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LA FELICIDAD

DE LA MUERTE
CRISTIANA
Arzobispo Félix Amat
DE LA

MUERTE CRISTIANA.
LA FELICIDAD
DE LA

MUERTE CRISTIANA,
M E D IT A D A E N O C IIO D IA S D E R E T IR O
ó yfi
EJERCICIOS E S P IR IT U A L E S .

OBRA Cn> Q UE SE PREPARO PARA LA W üERTE

i
W m . f¡§ . f p * $ g « tf
ARZOBISPO DE PALM V a A E TC .,

Y (J U E POR E SC A R G O SU YO PDEUCA

n, F E L IX TO RRES A M A T ,
1W r ,T flD A | > n K S A C R I S T A DE L A S A fiT A U ÍL IÍS U n i! R A R C E I jO N A .

Con licencia.

BARCELONA:
IM PRENTA DE J. VERDAGÜEH,
CALLE URL G O B E R N A D O R , K. JO .

i832.
ADVERTENCIA DEL EDITOR.

Sonr potos [os hombres que forman de la muerte una


justa y exacta ¡dea* La luz de nuestra razón natural de­
bilitada y viciada por el pecado, nos la hace ver única­
mente bajo el aspecto qae la miraron siempre hasta los
mas sabios gentiles, es á saber, como la cosa mas terri­
ble deí mundo- Pero la luz de la revelación Divina, que
nos presenta la celestial y consoladora Religión de Jesn-
cristo, nos la bace mirar como el fin de nuestra miseria,
y como nn feliz traspaso de la casa terrena y ruinosa
en que vivimos, á la casa de la feliz inmortalidad y
eterna bienaventuranza que Dios nos tiene preparada
en el cielo-
El piadoso y sabio Arzobispo de Palinyra el Unto.
S l\ D. Félix Amat, conociendo bien Jas grandes ventajas
que, según todos los maestros de la vida espiritual, nps
acarrea la práctica de separarnos por algunos tiias de
toda suerte de negocios para aplicarnos únicamente á
la oracion, á la lectura de los Libros Santos, y al ai re-
pentiruiento de nuestras culpas, solia destinar anual­
mente algunas semanas al estudio y meditación de los
pantos mas principales de la teología mística; y á este-fin,
ya cuando joven acostumbraba retirarse cada año algunos
dias en la casa de la Misión de S. Vicente Paúl de Bar­
celona. E« 1811 un amigo suyo le dio noticia de una
obrita francesa anónima, que trata de la felicidad de la
muerte cristiana : leyóla con singular gusto; y cono­
ciendo que era este un asunto muy importante y po­
co conocido de muchos cristianos, concibió desde luego
la idea de publicarla traducida al castellano. Poco des­
pués, en octubre de 1812, pasó tres semanas en un pue~
blo eerca cíe Madrid, habiéndose llevado en su compa­
ñía á su sobrino D. Félix Mancharell y Amat qne le
servia de capellan y secretario, joven sacerdote que por
su-aína ble virtud é ilustración, y sobre todo por su
angelical candor , se babia granjeado tanto la estimación
de la Corte, que la augusta Madre de nuestro Soberano
solia llamarle el saníito. Aquí comenzó este digno ecle­
siástico por encargo de su amado tio la traducción
castellana de este librito, que acabó despues dicho Pre'
lado, y con cuya lectura hicieron arabos oeho dias de
ejercicios ó de preparación para la muerte ; la cual de
allí á algunos meses privó al limo. Sr. Arzobispo de tan
querido familiar, qne murió en Segovia á 18 de agosto de
18 15, á donde habia ido para recobrar la salud (*}.

(* ) Escribióte el dia antes de morir la siguiente esquelíta de des­


pedida para la eternidad , que manifiesta Jsit*n la felicidad de alí
muerte cristiana, « Día i 7 de agosto. — Mi venerado Tio y Sr. —■
« Me hallo hoy con tanta debilidad , que be enviado á buscar al se-
«fíor Cura de nuestra parroquia de S. Martin , hombre ya de algu-
« na edad y de bellas prendas. Pienso reconciliarme y estar dis-
« puesto para recibir el snnto Viático cuando el médico ío dispon-
«ga. Yo me resigno con toda conformidad á las disposiciones de la
Vr Divina Providencia. Mí» grandes deseos hubieran sido poder vol-
« ver á ver á V. S. lim a .; pero si no puede ser, le hago dos encargos,
« Primero ; Que con el primo D, Félix me encomienden mucho á
« Dios en estos dias, suplicándole me haga la gracia de hacer con
«una perfecta resignación eí sacrificio de mi vida. Segundo: Que
« V . S. lima, con el primo procuren consolar á mis hermanos ,
v encargándoles de mi parte que procuren disponerse cada dia para
« hacer el sacrificio de la vida que todos debemos hacer. Yo no ten-
« go expresiones para manifestar mi agradecimiento á las finezas de
Continuó el limo. Sr. Amat la piadosa costumbre de
estos anuales ejercicios; y sus familiares notaron el espe­
cial fervor con que los hizo en el ano de itíw en el con­
vento de Padres Franciscos ele Sampedor, y despnes
en ]8^4 en Barcelona, disponiendo Dios que por última
vez se ocupase en estas meditaciones nn mes ántes de su
umerte. Corno el piadoso Prelado manifestó muchas ve­
ces la idea de hacer en esta obrita varias adiciones y
mejoras considerables, con el fin de imprimirla despues
para utilidad y consuelo de los fieles , y últimamente me
encargó esto misino, lo ejecuto ahora ; advirtiendo que no
solo resulta muy variado el original, sino que los Salmos,
capítulos de los Evangelios y demas testos de la Escritura,
que forman las tres cuartas partes de este libro, se han
puesto según la nueva versión castellana de la sagrada
Biblia, cuya publicación celebró macho haber visto ya
comenzada este sabio y celoso Prelado. He añadido al
fin los textos latinos de la Escritura y santos Padres
que se citan <5 se extractan en varios lugares; y obtenida
la debida licencia añado también ei Padre nuestro del
Hermitaño, ó el modo cen que le meditaba un piadoso
solitario, que hallaba siempre en la Oracion Dominical
toda sn alegría y consuelo ; y además Apongo al fin ana
fervorosa elevación dei alma á Jesucristo, considerado
como su pan en el Santísimo Sacramento.
Dígnese derramar el Señor abundantemente sos ben­
diciones sobre los que meditarán las verdades conteni­
das en este libro: meditación que nos hará mirar siem­
pre como de paso todas las cosas de este mundo , y ia

« V. S, Urna. ; pero espero que el Señor Je lo recompensará , com o


w¡e lo «nplica su sobrino Q. B, S. M — Félix ManchardI y Amala»-
vida presente como un destierro, del cual deseemos pronto
el fin para entrar en nuestra verdadera patria, y gozar
allí ele la libertad de los hijos de Dios con la posesion
de la herencia de nnestro Padre celestial* que no es otra
cosa que el mismo Dios. Así nuestra muerte será pre­
ciosa á los ojos del Séñor, y exenta de aqaellas án-
sias terribles y espectros espantosos qae hacen tan
horrorosa la del pecador .■el cual, si lee este libro,
no podrá ménos de envidiar la paz interior, ó calma
celestial, con qne el jnsto espera la hora de sn meterte ;
ni dejar de confesar qae ya en este mundo es mas feliz
et bnen cristiano , qae el qae signe el impnlso de sas
desordenadas pasiones*

ERRATAS.

P ág. U n. dice. debe decir.

3 a; con los con II


'£<■ 5 12 penmanentes permanentes
■ is9 . , y exclam ó; y exclamo :
33 22 nos las nos lo
Ga aG uno una
J3 I 30 conjunturas coyunturas
*43 I¿¡ verá ver á
l 65 i3 las aguas Jas aguas
tw 15 ( i 69) ( i 7o )
ÍNDICE.

• .
PR EFA CIO en que se explicti el designio de esta obra■ .
.
i
§ I. Qiié personas pueden y deben desear la muerte ? . . ib',
§ II. Qué es lo que contienen estos ejercicios espirituales ? ^
§ III. Porqué se Tejieren al Padre nuestro las verdades q u e ' *
se proponen en estos ejercicios ?.................... ..... í»
§ IV. Qu¿ tiern/X) es el mas propio para hacerlos ? . . . í j
§ V- P ara que dase da personas se han escrito ? . . .
DIA PRIMERO. E l cristiano como criatura da D ior ha de-
desear la muerte ; porque Dios es su v id a , su reposo y
su fe lic id a d eterna ................................................................... 1 7
VírdAdes que dan á conocer la felicidad de la muerte-
cris liana- Consideración I. Dios e.f ¡a per f'e.ccion y Irt
p len itu d de la vida del a l m a ............................................. t !í
ÍI. «s su descansa eta-na .................................. .
III. es su bienaventuranza p e rfec ta .......................................
Vjhtudes que disponen a! cristiano d una tuurrtr feliz.
Para la mañana. EsjuVItu de Religión. . . . . . . -id
Lectura, Salino S. Duininc Dominus nusler.— Salmo 3 >.
Ex [lítate iusti in Domino. — Capitulo l f r. del Evange­
lio de S. Juan.............................................................. 3 r
Para la tarde. Reconocmu'rnto............................................. ífr
Lectura. Salmo ro-j. Benedic anima mea Domino.— S>.d-
mo n 5 . Credidi ¡impier quod locirtus sum__ Cap. i.
de la Epist, de S. Pablo á los de Éfeso, . . . 39 á .'¡■ >
Í)IA SEGUNDO. Justo es que desee la muerte el cristiano
como hijo de-Dios por el bautismo } para ser perfecta-
mente santificado en Dios por toda la eternidad. . ,
Verdades etc. Consideración L E n el sena de Dios Pudre
hallaremos la perfecta adopción de hijos suyos . . . 7(5
II. E n nuestra muerte el soberano Pontificó Jesucristo
consumará nuettro tacrificio en unión con el suy o . - 4^
í a ),

III* E n ella completará el E s p ír itu Santo in-santificación


de nuestra adopción y de nuestro sacriñcio. . . - . . ¿J'-
V i n t i D E se tc . P ara la mañana■ L a F e ................................................. 5i*
L ectu ra. Salmo | 5 . C 'inse.tv.i .tnfi D o m in e . — S d m o íií».
D e u s m iser ea ln r. -^-ÍCrifr. f. íM Evrtng. <le S . J u a n . 5 5 á 5(i
P ava la tarde. E sp ír itu (le s a c r if ic io ..........................................G i
'■ Lectura. Salmo Indica me Deus__ Salmo 30 . Ex]»-c-
■' ta n íe ^ jie c ta v r .— Otp. X L ele h R pU t. A Tus H elivéos;;G j á f¡7
DÍA TERCERO. E t cristiano ha d<> desear la muerte, co:no
- rniebibf'ó de'Jesucristo^ para completar sit cuerpo m is ti en. 7 3
VtRtiADEl ít c . G on su leraeiort í . E n la muerte .((* completa y
>■ perfecciona el Reina de D ios en los corazo-ncs.de sus
■ sa n to s.-'. . .. . . , . . ■, , . . .. . . : . y 5
IL E n el dia del juicio quedará consumado el Jieifio .de
Jesucristo p o r el cumplimiento del cuerpo místico de . -
tfue'eacabeztr. . . . . ...... .. ... ... t, 79
^III. E n la muerte adquieren Ins santo.1; su Jtcino eterno 7
que es t i mismo JJeino de D ios-y de Jesucristo, Y en fa
muerte del últim o de los escogidos llegará n ser conf-
í? pleto el perfecto Heitv> de la Iglesia. .. . .. Ss
Virtudes etc. P ara la tnanana. La Esperanza. . . , 86
'iz Lectura. Salmo 4. Cum invocaren!, — Salmo 3 o. fu le ;
JJ ’Vniu^spe vi.— Cap. X X L del Evang.tleS. Lucav& >á O3
»\l P ara la tarde. La [ileiM con Jesucristo, ... . . > 94
JjectuVa. S d m o (\1 . ■Magnus Dpminus. §nlpio. 9 o.
Qqc habitat in adítiEori'O. — Cap. l/ . ríe \.i Epist. á los
*:i ; Romanos . t . . . ... . . . .... ,-írfi á 99
DIA CUARTO. E l cristiano ha de desear la /tinerte co/ifQ
discípulo de D ipsypara aprenderá amarle perjectanien*
de todo-corazon . ■. ■. .. . i . . toa
'V erd ad es etc. Consideración I. E n esta vida no te puede
aprender-bien -la d o ctrin a :del. amor, de ÍJ ío í que -foíff- .. .t
ñ a .e lE s p ir ilu . Santo . : . . . , - . . . . ..; * . i o4
¿ H . N i puede $er 4$l io4o :p^rffqto el 0m or^e D ^f;._.p^
efiár i l corase# ffpfgatfi fá m p ra á q lg yfá & ia lp rft* ,..,.^ 5
Mil. / por. tener ■vimprn^jk&sbftt:
vnjbwh.&'&¡MÍGÍqn 4 ^S íf®
^yiRToim^fe. jPoít? ^ ' i >..v.-- . v v*, ,u®
|^étiira;áW//ñó i r£ D ilíxi, tjürtttíam" í-jcaüdiet. ~ *Sa¿-
J mo 35. D íxit imusius— X de S- Lucas* . U 3 á n 5
P ara la tarde. Fidel ul,id *• : . . . . ii9
Lfem ia. Salmo 23 , Doirtrni est terva. — Salmo 3S. -DÍ-
x l : CustbiliaTn— Crí/^. 13 de lü I. Carta á los Cormtv 122 ó 124
D IA Q U IST O . Junto es que el cristiano como imánen de
Dios desee la muerte á j i n d e alim entarse con el pan - •
J ¡ de la Verdad eterna. - ^ • . 126
Verdades etc. -Consideración I. L a f e es la infa n cia dél
r-~ : cristiano ^ y en ella no se puede comer el p a n ó a l i-
mentó de Uh fuertes, que es.el pan de la l'crd a d etern a . 1 s 9
II. E l deseo de este pan debe ser continuo c tt.la v id a
' presénte - * • ■■- . - • ^ ■ . . . . i3i
' III. Especialmente al rezar él Pütlre nuestro, al o ír M Í-"
s á t y ai recibir el Pon cucar Utico . .- v . i 3a
Virtudes etc. P ara la mañana. E l des-o He vrt^ á üios, . 1 34
Lectora. Salmo i>(j, Dominus ¡lluminatio Túea.— $a$-
mo \ r. Quecnadmodum desiderat.— Cap. XVÍT. - áel
Evangelio de S. Jaan. . . . . „■i 37 á i 39
P ara la lardé. La pureza de corazon. . . . . - • ^
Lectura. Salmo \í\. Domíne1, quis habitalñt. - S a l -
mo 72 . Quhtn honus Israel. -~ Qtp. IV . de la Carta á
los Hcincos. . . l . . . ‘ J 1 f i á i ^3
D IA SEXTO. E l cristiano , como pecador , ha dé dentar la
muerte p a ra satis facer plenamente á la Diviná ju stic ia ,
y, recibir la perfecta remisión de sus pecados. i 5i

Verdahes etc. Cm sid tíiVí ín'I. Jesucristo qiie m urió para


satisfacer por nuestros pecados j deseaba la muerte
por espíritu de penitencia ¿ y p o r zelo de la ju stic ia
^— de Dios. D?bc/m* ¿itiitar este'deseo . . . . / . i 53
- ■ II. Jesucristo es el Cordero sacrificado p o r nüestróspé* ‘
cadas : y el sacrificio dé nuestra vida en unión con e l de
- Jesucristú nos hace recibí r la p e ife e ta remisión de éllos. 1 56
r ' • HI. E l sacrificio de la &ibe.»a y de los m iem bros'es
*■*'- uno. Debemos desear lá m uerlú p a ta consuma? con
élla en nósiytros la m uerte y pasión de Jesucristo
mUriénctó con elSeñor- ■ ? >v -;v L. - / . i 59
r <'VjRTíjñEs ete. P ára la mañana. EtpiVítu dé penitencia , 161
LeeLura. Salmo ; 6. Voce mea ad Dominum. — Salmo a \ .
Ad te Domine? íevavi.— Cap. III. de S, Mateo, 1G4 á-*G7
P ara la tarde. La humildad ........................................ i 69
Lectura. Salmo 12H, Ad te Íevavi oculos meos. — S al­
mo i 3o. Domíne non est exaltatum. — Cap. J t de la
Carta á los Hebreos..................................................i 7 a á i 73
£HA SEPTIM O. EL cristiano debe desear la muerte como
hijo de A dán para no ofender mas a Dios . ' . . . i 78
Consideración I- E n esta \>ida son inevitables las ten­
taciones de la carne y de los sentidos ........................... 180
II. Lo son también y mas peligrosas las de la curiosi­
dad d d cnle.ndimientQ ......................................................... 184
HI. Y lo son todavía mas las del orgullo del corazon. 186
Virtudes etc. P ara la mañana. El odio del pecado . . . i 89
Lectura. Salmo 5 . Verba m ea. — Salmo 12. TJsquequo
Domine. — Cap- VIII. del Evangelio de S. Juan. i 9 a á *93
Pava la. larde. La -vigilancia .............................................. i 95
Lec.tura. Salmo fia. Deus. Deus meus. — Salmo . Ad
te Domine. — Cap. V IL de la Epist. á los Bom. i 99 Á 201
DIA O C T A V O . E l cristiano., como e xtra n jero sobre la tier­
ra y ciudadano del cielo, debe, desear la muerte por
am or de la p atria celestial ............................................. 1 o 5
Consideración I. E sle mundo es el país de los hijos de
Adán. Los hijos de Dios están en él como pasajeros
y extj'angeros .■..............................................ao7
II. Nuestro cuerpo actual es todavía el cuerpo del hijo
de A d á n : no es el cuerpo que ha de tener el hijo de
D ios j ciudadano del cielo .............................................. 21 o
íil. E l pj'incipe de este mundo es el demonio : ni esta­
mos del todo libres de él durante la vida - . . . , 213
Vjh'tudjis etc. P ara la mañana. Oposicion á este mundo- . 2>5
Lectura. Salmo n 9 . Ad Dominum cum tribularer. —
Salmo ij{). Su per ilumina BabylonU. — Cap. 5 , 6 y
de S. M atéo: Sermón del Señor en la montaña. 2 i9 Í2 2 0
P ara la tarde. Gemido del corazon. . . . - . a3 i
Lectura. Salmo 83 , Quám dilecta tabernáculo, — Sal­
mo 121. Laitatus sum ih- hi*.— Cap. L de la Carta de
5 - Pablo á los de Éfeso V ■............................. a 37 i a 39
PREFACIO
UN jQUE SE EXPLICA. EL DESI GNI O D E ESTA OBJ U.

s *•
Qué personas pueden y deben desear In muerte ?

D e c ir que la muerte es un bien y una felicidad,


y que el hombre debe considerarla como un objeto
digno de sus deseos, es una doctrina que nuestra
naturaleza jamás ha podido oír sin repugnancia :
es una paradoja que hasta ahora no ha podido
comprender la filosofía humana, aunque varias
veces ha hecho alarde de entenderla y admitirla.
Mas el cristiano sabe que es una verdad que el
Espíritu Santo nos ha revelado por el ministerio
de S. Pablo, el cual nos la propone e inculca ( i )
como uno de los primeros principios ó máximas
fundamentales de nuestra Religión. Y por otra
parte el ejemplo de tantos Santos ilustrados por Ja
fe, y animados de la gracia de Jesucristo, nos obliga
á mirar el deseo de la muerte como una máxima
fácil de practicar. Porque ¿ no vemos en la vida y en
la muerte de todos los Santos que es mas fácil que
un verdadero cristiano ame y desee la muerte, como
que espera en dia sus delicias, <.|iie no que ame
esta vida mortal, y halle en ella placer y alegría i*
Con el nombre de cristiano entiendo al que lo
es de veras j ó al alma que vive de la fe : pues en
cuanto á los hombres carnales , que pegados á la
tierra viven según sus pasiones , la Escritura nos
enseña (2 ) que el mero pensamiento de la muerte
es para ellos un suplicio. Mas ti cristiano que co­
noce el lin para el cual Dios le crió, y que además
conoce con qué fin el Señor con una nueva creación
le adoptó entre sus hijos, haciéndole miembro del
cuerpo místico de su divino Hijo Jesucristo ; el
cristiano que sabe lo que de su propio corazon
quiere hacer el Espíritu Santo >que se le dió en el
bautismo : que sabe que este Pintor adorable quie^
re trocarle en una imagen viva del mismo Hijo
de Dios, tirando acá en la tierra por la fe las pri­
meras líneas de la semejanza que debe completarse
y perfeccionarse despues en el cielo con la luz
de la gloria, y que siendo así hijo de Dios, es
también heredero suyo : el cristiano que conoce
cuanto debe á la Divina justicia coma pecador, y
además como hijo de Adán ve en sí mismo tantas
posas que debe aborrecer : que hace profesion de
no ser de este mundo, pasando su vida entre lágri­
mas y gemidos como los cautivos de Babilonia , y
que tiene siempre los ojos de su corazon fijos en la
celestial Jerusalen como ciudadano de ella : el cris­
tiano que no halla gusto en los placeres ni en los hie-
i>es terrenos, y espera con ansia las delicias celes­
tiales y ios bienes eternos : el cristiano en fin que
puede decir con S. Pablo (5 ): Milu vivere Christús
vst: mi vivir es todo para servir á Cristo; se gozará
en añadir también con el Apóstol, et morí lucrum:
y el morir es una ganancia mia y una dicha; pues
me lleva á él.
¡ Dichoso pues aquel cristiano que ha trabajado
toda su vida en formar la de Jesucristo en su cora­
zon , crucificando su propria carne con todas las
concupiscencias 1 ¡Dichosas las almas en quienes el
mismo Jesucristo imprimió sus llagas, ejercitándolas
con trabajos continuos, con persecuciones interiores
ó exteriores, con frecuentes adversidades y contra­
dicciones, con largas enfermedades ó por otros me­
dios , haciéndolas llevar la mortificación y la peni­
tencia en sus cuerpos, á imitación del Señor que
tanto padeció en el suyo! ¿ Qué tienen que desear
esas almas escogidas sino el morir cuanto antes
con Jesucristo, según la expresión de S. Pablo ( 4 ),
á fin de que se cumpla igualmente en ellas el
que vivan luego juntamente con el Señor para
siempre en la Gloria ? ¿Y qué ocupacion puede ofre­
cérseles tan santa ni tan necesaria, como la de em­
plear algunos dias de retiro en imitar los santos
afectos y ejercicios de Jesús moribundo, despues
de haberse empleado en los de Jesús penitente, exci­
tándose mas y mas con los consideración de las gran­
des calidades que ántes insinué, y que contienen
otros tantos poderosos motivos y razones eficacísi­
mas para mirar la muerte como deseable y deliciosa?
3 II- Q ué es ío que contienen estos ejercicios ?
Los deseos de la muerte no son sólidos ni ver­
daderos , sino cuando están acompañados de las
virtudes que forman al verdadero cristiano. Por
esto se propondrán á los que desean prepararse
para la muerte con algunos dias de retiro ó de
ejercicios espirituales, primero alguna de las ver­
dades que inspiran deseos de la muerte j y despues
dos virtudes cada dia } una por la mañana y otra
por la tarde, á fin de que procuren renovarlas y
arraigarlas mas y mas en su corazon.
En tan piadoso conato no hay medio tan oportuno
para asegurar el éxito como la oracion ; y los modelos
que el Espíritu Santo se lia dignado suministrarnos
por sí mismo, son sin duda los mas perfectos, y
los que debemos creer mas regularmente acompa­
ñados de los interiores auxilios de su gracia. Con
este conocimiento se han escogido algunos Salmos
que contienen vivos y santos afectos conformes á
las verdades de cada dia. Y no habiendo cosa mas
útil ni mas própria del sumo respeto que se debe
al Espíritu Divino, que poner muy particular aten­
ción en las verdades que se ha dignado revelarnos
en la Escritura sobre tan importante negocio ; se
han escogido los lugares que han ocurrido ma$
propios para reanimar la fe de estas verdades, y
mas capaces de llenar el corazon al meditarlas.
No se han puesto distintos puntos de meditación
para la mañana y para la tarde. Cada una de las
PitEFACIO. 5
verdades que se proponen es de bastante impor­
tancia , y bastante fecunda para ocupar el entendi­
miento, y tener lleno el corazon en todo un dia.
Y tal vez será mas útil repasar y meditar de nuevo
por la tarde las mismas verdades que se contem­
plaron por ía mañana} que pasar á otras nuevas ;
pues con esto se fatiga á veces ó se confunde el-
entendimiento con la multitud y variedad de los
objetos : los cuales por otra parte no siendo mira-
dos sino como de paso, no llegan á echar hondas
raíces en el corazon j y7 por decirlo así7 no tienen
tiempo de germinar en é l, y producir frutos pen-
manentes. Con todo se ha procurado satisfacer á
varios gustos j pues en la unidad del asunto que
se propone á la meditación no deja de hallarse en
tres artículos bastante variedad para pasar contem­
plando tres horas distintas.

§ III. Porqué se refieren al Padre nuestro las


'verdades que se proponen en estos ejercicios ?
Encargo mucho el uso de la Oración Dominical
en estos ejercicios; porque todos los deberes del
cristiano se incluyen en ella como en un excelente
resumen del Evangelio, que es el nombre que le
dió un célebre escritor eclesiástico ( 5 ) mas ha de
catorce siglos. Si en todo el tiempo de la vida es
útil y santo el uso de la oracion del Padre nuestroj
es mas necesario que nunca al tiempo de la muerte^
y en los dias que destinamos para preparamos á
ella, renovando nuestra exactitud en el cumplí-
miento de nuestras obligaciones, y purificándonos
con ejercicios de piedad de todas las faltas de la
vida. Porque, como dijo S, Agustín muchísimas
veces, la oracion del Padre nuestro es la penitencia
de todos los dias , es un excelente medio de puri­
ficarnos de las faltas en que nos hace caer la debi­
lidad de nuestra naturaleza , es como un bautismo
que se puede reiterar á cada momento.
Además es una especie de semilla Divina, dentro
de la cual se incluye el fruto de todas las verdades
cristianas- Es un sagrado germen de que nacen
todos los santos deseos que puede formar el alma
que busca á Dios. Es una cifra de muy admirable
artificio que contiene todos los secretos del Reino
de Dios de un modo misterioso y escondido. En
ella los que tienen los ojos de la fe abiertos y aten­
tos descubren todo lo que se ha de creer : los que
poseen el gusto de las cosas celestiales hallan todos
íos bienes que deben esperar; y aquellos en quienes
es vivo y delicado el sentimiento de la caridad,
cotíoCen sin trabajo todo lo que deben amar según
fct caridad cristiana- El Padre nuestro es la oracion
de la misma caridad, pues que es la de los hijos-
de Dios: ella es el cumplimiento de la Ley, de krer
Profetas y deí Evangelio; y quedaría yo muy con-
fcenfcüj aunque no supiese ni pudiese hacer otra cosa;
que decir ub Padre nuestro r si fuese tan feHz (¡de?
le dijese biei*.
Decirle bien es,, á mi entender, decirle con ei
r.yrazón lleno de una fe humilde y serte illa Tde uña
esperanza viva, y de una caridad ardiente : con un
corazon desprendido de todo lo terreno y cutos
afectos todos se dirijan y eleven hácia el Padre
tjue tenemos en el cíelo : con un corazon abrasado
en la sed de la herencia que allí nos está reservada:
en fin con un corazon propiamente de niño que
no conoce ni ama sino á su padre, que no cree
necesitar sino de él, que no busca sino á é l, que
no suspira sino por él, que no corre sino tras de él,
y que no se arrima sino á é l; y para quien la mano,
los ojos y el seno del padre le sirven para todo: la
mano para conducirle, sostenerle y defenderle
miéntras anda : los ojos para cuidarle, velar so­
bre sus pasos y atender á todas sus necesidades; y
el seno para descansar el niño fatigado, pata reci­
bir el alimento, y para gozar de las caricias de los
abrazos y del tierno afecto del padre.
Tales sentimientos son parte de los que excita la
primera palabra de esta oracion Divina, en todos
los que la dicen aplicando bien su espíritu y su
corazon. Porque es casi imposible que el cristiano
invoqueá Dios llamándole Padre, sin acordarse que
es hijo suyo, que le debe el ser, la vida, y todo cuanto
es y tiene. Y pues que este Padre que está en el cielo
no le ha criado sino para sí mismo, justo es que
el cristiano no viva sino para é l: que contínnamente
se dirija hácia él, y que sin cesar suspire por Isr
vida del cielo, en la cual este Padre adorable quiere
que vivan en él mismo y de él mismó todos aquellos
hijos suyos que en la tierra habrán vivido para él.
*
p r e f a c io ;

Continuando esta santa oracion hallará luego eri


ella el cristiano en qué consiste el vivir de Dios y por
Dios, que es el modo con que deben vivir sus hi-
jos para imitar al Padre; pues consiste en vivir san­
tamente , apartándose de todo lo que sea indigno
de la santidad del nombre de Dios que se invocó
sobre ellos , y deseando este total apartamiento ó
separación para hallar en el seno de su Padre y
Señor la santificación perfecta que aquí bajo no se
puede conseguir.
Con esta idea anhela con ansia el cristiano por el
feliz momento en que espera ver el Reino de Dios
perfectamente establecido, y su voluntad cumplida
del todo ; y ver también como despues de consu­
mados los eternos designios sobre la Iglesia, el Se­
ñor se da él mismo á sus escogidos, no ya como
un pan que se distribuye con medida sucesivamente
de dia en dia, sino como el pan de aquel dia eter­
no en que se comunicará y difundirá todo entero
y sin reserva á las almas, para saciarlas y hacerlas
vivir plenamente en sí mismo.
Quien esté poseído de esta hambre y de esta sed
de la justicia ó santidad, y de que brille el Reino y la
voluntad de Dios; viéndose al mismo tiempo tan po­
co dispuesto y tan poco seguro de llegar á tan fer
liz hartura por la indignidad de la vida pasada ,
por la miseria de las tentaciones presentes, ó tam­
bién por lo mucho que en el porvenir ha de temer
del demonio, del mundo y de su propia concupis­
cencia: (¡‘coir cuanto ardor deseará y pedirá á Dios
la general irrevocable absolución de lodos sus pe­
cados , la cumplida victoria de todas las tentación
nes, y la perfecta libertad do todo cuanto hay que
temer de la malignidad del demonio 7 del contagio
del mundo, y del hombre depecado ó concupiscencia
de la carne, que lleva en el fondo de sus entrañas?
Estos son los asuntos que deseo proponer á la
piedad del cristiano en los ejercicios de estos ocho
dias. La Oracion Dominical es el fundamento en
que todos estriban, y la materia de que se compo­
rten : no intento dar de ella mas que una paráfrsr^
ais ó exposición dirigida y acomodada á la fe, á
la esperanza y al amor de fci vida bienaventurada*
Si es un defecto el no poder apartarlos ojos de esta
santa oracion, siempre que se ha de tratar de algún
asunto religioso, sea el que fuete, confieso que
tengo este defecto; y lejos de estar dispuesto á cor­
regirme, me creo obligado á comunicarle á los
otros en las ocasiones que Dios me erivia.
No solo debe esta oracion ser el fundamento de
los presentes ejercicios piadosos; sino también un
ejercicio particular que comience y acabe todos
los demás, á imitación de lo que hace la Iglesia
que suele comenzar y concluir con ella todas las'
oraciones, cánticos de alabanza y ceremonias sa­
gradas. Ni son únicamente los eclesiásticos los que la
rezan con frecuencia; pues ella es casi la únic£
oracion que pone la Iglesia en la boca de los sim­
ples fieles. ¡Dichosos ellos si recibiéndola de la
mano de su- madre, la usasen siempre según el es-
piritu de elía^ y la rezasen con mas alericitm , con
mus respeto, y con sentimientos mas religiosos!
Porque realmente no es fácil (.tejar de llenarse de
indignación ó de compasion al ver como reza es­
ta oracion tan santa el coniun de los fieles, sin
f e , sin gusto f sin reflexión, por inera costumbre
ó rutina j y de un modo muy indigno tanto dé la
majestad de Dios a quien ofrecen este sacrificio
de sus labios, como de la bondad del Salvador
que se la dio y enseñó, y de la santidad del Divi­
no Espíritu que fué enviado a sus corazones para
formar en ellos la humilde adorácion y los devotos
gemidos (6) con que debería siempre estar anima­
da su proimncíacion,
j Cuan diferente es el modo con que la Igle&ia
reza la Oracion Dominical I La misma Iglesia de
Jesucristo^ la esposa á la cuál aína únicamente, y
á quien ha concedido el derecho de acercarse á
Dios, y de hablarle cotí entera confianza, y á cu­
yas súplicas como dirigidas por el Divino Espíritu
nunca deja Dios de atender, parece que no se atre­
ve á abrir su boca para pronunciar esta oracion
augusta. Aun en medio de los santos Misterios,
en que Jesucristo hallándose presente sobre los al­
tares como víctima, por til ministerio de la misma
Iglesia, debe inspirarte mücha Mbertad: con todo la
iglesia río reza el Padre nuestro sino con profunda
veneración, con un santo y religioso temor, y prece­
diendo un prefacio que respira muy grande humil­
dad y respetuoso temblor. En él sé excusa la Igle­
sia dei atrevimiento de rezar esta oracion Divina
con el saludable precepto que Dios le impuso de
valerse de ella, y con haberse dignado Jesucristo
componerla y enseñarla él mismo, para darle un
medio de dirigirse al Padre celestial en todas sus
necesidades, y de rendirle sus homenages.
Por tanto ruego encarecidamente al Lector que
siempre que quiera rezar esta oracion, éntre luego
en sí mismo, eleve su corazon á Dios, se una con
Jesucristo, y le pida su Divino Espíritu, á fin de
rezarla con todo el respeto que debemos al Señor
á quien se dirige por ser nuestro Dios, y con toda
la confianza que debemos tener en él por ser nues­
tro Padre. San Juan Evangelista hablando del pre­
cepto de la caridad cristiana, dice que es el pre­
cepto del Señor, y que él solo basta con tal qüe se
cumpla bien* Lo misino digo yo con igual razón
del Padre nuestro : es la oracion del Señor, y con
tal que se reze bien ella sola basta.

