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JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

LA DEFENSA DE LA CONSTITUC ION

Prólogo de Héctor Fix Zamudio

Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales,


Universidad de San Carlos de Guatemala

Instituto de Investigaciones jurídicas,


Universidad Nacional Autónoma de México.

1983
A Jorge Carpizo y Flector Zachrisson:
Maestros y Amigos.
INDICE

Pág.
Presentación, Francisco Rolando Velázquez González
Prologo, Héctor Fix Zamudio
Prefacio ix

I LA CONSTITUCION COMO DERECHO FUNDAMENTAL. SU-


PREMACIA 1
II IMPERATIVIDAD CONSTITUCIONAL 3
III ¿QUE CONSTITUCION DEFENDER? LEGITIMIDAD CONS-
TITUCIONAL 5
IV DEFENSA DE LA CONSTITUCION. CONCEPTO Y CONTE-
NIDO 9
V PROTECCION CONSTITUCIONAL. INSTRUMENTOS 13
A. Políticos 13
1. División de Poderes 13
2. Controles intraórganos e interórganos 14
a) Procedimiento legislativo 15
b) Refrendo ministerial 15
e) Organización jerárquica del poder judicial 16
d) Veto presidencial 16
e) Interpelación ministerial 16
B. Económicos y hacendarios 18
C. Sociales. Régimen constitucional de los partidos 19
D. Rigidez constitucional 22
VI G A RANT IA S CONSTITUC IONALE S 23
A. Habeas Corpus 26
— B. Amparo . 37
1. Casos de procedencia 47
2. Improcedencia 48
3. Competencia 49
4. Efectos 50
5. Disposiciones varias 51
6. Jurisprudencia 51
C. Control de constitucionalidad de las leyes 52
1. Antecedentes 52
2. La Constitución de 1965 55
a) La supremacía constitucional y el control de oficio 56
b) Inconstitucionalidad en casos concretos 57
1) Vía de acción 58
2) Vía de excepción 58
3) Sentencia y cosa juzgada 59
Pág.
e) La Corte de Constitucionalidad 60
1) Antecedentes y modelo 60
2) Integración del Tribunal 60
3) Objeto y efectos 61
4) Legitimación 63
VII POLITICA Y JUSTICIA. LA GRAN CUESTION 64
A. La revisión judicial de la legislación. Proceso histórico 64
B. Los cuestionamientos. Izquierda y derecha 67
C. El debate sobre el papel político de la función judicial 69
D. La Constitución de 1965 y la experiencia reciente. Balance
de la Corte de Constitucionalidad 72
VIII POST-SCRIPTUM 78

APENDICE DOCUMENTAL 81

Declaración de los derechos y garantías que pertenecen a todos los ciu-


dadanos y habitantes del Estado de Guatemala, 13 de septiembre de
1837 83

Recurso de Exhibición personal interpuesto por losé María González,


13 de mayo de 1880 86

Recurso de Exhibición personal interpuesto por María del Carmen Her-


nández a favor de Leonel Gómez Saz, 7 de noviembre de 1973 89

Recurso de Amparo, interpuesto por Alejandro Silva Falla contra el Pre-


sidente de la República y el Ministro de Gobernación, 9 de marzo de
1960 90

Recurso de Inconstitucionalidad del Decreto número 1725 del Congre-


so de la República, interpuesto por el Procurador General de la Nación,
8 de enero de 1971 92

Recurso de Inconstitucionalidad, presentado por Enrique Alfredo Peral-


ta Azurdia, contra Los Decretos del Congreso de la República números
2-78 y 3-78, que declararon validez de las elecciones presidenciales del
mes de marzo de 1978 105

Recurso de Inconstitucionalidad, presentados por los Abogados Manuel


Colom Argueta, Adolfo Mijangos y Héctor Zachrisson Descamps, contra
el artículo 23 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos 115

Voto razonado del Magistrado Presidente de la Corte de Constituciona-


lidad, en el recurso anterior 116
PRESENTACION

Con especial satisfacción presentamos a la consideración de los estudio-


sos del Derecho Constitucional la obra del Dr. Jorge Mario García Laguardia,
hijo ilustre de esta casa de estudios, titulada: La Defensa de la Constitución.
Los motivos que la impulsaron, claramente explicitados por su autor, encuen-
tran sobrada confirmación en el contenido del texto, elogiosamente comenta-
do por el distinguido jurista mexicano Dr. Héctor Fix Zainudio, en el prólo-
go de la misma. F.sta publicación, independientemente de su valor intrínseco,
representa, además, un trabajo de inestimable valor, por varias razones concu-
n-entes:
Constituye, en primer lugar, expresión concreta de auténtica cooperación
entre dos instituciones universitarias que al conjuntar esfuerzos sirven y bene-
fician el desarrollo de la investigación y de la docencia universitarias, creando
expectativas mayores de relación y cooperación no sólo entre las en tidades aho-
ra participantes sino, además, con otras universidades de América Latina, que
vean en el presente esfuerzo un ejemplo de la solidaridad que, corno denomi-
nador común, debe informar el trabajo cotidiano de nuestras Universidades.
Por otra parte y para el caso especifico de Guatemala, la obra del Dr.
Jorge Mario García Laguardia tiene una connotación histórica extraordinaria,
ya que es publicada precisamente cuando la crisis política, económica y social
que desde hace muchos arios padece nuestra patria, impone la obligación a to-
dos los sectores e instituciones del pueblo de Guatemala, de aportar plantea-
mientos serios, honestos y objetivos, que contribuyan a resolver la compleja
problemática nacional, para proyectar una luz de esperanza que se avizore
como final del túnel de oscuridad creada por el fraude, la corrupción y el ci-
nismo como estilo y filosofía de gobierno. En tal sentido, La Defensa de la
Constitución hará luz, indudablemente, en el panorama político y jurídico
de Guatemala, puesto que contribuirá a que gobernantes y gobernados com-
prendan en todo su significado la enorme importancia que reviste la integra-
ción de una Asamblea Constituyente cuyos miembros sean representantes legí-
timos de la voluntad popular, y su producto: la Constitución, incorpore las
respuestas adecuadas a la problemática política, económica, social, cultural,
etc., que pretende regir. He aquí la razón que fundamenta la interrogante,
vital, que el autor se plantea acerca de ¿Qué constitución defender?, y la res-
puesta clara, precisa y contundente a dicha interrogante.
Finalmente, estamos seguros de que la obra del Dr. García Laguardia,
aparte de ser recibida corno un importantísimo aporte a la bibliografía del De-
recho Constitucional en general, y muy particularmente del guatemalteco (que,
por cierto, le debe sus mayores y mejores contribuciones) será objeto, además,
de obligada, profunda y meditada reflexión, para que su lectura rinda tos fru-
tos positivos que, por su contenido, es obligado esperar.

Francisco Rolando Velázquez González.*

Decano de la Facultad de Ciencias jurídicas y Sociales, de la Universidad de San Car-


los de Guatemala. Profesor Titular de Derecho Constitucional Guatemalteco y De-
recho Internacional Público.
PROLOGO

Consideramos una grata tarea hacer algunas reflexiones con motivo del ex-
celente libro elaborado por el destacado jurista guatemalteco, pero también me-
xicano, el profesor Jorge Mario García Laguardia, Y decirnos mexicano, no só-
lo por haber cursado en nuestro país sus estudios de postgrado, sino por su
fructífera labor de varios años en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de
la UNAM.
El profesor García I aguardia aborda con profundidad la apasionante cues-
tión contemporánea de la Defensa de la Constitución, tanto en sus lineamien-
tos generales como en su regulación, concreta en los diversos ordenamientos.
de Guatemala, y para ello utiliza los dos instrumentos metodológicos sin los
cuales no puede realizarse seriamente ningún estudio jurídico en nuestra épo-
ca; por una parte la comparación en el tiempo o sea Historia del Derecho, y
por la otra, la comparación en el espacio, es decir, Derecho comparado.
Inicia el distinguido autor su estudio con el examen de los aspectos esen-
ciales del concepto de Constitución, destacando sus atributos de supremacía
e imperatividad, en virtud de que, dentro del ordenamiento jurídico existen
las disposiciones constitucionales con una primacía clara, como base de todo
el restante conjunto de normas y que recogen las decisiones políticas funda-
mentales de una comunidad política. Por otra parte, la propia Constitución
tiene operatividad inmediata, al establecer una vinculación automática para
gobernantes y gobernados, de manera que con independencia de si las nor-
mas fundamentales tienen carácter programático u operativo, poseen un valor
normativo y directo, según la expresión del conocido jurista español Eduardo
García de Enterría.
En sus reflexiones de carácter general el profesor García Laguardia abor-
da el problema relativo a la legitimidad constitucional, es decir, que única-
mente merece ser defendida la Constitución cuando es producto de un con-
senso popular libre y democráticamente obtenido, tomando en considera-
ción que el citado problema de la legitimidad se encuentra en la base de la
estabilidad política y constitucional.
Una segunda parte del excelente estudio se refiere al concepto y al con-
tenido de la defensa constitucional, y para ello hace referencia a la clásica
polémica entre Hans Kelsen y Carl Schmitt en los años treintas de este siglo,
en la cual se fijan las bases de una teoría general de la defensa constitucional,
la que comprende a todos los instrumentos establecidos para limitar los abu-
iv HECTOR FIX ZAMIJDIO

sos de poder y su sometimiento a los lineamientos fijados en el texto consiitu-


eional, rebasando el específico control de constitucionalidad de las leyes, que
sólo puede considerarse como un aspecto.
Con objeto de estudio se intenta una clasificación de los diversos instru-
mentos de defensa constitucional, los cuales pueden agruparse en dos catego-
rías: protección de la Constitución y garantías constitucionales en sentido es-
tricto. En el primer sector quedan comprendidos los medios a través de los
cuales se pretende obtener la marcha armónica de los poderes públicos; los
que pueden ser de carácter político, económico, social y de técnica jurídica
y que han sido canalizados a través de normas de carácter fundamental e in-
corporados a los documentos constitucionales con el propósito de limitar el
poder y lograr que sus titulares se sometan a los lineamientos establecidos en
la propia Constitución; en tanto que las garantías constitucionales están for-
madas por los instrumentos jurídicos, predominantemente de carácter proce-
sal, que están dirigidos a la reintegración del orden constitucional cuando eI
mismo ha sido desconocido o violado por los propios órganos del poder, a
pesar de los instrumentos protectores.
El profesor García Laguardia examina los diversos medios protectores y
en primer lugar analiza los de carácter político, el principal de los cuales es-
tá representado por el principio de la división de los poderes en su transfor-
mación actual en el derecho guatemalteco, en el cual se incluyen los contro-
les intraórganos e interórganos, de acuerdo con la concepción del ilustre ju-
rista alemán Karl Loewenstein; también estudia la regulación de los recursos
económicos y hacendarios, establecidos para garantizar la pureza en el mane-
jo de estos recursos y su utilización dentro de los límites constitucionales, ta-
les como las leyes de ingresos y de egresos y su fiscalización general, a través
de la Contraloría de Cuentas de Guatemala; la regulación de los grupos socia-
les, en particular, el régimen constitucional de los partidos políticos, en su
evolución en los distintos ordenamientos constitucionales guatemaltecos, y
finalmente, los instrumentos de técnica jurídica cuya manifestación más im-
portante se encuentra en el principio de la rigidez constitucional.
A continuación, el autor se ocupa con detenimiento a las diversas garan-
tías constitucionales que se han consagrado en las diversas Constituciones de
Guatemala, y particularmente en la Ultima, es decir, la promulgada en 1965,
y su reglamentación por la Ley Habeas Corpus, amparo y de constitucionali-
dad, de 3 de mayo de 1966.
Primero estudia la institución del habeas corpus o exhibición personal,
inspirada en el derecho angloamericano, como instrumento protector de la
libertad personal, y que tiene una larga tradición en el derecho guatemalteco,
incluyendo la proposición presentada por el diputado suplente poi Guatema-
la en las Cortes de Cádiz, don Manuel de Llano, quien pidió en la sesión de 14
de diciembre de 1810, que se redactara una ley similar a la de habeas corpus
PROLOCO

de Inglaterra. Este medio protector se introdujo en Guatemala en el Colegio


procesal penal de primero de enero de 1837, y se desarrolló paulatinamente en
los posteriores ordenamientos, hasta llegar a la Carta de 1965 y la ley regla-
mentaria de 1966.
También se refiere el autor al derecho de amparo, que si bien tiene su cla-
ra inspiración en la institución mexicana del mismo nombre, como ocurrió en
toda Centroamérica; sin embargo, se desarrolló de manera diversa, desde su in-
troducción en las reformas de 1921 y 1927, a la Constitución de Guatemala de
1879, (con antecedentes en las Cartas Federales de 1898 y 1921), puesto que
todavía tiene como función exclusiva la tutela de los derechos fundamentales
establecidos en la Carta Constitucional, excluyendo a la libertad personal pro-
tegida por el habeas corpus, por lo que no se puede interponer el propio ampa-
ro contra resoluciones judiciales por violación de leyes ordinarias y por ello no
posee la extensión y complejidad de la institución mexicana.
El profesor García Laguardia examina con penetración y detenimiento los
diversos aspectos del derecho de amparo en el ordenamiento guatemalteco,
tanto a nivel constitucional como en relación con las dos leyes que han regu-
lado la institución, de 1928 y de 1966, destacando las cuestiones relativas a
su procedencia; improcedencia; competencia; efectos del fallo; algunos linea-
mientos generales y la jurisprudencia sobre la materia.
La tercera garantía constitucional estudiada por el profesor García Laguar
día se refiere al control de la constitucionalidad de las leyes, la que posee una
vieja tradición en el derecho constitucional de Guatemala, si se toma en cuen-
ta que se remonta .al primer constituyente federal de 1824, y se reguló en el
Decreto 11 de septiembre de 1837 que contiene la Declaración de los dere-
chos de garantías que pertenecen a todos los ciudadanos y habitantes del Es-
tado de Guatemala, ordenamiento que se incluye en el Apéndice documental
del trabajo que examinamos, y cuyo artículo 5o. consignó un antecedente que
el autor considera como clave y precursor, puesto que establece la nulidad de
toda disposición legal contraria a la Carta Fundamental; principio de suprema-
cía constitucional desarrollado por el Decreto de febrero de 1938,, inicio de la
desintegración de la Federación.
El control de la constitucionalidad de las leyes evolucionó en los diversos
ordenamientos constitucionales de Guatemala hasta llegar a la Carta Suprema
de 1965, en la cual se contempla un sistema mixto, pues por una parte se con-
signa una declaratoria de inconstitucionalidad en casos concretos, y por la otra
una decisión de inconstitucionalidad con efectos generales y derogatorios, en
una nueva experiencia de control concentrado.
El control de constitucionalidad de las leyes a través del sistema difuso, es
decir, el que se encomienda a los diversos jueces y tribunales, asume dos moda-
lidades esenciales, puesto que puede ser ejercitado de oficio por el juzgador, de
acuerdo con el principio de la supremacía constitucional, o bien puede ser plan-
vi FiECTOK FIX ZAMUDIO

teado por las partes en un proceso concreto ya sea en vía de acción, es decir,
impugnando directamente el ordenamiento que se considera contrario a la
Carta Fundamental, o bien por la llamada vía de excepción, en realidad, in-
cidental o prejudicial, o sea como una cuestión previa que debe decidirse an-
tes de entrar al fondo de la controversia; pero en todos estos supuestos, el fa-
llo se traduce en la desaplicación de las disposiciones impugnadas, es decir,
que la sentencia es declarativa al determinar una nulidad preexistente en for-
ma retroactiva (ex tunc) y los efectos se limitan a los hechos en que se basó
el caso concreto en el cual se plantea la cuestión de inconstitucionalidad.
El aspecto realmente novedoso de la Carta de 1965 y su ley reglamenta-
ría de 1966, es 1a relativa al establecimiento de la llamada Corte de Constitu-
cionalidad, que no es un tribunal permanente, puesto que se integra cada vez
que se plantea una cuestión de inconstitucionalidad, con doce miembros, cin-
co de los cuales son Magistrados de la Suprema Corte, incluyendo el Presiden-
te de esta última y los restantes se designan por sorteo practicado por la pro-
pia Corte entre los magistrados de la Corte de Apelaciones y del Tribunal de
lo Contencioso Administrativo.
Dicho tribunal constitucional ha tenido una actividad restringida en vir-
tud de que la legitimación corresponde exclusivamente al Consejo de Estado.
(órgano de carácter consultivo); al Colegio de Abogados por acuerdo de su
asamblea general; al Ministerio Público por disposición del Presidente de la
República tomada en Consejo de Ministros, y por cualquiera persona o enti-
dad a quien afecta directamente la inconstitucionalidad de las disposiciones
impugnadas, con el auxilio de diez abogados en ejercicio; además, y particular-
mente por la difícil situación política de los últimos años en Guatemala; pero
de cualquier manera constituye un importante precedente de la introducción
dentro de un sistema tradicional inspirado en el derecho angloamericano, de
carácter difuso con efectos particulares, del modelo europeo la Carta Federal
Austríaca de 1920, inspirada en el pensamiento del insigne Hans Kelsen, de
las Cortes o tribunales constitucionales que realizan un control concentrado
y cuyas sentencias tienen efectos generales para el futuro (ex nunc).
En la última parte de su trabajo, el distinguido jurista guatemalteco abor-
da la compleja cuestión de las relaciones de política y justicia respecto de los
tribunales constitucionales especializados, y que ha renacido nuevamente en
los últimos años entre aquéllos que no obstante reconocer la función políti-
ca del control de la constitucionalidad, consideran que dicho control no alte-
ra la naturaleza judicial de los tribunales constitucionales; y los que por el con-
trario afirman que se ha producido una politización de la justicia debido a la
intervención de los jueces en la decisión de las cuestiones de constitucionali-
dad. En el fondo, esta polémica no hace sino reiterar el clásico debate que
se produjo durante la tercera década de este siglo entre Hans Kelsen y Carl
Schmitt .

PROLOGO VI I

De acuerdo con el examen de la experiencia de la Corte de Constituciona-


lidad Guatemala, el autor considera que no obstante que dicha Corte especia-
lizada conoció de pocos casos entre los arios de 1966 y 1981, (en que se sus-
pendió Ea vigencia de la Constitución) y sólo en uno de ellos, promovido por
el Procurador General a nombre del Presidente de la República, se formuló
la. declaración de inconstitucionalidad con efectos generales, esta labor debe
considerarse fructífera, y además, tampoco produjo el peligro del gobierno
de los jueces, el que no se ha presentado en otros países en los cuales ha exis-
tido una intensa actividad de sus cortes o tribunales constitucionales, como
Italia, Austria, República Federal de Alemania y España.
Además de las numerosas y cuidadosas notas bibliográficas con las cua-
les documenta su investigación, el profesor García Laguardia consigna al fi-
nal del mismo un importante Apéndice Documental sobre la justicia consti-
tucional en su país, en el cual incluye el Decreto legislativo que contiene la
Declaración de los derechos y garantías que pertenecen a todos los ciudada-
nos y habitantes del Estado de Guatemala de 13 de septiembre de 1837; dos
resoluciones dictadas en recursos de exhibición personal, una en 1880 y la
otra de acuerdo con la legislación reciente, en el año de 1973; un fallo dictado
el 9 de marzo de 1960 en un recurso de amparo; y tres sentencias dictadas
en recursos de inconstitucionalidad, entre ellas el fallo pronunciado el 8 de
enero de 1971 por la Corte de Constitucionalidad, y por la cual declaró la
inconstitucionalidad, con efectos generales, de un decreto legislativo.
Como puede advertirse de las superficiales observaciones que hemos rea-
lizado, el trabajo de investigación del conocido jurista guatemalteco debe con-
siderarse como una valiosa y documentada aportación a la escasa bibliografía
latinoamericana sobre el tema de la defensa constitucional, tanto por lo que se
refiere a sus principios generales, como respecto al análisis de las instituciones
jurídicas de Guatemala, por lo que su lectura debe considerarse indispensable
para todos aquellos que estamos preocupados por el respeto del fundamental
principio de la supremacía constitucional en nuestro atormentado y convul-
sionado Continente.

Ciudad Universitaria de México, febrero de 1983.

Héctor FIX-ZAMUDIO
PREFACIO

Este libro es producto de una meditación sostenida durante muchos anos.


Un primer estudio sobre el terna lo realizamos como trabajo de curso. cuan-
do hacíamos nuestro Doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico. el que fue publicado por la revista de la Universidad de San Carlos (la de-
fensa de la Constitución. Aspectos del control de constitucionalidad de las le-
yes). Después, el gobierno italiano nos distinguió con una beca de
que cumplimos en Horencia. donde iniciamos una comunic.wion qtrc persis-
te hasta hoy, enriquecida con una afectuosa amistad, con los profesores Mau-
ro Cappelleti y Paolo Barile, donde profundizamos en la temática de juris-
dicción constitucional, fortalecida años después, en 1977, con una estai,cia en
Roma, como Investigador Visitante en el Instituto Ralo Latinoamericano.
La asistencia a varias reuniones académicas, nos obligó a dar fonn.1 pau-
latina a su contenido. El Colegio de Abogados de Guatemala, nos invitó co-
mo uno de los conferencistas al VII Congreso Jurídico celebrado en (..i.,wt-
zaltenango en el año 1972 - y la versión taquigráfica de nues!ra interven,
fue publicada por la Asociación de Estudiantes de la Universidad Rafael 1
dívar en su colección Sempter Partitarum (Teoría General de la Defensa de
la Constitución). En el Coloquio del Instituto Iberoamericano de Derecho
Constitucional, celebrado en Bogotá y patrocinado por la Universidad Exter-
nado de Colombia en 1977, presentamos una ponencia sobre el Habeas Cor-
pus y el Amparo en el derecho constitucional guatemalteco, tema sobre el
que insistimos en el Coloquio Italo-latinoamericano de constitucionalistas, ce-
lebrado en Roma y Pemgia en 1979, trabajo que fue publicado en el Boletín
Mexicano de Derecho Comparado y en la Revista del Colegio de Abogados
de Guatemala. Finalmente las notas ordenadas para nuestro informe al Con-
greso Internacional sobre La Constitución y su Defensa, celebrado en el Ins-
tituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en ciudad de México, en Agos-
to de 1982, nos permitieron tener un material, que creímos era Util ordenar.
Un esfuerzo final nos permitió hacer una revisión global del mismo, que enri-
quecido sustancialmente, aquí presentarnos.
Dos elementos habría que recordar. 1.a comunicación permanente, des-
de 1971 en que nos incorporamos al Instituto de Investigaciones Jurídicas de
la Universidad Nacional Autónoma de México,- con el doctor Pléctor Eix Za-
mudio, el mejor especialista latinoamericano sobre el tema, y la continuada in-
terlocución con los colegas del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitu-
JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

cional, nos permitieron cambiar muchas impresiones y enriquecer continua-


mente información.
Y finalmente, nuestra personal y temprana preocupación política y aca-
démica por la vigencia de los derechos humanos, por el respeto a la ley supre-
ma y por la necesidad de una legitimidad constitucional como prespuesto de
un régimen democrático. Todo ello, condujo espontáneamente, a la formu-
lación de este trabajo, que consideramos como una aportación a la crítica
de una realidad insatisfactoria y un llamado al retorno y la preservación de
instituciones democráticas en el país, largamente preteridos.

Ciudad de México, febrero de 1983.

Jorge Mario García Laguardia.


I LA CONSTITUCION COMO DERECHO FUNDAMENTAL. SU-
PREMACIA 1
II IMPERATIVIDAD CONSTITUCIONAL 3
JI! ¿QUE CONSTITUCION DEFENDER? LEGITIMIDAD CONS-
TITUCIONAL 5
IV DEFENSA DE LA CONSTITUCION. CONCEPTO Y CONTE-
NIDO 9
1. LA CONST1TUCION COMO DERECHO FUNDAMENTAL. SUPREMACIA.

En la base del problema de la defensa de la Constitución, está el concep-


to de la supremacía constitucional. Kelsen formuló la idea de la concepción
unitaria del ordenamiento jurídico. Este no sería un sistema de normas coor-
dinadas a un mismo nivel, sino una estructura jerárquica de preceptos jurídi-
cos desarrollados en un proceso de creación y aplicación, que venía desde la
norma constitucional, pasando por las leyes ordinarias, reglamentos, hasta
llegar a las sentencias judiciales y a los negocios jurídicos.
Esta concepción sirvió de base para distinguir las normas primarias o fun-
damentales, de las secundarias o derivadas, entendiendo el sistema jurídico
como una pirámide en cuya cúspide la Constitución, que a su vez tiene su
justificación última —dentro de una concepción más lógica que jurídica— en
una norma hipotética fundamental, que ordena el respeto' a la Constitución.
La cúspide de la pirámide, está ocupada por la Constitución, que regula y de-
termina la suprema competencia del sistema jurídico, la suprema autoridad
del Estado. Así, la Constitución representa el nivel más alto del sistema ju-
rídico. Es, al decir de Sánchez Agesta, el derecho fundamental de la organi-
zación. La unidad de éstas (las normas) hállase constituida por el hecho de
que la creación de una norma —la de grado más bajo— se encuentra determi-
nada por otra —de grado superior—, cuya creación es determinada, a su vez,
por otra todavía más alta. Lo que constituye la unidad del sistema es preci-
samente la circunstancia de que tal regressus termina en la norma de grado
más alto, o norma básica, que representa la suprema razón de validez de todo
el orden jurídico. La estructura jerárquica del orden jurídico de un Estado
puede expresarse toscamente en los siguientes términos: supuesta la existen-
cia de la norma fundamental, la Constitución representa el nivel más alto den-
tro del derecho nacional].
Independientemente de compartir o no, la discutida teoría kelseniana en
bloque, esta idea es clave para el objeto de nuestro estudio. Dentro del orde-
namiento jurídico, existe un ordenamiento constitucional con una primicia
clara, por ser la base de todo el restante conjunto de normas, y por recoger
las decisiones políticas fundamentales que una comunidad específica ha to-
mado, en ejercicio de la soberanía popular. En el origen de la función consti-
tuyente está la decisión libre del pueblo. Nosotros, los representantes del

1 Hans Keiscn, Teoría general de/derecho y del Estado (México; 1949) pp. 127-128.
2 JORGE MARIO GARC1A LAGUARDIA

pueblo de Centro América cumpliendo con sus deseos y en uso de sus sobe-
ranos derechos decretamos la siguiente Constitución.., decía el preámbulo
de la nuestra primera Constitución, la Federal de 1824 que constituyó la re-
pública independiente y Nosotros, los representantes del pueblo de Guate-
mala, reunidos en asamblea nacional constituyente cumpliendo el mandato
extraordinario para el que fiarnos electos y en ejercicio de las facultades so-
beranas de las cuales estamos investidos, solemnemente decretamos y sancio-
namos la siguiente Constitución de la República... dice el preámbulo de la úl-
tima, la de 1965, manteniéndose con esto una continuidad teórica en nuestro
derecho constitucional.
El significado de la Constitución —que parte del siglo XVIII está en cons-

tituir un documento escrito en el que se recoge la decisión originaria de la co-


munidad política que es la base del poder, se establece un sistema de compe-
tencias entre poderes constituidos, y se formula un catálogo mínimo de de-
rechos esenciales que constituyen un espacio libre para los miembros de la
comunidad. En una palabra, sigue siendo, una etapa en la larga lucha de los
individuos por la limitación del poder del Estado. Estos principios, este sig-
nificado último, aparece en todo el articulado de la Constitución, desde el
preámbulo, la atribución de la soberanía, los objetivos, la declaración de de-
rechos, 1a división de poderes, el principio de legalidad, etc. Y se constituye,
además, como una norma de carácter supremo, por encima de todas las de-
más, que se impone a los habitantes en conjunto, gobernantes y gobernados:
La supremacía de la Constitución implica, entonces, que en la cúspide del or-
denamiento jurídico está el ordenamiento constitucional, establecido como
decisión politica por el Poder Constituyente y solo modificable, como tal de-
cisión, por éste. 2 Lo que apareja varias consecuencias: 1) la legitimidad de
la Constitución es incontrolable porque no existe un poder superior al cons-
tituyente que le dió origen, no existe la posibilidad de declarar una inconsti-
tucionalidad de la Constitución; el poder de revisión solamente está en el pro-
pio poder constituyente, y por los canales establecidos en el texto; 2) por
su carácter de supremo, las disposiciones del texto constitucional privan so-
bre todas las demás, anteriores y posteriores, y en tal virtud, las leyes o actos
con efectos generales dictados con anterioridad, quedan derogados, si se opo-
nen a aquéllas;3 y 3) las leyes o actos que entren en contradicción con la Cons-
titución, que se dicten en contravención a lo por ella preceptuado, son nulos.

2 Allan Brewer Cedas, Instituciones políticas y constitucionales (Caracas: Univer-


sidad Católica Andrés Bello y Editorial Jurídica Venezolana, 1982) pp. 159-176.
3 Brewer, idem., afirma que este principio no puede ser aplicado en términos abso-
lutos, especialmente cuando la norma de !a Constitución atribuye competencias, y cita
una jurispmdencia de la Corte Suprema de Venezuela de 1958, aplicando el texto cons-
titucional de 1953: "No se concibe lo que podríamos llamar el vacío del derecho. Mien-
tras el Poder Federal no hubiese legislarlo sobre la materia concreta sobre la cual versan
las disposiciones municipales vigentes, éstas han de continuar en vigor sobre toda la ma-
teria no legislada aún por el Poder Federal".
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 3

Este principio de la supremacía, se recoge con gran claridad y énfasis en


tres artículos de la Constitución de 1965; Arto. 77, Serán nulas ipso jure las
leyes y las disposiciones gubernativas o de cualquier otro orden que regulen
el ejercicio de los derechos que la Constitución garantiza, si los disminuyen,
restringen tergiversan;4 Arto. 172: Ninguna ley podrá contrariar las disposi-
ciones de la Constitución Las leyes que violen o tergiversen los mandatos
constitucionales son nulas ipso jure y 246 párrafo primero: Los tribunales
de justicia observarán siempre el principio de que la Constitución prevalece
sobre cualquier ley o tratado internacionals

II. IMPERATIVIDAD CONSTITUCIONAL.

Otro principio capital, es que la Constitución tiene una operatividad in-


mediata, establece una vinculación automática para gobernantes y goberna-
dos. Principio regido por el Arto. 143 Constitucional que afirma que el ejer-
cicio del poder público está sujeto a las disposiciones contenidas en la Cons-
titución y en las leyes y el 145 que dice que Los funcionarios son deposita-
rios de k autoridad, responsables legalmente por su conducta oficial, sujetos
a la ley y jamás superiores a ella 6
Este valor normativo inmediato y directo —según expresión de García
de Enterría— hace referencia a la vinculación normativa general de la Cons-
titución, que no se limita al Poder Legislativo, según una teoría que conside-
ra al texto constitucional únicamente como de carácter programático. Aquí
debemos considerai las dos clases de normas constitucionales, programáticas
u operativas, según puedan ser aplicadas inmediatamente o necesiten de una
reserva de ley, es decir, de un desarrollo posterior a nivel legislativo para po-
der tener operatividad. En la Exposición de Motivos del pro :teto constitu-
cional venezolano de 1961, se formula la distinción y se llama la atención en

4 Sobre los antecedentes de esta norma en nuestro derecho, ver infra., p.53 y siguientes.
5 Ver infra., p.56 y siguientes. "Pero la Constitución no sólo es una norma, sino pre-
cisamente la primera de las normas del ordenamiento entero, la norma fundamental, /ex su-
perior por varias razones, Primero porque la constitución define el sistema de fuentes for-
males del Derecho, de modo que sólo por dictarse conforme a lo dispuesto por la Constitu-
ción (órgano legislativo por ella diseñado, su composición, competencia y procedimiento)
una Ley será válida o un Reglamento vinculante: en este sentido, es la primera de las nor-
mas de producción, la norma norrnarum, la fuente de las fuentes. Segundo, porque en la
medida en que la Constitución es la expresión de una intención fundacional, configuradora
de un sistema entero que en ella se basa, tiene una pretensión de permanencia._ o duración...
lo que parece asegurarla una superioridad sobre las normas ordinarias carentes de una inten-
ción total tan relevante y limitada a objetivos mucho mas concretos, todos singulares dentro
del marco globalizador y estructural que la Constitución ha establecido", Eduardo García
de Enterría, "La Constitución como norma jurídica", en La Constitución española de 1978.
Estudio sistemático dirigido por los profesores Alberto Predieri y E. García de Enterría
(Madrid: editorial civitas S.A., 1981). p. 106.
6 El artículo 9 de la Constitución Española de 1978 es más preciso y corto: "los ciu-
dadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento
jurídico".
4 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

el cuidado de su tratamiento: Ha sido propósito de la Comisión redactar un


articulado sobrio, que no obstante su definición de cortas líneas, deje cierta
flexibilidad al legislador ordinario para resolver cuestiones e injertar modifi-
caciones que corresponda a las necesidades y a la experiencia de la Repúbli-
ca, sin tener que apelar a la reforma constitucional. No obstante esta posibi-
lidad, que en más de una ocasión ha permitido reducir la extensión de mu-
chas disposiciones del Proyecto, hemos considerado que no podíamos llevar
nuestros deseos de sobriedad hasta el extremo de ahorrar numerosas disposi-
ciones de contenido programático que, aun cuando no constituyen preceptos
de aplicación inmediata y directa, señalan a la acción futura de los poderes
públicos aquellos objetivos que la realidad histórica y actual de nuestro país
define como imperativos. Es sabido que todas las Constituciones modernas
son consideradas, no solo como un texto orgánico de las funciones y poderes
del Estado sino también como la expresión del conjunto de valores que inspi-
ran y deben guiar la acción institucional del mismo. Si bien hemos desechado
toda disposición que dé a determinadas regulaciones carácter constitucional,
dejando un inmenso campo a las leyes, hemos considerado inevitable comple-
tar en la Carta Fundamental el conjunto de principios y de aspiraciones que
el pueblo venezolano considera imprescindible en su destino histórico!
Cuando estas normas programáticas (llamadas también self excecuting,
self enforcing, self acting, autoaplicables y bastantes en si), forman parte del
catálogo de los derechos llamados económico-sociales y culturales, surge el
problema de su protección. No es posible exigir al Estado, se piensa, el cum-
plimiento de ellos, mientras no se cumpla la condición de su eficacia a través
de la regulación legal que fija los requisitos de su realización. Piénsese en dis-
posiciones tales como el estado velará por la salud física, mental y moral de
los menores de edad (Arto. 87), fomentará la propiedad-hogar en beneficio
de la familia (Arto. 88), velará porque las viviendas de los trabajadores sean
adecuadas y llenen las condiciones necesarias de salubridad (Arto. 115).
Se hace necesario, además de reconocer estos derechos, encontrar una
fórmula para controlar la negligencia de los órganos encargados de su desa-
rrollo, para garantizar a los destinatarios de estos derechos y rescatarlos de la
desvalorización en que se encuentran por su falta de efectividad. Germán Bi-

7 "Exposición de motivos al proyecto de Constitución Nacional", Revista de la Facul-


tad de Derecho de la Universidad Central, No. 21 (1961) pp. 371-372. Sobre el tema de las
normas el excelente estudio de José Alfonso da Silva, Aplicabildades das normas constitucio-
nal& 2a. ed. revista e atualizada (Sao Paulo: editora revista dos Trtliunais, 1982). Una cuida-
dosa discusión sobre normas operativas y programáticas en Humberto Quírop Lavié, "Sobre
la interpretación constitucional", en La interpretación constitucional (México: Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1973) pp.95-124.
También Rolando Pina, Cláusulas constitucionales operativas y programáticas (Buenos Ai-
res: 1973).
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION

dart Campos ha sostenido la tesis de que cuando el Estado no cumple con


las obligaciones que la Constitución le impone, se puede impugnar judicial-
mente, ya que ha incurrido en una inconstitucionalidad por omisión: ...la
Constitución queda lesionada tanto cuando se hace lo que ella prohibe co-
mo cuando se deja de hacer lo que ella manda, y sobre esta premisa ésta otra:
El control de constitucionalidad no puede retraerse frente a omisiones incons-
titucionales. . Su funcionamiento debe ser tan vigoroso corno lo es para ener-
var las infracciones derivadas de acciones positivas. Un órgano de la jurisdic-
ción constitucional no puede inhibirse de intervenir y resolver cuando el titular
de un derecho económico-social formulado pragmáticamente invoca su ejercicio
trabado por la ausencia de reglamentación. Tal falta de reglamentación debe de-
clararse judicialmente como omisión inconstitucional, y ante la laguna que la no
reglamentación suscita, el juez ha de integrar el orden normativo lagunoso, con-
firiendo prioridad a la Constitución suprema. De esta manera, por la vía más
sencilla, la Constitución recuperarla su supremacía al ponerse en funcionamien-
to la norma pragmática en favor de quien resulte titular del derecho declarado en
ella.8 Los constituyentes peruanos de 1979, encontraron una salida, incorpo-
rando en las Disposiciones Transitorias, una, que indica que Las disposiciones
constitucionales que irrogan nuevos gastos e inversiones, se aplican progresiva-
mente. La ley anual del presupuesto contempla el cumplimiento gradual de esta
disposición, situación que de todas formas, mantiene el problema de la congela-
ción del desarrollo de las normas programáticas de que nos ocupamos.9
III. ¿QUE CONSTITUCION DEFENDER? LEGITIMIDAD
CONSTITUCIONAL.
El problema de la legitimidad está en la base de la estabilidad política y
constitucional. Una constitución es legítima, sólo cuando es reconocida, no
8 Germán Bidart Campos, "Algunas reflexiones sobre las cláusulas económico-sociales
y el control de constitucionalidad", Derecho Comparado, revista de la Asociación Argentina
de Derecho comparado, No. 2 (1978) p. 56. Podrían proveerse otras soluciones, advierte Bi-
dart: que se intime judicialmente al órgano obligado a ejercer la competencia demorada, o
que el órgano judicial dictara por sí mismo la reglamentación, y otros mecanismos que pu-
dieran imaginarse en el mismo sentido, en busca de subsanar las omisiones inconstituciona-
les que frustran la vigencia de los derechos económico-sociales declarados prograrnáticatnen-
te. Y que si hay cláusulas "directivas" —como las llama Vanossi— que imponen funciones
a ciertos órganos de poder, !a exigibilidad de cumplir dichas funciones no se debe limitar a
la responsabilidad política, sino que debe propiciarse acción judicial para subsanar !a incons-
titucionalidad por omisión. Dice Jorge Reynaldo Vanossi que hay dos clases de Cláusulas:
las directivas que "están dirigidas al legislador, que debe convertir esas competencias en de-
rechos exigibles; pero tal situación no es demandable, por lo que la cuestión queda reducida
a un problema de responsabilidad política de los legisladores" y las interpretativas que "es-
tán dirigidas al juez, que debe aplicarlas para resolver los problemas de interpretación y zan-
jar las dudas que al respecto se le presenten", "Las cláusulas económicas y sociales en la Re-
pública Argentina", Loc. Cit., p. 83.
9 Cfr. Domingo García Belaúnde, "Protección constitucional de los derechos funda-
mentales en la Constitución peruana de 1979", Derecho, revista de la Pontificia Universidad
Católica del Perú, No. 35 (junio 1981) pp. 68-69.
6 JORGE MARIO GARC1A LAGUARD1A

simplemente como situación de hecho, sino cuando la fuerza y la autoridad


del Poder Constituyente en que descansa su decisión es reconocida. La úni-
ca legitimidad hoy aceptada es la democrática, basada en la idea de que el
Estado es la unidad política de un pueblo y que el modo y forma de la exis-
tencia política se determinan por la libre voluntad de la comunidad. Una cons-
titución es legítima, únicamente cuando es producto de un consenso popular
libre y democráticamente obtenido. El problema de la legitimidad, dice Lina-
res Quintana, es de naturaleza esencialmente política, y debe resolverse remon-
tándolo hasta la naturaleza del acto constituyente. Para que la Constitución
sea legítima, d acto constituyente debe ser la expresión de la genuina volun-
tad del pueblo, surgida de una libre determinación mayoritaria, y no hallarse
viciado por el fraude, el soborno o la violenckl°
La representación política significa, por un lado, la participación indirec-
ta del pueblo en el poder, y por otro, la única forma de legitimación de la au-
toridad y de justificación de la obediencia. Sus objetivos son: 1. Legitimar
la autoridad, al establecer el mecanismo, por medio del cual, el pueblo nom-
bra sus representantes y desplaza la imputación de las acciones de aquél a tra-
vés de éstos; 2. Expresar la voluntad popular, a través del procedimiento elec-
toral, permitiendo expresar una imagen de la opinión pública del país y 3. Se-
leccionar a las personas más capacitadas para, en el caso del poder constitu-
yente, formular las decisiones políticas fundamentales de la organización po-
lítica.
Por eso, una asamblea constituyente debe funcionar en un clima de am-
plia libertad de acción y participación, y en el instrumento legal que norme
su integración se deben contener una serie de requisitos mínimos, inspirados
en principios generalmente compartidos y reconocidos en la Declaración Uni-
versal de los Derechos Humanos y en otros instrumentos: reconocimiento de
los derechos de las minorías a través de la representación proporcional, pro-
ducto de un concepto humano y no bélico de la política; voto secreto y es-
crutinio público; auténtica y real libre participación de los partidos políticos
en el evento; eliminación de prohibiciones antidemocráticas en la integración;
organización de organismos electorales que garanticen la pureza del sufragio
y el establecimiento de recursos efectivos de control. Será necesario —afirma
Messineo— para la legitimidad de la Constitución o de su reforma, que las dis-

10 Segundo Linares Quintana, Tratado de la Ciencia del Derecho Constitucional Ar-


gentino y Comparado, TM (Buenos Aires: Editorial Alfa, 1953) p. 139. Wilhern Ropke,
sostiene que las tres calidades de un estado sano, son la legitimidad, la cooperación y la
descentralización. Y que esa salud solo puede lograrse por el Estado "que dispone de un
título intínseco, moral y jurídico, no amaziado por juristas serviles, con el que totalmen-
te se identifica el ciudadano, y por consiguiente, sin discusión y sin necesidad ulterior de
legitimación por obra de éxitos espectaculares es reconocido por la población como el que
manda por derecho propio", Civites Humana (Madrid: Revista de Occidente, 1949) pp. 107-
108, citado por Juan Francisco Linares, "Legitimidad y razón suficiente del poder,', Juris-
prudencia argentina, Año XXV, No. 1672, 29 de agosto de 1963, p. 1.
LA DEFENSA DF LA CONSTITUCION 7

tintas corrientes políticas que orientan el pensamiento popular declaren abier-


ta y libremente sus programas y sus objetivos con respecto a la enmienda, y
que estas materias sean libremente expuestas a la ciudadanía, para que ésta
se halle en condiciones de conocer ampliamente las razones en favor y en con-
tra de la reforma y pueda formarse un exacto juicio de valor al respecto. 11
No debe realizarse un proceso constituyente sin que exista un clima de liber-
tad propicio. Una de las últimas constituciones brasileñas asentaba que no
se reformará la Constitución durante la vigencia del Estado de sitio. Y siem-
pre resulta pertinente en estos temas recurrir a la autoridad de Heller: La
cuestión de la legitimidad de una Constitución no puede, naturalmente, con-
testarse refiriéndose a su nacimiento según cualesquiera preceptos jurídicos
positivos, válidos con anterioridad Pero, en cambio, sí precisa una Consti-
tución, para ser Constitución, es decir, algo más que una relación fáctica e
inestable de dominación, para valer como ordenación conforme a Derecho, una
justificación según principios éticos de Derecho... La existencialidad y la nor-
rnatividad del poder constituyente no se hallan, ciertamente, en oposición si-
no que se condicionan recíprocamente. Un poder constituyente que no esté
vinculado a los sectores que son de decisivo influjo para la estructura de po-
der, por medio de principios jurídicos comunes, no tiene poder ni autoridad
y, por consiguiente, tampoco existencia 12
Si en cualquier momento de la vida política —afirmaba, en forma premo-
nitoria, el nada sospechoso de radicalismo Manuel Fraga Iribarne— debe con-
jugarse la autoridad con la representación, en el momento en que se reestruc-
tura el régimen dé un país, constituyéndose o reconstituyéndose, esa conju-
gación adquiere especial importancia, porque se tomarán decisiones que rígi-
das o no, van a ser excepcionalmente importantes en la vida social. Y el ejem-
plo español, en el desmantelamiento de la dictadura y el régimen franquista,
como un proceso de búsqueda de consenso a través de una constitución de
compromiso, merece nuestra mayor atención por lo reciente y por la seme-
janza con la situación latinoamericana.13

11 11 potere costituente (Roma: 1946) pp. 68-69. Citado por Linares Quintana, Op
cit., pp. 140-141. El profesor Irving Louis Horowirz —de la Washington University— consi-
dera que la razón de la crisis política permanente en América Latina, es la "falta de legitimi-
dad política por medio de la soberani a popular y de la legalidad constitucional", que se rela-
ciona con el surgimiento de un sistema normativo, basado en la violencia, que implica el con-
trol del sistema político por medios arbitrarios, no consentidos y por eso se ha instituciona-
lizado la ilegitimidad más bien que la autoridad reconocida. Los gobiernos legítimos tienden
hacia la crisis, rnás bien que a la estabilidad", "La legitimidad política y la institucionaliza-
ción de la crisis en América Latina", Foro Internacional, Revista del Colegio de México, Vol.
VII, No. 3 (enero-marzo 1968) pp. 235-257.
12 Hermann Heller, Teoría del estado (México: fondo de cultura económica, 1947)
p. 308.
13 "Comentario a El Poder Constituyente, de Nicolás Pérez Serrano", Revista de es-
tudios políticos, Madrid, T. XVII, Núms. 31-32 (1947) p. 467. Sobre la Constitución espa-
ñola de 1978, y el arreglo político que está en su base, Javier Jiménez Campo, "Crisis políti-
ca y transición al pluralismo en España (1975-1978)", La Constitución espaifola de 1978...
8 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

La Constitución de 1965, es producto de una experiencia nueva en nues-


tra historia constitucional, aún no analizada globalmente. El ejército, corno
institución, tomó el poder a través de un golpe de estado, el 31 de marzo de
1963, derrocando al Presidente constitucionalmente electo, Miguel Ydígoras
Fuentes. El Coronel Enrique Peralta Azurdia, su Ministro de Defensa, conver-
tido en Jefe de Estado y en representación de la institución armada, centrali-
zó los poderes en su persona y ejerció, técnicamente, una dictadura a partir
de esa fecha, ilegalizando en sus primeras disposiciones los partidos políticos.
El ejército, decía el decreto justificatorio, conservando su jerarquía militar,
asume el gobierno de la República. 14
Más tarde, en un arreglo con dos de los partidos (el Revolucionario y el
Movimiento de Liberación Nacional) el gobierno militar, ante un malestar
creciente por la prolongación del régimen de facto, abrió las puertas a la vuel-
ta al régimen de legalidad, convocando un cuerpo constituyente. Los dos
partidos del arreglo, presentaron diez candidatos cada uno, reservándose el
gobierno, la nominación de los restantes diputados, y en una elección de lis-
ta única, que fue presentada a un electorado apático, que desertó en un 7004
fue designada la asamblea.

