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Dependencia a las nuevas tecnologías

La nueva droga sin


sustancia

“La diferencia está en que haya una


adicción o no”.
“Muchas veces vemos que la principal
señal de un tecnoadicto es negar el
problema”.

CLARA PINOS FERNÁNDEZ

REDACCIÓN PERIODÍSTICA 3ºH

7 de mayo de 2018
“La diferencia está en que haya una adicción o no. Muchas veces hay personas que en
cuanto saben que alguien consume, incluso que consume con frecuencia, ya dan por
hecho que es una persona adicta y no es así. Diferenciamos cuando hay un abuso, que
puede ser el caso de muchos adolescentes que nos llegan ahora, a cuando ya hay una
adicción. Se crean diferencias y, por tanto, la forma de intervenir también es diferente”,
asegura Tania Paz Ramón, terapeuta de la asociación Proyecto Hombre desde hace
diez años.

Este argumento que de primeras parece simple, en realidad no lo es. Pero es que hoy en
día, el 21,3% de los jóvenes está en riesgo de convertirse en adicto a las nuevas
tecnologías y el 1,5% ya lo es, según un estudio realizado sobre conductas patológicas
en Internet realizado por la ONG Protégeles. Y es que eso no es lo inquietante. Lo
inquietante de la cuestión es saber que hasta el 85% de los jóvenes es dependiente del
móvil, las redes sociales y la mensajería instantánea, según recoge un estudio de la
Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

“Para que haya una adicción se tienen que cumplir una serie de factores, criterios, que
haya una tolerancia, que cada vez necesites llevar más a cabo la conducta, que haya un
síndrome de abstinencia. Es decir, pues que cuando no puedes estar conectado, en este
caso, te genere una sintomatología ansiosa, accesos de ira y demás. Que te genere
consecuencias negativas en diferentes áreas de tu vida, que altere tus valores
fundamentales, que pierdas el control. Que alguien utilice el móvil en un lugar en el que
no es adecuado utilizarlo, si solo tengo esa información, no puedo decir que sea una
adicción. Lo que se está realizando es una conducta inadecuada”, añade José Antonio
Molina del Peral, doctor en Psicología y experto en el ámbito clínico atendiendo
pacientes, especialmente en el campo de adicciones.

Como vemos, esta apreciación es muy importante hacerla porque, ¿cuántas veces hemos
tenido que aguantar que nuestros padres o personas de nuestro entorno nos digan que
somos adictos a estas tecnologías por estar utilizando el móvil en la calle o en el sofá de
nuestra casa? Pero ahora ya lo sabemos y les podemos contestar con que, si esto no
afecta a diferentes ámbitos de nuestra vida, no se puede considerar adicción, sino una
conducta inadecuada.

Y es que si en algo coinciden todos los profesionales del ámbito de la educación, de la


psicología y de la seguridad es en la importancia de la prevención y, por supuesto, de
las formaciones. Vanessa Ramajo Díez, psicóloga y coordinadora general de la
Asociación REA (Asociación castellano-leonesa para la defensa de la infancia y la
juventud) apunta que “es cierto que existe una necesidad en todos los ámbitos de
conocer la importancia de la detección precoz de este tipo de situaciones. Para ello es
imprescindible la actuación coordinada de todos los agentes sociales que estamos en
contacto con la infancia. Sensibilizar sobre la responsabilidad que tenemos en la
detección y notificación pero para ello es preciso conocer qué debemos observar, cómo
detectar y sobre todo, a quién se deben derivar tales situaciones”.

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Asimismo, añade que “existen muchas dudas sobre
las competencias que se tienen en cada campo a la
hora de actuar y también se observa una ausencia a
veces, de coordinación entre instituciones”.

La formación importa

Estas formaciones impartidas por instituciones como


el Cuerpo Nacional de Policía en diferentes centros
educativos o por profesionales en el ámbito de la
psicología a lo largo de toda la geografía española
tienen mucha aceptación, cada vez más y todo ello
es porque se trata de un tema de enorme actualidad
pero a la vez, muy desconocido en su profundidad. Gloria Laso en el despacho de
Dirección del centro
En lo relativo a las TRICs (Tecnologías de la
Relación, Información y Comunicación), nombre con el que se comienzan a denominar
en el campo de la ciencia, existe una brecha digital muy importante entre el alumnado,
el profesorado y las familias.

