Vous êtes sur la page 1sur 16

DESENMASCARANDO Y DESACTIVANDO A GUENON

Y AL PERENNIALISMO – I –
Última actualización mayo 3, 2017 by mezquitaglobal
En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia; y la
plegaria y la paz sobre Muhammad, el sello y corona de los profetas, así como su familia
purificada y sus nobles compañeros.

Pienso que con la serie que escribí en mi anterior blog (al Andalus una sola Umma), de la
cual este artículo es un resumen, junto con la obra del hermano Samir Hariche, basta para
haber desenmascarado a Guénon; ya que hay que reconocer que hasta entonces nadie se
había atrevido a rebatir su doctrina en Europa.

Somos pues precursores en esto con la ayuda y la luz de Allâh. Es un deber para mí salir
al paso de toda aquella puerta abierta por la cual existan posibilidades de abandono del
Islam.

Nadie ha provocado, con su falsa y torpe doctrina, tantas apostasías del Islam, como lo
hizo este empresario del vino francés falsamente reconvertido en sufí.

Pero entremos en materia:

Más de 7 años llevamos hablando de doctrina islámica, intentando proponer sobre ella una
visión frontal, real y profunda. No nos hemos detenido demasiado sobre un tema, aunque
si lo hemos abordado en toda su complejidad utilizando el menor número de párrafos
posible, a fin de hacer comprender lo esencial de la exposición. No es una época para
libros, ya que casi nadie se toma la molestia de leer. Ya sea por el estrés de la vida
cotidiana o por la comodidad de “pensar a la carta”, nadie, o casi nadie, soporta horas
enteras delante de un libro por muy interesante que éste pudiera ser.

Esto nos lo demuestra la triste experiencia vivida por nuestro hermano y amigo Samir
Hariche quien escribió la mejor obra que conozco hasta hoy destinada a rebatir las
peligrosas y erróneas tesis del autor mencionado al que se le conoce como la cabeza del
Perennialismo. Dicha obra tuvo poca difusión, precisamente por lo que acabamos de
explicar con respecto a las lecturas.

https://sites.google.com/a/khatov.faith/adnanhayden/el-perennialismo-a-la-luz-del-islam-
B00H464WDY
Hay sujetos recurrentes los cuales se presentan una y otra vez en la vida del nuevo
musulmán. Aunque el Islam se encuentra incólume en su doctrina, si es cierto que la
información que llega de él es, en gran parte de las ocasiones, sesgada y traficada. Ya
hemos repetido hasta la saciedad es “secuestro” de la mentalidad juvenil islámica por parte
de los wahabitas y salafis.
Casi una mitad de conversos toman el Islam vía centros islámicos wahabies o salafies y la
casi otra mitad lo hace a través de todo un menú de doctrinas inventadas, entre las cuales
sobresale el Perennialismo en cualquiera de sus versiones. La razón de esto es simple: la
comodidad intelectual de no tomarse molestia por aprender nada que no sea presentado
como una transmisión deportiva, es decir en argot mucho más claro: de no molestarse por
aprender. Esto lo saben las “mafias del intelecto”, las cuales son nutridas a través de un
aparato propagandístico convenientemente financiado, el cual provee información a
aquellos quienes, por una circunstancia u otra, aprenden “de oído”. Lo fácil nunca tiene la
recompensa de lo costoso, siendo la de esto último inmensamente más grande.

Y todo el bien que adelantéis en beneficio de vuestras almas, lo encontraréis junto a


Allah; es verdad que Allah ve lo que hacéis. (2-109)
Cuando una persona no muy bien anclada en doctrina del Islam se pone en contacto con
el Sufismo, habida cuenta de que éste en nuestra época no se encuentra visiblemente
representado por personas de una mínima categoría espiritual, cae en el riesgo de
confundir las doctrinas de los sufís con las propuestas masónicas “seudo sufis” producto,
ya sea de tariqats desviadas o en punto muerto, ya sea de nuevas falsas tariqats nacidas
para demoler las bases del Sufismo.

Algunos, ¡pobres de ellos! dan con obras de autores como Réné Guénon, Frithjof Schuon,
Martin Lings o Idrieš Šah, o de autores como Ian Dallas alias Abdel Qader A-s-Sufi,
quienes en lugar de representar al sufismo, representan en realidad, de una manera más o
menos directa, los intereses oscuros de una Masonería cuya finalidad es destruir la religión
de la Verdad (el Islam) con el fin de dar nacimiento a la religión internacional del Daŷŷal; el
sueño masón.

Uno de los mayores expositores de estas doctrinas, como hemos expresado en cabecera
de nuestra exposición, se llamaba Réné Guénon, escritor infatigable de obras las cuales
no han hecho otra cosa que provocar deserciones del Islam a las que comúnmente
llamamos “apostasía”.

Para ello, Guénon quiso patrocinar una doctrina que imitara la vida tradicional islámica al
igual que el mono imita al ser humano; esto a fin de hacer creer a propios y extraños que
el Islam, y en concreto el Sufismo, eran siervos “dignos” de esa Tradición Primordial que él
y sus gurús hinduistas inventaron por inspiración satánica, sin duda alguna.

No en vano, como si de una ironía del destino se tratara, su apellido le delataba. Y es que
la Ḥikma de Allâh es inmensa. Me explico: la palabra francesa Guénon se traduce al
español por “macaco”, precisamente el tipo de mono que se sirve más de la imitación.
Guénon, haciendo gala de su apellido, dándole realce, trató de construir un sufismo de
imitación, una doctrina recosida y remendada a la manera y el gusto de los intelectuales
elitistas que comenzaban a despuntar en la Europa inter guerras (primera y segunda
guerras mundiales).

Por si fuera poco, otra “ironía del destino” o mejor expresado “Hikma de Allâh”, es que
Guénon era un empresario del vino y vivía de las rentas de sus bodegas, herencia por otra
parte de sus antecesores establecidos en la región donde se enclava la ciudad de Blois, en
Francia. Un vinatero practicante del Islam y del Sufismo, lo nunca visto. Este hecho resulta
cuando menos cómico cuando sabemos lo escrupulosos que hemos sido siempre los sufís
de todas las épocas en no comer nada que, aunque fuera de manera indirecta, procediera
del Haram.

Cuando nos encontrábamos escribiendo, hace 5 años, sobre este asunto en nuestro blog,
nuestro querido hermano y amigo Samir Hariche nos escribió un email diciendo que él se
encontraba terminando un libro en el cual denunciaba la herejía perennialista de Guénon,
Schuon y algunos más a la luz del Islam. Aquello nos reconfortó haciéndonos saber que no
estábamos solo en nuestra empresa. A pesar de que han pasado 5 años desde estos
escritos nuestros, he creído necesario presentarlos retocados y resumidos a fin de
esclarecer lo erróneo de conceptos que se han adherido en la mente de algunos de
nuestros hermanos, donde viven como parásitos, transmitiéndose de manera insensible a
sus pensamientos y tomas de decisiones.