Op. cit., pp. 45-94 y J. Jiménez Campo y J. Porres Ackona, "Conflicto político, técnica jurí-
dica y aplicación inmediata en una Constitución de compromiso: la Constitución española
de 1978", Revista de derecho público, 2a. época, Vol. 1, No. 74, pp. 83-112 entre otros.
David Pantoja Morán, en lúcido análisis, llama la atención en las implicaciones políticas y ju-
rídicas de la legitimidad: "...a la democracia se le ha fincado sustancialmente en el proceso
electoral, en las garantías para el multipartidismo y en la división de poderes consagrados to-
dos ellos en la Constitución y en la estructura del orden jurídico imperante. Pero si bien es-
tas condiciones formales son necesarias para el ejercicio democrático, no son suficientes. An-
te nuestros ojos estos valores del Estado de derecho se han hecho nugatorios: la voluntad
ciudadana manipulada por poderosísimos instrumentos de condicionamiento social, las op-
ciones verdaderas de voto sensiblemente reducidas, la democracia interna de los partidos es-
camoteada por la burocracia de sus aparatos y la división de poderes desvanecida gracias al
proceso de concentración de capitales y del poder político y la creciente fusión de ambos.
Lo enunciado anteriormente de manera rápida nos revela que el simple garantismo constitu-
cional, la sola estructura jurídico-formal, no bastan para garantizar la realidad democrática.
Nos revela también que uno de los problemas más graves a que se enfrenta la teoría demo-
crática moderna es, sin duda alguna, el de 'encontrar los mecanismos de una participación
real de las mayorías en el ejercicio del poder y en la toma de decisiones', vale decir, el pro-
blema de la legitimación de la autoridad por el consenso real de la voluntad ciudadana. Con
todo, lo dicho no basta; la voluntadlsoberana no solo se forma del consenso mayoritario, si-
no también con el de las minorías. Es imposible, por tanto, suprimir uno u otro —pues se
encuentran dialécticamente unidos— so pena de secar la fuente de la legitimidad. En la de-
mocracia moderna la oposición es un órgano de la soberanía del pueblo tan vital como la
mayoría gobernante y se hace necesario que los dos contrarios se puedan manifestar real-
mente y obrar mutuamente, respetándose en su esfera particular", en "Contribución al estu-
dio de la legitimidad de los regímenes políticos con referencia a los de América Latina", Re-
vista Mexicana de ciencia política, Año XVII, No. 66 (octubre-diciembre de 1971) pp.69-79.
14 Enrique Peralta Azurdia, Remembranzas del gobierno militar de Guatemala. 1963-
l956 (Miami: Pan American Litho, 1972) Cfr. Jorge Mario García Laguardia, Política y
Constitución en Guatemala (Guatemala: serviprensa centroamericana, 1977) pp. 35 y si-
guientes; Adolfo Mijangos López, "La Constitución guatemalteca de 1965", Revista de la Fa-
cultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San Carlos, época VIII, Núms. 3
a 6 (julio-diciembre de 1967; enero junio de 1968) pp. 3-13 y Ramiro de León Carpio, Aná-
lisis doctrinario y legal de la Constitución de la República de Guatemala (Guatemala: tesis,
Facultad de Derecho Universidad Landívar, 1973).
DUFFNSA 1)F LA CONSTITUCION

11 procedimiento fue motivo de !tiene cr íticas de sectores representativos


de opinión, El Colegio de Ahogados de Guatemala, cii si 111 Congreso del
ano 1%4 aprobó resoluciones condenatorias sobre el proceso_ lii una de
ellas, se apunta que _ratifica_ su convicción de que una de las causas que im-
piden la existencia de un completo régimen de legalidad en el país, es la inde-
bida ingerencia del Ejército, que en varios momentos de nuestra historia, ha
actuado arrogándose el papel de contralor de la constitucionalidad, en firma
arbitraria y dando por resultado la subversión del orden institucional que de-
biera garantizar; y su exigencia para que se haga efectiva la representación ple-
na de la ciudadanía en el proceso elaborativo de las normas constitucionales
y 'legales y se denuncia expresamente que la asamblea constituyente ha sido
instalada al margen de un proceso democrático y que el hecho de la falta de
representación de la ciudadanía en la elaboración de la Constitución, podrá
llevar a Guatemala a una situación de inestabilidad institucional tnás grave
aún de aquélla que se confrontó durante la vigencia de la Constitución pro-
mulgada, en similares condiciones, en el año de 1956. Y en otra, referida a
la protección de los derechos humanos, se afirma que ,.. en la integración de
la Asamblea Nacional Constituyente se incurrió en vicios formales y materia-
les, porque la voluntad del pueblo no fue debidamente consultada y que en
consecuencia la representación de ese cuerpo no es auténtica 15 'Más tarde,
vigente ya la Constitución, en el IV Congreso del propio Colegio de Aboga-
dos, se aprobó una terminante resolución declarando por los mismos moti-
vos, la ilegitimidad de la Constitución.16

IV. DEFENSA DE LA CONSTITUCION. CONCEPTO Y CONTENIDO.

Dejando antecedentes que podrían llevarse a Grecia y Roma, la idea de


la defensa constitucional, se inicia en el período del constitucionalismo libe-
ral, cuyo centro puede fijarse provisionalmente en la Revolución Francesa.
Sin embargo, el desarrollo de la teoría es reciente. En su inicio, el siste-
ma de judicial revievt, de tipo difuso norteamericano, formulado jurispruden-

15 Tercer Congreso Jurídico del Colegio de Abogados de Guatemala (Guatemala: im-


prenta universitaria, 1964).
16 Cuarto Congreso Jurídico del Colegio de Abogados de Guatemala (Guatemala: im-
prenta universitaria, 1966). FA comentario de un notable constitucionalista franc'es es revela-
dor: "Podría hacerse aquí, guardando todas las proporciones debidas, un paralelo con los
países de la Europa Balcánica satélites de la URSS. La guerra civil de Guatemala de 1954
podría emparentarse con la revolución prefabricada de Praga de 1948. los regímenes políti-
cos son dictatoriales en ambos casos; pero las dictaduras sudamericanas son de tipo conser-
vador (fascistas) y no de tipo progresista. La Asamblea Constituyente guatemalteca de 1954
fue elegida sobre una lista única de 66 miembros presentada en bloque a la aprobación de
los electores por una votación pública; es exactamente la técnica de las elecciones fascistas,
agravada por la ausencia del secreto de la votación", Maurice Duverger, Instituciones políti-
cas y derecho constitucional (larcelona: editorial Ariel, 1962) p. 355.
10 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

cialmente por la Suprema Corte, en los primeros años del siglo pasado; la recep-
ción de la institución inglesa del habeas corpus; y la configuración del juicio
de amparo mexicano como institución protectora, son los antecedentes decimo-
nónicos de la teoría, que ha tenido diversos desarrollos. Y, en 1920, en la Cons-
titución austríaca, la creación de la Corte de Justicia Constitucional como siste-
ma concentrado, bajo la inspiración directa de Hans Kelsen.
Precisamente la discusión sobre esta institución, permitirá formular la idea
expresa de la defensa constitucional. Kelsen publicará en 1928 un artículo me-
morable, La garantía jurisdiccional de la Constitución," en la que se defien-
de su idea clave: la Constitución rígida solo puede ser defendida eficazmen-
te, si para garantizar su cumplimiento se crea una específica Corte Constitu-
cional de justicia.18 Que inmediatamente provocó una muy viva polémica, que
aún no termina. En octubre de ese mismo año, en la sesión plenaria del Insti-
tuto de Derecho Público, (con asistencia de Alvarez, Berthelemy, Bonnard,
Duez, Duguit, Fleiner, Gascón y Marín, Gronski, Jeze, Kelsen, Leférriere,
Laun, Mestre, Mirkine-Guetzevitch, Nolde, Politis, Romieu e Thoma), la te-
sis kelseniana fue drásticamente rebatida. Especialmente por Duguit, quien des-
pués de rechazar terminantemente la clasificación jerárquica keIseniana —por
considerar que las reglas (normas generales) y actos jurídicos (normas indivi-
duales) son cosas diversas y por consiguiente imposible de jerarquizar— se opo-
ne expresamente a la creación de una jurisdicción constitucional especial ...que
sería inoperante o muy peligrosa porque se transformaría en una tercera o en —

una primera asamblea política. 19 Posición apoyada por Carré de Malberg,


en la más pura tradición francesa, que desconfía del cuerpo judicial y entiende
al Parlamento como el representante de la soberanía popular.2°
Carl Schmitt, quien no estuvo en esta primigenia confrontación, se va a
hacer presente espectacularmente, como el gran interlocutor de Kelsen. En
marzo de 1929, publica en los Archivos de Derecho Público, su trabajo "Der
Huter der Verfassung" (Nueva serie, XVI, pp. 161-237), que dos años más
tarde en 1931 apareció, elaborado, ampliado y enriquecido con notas de ar-
tículos y conferencias de 1929 y 1930. Y que fue inmediatamente traducido

17 "La garantie jurisdictionnelle de la Constitution (La justice constituctionnelle)",


en Revue de Droit Public et de la Science Politique en France et á l'Etranger, París (1928)
1)13, 197-257; traducción española de Rolando Tamayo y Salmorán, "La garantía jurisdiccio-
nal de la Constitución. (La justicia constitucional)", en Anuario Jurídico del Instituto de In-
vestigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, No. (1974) pp.
471-515. También incluído en la colección de estudios sobre el tema, de Ilans Kelsen, La
giustizia constituzionale (Milano: Giuffré editore, 1981).
18 Ver el breve y excelente prólogo de Antonio La Pérgola, al libro de Kelsen, La gius-
tizia..., Op. cit.
19 "La garanzia giurisdizionale della Constiruzione. Dibattito presso L'istituto Interna-
zionale di Diritto Pubblieo", Kelsen, La giustizia..., Op. cit., p. 212.
20 "La garanzia giurisdizionale della Constituzione. Una nota di R. Carré de Malberg",
ldem., pp. 215-228.
LA, DEFENSA DE LA CONSTITLICION I

-en su titulo en forma libre- al castellano,21 precisamente con el nombre


de La defensa de la constitución. En ese libro se defendía la tesis central de
que un órgano político y no jurisdiccional, el jefe del estado, es el que prote-
ge la Constitución y que la determinación sobre el contenido de un precep-
to constitucional dudoso es materia de legislación constitucional, no de la jus-
ticia. Posiblemente una frase resume la posición del decisionisrno sclunitiano
frente al formalismo kelseniano: Una ley no puede ser protectora de otra
ley. La ley más débil no puede, naturalmente, proteger o garantizar a otra
que sea más sólida. Ahora bien ¿cabe, por el contrario, que la ley difícilmen-
te modificable proteja a la ley más sencilla? En tal caso se habrían invertido
totalmente los términos, pues se trata de la protección y defensa de la ley fór-
mulada en la Constitución, no de la simple ley, y el problema, es, precisamen-
te, el de proteger una ley difícilmente modificable contra la posibilidad de que
sea modifiada por una ley sencilla. El problema no surgiría si una norma pudie-
ra normativamente protegerse a sí misma. 22 Parte del supuesto de que entre
las funciones políticas y las judiciales existe una contradicción básica y con-
, cluye, que si lo que se busca es una instancia especial que tenga por función
garantizar el funcionamiento del sistema constitucional, no se puede enco-
mendar esta función a uno de los poderes existentes, sino a un poder neutral
con atribuciones especiales, que encuentra precisamente dentro del régimen
de Weimar, en el Presidente del Reich.23
Kelsen responde al trabajo de Schmitt, con una larga recención titulada:
¿Quién debe ser el defensor de la Constitución? de un gran contenido polé-
mic(3.24 La idea siel defensor de la Constitución hace referencia, apunta, a
las garantías que deben establecerse sobre los órganos constitucionales, ca-
paces de provocar infracciones, y en ese sentido, el órgano que defienda la
Constitución, no debe ser obviamente el mismo que pueda violarla: La fun-
ción política de la Constitución es la de poner límites jurídicos al ejercicio del
poder y garantía de la Constitución significa certeza de que estos límites no
serán rebasados. Si una cosa es indudable, es que ningún órgano es menos
idóneo a realizar esa tarea que aquél al cual la Constitución encarga —en to-
do o. en parte - el ejercicio del poder y que tiene en sus manos la ocasión ju-
rídica y los estímulos políticos para violarla. Ningún principio técnico jurí-
dico es tan generalmente compartido como aquél por el cual ninguno pue-

21 Carl Schmitt, La defensa de la Constitución. Estudio acerca de las diversas especies


y posibilidades de salvaguardia de la Constitución. Traducción directa del alemán por Ma-
nuel Sánchez Sarto. (Madrid-Barcelona-Buenos Aires: editorial Labor, 1931). Reciente-
mente ha sido hecha una nueva edición italiana, 1.1 custode della constituzione (Milano: Giu-
ffre, 1981).
22 Schmitt, La defensa.., Op, cit, pp. 53-54.
23 ldem., pp. 161 y siguientes.
24 Publicada en Die Justiz, 1930-1931, Heft 11-12, bd, VI, pp. 576-628. Traducida al
italiano, "¿Chi dev'essere il custode della costituzione?", en Kelsen, La giustizia... Op. cit.,
pp. 231-291. Utilizamos la traducción italiana.
12 JORGE MARIO GARC1A LAGUARD1A

de ser juez en causa propia. 25


Así, estaban fijadas las bases para la formulación de una teoría general de
la defensa constitucional, que incluyera todos los instrumentos establecidos
para limitar los abusos del poder y la sujeción dentro de los límites fijados en
el texto constitucional, rebasando el específico control de constiticuionalidad
de las leyes, que solo sería uno de sus aspectos.
Ha sido el jurista Néctar Fix Zamudio, el que en América Latina ha pro-
fundizado más en el tema, sobre el que ha reincidido -enriqueciéndolo— en los
últimos años. En uno de sus últimos estudios formula el concepto al afirmar
que ...la defensa de la Constitución está integrada por todos aquellos instru-
mentos jurídicos y procesales que se han establecido tanto para conservar la
normativa constitucional como para prevenir su violación, reprimir su desco-
nocimiento, y lo que es más importante, lograr el desarrollo y la evolución
de las propias disposiciones constitucionales en un doble sentido: desde el
punto de vista de la Constitución formal lograr su paulatina adaptación a los
cambios de la realidad político-social, y desde el ángulo de la Constitución
material, su transformación de acuerdo con las normas programáticas de la
propia Carta Fundamental. Por este motivo nos atrevemos a sostener que una
verdadera defensa constitucional es la que puede lograr la aproximación en-
tre esos dos sectores, que en ocasiones pueden encontrarse muy distanciados:
la Constitución formal y la Constitución material y agrega que la defensa cons-
titucional no debe considerarse sólo desde un punto de vista estático, que con-
cuerda de cierta manera con la idea de conservación de la Constitución defen-
dida por Constant —doctrina del órgano neutro moderador— y Sieyes —Se-
nado Conservador de la Constitución del año VIII— y que tiene un sentido
exclusivamente conservador y estático de la defensa constitucional; sino que
la Constitución tanto en su sentido material, pero también desde el ángulo
formal, es forzosamente dinámica, y con mayor razón en nuestra época de
cambios acelerados y constantes, por lo que la idea de la defensa constitu-
cional tiene por objeto no sólo el mantenimiento de las normas fundamen-
tales sino también su evolución y su compenetración con la realidad políti-
ca para evitar que el documento escrito se convierta en una simple fórmula no-
minal o semántica de acuerdo con el profundo pensamiento de Karl Loewens-
tein, es decir, que solo resulta digno de tutelarse un ordenamiento con un gra-
do de eficacia y de proyección hacia el futuro y no un simple conjunto de ma-
nifestaciones declamatorias. 26

25 ídem., p. 232. (traducción nuestra). Infra., pp. 64 volvemos sobre la polémica


Kelsen-Schmitt, a propósito de las relaciones entre justicia y política en relación con la
Corte de Constitucionalidad.
26 Héctor Fix Zamudio, La Constitución y su defensa. Ponencia general al Coloquio
Internacional sobre el tema, celebrado en el Instituto de Investigaciones jurídicas de la Uni-
versidad Nacional Autónoma de México, el mes de agosto de 1982. También del mismo au-
tor, "Introducción al estudio de la defensa de la Constitución", Boletín mexicano de dere-
LA DEFENSA DE LA CONSTITUC1ON 13

El mismo Fix Zamudio -cuyo esquema clasificatorio seguimos indica


que el concepto puede dividirse convencionalmente como todas las clasi-
ficaciones en dos categorías fundamentales, la Protección de la Constitu-
ción, y las Garantías constitucionales. Li primera se integra por todos aqué-
llos instrumentos políticos, económicos, sociales y de técnica jurídica que han
sido canalizados a través de normas de carácter fiindamental e incorporados
a los documentos constitucionales, con el propósito de limitar el poder y lo-
grar que sus titulares se sometan a los lineamientos establecidos en la propia
Constitución, instrumentos que se refieren al aspecto fisiológico de la ley fun-
damental; y la segunda con los medios jurídicos, predominantemente de ca-
rácter procesal, que están dirigidos a la reintegración del orden constitucio-
nal cuando el mismo ha sido desconocido o violado por los propios órganos
del poder, a pesar de los instrumentos protectores, instrumentos destinados
a la corrección de una patología constitucional.27

V. PROTECCION CONSTITUCIONAL,

Está constituida, como hemos apuntado, por los instrumentos encamina-


dos a proteger el orden constitucional. Pueden ser de diverso carácter, políti-
co, económico, social y estrictamente jurídico, pero siempre, todos se mani-
fiestan a través de normas de carácter constitucional.

A. Políticos.

1. División de poderes.

Posiblemente el más conocido de ellos, es el de la división de pode-


res, formulada en el siglo XVII y XVIII entre la ilustración y la teoría políti-
ca del liberalismo. Teoría orientada a contener a los diversos poderes dentro
de sus propias competencias y a limitar el ejercicio del poder. En el Capítulo
XI de El Espíritu de las Leyes, de Montesquieu, se le dió forma moderna a es-
te principio. Este autor, poco convencido de que la garantía de la libertad
política tuviera su base en la moralidad cívica de las personas, dedicó toda su
vida a la búsqueda de un mecanismo dentro del propio gobierno, que natural-

cho comparado, Nueva Serie, Año I, Núm. 1 (Enero-abril de 1968) pp. 89-118, y Jorge Mario
García 1.aguardia, Teoría general de la defensa de la Constitución (Guatemala: Septem-Parti-
tarum, publicación de la Asociación de Estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, 1973).
En un sentido amplio dice José Almagro Nosete— "La expresión defensa constitucional de-
nota el conjunto de actividades encaminadas a la preservación o reparación del orden jurídi-
co establecido por la Constitución, y en particular, de la Constitución misma, que en cuanto
ley suprema vincula a los ciudadanos y a los poderes públicos", Justicia constitucional (Co-
mentarios a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional) (Madrid: Artigrafía S.A., 1980)
p. 4.
27 'lector Fix zainudio, Op. cit., pp. 92-93.
V PROTECCION CONSTITUCIONAL. INSTRUMENTOS 13
A. Políticos 13
1. División de Poderes 13
2. Controles intraórganos e mterórganos 14
a) Procedimiento legislativo 15
b) Refrendo ministerial 15
e) Organización jerárquica del poder judicial 16
d) Veto presidencial 16
e) Interpelación ministerial 16
B. Económicos y hacendarios 18
C. Sociales. Régimen constitucional de los partidos 19
D. Rigidez constitucional 22
LA DEFENSA DE LA CONST1TUCION 13

El mismo Fix Zamudio -cuyo esquema clasificatorio seguirnos indica


que el concepto puede dividirse convencionalmente como todas las clasi-
ficaciones en dos categorías fundamentales, la Protección de la Constitu-
ción, y las Garantías constitucionales. La primera se integra por todos aqué-
llos instrumentos políticos, económicos, sociales y de técnica jurídica que han
sido canalizados a través de normas de carácter Iiindamental e incorporados
a los documentos constitucionales, con el propósito de limitar el poder y lo-
grar que sus titulares se sometan a los lineamientos establecidos en la propia
Constitución, instrumentos que se refieren al aspecto fisiológico de la ley fun-
damental; y la segunda con los medios jurídicos, predominantemente de ca-
rácter procesal, que están dirigidos a la reintegración del orden constitucio-
nal cuando el mismo ha sido desconocido o violado por los propios órganos
del poder, a pesar de los instrumentos protectores, instrumentos destinados
a la corrección de una patología constitucional.27

V. PROTECCION CONSTITUCIONAL,

Está constituida, como hemos apuntado, por los instrumentos encamina-


dos a proteger el orden constitucional. Pueden ser de diverso carácter, políti-
co, económico, social y estrictamente jurídico, pero siempre, todos se mani-
fiestan a través de normas de carácter constitucional.

A. Políticos.

I. División de poderes.

Posiblemente el más conocido de ellos, es el de la división de pode-


res, formulada en el siglo XVII y XVIII entre la ilustración y la teoría políti-
ca del liberalismo Teoría orientada a contener a los diversos poderes dentro
de sus propias competencias y a limitar el ejercicio del poder. En el Capítulo
XI de El Espíritu de las Leyes, de Montesquieu, se le dió forma moderna a es-
te principio. Este autor, poco convencido de que la garantía de la libertad
política tuviera su base en la moralidad cívica de las personas, dedicó toda su
vida a la búsqueda de un mecanismo dentro del propio gobierno, que natural-

cho comparado, Nueva Serie, Año 1, Núm. I (Enero-abril de 1968) pp. 89-118, y Jorge Mario
García 1.aguardia, Teoría general de la defensa de la Constitución (Guatemala: Septem-Parti-
tarum, publicación de la Asociación de Estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, 1973).
En un sentido amplio dice José Almagro Nosete— "La expresión defensa constitucional de-
nota el conjunto de actividades encaminadas a la preservación o reparación del orden jurídi-
co establecido por la Constitución, y en particular, de la Constitución misma, que en cuanto
ley suprema vincula a los ciudadanos y a los poderes públicos", Justicia constitucional (Co-
mentarios a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional) (Madrid: Artigrafía S.A., 1980)
p. 4.
27 Hector Fix Zamudio, Op. cit., pp. 92-93.
14 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

mente limitara el poder y garantizara la libertad individual. En su famoso libro,


resultado de más de veinticinco años de trabajo, logró formular la teoría. Si el
poder estaba centralizado en las manos del Monarca, debería dividirse en varios
poderes con funciones diversas: el Legislativo, encargado de hacer ¡as leyes; el
Ejecutivo, de aplicarlas y el Judicial, encargado de dirimir las controversias. Un
recíproco control entre esos poderes, constituiría el mecanismo que garantiza-
ría necesariamente la libertad política. Los padres fundadores harían aplicación
jurídica de esta teoría en la primera Constitución escrita, la norteamericana, for-
mulando un sistema de frenos y contrapesos, de cheks and balances Y toda la
democracia moderna, a partir de esa época —tanto la socialista como la liberal—
se ha amparado, en gran medida, en este principio. Que en los últimos años ha
entrado en crisis y ha sido muy diseutido.2'
Sigue siendo el dogma de nuestro constitucionalismo, recogido desde nues-
tra primera Constitución, hasta la vigente. El estado guatemalteco, se organiza
dentro del constitucionalismo liberal-burgués a partir de la independencia, aun-
que recoge la aportación del constitucionalisrno social, a partir de 1945.29
El Arto, lo. de la Constitución recoge esa idea: Guatemala es una nación
libre, soberana e independiente, organizada para garantizar a sus habitantes
el goce de la libertad, la seguridad y la justicia. Su sistema de gobierno es re-
publicano y democrático representativo. Delega el ejercicio de su soberanía
en los Organismos Legislativo, Ejecutivo y Judicial, entre los cuales no hay
subordinación Los títulos V, Organismo Legislativo (Arios. 156-180), VI,
Ejecutivo (Anos. 181-239) y VII, Organismo Judicial (Artos. 240-265) esta-
blecen los poderes y señalan las competencias de cada uno. Un régimen cons-
titucional de atribuciones expresas, que reconoce la división de poderes y fi-
ja una serie de frenos y contrapesos entre ellos, es el primero de los instrumen-
tos de protección constitucional.

2. Controles intraórganos e interórganos.

Dentro del juego del poder, entre los distintos órganos, que cooperan
en el proceso de gobierno, se han creado instituciones de control. Algunas
funcionan dentro del propio órgano y otras entre diversos órganos. Karl Loe-
wenstein,3° quien formula este esquema, los llama controles intraórganos (p. ej :

28 La bibliografía sobre el tema es profusa. Ver dos trabajos de primer orden: Charles
Eisenman, "El Espíritu de las Leyes y !a separación de poderes' , Anuario Jurídico, del Ins-
tituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad de México, No. 2 (1975) pp. 429-450 y
Lotus Althusser, Montesquieu. La política y la historia (Madrid: ediciones Ciencia Nueva;
1968).
29 Jorge Mario García Laguardia, "Evolución del constitucionalisrno social en Centro-
américa y Panarna", Boletín mexicano de derecho comparado, Año VII, Núm. 20 (mayo-
agosto 1974) pp. 3-43, y Ernesto de la Torre Villar y Jorge Mario García Laguúdia, Desarro-
llo histórico del constitucionalismo hispanoamericano (México: Instituto de Investigaciones
Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 1976) pp. 225 y siguientes.
30 reoría de la Constitución (Barcelona: ediciones Ariel, 1964) pp. 232 y siguientes.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 15

bicarneralismo, refrendo, votación calificada) y controles interórganos (ejem.:


veto presidencial, interpelación, informes ministeriales).

a) Procedimiento legislativo

La existencia de una Cámara Alta, en los países que adoptan el bica-


meralismo, como una asamblea de reflexión, dentro de la cual los elementos
conservadores tienen mayor participación para controlar el proceso legislati-
vo, es uno de los controles intraórganos clásicos. No es el caso de nuestro
país, de tendencia unicameral. Sin embargo, en las dos últimas constituyen-
tes, la de 1956 y 1965, controladas por mayorías conservadoras, se ha abier-
to una tendencia —hasta el momento sin éxito— de establecer una Cámara Al-
ta sui generis, modificando el clásico mecanismo de formación de la ley. El
Consejo de Estado, de la constitución de 1965, fue concebido aunque el pro-
yecto original se frustró en la discusión del pleno-- como un órgano colegisla-
dor de gran poder de decisión política, con funciones de arbitraje, en manos
de los grupos de intereses.
Nuestro sistema ha recogido el procedimiento agravado de tres lec-
turas en la formación de las leyes, como autocontrol para el examen más cui-
dadoso de los proyectos legislativos, y en el mismo orden de ideas, está el
requisito de la mayoría calificada (especial) para algunos casos. Dice el Arto.
173: Presentado y admitido un proyecto de ley, se pondrá a discusión en tres
sesiones diferentes, celebradas en distintos días y no podrá votarse hasta que
se tenga por suficientemente discutido en la tercera sesión.., las leyes califi-
cadas como constitucionales requieren, para m reforma, el voto de las dos
terceras partes de diputados que integran el Congreso, previo dictamen favo-
rable del Consejo de Estado, requisito este último, que implica un control
interórgano también.

b) Refrendo ministerial

Este es otro autocontrol del poder Ejecutivo. Para que los actos del
Presidente de la República tengan validez, deben ser legitimados por el refren-
do de uno de sus Ministros. En este sentido, se produce un control interno del
mismo organismo, que compromete a mayor número de funcionarios en la de-
cisión que se toma. El Arto. 181, indica que el Presidente a quien correspon-
den las funciones ejecutivas actuará siempre con los ministros, en Consejo o
separadamente con uno más de ellos; el 197, inciso 3o., atribuye a los Minis-
tros de Estado, la función de refrendar los decretos, acuerdos y reglamentos
dictados por el Presidente de la República, relacionados con su despacho, pa-
ra que tengan validez; el Arto. 198, que el Presidente de la República y los
Ministros de Estado, reunidos en sesión, constituyen el Consejo de Ministros,
16 JORGE MARIO GARCIA LAGUARD1A

el cual conoce de los asuntos sometidos a su consideración por el Presidente


de la República, quien lo convoca y preside. Los Ministros son solidariamen-
te responsables con el Presidente de la República por todas las disposiciones
que suscriban con él. Un control, aunque más bien simbólico, está constitui-
do por el juramento que el Presidente presta ante el Legislativo al tornar po-
sesión de su cargo en sesión solemne del Congreso (Arto. 187), y la obliga-
ción que tiene de informar al Congreso de las medidas tomadas en caso de
emergencia grave o de calamidad pública, en sus sesiones inmediatas (Arto.
189 inciso 5o.).

c) Organización del poder Judicial

En el Organismo Judicial, los instrumentos de autocontrol aparecen


mucho más claros, a través de su organización jerárquica y el uso de medios
de impugnación verticales.

d) Veto presidencial.

Por medio de esta institución, el Ejecutivo puede ejercer cierto con-


trol sobre el proceso legislativo. De conformidad con el artículo 176, aproba-
do un proyecto de ley, pasará al Ejecutivo para su sanción y promulgación.
Dentro de los quince días de recibido el proyecto y previo acuerdo tomado
en Consejo de Ministros, el Presidente; podrá devolverlo al Congreso con las ob-
servaciones que estime oportunas. El Congreso considerará las observaciones
hechas por el Ejecutivo, oyendo previamente la opinión del Consejo de Esta-
do, salvo que este cuerpo ya hubiere opinado. Si no fueren aceptadas dichas
observaciones podrá dejar el proyecto para el período siguiente, pero si el
Congreso lo ratificare, con el voto de las dos terceras partes de sus miembros,
el Ejecutivo deberá sancionar y promulgar la ley dentro de los ocho días si-
guientes de haberla recibido. Si el Ejecutivo no lo hiciere, el Congreso orde-
nará su publicación para que surta efectos como ley de la República. Como
se ve, un claro ejemplo de integración y recíproco control de diversos órga-
nos, en la toma de una decisión. También podría recordarse aquí, la posibi-
lidad reconocida en los artículos 174 y 175, para que el Consejo de Estado,
pueda intervenir en forma consultiva pero obligatoria, en la elaboración de
leyes con dificultades de aprobación en el Congreso.

e) Interpelación ministerial

Esta institución se incorpora a nuestro derecho constitucional, en


la Constitución de 1945 y es mantenido en los textos posteriores. En la Cons-
titución de 1965, se recoge en los artículos 202 y 203. Los ministros tienen
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 17

obligación de presentarse al congreso a fin de contestar las interpelaciones


que se les formulen por cualquier acto de gobierno, con la excepción de los
Ministros de la Defensa y Relaciones Exteriores, que pueden abstenerse de
contestar preguntas sobre materias que afecten la seguridad nacional o las
relaciones internacionales. De la interpelación podrá derivarse un voto de
falta de confianza, el que deberá ser solicitado cuando menos por ocho di-
putados. E, de su procedencia, el Ministro presentará inmediatamen-
te su dimisión. Pero si el Presidente en Consejo de Ministros, considera que
el acto o actos censurables al Ministro se ajustan a la conveniencia nacional
y a la política del gobierno, el interpelado podrá recurrir al Congreso dentro
de ocho días y si no lo hiciere se le tendrá por separado del cargo. La rati-
ficación del voto de falta de confianza, deberá ser hecha por una mayoría
calificada de dos tercios de diputados que integran el Consejo, y al hacerla,
se tendrá por aceptada la renuncia y el Ministro quedará separado del car-
go de inmediato.
El origen de esta institución está en el malestar que produce la pre-
ponderancia presidencial. A partir del asentamiento de las reformas libera-
les —finales del siglo pasado e inicios del presente— se produce en América
Latina, un fortalecimiento inusitado de los poderes del Presidente. La Cons-
titución cubana de 1940 —que es una de las precursoras del constituciona-
lismo social después de la mexicana de 1917— por primera vez estableció un
sistema semi-parlamentario, o presidencial moderado, en el sentido de fijar
mayores limitaciones a la actividad del Ejecutivo en favor del Congreso. In-
corporó por vez primera, la interpelación y el voto de confianza, elemento
propio del régimen parlamentario y no del presidencial que está en nuestra
tradición constitucional.
Una sola vez, funcionó el procedimiento durante la vigencia de la
Constitución de 1945, en el mandato del Presidente Juan José Arévalo (1945-
1951). Su Ministro de Gobernación, —recién trasladado a dicho cargo de la
Jefatura de Estado Mayor— reprimió actividades consideradas marxistas e
hizo severas acusaciones sobre lo que consideró penetración comunista en la
que involucraba al propio Congreso, el que respondió accionando el meca-
nismo constitucional que concluyó con el voto de confianza y su renuncia.
Fue nombrado inmediatamente Ministro sin cartera.31 Y durante la vigen-

31 Jorge Mario García Laguardia, Política y constitución en Guatemala (Guate-


mala: Serviprensa Centroamericana, 1977) p. 30. Uno de los constituyentes —Manuel
Calich— afirma: "Cuando tomé posesión de mi cuml constituyente ya todo estaba he-
cho, por lo menos el articulado importante. Sólo alcancé a tomar parte en un debate
sobre el pretendido semi-parlamentarismo que, al final se introdujo, 'Yo me opuse. Por-
que en esa Constituyente la tendencia era cercenar al máximo al Ejecutivo. Se legisló
para atrás y no para adelante", Citado en Jorge Mario García Laguardia, La revolución
de octubre de 1944, 2a. ed., (Guatemala: talleres municipales, 1974) s.p.
18 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

cia de la Constitución de 1965, también una sola vez, en marzo de 1967, cuan-
do el Ministro de Economía del Presidente Méndez Montenegro fue citado al
Congreso, y al negarse a comparecer, se le otorgó un voto de falta de confian-
za que lo obligó a dimitir, entre una guerra de papel, sobre la constitucionali-
dad del procedimiento, por sus características especiales.
Este mecanismo de control ha sido muy controvertido y el Congreso
de la República ha hecho diversas interpretaciones. En 1959, afirmó que la in-
terpelación es un derecho ilimitado de los diputados y no está sujeta a la cali-
ficación previa de ninguna especie. Pero en 1972, la mayoría conservadora,
se decidió por un criterio restrictivo, sentando la tesis de que la solicitud debe
calificarse previamente por la Junta Directiva, la que determina si se ajusta a
la Constitución y a la naturaleza de la institución para evitar que se desnatura-
lice y sea objeto de exceso de iniciativa de los diputados, o de cualquier otro
factor que haga perder el sentido de la unidad de los actos y resoluciones del
Congreso de la República, haciendo el planteamiento al pleno del Congreso
para su aceptación o no. Como se ve, con esta interpretación el derecho de
los diputados se anula, y el ejercicio de la interpelación queda en manos de la
mayoría, la que reiteradamente ha hecho uso de esta prerrogativa.32
En la misma línea, están los informes que los Ministros están obliga-
dos a presentar anualmente al Congreso, con la memoria de sus actividades y
la ejecución presupuestaria de su dependencia (Arto. 201) y la facultad del
Congreso o de sus comisiones internas, para citar a los Ministros y al Procura-
dor General de la Nación, para oirlos cuando se discuta una ley o se estudie
un negocio (Arto. 167).

B. Económicos y hacendarios.

Otros instrumentos protectores se establecen para garantizar la pureza


en el manejo de los recursos y su utilización dentro de los límites constitu-
cionales. Al Congreso corresponde decretar los impuestos ordinarios y extra-
ordinarios conforme a las necesidades del Estado y también determinar las
bases de su recaudación (Arto. 170, inciso 3o.); los ingresos del Estado serán
previstos y los egresos fijados en el presupuesto General que regirá durante el
ejercicio para el cual haya sido aprobado (Arto. 223); el Ejecutivo deberá en-
viar al Congreso un proyecto, con sesenta días de anticipación a la fecha de

32 "Dictamen de la Comisi6n de Régimen Interior del Congreso de la República'',


diario Prensa Libre, 18 de octubre de 1982. Sobre la institución ver Eduardo Soturno-
ra Fuentes, La interpelación a los Ministros de estado en nuestra régimen (Guatemala:
tesis, Facultad de Derecho, Universidad de San Carlos 1975) y Carlos Enrique Gonza-
lez Cajas, El Procedimiento de interpelación de los Ministros de estado en la legislación
guaternalteca (Guatemala: tesis, Facultad de Derecho, Centro Universitario de (Ie.:vicien
te, 1975).
I,A DEFENSA DF I,A coNsTrrucioN

inicio del ejercicio fiscal, el que deberá aprobarlo (Arto. 170 inciso 2o.). Tam-
bién el Congreso aprobará o improbara anualmente en todo o en parte y pre-
vio informe de la Contraloría de Cuentas, el detalle y justificación de todos
los ingresos y egresos de la Hacienda Pnblica que le presente el Ejecutivo t.Arto.
170 inciso 4o.) y la fiscalización general de la Contraloría de Cuentas de los
ingresos, egresos e intereses hacendados de los organismos del Estado, los mu-
nicipios, las entidades descentralizadas, autónomas y semiautónomas.
Institución ésta --la Contraloría—, de control técnico y con funciones des-
centralizadas, cuyo jefe es electo por el Congreso para un período de cuatro
anos (Arto. 226 y 227).

C. Sociales. Régimen constitucional de los partidos.

Otros instrumentos son de carácter social y se orientan a la preservación


del orden constitucional a través de los grupos intermedios, especialmente los
partidos políticos y los grupos de presión, a los que se les da participación en
el proceso de poder.
En Guatemala, se han sucedido las mismas etapas que se han producido
en el constitucionalismo mundial, con respecto al problema de la constitucio-
nalización de los partidos. Después de una primera fase de rígida oposición
a los mismos (en la legislación del estado policía y aún en aquéllas, extrema-
(lamente individualistas, del estado surgido de la Revolución francesa) y des-
pués de otra de absoluto agnoticismo al respecto (propia del estado moder-
no, .de orientación liberal, en el curso del siglo XX), se ha pasado últimamen-
te a la fase de su progresiva disciplina iuspublicista (culminada luego, a meces
sobre todo en los Estados autoritarios y de democracia marxista-- en una
incorporación integral, mediante la concesión a los mismos del status de per-
sonas jurídicas con relieve constitucional). 33
En una primera fase, la actitud de los constituyentes fue semejante a la
de los clásicos liberales europeos y norteamericanos. Estaban dominados por
el mismo temor al peligroso vicio.., del espíritu del partido, que informaba a
los padres fitndadores y en general a los cuerpos intermedios que se colocaban
entre el Estado y los ciudadanos depositarios de la soberanía. Hablo de par-
tidos o más bien de facciones, perniciosas siempre en un Estado libre, afirma-
ba Pedro Molina, uno de los diputados más importantes del primer Congreso
constituyente centroamericano de 1823-24.34

33 l'aolo Biscaretti di Ruffia, Derecho constitucional (Madrid: editorial Tecnos, 1955)


p. 720. "r am ién Karl l.ocwenstein, Op. cit., p. 442 y siguientes.
34 "A los electores del partido de esta capital en contestación al folleto que publi-
caron con fecha 3 del corriente", El editor constitucional, ciudad de Guatemala, lunes
16 de octubre de 1820, No. 16, folio 119.
20 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

Sin embargo, en su segunda fase, y con motivo de la ampliación del catálo-


go de derechos individuales que recogió la Constitución liberal de 1879, se in-
corporó el derecho de asociación, que en un amplio sentido genérico recono-
cía el de hacerlo con finalidades políticas, y formalizaba limitaciones a las
organizaciones religiosas, al constitucionalizar un punto programático de la
reforma. El artículo 25 decía: Se garantiza el derecho de asociación y el de
reunirse pacíficamente y sin armas; pero se prohibe el establecimiento de con-
gregaciones conventuales y de toda especie de instituciones o asociaciones mo-
násticas. Basados en este amparo constitucional, los viejos partidos históricos
y sus efímeras derivaciones electorales, pudieron sobrevivir bajo la benevolen-
te paciencia del poder público.
El paso al reconocimiento expreso, se dio en la Constitución de 1945, que
inaugura el ciclo del constitucionalismo social y que fue producto de la revolu-
ción cívico-militar que derrocó al dictador Jorge Ubico en 1944. El artículo
33 de la Constitución de 1945, asentó: Los guatemaltecos tienen el derecho
de organizarse en partidos políticos, los cuales deben inscribirse de conformi-
dad con lo que determine la Ley Electoral. La Ley Electoral debe conformar-
se al principio de que en las elecciones de cuerpos colegiados, las minorías es-
timables, de acuerdo con el sistema técnico que se adopte, gozarán del dere-
cho de representación. En el Arto. 32 —que fue aprobado sin discusión en la
Comisión y en el pleno— al mismo tiempo que se prohibía el establecimiento
de instituciones o asociaciones monásticas, se hacía lo mismo con las organi-
zaciones políticas de carácter internacional o extranjero.
Entrevistas con algunos diputados importantes, parecen indicar que las
prohibiciones se orientaban contra los grupos de derecha de orientación fas-
cista y el sindicalismo católico, pero la imprecisión de la redacción permitió
que la oposición a los gobiernos revolucionarios más tarde, le diera una con-
notación anticomunista, frente a la decisión del Presidente Arbenz de auto-
rizar el funcionamiento legal, en 1952, del recién fundado (1949) partido
comunista 33
En la constitución de 1956, se mantuvo el reconocimiento constitucio-
nal, y recoge expresamente la prohibición contra los partidos de orientación
marxista, aunque en el tratamiento general del tema, así como en el del sufra-
gio y autoridades electorales, se produce una tecnificación del apartado cons-
titucional.
Y finalmente, en la Constitución de 1965, el libre juego de fuerzas y opi-
niones, y la competencia abierta por el control del poder político, son reco-
nocidos y dentro de este esquema las asociaciones políticas juegan un papel

35 Sobre este y otros puntos del texto del 45, ver Jorge Mario García Laguardia,
Los constituyentes de 1945, Mss., donde recogemos entrevistas con la mayoría de los
diputados, que se refieren a éste y otros problemas.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 21

esencial, corno intermediarias entre el poder público y el pueblo organizado


en cuerpo electoral. Jurídicamente, los partidos se integran por ciudadanos en
ejercicio de sus derechos políticos que se agrupan bajo las mismas banderas
ideológicas en forma permanente y sujetos a un estatuto jurídico, con el ob-
jeto de influir en la política general. Afirma (Arto. 25 inciso lo.) que el Es-
tado Garantiza la libre 'Mi-nación y funcionamiento de partidos políticos cu-
yas normas y principios sean democráticos y genéricamente también reconoce
el clásico derecho de asociación (Arto. 64). Dentro de la tendencia de preser-
vación del sistema y contención de grupos adversos, se ha constitucionaliza-
do la prohibición del funcionamiento de organizaciones marxistas, punto que
incluso fue centro y explicación de la reforma de 1956, que se profundizó
en la de 65, y que en un uso abusivo se ha utilizado para neutralizar a la opo-
sición, del centro de la izquierda en general. En lo cual, el texto es reiterativo.
Fija además una serie de requisitos para inscripción y funcionamiento y el
artículo 29 considera a los partidos legalmente inscritos, como instituciones
de derecho público, con lo que se llega a la coronación del proceso de cona-
titucionalización de su régimen, incorporándolos formalmente en la estruc-
tura del poder, lo que trae varias consecuencuencias. Por una parte, al darle
ese carácter, se les está concediendo personalidad jurídica, con las consecuen-
cias inherentes a esta situación, y al incluirlos dentro de la regulación del de-
recho públicao se les están reconociendo funciones de carácter general e inte-
rés colectivo. Así resulta que los partidos políticos en Guatemala, son efectivos
órganos auxiliares del Estado, en el sentido de que aún cuando su actividad está
orientada a satisfacer intereses propios, se convierten en presupuesto de la orga-
nización democrático-liberal del Estado y realizan funciones públicas en benefi-
cio del Estado y la comunidad, insertándose dentro de la estructura de poder y
marco global del régimen. Basta serialar algunas de esas funciones: fijan pautas
para la real expresión de la voluntad popular, convirtiéndose de hecho en el es-
queleto político del pueblo, es decir de Barile, que organiza la expresión del sen-
tir político ciudadano; seleccionan a la clase gobernante al designar los candida-
tos a los cargos de elección e integran relaciones institucionales del Estado. En el
esquema general que la Constitución formula. - y su desarrollo en la ley—, desde
el establecimiento de los requisitos de ciudadanía, las condiciones del sufragio, la
organización del cuerpo electoral, hasta la designación de los gobernantes, su pa-
pel de cuerpos intermediarios institucionales queda perfectamente, así como su
integración al sistema, a través de un catálago de obligaciones y derechos.
Algún autor se dolía de la conspiración del silencio que se había abatido
sobre los partidos políticos, ante la rehacia actitud de los constituyentes y
legisladores para reconocerlos. Del estudio que hemos hecho, aparece un nue-
vo elemento, una nueva conspiración, esta vez de su manipulación constitucio-
nal y legal. Una actitud maximalista, en el sentido de un tratamiento cuidado-
so y extensivo régimen partidario, que en gran medida se orienta a su control
22 JORGE MARIO GARC1A LAGUARD1A

por parte del poder público. Requisitos —a primera vista inofensivos— de afilia-
ción, reconocimiento, actividades, programas, antecedentes de la dirigencia y fi-
nanciamiento, reflejan una encubierta intención limitativa, que deja en manos
del gobierno central a través de órganos específicos de control, la decisión so-
bre la misma existencia de los partidos y naturalmente de su actividad. Todo
este marco legal, que aquí solo sugerimos, ha sido construido conscientemente
para controlar la vida partidaria y mantener un régimen de pluralismo restrin-
gido, que ha impedido que la oposición se manifieste libre y realmente, y en si-
tuaciones límites, se ha usado para controlar el escrutinio y realizar fraudes de-
nunciados por la oposición y la opinión pública y reconocidos incluso por los
propios grupos de gobierno, que muy erosionados con ese estilo de ejercicio
del poder, han perdido Iegitimidad36.

D. Rigidez constitucional.

Consecuencia de la supremacía constitucional es su rigidez. Un dificulta-


do procedimiento de reforma constitucional contribuye a su defensa, a su es-
tabilidad, para preservar al texto de circunstanciales críticas, y además para
incorporar al proceso de su enmienda al titular de la soberanía a través del
poder constituyente.
Nuestra Constitución es rígida. Todo el título VII (Artos. 266 y 270)
al reconocer la posibilidad de su reforma de conformidad con un procedimien-
to preestablecido, fija las pautas del mismo. Para aprobar una, el Congreso de-
be conocer eI proyecto y señalar los artículos sujetos a la misma, que son cono-
cidos por un cuerpo constituyente ad-hoc, que al decretada se disuelve. Es
parcialmente pétrea porque los artículos referentes a la reelección presidencia!
no pueden ser modificados en ningún caso. Y en alguna medida es también
flexible, pues el Consejo de Estado y el Congreso, pueden reunirse conjunta-
mente, con poderes constituyentes para decretar reformas que se refieran al
proceso de reestructuración de la nación centroamericana o la incorporación
del territorio de Belice.
Durante la vigencia de tos últimos tres textos constitucionales (1945,1956
y 1965) no se ha hecho uso del procedimiento de reforma y los tres fueron sus-
tituídos por vías anormales. Y ésta, ha sido una constante de la vida política

36 Un desarrollo mayor de estas ideas en Jorge Mario García Laguardia, "La constitu-
cionalización del régimen jurídico de los partidos políticos en Centroamérica", en nnia.eie
nergoa et. al., El régimen constitucional da los partidos políticos (México: Instituto de In-
vestigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1975) pp. 45-83;
del mismo autor, "Subversión, contrainsurgencia, pluralismo restringido. La cuadratura del
círculo político-constitucional en Guatemala". Ponencia al II Congreso lberoiunericano de
Derecho Constitucional, en Anuario Jurídico, Instituto de investigaciones Jurídicas LINAM,
No, IX (1982) pp. 99-115. Ver también Edrnundo Vázquez Martínez, "Los partidos políti-
cos ene! derecho guatemalteco", El Imparcial, ciudad de Guatemala, agosto de 1973.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 23

lonstitucional del país. El Acta Constitutiva de 1851 que fijó las base,
constitucionales del régimen conservador, fue reformada una sola vez, en el
año 1854, de acuerdo con el sistema flexible que establecía --por la Cámara
de Representantes después de auscultar opinión de autoridades constituidas
para declarar a Rafael Carrera, Presidente Vitalicio con derecho a nombrar su-
cesor. Y la constitución de la generación liberal, la de 1879, que estuvo vi-
gente hasta 1944 -longevidad común a dichos textos-- fue reformada ocho
veces (1885;1887, 1897, 1903, 1921, 1927, 1935 y 1941). Sólo las refor-
mas del 21 y 27 afectaron su orientación general, iniciando la constituciona-
lización de la cuestión social que se afirmará en la segunda postguerra. Las
otras, indefectiblemente se refieren a los poderes y período presidencial y
juegan alrededor del Arto. 66 que prohibía la reelección. La última, del 41,
es muy representativa: se limitó a dejar en suspenso dicho artículo, para am-
pliar legislativarnente el período del dictador Jorge Ubico (1931-1944) hasta
el año 49, quien solo parcialmente pudo disfrutar de su malabarismo consti-
tucionalista, porque fue derrocado en 1944.