Ramajo afirma que “este desconocimiento de las aplicaciones y de Internet en general,


impide potenciar una educación en el buen uso de las redes sociales. No se supervisa, se
educa desde el miedo y no desde un uso saludable, lo que hace que si aparece el riesgo,
los niños, niñas y adolescentes no sepan identificar las personas de referencia para
ayudarles”. Y añade: “la premisa fundamental que se está dejando a un lado es la
enorme necesidad de analizar la función que se tiene para los niños, niñas y
adolescentes (NNA) su exposición de información personal en las redes sociales”.

Pero, desde el ámbito educativo nos encontramos con una contraposición muy
importante, ya que cada vez más, se incluye en los planes de estudios de los diferentes
centros educativos la competencia digital.

Un ejemplo de ello es el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Madrid, en el que se


enseña a los alumnos desde pequeños esta competencia, una más dentro del ámbito
educativo. Gloria Laso López, directora del centro comenta que en el colegio se
imparte formación en estas tecnologías a los alumnos y docentes cada vez que se
implanta un sistema nuevo y añade que todos los profesores tienen que tener un mínimo
de conocimiento del uso de los dispositivos y de las nuevas tecnologías. En cuanto al
uso de estos dispositivos tecnológicos en las aulas, comenta que para cada etapa tienen
regulado un uso. “A partir de 1º de Primaria utilizan un dispositivo que no traen ellos, es
propiedad del centro y que el centro controla su uso y solamente tiene acceso a una
herramienta concreta que es la Snappet, una especie de tableta pequeñita que utilizan los
alumnos unas 4 o 6 horas a la semana. Eso es de 1º a 3º de Primaria. A partir de 4º de
Primaria, utilizan un determinado número de horas (10/12 horas a la semana) el
Chromebook, que es otro dispositivo en el que ellos trabajan”. Asimismo, añade que el
uso de móviles sí que está permitido en el centro, siempre y cuando los alumnos no

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utilicen la red wifi del colegio. “Nosotros lo controlamos a través de un programa en el
propio controlador de la red wifi. Hemos comprado un controlador de la red wifi que
solamente permite crear usuarios. Solamente permite usuarios determinados y el
controlador avisa de cuántos usuarios están intentando acceder a la red o ya han
accedido. Se nos ha dado el caso que hace un par de meses, hubo un alumno que puso la
contraseña en el móvil y no lo detectamos pero el controlador nos dio un aviso. Ellos
saben que no está permitido y que cuando tienen que utilizar el móvil por algún motivo
pedagógico, solamente lo pueden utilizar para ese motivo pedagógico en clase”.

Pero por mucho control que haya, hay algo que falla y los problemas siguen estando
presentes. Estar conectado continuamente no solo puede desembocar en una adicción,
sino que también es caldo de cultivo para otros comportamientos o delitos como son el
ciberbullying, sexting, grooming o las conductas autolíticas. De esto habla Vanessa: “la
relación existe entre el uso que se da de las TRICs y la base de necesidad de aceptación
social, presión de grupo, habilidades sociales y emocionales presentes en el uso que se
da en las nuevas tecnologías. Cuando estemos
Las conductas autolíticas
frente a una persona con una adicción a Internet,
generalmente estas habilidades sociales y Las ideas autolíticas o también
emocionales pueden estar afectadas, y la denominadas en inglés, hate speech
necesidad de ser aceptado, de no saber poner son conductas que promueven la
límites a su exposición, a Internet, la necesidad autolesión de todo aquel que las
de sentir y buscar afecto a través de las TRICs y sigue. Se trata de páginas o juegos
no en otros contextos, hace a la persona más online alojados en la deep web, por
vulnerable a la exposición a tales riesgos”. lo que es necesario disponer de un
enlace para poder acceder a ellos.
Y, ¿cómo actúan los padres ante esto? Ejemplos de este tipo de contenidos
son las páginas “Pro-ana” o “Pro-
Tal y como dice Ismael López, policía nacional mia” o el “juego de la ballena
y componente de la Unidad de Participación azul”, que en Países del Este ha
Ciudadana en la Comisaría de Ponferrada, “el llegado incluso a provocar muertes.
único antídoto contra todas estas adicciones es
trabajar desde abajo, desde la infancia. Estamos viendo que desde ya hay que trabajar
con ellos en este sentido. La única vacuna o antídoto es la educación. La educación
primaria, la educación con los padres, que para nosotros es la fundamental y después la
secundaria, la que se tiene que dar en los centros escolares”.