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE GUENON


A pesar del pretendido espíritu tradicional que era el suyo, encontramos dicha pretensión
por el amor a lo tradicional contrastada con su gusto por lo raro y refinado; seguramente
de ahí su instintiva atracción primaria por el hinduismo en un París cuna de todas las
modas. Los gurús habían sido exportados por Inglaterra a Francia con la misión de ayudar
a la formación de la Franc-Masonería; algunos se quedaron en aquella Francia, cuna de
todas las modas, y nuestro autor contactó con ellos.

Su formación como matemático, frustrada por una enfermedad, la cual no le permitió


seguir los cursos en la universidad, queda reflejada en el exceso de fijación en sus
escritos. Así mismo su frustración por no poder estudiar en la universidad, la vemos
reflejada en su obra en un capítulo titulado bajo la designación: “La superstición
universitaria”, el cual refleja, a una manera muy parisina por cierto, su frustración por no
haber podido cursar Matemáticas exactas en la Sorbona. No podemos olvidar que las
rentas de Guénon, de las cuales se ayudaba en su economía personal, procedían de unos
viñedos y bodegas heredados de su familia; familia esta de vinateros, en el departamento
de Blois donde nació. Estas rentas, junto con el dinero ganado dando algunas clases,
permitieron a Guenon disponer el tiempo necesario para escribir, así como para practicar
la masonería, el hinduismo (del cual fue expulsado por revelar sus secretos), así como
formar una falsa tariqa sufí en El Cairo junto con Salama Radi, quien revelándose contra
su šayj de la Darqawiya encontró en Guénon su aliado perfecto, y en una oficina inglesa
del Cairo donde se inscribían nuevas y falsas tariqas, su soporte administrativo-legal.

Si pudiéramos resumir el “perennialismo” guenoniano, seguido por Valsan, Schuon, Lings,


Evola, Mitrai de Miterovich, Masignon, Ageli y alguno más, seguramente lo haríamos sin
falta al pronunciar sus términos y conceptos más destacados:

Tradición, tradicional, Tradición Primordial o Hiperbórea, Elite intelectual, iniciación,


realización, Oriente-Occidente.

No obstante, su tesis preferida, a la cual dedicó más palabras y la que le produjo más
desvelos es la de la Tradición Primordial, entendiendo por ésta una especie de súper
religión de “elegidos”, la cual, siempre según él, hubiera dado a luz, una a una, a todas las
religiones conocidas. Dichas religiones, según Guénon, serían una expresión imperfecta
de dicha tradición Primordial, siendo la menos imperfecta de todas, y más acorde a la
matriz, la “religión hindú”. Réné Guenon no consideraba el Islam sino como una religión
mediocre, la cual se debía tomar debido a la imposibilidad de nosotros, como
“embrutecidos e ignorantes” occidentales en seguir el hinduismo, el que según Guenon se
encontraba por encima del Islam.

Era pues, según él, el Islam, una religión de circunstancias, solamente válida para seguir la
tradición primordial vinculándose al sufismo. He aquí por qué muchas sectas seudo sufis
presentan esos tintes satánicos denunciados por muchos musulmanes. Pero esto será el
objeto de otro escrito que vendrá más adelante.

Esta es la declaración de intenciones y la carta de presentación de los escritos de Guénon.


Siguiendo sus razonamientos, la realización espiritual sería únicamente posible si la
religión seguida era o no una expresión de la Tradición Primordial.

La Šari’a islámica, según el perennialismo guenoniano, no es sino una burda expresión,


necesaria para la plebe pero insignificante para los elegidos. ¡Que contraste con las
palabras del profeta significando el salat como el colirio de sus ojos!

He aquí uno de los velos de Guenon: “El orgullo”, tan común entre los escritores franceses
de la época que se había convertido en hilo conductor. Dicho orgullo, el cual le sugirió
siempre formar parte de la “élite de elegidos”, fue el hilo destructor de sus escritos en los
cuales explicaba la iniciación y realización como estando presentes en mayor o menor
proporción en todas las religiones, siempre, como no, dependiendo de su vinculación más
o menos directa a la sacrosanta e inalcanzable Tradición Primordial, cuna de todas sus
fantasías.

Otro descubrimiento que hemos hecho recientemente es su desesperada defensa de la


franc-masonería (judeo-masonería) en sus controversias con Monsieur Jouin, quien
editaba una revista anti judeo-masónica titulada “La revista internacional de las
Sociedades Secretas”. Curiosamente, estas controversias fueron suscitadas durante su
estancia en el Cairo, lo cual demuestra que la filiación pretendida de Guénon al sufismo no
era sino una tapadera la cual cubría el ánfora de las serpientes.

¡Un sufí defendiendo la francmasonería! ¿Sería el efecto de los vapores de sus bodegas?

Increíbles dichas controversias provenientes de alguien quien en sus escritos precedentes


había denigrado la franc-masonería, nacida en los estertores del siglo XVIII.
Probablemente sean ciertas las presunciones de algunos de su pertenencia a la judeo-
masonería hasta los últimos días de su vida. Nosotros no lo sabemos a ciencia cierta,
aunque todas las pruebas a convicción lo demuestran, pero sí sabemos que las obras
escritas a partir de 1934, fecha en la que se vinculó a un falso šayj sufí llamado Salama
Raḍi, no demuestran un cambio de ideas en sus errores sobre la tradición primordial. Es
más, lo más sorprendente es que en los últimos escritos de Guenon no existe
arrepentimiento alguno con respecto a sus teorías precedentes. Esto nos lo demuestra el
vórtice al que hace referencia en “El simbolismo de la cruz”, escrito en su época “sufí” obra
en la cual invierte completamente el verdadero proceso de la Realización Espiritual
(Haqiqa) propuesta por el Sufismo en el Islam. Este punto lo trataremos más adelante
como podréis ver.

¿Era pues Guenon un segundo Pablo de Tarso? Es verosímil esta posibilidad cuando
contemplamos los horribles estragos que han causado sus teorías en el seudo-sufismo, el
cual ha basado sus tesis en las de Guenon.

Mientras Rasul – sobre él la plegaria y la paz – nos conmina a considerar a los


musulmanes como hermanos, sea cual fuere su condición o la fuerza o debilidad de su fe,
para el perennialismo guenoniano se trata, salvo en el caso de los sufís, claro está, de
plebe de baja casta intelectual, extraviados de la verdad, de populacho, hablando clara y
llanamente.