VI. GARANTIAS CONSTITUCIONALES.

El segundo de los apartados está constituidó por las garantías constitu-


cionales. Durante mucho tiempo se les tuvo como sinónimo de derechos, in-
sistiendo sobre un equívoco que se remonta a la Declaración Francesa de De-
rechos del Hombre. El artículo 16 de esta declaración decía que toda socie-
dad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada... no tiene consti-
tución. Y en una 'interpretación equívoca, que se volvió histórica, pasó a los
textos constitucionales especialmente latinoamericanos, con el nombre de
Garantías Individuales, la regulación de los derechos humanos.
También el concepto de garantía constitucional se ha entendido como
sinónimo de instituciones a las que se otorga rango constitucional para dar-
le mayor jerarquía y protegerlas contra cambios legislativos anárquicos. Lo
que se relaciona con las constituciones sumarias y desarrolladas. Las prime-
ras, solo establecen los poderes y sus competencias, en tanto que en las se-
gundas, se incluyen una serie de disposiciones que en otros países, especial-
mente europeos, corresponden a la legislación ordinaria. En América Lati-
na, se ha creído indispensable incluirlas en la constitución para darle una je-
rarquía especial y defenderlas contra presiones de los poderes públicos, eco-
nómicos y sociales, así como de los vaivenes legislativos partidistas. En este
orden de ideas: el trabajo, la familia, cultura, autonomía universitaria, nacio-
nalidad, han adquirido rango constitucional3 7.

37 "...al pugnar por un régimen de legalidad y enfocarse determinados problemas de ti-


po constitucional no se pretende la destrucción o supresión de instituciones por el pueblo
VI GA RANT IAS CONSTITUCIONALES 23
A. Habeas Corpus 26
B. Amparo 37
1. Casos de procedencia 47
2. Improcedencia 48
3. Competencia 49
4. Efectos. 50
5. Disposiciones varias 51
6. Jurisprudencia 51
C. Control de constitucionalidad de las leyes 52
1. Antecedentes 52
2. La Constitución de 1965 55
a) La supremacía constitucional y el control de oficio 56
b) Inconstitucionalidad en casos concretos 57
1) Vía de acción 58
2) Vía de excepción 58
3) Sentencia y cosa juzgada 59
c) La Corte de Constitucionalidad 60
1) Antecedentes y modelo 60
2) Integración del Tribunal 60
3) Objeto y efectos 61
4) Legitimación 63
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 23

Qpnstitucionai del país. El Acta Constitutiva -de 1851 que fijó las bases
constitucionales del régimen conservador, fue reformada una sola vez., en ei
año 1854, de acuerdo con el sistema flexible que establecía - por la Cámara
de Representantes después de auscultar opinión de autoridades constituidas
para declarar a Rafael Carrera, Presidente Vitalicio con derecho a nombrar su-
cesor. Y la constitución de la generación liberal, la de 1879, que estuvo vi-
gente hasta 1944 -longevidad común a dichos textos-- fue reformada ocho
veces (1885;1887, 1897, 1903, 1921, 1927, 1935 y 1941). Sólo las refor-
mas del 21 y 27 afectaron su orientación general, iniciando la constituciona-
lización de la cuestión social que se afirmará en la segunda postguerra. Las
otras, indefectiblemente se refieren a los poderes y período presidencial y
juegan alrededor del Arto. 66 que prohibía la reelección. La última, del 41,
es muy representativa: se limitó a dejar en suspenso dicho artículo, para am-
pliar legislativamente el período del dictador Jorge Ubico (1931-1944) hasta
el año 49, quien solo parcialmente pudo disfrutar de su malabarismo consti-
tucionalista, porque fue derrocado en 1944.

VI. GARANTIAS CONSTITUCIONALES.

El segundo de los apartados está constituidó por las "garantías constitu-


cionales. Durante mucho tiempo se les tuvo como sinónimo de derechos, in-
sistiendo sobre un equívoco que se remonta a la Declaración Francesa de De-
rechos del Hombre. El artículo 16 de esta declaración decía que toda socie-
dad en la cual la garantía de los derechos no esté asegurada... no tiene consti-
tución Y en una 'interpretación equívoca, que se volvió histórica, pasó a los
textos constitucionales especialmente latinoamericanos, con el nombre de
Garantías Individuales, la regulación de los derechos humanos.
También el concepto de garantía constitucional se ha entendido como
sinónimo de instituciones a las que se otorga rango constitucional para dar-
le mayor jerarquía y protegerlas contra cambios legislativos anárquicos. Lo
que se relaciona con las constituciones sumarias y desarrolladas. Las prime-
ras, solo establecen los poderes y sus competencias, en tanto que en las se-
gundas, se incluyen una serie de disposiciones que en otros países, especial-
mente europeos, corresponden a la legislación ordinaria. En América Lati-
na, se ha creído indispensable incluirlas en la constitución para darle una je-
rarquía especial y defenderlas contra presiones de los poderes públicos, eco-
nómicos y sociales, así como de los vaivenes legislativos partidistas. En este
orden de ideas: el trabajo, la familia, cultura, autonomía universitaria, nacio-
nalidad, han adquirido rango constitucional3 7.

37 "...al pugnar por un régimen de legalidad y enfocarse determinados problemas de ti-


po constitucional no se pretende la destrucción o supresión de instituciones por el pueblo
24 JORGE MARIO GARCIA LAGLJARDIA

Otro sector de la doctrina, en un sentido genérico, comprende dentro del.


término, las medidas de protección constitucional (en el sentido expuesto) y ade-
más las propias garantías procesales. Así, el término garantía, sería sinónimo de
defensa Constitucional. Jorge Jellinek, hablaba de garantías de derecho públi-
co, para referirse a ,aquellos medios establecidos por el constituyente para pre-
servar el ordenamiento del Estado. León Duguit, las dividía en garantías cons-
titucionales preventivas y represivas. En América Latina, las ideas de estos dos
tratadistas han tenido una clamorosa influencia durante muchos arios, en las
facultades de Derecho, entre ellos la nuestra.
Sin embargo, actualmente el concepto de garantías tiene otra significación,
propiamente procesal. Las garantías son medios técnicos-jurídicos, orientados
a proteger las disposiciones constitucionales cuando éstas son infringidas, reinte-
grando el orden jurídico violado. Existen amplios campos del derecho, especial-
mente el constitucional y el internacional público, que carecen de normas de
efectividad; sus disposiciones muchas veces no son más que expresión de de-
seos. Por esto, se fortalece en los últimos años una tendencia a encontrar nor-
mas de garantía, que hagan efectivas las disposiciones de carácter sustantivo38.
El conjunto de instrumentos de garantía de las normas constitucionales tam-
bién ha sido designado con el término de justicia Constitucional, término que
prefiere Fix Zamudio por considerar que con él se subraya el carácter preponde-
rantemente axiológico de estos instrumentos y por su preciso sentido jurídico.39

aceptadas y establecidas en su beneficio sino su reestructuración dentro de la estricta fun-


ción y acorde a la realidad sociopolítica. Ello también implica que la Constitución, lejos de
servir de obstáculo para el progreso, debe ser dinámica y permitir un desarrollo económico,
social y cultural de tal envergadura que SUS propias disposiciones tengan entonces plena vi-
gencia. La Constitución tiene que dejar de ser un programa político, para reducirse a su jus-
ta expresión y función; norma fundamental que por una parte establece y asegura los dere-
chos básicos del ciudadano, y por la otra, determina la organización jurídko-política del Es-
tado y las funciones que a cada uno de los órganos estatales se asignan a efecto de asegurar
un correcto ejercicio del poder. Al pueblo corresponde mediante el sufragio, aprobar o re-
chazar los programas políticos que a su consideración sometan los sectores que aspiran al
poder. Este programa no debe ser impuesto incorporándolo a la Constitución", Francisco
Villagrán Kramer, Estudios de ciencia política y otros ensayos (Guatemala: Serviprensa Cen-
troamericana, 1979) pp. 99-100.
38 Sobre este problema ver Elector Fix Zamudio, La Constitución y el defensa, Mas.
cit., y del mismo autor. La protección procesal de los derechos humanos ante las jurisdiccio-
nes nacionales (Madrid: editorial Civitas, 1982,)
39 Veinticinco altos de evolución de la justicia constitucional. 1940-1965 (México:
Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México,
1968) pp. 9-18, donde se hacen precisiones terminológicas. Y recuerda la elegante formula-
ción del profesor italiano Mauro Cappelletti: "...en la concepción más moderna, la norma
constitucional no es otra cosa que un ensayo, tal vez imposible y casi podríamos calificar de
'fáustico', pero profundamente humano y digno de ser intentado, de transformar en derecho
escrito los supremos valores, la pretensión de 'encerrar' de 'definir' en una norma positiva, lo
que por su naturaleza es inasible e indefinible: lo absoluto", El control de la constitucional-
lidad de las leyes en el derecho comparado (México: imprenta universitaria, 1966). De es-
te autor, ver para el tema en general, su ya clásico libro, La jurisdicción constitucional de
la libertad (México: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional,
1961).
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 25

En nuestro derecho, este equívoco terminológico ha sido persistente, desde


la Constitución Federal de Centroamérica de 1824, que hablaba de Garantías
de la libertad individual, para referirse a los derechos reconocidos, aunque la
Constitución del Estado de Guatemala dentro de la Federación, de 1825, co-
rrectamente denominaba su Sección 2, Derechos particulares de los habitan-
tes. Entre las leyes constitucionales del afto 39, la tercera se denominó Decla-
ración de Derechos del Estado y sus Habitantes y fue conocida como Ley de
Garantías. En el Acta Constitutiva, el capítulo I, se denominaba De los guate-
maltecos y sus deberes y derechos. Y en la constitución de 1879, el título II,
simplemente se denominaba: De las Garantías e incluía la declaración de de-
rechos, que en sus reformas se amplio a Garantías constitucionales. En la de
1945, se denominaron Garantías individuales y sociales, terminología que se
mantiene en la de 1956, aunque, rehuyendo el término sociales, se hace una
enumeración de Garantías individuales, amparo, familia, trabajo, empleado
público y propiedad.
La constitución de 1965 mantiene el equívoco. Con mucha anarquía se
ordenan los aspectos relacionados con los derechos y sus instrumentos pro-
tectores. El título II, se llama Garantías constitucionales e incluye dos capí-
tulos: Garantías y derechos individuales y Habeas Corpus y amparo.
El título 111, se denomina Garantías Sociales: derechos económicos y so-
ciales, cultura, familia, trabajo, régimen económico y social, trabajadores del
Estado. El título IV se denomina del Poder Público: responsabilidad de fun-
cionarios y leyes de excepción.
El título VII incluye Tribunales de Amparo y Corte de Constitucionali-
dad, en la sistemática del organismo judicial.
Sin embargo, en diversas épocas se ha llamado la atención en esta equivo-
cación. Los constituyentes de 1872 llamaron la atención en el asunto: para
los fines de la República, no basta que la Constitución sea dictada por el celo
más puro, es preciso además inspirarse en la historia de las pruebas y decep-
ciones porque ha pasado el país que se constituye; no basta tampoco que abun-
de en buenos principios, y que contenga las declaraciones más solemnes de los
derechos del hombre; lo que realmente importa, es que se establezca una orga-
nización política tal que los principios tengan necesaria aplicación y los dere-
chos suficiente garantía." Y uno de nuestros pocos tratadistas de derecho
público, Echeverría, es explícito en la crítica a la Constitución de 1879: La
Constitución comprende dentro del título de Derechos o garantías individua-
les, conceptuándolas como derechos, los procedimientos de amparo, habeas
corpus y responsabilidad, los cuales nosotros conceptuamos corno garantías

40 Proyecto de Constitución para la República de Guatemala, presentado a la Asam-


blea Constituyente en 20 de Agosto de 1872, por la Comisión encargada de formarlo (Gua-
temala: imprenta de la Paz, 1872)
26 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

de los derechos individuales, porque en realidad, estas disposiciones tienden,


no a establecer o declarar un derecho sino a consignar un procedimiento a
que se debe recurrir a fin de obligar a la autoridad a mantener o a restituir
los que corresponden a la persona... por estas razones he creído denominar
o consignar, estos derechos, no propiamente como tales sino como garantías
de todos los derechos comprendidos en la Constitución... 41
Tres son las instituciones de garantía constitucional, que la Constitución
de 1965, contempla: el habeas corpus, el amparo y el control de constitucio-
nalidad de las leyes.

A. Habeas Corpus.

El derecho constitucional guatemalteco, debe reivindicar un antecedente


poco estudiado sobre la institución del habeas corpus. El diputado suplen-
te 42 por Guatemala en las Cortes de Cádiz, don Manuel de Llano, en la sesión
del 14 de diciembre de 1810 pidió: que para precaver en parte los males, que
por tantos años, han afligido a la nación, se nombre una comisión que exclu-
sivamente se ocupe en redactar una ley al tenor de la del Habeas Corpus que
rige en Inglaterra, que asegure la libertad individual de los ciudadanos.43 El

41 Buenaventura Echeverría, Derecho Constitucional guatemalteco (Guatemala: Ti-


pografía Nacional, 1944) pp. 292-293. Y en otra parte insiste en la idea: "La constitu-
ción llama a este titulo (II de la Constitución reformada de 1879) simplemente: Garantías
constitucionales, considerando como dijimos al tratar del origen y formación de las consti-
tuciones, que se establecieron para garantía de los ciudadanos en contra de los abusos del
poder por parte de los gobernantes. Nosotros los hemos llamado Derechos Individuales,
porque estimamos que ellos por si solos no son garantías si no se refuerzan por otras leyes
posteriores complementarias que se llaman también Leyes Constitucionales, las cuales vie-
nen a garantizar a los ciudadanos el cumplimiento de las leyes que establecen o declaran sus
derechos", p. 159; hace referencia a la tradición centroamericana de leyes constitutivas y es-
pecialmente a la Ley de Amparo, Cfr. infra.,. p. 37 y siguientes. Ramiro Auyón Barneond,
El Procedimiento de Amparo. Antecedentes y Proyecciones en nuestra legislación (Guate-
la: tesis, Facultad de Derecho, Universidad de San Carlos, 1955), afirma que "...debe dejarse
de denominar garantías Constitucionales a los que no son más que derechos individuales...".
p. 101.
42 Por la dificultad de que los diputados americanos llegaran a Cádiz, se nombraron
30 suplentes entre los residentes de la Península, y para representar a Guatemala, se nombró
a los hermanos Andrés y Manuel de Llano, residentes en Cádiz. Sobre su actuación ver Jor-
ge Mario García Laguardia, Orígenes de la democracia constitucional en Centroamerica, 2a.
cd. (San José de Costa Rica: Editorial Universitaria Centroamericana, EDUCA, 1976) pp.
194 y siguientes y Ricardo Gallardo, Las constituciones de la República Federal de Centro-
américa (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1958) T. I., pp. 109 y siguientes,
43 Diario de las discusiones y actas de las Cortes (Cádiz: en la imprenta real, 1811)
T. t., p. 138. En adelante Diario de Cortes. No se invocan los conocidos antecedentes es-
pañoles sino la tradición del derecho inglés; los diputados se refieren reiteradamente a la pro-
posición de Llano —en diversas oportunidades y por varios de ellos— y demuestran conocer
bien la institución inglesa. Ver Diario de Cortes.., sesiones de 10, 14 y 18 de enero de 1811.
El día 12 de enero de 1811 se apunta que se leyó una Memoria sobre una ley "semejante al
Habeas Corpus" (Diario de Cortes... T. II, p. 376) y se pasó a la Comisión nombrada para
"formar el Proyecto de Ley de Manifestaciones del habeas corpus el Papel presentado por
María Catalán sobre el establecimiento de un tribunal extraordinario de agravios, a semejan-
LA DEFENSA DE LA CONSTITI/C1ON 27

día siguiente se resuelve nombrar la Comisión" y el 17 en la sesión de la ma-


ñana, se integra una Comisión para tratar la proposición hecha por el Sr. Lla-
no relativa a la fOrmación de un proyecto de ley que asegure la libertad indi-
vidual de los ciudadanos, con muy calificados diputados.45
La ley no fue aprobada nunca, aunque no se perdió en el alud parlamenta-
rio como ha sido reiteradamente dicho o sugerido por los pocos autores que se
refieren a este antecedente.46
Desencadenó una discusión más amplia sobre la oportunidad de un nuevo
texto, adversada por los grupos conservadores que —como en toda la discusión
de las Cortes— reivindicaron las bondades de la legislación antigua; y en otro ni-
vel se unificó la discusión de los problemas de la libertad individual, arreglo de
tribunales, de cárceles, responsabilidades de funcionarios e infracciones a la
Constitución.
La íntima conexión de las proposiciones discutidas, provocó que se resol-
viera que las diversas comisiones coordinaran sus trabajos y se intercambiaran
información y papeles, y así la Comisión de Justicia asumió las tareas que en
un principio se había encomendado a la integrada por Llano y compañeros.
El destino final de la proposición fue incorporarse a un proyecto sobre arreglo
de tribunales -Exposiciones de Motivos y 28 Artículos 47 cuya discusión se
vio interrumpida para analizar un Proyecto de Reglamento de Policía y después

za del que había en la corona de Aragón, llamado de Greug'es". José Barragán hace un exce-
lente análisis sobre la propuesta en "Proposición para redactar una ley al tenor de la del !la-
beas Corpus en las Cortes de Cádiz", Temas del liberalismo gaditano (México: Coordinación
de Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978) pp. 79-108.
44 Diario de Cortes... T. I., p. 141.
45 Perdro Rich, Diputado por la Junta Superior de Aragón era regente de la Audien-
cia; Domingo Dueñas, diputado suplente por Granada era Oidor Agregado de la Audiencia
de Sevilla; Vicente Traver, diputado por Valencia, catedrático de derecho y el propio Manuel
de Llano, Diario de Cortes..., T. II. p. 31. Los diputados americanos daban cuenta puntual
,

de sus actividades y en Guatemala la opinión favorable al nuevo régimen constitucional to-


maba cuerpo rápidamente. Cuando Bustamante y Guerra —precedido de fama de realista
irreductible y duro en Montevideo— toma posesión de su cargo de Capitán General, el ayun-
tamiento de Guatemala acusa recibo de su primer manifiesto haciendo una enérgica defensa
de los principios constitucionales y afirma que "uno de los diputados americanos ha tenido
el honor de proponer a aquellas Cortes la ley de Habeas Corpus que ha sido aceptada, con lo
que en lo de adelante se verá garantizada la seguridad personal".
46 Manuel Valladares Rubio, Estudios Histá ricos (Guatemala: Editorial Universitaria,
1962) p. 261; Roberto Díaz Castillo, "Origen del habeas corpus en Guatemala y su regula-
ción legal durante el siglo XIX", en Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
de Guatemala, Nos. 1 y 2 (1967); David Vela, earrundia ante el espefo de su tiempo, T. II
(Guatemala: Editorial Universitaria, 1957) p. 310 y Ricardo Gallardo, Op. cit., p. 112 dice
que "pasó a la Comisión sin que ésta resolviese alguna vez sobre la materia". En un trabajo
anterior, nosotros incurrimos en el mismo error, que hoy rectificamos, Jorge Mario García
Laguardia, "La participación centroamericana en Cádiz", Anales de la sociedad de Geogra-
fía e Historia de Guatemala, T. XLI, Nos. 2 y 4 (abril-diciembre 1968).
47 En la Exposición de Motivos, se apunta cómo la proposición de Llano fue una de
las motoras del Reglamento; se dice cómo la Comisión de Justicia tuvo a la vista expedien-
tes, incidentes de violación de libertades "y teniendo presente la (proposición) del Sr. D. Ma-
nuel de Llanos (sic), para establecer la ley de Habeas Corpus..." llegó a la conclusión de que
"es necesario atacar al mal en su raíz, y dar regias generales, poner a cubierto a los ciudada-
nos de toda vexación en las causas, y que el poder judiciario no abuse jamás de la terrible fa-
28 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

el propio Proyecto de Constitución, a donde fueron a parar los artículos apro-


bados, --del de Tribunales - integrado el Título V del texto constitucional defi-
nitivo que se refiere al Poder Judicia1.48
Después de la independencia y corno parte del inicial experimento liberal
en las Provincias Unidas de Centroamérica Francisco Morazán a nivel federal
y Mariano Gálvez a nivel local ensaya el primer intento de codificación patria.
Se adoptan en Guatemala los Códigos que Eduardo Livingston había formula-
do para el estado de Louisiana49 traducidos por uno de los hombres más im-
portantes del período, José Francisco Barnmdia, quien para dar a conocer el
sistema publicó en 1831 el Código penal.5°
El lo, de enero de 1837 —fecha final de un largo proceso se promulga-
ron solemnemente los nuevos códigos51 que entre las instituciones más im-
portantes adoptaban el Habeas Corpus. El grupo liberal que los impulsaba re-
conocía con especial afecto la nueva institución. Barrundia en discurso en
la asamblea con vehemencia solicitaba: Seamos los primeros en llenar los de-
seos del ilustre Livingston, aprovechando sus sabios trabajos y decretando un
jurado y una ley de habeas corpus que causen tanta satisfacción a su autor,

cultad de juzgar las diferencias y crímenes de los ciudadanos, y para que el preso sufra lo
menos que sea posible en aquella triste mansión a que le conduce su desgracia", Dierio de
Cortes, sesión de 19 de abril de 1811, TV., p. 115. En el acta de la sesión está el texto com-
pleto del Proyecto de Reglamento del Poder Judicial, ldern., pp. 116-118.
48 En este contexto es razonable señalar como antecedentes en Guaternala el Arto.
298 de la Constitución de Cádiz, como lo hace Díaz Castillo, Op. cit., pp. 3437, e incluso
los Artos. 41 y 130 de la Constitución de Bayona. Sobre ésta última ver Jorge Mario García
Laguardia, "La Constitución de Sayona. Participación del Diputado por Guatemala", en
Reviste de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Guatemala, Nos. 7 y 8 (1968)
pp. 127-147.
49 Livingston (1764-1836) fue un conocido jurista y reformador norteamericano. Au-
tor del System of Penal Law for the State of Louisiana de 1821, de un Código de Comercio
y un Coda of Practico. Su obra se inscribe en el proceso general de codificación e influyó en
varios países. El espíritu liberal democrático de sus proyectos hacen a Barrundia denominar
a estos códigos "leyes populares" y defenderlos entusiastamente. Cuando muere, se mandó
colocar en el salón de sesiones de la asamblea su retrato con esta leyenda: "Eduardo Livings-
ron dio leyes a la Louisiana que ha adoptado Guatemala: por su medio la civilización herma-
nó ambos pueblos y enlazó sus libertades". Ver William B. Hatcher, Edward Livingston
(Louisiana State University, 1940) y Ginger Roberts, "Edward Livingstone and american
penology", Louisiana Lave Review, Vol. 37, No. 5 (Summer 1957) pp. 1037-1067.
50 Código Penal (Guatemala: Imprenta de la Unión, 1831). Es un folleto de 193 pá-
ginas más un extenso Discurso preliminar del propio Barrundia.
51 El 26 de abril de 1834, decretó la asamblea el Código de reforma y disciplina en
las prisiones. El 30 de abril de 1834, puso en vigor el Código Penal. El Decreto de este día
fue sancionado por el Consejo Representativo el 24 de junio, día mismo que Gálvez le puso
el Ejecútese; tiene el Código 682 artículos incluidos en dos libros, que están divididos en
capítulos y éstos en secciones. El 27 de agosto de 1835, decretó la asamblea la Ley Orgáni-
ca de la Administración de Justicia por Jurados, que tienen 79 artículos. El 10 de Diciem-
bre de 1835, decretó el Código de procedimientos del ramo criminal, sancionado el 12 de
marzo de 1836 por e! Consejo Representativo y se mandó ejecutar el 15 de ese mes, de
966 artículos y el 10 de diciembre de 1835 se decretó el Código de pruebas judiciales,
sancionado y mandó ejecutar el 24 de mayo de 1836, con 239 artículos. Todo este cuer-
po de leyes se editó en la Imprenta de la Nueva Academia de Estudios y se distribuyeron
ejemplares gratuitamente para conocimiento de los ciudadanos.
LA DEFENSA DE I.A CONSTITUCION

como la que el se imagina de su adopción en México y Poli. 52 y al responder


al jefe de Estado Gálvez como presidente de la asamblea el 20 de febrero
de 1837 con motivo de la promulgación de las nuevas leyes decía: Tenernos
inwx, /t'yes patrias; si ellas no son originales, nos cierno tan adecuadas como
preciosas plantas reproducidas y mejoradas acaso por un terreno análogo y su-
perior... por ellas existe el jurado y la gran garantía del habeas corpus...53
El Código de Procedimientos para hacer efectivo el Código penal del Esta-
do de Guatemala, dedica el capítulo VI a la institución bajo el título de la su-
presión de los delitos contra la libertad personal, Artos. del 56 al 115 donde la
regula minuciosamente. Sus principales definiciones son las siguientes:

Arto. 56. El remedio represivo de los delitos de la naturaleza indicada en


la materia de este título (contra la libertad personal) es por el auto de ex-
hibición de la persona. 1,a naturaleza de este remedio, y el modo de apli-
carlo están detallados en las siguientes secciones de este capitulo.

Sección la. Definición y forma de este auto.

Arto. 57. Un auto de exhibición de la persona es una orden dada pi ir es-


crito, expedida en nombre del estado por juez o corte de jurisdicción com-
petente, dirigida a cualquiera que tenga una persona en su custodia. o bajo
su restricción, mandándole presentar aquella persona en cierto tiempo y lu-
gar, y haciéndole manifestar la razón porque es tenido en custodia bajo res-
tricción.

52 David Vela, op. cit., T. II, p. 298.


53 El Editor: Periódico de los tribunales. No. 2, Guatemala, 24 de febrero de 1837. Lo
este proceso de adopción de los códigos de Livingston para la Luisiana en Centroamérica, Jo-
sé Cecilio del Valle juega también un papel importante, poco conocido, Precursor del movi-
miento de codificación, integra las primeras comisiones que se abocan a esa tarea, en la que
también su contacto con Jeremías Bentham es aprovechado:"Se me ha dicho que usted po-
see —le responde Bentharn a una consulta— una copia del Código Penal del señor Livingston...
si no es por el primer vapor, en el otro, le enviaré una tabla de los capítulos y secciones del
Código Penal, con el mismo Plan como el de arriba indicado Código Constitucional. Mien-
tras tanto no dudo que una eficaz ayuda se derivará de esta obra del señor Livinston. Cual-
quier ley es mejor que ninguna: y, yo creo, que lo mejor que usted puede hacer, sería adop-
tar inmediatamente este Código". La carta no tiene fecha, pero es posiblemente de 1831,
por la temática tratada en ella, que corresponde con las de Valle a Ilentham en ese año. Es-
te le había escrito antes a Bentharn, indicándole que una de las necesidades de los nuevos
países era "derogar los códigos españoles que han regido en ella, y formar otros nuevos, dig-
nos de las luces del siglo difundidas por los sabios que han sabido perfeccionar la jurispru-
dencia" y que "sus obras le dan el título glorioso de legislador del mundo. Los que han si-
do llamados por sus destinos a formar o discutir Proyectos de Códigos civiles o criminales
han pedido luces a usted; y yo tengo más que otros necesidad de ellas. La Asamblea de este
Estado de Guatemala se ha servido nombrarme individuo de la Comisión que debe formar
nuestro Código Civil. Yo he vuelto los ojos a usted y a sus dignas obras. Tengo algunas: me
faltan otras; y sus pensamientos serían para mí de precio infinito". Sobre ésto ver, Jorge
Mario García Laguardia, Ilustración y liberalismo en Centroamérica. El Pensamiento de José
Cecilia del Valle (Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1982) pp. 39-40 y José Cecilia del
Valle. Obra escogida, Selección, prólogo y cronología de Jorge Mario García Laguardia (Ca-
racas: Biblioteca Ayacucho, 1982) p. XXXIII.
30 JORGE MARIO GARC1A LAGUARDIA

Arto. 58. El auto de exhibición de la persona debe ser en cuanto lo per-


mitieren las circunstancias en la forma siguiente: N. juez de tal (o la corte
de tal) a nombre del Estado de Guatemala os mando que a N. de... que
teneis detenido en vuestra custodia según se dice, o bajo vuestra restricción,
lo traigais ante mí el día.., a las... de la mañana o de la tarde (según sea el
caso) del mismo día, en (nombrando el lugar) o inmediatamente (según sea
el caso) y que vos entonces y en tal lugar manifesteis por escrito la causa
de detener a dicha persona y espongais la autoridad que teneis para hacer-
lo así: lo que cumplireis bajo las graves penas impuestas por la ley contra
los que desobedezcan el auto.

Arto. 60. Los procedimientos a que da lugar este auto se consideran como
la más eficaz salvaguardia de la libertad personal contra las tentativas públi-
cas o particulares para invadirla. Declarándose, por tanto, que en todos los
casos en que ofreciere alguna duda la inteligencia de cualquiera disposición
de este capítulo se le dará la que sea más favorable a la persona en cuyo
socorro y remedio se ha ya expedido, y que diere la acción más extensa en
todos los casos a los remedios aquí proveídos contra la detención ilegal.

Arto. 61. El auto de la exhibición de la persona no puede ser desobedecido


por ningún defecto de forma.

Arto. 74. Siempre que la ley no provee especialmente lo contrario, todos


tienen derecho a disponer de su propia persona sin sujeción a otro. Cuan-
do este derecho es atacado deteniendo a la persona contra su voluntad den-
tro de ciertos límites, ya sea por amenazas, por temor de daño, o por apre-
mios u otros obstáculos físicos y materiales, se dice estar la parte confina-
da o reducida a prisión y estar en custodia de la persona que ejerce tal de-
tención. Una persona tiene también bajo custodia a otra, cuando aunque
no la confina dentro de ciertos límites, pero, por amenaza o fuerza, dirige
sus movimientos y la obliga contra su voluntad a ir o a permanecer donde
dispone.
Cuando no existe detención semejante dentro de ciertos límites, pero
se pretende y se ejerce una autoridad con un dominio general sobre las ac-
ciones de la parte contra su consentimiento, entonces se dice que ésta se
halla bajo restricción de la persona que ejerce tal poder.
En todos los casos, sean los que fueren, en que exista prisión, o encie-
rro, custodia o restricción que no están autorizados por leyes positivas, o
que sean ejercidos en un modo o grado no autorizado por la ley, la parte
agraviada puede ser socorrida por el auto de exhibición de la persona.

Las nuevas leyes se aplicaron en un clima de tensión máxima cuando se


iniciaba la restauración conservadora. El primer caso de habeas corpus, consti-
I.A DEFENSA IW LA CONSTITUCION 31

tuyó un verdadero escándalo que desató encendidas polémicas. Con motivo del
aparecimiento del cólera morbus, se ordenó al médico Mariano Croquer ir a com-
batirlo quien se excusó ante la Junta de Sanidad sin éxito y sintiéndose restrin-
gido en el uso de su libertad invocó el habeas corpus. El juez ante quien se pre-
sentó el recurso le dio trámite e intimó al presidente a que se presentara a las
nueve de la noche en su domicilio, quien desatendió la citación por consi-
derarla irrespetuosa para su cargo. En interesante epistolario muy de épo-
ca-- entre el jefe de Estado y el traductor de los códigos y Presidente de la
Asamblea, se hacía por éste una interpretación auténtica de la institución:
La ley de habeas corpus —decía— está combinada precisamente para conte-
ner el Poder Ejecutivo, porque en los particulares es inútil y sin ejemplo, y en
las autoridades subalternas judiciales casi innecesaria; porque ellas son con-
tenidas por las leyes de responsabilidad, y por la acción inmediata de los tri-
bunales superiores. Pero no así en el Gobierno, que posee toda la fuerza y
el poder público, y cuyos abusos son más fáciles y más irresistibles. Así es
que el prólogo mismo de la ley de exhibición personal y todas sus combina-
ciones demuestran, que su protección es sin excepción de personas, y sobre las
autoridades más elevadas." Y en cuanto a otro importante aspecto: Dr/. su-
pone que el preso debe serio materialmente para este caso, y no reflexiona que
todo el que se halle bajo cualquier restricción, bajo la acción de cualquier po-
der-, ya sea físico o moral por una orden o por una amenaza siempre que con-
traríe la libertad de la persona se halla por la definición de la palabra restric-
ción del mismo Código en el caso de pedir y merecer el auto de habeas cor-
pus "

Sin embargo, en la tempestad del naufragio del primer experimento libe-


ral centroamericano muchas veces se acudió a los tribunales en demanda de pro-
tección haciendo uso del recurso de habeas corpus, con variables resultados56

54 "Carta de José Francisco Barrundia, Presidente de la Asamblea al Dr. Mariano


Gálvez, Jefe del Estado, de 27 de Junio de 1837", Boletín del Archivo General del Gobier-
no de Guatemala, Año II, No, 4 (julio de 1938) pp. 547-548.
55 "Contestación del representante José Francisco Barrundia al Jefe del Estado Dr.
Mariano Gálvez, Julio 11 de 1837", ídem., pp. 575-576,
56 Se denunciaron muchas irregularidades, "diéronse multitud de autos de habeas
corpus en favor de los Presos por opinión y ellos fueron eludidos y despreciados...", entre
otros muchos "se puede citar el caso del C. Rafael Alvarado, enérgicamente reclamado cu-
ya soltura no se verificó en forma legal", "Noticia al Congreso Federal. Revolución de
Guatemala", por el Vice Jefe P. Valenzuela y las diputados D. Pedro Molina, J. Gándara,
J. Barrundia, B. Escobar, P. Amaya, F. Molina, Dr. Mariano Padilla, Guatemala, junio 18
de 1838, Ibídem., Año III, No. 2 (enero de 1938) p. 307. En los periódicos La Oposición y
La Nueva Era -de significativos nombres se dá noticia de la actitud evasiva de las autorida-

des frente a los recursos. Sin embargo en la misma "Noticia" se apunta que al "restablecer-
se el orden constitucional" las cosas marcharon de otra manera y dan cuenta de otros recur-
sos esta vez declarado con lugar: "El Comandante Mariscal rodeado del odio, y de acusa-
ciones importantes, enemigo del Código y de todos los principios de restauración, es preso
por una orden del Comandante General. Solicita un auto de habeas corpus: el juez consul-
ta con los patriotas, expide el auto; y la comandancia militar lo obedece, expone sus moti-
vos ante el Magistrado; y el enemigo de los patriotas y de la ley es puesto en libertad por la
32 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

y cuando la nueva legislación es derogada, por el Decreto Legislativo del 13 de


marzo de 1838, en el artículo 14 ...se conserva la garantía del habeas corpus
tal cual está en los códigos.57
En el proceso hacia la sacralización constitucional del nuevo régimen, los
liberales lograron que se aprobara el proyecto de Ley de Garantías, presenta-
do por el conservador Juan José Aycinena -.precio pagado a los disidentes por
su oposición integrada en ese momento crítico •- que se convierte en el Dto.
No. 76, Declaración de los Derechos del Estado y sus Habitantes. En la Expo-
sición de Motivos se afirma que es importante conservar vigente la institución
(los códigos de Livingston) en la parte que trata de la exhibición personal, por
contener una de las principales garantías, cuya práctica no ha sido repugnada
y debe mantenerse en su vigor y fuerza por ser en alto grado favorable a la li-
bertad personal de los ciudadanos y restrictiva a la arbitrariedad de los jue-
ces para decretar las prisiones... y el arto 19 Sección 2a. ordenó que ningún
habitante del Estado puede ser ilegalmente detenido en prisión, y todos tie-
nen derecho a ser presentados ante el juez competente, quien en el caso debe-
rá dictar el auto de exhibición de la persona. Dos limitaciones se impusieron
durante su vigencia: no procedería ordenar la libertad en casos de delitos de
sedición o rebelión sino cuando estuviera probada la inocencia58 y no proce-
dería en casos del servicio militar obligatorio59 y ni en el Acta Constitutiva
del 19 de octubre de 1851, que formalizó el programa conservador -Arto. 3o.
ni en la Ley Reglamentaria adicional a la del 5 de diciembre de 1839, de 23 de
diciembre de 1851, se hace ninguna modificación en este aspecto.

ley y los patriotas, raen, p. 320. Para una visión general del problema, Mario Rodríguez,
The Livingston Codes in the guatemalan crisis of 1837-1838 (New Orleans: Tulane Universi-
ty, 1955)Passim.
57 Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada por don Manuel Pi-
neda de Mont, a virtud de orden especial del gobierno supremo de la República. Edición ofi-
cial hecha en conformidad del acuerdo particular de la Cámara de Representantes de la Na-
ción (Guatemala: Imprenta de la Paz, en el palacio: año de 1869) Tomo I, Volumen 1, p.
229, Artículo 14 del decreto legislativo de 29 de marzo de 1838. "Unicarnente se dejó en
vigor el capítulo II del libro primero del Código de procedimientos criminales, que se mandó
rigiese como ley de Habeas Corpus", Antonio Barres Jáuregui, El Dr. Mariano Gálvez y su
época, 2a. ed. (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación, 1957) pp. 130. Es impor-
tante indicar aquí que con motivo de la crisis del régimen, Gálvez promulga la primera decla-
ración de derechos del país con el nombre de Declaración de los derechos y garantías que
pertenecen a todos los ciudadanos y habitantes del Estado de Guatemala, Decreto Legislati-
vo de 11 de septiembre de 1837, en cuya enumeración aunque se habla del sistema de jura-
dos, no se hace referencia específica al habeas corpus, instituciones ambas, banderas de la
oposición disidente liberal, Boletín oficial, No. 103, Guatemala, Septiembre 13 de 1837,
pp. 417-423.
58 Decreto de la asamblea constituyente, de 16 de octubre de 1848.
59 Decreto de la asamblea constituyente de 30 de octubre de 1848.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUClON 33

Al triunfo liberal, la Nueva Constitución de 1879 en un escueto artículo


el 34 apuntó: La Constitución reconoce el derecho de habeas cotpus o
sea la exhibición personal" y el Decreto Legislativo No. 354 de abril de 1897
desarrolló la disposición constitucional, que protegía a las personas de la pri-
vación de libertad y del sufrimiento de vejámenes o gravámenes no autoriza-
dos por la ley y concedía a cualquiera del pueblo el derecho de pedir la liber-
tad de los injustamente detenidos.61
Y durante su vigencia se tramitaron varios casos. Uno famoso fue el de
José María González, Comandante del Puerto de San José, en prisión por un
incidente con el vicecónsul británico Juan Magee, 3 quien había vapuleado y
por lo que se provocó una reclamación diplomática. Interpuso recurso por
haberse otorgado indulto a los reos, pero se le negó, argumentando que exis-
tía pendiente un arreglo internacional.62
En las reformas constitucionales de 1921, el artículo 34 quedó así: La
Constitución reconoce el derecho de amparo, una ley constitucional anexa
desarrollará esa garantía. Aunque la redacción del artículo es ambigua en cuan-
to a la institución que examinamos la intención de los constituyentes se aclara
en su motivación. Argumentan los diputados que aunque se había consagra-
do el derecho de habeas corpus, en la práctica muchas veces fue burlado y que
tratar de eliminar esta situaciódes el propósito que se ha tenido en mira al for-
mular la ley constitutiva complementaria; la que se denominará de Amparo y
que, además de la exhibición personal, para rescatar de la prisión al individuo
indebidamente secuestrado, comprenderá la protección de los bienes, para de-
fenderlos de injustas exacciones o de actos ilegales, cuando no estén directa y

60 Phanor Eder recoge corno antecedente más antivuo en Guatemala, el Decreto 76


del ario 39 —ignorando los antecedentes gaditanos y los Codigos de Livingston— y llama la
atención de que se utilice el término recurso de exhibición personal y no "habeas corpus";
supone que en Centroamérica en general esto sea posible por una influencia romana y que
el uso del término venga de la institución romana "de homine libero exhibendo", "Habeas
corpus disemboided. The Latin American expericnce", XXth Century Comparativa Sn
Conflicts Law. Legal estalla in honor of Hesse, E. Yntema (Leyden: A. X. Sythoff, 1961)
p. 469. Domingo García Belaúnde apunta que -en Guatemala— aparece en la constitución
de 1879, "Los orígenes del Habeas corpus", Derecho, revista de la Pontificia Universidad Ca-
tólica del Perú, No. 31 (1973) p. 59.
61 Recopilación de leyes de Guatemala, T. XVI, 19013. Manuel Diéguez Flores, en
consideraciones muy críticas para este texto constitucional afirma que "una ley secunda-
ria ha venido a nulificarlo (el habeas corpus) estableciendo que no procede en la mayor
de los casos", "Conferencia sobre la Constitución de Guatemala dictada a los jóvenes de la
sociedad El Derecho", en Clemente Marroquín Rojas, Crónicas de la constituyente del 45
(Guatemala: imprenta La Hora Dominical, 1955) p. 11; ver también del mismo Diéguez,
Tradiciones, artículos literarios, estudios de derecho (Guatemala: Talleres Sánchez &
Guise, 1923).
62 La sentencia en la Gaceta de los Tribunales, T. I., No. 1, marzo de 1811, pp. 69-70;
los pormenores del incidente en Francisco Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de
Guatemala (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra, 1975) pp. 156-157.
34 JORGE MARIO CARICIA LAGUARDIA

especialmente protegidos por otros preceptos del derecho y que esta ley comple-
mentaria tendrá también el carácter de constitutiva.63
En diciembre de 1927 una nueva reforma constitucional mantuvo la institu-
ción dentro del amparo incorporado en el 21. En el Arto. 34 en su parte general
dejaba abierto el catálogo de los derechos no consignados expresamente a aqué-
llos que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana
de gobierno y en la segunda parte del inciso 2o. apuntó que toda persona ilegal-
mente presa, detenida o cohibida de cualquier modo en el goce de su libertad in-
dividual, o que sufriere velámenes aún en su prisión legal, tiene derecho de pe-
dir su inmediata exhibición ya sea con el fin de que se le restituya en su liber-
tad o para que se le exonere de los vejámenes o se haga cesar la coacción a que
estuviere sujeta. Apuntaba una limitación a los individuos cuya extradición se
hubiere pedido conforme a los tratados o al Derecho de Gentes. 64
En la Ley de Amparo, Dto. Legislativo No. 1539 de 18 de mayo de 1928,
en su artículo lo. se desarrolla su tratamiento y así se puede interponer recur-
so de exhibición o de habeas corpus, cuando se encuentra la persona ilegalmen-
te presa, detenida o cohibida de cualquier modo en el goce de su libertad indivi-
dual y cuando en su prisión legal se apliquen al detenido o preso, tormentos,
torturas, exacciones ilegales, vejámenes y toda coacción, restricción o molestia,
innecesaria para su seguridad o para el orden de la prisión. El Capítulo IV se
refiere al Recurso de exhibición personal y otorga acción popular para interpo-
nerlo, fija requisitos, competencia y sanciones (Artos. 15-26).65
La Constitución liberal con sus reformas fue sustituida como consecuen-
cia del movimiento popular de 1944 y el año siguiente se dictó una nueva cons-
titución - que en muchos aspectos marca una etapa nueva en el constituciona-
lismo en la región.- y en ésta se mantuvo la institución del arnparo66 (Arto. 51)
pero se amplió la garantía a nivel constitucional agregando que si el tribunal de-
cretare la libertad de la personal ilegalmente recluida, ésta quedará libre en el
mismo acto y lugar. Cuando así se solicite o el juez o tribunal lo juzgue perti-
nente, la exhibición a que se alude en este inciso, se practicara en el lugar don-

63 Dictamen de la comisión extraordinaria de reformas a fa constitución (Guate-


mala: Tipografía Sánchez & de Guise, 1921) p. 7.
64 Buenaventura Echeverría, Derecho constitucional guatemalteco (Guatemala:
Tipografía Nacional, 1944) pp. 299-300, hace una justa crítica a esta limitación.
65 Un análisis de la ley en Echeverría, Op. cit., pp. 295-299 y también en César
Humberto de León Rodas, El habeas corpus. Garantía de libertad personal en la legis-
lación de Guatemala (Guatemala: tesis Universidad de San Carlos, 1960) pp. 93-103.
66 "...el amparo es, finalmente una medida específica que aspira a dar efectividad
a dos de las garantías más sagradas de que debe gozar el hombre en un régimen democrá-
tico: la garantía de seguridad personal y la garantía que establece un tratamiento "huma-
nitario" en las detenciones y cárceles", Ma.xirniliano Kestler l'arnés, Introducción a la
Teoría constitucional guatemalteca, 2a. ed. (Guatemala: Editorial del Ministerio de Edu-
cación pública, 1964) pp. 273-274.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION35 35

de se encuentre (-1 detenido, vejado o coaccionado, sin previo aviso ni notiffra-


ciOn alguna de las partes. 67
Al derogarse esta carta por el movimiento contrarrevolucionario de 1954
que derrocó al gobierno del Presidente Jacobo Arbenz, se puso en vigor con
carácter constitucional el Estatuto Político 10 agosto dictado por la junta
militar de gobierno, el que en su artículo 16 incluyó el habeas corpus pero li-
mitando la resolución final de libertad para quienes estuvieren sujetos a medi-
das de seguridad, las que se fijaban a discreción de las autoridades policiales.68
Sin embargo, en la nueva Constitución promulgada en 1956 después de fati-
gosas discusiones— se recogió la tradición anterior reconociéndolo sin limita-
ciones en el capítulo II De/ amparo, del título IV, Derechos humanos. Los
Artículos 81 y 86 independizan el habeas corpus del amparo. El artículo 81
en su primera parte. transcribe textualmente el 51 de la del 45 y en su segun-
da agrega que es ineludible la exhibición personal del detenido en cuyo favor
se hubiere presentado el recurso de habeas corpus. Las autoridades que orde-
naren y los agentes que ejecutaren el ocultamiento del detenido, se negaren a
presentarlo al Tribunal respectivo o en cualquier otra forma burlaren esta ga-
rantía, incurrirán en el delito de plagio y serán sancionados conforme el Códi-
go Penal. Y el Arto. 86 ordena que el recurso podrá ser interpuesto por el in-
teresado, por s parientes o por cualquier persona, sin sujeción a requisitos
de ninguna clase.
Novedad en el texto es la tipificación del delito de plagio para los infrac-
tores. Referido al Código Penal este delito es recogido en el Arto. 369 que lo
define como ... el plagio o robo de una persona con el objeto de lograr resca-
te.., y fija penalidades muy severas. Más que plagio, delito histórico referido
a la coacción sobre personas para mantenerlas en servidumbre o alistarlas en