§ IV.
Qué tiempo es el mas propio para estos ejercicios P
Los que quieran valerse de estos ejercicios, to­
marán el tiempo que mas les acomode, y en qüe
puedan mas fácilmente preservarse de toda disipa­
ción. A mí rae gusta; mucho el consejo que en este:
particular da el precioso libro’ de la Imitadoti de'
Jesucristo ( ^ ) ; » Es nyery buewo, dice, poco ántes
'<de las fiestas principales, proctsrar con sanios ejer-
" cirios entrar en nuevo fervor, implorando á este
» hn con mas eficacia la proteeciun Je las Santos.
■<Debemos { añade) formar santos propósitos de

■una fiesta á otra, como si supiésemos que al lie-
« gar esta habíamos de ser llamados para pasar des-
« de el siglo presente á la tiesta de la eternidad.
« Por esto es preciso poner gran cuidado en prepa-
« rarnos ron tiempo llevando una vida mas fervorosa
«y mas santa, y cumpliendo con mas exactitud
« y piedad todos nuestros deberes : como que
» estamos próximos á recibir de Dios la recompen-
« sa de nuestros trabajos. Si todavía no se nos lia-'
« nía, creamos que es por no estar aun bien pre-
parados, y porque somos todavía sobrado indig-
« nos de aquella gloria tan grande y tan íncom-
« prensible que debe manifestarse en nosotros en
« el tiempo señalado por Dios. Y este conocimiento
« debe inspirarnos un nuevo fervor en disponernos
« para la muerte con mas perfección: Dichoso, dice
•<«1 Evangelio ( 8 ) , dichoso el siervo , d quien su
« amo encontrare velando cuando venga. En ver-
■ i dad os digo, que le dará la superintendencia de
« todos sus bienes ».
Las solemnidades de la Iglesia á que tienen mas
relación estos ejercicios son la fiesta del Nacimien­
to de nuestro Señor Jesucristo , y de su gloriosa y
triunfante Resurrección. El tiempo del Adviento que
nos prepara para recibir á Jesucristo en su primera
venida, es muy propio también para preparamos á
recibirle cuando venga segunda vez al mundo para
juzgarle, ó cuando venga á nosotros para librarnos
PREFACIO, Ki

con una santa muerte ele las miserias de la vida


presente. La misma Iglesia procura que los fieles
, en este santo tiempo consideren estas dos venidas
de Jesucristo. Desde el primer dia les hace oír aque­
llas palabras de tanto consuelo para los que esperan
al Libertador : Abrid los ojos (les rlice) r levantad
vuestras cabezas, porque vuestra redención y vuestra
libertad está ya cerca ( 9 ). En fin el Adviento es
un tiempo de fervor, y de vivos deseos de nuestra
renovación: es un tiempo de oracion, de gemidos
y de suspiros : y tal es la vida presente para aque­
llos que tienen puesta su esperanza en la otra.
También la Cuaresma, que según los Santos
Padres nos representa esta vida mortal, es un tiem­
po á propósito para prepararse para la vida veni­
dera aquellos que miran la fiesta de Pascua y el
tiempo pascual como la imagen de la vida del cielo.
Por la misma razón el santo tiempo consagrado
á la memoria de la vida resucitada de nuestro Sal­
vador, y que seguramente es el tiempo mas santo
del año, es muy propio paraque los que le conocen
eleven su corazon hácia los bienes eternos, y suspiren
por la vida bienaventurada, cuyas primicias adora­
mos en Jesucristo resucitado. De la fiesta de Pascua
y del tiempo pascual es el complemento y la per­
fección la de Pentecostés : y con gran consuelo y
confianza debemos esperar nuestra perfecta kdop^
cion, y pedir la plenitud del espíritu de adopcion
de hijos de Dios en el tiempo en que la Virgen
Santísima y los discípulos de Jesucristo le recibieron
t/f PREFACIO.

non tan abundante plenitud. En fin todo tiempo es


bueno para aquel para quien el tiempo no es nada,
y cuyo corazon solamente se ocupa en la eternidad. ,

§ V. Para qué clase de personas se kan escrito


ejitas ejercicios piadosos.
Aunque en estos ejercicios se considera la muerte
en cuanto es amable al cristiano, y no se trata di­
rectamente de las almas que no pueden mirarla sino
con miedo y horror, ni de dispertar á las que sepul­
tadas en un profundo olvido del ultimo momento
no temen como debieran sus resultas: sin embargo
no creo que pueda acusárseme ni de que inspire á
las almas buenas un deseo presuntuoso de la muerte,
ni de que haya olvidado a aquellas, á quienes im­
porta mucho que se les inspire un saludable temor.
Para estas hay una infinidad de obras corrientes
entre todas las clases de personas; pues como seme­
jante disposición es por desgracia la mas común
entre los cristianos, con razón se levanta siempre
la voz para hacer memoria de la muerte, y paraque
se consideren sus espantosas consecuencias con
temor y sobresalto. Mas de esta nueva ohrita sa­
carán mayor utilidad los que viven cristianamen­
te , y son como las vírgenes prudentes, que
tienen siempre sus lámparas en la mano y pro­
curan que jamás esten sin aceite ; llenándose con­
tinuamente de obras buenas acompañadas de una
sincera humildad , y estando siempre dispuestas
para comparecer en la presencia del Esposo, Por-
que viniendo como viene el Señor á ellas con un
corazon de Esposo, justo es inspirarles las disposi­
ciones correspondientes para recibirle. Almas hay
todavía mas eminentes y que ya casi no tocan en
la tierra : aliñas cuya vida es un gemido y suspiro
continuo por los bienes del cielo, ó para decirlo
mejor por el único bien de la eternidad : alntas
del todo opuestas á aquellas aliñas adúlteras, que
solo temen al Esposo porque aman el pecado. Las
esposas castas y fieles gimen en la ausencia de su
Esposo, y lejos de temer su presencia, nuda temen
tanto-como el estar privadas de pila por mucho
tiempo.“ Almas hay de esta dase en ]u Iglesia, dice
« S, Agustín ( ío ), aunque tal vez sean descono-
« cidas; nifis en cualquier parte que estén, ¡cuanto
* gusto tendría yo en hallar, en oir, ó hablar, en
« ser discípulo de una alma santa, de un^ alma
« toda de fuego, de una de las almas que desfa-
« ilecen en la esperanza del Reino Je Dios! Yo 110
* me atrevería á hablarla : Dios es quien pnpde
« conversar y consolar al alma que sufre <?pn pa­
cie n cia la vida presente en esta tierra extranjera.
« Tú quieres, le dice el Esposo ce)estial, tú quieres
« que yo venga, y yo conozco que es todo lo que
« tú deseas. Conozco tu corazon y que estás en
« estado de esperar sin temor mi Trenida. Sé cuanto
“ sientas que yo tarde en venir por t í: pero no te
canses de esperar; y sufre en paz esta dilación.
Yo jré por tí, é iré luego; pero los instantes duran
«mucho para el que aman.
No es mi principal intento el instruir á estas almas
escogidas. Dios ha escrito en su corazon estas verda­
des de un modo mas eficaz y mas santo que cuanto
los hombres pueden concebir. Mi designio es in­
ducir á aquellas que todavía no se hallan en tan
feliz disposición, á que deseen la gracia de ser ele­
vadas á ella ; y á que procuren hacer tales progre­
sos en la caridad, que la muerte comienze á ser el
objeto de sus deseos. Porque « muchos son los gra-
*<dos de la caridad, dice también el Doctor de la
« caridad : hay personas que reciben la muerte
« con paciencia, y las hay tan perfectas que no ne-
« cesitan de la paciencia sino para sufrir la vida
« presente. El que ama esta vida, y con todo sufre
« con paciencia la muerte cuando ha llegado su ho-
« ra , combate contra sí mismo á fin de seguir la
« voluntad de Dios. Mas el que desea como el Após-
« tol (i i) dejar esta vida para estar con Jesucristo, no
« muere con paciencia, sino que vive con paeien-
« cia , y muere con gusto ó con placer.»
Esta es la disposición en que yo ruego á nuestro
Señor que ponga el corazon de mis lectores : les
deseo esta gracia ; y les ruego encarecidamente con
S. Agustín que trabajen de tal manera en la perfección
de sus almas, que puedan desear el dia del juicio. So-
lo quien comienza á desear este dia, puede persua­
dirse que tiene una perfecta caridad. Le desea quien le
mira con .confianza, y ee tiene esta confianza cuando
gjoza el corazon de aqyella paz y tranquilidad que da
la caridad perfecta y sincera que excluye al temor,
LA FELICIDAD
DE LA

MUERTE CRISTIANA,
SjIlDITADA EN EL RETlíLO OCHO DIAS DE EJERCICIOS
• ESPIRITUALES,

P IA PRIMERO,

E l cristiano como criatura de Utos ha de desear la


muerte $porque Dios es su wda y su reposó y su
felicidad e t e r n h , .... ,

Pater noster 1<jm »á!ttí coeijs. ’Padre nuestro


que estás eh los cielos. ' < , . ¡ .,

Adííqoe. Dios en nuestra nueva creación en Jesu­


cristo sea nuestro Patlre.de un modo el mas noble
y, Adas siento; no ,deja de serlo también por nues­
tro primer nacurjiento de un niodo mas verdadero
y excelente que los, padres que nos dan la vida del
cuerpo* Porque Dios pqr sí solo es inmediatamente
tfl pudre de nutüjía’.a ajina 7 con la cual somos hom­
bres hechos á imagen de Dios y capaces de tmir-
nos en sociedad con Dios; y de Dios es de quien
recibimos el ser , la.vicla, y la razón, y todos los
que llamamos dones de naturaleza.
No solo tía el Señor la vida á nuestra alma; sino
que él mismo es la vida de nuestra alma. La vida
de vuestra canje ó. -de vuestro querpú, dice San
Agustín , es vuestra alma: la Vida de vuestra alma
es vuestro Dios: V r'ta caniis tías anima tua : vita
anima* luce Deüs tiius ( la ). Pero hay la diferen­
cia de que el cuerpo recibe de una vez toda au vi­
da natural; en lugar de que la vida de nuestra al­
ma 110 hace mas que comenzar en la tierra, se va
perfeccionando de dia en dia, recibe sucesiva­
mente nuevos aumentos; liasta que en fin llegará
el momento feliz en que recibirá su plenitud y úl­
tima perfección acompañada de una bienaventuran­
za infinita.
Mas en esta vida mortal no puede llegar á su
cumplimiento ó plenitud la vida de nuestra al­
ma:,y si nosotros pudiésemos concebir cuanta di­
ferencia hay entre su estado presente y el esta­
do en que se hallará cuando desprendida de
este cuerpo, cuyo peso la agrava, quedará per­
fectamente unida con Dios, y como abismada en
él; toda nuestra vida presente no sería mas que
un deseo continuo de la vida venidera. Porque en
ella Dios será I. la perfección y la plenitud de la
'vida de nuestra alma. II. su reposo o descanso eter­
no. ///, su bienaventuranza perfecta y consumada.
Estas tres consideraciones son las que deben ocu­
parnos en t*l presente dia primero.

Consideración L
Nuestra alma no es mas que una participación
de aquel Ser eterno, espiritual y omnipotente que
es D ios: y la vida de nuestra alma es una partici­
pación de aquella luz invisible é inaccesible, ó co­
mo una centella de aquel fuego Divino que arde
siempre y nunca se apaga , de aquel Ser que no se
alimenta sino del conocimiento y del amor de sí mis­
mo. Es nuestra alma una substancia ó un ser espiri­
tual, capaz de conocer y amar al Ser soberanamente
ín-tóligente, y soberanamente amable: un ¿erque no
está en este mundo sino para santificarse con aquel
conocimiento y con aquel amor; y que está destina­
do á ser eternamente feliz con la perfección de di­
cho conocimiento, y con la consumación de di­
cho amor. Hay en nuestra alma un grande vacío
que Dios quiere llenar, y que solo Dios puede llenar.
Es nuestra alma como una gran capacidad de conte­
ner á Dios : esto es , así como la vasta extensión
del aire que hay entre el cielo y la tierra, nos pa­
rece que no es mas que una capacidad propia para
recibir la luz y el calor del sol visible; y que el es­
tar lleno de luz y calor es como la vida del aire, y
su muerte el estar privado de ellos : de un modo
semejante debe compararse nuestra alma al Sol in­
visible. Ella está viva cuando la llena Dios, como
luz y ardor eterno: cuanta es esta plenitud, tanta
es su vida; y en cuanto se llena de otra cosa que de
su Dios, en tanto pierde de su vida y permanece va­
cía. Porque como dice muy bien S. Bernardo ( i 3 ):
Lo que es menos que Dios, puede entretener y ocu­
par una alma capaz de Dios y pero no puede lle­
narla* Y la gran miseria de esta vida consiste
en que debiendo nuestra alma no ocuparse ni lle­
narse sino en Dios y de Dios, casi siempre se
ocupa y procura llenarse de otras cosas.
' Está desgracia no solo proviene de los defectos
de nuestra voluntad , que es ciega, carnal é incons­
tante, y que por el pecado perdió el gusto de Dios;
sino también de las necesidades de la vida presen­
te, que nos obligan á ocuparnos en muchas cosas
que son indignas de la nobleza de nuestra alma, y
son causa de que esté vacía de Dios. Así lo refle­
xiona S. Agustín hablando del con sejo que dió Je~
tro á Moysés, cuando al verle sofocado con las
ocupaciones del gobierno del piieblo de Israel, le
dijo( i 4 ): Atiende al consejó que voy á darte, y
Dios será contigo. Sobre lo cual el santo Doctor ob­
serva , que esto significa ( i f>) «que el alma ocupán­
d o s e demasiado en acciones humanas, queda enal-
« gun modo vacía de Dios; y que está al contrario
« tanto mas llena de Dios, cuanto mas desprendida de
« las cosas terrenas se eleva hacia los bienes del cielo
«'y de la eternidad».
¿ Gomo pues es posible que nosotros amemos da
tierra y nos hallemos bien en la vida presente ? ¿ Có­
mo no suspiramos incesantemente por la libertad ó
desprendimiento de nuestra alma, á fin de que lle­
gue á estar enteramente llena de D ios, in omnem
plenttudinem (1 6 ) , con toda la plenitud de que es
capaz, y que Dios sea su vida con toda la perfec­
ción á que está destinada ? Consideremos con
frecuencia este estado j y á imitación de San
Agustín, varón de deseos y de gemidos, digamos
de todo corazon ( 1 7 ) : "• Cuando llegaré, ó Dios
«mió, á estar unido á Vos con toda mi alma,
« quedaré para siempre libre de todo trabajo y do-
« lor ; y entonces mi vida del todo llena de Vos, y
« de Vos solo, será una vida verdaderamente com-
«pleta y perfecta. Por ahora, al paso que nadie pue-
« de elevarse hácia Vos y sostenerse en Vos, sino
« en cua nto Vos le llenáis, yo mismo soy una carga
* pesada para m í, porque no estoy enteramente
« lleno de Vos ».

Consideración IL
El alma está hecha para Dios, y jamás tendrá
descanso ni gozará de quietud ó reposo hasta que
le haya conseguido en el mismo Dios. Todos los
hombres buscan el descanso ó tranquilidad j pero
no todos los hombres le buscan en Dios. Los mas
le buscan en las criaturas, en las cuales no puede
hallarse. Los que le buscan en Dios, le hallarán:
mas en esta vida mortal no hallarán un descanso
ó reposo perfecto, y exento de perturbación y de
inquietud. El reposo de los Santos sobre la tierra
se halla en la mansedumbre, en la humildad, y en la
fidelidad en llevar el yugo del Señor, No pueden de­
jar de hallarle por estos caminos , pues que el mis­
mo Jesucristo les promete que en ellos hallarán la
quietud ó reposo de sus almas. Mas este reposo ó
descanso es transitorio, es el descanso de un via­
jero- y con el cual no puede contentarse el que
busca el descanso eterno y sin mudanza, el des­
canso de fruición , et descanso de una colocacíon
que le hace feliz, poniéndole en posesion de su pro­
pio país y de su herencia, que es el mismo Dios.
Este es el descanso á que aspiramos, y á que no
podemos llegar mientras que seamos viajeros. Bien
podemos descansar tranquilos por medio de la con­
fianza filial en la providencia de Dios, y en los
paternales cuidados de su bondad: podemos des­
cansar en su ley y en su Voluntad , practicándola
con amor: podemos descansar á la sombra de sus
alas en nuestras aflicciones, hasta que acabe de
pasar la iniquidad. Mas este descansa va acompa­
ñado de trabajo, y no está libre de temor y de
tentación. Preciso es buscar siempre al Señor sin
intermisión hasta que se digne escondernos «n el
secreto de su faz ó de su presencia adorable, des­
pués de habernos sacado de entre las perturbacio­
nes terrenas que tantas veces agitan nuestros cora­
zones : Escondedme Señor, os diré ■ con-'«1-"Real
Profeta ( x8), y ponedme á cubierto del tumulto de
los hombres carnales f ocultándome allí en vuestra
secreta morada.
Esta es la súplica que continuamente debemos
hacer á Dios, si de veras deseamos el descanso
reservado al pueblo de Dids, y si le buscamos de
todo corazon y con todo el ardor de nuestra alma :
« Yo dormiré en paz, y descansaré en tí, ó Dios mió»
(19). ¡ Oh paz I ¡oh inalterable descanso / exclamaba
S, Agustín ( 20 ) de lo mas profundo de su corazon ,
al leer estaá palabras. Digamos pues á imitación suya :
¡Oh paz incomprensible! ]oh descanso inalterable!
Descanso en el mismo Dios, descanso en el Ser in­
mutable, descanso que hace olvidar todas las pe­
nas, descanso á que se dirige toda nuestra: espe­
ranza, Porque no hay cosa que pueda igualarse á
Vos, ó Señor; y todo lo que no es lo que Vos
sois, no puede ser digno de ser el descanso de
mi alma. Dadme pues, ó Dios mió, vuestra paz
y vuestro descanso, el descanso de aquel Sábado
eternoj que será como un brillante mediodía,
siempre permanente, siempre fijo, sin que le si­
ga nunca ni tarde ni noche. Haced, Señor, que
trabajemos sin interrupción durante los seis dias
de esta vida en cumplir vuestra voluntad ; á fin de
que despues de haber acabada nuestras obras, las
que no son buenas sino porque son en nosotros
dones de vuestra gracia, descansemos en Vos en
el glorioso día del Sábado de la vida eterna y
bienaventurada (21)*

Consideración III.
Si el alma pues está vacía cuando Dios 110 la lle­
na, y si no puede dejar de estar atrabajada é in­
quieta cuando no reposa en Dios, digamos tam-^
bien que es desgraciada cuando Dios no la hace
feliz por sí mismo y de sí mismo. No hay en toda
la tierrá (22) naturaleza alguna espiritual* ni Santo
ó Angel en el cielo } por grande que. sea su exce­
lencia* que puedan hacer feliz á nuestra alma ; y
mucho menos podrá hacerlo ninguna de las cria-:
turás sensibles y corporales. Estas últimas pueden
lisonjea? ó halagar los sentidos del cuerpo; y con:
esta ocasion puede el alma percibir algún placea
por la estrecha unión que hay entre ella y el cuer­
po: pero nada puede hacerla feliz , sino Iá partici^
pación de la vida siempre viva de la substancia,
eterna, é inmutable que es Dios. Porque no puede
el alma hallar su felicidad sino en lo que sea muy
superior á ella, como es Dios que la crió : y sien^
do las criaturas sensibles y corporales muy infe­
riores á nuestra alma , son muy incapaces de ha^
eerla vivir con felicidad.
En esto , prosigue San Agustin , consiste la Reli­
gión cristiana , según se ha predicado por todo el
mundo; Pero [ay! ¡cuan débil es esta unión, con
Dios en la vida presente! ¡A cuantas vicisitudes y
á cuantos peligros está expuesta ! ¡ Cuan furiosos
ataques tiene que sostener y de cuantos enemigos
ha de defenderse ! Tan cierto es que la vida, pre­
sente es un combate, es una tentación , es una
miseria continua, de que solo la muerte nos pue­
de librar: Y por lo mismo el que tiene una fe viva,
lejos de mirar á -la muerte como enemiga , y de
huir de ella como de una desgracia, debería salirle
al encuentro con vivos deseos , y recibirla cuando
se presente como una libertadora, ó como una amiga
que le quita de encima una carga pesada é incó­
moda , para hacerle pasar de un país enemigo á un
lugar seguro , y de la región de la muerte á la ama­
ble y deliciosa morada de la vida eternamente fe­
liz. Porque preciso es, como dice un sabio Autor,
( a 3 ) « que muera de muy .buena gana el que ama
«y desea la bienaventuranza á que la muerte nos
« Conduce. Y aquellos que huyen de la muerte con
« pretexto de que quieren adelantar mas en la vir­
il tud, en vez de acreditar un verdadero deseo de
« tal adelantamiento , dan una prueba cierta de que
« han adelantado poco; pues que en los deseos
« de la muerte consisten los progresos de la pie-
« dad. Para ser perfectos aviven sus deseos de la
« muerte que huyen , y con esto lo serán».
No digamos pues nunca estas palabras , Padre
nuestro que estás en los cíelos, sin acordarnos de
que el Señor con quien hablamos no solo es el
padre y el principio de. la vida de nuestra alma ,
sino también el fin y el centro de ella : que donde
está nuestro Padre celestial es hácia donde deben
elevarse todos nuestros deseos, y á donde debemos
encaminarnos con todo nuestro corazon, como el
lugar de nuestro domicilio ó nuestra verdadera
patria. Y pues que este Padre adorable quiere él
mismo ser por toda la eternidad nuestra. vida ,
nuestro reposo y nuestra felicidad perfecta ? justo
es que la muerte, que es el tránsito á esta biena­
venturanza inmutable, sea el objeto de nuestras
ansias y de nuestra piadosa impaciencia.

PARA LA MAÑANA.
V ir t u d : E l espíritu de Religión.

La primera virtud, con que debe renovarse el


que se dispone para comparecer en la presencia de
Dios, incluye muchas : y á esta virtud compuesta
de varias yo la llamo Religión del corazon. En pri­
mer lugar ella nos instruye para conocer bien lo
que debemos adorar, y como lo debemos adorar :
nos enseña á no adorar sino á Dios, y ¿ adorarle
por Jesucristo, esto es, por sus méritos y por su
gracia, en su cuerpo y por su espíritu : el cual
siéndonos dado nos inspira una feliz disposición
de ánimo íntima y permanente, que le tiene pene­
trado de estimación, de respeto, de sumisión, y de
dependencia en orden á Dios, y á todo lo qne co­
nocemos de las perfecciones Divinas, de los mis^
terios que nos ha revelado , de la conducta de su
providencia, y de los dones que nos comunica;
en una palabra, de todo lo que es de Dios. Feliz
disposición que tiene su raíz ó principio en la fe
viva y amorosa de la grandeza de Dios, de su san­
tidad, sabiduría , omnipotencia y bondad infinitas.
El que tiene su corazon y su ánimo tan feliz­
mente dispuestos, jamás forma ideas bajas del Ser
infinito é increado : desecha todo pensamiento que
atribuye á Dios alguna cosa indigna de su grande­
za, ó que le compara en algo con las criaturas :
tiene siempre muy presente aquella expresión del
Arcángel San Miguel : Quis ut Deus P Quién es
semejante d Dios P y estas otras que el mismo Dios
dirige á los hombres ( 3.4 ) : Mis pensamientos y mis
designios son muy diferentes de los vuestros. Mi con­
ducta y mis caminos distan de los que siguen los
hombres mas que el cielo de la tierra. Todo lo que
ve en este mundo, por grande, por elevado, por
formidable y por magnífico que sea, le parece lo
mismo que nada cuando lo compara con Dios.
El que se halla en tan santas disposiciones jamás
piensa en Dios ni en las cosas de Dios, sino con el
sentimiento de una profunda veneración : no habla
del Señor sino con suma reverencia : no oye ni lee
su palabra sino con gran suirtision : está penetrado
de respeto en su Divina presencia, que casi nunca
pierde de vista, Y cuando se le ofrecen ocasiones
de ejercer exteriormente algunas acciones del culto
Divino, ceremonias ó prácticas de religión, por
ejemplo la oracion pública, la salmodia , la asisten­
cia al sacrificio de la santa Misa etc., las practi­
ca de modo, que se ve claramente que sale de la
plenitud de su corazon aquella religión que se di­
funde en presencia de los hombres, y que realmen­
te adora á Dios en espíritu y 'verdad.
Además el que se halla en esta disposición, no
tiene otra regla de vida que la voluntad de Dios.
Sabe que no ha recibido de Dios el ser que tiene,
sino para Venerarle y. obedecerle ciegamente. Halla
sus delicias en depender de las órdenes de Dios ,en
todo momento, estar en manos de su providencia
en todas sus empresas; en no ser* ni hacer nada
en el tiempo ni en la eternidad sino lo que dis­
ponga la soberana voluntad de Dios, y en estar
unido únicamente con él. Tal era la disposición en
que se hallaba el Real Profeta cuando decia ( a 5 ) :
Mi bien consiste en estar unido con Dios, y én no
tener confianza sino en el Señor.
Por último, como la mayor señal de adhesión á
la voluntad de Dios consiste en amarle mas que la
propia vida; el cristiano cuyo corazon está dis­
puesto ó animado con el espíritu de Religión, ofre­
ce un verdadero testimonio de su respeto á la granr
deza de Dios y del deseo que tiene de rendirle
homenage de todos los modos posibles y con el
sacrificio de todas sus cosas, estando siempre pron­
to á ofrecerle también el sacrificio dé su propia
vida, teniéndose por muy feliz de poder aloménos
por este medio reconocer y venerar el soberano
poder y la perfección infinita del sér y de la vida
inmortal de Dios. .. .;;

CONCLUSION.

Examinarse sobre el. uso} abuso y amisión ó


descuido de nuestra conducta en orden á los debe­
res y d las disposiciones que se han indicado♦
Humillarse delante de Dios, é imponerse alguna
penitencia proporcionada } del modo que mas con­
venga segiin las fuerzas y estado de cada uno„
Pedir á Dios que nos renueve él espíritu de reli­
gión y de adoracion etc. y pedírselo por los méri­
tos y por la mediación de Jesucristo.
Rezar con devoción el Salmo 8. Domine Domi-
rins noster etc, W Salmo 3 a. Exultate justi in Domi­
no etc. Leer el cap. IV , del Evangelio de S. Juan.

S a l m o VIII. Domine Dominus noster, quám ad->


mirabile etcr
i ¡Oh Señor! Soberano dueño nuestro, \cuán ad­
mirable es tu santo Nombre en toda la redondez
de la tierra! 2 Porque tu magestad se ve ensalzada
sobre los cielos, 3 De la boca de los niños , y de
los que están aun pendientes del pecho de sus ma­
dres, hiciste tú salir perfecta alabanza, por razón de
tus enemigos, para destruir al enemigo y al venga­
tivo. 4 Yo contemplo tus cie lo so b ra de ttis de­
dos , la luna y las estrellas que tú criaste, y excla­
mó ; 5 ¿ Que es el hombre, para que tú te acuer­
des de él ? ¿ 0 qué es el hijo del hombre, para que
vengas á visitarle ? 6 Hicístele un poco inferior á
Jos ángeles>cororíástele de gloria y de honor, 7 y
fe has dado el mando sobre las obras de tus ma­
nos. 8 Todas ellas las pusiste á sus pies : todas las
ovejas y bueyes , y aun las bestias del campo : 9 las
aves del cielo, y Jos peces del mar que hien­
den sus ondas. 10 ¡Oh Señor! Soberano Dueño
ñuestro, ¡ cuán admirable es tu santo Píombre en
toda la redondez de la tierra!
S alm o XXXÍÍ. Exultate justi i ti Domino etc.
i Regocijaos , ó justos , en el Señor : á Los rec­
tos de corazon es á quienes les está bien el.alabar­
le.; 2 Alabad al Señor con la cítara : cantadle him­
nos tañendo el salterio de diez cuerdas. 3 Entonad
un cántico nuevo : cantadle á coros suaves himnos,
4 Porque la palabra del Señor es recta, y su fide­
lidad brilla en todas sus obras, 5 Ama la misericor­
dia y la justicia : toda la tierra está llena de la mi­
sericordia del Señor, 6 Por la Palabra del Señor se
fundaron los cielos, y por el Espíritu de su boca
se formó todo su concierto y belleza. 7 Él tiene
recogidas las aguas del mar, como en un odre, y
puestos en depósito los abismos (* ). 8 Tema al
Señor la tierra toda: tiemblen en su presencia
cuantos el orbe habitan. 9 Porque él habló, y todo
quedó hecho: mandólo, y todo fué criado. 10 El
Señor desbarata los proyectos de las naciones:,
deshace los designios de los pueblos, é inutiliza los
planes de los príncipes. 11 Mas los designios del.
Señor permanecen eternamente: las disposiciones
de su voluntad subsisten por toda la serie de las
generaciones. 1 2 j Feliz la nación, cuyo Dios es el
Señor; el pueblo, á quien escogió por herencia
suya \ i 3 Observó desde el cielo el Señor : vió á to­
dos los hijos de los hombres. i 4 Desde su firmí­

(* ) Los inmensos depósitos de aguas en los


manantiales y receptáculos subterráneos.
simo trono echó una mirada sobre todos los habi­
tantes de la tierra* 1 5 Él es el que formó el cora­
zon de cada uno: el que conoce todo lo que hacen.
16 lío por su gran poderío se salva el R ey; ni se
salvará él gigante por su mucha valentía, 17 El ca­
ballo no es seguro para salvarse en é l: no por su
mucho brío pondrá en salvo al guíete (* ), i 3 He
aquí los ojos del Señor puestos en los que le te­
men, y en los que confian en su misericordia; 19 pa­
ra librar sus almas de la muerte, y sustentarlos en
tiempo de hambre. 20 Así nuestra alma espera con
paciencia al Señor; porque él es nuestro amparo y
proteetor. ai En él hallará nuestro corazon su ale­
gría , y en su santo INfombre tenemos puesta la es­
peranza. 22 Venga, f oh Señor ! tu misericordia so­
bre noaotfos, conforme esperamos de tí.

(Capítulo IV . del Evangelio de S. Juan.


