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SETTING 3. El reconocimiento mutuo. Juan Carlos Vázquez Pérez.

SETTING
REPORTES DE INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA. NUMERO 3. ENERO 2018.

‘EL RECONOCIMIENTO MUTUO:


UN PASO HACIA LA EQUIDAD’.

PSIC. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


Psicólogo Clínico. Egresado de la Universidad de Guanajuato
Perito en Materia de Psicología Autorizado por el Poder Judicial del Estado de Guanajuato
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394
psicologiaclinicayforense@outlook.com
‘Psicología clínica y forense, en apoyo a la verdad jurídica”.

D.R. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


© JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ

Elaborado por el Psicólogo Juan Carlos Vázquez Pérez. Perito en materia de psicología, autorizado por el Poder Judicial del estado de Guanajuato.
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394 psicologiaclinicayforense@outlook.com
SETTING 3. El reconocimiento mutuo. Juan Carlos Vázquez Pérez.

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REPORTES DE INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA. NUMERO 3. ENERO 2018.

‘EL RECONOCIMIENTO MUTUO:


UN PASO HACIA LA EQUIDAD’.

PSIC. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


Psicólogo Clínico. Egresado de la Universidad de Guanajuato
Perito en Materia de Psicología Autorizado por el Poder Judicial del Estado de Guanajuato
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394
psicologiaclinicayforense@outlook.com
‘Psicología clínica y forense, en apoyo a la verdad jurídica”.

D.R. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


© JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ

Ilustración de portada: Camino largo.

Elaborado por el Psicólogo Juan Carlos Vázquez Pérez. Perito en materia de psicología, autorizado por el Poder Judicial del estado de Guanajuato.
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394 psicologiaclinicayforense@outlook.com
SETTING 3. El reconocimiento mutuo. Juan Carlos Vázquez Pérez.

‘EL RECONOCIMIENTO MUTUO, UN PASO HACIA LA EQUIDAD’.


Conferencia dictada en el Instituto Ignacio Montes de Oca A.C. el sábado 17 de Mayo de 2014.
Publicada por primera vez en la revista electrónica Jornada Académica del Instituto Ignacio Montes de Oca A.C. en Junio de 2014.

PSIC. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


Psicólogo Clínico. Egresado de la Universidad de Guanajuato
Perito en Materia de Psicología Autorizado por el Poder Judicial del Estado de Guanajuato
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394
psicologiaclinicayforense@outlook.com
‘Psicología clínica y forense, en apoyo a la verdad jurídica”.

D.R. JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ


© JUAN CARLOS VÁZQUEZ PÉREZ

La violencia de género es un tema que nos ocupa porque de fondo se está hablando de una
enfermedad mental de la sociedad, que se caracteriza por un tipo de vínculo patológico entre
hombres y mujeres. El colectivo humano se enferma psíquicamente, incrementando los índices de
trastornos mentales y emocionales prevalecientes en la población. Una población puede estar
traumatizada y afectada emocionalmente, de tal forma que se observen comportamientos que
destruyen lo más valioso que tiene la sociedad, que es la familia.
Hombre y mujer, origen de nuestra preservación como especie, seres complementarios
que se necesitan para asegurar la procreación y la supervivencia de las crías humanas. Cada uno
con diferentes características orgánicas y psicológicas. Ambos con las mismas necesidades de
reconocimiento y amor.
Para recuperar nuestra convivencia civilizada y humana, habremos de empezar por
reconocernos hombre y mujeres, complementarios, valiosos, necesarios unos y otras. No hay
humanidad sin mujer y hombre. No hay cultura ni civilización sin respeto. Sin equidad no hay
futuro para la humanidad, sólo habrá injusticia, muerte, soledad y locura.

Quiero abordar este tema organizando mi pensamiento en base a una serie de preguntas que
pretendo responder de la manera más objetiva que me es posible, las preguntas son:
1. ¿Por qué la convivencia entre hombres y mujeres se tornó inequitativa?
2. ¿Es inequitativa en todas las culturas?
3. ¿La religión influye en la interacción entre mujeres y hombres?
4. ¿Cómo el modelo capitalista influye en la interacción entre mujeres y hombres?
5. ¿Cómo pasamos de ser seres humanos a ser cosas?
6. ¿Cuáles son los principales malestares de esta situación?
7. ¿Qué podemos hacer para lograr una relación entre hombre y mujeres basada en el
reconocimiento y el respeto mutuo?