67 Una especial argumentación se die.> en las sesiones finales del cuerpo constituyente
que funcionó con la presencia obsesiva del fantasma de la dictadura de Ubico recién derro-
cado (1931-1944). Buscando reparar injusticias contra sanciones impuestas aun con las for-
malidades legales se propuso un decreto ampliando la procedencia del recurso del habeas
corpus. Los autores del proyecto argumentaban que "si nos atenemos al tenor literal del
texto que lo contiene, el recurso de exhibición personal basta por sí solo para poner térmi-
no a la ejecución de las condenas apuntadas... las sentencias firmes, las que han pasado en
autoridad de cosas juzgadas, son susceptibles de frustrarse por el recurso de exhibición per-
sonal, cuando es posible establecer que fueron proferidas con vicios de ilegalidad.., pero
frente a tan clara e irrebatible interpretación, existen prejuicios legalistas impuestos por la
rutina que impedirán la prosperidad del recurso de exhibición personal cuando se interpon-
gan contra sentencias arbitrariamente pronunciadas que han pasado en autoridad de cosa
juzgada", Clemente Marroquín Rojas, Op. cit, pp. 106 y siguientes y Diario de sesiones de
la asamblea constituyente de 1945 (Guatemala: Tipografía Nacional, 1951).
68 El Estatuto, en Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Univer-
sidad de San Carlos de Guatemala, Epoca V, No. 1 (enero-diciembre 1954). En el proceso
anárquico y represivo de ese periodo se dicta antes por la Junta Militar de Gobierno el De-
creto 41 de] 28 de julio que reconoce el habeas corpus con fuertes limitaciones (Art. 2) y de-
roga todos los artículos de la Constitución del 45 que se refieren al amparo, incluso el ha-
beas corpus (Arto. 6) Vid. supra., PP. 26 Y 27.
36 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

ejércitos extranjeros, la nueva figura es lo que en otras legislaciones, más pro-


piamente se denomina secuestro.
La nueva constitución de 1965 que sustituyó a la del 56- mantiene
sin modificaciones la institución. El Título II bajo el rubro general de Garan-
tíasConstitucionales incluye en su Capítulo Il el tratamiento del Habeas cor-
pus y Amparo. El artículo 79 recoge la tradición: Quien se encuentre ile-
galmente preso, detenido o cohibido de cualquier modo en el goce de su li-
bertad individual, amenazado de la pérdida de ella, o sufriere vejámenes, aún
cuando su prisión o detención fuera fundada en la ley, tiene derecho a pedir
su inmediata exhibición ante los tribunales de justicia, ya sea con el fin de
que se le restituya su libertad, se hagan cesar los vejámenes o termine la coac-
ción a que estuviere sujeto. Si el tribunal decretase la libertad de la persona
ilegalmente recluida, ésta quedará libre en el mismo acto y lugar. Cuando así
se solicite o el juez o tribunal lo juzgue pertinente, la exhibición reclamada se
practicará en el lugar donde se encuentre el detenido, sin previo aviso ni no-
tificación a las partes. Es ineludible la exhibición personal del detenido en
cuyo favor se hubiere presentado el recurso de habeas corpus. Las autorida-
des que ordenaren el ocultamiento del detenido o se negaren a presentarlo
al tribunal respectivo, o que en cualquier otra forma burlaren esta garantía,
así como los agentes ejecutores, incurrirán en el delito de plagio y serán san-
cionados de conformidad con la ley. Y todavía el Arto. 84 amplia la garan-
tía ordenando la promulgación de una ley constitucional, indicando que po-
drá interponerse por el interesado o por cualquier otra persona, sin sujeción
a requisitos de ninguna clase y que lo resuelto no causa excepción de cosa
juzgada.
Efectivamente la misma asamblea constituyente aprobó el Decreto No. 8,
Ley de Amparo, Habeas Corpus y de Constitucionalidad -de fecha 20 de abril
de 1966 que entró en vigor el 5 de mayo del mismo año-- y todo un capítulo
-Anos. 75 a 95 y 112 a 116-- regulan el recurso orientado a proteger la liber-
tad y seguridad de las personas. En ellos se fija competencia a tribunales de ju-
risdicción privativa (sujetos a normas especiales con atribuciones específicas),
se otorga acción popular en un procedimiento breve carente de formalidades,
se fijan solemnidades especiales en la resolución inicial en nombre de la Re-
pública de Guatemala- terminando el procedimiento en caso positivo con la
orden de libertad del detenido ilegalmente o el caso de los vejámenes o malos
tratos y el enjuiciamiento de los responsables.69

69 Antonio Rafael Calderón Calderón, Fundamentación de los Derechos huma-


nos y su protección en la legislación guatemalteca: amparo y habeas corpus (Guatema-
la: tesis Universidad Rafael Landívar, 1970), hace un comentario de este articulado, pp.
101-116.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 37

B. Amparo.

En el siglo XIX los documentos constitucionales vigentes recobieron la ins-


titución del amparo, y el primer antecedente que podemos encontrar es el con-
fuso artículo 8 de la Ley de Garantías del año 39 que dice que Ni el Poder Cons-
tituyente ni ninguna otra autoridad constituida tiene facultad para anular en
la substancia, ni en sus efectos, los actos públicos O privados, efectuados en
conformidad de una ley preceptiva o permisiva, vigente al tiempo de su verifi-
cación, o sin la prohibición de una ley preexistente; y cualquiera ley, decreto,
es, ipso jure, nula y de ningún valor, como destructora de la estabilidad social,
y atentatoria a los derechos de la comunidad, y a los individuales
La crítica a esta omisión se manifiesta en diversas oportunidades. En dis-
cutida conferencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional en
1910 Manuel Diéguez hacía una penetrante crítica de orientación general con-
servadora, impulsando una reforma. La Constitución decía, consagra el capítu-
lo de los derechos pero esto no es más que una portada decorativa, porque no
crea medios para que las garantías individuales sean eficaces... porque adrede
se han dejado las garantías a merced de leyes reglamentarias, que es lo mismo
que nultficar los principios constitucionales. Se lamentaba de que no existie-
ran medios que impidieran las violaciones constitucionales. Recordaba cómo
los otros países centroamericanos estaban más avanzados en este aspecto; có-
mo la Constitución de El Salvador ...crea el recurso de amparo contra la res-
tricción de la libertad personal o de cualquiera de los otros derechos indivi-
duales así como la. de Honduras y Nicaragua que también conceden la cali-
dad de leys constitutivas a las de imprenta, estado de sitio, amparo y eleccio-
nes. Concluía que la Constitución del 879 adolece de defectos que dejan sin
verdadera garantía los derechos del hombre y del ciudadano y proponía una
reforma constitucional que entre otros aspectos, incluyera una ampliación del
capítulo de garantías creando disposiciones que hagan de los derechos indivi-
duales una hermosa realidad." Y Rafael Montúfar —aunque en defensa libe-
ral del régimen-- se lamentaba de la limitación del recurso de exhibición re-
conocido en el artículo 34 y consideraba que el amparo debiera aplicarse en
todas las leyes."
En 1885, se encamina apresuradamente una reforma constitucional que
se produce en el nuevo clima surgido por la inesperada muerte del Presiden-
te Barrios. Elementos conservadores y opositores de varios signos, se levan-
tan contra el despotismo del caudillo liberal y el abuso de funcionarios, espe-

70 Manuel Diéguez Flores, Conferencia... Loc. cit., pp. 10, 13 y 15.


71 Contestación a las objeciones hechas al peárnbulo del Diario de 5611.0,78S de la
asamblea constituyente de 7879 (Guatemala: Tipografía Nacional, 1927) pp. 21-22.
38 JORGE MARIO GARCÍA LAGUARDIA

cialmente contra el último Ministerio del presidente muerto, que convertido


en cabeza de turco, es acusado de diversos abusos. En ese contexto el artícu-
lo 17 se reforma en la siguiente forma: Todo poder reside originalmente en la
nación: los funcionarios no son dueños sino depositarios de la autoridad, su-
jetos y jamás superiores a la ley y siempre responsables, civil y criminalmen-
te, por su conducta oficial. Cualquier ciudadano puede acusarlos por los ac-
tos con que infrinjan la Constitución o las leyes, o comprometan el honor,
la seguridad o los intereses del país; y por los delitos que cometan de carác-
ter oficial o comunes que no sean de naturaleza privada. Esta disposición pue-
de ser el antecedente real más antiguo de la institución —pero de vida efíme-
ra— porque pasada la crisis del vacío de poder y fortalecido el nuevo Presiden-
te provisorio, en las reformas del año 1887, el artículo 17 volvió a su redac-
ción original, más interesado el nuevo jefe de estado en legalizar su elección
definitiva.72
A la caída de otro de los dictadores libera/es —Manuel Estrada Cabrera
que gobernó de 1898 a 1920- se produce un movimiento tendiente a la re-
forma de la Constitución a la que se atribuye responsabilidad en el endure-
cimiento del régimen, y se buscan mecanismos de garantía más seguros. En
el Dictamen de la comisión de reforma del año 21, se afirma que su finalidad
fue garantizar mejor los derechos individuales y que el habeas corpus había
sido muchas veces desconocido y abrogado. Ese propósito dice se ha tenido
en cuenta al formular una nueva ley complementaria que tendrá también el
carácter de constitutiva" la que se denominará de Amparo y que además de
la exhibición personal, para rescatar de la prisión al individuo indebidamen-
te secuestrado, comprenderá la protección de los bienes, para defenderlos de
injustas exacciones o de actos ilegales cuando no estén directa y especialmen-
te protegidos por otros preceptos de/derecho. 73
El artículo 34 de la Constitución del 79 quedó así: La Constitución re-
conoce el derecho de amparo, una ley constitucional anexa desarrollará esa
garantía y el artículo 93 estableció que ...dentro de la potestad de adminis-
trar justicia, corresponde al Poder Judicial declarar la inaplicabilidad de cual-
quiera ley o disposición de los otros Poderes, cuando fuere contraria a los
preceptos contenidos en la Constitución de la República; pero de esta facul-
tad sólo podrán hacer _uso en las sentencias que pronuncie. La anunciada ley

72 Una descripción del proceso en Francisco Lainfiesta, Op. cit., p. 449 y siguientes.
Información de primera mano sobre las reformas en La administración del general don Ma-
nuel Lisandro Badilas 0885-18921. Documentos oficiales (Guatemala: se., s.f.); "Actas a
la asamblea nacional constituyente 1885", Archivo General de Centroamérica, B. 74.71.,
Legajo 41.228; "Actas de las sesiones de la asamblea nacional constituyente de 1887)),
ldem., B. 78.27, Legajo 70, expediente 15721; Reformas a la Ley constitutiva de la Repú-
blica de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente de 1887 (Guatemala:
Tipografía Nacional, 1887).
73 Dictamen de la Comisión extraordinaria de reformas a la Constitución. Op. cit.,
PP. 3 Y 7-
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 39

complementaria no se promulgó durante la vigencia de estas reformas, pero las


bases para la institución del amparo estaban fijadas.
Dos intentos de reconstrucción de la federación centroamericana abren el
camino a la configuración del amparo en forma definitiva. El primero se pro-
duce en 1897, cuando se suscribió un Tratado de Unión de Centroamérica,
consecuencia final del malestar suscitado por una intervención inglesa contra
el gobierno de Nicaragua un año antes. La Constituyente prevista en el Tra-
tado, se reunió en Honduras, y promulgó un texto, el 27 de agosto de 1898,
constituyendo los Estados Unidos de Centroamérica. Desde el punto de vis-
ta constitucional --aunque tuvo efímera y parcial vigencia-- tiene gran impor-
tancia porque sentó las bases uniformes de un derecho público centroanieri-
cano, sujetándose a pautas fijadas en su convocatoria, dentro de las que esta-
ba instituir la garantía del habeas corpus.74 Aunque las bases señaladas no lo
incluían, los constituyentes en el Título 111 que denominan De los derechos
civiles y garantías sociales reconocieron el amparo en el Arto. 40: Toda per-
sona tiene derecho de pedir y obtener amparo contra cualquier autoridad o in-
dividuo que restrinja el ejercicio de los derechos individuales garantizados por
la presente Constitución Una ley especial reglamentará la manera de hacer
efectivo este derecho. Esta ley se calificaba de constitutiva lo que significa-
ba que de conformidad con el Arto. 146 sólo podía reformarse por una Cons-
tituyente o por el Congreso Federal con una mayoría calificada de dos tercios.
En una nueva marea de fervor unionista se produce el segundo intento, y
se dicta la Constitución federal de 1921, también de parcial y precaria vigen-
cia. Sumariamente, el Arto. 65 establecía que contra la violación de las garan-

74 "Para facilitar la unión definitiva, los Estados procurarán establecer como ba-
ses de su derecho público constitucional lo siguiente: separación de la Iglesia y el Estado;
respeto absoluto a las creencias; carácter puramente civil de los actos que establezcan o mo-
difiquen la capacidad de las personas; libertad de enseñanza, siendo laica, gratuita y obliga-
toria la que se preste en los establecimientos oficiales; libertad de Imprenta, sin previa cen-
sura; libertad de testar, con la sola restricción que las leyes especiales fijen para las herencias
o legados a favor de las instituciones de carácter religioso y para los alimentos debidos; in-
violabilidad de la vida humana por delitos políticos; igualdad ante la ley; la garantía del ha-
beas corpus; inviolabilidad de las personas, salvo el caso del delito o falta, no pudiendo du-
rar la detención para inquirir más de 5 días; inviolabilidad de sus papeles privados; libertad
de domicilio y su inviolabilidad; inviolabilidad del derecho de defensa; reconocimiento de
los derechos de petición individual o colectiva y del de reunión pacífica; absoluta indepen-
dencia entre los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial; absoluta igualdad en la capacidad
del hombre y de la mujer; abolición de toda vinculación o institución de manos muertas,
salvo las que tuviesen algún objeto de beneficencia o instrucción pública; inviolabilidad de
la propiedad, salvo el caso de expropiación por utilidad y necesidad pública, y previa indem-
nización, que en caso de guerra podrá no ser previa, y la no retroactividad de las leyes sus-
tantivas, salvo las penales si favorecen al reo", Laudelino Moreno, Historia de las relaciones
interestatales de Centroamérica, 2a. ed., prólogo de Rafael Altamira (Madrid: Compañía Ibe-
roamericana de Publicaciones, 1928) pp. 136-137. Ver también Adolfo Posada, Institucio-
nes Políticas de los pueblos hispanoamericanos (MadridL 1900) p. 113 y siguientes.
40 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

tías constitucionales se establece el amparo y que una ley calificada de comple-


mentaria, que se tendrá como parte de la Constitución (Arto. 187) lo desarro-
llaría. Este tipo de leyes constitutivas son características del constitucionalis-
mo centroamericano; al declararlas así se impide que puedan ser modificadas
por el legislativo ordinario.75
La constituyente dictó, de conformidad con el Arto. 65,1a Ley de Ampa-
ro, de 46 artículos— documento que fija las líneas históricas y doctrinales de
evolución de la institución, lo que a menudo se ha olvidado. En su artículo
primero apunta que Toda persona tiene derecho de pedir amparo en los casos y
para los efectos que a continuación se expresan: lo. Para que se le mantenga o
restituya en el goce y garantías que la Constitución establece. 2o. Para que, en
casos concretos, se declare que una ley, un reglamento, o una disposición de la
autoridad, no le es aplicable por ser inconstitucional. 3o. Para su inmediata
exhibición, cuando estuviere, ilegalmente presa, detenida o cohibida de cual-
quier manera en d ejercicio de su libertad individual, o que sufriere gravámenes
indebidos, aunque la restricción fuere autorizada por la ley. 4o. En los casos de
altas militares e inscripciones ejecutadas ilegalmente. Y distinguía claramente
entre el habeas corpus cuyo objeto era reclamar por actos contra la persona o su
libertad y el amparo cuando sean otros los derechos y garantías violados (Arto.
2o.).
Fijaba competencia general, (Artos. 4-5), procedimiento de la exhibición
(Artos. 6-18), del amparo (Anos. 19-30), casos de improcedencia de este últi-
mo caracterizándolo como un control de constitucionalidad (Anos. 31-32) y
otras disposiciones menores (Anos. 3346).76
La fuente del amparo mexicano, es indudable y muy clara en todo el de-
recho centroamericano. Pero el desarrollo de la institución es muy diferente.
Mientras en México, el amparo fue evolucionando en un sentido macrocefáli-
co, asumiendo muchas atribuciones, por lo que se ha podido hablar de elefan-
tiasis del mismo, en otros países su evolución ha sido diversa, y se le ha podido
mantener dentro de sus límites naturales: El juicio de amparo mexicano, ha

75 Manuel Diéguez Flores, Loc. Cit.tp. 10; Ricardo Gallardo, Las Constituciones federa-
les de Centroamérica (Madrid 1958) T. I. p. 308. "La disposición de que estas leyes se ten-
gan como parte integrante de la Constitución, y la circunstancia de figurar el precepto en el
primer articulo del título XII de ésta (La Constitución Federal de 1921), que tiene como
epígrafe: "Leyes complementarias y reformas de la Constitución" parece indicar que si ex-
presamente la Constitución sólo establece un procedimiento especial para las reformas que
en ella se propongan, al mismo procedimiento han de someterse las que se inicien en las le-
yes de imprenta, amparo y estado de sitio, puesto que se tienen como parte integrante de la
Constitución. Pero, aún sin llegar a esta conclusión, que tengo por cierta, es innegable que
estas leyes, que las Constituciones de algunas Repúblicas centroamericanas venían declaran-
dotas constitutivas, gozan de posición privilegiada respecto a las ordinarias, porque la Cons-
titución, para garantizadas de modo especial, las tiene como parte integrante de ella", Lau-
defino Moreno, Op. cit., p. 400.
76 Ricardo Gallardo, Op. cit., T. II, reproduce el texto de la ley, pp. 866-876.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 41

constituido un ejemplo para los países latinoamericanos, en cuanto una institu-


ción similar y del mismo nombre ha sido introducida en once países de Latinoa-
mérica._ sin embargo, por una de las paradojas que se presentan en la evolución
de las instituciones jurídicas, nuestra máxima institución procesal se ha venido
rezagando en el desarrollo del juicio de amparo que podemos calificar de 'lati-
noamericano'. Tal parece que las instituciones inspiradas en nuestro juicio de
amparo con el vigor de su juventud, están sobrepasando, en algunos aspectos,
al insttumento tutelar creado por Manuel Crescencia Rejón, Mariano Otero y
los Constituyentes de 1857, el cual, no obstante su experiencia centenaria en
la defensa de los derechos esenciales de los mexicanos, se está quedando atrás
en el dinamismo de la justicia constitucional que se advierte en esta segunda y
más dolorosa postguerra. 77
En las nuevas reformas constitucionales de 1927,78 la institución conti-
núa configurándose sobre las huellas marcadas. Las disposiciones de la ley
malograda del año 21 obtienen jerarquía constitucional. El Arto. 34 fue am-
pliado significativamente: Las declaraciones, derechos y garantías que expre-
sa la Constitución, no excluyen otros derechos y garantías individuales no
consignados; pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la
forma republicana de gobierno. Toda persona tiene derecho de pedir ampa-
ro en los casos y para los efectos siguientes: lo. para que se le mantenga o
restituya en el goce de los derechos y garantías que la Constitución estable-
ce,' 2o. para que, en casos concretos, se declare que una ley, un reglamento o

77 Héctor Fix Zamudio, "La declaración general de inconstitucionalidad y el juicio de


amparo", Revista de la escuela de Derecho de la Universidad de Sonora, T. 1., No. 1 (julio'
diciembre de 1975) pp. 81-82. En otro trabajo afirma que "El juicio de amparo mexicano,
establecido con el propósito original de la tutela de las llamadas 'garantías individuales', res-
pecto de las leyes o actos de cualquier autoridad y a través de dichos derechos fundamenta-
les, también la protección de las esferas recíprocas de competencia de la Federación y de los
Estados, en los términos del artículo 101 de la Constitución Federal de 5 de febrero de
1857, fue evolucionando o 'degenerando', según el punto de vista que se adopte, de tal ma-
nera que incorporó paulatinamente instituciones procesales que poseen autonomía en otros
ordenamientos jurídicos latinoamericanos similares al nuestro, y también en el Derecho es-
pañol, entre ellas el proceso de lo contencioso-administrativo, la casación contra sentencias
judiciales y muy recientemente el proceso social agrario, de manera que en la actualidad, con
escasas excepciones, protege todo el ordenamiento jurídico nacional, desde los preceptos de
un modesto reglamento municipal hasta los más elevados del texto constitucional.., si apre-
ciamos en conjunto a la acción, juicio o recurso de amparo en las mencionadas legislaciones
latinoamericanas, podemos destacar, como un primer factor importante, que si se toma en
cuenta su ámbito tutelar poseen una aproximación mayor con el recurso de amparo estable-
cido en la citada Constitución española de 1978, que la compleja y considerablemente más
extensa institución mexicana", "El derecho de amparo en Mexico y España. Su influencia
recíproca", Revista de estudios políticos, Nueva época, No. 7 (enero-febrero de 1979) pp.
235-236 y 243. El número de la revista es monográfico sobre Garantías Constitucionales y
tiene material de gran interés.
78 Asamblea constituyente. Dictamen de la Comisión de reformas constitucionales
(Guatemala: Tipografía Nacional, 4 de octubre de 1927) y La reforma constitucional del 27
(Guatemala: Tipografía Nacional, 1927).
42 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

cualquier disposición de la autoridad no le es aplicable. Toda persona ilegalmen-


te... (aquí el habeas corpus).79 Por otra parte, el Arto. 85 faculta a los Tri-
bunales para declarar la inaplicación de cualquier ley o disposición de los otros
poderes cuando fueren contrarias a los preceptos contenidos en la Constitución
y establece que cuando se reclama contra el Ejecutivo, por abuso y poder, se pro-
cederá conforme a la ley de amparo.
El Arto. 2o. de las disposiciones transitorias de esta reforma, ordenó que la
asamblea legislativa emitiera la ley de amparo, que efectivamente fue dictada
—Decreto Legislativo No. 1539— de 12 de mayo de 1928, que tuvo una larga
vigencia, mayor que el propio texto constitucional. En 7 capítulos fijó el ob-
jeto identificando las materias (amparo, habeas corpus y constitucionalidad co-
mo recurso), competencia, regulación del habeas corpus y el amparo y casos de
improcedencia del último."
La caída de Jorge Ubico, —el último de los dictadores liberales— marca el
inicio de un proceso hacia una nueva organización constitucional. El General
Ponce, que lo sustituye, fracasado su intento de elegirse legalmente, es derro-
cado en octubre de 1944 por una revolución cívico-militar que integra una jun-
ta de dos militares y un comerciante. Por Decreto No. 18 de 28 de noviembre,
la Junta derogó la Constitución liberal, pero dejó en vigor varios de sus títulos,
entre los cuates, el segundo, en el cual estaba el artículo 34 que regulaba el
amparo y el habeas corpus. La nueva asamblea legislativa, por decreto de 5 de
diciembre aprobó los actos de la Junta y convocó a una constituyente que en
pocos meses elaboró la nueva constitución que entró en vigor el 15 de marzo de
1945,1a que fijó las bases del constitucionalismo social en el país.
Este nuevo texto desarrolló los principios del amparo y amplió su regula-
ción. Declaró la nulidad ipso jure de las disposiciones legales, gubernativas o de
-

cualquier otro orden que regulen el ejercicio de los derechos que garantizan la
constitución, si los disminuyen, restringen o tergiversan, así como los actos o
contratos que violen las normas constitucionales. Reconoció además como le-
gítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos y la acción
pública para perseguir las infracciones constitucionales dejando abierto el catá-
logo de los derechos a los de naturaleza análogo a los expresamente reconocidos
o que deriven del principio de soberanía del pueblo, de la forma republicana y
democrática de gobiemp y de la dignidad del hombre (Arto. 50).
Incluye en los casos de protección tres hipótesis distintas:
1. Procede contra todas las autoridades a efecto de que se mantenga o res-
tituya a la persona en el goce de los derechos y garantías que la Constitución re-

79 Vid infra. pp. 3435.


80 Buenaventura Echeverría, Op. cit, incluye el texto y hace un comentario de la ley,
pp. 340-351 y 333-340.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 43

conoce (Arto. 51 inc. a) siendo así un claro medio de protección y además abun-
da en este sentido al afirrnar en otra parte que de los negocios en que la Admi-
nistración pública proceda como parte, conocerán los tribunales comunes, y
cuando se reclame por abuso de poder contra quienes ejerzan funciones ejecu-
tivas, se procederá conforme a la Ley de Amparo (Arto. 172).
2. Para que en casos concretos se declare que una ley, un reglamento o
cualquier disposición de la autoridad no le es aplicable (Arto. 51 inc. b). En
este caso, actúa como recurso contra actos legislativos, como amparo contra
leyes inconstitucionales. Lo sumario de la declaración provocó discusiones
sobre su interpretación. La más correcta parece ser la que explica que la ins-
titución en este caso se refiere a las llamadas IeyesautoapIicativas, aquéllas que
por su sola promulgación afectan a los destinatarios pudiéndoles causar agra-
vios, caso en el cual debe recurrirse contra la propia disposición legislativa,
a diferencia de las leyes de acción mediata que solamente inciden sobre los
destinatarios a través de actos de aplicación, caso en el cual debe recurrirse
contra estos actos de ejecución de la nonna.81
3. Corno recurso de babeas corpus (Arto. 41, parte final).82 Una nor-
ma de competencia pasó al texto constitucional, que en el Arto. 164 declaró
que como jurisdicción privativa existirá el Tribunal de Amparo, que conocerá
en los casos de violación de las garantías constitucionales y que se organizará
de conformidad con la ley respectiva, que siguió siendo el Decreto 1539 con
sus limitaciones, lo que provocó muchos problemas de interpretación y apli-
cación.83
La ejecución del programa reformista de los gobiernos de los presidentes
Arévalo (1945-1951) y - especialmente de Jacobo Arbenz (1951-1954), los
enfrentó con una derecha interna- cada vez más aglutinada y fuerte y con los
intereses norteamericanos afectados. Los escarceos diplomáticos de Bogotá
-1948-- Río de Janeiro -1949- y Caracas --1954- terminan con el derro-
camiento, en junio de este ario, del régimen revolucionario y el inicio de la
contrarrevolución anticomunista que calificará la historia reciente del país,
hasta nuestros días.
La Junta Militar que sustituyó al Presidente Arbenz, por decreto de 5 de
julio de 1954, suspendió los efectos de la Constitución de 1945, pero dejó
en vigor varios títulos, entre ellos el III, -que consagraba las Garantías indi-

81 Sobre las leyes autoaplicativas ver Ignacio Burgos, El Juicio de Amparo (México:
Editorial Porrúa, 1950) pp. 259-284. Con referencia al texto del 45, Maximiliano Kestler
Farnés, Introducción a la Teoría constitucional guatemalteco, 2a. cd., (Guatemala: Edito-
rial del Ministerio de Educación Pública. 1964) pp. 495-496, 273-274 y 284-286.
82 Ver infra., pp. 26 y siguientes.
83 Kestler Farnés, Op. cit., sigue siendo el mejor trabajo para estudiar la constitu-
ción de 1945, de la cual hace un analisis crítico de orientación conservadora que se resien-
te de la falta de un adecuado marco histórico. El capítulo sobre La defensa de la Constitu-
ción, pp. 457-496 es muy sugestivo, aunque al apegarse al texto constitucional, no realiza
una distinción adecuada entre las distintas garantias: amparo, inconstitucionalidad de las le-
yes y habeas corpus.
44 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

viduales— entre el que se incluía el artículo 51 que recogía el amparo y el ha-


beas corpus. Pero rápidamente --dadas las circunstancias- se rectificó y por
Decreto de la misma junta de 28 de julio se derogaron expresamente los artícu-
los 50, 51, 170 y 172, es decir, todos los que se referían al amparo (Arto. 6).
Se mantuvo sin embargo, el habeas corpus, pero limitándolo a establecer el
tratamiento de los detenidos y prohibiéndo la libertad de aquéllos que lo es-
tuvieran por medidas de seguridad, que libremente fijaba la Junta.
Esta ley estuvo vigente hasta el 10 de agosto, cuando se promulgó el Es-
tatuto Político de la República de Guatemala. Aquí tampoco se reconoce el
amparo, pero su artículo 7 expresa que se procurará que sean efectivos los De-
rechos del Hombre contenidos en la Declaración Universal proclamada por la
Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948,84 lo
que provocó una jurisprudencia especial de la Corte Suprema que denegaba los
amparos argumentando que el Estatuto no lo reconocía e ignorando la referen-
cia al Arto. 8 de la Declaración de Naciones Unidas,85 afirmando además en
muchos casos que el amparo había sido suprimido en resguardo de la seguri-
dad interior del estado.86
Sin embargo, en la Constitución que finalmente se promulgó en 1956 se
le dio una extensión especial. El título 1V se llama Derechos Humanos con
siete capítulos, el I, Garantías Individuales y el II Amparo. El artículo 79
fijaba su objeto: El amparo tiene como función esencial el mantenimiento de
las garantías individuales y la invulnerabilidad de los preceptos de la Consti-
tución.
Se amplió bastante su regulación en 6 artículos (79, 80, 82, 83, 84 y 85)
y se separó el habeas corpus que se trata en forma más técnica, independien-
temente. Además de los incisos a) y b) del Arto. 51 de la Constitución del
45 —que se copiaron casi textualmente eliminando el amparo contra leyes del
segundo— se agregó otro, que establece que procede el amparo... e) para que
en casos concretos se declare que una disposición o resolución no meramen-
te legislativa del Congreso de la República, no le es aplicable al recurrente, por
violar un derecho constitucional (Arto. 80).
Se elevaron a norma constitucional disposiciones que recogía la ley ordi-
naria: interposición mediante recurso especifico (Arto. 80); efectos de la sen-
tencia favorable (Arto. 80); improcedencia en los asuntos judiciales o admi-
nistrativos que se ventilan conforme a sus leyes y procedimientos salvo con-

84 Además, el Arto. 15 decía que "la República de Guatemala se inspira en la XXX


Resolución de la IX Conferencia Interamericana de Bogotá respecto a la Declaración Ameri-
cana de los Derechos y Deberes del hombre".
85 Arto. 8. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales na-
cionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales re-
conocidos por la constitución o por la ley.
86 Ramiro Auyón Barneond, El procedimiento de empero. Antecedentes y proyec-
ciones en nuestra legislación (Guatemala: tesis Universidad de San Carlos, 1955) pp. 36-37
y 102-103.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 45

tea infracciones cometidas por la Suprema Corte en la tramitación de asuntos


sometidos a su conocimiento (Arto. 82.); sanciones contra quienes entorpez-
can su aplicación (Arto. 83); interpretación extensiva y responsabilidad de
jueces (Arto. 84); trámite a instancia de parte y cosa juzgada (Arto. 85). Co-
mo contrapartida, se suprimió el amparo contra leyes que reconocía la ante-
rior.87
Ese avatar constitucional todavía tiene un epígono. En una experiencia
nueva, el ejército como institución tomó el poder a través de un golpe de es-
tado al derrocar al presidente Ydígoras Fuentes en marzo de 1963. El Minis-
terio de la Defensa en representación de la institución armada, centralizó los
poderes en su persona.
El 31 de marzo emitió una resolución dejando en suspenso la vigencia de
la constitución de 1956 y el 10 de abril emitió el Decreto Ley No. 8 con el
nombre de Carta Fundamental del Gobierno88 En ella no se reconocía el
amparo, aunque sí el habeas corpus con limitaciones. La Corte Suprema man-
tuvo firme la jurisprudencia de que no procedía el amparo porque al no es-
tar reconocida en el Decreto 8, consecuentemente no estaba vigente la Ley
de Amparo, a pesar de que ambos tenían la misma jerarquía y ésta no había
sido derogada expresamente.89
Más tarde, ante un malestar creciente por la prolongación del régimen de
facto, se abrieron las puertas para la vuelta al régimen de legalidad, convocan-
do un cuerpo constitucional en condiciones discutidas. En una elección de
lista única, fue designada la nueva asamblea, que realizó sus trabajos en un
ambiente cargado y aprobó un nuevo texto después de fatigosas discusiones,
que se promulgó el 15 de septiembre de 1965, pero que por disposición de
un artículo transitorio, entró en vigor hasta el 5 de mayo de 1966.
Con cierta anarquía —aunque con su evidente desarrollo con relación a
las anteriores— se ordenan los aspectos relacionados con el amparo, incurrien-

87 "La modalidad más importante que introduce el nuevo texto en el régimen de ga-
rantías es la extensión dada al recurso de amparo, al que las constituciones anteriores de-
dicaban un solo artículo, y que es objeto ahora de un capítulo entero... el recurso de am-
paro conserva, al igual que en el texto de 1927, su carácter de control constitucional, y
no de legalidad por lo que no cabe en los asuntos ya ventilados por leyes o procedimien-
tos determinados... En la misma forma que en la Constitución mexicana de 1917 (Ar-,
título 107 ha) cuyo modelo sigue en último término", Luis Mariñas Otero, Las constitu-
ciones de Guatemala (Madrid: Instituto de estudios políticos, 1958) p. 232.
88 Recopilación de leyes de Guatemala, T. 82, pp. 21-25; Enrique Peralta Azurdia,
Remembranzas del gobierno militar de Guatemala, 1963-1966 (Miami: Pan American Lidio,
1972).
89 Alejandro Silva Falla, La institución del amparo en Guatemala (Guatemala: Tesis
Universidad de San Carlos, 1964) hace un análisis de esta situación. Mario Aguirre Godoy,
Op. cit., p. 10, apunta cómo la Corte, en el caso Edelberto Torres vis. Pan American Air-
ways Comp., de fecha 27 de noviembre de 1963 "se negó a aceptar un fallo en su contra
dictado por el Tribunal Extraordinario de Amparo, alegando falta de jurisdicción en el mis-
mo por no estar vigente el Dto. Leg. 1539". Los antecedentes de este fallo pueden verse en
el Boletín del Colegio de Abogados de Guatemala, Año XI, 1963, No. 2, pp. 6-28.
46 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

do en una confusión terminológica ya tradicional.99 El título II se llama Ga-


rantías Constitucionales e incluye dos capítulos: Garantías y derechos indivi-
duales y habeas corpus y amparo. El Título III, habla de Garantías Sociales:
derechos económicos y sociales, cultura, familia, trabajos, régimen económi-
co y social, trabajadores del estado. El título IV habla del Poder Público:
responsabilidad de funcionarios y leyes de excepción. Y el título VII inclu-
ye Tribunales de Amparo y Corte de Constitucionalidad, en la sistemática del
Organismo Judicial. Los Artos. 40, 62 párrafo segundo, 80, 81, 82, 83, 84,
260 y 261 se refieren al Amparo, y la misma constituyente dictó el Decreto
No. 8, Ley de Amparo, Habeas Corpus y de constitucionalidad, que desarro-
lla los principios constitucionales y a la que nos referiremos en este trabajo
solamente cuando es necesario para la adecuada interpretación del texto cons-
titucional.91
En la constitución vigente la finalidad del amparo consiste en otorgar pro-
tección a los particulares contra la violación de los derechos consignados en ella
con motivo de actos de los organismos del estado y en algunos casos de parti-
culares y además un medio de control de constitucionalidad de leyes en ca-

90 Que no tiene justificación, ya que tenemos el dudoso honor de ser uno de los paí-
-ses que más constituciones hemos redactado y ciue el cuerpo constituyente estuvo integrado
con varios técnicos, muchos de ellos con experiencia en constituyentes recientes anteriores,
porque en Guatemala muchas veces los hombres son más perrnanentes que los textos cons-
titucionales, Vid. Jorge Mario García Laguardia, Teoría General de la defensa de la consti-
tución (Guatemala: Universidad Rafael Landívar, Colección Septern-Partitarurra, 1973), tarn-
bién en Memoria del VII Congreso Jurídico del Colegio de Abogados de Guatemala. Cuando
se presentó el proyecto constitucional al pleno por el presidente de la Comisión redactora,
muy escuetamente se afirmó: "Las garantías constitucionales quedaron divididas en dos
grupos: Las garantías individuales y las garantías sociales; las garantías individuales además
de contener su numeración comprenden, como capítulo auxiliar lo relativo al amparo, r
las garantías sociales, con capítulo dedicado a la familia, trabajo, cultura y servicio civil...'
"Discurso del Diputado Jorge Skinner Klee haciendo la Exposición de Motivos del Proyecto
de Constitución", sesión del 2 de febrero de 1965, Diario de sesiones de le asamblea nacio-
nal constituyente de 1965, Ti., No. 23, Mimeo., Archivo del Congreso de la República.
91 En cuanto a las instituciones que analizamos decía el Presidente de la Comisión
Redactora: "Las reglas tradicionales del habeas corpus, como han venido desde el Código de
Livingston de 1837, fueron conservadas y ampliadas, las normas del amparo se mantuvieron
tal como establecían (sic) el amparo en la Constitución de 1956, con tres cambios de gran
importancia, en primer lugar se creó el amparo, se le dio la extensión id acto administrativo
general (sic), o sea que por demora de la resolución de la administración pública, que ha si-
do una de las peores corruptelas, con lo que más ha sufrido el gobernado en Guatemala, se
permite al juez, en aquellos casos en que hay demora injustificada, señalar un término ra-
zonable para la solución de cualquiera petición administrativa; se estableció el amparo en
lo administrativo, contra el abuso de poder, cuando hubiere temor de ocurrir (sic) cualquier
agravio, y finalmente se entregó a la Corte Suprema de Justicia la facultad, en todo caso, de
-establecer la competencia de un Tribunal de amparo, sin formar artículo: ha sido corriente
en el pasado que no se podía conocer de ningún amparo, porque como la ley de amparo no
mencionaba específicamente a cual tribunal le correspondía el conocimiento, aquel asunto
se quedaba sin resolver", 'dem. Los errores de construcción se explican porque la versión
taquigráfica sin revisión es la única que existe en el Archivo del Congreso en una copia mí-
megrafica.

LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 47

sos concretos. 92

1. Casos de procedencia.

El amparo procede en los siguientes casos:

a. Para que se mantenga o restituya al agraviado en el goce de los de-


rechos y garantías que la Constitución establece, principio general recogido en
el Arto. 80, Inc. lo.
b. Para que se declare en casos concretos que una ley, un reglamento
o una resolución o acto de autoridad no obliga al recurrente, por contravenir o
restringir cualesquiera de los derechos garantizados por la Constitución (Arto.
80, Inc. 2o.).
c. Para que en casos concretos se declare que una disposición o reso-
lución no meramente legislativa del Congreso de 1a República, no le es aplicable
al recurrente por violar un derecho constitucional (Arto. 80, Inc. 3o.).
d. En los demás casos que expresamente establece la Constitución
apunta el mismo Arto. 80 en su Inc. 4o. Estos casos se recogen en otras partes
del texto y son los siguientes:

1) Contra las resoluciones del Registro y Consejo Electorales de-


berá interponerse, después de presentado el de revisión, ante las Salas de la Cor-
te de Apelaciones con sede en la capital (Arto. 40).

2) Las peticiones en materia no política dirigidas a las autorida-


des administrativas deben ser resueltas por éstas dentro de un término que no
exceda de treinta días, una vez concluído el proceso administrativo correspon-
diente. De no serio así, el peticionario podrá recurrir de amparo a fin de que se
fije un término final a la autoridad para resolver (Arto. 62, Inc. 30).

3) Contra la infracción al procedimiento en que incurra la Corte


Suprema de Justicia, en los asuntos sometidos a su conocimiento (Arto. 81, Inc.
lo. segunda pa rt e).

92 Arto. 2. de la Ley; Podrá también recurrirse de amparo contra los actos y resolu-
ciones de entidades de derecho público; de entidades descentralizadas, autónomas y semiau-
tónomas, de empresas y entidades sostenidas con fondos del Estado o creadas por ley o con-
cesión; o de aquéllas que actúen por delegación de los órganos del Estado, en virtud de con-
trato, concesión o conforme a otro status semejante. Arto. 3o. Asimismo podrá recurrirse
de amparo, contra los actos y resoluciones de las entidades a las que se deba ingresar por
mandato legal; y contra los actos y resoluciones de entidades reconocidas por ley, tales co-
mo asociaciones, sociedades, sindicatos, cooperativas y otras semejantes, cuando causaren
al recurrente daño patrimonial, profesional o de otra naturaleza.
48 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

e. En materia administrativa, cuando ilegalmente o por abuso de po-


der, la autoridad dicte reglamento, acuerdo, resolución o medida que cause agra-
vio o se tenga justo temor de sufrirlo, o se exijan al peticionario requisitos no
razonables, siempre que contra el reglamento o acto impugnado no haya recur-
so administrativo con efecto suspensivo o que el agravio no sea reparable por
otro medio legal de defensa (Arto. 80 párrafo final no identificado como inci-
so).

El Arto. 83 indica que la interpretación judicial en materia de amparo será


siempre extensiva y la Ley de Amparo aumenta las posibilidades de casos de
procedencia al indicar que la Corte Suprema de Justicia podrá en uso de su fa-
cultad de interpretación ampliar el ámbito del amparo (Arto. lo. párrafo final).

2. Improcedencia.

El Arto. 81 con mucha claridad establece cuatro casos de improcedencia:

a. En asuntos de orden judicial respecto a Ias partes y personas que


intervinieren en ellos (Inc. lo.).
b. Contra las resoluciones dictadas en un recurso de amparo (Inc.
2o.).
c. Contra los actos consentidos por el agraviado (Inc. 3o.).
d. Contra las medidas sanitarias y las que se dicten con el objeto de
prevenir o conjurar calamidades públicas (Inc. 4o.).

El caso contemplado en la primera hipótesis, aunque está redactado en


forma tan clara ha producido una discusión derivada de disposiciones de la
ley ordinaria.93 La razón esgrimida para establecer este caso de improceden-
cia —de vieja tradición en la historia de la institución en el país como hemos
apuntado-94 es que si procediera en esos casos, el amparo se constituiría en
una tercera instancia, situación prohibida expresamente por la Constitución en
su artículo 245 párrafo primero,95 punto de vista que la Corte ha defendido

93 La confusión deriva de lo establecido en el Arto. 61 de la Ley —y que desarrolla el


precepto constitucional— que indica que no procede el amparo en los asuntos de orden judi-
cial y administrativo que tuvieren establecidos procedimientos y recursos en la ley, por cuyo
medio, puedan ventilarse adecuadamente, de conformidad con el principio del debido proce-
so, pero agrega que si podrá recurrirse de amparo en dichos asuntos "cuando se procediere
con notoria ilegalidad o abuso de poder, o se afectaren los derechos de quien no fuere parte
en el mismo asunto".
94 Vid. infra. Págs. 38 y siguientes.
95 "En ningún proceso habrá más de dos instancias y el magistrado o jhez que haya
ejercido jurisdicción en alguna de ellas no podrá conocer en la otra ni en casación, en el mis-
mo asunto, sin incurrir en responsabilidad".
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 49

reiteradamente.96
En lo que respecta a los actos consentidos, aunque la Constitución no los
define, la Ley presume como tales aquéllos por los cuales no se hubiere recu-
rrido de amparo, dentro de los veinte días siguientes al de su notificación. En
lo que se refiere al amparo contra leyes, se ha producido alguna controversia:
un autor opina que en estos casos no debe haber término alguno por la carac-
terística especial de la norma,97 en tanto que otro opina que aunque no haya
notificación específica, la publicación en el Diario Oficial y la fecha de entrada
en vigencia de la ley, hace surgir la presunción, de que es conocida por todos
según los Artos. 177 Constitucional (entrada en vigor) y 2o. de la Ley de Orga-
nismo Judicial Dto. 1762 del Congreso (no puede alegarse ignorancia de la
ley). 98

3. Competencia.

Los tribunales encargados de conocer del amparo son los mismos tribuna-
les de la jurisdicción ordinaria, pero constituídos en Tribunales de amparo, con
atribuciones especiales por lo que constituyen una jurisdicción privativa. La
Constitución ordena que el Tribunal Extraordinario de Amparo, a quien corres-
ponde conocer de los recursos que proceden contra la Corte Suprema o cual-
quiera de sus miembros y contra el Congreso de la República y el Consejo de
Estado por actos o resoluciones no meramente legislativas, se integrará por el
presidente de la Sala Primera de la Corte de Apelaciones o en su defecto por el
de las otras, en orden numérico y seis vocales de las propias salas, que serán de-
signados por sorteo entre los propietarios y suplentes de las mismas (Arto. 260).
Y remite a las disposiciones de la ley todo lo relativo a la organización y funcio-
namiento de los demás tribunales que deben conocer de los recursos que se in-

96 El recurso de amparo "...no es un recurso ordinario, sino se ha establecido esencial-


mente para reparar los agravios y abusos de autoridad cuando no haya otro medio legal de
lograr tal propósito y siempre y cuando se llenen los requisitos que la ley exige, ya que de
otra manera se instituiría como instancia, lo que va contra los principios que lo inspiran",
Sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Cámara de lo Civil constituida en Tribunal de
Amparo, de 20 de febrero de 1968, "Hermanos Molina Calderón y compañía" contra Ofici-
na Reguladora de la Importación de Trigo; "...pues por ningún motivo el Tribunal de Ampa-
ro podría ordenar que se resolviera en sentido contrario admitiendo la tercería para su trá-
mite ya que ello equivaldría a que se actuara como tribunal de instancia...", Sentencia de/a
Corte Suprema de Justicia, Cámara de lo Civil, constituida en Tribunal de Amparo, 6 de
septiembre de 1967, Humberto Vázquez García contra Sala Primera de la Corte de Apelacio-
nes de Trabajo y Previsión Social. Sobre ésto ver el interesante estudio de Gregorio Fuentes
Charnaud, El amparo en la legislación guatemalteco (Guatemala: tesis Universidad Rafael
Landívar, 1970) que señala ciertas imprecisiones de la jurisprudencia de la Corte, pp. 35, 64
y 65.
97 "La ley se refiere a 'actos' (consentidos por el agraviado) y en realidad la ley no es
un acto, a no ser que se considere `acto', al hecho de la promulgación de !a ley... en realidad,
no debía de haber término para interponer el amparo contra una ley", Gabriel Larios Ochai-
ta, El amparo en la Constitución y en la ley (Guatemala: tesis Universidad de San Carlos,
1968) p. 97.
98 Mario Aguirre Godoy, Op. Cit., p. 12.
50 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

terpongan (Arto. 261). El Decreto 8 de la asamblea constituyente (Artos. 6, 7,


8 y 9) fija las competencias de los demás tribunales cubriendo todo el espectro
de posibilidades. Y el Arto. 11 de la Ley, autoriza a la Corte a modificar la
competencia fijada mediante auto acordado que se notifica a los tribunales y se
publica en el Diario Oficial, con excepción de la del Tribunal Extraordinario de
Amparo, cuya competencia, como hemos apuntado, es fijada constitucional-
mente. Cuando la competencia del tribunal al que corresponda conocer no es-
tuviere claramente establecida, la Corte Suprema la determinará sin formación
de artículo.

4. Efectos.

La declaración de procedencia del amparo tiene las siguientes consecuen-


cias:

a. Dejar en suspenso, en cuanto al reclamante, la ley, el reglamento,


la resolución o el acto de autoridad impugnados, y en su caso, el restablecimien-
to de la situación jurídica afectada o el cese de la medida dictada (Arto. 82, Inc.
lo.).
b. En el caso del Arto. 62 párrafo tercero constitucional, es decir
cuando la autoridad administrativa no resolviere en el término de treinta días
las peticiones de naturaleza no política, una vez concluído el proceso adminis-
trativo correspondiente se producen dos situaciones:

1. El interesado podrá recurrir a la autoridad inmediata superior


o en su caso, al Tribunal de lo Contencioso Administrativo, para que emita la re-
solución (Arto. 82, Inc. 2-a) y

2. Si no hubiere superior jerárquico o si por la naturaleza del


asunto no fuere procedente la vía contencioso-administrativa, el funcionario res-
ponsable quedará separado ipsofacto del cargo al día siguiente de haberse venci-
do el término fijado por el Tribunal de Amparo, salvo que se trate de funciona-
rios de elección popular, en cuyo caso solo responderá por los daños y perjuicios
(Arto. 82, Inc. 2-b).

b. Finalmente, en el caso de que el acto reclamado se haya consuma-


do de modo irreparable o cuando hubieren cesado sus efectos, el Tribunal se li-
mitará a hacer la declaratoria correspondiente y mandará se deduzcan las res-
ponsabilidades civiles y penales que procedan (Arto. 82, Inc. 3o.).
LA DEFENSA DE LA CONST1TUCION 51

5. Disposiciones varias.

Todavía se constitucionalízan otras decisiones. Una ley constitucional


regulará la forma y requisitos de su ejercicio y determinará la competencia
de los tribunales de acuerdo con los principios establecidos en la Constitu-
ción (Arto. 84, párrafo segundo). Se declara punible toda acción que entor-
pezca el ejercicio del recurso y la aplicación de las normas que lo garantizan
(Arto. 84, párrafo cuarto). Se establece que lo resuelto no causa excepción
de cosa juzgada (Arto. 84, párrafo final). Se ordena que los tribunales no po-
drán dejar de admitir ningún recurso ni resolver sobre su fondo sin incurrir
en responsabilidad, salvo en los casos del Arto. 81, inciso lo., es decir, en los
asuntos de orden judicial respecto a las partes y personas que intervinieron en
ellos (Arto. 83, párrafo segundo) y finalmente se autoriza a los jueces a rele-
var de la prueba cuando no lo crean necesaria (Arto. 83, párrafo tercero).

