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Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el

encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor "que en
los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador" nos muestra el
camino a seguir.

Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para
redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a
Cristo presente en los hermanos necesitados.

Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando
en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en
distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la
única familia humana.

Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir
nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio
pleno de la alegría de la Pascua.

Papa Francisco.

El Papa resaltó que "ser catequista requiere amor, amor cada vez más fuerte a Cristo y amor a
su pueblo santo y este amor necesariamente viene de Cristo". "¿Qué significa este venir de
Cristo para un catequista?". En tres puntos lo explicó:

- La familiaridad que se debe gestar entre el catequista y Jesús. Y aseguró que tener un "título
de catequista" es solo un pequeño camino porque enseñar la fe no se trata de de un título,
sino que "es una actitud".

Dejarse mirar por Cristo, señaló el Obispo de Roma, es una forma de rezar. "Esto calienta el
corazón, tiene acceso al fuego de la amistad, hace sentir que Él verdaderamente me mira, está
cerca de mí y me quiere", indicó.

El Papa reconoció que entiende que no es sencilla la tarea, "especialmente para quien está
casado y tiene hijos". Expresó que no es necesario hacer todo de la misma manera, porque en
la Iglesia "hay variedad de vocaciones y variedad de formas espirituales". Lo importante,
remarcó, "es encontrar el modo adecuado para estar con el Señor; y esto se puede, es posible
en cada estado de vida".

El segundo elemento que puntualizó es imitar a Cristo en el salir de sí e "ir al encuentro con el
otro". Aunque aceptó que parece una experiencia paradójica, describió: "¡Quien pone al
centro de la propia vida a Cristo se descentra! Cuanto más te unís a Jesús, Él se convierte en
el centro de tu vida; cuánto más Él te hace salir de ti mismo, te descentra y te abre a los
otros". Y utilizó una metáfora al decir que el corazón del catequista realiza esas acciones
como los movimientos cardíacos de la sístole y la diástole.

En tercer lugar, Francisco habló de la historia de Jonás, un hombre pío que cuando el Señor
lo llama para predicar en Nínive no se siente capaz. "Nínive está fuera de sus esquemas, está
en la periferia de su mundo. Dios no tiene miedo de las periferias". Y añadió que Dios es
siempre fiel, creativo, no es cerrado ni rígido, nos acoge, nos viene al encuentro, nos
comprende.

También destacó la creatividad del catequista como una columna de su labor. "Si un
catequista se dejan llevar por el miedo, es un cobarde; si un catequista se queda tranquilo
terminan por ser una estatua de museo; si un catequista es rígido, se vuelve reseco y estéril",
advirtió.

Hay que despertar la palabra, porque cada palabra tiene dentro de sí una chispa de
vida y este es el primer deber del comunicador
Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos
juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era
verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé
paz a nuestros días. Feliz Pascua.

Papa Francisco.

"Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las
costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta
en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la
autopreservación"
Papa Francisco.
Evangelii Gaudium (N° 27)

El 1 de mayo la Iglesia celebra la Fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores, fecha
que coincide con el Día Mundial del Trabajo. Esta celebración litúrgica fue instituida en 1955 por el
Siervo de Dios, Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el
Vaticano.
El Santo Padre pidió en esa oportunidad que “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar
delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de
vosotros y de vuestras familias”.
Pío XII quiso que el Santo Custodio de la Sagrada Familia, “sea para todos los obreros del mundo,
especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos
del trabajo”.
Por su parte, San Juan Pablo II en su encíclica a los trabajadores “Laborem exercens” destacó
que “mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias
necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido ‘se hace
más hombre’”.

Posteriormente, en el Jubileo de los Trabajadores en el 2000, el Papa de la Familia dijo: “Queridos


trabajadores, empresarios, cooperadores, agentes financieros y comerciantes, unid vuestros
brazos, vuestra mente y vuestro corazón para contribuir a construir una sociedad que respete al
hombre y su trabajo”.
“El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Cuanto se realiza al servicio de una
justicia mayor, de una fraternidad más vasta y de un orden más humano en las relaciones
sociales, cuenta más que cualquier tipo de progreso en el campo técnico”, añadió”.

"Todos tienen derecho de recibir el Evangelio y los cristianos tienen el deber de


anunciarlo sin excluir a nadie."
Papa Francisco.

El Papa indicó que “las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del
individualismo egoísta” ya que ‘individuo’ quiere decir ‘que no puede ser dividido’”.
Pero “las madres, en cambio, se ‘dividen’, ellas, desde cuando acogen un hijo para
darlo al mundo y hacerlo crecer”.

El Papa en Pentecostés: Desterremos la cizaña y la envidia y perdonemos al que hace mal


Uno de los frutos del Espíritu Santo es el perdón, que “libera el corazón y le permite
recomenzar: el perdón da esperanza”, por tanto, “sin perdón no se construye la Iglesia”,
manifestó el Papa Francisco en la homilía que pronunció con motivo de la Misa en la
Solemnidad de Pentecostés.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,10-17):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en
parábolas?»
Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a
ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta
lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni
entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender;
miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de
oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el
corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros
oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis
vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

Palabra del Señor

Transfiguración de Jesús Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10)


Fiesta, nuestro Señor mostró su gloria a tres de sus apóstoles en el monte Tabor, 6 de
agosto.

Un poco de historia

Jesús se transfiguró en el monte Tabor, que se se encuentra en la Baja Galilea, a 588


metros sobre el nivel del mar.

Este acontecimiento tuvo lugar, aproximadamente, un año antes de la Pasión de


Cristo.
Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro, Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo,
este don.

Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace
presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede
describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran
resplandecientes como la luz.

Pedro quería hacer tres tiendas para quedarse ahí. No le hacía falta nada, pues estaba
plenamente feliz, gozando un anticipo del cielo. Estaba en presencia de Dios, viéndolo
como era y él hubiera querido quedarse ahí para siempre.

Los personajes que hablaban con Jesús eran Moisés y Elías. Moisés fue el que recibió
la Ley de Dios en el Sinaí para el pueblo de Israel. Representa a la Ley. Elías, por su
parte, es el padre de los profetas. Moisés y Elías son, por tanto, los representantes de
la ley y de los profetas, respectivamente, que vienen a dar testimonio de Jesús, quien
es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas.

Ellos hablaban de la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de Jesús es hablar


de su amor, es hablar de la salvación de todos los hombres. Precisamente, Jesús
transfigurado significa amor y salvación.

Seis días antes del día de la Transfiguración, Jesús les había hablado acerca de su
Pasión, Muerte y Resurrección, pero ellos no habían entendido a qué se refería. Les
había dicho, también, que algunos de los apóstoles verían la gloria de Dios antes de
morir.

Pedro, Santiago y Juan experimentaron lo que es el Cielo. Después de ellos, Dios ha


escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia antes de morir: Santa
Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresita del Niño Jesús y San Pablo, entre otros.
Todos ellos gozaron de gracias especiales que Dios quiso darles y su testimonio nos
sirve para proporcionarnos una pequeña idea de lo maravilloso que es el Cielo.

Santa Teresita explicaba que es sentirse “como un pajarillo que contempla la luz del
Sol, sin que su luz lo lastime.”