¿Por qué la convivencia entre hombres y mujeres se tornó inequitativa?


El hombre, al ser el depositario ancestral del rol de emprender la cacería y la exploración, se fue
adjudicando un papel de dominio sobre el género femenino, al cual se le depositaron las no menos
importantes tareas de crianza y domésticas. Tal vez esté en nuestra naturaleza de género que los
hombres aspiren a la dominación y que supongan que dicha dominación sea reflejo de su poder
masculino. El hombre como género se asume hombre en tanto puede dominar o poseer. El poder
de dominar a otro implica que ese otro renuncie. Que acepte las condiciones que se le imponen.
Que ese otro consienta dicha asignación de roles y funciones.
El ser humano no es capaz de autodeterminación, por el contrario se mantiene vulnerable
a las influencias, dada su naturaleza gregaria y su condición material. La mujer consintió que se le

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asignara un rol pasivo porque así ‘funcionaba mejor’ la ‘manada’. El hombre debía ser quien
proveyera el alimento al tiempo que garantizaba la seguridad de la ‘familia’ con su función
dominante.
La existencia del ser humano estaba expuesta a los peligros de la intemperie, la
preservación de la especie dependía de que hembra y macho cumplieran adecuadamente su rol
(una condición que prevalece hasta hoy), ambos cumplían su labor y se reconocía la necesidad que
tenían uno de la otra y viceversa.
El equilibrio se rompió cuando el hombre en tanto género masculino, supuso que era
digno de tener control sobre todo y que habría de imponerse a todo para sentirse seguro. Empezó
entonces a rebasar la línea del respeto y el reconocimiento, se asumió merecedor de todo, empezó
así la historia del abuso y del desequilibrio en las relaciones entre hombre y mujer.
Desde los albores de la filosofía se planteaba al hombre por encima de la mujer. Esta
manifestación de ignorancia se implantó en el psiquismo del ser humano del género masculino,
fundamentalmente por el placer que revestía implicarse superior a la mujer.
Entonces podemos pensar en que la relación dejó de ser equilibrada y comenzó a verse
infectada por sentimientos destructivos como la envidia, la humillación y la competencia. Ya no le
bastaba al hombre competir contra otros hombres, ahora pretendía ser el ‘señor’ por medio del
sometimiento de su compañera. Así surgió el machismo, como una manifestación de ignorancia y
ridiculez, que tiene aún hasta hoy el lamentable efecto de debilitar las sociedades y destruir las
culturas. El hombre en tanto género masculino, empezaba a escribir su fracaso. El metarrelato del
patriarcado dio inicio formulando que el hombre en tanto género masculino, era la respuesta a
todas las preguntas.

¿La convivencia entre mujer y hombre es inequitativa en todas las culturas?