1 Luego que entendió Jesús, que los fariséos
habían sabido que él juntaba mas discípulos, y
bautizaba mas que Juan f 2 ( si bien J,esus no bau­
tizaba por sí mismo , sino por sus discípulos), 3
dejó la Judéa, y partióse otra vez ála Galilea. 4 D e­
bía por tanto pasar por la provincia de Samaria. 5
Llegó pues á la ciudad de Samaría, llamada Sicar
ó Siquem , vecina á la heredad que Jacob dió á su

( E l caballo mas veloz engaña muchas veces


al que espera por niedio de él poderse en salvo :
nadies? salvará por la sola extremada fuerza suya-
hijo Josef. 6 Aquí estaba el pozo llamado la fuente
de Jacob. Jesús, pues , cansado del camino , sentó­
se á descansar así sobre el brocal de este pozo.
Era ya cerca la hora de sexta. 7 Vino entonces una
muger samaritana á sacar agua. Díjole Jesús ; Dame
de beber, 8 (Es de advertir que sus discípulos ha­
bian ido á la ciudad á comprar de comer), y Pero
Ja muger samaritana le respondió : ¿ Cómo tú, sien­
do ju dío, me pides de beber á m í, que soy sama­
ritana ? Porque los judíos no se avienen ó comuni­
can con los samaritanos, 10 Díjole Jesús en res­
puesta : Si tú conocieras el don ds Piós , y quien
es el que te dice : Dame de beber ; puede ser que
tú le hubieras pedido á él, y él te hubiera dac]o
agua viva. 11 Dícele la muger ; Señor, tú no tie­
nes con que sacarla, y el pozo es profundo , ¿ dón­
de tienes pues esa agua viva? 12 ¿Eres tú por ven­
tura mayor que nuestro padre Jacob, qué nos dio
este pozo , del cual bebió él mismo , y sus hijos , y
sus ganados ? i 3 Respondióla Jesús: Cualquiera
que bebe de esta agua, tendrá otra vez sed: pero
quien bebiere del agua que yo le daré , nunca ja­
más volverá á tener sed: i4 ántes el agua que le
daré, vendrá á ser dentro de él un manantial de
agua, que manará sin cesar hasta la vida eterna.
i 5 La muger le dijo: Señor, dáme de. esa-agua,
para que no tenga yo mas sed, ni haya de venir
aquí á sacarla. 16 Pero Jesús le dijo ; Anda y llama
á tu marido, y vuelve con él acá. 17 Respondió la
¡muger: Yo no tengo marido. Dícele Jesús; Tienes
ia’ion en decir que no tienes marido; 18 porque
einco maridos has tenido, y el que ahora tienes no
«5 marido tuyo: en eso verdad has dicho. 19 Díjo-
le la muger: Señor, yo veo que tú eres un Profeta.
20 Nuestros padres adoraron á Dios en este monte,
y vosotros ios judíos decís que en Jerusalen está el
lugar donde se debe adorar. 21 Respóndele Jesús :
Muger, créeme á m í, ya llega el tiempo en que ni
precisamente en este monte, ni en Jerusalen ado­
raréis id Padre, sino en cualquiera lugar. 22 Noso­
tros adorais lo que no conocéis, pues sabéis poco
de Dios: pero nosotros adoramos lo que conoce­
mos ; porque la salud é el Salvador procede de los
judíos. 2?t Pero ya llega tiempo, ya estamos en él,
cuando los verdaderos adoradores adorarán al Pa­
dre en espíritu y en verdad (*). Porque tales son
ios adoradores que el Padre busca. a4 Dios es es­
píritu/ la misma verdad; y por lo mismo los que
le adoran, en espíritu y verdad deben adorarle,
•a-5 Dícele la muger : Sé que está para venir el Me­
sías (esto es, el Cristo). Cuando venga pues, él
nos ios declarará todo, 26'Y Jesus le responde: Ese
soy Yo que hablo contigo. 2 j En esto llegaron sus
discípulos: y extrañaban que hablase con aquella
muger. No obstante nadie le dijo : ¿ Qué le pregun­
tas, ó porqué hablas con ella ? 28 Entretanto la

( * ) No con un culto falso / engañoso como los


gentiles , ni carnal ni ceremonioso como muchos de
los-judíos.
mugrer, dejando allí su cántaro, se fue á la ciudad
y dijo á las gentes: 39 Venid y veréis á un hom­
bre, que nie ha dicho todo cuanto yo lio hecho.
¿ Será quizá este el Cristo ? 3 o Con eso salieron
de la ciudad, y vinieron á encontrarle. 3 i Entre­
tanto instábanle los discípulos diciendo: Maestro;
coiné. 32 Díceles é l: Yo tengo para alimentarme
un manjar, que vosotros no sabéis. 33 Decíanse
pues los discípulos unos á otros: ¿Si le habrá traí­
do alguno de córner ? 34 Poro Jesús Ies dijo : Mi
comida es hacer la voluntad del que me ha envia­
do , y dar cumplimiento á su obra. 35 ¿No decis
vosotros : E a , dentro de cuatro meses estaremos/#
en la siega? Pues ahora os digo yo : Alzad vuestros
ojos, tended la vista por los campos , y ved* ya las
mieses blancas, y a punto de segarse. 36 En esta
cosecha evangélica, aquel que siega recibe su jor­
nal, y recoge frutos para la vida eterna j á fin de que
igualmente se gocen asi el que siembra, como el que
siega, Y en esta ocasion se verifica aquel refrán :
Uno es el que siembra, y otro el que siega (*).
38 Yo os he enviado á vosotros á segar lo que no
labrasteis: otros hicieron la labranza, y vosotros
habéis entrado en sus labores. 3 9 El hecho fué,
que muchos samaritaños de aquella ciudad creye­
ron en él por las palabras de la muger, que asegu-

(* ) Sembraron ¡os Patriarcas y Profetas , dis­


poniendo los hombres á recibir al Mesías y y voso­
tros recogeréis la cosecha.
raba: Me ha dicho todo cuanto yo hice. 4 o Y ve­
nidos á él los samaritanos, le rogaron que se que­
dase allí. En efecto se detuvo dos dias en aquella
ciudad: 4i con lo que fueron muchos mas los que
creyeron en él, por haber oido sus discursos. 4 ^ Y
decían á lia muger: Ya no creemos por lo que
tú has dicho; pues nosotros mismos le hemos oidoj
y hemos conocido que éste es verdaderamente el
Salvador del mundo. — 43 Pasados pues dos días
salió de allí, y prosiguió su viage á Galiléa, 44 Por­
que el mismo Jesús había ¿testiguado que un pro­
feta por lo regular no es mirado con veneración
en su patria. 45 Asi que. llegó á Galilea fue bien
recibido de los galiléos, porque habian visto todas
las cosas que había hecho en Jerusalen, durante
la Eiesta; pues también ellos habian concurrido á
celebrarla. 4 ^ Y fué Jesús nuevamente á Gana de
Galiléa, donde habia convertido el' agua en vino,
Habia en Cafarnaum un señor de la corte, que te­
nia un hijo enfermo, 47 Este señor habiendo oído
decir que Jesús venia de Judéa á Galiléa, fué á en­
contrarle, suplicándole que bajase desde Caná d
Cafarnaum i curar á su hijo, qué estaba murién­
dose. 48 Pero Jesús le respondió: Vosotros si no
veis milagros y prodigios no creeis, 49 Instábale
el de la corte: Ven } Señor, antes que muera mi
hijo. 5o Dícele Jesús: Anda, que tu hijo está bue­
no. Creyó aquel hombre á la palabra qiie Jesús le
dijo, y sé puso en camino. 5 i Yendo ya háeia su
casa, le salieron al encuentro los criados , con la
3.
nueva de que su hijo estaba ya bueno, fía Pregun­
tóles á qué hora habia son ti tío la mejoría. Y le res­
pondieron : Ayer á las siete de la mañana le dejó
la calentura. :>3 Reflexionó el padre que aquella
era la hora misma en que Jesús le dijo: Tu hijo es­
tá bueno • y así creyó él y toda su familia, i>4 Este
fué el segundo milagro que hizo Jesús, despues de
haber vuelto de Judéa á Galilea.

PAftA LA TARDE.
\'ijm ni: Reconocimiento.

El reconocimiento es uno de los primeros debe­


res de toda criatura racional; y por desgracia es
nno de los mas olvidados. Entramos en la vida y
en el uso de los bienes que la acompañan, sin co­
nocerlos , y sin poder por entónces corresponder
con algún reconocimiento al autor de ellos: y no
pocas veces llega la muerte sin haber hecho el
hombre reflexión sobre los bienes que recibe, ni
sobre la obligación esencial de ser agradecido á
su autor. Digo, obligación esencial, porque nues­
tro reconocimiento es un derecho inalienable del
dominio de Dios^como principio de todo ser y de
todo bien. Es como la fidelidad y homenage que to­
das las criaturas racionales deben á su Soberano, y
como el censo y tributo cargado sobre el fondo de
nuestro ser y de todos los bienes que tenemos del
Criador; y por lo mismo es un atentado contra los
derechos de la soberanía y de la gloria de Dios el
faltar á una obligación tan indispensable como el
reconocimiento y acción de gracias.
S. Pablo nos la representa como un deber capi­
tal y perpetuo ; y despues de haber comenzado la
Epístola á los Romanos cotí una acción de gracias,
en seguida nos hace observar que si los filósofos
paganos cayeron en gran corrupción, ceguedad >
dureza y reprobación, fué porque 110 glorificaron
á Dios, y no le dieron gracias de los dones que
les habia hecho. Por esto tiene el santo Apóstol
grandísimo cuidado en instruir á los cristianos en
este deber: observa que es menester dar gracias á
Dios siempre ó en todos tiempos ( 26): sin cesar ó
continuamente ( 27 ) : en todas las cosas ( 2 8 ) ;
por todo el mundo ( 29 ): por toda la Iglesia ( 3o ).
De modo que según S, Pablo es la acción de gra­
cias una de las ocupaciones principales de la ora­
cion y de la vigilancia cristiana.
El mismo Jesucristo comenzó las mas grandes ac­
ciones de su vida dando gracias á Dios ( 3 1 ) ; y al
fin de ella instituyó el sacrificio que se llama acción
degradas ; y le instituyó y dejó á su Iglesia, para-
que tenga el medio de tributar á Dios el recono­
cimiento que le debe, mientras que está sobre la
tierra, y hasta que sea reunida con el mismo Jesu­
cristo en el cielo, para no ocuparse en otra cosa con
Jesucristo que en ofrecerle á Dios como la acción de
gracias subsistente, eterna,'y sola digna de Dios,
También aquí bajo no ofrece jamás la Iglesia este sa­
crificio en nuestros altares visibles , sino despues de
haber recordado á sus hijos la obligación del recono­
cimiento con estas solemnes palabras (32 ) : «Elevemos
»nuestros corazones, y demos gracias al Señor nues-
«tro Dios. No hay cosa mas digna ni mas justa, etc.
«Así es seguramente : porque por la dignidad del
«Criador y por los deberes déla criatura, tanto por la
« salvación del hombre, como por lo que de justicia
«.debe áD ios, corresponde darle gracias en todo
«tiempo y lugar ».
Preciso es que al prepararnos para la muerte
pongamos un cuidado muy particular en penetrar­
nos de este espíritu de Jesucristo que nos ensena
S. Pablo, y de que está penetrada toda la Iglesia :
que reparemos el olvido de los beneficios de Dios,
en que tal vez hemos vivido basta ahora, y que
considerando que podrá ser que al tiempo de la
muerte estemos privados de esta memoria y cono­
cimiento , nos anticipemos á dar á Dios mil accio­
nes de gracias. A este fin pongámonos en una per­
manente ó habitual disposición de reconocimiento de
todos los bienes de naturaleza y de gracia, que real­
mente hemos recibido ya del Señor: de todos aque­
llos que Dios habia dado á Adán, destinándolos tam­
bién para sus descendientes, aunque no hayan llega­
do á nosotros: y así mismo de todos los que esperamos
de su Bojidad infinita en la tierra de los vivos, y de los
cuales comenzamos á gozar desde ahora con la espe­
ranza. Sobre .tiodo no nos cansemos jamás de dar á
Dios gracias del inefable don que nos ha hecho dán­
donos á Jesucristo y á s u Espíritu : los cuales se lia*
man los dones de Dios por excelencia , porque son
la fuente de todos los demás y los incluyen todos.
También debemos mirar nuestra muerte como
un sacrificio, no menos de acción de gracias que
de expiación ; y ofrecerle anti cipadámente con to­
das sus circunstancias, en un ion de la muerte de
Jesucristo, y por medio del Espíritu Santo, por el
cual el Señor se ofreció como hostia viva é infini­
tamente santa. Lo que cada uno de nosotros en
particular debe al Señor por habérsenos dado de
tantas maneras, nos hace igualmente conocer cual
debe ser el reconocimiento de nuestra alma, ó con
cuan vivo reconocimiento debemos decirle : Có­
mo podré yo corresponder al Señor por todas las
mercedes que me ha hechoP (33 ).

CONCLUSION.

Examen. Humillación. Oracion. Reflexión sobre


Jesucristo. Rezar el Salmo 102. Benedic anima mea
Domino etc. y el n 5. Gredidi propter quod locutus
sum etc. Leer el capitulo primero de la Epístola de
S. Pablo á los Efesios*

S alm o CIL Benedic anima mea Domino etc.


1 Bendice, ¡ oh alma mia I ai Señor, y bendigan
todas mis entrañas su santo Nombre. 2 Bendice al
Señor, alma mia, y guárdate de olvidar ninguno
de sus beneficios. 3 El es quien perdona todas tus
maldades : quien sana todas tus dolencias : 4 quien
rescata de la muerte tu vida : el que te corona de
misericordia y gracias : 5 el que sacia con sus bie­
nes tus deseos; para que se renueve tu juventud
con^o la del águila, 6 El Señor hace mercedes , y
hace justicia á todos los que sufren agravios. 7 Hi­
zo conocer á Moysés sus caminos, y á los hijos de
Israel su voluntad* 8 Compasivo es el Señor y be­
nigno , tardo en airarse, y de gran clemencia. 9 No
durará para siempre su enojo, ni estará amenazando
perpetuamente. 10 No nos ha tratado según merecian
nuestros pecados, ni dado el castigo debido á nues­
tras iniquidades. 11 Antes bien cuanta es la elevación
del cielo sobre la tierra, tanto ha engrandecido él
su misericordia para con aquellos que le temen,
12 Cuanto dista el Oriente del Occidente, tan le­
jos ha echado de nosotros nuestras maldades. i 3 Co­
rno un padre se compadece de sus hijos, así se ha
compadecido el Señor de los que le temen : i 4
porque conoce él bien la fragilidad de nuestro
ser. Tiene rnuy presente que somos polvo : i 5 y
que los dias del hombre son como el heno : cual
ííor del campo, asi florece y se seca. 16 Porque
el espíritu estará en él como de paso; y así el hom­
bre dejará pronto de existir, y le desconocerá el
lugar mismo que ocupaba (*)• 17 I’ero la miseri-

(*) Si se entiende aquí por espíritu el alma ra­


cional , el sentido es que cuando la omnipotencia
de Dios vuelva el alma al cuerpo donde estuvo ,
ésta no le conocerá, digámoslo as í; pues de mor­
tal que le dejó y le hallará inmortal.
cordiíi del Señor permanece abeterno, y para síem"
pre sobre aquellos que le temen. Su justicia (**) no
abandonará jamás á los hijos y nietos i8 de aque­
llos que observan su alianza, y conservan la me­
moria de sus mandamientos, para ponerlos eir
práctica. 19 El Señor asentó en el cielo su trono;
y su reino dominará sobre todos. 20 Bendecid al
Señor todos vosotros, ó ángeles suyos, vosotros de
gran poder y virtud, ejecutores de sus órdenes >
prontos á obedecer la voz de sus mandatos. 21 Ben"
decid al Señor todos vosotros que componéis su
celestial milicia, ministros suyos que lmceis su vo­
luntad. 22 Criaturas todas de Dios, en cualquier
lugar de su universal imperio, bendecid al Señor:
bendice tú , ó alma mía, al Señor.

S alm o CXV. Credidi propter quod locutns sum etc.


1 Creí á Dios ; por eso hablé confiado ; aunque
me vi reducido al mayor abatimiento. 2 Yo dije
en mi transporte de ánimo o perturbación : Todos
los hombres son falaces. 3 Mas ¿cómo podré cor­
responder al Señor por todas las mercedes que me
ha hecho ? 4 Tomaré el cáliz (*) de la salud, é in­
vocaré el Nombre del Señor. 5 Cumpliré al Señor
mis votos en presencia de todo su pueblo. 6 De
gran precio es en los ojos del Señor la muerte de
sus santos. 7 ¡Oh Señor! siervo tuyo soy, siervo tu­

(**) Esto es, su fidelidad en las promesas.


( ¥) Prescrito por la ley para dar gracias á Dios. .
y o , é hijo tic esclava tuya. Tú rompiste mis cade­
nas : 8 á tí ofreceré yo un sacrificio de alabanza,
é invocaré el Nombre del Señor. 9 Cumpliré mis
votos id Señor á vista de todo su pueblo, 10 en los
atrios de la casa del Señor, en medio de t í , ó Je­
rusalen.

C a pitu lo I. de la Epístola de San Pablo d los de


Éfeso,
1 Pablo } por voluntad de Dios Apóstol d e Jesu­
cristo, á todos los santos residentes en Éfeso, y
fieles en Cristo Je sú s . 2 La gracia sea con vosotros,
y la paz de Dios Padre nuestro y del Señor Jesu­
cristo, 3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos ba colmado en Cristo de toda
suerte de bendiciones espirituales del cielo. 4 Así
como por él mismo nos escogió antes de la crea­
ción del mundo, para ser santos y sin mácula en
su presencia por la caridad; 5 habiéndonos predes­
tinado al ser de hijos suyos adoptivos por Jesucris­
to , á gloria suya, por un puro efecto de su buena
voluntad, 6 á fin de que se celebre la gloria de su
gracia , mediante la cual nos hizo gratos á sus-ojos
en su querido Hijo: 7 en quien por su sangre lo­
gramos la redención, y el perdón de los pecados,
por las riquezas de su gracia, 8 que con abundan­
cia ha derramado sobre nosotros, colmándonos de
toda sabid uría y prudencia; 9 para hacernos cono­
cer el misterio ó arcano de su voluntad , fundada
en su mero beneplácito, por el cual se propuso
10 el restaurar en Cristo , cumplidos los tiempos
prescritos, todas las cosas de los cielos, y las de
la tierra, reuniéndolas todas por él mismo en un
cuerpo ó Iglesia. 11 Por él fuimos también noso­
tros llamados como por suerte , habiendo sido pre­
destinados según el decreto de aquel que hace to­
das las cosas conforme al designio de su voluntad;
12 para que seamos la gloría y el objeto de las ala­
banzas de Jesucristo, nosotros los judíos, que he­
mos sido los primeros en esperar en él. 13 En él
habéis esperado también vosotros los gentiles, luego
que habéis oido la palabra de la verdad, el Evan­
gelio de vuestra salud; y en quien habiendo asi­
mismo creído, recibisteis el sello del Espíritu San­
to, que estaba prometido ¿ i4 el cual es la prenda
ó las arras de nuestra herencia celestial, hasta la
perfecta libertad del pueblo, que se ha adquirido
el Señor para loor de la gloria de él mismo. 1 5 Por
eso yo estando, como estoy, informado de la fe que
teneis en el Señor Jesús , y de vuestra caridad para
con todos los santos ó pobres fieles, 16 no ceso de
dar gracias á Dios por vosotros, acordándome de
vosotros en mis oraciones, 17 para que Dios, Pa­
dre glorioso de nuestro Señor Jesucristo, os dé es­
píritu de sabiduría y de ilustración para conocerle;
18 iluminando los ojos de vuestro corazon, á íin
de que sepáis cual es la esperanza, ó lo que debeis
esperar de su vocacion, y cuales las riquezas y la
gloria de su herencia , destinada para los santos,
19 y cual aquella soberana grandeza de su poder
44 FELICIDAD DE LA M U E R T E CRIST.

sobre nosotros, que creemos según la eficacia de


su poderosa v irtu d , 20 que él ha desplegado y he­
cho patente en la persona de C risto , resucitándole
de entre los m uertos, y colocándole á su diestra
en los cielo s, 1 1 sobre todo prin cipado, y potes­
tad , y virtud , y dom inación, y sobre todo nom­
bre por celebrado que s e a , no solo en este sig lo ,
sino también en el futuro. 22 Ha puesto todas las
cosas bajo de los pies de él, y le ha constituido
cabeza de toda la Iglesia, así militante como triun­
fante ; 23 la cual es su cu e rp o , y en la cual aquel
que lo completa todo en to d o s, halla el comple­
mento de todos sus miembros (* ),

DIA SEGUNDO.

Justo es que desee la muerte el cristiano como hijo


de Dios por el bautismo ¡ para ser perfectamente
santificado en Dios por toda la eternidad,

S a n c tifice tu r noüien tutim. — Santificado sea el tu


Nombre.

«■; O h Padre mió! ( dijo Jesucristo ): Yo deseo ar-


« dientemente que aquellos que tú me has dad»

( * ) También puede tener este sentido : La Iglesia


« esten conmigo allí mismo donde yo estoy, para-
« que contemplen mi gloria, cual tú me la has dado...
«Yo les he dado ya parte de la gloria que tú me
« diste, alimentándolos con mi misma substancia :
- para que en cierta manera sean una misma cosa,
«como lo somos nosotros. Yo estoy en ellos, y
" tú estás siempre en m í, á fin de que sean con-
* sumados en la unidad, ó estén perfectamente
« unidos con Dios y entre sí mismos ( 34 )
A esta unión ó unidad nos conduce la muerte
cristiana: ella no es otra cosa que un tránsito des­
de el seno de la corrupción y de la miseria al seno
eterno y glorioso de nuestro Padre celestial- Pero
solos los hijos tienen derecho para llegarse al seno
del' Padre ; y si el hombre como criatura de Dios
debe sacrificarse por medio de una muerte santa,
en honor y gloria de su Criador, no puede consu­
marse este sacrificio sino en virtud de la calidad de
hijo de Dios que recibe en el bautismo. Por medio
de este sacramento, dice S. Agustín, comienza el
nombre de Dios á ser santificado en nosotros : por­
que nosotros somos en él santificados en nombre
del Señor, y como hijos suyos. Desde entonces
comenzamos á tener derecho de llamarle con pro­
piedad Padre nuestro 7 en cuanto participamos de

es el complemento ó la perfección de Cristo, en


cuanto él es su mística cabeza y lo llena todo en
todos ; formando un todo cumplido y perfecto, y
comunicando á todos sus miembros el ser y la inda,
su santidad , y de su herencia celestial. Así nos lo
enseñó Jesucristo cuando nos dio esta divina lec­
ción : Sed perfectos, así como vuestro Padre celes-
tial es perfecto, imitándole en cuanto podáis (35 )*
Pero como nuestra adopcion no hace mas que co­
menzar en el bautismo, y es siempre imperfecta
en esta vida ‘ tampoco puede tener su perfección
hasta el siglo futuro nuestra santificación en Dios y
ó la santificación de su nombre en nosotros. Solo
en el seno de nuestro Padre hallaremos la perfec­
ción de nuestra adopcion y de nuestra santificación ;
y la perfección de nuestra santificación será también
la perfección de nuestro sacrificio y de nuestra consa­
gración.
Consideración /.
Suspiremos pues por nuestra perfecta adopcion,
y pidamos á nuestro Padre celestial que en esta ca­
lidad acabe de santificar su Nombre en nosotros ,
obrando en nosotros todo cuanto sea preciso
obrar, para que participemos de su santidad según
la medida que tiene determinada para aquellos á
quienes quiere tratar como hijos suyos en la eter­
nidad. Esto es lo que S. Agustín ( 3 6 ) llama la
grande y admirable santificación de Dios, en que
sus hijos descansarán despues de los trabajos de
esta vida: Post illa nos réquieturos in tuá grandi
sanctifcatione speramus.
Ya pues que esta adopcion rio puede consumar­
se en este mundo ; ¿ cómo es posible que amemos
al mundo ? j Y cómo al contrario no pedimos ince-
san temen te el salir de él ? Ya que no podemos lle­
gar á la vida perfecta de los hijos de Dios, sino
muriendo á la vida presente; sea la muerte el
blanco de nuestros deseos. Ya que es menester
despojarse de este cuerpo de pecado antes de ser
revesLido con la gloria que Dios tiene reservada
para sus escogidos; rómpanse esas ataduras de car­
ne y sangre, perezca cuanto antes este cuerpo } y
salga mi alma de esta prisión para ir á reunirse
con Jesucristo , (^7)- Yo deseo morir y estar con
Jesucristo porque entonces mí Padre celestial me
reconocerá por hijo suyo , y dirá Sobre m í, en el
modo que puede decirlo sobre sus hijos adoptivos,
lo que en el dia de la Transfiguración dijo sobre
Jesucristo glorioso para darnos una imagen de la
adopcion y santificación p erfecta : Este es mi Hijo
querido (38 ),
Padre nuestro que estás en los cielos : Padre,
cuyo nombre es santo, Padre que sois la santidad
rnisma, haced, y hacedlo cuanto ántes si es de
vuestro agrado, que vuestro Nombre sea plena y
perfectamente santificado en mí, y que yo sea ple­
namente santificado fen Vos con el cumplimiento ó
santificación de mi sacrificio, Desfallezca mi alma
en deseos de entrar desde luego O*
en el adorable
santuario de vuestro seno, y de ser puesta sobre
vuestro altar; sobre ese altar sublime celestial y di­
vino que es el mismo Jesucristo, á fin de que éste
Soberano Pontífice de los bienes celestiales me san­
tifique en vuestra presencia , me consagre á Vos
y me consuma en Vos por el Espíritu Santo que e s
vuestra unidad y vuestra santidad personal.
Mi alma y mi carne lejos de temer el momento en
que deben separarse la una de la otra, salten de
alegría y de impaciencia por llegar á unirse con
V o s, ó Dios vivo, Dios santo, Dios eterno, que se­
réis , como yo lo espero solo de vuestra misericor­
dia , el santiPicador de mi ser, la vida de mi alma,
y el Dios de mi corazón por toda la eternidad.

Consideración II.

Rogliemos al Soberano Pontífice Jesucristo, que


<ís el que debe ofrecer á Dios la vida de sus miem­
bros como la suya propia, que se digne emplear
el poder que tiene sobre nuestra vida para consu­
mar el sacrificio de ella, que eche prontamente
en la tierra esta semilla corruptible, este cuerpo
mortal; á fin de sacarle de la tierra como un fruto
nuevo, resucitándole incorruptible , glorioso, y lle­
no de vigor; y ofrecerle á Dios en este estado,
elevándole á su presencia como primicias de ben­
dición y de santificación. Porque la carne y la sangre
no pueden entrar en el reino de Dios, y son indig­
nas de ser presentadas en el altar sublime de]
templo celestial (3 9 ). Tampoco nuestra alma pue­
de ser llevada al seno de Dios para ser allí con­
sumada como perfecto holocáusto, sin que sea án-
ies despojada de su cuerpo , y acabada ó destrui­
da su vida mortal.
j Oh Jesús , Soberano Pontífice , Sacerdote único
y universal, por quien todo debe ser sacrificado,
ofrecido y consagrado á D io s! con singular júbilo
os entrego mi vida que ya es vuestra, habiéndola
comprado con vuestra sangre : sacrificadla á la
Divina Magestad; y por medio de vuestra oblacion,
y en unioa con vuestro sacrificio t sea mi muerte
un sacrificio agradable á Dios ? y una parte de
aquel que Vos ofreceis eternamente á la Santidad
infinita, consagrándole vuestra Iglesia, y todos sus
miembros eu Vos y con Vos,

Consideración III.

Invoquemos al Espíritu S?anto y Santificador, por


el cual J e s u s se ofreció á Dios su Padre como víc­
tima en la cruz, y por el cual durante su vida
anhelaba siempre por el cumplimiento de su sacri­
ficio. Invoquémosle paraque santifique nuestro
sacrificio y nos haga entrar en las disposiciones
con que Jesucristo murió en el mas santo de los
sacrificios ; y roguémosle que hasta que llegue
nuestra hora nos haga gemir en la esperanza y en
el deseo de que se cumplan desde luego nuestro
sacrificio , nuestra perfecta santificación en Dios, y
la santificación perfecta del Nombre de Dios en
nosotros, que es una consecuencia necesaria de la
perfección de nuestro sacrificio. Pues así como
ninguna, cosa criada es santa, sino en cuanto se
sacrifica y consagra á Dios : así también todo lo
que está sacrificado y consagrado á Dios se hace
Santo con esta consagración. Por esto ías dos psi-
4
labras santificación y consagración se usan promis­
cuamente en la Escritura; y Jesucristo hablando
' del sacrificio suyo y del nuestro le llama santifica­
ción : Pro eis ego- sunotifico me ipsum , ut sint et
ipsisanctifcati in vertíate (4o). «Yo mismo por amor

«de ellos me santifico ó me ofrezco por víctima;
■i con el fin de que también ellos sean sacrificados y
« santificados en la verdad «.
¡Espíritu Santo, Espíritu de adopcion, Espíritu
santificador del sacrificio cristiano , sagrado friego
que debe consumar la víctima de mi corazon y de
mi cuerpo como holocausto ofrecido á la gloria
de mi Dios! venid, y bendecid este sacrificio pre­
parado en honor de su santo Nombre : consu­
mid en mí todo lo que sea indigno de ofrecerse á
mi Dios : abrasadme en deseos de serle sacrificado
totalmente. Haced que en toda mi vida sea cons­
tante en mí este deseo tan propio de una víctima
racional y verdadera : é inspirad el espíritu de la
oracion de los hijos de Dios en mi corazon , al
cual habéis sido enviado para este efecto.

PARA LA M AÑ AN A.

V ir t u d : Lá Fe.

La fe es el efecto del bautismo, y el fundamento


de todo el edificio de nuestra salvación. Por la fe
reside en nosotros Jesucristo^ y nosotros moramos
en él. Por la fe obra en nosotros , se nos comuni­
can su vida y sus méritos, y su Espíritu domina
«n nuestra lengua, en nuestro corazón, y en todo
cuanto hay en nosotros.
La fe es también como el ojo y la razón del
cristiano: por ella debe mirar y formar juicio de
todas las cosas. Por ejemplo : por la fe hemos de
juzgar en qu¿ consiste la verdadera felicidad , y
■cuales son los medios para conseguirla. Por ella
y con ella hemos de disipar aquellas falsas ideas de
felicidad que nacen de la ilusión de los sentidos y
de la corrupción del corazon.
j Dichosos aquellos que aloménos poco antes de
morir se desengañan bien de toda falsa felicidad,
y en quienes Jesucristo cuando venga á ellos, en­
cuentre una fe viva, animada, y vigilante! Porque
son muy pocos los que al fin de la vida no se ha­
llan en un estado semejante al que predijo nuestro
Señor que tendrá el mundo al acercarse su fin (4 1).
Apenas halla fe en los mortales cuando viene á
ellos por la muerte. Aunque las verdades especula­
tivas de nuestros misterios sean regularmente creí­
das (sin mucha dificultad en los pueblos cristianos :
es mas raro de lo que se piensa el creer las verda­
des prácticas de la Religión, y el estar convencido
y persuadido por ia fe de la doctrina moral y de las
máximas del cristianismo. En la muerte de la mayor
parte de los cristianos no se ven muchas señales
<de este convencimiento y persuasión : lo mas co­
mún es el observarse muy poco espíritu de fe. Yo
no lo admiro ; porque para morir con el espíritu
de la fe, es preciso haber vivido de la fe, ó llevado
una vida conforme á la fe. Y cuando no se ha tra­
bajado con cuidado en grabar en el propio cora­
zon y en la conducta de la vida las reglas santas é
inmutables de la f e , es empresa muy tardía el co­
menzar á la hora de la muerte ; bien que jamás se
empieza demasiado tarde, contal que se emprenda y
haga de veras.
Trabajemos pues en el dia de hoy con particu­
lar esmero en delinear en nosotros la fe de las ver­
dades cristianas. Aprendamos á ejercitar bien nues­
tra f e : á obrar según nuestra f e ; á vivir de nues­
tra /¿-. Ejercitamos nuestra fe cuando sujetamos
nuestro espíritu y nuestra razón á las luces de ella
en todo lo que Dios se ha dignado revelarnos :
cuando examinamos todas las cosas y formamos
juicio de ellas por esa luz que resplandece en la
palabra de D ios, en la vida de Jesucristo, y en lá
conducta de los Santos. Obramos según nuestra fe
cuándo seguimos esta luz en el curso de nuestra
vida, de nuestras acciones, deseos ó inclinaciones;
y cuando no queremos ni deseamos ni hacemos
absolutamente nada más de lo que la fe nos hace
conocer que podemos y debemos h acer, querer y
desear. En esto consiste eí fruto de la fe: porque
juzgar de nuestros deberes por la f e , y no obrar
según este juicio , no sirve de otra cosa sino para
atraer, sobre nosotros una condenación mas espan- ,
tosa. Vivimos de la fe cuando no nos alimentamos
con bienes terrenos; cuando no miramos la tierra
como ;patria nuestra ; cuando nos consideramos
tom o ciudadanos del cielo, que no estamos aquí
sino de paso , esperando siempre nuestra salida y
nuestro tránsito á la vida feliz; y cuando por la fe
nos elevamos hasta el cielo en busca de los bienes
invisibles, codiciándolos con todas las fuerzas de
nuestra alma. Porque «la f e , como nos enseña el
'tApostol ( 4 a ) , es el fundamento ó firme persua-
n sion de las cosas que esperamos, que las hace
«• presentes y subsistentes en nuestro espíritu, de-
«jando convencida nuestra razón
Vivamos pues y subsistamos de nuestra fe. Sea
ella la que nos sostenga en medio de los contra­
tiempos y de las agitaciones de la vida presente.
Sea ella la que nos convenza sólidamente de que es
corta, que no es mas que un momento, un soplo,
un va p o r: que los bienes que en ella, pueden
gozarse son bienes engañosos, son un sueño que
pasa: que todos los males que en ella pueden su­
frirse son nada; y con to d o , este nada es la se­
milla de una gloria soberana, infinita é incompren­
sible : que es menester tener paciencia, como dice el
Apóstol (4 3 ), d fin de que haciendo la voluntad de
Dios podamos alcanzar los bienes que nos están
prometidos. Bien que no tendréis que esperar mu­
cho : pues dentro de un brevísimo tiempo, dice
Dios por el profeta Habacuc (44 ) i vendrá aquel
que ha de venir, y no tardará,; porque todos los
años que han de mediar} son un momento respecto
de la eternidad. Entretanto el justo mió 'vivirá de
la f e : pero si desertare, no será agradable sino
aborrecible á mi alma.
Acordémonos pues de afirmarnos bien en esta
práctica. Cuando hayamos de empeñarnos en algún
asunto, de formar algún proyecto, de juzgar de
alguna cosa importante, de hacer elección de es­
tado ó de condicion, acostumbrémonos á poner
ante todas cosas delante de nuestros ojos las reglas
de la fe y las máximas del Evangelio correspon­
dientes, y á examinar lo que nos permiten, ío que
nos prohíben, y con qué disposiciones nos obligan
á obrar. Sobre todo acordémonos de pedir á Dios
que nos haga fieles en seguir esta luz de la fe, que
es la luz del mismo Señor.

C O N C LU SIO N .