6. Jurisprudencia.

Para concluir, es pertinente hacer referencia a las disposiciones del Arto.


33 de la Ley de Amparo que establece que las sentencias ejecutorias de los
tribunales de amparo tendrán validez jurisprudencial y podrán ser citadas como
fundamentos de derecho, aunque autoriza a los tribunales a separarse de tales
precedentes, razonando cuidadosamente sus motivos para la innovación juris-
prudencia,. Esta disposición le da una característica especial al amparo guate-
malteco, parcialmente jurisprudencial... no es un sistema jurisprudencial abso-
luto, ya que la misma ley se encarga de modificarlo. El Tribunal no está obli-
gado por la regia de stare decisis característica del derecho común angloame-
ricano, pero en cambio, la sentencia anterior constituye fundamento de dere-
cho y apoyo para el interponente, siendo ley para el Tribunal, pero de la cual
puede separarse en determinadas circunstancias Es decir, nuestro sistema ju-
risprudencial busca más bien la depuración de la interpretación de los alcances
de la norma constitucional invocada en el recurso de amparo.99
Desde este punto de vista es censurable la omisión que la Corte Suprema
ha hecho de la obligación de recoger las copias certificadas de las sentencias
de los tribunales y de la compilación de las doctrinas o principios de derecho en
que se funden las sentencias anotando cuidadosamente la juríspnidencia que
se vaya sentando, así como de la publicación de dichas sentencias en la Gace-
ta de los Tribunales. Llama la atención la falta de elevación doctrinaria de que
se resienten la mayoría de las sentencias de todos los tribunales, más sensible

99 Jorge Skinner Klec, "Dictamen sobre la tesis de Gregorio Fuentes Chamaud",


Op. cit., p. 5 -
52 JORGE MARIO GARCIA LAGUARD1A

aún en el más alto de ellos.100

C. Control de Constitucionalidad en las leyes.

1. Antecedentes.

En la fundación de la república, la fuente norteamericana aparece cla-


ra en el primer constituyente federal de 1824. La Comisión Redactora del pro-
yecto era muy explícita: Al trazar nuestro plan, nosotros hemos adoptado en
la mayor parte d de los Estados Unidos, ejemplo digno de los pueblos indepen-
dientes._loi Y José Francisco Barrundia, miembro de la Comisión de Consti-
tución y uno de los diputados más característicos, reiteraba la idea al hablar de
los modelos de otras constituciones. Sin embargo, a pesar de que la idea del
control judicial de constitucionalidad era familiar a los constituyentes, no se
reflejó en el texto aprobado, la Constitución Federal Centroamericana de
1824.1°2
El modelo norteamericano era conocido por la clase política de la inde-
pendencia a través del famoso libro de Tocquevilie, como en otras partes de
Latinoamérica. El jefe de Estado de Guatemala, Doctor Mariano Gálvez, es-
cribía al ex-jefe de Estado Don Pedro Molina, el 19 de noviembre de 1837, al
respecto: Ha leído Usted la Democracia en América, que he puesto en sus ma-
nos, y usted habrá visto en ella el remedio que tienen todos los Estados Unidos
del Norte para anular el efecto de las leyes inconstitucionales, remedio eficaz,
y sin los inconvenientes gravísimos de que el Ejecutivo se haga superior al cuer-
po Legislativo. Los jueces y tribunales, en cada caso, a reclamación de parte, juz-
gan por la Constitución y no por la ley contraria a ella. ¿No podremos nosotros

100 Fuentes Charnaud, op. cit., passim., apunta por otro lado que de setenta y una
sentencias que analizó, solamente se declararon con lugar un 14%y también indica que la
corte "restringe mucho la procedencia del amparo" y que "es excesivo el fonnaliano con
que la Corte conoce de los recursos de amparo, y su falta de claridad y precisión al emitir sus
fallos", p. 97. Por su parte, Auyon Barneond, estima "Después de consultar numerosos ex-
pedientes", que un noventa y cinco por ciento de recursos de amparo se declaran sin lugar,
0P. eit, p. 96.
101 Informe sobre la Constitución. Leído en la Asamblea Nacional Constituyente el
23 de mayo de 1824 (Guatemala: impreso por Arévalo, 1824) p. 5.
102 "Asamblea constituyente de 1824. Actas de sesiones públicas. Mes de julio, se-
sión del 24", Archivo General de Centroamérica, en ciudad de Guatemala, 8626, expedien-
te 2968, legajo 115. El mismo Barrundia, en polémica posterior sobre las primeras bases
constitucionales, refutando un documento que atribuía a José Aycinena —el mejor líder del
partido conservador— en el que, sobre las huellas de Jefferson, se prevenía contra la dictadu-
ra de las asambleas, afirrna que "...La constitución federal no es la genuina expresión de las
convicciones de don José Francisco Barrundia. El quería libertad de cultos, y la constitu-
ción federal no la otorga. Quería, con razón o sin ella, elecciones directas y no pudo obte-
nerlas; quería que la Corte Suprema tuviera las atribuciones políticas que a la Corte Federal
americana otorga la Constitucion firmada por Washington y tampoco la tuvo".
LA DEFENSA DE LA CONSTITI1C1ON 53

hacer lo mismo, cuando hemos querido imitar las instituciones del norte?"3 Y
antes, en su Mensaje a la Asamblea Legislativa, al iniciar sus sesiones en 1833,
en el clímax de un agudo conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo, afirmaba
que la paz es inconcebible mientras la constitución política sea un simulacro
burlado en nombre de las leyes secundarias, emanadas de tronos corrompidos
erigidos en tiempos de barbarie.1 04
No fue recogido en el texto constitucional, pero cuando la Asamblea Legis-
lativa del Estado de Guatemala —el más importante de la Federación promul-
ga el Decreto de 11 de septiembre de 1837, la Declaración de los Derechos y
garantías que pertenecen a todos los Ciudadanos y habitantes del Estado de
Guatemala.105 en su artículo 5o., fijaba un antecedente realmente clave y pre-
cursor: Que toda determinación sea en forma de ley, decreto, providencia,
sentencia, auto ú orden que proceda de cualquier poder, si ataca alguno ó al-
gunos de los derechos naturales del hombre, á de la comunidad, á cualquiera
de las garantías consignadas en la ley fundamental, es ipso jure nula, y ningu-
no tiene obligación de acatarla y obedecerla. Y el año 1838, inicio del rom-
pimiento de la Federación, en el mes de febrero, la misma asamblea promul-
gó un Decreto de cuatro artículos que desarrollaba esta idea de la supremacía
constitucional. Ninguna Ley contraria a la Constitución puede ni debe subsis-
tir (Arto. lo.); cuando se presenta alguna notoriamente contraria a la Consti-
tución, los tribunales deberán arreglarse en sus juicios al sentido claro de la
fundamental, informando en seguida al cuerpo legislativo (Arto. 2o.); cuando
se presentaren casos dudosos los tribunales y cualquier ciudadano puede pe-
dir a la asamblea la declaratoria correspondiente, sin perjuicio de que dichos
tribunales resuelvan desde luego, según entienden de justicia, y por su propio
convencimiento (Arto. 3o.); y la declaratoria del cuerpo legislativo solamente
podrá aplicarse a los casos posteriores al que motivó la duda; y sin que pueda
tener jamás un efecto retroactivo (Arto. 40.).
Pero a la caída del régimen liberal, que coincidió con el rompimiento de
la Federación, esta idea es abandonada. Los gobiernos de la restauración con-
servadora, desconfían de la revisión judicial, y el 27 de septiembre de 1845, die-

103 ,Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, T. 11, p. 176. Alexia


de Tocqueville afirmaba: "es justo, pues, que los tribunales obedezcan a la Constitución con
preferencia a todas las leyes. Esto afecta a la esencia misma del Poder Judicial: elegir entre
las disposiciones legales aquéllas que le encadenen más estrechamente es, en cierta manera, el
derecho natural del magistrado", La democracia en América (Madrid: ediciones Guadarra-
ma, 1969) p. 99. Hamilton, argumentaba en un sentido parecido al decir que debla preferir-
se "la Constitución a la ley ordinaria, la intención del pueblo a la intención de sus mandata-
rios. Esta conclusión no supone de ningún modo la superioridad del Poder Judicial sobre el
Legislativo. Sólo significa que el poder del pueblo es superior a ambos y que donde la volun-
tad de la legislatura, declarada en sus leyes, se halla en oposición con la del pueblo declarada
en la Constitución, los jueces deberán gobernarse por la última de preferencia a las primeras,
El federalista (México: Fondo de Cultura Económica, 1957) p. 332.
104 El Editor, periódico de los tribunales, No. 2, Guatemala, 24 de febrero de 1837.
105 Boletín oficial, No. 103, pp. 417-423.
54 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

tan un decreto que inhibe del conocimiento de los tribunales de justicia, los
actos de los poderes Legislativo y Ejecutivo. Consta de cuatro pequeños ar-
tículos que hablan por sí mismos: Arto. lo. Ningún acto del Poder Legisla-
tivo ni Ejecutivo, está sujeto a la revisión de los tribunales de justicia, los cua-
les no pueden conocer de la nulidad o injusticia que aquéllos contengan. Arto.
2. Las sentencias que se dieren nulificando los actos de gobierno y de las asam-
bleas, serán nulas; y los jueces y magistrados que las pronunciaren serán respon-
sables por los perjuicios que aquéllas causen a los particulares. Arto. 3. Se de-
clara que las sentencias pronunciadas por los jueces y magistrados, dándose por
competentes para calificar la validez o nulidad, justicia o injusticia de los de-
cretos legislativos, o de los actos del gobierno que los cumplimentaron, serán nu-
las. Arto. 4. El gobierno cuidará de ejecutar y sostener la ejecución de las
mismas leyes y de sus propios actos que tiendan a cumplimentarlas.
En el siglo diez y nueve no encontramos ningún antecedente más,
al menos de derecho vigente, y solo hemos registrado el artículo 130 de la
Constitución Federal de 1898 —que no tuvo aplicación en uno de los inten-
tos fallidos de reconstrucción de la Federación centroamericana— que decía
que los tribunales en sus resoluciones aplicarán de preferencia la Constitución
a las Leyes y éstas a cualquier otra disposición. 107
En las reformas constitucionales de marzo de 1921 -a que nos he-
mos referido antes.- en su artículo 93 inciso c), se estableció que dentro de
la potestad de administrar justicia, corresponde al Poder Judicial declarar la
inaplicación de cualquier ley o disposición de los otros poderes cuando fue-
re contraria a los preceptos contenidos en la Constitución de la República,
pero de esta facultad sólo podrán hacer uso en las sentencias que pronuncie.
Se fijaban así atribuciones al Poder Judicial, modificando el artículo corres-
pondiente de la Constitución de 1879, que dejaba la reglamentación a una
ley ordinaria. Este artículo pasó a la Constitución Federal de septiembre del
mismo año de 1921 —en otro intento fallido de la reconstrucción nacional--
con una leve modificación: sólo podrá hacer uso (el Poder Judicial) de es-
ta facultad en los casos concretos en que tenga que pronunciar sentencia. Y
en su Arto. 130, afirmó que podrá también establecerse ante la 'Corte Supre-
ma de Justicia Federal el recurso de inconstitucionalidad de una ley que se
refiera a asuntos no ventilados ante los tribunales, por toda persona a quien
perjudique en sus legítimos derechos, por su aplicación en caso concreto.
Las líneas generales, del control judicial, difuso e incidental estaban fijadas.
Y la institución siguió configurándose. En las nuevas reformas constitucio-
nales de diciembre de 1927, se afirmó expresamente que ninguna ley podrá
contrariar las disposiciones de la Constitución (Arto. 54), y que El Poder Ju-
dicial se ejerce por los jueces y Tribunales de la República; a ellos compete

107 Ver Ricardo Gallardo y Laudelino Moreno, Ops. cits.


LA DEFENSA DE LA CONSTITIJCION 55

exclusivamente la potestad de aplicar las leyes en los juicios civiles y crimi-


nales Corresponde a la Corte Suprema de Justicia, declarar, al dictar senten-
cia, que una ley, cualquiera que sea su forma, no es aplicable por ser contraria
a la Constitución También corresponde a los Tribunales de segunda instan-
cia y a los jueces letrados que conozcan en la primera, declarar la inaplicación
de cualquier ley o disposición de los otros Poderes cuando fueren contrarias
a los preceptos contenidos en la Constitución de la República La inaplica-
ción indicada sólo la poadrán declarar los Tribunales referidos en casos con-
cretos y las resoluciones que dicten (Arto. 85).
En la reforma de julio de 1935, aunque se incluyó el artículo 85, fue
solo para copiarlo textualmente y agregarle que El Presidente del Poder Judi-
cial, lo es también de la Corte Suprema de Justicia.
En la Constitución de 1945, su Arto. 170 mantuvo la tradición: co-
rresponde a los Tribunales juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado, y aplicar
las leyes en todo aquéllo que las mismas hagan de su conocimiento. Los de
jurisdicción ordinaria, y el de lo contencioso administrativo, podrán declarar
en casos concretos y por sentencia de primera, segunda instancia y casación,
la inaplicación de cualquier kv o disposición de los organismos que ejerzan
las demás funciones del poder público, cuando sean contrarias a la Constitu-
ción Si se declara la inconstitucionalidad, la resolución será transcrita al Con-
greso o a los Ministerios correspondientes, y publicada en el Diario Oficial .
Pero introdujo un elemento nuevo que abrió nuevos problemas. En su Arto.
50 primera parte, apuntó que las disposiciones legales, gubernativas o de cual-
quier otro orden que regulen el ejercicio de los derechos que esta Constitución
garantiza, serán nulas ipso jure si los disminuyen, restringen o tergiversan Se-
rán así mismos nulos ipso jure, los actos o contratos que violen las normas
constitucionales Aparecía aquí la cuestión sobre el control de oficio de la
constitucionalidad.
En la constitución de 1956, esta última disposición se mantuvo en
el Arto. 73, suprimiéndole el último párrafo. En el 151, se apuntó expresa-
mente que ninguna ley podrá contrariar las disposiciones de la Constitución
Y en el párrafo 3o. del 187 que en cualquier instancia y en casación, podrán
las partes interesadas pedir, en casos concretos, la declaración de inconstitu-
cionalidad de la ley

2. La Constitución de 1965.

La última Constitución establece un sistema mixto, que plantea di-


versos problemas. Por una parte, contempla una declaratoria de inconstitu-
cionalidad en casos concretos, en la tradición del control juficial difuso y otra,
una declaratoria de inconstitucionalidad con efectos generales y derogatorios,
56 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

en una nueva experiencia de control concentrado"

a. La supremacía constitucional y el control de oficio.

En tres artículos de muy clara redacción y firme tradición, se reco-


ge el principio de la supremacía. El 77 fija la norma general: Serán nulas ip-
so jure las leyes y las disposiciones gubernativas o de cualquier otro orden
que regulen el ejercicio de los derechos que la Constitución garantiza, si los
disminuyen, restringen o tergiversan, que se afirma en el 172: ninguna ley
podrá contrariar las disposiciones de la Constitución; las leyes que violen o
tergiversen los mandatos constitucionales son nulas ipso jure, y se reafirma
en el 246 párrafo primero: Los tribunales de justicia observarán siempre el
principio de que la Constitución prevalece sobre cualquier ley o tratado in-
ternacional.
Estas disposiciones son bien claras. En caso de conflicto entre una
norma constitucional y una ley ordinaria o tratado, deberá aplicarse de ofi-
cio la norma de mayor jerarquía.
Sin embargo, el control de oficio ha suscitado mucha discusión y
en la jurisprudencia de algunos países, se ha limitado, exigiendo no solo que
exista una cuestión judiciabIe, sino además la petición de parte. Nos pare-
ce que ésta es una interpretación restrictiva sin base jurídica. Hugo Alsina,
sostiene la tesis de que la regla por la cual el juez no puede actuar de oficio,
se refiere a los hechos sometidos a su conocimiento por las partes, pero no
a la aplicación deI derecho, que el juez debe realizar fijando la prelación de
normas, según el aforismo iura novit curia de acuerdo con el cual es facul-
tad del juzgador determinar libremente la norma jurídica, que como premi-
sa mayor, ha de integrar el silogismo jurídico que se resuelve en la senten-
cia.109 La aplicación de justicia por el juzgador no puede estar sujeta a la
voluntad de las partes, el orden público constitucional debe ser protegido por
la jurisdicción que se califica por su plenitud hermética, y dentro de su fun-

1 108 Mario Aguirre Godoy, llama la atención que este sistema mixto, es el que reco-
mendó como mejor en la Conclusión V de la IV Jornada Latinoamericana de Derecho Proce-
sal, en la que se recomendó adoptar la declaración general de Inconstitucionalidad combina-
da con la desaplicación en el caso concreto,OP. Cit., p. 18 y Derecho Procesal Civil, (Guate-
mala: Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 1982) T. II, Vol. lo., p. 483.
109 Hugo Alsina, Tratado de derecho procesal, T. II, (Buenos Aires: EDIAR, 1957)
pp. 232 y 246. Ricardo Haro, en exclente trabajo afirma: "Como expresión cabal de esta
actitud de las partes y del juez dentro del proceso, desde el derecho romano nos llega aquel
viejo pero siempre orientador aforismo procesal narra mihi factum, debo tibis ius, que signi-
ficativamente quiere decir, "nárrame los hechos que yo te diré el derecho"... los jueces tie-
nen el deber de dirimir los conflictos litigiosos según el derecho vigente aplicable a cada
caso, de acuerdo con las reglas jura novit curia, con prescindencia de los fundamentos que
enuncian las partes. Deben calificar automáticamente los hechos del caso y subsumirlos en
las normas jurídicas que los rigen, cualesquiera sean las invocadas por las partes", "El con-
trol del oficio de constitucionalidad", El Derecho, diario de la jurisprudencia, Buenos Aires,
Tomo 64, p. 648.

LA DEFENSA DE LA CONSTITUC1ON 57

ción deberá respetar los principios de verticalidad y prelación de normas. La


argumentación en favor de esta tesis, la resume lúcidamente Germán Bidart
Campos, al decir que el juez debe aplicar bien el derecho y para eso, en la sub-
sunción del caso concreto dentro de la norma, debe seleccionar la que tiene
prioridad constitucional
Aplicar una norma inconstitucional es aplicar mal el derecho, y es mala
aplicación --derivada de no preferir la norma que por su rango prevalente ha de
regir el caso— no se purga por el hecho de que nadie haya cuestionado la in-
constitucionalidad. Es obligación del juez suplir el derecho invocado, y en
esa suplencia puede y debe fiscalizar de oficio k inconstitucionalidad den-
tro de lo más estricto de su función.110

b. Inconstitucionalidad en casós concretos.

El segundo párrafo del Arto. 246, sección de atribuciones generales del


Organismo Judicial, recoge el principio tradicional que viene de la reforma cons-
titucional de 1921. Es un régimen de control difuso, incidental, de alcance par-
ticular y con efectos declarativos."1
Dice así: en casos concretos, en cualquier instancia y en casación, antes
de dictar sentencia, las partes podrán plantear la inconstitucionalidad total o par-

110 El derecho constitucional del poder (Buenos Aires: EDIAR, 1967) T. II., p. 325,
y también del mismo autor "La declaración de inconstitucionalidad sin petición de parte (en
el derecho Argentino)', Revista Iberoamericana de Derecho Procesal, No, 2 (1966) pp. 201-
221. Con respecto al derecho guatemalteco, en las constituciones de 1945 y 65, ver Ma.ximi-
llano Kesder Farnés, Op, cit, pp. 52-53 y Jorge Mario García Laguardia, "La defensa de la
Constitución. Aspectos del control de constitucionalidad", Revista de la Universidad de San
Carlos, No. XL (1957) p, 120; Miguel Enrique Solís Rojas, Op. cit, p. 115, se pronuncia por
su procedencia. Otro aspecto a considerar sería el de que no solicitar la inconstitucionali-
dad, no puede representar una renuncia de derechos, porque una vez provocada la jurisdic-
ción, ninguna renuncia puede presumirse; el mantenimiento del orden público constitucio-
nal, y la correcta aplicación del derecho, no puede estar sujeta a la voluntad de los particu-
lares.
111 Es una impugnación de inconstitucionalidad por la vía judicial, Vid., Mauro Cap-
pelletti, La pregiudizialite costituz fanal* nel processo civile (Milano: Giuffré, 1957) pp. 4-70.
140 es ocioso, recordar las clásicas categorías del control judicial según sus diversas modalida-
des, que Piero Calarnandrei, formuló en estudios ya clásico: por su objeto, formal, cuando
hay vicio de procedimiento y material, cuando es vicio de fondo; por órgano judicial strictu
sensu, también difuso, cuando se encarga a todos los tribunales y autónomo o concentrado,
cuando se crea un órgano especial de examen constitucional; por la legitimación en la pro-
puesta, incidental, cuando únicamente la parte en un caso concreto puede plantearla en vía
prejudicial o no y principal, cuando puede proponerse como demanda principal sin atender a
una controversia concreta; por la extensión de los efectos, en general, cuando invalida "erga
omnes" y especial, cuando invalida solo en caso concreto produciendo inaplicabilidad; por la
naturaleza de tos efectos, declarativa, cuando establece una nulidad preexistente en forma
retroactiva "ex tunc" y constitutiva, cuando actúa como ineficacia o anulación "ex nun",
que vale para el fututo pero respeta en el pasado la validez de la ley declarada ilegítima; nor-
malmente, el sistema judicial strictu sensu, es difuso, incidental, especial y declarativo y el
concentrado o autónomo, es principal, general y constitutivo, La ilegitimidad constitucional
de las leyes en el proceso civil, en Estudios sobre el proceso civil, traducción de Santiago
Sentis Melendo (Buenos Aires: 1962) pp. 61-107.
58 JORGE MARIO GAHCIA LACUARDIA

cial de una ley y el tribunal deberá pronunciarse al respecto. Si declarare la in-


constitucionalidad, la sentencia se limitará a establecer que el precepto legal es
inaplicable al caso planteado y será transcrito al Congreso.
Se desarrolla en la ley reglamentaria constitucional, Decreto No. 8 de la
Asamblea Nacional Constituyente, artículo 9( al 104. Aunque la Constitución
no fija ningún procedimiento para realizar el planteamiento, el Decreto No. 8
establece dos formas: en vía de acción y en vía de excepción.

1) Vía de acción,

En la primera posibilidad, (Arto. 99), cuando con motivo de un caso


concreto se plantee como acción la inconstitucionalidad de una ley o reglamen-
to ante los tribunales, deberá comprobarse la existencia de un interés jurídico
directo en el caso, es decir se necesita una legitimación activa, y acudir en la vía
ordinaria (Arto. 96 del Código Procesal Civil y Mercantil).112
Se da audiencia al Ministerio Público por el término de nueve días adi-
cionales a los de la audiencia que establece el Código Procesal Civil y Mercantil
cuando la contienda fuera entre particulares y si el demandado fuera el Estado,
el Ministerio Público gozará del término de doce días para contestar la demanda
(Arto. 99 párrafo 2o., Dto. 8 de la Constituyente). Por ser punto de derecho el
que contiene la resolución, no se rinde prueba pero naturalmente, aunque no lo
dijera la ley que silo dice (Arto. 102), se pueden consultar e invocar anteceden-
tes, dictámenes, opiniones, elementos doctrinarios y jurisprudencia. La senten-
cia se limita a declarar que el precepto legal es inaplicable al caso planteado y se-
rá transcrita al Congreso (Arto. 103 párrafo 2o.).

2) Vía de excepción.

En la segunda posibilidad, según el Arto. 100 del Dto. 8, en todo jui-


cio seguido en la vía ordinaria, en cualquier instancia y en casación, antes de
dictarse sentencia, podrá pedirse por cualquiera de las partes, en vía de excep-
ción, que se declare la inconstitucionalidad de una ley o reglamento citado co-
rno apoyo de derecho en la demanda o en su contestación. Se dará audiencia a
las partes y al Ministerio Público por nueve días, y evacuada o no, el proceso si-
gue su curso y será resuelta la cuestión en la sentencia.
A diferencia de otros ordenamientos (Italia, Uruguay) en los que el
procedimiento se suspende. en el nuestro no sucede as'. y la cuestión de in-

112 Mario Aguirre Godoy, ha defendido la tesis de que en estos casos el proceso debe
tia ser un especial sumario "ya que se trata de una cuestión de derecho"; como autor lel
miembro más importante de la comisión) del Proyecto del Código Procesal Civil y Mercantil,
propuso dentro de los juicios sumarios, uno especial de "declaratoria de inconstitucionali-
dad para los Casos COOCTClo,, 1411C no pasí. al código aprobado, Op. Cit. , 485.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 59

constitucionalidad se resuelve en sentencia como una cuestión previa, aunque la


Ley en su Arto. 103 párrafo primero, sólo dice que deberá resolverse "en forma
separada de las demás cuestiones controvertidas", obligando el pronunciamiento.
La ley dice que el planteamiento debe hacerse en vía de excepción, aun-
que la Constitución no fija ninguna forma. El planteamiento asienta Aguirre
Godoy - debiera poder hacerse en nuestro criterio, en cualquier forma, aún por
simple invocación o alegación El término "excepción", por otra parte, es obje-
tado en la doctrina Se prefiere hablar de incidente. 113
Aunque la ley (Arto. 100), afirma que puede hacerse valer la excep-
ción en todo juicio seguido en la vía ordinaria, esta limitación se opone al pro-
pio texto constitucional, que permite que se haga en cualquier instancia y en
casación, se entiende de cualquier tipo de proceso. Y además, el Dto. 8, re-
gula dos casos especiales: 1. En lo administrativo, cuando se aplicaren leyes
o reglamentos inconstitucionales en actuaciones administrativas, y que por su
naturaleza tuvieren validez prima facie y no fueren motivo de amparo, el afec-
tado se limitará a señalarlo durante el proceso administrativo correspondiente.
En este caso, el recurso de inconstitucionalidad deberá interponerse en la vía
contencioso administrativa, dentro de los treinta días siguientes a la fecha en
que causó estado de resolución recurrida. Sin embargo, aun sin los requisi-
tos anteriores podrá plantearse la inconstitucionalidad como fundamento del
recurso de casación contra cualquier resolución del tribunal de lo contencioso
administrativo (Arto. 98 Dto. No. 8.) y 2. En materia laboral, en juicios de
mayor cuantía, procederá el recurso de casación contra las sentencias de se-
gunda instancia para el único efecto de conocer lo relativo a inconstituciona-
lidad; cuando se trate de un conflicto colectivo, se ventilará la cuestión en
proceso ordinario declarativo laboral y determinará nulidad de lo decidido en
el con tl ic to.114

3) Sentencia y cosa juzgada


La sentencia es declarativa, en el sentido de que establece una nuli-
dad preeexistente en forma retroactiva (extunc); efectos que se limitan a los
hechos en que se basó el caso concreto resuelto. En cuanto a la cosa juzgada,
la ley es terminante al afirmar (Arto. 116, párrafo 2o.) que las sentencias en
los juicios que contengan planteamiento de inconstitucionalidad sólo causan
cosa juzgada con respecto al caso concreto en que fueron dictadas, pero tam-

113 Op. cit., p. 486. Recuerda el autor que J aime Gua.sp, '1 .a Justicia constitucional
en España", Primer congreso mexicano y Segundas Jornadas Latinoamericanas de Derecho
Procesal (México: 1960) p. 209-210, utiliza para este supuesto el término "cuestión inci-
dental".
114 Mario I .pez Lartave, "La inconstitucionalidad de las leyes en materia laboral y
como motivo de casación", Revista del Colegio de Abogados de Guatemala. No. 8 (julio-di-
ciembre 1978) pp. 11-28.
60 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

bién tienen efectos jurisprudenciales. No tiene efectos erga omnes, sino sólo in-
valida en caso concreto, produce inaplicabilidad.

c. La Corte de Constitucionalidad

En una nueva experiencia, junto al sistema anterior, la Constitución


en el Capítulo V, Título VII, artículos 262 y 265, recoge por primera vez en
nuestra historia constitucional, un sistema, esta vez: concentrado, principal
y de alcance general y efectos semi-constitutivos. La declaratoria de inconsti-
tucionalidad se pide ante un órgano autónomo de examen constitucional: la
Corte de Constitucionalidad.

1) Antecedentes y modelo.

Aunque no aparece en forma expresa en ningún documento, la fuen-


te obviamente está en el modelo austríaco y europeo. Y el antecedente inme-
diato de la decisión constitucional, en los trabajos del Tercer Congreso Jurí-
dico, del Colegio de Abogados de Guatemala, en el que se presentó por un
grupo de participantes, un Proyecto de preceptos para una Constitución de
la República y Proyecto de Ley de Control de la Constitucionalidad. En és-
te, se preveía una acción y un incidente para invalidar las leyes inconstitu-
cionales, que serían resueltos por un tribunal específico, el que sería integra-
do por magistrados nombrados por la Corte Suprema, el Presidente, el Con-
greso y el Colegio de Abogados.115

2) Integración del Tribunal.

No es un tribunal permanente, sino se integra cuando se hace valer


una acción. El artículo 262 Constitucional y el 105 de la Ley reglamenta-
ria, establecen que la Corte se integra por doce miembros, cuatro de los cua-
les son designados por la Corte Suprema de Justicia y además de su Presiden-
te, los demás por sorteo global que practicará la misma Corte Suprema, entre
los magistrados de la Corte de Apelaciones y del Tribunal de lo Contencioso

115 Tercer Congreso Jurídico Guatemalteco (Guatemala: Imprenta Universitaria:


1964) pp. 55-59 "Arto... El Tribunal Constitucional conocerá: a) de las acciones de incons-
titucionalidad que se planteen directamente ante él; b) de las apelaciones y consultas que
den lugar a los incidentes de inconstitucionalidad promovidos en los procesos que se sigan
ante otros tribunales..." Ver también Juan Francisco García, El control de la inconstitucio-
nalidad de las Leyes (Guatemala: tesis, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Universidad
de San Carlos, 1966) pp. 69-74 y Héctor Fbc Zamudio Las tribunales constitucionales y los
derechos humanos (México: Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional
Autónoma de México, 1980) pp. 136-137.

I.A DEFENSA DE LA CONSTITUCION 61

Administrativo, siendo su Presidente, el mismo de la ('orte Suprema.1 16

3) Objeto y efectos.

De conformidad con el artículo 263 constitucional, que copia tex-


tualmente el artículo 106 de la Ley reglamentaria el objeto de la acción es ob-
tener la declaratoria de inconstitucionalidad de las leyes o disposiciones guberna-
tivas de carácter general que contengan vicio parcial o total de inconstituciona-
lidad.
Esas disposiciones dicen que la Corte conocerá de los recursos que se inter-
pongan, lo cual es equivocado. Estimamos - dice Fix Zamudío - que se trata de
una acción y no de un recurso como lo designan tanto la Constitución como la
ley reglamentaria, ya que no significa una impugnación de una resolución judi-
cial, sino una instancia directa ante un organismo judicial especializado en ma-
teria constitucional, que origina un procedimiento autónomo y de ninguna ma-
nera la continuación de uno judicial anterior, que es lo que caracteriza a los re-
cursos en estricto sentido.117 Anguirre Godoy argumenta en el mismo sentido:
Nosotros creemos que se trata de un proceso constitucional en el que existe
un conflicto o litis a resolver, aunque sea de carácter jurídico, pero que de to-
das maneras es expresión de la función jurisdiccional, ya que establece la cer-
teza del derecho.., de manera que, cuando hay afectación de un interés legíti-
mo o lesión de un derecho subjetivo, y ello da origen a la acción directa de in-
constitucionalidad, pensamos que no puede negarse la naturaleza de proceso,
teniendo la legitimación activa esa persona; y la pasiva, el Ministerio Público,
que siempre es parte. En los otros casos, no puede hablarse de proceso, tal
como se le entiende técnicamente, ni de partes, pero si", de un proceso con ca-
racterísticas especiales para controlar la constitucionalidad de las leyes, al
que tampoco se le puede aplicar sin objeción la denominación de "recurso'
Preferimos hablar de acción y de proceso constitucional. 118

116 El número es el mismo del Tribunal Constitucional de la Constitución española


de 1978, pero su integración es totalmente judicial, exclusivamente de magistrados previa-
mente nombrados. Sería conveniente que en su integración se involucrara a los otros pode-
res, y que se fijaran requisitos especiales en los designados para fortalecer su funcionamien-
to. De conformidad con el artículo 159 de la Constitución Española, los doce son nombra-
dos por el rey, cuatro a propuesta del Congreso por mayoría de tres quintos de sus miem-
bros; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del Gobierno y
dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. Y deberán ser nombrados entre
Magistrados y Fiscales, Profesores de Universidad, funcionarios públicos y abogados, todos
ellos juristas de reconocida competencia con más de quince años de ejercicio profesional.
117 Héctor Fix Zamudio, Los Tribunales Op. Cit., p. 138.
118 Op. cit., p. 490-491. E/ mismo autor recuerda la discusión entre los procesalistas
sobre la naturaleza de la institución. Cappelletti, la considera como "jurisdicción volunta-
ria"; Calamandrei, como "juicios de legitimidad constitucional", considera como, "no juris-
diccional" el control y estima que se trata de "un Poder Legislativo no libre, sino mandado
por la Constitución", Mena., p. 491.
62 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

El trámite es muy breve y no puede exceder de dos meses (Arto. 263


constitucional y 109 y 106 párrafo 2o. de la Ley Reglamentaria). Una vez
integrado, el tribunal se pronuncia sobre la suspensión provisional, medida
precautoria que procede si la inconstitucionalidad fuere notoria y susceptible de
causar gravámenes irreparables, y que deberá ser dictada con el voto favorable de
la mayoría del total de miembros de la Corte (Arto. 264 constitucional), suspen-
sión que será de efectos generales y que se publicará en el Diario Oficial al día
siguiente de haber sido decretada. Después de dar audiencia por quince días al
Ministerio Público, se señala día para la vista que puede ser publicada si así se
solicita y se dicta la sentencia (artículos 109 y 106 párrafos 2o. de la ley regla-
mentaria).
La sentencia se dictará de acuerdo con lo dispuesto para los juicios de
amparo en lo que fuere aplicable dado el carácter estrictamente jurídico de este
recurso dice la ley reglamentaria (Arto. 109 último párrafo), y si es estimatoria
-para lo cual se necesita el voto favorable de 8 de los 12 miembros de la Corte-
puede declarar la inconstitucionalidad total de la ley o disposición gubernativa
de carácter general, caso en el cual ésta queda sin vigor; o en su caso, la incons-
titucionalidad parcial. caso en el cual queda sin vigor, la parte declarada así
(Arto. 108, párrafo lo. de la ley reglamentaria). La Corte de Constitucionalidad
ha fijado jurisprudencia en este sentido: La concepción unitaria del ordenamien-
to jurídico del Estado de Derecho, evidencia en su estructura jerárquica la
coexistencia de normas de diferente rango y naturaleza vinculadas entre sí por
un fundamento común de validez y cuyo proceso de creación y aplicación,
comienza con la norma constitucional, de indiscutible supremacía, por derivar de
la misma las instancias superiores de poder y la legitimidad de todo el complejo
normativo; sigue con las leyes ordinarias, generales y abstractas y sus reglamen-
tos; y concluye con las sentencias judiciales, actos administrativos y negocios
jurídicos, que como normas individualizadas hacen referencia a situaciones
concretas. Se establecen así, dentro de cada sistema jurídico positivo, relaciones
de subordinación entre las normas de menor jerarquía (fundadas) respecto de la
Ley Fundamental (Andante): y de supraordinación entre esta última y los
preceptos menores: relacionados que hacen necesario el mantenimiento mediante
mecanismos adecuados, del imperio de la Constitución, el cual no solo implica su
cumplimiento, sino también la conformidad de las reglas generales de escala
inferior. Es esta necesidad, sentida en todas las naciones de tradición jurídica, la
que ha dado lugar al surgimiento de la Jurisdicción Constitucional, rama de la
administración de justicia que tiene por objeto específico, los conflictos relativos
a la legitimidad de las leyes... la Corte de Constitucionalidad, tribunal extraordi-
nario cuya competencia está delimitada por el artículo 263 párrafo primero, al
expresar que "conocerá de los recursos que se interpongan contra las leyes o
disposiciones gubernativas de carácter general, que contengan vicio parcial o
total de inconstitucionalidad", o lo que es lo mismo, que su función es es-
LA DE VENSA DE LA CONSTITUCION 63

trictamente jurídica o de confrontación de la ley con la norma constitucional,


que puede ser vulnerada tanto en su aspecto intrínseco o en su contenido, como
extrínseca o formal, al no acatarse los trámites señalados para su emisión.. el
análisis de estos preceptos legales reiterados por el Decreto número 8 de la
Asamblea Constituyente de la República, permite observar que son presupuestos
del recurso de inconstitucionalidad, la existencia de una ley o disposición guber-
nativa de carácter general, que se impugnan; y el vicio de "lesa majestad" que los
invalida, referido a artículo o artículos constitucionales expresos; de modo que si
no concurren esos requisitos, el examen jurídico a que se contrae el recurso, no
puede realizarse, ni existe materia constitucional propiamente dicha qué luz-
gar.119 En otro fallo se asienta: Tampoco se entra a conocer sobre los efectos
de carácter económico que señala el recurrente porque tal materia no es de la
competencia de esta Corte, dadas las finalidades limitativas, extraordinarias y
propias del recurso de inconstitucionalidad 120
Es una sentencia declarativa que se limita a establecer el vicio de in-
constitucionalidad, y sus efectos son: ex tunc, en el caso de que se haya decre-
tado la suspensión provisional y establece una nulidad preexistente en for-
ma retroactiva a la fecha de esa declaratoria, y ex nunc en los demás casos, en
que la sentencia es constitutiva, pues actúa declarando la ineficacia o anula-
ción para el futuro, pero respeta en el pasado la validez de la ley declarada
ilegítima (Arto. 108 de la ley reglamentaria).
Las leyes o disposiciones gubernativas de carácter general, declara-
das inconstitucionales, dejarán de tener efectos desde el día siguiente de la pu-
blicación de la sentencia en el Diario Oficial, y contra los fallos de la Corte no
cabrá recurso alguno (Arto. 265 constitucional).

4) Legitimación.

El Ministerio Público siempre es parte, le corresponde la legitima-


ción pasiva, y está obligado a realizar la defensa de la constitucionalidad de
la ley o disposición gubernativa de carácter general, aunque no se le prohibe
manifestar de acuerdo con la impugnación.
En cuanto a la legitimación activa, es sumamente restringida. De con-
formidad con el artículo 264 constitucional y 107 de la ley reglamentaria, el
recurso podrán interponerlo: 1. El Consejo de Estado (órgano consultivo de

119 Sentencia de In. de septiembre de 1978. Recurso de inconstitucionalidad inter-


puesto por Enrique Peralta Azurdia contra los Decretos del Congreso de la República Nú-
meros 2-78 y 3-78, que declararon la validez de las elecciones presidenciales del mes de ene-
ro de 1978.
120 Sentencia del 8 de enero de 1971. Recurso de inconstitucionalidad, interpuesto
por el Procurador General de la Nación y jefe del Ministerio Público, por disposición del
Presidente de la República tomada en Consejo de Ministros, contra el Decreto Número 1725
del Congreso de la República.
64 JORGE MARIO GARCIA LAGUA RIMA

representación de intereses presidido por el Vicepresidente de la República,


artículos 207 a 214 de la Constitución; 2. El Colegio de Abogados, por de-
cisión de su asamblea general; 3. El Ministerio Público, por disposición del
Presidente tomada en Consejo de Ministros y 4. Cualquier persona o entidad
a quien afecte directamente la inconstitucionalidad de la ley o disposición
gubernativa impugnada, con el auxilio de diez abogados.
En la asamblea constituyente se discutió mucho la posibilidad de fijar
una multa en el caso de fallos desestirnatorios, temerosos los constituyentes
de la posibilidad de un abuso por parte de los litigantes, y se optó flnah-nen-
te, por fijar el requisito del auxilio de diez abogados. Pero en la ley regla-
mentaria, artículo [II, se restringió aún más la legitimidad real, al establecer,
en caso de ser declarado sin lugar el recurso, una multa a cada uno de los abo-
gados auxiliantes no menos de veinticinco ni mayor de trescientos quetzales
(el quetzal está a la par del dólar norteamericano), además de condenar en
costas al recurrente. Esta legitimación restringida ha sido muy criticada: "La
declaratoria general de inconstitucionalidad de las leyes por un tribunal espe-
cializado, como institución novedosa en el derecho latinoamericano —aún
cuando no la primera, puesto que existe desde hace tiempo en Colombia, y
Venezuela, a través de la llamada acción popular de inconstitucionalidad— ha
sido acogida con bastante timidez en cuanto que la citada declaración requie-
re una votación favorable sumamente elevada de los integrantes de la Corte de
Constitucionalidad —ocho sobre doce— y cuando se trata de la instancia de los
particulares afectados se erige el auxilio impresionante de un ejército de abo-
gados (diez nada menos), con lo cual se complica exageradamente la interpo-
sición de la acción de inconstitucionalidad, pues es posible que los autores de
la institución temieran un alud de impugnaciones, y pensaron que resultaba di-
fícil poner de acuerdo a tantos abogados, cuando que lo más lógico hubiera re-
sultado constituir, como ocurre en el Tribunal Federal Alemán un procedimien-
to previo de admisión que siriviera de filtro a las reclamaciones notoriamente
improcedentes o carentes de importancia constitucional. 121

VII. POLMCA Y JUSTICIA. LA GRAN CUESTION.

A. La revisión judicial de la legislación. El proceso histórico.

Esforzado descubrimiento del derecho norteamericano aunque con impor-

121 Héctor Fix Zamudio, Op. cit., p. 141-142. Mario López Larrave, Loc. cit., ..."por
el rigor de los requisitos —tanto formales como de implicación económica— exigidos por el
Dto. 8 de la Asamblea Constituyente al regular el recurso de inconstitucionalidad, práctica-
mente se veda el ejercicio de esta defensa constitucional a la gran mayoría de trabajadores
guatemaltecos que si no consiguen muchas veces un solo abogado director mucho menos
conseguirían diez...", p. 14.
VII POLITICA Y JUSTICIA. LA GRAN CUEST1ON 64
A. La revisión judicial de la legislación. Proceso histórico 64
B. Los cuestionamientos. Izquierda y derecha 67
C, El debate sobre el papel político de la función judicial 69
D. La Constitución de 1965 y la experiencia reciente. Balance
de la Corte de Constitucionalidad 72
VIII POST-SCRIPTUM 78
64 JORGE MARIO GARCIA LAGUA RIMA

representación de intereses presidido por el Vicepresidente de la República,


artículos 207 a 214 de la Constitución; 2. El Colegio de Abogados, por de-
cisión de su asamblea general; 3. El Ministerio Público, por disposición del
Presidente tomada en Consejo de Ministros y 4. Cualquier persona o entidad
a quien afecte directamente la inconstitucionalidad de la ley o disposición
gubernativa impugnada, con el auxilio de diez abogados.
En la asamblea constituyente se discutió mucho la posibilidad de fijar
una multa en el caso de fallos desestimatorios, temerosos los constituyentes
de la posibilidad de un abuso por parte de los litigantes, y se optó finalmen-
te, por fijar el requisito del auxilio de diez abogados. Pero en la ley regla-
mentaria, artículo III, se restringió aún más la legitimidad real, al establecer,
en caso de ser declarado sin lugar el recurso, una multa a cada uno de los abo-
gados auxiliantes no menos de veinticinco ni mayor de trescientos quetzales
(el quetzal está a la par del dólar norteamericano), además de condenar en
costas al recurrente. Esta legitimación restringida ha sido muy criticada: "La
declaratoria general de inconstitucionalidad de las leyes por un tribunal espe-
cializado, como institución novedosa en el derecho latinoamericano —aún
cuando no la primera, puesto que existe desde hace tiempo en Colombia, y
Venezuela, a través de la llamada acción popular de inconstitucionalidad— ha
sido acogida con bastante timidez en cuanto que la citada declaración requie-
re una votación favorable sumamente elevada de los integrantes de la Corte de
Constitucionalidad —ocho sobre doce— y cuando se trata de la instancia de los
particulares afectados se exige el auxilio impresionante de un ejército de abo-
gados (diez nada menos), con lo cual se complica exageradamente la interpo-
sición de la acción de inconstitucionalidad, pues es posible que los autores de
la institución temieran un alud de impugnaciones, y pensaron que resultaba di-
fícil poner de acuerdo a tantos abogados, cuando que lo más lógico hubiera re-
sultado constituir, como ocurre en el Tribunal Federal Alemán un procedimien-
to previo de admisión que siriviera de filtro a las reclamaciones notoriamente
improcedentes o carentes de importancia constitucional. 121

VII. POLMCA Y JUSTICIA. LA GRAN CUESTION.

A. La revisión judicial de la legislación. El proceso histórico.

Esforzado descubrimiento del derecho norteamericano aunque con impor-

121 Héctor Fix Zarnudio, CAo. cit., p. 141-142. Mario López Larrave, Loc. cit., ..."por
el rigor de los requisitos —tanto formales como de implicación económica— exigidos por el
Dto. 8 de la Asamblea Constituyente al regular el recurso de inconstitucionalidad, práctica-
mente se veda el ejercicio de esta defensa constitucional a la gran mayoría de trabajadores
guatemaltecos que si no consiguen muchas veces un solo abogado director mucho menos
conseguirían diez...", p. 14.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 65

tantes antecedentes fue la revisión judicial de la legislación ordinaria. En aplica-


ción de la Constitución, los tribunales formularon el principio que lentamente
fue consolidándose. Según Claudius Johnson (Government in the United States,
p. 37) el principio enunciado por el juez Marshal en la famosa sentencia Marbury
vrs. Madison, de 1803, se resume así: a) La Constitución es una Ley Suprema;
b) Por ende, un acto legislativo contrario a ella no es una Ley,- e) El Tribunal
judicial debe decidir siempre entre dos leyes en conflicto; d) Si un acto legisla-
tivo está en pugna con la Constitución, es deber del Tribunal rehusar la aplica-
ción del acto legislativo; e) Si así no lo hace, se destruye el fundamento de to-
da Constitución escrita. 122 Y con base en ese principio se constituyó el siste-
ma judicial de control strictu sensu, difuso, incidental, especial y declarativo,
de raíz norteamericana y gran influencia, que se desarrolla en América duran-
te todo el siglo diez y nueve.
En Europa, hasta el presente siglo se produce la recepción. En primer lu-
gar, con motivo de la promulgación de la Constitución de Weimar, que en su
artículo 19 estableció, que de los litigios constitucionales que se promuevan
en el interior de un territorio en donde no exista ningún tribunal competen-
te para dirimirlos, así como de los litigios de carácter no privado entre terri-
torios distintos o entre el Reich y un territorio, decidirá, a instancia de una
de las partes litigantes, el Tribunal de Justicia Constitucional. Este, conoció
de varios casos, y el Tribunal Supremo del Reich en su decisión del Vol. 11,
pág. 320, afirmó que los tribunales ordinarios podrían conocer de litigios que
pudieran suscitarse entre distintos órganos del Reich e incluso en el caso. de
disputa sobre la constitucionalidad material de una ley del Reich. Y el go-
bierno presentó un proyecto de ley sobre el examen de constitucionalidad
de preceptos del derecho del Retch, que atribuía al Tribunal Constitucional
la decisión y restringía la legitimación activa al gobierno, Presidente del Reich,