Algunas culturas han dado reconocimiento a la mujer: En el Egipto de la antigüedad la mujer era
reconocida como el complemento del hombre, como la ‘dueña de la casa’ se reconocía su valor y
su función indispensable en el cuidado de los pequeños. En la Roma y Grecia de la época, en
cambio, se dudaba de su cualidad humana y se le señalaba como frívola. El escriba Ani del Imperio
Nuevo Egipcio aconsejaba así al futuro esposo: "Si eres sabio, mantén tu casa, ama a tu mujer,
aliméntala apropiadamente, vístela bien. Acaríciala y cumple sus deseos. No seas brutal, obtendrás
más de ella por la consideración que por la violencia: si la empujas, la casa va al agua. Ábrele tus
brazos, llámala; demuéstrale tu amor". Wikipedia. ‘La mujer en al antiguo Egipto’.
En el México prehispánico “A la mujer se le quería y se le respetaba por tener el don de la
fertilidad. Se le enseñaban los cuidados sobre el embarazo, la ayuda que se debía de dar a sí misma
y prestar a otras mujeres en momentos del parto. Pero más que nada, se les acercaba a los dioses,
se les mostraba cómo rendirles culto, como gratificarlos y ofrendarlos. Algunas que quedaban para
siempre al cuidado de los recintos sagrados y otras ya preparadas salían a casarse”. Ortíz, Olinka.
En otras culturas la misoginia es la nota diaria, por ejemplo: La mujer en algunas culturas de
África se encuentra sometida a un patriarcado radical. “En algunos países del Cuerno Africano,
entre ellos Etiopía, es tradición colocar al hombre como principal y después a la mujer, a los niños
y a los ancianos. Esa “jerarquía” interna, en parte de origen colonial, está condicionada por el
aporte material a la subsistencia familiar, al punto de que en algunos Estados se sitúa al asno o
animal de tiro a la cabeza de esa escala. Las costumbres islámicas inciden también en la auto
inmolación. Una joven marroquí de 16 años se suicidó en marzo del presente año en la localidad
norteña de Larache porque fue maltratada por su propia familia y obligada a casarse con un
hombre 10 años mayor que ella, quien la había violado. El padre se negó a recibirla en su casa tras
el hecho y ambas familias la emprendieron a golpes contra la víctima, hasta que prefirió ingerir
veneno para ratas antes de contraer nupcias. Este tipo de matrimonio es impuesto por tradición,
sobre todo en el ámbito rural, para salvaguardar el honor de la joven y “reparar” el daño causado
tras la violación. En Marruecos, miles de niñas trabajan como criadas, con la consiguiente secuela
de abuso sexual, ruptura familiar, privación escolar y daños a su desarrollo físico y biológico. La
cifra de adolescentes esclavas podría ascender a unas 60 mil en el país, según el Fondo de Naciones
Unidas para la Infancia (UNICEF). Y qué decir de aquellos países africanos islámicos en que las
mujeres son lapidadas por cometer adulterio”. Morejón, Julio
En algunas etnias de México la mujer es moneda de cambio, es botín y producto para el
trueque. En la población mestiza las relaciones hombre y mujer están atravesadas por el manejo
machista y sexista del poder. Nuestro país es un centro neurálgico de la trata de mujeres para fines

Elaborado por el Psicólogo Juan Carlos Vázquez Pérez. Perito en materia de psicología, autorizado por el Poder Judicial del estado de Guanajuato.
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de explotación laboral y sexual. En México las mujeres y los niños son las poblaciones más
expuestas y vulnerables a vivir en condiciones de marginación, maltrato y pobreza. Somos un país
violento, no por las ejecuciones diarias del crimen organizado… sino por que a diario rebasamos
los límites del respeto y de la libertad, abusando unos de otros, buscando la manera de sacar
ventaja, de tranzar, de violar las reglas, de robar sin que se dé cuenta la gente, o de robar
procurando el fuero político para estar lejos del alcance de la justicia. Hemos sido un país violento,
triste y vicioso. No alcanzamos a ser civilización simplemente porque no hay equidad en la relación
entre hombres y mujeres.

¿La religión influye en la interacción entre mujeres y hombres?


En su relato ‘La dama de Urtubi’, Pío Baroja hace una referencia muy importante y esclarecedora
del papel que ha tenido la religión en la forma en la que percibimos la función de la mujer:
“Como en todas las zonas selváticas de Europa no dominadas por la ideología del semitismo, en el
país vasco existía un culto en donde la mujer era sacerdotisa: la sorguiña. En las religiones
africanas nacidas en el desierto, el hombre es el único oficiante, el profeta, el salvador, el mesías,
el mahdi. La mujer está relegada al harén, la mujer es un vaso de impurezas, la mujer es un peligro;
en cambio, en las regiones de las selvas europeas, la mujer triunfa, es médica, agorera, iluminada;
se sienta sobre el sagrado trípode, habla en nombre de la divinidad y se exalta hasta la profecía.
En los cultos semíticos, la mujer aparece siempre proscrita de los altares, siempre pasiva e inferior
al hombre; en cambio, en las religiones primitivas de los europeos, aun en aquellas más pobres y
menos pomposas, aparece la mujer grande y triunfadora. En la vida resplandeciente de los griegos
es sacerdotisa y sibila; en la vida oscura y humilde de los vascos es sorguiña.
La hostilidad del semita por la mujer se advierte en los primeros cristianos; para los
evangelistas, María tiene una importancia secundaria; en el suplicio de Cristo no se indica su
presencia en las relaciones de San Mateo, de San Lucas ni de San Marcos; ninguno de ellos habla
de sus dolores de Madre, ni cita la fecha de su muerte.
Estos primeros cristianos, de raza judía, no tuvieron, no pudieron tener el culto de la
Virgen; fue necesario que el cristianismo tomara carácter europeo, se injertara en una raza
politeísta, que había adorado a Venus, a Ceres y a Minerva, para que glorificase a la Madre de
Dios”.

