persona que viaja al exterior, se le considera domiciliada en el
último domicilio que haya tenido en el territorio nacional. Así, podría alegarse que
el Código Civil excluye la posibilidad de un domicilio extranjero, cosa que bien
podría implicar un duro golpe contra la tesis de la defensa de Heredia, que adolece
de fundamentación civilista.

Por otra parte, la tesis del juez de investigación también puede presentar problemas.
En primer lugar, nótese una vez más cómo se apela a la ponderación, antes que
aplicar el Código Civil para interpretar debidamente la regla de conducta. Se
pretende también, en esta tesis, aplicar el concepto de domicilio soslayando la
regulación prevista en el Código Civil. Ahora bien, podría decirse que la tesis del
juez, mal que bien, terminaría ajustándose a lo preceptuado en el artículo 38 del
Código Civil, pues asume que el domicilio implica, de modo necesario, arraigo en el
territorio nacional. Empero, no es así. En este punto, la tesis del juez puede rebatirse
postulando que el referido artículo 38 se refiere a viajes temporales, lo que no
implica verdaderamente un cambio de domicilio, motivo por el cual el Código Civil
sigue considerando como domicilio el último que se tiene en territorio nacional.
Conforme a esta lectura, el Código Civil sí admitiría tener un domicilio ubicado en
el extranjero, siempre que la persona radique en el exterior de forma habitual.
Entonces, el juez habría inaplicado en el artículo 38 del Código Civil, al considerar
que no es admisible legalmente un domicilio en el extranjero.
Lea también: La vez que un juez de Arequipa realizó una audiencia desde la cama
de un hospital

Gran preocupación me genera la última tesis. Si bien es oportuno destacar que la


regla de conducta no encaja con lo dispuesto en el inciso 2 del artículo 288 del
Código Procesal Penal, no es de recibo afirmar que la regla de conducta debe
interpretarse, sin más, según lo que pueda entender un ciudadano promedio. Sin
negar las diferencias que pueden existir entre la interpretación de una resolución
judicial y la interpretación de una ley, diré lo siguiente: la Constitución, el Código
Civil y el Código Tributario, sin duda alguna, son cuerpos normativos que están
dirigidos a toda la ciudadanía, como todo el sistema jurídico en general. ¿Acaso, por
esta razón, estos tres cuerpos normativos solo admiten la interpretación literal según
lo que pudiera entender un ciudadano promedio? Es obvio que no. La forma como
la Sala Superior interpreta la regla de conducta resulta bastante discutible.

La tesis de los jueces superiores coincide con la tesis de la defensa de Heredia. Por
esta misma razón, puede terminar chocando con lo dispuesto en el artículo 38 del
Código Civil, si se le interpreta como un dispositivo que excluye la posibilidad de
tener un domicilio fuera del territorio nacional. Para reforzar la crítica, podría
decirse que si el Código Civil rechaza la idea de un domicilio transitorio fuera de
nuestro país, con mayor razón rechazaría la idea de un domicilio permanente en el
exterior.

Y esa es justamente la cuestión civil que las cuatro tesis no han dilucidado, cuando
debían hacerlo: ¿cuál es el alcance de la restricción establecida en el artículo 38 del
Código Civil? ¿Admite o no el Código Civil un domicilio en el extranjero? ¿Por
qué?

Por mi parte, me contento con haber puesto de manifiesto la vigorosidad y


relevancia del Código Civil, que puede resultar decisivo hasta en casos tan
mediáticos como este.