122 Linares Quintana, op. cit., T. II, p. 264. Segúnnue-stra modesta opinión, los
trabajos clásicos siguen siendo los mejores sobre el tema. Vid. Joseph Story, Comentario
abreviado de la Constitución Federal de los Estados Unidos (México: imprenta del Corner.
cio de Dublín y Cía, 1979); Charles Evans Hughes, La Suprema Corte de los Estados Unidos
(México: Fondo de Cultura Económica, 1971) y Edward S. Corwin, La Constitución nortea-
mericana (Buenos Aires: Editorial Kraft, 1942). En su sentencia, Marshall asentó: "Los po-
deres del Legislativo son definidos y limitados; y para que estos límites no puedan confun-
dirse u olvidarse, la Constitución es una Constitución escrita. ¿Cón qué finalidad limitarían
lorpoderes y con qué propósito se habrían puesto esas limitaciones por escrito si esos lími-
tes pudieran, en cualquier ocasión, ser sobrepasados por las personas mismas a quienes la
Constitución intenta constreñir...? Es demasiado claro para que se pueda discutir que, o la
Constitución está por encima de cualquier norma legislativa que no está de acuerdo con ella,
o el Legislativo.puede modificar la Constitución por una ley ordinaria. Entre esas dos.alter-
nativas no hay término medio. O la Constitución es una norma superior y suprema y no
puede ser alterada por los medios ordinarios, o está al mismo nivel que las disposiciones le-
gislativas ordinarias, y como ellas, puede ser alterada cuando al Legislativo le plazca alterar-
la... Si una ley aprobada por el Legislativo, contraria a la Constitución, es nula, ¿podrá, no
obstante su invalidez, obligar a los Tribunales, forzándolos a ponerla en práctica?... La
obligación y el deber del departamento judicial es, sin ningún género de dudas, declarar el
derecho... Así, pues, si una ley está en pugna con la Constitución, si tanto la ley como la
66 JORGE GARCIA LAGUARDIA

más de la tercera parte del total de diputados, o a un tribunal que niegue validez
a una ley.123 Pero, fundamentalmente, con la creación del Tribunal Consti-
tucional austríaco, obra de Hans Kelsen, quien crea un sofisticado mecanis-
mo original. Las diferencias con el judicial review son sustanciales. El con-
trol difuso se sustituye por uno concentrado. El Tribunal Constitucional no
conoce supuestos de hecho, con base en los cuales se produciría la aplicación
concreta de la ley, lo que se reserva a los tribunales a-quo que plantean el in-
cidente de constitucionalidad. Su función se limita a realizar un análisis de
la compatibilidad entre el contenido abstracto de la Constitución corno norma
suprema y del contenido también abstracto de la ley ordinaria, eliminando la
ley contraria a la Constitución. Por eso —según Kelsen la actividad del Tri-
bunal Constitucional, no sería en sentido estricto judicial, sino puramente le-
gislativa: actuaría como legislador negativo. Como bien apunta García de
Enterría, de este modo, el Tribunal Constitucional, en lugar de competidor
del Parlamento, termina siendo su complemento lógico; no puede indagar la
relación de adecuación o no a la norma legislativa con el supuesto de hecho
que intenta regular (no examina, pues, la eventual injusticia de la ley) sino
que, como depositario de las categorías lógicas del ordenamiento, enjuicia-
rá solo la validez de la Ley, por vía de simple lógica racional, desvinculada de
la necesidad de decidir las controversias de pleitos reales. 124 El examen de
constitucionalidad es aislado cuidadosa y terminantemente del proceso don-
de las situaciones de hecho se ventilan.
Piero Calamandrei y Hans Nawiasky, pugnan por la creación de un tribu-
nal sobre las líneas kalsenianas, pero en las constituciones italiana de 1948 y
alemana de 1951 se llega a una solución ecléctica: un sistema intermedio, en-
tre los sistemas estrictamente judicial y difuso como es el estadounidense y el
que podríamos calificar de judicial y concentrado establecido por la Constitu-
ción Austriaca de 1920 (y puesta en vigor nuevamente por la ley de lo. de mar-
eo de 1945) por inspiración de Kelsen...125 Según el ordenamiento italiano, es

Constitución son aplicables a un caso particular, de tal modo que la Corte deba decidir el ca-
so con arreglo a la ley, apartándose de la Constitución o con arreglo a la Constitución, apar-
tándose de la ley, la Corte debe determinar cuál de estas dos normas contradictorias en con-
flicto es aplicable al caso. Esto es de la propia esencia de los jueces". El texto completo de
la sentencia en Revista mexicana de derecho público, Vol. I, Núm. 3 (enero-marzo de 1947)
pp. 317-343. Para un análisis completo de la institución ver el excelente estudio de J. A. C.
Grant, El control jurisdiccional de la constitucionalidad de las leyes. Una contribución de
las Américas a la Ciencia Política (México: Facultad de Derecho de la UNAM, 1963).
123 Ottmar Bühler, La Constitución alemana de 11 de agosto de 1919. Texto com-
pleto, comentarios, introducción histórica y juicio general, por... (Madrid-Barcelona-Buenos
Aires: Editorial Labor, 1931) pp. 54-46.
124 Eduardo García de Enterría, La Constitución como norma y el Tribunal Consti-
tucional (Madrid: Editorial Civitas, 1981) p. 58.
125 lléctor Fix Ziunudio, "La aportación de Piero Calamandrei al Derecho Procesal
Constitucional", Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma
de México, 1' VI, No, 24 (Octubre-diciembre 1956) p. 196
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 67

a través del procedimiento ordinario que se plantea el examen de constitu-


cionalidad,. excepto cuando la República o las Regiones Autónomas plantean
la inconstitucionalidad.126

B. Los cuestionamientos. Izquierda y derecha.

Tempranamente, se producen las reacciones contra las instituciones de con-


trol judicial de la Constitución. La izquierda hegeliana, excelentemente repre-
sentada por Fernando Lasalle, inicia el ataque, al llamar la atención en su con-
ferencia de 1862 sobre los factores reales de poder constitutivos de la constitu-
ción material, privilegiados sobre la Constitución escrita, una mera hoja de pa-
pel, que en la mayoría de los casos sería solamente un instrumento para encu-
brir factores de dominación.127 Que se desarrolla en la concepción teórica
marxista y se concreta en la construcción del estado soviético, rechazando la
idea de la separación de funciones en órganos distintos, en favor de Ia concen-
tración del poder en las asambleas representativas —persistente eco de las po-
siciones jacobinas como única fuente de legitimidad democrática, a la par del
partido único, como canalizador monopólico de la actividad política y las de-
mandas sociales. Que confluye en una negación del principio de supremacía
constitucional y la división entre poder constituyente y poderes constituidos
a través de un sistema muy flexible de reforma.
En la Constitución soviética de 1977 (Arto. 164), se crea la Procuratura,
como organismo administrativo y no judicial de control supremo del cumpli-
miento exacto y uniforme de las leyes con funciones de vigilancia y fiscaliza-
ción de la legalidad socialista, modelo seguido por la mayoría de los regíme-
nes de democracia popular. Pero debe llamarse la atención en dos importan-
tes disidencias. En las constituciones de 1963 y 1974 de Yugoeslavia y de
1968 de Checoslovaquia, que corresponden a la era postestaliniana y al inten-
to de autonomía nacional frente a la dependencia soviética, se crean Cortes
Constitucionales, con atribuciones de control de constitucionalidad de las le-
yes, procedimientos específicos de protección de derechos humanos y solu-
ción de controversias regionales. En general, significan una disidencia esen-
cial frente al sistema de justicia administrativa del modelo soviético y se opo-
nen al sistema monopólico de concentración absoluta del poder en busca de

126 La bibliografía es abundante y en general de gran calidad. Cfr. Mauro Cappelletti,


La pregiudizialitá constituzionale nel procese° civile (Milano: Giuffré, 1957) y Franco Pie-
randrei, "Corte cosiiruzionale", Enciclopedia del diritto (Milano: Giuffré, 1962) X, pp. 874-
1036.
127 ¿Qué es una Constitución? Introducción de Eliseo Aza, traducción y prólogo de
Wenceslao Roces, 2a. ed. (Barcelona: Editorial Ariel, 1976).
68 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

una descentralización y limitación de los cuerpos legislativos y la autoridad


total del partido.128
Y por la derecha, la teoría del Monarca como fuente originaria del poder
anterior a los procesos constituyentes, desvalorizó la inicial idea constitucio-
nal de los liberales del diez y ocho, para justificar teóricamente la restaura-
ción monárquica en que desembocó la experiencia napoleónica. Posición,
que en un contexto diverso, retorma en la década del treinta de este siglo,
Carl Scmitt, para oponerse al Tribunal Constitucional kelseniano, a la jus-
ticia constitucional. La prevención contra el abuso del Legislativo, puede
conducir al abuso del estamento judicial, afirma. Y cree que solo el Presi-
dente del Reich, dentro de la constitución de Weimar, en uso de las atribu-
ciones extraordinarias del artículo 48, que autorizaba una auténtica dictadu-
ra constitucional, podría ser el defensor de la Constitución. La realidad de-
mostró, y posiblemente Scmitt trataba de justificarlo teóricamente, que el
resultado de la aplicación de este dispositivo fue, que un político audaz y equi-
vocado, Adolfo Hitler, en uso de los poderes excesivos de esa disposición cons-
titucional, se convirtió no en el defensor de la Constitución, sino en su sepul-
turero. Esta posición constituye ...la critica conservadora al sistema de la
justicia constitucional; no de un conservadurismo cualquiera, simplemente
inercial o sostenedor del statu quo utilitario y sórdido, sino de "la revolución
conservadora" y aristocrática, precisamente, que con su desdén altivo al or-
den burgués (desdén desde ki superioridad aristocrática, no desde el populis-
mo proletario) y su caída final en el diecisionismo dictatorial, falsamente he-
roico (simplemente violento), concluye abiertamente en el fascismo (usando
el término en su sentido estrictamente técnico, sin las connotaciones y adhe-
rencias deprecatorias que la historia ha puesto en el concepto). 129

128 Sobre el régimen constitucional de las democracias populares, Paolo Biscaretti di


Ruffia, "Le strutture organizzative e funzionale degli S tati Socialisti delie Europe O rientale",
Rivista triffiestrale di dirimo pubbico, Milano (octubre-diciembre de 1969) pp. 744 y si-
guientes. Y sobre el sistema de jurisdicción constitucional, Héctor Fix Zamudio, "Los tribu-
nales constitucionales en los países socialistas", en Los tribunales..., Op. cit., pp. 115-133,
que refiere a bibliografía básica sobre el tema.
129 Eduardo García de Enterría, La Constitución como norma y el tribunal constitu-
cional, Op. cit., p. 163, "Bajo este desenvolvimiento descrito por Scmitt no se encuentra
simplemente la historia ordenada de un desarrollo lineal de la teoría del derecho. Más bien,
una transformación irreversible de las relaciones de fuerza entre las clases. El uso totalmen-
te particular del artículo 48, la tendencia a sustituir las leyes con disposiciones, tiene ni pre-
supuesto, en la intensa unificación que logra tener la clase burguesa alemana, inmediatamen-
te después de 1929, tanto en la política exterior como en la política interiór, y esto, como
lo señalaba agudamente Kircheimer en 1930, cambia completamente los fundamentos del
sistema constitucional. Desde el momento que la burguesía se constituye como clase unita-
ria en el parlamento, trocando sus relaciones con la socialdemocracia, la democracia del
compromiso, se transforma en la democracia de los campamentos enemigos", Roberto Raci-
nato, "Hans Kelsen y el debate sobre democracia y parlamentarismo en los años veinte y
treinta", en Hans Kelsen, Socialismo y estado (México: siglo XXI editores) p. 126. I.a edi-
ción original de Raciruun, Hans Kelsen a él dkattito su democrazia e parlamentarismo negli
anni venti-trenta (Bari: de Donato editore, 1978). Vid supra, pp. 10 y siguientes
I ,‘ 1)11 1)1. 1 (:(1NSIITUt:ION 69

(' El debate sobre el papel político de la función judicial.

En la base de la existencia de las Cortes Constitucionales está la discusión


sobre el conflicto eutie política y justicia.
Posibilidad de resolver los problemas politicos con criterios y métodos judi-
ciales. Discusión sobre la legitimidad de esta atribución y cuestionamiento de
los mecanismos por los cuales los jueces encuentran razones para fallar. En esta
discusión ha corrido mucha tinta, y los argumentos juegan alrededor de la idea
clave de que en un régimen democrático, la atribución de dictar leyes correspon-
de al pueblo directamente o a través de sus representantes en las asambleas, y
que la atribución del estamento judicial está limitado a resolver controversias
aplicando las leyes en que las decisiones de autoridad han sido tomadas, sin ex-
cederse en su función.1 30
En el sistema de revisión judicial de la legislación, se han subrayado con es-
pecial claridad los conflictos de competencia con referencia a las decisiones fun-
damentales del proceso político. La justicia y la política se entrecruzan en el
nudo de la decisión de inconstitucionalidad. Y es que siempre existe una raíz
política en la decisión judicial sobre la materia, que desplaza el foco del poder,
la fuente de decisión, del órgano legislativo al judicial.
En el caso Marbury vrs. Madison, ese elemento político aparece claramen-
te. Los conservadores del partido federalista se atrincheraron en el Organismo
Judicial, dotándolo de un enorme poder político, para oponerse a las reformas
que preconizaba el Presidente Jefferson, recién electo. Y el ejemplo norteame-
ricano es claro, como experiencia negativa de abuso del poder otorgado al esta-
mento Judicial. La Suprema Corte se ha autoconstituido en un poder constitu-
yente permanente, en un verdadero power ammending, como afirmaba el juez
Manan (en sentencia Oregon vrs. Mitchell), a través de varios procedimientos:
1) interpretación constructiva, insuflando en textos, espíritu que los jueces
prefieren; 2) declaración de inconstitucionalidad, calificando fondo político
de la legislación y c) dictámenes sobre probabilidad de éxito de proyectos de
ley, advisory opinions. Rebasando la función encomendada, ha construido
encima del texto legal, un conjunto de principios extraídos de la mentalidad
de los jueces, de sus convicciones personales, los que ha convertido abusiva-
mente en verdaderas normas. Vivimos, pudo afirmar un antiguo Presidente de
la Corte, bajo una Constitución; mas la Constitución es lo que los jueces dicen
que e£ Y Scmitt, era muy claro al llamar la atención sobre los peligros de se-

130 lord Devlin, "Judgcs and Lawmakers", The moderm Law Review, London, Vol.
39, No. 1 (January 1976) pp. 1-16; S. Belaid, Essai sur la pouvoir createur et normatif du
juge (París: Libraire generale de droit et de jurisprudence, 1974)
70 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

mejante mixtificación: Lo más cómodo -afirmó- es concebir la resolución ju-


dicial de todas las cuestiones políticas como el ideal dentro de un estado de de-
recho, olvidando que con la expansión de la justicia a una materia que acaso
no es ya justiciable, sólo perjuicios pueden derivarse para el poder judicial
Como frecuentemente he tenido ocasión de advertir, tanto para el derecho
constitucional como para el derecho de gentes, la consecuencia no sería una
judicalización de la política, sino una politización de la justicia)" Y recorda-
ba la redonda frase de Guizot: en tales jurisdicciones, la política no tiene
nada que ganar, y la justicia, puede perderlo todo, aunque Guizot se refería
a los tribunales especiales de represión política. Desde un punto de vista de-
mocrático, aparece algo apenas imaginable: se confía la interpretación de los
derechos de propiedad, entre otros, a una clase profesional, cuya funcipn esen-
cial es plantear reclamaciones de intereses por designación: Dentro del marco
de un sistema constitucional, no se registra ejemplo más sorprendente de la su-
jeción del poder p. olítico al económico. 132 Precisamente este debate, produ-
jo la-expresión de gobierno de los jueces, que se ha abierto tanto camino.133
Y esta politización de la rama judicial, ha tenido diversos signos. La prime-
ra, históricamente, de tipo conservador. Con antecedentes en el siglo diez y nue-
ve, a partir de la segunda década del presente siglo, la judicatura defendió per-
sistentemente una especie de capitalismo salvaje, traducido en un darwinismo
jurídico, para oponerse a la intervención del estado en la vida económica y a
la legislación social -en sentencias bastante conocidas-- que hizo crisis con la
formulación del programa del Presidente Roosevelt del Nuevo Trato. Frank-
furter, uno de los jueces, le escribía a Roosevelt lamentándose de que la Suprema
Corte ...durante aproximadamente un cuarto de siglo ha derivado el poder de ju-
dicial review en una revisión de la política legislativa, usurpando poderes que
pertenecen al Congreso y a los legisladores de los distintos Estados... un lar-
go camino de abuso judicial. Esta situación obligó al Presidente a presentar
una ley de reforma -que el Senado rechazó- que en sus motivaciones apun-
taba que era preciso tomar medidas para salvar la Constitución de las garras
del Tribunal y que ...los Tribunales han destruido el equilibrio de poderes en-
tre las tres ramas del gobierno federal, oponiéndose así directamente a los
grandes objetivos que se habían fijado los redactores de la Constitución. Suer-
te política de Roosevelt, le permitió resolver el conflicto sin pasar por las Cá-

131 Carl Scmitt, La defensa de la Constitución... Op. cit., p. 33. Vid. Jorge Mario
García Laguardia, "La defensa de la Constitución. Aspectos..., Loc. cit. p. 95 y siguientes.
132 Harold J. Laski, El liberalismo europeo (México: Fondo de Cultura Económi-
ca, 19541 p. 215.
133 L. B. Boudin, "Government by judiciary'', Political Science Ouarterly, XXXI
(1911) pp. 238-270; en Europa, Lamben la popularizó en la década del 20, Le gouverne-
ment des jugos (París: 1921) y recientemente la expresión se retorna desde una crítica con-
servadora a la jurisprudencia Warren, R. Berger, Government by judiciary. The transforma-
non of the fourthenn ammendmertt (Cambridge, Mass Harvard University Presa, 1977).
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 71

maras, al producirse muertes y jubilaciones en la Corte, lo que alteró su com-


posición en favor de la autoridad presidencial.
Y últimamente, vuelve a surgir con motivo de la jurisprudencia del Tri-
bunal Warren —1953/1969— que realizó un activismo judicial muy importan-
te, en sentido progresista, especialmente contra la segregación racial, cuestio-
nando la doctrina oficial de iguales pero separados; en defensa de las liber-
tades públicas de libre pensamiento y asociación; buscando una redefinición
de marcos electorales para garantizar el voto de la minoría negra y en la pro-
tección a minorías raciales, extranjeros hostilizados y trabajadores ilegales.
Esta vez, las críticas, con los mismos argumentos, vienen desde la derecha
conservadora. Lo que prueba la validez de fondo de las reservas.
También en Inglaterra, donde el dogma de la soberanía del Parlamento
es de vieja data y persistencia, en los últimos años las atribuciones del esta-
mento judicial se han ampliado sensiblemente. El Profesor Griffith, de la Lon-
don School of Econonlics and Political Science, ha llamado la atención recien-
temente, en polémico libro, sobre los peligros de las funciones políticas de
los jueces, analizando su reclutamiento, sus actividades, su exceso de activi-
dad jurisprudencia], y la función conservadora que en su labor de interpre-
tación constructiva, desempeñan frente a derechos de los ciudadanos y espe-
cialmente frente a los sindicatos.135
En realidad, en la función judicial siempre subyace una actividad política
no solo intersticial en espacios dejados por el Legislativo. Y esto, porque el
sistema judicial, es un subsisterna del sistema político de carácter especializa-
do. La actividad política de los jueces se produce desde dos ángulos. En un
sentido general, los jueces resuelven conflictos entre partes aplicando normas
generales dotadas de autoridad, actividad esencialmente política. Pero ade-
más, en un sentido específico, la discrecionalidad de que gozan los jueces al in-
terpretar las normas para aplicarlas, se constituye en una actividad de creación
legislativa, situación que se havisto estimulada, por la inusitada ampliación de
la producción de normas por las cámaras, que cubren un amplio espectro ca-
da vez mayor de la vida social. La certeza del derecho es en gran medida ilu-
soria, y el juez al aplicarlo, debe escoger entre varias alternativas, y al hacerlo
no puede menos que utilizar su propia perspectiva, utilizar su propio catálogo de
valores, lo que resalta más, cuando de aplicar normas constitucionales se trata.136

134 Sayler, Boyer y Goobing eds., The Warren Court A. critica! analysis (New York:
Chelsea I louse, 1980).
135 John A. G. Griffith, The Political of the judiciary (London: Williams Colina,
Sons e C. Ltd. 1977); hay traducción italiana, Giudice e politica in flighilterre, Introduzione
a cura de Mario P. Chiti (Milano: Feltrinelli Editores, 1980),
136 Varias escuelas jurídicas se han orientado a favorecer una mayor libertad del juz-
gador frente a la ley: la escuela libre de derecho, de la comunidad del pueblo, escuela realista
y últimamente la teoría del "uso alternativo del derecho" que ha surgido en Italia. G. Schu-
bert, ha hecho análisis empíricos, en una rica lína de investigación, sobre la hipótesis de la
72 JORGE MAI(10 GARCIA LAGUARDIA

En resumen, e/ juez opera inevitablemente sobre decisiones de relevancia politi-


ca, aunque la amplitud y la modalidad con que esa politichiad se expresa, pue-
de depender de varios factores, como su posición institucional, el estado del
sistema normativo, y en general, las relaciones entre sistema poktico y socie-
dad.137
Y es evidente, que cuando la resolución hace referencia a órganos del es-
tado, y a la generalidad de la aplicación de la norma, como en el caso del con-
trol de constitucionalidad, el papel político adquiere especial relevancia.
Y aún más, el juez en algunos casos, puede proponerse fines a realizar,
dictar sus resoluciones en vista de objetivos a lograr dentro del sistema polí-
tico general, asumiendo indicaciones programáticas del propio texto consti-
tucional. Buen ejemplo de esta situación, es el uso que han hecho los jueces
italianos del artículo 3 inciso 2 de la Constitución italiana, que prescribe que
la república —y se dice, los jueces que de ella forma parte— está obligada a remo-
ver los obstáculos de orden económico y social, que, limitando de hecho la
libertad y la igualdad de los ciudadanos, impiden el pleno desarrollo de la per-
sona humana y la efectiva participación de todos los trabajadores en la organi-
zación politica, económica y social del país. El artículo es claro al proponer
la realización efectiva de los principios de igualdad, y varios jueces han consi-
derado que están obligados por este artículo a asumir la obligación de dictar
resoluciones en busca de ese objetivo constitucional.138
La materia, pues, de que conocen las Cortes Constitucionales, general-
mente, no siempre, es materia política. Pero el método con el que se resuel-
ven las controversias, es jurídico, lo que legitima su actividad especializada.
Si se reconoce la Constitución como una norma, de especial jerarquía, corno
una norma suprema, parece consecuente que se establezcan los mecanismos
de garantía, y así se justifica en su origen y en su desarrollo la justicia consti-
tucional.

La Constitución de 1965 y la experiencia reciente. Balance de la Corte


de Constitucionalidad.

Pocos rastros documentales dejó el proceso de incorporación de la Corte


de Constitucionalidad en la última Constitución de 1965. En la sesión del 2

actividad de losjueces guíada por el uso de sus personales escalas de valores, Nutran jurispru-
dence (Honolulu : University of Hawai Presa, 1975).
137 Carlos Guarnieri, L'independenza della Megistratura (Padova: CEDAM, 1981) p. 50.
138 Sobre esto ver Carlo Guarnieri, "Elites, correnti e conflitti fra i magistrati italiani:
1964-1976", Politica del diritto, VII (1976) pp. 653-682. Aquí debe llamarse la atención en
el peligro que comporta esta posición, en cuanto se puede rebasar el propio fin institucional
de magistratura —resolver controversias que surgen en la aplicación de normas de derecho—
y atribuirse funciones que corresponden a otros órganos.
LA DEFENSA DE I.A CONSTITUCION 73

de febrero de 1 965,
el diputado Skinner Klée, Presidente de la Comisión de los
25 (Comisión de Constitución), presentó el proyecto al pleno e hizo una amplia
exposición de motivos. El proyecto -dijo ...tiene proffindos cambios en la
parte orgánica.., nos ofrece una nueva estructura del estado, totalmente nueva...
sobre todo la radical refórma que se ha hecho con la reglamentación del Orga-
nismo Judicial, al cual se le ha provisto de poderes extraordinarios, de fáculta-
des que carecen de antecedentes en Guatemala, a sabiendas de que aquéllo nos
va a llevar, nos puede llevar indudablemente, si se hubiere abusado de esto, al
gobierno de los jueces (el subrayado es nuestro), de que algunas veces se ha acu-
sado a alagún país de la América, de tener, pero creemos no haber llegado a ese
extremo, creemos que no hemos caído en el gobierno de los jueces, creernos que
hemos logrado para los jueces de la República, la dignidad y la majestad de su
sitial..
Y específicamente: Cómo novedad de orden institucional, señaló la crea-
ción de una Corte constitucional, no debemos confundir los propósitos de es-
te tribunal con los del amparo, o recurso de inconstitucionalidad; el amparo
tiene un tipo de efectos en casos concretos y el recurso de inconstitucionalidad
llega a una decisión judicial también, en casos absolutamente concretos, en
cambio la Corte constitucional es un contralor de la constitucionalidad de las
leyes, es un Tribunal que sopesa, que hace juicio de los actos del Congreso co-
mo legislador, para determinar si una ley se adecúa o no a la Constitución de
la República, y su resolución tiene efectos de derogatoria general de la ley;
es una función muy especial y por eso se sacramentó el recurso, se vio el ma-
yor número de garantías posibles para que su interposición únicamente obede-
ciese a razones de suficiente seriedad, a fin de que no estuviere a disposición de
cualquier mecanismo de embate en un momento político. 139
Cuando en el mes de mayo, se discutió el capítulo sobre la Corte en el
pleno, se hizo evidente el desconocimiento de los diputados sobre la materia,
y naturalmente de las implicaciones que la adopción de la institución traería.
En una discusión de muy bajo nivel, se refirieron solamente al problema de la
legitimación activa. En la sesión del 25 de mayo, se suprimió el inciso que le-
gitimaba a cualquier persona a quien afectara directamente la inconstituciona-
lidad, para presentar el recurso con el auxilio de siete abogados, con una única
intervención coherente aunque confusa. La del diputado Villacorta, quien argu-
mentó que el recurso de inconstitucionalidad, es un recurso de tipo general, que
nunca puede estar en manos de particulares... no se trata de un recurso de garan-
tías individuales... si.. alguna empresa, una persona individual a un grupo de
personas, estuvieran interesadas o consideraran de por sí, que es inconstitucio-
nal una ley, tendrían que dirigirse a organismos más técnicos, que sirvieran para

139 Diario de sesiones de la asamblea nacional constituyente dé 1961 Mimeo.,


Archivo del Congreso de la República.
74 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

tamizar ese recurso, irían frente al Consejo de Estado._ Colegio de Abogados..


no puede estar en manos de cualquier ciudadano, sino debe ser tamizado por
organismos de seriedad, por organismos técnicos... el recurso de inconstitucio-
nalidad debe ser interpuesto por organismos del Estado, o por una institución
como el Colegio de Abogados, pero no poner el recurso a manos de particula-
res. Esto es realmente muy extraño, y por novedoso que sea el capítulo, no
debemos extremar la novedad hasta llevar un recurso de esta clase a manos
de particulares.14° En la sesión del día siguiente, seguramente después de
una labor extraparlamentaria de convencimiento, los diputados parecen cam-
biar de opinión y dejan para una nueva discusión los artículos 252 y 253 del
proyecto. El 5 de agosto reaparece el tema, cuando se presenta una enmien-
da que acepta la legitimación a particulares con la exigencia del auxilio, ya
no de siete, sino de diez abogados. Se incluía dentro de un grupo de enmien-
das presentada por una Comisión específica. Sin ningún comentario, se acep-
tó para su discusión y en la sesión del 10 de agosto, el Presidente de la Comi-
sión de Revisiones, hizo una sumaria exposición justificatoria sobre las en-
miendas, pero no aludió en ninguna forma a la que se refería a la Corte y fi-
nalmente, en la sesión del 17, se aprobó sin discusión el artículo 265, que en
su inciso 4o. apuntó: Cualquier persona o entidad a quien afecte directamen-
te la inconstitucionalidad de la ley o disposición gubernativa impugnada, con
el auxilio de diez abogados en ejercicio. Agregar al final del artículo, dice el
acta, el párrafo siguiente: En la ley constitucional correspondiente, se re-
gulará lo relativo a esta materia. 141
Obviamente, los diputados estaban empeñados en cuestiones menos téc-
nicas que la creación de una Corte Constitucional, y se creó la nueva institu-
ción, sin que muchos de ellos se percataran de su gran importancia histórica.
En todos los congresos constituyentes, en que' se discute la aprobación del
Tribunal Constitucional, aparece la polémica clave sobre la relación entre po-
lítica y justicia. Que en el nuestro, sólo se sugiere, aunque con mucha clari-
dad y precisión, en la exposición de motivos de la presentación del proyecto,
y que nunca se discute en el pleno.142
La experiencia de nuestro Tribunal Constitucional fue corta, como la
del último texto constitucional: de 1966 y 1981, escasos quince años. Pero

140 Ideal,
141 ldem.
142 En el último constituyente español de 1978, el diputado Solé Tura habló del pe-
ligro de convertir al Tribunal en una "Tercera Cámara, escasamente controlable", y Manuel
Fraga Iribarne, recordó la famosa frase de "gobierno de los jueces", pero en realidad fueron
expresiones dichas fuera de un debate de fondo sobre las funciones del tribunal, porque en
España, se había logrado un consenso entre todos los grupos parlamentarios y los partidos,
sobre las decisiones fundamentales, entre las que estaba la creación del Tribunal Constitucio-
nal, "Sesión de 19 de junio de 1979", Diario de sesiones del Congreso de diputados, pp.
34413 y 3449.
LA DEFENSA DE LA CONSTITUOON 75

fructífera. En ese lapso, conoció de muy pocos casos. El Consejo de Estado


y el Colegio de Abogados no hicieron uso de su prerrogativa aunque pudie-
ron y debiero. n hacerlo en algunas ocasiones; el Presidente de la República,
lo hizo una sola vez, por cierto, el único recurso declarado con lugar 143 y
los demás recursos fueron interpuestos por particulares.
La experiencia demostró, como en otros lugares —Italia, Alemania, Es-
paña que el peligro del gobierno de los jueces, de la politización de la Cor-
te, no se evidencio. Lo que fue motivado por dos clases de razones. La pri-
mera hace referencia al sistema mixto de control que adoptó la Constitución:
difuso, incidental, de alcance particular y con efectos declarativos en el artícu-
lo 246; y el de la Corte de Constitucionalidad: concentrado, principal, de al-
cance general y efectos semi-constitutivos. Lo que limitó la competencia de
la Corte, en la más pura tradición kelseniana, a un análisis de contenido en la
confrontación de la norma constitucional y la ordinaria. Tesis que la Corte
defendió tácitamente en todas Ias sentencias que dictó y expresamente en
dos de ellas: ...la Corte de Constitucionalidad, tribunal extraordinario cuya
competencia está delimitada por el artículo 263 párrafo primero._ su función
es estrictamente jurídica o de confrontación de la ley con la norma constitu-
cional... son presupuestos del recurso de inconstitucionalidad, la existencia
de una ley o disposición gubernativa de carácter general, que se impugnan;
y el vicio de "lesa majestad" que los invalida, referido a artículo o artículos
constitucionales expresos; de modo que si no concurren esos requisitos, el
examen jurídico a que se contrae el recurso, no puede realizarse, ni existe
materia constitucional propiamente dicha que juzgar 44 y en otra, apuntó
que ...tampoco entra a conocer sobre los efectos de carácter económico que
señala el recurrente porque tal materia no es de la competencia de esta Cor-
te, dadas las finalidades limitativas extraordinarias y propias del recurso de in-
constitucionalidad 145
Fallo importante es el que se refiere a la impugnación del artículo 23
de la Ley de Partidos Políticos por Unidad Revolucionaria Democrática, par-
tido político de orientación socialdemócrata, fundado en 1961 por un grupo
de intelectuales de centro-izquierda, cuyo viacrucis para lograr inscripción,
es un claro ejemplo de la manipulación constitucional del régimen partida-
rio a que hemos hecho referencia en otra parte de este estudio.146 La Corte en
143 Sentencia en el Apéndice Documental
144 Sentencia de 1o. de septiembre de 1978, Enrique Peralta Azurdia contra los De-
cretos del Congreso Números 2-78 y 3-78, que declararon validez de elecciones presidencia-
les de marzo de 1978. Incluida en el Apéndice Documental.
145 Sentencia de 8 de enero de 1971, Procurador General de la Nación contra el De-
creto 1725 del Congreso de la República. Incluida en el Apéndice Documental.
146 Vid supra. pp. 21 y la bibliografía indicada en la nota No. 36. El partido
hizo tres intentos para lograr su inscripción, con tres nombres semejantes, para mantener su
identidad y cumplir con la ley: U.R.D., Frente Unido Revolucionario Democrático (FURD)
y finalmente Frente Unido de la Revolución (FUR).
76 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

este caso, eludió el análisis de constitucionalidad planteado, con base en dos ar-
gumentos: por una parte, consideró insuficiente la representación que se acre-
ditó —lo que para nuestro objeto tiene importancia secundaria— y por la otra,
al interpretar el artículo 264 inciso 4o. de la Constitución, lo hizo, no en for-
ma extensiva y con el criterio que debe orientar la aplicación de normas cons-
titucionales, sino en una forma restrictiva, limitando la legitimidad activa, se-
gún nuestro criterio, en forma equivocada, negando la garantía al derecho gene-
ral de asociación y especial de formar partidos políticos, afectados claramente.
La Corte argumentó que el recurso fue interpuesto por los abogados Mijangos
López y Zachrisson Descampa ...en al propio nombre... pero sin expresar el
interés jurídico que tienen ni en qué forma y por qué razón los afecta directa-
mente la inconstitucionalidad de la ley que impugnan, que, como hemos dicho,
era el artículo 23 de la Ley de Partidos Políticos que dice: La autorización
otorgada a un grupo de ciudadanos para la formación de un partido político,
tendrá vigencia improrrogable de seis meses para ejercitar el derecho que le
confiere esta ley.
Lo escueto de la argumentación de la Corte en el fallo, se suple con el vo-
to razonado de su Presidente, quien enriquece la argumentación en el mismo
sentido: ...la autorización constitucional para impugnar de inconstitucionali-
dad una ley o disposición gubernativa de carácter general... no es absoluta,
porque la propia Constitución limitó el ejercicio de ese derecho para deter-
minados institutos (sic), por lo que es conveniente referirse a la disposición
que contiene el inciso 4o. del artículo 264 de la Constitución para establecer
si esa facultad ampara o apoya... para interponer en lo personal el recurso...
habiendo ocurrido el profesional Colom Argueta en representación de la en-
tidad o asociación política constituida con miras a la formación de un parti-
do político, porque a su juicio el artículo impugnado es inconstitucional, ya
que afecta directamente los intereses de dicha asociación, no se ve por qué
razón los otros profesionales también comparecen alegando que en sus inte-
reses particulares los afecta directamente la inconstitucionalidad de ese artícu-
lo. Si todos y cada uno de los miles de afiliados están formando la entidad re-
currente y ésta gestiona ante las autoridades la defensa de sus derechos por
medio del recurso de inconstitucionalidad, no se comprende por qué moti-
vos otros afiliados que pudieran llamarse Juan, Pedro, Pablo, etc., acudieran
con el mismo pretexto que lo hacen Mijangos López y Zachrisson Descamps,
a gestionar la misma inconstitucionalidad. Esto no es posible, porque en este
caso ni los abogados nangos López y Zachrisson Descamps, ni Juan, ni Pe-
dro, Pablo, etc., que también pertenezcan a esa asociación, se encuentran afec-
tados directamente por la inconstitucionalidad de la ley; no, en este caso, sería
la entidad o asociación, como persona jurídica la única que pudiera alegar esa
inconstitucionalidad por medio de acción. En este caso no pueden confundir-
se la persona particular con la asociación, para mezclar sus intereses, puesto que
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 77

la ley se refiere bien a una persona o bien a una entidad que resulten afectados
directamente por la inconstitucionalidad de una ley o de una disposición gu
bernativa. Es indudable también que, cuando el inciso se refiere a cualquier
persona o a cualquier entidad, no se está refiriendo a facultar a la persona par-
ticular para que conjuntamente con la asociación de que forma parte pueda
ejercitar esta acción de inconstitucionalidad, porque la persona particular no
resulta, claro está, directamente afectada por esa inconstitucionalidad; puede
resultar afectada indirectamente como miembro de la asociación, pero la dis-
posición constitucional se refiere a que resulta directamente afectada. En
otros recursos presentados, dice el Presidente de la Corte, los recurrentes sí
eran personas afectadas directamente por las leyes cuya inconstitucionalidad
demandaron, puesto que eran propietarios de raíces... Y en la misma línea
de intereses restrictiva, agrega otro curioso argumento: ...los recurrentes ex-
ponen que "el interés jurídico en este caso, máxime tratándose de profesiona-
les del derecho, es manifiesto". Debo advertir a este respecto, que el inciso
2o. del artículo 264 de la Constitución, al cual me he referido, dispone que po-
drá interponer la inconstitucionalidad de la ley "El Colegio de Abogados, por
decisión de su Asamblea General". Es un mandato constitucional, en el que
está limitado al Colegio por decisión de su asamblea general el ejercicio de la
defensa de inconstitucionalidad.., por lo que entiendo que la filosofía tanto
de éste, como del inciso 4o. ya comentado, que también son disposiciones de
orden constitucional, no arriba a la interpretación que en este caso o en cual-
quier otro semejante, un profesional en su carácter puramente particular es-
té facultado por la .ley para hacer uso del recurso de inconstitucionalidad 147
La segunda de las razones que limitó la posible politización y confronta-
ción entre los poderes del estado, hace referencia a la posición general del
Organismo Judicial dentro del sistema político, autónomo, en alguna medi-
da, pero no independiente, dado el mecanismo de reclutamiento y formación
de los jueces y la praxis política del Ejecutivo e influencia de los grupos de
presión e'n la estructura de gobierno. Sin tomar en cuenta la patología de la
sociedad civil, cuyos patrones de corrupción alcanzan la mayoría de institu-
ciones y órganos.

147 Sentencia de 19 de febrero y 22 de abril de 1969. Voto razonado del Magistrado


Presidente Justo Rutin() Morales, de 23 de abril de 1969, quien se sintió obligado a incluir
cn su voto lo que llamó explicación necesaria: "Debe aclarar, aunque ya es cuestión sabida
en mi larga carrera profesional, que las explicaciones que contienen este voto no son más
que el producto de un libérrimo criterio jurídico personal del suscrito, y porque siempre he
creído que el Juez debe consipar en sus resoluciones todos los razonamientos legales que
las respaldan, para que los litigantes puedan convencerse de las razones del juzgador para
pronunciarse en uno u otro sentido. Pero esas razones deben sopesarse en la balanza de la
imparcialidad y siempre ajustándose a las disposiciones legales atinentes a cada caso. En el
presente muy bien pude omitir la exposición que antecede, pero entonces mi personal mo-
do de enfocar el problema hubiera quedado incompleto"
78 JORGE MARIO GARCIA LAGUARD1A

Según una conocida clasificación, que toma en cuenta el grado de partici-


pación política y la competencia interna, los regímenes políticos son democrá-
ticos, autoritarios y totalitarios.148 La independencia de la magistratura solo
se da en regímenes democráticos y consiste en un conjunto de garantías otor-
gadas al organismo judicial para que juegue un papel no solo estrictamente judi-
cial, sino político. La independencia tiene como objetivo asegurar la imparciali-
dad del juez y otorgarle un poder de control sobre los otros centros de poder,
especialmente, el Ejecutivo, la administración y el Legislativo.
Lo que no se da en regímenes autoritarios como el nuestro, donde exis-
te un pluralismo restringido, falta de controles sobre los gobernantes, deser-
ción política generalizada por el clima de extrema violencia, ejercicio del po-
der por un líder o un pequeño grupo de gobernantes que monopolizan las
decisiones políticas que se toman sin consenso. En estos regímenes, el Orga-
nismo Judicial limita su iniciativa al extremo, y frena su poder potencial en
cuestiones de implicación política, y es muy vulnerable a las presiones de los
otros centros de poder, especialmente del Ejecutivo e incluso a condiciona-
mientos privados. Análisis empíricos, como se ha hecho en otros países, creo,
probarían ampliamente estas hipótesis. Si así no fuera, como en otras partes
la experiencia ha demostrado, los fallos de la Corte Constitucional podrían ser-
vir, no solo para satisfacer demandas institucionales y particulares, y mante-
ner la coherencia del sistema jurídico, sino también como instrumento de le-
gitimación e integración, canalizador del consenso.

VIII. POST-SCRIPTUM

Terminado el borrador de este trabajo, fiemos releído algunos de los es-


tudios que integran una caudalosa e interminable bibliografía sobre el tema,
que se produce continuamente y que hace verdaderamente imposible agotar-
la.
Conmovido por la riqueza de la producción jurídica y lo sugestivo de los
trabajos, no nos hemos resistido a transmitir dos ideas de juristas amigos suge-
ridos por esa relectura. Pedro de Vega, constitucionalista español, llama la
atención sobre el peligro de una falsificación de los instrumentos de defensa
constitucional cuando el texto mismo constituye una falsificación: Cuando
las Constituciones, lejos de actualizar un sistema de valores, se convierten en
meros instrumentos de falsificación de la realidad política, dejan, por tanto,
sin justificación posible la defensa dentro de ellas de ningún sistema de justi-
cia constitucional. Defender la pura semántica constitucional terminaría sien-

148 11, A . Dahl, ej. Regimen end Oppositions (New Ilaven: Vale University Press,
1973) y J.J. Linz, "An authoritarin regirnen: Spain", E. Allardt y 5. Rokkan edis, Masa
politics (New York: 'l'he free presa, 1970).
LA DEFENSA DE LA CONSTITUCION 79

do entonces, a nivel político, la más vituperable traición a los valores del cons-
titucionalismo auténtico y, a nivel científico, la negación más rotunda de las
funciones primordiales que la jurisdicción constitucional está llamada a desem-
peñar. Por ello, si jurídicamente el control de constitucionalidad sólo se con-
cibe desde la definición previa de la Constitución como ley suprema, políti-
ca y científicamente sólo es lícito sostener la existencia de una justicia cons-
titucional cuando la Constitución se entiende como realidad normativa y no
como una mera configuración nominal y semática. Proceder de otro modo
supondría condenar la teoría constitucional y la labor de los constituciona-
listas al más menesteroso y errante de los quehaceres. 149
Y Mauro Cappelletti, el jurista que más ha reflexionado en esta temática,
con su habitual amplitud de análisis nos recuerda su esencial significación:
Consta el hecho de que el instituto de control judicial de constitucionalidad de
las leyes, es ciertamente uno de los más ricos en implicaciones y en problemas
para todo jurista abierto a las ideas que se agitan en el mundo contemporá-
neo: un mundo que, sería vano ocultarlo, se mueve con cada vez mayor rapi-
dez hacia la que —me lo recordaba recientemente Max Rheinsteín- un poeta
alemán llamó como bellísima palabra la Stemstunde, la hora de la estrella,
la hora de las elecciones y de las decisiones supremas. Si la elección será,
como todos queremos augurar, la de la justicia, y no de la destrucción —una
forma internacional de justicia que garantice también entre los pueblos como
entre los individuos la permanencia de ciertos valores fundamentales—, en-
tonces yo sostengo que también las diversas y múltiples experiencias en ac-
tos de justicia constitucional, habrán dado y darán su no despreciable contri-
bución a la supervivencia misma de la civilización y de la humanidad. 150

Ciudad de México, 1983.

149 Pedro de Vefa García, "jurisdicción constitucional y crisis de la Constitución",


Revista de estudios politica; No. 7 Nueva Epoca (enero-febrero 1979) p. 95, trabajo inclui-
do en el libro del mismo autor, Estudios Constitucionales (México: Instituto de Investigacio-
nes Jurídicas, UNAM, 1980) pp. 283-309.
150 Mauro Cappelletti, "El significado del control judicial de constitucionalidad de
las leyes en el mundo contemporáneo " . Proceso, ideologías, sociedad, traducción de Santia-
go Sentís Melendo y Tomás A. Banzhaf (Buenos Aires: edkiones jurídicas Europa-Améri-
ca, 1974) p. 471.
APENDICE DOCUMENTAL 81

Declaración de los derechos y garantías que pertenecen a todos los ciu-


dadanos y habitantes del Estado de Guatemala, 13 de septiembre de
1837 83

Recurso de Exhibición personal interpuesto por losé María González,


13 de mayo de 1880 86

Recurso de Exhibición personal interpuesto por María del Carmen Her-


nández a favor de Leonel Gómez Saz, 7 de noviembre de 1973 89

Recurso de Amparo, interpuesto por Alejandro Silva Falla contra el Pre-


sidente de la República y el Ministro de Gobernación, 9 de marzo de
1960 90

Recurso de Inconstitucionalidad del Decreto número 1725 del Congre-


so de la República, interpuesto por el Procurador General de la Nación,
8 de enero de 1971 92

Recurso de Inconstitucionalidad, presentado por Enrique Alfredo Peral-


ta Azurdia, contra Los Decretos del Congreso de la República números
2-78 y 3-78, que declararon validez de las elecciones presidenciales del
mes de marzo de 1978 105

Recurso de Inconstitucionalidad, presentados por los Abogados Manuel


Colom Argueta, Adolfo Mijangos y Héctor Zachrisson Descamps, contra
el artículo 23 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos 115

Voto razonado del Magistrado Presidente de la Corte de Constituciona-


lidad, en el recurso anterior 116
APENDICE DOCUMENTAL

Nota explicativa: en esta sección documental se incluye el Decreto


Legislativo de 13 de septiembre de 1837, por ser la primera Decla-
ración de Derechos de nuestra historia republicana, poco conocido.
Y una muestra de sentencias de habeas corpus, amparo y constitu-
cionalidad, que reflejan en alguna medida las características del ré-
gimen político y la inserción en él, de las instituciones estudiadas.
DECLARAC1ON DE LOS DERECHOS Y GARANTIAS QUE
PERTENECEN A TODOS LOS CIUDADANOS Y
HABITANTES DEL ESTADO DE GUATEMALA

Guatemala Setiembre 13 de 1937. Ministerio general del Supremo Go-


bierno del Estado de Guatemala. Departamento de Gobernación. El Jefe
Supremo del Estado se ha servido dirigirme el siguiente: DECRETO. El Je-
fe del Estado de Guatemala. Por cuanto la Asamblea Legislativa ha tenido a
bien emitir y el Consejo Representativo sacionarlo que sigue: La Asamblea
Legislativa del Estado de Guatemala, CONSIDERANDO:
Que la situación en que por repetidos trastornos y revoluciones ha venido
a verse el pueblo, es muy peligrosa por haberse acumulado muchos elementos
de discordia que, causando confusión y desórden, han dividido los ánimos y
sembrado la desconfianza.
Que el primer objeto de todo sistema de administración pública es el de
mantener la paz entre los hombres, protegiéndolos en el traquilo goce de sus
derechos naturales.
Que ningún Gobierno puede ser bueno y si no es justo, y que no será ja-
más justo sin estar fundado sobre los principios grandes, generales y esencia-
les de libertad, que son los únicos sobre los que puede llegarse a consolidar
el órden social.
Que el único medio de conciliar los ánimos y restablecer la confianza
entre los,Ciudadanos es el de uniformar la opinión pública llamando a todos
a la observancia y reconocimiento de los principios fundamentales de toda
sociedad humana; ha tenido a bien decretar, y decreta la siguiente Dedara-
ción de los derechos y garantías que pertenecen a todos los Ciudadanos y ha-
bitantes del Estado de Guatemala.
lo. Que todos los hombres nacen igualmente libres e independientes,
que tienen por la naturaleza ciertos derechos inherentes, inenajenables e impres-
eritibles: que entre estos se numeran con más especialidad el de defender la
vida y la reputación, el de propiedad; y el de procurarse por cualquier medio
honesto su bienestar.
2o. Que para asegurar el tranquilo goce de estos derechos se instituyen
los gobiernos: que el poder y autoridad que éstos ejercen es inherente al pue-
blo, y conferido solo con el único objeto de mantener los hombres la paz ha-
ciendo, que todos mutuamente se respeten sus derechos individuales.
84 JORGE MARIO GARGIA LAGUARDIA

3o. Que siempre que algún Gobierno, cualquiera que sea su forma, no llena
el objeto de su institución manteniendo la paz pública por la observancia de le-
yes justas, el pueblo tiene un derecho indisputable para alterarlo en todo o en
parte, o abolirlo, e instituir otro según crea que mejor conviene a su seguridad
y felicidad.
4o. Que los funcionarios públicos no son dueños sino depositarios de la
autoridad, sujetos y jamás superiores a las leyes legítimamente establecidas
para garantizar los derechos individuales, y por su mantenimiento, conservar
el orden social, que no es ni puede ser otra cosa, que la efectiva conservación
de aquellos derechos.
So. Que toda determinación sea en forma de ley, decreto, providencia,
sentencia, auto u orden que proceda de cualquier poder, si ataca alguno o al-
gunos de los derechos naturales del hombre, o de la comunidad, o calquiera
de las garantías consignadas en la ley fundamental, es ipso jure nula, y ningu-
no tiene obligación de acatarla y obedecerla.
6o. Que todo hombre tiene por la naturaleza un derecho indisputable
para tributar a Dios Todo Poderoso culto según se lo dicte su conciencia, ya
sea en privado ya en público, con la sola restricción de nd perturbar a otros
en el libre ejercicio de su culto, ni la tranquilidad y reposo público.
7o. Que el poder civil jamás tiene facultad para dominar la conciencia
de ningún hombre, ni para prescribir los términos de la creencia religiosa, ni
para prohibir ninguna reunión con el objeto de tributar culto a Dios, ni pa-
ra impedir a los hombres el que por donación intervivos, o por testamento,
puedan dejar el todo o parte de sus bienes para perpetuar la solemnidad y
mantenimiento del culto que profesan, o bien según su creencia sufragios
perpetuos por sus almas, porque nada es más duro y cruel, que el que uno o
muchos hombres se arroguen el poder de regir la conciencia de otros hom-
bres sobre puntos como éstos, que dependen del convecimiento personal so-
lamente.
80. Que el poder civil no tiene facultad para anular en la substancia, ni
en sus efectos, ningún acto público, ni privado, ejecutado en conformidad de
una ley anterior vigente al tiempo de su verficación, o sin la prohibición de
una ley preexistente; y que cualquiera ley, decreto, sentencia, orden o pro-
videncia en contravención de este principio, es ipso jure nula y de ningún va-
lor, como destructora de la estabilidad social, y atentatoria a los derechos in-
dividuales.
9o. Que el juicio por jurado subsistirá inviolable, debiéndose fijar por
una ley particular las circunstancias personales de los que hayan de ser ju-
rados; de suerte que la justicia sea administrada por hombres no solo ínte-
gros, sino de suficiente capacidad para llenar los objetos de esta institución.
10o. Que todo hombre puede libremente comunicar sus pensamientos
por la palabra, por la escritura, y por la imprenta sin previa censura; mas sien-
APENDICE DOCUMENTAL 85

do responsable ante la ley por el abuso de esta libertad.


