Vous êtes sur la page 1sur 12

RESPONSABILIDAD CIVIL CONTRACTUAL

La responsabilidad civil en general está referida a la indemnización, de los


daños ocasionados dentro de una relación contractual o extracontractual,
bien se trate de daños producidos como consecuencia del incumplimiento
de una obligación voluntaria, principalmente contractual, o bien se trate
dé daños que sean el resultado de una conducta, sin que exista entre los
sujetos ningún vínculo de orden obligacional, refiriéndonos a la
responsabilidad extracontractual.

Cuando el daño es consecuencia del incumplimiento de una obligación


voluntaria, se habla en términos doctrinarios de responsabilidad civil
contractual, y dentro de la terminología del Código Civil Peruano
responsabilidad derivada de la inejecución de obligaciones

Esta se da cuando se vulnera el deber de conducta que nace de un


contrato; existe de por medio un acuerdo que se incumple es decir nace
del incumplimiento de una obligación convencional preexistente.

Esta responsabilidad se deriva de la ley y existe el deber jurídico de


resarcir o indemnizar. La responsabilidad contractual precisa de la plena
capacidad civil del obligado. La responsabilidad será mancomunada
cuando hay pluralidad de autores.

En consecuencia, la Responsabilidad Contractual en nuestro


ordenamiento legal consiste en la obligación del deudor de indemnizar al
acreedor por los perjuicios que le ha originado por el incumplimiento de
su obligación o por el cumplimiento parcial, tardío o defectuoso de dicha
obligación, el mismo que se encuentra normado en los artículos 1314 al
1332 del Código Civil relativos a la Inejecución de Obligaciones.
Evolución Histórica

En cuanto a la evolución que ha tenido la responsabilidad contractual,


debemos señalar en primer lugar que, en el Derecho Romano además de
las obligaciones provenientes de los delitos y otros daños sancionados por
la Ley Aquilia, se conoció otro tipo de responsabilidad que provenía del
negotium, del contractus lo que podríamos llamar negocio y contrato;
aunque de las fuentes romanas no podemos pretender encontrar una
doctrina del negocio jurídico, de los contratos y de la responsabilidad tal
como la conocemos hoy, sin embargo si encontramos los principios de
derecho que fueron aptos para satisfacer las necesidades jurídicas de ese
momento histórico y que han servido de base para su conceptualización
actual.

Al respecto, Antonio José Quesada Sánchez, Investigador de la


Universidad de Málaga, España, al describir entre otros, la evolución
histórica del concepto de contrato nos dice lo siguiente. “El concepto de
contrato, entendido en el sentido actual, no se formó como tal en el
Derecho Romano, sino que, sobre la base de las consideraciones
realizadas en la época romana, las ideas que se van formando sufrirán un
desarrollo posterior (se van gestando en esta época, pero no culminan en
un concepto general). No es necesario profundizar demasiado para
percibir la falta de un concepto general de contrato en Derecho Romano
clásico (dicho concepto será propio del pensamiento jurídico moderno):
para la mentalidad casuística de la jurisprudencia romana de la época
clásica no existía un concepto general de contrato, sino una serie de tipos
contractuales específicos (contratos nominados), consagrándose un
importante y evidente casuismo (es apreciable la rigidez del sistema
clásico a la hora de tipificar casos concretos).”
Efectivamente, en Roma antigua no existían los principios de contrato,
negocio jurídico y responsabilidad; el derecho romano de aquella época
no conocía el término “responsabilidad” y menos aún los términos
“responsabilidad contractual” o “responsabilidad extracontractual”. Es a
partír de una ley específica, la lex Aquilia que la jurisprudencia fue
ampliando los conocimientos y conceptos hasta completarse por los
juristas de la Edad Media y posteriores hasta la actualidad, lo que ha
venido a llamarse responsabilidad extracontractual o aquiliana, de tal
modo que cada vez que una persona origina un hecho que causa un
perjuicio económico debe restaurar al dañado el valor del perjuicio, y con
la ley Poetelia Papiria, la obligación se va a convertir de personal o penal
en patrimonial.