Es curioso, que después de unos cuantos años de Islam, algunos necesiten aún estas
palabras para desembarazarse de este error. Sin embargo, después de haber
comprendido lo necesario de esta exposición, a fin de hacer desaparecer de algunos
espíritus el “tabú perennialista” y la “guenondependencia” nos hemos decidido escribir,
rebatiendo esta engañosa tesis a la luz del Qur’an y de la Sunna; y ello siempre a fin de
que los vapores de las bodegas del sujeto en cuestión no continúen embotando
inteligencias que una vez educadas podrían ser de mucha utilidad

LA FANTASIA DE LA TRADICION PRIMORDIAL


Como hemos esbozado, la Tradición Primordial guenoniana es una religión
pretendidamente superior nacida en los albores de la historia, en aquello lo cual la doctrina
hindú de los ciclos cósmicos llama: La Edad de Oro de este Manvántara.

Según esa doctrina cada Manvántara consta de 60.000 años y cada ciclo de Manvántaras
consta de catorce de estos, es decir 840.000 años. Al final de cada Manvantara la tierra es
destruida y vuelta a resurgir de sus cenizas al principio del siguiente, con la ayuda, como
no, de una élite intelectual de elegidos los cuales se ocuparán de hacer el trasvase, en el
que los miembros del club Guenon sin duda tendrían un protagonismo de honor. Un ciclo
indefinido en el cual nunca existe un fin temporal. Un amor exacerbado de la vida de este
mundo, puesto en relieve como trasfondo a una teoría de locos; de locos primordiales.

Cada Manvantara consta de cuatro edades: Oro, Plata, Bronce y hierro. Ahora nos
encontramos en la edad de hierro y después de la destrucción de la tierra, otra será creada
en su lugar. En la edad de oro la espiritualidad se encontraba en su punto álgido y va
perdiendo paulatinamente hasta que llegamos a la edad de hierro donde predomina la
ignorancia, edad esta, en la cual Guenon afirma que nos encontramos desde hace 10.000
años.

Aprovechando esta doctrina, Guenon asegura que la Tradición Primordial comienza y es


perfecta en la Edad de oro, pierde parte de su originalidad primaria en la edad de plata, se
oscurece en la edad de bronce y queda proscrita y oculta en la edad de hierro, edad en la
cual, siempre según el señor Guenon, predomina la oscuridad y la barbarie.

No nos extraña en absoluto la expulsión de Guenon del hinduismo por parte de su gurú,
precisamente por haber revelado y hecho públicos los secretos bien guardados de dicha
“religión”; secretos estos que no son otra cosa que una declaración de intenciones la cual
muestra los puntos débiles del Hinduismo de una forma alarmante para sus siniestros y
“tradicionales” fines.

Conociendo las tesis, éstas se pueden rebatir, y fácilmente además, como lo vamos a
hacer en unos instantes. Como dice un dicho popular español: “Más sabe el diablo por
viejo que por diablo”. El gurú de Guenon, viejo diablo avezado en mil batallas, sabía que
su inocente discípulo no podía comprender el alcance auto destructor de sus secretos
desvelados paseándose por muchas de las librerías de Occidente.

El principio del hadiz de Ŷâbir, transmitido por el šayj del Imân Nawawy, así como por
todas las cadenas iniciáticas sufís verdaderas dice lo siguiente:

Allâh estaba Solo y nadie con El. Tomó un puñado de Luz de Sí Mismo, lo hizo salir
de Su Mano diciendo: “Sé Muhammad” (Kun Muhammadun). Dicha luz se volvió
hacia Allâh y se prosternó ante él. Con esa Luz fueron creados los cielos y la tierra y
todos cuantos ambos contienen.
Este hadiz destruye la teoría de la Tradición Primordial, tal y como la presencia de ˤIsâ –
sobre él la paz – hará disolverse al Daŷŷal. ¿Cómo? Simplemente diciendo que
Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – es la luz de la cual han salido todos los
Profetas, que esa luz tomó cuerpo hace casi 1500 años y que el mismo Muhammad se
refirió a su generación y a las dos siguientes como las mejores generaciones que jamás
hayan existido.

El mismo Libro de Allâh dice:

Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está
bien, prohibís lo que está mal y creéis en Allâh (3-110)
¿Cómo siendo los musulmanes la mejor comunidad podría haber habido otra mejor antes?
Simplemente las tesis de Guenon no eran islámicas y su afiliación al Islam queda en
entredicho totalmente a la luz de este hecho.

Anas Ibn Malik transmitió que el Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz –
dijo:
La duración de la vida del mundo es de siete días según los días del Ajira. Allâh
Todopoderoso ha dicho que un día junto a vuestro Señor es como mil de vuestros
años; Allâh retribuirá el equivalente en buenas acciones de siete mil años, que son
la edad de este mundo, para aquel quien responde a las necesidades de sus
hermanos en religión en el camino de Allâh, como si hubiera pasado sus días
ayunando y sus noches en adoración (Al Muttaqi al Hindi, Al Burhan fi Alamat al Mahdi
Ajir Zaman p.8).
Como acabamos de leer la vida del ser humano en la tierra es de siete mil años. Esto lo
corroboran asimismo, tanto la Tora y Evangelios originales, como la genealogía que
encontramos en “La Historia de los Profetas” de Ibn Kazir en los cuales podemos leer
todos los descendientes de nuestro padre Adam – sobre él la paz – hasta la llegada de
Jesús – sobre él la paz -.

Así pues, no existen Tradición Primordial, ni edad de oro otra que el Islam, el cual ha sido
revelado con la venida del Profeta. ¿Veis que simple seguidores de Guenon? ¿Veis cómo
vuestro referente no era una persona de fiar?

El concepto guenoniano de élite, relevando de una presunta supremacía de las


capacidades intelectuales, no hace sino seguir las desviaciones occidentales de estos
tiempos, donde el ser humano pierde el valor de la bondad que encierra su corazón en
detrimento de unas capacidades intelectuales frías y carentes de espíritu. No creo que
Guenon hiciera muchos amigos del alma, aunque sí aliados de intereses, como así fue.

Nunca en la obra de Guenon, y la leímos entera en su tiempo, hemos visto puestas en


relieve las verdaderas capacidades iniciáticas del ser humano, es decir: sinceridad,
bondad, misericordia, generosidad, responsabilidad y sobre todo sumisión a la Voluntad de
Allah. Antes bien, Guenon, como buen masón, ponía en relieve la capacidad intelectual la
cual relevaba de una inteligencia libresca “superior y privilegiada” y muy chauvinista, o
mejor dicho, francesa.

Después del último toque de trompeta, como dice el hadiz, el género humano será reunido
en el desierto del Hiyaz a fin de ser juzgado. Setenta mil de la Umma de Muhammad no
serán juzgados y los mártires habrán precedentemente subido directamente al Paraiso.

Dos moradas únicamente después de la destrucción de la tierra por el fuego: el Ŷanna y el


Ŷahannam. Dos moradas eternas para una humanidad reducida a la muerte. Ninguna
continuidad para la humanidad en la creación otra que una de estas dos moradas.