En los países islámicos la mujer es sujeto de limitaciones impuestas por la ‘religión’, llegando a
convertirse en cultura la costumbre de agredir la existencia de la mujer y violentarla en nombre
de la ‘fe’.
En el México de la conquista “La religión judeo-cristiana fue el instrumento ideológico que
se utilizó para reforzar valores en relación a un deber ser, ser femenina. En reemplazo de la
Coatlicue, la Virgen María surge como un nuevo modelo de identificación, con el que se transmiten
los siguientes valores: ser santa, callada, modesta, humilde y fundamentalmente, ser madre, sin
haber gozado del cuerpo, es el “ideal de madre”. La Iglesia jugó un papel importante en el
sojuzgamiento de la mujer, ya que su “normatividad divina” fue utilizada para el establecimiento
y reforzamiento de las actividades patriarcales, dictando leyes morales sobre la castidad y la
pureza de las mujeres. La sexualidad es supeditada a la procreación. El ser mujer, dentro de este
contexto sociohistórico se fue reduciendo cada vez más, quedando “el ser madre” como la única
forma de conceptuar el deber ser femenino”. Ortíz, Olinka.
La religión tiene la buena intención de reunir al creador con su creación, pero los hombres
estamos muy lejos de la santidad, por eso las instituciones religiosas repiten todos los pecados y
todas las perversiones de la humanidad. La religión debería ser motivo de alegría y de
acercamiento comunitario entre hombres y mujeres. Al menos debe ser conciente de su función
social y aportar a la humanidad recursos para integrarse en armonía y respeto. Si el metarrelato
religioso se ha fracturado, se debe a los errores que la propia institución religiosa ha cometido.
Algunas fórmulas religiosas han perdido crédito y han dejado de ser la respuesta a las necesidades
del ser humano, en consecuencia han surgido otras fórmulas religiosas que aspiran a engrosar sus
filas aprovechando la desilusión de muchos.

¿Cómo el modelo económico influye en la interacción entre mujeres y hombres?


En las culturas capitalistas los valores han quedado trastocados y hasta sustituidos por otros
conceptos, que se posicionan a fuerza de publicidad o reiterada mención. Tener, comprar, adquirir,

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competir, moda, éxito, imagen… son conceptos de la cultura de mercado, que han ido adquiriendo
peso en el lenguaje y el pensamiento de los pueblos regidos por el sistema capitalista. Creando con
esto una cultura mercantilista en donde los objetos y las posesiones adquieren mayor valor y
significado por encima de ser humano.
La interacción entre hombre y mujer está infectada por esta visión de intercambio e interés
comercial. Lo valioso que es el que mujer y hombre se encuentren frente a frente como seres
falibles que se necesitan y reconocen mutuamente, ha ido quedando relegado por la fuerza de las
conveniencias económicas. Las personas tienen que salir a las calles a trabajar por un sueldo
pobre, rodeadas de escaparates y presiones para la compra.
El sistema enajena a las personas de la realidad, el sistema sólo busca crear consumidores,
compradores, lo hace sin mediar escrúpulos ni valores. Es un ambiente deshumanizante que
cosifica a las personas, de ser seres humanos los convierte en consumidores. Urge una nueva
concepción del sistema capitalista para que no destruya al ser humano sino que lo enaltezca por
encima de todas las cosas. Regresar a la humanidad a su lugar en la cadena de producción y
consumo, rescatándolo de la prisión que implica reducirlo a consumidor y mano de obra.
Los modelos económicos no tienen como objetivo la felicidad del ser humano, sí en cambio
procuran poder y posición en el mundo. Poder de comprar, poder de tener e intercambiar. Poder
de ostentar la posesión y forjar valores apegados al tener. Poder de intimidar y dictar las reglas
del juego. Desconozco la vida en un sistema comunista, en este sentido me reservo.