Nelly Dora Louzan Solimano, respecto de la responsabilidad que sanciona


la ley aquilia, expresa lo siguiente: “En la época clásica la acción de la ley
Alquilia era una acción penal privada, que en la “condemnatio” obligaba
al causante del daño a pagar una suma de dinero a título de pena, es
decir, que de la comisión del daño surgía una obligación que relacionaba
a las partes; el que dañaba se obligaba a pagar al dañado una suma de
dinero a título de pena y éste podía exigir la pena a través de una actio
del derecho civil: actio ex lege aquiliae.”
Por su parte Fernando de Trazegnies, refiere que: “En el Derecho Romano
no existe nada parecido a una categoría teórica que encierre y describa
todo ese amplio territorio que ahora denominamos “responsabili¬dad
civil”. Es verdad que tampoco existe una demarcación teórica entre la res-
ponsabilidad extracontractual y 1a responsabilidad contractual; los
romanos no parece que consideraron necesario distinguir
sustantivamente entre ambas. La diferenciación fue establecida por los
juristas romanos más bien por razones procesales. no de fondo; la lex
Aquilia solo otorgaba acción contra los daños que resultaban de hechos
positivos; en consecuencia, dado que en materia contractual la mayor
parte de veces los daños resultan de una omisión antes que de un hecho
y no pudiendo en tal caso otorgar la actioinem legis Aquillae, se concedía
al acreedor una acción diferente nacida del contrato mismo. De esta
manera. se impuso una cierta separación entre la acción por daños y
per¬juicios contractual y la acción por daños y perjuicios
extracontractual”
Un mejor entendimiento de la esencia y contenido de la responsabilidad
civil, recién se presenta en forma clara a finales del siglo pasado. En la
actualidad es frecuente que la doctrina jurídica trate el tema de la
responsabilidad civil que surge del incumplimiento contractual en paralelo
con el de la responsabilidad extracontractual. La idea básica es que en los
dos casos ocurre el incumplimiento de un determinado deber jurídico
correspondiente a una de las partes (deudor o autor), que perjudica al
otro (acreedor o víctima).

Por tal razón se reconoce a la responsabilidad civil como una sola, pero
dividida en dos grandes capítulos. Sin embargo no debe creerse que no
existen diferencias fundamentales entre las mismas; en el caso de la
responsabilidad contractual, existe un vínculo jurídico previo, mientras
que la extracontractual da origen a ese vínculo, es decir, la fuente de la
primera será la voluntad de los particulares, mientras que de la segunda
lo será la Ley. Por otro lado, en el caso de la responsabilidad derivada del
incumplimiento del contrato, se presumirá la culpa, a diferencia de la
aquiliana en que por regla general se debe probar.

Varios tratadistas, especialmente de la escuela francesa, han desarrollado


una teoría mediante la cual, en mayor o menor grado, ha acercado la una
con la otra, denominándose por ello, “Teoría de la Unidad de la
Responsabilidad Civil”. Esta se fundamenta en que en ambos casos, la
responsabilidad civil provenga de donde provenga, es una fuente de
obligaciones, defendiendo la identidad de elementos fundamentales en
una y otra como la acción u omisión imputable al causante del daño y la
relación de causalidad entre la conducta del responsable y el perjuicio de
la víctima; y, finalmente, postula la accesoriedad de las restantes
diferencias, manifestando que dichas distinciones no son lo
suficientemente importantes como para darles a los dos tipos de
responsabilidad una naturaleza diferente.
Definición

La palabra “responsabilidad” tiene un contenido de múltiple significado,


existe una responsabilidad a nivel social, una responsabilidad de tipo
ético, una responsabilidad de orden religioso, así como una
responsabilidad de naturaleza jurídica, entre otras más. Esta última
también admite diversas distinciones, puede ser política, administrativa,
penal o civil, etc. según su objetivo, el cual en el ámbito civil, es la
reparación de los perjuicios causados, clasificándose en contractual y
extracontractual.