Una sola pieza ha bastado para tirar por tierra la mentira, tal es la fuerza y el poder de la
Verdad, la cual destruye la mentira cuando se revela, como si ésta fuera polvo y cenizas.
Es así como el bastón de Muhammad derribó a un Hubal, quien sin duda llevaba alguna
que otra centena de años residiendo en la Ka’aba.

Sin duda, les teorías hindúes, al tomar como base una civilización en la cual subsistía un
brutal sistema de castas, en el que gran parte de la población era considerada como
animales de carga, presentaban en sus postulados la marca de la insensibilidad humana.

Dicha insensibilidad queda recogida en los escritos de Ananda Kentich Coomaraswamy,


quien con toda frialdad y sorprendente desfachatez llega a justificar los sacrificios
humanos llevados a cabo por los šivaitas en su horrible obra titulada “El sacrificio de sí
mismo”, la cual leímos hace más de veinte años.

No se sorprendan ustedes pues de la amistad que Guenon profesó a este individuo,


después que desde el Cairo escribió en apoyo a la judeo franc-masonería, pues muy
seguramente el señor Guenon, nunca dejó de ser un masón (francmason) en realidad.

Sirva este escrito como primera parte del binomio del que se compone este resumen…
DESACTIVANDO A GUENON Y EL PERENNIALISMO –
FINAL
Última actualización mayo 4, 2017 by mezquitaglobal
ESOTERISMO Y EXOTERISMO
Continuamos nuestro análisis de la obra de Guénon (perennialismo) con el estudio del
punto de vista de la doctrina islámica sobre uno de los temas recurrentes de su obra
“Esoterismo y Exoterismo”.

Leyendo sus exposiciones con respecto a dicha dicotomía, podemos sacar la conclusión
de que Guénon entendía como Esoterismo la pura espiritualidad y el Exoterismo la ley
religiosa, no siendo esta siempre necesaria como soporte de acceso a un Esoterismo para
la élite, pero sí necesaria para los no-elegidos a fin de que éstos pudieran beneficiarse de
su vínculo a una forma tradicional, siempre dependiente de la matriz, es decir, de la
Tradición Primordial; todo esto, no lo olvidemos, según la teoría masónico hinduista
plasmada por él en su inventada Tradición Hiperbórea.

Este montaje de piezas, tendentes a demostrar la necesidad de un retorno a la tradición,


nunca ha dejado de formar parte de sus teorías.

Hablaremos seguidamente de lo erróneo del concepto “tradicional”. Para Guénon


representaba todo aquello lo cual dependía de la revelación. Aunque parece ser que a él le
atraía más el aspecto humano que el divino, de ahí la adopción del término “tradición” el
cual representa el aspecto puramente humano del seguimiento de una revelación, en lugar
del usado por el Islam “revelación”, el cual, teniendo como raíz lo divino se expresa en lo
humano. Curioso lapsus, sobre todo para aquél quien se jactaba de buscar la pura
espiritualidad.

Sin embargo, aquí nos vamos a ceñir a sus interpretaciones sobre el exoterismo y
esoterismo, a fin de demostrar que el uso de dichos términos por parte del personaje no
refleja en absoluto realidad alguna, sino antes bien a un producto de su interpretación
personal del mundo de la revelación.

Para él, esoterismo era todo aquello lo cual relevaba de la pura espiritualidad. Inclusive
según él, habían existido civilizaciones “tradicionales” tan avanzadas que no necesitaban
de una ley revelada la cual reglara los actos humanos más elementales, siendo el fin de
ellas, aparentemente, el de seguir el esoterismo, el cual era la sola razón de ser de su
proclamada “élite intelectual” viviendo en comunas primordiales.
A la vista de las revelaciones, tanto en la Tora, como en los Evangelios originales, así
como en el Qur’an, no logramos encontrar dichas “civilizaciones” en parte alguna, hecho
sin duda alguna que prueba su inexistencia. ¿Podría Allâh haber olvidado lo esencial,
tanto, que hacía falta que un iluminado empresario vinícola viniera a recordárnoslo?

Lo más irrisorio del asunto es que Guénon inventó que antes no existía la escritura porque
los ancestros eran tan inteligentes que no la necesitaban para transmitir realidades
“tradicionales” entre ellos; según él la mente era capaz de transmitir y de no olvidar jamás
ninguno de los detalles hasta el punto de no haber tenido nunca necesidad de expresión
escrita, y puede que oral. Podemos comprender que el chauvinismo francés pueda llegar a
imaginar que aquello ocurriera en la Galia; pero extrapolar esta tesis al mundo entero no
se encuentra exento de un hilarante sentido del humor.

Aquellos quienes, desde el Islam, se consideran “guenonianos”, perdón por lo del término
y su embarazoso significado, sin duda se encuentran delante de un gran aprieto al tratar
de localizar en los libros sagrados, en cuya revelación los musulmanes debemos creer,
esa avanzadísima, intelectualísima y sacro santísima “tradición primordial”.

No obstante, para él, el exoterismo es un término el cual releva puramente de la ley


religiosa. Según nuestro personaje la Ley no era necesaria para los superdotados quienes
pudieran suscribirse al Taoismo, por poner un ejemplo; pero ser taoístas o taoianos no
estaba al alcance para nosotros los “pobrecillos occidentales” quienes “sin ser capaces de
hacer la “O” con un canuto”, perdón por lo gráfico de la expresión, fuéramos tan
“ordinarios” e incapaces que tuviéramos necesidad de una Ley. Decir de pasada que
Guénon estaba convencido de la superioridad de la raza aria con respecto a las
capacidades espirituales, de ahí su debilidad por lo hindú. Y ello lo veremos en nuestro
análisis sobre Oriente y Occidente.

En cuanto a la dicotomía en cuestión, podemos probar fácilmente una vez más como
ambos conceptos no expresan en forma alguna la realidad. Y lo haremos con un hadiz
muy conocido:

Dijo el santo Profeta – sobre él la plegaria y la paz -:Se me ha dado amar tres cosas
sobre las demás en esta vida: la plegaria, las mujeres y los perfumes; y el colirio de
mis ojos está en la plegaria.
He aquí un ejemplo de la fusión existente en el Islam entre el interior y el exterior. La
plegaria canónica, siendo como es, obligatoria para todos los musulmanes, por supuesto
también lo es para el sufí, contiene en ella misma un significado oculto y operativo en el
interior del ser humano. Seguramente, dicho significado no es accesible a todos por el
motivo que vamos a expresar, pero ella es un buen ejemplo del completo matrimonio
existente en realidad entre aquello lo cual por conveniencias del lenguaje ha sido dado en
llamar “interior y exterior”.