Examinad las faltas que habéis hecho contra


esta virtud, lo poco que habéis usado de e lla , la
poca fidelidad en seguirla , y cuanto habéis ultra­
jado esta gracia} prefiriendo á ella muchas veces la
falsa luz de los sentidos, y de la razón corrompida.
Humíllaos por lo mismo delante de D io s, y ha­
ced de ello penitencia.
Pedidle que renueve, aumente y perfeccione en
vosotros esta virtud. Decid ámenudo á Jesucristo: Se­
ñor, aumentad en nosotros la fe. ¡Oh Señor’ Y o creo,
pero ayudadme en mi incredulidad, fortaleced mi
confianza. -Rezar el salmo 15. Conserva me, Domine:
y el 66. Deus misereatur nostri. Leer el primer capi­
tulo del Evangelio de S. Juan para traer á la memoria,
y renovar la f e de los misterios de la Santísima Tri­
nidad, y de la Encarnación del Hijo de D ios, y
de la santificación de los hombres en el Señor por
medio de la Divina adopcion.

S alm o XV. Conserva me Domine etc.


i Sálvame, ó Señor, pues tengo puesta en tí toda
raí esperanza. 2 Yo dije al Señor : Tú eres mi Dios,
que no tienes necesidad de mis bienes. 3 Cumpli­
do lia maravillosamente todos mis deseos, en los
santos que moran en su tierra. 4 Multiplicaron los
impíos sus miserias, ó sus miserables deidades ; en
pos de los cuales corrían aceleradamente. Tío seré
yo el que convoque sus sanguinarios conventículos:
ni siquiera tomaré en boca tales nombres. 5 El Se­
ñor es la parte que me ha tocado en herencia , y
la porcion destinada para mí. Tú eres, ó Señor,
el que me restituirás/ conservarás mi heredad (a).
En delicioso sitio me cupo la suerte : hermosa es,
á la verdad, la herencia que me ha tocado ( b ).
7 Alabaré pues al Señor, que me ha dado tal en­
tendimiento ; á lo cual, aun durante la n och e, mi
corazon me excitaba. 8 Yo contemplaba siempre al
Señor delante de m í, como quien está á mi diestra
para sostenerme, 9 Por eso se regocijó mi corazon,
y prorumpió en cánticos alegres mi lengua ; y ade­
más también mi carne descansará con la esperanza

( a ) Que cupo en suerte al pueblo mió,


( b ) Pues es el mismo Dios.
de la resurrección. ío Porque yo sé que no has tí tí
abandonar tú, ó Señor, mi alma en el sepulcro (c ) :
ni permitirás que tu Santo experimente la corrup­
ción. i i Hicísteme conocer las sendas de la vida
inmortal y gloriosa : me colmarás de gozo con la
■vista de tu Divino rostro : en tu diestra se hallan
delicias eternas.

Salm o LXVI. Deus miserealur nostri etc.


i Dios tenga misericordia de nosotros y 110^
bendiga : haga resplandecer sobre nosotros la luz
dé su rostro', y nos miré compasivo ' 2 para que
conozcamos } ó Señor, en la tierra tu camino ; y
todas las naciones tu salvación. 3 Alábente, Dios
mió } lós pueblos: publiquen todos los pueblos' tus
alabanzas. 4 Regocíjense, salten de gozo las ñaciortes:
porque tú juzgas á los pueblos; con justicia, y diri­
ges las naciones sobre la tierra. 5 A lábentelo Dios
mió, los pueblos : publiquen todos los pueblos tus
alabanzas : ha dado la tierra su fruto. 6 Bendíganos'
D ios, el Dios nuestro, bendíganos D ios, y sea
tetnido en todos los términos de la tierra.

C a p i t u l o I. del Evangelio de S. Juan,

1 En el principio, desdé la eternidad\ era/a el Ver-

( c ) O limbo, donde están ios Patriarcas y de­


más justos ; ni permitirás que mi cuerpo que has
santificado, experimente la corrupción, / sea comi­
do de gusanos.
bo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.
2 Él estaba en el principio en Dios («). 3 Por el fueron
hechas todas las cosas, y sin él no se ha hecho
cosa alguna de cuantas han sido hechas. 4 En él
estaba la vida, y la vida era lá luz; de los hombres.
5 Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas ( b)i
y las tinieblas no la han recibido ( a }. 6 Hubo un
hombre enviado de D ios, que se llamaba Juan,
7 Este vino como testigo, para dar testimo­
nio de la lu z , á fin de que por medio de él todos
creyesen. 8 No era él ia luz , sino enviado para
dar testimonio de aquél que era la luz. 9 E l Ver­
bo era la luz verdadera, que, ctumto es de sí, alum­
bra á todo hombre que viene á este mundo. 10 En
el mundo estaba T y el mundo fué por él h ech o ,
y con todo el mundo no le conoció. 11 Vino á
su propia casa [ d ) , y los suyos no le recibieron.
m Pero á todos los que le recibieron, que son los
que dreen eri su Nom bre, dióles poder de llegar á
ser hijos de Dios: i 3 los cuales no nacen de la san­
gre, ni de la voluntad de la carne ó concupiscencia ,
ni de querer de hombre; sino que nacen de Dios por
la gracia ( c ). 14 Y para eso el Verbo se hito car-

( a ) Como hijo suyo coeterno y consubstancial,


(b ) Con que el pecado ha cubierto toda la tierra.
( c ) Las hombres mundanos no la han abrazado.
( í/ ) A l mundo hecho por é l : á la Judea , pue­
blo especialmente escogido.
( e ) No se adquiere esta fdiacion por la gene-
ne C/)> y ^akitó en niedio de nosotros : y
nosotros hemos visto su glo ria } gloria cual el
Unigénito debia recibir del Padre, lleno de gracia
y de verdad ( g) . i 5 De él da testimonio Juan, y
clama diciendo : Hé aquí aquel de quien yo os de­
cia : El que ha de venir despues de m í, ha sido
preferido á mí ; por cuanto era antes qué yo. 16 De
la plenitud de éste hemos participado todos noso­
tros, y recibido una gracia por otra gracia (h), i j
Porque la Ley fué dada por Moysés; mas la gracia y la
verdad fué traída por Jesucristo. 18 A Dios nadie le
ha visto jamás : El Hijo unigénito, existente ah
ceterno en el seno del P adre, él mismo en persona
es quien le ha hecho conocer d los hombres. — -ig Y
hé aquí el testimonio que dio Juan á favor de
Jesús , cuando los judíos le enviaron de Jerusalen
sacerdotes y levitas para preguntarle : Tú quién
eres P 20 Él confesó la verdad, y no la n eg ó : antes
protestó claramente : Yo no soy el Cristo, a i ¿ Pues
quién eres ? le dijeron. Eres tú Elias ? Y dijo : No lo

ración natural , sino por la espiritual regeneración,


que obra en nosotros el don de la f e .
(/') Esto es, unió d si la naturaleza humana.
■( g ) Ha habitado entre nosotros, lleno de gra­
cia en sus obras admirables ¡ y de verdad en la sa­
biduría de sus palabras.
( h ) En lugar de la gracia de la Leyt la gracia del
Evangelio; y después de la gracia justificante , la
gracia de la gloria.
soy. ¿ Eres tú el Profeta PRespondió: No. 22 ¿ Pues
quién eres t ú , le dijeron , para que podamos dar
alguna respuesta á los que nos han enviado ? Qué
dices de tí mismo ? 2:3 Yo soy, dijo entonces, la voz,
del que clama en el desierto: Enderezad el camino
del Señor, como lo tiene dicho el profeta Isaías ( i).
‘j 4 E s de saber que los enviados eran de la secta de
loá fariseos. 25 Y le preguntaron de nuevo, diciendo:
¿ Pues como bautizas, si tú no eres el Cristo, ni
Elias, ni el Profeta ? 26* Respondióles Juan, diciendo:
Y o bautizo con agu a: pero en medio de vosotros
está uno, á quien no conocéis: ay él es el que ha de
venir despues de mí, el cual ha sido preferido á mí >
y á quien yo no soy digno de desatar la correa de su
zapato. 28 Todo esto sucedió en Betania, laque está á
lá otra parte del Jordán, donde Juan estaba bautizan­
do. 29 Al dia siguiente vió Juan á Jesús que venia á en­
contrarle, y dijo: Hé aquí el cordero de Dios, ved
aquí el que quita lo pecados del mundo. 3o Este
es aquel de quien yo d ije: En pos de mí viene un
varón, el cual ha sido preferido á m í; por cuanto
era ya ántes que yo. 3 i Yo no le conocia perso­
nalmente ; pero yo he venido á bautizar con agu a,
para que el sea reconocido por Mesías en Israel.
32 Y dió entonces Juan este testimonio de Jesús >
diciendo : Yo he visto al Espíritu Santo descender
del cielo en forma de paloma, y reposar sobre él.
33 Yo ántes no le conocía; mas el que me envió a

{ i ) Isaías, X L . v. 3. — Soy el precursor del Mesías.


bautizar con agua, me d ijo : Aquel sobre quien vie­
res que baja el Espíritu Santo } y reposa sobre ély
ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y o
le be v isto , y por eso doy testimonio de que él
es el Hijo de Dios. 35 Al dia siguiente otra vez es­
taba Juan allí con dos de sus discípulos j 36' y vien­
do á Jesús que pasaba, dijo: Hé aquí el cordero de
Dios. 3 y Los dos discípulos al oírle hablar así, se
fueron en pos de Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y
viendo que le seguían, díjoles : ¿ Qué buscáis ?
Respondieron ellos; Rabbi, (que quiere decir Maes­
tro) ¿ donde habitas ? 3g Díceles : Venid y lo veréis*
Fueron pues, y vieron donde habitaba, y se queda­
ron con él aquel dia. Era entonces como la hora
de las diez. 4o Uno de los dos, que oído lo que dijo
Juan siguieron á Jesús, era Andrés, hermano de
Simón Pedro. 4 i El primero á quien éste halló fué
Simón su hermano, y le dijo : Hemos hallado al
Mesías (que quiere decir el Cristo), 4^ y le llevó á
Jesús. Y Jesús, fijos los ojos en é l , d ijo : Tú eres
Simón, hijo de Joña o Juan: Tú serás llamado
Céfas , que quiere decir Pedro, ó piedra. 43 Al dia
siguiente determinó Jesús encaminarse á Galilea,
y en el camino encontró á Felipe, y díjole : Sígue­
me. 44 Era Felipe deBethsaida, patria de Andrés y de
Pedro. 45 Felipe halló á Natanael, y le dijo : Hemos
encontrado á aquel de quien escribió Moysés en la
Ley, y prenunciaron los profetas; á Jesús de Nazaret,
el hijo de Joséf- 46 Respondióle Natanael: ¿ Acaso
de Nnzaret puede salir cosa buena!1 Dícele Felipe;
Ven, y lo verás. 47 Vio Jesús venir hácia sí á Nata-
nael, y dijo de é l : Hé aquí un verdadero israelita, en
quien no hay doblez ni engaño. 4&Dícele Natanael:
¿D e donde me conoces? Respondióle Jesús: Antes
que Felipe- te llamára,yo te vi cuando estabas deba­
jo de la higuera. 49 AJ oír estoNatanael ( / ) , le dijo :
¡ Oh Maestro mió! tú eres el Hijo de Dios, tú eres el
Rey de Israel. 5o Replicóle Jesús : Por haberte dicho
que te vi debajo de la higuera crees : mayores co­
sas que estas verás todavía. 5 i Y le añadió : En ver­
dad, en verdad os digo, que algún día veréis abierto
el cielo, y álos ángeles de Dios subir y bajar, sir­
viendo al Hijo del hombre. ;

PA R A LA TARD E.

V irtud : Espíritu de sacrificio.

Si nosotros somos injertos en Jesucristo por la


fe, es á fin de que seamos crucificados con. éL, y lle­
guemos á ser en él la víctima de Dios; pues la vi­
da dél cristiano no debe ser mas qite un sacrificio
continuo j y el sacrificio de nosotros mismos y de
lo que mas estimamos es la prueba y la perfección
de nuestra fe. Por la fe, dice S. Pablo (45 ), Abrahan
estuvo pronto á sacrificar á su hijo ú n ico , y con
él todas sus esperanzas, pensando en su interior que
bien podría Dios resucitarle despues de piuerto,

(/ ) Creyendo quizá que solo Dios pudo haberle



visto en aquel lugar.
También por la fe debemos nosotros vivir y morir
animados con el espíritu de sacrificio, esto es, con­
vencidos de que no tenemos el ser y la vida sino
para D io s: no debemos usar de ellos sino para
Dios: no debemos referirá nosotros mismos ningún
uso de nuestro espíritu, de nuestra voluntad, de
nuestros talentos, de nuestro tiempo y de nuestros
bienes: todo debemos consagrarlo y sacrificarlo á
la voluntad y á la gloria de D ios; y debemos estar
siempre dispuestos á abandonar nuestros pensa­
mientos , nuestras empresas, nuestros designios ¿
nuestros intereses y todas nuestras ventajas espiri­
tuales y temporales, para ocuparnos solo en las
cosas ó intereses de Dios , promoverlas con todas
nuestras fuerzas, y consagrarnos perfectamente á su
santo servido.
Con el mismo espíritu debemos estar dispuestos
á recibir todo lo que Dios ordene en cuanto
á nosotros. En toda nuestra vida debemos consi­
derarnos siempre bajo la mano y la espada ó
cuchilla del Pontífice que nos ha de sacrificar.
Como este sacrificio no se hace en un mo­
mento, sino que dura toda la vida, el Pontífice no
inmola la víctima de un solo golp e, sino que le da
nvuchos y de muchas maneras. La pérdida de algu­
nos bienes, una humillación ó calumnia, unO aflicción
ó enfermedad, una injuria, un pleito injusto, un
arresto, un destierro, y todo lo que sirve para mor­
tificar la naturaleza y sacrificarla á D ios, son otros
tantos golpes que Jesucristo nuestro Pontífice des­
carga sobre nosotros con el cuchillo que vino á
traer sobre la tierra ( 4 6 ) , y con el cual dispuso
que se predijese á su santísima Madre que su alma
sería atravesada (4 7 )■
Mas en fin vendrá el dia en que el sacrificio será
consumado y se dará el último golpe á la víctima.
Y como el'determinar la hora y el modo del sacri­
ficio y de la muerte no es elección de la víctim a,
sino cuidado propio del sacerdote : lo que debe hacer
la víctima, es estar siempre esperando el momento
que la ha de separar de este mundo, siempre con­
tenta con lo„que se haga de ella, siempre pronta
á recibir el golpe, siempre dispuesta á sacrificar á
Dios todo el caudal de su ser y de su vid a , con la
muerte que sea de su Divino agrado; al modo que
durante el curso de la vida le ha ofrecido y sacri­
ficado el uso de ella y de su ser. Debe también es­
tar no solo dispuesta al sacrificio , sino ansiosa de
que se cumpla luego : estando, como estamos noso­
tros ah o ra, mas seguros que Abrahan de que Dios
por la resurrección restituirá al alma después de la
muerte cuanto en esta vida y en la muerte misma
se le sacrifica, con una ganancia y un céntuplo in­
estimable. Ni es ahora un ángel el que de parte de
Dios nos hace conocer su voluntad en orden al sa­
crificio , sino el mismo Hijo de D io s ; ni creemos
solamente que Dios nos puede resucitar, corno lo
creyó Abrahan de Isaac, sino que estamos seguros
de que nos resucitará; y en fin ; no solo tenemos
una figura de la resurrección en Isaac que sobre­
vivió á su saerificio, sino que tenemos la verdad
ó certeza de nuestra resurrección en Jesucristo;
pues la resurrección del Señor es la fianza, la pren­
da , el modelo y el principio de la nuestra. Y así
en el mismo Jesucristo es preciso estudiar y bus­
car este espíritu de sacrificio : solamente de él
debemos esperarle.

CONCLUSION.

Examen : humillación : oracion : reflexión sobre


Jesucristo* Rezar el Salmo 4a- Judica me Deus etc, j
y el 39. Expeotans expectayi Dominum, etc. Leer el
cap. X I de la Epist. á los Hebreos.

S a l m o ,X,L,II* judica me Deus etc.


1 Júzgame tu, ó Dios , y toma en tus manos mi
causa .‘ líbrame de una gente im pía, y del hombre
inicuo y engañador. 2 Pues que tu eres, ó D ios,
mí fortaleza, ¿ por qué me has desechado de tí ? ¿ y
por qué he de andar triste, mientras me aflige mi
enemigo ? 3 Envíame tu luz y tu verdad, tu gra­
cia y socorro : estas me han de guiar y conducir
á tu monte santo, hasta tus tabernáculos. 4 Y .m e
acercaré al altar de Dios , al Dios que llena de ale­
gría mi juventud (a).C an taré tus alabanzas con la
cítara, ó D ios, ó Dios mió. 5 ¿P o r qué estás tú

, ( a ) Esto es, que me hace volver con su santa


alegría t cual estaba yo en lo mas Jlorido de mis
años.
triste, ó alma mia ? ¿y por qué me llenas cíe tur­
bación? 6 Espera en Dios; porque todavía he de
cantarle alabanzas , por ser él el Salvador que está
siempre delante de mí y el Dios mió.

S a lm o X X X I X . Especians expectavi Dominum etc .


i Con ánsia suma estuve aguardando al Señor,
y por Jin inclinó á mí sus oídos, 2 y escuchó benig­
namente-mis súplicas. Y sacóme del lago de la mise­
ria y del inmundo cieno. 3 Y asentó mis pies sobre
piedra , dando firmeza a mis pasos. 4 Púsoipe en
la boca un cántico nuevo, un cántico en loor d,e
nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán al Se­
ñor, y pondrán en él su esperanza. 5 Bienaventurado
el hombre cuya esperanza toda es el Nombre del Se­
ñor, y que no volvió sus ojos hácia la vanidad, y á
las necedades engañosas de Ios ídolos. 6 Muchas son
las maravillas que has obrado, ó Señor, Dios mió.; y
no hay quien pueda asemejarse á tí en tus desig­
nios. Púseme yo á referirlos y anunciarlos : exce­
den todo guarismo, 7 Tú no has querido sacrificios
ni oblaciones : pero me has dado oídos perfectos («).
Tampoco pediste holocausto , ni víctima por el pe­
cado ; 8 yo entonces dije : Aquí e sto y : Yo vengo
{ conforme está escrito de mí al frente del libro de

( a~) San Pablo, Heb. X . >al citar este verso dice


cuerpo en vez- de oídos, porque seguiría el texto
de los Setenta que dice sooma; pero ambas traduc­
ciones 'vienen á significar lo mismo.
¡a Ley) ( ¿) 9 para cumplir tu voluntad. Eso lie
deseado siempre, ó Dios mió - y tengo tu Ley en
medio de mi corazon. 10 fie anunciado tu justicia
en una iglesia ó asamblea grande; no tendré ja­
más cerrados mis labios : Señor, tú lo sabes. 11 No
he tenido escondida tu justicia en mi corazon :
publiqué tu verdad, y la salvación que de tí viene.
No oculté tu misericordia y tu verdad á la nume­
rosa congregación. 12 Pero tú 7 S eñ or, no alejes
dé mí tüs piedades : tu misericordia y tu fidelidad
trie han amparado en todo trance. i 3 Porque me
hallo cercado de males sin núm ero: sorprendié­
ronme mis pecados , y no pude distinguirlos b ie n :
multiplicáronse mas qüe los cabellos de mi cabeza
y iui corazon ha desiiiayadó; 14 ¡ O h ! plegue á tí
Señor, el librarm e■ : vuelve hacia mí tus ojos para
■socorrerme, i 3 Queden de una vez confundidos y
avergonzados cuantos buscan cómo quitarme la vi­
da: vuélvanse atrás llenos de confusion los qué
mi mal desean. 16 Sufran luego la ignominia que
merecen aquellos que mé dicen : Ea , ea. 17 Rego­
cíjense en ti y salten de gozo todos los que te si­
guen : y aquellos que aman á tu Salvador ( c ) digan
siempre: Glorificado sea el Señor. 18 Yo por mí soy
ún mendigo y désvalido ; pero el Señor tiene cúida-

( b ) En todo el libró de lá. Ley > ó eh totlo el


contenido de las Escrituras Sagradas.
( c ) Esto es, al Mesías que nos enviará.
do de mí. Tú eres, ó Señor, mi valedor y protector,
No tardes, Dios mío.

C a p ítu lo X.L de la Epístola á los Hebreos.


i Es pues la fe el fundamento ó firme persua­
sión de las cosas que se esperan, y un convenci­
miento de las cosas que no se ven. a De donde
por ella merecieron de Dios testimonio de alaban­
za ( « ) los antiguos justos, 3 La fe es la que nos
enseña que el mundo todo fué hecho por la pala­
bra de Dios, y que de invisible que era fué hecho
visible (6). 4 La fe es por la que Abel ofreció á Dios
un sacrificio mas excelente que el de Caín, y fué de­
clarado ju s to , dándole el mismo Dios testimonio
( c ) (le que aceptaba sus dones; y por la fe ha­
bla todavía, aun estando muerto [d). o Por la fe
fué trasladado Enoc de este mundo, para que no
muriese ; y no se le vió mas, por cuanto Dios le

( « ) O se hicieron recomendables á Dios.


( b ) Sacándole Dios de la nada , y haciéndole
visible y hermoso por medio de la luz , y demás
seres criados. Otros traducen: Por la fe entende­
mos que con la sola palabra de Dios fueron forma­
dos todos los siglos : haciéndose de cosas invisibles
ó que eran nada, las visibles,
( c ) Con fuego del cielo ú otra señal visible con
que manifestó cuán agradable le era su ofrenda.
(d') Ya con el clamor de su sangre pidiendo justicia
á. Dios, ya con el heroico ejemplo de f e que nos dejó.
transportó á otra parto, que no se sabe. : mas ántes
ile la traslación tuvo el tos timón io de haber agra­
dado á Dios (tí) : 6 pues sin fe es imposible agra­
dar á Dios. Por cuanto el que se llega á D ios, debe
creer que Di o í existe, y que es remunerador de
los que le buscan, 7 Por la fe, avisado Noé de Dios
sobre cosas que aun no se veían , con santo temor
fue construyendo el arca para salvación de su fa­
milia , y construyéndola condenó al mundo , y fué
instituido heredero de la justicia que se adquiere
por la fe. 8. Por la fe aquel que recibió del Señor
el nombre de Abrahan, ó de Padre de las Naciones,
obedeció á Dios ; partiendo hacia el país que debía
recibir en herencia , y se puso en camino } no sa­
biendo á donde iba. 9 Por la fe habitó en la tierra
que se le había prometido, como en tierra extraña,
habitando en cabañas ó tienda$ de campaña, como
hicieron también Isaac y Jacob , coherederos de la
mismn promesa. 10 Porque tenia puesta la mira y
toda su esperanza en aquella ciudad de sólidos fun­
damentos, la celestial Jerasal en, cuyo arquitecto
y fundador es el mismo Dios. 11 Por la fe también
la misma Sara , siendo estéril} recibió virtud de
concebir un hijo, por mas que la edad fuese ya
pasada; porque creyó ser fiel / veraz aquel que lo
habia prometido. 12 Por cuya causa de un hombre
solo ( y ese amortecido ya por su extremada vejez )

( e ) Lo que solamente se alcanza con la f e ani­


mada de la caridad.
salió una posteridad tan numerosa como las estre­
llas del cielo y como las arenas sin cuento de la
orilla del mar. i 3 Todos estos santos vinieron á
morir constantes siempre en su fe, sin haber reci­
bido los bienes que se les habían prometido , con­
tentándose con mirarlos de lejos, y saludarlos ( y ) ,
y confesando al mismo tiempo ser peregrinos y
huéspedes sobre la tierra. i 4 Ciertamente que los
que hablan de esta suerte ( g ) , bien dan á enten­
der que buscan patria. i 5 Y caso que pensaran en
la propia de donde salieron, tiempo sin duda te­
nían de volverse á ella. Luego es claro que as­
piran á otra mejor, esto es, á la celestial. Por eso
Dios no se desdeña de llamarse Dios de ellos ( h ):
como que les tenia preparada su ciudad celestial.
17 Por la fe Abrahan} cuando fué probada su f i ­
delidad por Dios j ofreció á Isaac j y el mismo que
habia recibido las promesas, ofrecia y sacrificaba
al unigénito suyo ; 18 aunque se le había dicho :
Isaac es de quien saldrá la descendencia que llevará
tu nombre / heredará las promesas, 19 Mas él
consideraba dentro de sí mismo , que Dios podría

{f) Con la firme creencia de que las promesas


se cumplirían en sus descendientes.
[ g ) Y se tienen por peregrinos, aun estando en
medio de la tierra que se les prometía.
( h } Se complació tanto en la viva f e de aquellos
siervos suyos > que no se desdeñó de llamarse Dios
de Abrahan} de Isaac y de Jacob.
resucitarle despues de muerto. De aquí es, que le
recobró bajo esta a lea r como figura de otra co­
sa (i)'. 20 Por la fe también Isaac bendijo á Jacob
y á Esaú, fundando su bendición sobre cosas que
habian de suceder á ¿os dos hermanos. 21 Por la fe
Jacob, moribundo, bendijo á cada uno de los
hijos de Josef, y adoró ó se inclinó profundamente
delante de la vara de gobierno que llevaba Josef (J),
22 Por la fe Josef, al m o rir, hizo mención de la
salida de los hijos de Israel, y dispuso acerca de
sus propios huesos, 23 Por la fe Moysés cuando na­
ció fué ocultado por sus padres , durante el espacio
de tres meses ; porque vieron tan gracioso al ñi­
ño ( k ). Y así es que no temieron el edicto del
I\tíy ( 24 Por la fe Moysés siendo ya grande >
renunció á la cualidad de hijo adoptivo de la hija
de Faraón ; 2 5 escogiendo ántes ser afligido con el
pueblo de Dios, que gozar de las delicias pasageras
del pecado; 26 juzgando que el oprobio de Jesu­
cristo ( m ) era un tesoro mas grande que todas

( i) Como figura de la resurrección de Jesucris­


to , inmolado por la 'voluntad de su eterno Padre
sobre -el leño de la cruz. - (y ) Como gobernador
de Egipto , en quien veía figurado al Mesías , y
reverenciaba su grandeza y autoridad. ~{ k) Y
creyeron que Dios le tenia reservado para grandes
cosas d favor de su pueblo. - ( /) Que mandaba
arrojar en el rio á todos los niños luego de nacidos.
- ( m ) E l oprobio padecido por amor de Jesucristo^
día se g u n d o . .71
las riquezas de Egipto ; porque fijaba su vista cti la
recompensa. 27 Por la fe clejó al Egipto , sin temer
Ja sana del Rey; porque tuvo firme confianza en el
Invisible, como si le viera ya combatir en su defensa.
28Por la fe celebró la pasma, é hizo aquella aspersión
de la sangre del Cordero (n), á fin de que no'tocase á
los suyos el Angel exterminador que iba matando
los primogénitos de los egipcios. 29 Por la fe pasa­
ron el mar Bermejo, como por tierra seca ; lo cual
probando á hacer los egipcios, fueron sumergidos.
3o Por la fe cayeron los muros de Jericó , con solo
dar vueltas siete dias al rededor de ellos (/?). 3 i Por
la fe Rahab , que era ó había sido una ramera ( o )3
no pereció con los demas ciudadanos incrédulos ;
dando en su posada acogida segura á los explorado­
res que envió Josué. 3 2, ¿ Y qué mas diré todavía ?
El tiempo me faltará, si me pongo á discurrir d.e
Gedeon, de Barac , de Sansón, de Gefté, de Dayid,
de Samuel y de los Profetas : 33 los cuales por la
fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia , al­
canzaron las promesas (/?), taparon las bocas de

á quien lema d e la te de su ■vista. -(re) Sobrff las


puertas de las casas de los israelitas, - («) Llevando
ios Sacerdotes el arca santa , tocando las trompe­
tas etc. - (o) Algunos interpretan la voz hebrea Zo-
nah, mesonera, postal era etc. Pero ¿¿Zonah se de­
riva de Zanah, / no f i e Zon, alimentar, entonces se
habrá de decir que Rahab habria sido antes muger
de mala vida : no que lofuese aun. - (y; ) Como Da­
los leones, 34 extinguieron la violencia del fuegoy
escaparon deí filo de la. espada, sanaron de gran­
des enfermedades (</), se hicieron valientes en
ía guerra, desbarataron ejércitos extranjeros ( r ) .
35 Mngeres hubo que recibieron resucitados á sus
difuntos hijos (.?), Mas otros ( í ) fueron estirados
en el potro, no queriendo redimir la vida presente,
por asegurar otra mejor en la resurrección. 36 Otros
asimismo sufrieron escarnios y azotes, además de
cadenas- y cárceles ( v ). '¿y Fueron apedreados,
a serra d o sp u e sto s á prueba de todos modos,
muertos á filo de espida (■*■)•: anduvieron girando
de acá para allá, cubiertos de pieles de oveja- y de
cabra, desamparados, angustiados, maltratados',
38 de los cuales el mundo no era digno : yendo
perdidos por las soledades-, por los m ontes, y re­
cogiéndose en las cuevas y en las cavernas de la
tierra. 3q Sin embargo todos estos santos , tan re­
comendables por el testimonio de su f e , no reci­

bí/, Jos Jueces, Josué, y Caleh. — (y) Como Sansón,


Daniel en el lago de los leones, los tres mancebos en
el horno de Babilonia, David, Elias y Eliséo } hu­
yendo de S a ú l , de Acab y de Jezabel; Job' 7 Ezé-
quías, Tobías. — (r) Como David, los Ma cabeos, y
otros. — (s) Como la viuda de Sarepta, y la Sunami-
tis, por las oraciones de Elias y Eliséo. — (?) Como
Eleázaro — (-?;) Como Sansón, varios Profetas, Josef,
Jeremías etc. — („r) Como JSabo Zacarías, Isaías 7
y otros Profetas.
bitiron todo él fruto de la promesa : 4 o habiendo
dispuesto Dios, por un favor particular que nos
ha hecho, el que no hayan de recibir sino junta­
mente con nosotros en el gran dia de Señoi^ el cum­
plimiento de su felicidad en el alma y en el cuerpo•

d ía t e r c e r o .

E l cristiano ha de desear la muerte como miembro


de Jesucristo para completar su cuerpo místico,

A d v e n ia t regn u m t u u m .— V inga á nos el tu Reino.

N a d a es el hombre en l a nueva creación , sino

lo que es en Jesucristo, En él ha sido criado, des-


pues de haber sido elegido en él antes de la crea­
ción del mundo ( 4^)- En él ha sido llamado ( 4 9 )
y bendecido ( 5o ) : en él es adoptado ( 5i ) : en él
es santificado ( ) : en él es agradable á D ios: en
él es fecundo en buenas obras; y en fin eñ él será
glorificado, ó por mejor decir el mismo Jesucristo
será glorificado en sus santos miembros, y será o b ­
jeto digno de grande admiración en todos aque­
llos que habrán creído en él ( 53). Y de esta ma­
nera se va restableciendo el Reino de D io s, cuya
venida le pedimos todos los dias.
Además cuanto nosotros somos y cuanto seré-
mos en Jesucristo, ni lo somos ni lo seremos sino por
él. Porque como dice S. Pablo ( 54) Dios por vn>
puro efecto de su buena voluntad nos ha predes­
tinado al ser de hijos suyos adoptivos por Jesu­
cristo, ó para gloria suya, in ipsum ; esto e s , para
darle miembros, que unidos con esa Divina ca­
beza formen aquel cuerpo misterioso que ten­
drá en el cielo por toda la eternidad; y que ha­
biendo comenzado á formarse desde el principio del
mundo, no será perfecto y completo hasta la muer­
te del último de los escogidos. Ellos son pues la
plenitud y el entero cumplimiento de aquel cuer­
po. Por eso Jesucristo se forma en todos sus miem­
bros, y cumple de nuevo en ellos los misterios que
fueron ya cumplidos en su persona: Corpus ipsius
et plenituda eius qui omnia in ómnibus adimpletur
( 55 ). La Iglesia pues es el complemento ó la per­
fección de C risto, en cuanto él es su mística cabe­
za , y lo llena todo en todos T formando un todo
cumplido y perfecto , y comunicando á todos los
miembros el ser y la vida.
Al paso que -en este sentido nosotros estamos
destinados para Jesucristo nuestra cabeza, como
miembros suyos : en otro sentido estamos tam­
bién destinados para Dios su Padre. Porque es­
te grande cuerpo de la Iglesia que se va forman­
do por la unión de los miembros con la cabeza, no
se perfecciona sino para formar como un solo Hijo
de D ios, un templo eterno de la magestad y de la-
gloria de Oíos, un solo reino de la caridad de Dios :
reino del cual el Hijo del mismo Dios, según se uo¡>
enseña en el Evangelio (56), vino á tomar posesión
para su Padre, y le pondrá en sus manos cuando
habrá completado su conquista, cuando habrá
destruido todo imperio } toda dominación y toda
potestad contraria. Porque entretanto Jesucristo (5y)
debe reinar hasta ponerle al Padre todos los
enemigos debajo de sus pies $ y hasta que la muer­
te, que es el último enemigo, quede destruida ( 58 )
Cuando pues todas las cosas habrán sido someti­
das ó sujetadas á Jesucristo> entonces el Hijo que­
dará el mismo en cuanto hombre sometido á aquel
que se las sometió todas. Esto es, Jesucristo, com­
pleto ya y perfecto por la unión de todos sus
m iembros, sujetará él mismo tanto el cuerpo mís­
tico como la cabeza de este cuerpo á aquel que le
habrá sujetado todas las cosas, á fu i de que Dios
lo sea todo en todos, ó en todas las cosas todo sea
de Dios ( 59 ). Por lo que acabamos de decir cono­
cemos fácilmente que en la oracion del Padre nues­
tro en aquellas palabras : V m ga á nos el tu Reino ^
pedimos á Dios tres cosas que no pueden cum­
plirse perfectamente en está vida: y son las si­
guientes.

