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Desigualdad educativa: desigualdad de género

Las desigualdades de género son parte central de la agenda pendiente en el país. Tales
desigualdades, dentro del sistema educativo, pese a mostrar progresos, aún son
marcadas. Si bien las mujeres están obteniendo mejores resultados y tienen menor
probabilidad que los varones de repetir en la primaria, ellas tienen mayores
probabilidades de deserción en la transición de primaria a secundaria (Cavero et al.
2011). En tal sentido, es importante entender las trayectorias de diferentes grupos de
mujeres. En el periodo de análisis se han encontrado dos estudios.

El primero es un estudio cualitativo de Rojas et al. (2016) que documenta que el género
toma un rol importante en la trayectoria de los jóvenes en la edad adulta, especialmente,
en contextos donde las familias tienen restricciones económicas. En familias más
pobres, se suele priorizar la educación de los hombres, al término de la educación
secundaria. Por el contrario, las familias con menos limitaciones buscan que ambos
puedan acceder a una educación superior. A pesar de ello, sugieren que estudiar un
grado, en el caso de las mujeres, supone posponer comenzar una familia. En esa misma
línea, Ames (2013) sostiene que las jóvenes de zonas rurales mantienen nuevos
discursos y prácticas que priorizan la educación sobre el matrimonio temprano y la
maternidad; asimismo, identifica a la educación como camino para asegurar una mayor
autonomía e independencia económica.

A pesar de que la brecha de género en aprendizajes prácticamente se haya cerrado,


Novella y Olivera (2014) reportan que existe una importante diferencia de género –para
personas adultas que viven en pobreza en el Perú– en habilidades cognitivas. Sin
embargo, las mujeres no siempre suelen tener peores resultados. De acuerdo al estudio,
las mujeres suelen ser mejores en memoria y en ejecutar órdenes, y los hombres en las
medidas de orientación y dibujo.

Globalmente, somos una de las sociedades más desiguales, tanto en resultados


económicos (ingresos y riqueza) como en resultados educativos. Según la prueba PISA,
en nuestro país el rol de las condiciones socioeconómicas en el desempeño de los
estudiantes es uno de los más marcados de todos los países que miden sus
desempeños. También contamos con una de las mayores brechas de género en
aprendizaje de las matemáticas. Entonces, es importante responder:

 ¿La escuela reproduce las desigualdades socioeconómicas?


 ¿Cómo superar el determinismo del nivel socioeconómico?
 ¿Qué estrategias o programas han mostrado buenos impactos? ¿Cuán
escalables son?
Si bien los factores asociados al rendimiento escolar han estado dentro de los temas más
estudiados en el último quinquenio, aún hace falta generar mayor conocimiento en ciertos
aspectos. Primero, es importante el rol de la familia a lo largo del proceso de aprendizaje.
Comprender mejor las sinergias escuela-familia puede ser muy útil. La literatura sobre
comportamientos, que viene ganando espacio en la agenda global, puede ser útil aquí. Probar
ciertas intervenciones piloto con algunos nudges puede resultar fructífero. En la misma línea,
puede ser útil también una mejor comprensión de las interacciones que se dan en el aula y los
ambientes escolares. El creciente problema de la violencia escolar demanda mayor generación
de conocimiento sobre las mejores maneras de enfrentarlo y la transición de primaria a
secundaria. Según cálculos propios este último punto, es relevante por dos motivos: i) el 39% de
estudiantes con nivel satisfactorio en matemática en primaria no alcanza el mismo nivel en
secundaria; y ii) en segundo de secundaria, el 22% de los estudiantes reportan haber repetido
algún grado previo.

- ¿Qué están estudiando los hombres y las mujeres?

Sin embargo, para un país con una educación tan rezagada como la nuestra, el camino por
delante aún es largo. Perú es un país de ingresos medios, pero, más allá de la cobertura, sus
indicadores educativos se asemejan a los de uno de ingresos bajos. Hoy invertimos
aproximadamente 1200 dólares por estudiante de educación básica. Esto es la mitad y hasta la
tercera parte de lo que invierten nuestros vecinos (Chile y Colombia, por citar dos ejemplos).