El Islam se compone de tres ramas, a saber: Islam, Iman e Ihsan. Dichas ramas no
consisten en sistemas separados unos de otros, sino que antes bien se trata de escalones
de una misma escalera. De tal manera que aquel quien ha realizado el maqam del Ihsan
no ha podido hacerlo sin antes realizar los dos precedentes. No solamente los ha realizado
sino que si los dejara de asistir se perdería. Imaginemos que pasaría a la escalera si le
quitáramos los peldaños de más abajo: se derrumbaría. Así mismo ocurre para quien ha
realizado el maqam del Iman con respecto al de Islam. Es quien se encuentra en el
maqam del Islam el que se emplaza en lo más bajo de la escala, estando no obstante en
ella. Ello anula la teoría de Guénon según la cual existen circunstancias en las cuales
alguien puede acceder al conocimiento sin cumplir con las condiciones de la ley exterior.

Dice el Libro de Allah:

Allâh está más cerca de vosotros que vuestra vena yugular


Ello nos recuerda la presencia de Allâh en todos los niveles, ya releven del interior o del
exterior.

Los entusiastas de Guénon (dichoso apellido por cierto) han de recordar al šayj Mawlay Al-
Arabi a-d-Darqawi, como encontrándose en plena meditación sobre los Nombres Divinos,
se decía:

Que Allah es el Interior, lo comprendo, pero ¿qué es eso que Allah es el Exterior (A-z-
Zahir)? Eso no lo comprendo. Es entonces cuando Allah se le reveló como el Exterior y
pudo conocer el resto.
Si los sufíes se han reunido en zawiyyas y se hacen enseñar por un maestro específico es
a causa de la singularidad de su ciencia. Antiguamente se reunían en las mezquitas, pero
las persecuciones y las críticas por parte de algunos ‘ulama y/o gobernantes, les hicieron
replegarse a las zawiyyas.

Es más, siempre los maestros sufíes han trabajado codo con codo con la población
musulmana, siempre han amado, luchado, llorado y alegrado con ellos, haciendo bueno el
dicho del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , que todos somos hermanos en el Din.

Nuestros maestros se han levantado antes que nadie, han limpiado los establos en las
zawiyyas donde había animales, han cargado con sacos de leña y otras cosas, han
cocinado para los fuqara, porque el estado del šayj es el perfecto maqam de ‘abd: servidor
de Allah, y un siervo de Allah no puede enorgullecerse delante de nadie, ni hacerlo de sí
mismo delante de Allah.

Aquel quien nos aconseja la humildad debe ser el primero en ser humilde.

Lo exterior y lo interior se encuentran estrechamente ligados entre sí. De tal manera lo


están que todos nuestros actos en el exterior tienen su reflejo en el interior y viceversa.

¿Cuál es el hilo conductor que liga entre sí dos mundos aparentemente inconexos debido
a nuestro desconocimiento de uno de ellos? El hilo conductor es el Tawhid y la energía es
la Luz.

Allah es la luz de los cielos y la tierra


Fijaos bien, por favor, en un pequeño detalle: cuando desarrollamos actividad durante el
día estamos o creemos estar en el mundo del exterior. Sin embargo, cuando dormimos, el
alma sale de nosotros y viaja por los siete cielos, trayéndonos a veces noticias de ellos
mediante los sueños rabbani, criptados, pues deben tomar una imagen que el cerebro
pueda aceptar. Una misma persona comparte los dos mundos simultáneamente. Son
únicamente nuestras capacidades sensoriales las solas que nos impiden percibir las
realidades ocultas durante el estado de vigilia.

La única cosa que impide a la persona que caiga el velo de la limitación de las
percepciones a las facultades sensoriales es la opacidad del corazón debido a la suciedad
la cual se encuentra en nuestra nafs.

Resumiendo pues, la dicotomía esoterismo-exoterismo no existe en realidad. Simplemente


se trata de diferentes niveles de comprensión de la verdad única y trascendente: El
Tawhid.

ORIENTE Y OCCIDENTE
El tema de Oriente y Occidente es recurrente y se convierte en una de las bisagras las
cuales vehiculan su obra sobre el eje sempiterno de la “tradición primordial” (irónico).

Tan importante fue para Guénon esa dicotomía que escribió un libro titulado así, afín de
aportarlo como prueba convincente de la autenticidad de su doctrina bien amada.
Según él, los orientales son aquellos cuyas religiones han sido una extensión más o
menos directa, con sus adaptaciones inherentes a los tiempos, de esa “tradición
primordial” que con tanta originalidad se inventó. Doctrinas, la mayoría de ellas sin Šari’a
como el Buddismo, la Vedanta y el Taoismo, eran tan puras que no se podrían mezclar
con algo tan burdamente manifestado como una ley religiosa, siempre según él, por
supuesto; creo que no es necesario recordar que era francés.

Estos postulados nos recuerdan tanto a aquella torre famosa de Babel que se nos hace
difícil mirar para otro lado.

Parece ser que Guénon no aceptaba el cuerpo que Allah le había dado, y sin alas, quería
volar en las alturas de la inmensidad. Qué curioso, a todo el mundo le gusta recibir la paga
sin trabajo, y él era empresario, y además del vino. En ello Guénon, quien cobraba buenas
rentas de sus bodegas, no se diferencia en nada de esa generación de niños ricos new-
age quienes se creen tener derecho a todo por ser ellos quienes son.

Por supuesto, Guénon otorgaba a los susodichos orientales una inteligencia y capacidades
de concentración, tan grandes, que ellos, los súper cualificados orientales, nos daban
miles de vueltas a nosotros los pobrecitos occidentales, tan débiles y tan poco
cualificados. En lo que no reparó, o no quiso reparar el personaje, es en que eran “tan
inteligentes” que necesitaban prosternarse delante de los ídolos, mientras los
descalificados musulmanes no los necesitábamos para aproximarnos a Allah. ¿Dónde está
pues aquí esa pretendida superioridad? ¿No os parece que el haber pasado este hecho
por alto releva de una falta de buena voluntad de nuestro autor? Es más ¿cómo pretender
poseer luces viviendo de las rentas del vino?

Parece ser que el personaje debía imprimir una nota de fuerza en sus convicciones a fin
de estar seguro él mismo y asegurar a los demás; ello a fuerza de escuchar todos los días
la misma melodía a fin de que quedara grabada a sangre y fuego en nuestras mentes. Ni
que decir tiene que haciendo creernos a los pobres occidentales tan poco cualificados, nos
predisponía a ponernos en manos de nuestros padres espirituales (los orientales) a fin de
que nos ayudaran a digerir ese alimento primordial, el cual, nosotros, tan minúsculos, no
podíamos ni sabríamos consumir solos. ¿No os recuerdan estos planteamientos a aquellos
los cuales forman la base de una secta?