Consideración L

Unade las primeras cosas qu£ pedimos en la Ora­


cion Dominical es el complemento del Reino y do­
minio de Dios <in los corazones, por medio de su total
y perfecta sujeción al soberano poder de D ios; y
tenemos gran motivo de pedirlo, ya por el zelo de
los irí teres es del mismo Dios, ya también por nues­
tra propia consoladon. Porque \ cuán triste y do­
loroso espectáculo se presenta á los ojos de la fé ,
al considerar cuan mal se sirve á Dios no solo
por los que se glorían de ser ciudadanos del muni­
do , sino también por los que hacen profesion
de ser en él transeúntes y extranjeros 3 La mayor
parte de los hombres está sumergida en el paganismo
é infidelidad, y adora al demonio en lugar de Dios.
Entre los que tienen el nombre de cristianos 7 el
mayor número está por desgracia empeñado en el
cisma ó en la heregíá. Y en este menor número de
católicos que existen ¡ ay de m i! ¡ cuanto falta pa-
raque pueda decirse que Dios reina entre elloá! Lo
que reina en la mayor parte es en orden á Dios la
impiedad , la irreligión ó la superstición : en orden
á sí mismos una vida afeminada, voluptuosa y pa­
gana,' y en cuanto al prójimo la envidia, el escán­
dalo y la injusticia. Al ver las costumbres de la ma­
yor paite de los católicos, podria decirse que soló
permanecen ert la Iglesia para hacer que el pecado
reine en el mismo Reino de Dios, y para renunciaí*
á este Reino de hecho ó con las obras con mas
insolencia que aquellos que le renuncian de pala­
bra , diciendo, como leemos en el Evangelio ( 6o ) :
No queremos que éste sea nuestro Rey* Los que
así obran están muy distantes de poder decir en el
Padre nuestro : Vejiga á nos el tu Reino. Son de
aquellos de quienes habla Casiano ( 6 i ) cuando
dice: « No hay pecador, no hay impío que se atre-
«va á pronunciar aquellas palabras, ó á tener aque-
* líos deseos; porque nadie desea ver el tribunal de
« este supremo Juez, cuando sabe que por su sen-
« tencia ha de recibir no la recompensa de la vir-
«tu d , sino la pena de sus maldades ».
Pero nosotros que hacemos profesion de no tener
por Rey de nuestros corazones á otro que al Señor ,
que es el Dios y dueño absoluto de ellos : nosotros
que debemos suspirar siempre por el estableci­
miento de su Reino , y que le vemos furiosamente
atacado, y devastado en todas partes por el peca­
do ; nosotros que debemos quedar penetrados de
dolor al ver que el reino de la concupiscencia, ó
por hablar con la Escritura, que el reino del infier­
no se establece y extiende por toda la tierra sobre
las ruinas del Reino de D io s, el cual queda estre­
chado y reducido á un pequeño número de almas
fieles; avergonzémonos y confundámonos de que
nos cause tan poca aflicción la vista de tan gran
desorden; suspiremos por la venida de aquel Rei­
no amable , aunque esta nos cueste la v id a , y sea
preciso que perezca todo el mundo sensible, para
ver luego como Dios rinde y sujeta á todos los enemi-r
gos de su Reino, y destruye también cuanto haya
en nosotros que le sea contrario ó repugnante.
Porque á la verdad no hay persona que no alimen­
te en el fondo de sus entrañas un enemigo del Rei­
no de Dios; pues no hay hombre mortal, en quien
la concupiscencia esté del todo vencida y desarrai-
gaila, y que no experimente d menudo que ella re­
siste á las órdenes y se róbela contra el poder de
nuestro único Rey.
Poned pues un gran cuidado en que vuestros
deseos no se contradigan en esta oracion, y que
en esto mismo no experimenteis la oposicion al
Reino de Dios que hay dentro de vosotros mismos.
Si no deseáis de corazon lo que pedís de b o c a ,
vuestra oracion no es sincera. Si huís de la muer­
te , huís del Reino de D io s, y temcis el ser oídos
en esta oracion 5 y si temeis ser oídos, no oráis con
fe y sin titubear, sino con el espíritu dividido, in­
constante en sus deseos, y semejante á las olas
del mar agitado y llevado acá y allá por la violen­
cia del viento ( 6 a ).
Elevémonos sobre toda desconfianza y todo temor,
y digamos sin vacilar: Padre nuestro que estas en
los cielos: venga á nos el tu Reino , y establézcase
por todo á cualquier costa que sea. Nosotros ama­
mos y deseamos y pedimos de todo nuestro co­
raron ese Reino tan justo, tan amable y tan nece­
sario. Digno sois ¡ oh Señor y Dios nuestro ! digno
sois dé reinary de recibir la gloria 7 y el honor y el
poderío ; porque Vos habéis criado todas las cosas,
y por vuestra voluntad fueron ellas criadas y sub­
sisten (63). Haced pues, que podamos nosotros cuanto
ántes cantar con los Santos de vuestro Reino celes­
tial : Alleluya : alabad á Dios, porque el Señor
Dios nuestro Todo-poderoso ha tomado ya posesion
de su Reino.
Consideración II.

El Reino de Dios se establecerá completamente


en la segunda venida de Jesucristo; y por lo mis­
mo debemos esperar con ansia esta venida, y
por nuestra parte acelerarla cuanto podamos
con nuestros deseos y nuestros gemidos. Porque á
qué fin somos cristianos ? S, Pablo nos lo dice en
dos palabras ( 6 4 ) : Para servir al Dios vivo y
verdadero, y para esperar del cielo d su Hijo Jesús,
á. quien 7'esúcitó de entre los muertos, y el cual nos
ha librado de la indignaciónfutura, satisfaciendo por
nosotros con su sangre á la justicia de Dios. Ni
solo debemos esperar esta venida; debemos también
quererla , y quererla ó amarla todavía mas por el
amor del mismo Jesucristo que por nosotros. Por­
que S. Pablo nos enseña que en aquel dia grande
Jesucristo como justo Juez de vivos y de muertos, no
dará la corona de justicia sino á aquellos que llenos
de fe habrán deseado su venida : lis qui diligunt
adveiitum eias (65). Debemos amar su venida, por­
que debemos amar su Reino : su Reino perfecto
por el cumplimiento de Ja gloria en sus miembros
y por el cumplimiento del cuerpo místico de que
es Cabeza.
El que ama de veras á Jesucristo ¡ cuán dulces
transportes de alegría lia de experimentar cuando
contemple aquel dia en que el Hijo de Dios descende­
rá del cielo para volver luego á su Padre; no solo como
en el dia de su Ascensión gloriosa , sino acompañado
de todos los Santos , y á la frente de aquel miste­
rioso y admirable cuerpo por quien murió y resuci­
tó , para presentarle á su Padre y entregarle en
sus manos como que es su Reino ? Entonces serán
completas la gloria y la alegría de Jesucristo, por­
que estarán extendidas ó derramadas por todo el
cuerpo de Jesucristo entero y completo, según
aquellas palabras del mismo Señor (66): A fin de
que mi gozo esté en vosotros , y vuestro gozo sea
perfecto ■ó según la oracion que hixo la víspera
de su muerte ( 67 ): A fin de que elfos tengan en sí
mismos el gozo cumplido que yo tengo.
Entonces quedarán consumados su Reino y su
triunfo; porque todos sus escogidos estarán unidos
con él por toda la eternidad , triunfando por su
gracia de tantos enemigos con quienes han tenido
que combatir , y siendo ya destruida la muerte
que es el último de todos. Su Reino será estableci­
do perfecta é inmutablemente en todos sus miem­
bros ; porque en todos ellos se apagará del todo
el fuego de la concupiscencia. Las bodas del Cor­
dero de que habla la Escritura se celebrarán ■ ,y
la Esposa preparada por espacio de tantos siglos
para aquel dia y tálamo nupcial, le quedará unida
de un modo que nosotros ni podemos concebir,
ni somos dignos de expresar ; pero sabemos que
colmará de alegría toda la Jerusalen celestial: Go-
zémonos , dirán los ciudadanos de aquella ciudad
de D ios, gocémonos , y sallemos de jú b ilo , alabe­
mos y glorifiquemos á Dios, porque han llegado ya
las bodas fiel Cordero, j la Iglesia su esposa se ha
puesto de gala, ó de un modo digno de recibirle (68),
Anticipémonos á tomar parte en ese júbilo de
la Iglesia triunfante, y en el gozo de su Divina
cabeza. Pues que desde idiota somos ya miembros
suyos y confiamos serlo también en el cieloj entre­
mos en sentimientos dignos de nuestras esperan^
xas : estémos impacientes por ver el triunfo perfecto
de Jesucristo y de su Iglesia. Y pues que la muerte ha
de ser el último de sus enemigos que quede destruí-
doj y ésta destrucción que comenzó con la muerte del
primer justo se vá cumpliendo en la de todos los
demás hasta el último ; ofrezcamos de buena gana
nuestra vida para acelerar, en cuanto esté de nues­
tra parte, el triunfo de Jesucristo sobre la muerte ;
y paraque podamos decir con el Apóstol (69);
¿ Donde está, o muerte, tu 'victoria ? Dó está , ó
muerte, tu aguijón ?
Miéntras que esperamos aquel dia grande, en
que la muerte quedará enteramente absorvida por
una 'Victoria 3 esto es , por la gloria inmortal con
que cubrirá Dios el cuerpo de sus escogidos (¡70), ex­
pectantes etproperantes in adventum diei Domini:
miéntras que con nuestros deseos y nuestras ora­
ciones salimos, por decirlo a sí, al encuentro de
Jesucristo con una santa impaciencia de verie en el
colmo de su gozo, y en la consumación de su Reino,
digamos de lo mas profundo de nuestro corazon :
V?agayó Jesús mió, 'venga á nos el tu Reino. Y si mi
muerte puede acelerarle, mandad, ó Señorf á mi
6
alma que deje la tierra y,se vaya á Vos; Etiam veni,
Domine Jesu. Sí, Señor Jesús, venid. Estos son los
gemidos de Ja Iglesia en su viudez. Esta es la ora­
cion que forma el Espíritu Santo en ella en toda la
serie de los siglos; y esta es la que con la Iglesia de­
ben hacer todos sus hijos en todo el tiempo de su
vida. E l Espíritu y la Esposa dicen,: Venid. Y el
que los oye debe decir: Venid. No cesemos pues, de
d ecir: Venid. S i , ó Señor Jesús, venid, venid, ve*
n id ( 7 * ) .

Consideración UL

Al establecimiento del Reino de Dios ó del Reino


perfecto de Jesucristo, se seguirá infaliblemente el
d« nuestro reino. A l que venciere, le haré sentar
fiomnigo. en mi trono : al modo que yo mismo estoy
sentado con mi Padre en su trono , despues de ha­
ber ganado la victoria. Quien tenga oídos , añade
Jesucristo, escuche lo que el Espíritu dice d las
iglesias ( 7a). (i Qué quieren decir estas palabras 3
sino q,u<3 aquel que espera un reino eterno, el mis­
mo Reinó de Dios y de Jesucristo, no debe pensar
en otpa. cosa que en vencer todos los obstáculos
qu^ puedan retardarle la dicha que espera, y que
le impiden de tomar posesion del Reino del cielo ?
Y o haido con las almas que han renunciado al pecado
y al apaior del mundo, que llevando una vida ver­
daderamente cristiana tienen motivo de esperar con
confianza el efecto de las promesas de Dios, y que
en ninguna de sus acciones pierden de vista aquel
Keino.
¿ Gomo podéis,pues, ó almas cristianas, temer la
separación de este cuerpo mortal y corruptible que
os sirve de obstáculo para presentaros delante de
vuestro Esposo ? ¿ Cómo teneis miedo de salir de
una cárcel para subir al trono de Dios y de Jesucristo?
La vida presente, como dice S. Pablo (^3 ) por el
temor de la muerte que nos tiene cautivos es una
esclavitud, de la cual no podemos librarnos sino
muriendo. No huyamos pues de la m uerte, yaque
ella nos pone en libertad y rompe las cadenas
que nos impiden de ir á reinar con Jesucristo.
Por tanto os ruego encarecidamente , os conjuro
cttn S. Pablo ( j á ) delante de Dios y por la glorio­
sa venida de Jesucristo y por el establecimiento de
su Reino, que esters siempre esperando con ansia
la felicidad que os está preparada, y la gloriosa
venida del gran Dios nuestro Salvador Jesucristo.
Abordaos, que debeis estar de tal suerte desprendi­
dos de la tierra, y de todo apego á la vida de vues­
tro cuerpo corruptible, que podáis decir Jo que San
Pablo (75) en persona de todós los cristianos : No­
sotros vivimos como ciudadanos del cielo, ó como si
estuviesemos ya en la corte celestial: de donde espeta­
mos á nuestro Salvador y Señor Jesucristo, el cual,
á su tiempo, transformará nuestro 'vil cuerpo y le
hará conforme al suyo glorioso} con aquella mis­
ma virtud eficaz con que tiene también sitj&tas
á su imperio todas las cosas. A tan noble objeto
debemos elevar nuestros corazones, acordándonos
que 110 somos cristianos para gozar de esta, vida*
.sino para la vida del cielo y para un Reino
eterno : Regcneravit nos in spem vivam ( 76 ). N os
ha regenerado con una viva esperanza de vida
eterna, mediante la resurrección 1le Jesucristo d$
entre los muertos, para alcanzar algún día una
herencia incorruptible, y que no puede contaminar­
se, y que es inmarcesible y reservada en los cielos
para -vosotros, .
Guando son tantos los hombres que desprecian
su propia vida por la vana esperanza de una coro­
na mortal ó de mucho menos, justo es que se aver-
guenzen aquellos que no saben desprenderse de la
vida presente con la fe y con la esperanza de tal
Reino y tal gloria eterna ; y que tal vez se entris­
tecerían si supiesen que Jesucristo les habia de co­
ger por la palabra, cuando le dicen en el Padre
nuestro: Venga á nos el tu Reino. Digámoslas no­
sotros de buena gana y con sinceridad j á fin de
que podamos cantar cuanto antes este cántico nue­
vo : Digno eres, ó Señor, de recibir el libro y de abrir
sus sellos : porque tú has sido entregado á la
muerte, y con tu sangre nos has rescatado para
Dios de todas las tribus y lenguas 7 y pueblos y
naciones, con lo que nos hiciste para nuestro Dios
reyes y sacerdotes ; y reinaremos sobre la tierra 7
hasta que después reinemos contigo en el cielo (77).
Conozcamos pues que uno de nuestros princi­
pales deberes en todo el tiempo de nuestra vida es
n iA 't e r c e r o . 85

el rezar bien este artículo del Padre nuestro. Con­


sideremos en él con mucho gozo la esperanza del
Reino de D ios, reino de Jesucristo y de su Iglesia, y
también de nosotros, como parte que somos de
aquel místico y admirable cuerpo que es la pleni­
tud de Jesucristo y del Reino de Dios. ¡ Guando
llegará, ó Dios m ió, el feliz momento en que Vos
reinaréis perfectamente en nosotros por Jesucristo,
y en que también por Jesucristo reinarémos noso­
tros por Vos! ¡Llegue por lin y llegue pronto un
reino tan deseable ! ¡ Llegue vuestro rein o, ó Padre
que estás en los cielos! Llegue vuestro rein o , ó
Jesús, á quien esperamos que vengáis del cielo !
¡ Llegue vuestro rein o, ó Iglesia santa } Esposa del
Cordero , que emanasteis de Dios y descendisteis
del cielo, á donde deheis volver á subir rodeada y
penetrada de la gloria de Dios para ser allí su templo?
su ciudad y su reino por toda la eternidad í Lleguen
ahora á Vos y depositad en vuestro seno paternal
nuestros incesantes gemidos durante el tiempo de
vuestra ausencia y de nuestro destierro sobre la
tierra • á fin de que podamos despues cantar con
Vos en el seno de Dios aquel cántico de alegría :
Porfui el reino de este mundo ha venido á ser reino
de nuestro Señor y de su Cristo, y el remará, destrui­
do ya el pecado, por los siglos de los siglos. Amen.
Gracias te tributamos ¡ oh Señor Dios todo poderoso !
á ti que eres, que eras ya ántes 1 y serás siempre, y
qué has de 'venir: porque hiciste alarde de tu gran-
poderio, y has entrado en poses ion de tu reino. Aho~
ra si que es el tiempo de salvación , y de la poten­
cia y del reino de nuestro Dios y del pode?' de su
Cristo ( 78 ).

PARA LA MAÑANA,

V irtud : La Esperanzar

Rara es la ambición que aspira á mas que á la


posesion de un reino ó de un imperio 5 y s o i l po­
cas las esperanzas humanas que lleguen á tanto, ó
que se lisonjeen de poder conseguirlo. No es me­
nos raro éntrelos hombres, cuando se trata de
reinar^ el querer partir con otro las esperanzas del
reino* Tal vez la falta de fuerzas ó de poder para
reinar por sí solo , ha sido el único motivo porque
algunos emperadores hayan tomado compañeros
en su imperio. La esperanza cristiana es la única,
que inspira á un mismo tiempo á todos los miem­
bros de Jesucristo el deseo de reinar, y de reinar
todos juntos en un mismo trono. A esta esperan­
za debe ceñirse toda nuestra ambición. A este reino
eterno debemos aspirar cotí el desprecio de todas
las cosas; y aun de todos los imperios de la tierra*
si todos estuviesen en nuestro poder.
Suele parecemos despreciable lo que ya posee­
mos, cuando esperamos otra cosa mayor. El que se
ve destinado para un im perio, no es regular que
viva contento en otra menor fortuna. Por lo mismo
no hay cosa mas eficaz para desprender al alma
cristiana de los placeres de esta vida, de la embria­
guez de los falsos honores y bienes de este mundo,
y de cuanto se figura grande y magnílico la humana
ambición ; que la esperanza de un Reino , del cual
no merece ser ni siquiera sombra el imperio de
todo el Universo ; y la esperanza de aquel gozo
celestial y supremo, en que consiste la bienaven­
turanza eterna.
Semejante desprendimiento debe ser en nosotros
un efecto de la esperanza, cristiana. En vano raos
lisonjearnos de tenerla en el corazon, si amamos
las cosas de la tierra con tanta viveza como sí no
esperásemos el Reino de Dios. No está la esperan­
zó en nuestro corazon, si .nada influye en é l ; y no
influye k> que debe, si no le desprende del artior
de la vida presente ? si no le inspira disgusto- dé
ella, si no le hace desear que se ¡acabe pronto , si
no nos tiene siempre aparejados á dejarla cuando
Dios mande. Sean nuestro modelo Aquellos antiguos
padres de nuestra esperanza , así como de nuestra
fe, Abrahan, Isaac y Jacob; los cuales en un país deli­
cioso que Dios Ies dio, vivieron, como en una tier^
ra extran jera, habitando solo en tiendas : porque
no debiendo vivir en él sino algún centenar ó pocos
centenares de años, no creían, que valiese la pena
de establecerse en aquel p aís, edificando casas y
ciudades. Porque tenían puesta ta mira y toda su
esperanza, dice S. Pablo ( 7 9 ) , en aquella ciudad
de sólidos fundamentos7 la celestial Jerusalen, cuyo
arquitecto y fundador es el mismo Dios. Yo no sé
como tenemos valor de decir que esperamos como
ellos la ciudad santa o la celestial Jerusalen, cuando
nos establecemos sobre la tierra, como si nunca
Ja hubiésemos de dejar; y cuando no nos ocupamos
sino en las cosas de este mundo, ansiando única­
mente las comodidades de los sentidos, no pen­
sando mas que en los proyectos de fortuna, en los
medios de elevarnos á grandes honores, de aumen­
tar nuestros bienes y riquezas } y de asegurar nues­
tra reputación en esta vida, como si no esperásemos
ninguna otra.
Si tal es nuestro letargo, justa es que disperte­
mos : reanimemos, como hacia el Apóstol, nuestra
esperanza : miremos como una verdadera pérdida
ó desventaja nuestra todo lo que no se dirige ¿ lo s
bienes eternos que esperamos : lo que el espíritu
del mundo reputa ganancias ó ventajas , debemos
tenerlo por daños y perjuicios respecto de nosotros,
que hemos recibido el espíritu de Jesucristo para
saber estimar los dones de Dios y la herencia ce­
lestial que nos ha preparado. Privémonos de todas
las cosas terrenas, teniéndolas por basura, á fin de
ganar á Jesucristo. Esforzémonos para lleg ar, aun-*
que sea á mucha costa , á la bienaventurada resur-.
reccion de los muertos. No nos paremos, como si
ya hubiésemos llegado al fin de nuestro via je,
como si ya hubiésemos recibido lo que esperamos,
ó como si ya fuésemos perfectos. Prosigamos, nues­
tra carrera hasta llegar al término al cual nuestro
Señor Jesucristo nos ha destinado , uniéndonos
consigo mismo. Y hagámonos cargo de que toda
Jo (fue debemos hacer en esta vida , es olvidar lo
que hay detrás de nosotros, y atender á la corona
que se nos promete, avanzando mas y mas hácia
el Señor que tenemos delante, corriendo sin inter­
rupción hacia el término de nuestra carrera, para
ganar el premio ó galardón de la felicidad celestial
á que nos ha llamado Dios por Jesucristo ( 8o ).
Así exortaba el Apóstol á los fieles de Filippos, y
en ellos á todos los cristianos.

C O N C LU SIO N .

Examen. Humillación. Oración, Rezar el salmo 4*


Cum invocarem, y el 3 o. In te Domine speravi. Leer
el cap. 2 i. de S. Lucas desde el 'verso a 5 hasta elfin.

S almo IV. Cum iiwocarem etc>


i Así que yo le invoqué, oyóme Dios j qufe es
mi justicia ( a ): t ú ; ó Dios mío } en mi angustia
me ensanchaste el corazon. 2 Apiádate aun de mí, y
presta oídos á mi oracion. 3 O hijos de los hom­
bres , ¿ hasta cuándo seréis de estúpido cora­
zon? ¿ porqué amais la vanidad y vais en pos de
la mentira ? 4 Sabed pues que es el Señor quien ha
hecho admirable á su Santo, esto es} á su Cristo ó
Ungido : el Señor me oirá siempre que' clamáre á
él* 5 Enojáos contra 'vosotros mismos} y no queráis
pecar mas ; compungios en el retiro de vuestros
lechos de las cosas que andais meditando en vues-

( a ) Otros traducen: Oyóme mi justísimo Dios.


tros corazones. 6 Ofreced sacrificios de justicia ó
de buenas obras , y confiad en el Señor. Dicen
muchos : ¿ Quién nos hará ver ios bienes que se
nos prometen P 7 Impresa está , Señor, sobre noso­
tros la luz de tu rostro: tú has infundido lá ale^-
gría en mi corazon ( b ). 8 Ellos están bien abas­
tecidos y alegres con la abundancia de su trigo ,
vino y aceite: 9 mas yo ? Dios mío , dormiré en
paz, y descansaré en tus promesás: 10 porque tú,
ó Señor, solo tú has asegurado mi esperanza ( c ).

Salm o XX X . In te Domine speravi etc.


1 O Señor, en tí tengo puesta mi esperanza: nó
quede yo para siempre confundido : sálvame.^ pues
eres justo. 2 Dígnate escucharme : acude pronta­
mente á librarme. 3 Sé para mi un Dios ó numen
tutelar, y un alcázar de refugio para ponerme en
salvo. 4 Porque tú eres mi fortaleza y mi asilo ; y
por honra de tu Nombre me guiarás y sustentarás*
5 Tú mé sacarás del lazo que me tieneii oculta­
mente armado , pues tú eres mi protector. 6 En
tus manos encomiendo mi espíritu : tú me has
redimido,, ó Señor Dios de ]a verdad. 7 Tú abor­
reces á los que se pagan de supersticiones inútiles.
8 Mas yo tengo puesta en el Señor mi espeiranaa.'

( b ) Has infundido una alegría en mi corazon ;


mayor que la de ellos cuando cogen mucho pan y
'vino. — ( c) Otros traducen : Me has solidado en la
esperanza de una manera muy singular.
En tu misericordia me regocijaré, y saltaré de go­
zo. Porque te dignaste volver los ojos á mi abati­
miento , y sacaste de apuro á mi alm a: 9 ni ma
dejaste encerrado en manos del enemigo, sino que
abriste ancho camino á mis pies. 10 Apiádate de
m í, ó Señor, porque me veo atribulado. Mi vista j
mi espíritu, mis entrañas se han conturbado por el
pesar ó indignación; 11 pues de puro dolor se
va consumiendo mi vida, y mis años con tanto ge­
mir. $e ha debilitado mi vigor á causa de Ja
miseria, y todos mis huesos se hallan trastornados.
12 He venido á ser el oprobio de todos mis ene­
migos , y principalmente de mis vecinos ; y objeto
de horror ,para mis conocidos. Los que me veían ^
huían lejos de mí : i3 fui borrado de sa co­
razon, y puesto en olvido como un muerto :
fui considerado como un mueble inútil. *4 Por­
que yo oía los denuestos de muchos que . estaban
al rededor de mí j los cuales al conjurarse contra
mí, trazaron entre ellos el quitarme la vida. i 5 Pero
y o j Señor, puse en tí mi esperanza : Tú eres,
dije y o , mi Dios : 16 en tus manos está mi suer­
te. Líbrame del poder de mis enem igos, y de
aquellos que me persiguen. 17 Derrama sobre tu
siervo la luz de tu rostro : sálvame por tu miseri­
cordia. 18 ¡ Oh Señor! no quede yo confundido, yá
que te he invocado. Queden, sí, avergonzados los
impíos, y sean derribados al profundo. 19 Enmu­
dezcan los labios fraudulentos, que hablan inicua­
mente contra el justo, con soberbia y menosprecio.
20 ¡Oh cuan grande es, Señor, la abundancia dé
la dulzura que tienes reservada para los que te te­
men! Tú la has comunicado abundantemente, á
vista de los hijos de los hom bres, á aquellos que
tienen puesta en tí su esperanza. 21 Tú los escon­
derás donde está. escondido tu rostro, preservan
dolos de los alborotos de los hombres. Pondráslos
en tu tabernáculo, a cubierto de las lenguas mal­
dicientes. 22 Bendito sea el Señor que ha ostenta­
do maravillosamente su misericordia conmigo en
la ciudad fortificada* 23 Yo , es verdad que dije en
un arrebato de mi genio : Arrojado me hallo de tu
vista. Por eso mismo te dignaste óir mi oración 7
mientras á tí clamaba. 24 Amad al Señor, santos
suyos todos ( a ) : porque el Señor inquirirá la
verdad; y dará el pago bien Cumplido á los qué
obran con soberbia. aSPortáos varonilmente todos
vosotros los que teneis puesta en el Señor vuestra
esperanza, y tened buen ánimo.

C a p ít u l o XXI. del Evangelio de S. Lucas.


25 Yeránse empero antes fenómenos prodigio-'
sos en el so l, la luna y las estrellas; y en lá
tierra estarán consternadas y atónitas las gentes*
por el estruendo del mar y de las olas ; 26 secán­
dose los hombres de temor y de sobresalto por
las cosas que han de sobrevenir á todo el universos
porque las virtudes de los cielos ó esferas celestes

( a ) Voso tros todos sus fieles siervos.


estarán bambalean do. 27 Y entonces será cuando
verán al Hijo del hombre venir sobre una nube
con grande poder y magestad. 28 Gomo quiera, vo­
so trosfieles discípulos míos y al ver que comienzan
á .-suceder estas cosas, abridlos ojos y alzad la ca­
beza, estad de buen ánimo , porque vuestra reden­
ción se acerca. 29 Y propúsoles esta comparación;
Reparad en la higuera y en los demas árboles:
3o cuando ya empieza á brotar de sí el fruto, cono­
céis que está cerca el verano. 3 i Así también vo ­
sotros en viendo la ejecución de estas cosas, en­
tended que el reino de Dios está cerca. 32 Os em­
peño mi palabra , que no se acabará esta genera­
ción hasta que todo lo dicho se cumpla. ,33 El cie­
lo y la tierra se mudarán, pero mis palabras no
faltarán. 34 Velad pues sobre vosotros mismos, no
suceda que se ofusquen vuestros corazones ó en­
tendimientos , con la glotonería y embriaguez T y
los cuidados de esta vida, y os sobrecoja de repen­
te aquel dia, 35 que será como un lazo que sor­
prenderá á todos los que moran sobre la superficie
de, toda la tierra. 36’ Velad pues, orando en todo
tiempo, á fin de merecer el evitar todos estos ma­
les venideros, y comparecer con confianza ante el
Hijo del hombre. — 3 7 Estaba Jesús entre dia en­
senando en el tem plo; y saliendo de la ciudad á
la noche , la pasaba en el monte llamado de los
Olivos. 38 Y todo el pueblo acudía muy de ma­
drugada al templo para oirle.
PARA LA TARDE.

V ir t u d : La piedad con Jesucristo.

Jesucristo es el autor de nuestra fe, y el fundamen­


to de nuestra esperanza. No podemos acercarnos á
Dios sino por medio de Jesucristo: no podemos hacer
nmgun bien sino por su gracia : no tenemos que es­
perar nada, sino por sus méritos. Nada somos en
la presencia de Dios, sino lo que somos en Jesucris­
to ; y no tenemos parte alguna en la misericor­
dia y en los beneficios de Dios, ni derecho alguno
á su gloria, sino en cuanto somos miembros de
su Hijo y hacemos parte de su cuerpo místico.
¿ Cual pues debe ser el culto y la piedad de un
cristiano hacia un Mediador tan necesario, un Sal­
vador tan poderoso y tan bueno, y una cabeza que
nos comunica una vida divina y bienes eternos?
Y si alguna persona que conoce que se acerca el
fin de su vida, ó se dispone para la muerte, se re­
conoce culpable de omision ó descuido en lo que
débe al Señor, que es su redención y su salud, ¿ no
debe aloménos esforzarse á reparar sus faltas y á
ser en adelante tanto mas continuo y exacto en tri-
bütarle los deberes de adoracion, de reconoci­
miento , de invocácion , de a m o r; y de obediencia
á srus palabras, á susejemplos, á sus deseos, á sus ins­
piraciones , á su espíritu, á sus designios, que sófi
otras tantas leyes para nosotros ? en una palabra,
á tributarle todo lo que tiene derecho de exigir de
uno de sus miembros, y de los esclavos que ha re­
dimido ? ¿ No debe ser en adelante tanto mas fiel y
puntual en cumplir con estas obligaciones , cuan­
to mas negligente haya sido hasta ahora? No sien­
do cristiano sino para continuar la vida de Jesu­
cristo su cabeza y su modelo , debe estudiarla con
singular cuidado y zelo tanto en la vida del Señor,
como en sus misterios y en sus varios estados. De­
be tener siempre entre manos el Evangelio, y meditar
de día y de noche la Ley y las máximas de Jesucris­
to, Todo lo que sea de Jesucristo debe merecerle
el mayor aprecio : y nada debe apreciar sino en
Jesucristo y con respecto á Jesucristo, en quien
Dios el Padre puso todas sus com placencias,y fue­
ra del cual no hay cosa que merezca su divino
agrado.
Como debe tener siempre Helante los ojos la ca­
lidad que goza de ser uno de los miembros de
Jesucristo para proceder en todas sus acciones de
un modo correspondiente á tanta dignidad, debe
hacerlas todas según el espíritu del Señor, y debe
tener por costumbre ó práctica ordinaria el ofre­
cerse y darse á Jesucristo para obrar en su espíri­
tu. siempre que ha de hacer alguna cosa importan­
te;: porque Jo que no se hace en espíritu de Jesús,
.aloménos virtualmente , no se cuenta para nada en
la presencia de Dios. Y S. Agustin ( 81) no tiene
reparo en decir que la oracion que no se hace por
Jesucristo, no solo no borra el pecado, sino que
ella misma es un pecado.
Debo también referir á Jesucristo el respetó con
que venera las cosas inferiores al Divino Salvador:
la santísima Virgen porque es su Madre: la Iglesia
porque es su Esposa, y el fruto de su pasión y
muerte: los Angeles como ministros suyos: los
Santos como sus amigos, hermanos y miembros
escogidos : los Prelados de la Iglesia como pastores
de su, rebaño : los Príncipes y magistrados como
imágenes suyas y depositarios de su autoridad. En
fin, como Jesucristo es todo en todas las cosas, se­
gún la expresión del Apóstol (82), es menester bus­
carle } venerarle y amarle en todas las cosas , y no
buscarnos, estimarnos, ni amarnos á nosotros mis­
m os, sino en él y por él,

C O N CLU SIO N ,

Examen. Humillación. Oracion. Rezar el salmo 4 7.


Magnus Dominus ; y el 90. Qui habitat in adjuto-
rio Altissimi. Leer el cap. F\ de la. Epístola á los
Romanos.

'S a l m o XLVII. Magnus Dominus etc.