¿Cómo pasamos de ser seres humanos a ser cosas?


El cuerpo es inevitablemente sexuado y deseado. El cuerpo de la mujer ha sido reclamado por el
hombre como una propiedad más. En cuerpo femenino se convirtió en un objeto más que el
hombre anhela y por el cual luchará hasta conseguirlo. Esta lucha no es pues por la mujer, sino por
el cuerpo de la mujer en favor del placer masculino.
El sexismo es una forma de ver a mujeres y hombres como objetos de asignación y
consumo, les resta cualidad humana y les reduce a cuerpos al servicio del placer, también el
sexismo limita la vida y las posibilidades de desarrollo social y humano, al encajonar a la mujer o
al hombre en estereotipos de comportamiento y ocupación, designados a su género. El feminismo
es el extremo opuesto del machismo y en consecuencia, conflictivamente correspondiente a este.
Tanto sexismo, como feminismo y machismo son posturas radicales e intolerantes que han traído
como consecuencia perversión tanto en lo social como en lo sexual, han sido causa de división y
destrucción del tejido social. Manifestaciones de la más bruta ignorancia.
En un abierto comportamiento hedonista el hombre, en busca de su orgasmo, ha tomado
el cuerpo femenino como simple estímulo, como una ‘funda’ donde meter su ‘pistola’. Ha
renunciado al disfrute mutuo de la sexualidad.
El sexo es una definición de género dada por las características de los órganos genitales.
La sexualidad en cambio es una dimensión de la vida humana, que implica la forma en que nos han
educado para relacionarnos con los demás, especialmente con las personas de sexo opuesto. La
sexualidad por ejemplo, incluye educar a los niños de acuerdo a su género e inculcarles valores
respecto al autocuidado de su cuerpo y el amor de pareja como fundamento de la vida sexual. Una
sociedad radicalista en las relaciones de género es una sociedad ignorante y con serias pobrezas
en el ámbito de la educación familiar y escolar.

¿Cuáles son los principales malestares de esta situación?


Masculinidad disfuncional: Con el cada vez más creciente número de hombres disfuncionales,
nos encontramos ante el incremento de madres solteras, que deben insertarse a la vida laboral
para el sostenimiento de sus hijos. La precaria condición de los salarios ha orillado a que la mujer
se sume a la fuerza proveedora del hogar. Esta circunstancia debería ser clarificadora para que el
hombre reconozca en la mujer su complemento ideal, una compañera leal e incondicional ante las
vicisitudes de la cotidianidad. Reconocer que ambos están diseñados para ser equipo. Pero el
temor machista para aceptar la necesidad que tenemos de ellas, ha estorbado al reconocimiento
que debe darse a las mujeres. Cada vez más mujeres se integran por necesidad o por vocación a la
vida laboral. Pero los hombres en general seguimos en silencio, sin darles a ellas ni las gracias ni
el reconocimiento. Por otra parte, es común que se hable de ‘madres solteras’, el discurso machista
implica no obstante, que se evite hablar de hombres disfuncionales que no asumen su paternidad.