A todos estos entusiastas de Guenon y sus doctrinas orientales habremos de recordarle


las palabras de la santa musulmana Rabbi’a Al Adawiyya – que Allâh esté satisfecho de
ella – quien dijo:

“El brebaje que preparamos nosotros es destinado únicamente para el estómago de los
elefantes, y no para el de los mosquitos”
El brebaje imbebible de Guénon ni tan siquiera un mosquito podía probarlo sin caer
paralizado presa del veneno que contiene. Pero las moscas no dan miel, y nada
comparable es un díptero del espíritu como él con un elefante del saber como era Rabi’a

Siguiendo con el mismo tema, para Guénon, la “tradición cristiana” formaba parte de
Occidente y era solamente una expresión muy degenerada de su “tradición primordial”. En
cuanto al Islam, se encontraba a medio camino entre Oriente y Occidente. El Islam no era
tan avanzado como sus doctrinas orientales pero sí lo era más que el cristianismo. Guénon
encontraba únicamente interesante el Islam por su aspecto sufí. Poco le importaba a él
una ley religiosa, la cual era fastidiosa para los cualificados, aunque reconocía su utilidad
solamente teniendo en cuenta el punto de vista de que ella era válida para aquellos
quienes, no siendo capaces de seguir las doctrinas orientales expresadas, podrían
encontrar en aquella un medio de vincularse de alguna manera a su súper religión y de
esta manera tener la gran suerte de recibir un poquito de “baraka”.

Llegaba aún más lejos en su análisis cuando manifestaba que la descalificación occidental
llegaba incluso a manifestarse en la raza, siendo para él, la raza blanca la más débil de
todas las existentes en el mundo, tanto corporal como psíquicamente; cómo no,
espiritualmente. Guenon era incluso contrario a la mezcla de razas mediante el
matrimonio. Inclusive para aquellos occidentales quienes se habían vinculado a alguna
doctrina oriental, él les concedía el derecho a ser una excepción de la regla, tan
extraordinaria que no llegaba a alterar ésta.

Pero ¿qué dice el Islam de todo ello? Tan simple es rebatir estas ideas como
incomprensible que tantas personas se hayan quedado cautivadas de nuestro personaje
hasta el punto de abandonar el Islam. Pudimos comprobar esto con una veintena de
personas quienes apostataron después de haberse vinculado a un šayj sufí después de
que hubieron de sufrir la muerte de éste. Es preciso comentar, que su comportamiento
arrogante con dicho šayj, recibió unas enérgicas críticas por parte de éste en cuanto a su
más que posible expulsión de la tariqa la cual frecuentaban.

He aquí un ejemplo del mal que está haciendo e hizo esta nefasta doctrina del
perennialismo, la cual, como ya lo hemos expresado antes, tiene todas las bazas de ser un
preludio se la religión mundial con la cual el Daŷŷal intentará corromper el mundo.

El Qur’an, antes bien, reconoce a la comunidad de Banu Israil como la comunidad elegida
sobre todas antes de la venida de sayyidina Isa. Una vez el cristianismo unitario se
extendió, Allah en el Qur’an da a éste prioridad sobre el judaísmo. Luego, el concepto de
comunidad elegida pasa a la de los cristianos unitarios.

A la venida de Rasul – sobre él la plegaria y la paz – la Revelación nos indica cómo


nosotros somos la comunidad elegida por Allah, entre otras cosas, y, esto es muy
importante, porque ordenamos lo establecido y prohibimos lo reprobable.

He aquí pues un manifiesto de la importancia de la Šari’a. Pero a esto nos aplicaremos a


fondo en nuestra próxima entrada sobre la iniciación-realización.

INICIACION Y REALIZACION
Continuamos con nuestro análisis del perennialismo guenoniano cuestionando los
términos iniciación y realización. Si bien dichos conceptos forman parte de la realidad del
fenómeno masón, ambos no se corresponden en modo alguno con realidad alguna dentro
del sufismo auténtico, el cual durante trece siglos ha ocupado un lugar de honor en la
civilización musulmana, dirigiendo con sus consejos a los sabios religiosos de la
comunidad.

Según nuestro personaje, la iniciación es un rito de entrada en una “organización esotérica


tradicional”. Dicho rito se le antojaba necesario, e incluso, era para él, portador de un
simbolismo sagrado a través del cual la persona iniciada era puesta en contacto con las
fuerzas espirituales, las cuales deberían intervenir en lo sucesivo a fin de transportarle
hacia la realización; la premisa sine qua non era que dicho iniciado presentara los
requisitos exigidos en materia de cualificación personal.

La realización consistía en realizar uno de los dos estados principales considerados por él,
a saber: “Los misterios menores y los misterios mayores”, siendo el primero un estado de
realización dentro de lo que él consideraba el Ser, y el segundo, la gran realización, estado
en el cual el ser humano se desnudaba de todos sus atributos creados a fin de integrarse
en lo que Guenon llamaba la Unidad con el Principio Inmanente cuya esencia se
encontraba en el no-Ser.

Por supuesto que esta exposición es somera y puede ser tachada de incompleta; en
realidad lo es, por razones de espacio, pues si quisiéramos hacer un examen detallado
deberíamos escribir un libro, cosa la cual no nos tienta en absoluto, ya que con estas
explicaciones resumidas, sin duda conseguiremos nuestro objetivo, que no es otro que
demostrar sobradamente lo erróneo de la doctrina del Perennialismo. No sin ironía
podemos decir, que nuestros escritos son claros y fáciles de comprender, incluso para
aquellos a quienes nuestro personaje llamaba “no cualificados”, desmontando así la muy
francesa tesis de la élite intelectual superior.

Desde el punto de vista del sufismo todo es bien diferente. Sí existe un rito o, podríamos
decir, ceremonia, mediante la cual, el aspirante al maqam (murid) se vincula a la sílsila de
la tariqa a través del šayj quien a su vez le pone espiritualmente en contacto con el Profeta
– sobre él la plegaria y la paz -. Ahora bien, a fuer de ser veraces, podemos decir sin lugar
a equivocarnos, que el rito en sí mismo no es fundamental ni estrictamente necesario. Lo
verdaderamente necesario es el consentimiento, tanto por parte del šayj como del
aspirante, por parte del primero a admitirle en la tariqa y por parte del murid en aceptar las
condiciones inherentes a la práctica espiritual. Son pues esencialmente ambas voluntades
las cuales son registradas por Allah en Su infinito Conocimiento.

Es muy importante poner en relieve que en el caso del sufismo el hilo conductor de la
andadura en la tariqa es la Mahabba (Amor). Dicho amor, aun teniendo correspondencia y
reflejo en lo mundano, releva de una aceptación divina en primera instancia, a fin de que
siendo amado por Allah el discípulo pueda amarLe a su vez, devolviendo ese Amor divino
el cual recibe, a su fuente original.

Sin duda, existen muchos más elementos a analizar en este ámbito. Remitimos para ello a
nuestras entradas tituladas “Consideraciones sobre el maqam”; sin embargo, en este
momento nos centraremos únicamente en una figura representada en los escritos de Réné
Guénon como el culmen de su doctrina de la realización.