1 Grande es el Señor, y dignísimo de alabanza,
en la ciudad de nuestro D ios, en su monte santo.
3 Con júbilo de toda la tierra ( « ) se ha edificado
el Santuario en el monte de Sion, la ciudad del
gran Rey sita al lado del Septentrión. 5 Será Dios

( a ) Por la protección que allí dispensará Dios


ú los hombres.
¡oonocido en sus casas ( b ) , cuantío habrá de de­
fenderla. 5 Porgue hé aquí que lo s . Reyes de la
tierra se han coligado y conjurado unánimemente.
6 Ellos mismos, cuando la vieron así, quedaron
asombrados, llenos de turbación, conmovidos, 7 y
poseídos de terror. Apoderáronse de ellos dolores
como de parto: 8 tú empero con un viento impe­
tuoso harás pedazos las naves de Tbarsis ( c ).
g Como lo oímos de nuestros padres , así lo hemos
visto en la ciudad del Señor de los ejércitos, en la
ciudad de nuestro Dios : la cual ha fundado Dios
para siempre, para subsistir eternamente. 10 Hemos
experimentado, ó D io s, tu misericordia en medio
de tu templo. 11 Al modo que tu Nombre, ó Dios,
así tu gloria se extiende hasta los últimos términos
de la tierra ; tu diestra está llena de justicia. 12 Alé­
grese el monte de Sion, y salten de placer las hijas
de Judá, ó Sefior, por razón de tus juicios, i 3 Dad
vueltas al rededor de Sion , examinadla por todos
lad os, y contad sus torres : i4 considerad atenta­
mente su fortaleza, y notad bien sus casas ó edi­
ficios t para poder contarlo á la generación venide­
ra. i 5 Porque aquí está Dios, el Dios nuestro,
para siempre y por los siglos de los siglos : él nos
gobernará eternamente.

( b ) Esto es y en las de s.u ciudad ó amada Je-


rusalen. — ( c ) Esto es, las grandes naves ; ó todo
al poder del enemigo.
S almo X C . Qui habitat in adiutorio Altissimi etc.

1 El que se acoge al asilo del Altísimo , descan­


sará siempre bajo la protección del Dios del cielo,
a Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio :
el Dios mió en quien esperaré. 3 Porque él me ha
librado del lazo de los cazadores, y de terribles ad­
versidades. 4 Con sus alas te hará s o m b r a y de­
bajo de sus plumas estarás confiado. 5 Su verdad
te cercará como escudo : no temerás terrores noc­
turnos, 6 ni la saeta disparada de dia ; no al ene­
migo que anda entre tinieblas , ni los asaltos del
demonio en medio del dia. 7 Caerán á tu lado iz­
quierdo mil saetas y diez mil á tu diestra; mas
ninguna te tocará á tí. 8 Tú lo estarás contemplan­
do con tus propios ojos, y verás el pago que se dá
á los pecadores, y exclamarás: g / Oh ! y cómo
eres tú , ó Señor, mi esperanza! T ú , ó ju sto , has
escogido al Altísimo para asilo tuyo. 10 No llegará
á tí el m al, ni el azote se acercará á tu morada.
11 Porque él mandó á sus ángeles que cuidasen
de t í : los cuales te guardarán en cuantos pasos
dieres. 12 Te llevarán en las palmas de sns manos;
no sea que tropiece tu pié en alguna piedra. i 3 An­
darás sobre áspides y basiliscos, y hollarás los leo­
nes y dragones : i4 Ya que ha esperado en m í, yo
le libraré: yo le protegeré j pues que ha conocido
ó adorado mi Nombre. i 5 Clamará á m í, y le oiré
benigno. Con él estoy en la tribulación: pondréle
en salvo, y llenarle he de gloria. 16 Le saciaré con
y «a vida muy larga ¿ y 1c haré ver el Salvador que
■enviaré.

Capitulo V. de la Epístola á ¡os Romanos.


i Justificados, pues, por la fe, mantengamos la
paz con Dios , mediante nuestro Señor Jesucristo:
2 por el cual asimismo, en virtud de la f e , tene­
mos cabida en esta gracia , en la cual permanece­
mos firmes y nos gloriamos, esperando la gloria
de los hijos de Dios. 3 Ni nos gloriamos solamente
«n esto, sino también en las tribulaciones: sabien­
do que la tribulación ejercita la paciencia, 4 la pa­
ciencia sirve á la prueba de nuestra f e , y la prüeba
produce la esperanza , 5 esperanza que no burla;
porque la caridad de Dios ha sido derramada ya
abundantemente en nuestros corazones, por medio
del Espíritu Santo, que se nos ha dado, 6 Porque
¿ de donde nace que Cristo, estando nosotros to­
davía enfermos del pecado, al tiempo señalado mu­
rió por los impíos ? 7 A la verdad ? apenas hay
quien quisiese morir por un justo : tal vez se
hallaría quien tuviese valor de dar su vida por un
bienhechor. 8 Pero lo que hace brillar mas la ca­
ridad de Dios hacia nosotros, es que entonces
mismo cuando éramos aun pecadores ó enemigos
suyos, fué cuando al tiempo señalado , c> murió
Cristo por nosotros: luego es claro que ahora
mucho mas , estando justificados por su sangre,
nos salvaremos por él de la ira de Dios. 10 Que si
cuando éramos enemigos de Dios, fuimos recon-
7’ -
ciliados con c'l por la muerte de su Hijo , mucho
mas estando ya reconciliados nos salvará por 4\
mismo resucitad# y vivo, u Y no tan solo eso.,
sino que también nos gloriamos en Dios por nues­
tro Señor Jesucristo, por cuyo medio liemos ob­
tenido ahora ja reconciliación, ia Por tanto , así
como por un solo hombre entró el pecado en este
m undo, y por el pecado la muerte ; así también
la muerte se fue propagando en todos los hombres
por aquel soío A dan. en quien todos pecaron.
13 Así que el pecado lia estado siempre en el mun­
do hasta el tiempo de la L e y : mas entonces como
, nohabia Ley escrita, el pecado no se imputaba como
transgresión de ella (a). Con todo eso, la muer­
te reinó desde Adán hasta Moysés aun sobre aque­
llos que no pecaron con una transgresión de la
Ley de Dios semejante á la de Adán ( b ), el cual es
figura del segundo Adán que habia de venir d dar­
nos d todos la vida del alma. 1 5 Pero no ha suce­
dido en la gracia , así como en el pecado : porque
si por el pecado de uno solo murieron muchos ;
mucho mas copiosamente se ha derramado sobre
muchos la misericordia y el don ele Dios , por la

( a) O no , se hacia cuenta , ni se reconocía


tanto su gravedad, por no haber Ley escrita , ni
penas temporales determinadas contra él.
( b ) Esto es} personalmente , ó contra una ley ó
mandato expreso de D ios ; como pecó nuestro pri­
mer pudre.
gracia de un solo hombre , que es Jesucristo. i 6 Ni
pasa lo mismo en este don de Va gracia, que lo que
vemos en el pecado : porque nosotros hemos sido
condenados en el juicio de Dios por un solo peca­
do ; en lugar de que somos justificados por la gra­
cia después de muchos pecados. 17 Conque si por
el pecado de uno solo , ha reinado la muerte por
un solo hombre que es Adán ; mucho mas los que
reciben la abundancia de la gracia, y de los dones,
y de la justicia reinarán en la vida, por solo un
hombre que es Jesucristo. 18 En conclusión, así
como el delito de uno solo atrajo la condenación
de muerte á todos los hombres ; así también la
justicia de uno solo ha merecido á todos los hom­
bres la justificación que da vida al alma. 19 Pues
á la manera que por la desobediencia de un solo
hom bre, fueron muchos constituidos pecadores ;
así también por la obediencia de uno solo, serán
muchos constituidos justos, 20 Es verdad que so^
brevino la L ey, y con ella se aumentó el pecado,
por haber stdo desobedecida, Pero cuanto mas abun­
dó el pecado , tanto mas1 ha sobreabundado la gra­
cia; 21 á fin de que al modo que reinó él pecado
para dar la muerte , así también reine la gracia en
virtud de la justicia, para dar la vida eterna por
Jesucristo nuestro Señor.
DIA CUARTO.

El. cristitúm ha de desearla muerte como discípulo


de Diós ; para aprender á amarle perfectamente
¿lo todo corazon.

FtfÁT VOLUNTAS TUA SICÜ T IN COELO E T IN TEHRA.----- H á -

gtís'e tu volurctad así en la tierra como en él cielo.

Es muy prapio del cristiano el ser discípulo deí


Espíritu Santo : Todos serán enseñados de Dios r
dijo Jesucristo ( 83-). Y la única ciencia que D ios
intenta enseñarle, es la del amor del mismo Dios,
El término á que se dirigen los grandes designios
que Dios ha formado sobre el corazon de sus esco­
gidos desde -la eternidad, es hacerse amar d e ellog^
y hacerse amar únicam enteperfectam ente;, eter­
namente, con toda la extensión, con toda la fuerza
y «con todo el poder de sus corazones : en una .pa­
labra hacerse amar sin límites y sin medida '^pit­
raque esté en ellos} dice Jesucristo á su Padre, el
amor con que tú me amaste yy yo mismo esté en
ellos ( 84 )*
Si Dios Padre dió su propio hijo para redimir al
corazon humano de la esclavitud del amor de sí
mismo y del mundo, no ha sido sino para santifi-
carie con la infusión de su Divino Espíritu, y para
consagrarle con aquella caridad eterna con que el Pa­
dre y el Hijo' se aman ellos mismos en toda la eter­
nidad. Mas este Divino Maestro que enseña los co­
razones , tiene su cátedra en el cíelo : cathedram
kabet in cáelo qui corda docctt dice S. Agustín (8 5 ).
Y aunque cuando es de su agrado, sabe hacerse en­
tender de los que están todavía muy distantes de
aquella cátedra celestial: con todo el alma se ha
vuelto , por decirlo así f tan terrena y tan oprimi­
da por la masa de carne en que habita, que duran­
te su unión con el cuerpo, jamás aprende bien las
lecciones del amor de D io s: jamás llega en esta vi­
da á saberlas tanto como es menester; de modo
que la caridad llene de tal manera toda la capaci­
dad del corazonf que no quede en él rincón ni lu­
gar alguno para la concupiscencia. En el cielo e s ,
dice S. Agustín (-86) j donde los hombres enseña­
dos ya solo por Dios >ilustrados, abrasados y feli­
ces por Dios y en solo Dios , no amarán mas que á
D ios, no se alimentarán sino de D ios, y en todo
se parecerán á los Angeles ? segun prometió Je­
sucristo á sus discípulos con estas palabras: Des-
pues de la resurrección serán como ángeles de Dios
en el cielo (87).
Al paso que tan grandes beneficios deben tras­
portarnos de júbilo, y de impaciencia de poseerlos;
deben ser entretanto continuos nuestros gemidos al
vernos sujetos á las necesidades y miserias contrarias:
las que deberemos sufrir mientras que llevemos el
cuerpo de Adán, y por lo mismo debemos desear
con ansia vernos libres ó descargados
ü de él.

Consideración /.

La primera necesidad ó miseria es no poder oir


con aplicación constante y docilidad perfecta al
Divino Maestro , que nos liabla en el fondo del
corazon : porque nos vemos de continuo arrastrados
por infinitas necesidades de esta miserable vida, y
distraídos por los gritos de tantas pasiones que tie­
nen sobrada eticada para hacerse oír y obedecer:
¡Cuando llegará pues el feliz momento, en que
Vos, ó Espíritu Divino, seáis el único que hablé á
rni corazón, en que yo no oiga mas que á Vos, y en que
Vos irte enseñeis perfectamente aquella grande lec­
ción en que hade consistir mi bienaventuranza eter­
na! No puede ser esto aquí bajo : preciso es estar sé-
parado del bullicio de! mundo : preciso es estar
elevado hasta aquel Divino Maestro que: tiene su
cátedra en el cielo : preciso es que sea derribado
el muro de separación que hay entre Dios y nues­
tra alma; y que sea destruida nuestra carne, á fin
de que los oídos del corazon se unan inmediata­
mente con el Divino Espíritu que ha de ser su
Maestro- Atraed pues hácia V o s , ¡ oh Espíritu
Santo ! á éste corazon inio que está como sumer­
gido en el lodo de mi carne, la cual tantas veces
le ensordece, y hace que oyendo vuestra voz ó no
la entienda ó solo la entienda á medias. Porque
preciso es que mis huesos sean quebrantados ó aba­
tidos acá en la tierra, á iin de que scun recreados
y fortalecidos despues en el cielo con el gozo y ale­
gría de que será colmado mi corazon, cuando Vos
liaréis que mi alma os oiga de cerca, y os difun­
diréis íntimamente por toda ella: Auditui meo da-
. bis gaudium et lcet¿üam1 et exaitabunt ossa humilla-
ta (Ps. 5o. y. 10.).

Consideración II.

La segunda necesidad de la vida presente es la


de no poder amar á Dios perfectamente y de todo
nuestro corazon, por estar nuestro corazon dividi­
do en tantos y tan diferentes objetos, que son co­
mo una liga que le tiene pegado á la tierra ; y no
le deja elevarse hacia la adorable Unidad en que
debe perfeccionarse y consumarse. Nuestros senti­
dos son las puertas por las que nuestra almá da
entrada y se apega á tanta multiplicidad de objetos
muy distintos de su Dios, y que por con siguiente no
pueden hacerla felrz. Es pues necesario estar alerta
y decirse continuamente á sí propio : Almamia, no té
dejes líevar del vano amor de las criaturas: ¿hasta
cuando te dejarás oprimir y. arrastrar por la tierra,
amando la vanidad y buscando la mentira P ¿Por
qué te derramas y apegas á las obras del Criador,
en lugar de elevarte y unirte al Criador mismo P
¿Porqué sigues ciegamente á los sentidos de tu cuei^
p o , que te corrompen eon el am or de las bellezas
perecederas , en . lugar de obíig arlos á seguirte á tí
y encaminarte únicamente á aquella Divina y sobe­
rana belleza en que está tu verdadero b ie n .?
Por graneles que sean los esfuerzos del alma para
desprenderse de las criaturas sensibles y corpóreas,
siempre queda pegada á alguna, mientras está uni­
da con el cuerpo; el cual es su cárcel y su es­
clavitud, su tentación y su agitación aquí en la
tierra. Venid pues , ¡ olí hermosura únicamente
amable ! venid ¡ oh Dios omnipotente! ¿librarla, mu­
dad mi morada, hacedme ver vuestra cara, y yo
quedaré libre y salvo. Poned á mi alma en estado
de no depender ya de los sentidos, y de no ser
mas cautiva de ellos. Pues que busca su descansa
cu lo que am a, separadla de las cosas que pasan ,
y atraedla hácia Vos que sois eterno é inmutable:
a ¿in de que no ame mas que ¿ V o s , y no descan­
sa sino en Vos. Porque mientras está en este mun­
do , á cualquier parte que se vu elva , en ninguna
de las cosas que busca fuera de sí misma y fuera
de Vos, no puede hallar reposo : ni le hallará nun­
ca hasta que no se ocupe sino en V o s, no apie
$ino á V o s , no repose sino en Vos.

Consideración III.

La tercera necesidad de nuestra alma en este


mundo es la de sobrellevar toda la vida el terri­
ble peso de una voluntad contraria a la de Dios ;
ó de sentir dentro de nosotros mismos un fondo
de oposicion á aquella Caridad infinita que es el
mismo D io s : y la precisión que tiene de vivir.
col) la concupiscencia su enemigo capital, bu solo en
una misma casa, sino en un mismo cuerpo. Porque los
mayores Santos, mientras están aquí bajo, experimen­
tan los combates déla carne contra el espíritu, y de la
voluntad corrompida contraía voluntad regenerada :
sienten muchas veces allá en su interior, cómo las
vanas alegrías dignas de ser lloradas, ooinbaten
con la tristeza feliz en que deberíamos hallar nues­
tro g o z o ; y no saben de qué parte está la vic­
toria.
Compadeceos de mí ¡olí Señor! Vos que sois
mi único libertador y mi celestial médico. Y o sé
que vuestra gracia me puede sacar victorioso con­
tra todo lo que dentro de mí se oponga á vuestra
voluntad. Pero es todavía una gracia mayor la de
no tener que combatir con ninguna inclinación
que sea contraria á Vos ; y la de alcanzar por medio
de una santa muerte la dich a de estar unido á
Vos =con toda mi voluntad , y de vivir sometido á
Vos sin combate, sin peKgTO, sin ninguna repug­
nancia -ó resistencia de aquella parte de mí mismo
que es ahora'mi vergüenza y mi confu sion.
Suspiremos pues por el momento que debe sa­
car nuestro corazon de esta esclavitud. Clamemos
sin cesar á ©ios con David (.88); Libradme ¡ oh
Señor ! de mis necesidades, y de todo lo que impide
á mi corazon el ir á derretirse en el seno de ¡la misma
caridad, Y pues que no amarémos á Dios tanto como
debemos amarle, sino cuando muestra voluntad
quedará perfectamente sujeta á la de Dios : justo-e»
que el verdadero cristiano en todos los instantes
diga y repita con santo ardor: Padre nuestro que
están en los cielos ; ya que Vos no sois bien cono­
cido, amado y obedecido sino allá en el cielo , hága­
se ¡ oh Padre mío ! vuestra voluntad en la tierra , asi
como se hace en el cíelo. Llevadme á Vos,á esa amable
y dichosa morada déla verdadera caridad. Haced que
yo cumpla en la tierra del mejor modo posible to­
dos vuestros designios y todas vuestras voluntades:
y á fin de que las cumpla todavía mas perfectamen­
te con un ítmor consumado, abridme vuestro seno
y atraedme y llevadme á Vos. Fiat voluntas tua
sicut in cáelo et in térra.

PARA LA M AÑ AN A.
V ir t u d : La Caridad .

La sagrada Escritura, dice S. Agustín (89), parece


que no prohíbe mas que la concupiscencia, y no reco­
mienda otra cosa que la caridad. En efecto, sin la
caridad la Religión es un cuerpo sin alma j'-la fe es
inútil, la esperanza es vana, la piedad no es mas
que hipocresía, las virtudes son falsas, y hasta el
martirio no sirve de nada. Y al contrario todo es
bueno, todo es útil y ventajoso con la caridad.
P o r esto debe el cristiano aplicarse con todo su
conato á formar esta virtud en su corazon. Ella
es el vestido nupcial ; tan necesario para asistir en
el celestial banquete y en las bodas del Divino
Cordero, que presentarse sin él, es querer ser
vergonzosamente echado fuera. Por tanto es muy
preciso meditar bien el doble precepto dei amor de
Dios y del prójimo, que Jesucristo nos impuso de nue­
vo; y cuyo espíritu y gracia es pi'opiamente lo que
le hizo descender del cielo para encarnarse , y pa­
ra merecérnosla con el sacrificio de su muerte en
cruz. ¡ Cuan felices seremos si aplicándonos Jesu­
cristo sus m éritos, y ejerciendo sobre nosotros su
soberano poder, liace que le amemos como á Dios, y
como á hombre Dios, haciéndonos cumplir con exac­
titud y de buena gana todo lo que quiera de noso­
tros ! Porque esta es la verdadera y segura señal del
amor que tenemos á Dios y á Jesucristo ; y el mis­
mo Jesucristo nos la dio cuando dijo (90) : Si me
cunáis, guardad mis mandamientos. Por eso cuan­
to mayor será nuestro zelo por la Ley de Dios ,
cuanto mas desearemos conocerla , cumplirla y so­
meternos á ella, tanto mas motivo tendremos de
persuadirnos que amamos á Dios.
Pero nunca olvidemos que así como la medida
del amor que debemos á Dios, es amarle sin medi­
da : así mismo los límites de la adhesión que de­
bemos tener á la Ley de D ios, es sujetarnos y afi­
cionarnos á ella sin ningún límite. Por esto es me­
nester amar á Dios y á su Ley siempre mas y mas,
de dia en diu : amarlos de todo nuestro corazon }
con toda nuestra alma, y con todas nuestras fuer­
zas : esto es , siendo muy líeles y exactos en referir
á Dios todos los pensamientos de nuestro espíritu,
todos los movimientos de nuestro corazon, todas
las acciones, todas las empresas. y Codas las cir­
cunstancias de nuestra vid a; porque todo esto per­
tenece á Dios por muchísimos títulos. Y esto es lo
que decia S. Pablo ( 9 1 ) con las siguientes pala­
bras : Ora comáis, ora bebáis, ó kagats cualquiera
otra cosa ; hacedlo todo á gloria de Dios .
Este amor debe ser en nosotros tan dominante >
y tan soberano ó supremo, que todo cuanto hagamos
todo esté animado de é i, nada se dirija á otro
fin que á Dios. Y este objeto soberano é infinita­
mente amable ha de atraernos siempre hácia él,
y con nosotros ha de atraer también todo lo que
nosotros amamos: de manera que ni haya divi­
sión alguna, ni arroyuelo por pequeño que sea,
que se desvíe de aquel manantial Divino de vida y
de amor.
Y aunque el amor del prójimo se nos mande
también en el precepto de la caridad; no por eso
puede debilitarse nuestro amor á D io s, porque
Dios es á quien debemos amar en nuestro prójimo.
Guando pues amamos á nuestros hermanos como
debemos amarlos ? y corno debemos amarnos á no­
sotros mismos, los inclinamos con este amor, ym o-
vemos , en cuanto está de nuestra parte T á que
amen á Dios de todo su corazon y con todas sus
fuerzas. El bien que debemos desear á nuestros
.amigos es el mismo D ios, y debemos desearles tan
gran bien por el mismo Dios. Así el amor de Dios
es y debe ser el principio, la regla, la medida y
,el fin de nuestro amor al prójimo.
Si con la lux de esta verrlad examinamos la ma­
yor parte de los que hacen profesion de caridad
ó de amistad con el prójimo, yo no sé si hallaremos
muchos que le amen de un modo verdaderamente
cristiano , y que cumplan con la obligación que
tienen de ayudar á sus amigos á que sean amigos
de Dios, Leed en el capítulo trece de la primera
Carta á ios Corintios las calidades de la caridad
hacia el prójimo; y en el cap. 5. deilibro III. de la
imitación de Jesucristo las del amor de D ios: y ved
despues si os halláis en estado de poder decir
con S. Agustín : «Señor, yo estoy seguro de que
« os amo : no lo puedo dudar. Vos habéis herido
« mi corazon con vuestra palabra, y yo os he ama-
« do Yo no sé si hay todavía en el mundo cora­
zones dispuestos como el de S. Agustin, que pue­
dan hablar como éh Mas aloménos podemos apli­
car á muchos las siguientes palabras del Santo (92):
« Si la palabra de Dios lia hallado en vuestros co-
« razones alguna centella del puro amor de Dios ,
« conservadla y mantenedla ; y para lograr que to-
« me incremento en vosotros, fomentadla con la
oracion de la humildad , con el dolor de la pe-
* nitencia, con el amor de la justicia, con buenas
« obras , con sinceros gemidos, con una vida bien
« arreglada, y con una fiel y sincera amistad. So-
« píad dentro de vosotros mismos esa centella del
« buen amor, dadle pábulo en vuestro corazon.
« Cuando haya hecho algunos progresos y llegue
' á ser una grande llama ; entonces esta llama le
í i -i p ií l í t; i n A » /) i; r, mu r. r, r i: c r i s r.

« abrasará en un amor de Dios digno del mismo


« Dios ; y consumirá todo el heno y paja de con-
* cupiseencias carnales que haya en el corazon
Entonces experimentaréis una santa impaciencia de
gozar de Dios, y siéndoos penosa la vida, porque
os separa de sil presencia, diréis tal vez con el
mismo Santo ( g3 ) : <>Daos á m í, ¡ oh Dios mió !
« dáos á m í, porque de veras os amo ; y si todavía
« es poco lo que os amo, haced que os ame mucho
« mas ii.
A la manera que el deseo de un amor de Dios
perfecto y consumado nos ha de mover á desear
la muerte: así también la vista de la muerte debe
inspirarnos deseos de adelantar en el amor de Dios
y del prójimo. Avanzemos y trabajemos mientras
que es de día : la noche se acerca , y entonces no
podremos adelantar mas. Si alguna ventaja tiene la
vida presente es la de poder crecer siempre mas y
mas en la caridad. La muerte detendrá todos nues­
tros progresos, y la medida del amor de Dios y del
prójimo á que entonces habremos llegado, será la
regla de la sentencia de nuestro ju e z , la medida
de nuestro amor en la eternidad, y el motivo de
nuestra coiiíianza en la hora de la muerte y del
ju ic io , según nos enseña el Apóstol de la cari­
dad ( 94 )■Al contrario es una funesta señal de que
no hay en nosotros caridad perfecta, si no desea­
mos aquel d ia, y no pensamos en él sino con el
temor propio de los esclavos y de los rebeldes.
CONCtUSION.

Exam en, Humillación. Oracion * Para examinarse


b i e n y en consecuencia humillarse y orar con uti­
lidad , es menester considei'ar no solo si amamos
á D io s , sino también si nuestro amor es tan arre­
glado y tan fuerte como debe ser . Puede hacerse
tiste examen sobre las siguientes palabras de S . A gus­
tín: «Vive en la justicia y en la santidad aquel que
« todo lo aprecia y lo arregla con equidad T y esto
« lo liáce aquel cuyo amor está bien arreglado: de
« modo que nunca le suceda el amar lo que no se
«■debe amar ; ni tampoco dejar de amar lo que se
« debe amar. Así mismo nunca ame demasiado lo
« que se debe amar menos ; ni ame con igualdad
« dos cosas, si la una debe amarsts mas y la otra
« menos ; ni ame mas ó menos una de dos cosas
« que deben amarse con igualdad». =sResar el salmo
i i 4. Dilexi quoniam etc, y el 3.5. Dixit iniustus etc.
Leer el cap. 10. de S. Lucas hasta el verso 37.

Salm o CXXV. D ilexi quoniam exaudiet etc. .


.-r Amé al Señor, :seguro de que oirá la voz de
mi oración ( a ) . 2 Porque se dignó inclinar hacia

{ a f Dios debe ser amado p o r su bondad> y aun


prescindiendo de los beneficios que nos ha hecho ;
pero la caridad no excluye todo aquello que sirve
para excita rla , como son los beneficios que el Se­
ñor nos hace. S. Th. 2. 2. q. 27. a. 3.
mí sus oídos : y así le invocaré en todos los dias
de mi vida. 3 Cercáronme mortales angustias, me
embistieron los horrores del infierno ó sepulcro.
Me hallé en medio de la tribulación y del dolor ¿
4 é invoqué el Nombre del Señor. Libra, ó Señor,
el alma mía, 5 Misericordioso es el Señor, y ju sto :
compasivo es nuestro Dios. 6 El Señor guarda á
los pequefiuelos : yo me hum illé, y él me sacó á
paz y á salvo. 7 Vuelve, ó alma mi a, á tu sosiego ;
ya que el Señor te ha favorecido tanto. 8 Pues él
ha librado-de la muerte á mi alma, ha enjugado
mis lágrimas, y apartado mis pies del precipicio.
9 Acepto seré yo al Señor en la región de los vivos.

Salm o X X X V . D ix it iniustus ut delinquat etc .


1 Resolvió el impío en su corazon hacer el
mal : no hay temor de Dios ante sus ojos ( a) .
a Porque ha obrado dolosamente en la Divina pre­
sencia : por lo cual se ha hecho mas odiosa su
maldad. 3 Las palabras de su boca son injusticia y
embustes : no ha querido instruirse para obrar
bien. 4 Estando en su lecho discurre como obrar
la iniquidad : anda en todo género de malos pasos :
no tiene horror á la maldad. 5 ¡Oh Señor! llega hasta
el cielo tu misericordia, y hasta mas allá de las nubes
tu verdad. 6 Como altísimos montes es grande injus­
ticia ; abismo profundísimo tus juicios. A hombres

(¿t) O también : Dijo para sí el impío: A pecar


voy. Acabóse para él el temor de Dios.
y bestias conservas, ó Señor ( h ). 7 ! Oh ¡ cuánto
has multiplicado, ó Dios, tus misericordias! Por
eso los hijos de los hombres esperarán bajo la sombra
de tus alas. 8 Quedarán embriagados con la abun­
dancia de tu casa, y les harás beber en el torrente
de tus delicias, 9 Porque en tí está la fuente del
v iv ir; y e n tu luz veremos la luz (c). 10 Despliega
tu misericordia sobre los que te conocen, y tu
justicia á favor de aquellos que tienen un corazon
recto, 11 No dé yo en pasos de soberbia; ni me
hagan titubear las acciones del pecador, 12 Allí es
donde han caído por tierra los que cometen la
maldad ; han sido arrojados afuera, y no han po­
dido levantarse mas.

C a p it u l o X. de S. Lucas .
1 Despues de esto , eligió el Señor otros setenta
y dos discípulos y á los cuales envió delante de él,
de dos en dos > por todas las ciudades y lugares á
donde había de venir él mismo. 2 Y les decia : La
mies á la verdad es mucha j mas los trabajadores
pocos. Rogad pues al dueño de la mies que envíe
obreros á su mies. 3 Id vosotros : Hé aquí que yo
os envío á predicar como corderos entre lobos:
4 no lleveis bolsillo, ni alforja, ni zapatos , ni os

( b ) Alimentándolos á todos, para que no perez­


can. Así S. Gerónimo* — ( c ) Esto es, con la luz de
tu gloria y que nos comunicarás , podremos ver la
luz de tu Divino rostro.
paréis á saludar á nadie por el camino («). 5 Al entrar
en cualquiera casa, decid ante todas cosas : La paz
sea en esta casa : 6 que si en ella hubiere algún
hijo de la p a z , descansará vuestra paz sobre é l ;
donde no, volverá se á vosotros. 7 Y perseverad en
aquella misma casa , comiendo y bebiendo de lo
que tengan j pues el que trabaja, merece su recom­
pensa* ,No andéis pasando de casa en casa. 8 En
cualquier ciudad que entrareis, y os hospedaren,
comed lo que os pusieren delante : 9 y curad los
enfermos que en ella hubiere; y decidles; El Reino
dé Dios está cerca de vosotros. 10 Pero si en la
ciudad donde hubiéreis entrado no quisiesen re­
cibiros, saliendo á las plazas, decid : 11 Hasta el
polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad , le
sacudimos contra vosotros : mas sin em bargo, sa­
bed que el Reino de Dios está cerca. 12 Yo os ase­
g u ro , que Sodoma será tratada en el dia aquel
del juicio con menos rigor que la tal ciudad. ¡A y
de tí Gorozain ! ¡ ay de tí Bethsaida! Porque si en
Tiro y en Sidon se hubiesen hecho los milagros
que se han hecho en vosotras, tiempo ha que hubie­
ran hecho penitencia cubiertas de cilicio y yacien-

(a ) L a salutación entre los, orientales solia ir


acompañada de inclinaciones de cuerpo , de besosy
abrazos y de varias preguntas : y así esta fr a s e es
una locución proverbial hiperbólica ? para denotar
que no se detengan p o r el camino ó que no pierdan
tiempo. Véase Reg. I V . v, 29. .
do sobre lu ceniza. i 4 Por eso Tiro y Sidon serán
juzgadas con mas clemencia que vosotras. i 5 Y tú,
ó Cafarnaum, que ot'gidlosa te has levantado hasta
el cielo, serás abatida hasta el profundo del infier­
no. 16 El que os escucha á vosotros, me escucha
á m í; y el que os desprecia á vosotros} á mí me
desprecia. Y quien á mí me desprecia , des­
precia á aquel que ine ha enviado. — 17 Regresaron
despues los setenta y dos discípulos llenos de gozo,
diciendo : S eñ or, hasta los demonios mismos se
sujetan á nosotros por la virtud de tu Nombre.
18 A lo que les respondió : Yo estaba viendo, des­
de el principio del mundo, á Satanás caer del cielo
á manera de relámpago (b). 19 Vosotros veis que os
he dado potestad de hollar serpientes y escorpio­
nes, y todo el poder del enemigo; de suerte que
nada podrá haceros daño. 20 Con todo e so , no
tanto habéis de gozaros porque se os rinden los
espíritus inmundos, cuanto porque vuestros nombres
están escritos en los cielos. 21 En aquel mismo punto
Jesús manifestó un extraordinario gozo, al impulso
del Espíritu Santo, y dijo: Yo te alabo, Padre mió,
Señor del cielo y de Ja tierra, porque has encubierto
estas cosas grandes á los sabios y prudentes del
sig lo, y descubiértolas á los humildes y pequeñue-
los. Así e s , ó Padre ; porque así fue tu soberano

( b ) Varios expositores creen que Jesucristo alu­


día á la rápida propagación del Evangelio , y po r
consiguiente á la destrucción del imperio de Satanás,
beneplácito* 22 El Padre ha puesto en mi man»
todas las cosas. Y nadie conoce quien es el Hijo,
sino el Padre ; ni quien es el Padre, sino el Hijo t
y aquel á quien el Hijo quisiere revelarlo. 23 Y
vuelto á sus discípulos, dijo ; Bienaventurados los
ojos que ven lo que vosotros veis. 24 Pues os ase­
guro que muchos profetas y reyes desearon ver lo
que vosotros v e is, y no lo vieron ; como también
oir las cosas que vosotros oís, y no las oyeron.-—
ü 5 Levantóse entonces un doctor de la L e y , y dí-
jole eon el fin de tentarle : Maestro, ¿ que debo yo
hacer para conseguir la vida eterna ? 26 Díjole Je­
sús: ¿Q ué es lo que se halla escrito en ja L ey?
¿ qué es lo que en ella lees ?„ 27 Respondió é l:
Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazon, y
con toda tu alma , y con todas tus fuerzas, y con
toda tu m ente, y al prójimo como á tí mismo.
28 Replicóle Jesús: Bien has respondido : Haz eso,
y vivirás. 29 Mas él, queriendo dar á entender que
era justo, preguntó á Jesús: ¿ Y quién es mi próji­
mo? 3o Entonces Jesús tomando la palabra dijo:
Bajaba un hombre de Jerusalen á Jericó, y cayó en
manos de ladrones , que le despojaron de todo, le
cubrieron de heridas y sé fueron, dejándole medio
muerto. 3 i Bajaba casualmente por el mismo cami­
no un sacerdote, y aunque le v ió , pasóse de largo*
32 Igualmente un levita, á pesar de que se halló
vecino al sitio , y le miró , tiró adelante, 33 Pero
unpasagero, de nación samaritano, llegóse adonde
estaba* y viéndole, movióse á compasion; 34 y
arrimándose, vendó sus heridas , bailándolas ron
aceite y vino , y subiéndole en su cabalgadura, .le
condujo al mesón , y cuidó de él en un todo. 35 Al
dia siguiente sacó dos denarios de plata , y dióse-
los al mesonero, diciéndole : Cuídame este hom­
bre , y todo lo que gastares de m as, yo te lo abo­
naré á mi vuelta. 36 ¿ Quién de estos tres te pare­
ce haber sido prójimo del que cayó en manos de
los ladrones ? 37 A qu el, respondió el doctor, que
usó con él de misericordia. Pues anda, díjole Jesús,
y haz tú otro tanto.