1 lo. Que ningún hombre puede ser inquietado, molestado ni perseguido
por sus opiniones de cualquiera clase y naturaleza que sean, con tal de que por
un acto positivo no infrinja alguna ley, pues en este caso quedará sujeto a la
pena por ella establecida.
12o. Que nadie podrá ser detenido, arrestado, acusado ni castigado sino
en nombre, con las formas y según las disposiciones de la ley.
13o. Que la casa del Ciudadano es un lugar sagrado, que no puede registrar-
se sino en los casos y previos requisitos de la ley.
14o. Que en todo proceso criminal el acusado jamás será privado del de-
recho sagrado de ser oído por sí o su defensor; de ser informado de la natura-
leza y causa de la acusación intentada contra él; de que se le presenten los tes-
tigos cara a cara; de sacar testimonio de documentos o de declaraciones de
testigos ausentes que puedan probar su inocencia, y de ser juzgado por un
jurado compuesto de ciudadanos imparciales y de capacidad legal.
15o. Que ninguno podrá ser compelido por medios directos o indirec-
tos a declarar contra sí mismo, ni condenado a muerte. Que no podrá per-
der su libertad sino cuando haya infringido una ley y por su quebrantamien-
to quedado sujeto a la pena en ella designada.
16o. Que ningún delito, cualquiera que sea su naturaleza y enormidad,
podrá ser castigado con la pena de confiscación total o parcial de bienes.
17o. Que toda ley ex post facto o retroactiva es esencialmente injusta
y tiránica, y todos y cada uno de los habitantes tienen derecho para oponer-
se a su ejecución, cualquiera que sea el poder que la ha emitido.
180. Que ningún hombre en ningún caso podrá ser declarado delincuen-
te por el Poder Legislativo, ni condenado a sufrir pena alguna, sino en virtud
de sentencia pronunciada por tribunal competente en la forma y previos to-
dos los requisitos establecidos por la ley.
19o. Que nadie podrá ser puesto fuera de las leyes, ni expatriado per-
petua o temporalmente por el Poder Legislativo u otra autoridad, pues todo
delincuente deberá sufrir en el Estado donde delinquió la pena establecida
para escarmiento público.
20o. Que la propiedad de ninguno podrá ser tomada para objetos pú-
blicos sin que previamente se justifique necesidad o motivo de provecho co-
mún para tornarla; y en este caso el propietario deberá recibir en dinero efec-
tivo, oro o plata antes de tomarle su propiedad, el valor de ella, según el jui-
cio de peritos, uno nombrado por el mismo y otro por la autoridad, los que
bajo juramento darán su opinión.
21o. Que todos pueden libremente disponer de sus bienes con tal de no
emplearlos en ningún objeto contrario a la ley.
22o. Que todo ciudadano o habitante que ejerza en el país cualquiera
género de industria está obligado a contribuir en justa proporción a sus facul-

.86 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

tades para sostener la administración pública.


23o. Que no podrá imponerse ninguna contribución que no sea por la
legislatura, o con facultad por ella delegada al efecto; pero nunca sin una jus-
ta proporción a las facultades de cada uno, y menos haciendo pesar el grava-
men sólo sobre determinadas personas.
24o. Que todo ciudadano o habitante puede tener armas para su pro-
pia defensa y la del Estado.
25o. Que toda persona puede transitar libremente por el Estado, entrar
y salir de él en tiempo de paz, sin necesidad de permiso ni pasaporte.
26o. Que no podrá existir en el Estado sin autorización de la legislatu-
ra ninguna fuerza militar.
27o. Que cuando por necesidad de legislatura autorice extraordinaria-
mente al Ejecutivo, no podrá conferirle facultad ninguna contraria o dero-
gatoria de todos o alguno de los artículos de esta declaración.
Comuníquese al Consejo Representativo para su sanción. —Dado en Gua-
temala a dieciocho de Agosto de mil ochocientos treinta y siete. —Mariano
Sánchez de León, Diputado Presidente. —Vicente Casado, Diputado Secreta-
rio. —José María Flores, Diputado Secretario.
Sala del Consejo Representativo del Estado de Guatemala en la Corte a
nueve de Setiembre de mil ochocientos treinta y siete.— Al Jefe del Estado.
-Pedro José Valenzuela, Presidente. —José María Cóbar, Secretario.
Palacio de los SS.PP. del Estado, Guatemala Septiembre 11 de 1837 —Por
tanto: Ejecútese —Mariano Gálvez. —Al Secretario general del Despacho.
Y por disposición del S.P.E. se inserta en el Boletín Oficial para los efec-
tos que son consiguientes.

Guatemala, Septiembre 11 de 1837.

EJECUTORIA EN MATERIA CRIMINAL.


DalIBICION PERSONAL.

Derecho Internacional privado — Caso de exhibición personal.

Sala primera de la Corte de Justicia; Guatemala, mayo 13 de 1880.

Traída a la vista la solicitud de don José María González, contraída a


manifestar que, habiendo sido puesto en libertad por el Tribunal Militar, de
este Departamento a consecuencia de haber extinguido la condena de diez
arios de presidio que se le impuso en sentencia ejecutoria el veinticinco de
abril, fue conducido a la Penitenciaría, sin que se le interrogue acerca de nin-
APENDICE DOCUMENTAL 87

gún delito; y que en virtud del artículo 34 de la Constitución de la Repúbli-


ca pedía se decretase su exhibición personal y se le pusiera en absoluta libertad.
Vistos igualmente los antecedentes acumulados y los informes relativos emi-
tidos por el señor Ministro de la Guerra y Relaciones Exteriores, de todo apa-
rece:
Que en el punto lo. del Protocolo acordado con fecha lo. de mayo de
1874 entre el señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República y el
Señor Encargado de Negocios interino de S.M.B. se hizo constar que los auto-
res del ultraje inferido en el Puerto de San José al Vice-Cónsul Británico don
J. M., serían castigados con todo el rigor de la Justicia y juzgados por los Tri-
bunales y leyes del país.
Que por sentencia firme del 14 de agosto de 1874 pronunciado en terce-
ra instancia por la Suprema Corte de Justicia, se condenó al Coronel don Jo-
sé María González procesado por ultraje inferido al Vice-Cónsul de S.M.B. Don
J.M., a diez años de prisión con-calidad-de presidio en el de San Felipe del Gol-
fo, previa destitución de su grado de Coronel y quedando perpetuamente inha-
bilitado para obtener empleo así del orden militar como del civil y obligado a
indemnizar daños y perjuicios.
Que el Señor Ministro de Relaciones Exteriores, en nota del 22 de agos-
to de aquel año se dirigió al Señor Encargado de Inglaterra comunicándole la
ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia y diciéndole que el Gobierno vela-
ría por el cumplimiento de aquella sentencia inapelable que satisfacía amplia-
mente los fueros de la ley y el compromiso contraído; nota que fue contes-
tada aceptando el nuevo compromiso de que se ejecutara fielmente la senten-
cia aludida.
Que puesto González en libertad por la Comandancia de armas de este
Departamento a virtud de habérsele aplicado los indultos generales decreta-
dos con motivo del aniversario de la Independencia, se emitió el Acuerdo Mi-
nisterial de 20 de Marzo, en que se declara que González está ipso jure rehabili-
tado en sus derechos de ciudadano que perdió por la sentencia condenatoria
de los Tribunales. Que con motivo de ese Acuerdo Ministerial y habiéndose
dirigido al Gobierno el actual Encargado de negocios de S.M.B. en Centro
América, pidiendo el cumplimiento de lo estipulado, el General Presidente
con vista de todos los antecedentes, dictó el acuerdo de 3 de abril, en que
manda suspender los efectos del Ministerial de 20 de marzo, mientras no ha-
ya con el Gobierno Británico un convenio que esté en armonía con esa reso-
lución a cuyo efecto el Srio.. de Estado en el despacho de Relaciones Exterio-
res, se dirigió al Gobierno de la Reina.
Que la vista de este asunto tuvo lugar con la comparecencia personal del
ocurrente que alegó en el acto lo que creyó conducente a sus pretensiones.
Considerando: que mediante el convenio aludido entre el Gobierno de
la República y el de S.M.B, para hacer efectiva tal cual fue dictada la senten-
88 JORGE MARIO GARC1A LAGUARDIA

cia firme que condenó a González a diez años de prisión con calidad de presi-
dio, esa ejecutoria debe conceptuarse revestida de cierto carácter internacio-
nal.
Que fenecida la condena de González no por que haya expirado al tér-
mino de ella sino por indultos decretados por una sola de las naciones refe-
ridas, el Acuerdo Gubernativo de 3 de abril que manda suspender los efec-
tos del Ministerial de 20 de marzo, es un reconocimiento de la ejecutoria ex-
pedida por los Tribunales, y del Gobierno a hacerla cumplir tal cual fue dic-
tada.
Que estando pendiente este asunto del arreglo que se espera entre el Go-
bierno de Guatemala y de la Gran Bretaña, los Tribunales, fuera de la órbi-
ta de su respectiva competencia, no pueden mezclarse en atribuciones que
pertenezcan a otros poderes públicos, como terminantemente lo prescribe
el artículo So. de la Ley Orgánica y Reglamentaria del Poder Judicial.
Y finalmente, que la exhibición personal ha tenido lugar para que el
peticionario pudiera presentar libremente sus alegaciones.
Por tanto: la Sala Primera de la Corte de Justicia, en haz del señor Fis-
cal, declara que no ha lugar por ahora a dictar providencia respecto a la li-
bertad que solicita don José María González. Notifíquese Farfán, Falla Cal-
derón J. Francisco Flores - Miguel Solares.
APENDICE DOCUMENTAL 89

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Cámara de lo Penal. Guatemala 7 No-


viembre 1973.

Se tiene a la vista para resolver, el recurso de exhibición personal inter-


puesto por María del Carmen M. Hernández a favor de Leonel Gomes Saz.

ANTECEDENTES:

Por escrito presentado el 4 Septiembre último, la recurrente interpuso


dicho recurso, en favor de la mencionada persona asegurando que, el día lo.
de ese mes, fue detenido por miembros de la Policía Nacional, a inmediacio-
nes de La Terminal de Buses de la zona cuatro de esta ciudad. Y al haber si-
do negada su detención en los cuerpos de la Policía Nacional, enderezó su
demanda contra el Ministro de Gobernación y el Director General de la Po-
licía Nacional. En la misma fecha se le dio el trámite de ley; se señaló la au-
diencia del día siguiente, a las nueve horas en punto. Para que Leonel Go-
mes Saz, fuera presentado en el despacho del magistrado suplente de ésta cor-
te, Lic. Abraham Bustamante Rosal, a quien se comisionó, para practicar la
exhibición y se pidió informe, o los antecedentes en su caso, a los funciona-
rios recurridos, sobre todos y cada uno de los puntos contenidos en el artícu-
lo 80 de la Ley Constitucional de Amparo, Habeas Corpus y Constituciona-
lidad. Los referidos funcionarios informaron negativamente y la citada per-
sona no fue presentada en la audiencia correspondiente.

CONSIDERANDO:

De lo actuado se deduce que Leonel Gomes Saz no se encuentra deteni-


do razón por la cual el recurso no procede, pero se estima que es necesario
investigar su paradero.

LEYES APLICABLES:

Artículos 7o., 87 de la Ley Constitucional de Amparo, Habeas Corpus y


Constitucionalidad; 27 y 28 del Decreto número 63-70 del Congreso de la
República; 157 y 159 de la Ley del Organismo Judicial.

POR TANTO

La Corte Suprema de Justicia, Cámara Penal, declara IMPROCEDENTE,


este recurso de exhibición personal y manda certificar lo conducente y remi-
tirlo al juzgado noveno de la. instancia del ramo Penal, de este departamen-
to, para que instruya averiguación correspondiente sobre el paradero de la
mencionada persona. Notifíquese y archívese.
90 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Guatemala, nueve de Marzo de mil novecien-


tos sesenta.

Se ve para resolver el recurso de amparo interpuesto por ALEJANDRO SIL-


VA FALLA, contra el Presidente de la República y el Ministro de Gobernación.
El veinte de enero próximo pasado compareció el recurrente exponiendo:
Que el ocho de ese mismo ingresó al país procedente de La Habana, República
de Cuba, amparado en pasaporte ordinario número noventa y ocho mil ciento
noventa, el cual le fue recogido por la Delegación de Migración en el Aeropuer-
to Nacional "La Aurora". Que como con ese hecho se han infringido en su
perjuicio varios preceptos constitucionales, pedía amparo para que en su opor-
tunidad se le mandara restituir el documento relacionado. Al darse trámite al
recurso, se pidió informe a los funcionarios recurridos quienes informaron: El
Presidente de la República, que en su despacho no existe ningún antecedente
relacionado con los hechos que el interesado denuncia; y el Ministro de Gober-
nación, que a Silva Falla se le recogió el pasaporte por ser un individuo sospe-
choso y estar fichado en la sección de archivo de la Presidencia de la Repú-
blica, por sus ideas comunistas y que los antecedentes los enviará cuando le
fueren certificados por el Jefe de la Oficina indicada. Durante el término pro-
batorio el interesado pidió se tuvieran como prueba de sus actos el expedien-
te en que se tramitó y resolvió con lugar el amparo que en compañía de su
hermano Jorge Enrique de sus apellidos interpuso el veintitrés de diciembre
de mil novecientos cincuentisiete, y la disposición presidencial número mil
trescientos once y mil doscientos cuarentiséis del Ministerio de Gobernación,
por las que se ordenó a la Dirección General de Seguridad Nacional se les bo-
rrara de las listas a que se refiere el artículo 3o. del Decreto Presidencial nú-
mero cincuentinueve. A solicitud del Ministro de Gobernación se mandaron
a tener a la vista para mejor fallar los antecedentes políticos del recurrente,
existentes en la Sección de Archivos de la Presidencia de la República y se
pidió informe acerca de la fecha y de orden de que autoridad fue inscrito nue-
vamente Silva Falla en eI registro que establece el artículo 3o. del Decreto 59
de la Junta de Gobernación, habiendo informado el Jefe de la Sección ya in-
dicada, que la inclusión del recurrente en el Registro de conformidad con la
ley preventiva penal contra el Comunismo, fue ordenada por la Secretaría
Privada de la Presidencia de la República, el quince el mes próximo pasado.
Concluído el trámite, procede resolver.

CONSIDERANDO:

Por disposición expresa de la misma ley, el hecho de figurar en el regis-


tro que establece el artículo 3o. del Decreto número 59 de la Junta de Go-
bierno, sólo constituye grave presunción de peligrosidad contra la persona
APENDICE DOCUMENTAL 91

incluida, pero no autoriza en forma alguna a las autoridades para vulnerar


en su perjuicio los derechos que les garantiza la Constitución, en su calidad
de ciudadanos de manera que no es justificable la razón dada por el Minis-
terio de Gobernación para haber ordenado la incautación de su pasaporte al
interponente máxime si se tiene en cuenta que su inclusión nuevamente en el
registro dicho fue ordenada hasta el quince del mes próximo pasado, cuando
ya se había ejecutado el acto que motivó el recurso, y que en forma irregular
ha sido la Secretaría Privada de la Presidencia de la República, sin ninguna
autoridad para ese efecto, quien ordenó tal inclusión porque si la ley faculta
al Presidente de la República, para la cancelación de los que por error o con
malicia hayan sido inscritos en el repetido Registro, es lógico que sólo él pue-
da revocar esta resolución. Artículos 44, 45, 47, 79, 80, 82, 84 y 85 de la
Constitución, 3, 4, 5, 6, del Decreto 59 de la Junta de Gobierno y el 64 del
Presidente de la República.

POR TANTO:

La Corte Suprema de Justicia en concepto de Tribunal de Amparo con


fundamento en lo considerado leyes citadas y lo que preceptúan los artícu-
los lo., 3o., 9o. y lb., del Decreto Legislativo 1,539, declara CON LUGAR
el presente recurso en cuanto se refiere al Ministro de Gobernación, a efecto
de que se devuelva su pasaporte al recurrente. Notifíquese y transcríbase.
92 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD: Guatemala, ocho de Enero de mil


novecientos setenta y uno.
Se tiene a la vista para resolver el recurso de Inconstitucionalidad del De-
creto número 1725 del Congreso de la República, interpuesto por el Licen-
ciado Luis Alfonso López en carácter de Procurador General de la Nación y
Jefe del Ministerio Público, con fecha primero de diciembre del año de mil
novecientos setenta.

ANTECEDENTES:

El Procurador General de la Nación y Jefe del Ministerio Público, expu-


so: que, por disposición del Presidente de la República, tomada er/ Consejo
de Ministros con fecha veinticinco de noviembre de mil novecientos seten-
ta, interponía dicho recurso con fundamento culo siguiente:
Antecedentes: El Congreso de la República, con fecha siete de diciem-
bre de mil novecientos sesenta y siete emitió el Decreto número 1725 que
deroga en su totalidad los Decretos Leyes números 2, 11, 27, 52, 64, 68 y
219; suprime los artículos 13, 16, 18, 19 y 20 del Decreto Ley número 9 y
artículos 3o. y 40. del Decreto Ley número 194 y 2o. del Decreto Ley 399,
y establece el procedimiento que deben seguir los interesados con motivo de
la derogatoria de los Decretos Leyes 2, 52, 64 y 68 citados.
El mencionado Decreto 1 725 del Congreso de la República, fue vetado
por el Presidente de la República, previo acuerdo tomado en Consejo de Mi-
nistros, el veintidós de diciembre de mil novecientos sesenta y siete, devol-
viéndolo al Congreso. Este último Organismo mandó oir al Consejo de Es-
tado y, después de recabar 1a opinión de dicho Consejo, lo archivó durante los
años de mil novecientos sesenta y ocho, mil novecientos sesenta y nueve y
cinco meses del año de mil novecientos setenta; pero que, en el mes de junio
del mismo año, intempestivamente, el Congreso de la República lo ratificó
con el voto de las dos terceras partes y como no fue sancionado por el Pre-
sidente de la República, la Comisión de Régimen Interior, en nombre del re-
ferido cuerpo legislativo, lo mandó publicar y así se hizo en el Diario Oficial
del diez y seis de julio de mil novecientos setenta, por lo que es Ley de la Re-
pública y está surtiendo sus efectos.

11
Interés jurídico en la declaratoria de Inconstitucionalidad:
Expresó que ci Decreto Ley 52 establece que se declaran nulas, de ple-
no derecho, las enajenaciones de bienes nacionales originadas de operaciones
fraudulentas, ilegales notoriamente lesivas a los intereses nacionales, dejando asal-
APEND10E DOCUMENTAL 93

yo los derechos del afectado al interponer el recurso contencioso administrativo,


dentro de un mes a contar de la fecha de la declaratoria de lesividad que decla-
ra el Jefe de'Gobierno en Consejo de Ministros.
En ejecución de esa ley, el Jefe de Gobierno declaró lesivos a los intereses
nacionales, los acuerdos gubernativos que aprobaron las permutas de bienes na-
cionales por bienes de propiedad de los señores Juan Mini Bressani, Alicia Ga-
briel Márquez de Malouf y de otras personas; que el primero de los nombrados
hizo uso del recurso contencioso administrativo contra aquel acuerdo guberna-
tivo y, en sentencia del veinte de julio de mil novecientos sesenta y siete, el
fallo del tribunal le fue adverso, pasando la sentencia a autoridad de cosa juz-
gada al quedar firme el fallo, por haber sido desestimado el respectivo recur-
so de casación; que, a su vez, la señora de Malouf, interpuso recurso de lo Con-
tencioso-Administrativo; pero fue declarado abandonado. Por tales situacio-
nes, los bienes nacionales enajenados volvieron al patrimonio estatal.
No obstante lo relacionado, el Decreto 1725 del Congreso de la Repúbli-
ca manda devolver los inmuebles a sus anteriores propietarios, mediante soli-
citud presentada ante el Ministerio de Hacienda, acompañada de certificación
del Registro o de cualquier documento que compruebe la legitimidad de las
pretenciones del peticionario y certificación de la Corte Suprema de Justi-
cia de que no existe sentencia condenatoria por los delitos que expresa, y que
con tal procedimiento, los interesados presentaron sus solicitudes de devolu-
ción de los bienes que ya habían ingresado al patrimonio nacional por sen-
tencias firmes y ejecutorias, y que al culminarse tal procedimiento, el Esta-
do perderá más de tres millones de quetzales.

III

Motivos Jurídicos del recurso: Al impugnar de inconstitucional el De-


creto 1725 del Congreso . de la República, expresó que las leyes, para tener
validez y legitimidad, deben adaptarse a las normas jurídicas básicas de la Cons-
titución de la República, y que sí esa adaptación no es completa adolecen de
inconstitucionalidad, que puede ser formal y material; la primera cuando el
Congreso no observa las formalidades constitucionales establecidas para su
creación; y la segunda, llamada también substancial, cuando lesiona los prin-
cipios constitucionales. Que el Decreto 1725 de mérito, adolece de ambas
inconstaucionalidades.
Inconstitucionalidad Formal: Explica que el referido Decreto 1725 in-
fringe el artículo 176 de la Constitución, al expresar que el Congreso de la
República incumplió los requisitos constitucionales que regulan la formación
y sanción de la Ley, porque la ratificación correspondiente no la hizo en el
período siguiente como lo exige la Constitución, sino varios períodos después,
contrariando el citado artículo cuyo texto transcribe; que, además, corres-
94 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

ponde al Congreso y no a ninguna comisión del Organismo legislativo, or-


denar la publicación de la ley vetada por el Ejecutivo y que no obstante ese
requisito obligatorio, fue la Comisión de Régimen Interior de dicho Orga-
nismo, atribuyéndose funciones del Congreso en pleno, quien lo mandó pu-
blicar lo cual se hizo en el Diario Oficial, con notoria violación del Artículo
176 citado anteriormente, por lo que es clara la infracción referida.
Agregó que también se viola el artículo 159 de la Constitución que de-
termina que todas las resoluciones del Congreso deben tomarse con la con-
currencia de la mayoría absoluta de sus miembros, puesto que ninguna co-
misión del Congreso representa legalmente a ese Organismo, para tomar re-
soluciones en su nombre. Se refiere a esta situación, afirmando que el vicio
de inconstitucionalidad formal se conforma con el hecho de que el Decreto
número 1725 citado no fue ratificado por el Congreso en el período siguien-
te, sino hasta el correspondiente al inicio de sus sesiones ordinarias de mil
novecientos setenta; pero que lo más grave consiste en que el Decreto 1725
referido fue vetado por el Ejecutivo y el veintidós de diciembre de mil nove-
cientos sesenta y siete, por lo que no puede surtir ningún efecto, salvo que
existiese otro decreto ratificándolo con fecha posterior, decreto de ratifica-
ción que, si es que existe, aún no ha sido publicado.

IV

Inconstitucionalidad material del Decreto 1725 del Congreso de la Re-


pública.

Afirma que la ley impugnada infringe varios preceptos constitucionales,


adoleciendo de inconstitucionalidad material y expone que el artículo 48 de
la Constitución consagra el principio de la irretroactividad de la ley, salvo en
materia penal cuando favorece al reo, conforme el cual las leyes solo produ-
cen efectos hacia el futuro; que el Decreto 1725 referido tiene efecto retroac-
tivo porque afecta situaciones jurídicas anteriores al dieciséis de julio de mil
novecientos setenta, fecha de su promulgación; que en el artículo tercero es-
tablece un procedimiento suigeneris para "entregarle a personas particulares
valiosos bienes cuya situación jurídica fue resuelta por los tribunales de Jus-
ticia desde hace varios años". Agrega que la ley impugnada, por su carácter
general, debió haberse limitado a derogar los decretos leyes y nunca estable-
cer un procedimiento especial para entregar a particulares bienes nacionales,
convirtiéndose en una ley casuística, en contradicción al carácter general que
es inmanente a todas las leyes, produciendo efectos hacia época anterior a su
promulgación, con infracción al principio constitucional de irretroactividad
la ley.
APENDICE DOCUMENTAL 95

Que, por otra parte, en el articulo 3o. del 1)ecreto 1725 impugnado, se es-
tablece que quedan sobreseídos todos los juicios civiles y sus efectos entabla-
dos contra el Estado o por el Estado que se deriven de las expropiaciones ema-
nadas de los Decretos Ley a que se refiere este articulo.... lo cual invade atri-
buciones que únicamente competen al Organismo Judicial; que hace caso omi-
so de la autoridad de cosa juzgada que producen las resoluciones firmes de los
tribunales, por tratarse de juicios fenecidos favorablemente a los intereses del
Estado, y que, consecuentemente, esta disposición legal tiene también efecto
retroactivo, porque afecta situaciones jurídicas anteriores a su promulgación;
que los juicios civiles a que se refiere tal ley, fueron iniciados en el mes de ju-
lio de mil novecientos sesenta y tres y que los tribunales que conocieron de
ellos, inclusive la Corte Suprema de Justicia, resolvieron en favor de la Nación,
por lo cual es noticia la retroactividad del decreto 1725 referido que manda
sobreseer procesos o juicios anteriores a su promulgación, ya sea que se en-
cuentren en trámite o que se encuentren fenecidos; que los interesados, des-
de la promulgación de los Decretos Leyes 2, 52, 64 y 68, en el año de mil no-
vecientos sesenta y tres, iniciaron los juicios que aquel Decreto del Congreso
de la República manda sobreseer, retrotrayendo sus efectos a siete años atrás.

Principio de Exclusividad de los Tribunales para ejercer la Función


Judicial.

Asegura que de conformidad con el artículo 240 de la Constitución de


la República, la función judicial la ejerce con exclusividad la Corte Suprema
de Justicia y demás tribunales de jurisdicción ordinaria y privativa, corres-
pondiéndoles exclusivamente la potestad de juzgar y promover la ejecución
de los juzgados; que significa esto que la Constitución excluye al Organismo
Legislativo y al Ejecutivo de la facultad de impartir justicia, de conocer de to-
do lo relativo a juicios o procesos, facultad que está reservada únicamente a
los tribunales de justicia; que no obstante lo anterior, en el literal e) del artícu-
lo 3o. del Decreto 1725 aludido, se mandan sobreseer los juicios civiles que se
hubieran entablado contra el Estado o por el Estado, derivados de las expro-
piaciones emanadas de los Decretos-Ley a que se refiere dicho artículo; que,
de consiguiente, al maridar el Organismo Legislativo en la ley impugnada que
se sobreseen todos los juicios civiles relacionados, está invadiendo funciones
que por mandato constitucional corresponden con exclusividad al Organis-
mo Judicial.
Que dentro de las atribuciones del Congreso artículos 166, 169 y 170
de la Constitución de la República no está la de ejercer función judicial ni
ninguna otra que se asemeje a la de impartir justicia, por lo que al ordenar el
96 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

Organismo Legislativo que se den por terminados los procesos civiles, infringe
principios constitucionales.

VI

Violación del principio constitucional de la defensa en juicio.

Dice que cl principio de la defensa en juicio lo contiene la Constitución de la


República en su artículo 53, tianscribiendo su segundo párrafo. Que el Decreto
1725 aludido, manda devolver a personas particulares bienes que ya habían in-
gresado al patrimonio nacional, por sentencias firmes y que, en esa situación, el
Estado no puede defender sus derechos ni interponer la defensa de la cosa juzga-
da, lo cual viola la norma constitucional contenida en el artículo 53 de la Consti-
tución, porque, sin oir al Estado, se ordena aquella devolución. Y concluye afir-
mando que el único medio de hacer efectivo el principio constitucional, es decla-
rar la inconstitucionalidad de la referida ley, para que ésta quede sin vigor.

VII

Violación del Artículo 10 transitorio de la Constitución.

Manifiesta que en el artículo 10 transitorio de la Constitución de la Repúbli-


ca, se reconoce la validez jurídica a los decretos leyes emanados del Gobierno
de la República, asi como a todos los actos administrativos y de gobierno rea-
lizados de conformidad con la ley, a partir del treinta y uno de marzo de mil
novecientos sesenta y tres, inclusive, y que no obstante tal reconocimiento, el
Decreto número 1725 del Congreso viola aquel precepto transitorio, porque
en el 5egundo considerando elCongreso asentó que los decretos ley del Gobier-
W) Militar 2, 8, .52, 64 y 68 violan los siguientes preceptos constitucionales: 48,
53 y 240, en virtud de que algun,Ps de estos deci eles le dan retroactividad a .1a
ley, el Ejecutivo se arroga facultades jurisdiccionales, coarta la defensa de los
derechos de las personas; y declara por sí y ante si la nulidad de determinados
actos celebrados con anterioridad a su emisión, evadiendo la competencia de
los tribunales de justicia,
Contenta, el recurrente, que de la simple confrontación entre el artículo
10 transitorio y el contenido de aquel considerando, se puede apreciar la Opo-
sición u contradicción existente.
Asimismo manifiesta que el pinimer considerando del Decreto 1725 rcieli
do, es opuesto al art ículo 10 transitorio, porque el Congreso de la República
est que eN necesario derogar, de pleno derecho, algunos Decretos Ley emi-
tido, iheruntu el Gobierno Militar. por ser tanto en su intención como en la
forma, contrarios a la Constitución de la República,- y además, rejimnar otros,
APENDICE DOCUMENTAL 97

por las mismas razones apuntadas anteriormente.


Afirma que si la Constitución vigente reconoce la validez jurídica de los
Decretos Leyes, éstos no pueden ser inconstitucionales como se dice en el
Decreto 1725 del Congreso; que por otra parte, no es función del Congreso
juzgar cuando una ley es constitucional o no lo es; que dicha función corres-
ponde exclusivamente a los tribunales de justicia en casos concretos, y a la
Corte de Constitucionalidad en forma general, tal y como lo determinan los
artículos 246 y 263 de la Constitución de la República, por lo que debe to-
marse en cuenta, al resolver, que el Decreto 1725 del Congreso califica de in-
constitucionales los Decretos Leyes que deroga, cuando la Constitución no
solo les reconoce validez jurídica, sino que otorga con exclusividad, a los tri-
bunales de justicia la facultad de hacer esa calificación, y cita como anteceden-
te el fallo de la Corte de Constitucionalidad de fecha trece de diciembre de
mil novecientos sesenta y tres en el cual declaró que los referidos decretos le-
yes no eran inconstitucionales. El recurrente a continuación transcribió los
fundamentos considerativos que hizo ese tribunal en aquella oportunidad y
con ocasión del fallo referido, concluyendo en que si la Corte de Constitu-
cionalidad ya dijo que los Decretos Leyes NO SON INCONSTITUCIONA-
LES, no puede ahora el Organismo Legislativo por medio del Decreto 1725
hacer una declaración en contrario porque no tienen competencia para ello,
y sobre todo, porque tiene obligación legal de respetar lo ya resuelto firme-
mente por los Tribunales de Justicia, conforme el artículo lo. de la Carta Mag-
na que ordena que entre los Organismos del Estado no hay subordinación
precepto que también fue violado.
Cita el artículo So. de la Ley del Organismo Judicial, transcribiéndolo, y
afirma que si los Decretos Leyes a que se refiere el Decreto 1725 del Congre-
so están en oposición con preceptos constitucionales, estos preceptos predo-
minan en cualquier caso, no solo porque la Constitución fue emitida posterior-
mente, sino por la jerarquía de ésta, y asegura que el Decreto del Congreso
1725 está reformando la Constitución, porque ésta, en su articulado transi-
torio número 10, le da validez jurídica a los actos del Gobierno Militar, vio-
lando el 266 de la Carta Magna que señala el procedimiento que debe seguir-
se para tales reformas.

VIII

Violación del Artículo 143 de la Constitución.

Al transcribir este precepto constitucional, concluye en que el Decreto 1725


del Congreso de la República, lo viola, porque el Congreso manda devolver bie-
nes nacionales, a personas afectadas, con la sola presentación de dos documen-
tos; certificación de que no tiene antecedentes penales y certificación del Regis-
98 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

(ro de la Propiedad, infringiendo la majestad de la ley con tan simple proce-


dimiento, puesto que, agrega, al quedar firme el acuerdo que declara la lesi-
vidad de un negocio de los comprendidos en el Decreto Ley número 52 y si
la Nación NO TUVIERE NINGUNA RECLAMACION QUE HACER SOBRE
EL ASUNTO RESPECTIVO, extremos que deberán constar en el expediente
respectivo, se procederá mediante acuerdo gubernativo, a la devolución de
los bienes permutados o del precio pagado. Que la Nación si tiene reclama-
ción que hacer contra las personas afectadas porque al tomar posesión de los
bienes nacionales que fueron permutados, se encontró un faltante en mue-
bles y sernovientes que ascienden a varios miles de quetzales, por lo cual el
procedimiento simplista aludido, contenido en el Decreto 1725 tantas veces
referido, es violatorio del Decreto Ley 343 que está vigente, y que al desobe-
decer sus mandatos, se está infringiendo también el artículo 143 constitucio-
nal en armonía con el artículo 145 de la misma Constitución que establece
que los funcionarios son depositarios de la autoridad sujetos a la Ley y ja-
más superiores a ella. Termina diciendo que la ley impugnada habla de de-
volver los bienes a los legítimos propietarios, cuando el legítimo propietario
es el Estado de conformidad con los fallos de los tribunales y las inscripcio-
nes del registro de la Propiedad.

1X

Se contraviene el artículo 170 de la Constitución.

Expresa que corresponde al Congreso, según el artículo 170 de la Cons-


titución de la República, decretar, reformar y derogar las leyes; pero que el
artículo lo. del Decreto 1726 citado, deroga el Decreto Ley 64 que ya ha-
bía sido derogado por el Dto. Ley 68, pues este último en la parte condu-
cente del artículo tercero dice claramente que SUSTITUYE AL DTO. LEY
64.

Fundamentos legales y conclusiones:

Como fundamentos legales apunta que corresponde a esta Corte cono-


cer el recurso que interpone de conformidad con los artículos 263 constitu-
cional y 106 del Decreto 8 de la Asamblea Nacional Constituyente; y que
las mismas leyes indican que podrá interponerlo el Ministerio Público, por
disposición del Presidente de la República, tomada en Consejo de Ministros;
y concluye asegurando que el Decreto impugnado es inconstitucional porque
viola los artículos lo., 48, 53, 143, 145, 159, 166, 169, 170, 176, 240, 246,

APENDICE DOCUMENTAL 99

263, 266 y 10 transitorio de la Constitución de la República.

X1

Documentos acompañados.

Acompañó el recurrente los documentos siguientes:


Certificación del acta que acredita la personería del presentado (documento
A); fotocopia de las observaciones hechas por el Presidente de la República con
fecha veintidós de diciembre de mil novecientos sesenta y siete, cuando devol-
vió el Decreto 1725 al Congreso sin sancionarlo, en ejercicio del derecho de ve-
to; (documento B); fotocopia de la opinión del Consejo de Estado, de fecha vein-
tidós de febrero de mil novecientos sesenta y ocho (documento C); fotocopia del
fallo dictado por la Corte Suprema de Justicia con fecha veintiocho de mayo
del mismo año, en el recurso de casación promovido por los señores Juan Mini
Bressani y Juan Estrada Schwanic, donde se planteó la inconstitucionalidad de
los Decretos Leyes; (documento 9); y fotocopia del Acuerdo dictado por el Pre-
sidente de la República en consejo de Ministros, facultando al recurrente para
interponer el recurso (documento "E").

XII

Peticiones de Trámite y de fondo.

De trámite: pidió que se integrara la Corte de Constitucionalidad; que se


reconociera su personería; que se admitiera para su trámite el recurso de incons-
titucionalidad: que se decretara la suspensión de la ley impugnada; y que en su
oportunidad se señalara día y hora para la vista.

De fondo:

Pidió que al dictar sentencia se .declarará: a) que el Decreto 1725 del Con-
greso de la República es inconstitucional por violar disposiciones legales con-
tenidas en nuestra Carta Magna; b) que se ordenará la publicación del fallo en
el Diario Oficial para que la ley impugnada dejara de surtir efectos.
Se fundó en las leyes citadas en su exposición y en los artículos lo., 2 y
12 del Decreto 512 del Congreso de la República; 222, 262, 263, 264, 265
de la Constitución de la República; 105, 106, 107, 108, 109, 110, 111 del
Decreto 8 de la Asamblea Constituyente; y acompañó trece fotocopias del
memorial y de cada uno de los documentos que adjuntó, así como un ejem-
plar del Diario Oficial donde se publica el Acuerdo Gubernativo que lo facul-
ta para interponer el recurso.
100 JORGE MARIO GARCIA LAGUARD1A

Promovida la integración de la Corte de Constitucionalidad, e integrada co-


mo corresponde, se reconoció la personería del presentado, se admitió para su
trámite el recurso, se suspendió provisionalmente la vigencia del Decreto impug-
nado y se señaló día y hora para la vista y habiéndose dictado auto para mejor
fallar, se trajeron a la vista los documentos que se especifican en el auto respec-
tivo, entre los cuales se encuentra la certificación extendida por la Secretaría
del Congreso de la República con fecha veintidós de diciembre anterior que
contiene la ratificación del Decreto número 1725 hecha por dicho Congreso,
por lo que es el caso de resolver.

CONSIDERACIONES:

La norma constitucional, de grado jurídico superior, contiene regulacio-


nes de orden social, político y económico que motivan la creación de la ley
secundaria y determina el procedimiento con arreglo al cual ha de formularse
la ley; a la vez obliga que el contenido de la ley quede enmarcado dentro de
los límites a que ha de atenerse el legislador para cumplir con su función es-
tatal, ajustándose al principio rígido e inaliernable que no admite, en la forma-
ción de la ley, violación o tergiversación del mandato constitucional.
Este concepto, aceptado en el artículo 172 de la Constitución de la Re-
pública, obligatorio para quienes emiten la ley, informa el deber legislativo
de respetar, en la formación de la ley, el articulado constitucional en su con-
junto y no sólo en una de sus partes; vale decir: que el respeto a la norma fun-
damental debe ser absoluto y no relativo. Lo contrario crearía, en el orde-
namiento jurídico, una inaceptable superioridad de la ley en perjuicio de los
preceptos constitucionales y en contra de la regla de derecho que indica que
las leyes son derivación de la Constitución de la República, nunca contra-
dictorias de las normas fundamentales.
De acuerdo con el artículo 170 de la Constitución de la República, co-
rresponde al Congreso de la República decretar, reformar y derogar las le-
yes, facultad que está sujeta al cumplimiento del proceso constitucional es-
tablecido en sus artículos 171, 172, 173, 174, 175 y 176. No obstante, es-
ta función legislativa está restringida por la prohibición constitucional rela-
tiva a que ninguna ley podrá contrariar las disposiciones de la Constitución
de la República, bajo imperativa sanción de ser nula ipso-jure.
Todo lo anterior presupone que las leyes decretadas por el Congreso de
la República que no se ajusten estrictamente en su contenido a los principios
APENDIC E DOCUMENTAL 101

constitucionales, contrariándotos, son susceptibles de ser declaradas incons-


titucionales por esta Corte.
También cabe considerar que, dentro de las disposiciones constitucio-
nales, está la contenida en el artículo 10 transitorio que clara y expresamen-
te determina que se reconoce validez jurídica a los Decretos Leyes emanados
del Gobierno de la República. Este reconocimiento, que es norma constitu-
cional obligatoria, por su naturaleza de transitoriedad y por referirse a dispo-
siciones decretadas y aplicadas con .anterioridad a la vigencia de la Constitu-
ción actual, prevalece en su aplicación, a los otros preceptos constitucionales.
Se colige, en consecuencia, que si la propia Constitución de la Repúbli-
ca da validez jurídica a tales decretos leyes, no es justificable fundamentar su
derogatoria legislativa en motivos de inconstitucionalidad.

II

El ejercicio del Poder Público está sujeto a las disposiciones contenidas


en la Constitución y en las leyes; empero, cuando las leyes violan o tergiver-
san preceptos constitucionales, privan estos últimos por ser de superior je-
rarquía jurídica.
Dentro de nuestro ordenamiento político, el poder público se ejerce pri-
mariamente, por tres organismos con atribuciones propias, entre los cuales
no hay subordinación ni duplicidad: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.
De suerte que se viola la Constitución de la República cuando uno de estos
tres organismos se arroga atribuciones o funciones regladas de otro y, en es-
te caso, sus disposiciones adolecen de vicio de inconstitucionalidad.
El artículo 240 de la Constitución de la República, en sus dos primeros
párrafos, establece que corresponde a los tribunales de justicia la potestad
de juzgar y que la función judicial se ejerce, con exclusividad, por la Corte
Suprema de Justicia y demás tribunales de jurisdicción ordinaria y privativa.
Consecuentemente, a los otros dos organismos les está vedado, en estricto
cumplimiento de este precepto jurídico, ejercer la función judicial, que in-
cluye, de conformidad con el artículo 263 de la Constitución de la Repúbli-
ca, la potestad que tiene la Corte de Constitucionalidad de conocer y resol-
ver, privativamente, los recursos que interpongan contra las leyes de carác-
ter general que contengan vicio parcial o total de inconstitucionalidad.
Significa lo anterior que el Congreso de la República, aun en el ejercicio
de su poder soberano de legislar, no puede arrogarse la facultad de declarar
que una ley es inconstitucional.
Esto no obsta para afirmar que el Congreso de la República, como au-
toridad legislativa, en la formación de la ley, tiene no solo la potestad sobe-
rana sino la obligación de velar por la constitucionalidad de una ley por emi-
tirse o proyecto de ley, porque a ello está obligado por la propia Constitución
102 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA 7

que le ordena acondicionar todas sus resoluciones a lo dispuesto por la Ley Fun-
damental; pero constitucional y estrictamente, le está vedado, como ya se dijo,
hacer estimaciones que presupongan una declaratoria de inconstitucionalidad
de las leyes que ya están en vigor, toda vez que esto último es atribución ex-
clusiva de la Corte de Constitucionalidad, en virtud de lo ordenado por los ar-
tículos 263 de la Constitución de la República y 106 de Ia Ley Constitucio-
nal de Amparo, Habeas Corpus y de Constitucionalidad.

H1

La acción de una nueva ley sobre las relaciones jurídicas nacidas bajo la
protección de una ley anterior, constituye la retroactividad; por el contrario,
la irretroactividad es la aplicación exclusiva de cada ley a las relaciones jurí-
dicas nacidas durante su vigencia y bajo su imperio. Las leyes positivas no
existen sino cuando se promulgan y no pueden tener efecto sino cuando exis-
ten; retrotraerías en sus efectos, salvo excepción preestablecida, sería atenta-
torio a la estabilidad jurídica. Consecuente con estos principios nuestra Cons-
titución, en su artículo 48, expresa que la ley no tiene efecto retroactivo, sal-
vo en materia penal cuando favorece al reo.

IV

Con apoyo en lo anterior y al hacer el estudio comparativo que corres-


ponde al presente recurso, se estima:

El siete de diciembre de mil novecientos sesenta y siete, el Congreso de


la República emitió el Decreto número 1725 y por haber sido vetado por el
Presidente de la República, lo ratificó el día diez de junio de mil novecien-
tos setenta, con el voto de las dos terceras partes de sus miembros, previo dic-
tamen del Consejo de Estado. Posteriormente, por no haber sido promulga-
do por el Presidente de la República el Decreto número 1725 fue publicado
en el Diario Oficial del diez y seis de julio del año pasado, en cumplimiento
de resolución de la Comisión de Régimen Interior del Congreso.
Este decreto derogó los Decretos-Leyes emitidos por el Jefe de Gobier-
no de la República números 2, 11, 27, 52, 64, 68 y 219, y el Congreso de
la República al hacerlo, consideró que tales decretos leyes, tanto en su inten-
ción como en su forma, eran contrarios a la Constitución de la República.
No puede negarse que es potestad del Congreso de la Repúblka, como se
expresó anteriormente, derogar las leyes que a su juicio son inconvenientes pa-
ra el ordenamiento jurídico de la Nación; pero los motivos que tenga ese Or-
APENDICE DOCUMENTAL 103

ganisnao para cumplir con su función estatal, no pueden traspasar los linde-
ros de la jurisdicción de los otros organismos, sin incurrir en una violación
de la Constitución, ley fundamental que delimita las atribuciones de cada or-
ganismo del Estado.
Tal como se manifiesta en párrafos anteriores, la inconstitucionalidad de
las leyes solo puede ser declarada por el Organismo Judicial, y, en el caso sub-
judice, se ve que el Congreso de la República, al emitir el Decreto Número
1725 fundamentó la derogatoria de las leyes que indica, en una calificación
de inconstitucionalidad de las mismas, lo cual presupone una declaratoria de
inconstitucionalidad. Esta declaratoria de inconstitucionalidad privativa de
esta Corte— integrante del Decreto número 1725 y base del mismo, lo vicia
en su totalidad, porque solo a ella compete hacer aquella declaratoria den-
tro de los procedimientos judiciales establecidos para esta materia.
Por otra parte, el artículo 10 de las Disposiciones Transitorias y Finales
de nuestra Constitución, dio validez jurídica a todos los Decretos-Leyes ema-
nados del Gobierno de la República, los cuales, por tal circunstancia, tenían
vigencia por mandato constitucional al ser aplicados.
Lo expuesto hace estimar a esta corte que el Decreto del Congreso de
la República número 1725 es inconstitucional.