Para él, la representación simbólica de la realización espiritual era un vórtice el cual desde
lejos podría ser percibido como un cono en su posición normal, es decir, con su cúspide en
lo alto. El autor pretendía que este símbolo poseía un carácter sufí. A dicha cúspide se
accedía girando en espirales. Cada espiral es horizontal, despegando ligeramente de la
base a fin de encontrarse con la espiral superior inmediata, y así sucesivamente hasta
llegar a la cúspide, la cual Guénon situaba en el límite entre el Ser y el No-Ser.

Curiosamente, y por ello estamos convencido de que Guenon copió el concepto, el šayj al-
Alawi había precedentemente hablado de esta figura. Sin embargo, Guénon la invirtió.

Con esto queremos decir que el šayj al-Alawi consideraba el punto de partida en la base
como un punto del cual nos separamos girando en espiral. Cada espiral conecta con la
superior, elevándose hasta encontrar una última y enorme espiral cuyo límite es el “sidrata
muntaha” (azufaifo del confín), al cual únicamente pudo elevarse Rasul – sobre él la
plegaria y la paz – . En el momento en el cual el gnóstico ha llegado a su maqam, siempre
que éste sea el de un maestro cualificado en la vía del Tasawwuf, se encuentra obligado a
descender de nuevo con el fin de poder tomar a los discípulos de la mano y poderlos
elevar al maqam que a cada uno le corresponde según lo que se encuentra escrito en su
libro del Destino. En dichos estados no existe división alguna entre pequeños y grandes
misterios, sino que antes bien nos encontramos frente a dos otros conceptos muy
diferentes llamados “Paz” “Gran Paz”. El primero de los términos designa el maqam
predestinado para el discípulo, aunque éste no fuere muy elevado. Sin embargo, al haber
llegado a su límite, muchas de las tensiones presentes durante su andadura desaparecen
al haberse acabado su tendencia ascendente de estado en estado. El segundo término:
“Gran paz”, designa el estado de aquel quien ha alcanzado un maqam en el cual su nafs
ha sido expuesta a la muerte. No solamente esto, sino que una vez la nafs extinguida, se
haya alcanzado el estado en el cual se es capaz de guiar a otros.

¿Os dicen algo estas vueltas en sentido contrario al de las agujas del reloj? ¿No os
recuerdan al Tawaff realizado alrededor de la Casa Sagrada de Makka? He aquí pues una
explicación de envergadura para aquellos quienes se pregunten sobre el significado de
estos giros sagrados alrededor de la Ka’aba, corazón de la tierra y signo de la Presencia
Divina (Sakina).
Habiendo explicado el recorrido a través de dicha figura cónica invertida, debemos
significar que en la doctrina sufí-islámica no existe correspondencia alguna con las
términos Ser y No-Ser en el sentido en el cual Guénon los explica en sus escritos.

En realidad, el sufismo siempre hace hincapié en la condición de ‘abd (siervo de Allah) de


aquel cuya nafs ha sido vencida y ha “muerto antes de la muerte”. El “Fana” (extinción del
ego en la realidad divina) hacen que de alguna manera el siervo “no-sea” ante su Señor. Al
contrario Allah siempre “es”, tanto en Su proximidad al mundo como en Su Inmanencia,
independiente de aquello lo cual El Mismo ha creado. De alguna manera Allah es el “Ser”
dotado de infinitos atributos de los cuales se han expresado 99, y el siervo y todo lo creado
es el “No-Ser”, pues ninguna existencia es posible sin Su Presencia en cada una de las
partículas de aquello lo cual Él ha creado por y para El Mismo.

Allâhu nuru-s-samawati wa-l-‘ard (Allâh es la luz de los cielos y de la tierra)


Dicha luz se encuentra presente en cada una de las partículas de los seres creados, sea
en el mundo manifestado, sea en el mundo oculto para el común de los mortales. Cada
uno de nosotros percibe de ella lo que es capaz según sus capacidades. Es precisamente
la práctica del Ihsan con la ayuda de un maestro experimentado la cual nos va haciendo,
paso a paso, capaces de soportar la claridad de esa luz presente en todos los mundos.

TRADICION O REVELACION
Vamos a finalizar con las reflexiones acerca de la obra de Guénon refiriéndonos a un
término recurrente utilizado por él mismo como eje central de su doctrina. Nos referimos a
la palabra “tradición”.

Réné Guénon intenta convencernos de lo justificable de la razón por la cual había


escogido este término a fin de explicar su teoría de la Súper tradición primordial. Y aunque
intenta decirnos y repetirnos hasta la saciedad las razones de su decisión, al menos para
aquel quien se encuentra escribiendo aquí, no consiguió ser convincente.

Es extraño contemplar como aquél quien tanto se preocupó en hacernos comprender la


necesidad de seguir un camino proveniente de la revelación divina (no-humana, como le
gustaba decir), quien pretendía plantar la semilla para una recuperación intelectual-
espiritual del mundo, fuera precisamente a escoger el término más “humano” de todos
aquellos los cuales podrían entrar en liza como candidatos a representar la transmisión
espiritual. Precisamente, según comprendemos nosotros, el único término el cual no se
encontraba en correspondencia con aquello lo cual se quería representar a través de él.
Un término de raíces y connotaciones puramente humanas, contrariamente a aquello lo
cual nuestro autor intentaba demostrarnos, a pesar de que, como lo explicó en numerosas
ocasiones, no había encontrado otro más adecuado.

¿Podríamos pensar que nuestro autor no conocía suficientemente su lengua para no


encontrar otro término más apropiado? Creemos que no: si bien en su obra la riqueza
semántica y sintáctica brillan por su ausencia, los otros términos candidatos a la elección
no se encontraban tan lejos del lenguaje vulgar. Es más, existían palabras más propicias a
fin de indicar una idea de ese pretendido calibre.

Un servidor aquí se inclina a pensar que todas esas pretensiones de Guénon de desligarse
de lo humano, sobrepasarlo y mirar hacia lo trascendente, no eran producto de otra cosa
que de la aspiración humana a superarse a sí mismo y a los demás, como así lo
demuestra su otro término bien amado: “élite”.

Es decir, su doctrina consistía en una humanización de lo espiritual y no en una


espiritualización de lo humano. Ello lo demuestra su vórtice cónico donde la base más
extensa se encontraba en lo humano y la cúspide en lo divino, mientras en realidad la gran
extensión se encuentra en lo inmanente y la pequeñez en lo humano. En el fondo Guénon
apostaba por un superhombre, superdotado, formando parte de una élite exquisita; un
cuadro que se asemeja a algo así como una aristocracia espiritual.
Esta aspiración, confesada indirectamente en su apoyo a la inhumana sociedad de castas
hindú, y en su preferencia “intelectual” por la “inteligente” raza aria, podría pasar
desapercibida al primer análisis. Por supuesto, no lo pasa para aquel quien desea
profundizar más y analizar las cosas sin pasión y con completa objetividad.

Existe un término utilizado frecuentemente para designar el descenso de las voluntades


divinas al género humano. Este término, aunque utilizado frecuentemente, no deja de ser
el mejor posicionado para indicar la trascendencia de las voluntades de la divinidad, así
como del punto de procedencia de las mismas. Este término es: “Revelación”.