PARA LA TAR D E.

Virtud : F idelidad .

Uwa de las mayores señales de la caridad es la


fidelidad : por medio de la cual se puede distinguir
muy bien la caridad verdadera de la falsa. Respec­
to de Dios todos somos siervos inútiles ¿ mas alo-
ménos debemos ser fieles y prudentes. Estas dos
calidades son las que el mismo Hijo de Dios nos
señala como necesarias para prepararnos á recibirle,
y á entregarle nuestra alma en la hora de la muer­
te ( 9 5 ). La verdadera prudencia en cuanto á la
conducta que debe tenerse respecto de un amo ó
señor soberanamente bueno é infinitamente justo,
consiste en contentarle: lo que no puede lograrse,
sino siéndole fiel y estando siempre pronto á eje­
cutar sus órdenes, sirviéndole con el mayor esmero,
y obedeciéndole en todo con la mayor puntualidad.
Por tanto la prudencia y la fidelidad del cristia­
no como siervo de Dios , consiste en hacer lo que
Dios le manda ó previene. Debe ser fiel á los de­
beres generales de un cristiano : fiel á las obligacio­
nes particulares del estado en que Dios le ha pues­
to ; y fiel d la porcion , por decirlo así, de dichas
obligaciones, á la cual Dios con su providencia le
aplica con mas particularidad. Dichoso el siervo si
al llegar su amo le encuentra ocupado en la mane­
ra que le mandó , sic facientem : esto es , de la
misma manera, y no de otra. Porque sucede con
demasiada frecuencia que algunos se entrome­
ten en ciertas obras q u e , aunque son buenas
en sí mismas , no son buenas para ellos , porque
Dios no los llama á tales obras; y no cuidan de
otras que Dios ha puesto á su cargo, bajo pretex­
to de que no son tan útiles coino' las primeras. Sin
considerar que no toca al siervo el escoger en
qué ha de ocuparse : que Dios no nos emplea
porque necesite de nosotros, sino porque no­
sotros necesitamos de é l : y que si le somos fieles
en las cosas mas pequeñas/ le complaceremos
m as, y serémos mas recompensados que aque­
llos que habrán hecho cosas grandes por su propia
voluntad. Porque es una tentación muy común
envidiar el talento de los otros como mas brillante,
y no hacer caso del propio , porque lo parece me­
nos, y así lisonjea ménos la vanidad del entendi­
miento del hombre.
Hay todavía otra tentación mas delicada y de un
amor propio mas refinado, y por decirlo así, mas
espiritual; y es la de dispensarse en la fidelidad que
se debe á Dios en ciertas ocasiones, bajo pretexto
-de la misma fidelidad que se le debe en otras: no
cuidar de hacer algunos bienes presentes y reales
que pueden hacerse, con el fin ó pretexto de dispo­
nerse ó reservarse para otros que tul vez no ocurri­
rán jam ás; y omitir el cumplimiento de deberes
esenciales, con el pretexto de aplicarse á obras ó
empresas que prometen grandes sucesos, y de no
imposibilitarse para sostenerlas. Tocios estos males
provienen de que la razón con sola su luz natural,
se mezcla demasiado en arreglar nuestra conducta:
que mas amamos las obras de Dios ó la parte que
tenemos en ellas, que al mismo Dios; y que no co­
nocemos bastante los caminos del Espíritu Divino,
que muchas veces se complace en desconcertar
nuestras empresas, ó desvanecer nuestros desig­
nios, en mudar nuestra situación , y en experimen­
tar nuestra fidelidad , poniéndonos en conyun turas
en que no podemos tener otra satisfacción que la
de hacer la voluntad de Dios, tal vez á costa de bie­
nes muy aparentes. En una palabra: sucede tam­
bién en el servició de Dios lo que pasa en muchos
hom bres, que no suelen gustar de un criado, á
quien jamás faltan razones para excusarse de obe­
decer, y que cuando se trata de hacer luego lo que
el amo le m anda, procura siempre persuadirle que
importa mas que ántes se ocupe én otra cosa.
Para repeler todo lo que estorbe nuestra ©be-
122 FELICIDAD DE LA .MUERTE CRIST.

diencia y nuestra fidelidad, tengamos presente que


el Espíritu Santo promete la victoria á la obedien­
cia ( 9 6 ) : V ir obediens loquetur victorias : y que
el mismo Jesucristo (97) nos asegura que quien es
fiel en ]as cosas pequeñas j lo será también en las
grandes; y el que es infiel en las mas pequeñas }
también lo será en las de mas importancia. Pol­
lo que dijo S. Agustín (9 8 ) esta bella sentencia:
« Las cosas pequeñas son siempre pequeñas en sí
« mismas: pero ser fiel en las cosas mas pequeñas >
« es muchas veces una cosa muy grande.

C O N C L U S IO N .

Exam en. Humillación . Oracion . Rezar el sal­


mo a3. Domini est térra etc.; / el 38. D ix i: custodiam
vias meas etc. L eer el cap. i 3. de la primera Car­
ta á los Corintios.

S alm o XXIII. Domini est lerraetplenitudo ejus etc.


1 Del Señor es la tierra, y cuanto ella contiene :
el m undo, y todos sus habitadores: 2 porque él
la estableció superior álo s mares ( a ) , y la colocó

{ a ) E s propio del lenguagepoético hablar con~


forme á lo que parece d los sentidos y á las opi­
niones que p o r ellos se form an. Y como las aguas
del mar siempre parecen á la vista del que mira}
mas bajas p o r todas partes que la tierra, p o r esto
dice el Salmista que la tierra esta colocada sobre
ellas.
mas alta que los ríos. 3 ¿ Quién subirá al monte
del Señor ? ¿ O quién podrá estar en su Santuario i1
4 El que tiene puras las manos y limpio el cora­
zon, el que no lia recibido en vano su alma, ni
hecho juramentos engañosos á su prójimo. 5 Este
es el que obtendrá la bendición del S eñ or, y la
misericordia de Dios su Salvador. 6 Tal es el linaje
de los que le buscan, de los que anhelan por
ver el rostro del Dios de Jacob. 7 Levantad , ó
Príncipes, vuestras puertas , y elevaos vosotras , ó
puertas de la eternidad; y entrará el Rey de la glo­
ria. 8 ¿ Quién es ese Rey de la gloria ? Es el Señor
fuerte y poderoso: el Señor poderoso en las bata­
llas. 9 Levantad , ó Príncipes, vuestras puertas , y
eleváos vosotras, ó puertas de la eternidad; y en­
trará el Rey de la gloria, 10 ¿ Quién es ese Rey de
la gloria? El Señor de los ejércitos, ese es el Rey
de la gloria.

S alm o XXXVIII, D i$ i : custodiam uias meas etc.


1 Dije yo en m i corazon; Velaré sobre mi con­
ducta, para no pecar con mi lengua. 2 Ponía un
candado en mi boca, cuando el pecador se pre­
sentaba contra mí. 3 Enmudecí y humílleme, y me
abstuve de responder aun cosas buenas; con lo
cual se aumentó mi dolor. 4 Sentí que se inflama­
ba mi corazon; y en mi meditación se encendían
llamas de fuego. 5 Solté mi lengua, diciendo ¡A h ,
Señor! hazme conocer mi fin , y cual es el núme­
ro de mis dias, para que yo sepa lo que me resta
de inda. 6’ Cierto que lias señalado á mis dias
término corto , y que toda mi subsistencia es co­
mo nada ante tus ojos. Verdaderamente que es la
suma vanidad todo hombre viviente. 7 En verdad
que como una sombra pasa el hombre; y por eso
se afana y agita en vano* Atesora, y 110 sabe pa­
ra quien allega todo aquello. 8 Ahora bien ¿ cual es
mi esperanza i* ¿ l3or ventura no eres tú , Ó Señor,
en quien está todo mi bien ? 9 Líbrame de todas
mis iniquidades; tú me hiciste objeto de los ultra­
jes del insensato. 10 Enmudecí, y no abrí mi bo­
c a , porque todo lo hacias tú. 11 Señor 7 levantada
sobre mí tu azote. 12 A los recios golpes de tu ma­
no, yo desfallecí cuando me corregias : por el pecado
castigaste tú al hom bre: é hiciste que su vida
se consumiese como araña. Ciertamente que en; va­
no se conturba y agita el hombre. i 3 O ye, Se­
ñor mi oracion y mi súplica: atiende á mis lágri­
mas : no guardes silencio; puesto que yo soy de­
lante de tí á manera de un advenedizo y peregrino,
como todos mis padres. i 4 Afloja un poco conmigo,
y déjame respirar, ántes que yo parta y deje de
existir.

C a p ít u l o X IÜ . de la primera Carta á los Corintios.

1 Cuando yo hablara todas las lenguas de los


hombres y el lenguage de los ángeles mismos , si
no tuviere caridad, vengo á ser como un metal
que suena, ó campana que retiñe. 2 Y cuando tu­
viera el don de profecía , y penetrase todos
los misterios , y poseyese todas las ciencias:
cuando tuviera toda la fe posible , de manera
que trasladase de una á otra parte los montes ,
no teniendo caridad , soy un nada- 3 Cuando yo
distribuyese todos mis bienes para sustento de
los pobres , y cuando entregara mi cuerpo á
las llamas; si la caridad me falta , todo lo diclio
no me sirve de nada. 4 La caridad es sufri­
da , es dulce y bienhechora: la caridad no tiene
envidia 5 no obra precipitada ni temerariamente, no
se ensoberbece , 5 no es ambiciosa, no busca sus
intereses, no se irrita, no piensa mal, 6 no se
huelga de la injusticia, complácese sí en la verdad:
7 á todo se acomoda, cree todo el bien del próji­
mo , todo lo espera , y lo comporta todo («). 8 La
caridad nunca fenece; en lugar de que las profe­
cías se terminarán, y cesarán las lenguas, y se aca­
bará la ciencia. Porque ahora nuestro conocimiento
es imperfecto, é imperfecta la profecía, io Mas lle­
gado lo que sea perfecto, desaparecerá lo im­
perfecto (6 ). i i Así cuando yo era niño hablaba
como niño, juzgaba como niño, discurría como ni­
ño. Pero cuando fui ya hombre h echo, di de ma­
no á las cosas de niño. 12 Al presente no vemos
d Dios sino en un espejo, y bajo imágenes obscu­
ras ( c ): pero entonces le veremos cara á. cara. Yo

('« ). A Jin de ganar para Jesucristo ó. todos los


hombres. — (/->) Viendo á Dios duramente j a no
se necesita el uso de los dones. — ( c ) E n imáge-
I üf i FELICIDAD I) F. T,A M U E R T E CRIST.

110 le conozco ahora sino imperfectamente; mas


entonces le conoceré con una 'visión clara , á la
manera que soy yo conocido { d ) . i 3 Ahora per­
manecen estas tres virtudes, ía fe , la esperanza
y la caridad j pero de las tres la caridad es la mas
excelente de todas.

DIA QUINTO.

Justo es que el cristiano como imagen de Dios desee


la muerte , á fin de alimentarse con el p a n de
la verdad eterna.

pA N E M NOSTRUM QUOTJCDIANUM DA NOBIS H O M E . -----

E l p a n nuestro de cada dia { * ) dánosle hoy.

Dios se retrata á sí mismo contemplándose y

nes que aun no llegan á representarle como \ el


es en sí mismo. — ( d ) N o será alguna imágen de
Dios la que veré en el cie lo : sino que le vere ca­
ra á cara} directamente ¡y no por medio de Jiguras ;
aunque no llegaré á comprender sus infinitas p e r­
fecciones.
( ¥) a P or el p a n de cada dia entienden también
los santos Padres el pan sobresubstancial, ó el
alimento del a lm a , con que ésta se une con Je­
sucristo.
conociéndose; y el fruto eterno de este conoci­
miento eterno es su Yerbo y su Verdad, su Hijo y
su imagen , el esplendor de su gloria, y el carácter
de su substancia. El Padre no puede conocerse en
el Hijo , ni el Hijo conocer al Padre sin amarse
mútuamente. Este amor se termina en la procesion
del Espíritu Santo; el cual es el sagrado vínculo,
y el amor substancial y consubstancial del Padre y
del Hijo ; por el cual Dios se ama á sí mismo, re­
posa en sí mismo, goza de sí m ism o, y es feliz en
sí mismo.
El hombre siendo hecho á imagen de Dios , fue
criado capaz de conocerle y amarle, esto es, de co­
nocer y de amar la Verdad eterna. En esto consis­
te principalmente su semejanza con Dios : esto es
lo que le hace grato á Dios en esta vida ; y lo
que le ha de hacer feliz ó bienaventurado en la
eternidad1. Pero con el pecado borró el hombre en
sí mismo esa Divina semejanza que la mano del
Criador habia formado en él; y habiendo sido
criado semejante á la Verdad, él mismo como ob­
serva S, Agustín (9 9 ) pecando se hizo semejante
á> la vanidad : Homo vanitati simüis fa c tu s est
(Ps. i 43<v. 4 )•
Una nueva creación fue menester para formar
de nuevo en el hombre esa semejanza Divina : y
para que revivan con notables mejoras los primeros
rasgas ó líneas, pasa por medio de un segundo y
espiritual nacimiento, de hijo de Adán que era por
el primero, en que se le imprimió ía imagen del hom-
brc terreno, á ser-hijo de Dios, miembro dti Jesu­
cristo, y discípulo del Espíritu Santo. El Espíritu,
Santo es quien imprime en nosotros la imagen de
Dios : y todo lo que hace en el corazon del cris­
tiano desde que toma posesion de él en el bautis­
mo , es formar la imagen de Dios sobre el modelo
de Jesucristo, que: es la imagen original eterna y
subsistente. Con el conocimiento de la verdad co­
mienza la imagen de Dios a formarse ó establecer­
se en nosotros, y alimentándonos con la verdad se
va perfeccionando ; pero solo con la vista de la
misma verdad en sü origen llegaremos á la per­
fecta semejanza á ,que somos llamados. Somos ya
ahora hijos de Dios } como dice S. Juan (100 ) ;
mas lo que seremos .algún dia¡ no aparece aun , Sa­
bemos s¿ que cuando Jesucristo se manifestará cla­
ramente, seremos semejantes á él eri la gloria : por­
que le veremos como él e s , y esta visión nos trans­
formará en una imagen suya.
Así es seguramente : nosotros , veremos aquella
Verdad eterna tal cual es : E n luz veremos la
luz ( lo r ). En, la misma luz veremos nosotros esa
luz inmutable, ese resplandor viviente , ese manan­
tial de vida, esa Verdad esencial, ese pan del alma
cristiana, cuya hambre debería abrasar y consumir
nuestro corazon ; ese pan que debemos buscar
con todas las fuerzas de nuestra alm a, y pedir
cada dia con todas ¡las ansias de lam as ardiente
caridad. En esto ba de emplearse tcida la vida de un
buün cristiano. Todo lo que hemps.de hacer aquí
bajo es desear ; ya que no es todavía tiempo de ver
y poseer la Verdad ( ioa ). Porque ¿cómo es posible
que las tinieblas comprendan á la lu z , el tiempo
á la eternidad , y el error á la verdad? Los ojos de
nuestra alm a, aunque ilustrados por la fe , son de­
masiado débiles para sostener el esplendor de la
Verdad esencial. Cuando el alma intenta elevarse
liácia aquella luz eterna para alimentarse de ella,
se siente repelida por la vivacidad y la fuerza de
sus rayos, y en lo mas profundo de su corazon
oye como S. Agustín, una voz que le dice : «Yo
« soy el pan de los fuertes, crece y robustécete ? v
« después me comerás : me comerás no para mudar-
« me en tu substancia, como ai pan de tu cuerpo ;
* sino para ser mudada ó convertida en mí» ( io 3 ).

Consideración L
Considerad en primer lugar que mientras esta­
mos sobre la tierra somos niños en cnanto á la
Verdad eterna , y que la fe es como la infancia del
cristiano. Aquí bajo no podemos salir de ella : no
podemos crecer tanto como es menester para ali­
mentarnos con la Verdad del todo descubierta,
sino cesando de vivir en este cuerpo mortal ; y
solo por medio de una santa muerte llegaremos al
estado de hombres perfectos en Jesucristo.
¿ Hasta cuando, pues, siendo como somos niños,
ornaremos nuestra infancia, amando la vida pre­
sente ? Mientras que seremos niños, hablaremos de
la Verdad eterna como niños , formaremos juicio
9
de la Verdad eterna como n iñ os, discurriremos
sobre lo que nos enseña como niños, y seremos
siempre incapaces de recibir un alimento tan sóli­
do : pero cuando habremos llegado á ser varones
perfectos en Jesucristo, todo lo que tenemos ahora
de la infancia todo se desvanecerá. Ahora no ve­
mos la Verdad eterna sino como en un espejo y por
enigmas j y no la conocemos sino imperfectamente:
mas entonces la veremos cara á cara, y la conoce­
remos como ella nos conoce á nosotros. La cono­
ceremos no por medio de las palabras que suenan
á los oídos del cuerpo, sino por la misma brillan­
tez y esplendor de su luz ; non p er verba sonantia ,
sed p er lucentem 'veritat.em ( io 4 )• La luz que se
nos da ahora, no es , dice S. Pedro ( i o 5 ) , sino
como la luz de una lámpara que arde en un lugar
obscuro. Pero la de la vida eterna es la luz del mis­
mo Sol de la verdad, que resplandecerá en nuestros
corazones, y producirá en ellos la luz del mediodia.
Ya no habrá entonces mas luces prestadas : no mas
doctores, no mas predicadores, no mas Pablos ni
Apóstoles, no mas Evangelio, no mas Escrituras:
estas eran lámparas para la noche ; mas entonces
será ya dia claro. Entonces veremos la luz en la
misma Luz, la verdad en la Verdad, á Oíos en Dios :
y la vista de nuestra alma quedará plenamente
satisfecha ó saciada con este alimento , que la ha
de mantener en toda la eternidad : sattetas, immor-
talitas: cibus, veritas (iod).Lo que en esta vida llega-
mos á percibir con tanto gozo, no es mas que una gota
de rocío que apenas llega á mojar nuestros labios:
allá beberemos en el riiismo manantial, y nuestro
corazon quedará lltíno y embriagado. Aquí no re­
cibimos mas que algunos pequeños rayos que han
reflejado muchas veces, y no llegan á nosotros sino
por vías oblicuas é indirectas. Allá se nos comuni­
cará la luz directamente, inmediatamente, y paten-
tísimamente. Abran pues su corazon los hijos de
la lu z , y prepárenle para tan feliz manifestación
y copiosa efusión de luz. El deseo es el que da
capacidad y anchura al corazon: extendamos pues
el nuestro con vivos deseos. Pero por mas que le
extendamos, quedará siempre sobrado estrecho
mientras permanezcamos en la vida presente : pre­
ciso es salir de ella, para que el corazon tenga toda
la extensión de que es capaz,

Consideración II.

Toda la vida presente deberíamos pasarla deseando


siempre salir de ella , y reunimos con la Verdad
esencial; y nuestra alma debería estar continuamen­
te tan arrobada, como estaba S. Agustín ( 10 7),
cuando exclamaba : ¡ Oh 'verdad eterna! ¡ Oh carídád
■verdadera! ¡ Oh eternidad amable! A vos, que sois mi
Dios, hácia vos debo suspirar de dia y de noche. In­
flamadme en deseos de veros : abrasadme con esta
hambre y con esta sed, que es la única que merece
quedar satisfecha ó saciada. Si el velo de mi carne
es una densa nube que me quita la vista de vuestra
hixj si este cuerpo de barro forma entre Vos y irá
9-
alma un caos infinito que la priva de correr á Vos,
de unirse con V os, de abismarse en Vos , ó Ver­
dad soberanamente amable, rómpase este v e lo , di­
sípese esta n u b e : perezca cuanto ántes este cuerpo
con una muerte cristiana; la cual me saque de esta
región de obscuridad y de tinieblas, para hacerme
pasar á aquella ciudad santa que toda .es verdad} ca­
ridad y eternida d , en donde la vida de todos los
ciudadanos consiste en ver claramente y sin velo
Ja misma Verdad, en amarla completamente y sin has­
tío , y en poseerla sin mudanza y sin fin ■y para
hacerme entrar e;p el dia claro, único é inmutable
de la eternidad, en que los fuertes, esto es los que
habrán salido ya de ■ las tinieblas de la f e , de Ja
incertidumbre de la esperanza, y de la infancia de
la caridad, comerán en la mesa de Dios aquel pan que
no es otra cosa que el mismo Dios ■pan inaltera­
ble , que es la misma Verdad eterna que alimenta
el espíritu sin c o n su m irse y pan que no se con­
vierte en aquel que se sacia de él, sino que le mu­
da, convierte ó transforma en sí mismo. Verdad, que
es el Verbo de D ios, el mismo D io s, y su Hijo
único, hecho alimento de nuestra alma ( xofi).

Consideración III.

Cuando asistimos al santo sacrificio de la Misa,


ó recibimos la com unión, y cuando rezamos el
Padre nuestro, acordémonos que el pan Divino que
ofrecemos en el sacrificio, y recibimos en el sacra­
mento y pedimos en la oración, es la misma Ver­
dad eterna que se lia mezclado con nuestra carne,
y en cierto modo se ha transformado como en leche
para alimento de niíios, y para hacernos crecer, y
fortalecernos de tal manera que podamos después
alimentarnos con ella del mismo modo que sirve
de alimento á los fuertes en el cielo,
Pensemos pues en este pan celestial todas las
veces que decimos á Dios.: Padre nuestro que estás
en los cielos: dános hoy nuestro pan , ese pan de
cada dia j ese pan mas que substancial Dánosle
¡ oh Señor ! en este d ia , y en ei eterno dia del Sá­
bado y del descanso , que según vuestro Após­
tol ( 109 ) teneis reservado para el pueblo escogi­
do : en d dia del reposo santo y perfecto, por el
cual suspira el amante de la verdad para contemplarla
sin distracción y percibir toda su dulzura. Pense­
mos con especialidad en aquel pan del cielo siem­
pre que recibimos el pan eucarístico, el cual es una
prenda misteriosa que se nos da para que comence­
mos en este nnmdo á vivir con la vida de Dios ;
mientras que esperamos llegar á la abundancia
inagotable de aquella feliz región, en que la Verdad
es el manjar incorruptible con que Dios apacienta
á sus santos y á sus escogidos por toda la eternidad-
No cesemos pues de pedir á Dios ese pan con la im­
paciencia de los niuos hambrientos, hasta que nos
alimente con él, y quedemos plenamente satisfechos,
y como embriagados con el gozo de 1 a Verdad que
constituye la vida bienaventurada ( n o ) .
PARA LA M AÑ AN A.

"Vi r t u d : E l deseo de ver d Dios.

La vida de los ángeles , dice S- Agustín ( 1 1 1 ),


es ver á Dios : la vida de un cristiano es aspirar á
la vista de Dios : y desear con grande ardor esta
vista bienaventurada , es el modo de comenzar en
este mundo á vivir la vida de los ángeles. No hay
cosa que mas haga conocer, y como tocar con la
mano la corrupción del corazon del hom bre, que
el disgusto, o alomónos el poco deseo y afecto que
tiene á la vida del cielo, y la indiferencia con que
mira una felicidad por la cual debería suspirar á
todas horas.
£1 cristiano tiene en el fondo de su corazon y
de su ser un deseo natural de ser feliz. La razón y
la experiencia le instruyen y le convencen de que
todos los placeres y todos los bienes de este mun­
do no pueden hacerle feliz. La fe le da á conocer
que no puede serlo sino gozando de Dios. Todos
los dias hace, al rezar el símbolo, la profesion de creer
y esperarla yida eterna: Credo vitam ceternam. Esta
vida se incluye en la venida del Reino de D io s ,
que e} cristiano pide también todos los dias. Él
sabe qqe no hay cosa que iguale á esta bienaven­
turanza, y que el Espíritu de Dios siendo como es
tap, fecundo, en expresiones magníficas, parece que
no las halla gastante expresivas de la gloria de los
Santos. Tíos dice que es la posesion de una heren*
cía incorruptible é inalterable: que es reinar ron Dios
y estar como sentado en su trono : ser consumado
en la amistad de D io s: estar lleno y penetrado de
su magestad: gozar de su mismo reposo: estar en
su seno: beber ó saciar la sed en un torrente de
delicias: ser heredero de Di os y coheredero de su Hi­
jo : participar déla gloria de este Hijo, que es glorifi­
cado en sus miembros: contemplar la gloria de
D ios, y con esta vista y contemplación ser como
transformado en una semejanza de Dios : ver á Dios
como es en s í , y llegar á ser semejante á él. Todas
estas son expresiones de los Apóstoles y del mismo
Jesucristo, las cuales en algún modo supera S. Pa­
blo , diciendo que nadie puede comprender lo que
Dios ha preparado para los que le am an: N i
ojo alguno w J, nt oreja o jó 7 ni pasó á hombre po r
pensamiento cuales cosas tiene Dios preparadas p a ­
ra aquellos que le aman ( n a ).
Sin embargo el hambre y la sed de los bienes
celestiales es una de las cosas mas raras , hasta en
las almas que hacen profesion de piedad; y aun­
que no cabe duda que es una falta ó una infideli­
dad muy considerable, yo no sé si son muchos
los que se acusan de ella, ó que la consideran con
la debida reflexión. Es poco común entre los cris­
tianos el tratar ó conversar de la bienaventuranza
á que aspiran; siendo así que deberían olvidar to­
do lo pasado para no pensar sino en los bienes
venideros. Así lo hacian S. Agustín y su santa Madre
algunos dias antes de la muerte de esta incomparable
Viuda. «Nosotros, dice el Santo, tratabamos en vues~-
->tra presencia, ó Verdad inmutable,-de cual será la
« vida eterna de los bienaventurados: esa vida que
« ni el ojo ha visto jamás, ni el oído lia percibido,
« ni el corazon del hombre ha podido compren-
« der. Las bocas de nuestros corazones se abrían
« con ansiosa impaciencia hacia el manantial de la¡>
« aguas celestiales, hácia esa fuente de vida que
« hay en Vos, y sois Vos mismo: á íin de que sien-
■■do rociados con ellas, en cuanto permite núes-
« tra corta capacidad, pudiésemos representarnos
«- en algún modo una cosa tan incomprensible »(i i3).
Imitemos á estos Santos : olvidemos la tierra
y hablemos siempre del cielo, Sea el deseo de
ver á Dios el que llene nuestros entendimien­
to s , el que abrase nuestros corazones, y el que
nos eleve desde ahora hácia el soberano bien. «Pen-
usando, dlceS. Agustín, en ía vida bienaventura-
« da, hablando y deseando hablar de e lk j y bus­
c á n d o la con ardor, llegamos con esto á percibir-
«la y gustarla de alguna muñera con los amorosos
ímpetus de nuestros corazones. Y en medio de
<clos suspiros y gemidos por no poder todavía go-
« zar bien de ella, nos quedó- el consuelo de estar
* unidos con ella- por este espíritu cuyíis primicias
« liemos recibido ». No cesemos pues de decir con;
este Santo, cuyo corazon ardia tanto en deseos de
ver á Dios: "-D io s mió! daos Vos á mí: ha^ed
.. que yo corra con ímpetu y sin intermisión á
■vuestro seno: porque* sin Vos- y fuera de Vo?
«soy un infeliz, y todos los bienes que no son Vos
« mismo, ¡ oh Dios m ío ! no son mus que pobreza
^ y miseria».

C O N C L U S I O N ,

Examen."Humillación. Oración. Rezar el sal­


mo 26. Dominus illuminatio mea e tc .; y el 4 ¿.
Quemadmodum desiderat cervus etc. Leer e l'ca p í­
tulo 17. del Evangelio de S. Jüan.

Salm o XXVI. Dominus illuminatio mea etc.-


1 El Señor es mi luz, y mi salvación: Lr á quién
lie de temer yo El Señor es el defensor de mi vi­
da : ¿ quién me hará temblar? 2 Mientras que es­
tán para echarse sobre mí los malhechores, a fin de
devorar mis carnes; esos enemigos mi os que me
atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído,
3 Aunque se acampen ejércitos contra mí,nó temblara
mi corazon. Aunque me embistan eñ batalla/enton­
ces'mismo mantendré yo íinnemi esperanza. 4 Una
sola cosa he pedido al Señor, está solicitaré ; y es, el
que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los
días de mi vid a; para contemplar las delicias del
Señor, frecuentando su templó, j 0 es quien me
tuvo escondido en su Tabernáculo: en los dias
aciagos me puso á cubierto eñ lo nías; recóndito de
su pabellón. 6 Ensalzóme sobre úna roca : y aho­
ra me 'ha hecho prevalecer contra mis enemigos.
Por tanto estaré al rededor dé su tabernáculo , in-
inolando sacrificios cíe júbilo ó ttcciojt de gracias7
cantando y entonando himnos al Señor. 7 Escucha,
ó Señor, mis voces, con que te he invocado : ten
misericordia de mí, y óyeme. 8 Contigo ha hublado
mi corazon : en busca de tí han andado mis ojos.
¡ Oh Señor \ tu cara es la que yo busco. 9 No apar­
tes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu
siervo. Sé tu en mi ayuda: no me desampares, ni
me desprecies, ó Dios, Salvador mió, 10 Porque
mi padre y mi madre me desampararon; pero el
Señor me ha tomado por su cuenta. 11 A rregla,
ó Señor, mis pasos en tu camino, y diríjeme por la
recta senda, á causa de mis enemigos, 12 No me
abandones á los deseos de mis perseguidores; por­
que han conspirado contra mí testigos inicuos,
mas la iniquidad ha mentido ó dañado á sí mis-
ma, i3 Yo espero que veré algún dia los bienes
del Señor, en la tierra de los vivientes. i 4 Aguarda
al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu
corazon, y espera con paciencia al Señor.

Salm o XLL Quemadmodum desiderat cervus etc .


a. Como brama el sediento ciervo por las fuentes
de aguas : así, ó Dios, clama por tí el alma mia. 3 Se­
dienta está mi alma del Dios fuerte y vivo. ¡ Cuando
será que yo llegue, y me presente ante la cara de
D ios! 4 Mis lágrimas me han servido de pan dia y
noche, desde que me están diciendo continuamen­
t e : ¿ Y tu Dios dónde está ? 5 Tales eran los re­
cuerdos que venían á mi memoria: y ensanché
dentro de mí mi espíritu; porque yo he de llegar,
d ije yal sitio del admirable Tabernáculo, hasta la
casa de mi D io s; entre voces de júbilo, y de haci-
miento de gracias, y de algazara de convite.
6 ¿ Porqué estás triste , ó ídma mia ? ¿ y porqué me
tienes en esta agitación ? Espera en Dios : porque
aun cantaré sus alabanzas, como que es el Salva­
dor que tengo siempre delante de mí, 7 y mi Dios.
Conturbada está interiormente mi alma : por lo
mismo me acordaré de tí en el país que está desde
el Jordán hasta Hermon, y el pequeño monte,
8 Como al estampido con que se deshacen tus ca­
taratas , un abismo ó aguacero llama otro abismo:
así todas tus tempestades y todas tus olas han ido
descargando sobre mí. 9 En el dia dispondrá el
Señor que venga su misericordia; y yo en la noche
cantaré sus alabanzas. Haré para conmigo oracion
á Dios, autor de mi vida; 10 diréle á Dios : Tú eres
mi amparo , ¿ porqué te has olvidado de mí ? ¿y
porqué he de andar yo triste, mientras me aflige
el enemigo ? 11 Mientras se están quebrantando
mis huesos , no cesan de insultarme los enemigos
m ios, que me atormentan ; diciéndome todos los
dias: ¿ Y tu Dios donde está? 12 Pero t ó alma
mia, ¿ porqué estás triste? ¿porqué me llenas de
turbación ? Espera en D io s, pues aun he de can­
tarle alabanzas, por ser él el Salvador que está
siempre delante de m í, y el Dios mió.