Gonzalo Figueroa Yáñez, Profesor Titular de Derecho Civil de la


Universidad de Chile y la Universidad Diego Portales, la define del modo
siguiente: “La responsabilidad es contractual si el deber de conducta
violado o incumplido ha sido establecido previamente en un contrato que
generó alguna obligación de dar, hacer o no hacer, y la parte obligada
incumplió o violó esa obligación o deber de conducta” .

Por su parte León Barandiarán, refiriéndos a nuestro ordenamiento


sustantivo, precisa lo siguiente: “No solamente el incumplimiento de la
prestación responsabiliza al deudor en caso de falta, culposa o dolosa. La
prestación debe cumplirse en forma adecuada y completa. En
consecuencia, un cumplimiento defectuoso, parcial, irregular,
responsabiliza al deudor por el perjuicio que atañe al acreedor con el no
cumplimiento regular.”

En tal sentido, en concordancia con lo dispuesto en el Art. 1321° del


Código Civil definimos la responsabilidad contractual como la obligación
del deudor de indemnizar al acreedor por los perjuicios que le ha originado
el incumplimiento o cumplimiento parcial, tardío o defectuoso de su
obligación.
Requisitos
Para que proceda la indemnización de daños y perjuicios, bien sea compensatoria
o moratoria, por la existencia de una responsabilidad contractual, es necesaria la
concurrencia de los siguientes requisitos:

1. La Antijuricidad: El Incumplimiento Contractual.

“Una conducta es antijurídica no sólo cuando contraviene una norma prohibitiva,


sino también cuando la conducta viola el sistema jurídico en su totalidad, en el
sentido de afectar los valores o principios sobre los cuales ha sido construido el
sistema jurídico”

Vale decir, el autor del daño no será responsable si la conducta realizada se efectuó
dentro de los límites de lo permitido por el Derecho, esto es, dentro de los límites de
lo lícito,. Esto significa, en consecuencia, que no existe responsabilidad civil en los
casos de daños causados en el ejercicio regular de un derecho, por cuanto se
trataría de daños causados dentro del ámbito de lo permitido por el sistema jurídico,
es decir, supuestos de daños autorizados o justificados por el ordenamiento jurídico.

La antijuricidad tipica contractual se encuentra plasmada en lo preceptuado por el


artículo 1321 del Código Civil que estipula: “Queda sujeto a la indemnización de
daño y perjuicios quien no ejecuta sus obligaciones por dolo, culpa inexcusable o
culpa leve. El resarcimiento por la inejecución de la obligación o por su cumplimiento
parcial, tardío o defectuoso, comprende tanto el daño emergente como el lucro
cesante, en cuanto sean consecuencia inmediata y directa de tal inejecución. Si la
inejecución o el cumplimiento parcial, tardío o defectuoso de la obligación,
obedecieran a ala culpa leve, el resarcimiento se limita al daño que podía preveerse
al tiempo en que ella fue contraído”.

El incumplimiento es considerado, como el primero de los requisitos de la


responsabilidad civil contractual; el cual se presenta como un comportamiento del
deudor que quebranta la obligación, adquiriendo ese obrar el carácter ilícito o
antijurídico. Según la enseñanza clásica, tal ilicitud, trae como consecuencia la
obligación de resarcir el daño causado al acreedor; siempre, que concurra un factor
de atribución que lo justifique.
Ernesto C. Wayar dice al respecto: “Es bien sabido que para que haya pago o
cumplimiento, el deudor debe dar, hacer o no hacer, exactamente aquello que
debía, exactitud que se mide en relación con el objeto, el lugar y el tiempo. El
concepto de incumplimiento no es dado por oposición, pues consiste en un
comportamiento desacomodado o discrepante con el tenor de la obligación; de allí
que se haya podido decir que todo obrar disconforme con el que era debido
importa, sin más, incumplimiento. Adviértase que, por la amplitud de esta
afirmación, es extensa la variedad de hipótesis en que esa disconformidad de
conducta puede presentarse.”