Su significado es el de una comunicación y transmisión de la divinidad (Allah) a la especie


humana de un camino el cual ésta debería seguir a fin de, sea culminar en la extinción de
la persona y posterior unidad con la Unicidad divina, sea llegar a recibir una recompensa
eterna. En el Islam ese camino se llama Din, y esta palabra no podría ser nunca traducida
por “tradición”, puesto que tanto su punto de partida y su punto de retorno se encuentran
ambos en lo trascendente.

Ciertamente de Allâh somos y al El habremos de retornar


La palabra Din, probablemente no deba ser traducida por religión, de ahí el rechazo innato
de los musulmanes a traducirla así. Vemos en ella, tanto un conjunto de normas
transmitidas por lo divino, aparentemente humanas, así como un camino a fin de que el ser
humano pueda despojarse de sus trabas psicológicas y del alma (nafs) para integrarse en
un mundo trascendente. Evidentemente el término religión no puede traducir esto, como
tampoco puede hacerlo la palabra “tradición”. Abogamos por el término “revelación” (risala)
el cual es el menos mal posicionado, y a su vez el más adecuado a fin de representar un
conjunto de elementos de orden divino que sirvan de guía a la humanidad. Y no solamente
a la humanidad, pues como lo dice Allah en Su Libro luminoso (Qur’an):

No he creado a los hombres y a los genios sino para que Me adoren


La palabra “tradición” es a menudo utilizada a fin de traducir Sunna. El principal significado
de este término es el de costumbre; sin embargo, como el primer uso de esta palabra fue
por parte del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, su ámbito ha quedado reducido
únicamente para indicar el conjunto de hadices los cuales nos hablan de los hechos y
palabras de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -.

Como la palabra “costumbre” es un término bastante débil para traducir la palabra Sunna,
algunos han preferido traducirla por “tradición” añadiendo…del Enviado de Allah, a fin de
separarla de cualquier otro significado al que pudiera referirse este término, el cual
aisladamente no refleja otra cosa que transmisión de orden humano de costumbres
antiguas o ancestrales a través de los tiempos.

Nuestra intención al entrar en este análisis lingüístico no es otra que la de desvelar que el
origen de la doctrina de nuestro personaje era mucho más humano de lo cual él mismo
pretendía.

Consideramos haber descubierto un filón el cual, poco a poco, y tirando de la madeja, nos
puede llevar a los orígenes, y muy probablemente al objetivo y razón de ser de nuestro
personaje, es decir: “La Masonería”.
CONCLUSIONES
Como colofón del pequeño análisis que hemos realizado sobre la obra de Guénon,
considero que debemos dar algunas explicaciones.

En principio, quisiera expresar que nos reafirmamos en todo lo expresado. Ahora bien, de
nada hubieran servido todas estas explicaciones sino hubiera una finalidad detrás de ellas.
La hay, y ella consiste en nuestro desvelo por salvar a la Ummah de Muhammad de estas
ideas, las cuales, tomadas al pie de la letra y llevadas a sus últimas consecuencias,
podrían llevar, como de hecho así ha sido en más de una ocasión, a la apostasía.

Las críticas emitidas antes de esta nuestra, al menos las que conocemos, aunque
contrarias hacia este movimiento, probablemente hayan sido demasiado académicas;
debido a esto los perennialistas se han frotado las manos al ver dichas críticas en su
campo de batalla “el academicismo”, propicio para el juego de las palabras, argucias y
estrategias. Por ello nosotros no íbamos a ser tan “inocentes” de caer en su trampa y les
hemos abordado desde donde no esperaban, es decir: desde un lenguaje de crítica
periodística, desvelando mediante él todas y cada una de las muchas miserias que acarrea
dicha doctrina.

El guenonismo puede llegar a ser una peligrosa droga la cual puede hacernos llevar a
creer que cualquier religión sirve para adorar a Allah y que nuestra religión es una de
tantas otras las cuales existen en un universo global.

Probablemente la debilidad del Iman de algunos les lleva a buscar experiencias raras y
palabras engañosas. No en vano nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – debió
tener que decir:

En los últimos tiempos habrá gentes quienes pronuncien palabras como los ángeles
y sus corazones sean como el de los lobos.
¿Qué hubo de ver nuestro Profeta para que con un carácter misericordioso como el suyo
debiera llegar a decir que los corazones de algunos llegarían a ser como el de los lobos?
¿No encontráis que estas son palabras mayores las cuales requieren para nosotros
conducirnos con el mayor de los cuidados y las cuales nos ponen en guardia contra las
palabras de cualquier advenedizo quien quisiera hacerse pasar por sabio?

¿No debe producirnos congoja el hadiz del Profeta que dice que llegarán unos tiempos
donde las gentes hayan olvidado la religión y haciendo alarde de memoria digan:
“Escuchamos a nuestros padres que decían La ilaha illa-l-Lah Muhammad Rasulu-l-Lah”,
relegando a esto todo su conocimiento de la religión? ¿Acaso pensamos que no tenemos
responsabilidad alguna con el Islam?
No es necesario ser muy inteligente para comprender que dichas doctrinas constituyen el
regocijo de aquellos quienes, dándose perfecta cuenta de la supremacía del Islam,
desearían hundirlo y separar a las gentes de él.

Aquellos quienes con sus ideas lesivas lanzan a la apostasía a la gente no pueden ser
aliados sino de los enemigos del Islam. Palabras de miel y corazón de lobo. Aquel quien
invita a los musulmanes a la apostasía no puede ser otra cosa que nuestro enemigo
declarado.

Sí hermanos, aquellos quienes buscan dañar nuestro Din. Y nosotros, cándidos y mansos
hemos caído en sus redes; ya sea a través del perennialismo o seudosufismo, ya sea a
través del salafismo y wahabismo, nacidos todos ellos para aniquilar el Din.

¿Dónde está nuestra inteligencia? ¿Dónde nuestro amor al Islam que tanto nos ha dado?

Os dejo estas reflexiones. Un servidor no gana nada con esto, ni pide salario alguno. Antes
bien, hemos dejado en estas entradas una parte de nuestra energía y nuestro tiempo. Fi
sabili-l-Lah.

Nos duele ver nuestro Din dañado a derecha y a izquierda. Nos asombra ver la escasa
defensa que tiene. Escasa, pero loable.

Decidme hermanos: ¿Dejaremos entrar al ladrón en la casa para que la desvalije toda?
¿Seguiremos ocupados en políticas estériles? ¿O tomaremos la pluma y la palabra para
defender el Din como muŷŷahidin?

No olvidemos: el Ŷihad de estos tiempos es la lucha contra la ignorancia y la mentira.


Ambas son el enemigo más declarado del Islam. Y el enemigo no duerme.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el
Firdaws.

Abdul Karim Mullor