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DOLOR DE ESPALDA / ENERO 11, 2018

Dolor lumbar de origen visceral. Caso clínico.


A finales de junio vino a mi consulta un paciente aquejado de dolor
lumbar. Hasta aquí todo normal pues casi 8 de cada 10 pacientes que
trato padecen dolor en esta zona baja de la espalda con o sin ciática
asociada.

Este paciente era un chico de 40 años, con semblante serio y


compungido. Venía encorvado, con postura “derrumbada” reflejo de
su estado de ánimo. Su relato mostraba desesperación, agobio y bajo
ánimo. Su dolor lumbar había comenzado hacía más de 2 años y lo
tenía desde entonces 24 horas al dia, todos los días. Era un dolor
costante en cualquier posición, incluso en la cama. No aumentaba
especialmente al realizar ningún gesto ni tampoco se aliviaba con
nada, ni siquiera con medicación. Había pasado varias veces por el
médico y cuando llegó a mi, tomaba varios antiinflamatorios al día
además de diazepam para dormir. Le habían hecho pruebas y a nivel
médico no había nada en sus lumbares que pudieran originar dolor
semejante. Al final, el médico insinuó el uso de parches de morfina o
la toma de antidepresivos. Estaba de baja laboral y en su tiempo libre
no realizaba ninguna actividad de ocio o diversión ni ninguna actividad
física. Estaba realmente afectado. Me preguntó varias veces: ¿ Pero
me vas a quitar el dolor verdad? ¿ Tu crees que mejoraré? Con una
ansia por mejorar sincera y desesperada.

En la exploración no veo grandes alteraciones posturales más allá de


una retraccion de cadena posterior en piernas. Tampoco contracturas
ni bloqueo en los iliacos. Me llama la atención dos grandes cicatrices
que decoran su tronco por delante. Una en el esternón debido a un
“pectum escavatum” de adolescente. Y otra, gruesa, a nivel abdominal
por dos obstrucciones intestinales a la edad de 4 años. En esa zona
los tejidos se notan adheridos y con poca capacidad de movilidad.

Prosigo mi exploración ahondando un poco más en el estilo de vida


del paciente y me confiesa que su alimentación es bastante mala. Hay
cafés diarios en su dieta, lácteos sobre todo queso, cervezas y gran
consumo de carnes sobre todo rojas. Comida rápida y fritos y total
ausencia de verduras , frutas y pescado. Su intestino estaba irritado,
sus deposiciones eran blandas, sin consistencia muchas veces.

Después de todo esto mi hipótesis es que su dolor lumbar tiene un


claro origen visceral. Su intestino está en disfunción bien por no llevar
una alimentación adecuada, bien porque desde pequeño ya hubo
problemas a ese nivel que intentaron solucionar via quirúrgica en dos
ocasiones.
Junto con otro colega fisioterapeuta al que había acudido días antes,
coincidimos en que lo prioritario es dar pautas adecuadas de
alimentación y en su caso hacer un cambio drástico. Eliminamos de
su dieta el alcohol, el café, los dulces, azucares, alimentos
procesados, el trigo, los lácteos y los fritos. Aconsejamos el consumo
diario en comida y cena de verduras y hortalizas y dos piezas de fruta
al día. Eliminamos por completo el consumo de carne durante el
primer mes y recomendamos el pescado blanco y azul y los frutos
secos crudos y semillas. Cambiamos el arroz blanco por integral y
ayudamos con un par de suplementaciones para ayudar a su intestino
e hígado a recuperarse. Me pregunta por la medicación: “la
dejo?” Le pregunto que si nota que al tomarla su dolor se alivie. Su
respuesta un rotundo NO…

He de decir que el paciente se lo tomó al pie de la letra y a pesar de la


diferencia entre estas nuevas pautas y su alimentación habitual hizo
un cambio drástico y repentino. Esto es de agradecer ya que en la
siguiente consulta, a penas 15 días después el paciente ya refería
leve mejoría del dolor. Seguía siendo diario pero más leve. Los
primeros días tuvo dolor de cabeza y sensación de cansancio debido
al proceso de desintoxicación, pero siguió adelante. Me comentó que
por su cuenta dejó la medicación para el dolor, y curiosamente esos
15 días había estado mejor.

Mis sesiones mientras tanto fueron encaminadas al trabajo fascial a


nivel abdominal, sobre todo intestino delgado y grueso, elastificación
del mediastino, diafragma y parrilla costal. Trabajé también a
nivel lumbar y articulaciones sacroiliacas y trabajé en globalidad la
cadena posterior. Le recomendé retomar actividades de ocio y vida
social ya que pienso que en su sufrimiento constante estaba también
un poco encerrado en sí mismo.

La tercera consulta había pasado un mes y me contó que se había


notado tanta mejoría que había comenzado a ir a nadar como solía
hacer.

La siguiente sesión fue pasado otro+ mes. Entró en mi consulta


sonriendo, caminando a paso alegre y diciendo desde fuera : qué tal
Sara, cómo estas? El cambio lo vi al instante y luego él me lo
confirmo. Ya no había dolor lumbar, sólo una leve molestia que no
estaba presente siempre. Una leve molestia que igual notaba al estar
mas tiempo sentado o de pie quieto, o tras hacer más rato de
caminata o natación. Me comentó que podía hacer vida normal, que
su dolor no estaba presente en su mente, que podía pensar en otras
cosas. Había disfrutado de unas vacaciones con una calidad de vida
como hacía años que no tenia. Seguía con el deporte y había
comenzado a trabajar tras la baja. Estaba realmente contento.
Decidí fijar una cita para dentro de 3 meses y pedirle que sigua igual.
Se sorprendió y mostró un poco de “miedo” por estar tres meses sin
tratamiento manual, pero yo confiaba plenamente en que los cambios
los tenía que hacer y mantener él.

Volvió un poco antes de final de año. Cuando entró por la puerta,


literalmente no le reconocí. Se había afeitado su gran barba y cortado
el pelo. Se le veía cambiado, alegre, erguido, hasta más guapo. Me
dijo que seguía con las pautas que le di a rajatabla y que no
tenía dolor. Cero dolor. Trabajaba normalmente, hacía deporte 5 días
a la semana y vivía sin pensar ya en que durante los últimos dos
años el dolor lumbar condicionaba su vida y era el centro de ésta. Le
recomendé seguir ya una dieta básica sana (una dieta
mediterránea normal) con alguna restricción y hacer vida normal.
Quedé en verle dentro de 6 meses. Los dos nos fuimos realmente
felices.

Con éste ejemplo, el último y de los más claros que he tenido en


consulta, simplemente quiero demostrar que hay alternativas a un
dolor crónico más allá de considerar al paciente psiquiátrico después
de haberlo intoxicado a pastillas. También quiero dejar claro que una
vez más se demuestra que no hay magia ni tratamientos milagrosos y
que la curación de cada uno pasa por un cambio propio y un esfuerzo
que ningún terapeuta puede hacer por ti sólo con una hora de
tratamiento manual cada cierto tiempo. El cambio, el inicio del camino
hacia la mejoría siempre está en cada uno. Somos los dueños de
nuestro cuerpo y nuestra mente. Y por tanto, los únicos responsables.