FI Decreto del Congreso de la República número 1725 deroga los Decre-


tos Leyes que indica calificándolos de inconstitucionales, a los cuales dieron
validez jurídica el Decreto número 2 de la Asamblea Nacional Constituyente
y la propia Constitución de la República actual, en su artículo 10 de las Dis-
posiciones Transitorias y Finales; desconoce e invalida relaciones jurídicas
entre el Estado y particulares, que nacieron bajo el imperio y protección de le-
yes exist,entes al tiempo de su aplicación y que son anteriores a la vigencia del
Decreto número 1725 citado, y crea, además, un procedimiento específico
para que relaciones jurídicas afectadas por algunos de los decretos derogados,
vuelvan al estado que tenían antes de la emisión de estos últimos, procedimien-
tos dentro del cual reconoce derechos de propiedad a favor de personas par-
ticulares sobre bienes inscritos actualmente a favor del Estado.
En conclusión: se considera que el Decreto del Congreso de la Repúbli-
ca número 1725, fue emitido para aplicarse retroactivamente, es decir no res-
petando lo realizado bajo el imperio de las leyes anteriores que deroga, por lo
cual, desde su origen, es inconstitucional.

En virtud de proceder la declaratoria de inconstitucional del Decreto del


Congreso número 1725 por los motivos expresados, no se analizan, por inne-
104 JORGE GARCÍA LAGUARDIA

cesarios los demás aducidos por el recurrente. Tampoco se entra a conocer


sobre los efectos de carácter económico que señala el recurrente porque tal
materia no es de la competencia de esta Corte, dadas las finalidades lirnitati-
vas, extraordinarias y propias del recurso de inconstitucionalidad.

Leyes Aplicables:

Leyes citadas y 77 párrafo segundo, 246, 262, 263, 265 de la Constitu-


ción de la República; 19, 106, 108, 109, 115 Ley Constitucional de Amparo,
Habeas Corpus y de Constitucionalidad; So. inciso d), 27, 157, 159, 168, 169
de la Ley del Organismo Judicial.

POR TANTO:

La Corte de Constitucionalidad, DECLARA: a) CON LUGAR el presen-


te recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Procurador General de
la Nación y Jefe del Ministerio Público; b) que el Decreto 1725 del Congre-
so de la República es Inconstitucional y, como consecuencia, queda sin vigor
a partir del día siete de Diciembre de mil novecientos setenta, fecha en que se
publicó su suspensión provisional, ordenada por esta Corte; y, e) manda pu-
blicar el presente fallo en el Diario Oficial como corresponde. Notifíquese
y oportunamente devuélvase los procesos pedidos para mejor fallar. Entre
líneas: lo ratificó, léase.- Entre Líneas: ordena que, léase.- Entre líneas: ins-
crito, léase.- Testado: 169, no vale.
APENDICE DOCUMENTAL 105

CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD: Guatemala. primero de septiembre


de mil novecientos setenta y ocho.
Se tiene a la vista para dictar sentencia el RECURSO DE INCONSTITU-
CIONALIDAD presentado por el ciudadano ENRIQUE ALFREDO PERAL-
TA AZURDIA, guatemalteco, de este domicilio, Militar y quien compareció
con el auxilio de los Abogados: Guillermo Dávila Córdova, Rodolfo Gonzá-
lez Rodio, Orlando Orellana Orellana, Francisco Guiarte Cojulún, Ramiro
Quinónec Valencia, José Antonio Fuentes Orellana, Gabriel Girón Ortiz, Cé-
sar Romero Muñoz Noriega, Arnoldo Johnston Sánchez y Jorge Alberto Gal-
dámez Escamilla. El objeto del Recurso se contrae a que se declare la INCONS-
TITUCIONALIDAD de los Decretos números DOS GUION SETENTA Y
OCHO (2-78) y TRES GUION SETENTA Y OCHO (3-78) del Congreso de la
República, emitidos el trece de marzo del año en curso.

RESUMEN:

I. DEL ESCRITO DE LA INTERPOSICION DEL RECURSO: El vein-


titrés de junio del corriente año compareció ante el Señor Presidente del Or-
ganismo Judicial y de la Corte Suprema de Justicia, el Coronel ENRIQUE
ALFREDO PERALTA AZURDIA, con el auxilio de los Abogados mencio-
nados, a interponer Recurso de Inconstitucionalidad contra los Decretos del
Congreso de la República números DOS GUION SETENTA Y OCHO (2-78)
y TRES GUION SETENTA Y OCHO (3-78), emitidos el trece de marzo del
año en curso. Manifestó que actuaba en su propio nombre, como ciudadano
en el pleno ejercicio de sus derechos civiles y políticos y como candidato que
fue a la Presidencia de la República, en las elecciones generales celebradas el
cinco de marzo citado; así como directamente afectado por los mencionados
Decretos, de donde hace derivar su interés jurídico en el presente caso.
En los antecedentes del mismo, expuso: que como consecuencia de la con-
vocatoria para elecciones de Presidente y de Vicepresidente de la República,
hecha mediante el Acuerdo Gubernativo número doce guión setenta y siete
(12-77) del dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y siete, inscribie-
ron candidatos para los cargos de Presidente y Vicepresidente de la República,
los siguientes partidos políticos: PARTIDO REVOLUCIONARIO (P. R.),
PARTIDO INSTITUCIONAL DEMOCRÁTICO (P.I.D.), MOVIMIENTO DE
LIBERACION NACIONAL (M.L.N.) y DEMOCRACIA CRISTIANA GUATE-
MALTECA (D.C.G.). Que él fue inscrito corno candidato del Partido Movi-
miento de Liberación Nacional y que por tal razón, las leyes impugnadas le
afectan directamente. Los partidos políticos postulantes no tenían facultad
para inscribir candidatos a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la Repú-
blica. pues para ello era necesario que estuvieran previamente inscritos en el
Registro Electoral. Si bien, de hecho aparece su inscripción en los libros res-
106 JORGE MARIO GARC1A LAGUARD1A

pectivos, tal inscripción había caducado legalmente, por haber transcurrido


más de cuatro dios de la misma sin haberla renovado oportunamente. De
ahí que a la fecha de la convocatoria y con más firmeza, a la fecha de inscrip-
ción de candidatos, los partidos políticos mencionados no existían legalmen-
te; más bien, eran insubsistentes como instituciones de derecho Público; sin
embargo, pese al hecho de que los partidos políticos habían perdido los de-
rechos y privilegios que les otorga la Constitución y la Ley, por haber cadu-
cado su inscripción, acudieron a la convocatoria e inscribieron candidatos; y
en general, ejecutaron actos que son jurídicamente insubsistentes, por lo que
resulta la total insubsistencia de todo el proceso electoral, ya que también
son insubsistentes los actos ejecutados por los órganos electorales: Registro
Electoral, Consejo Electoral y Congreso de la República. El proceso electo-
ral de Presidente y Vicepresidente de la República para el período de mil no-
vecientos setenta y ocho a mil novecientos ochenta y dos, comenzó con la
convocatoria a elecciones y debía de terminar con el Decreto del Congreso
proclamando popularmente electos a los ciudadanos que hubieran obtenido
mayoría absoluta de votos; o bien elegir en planilla, entre las dos que hubie-
ran obtenido mayor número de sufragios, cuando no se hubiere producido
la mayoría absoluta de éstos. Para llegar a la situación descrita, el Congre-
so debió hacer el escrutinio de las elecciones en el que era necesario y obli-
gado, el análisis de todo el proceso electoral, empezando por la convocato-
ria, si estaba o no en tiempo, después con las inscripciones de los candida-
tos, si los partidos postulantes y que los inscribieron tenían o no aptitud cons-
titucional para hacerlo, amén de la calidad de ellos; y en general, de la pure-
za de todos los demás actos del proceso eleccionario, con lo que no se cum-
plió.
El recurrente invocó como derecho positivo para accionar el inciso 4o.
del artículo 264 de la Constitución y 107 inciso 4o. del Decreto Número 8
de la Asamblea Constituyente de la República de Guatemala. Bajo el rubro
motivos jurídicos de la impugnación hizo un análisis del contenido de los De-
cretos DOS GUION SETENTA Y OCHO (2-78) y TRES GUION SETENTA
Y OCHO (3-78) del Congreso de la República, y llegó a la conclusión de que
por las razones expuestas y relacionadas con la insubsistencia del proceso elec-
toral el CONGRESO no debió hacer elección de segundo grado, no obstante
la hizo e incurrió en el error de haber declarado popularmente electos a los
ciudadanos a que se refieren los Decretos impugnados, lo que a su juicio no
era procedente. Al efecto citó la norma constitucional 166 en sus incisos 2o.
y 3o., que disponer que cuando no se haya producido a favor de los partici-
pantes en las elecciones, la mayoría absoluta, el Congreso elegirá entre las
dos planillas que hayan obtenido mayoría relativa. Por otra parte, manifes-
tó el recurrente que el contenido del Decreto que proclama popularmente
electos Presidente al General de Brigada Fernando Romeo Lucas García y
APENDICE DOCUMENTAL 107

Vicepresidente de la República al Doctor Francisco Villagrán Kramer, permi-


te que las personas electas permanezcan un día más en el ejercicio de tales car-
gos, lo que infringe los artículos 182 y 191 de la Constitución: Denunció co-
mo violados, además, los artículos lo., 19, 25, 27, 28, 29, 30, 31 y 187 de
nuestra Carta Magna; y pidió, se declare que los Decretos impugnados no tie-
nen validez por Inconstitucionales.
II. - EL ESCRITO DE OPOSICION AL RECURSO, PRESENTADO POR
EL MINISTERIO PUBLICO: El Ministerio Público al evacuar la audiencia que
se le confiriera con motivo del recurso, expresó: que nuestro ordenamiento
jurídico para garantizar la invulnerabilidad de los principios contenidos en la
Constitución de la República, instituye distintas defensas, entre otras, el Re-
curso de Inconstitucionalidad; pero al conocer tal recurso contra las leyes y
disposiciones gubernativas de carácter general, las propias normas legales tien-
den a evitar que se abuse de esta defensa, para lo cual limita la facultad de ha-
cer uso del mismo a las tres entidades de derecho público a que se refieren los
artículos 264 de Nuestra Carta Fundamental y 107 del Decreto 8 de la Asain-
blea Constituyente; y a los particulares sólo cuando la ley o disposición que
impugnan, les afecta directamente; o sea que desconozca, anule, restrinja o
afecte en cualquier forma, un derecho que les sea reconocido en el orden le-
gal. El impugnante afirma y acredita que fue candidato a la Presidencia de la
República en las elecciones del cinco de marzo del corriente año, por lo que
le afectan los Decretos 2-78 y 3-78 del Congreso; pero no aclara, porqué le
perjudican esas leyes ni concreta cuál es su derecho afectado, pues el sólo he-
cho de haber sido candidato a la Presidencia, no generan esas leyes perjuicio
para él, salvo que las votaciones le hubieran sido favorables con la mayoría
absoluta, circunstancia que ni afirma ni demuestra. Todo lo contrario, acep-
ta expresamente que el Congreso de la República eligió Presidente y Vicepre-
sidente entre las dos planillas que obtuvieron mayoría relativa de votos. Lue-
go, si no existe perjuicio en los derechos del recurrente, éste carece de legiti-
mación.
Además, al sostener que los partidos que fueron a las elecciones para Pre-
sidente y Vicepresidente de la República, no figuraban legalmente inscritos
en el Registro Electoral, ya que solo lo estaban de hecho al no renovar su ins-
cripción, en lugar de haber acreditado su legitimidad en la impugnación, él
mismo expresamente la desconoce, lo que revela inconsistencia en su plantea-
miento. Lo jurídico al respecto es que mientras una inscripción efectuada
legalmente no se halla cancelado ni suspendido, produce efectos jurídicos.
En todo caso, si las inscripciones de los respectivos candidatos eran defectuosas,
quien así las conceptuara debió impugnarlas en la forma y tiempo que pres-
cribe la ley, ya que todo acto administrativo genera un recurso del que puede
hacer uso quien sea afectado, y en materia electoral, la Ley es pródiga en de-
fensas. Expuso también, que no existe en la Constitución un precepto que
108 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

norme que en el texto de una ley que se relacione con actos ejecutados por el
Congreso, ésta deba explicar como llevó a cabo el acto respectivo; ni puede
prejuzgarse que tal acto no se efectuó como debe ser, por lo que si el Congreso
practicó el escrutinio de las elecciones y las estimó legales, no puede tacharse
de inconstitucional el Decreto DOS GUION SETENTA Y OCHO (2-78), como
tampoco el Decreto TRES GUION SETENTA Y OCHO (3-78) que no signi-
fica más, que la constancia de una realidad, o sea, lo actuado por el Congreso
después de las elecciones; y como consecuencia de éstas, la proclamación de
los candidatos electos para Presidente y Vicepresidente de la República, en lo
que ajustó a preceptos constitucionales vigentes. Agregó, que el criterio de
la Institución respecto de las objeciones consistentes en la inclusión de la ex-
presión popularmente electos, y que el período presidencial se prolongó al
computarse del primero de julio de mil novecientos setenta y ocho, l prime-
ro de julio de mil novecientos ochenta y dos, carecen de asidero legal. La
primera, porque se trata de un calificativo que en modo alguno afecta la na-
turaleza jurídica de los cargos mencionados; y la segunda, porque el artículo
187 de la Constitución dispone que el Presidente electo tomará posesión de su
cargo el primero de julio siguiente a su elección; de donde en el momento en
que toma posesión de su cargo el nuevo Presidente, el anterior deja de serio.
pues no pueden existir dos Presidentes y dos Vicepresidentes al mismo tiem-
po, ni tampoco puede quedarse sin Presidente la República por algún momen-
to. Concluyó su exposición enfatizando que el recurrente ni tiene legitima-
ción para interponer el recurso, ni las razones que invoca generan inconstitu-
cionalidad de los Decretos que impugna.
III.- DE LOS ALEGATOS DEL MINISTERIO PUBLICO Y DEL RECU-
RRENTE: El día de la vista, el Ministerio Público reiteró los argumentos ex-
puestos en su memorial presentado al evacuar, la audiencia inicial que se le
corriera, especialmente, que en el caso de que se trata, se evidencia que el in-
terponente carece de legitimidad por no afectarle directamente los Decretos
impugnados, ni ser titular de un derecho desconocido, disminuido o tergiver-
sado por los mismos, y que el hecho de no haberle favorecido el resultado de
las elecciones, no le da la posibilidad jurídica de presentar con éxito el Re-
curso de Inconstitucionalidad. Insistió en que el Congreso de la República
al emitir los Decretos cine se cuestionan, se ajustó a terminantes preceptos
constitucionales y que si declaró la validez de las elecciones, fue porque las
encontró sin vicio alguno. Refirió finalmente, que la Corte de Constituciona-
lidad deberá examinar la documentación que acompañó el recurrente para de-
terminar si es o no titular de un derecho violado; confrontar analíticamente las
leyes impugnadas con las normas de la Constitución que se señalan infringidas,
y con base en el examen respectivo se declare sin lugar e] recurso, dadas las ra-
zones Inrídicas aducidas por el oponen( e
APENDICE DOCUMENTAL 109

Por su parte, el Coronel Enrique Alfredo Peralta Azurdia expresó: que las
leyes impugnadas le afectan en forma directa porque ponen fin definitivamente
al proceso electoral en el cual participó como candidato presidencial, impidiendo
que el ejercicio del sufragio se produzca con apego a la libertad y pureza y por
ende, que constituya fiel expresión de la voluntad popular; y que la inconstitu-
cionalidad alegada por él es obvia porque las personas a quienes se declaró po-
pularmente electas Presidente y Vicepresidente, fueron inscritas como candida-
tos por partidos políticos que no tenían calidad ni aptitud como tales, por ha-
berse extinguido su inscripción. Que el enfoque que hace el Ministerio Público
es erróneo, antijurídico e insostenible, porque la inconstitucionalidad por él
alegada, no se refiere a nulidades de actos impugnables en la vía administrati-
va, sino a la suspensión o cancelación de los partidos políticos conforme la Ley
de la materia, las que se producen de pleno derecho, cuando éstos dejan de cum-
plir los requisitos para serlo, dentro de los cuatro años de vigencia de su inscrip-
ción como instituciones de Derecho Público; y que reconocer la atribución del
Congreso de la República de pronunciarse acerca del proceso electoral, en lo
que concierne a Presidente y Vicepresidente, no implica admitir que los De-
cretos DOS GUION SETENTA Y OCHO (2-78) y TRES GUION SETENTA Y
OCHO (3-78) del mismo, tengan validez. Solicitó que para mejor fallar la Cor-
te de Constitucionalidad mandara traer a la vista los antecedentes relacionados
con el proceso electoral recién pasado, desde su iniciación hasta su conclusión,
y que se dictara una sentencia con apego a la Constitución de la República y
demás leyes aplicables.

CONSIDERACIONES.

La concepción unitaria del ordenamiento jurídico del Estado de Derecho,


evidencia en su estructura jerárquica la coexistencia de normas de diferente
rango y naturaleza, vinculadas entre sí por un fundamento común de validez
y cuyo proceso de creación y aplicación, comienza con la norma constitucio-
nal, de indiscutible supremacía, por derivar de la misma las instancias superio-
res de poder y la legitimidad de todo el complejo normativo; sigue con las le-
yes ordinarias, generales y abstractas y sus reglamentos; y concluye con las sen-
tencias judiciales, actos administrativos y negocios jurídicos, que como normas
individualizadas hacen referencia a situaciones concretas., Se establecen así,
dentro de cada sistema jurídico positivo, relaciones de subordinación entre las
normas de menor jerarquía (fundadas) respecto de la Ley Fundamental (fun-
dante); y de supraordinación entre esta última y los preceptos menores; rela-
ciones que hacen necesario el mantenimiento mediante mecanismos adecuados,
del imperio de la Constitución, el cual no solo implica su cumplimiento, sino
110 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

también la conformidad de las reglas generales de escala inferior. Es esta nece-


sidad, sentida en todas las naciones de tradición jurídica, la que ha dado lugar
al surgimiento de la Jurisdicción Constitucional, rama de la administración
de justicia que tiene por objeto específico, los conflictos relativos a la legitimi-
dad de las leyes. En nuestro país, la Justicia Constitucional tiene sus funda-
mentos en los artículos de nuestra Carta Magna siguientes: 172 que prescribe:
Ninguna ley podrá contrariar las disposiciones de la Constitución. Las leyes
que violen o tergiversen los mandatos constitucionales son nulas ipso jure;
246 párrafo primero, que reza: Los tribunales de justicia observarán siem-
pre d principio de que la Constitución prevalece sobre cualquier ley o trata-
do internacional. Se asegura su efectividad al crear el artículo 262, la Corte
de Constitucionalidad, tribunal extraordinario cuya competencia está delimi-
tada por el artículo 263 párrafo primero, al expresar que Conocerá de los re-
cursos que se interpongan contra las leyes o disposiciones gubernativas de ca-
rácter general, que contengan vicio parcial o total de inconstitucionalidad;
o lo que es lo mismo, que su función es estrictamente jurídica o de confron-
tación de la ley con la norma constitucional, que puede ser vulnerada tanto
en su aspecto intrínseco o en su contenido, como extrínseco o formal, al no
acatarse los trámites señalados para su emisión. Por ello, apunta el artículo
265, que si la sentencia que se dicte declara la inconstitucionalidad de Ia ley
o disposición gubernativa de carácter general, quedarán sin vigor. El análisis
de estos preceptos legales reiterados por el Decreto número 8 de la Asamblea
Constituyente de la República, permite observar que son presupuestos del re-
curso de inconstitucionalidad, la existencia de una ley o disposición guberna-
tiva de carácter general, que se impugnan; y el vicio de lesa majestad que los
invalida, referido a artículo o artículos constitucionales expresos; de modo que
si no concurren esos requisitos, el examen jurídico a que se contrae el recurso,
no puede realizarse, ni existe materia constitucional propiamente dicha que
juzgar.

II

Con las premisas anteriores, se examinan el recurso de inconstitucionali-


dad presentado por el Coronel Enrique Alfredo Peralta Azurdia de cuya expo-
sición se infiere, que impugna los Decretos números Dos guión setenta y ocho
(2-78) y Tres guión setenta y ocho (3-78) del Honorable Congreso de la Re-
pública, emitidos el trece de Marzo del año en curso y publicados en el Diario
Oficial número veintidós del catorce del mismo mes. El primero de dichos
Decretos declara la validez de las elecciones realizadas el cinco de Marzo de
este año, en todos los distritos Electorales, para elegir Presidente 'y Vicepre-
sidente de la República; y el segundo, proclama popularmente electos al Ge-
neral de Brigada Fernando Romeo Lucas García y al Doctor Francisco Villa-
APENDICE DOCUMENTAL 111

gran Kramer, para ejercer tales cargos, durante el período constitucional del pri-
mero de julio de mil novecientos ochenta y dos; y dispone además que en se-
sión solemne del Congreso, se les reciba la protesta de legitimación para inter-
poner el recurso, que como candidato a la Presidencia de la República en las
elecciones celebradas el cinco de marzo citado, fue afectado por los indicados
Decretos, los cuales él afirma que son inconstitucionales. Argumenta en apo-
yo de la Incostitticionalidad del Decreto Dos guión sesenta y ocho (2-78), que
las Entidades Políticas postulantes: Partido Revolucionario (P.R.), Partido
Institucional Democrático (P.I.D.), Movimiento de Liberación Nacional (M.L.N.)
y Democracia Cristiana Guatemalteca (D.C.G.), no estaban legalmente inscri-
tos en el Registro Electoral, ni en el momento de la convocatoria a elecciones
generales, ni en el de la inscripción de sus candidatos, pues la inscripción de di-
chos partidos, había caducado al vencerse los cuatro años de duración que la
Ley Electoral concede a tal inscripción, sin haberla éstos renovado; por lo que
concluye, que tanto los partidos mencionados, como las inscripciones de sus
candidatos, son insubsistentes; y en general, todo el proceso eleccionario, in-
cluso los Decretos impugnados, habida cuenta que son actos realizados por el
Congreso de la República como órgano electoral. Cita como infringidos los
artículos 29, 30 y 166 incisos 2o. y 3o. de la Constitución de la República.
En contra del Decreto Tres guión setenta y ocho (3-78) manifiesta, por una
parte, que el Congreso de la República sólo puede declarar popularmente elec-
tos, Presidente y Vicepresidente, a los ciudadanos que hubieren obtenido ma-
yoría absoluta de votos, pero no, como lo hizo, a quienes hubiere elegido en
planilla o en segundo grado. Y por la otra, que el proclamar popularmente
electos al General de Brigada Fernando Romeo Lucas García y al Doctor Fran-
cisco Villagrán Kramer, como Presidente y Vicepresidente, respectivamente,
para ejercer dichos cargos durante el período constitucional del primero de
julio de mil novecientos setenta y ocho, al primero de julio de mil novecien-
tos ochenta y dos, prolongó por un día más el período presidencial, lo que
contraría flagrantemente los artículos 166 incisos 2o. y 3o., 182, 187 y 191
de la Constitución de la República, los que estima violados.

Hl

Ahora bien, si el proceso eleccionario está formado por una serie de actos
concatenados con sentido precluyente, que se inicia con la convocatoria a elec-
ciones y termina con el Decreto del Honorable Congreso de la República que
proclama popularmente electos a los ciudadanos que hubieren obtenido ma-
yoría absoluta de votos; o fueren elegidos en planilla entre las dos que hayan
obtenido mayor número de sufragios, cuando no se hubiere producido la ma-
yoría absoluta es obvio que las irregularidades que se cometan dentro del mis-
mo, deben ser impugnadas oportunamente y por medio de los recursos o ac-
112 JOMA:MARIO GARCIA LAGUARDIA

dones pertinentes que la Ley de la materia concede a los perjudicados. De ahí.


que sí las inscripciones de partidos y candidatos eran anómalas o insubsistentes.
como lo asevera el recurrente, debieron atacarse en la etapa respectiva. Consi-
guientemente, esos actos no pueden examinarse mediante un recurso de incons-
titucionalidad. Asimismo, es de hacer notar que los actos jurídicos tienen ple-
na eficiencia, mientras una declaración oficial de un órgano estatal no los prive
de sus efectos; pues la caducidad substantiva alegada, en nuestro sistema jurí-
dico no opera de pleno derecho, sino que tiene que ser declarada por Tribu-
nal o autoridad competentes. En suma, el cotejo del Decreto Dos guión seten-
ta y ocho (2-78) impugnado, con los artículos 29, 30 y 166 incisos 2o. y 30.
de la Constitución de la República, evidencia que éstos no fueron infringidos,
ni directa ni indirectamente, por lo que no existe el vicio total o parcial de in-
constitucionalidad invocados, en relación a este Decreto. Y en punto a4a1 se-
ñalamiento, procede también observar que la calidad de la que hace derivar su
legitimidad el presentado para interponer el recurso objeto de examen, o sea su
inscripción como candidato presidencial y su correlativa participación en las
elecciones generales, implícitamente es negada por él mismo, cuando afirma
la insusbsistencia de los Partidos Políticos entre los cuales menciona el que lo
postuló y de las inscripciones de sus candidatos, pues el recurso en esas cir-
ctinqtancias estaría interpuesto por una persona no candidato, por ende, sin
interés ni agravio lo que es jurídicamente contradictorio, aparte de que ac-
cionar en esas condiciones, implicaría prevalerse de su propio error, inacep-
table para la lógica y el Derecho.

IV

Además, si en el Derecho número Tres guión setenta y ocho (3-78) -se


proclamo popularmente electos a los candidatos Presidencial y Vicepresiden-
cial, que obtuvieron la mayoría en la elección de segundo grado, expresión
empleada por la Constitución para el supuesto de la mayoría absoluta de vo-
tos, a juicio de esta Corte, ello no configura un vicio de inconstitucionalidad,
no sólo porque no existe prohibición expresa de emplear esa frase para los
candidatos electos en esa forma, sino porque ellos no son menos popularmen-
te electos en sufragio de segundo grado, ya que su elección siempre es refren-
dada poi Lilia mayoría de ciudadanos y de sus legítimos representantes ante el
Congreso. Igualmente, que se hayan proclamado electos a los candidatos Ge-
neral de Ilripcla Fernando Romeo Lucas García y Doctor Francisco Villagran
Kiamer, para ejercer aquellos cargos, durante el período constitucional del pri-
mero de julio de mil novecientos setenta y ocho, al primero de julio de mil
novecieinol, in:Imita y dos. tampoco puede considerarse como un vicio de los
liLie son materia de conocimiento de este Alto Tribunal, pues, hasta subrayar
el calificativo de COnstitucional incluido en el texto del Decreto para disipar
AP ENDICE DOCUMENTAL 113

cualquier duda al respecto, ya que se refiere precisamente a un período de cuatro


años improrrogables. Por lo demás, esa redacción ha sido reiterada en otros
Decretos similares, y no se le ha rebatido como violatoria de los artículos 166
incisos 2o. y 3o., 182, 187 y 191 de la Constitución de la República.

El recurrente también cita como violados en el texto de su recurso, los ar-


tículos lo., 19, 25, 27 y 31 de la Constitución de la República, los cuales al
confrontarlos con los Decretos impugnados se colige claramente, por la ma-
teria que tratan, que ninguna incidencia lesiva produjo en éstos la emisión
de los Decretos citados, por lo que se concluye que respecto de los mismos,
tampoco existe vicio de inconstitucionalidad; máxime que el presentado no
esgrimió tesis alguna sobre las hipotéticas infracciones constitucionales.

VI

El propio contenido de los Decretos impugnados demuestra que el Hono-


rable Congreso de la República al emitirlos, no incurrió en vicio constitucio-
nal alguno, pues lo hizo en el cumplimiento de lo prescrito por el artículo
166 incisos 2o. y 3o. de la Constitución, que le asigna la atribución de: Ele-
gir Presidente y Vicepresidente de la República, en planilla, entre las dos que
hayan obtenido mayor número de sufragios, en el caso de que no se hubiere
obtenido mayoría absoluta de votos; o dicho en otras palabras, el Decreto
Dos guión setenta y ocho (2-78) es consecuencia de un acto realizado por el
Honorable Congreso de la República, como órgano electoral supremo; y el nú-
mero Tres guión setenta y ocho (3-78), es producto de un acto soberano, como
lo es, la elección de segundo grado llevada a cabo en ejercicio de un derecho
que sienllo originario, se lo ha conferido el Pueblo dentro de su representación
delegada. De lo anterior se infiere, que los Decretos de que se trata, fueron
emitidos constitucionalmente, motivo por el que, en conclusión, el recurso ana-
lizado no puede prosperar y debe imponerse a los abogados patrocinantes la
multa que corresponde; así como condenarse al interponente al pago de las cos-
tas causadas.

Leyes Aplicables:

Los artículos citados y 45 de la Constitución de la República 105, 106,


107, 108, 109, 111 del Decreto número 8 de la Asamblea Constituyente de
la República de Guatemala, 20, 28, 34, 37, 40, 41, 43, 44, 55, 57, 61, 93, 94,
103, 104, 108, 109, 111, 113, 114, 116 del Decreto Ley número 387.
114 JORGE MARIO GARCIA LAGUARDIA

POR TANTO:

Esta Corte de Constitucionalidad, con base además en los artículos 157,


158, 159, 163 y 168 de la Ley de! Organismo Judicial, DECLARA: I. SIN
LUGAR el Recurso de Inconstitucionalidad interpuesto por el Coronel Enri-
que Alfredo Peralta Azurdia. II) Lo condena al pago de las costas del Re-
curso y III) Impone a cada uno de los abogados auxiliares, la multa de cien
quetzales que deberán hacer efectiva, dentro del término de cinco días, en
la Tesorería de la Dirección Financiera del Organismo Judicial. Notifique-
se y Archívese.
APEND1C E DOCUMENTAL 115

CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD, Guatemala, diecinueve de febrero de


mil novecientos sesenta y nueve.
Visto para su trámite el Recurso de Inconstitucionalidad interpuesto por
los Abogados Adolfo Mijangos López y Héctor Horacio Zachrisson Descamps,
en su propio nombre, y por el de igual título Manuel Colom Argueta, quien
manifiesta actuar en representación de "Unidad Revolucionaría Democrática
(U.R.D.)", y
CONSIDERANDO: que de conformidad con la ley, el recurso de incons-
titucionalidad podrá interponerlo cualquier persona o entidad a quien afecte
directamente la inconstitucionalidad de la ley, o disposición gubernativa im-
pugnada, según lo establece el inciso 4o, del artículo 107 de la Ley de Ampa-
ro, Habeas Corpus y de Constitucionalidad (Decreto número 8 de la Asam-
blea Constituyente); en el presente caso, se advierte que en su propio nom-
bre lo interponen los Abogados Mijangos López y Zachrisson Descamps, pe-
ro sin expresar el interés jurídico que tienen ni en qué forma y por qué razón
les afecta directamente la inconstitucionalidad de la ley que impugnan. En
relación al Licenciado Colom Argueta, que se presenta en nombre de la en-
tidad "Unidad Revolucionaria Democrática (1.1.R.D.)", es de apreciar que el
acta notarial con que pretende justificar su representación, carece de valor
probatorio para el efecto, pues tratándose de un grupo de ciudadanos que se
asocian con fines políticos, que conforme el artículo 22 de la Ley Electoral
y de Partidos Políticos (Decreto Ley número 387), debe identificarse ante
el Registro Elecotral a través de directiva responsable, acreditando su carác-
ter de asociación creada con fines políticos, su representación tiene que ser
demostrada con documento que contenga los datos de identificación que cons-
ten en dicho Registro; requisito que no llena el acta notarial en referencia.
Con base en las razones expuestas, y que, como lo determina el artículo
109 de la Ley de Amparo, Habeas Corpus y de Constitucionalidad, el escri-
to de interposición contendrá, en lo aplicable, los requisitos exigidos en to-
da petición inicial en los juicios conforme el Código Civil y Mercantil, y no
llenándose tales requisots en el presente caso, el recurso debe rechazarse de
plano en conformidad con lo dispuesto por los artículos 27 y 109 del Decre-
to Ley número 107. Leyes citadas y artículo 264 de la Constitución de la
República; 46 y 61 del Código Procesal Civil y Mercantil.
POR TANTO: La Corte de Constitucionalidad, con fundamento en lo
considerado y en los artículos 157 y 159 de la ley del Organismo Judicial,
rechaza de plano el recurso en referencia. Notifíquese.
116 JORGE MARIO GARC1A LAGUARD1A

CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD: Guatemala veintidós de Abril de mil


novecientos sesenta y nueve.
VISTO el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por los Abogados
Adolfo Mijangos López y Héctor Zachrisson Descamps y por "Unidad Revo-
lucionaria Democrática", esta última representada por el Abogado Manuel
Colom Argueta como su Secretario General; y,
CONSIDERANDO: En el memorial presentado no han sido cumplidas
las formalidades prescritas por la ley, por cuanto se omitió hacer la relación
de los hechos a que se refiere la petición y el fundamento de derecho en que
se apoya la solicitud; tampoco se expresaron en forma razonada, clara y pre-
cisa los rnotivos jurídicos en que descansa la impugnación de la ley, ya que
para ello no es jurídicamente correcto que en este recurso se ratifique el plan-
teamiento de fondo formulado en otro, pues éste fue definitivamente resuel-
to por una Corte de Constitucionalidad integrada anteriormente para cono-
cer de ese caso; y el auto que le puso fin, además de estar firme no contiene
ningúna condición.
Los vicios apuntados constituyen defectos formales que obligan a recha-
zar de plano este nuevo recurso y así debe resolverse. Artículos: 107, inci-
so 4o. y 109 de Ja Ley de Amparo, Habeas Corpus y de Constitucionalidad;
27-61 incisos 3o. y 40, y 109 del Decreto Ley 107.
POR TANTO: Este Tribunal, con apoyo además en lo dispuesto por los
artículos 157 y 159 de la Ley del Organismo Judicial, RECHAZA DE PLA-
NO el recurso referido, Notifíquese.- Todo constituida. Omítase.- E . L.—
integrada.- Léase.

VOTO RAZONADO DEL MAGISTRADO JUSTO RUFINO MORALES.

Honorable Corte de Constitucionalidad:

Al discutirse la resolución recaída en el recurso interpuesto por el Licen-


ciado Manuel Colom Argueta, como representante de la entidad "Unidad Re-
volucionaria Democrática" y por los profesionales Adolfo Mijangos y Flec-
tor Zachrisson Descamps, en lo personal, manifesté las razones por las que a
mi juicio este Recurso de Inconstitucionalidad en derecho era procedente
rechazarlo de plano. De esas razones, en lo substancial, constan en la consi-
deración algunas que fueron suficientes al Tribunal para proferir su decisión,
pero no fueron aceptadas otras que a mi juicio tienen tanta fuerza o más que
las consignadas. Y esas otras razones que también expuse verbalmente ante
los señores Magistrados, en la amplia discusión del asunto, voy a consignar,
como lo informó al Tribunal en pleno, en este voto.
lo.) Personería del Licenciado Colom Argueta. Al rechazar en recur-
so anterior de los mismos interesados, otra Corte de Constitucionalidad de
APEND1C E DOCUMENTAL 117

la cual por mandato legal también formó parte el infrascrito, se afirmó en el


razonamiento que contiene la resolución proferida que en relación a la perso-
nería del Licenciado Argucia, es de apreciar que el acta notarial con que pre-
tende justificar su representación, carece de valor probatorio para el eketo,
pues tratándose de un grupo de ciudadanos que se asocian con fines políti-
cos, que conforme al artículo 22 de la Ley Electoral y de -Partidos Políticos
(Decreto Ley número 387), debe identificarse ante el Registro Electoral a
través de directiva responsable, acreditando su carácter de asociación creada
con fines políticos; su representación tiene que ser demostrada con documen-
to que contenga los datos de identificación que consten en dicho Registro.
En el recurso cuya resolución motiva este voto, en el párrafo intitulado
Personeriá del Licenciado Manuel Colom Argueta", se hace la siguiente afir-
mación: En tal virtud la Asociación como tal no ha sido cancelada, sino úni-
camente la autorización para promover la formación del partido político. Lo
dicho por la Corte de Constitucionalidad que rechazó el recurso anterior, res-
pecto a que cuando un grupo de ciudadanos que aspire a organizar un parti-
do político debe identificarse ante el Registro Electoral a través de directiva
responsable, acreditando su carácter de asociación creada con fines políti-
cos, a mi juicio está vigente no obstante el acta notarial que para desvirtuar-
lo presentaron los recurrentes; y digo que ese argumento legal está vigente
porque en este mismo documento se transcribe la resolución del Registre) Elec-
toral, que dice: Registro Electoral: Guatemala, tres de mayo de 1966. Pro-
videncia No. 119. Interesado: Licenciadó Manuel Colom Argueta y compa-
ñeros, Directivos de la Asociación Unidad Revolucionaria Democrática. Di-
rección 6a. calle No. 2-12 zona 1. Asunto: Cancelación de dicha Asociación
Siendo que la vigencia de la autorización otorgada a la Asociación Unidad
Revolucionaria Democrática, para que pudiera promover la formación del
partido político que propugnaba, venció el 25 de abril próximo pasado, se
CANCELA dicha autorización Estudiando el alcance de esta resolución que
jurídicamente se encuentra firme, puesto que en autos no consta lo contra-
dio, no puede llegarse a otra conclusión que la de afirmar que si la autoriza-
ción que se le había otorgado a la entidad "Unidad Revolucionaria Democrá-
tica" para que pudiera promover la formación de un partido político, se le
canceló, tal mandato de cancelación implica anular o dejar sin efecto lo ac-
tuado por tal entidad en el Registro Electoral, lo cual respalda la afirmación
que de derecho no existe ninguna actuación legal vigente e impulsada por la
misma en cumplimiento de uno de sus fines, como lo es la formación de un
partido político, y en cumplimiento también del mandato legal contenido
en el artículo 22 del Decreto Ley número 387, norma que bajo ningún
concepto ha sido impugnada por los recurrentes ni substituida por otras pa-
ra que pueda dejarse de lado u olvidarse de su cumplimiento legal de identi-
ficarse en el Registro Electoral a través de directiva responsable, acreditando
118 JORGE MARIO GARC1A LAGUARDIA

su carácter de Asociación creada con fines políticos, ni que para la inscripción


de sus afiliados se le hayan autorizado previamente los libros respectivos, es
indudable que tal documento no alcanza a probar el extremo de representa-
ción del profesional Colom Argueta; y no alcanza ese fin," porque este caso no
encaja en el artículo 64 de la Constitución de la República que dispone la liber-
tad de asociación para los distintos fines de la vida humana a que tienen dere-
cho los habitantes de la República. No es esta la norma constitucional que
pudiera respaldar la existencia de la asociación en cuyo nombre gestiona el Li-
cenciado Colom Argueta. Existen otras disposiciones en la que queda encua-
drado el caso, como son los artículos 27, 28, 29, 34, 37 y 264 de la Constitu-
ción de la República, puesto que él se está refiriendo a una asociación especí-
fica, a una asociación eminentemente política, como se desprende de las si-
guientes afirmaciones que tiene el acta notarial acompañada cuando dice que
los comparecientes han acordado: PRIMERO: Constituir una asociación con
fines políticos, que propugne la organización de un partido político, que como
institución de derecho público participe en la vida nacional y, en su oportuni-
dad, asuma la responsabilidad de gobierno. En el numeral 4) del punto TER-
CERO: se dice que la asociación tiene como propósito Integrar o participar en
la formación de gobierno democrático, sobre la base de que no puede haber
democracia donde dominen grupos autoritarios y excluyentes de carácter oli-
gárquico o tendencias totalitarias. Y en el punto SEXTO se afirma que "U.R.D.",
como asociación, con fines políticos tendrá los siguientes órganos: 1) JUNTA
DIRECTIVA :... 2) CONSEJO CONSULTIVO:.„ 3) DIRECTOR GENERAL...
En el punto 1) relacionado con la Junta Directiva se establece que: la represen-
tación legal corresponderá al Secretario General, y en su ausencia, indistinta-
mente o conjuntamente a los Directores de Organización y de Publicidad y en
su orden a los Vocales. Esto quiere decir que. al Secretario General le corres-
ponde la representación legal de una asociación constituida con fines políticos,
para la integración de un partido político, pero nunca puede tener la represen-
tación de una asociación de naturaleza diferente, ni el derecho de ampararse
en el artículo 64 de la Constitución de la República para alegar tal represen-
tación, porque ésta está subordinada al cumplimiento de los requisitos a que
se refiere el artículo 22 del Decreto Ley 387, y como ya dije anteriormente, a
mi juicio no están cumplidos.
2o.) PERSONALIDAD DE LOS PROFESIONALES ZACHRISSON DES-
('AMPS Y MIJANGOS LOPEZ. El artículo 264 de la Constitución de la Repú-
blica, dispone: El recurso de inconstitucionalidad podrán interponerlo: lo.) El
Consejo de Estado. 2o.) El Colegio de Abogados, por decisión de su asamblea
general. 30.) El Ministerio Público, por disposición del Presidente de la Repú-
blica, tomada cn Consejo de Ministros. Dicha institución será parte en todo
caso, aunque no sea la recurrente. 4o.) Cualquier persona o entidad a quien
apere directamente la inconstitucionalidad de la ley o disposición gubernativa
APENDIC E DOCUMENTAL 119

impugnada con el auxilio de diez abogados en ejercicio. Y no obstante que el


último párrafo de este artículo dispone que en la ley constitucional correspon-
diente se regulará todo lo relativo a esta materia, el artículo 107 de esa ley
constitucional transcribió literalmente los incisos anteriores del artículo cons-
titucional sin explicar en nada lo relativo a personas o entidades que confor-
me al artículo 4o. tiene el derecho de alegar la inconstitucionalidad de la ley;
sin embargo, debe observarse que la autorización constitucional para impug-
nar de inconstitucionalidad una ley o una disposición gubernativa de carácter
general, porque a juicio del interesado estén en contradicción con las disposi-
ciones de la ley fundamental, no es absoluta, porque la propia Constitución
limitó el ejercicio de ese derecho para determinados institutos, por lo que es
conveniente referirse a la disposición que contiene el inciso 4o. del artículo
264 de la Constitución para establecer si esa facultad ampara o apoya a los
profesionales Mijangos López y Zachrisson Descamps para interponer en lo
personal el recurso de inconstitucionalidad de que se ha hecho referencia. Di-
ce el inciso que podrá interponer el recurso de inconstitucionalidad: a) cual-
quier persona o entidad; b) que la persona o entidad que alegue la inconstitu-
cionalidad, lo debe hacer porque la inconstitucionalidad alegada la afecta di-
rectamente; c) que esa inconstitucionalidad debe referirse a una ley o una dis-
posición gubernativa de carácter general; y d) que el escrito por el que se in-
terponga la inconstitucionalidad debe ser auxiliado por diez abogados en ejer-
cicio. De lo anterior se deduce que cualquier persona o cualquier entidad,
si la afecta directamente la inconstitucionalidad de la ley o disposición gu-
bernativa, puede hacer uso de esta defensa. En el caso presente la entidad
política denominada "Unidad Revolucionaria Democrática" afirma que Ie
afecta directamente en sus intereses el artículo 23 de la Ley Electoral y de
Partidos Políticos contenidas en el Decreto Ley número 387, porque a jui-
cio del abogado que se presenta en nombre de esa asociación esta disposición
está en contradicción con preceptos constitucionales. En el propio documen-
to presentado con el objeto de acreditar su personería, que por un principio
procesal debe aceptarse también en lo que le perjudica, se establece que di-
cho profesional es el único que tiene la representación de esa entidad (se en-
tiende cuando previamente se llenen los requisitos establecidos por la ley),
y en su defecto, las demás personas que se mencionan en dicho documento.
Ahora bien, habiendo concurrido el profesional Colom Argueta en represen-
tación de la entidad o asociación política constituida con miras a la forma-
ción de un partido político, porque a su juicio el artículo impugnado es in-
constitucional, ya que afecta directamente los intereses de dicha asociación,
no se ve por qué razón los otros profesionales también comparecen alegando
que sus intereses particulares los afecta directamente la inconstitucionalidad de
ese artículo. Si todos y cada uno de los miles de afiliados están formando la
entidad recurrente y ésta gestiona ante las autoridades la defensa de sus derechos
120 JORGE MARIO GARCIA LAGUARD1A

por medio del recurso de inconstitucionalidad, no se comprende por qué mo-


tivo otros afiliados que pudieran llamarse Juan, Pedro, Pablo, etcétera, acudie-
ran con el mismo pretexto que lo hacen Mijangos López y Zachrisson Descamps
a gestionar la misma inconstitucionalidad. Eso no es posible, porque en este ca-
so ni los abogados Mijangos López y Zachrisson Descamps, ni Juan, Pedro, Pa-
blo, etcétera, que también pertenezcan a esa asociación, se encuentran afecta-
dos directamente por la inconstitucionalidad de la ley; no, en este caso sería
la entidad o asociación, como persona jurídica la única que pudiera alegar esa
inconstitucionalidad por medio de la persona o personas legalmente autoriza-
das para el ejercicio de esta acción. En este caso no pueden confundirse la
persona particular con la asociación, para mezclar sus intereses puesto que la
ley se refiere bien a una persona o bien a una entidad que resulten afectados
directamente por la inconstitucionalidad de una ley o de una disposición guber-
nativa. Es indudable también que cuando el inciso se refiere a cualquier persona
o a cualquier entidad, no se está refiriendo a facultar a la persona particular pa-
ra que conjuntamente con la asociación de que forma parte pueda ejercitar es-
ta acción de inconstitucionalidad, porque la persona particular no resulta, cla-
ro está, directamente afectada por esa inconstitucionalidad; puede resultar afec-
tada indirectamente como miembro de la asociación, pero la disposición consti-
tucional se refiere a que resulte directamente afectada. En casos anteriores los
recurrentes sí eran personas afectadas directamente por las leyes cuya inconsti-
tucionalidad demandaron, puesto que eran propietarios de raíces, y si no alcan-
zaron una resolución favorable, esto se debe a razones de otro orden que con-
tienen esos fallos.
Y conviene resaltar aquí que los recurrentes expone que el interés jurídico
en este caso, máxime tratándose de profesionales al Derecho, es manifiesto. De-
bo advertir a este respecto, que el inciso 2o. del artículo 264 de la Constitución,
al cual me he referido, dispone que podrá interponer la inconstitucionalidad de
la ley, El Colegio de Abogados, por decisión de su asamblea general. Es un man-
dato constitucional, en el que está limitado el Colegio por decisión de su asam-
blea general el ejercicio de la defensa de inconstitucionalidad; ni siquiera se fa-
culta a su Junta Directiva ni a su Presidente, ni al Tribunal de Honor, es una de-
cisión de asamblea general, por lo que entiendo que la filosofía tanto de éste co-
mo del inciso 4o. ya comentado, que también son disposiciones de orden cons-
titucional, no arriba a la interpretación de que en este caso o en cualquier otro-
semejante un profesional en su carácter puramente particular esté facultado por
la ley para hacer uso del recurso de inconstitucionalidad.
3o.) EXPLICACION NECESARIA. Debo aclarar aunque ya es cuestión sa-
bida en mi larga carrera profesional, que las explicaciones que contiene este voto
no son más que el producto de un criterio jurídico personal del suscrito, y por-
que siempre he creído que el Juez debe consignar en sus resoluciones todos los
razonamientos legales que las respaldan, para que tos litigantes puedan conven-
APENDICE DOCUMENTAL 121

cerse de las razones del juzgador para pronunciarse en uno u otro sentido. Pe-
ro esas razones deben sopesarse en la balanza de la imparcialidad y siempre
ajustándola. a las disposiciones legales atinentes a cada caso. En el presente
muy bien pude omitir la exposición que antecede, pero entonces mi perso-
nal modo de enfocar el problema hubiera quedado incompleto.
Las argumentaciones anteriores deben sumarse a las que contiene el au-
to dictado el día veintidós del corriente mes por la Corte de Constitucionali-
dad, pues unas y otras respaldaron ini voto de rechazo de ese recurso.