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Al margen de las mujeres que deciden ser madres solteras, no habría tantas de ellas si los hombres
tuvieran un buen funcionamiento social y psicológico.
Amenaza a la vida. Los extremos del machismo, el feminismo y el sexismo han dejado como
evidencia de su destructividad la muerte de mujeres, homosexuales, niñas, niños y hombres. Estas
posturas de pensamiento desatan comportamientos radicales y violencia sistemática.
Predisponen a los sujetos a ser víctimas o victimarios como una pauta de vinculación. Si las
muertes son reales, si la pérdida y el duelo de los familiares son reales, así de real debe ser una ley
y su aplicación.
Imposibilidad de autorrealización. Las mujeres han manifestado en múltiples maneras su
inconformidad ante las conductas machistas y el estado patriarcal, que han implantado una cultura
de la vejación y el abandono. Uno de los sufrimientos que más aquejan a las mujeres es que no
alcanzan la autorrealización, no logran hacer realidad sus ilusiones y proyectos de vida. Se
estancan en la depresión y la frustración. En la ira y la desesperanza. No logran liberarse, no se les
permite liberarse del patriarcado. Se experimentan atrapadas en un sistema diseñado por y para
los hombres.
No hay vivencia de felicidad. Como consecuencia de lo anterior tenemos mujeres que no lograr
vivencia de felicidad. Para experimentarse felices ‘deben’ aceptar y asumir como propios, los
criterios de felicidad impuestos por los hombres. Sin embargo, la prevalencia de enfermedades
metabólicas y del estado de ánimo es una evidencia de que nuestras mujeres se sienten mal.
Desarrollo de enfermedades mentales y orgánicas. Ante el temor de ser ‘desterradas’ del
sistema patriarcal y señaladas como ‘non gratas’, muchas de nuestras mujeres callan el
sufrimiento y las intensas emociones que les acometen. Las emociones no son ideas, vienen
siempre acompañadas de una respuesta orgánica, hormonas y neurotransmisores que deben ser
metabolizados del alguna manera. Los sentimientos tienen como vía de salida natural las
conductas y las palabras. Pero cuando se prohíbe a la mujer expresarse, queda obstruida la vía de
salida natural, entonces las emociones y sus sustancias, cursan hacia otro destino, que al no ser
natural, desata un desequilibrio en el funcionamiento orgánico y mental. Tenemos como
consecuencia, mujeres que se enferman.
Herencia de dolor. Nuestras mujeres cuando no se percatan de su realidad y del derecho que
tienen a ser felices, transmiten a las pequeñas una sentencia de vínculo patológico con los
hombres. Las educan para ser víctimas del machismo, para adaptarse sin discutir a una sociedad
patriarcal. Las domestican para ser buenas hembras. Pero al no poder erradicar de ellas sus
cualidades sensibles e intelectuales, esas niñas estarán vulnerables al dolor de tener que aceptar
a su macho y renunciar a sí mismas.
Sociedad enferma. En la sociedad prevalecerá la discriminación y el odio por la mujer. La
misoginia seguirá siendo cultura prevaleciente y la infelicidad seguirá están presente en los
hogares de los mexicanos. La masculinidad continuará en su zona de confort, siendo disfuncional.

¿Qué podemos hacer para lograr una relación entre hombre y mujeres basada en el
reconocimiento y el respeto mutuo?
No puede haber igualdad entre géneros orgánica y psicológicamente diferentes. Es imposible,
pretender lo contrario es una fantasía. Plantear la igualdad como recurso y reclamo para una
convivencia respetuosa, es un argumento sin fuerza, que implica volvernos ciegos a las diferencias
que nos enriquecen. Podemos ser iguales ante la ley, pero no ante la vida. Es por ello que resulta
más razonable promover una cultura de equidad que de igualdad. Hombre y mujer somos
diferentes, pero esencial y existencialmente complementarios. No hay razón en la exclusión de uno
u otro, más bien hay intolerancia y absoluta ignorancia del valor y el papel que cada género aporta
a nuestra preservación como especie y a nuestra cultura como espacio de convivencia.
Sabemos bien que las primeras experiencias de la vida marcan una tendencia para el
pequeño, le preparan para tener una pauta de comportamiento, pero especialmente le preparan
para tener una pauta de vinculación con los demás. Es en casa en donde inculcamos a niñas y niños
una forma específica de relación consigo mismos y con los demás. En la infancia les damos a niños
y niñas las conductas que habrán de imitar. El determinismo que tanto malestar produce al ser
humano, se vuelve evidencia en sus conductas y experiencias repetitivas. No obstante existe una
opción ante el determinismo: aprender de nuestras experiencias y de las de los demás, asimilando
para sí nuevas formas de comportamiento y pensamiento, más acordes a la relación equitativa
entre hombres y mujeres.