Efectivamente, por la importancia y diversidad de sus consecuencias, el


incumplimiento no puede tomarse en forma ligera, es necesario evaluarlo en
función de una “teoría del incumplimiento” que precisa no solamente sus
conceptos, elementos, naturaleza, estructura, clases y consecuencias, sino que
nos permitirá resolver una variedad de problemas concretos. El mismo autor
señala: “Así, en el marco del derecho contractual, el incumplimiento es fuente de
importantísimos efectos jurídicos que no siempre, ni necesariamente, se
relacionan con daños o menoscabos patrimoniales de una de las partes; es lo que
ocurre, por ejemplo, con la excepción de incumplimiento, la resolución contractual,
la excesiva onerosidad sobreviniente, la evicción y los vicios redhibitorios.”

En este sentido, se debe distinguir entre el incumplimiento absoluto y el relativo. El


primero se presenta cuando por razones físicas o jurídicas, sobrevivientes a la
formación del vínculo, no es posible realizar la prestación, o cuando el
cumplimiento de la prestación es inútil para el acreedor, al perder éste interés en
percibirla. En el segundo caso, cuando a pesar de la inconducta del deudor la
prestación es de posible ejecución, se afirma que el incumplimiento es sólo
relativo, aquí no hay incumplimiento, pues, aun cuando de modo parcial, tardío o
defectuoso la prestación se realizará. En todo caso son formas incompletas de
cumplimiento.

A diferencia de la inejecución total decimos que es parcial cuando la conducta del


obligado lesiona el principio de inte¬gridad del objeto, es decir no está completo,
no obstante lo cual se cumple. Cuando el comportamiento del deudor viola los
prin¬cipios de identidad o de localización, sin que por ello deje de cumplir, lo hace
defectuosamente. El cumplimiento tardío se caracteriza por la perdurabilidad del
vínculo durante todo el tiempo que dure el retraso del obligado.

Respecto de estas conductas y la antijuricidad que involucran, debemos tener en


cuenta lo que dice Carlos Fernández Sessarego: “Lo expuesto nos lleva a inferir
que, para dichos autores, lo injusto sería equivalente a lo “antijurídico”, mientras
que, dentro de nuestra concepción, lo injusto es lo jurídicamente prohibido. Es
decir, que lo injusto es, como lo hemos apuntado, el elemento negativo de lo
jurídico, si es que consideramos que el incumplimiento del deber y la sanción son
maneras de ser de lo jurídico.” Asimismo agrega: “Dentro de la indicada posición
se alinea Alberto J. Bueres, para quien la responsabilidad civil “supone el deber
que pesa sobre una persona de reparar el daño injusto ocasionado a otra”.
Precisa, a continuación, que en el concepto “abarcamos las hipótesis de daños
causados por conductas injustas (antijuridicamente) – perjuicios que involucran
una injusticia intrínseca -, y la de daños que son injustos per se, o sea, sin
reconocer una causación injusta (antijurídica)” .

3.2.- El Daño

Este requisito es considerado por muchos el más importante y complejo, pues si


no se demuestra su existencia y la relación de causalidad entre este y el
incumplimiento, no se podrá de ninguna manera demandar la indemnización.

Etimológicamente la palabra daño, procede de la voz latina “damnum” que


significa pérdida, perjuicio o gasto. Muchos autores lo definen como la violación de
uno o varios de los derechos subjetivos que integran la personalidad jurídica del
sujeto producida por un hecho voluntario o producto de la negligencia y que
genera la obligación de indemnizar.

El daño puede ser de dos categorías: daño patrimonial y daño extrapatrimonial, el


primero constituído por el daño emergente y el lucro cesante, el segundo por el
daño moral o daño a la persona.