Los pacientes

En cuanto a lo que respecta a los pacientes o tecnoadictos, nos encontramos con


diferentes perfiles. Molina habla de dos perfiles: “uno que es el del joven pero que
viene casi arrastrado por sus padres que te lo traen pero que no tiene ninguna conciencia
del problema. Cuando digo joven, estoy hablando de alguien, a lo mejor de 12 a 15/16
años y entonces, la conciencia es prácticamente nula. Luego hay otro perfil que es gente
ya de algo más de edad, en la cual ellos ya sí están identificando que tienen un problema
y acuden, con la intención de intentar salir de esa problemática.

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Va en esas dos líneas. Gente muy joven pero que normalmente al final, lo que terminas
es fundamentalmente trabajando con los padres para que establezcan unas pautas”.

Haciendo referencia a los efectos, las características de una tecnoadicción causa:


tolerancia, síndrome de abstinencia y dependencia. López habla de que “en una
drogadicción, la dependencia es que necesitas cada vez que ese estímulo sea mayor. En
la tecnoadicción pasa lo mismo. Muchas veces vemos que la principal señal de un
tecnoadicto es negar el problema. Idénticamente igual que le pasa a un adicto a las
drogas”. Y añade que “estamos empezando a ver los efectos de una tecnoadicción a
medio plazo, a corto plazo todos los sabemos. A medio plazo ya estamos empezando a
ver problemas de adicciones, problemas de chicos que sacan malas notas y niños.
Hemos tenido aquí algún caso de niños de 9, 10 y 11 años con depresiones, visitando al
pediatra y el pediatra derivando al psiquiatra o al psicólogo para que le de medicación.
La señal principal es la negación del problema por parte del individuo. De aquí a un
tiempo veremos los efectos a largo plazo”.

Entonces, no se trata de un problema asociado solo a jóvenes y adultos, sino que


también estamos viendo que niños, menores están cayendo en esta red. Por lo tanto, al
tener el riesgo tan cerca, ¿qué edad es la adecuada para usar estos dispositivos? En este
término todos los especialistas coinciden en lo mismo. Y es que, a pesar de que cada
aplicación o cada red social estipule una edad mínima para acceder a sus contenidos, no
puede haber una edad fija para todo el mundo. Depende de la madurez, de las
características de cada persona, por lo que tiene que ir acompañado de pautas, de límites
que impongan los padres y las familias, tiene que ser un proceso, siempre acompañado
y vigilado por estos sujetos.

En definitiva, como hemos visto, la prevención y la formación en este campo, al igual


que en los demás, es fundamental. Ya no solo porque la Organización Mundial de la
Salud (OMS) decida incluir en la Nueva Clasificación de Enfermedades el videojuego
como un trastorno, porque no solo se trata de los videojuegos, sino de los móviles y los
dispositivos en sí. Entre los políticos se está diciendo que quieren crear un Pacto de
Estado sobre la tecnoadicción o, como le llaman
ellos “la nueva droga sin sustancia”, pero eso se
tiene que llevar a la práctica. Se tienen que tomar
medidas al respecto para frenar o, al menos,
controlar, esta nueva droga y como consecuencia,
su adicción, que avanza sigilosamente y se
incrementa progresivamente en nuestra sociedad.

Ismael López en la Comisaría


de Ponferrada