Elaborado por el Psicólogo Juan Carlos Vázquez Pérez. Perito en materia de psicología, autorizado por el Poder Judicial del estado de Guanajuato.
Cédula profesional: 5459795 Registro secretaria de salud: 394 psicologiaclinicayforense@outlook.com
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Pero mientras no se rompa el lazo con una tradición cultural y familiar de relación entre
mujer y hombre, basada en la lucha por el poder, en la violación de los derechos y en la envidia,
los pequeños no tendrán quién les eduque en el amor, el respeto y el reconocimiento propio y de
los demás.
Planteo que la educación es esencial para lograr una sociedad equitativa, pero
especialmente la educación que les damos en casa a nuestros niños y jóvenes. La escuela llega
cuando ya hay un basamento psíquico sobre el cual los pequeños se relacionan. La escuela es un
auxiliar en el proceso de socialización, pero los padres siempre serán los responsables genética y
psicológicamente hablando, del tipo de hombre o mujer que forjen a través de su ejemplo.
El cerebro humano es un órgano que tiene siempre disposición al aprendizaje y la
adaptación, para quien goza de un cerebro sano, lo único que le impide aprender algo nuevo son
los prejuicios. El compromiso de rescatar lo mejor de nosotros como especie está vigente, en todo
momento podemos asimilar nuevos aprendizaje y nuevas formas de ver e interpretar la vida. Si
aspiramos a la felicidad, podremos comprender la importancia de iniciar una vida en la equidad,
reconociendo que necesitamos unos de otros, que todos somos iguales, que fallamos igual que
acertamos y que, los hombres sin las mujeres estamos perdidos. Ni siquiera la homosexualidad
podrá ser la respuesta a nuestras necesidades psíquicas y orgánicas más profundas, como la
necesidad de encontrarnos con ellas para que nos ayuden a construirnos.
Los mexicanos sabemos de amor lo que nos enseñan los medios de comunicación, somos
una sociedad autocensurada que omite tratar el amor como un tema esencial para la existencia
humana. El amor en el grueso de la población mexicana es prejuicio e ignorancia. Se hace apología
de la infidelidad y la violencia. Se dramatiza por todo. Se plantea que los celos son parte misma del
amor. Hay muchas equivocaciones en torno a lo que sabemos sobre el amor, especialmente sobre
el amor de pareja. En este sentido, afirmo que los mexicanos deberíamos de interesarnos
profundamente en saber lo que realmente es el amor de pareja antes que iniciar un noviazgo. A
este respecto hay una vasta bibliografía en torno al amor.
Es importante que el ser humano mire por encima del caos, que sea capaz de levantar la
cabeza para mirar cómo el sistema económico ha fallado, cómo la religión radical abona a la
desintegración de la sociedad, superar sus prejuicios y su ignorancia para entonces, forjar una
sociedad equitativa.
La equidad es una idea que busca convertirse en cultura. Las ideas se vuelven conducta,
la conducta se vuelve hábito, los hábitos se vuelven costumbres y las costumbres se vuelven
cultura. La equidad requiere de fuerza de voluntad y automotivación para agregarla diariamente
a nuestra vida, para que no sea una palabra más, sino que realmente se convierta en característica
de nuestro comportamiento. El reconocimiento mutuo es, desde mi punto de vista, el primer paso
hacia la equidad.

La equidad es una buena idea, es una propuesta equilibrada, en la que hombre y


mujer se reencuentran en igualdad de circunstancias, pero con la conciencia de que aquello
que los hace diferentes es precisamente lo que enriquece la existencia y la humanidad.

Referencias

1. Baroja, Pío. ‘La dama de Urtubi’.


2. Morejón, Julio (Et. al.) “Africanas martirizadas por una cultura patriarcal”.
http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2012072801
3. Ortíz, Olinka. ‘La mujer mexicana y su autorrealización’.
http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc211/Olinka.pdf
4. Wikipedia. ‘La mujer en al antiguo Egipto’.

Elaborado por el Psicólogo Juan Carlos Vázquez Pérez. Perito en materia de psicología, autorizado por el Poder Judicial del estado de Guanajuato.
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