Su importancia es tal, que de faltar, sería inoficioso el investigar si el cumplimiento


es imputable al agente o si este se encuentra en mora, ya que para que opere la
indemnización de daños, estos deben existir realmente. Sin daño o perjuicio no
hay responsabilidad civil, puesto que el objetivo primordial de la misma es
precisamente la indemnización o resarcimiento del daño causado.

Doctrinariamente, se exige que el daño sea cierto o real, esto es, efectivo.
Fernando de Trazegnies, citando a Alfredo Orgaz dice: “Existen diferentes tipos de
daños reparables. Pero ante todo es importante destacar una característica
general de todo daño susceptible de reparación, el daño, cualquiera sea su
naturaleza debe ser cierto si quiere aspirar a una reparación presente o futuro,
pero cierto. No puede ser eventual o hipotético, el simple peligro no da lugar a
indemnización, tiene que materializarse en daño.”

De lo señalado precedentemente podemos afirmar que el daño eventual no es


indemnizable porque no es cierto, entendiendo como daño eventual el hipotético,
aleatorio, fundado en suposiciones o conjeturas. Así también el daño indemnizable
debe ser directo, esto es, debe provenir directamente del incumplimiento de la
obligación contractual. El daño indirecto no se indemniza jamás porque no existe
nexo causal entre el incumplimiento contractual y el daño por el otro. Finalmente,
el daño moral es indemnizable, entendiéndose por tal todo el sufrimiento, aunque
no tenga una apreciación pecuniaria.

3.3.- Relación de causalidad

Los hechos son siempre fenómenos complejos por la concurrencia de


circunstancias diversas que influyen en el resultado, en nuestro caso, del daño
cuya reparación se pretende. Cuando hablamos de un hecho aludimos a una
modificación del mundo exterior que sucede en un momento dado y en cierto
lugar, con la intervención de personas y cosas que constituyen sus elementos. Sin
embargo, cada hecho no es sino un eslabón en una cadena causal en la que se
suceden otros hechos que son antecedentes de aquél y hechos que son su
consecuencia.

La cuestión de determinar en cada caso cuál de los hechos antecedentes es la


causa de un cierto resultado es problema no muy facil de comprender y que en
cada caso constituye un problema a determinar.

En el caso de la responsabilidad contractual, es necesario que entre el


incumplimiento, por una parte, y el daño o perjuicio por otra, medie una relación de
causalidad: que el daño sea la consecuencia inmediata y directa del
incumplimiento o del hecho dañoso. Es precisamente por falta de nexo que el
daño indirecto no se indemniza.
Esté está referido a la existencia de una relación jurídica de causa y efecto entre la
conducta antijurídica y el daño causado y significa que este último debe ser
consecuencia de la conducta antijurídica, es decir del incumplimiento del deudor.
Efectivamente, el daño cuya reparación se pretende debe estar en relación causal
adecuada con el hecho de la persona o de la cosa a las cuales se atribuye su
producción. Es necesaria la existencia de ese nexo de causalidad, pues de otro
modo se estaría atribuyendo a una persona el daño causado por otro.

Nuestra regulación en este tema adopta la teoría de la causa inmediata y ajena.


Es así que Lizardo Taboada Córdova, señala: “La diferencia de regulación legal en
nuestro Código Civil radica que en el campo extracontractual se ha consagrado en
el mismo artículo 1985° la teoría de la causa adecuada, mientras que en el
contractual en el mismo artículo 1321° la teoría de la causa inmediata y directa.
Sin embargo para efectos prácticos, las dos teorías, nos llevan al mismo
resultado.”

3.4.- Los Factores de Atribución: La Imputabilidad del Perjuicio Otro de los


requisitos para que proceda la indemnización de daños y perjuicios, es el de que
el incumplimiento, ya sea este total, parcial o simplemente un retardo, sea
imputable al deudor, es decir los factores de atribución que determinan la
existencia de la responsabilidad.

Unicamente bajo esta premisa se le considerará como autor de los daños


causados y, por tanto, obligado al resarcimiento correspondiente.
Este requisito exige que el deudor incumplidor o el hechor del acto dañoso hayan
incurrido en culpa, clasificado en tres grados, de acuerdo a lo señalado por
Lizardo Taboada Córdova “El factor de atribución depende del tipo de
responsabilidad: en la responsabilidad contractual, es la culpa, clasificado en tres
grados: la culpa leve, la culpa grave o inexcusable y el dolo.”
El dolo se define en en nuestro ordenamiento, artículo 1318° del Código Civil ,
como la intención deliberada de no ejecutar la obligación, sin embargo no es lo
mismo dolo civil y dolo penal. Al respecto Anibal Torres Vásquez en sus
cometarios al mencionado artículo del Código Civil nos dice: “Hay que diferenciar
el dolo civil del penal, pués el primero se conforma con una voluntariedad teñida
de mala fe, pero sin exigir la intención de dañar… La causalidad dolosa es lo que
la Ley castiga y no la entidad del daño ni la finalidad primordial de dañar que
podría configurar el dolo penal”
En al sentido, si esta intención dañosa aparece en el incumplimiento de alguna
obligación contractual, ese dolo tendrá como efecto un aumento de la
responsabilidad del deudor, puesto que responderá en este caso no sólo de los
perjuicios ocasionados, sino también de los perjuicios futuros, daño emergente y
lucro cesante.
Se entiende por culpa la negligencia, descuido, falta de diligencia o cuidado, falta
de precaución, inadvertencia, con que una persona afronta el cumplimiento de sus
obligaciones. La graduación señalada anteriormente permite aumentar o disminuir
la responsabilidad según lo señalan los artículos 1319°, 1320° y 1321° del Código
Civil. Así lo señala Lizardo Taboada Córdova, cuando dice: “Asi, si el
incumplimiento es consecuencia de dolo o culpa grave del deudor, los daños y
perjuicios a reparar son todos aquellos consecuencia inmediata y directa del
incumplimiento que pudieran preveerese o no al momento de contraerse la
obligació, Por el contrario, si el incumplimiento obedeciere unicamente a culpa
leve sólo se indemnizarán los daños y perjuicios que sean consecuencia inmediate
y directa del incumplimiento que podrían preveerse al momento de contraerse la
obligación.” Ello ciertamente significa que el quantum indemnizatorio no depende
solamente del nexo causal sino también de los factores de atribución subjetivos
precisados.

4.- La Indemnización

La responsabilidad contractual, se materializa en la indemnización de daños y


perjuicios, la cuál podrá ser compensatoria o moratoria. Será compensatoria
cuando la suma de dinero que debe el deudor al acreedor, equivale a lo que
habría obtenido el primero con el cumplimiento de la obligación y será moratoria
cuando la suma de dinero que el acreedor exige al deudor como equivalente al
atraso en el cumplimiento.
Es así que la mora se constituye en uno de los requisitos fundamentales para que
el deudor incluso el acreedor mismo esté en la obligación de indemnizar los daños
y perjuicios, lo cual se halla consagrado en el Art. 1339° del Código Civil, el mismo
que señala que el acreedor en mora queda obligado a indemnizar los daños y
perjuicios derivados de su retraso.

Por otro lado, debemos precisar que el simple retardo, no da lugar a la


indemnización daños y perjuicios, pues para que esta proceda, es necesario que
el acreedor le exija judicial o extrajudicialmente el cumplimiento de su obligación,
de acuerdo a lo señalado en el Art. 1333° del C.C., sin embargo esta intimación no
será necesaria cuando: la ley o el pago lo declaren expresmaente, cuando la
naturaleza y circunstancias de la obligación resultare que la designación del
tiempo en que había de entregarse el bien o practicarse el servicio, hubiese sido
motivo determinante para contraerla, cuando el deudor manifieste por escrito su
negativa a cumplir la obligación y cuando la intimación no fuese posible por causa
imputable al deudor