C a p ít u l o XVH. del Evangelio de S. Juan,


1 Estas cosas habló Jesús; y levantando los ojos
al ciclo, elijo ; Padre m ió} la hora es llegada : glo­
rifica á tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a tí.
-a Pues que le has dado poder sobre todo el linage
humano, para que dé la vida eterna á todos los
que le lias señalado. 3 Y la vida eterna consiste en
conocerte á tí, solo Dios verdadero, y á Jesucristo,
á quien tú enviaste. 4 Y o por mí te he glorificado
en la tierra : tengo acabada la obra} cuya ejecución
me encomendaste. 5 Ahora glorifícame tú -, ó Padre,
en tí mismo , con aquella gloria que como Dios
tuve yo en t í , antes que el mundo fuese. 6 Yo be
manifestado tu nombre á los hombres que me has
dado entresacados del mundo : tuyos eran , y me
los diste , y ellos han puesto por obra tu palabra.
7 Ahora han conocido que todo lo que me diste,
viene de t í : 8 porque yo les di las palabras Ó doc­
trina que tú m ediste, y ellos las han recibido : y
han reconocido verdaderamente que yo salí de t í ,
y han creído que tú eres el que me has enviado,
9 Por elloá ruego yo ahora : no ruego por el mun­
do - sino por estos que me diste, porque tuyos
son : io ( y todas mis cosas son tuyas, como las
tuyas son núas) ; y además en ellos be sido glori­
ficado. i r Yo ya no estoy mas en el mundo ; pero
estos quedan en el mundo : yo estoy de partida para
tí. ¡ Oh Padre Santo ! guarda en tu nombre á estos
que'tú me has dado; á tin de que sean una misma
rosa po r la caridad , así como nosotros lo somos
e/i la naturaleza, i j, Miéntras estaba yo con ellos,
yo lus defendía en tu nombre. Guardado hé los
Y! I . Y O TTI \ T O . i 4 ¿

que tú me diste, y ninguno de ellos se lia perdido,


sino Ju das, el hijo de la perdición : cumpliéndose
así la Escritura. i 3 Mas ahora vengo á t í ; y digo
esto estando todavía en el m undo, á fin de que
ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido , que
tengo yo. i 4 Yo les he comunicado tu doctrina ; y
el munrlo los ha aborrecido, porque no son del
mundo : así como yo tampoco soy del mundo.
i 5 No te pido que los saques del m undo, sino
que los preserves del nial. 16 Ellos j a no son; del
m undo, como ni yo tampoco soy del mundo.
ly Santifícalos en la verdad. La pal abra, tuya es la
verdad misma, 18 Así como tú me lias enviado al
mundo, así yo Jos he enviado también á ellos al
mundo. 19 Y yo por amor de ellos me santifico ,.
me ofrezco p o r víctima á mí mismo, con el fin de
que ellos sean en verdad santificados. 30 Pero no
ruego solamente por estos, sino también por aque­
llos que han de creer en mí, por nu*dio de su pre­
dicación : 21 ruego que, todos sean una misma
cosa; y que como tú , ó Padre, estás en mí y yo
en tí, por identidad de naturaleza : asimismo sean
ellos una misma cosa en nosotros, por unión de
amor , para que crea el mundo que, tú me has en­
viado. 22 Y o les he dado j a parte de la gloria que
tú me diste (<7), alimentándolos con mi mismo.subs­
tancia, puraque en cierta manera sean - una mis ni a

(a ) Dándoles á comer mi cuerpo , unido ron la


Divinidad.
eosa, como lo somos nosotros. 23 Yo estoy en
ellos; y tu estás siempre en mí, á fin de que sean
consumados en la unidad (¿ ) : y conozca el mun­
do que tú me has enviado, y amádolos á ellos,
como á mí me amaste. 24 ¡Oh Padre! yo deseo ar­
dientemente que aquellos que tú me has dado,
estén conmigo allí mismo donde yo estoy; para que
contemplen mi gloria, cual tú me la has dado ( c ) :
porque tú me amaste desde ántes de la creación
del mundo, a 5 ¡Oh Padre justo ! el mundo no te ha
conocido : yo sí que te he conocido; y estos han
conocido que tú me enviaste. 26 Y o por mi parte
les he dado, y daré á conocer tu nombre; para que
el amor con que me amaste, en ellos esté, y yo
mismo esté en ellos.

PARA LA TARDE.

V irtud ; L a pureza de corazon.

La impureza de nuestro corazon es la que nos


priva no solo de ver á D ios, según aquella senten­
cia : Bienaventurados los que tienen puro su cora­
zon j porque ellos verán á Dios ( 114 ) ; sino tam­
bién de desearle y de buscarle. Buscad á Dios ,
dice el Sabio, en la sencillez de vuestro corazon.

( ¿ ) O estén perfectamente unidos con el Padre


y el H ijo , y entre sí mismos, — ( c ) Como á Dios
en la generación eterna, y la gloria á que tú me
lias predestinado} como á hombre,
Esta pureza y esta sencillez no solo consiste en
desterrar del corazon Jos pensamientos y deseos
impúdicos, sino, también én tenerle desprendido
de todas las criaturas, y apegado ásolo Dios. Porque,
como dice S. Agustín ( n£>), nosotros nos trans­
formamos en lo que amamos; y si nuestro corazon
ama las cosas de la tieiTa, se vuelve del todo terre­
no y carnal; y lejos de tener los ojos á propósito
para ver aquella luz espiritual y eterna que ha de
ser sil felicidad, ni siquiera sabe desearla ni ele­
varse hacia ella, volviendo á caer siempre entre
las cosas que ama.
Lo que sobre todo hace que el ojo del corazon
sea puro y capaz de verá D io s, es aquella pu­
reza de intención con que nos dirigimos á Dios
pura y únicamente én todas nuestras empresas , y
en todas nuestras acciones : no buscando ni nues­
tra propia satisfacción, ni la gloria de los hombres,
ni una vana reputación en el mundo. S i yo preten*
diese todavía agradar á los hombres■ , dice S. Pa­
blo ( 1 16), yo no seria siervo de Jesucristo. Ahora
pues, si no puede ser siervo de Jesucristo el que
quiere complacer á Jos hombres ¿ será posible que
tenga por esposo á Jesucristo el alma que tiene su
complacencia y sus inclinaciones en las cosas del
mundo ? El alma que quiere complacer á otros
que al Señor ? que se digna ser Esposo suyo por
toda la eternidad , ¿ puede lisonjearse de serle fie l,
y de ser una de aquellas esposas puras y castas que
no amando sino á su esposo, no pueden vivir sjij
i 44 p r . i , r c i i > \ n ..n r r,x mu En t e c h is t.

é l , y nada desean tanto como á él ? Las almas qiie


aman de veras á Dios, á nadie quieren agradar sino
á sü Esposo, y suspiran sin cesar para que vuelva;
porque su corazoft no les hace cargo ni de que
busquen otra gloria que la del Esposo , ni de que
tengan otra complacencia que en su Esposo, de
quien sacan toda su belleza que es la caridad , ni
de que quieran ni piensen ser felices con la pose­
sión de otro bien que el mismo Esposo.
.La*pureza de intención en cuanto á este último
iin, trae consigo la pureza de la elección de los
medios. Esto e s, cuando no se busca sino a Dios,
cuando no se anda sino en pos de D io s, y no se
quiere gozar sino de D ios ; entonces se le guarda
también la fidelidad en no buscarle sino del modo
que él nos enseña, ó en no ir hacia él, y no prepa­
rarse para gozar de él , sino por los medios que el
mismo . Dios nos ha dado para ello. Estos medios
son el camino ó la regla de su santo Evangelio , y
el exacto cumplimiento de su L e y : cuyas verdades
está muy distante de querer debilitar , y cuya san­
ta y-saludable severidad nunca pretende disminuir el
que sabe que no hay mas que un camino pora ir á
Dios, que es el que Jesucristo nos trazó con su san­
gre ; y que cualesquiera caminos que se intentase
substituir a este, son tanto mas sospechosos y odio­
sos, a los quevbuscan ¿D io s con pureza de inten­
ción, cuanto menos se observa en ellos el carácter
d eja cruz y de la mortificación de Jesucristo, y cuan-
to mas lisongean la delicadeza y flojedad de nues­
tra corrompida naturaleza.
Consistiendo pues la pureza de intención en la
unidad de íin y en la unidad de los medios, ó también
en la unidad del término y en la unidad del camino :
por esto es ella un medio excelente para encender
y avivar en nosotros el deseo de ver á Dios , y no
menos para prepararnos á dicha vista en que con­
siste nuestra bienaventuranza eterna. El corazon
que busca de esta manera á Dios puede con gran
confianza decirle estas palabras del Profeta ( 1 1 7 ) ;
« ¿ Qué he deseado yo del cielo fiino á Yos P y qué
« he deseado sobre la tierra sino únicamente á Yos?
« Mi cuerpo y mi alma desfallecen con este deseo ,
* ó Dios mió, que sois el Dios de mi corazon, y mi
* herencia por toda la eternidad. Perecerán todos
* los que se mueven por otros deseos y afectos , y
«Yos perderéis á las almas adúlteras que se apar-
«tan de Yos. Pero para mí , ¡ oh Dios mió ! mi
« único bien es el unirme con Yos solo, no espe-
« rar sino en Yos, y no desear sino á Vos >«, Todo
« mi bien consiste, decia S. A gustín, en no estar
unido sino con Dios , y en no estarle qnido sino
por él.

CONCLUSION.

Exam en. Humillación . Oracion , Rezar el sal­


mo14, Domine quis habitabit etc. \y el 72. Quám
bonus Israel etc. Leer e l cap. 4 de la Carta á los
Hebreos.
S alm o XIV. Domine quia kabitabit etc,,
i ¡ A h Señor! quién morará en tu celestial Ta­
bernáculo ? ¿ ó quién descansará en tu santo mon­
te i* 2 Aquel que vive sin mancilla, y obra rectamen­
te. 3 Aquel que habla la verdad que tiene en su co­
razon j y no lia forjado ningún dolo con su lengua;
ni ha hecho mal á sus prójimos ? ni ha consentido
que fuesen infamados; 4 «1 que en su estimación
reputa al malvado por una nonada; mas honra á
aquellos que temen ai Señor : que si hace juramen­
to á su prójim o, no le engaña : 5 que no da su di­
nero á usura : ni se deja cohechar contra el ino­
cente. Quien así se porta, too será conmovido por
toda la eternidad.

S a lm o L X X lí. Quam bonus Israel etc.

i fCuán bondadoso es Dios para Israel, para los


que son de corazon re cto ! a A mí me vacilaron
los piés : á pique estuve de resbalar de la Metida
de la 'verdad. 3 Porqtie me llené de zelos al con tem­
plar los impíos , al ver la paz ó prosperidad de los
pecadores. 4 Ellos no tienen ñiiedo á la muer­
te { a ) : sus penas son de corta duración : S las
miserias humanas ellos no las sienten; ni experi­
mentan los desastres que sufren los demás hom-

( « ) No parece que haya, muerte para e llo s , ni


dolor que sea de consideración ; atendida la vida
que. llevan ,
bres. 6 Por eso se ensoberbecen tanto , y se re­
visten de su injusticia é impiedad. 7 Resal tah
sobre su grosura sus maldades : abandonáronse
á los deseos de su corazon. 8 Su pensar y su
hablar es todo malicia : hablan altamente de
cometer la maldad (¿ ). 9 Han puesto su boca en
el cielo, y su lengua va recorriendo la tierra ( c ) .
10 Por eso paran aquí su consideración los de
mi pueblo (//), y conciben grande amargura. 11 Y
así dicen : ¿ Si sabrá Dios todo esto ? ¿ Si ten­
drá de ello noticia el Altísimo ? 12 Mirad como
esos, siendo pecadores, abundan de bienes en el
siglo y amontonan riquezas. i 3 Yo también excla­
mé : Luego en vano he purificado mi corazon , y
lavado mis manos en compañía de los inocentes ;
i4 pues soy azotado todo el d ia , y comienza ya
mi castigo desde el amanecer. 15 Si yo pensare en
hablar de este m odo, claro está que condenaría la
nación de tus hijos, 16 Poníame á discurrir sobre
esto : pero difícil me será el comprenderlo ¿ 17 has-
taque yo entre en el Santuario de Dios, y conozca el
paradero que han de tener. 18 Lo cierto es que

( b ) Colocados en alto puesto , tratan de


obrar la iniquidad. — ( c ) Esto es , han blas­
femado de Dios y de los ángeles, y su lengua
no ha perdonado á viviente ninguno .sobre la tier­
ra. — ( d ) Por eso mi pueblo se para á con­
siderar como los impíos goz-an de larga 'vida > lle­
na de fe licid a d ; y como viven en la abundancia.
10.
14 S vf. í. i r.niAi) j> i* i, a m ü e i: i ¡t c n t s i .
tú íes diste una prosperidad engañosa: derribaste! os
cuando ellos estaban elevándose mus. 19 ¡O h y
cómo fueron reducidos á total desolación ! De re­
pente fenecieron : perecieron de este modo por su
maldad. 20 Como el sueño de uno que despierta;
así, ó Señor, reducirás á la nada en tu ciudad la
imagen de ellos. 21 Porque mi corazon se inflamó,
y padecieron tortura mis entrañas, 22 y yo quedé
aniquilado } sin saber por q u é : 23 y estuve delan?
te de tí como una bestia de carga, y yo siempre
contigo sin apartarme jam ás ( e ). Tú me asiste
de la mano derecha, y guiásteme según tu volun­
tad, y me acogiste con gloria ( f ) . a 5 Y ciertamente
¿ qué cosa puedo apetecer yo del ciclo , ni que he
de desear sobre la tierra, fuera de tí, o Dios mió ?
26 ¡ A h ! mi carne y mi corazon desfallecen, ó
Dios de mi corazon, Dios que eres la herencia mia
por toda la eternidad. 27 Así es que los que de tí
se alejan , perecerán : arrojarás á la perdición á to-
dos aquellos que te quebrantan la fe. 28 Mas yo
hallo mi bien en estar unido con Dios, en poner
en el Señor Dios mi esperanza ; para anunciar
toda stus alabanzas en las puertas de la hija de
Sion (g).

Capítulo IV. de la Carta á los Hebreos.


1 Temamos pues que baya alguno entre nosotros

( e ) Siempre adicto á t í — { f ) E n tu Santuario


del cielo.— (^) O públicos congresos de Jerusalen.
que sea excluido de la entrada en el descanso de
Dios ( a ) por haber despreciado la promesa que de
él se nos había hecho. 1 Puesto que se nos anunció
también á nosotros del mismo modo que á ellos.
Pero á ellos 110 les aprovechó Ja palabra 0 prome­
sa oída, por 110 ir acompañada con la fe de los
que la oyeron. 3 Al contrario, nosotros que hemos
creído, entraremos en el descanso> según lo que
dijo : Tal es el juramento que hice én mi indigna­
ción ( ¿ ) : Nunca jamás entrarán en mi descanso ; y
es el descanso en que habita Dios , acabadas ya sus
obrasdesdela creación del mundo. 4 Porque en cier­
to lugar (c) habló así del di a séptimo : Y descansó
Dios al dia séptimo de todas sus obras ; 5 y en este
dice: Nunca jamás entrarán en mi descanso. 6*Pues
como todavía falcan algunos por entrar.en é l, y
los primeros á quienes fué anunciada la buena
nueva, no entraron por su incredulidad ; 7 por eso
de nuevo establece un dia, y es Hoy ; diciendo al
cabo de tanto tiempo por boca de David , según
arriba se dijo : Si hoy oyereis su voz , no queráis
endurecer vuestros corazones. 8 Porque si Josué
les hubiera dado este descanso, nunca despues
hablaría la Escritura de otro dia. g Luego resta to­
davía un solemne descanso ó sábado para el ver-

( a ) O reino celestial, del cual era una figu ra la


tierr'a de Promision.
( b ) Salmo X C I V , v . n , — ( c ) Genesis II. v. 2.
dadero pueblo fie Dios (¿). 10 Así quien ha entra ­
do en esta su descanso, ha descansado también de
todas sus obras , así como Dios de la suya&. 11 Es­
forcémonos pues á entrar en aquel eterno descan­
so j á fin de que ninguno imite el sobredicho ejem­
plo de incredulidad, m Puesto que la palabra de
Dios es viva y eficaz., y mas penetrante que cual­
quiera espada de dos filos, y que entra y penetra
hasta los pliegues del ahna y del espíritu, hasta las
junturas y tuétanos, y discierne y'califica los pen­
samientos y las intenciones mas ocultas del cora­
zon. i 3 No hay criatura invisible áJsu vista : todas
están desnudas y patentes á los ojos de este Señor
de quien hablamos. i 4 Teniendo pues por sumo
Pontífice á Jesús, al Hijo de D io s, que penetró
hasta lo mas alto del cielo , r nos abrió sus p u e r­
tas , estemos firmes en la fe que hemos profesado.
i j Pues no es tal nuestro Pontífice, que sea inca­
paz de compadecerse de nuestras miserias; habien­
do voluntariamente experimentado todas las tenta­
ciones / debilidades 7 á excepción dyl pecado, por
razón de la semejanza con nosotros, en el ser
de hombre. i6 Lleguémonos pues confiadamente
al trono de la gracia, á fin de alcanzar misericor­
dia, y hallar el auxilio de la gracia para ser socor­
ridos á tiempo oportuno.

( d ) Que es el descanso que tienen los bienaven­


turado#.
DIA SEXTO.
— «.
E l cristiano i como pecador, ha de desear la muer­
te para satisfacer plenamente á la Divina jus­
ticia , y recibir i.a perfecta remisión de sus
pecados.

D íM IT T E JíOBlS DEBITA NOSTRA, 5 ICT3 T ET NOS DIMIT-

t im u s D E B iTO R iB u s n o s tr is . — Perdónanos nues­


tras deudas , así como nosotros perdonamos á
nuestros deudores,

La paradoja, ó idea inconcebible para los munda­


nos, de que el cristiano ha de desear la muerte, pa­
rece todavía mas increíble si se atiende la circuns­
tancia de pecador , Porque ¿ qué cosa mas terrible
para un criminal que la vista del suplicio ? Sien­
do pues la muerte el suplicio del pecado del hoin -
bre ¿ no ha de ser muchísimo mas espantosa para el
que tipne fe, y sabe cuán incierto es el estado que
ha de seguir á su muerte ? Sin em bargo , dadme
un corazon verdaderamente penitente, un corazon
abrasado en zelo de la justicia de Dios, un corazon
que conozca cuán terrible es llevar á la presencia
de Dios la vista y el peso de sus propios pecados ;
dadme un tal corazon , y él comprenderá bien que
la m uerte, por terrible que sea , es un beneficio
ó ganancia para é l , y que el morir es una venta^
ja : et morí lucrum. Porque si todo lo ha de temer
mirándose á sí mismo y á sus pecados ; todo lo
espera volviendo los ojos á la misericordia ele Dios,
y á los méritos de 4Jesucristo. Y como esta espe­
ranza es sólida, lejos de apagar el espíritu de peni­
tencia, le ¡tviva y enciende mas. Le inspira deseos
de padecer y de sufrir la muerte : porque sabe que
cualquiera penitencia que pueda hacer durante su
v id a , aunque sea tan larga como la de Adán ?
tan humillante como la de Job, tan cruel y tan
dolorosa como la de los mártires ; no será bastante
para dejar satisfecha la Divina justicia , hasta que
sufra la pena de la m uerte, ó hasta que cumpla
esta penitencia que es la mas necesaria, la mas
conveniente al pecador, y la mas indispensable de
todas, como que es elegida por el mismo Dios , é
impuesta y mandada por su justicia á todos los hi­
jos de Adán.
Aunque es cierto que la muerte de ningún hom­
bre puede por sí misma satisfacer completamente
á la justicia de Dios ; aloraénos es la muerte la sa­
tisfacción mas perfecta que el hombre le puede
ofrecer. Y la muerte de un cristiano, unida con la
de su cabeza adorable y con los méritos infinitos
de ella, es una penitencia muy preciosa y honrosa
á los ojos de Dios. De ahí es que el pecador ani­
mado contra sí mismo por el amor de D ios, y por
el odio del pecado } lejos de pretender alcanzar la
Divina misericordia sin hacer penitencia de sus pe-
cados , muy al contrario desea que Dios tome so­
bre su cuerpo y sobre su vida justa venganza de
las injurias que pecando le ha hecho ; y que tome
de él la mas perfecta satisfacción que puede darle
en esta vid a , que es haciéndole sufrir desde luego
la sentencia de muerte pronunciada contra todos
los hijos de Adán.

Consideración L

Debemos pues ante todas cosas adorar y consi­


derar á Jesucristo en su penitencia , y en el zelo
de la justicia de Dios en que ardía su corazon.
Porque no murió Jesucristo por necesidad, sino por
pura bondad ; y no pidió á Dios por nosotros una
misericordia gratuita, sino que solicitando nuestro
perdón y nuestra gracia ante Dios Padre, le ofreció
en precio su propia vida, y vivió siempre en una
santa impaciencia de cumplir el sacrificio de su
muerte por nosotros.
Apliquémonos á adorarle en esos ardientes de­
seos con que esperaba la muerte por espíritu de
penitencia, y por el zelo de la justicia de D io s; á
la cual se reconocía sometido, porque representaba
en su persona la de todos los pecadores, y se ofre­
cía como víctima de todos los pecados. Quien hu­
biese podido penetrar en el fondo de su corazon
lo que en él pasaba en la presencia de su P adre,
cuando impaciente por lavar nuestros pecados con
r r' 4 f í i j c i r> a t> n r . i ,a MU£nTE c i iiít .

<0 bautismo de su sangre sóbrela cruz, exclama-


ba ( i í 8) : Con un bautismo de sangre tengo de ser
yo bautizado. ¡ Oh ! y cómo traigo r,n prensa el
corazon , mientras que no h veo cumplido ! quien
hubiese penetrado, digo , su corazon en estos mo­
mentos j hubiera visto en él lo que cada uno de
nosotros debe sentir en el suyo, y ]o que por des­
gracia ordinariamente estamos muy lejos de sentir.
Porque ¿ quién no tiembla al solo nombre de la
m uerte, y mucho mas cuando se va acercando ?
Es verdad que también el alma del Salvador expe­
rimentó esta semejante turbación, Pero S. Agustín
( 1 1 9 ) nos enseña que no debemos imaginarnos
que el alma santa del Hijo de Dios tuviese pena
en salir de este mundo, ni que estuviese apegada á la
vida presente, ó que no tuviese bastante fuerza y
valor para sufrir su sacrificio.
¿ Cómo pues, ó Señor, mandais á mi alma que
os siga, si también la vuestra se perturbó ? Si la
misma fortaleza desfallece, ¿romo me sostendré yo
que soy la misma debilidad ? Pero escucho luego
allá en mi corazon que respondiendo me decís que
por lo mismo deba animarme, y estar cierto de
que podré seguiros ; puesto que V o s , ó Jesús mió,
quisisteis revestiros de mi flaqueza , para revestirme
á mí de vuestra fortaleza. No os humillasteis hasta

padecer mi debilidad humana, sino para elevar­


me á la fortaleza Divina que es propia vuestra.
Cuando me animasteis á aborrecer mi vida en este
mundo, a fin de conservarla para la eternidad,
como y oír lo hicisteis ; entonces la voz de vuestra
fortaleza Divina era la que hablaba conmigo : y
cuando dijisteis que vuestra alma estaba triste y
perturbada, era la voz de mi enfermedad y de mi
flaqueza la que hablaba en Vos. ¡ Dulcísimo Jesús
mió ! Vos cargasteis con mi timidez, y esta timidez
llevada de este modo por la misma fortaleza, y ele­
vada , santificada, y por decirlo así divinizada en
vuestra sagrada persona, es para mí un perenne
manantial de fuerza , de valor , y de confianza.
¡ Oh .Soberano Mediador, Dios y Señor de todos
nosotros , y hecho hombre por nuestro amor ! Yo
reconozco la conducta de vuestra misericordia ¿ y
que siendo la misma Omnipotencia no entráis en
esa perturbación solo por un movimiento volunta­
rio de vuestra caridad, sino para consolar y para
preservar del abismo de la desconfianza ó desespe­
ración al grandísimo número de miembros de vues­
tro cuerpo que se agitan y perturban á la vista de
la m uerte, por una necesaria consecuencia de su
debilidad. Esta perturbación y este temor son los
preparativos del grande sacrificio con que les obte­
néis la perfecta remisión de todos sus pecados, y
sin el cual sería temeraria en el pecador la espe­
ranza de la misericordia , y sería un nuevo pe­
cado decir á D io s: Perdónanos nuestras culpas 7
asi como nosotros perdonarnos á nuestros deu­
dores.
Consideración IL

No debemos pues decir jamás estas palabras sin


dirigir los ojos de nuestra fe y de nuestro recorto-
cimiento bácia Jesucristo que muere por nuestros
pecados : pues que en este estado de Cordero de
Dios sacrificado como víctima de nuestra propicia­
ción, es el Señor el único fundamento de nues­
tra confianza ( 120), Jesucristo es el Cordero, esto
es, la víctima cargada con nuestros pecados ; y la
Iglesia le pone con frecuencia á nuestra vista bajo
de esta consideración , para que nunca olvidemos
que por nosotros murió, y que solo en virtud de su
muerte podemos pedir á Dios misericordia* Verda­
deramente tomó él mismo sobre sí nuestras dolencias
y pecados, y cargó con nuestras penalidades : pero
nosotros le reputamos entonces como un leproso y co­
mo un hombre herido de la mano de Dios, y humillado.
Siendo así que por causa de nuestras iniquidades f u e
él llagado y despedazado p o r nuestras maldades. E l
castigo de que debía nacer nuestra p a z con Dios des­
cargó sobre él, y con sus cardenales ó llagas fu im os
nosotros curados ; y d él solo le ha cargado el Se­
ñor sobre las espaldas la in iq u id a d de todos noso­
tros. F u é ofrecido en sacrificio ; porque él mismo
h quiso ? y no abrió su boca, para quejarse. Condu­
cido f u é d la muerte sin resistencia suya, como ■va
la oveja a l matadero ; y guardó silencio sin abrir
siquiera su boca delante de sus verdugos, como el
corderito que está mudo delante del que le esquila „
Fue en vida , dice S. Agustín , un manso cordero ,
y en la muerte un cordero m udo: In -vita mitin ;
in rnorte mitins.
En esta pintura que nos hace Isaías ( 121 ) de
Jesucristo al tiempo de morir por nuestra salud,
nada resplandece mas que la sumisión con que
muere, y aquella disposición de una víctima santa
que se deja golpear, atravesar, quebrantar, inmolar
y sacrificar del modo que quiere aquel que tiene
derecho de disponer de su vida. Esta es Ja dispo­
sición capital y continua que se manifiesta en el
sacrificio del Cordero de D io s, y el origen de to­
das las demas. En afecto parece que S. Pablo las
reunió todas en la obediencia , obediencia tan lar­
ga como el sacrificio ,* la cual comenzó por aque­
llas admirables palabras (122): Heme aquí que vengo}
según está escrito de mí a l principio del Libro ó
Escritura sagrada, para cumplir ¡ oh Dios ! tu v o ­
luntad: y acabó por aquellas otras que dijo en el
huerto de los Olivos ( ia 3) : N o se haga mi voluntad,
sino la tuya. De donde tomó S. Pablo (i^4) oca­
sión de decir que Jesucristo fue obediente hasta la
muerte: dejándose quitar la vida como el cordero se
deja quitar la lana , esto es , sin quejarse en me­
dio de los mas agudos dolores: sin justificarse,
siendo la misma inocencia: sin pensar en evitar la
muerte, pudiendo por sola su voluntad: sin hacer
cargo de su muerte ni de sus trabajos á aquellos
por quienes padecia : muriendo por sus enemigos,
y por ingratos, y sin otro deseo que el de obede-
oer á su Padre y de santificar i su Iglesia; destru­
yendo el pecado, y haciendo nuestra paz con Dios
por medio de la sangre derramada en la cruz, en la
cual tenemos nosotros el precio de nuestra reden­
ción y el perdón de nuestros pecados.
Mientras vivimos debemos familiarizarnos con es­
te objeto, y estudiar este modelo con el espíritu de la
fe en la oracion, á iin de que podamos imitar a
Jesús cuando llegue la hora de nuestro sacrificio.
Entonces conoceremos si habian sido verdaderos
nuestros anteriores deseos de la m uerte, ó si eran
no nías que ilusiones con que nos figurábamos que
no teníamos afecto a la vida presente y que desea-
hamos dejarla. Nuestra obediencia será la que de­
cida la duda. Si hemos deseado con sinceridad el
ser bautizados con el segundo bautismo ó sacrifi­
cio de la muerte, que debe borrar las reliquias del
pecado que dejó en el alma ei primer haatisino , y
quitar de ella cuanto hemos añadido despues por
nuestra corrompida voluntad j recibiremos este se­
gundo bautismo de la muerte con perfecta sumi­
sión á la orden de Dios y a! decreto de su justicia:
y asi convertiremos el suplicio debido ¿nuestros pe­
cados , en un sacrificio voluntario, que unido con
el de Jesucristo , del cual recibe toda su virtud,
podrá ofrecerse en honor de Dios, expiar los peca­
dos de nuestra vid a , y hacernos recibir el perdón
general que pedimos todos los dias.
De esta manera imitaremos la mansedumbre, la
paciencia 7 la humildad, la obediencia y la caridad
del Divino Cordero que fué inmutado por nuestros
pecados sobre la cruz. Lejos de quejarnos de nues­
tros trabajos, de ocuparnos con flojedad ó cobar­
día en nuestra situación , de desear la vida con tra
el orden de Dios, de mirar la muerte con senti­
miento , con impaciencia, ó con d o lo r; la consi­
deraremos como la ejecutora de la voluntad de
nuestro Dios, y nos miraremos á nosotros mismos
como una víctima de su justicia en las manos de
Jesucristo para serle sacrificada, y para hallar por
este medio la plena remisión de nuestros pecados.

Consideración IIL

Muramos todos los dias de nuestra vida: y comen­


cemos el sacrificio de la muerte con la mortificación
de nuestros sentidos y de nuestra voluntad, morti­
ficación qué debe ser el principio de la inmolación
de nuestra víctim a, y debe continuarse hasta que
por fin llegue la muerte á darle el último golpe.
Derramemos sin cesar lá sangre de nuestras lágrimas
y dé nuestro dolor sobre nosotros mismos; como Je­
sucristo lo encargaba á las mugeres de Jerusalen
(ia'5), cuando iba á derramar por todos los hijos
de Adaíi la sangre de su cuerpo y de su corazon
sobre la crui. Porque también hablaba con noso­
tros el Señor cuimdo se dirigió á aquellas mugeres.
Los pecados no se perdonan, como dice S* Pablo,
(126) sin efusión desangre, esto es, sin la muerte
de la víctima, y de la víctima entera. Y al modo
que por este acto último de la penitencia de Jesu-
m isto se hizo la reconciliación del mundo, con igual
proporcion debe cumplirse en cada uno de los es­
cogidos. Un solo sacrificio es el de la cabeza y el de
los miembros. Jesucristo ofreció nuestra muerte con
la suya sobre la cru z: preciso es que ta mbien no­
sotros ofrezcamos su muerte en la nuestra, y con la
riuestra.Y el sacrificio del Cristo entero (127), esto
es, de todo el cuerpo de Jesucristo, no quedará del to­
do concluido hasta que el último de sus miembros
que deben unírsele en la eternidad, haya juntado su
propia muerte con la de su adorable cabeza.
De donde se sigue que el cristiano en la hora
de la muerte puede y debe decir con gran con­
suelo y alegría lo que decia S. Pablo de sus traba­
jos, extendiéndolo sin duda á su muerte (128) : «Yo
« me lleno de gozo en mis trabajos y en mi muer-
« te, porque cumplo y consumo en^mí los traba­
rejos y la muerte de Jesucristo, y como miembro
« de su cuerpo místico acabo la muerte que debe
« sufrir en todos los Cristianos, á fin de ser des-
« pues glorificado en todos ellos ». Vamos pues y
murarnos también con é l , como decia santo Tomás
(129). Salgamos con Jesús fuera de Jerusalen, y siga­
mos sus pisadas cargados con su improperio, ó con
la ignominia de la c ru z : esto e s , muramos con el
espíritu de hum illación, como criminales sacri­
ficados á la justicia de D io s, y con el gozo de
satisfacer á ella del modo mas perfecto que po-1
damos.
Si comprendiésemos bien cuan terrible cosa es es-
lar cargados delante de Dios cun.el peso de nues­
tros pecados y y ser en todo el tiempo de la vida
deudores á la Divina justicia, sin esperanza de
quedar nunca iguales mientras estemos en este
mundo, pediríamos á Dios que nos sacase luego
de un estado tan humillante, tan peligroso y tan
terrible á los ojos de la fe : suspiraríamos por la
hora en que seremos perfectamente reconciliados
con nuestro Dios y nuestro Juez, recibiendo
para siempre la plena, la inmutable y eterna remi­
sión de nuestros pecados, y diríamos con mucho
inas fervor y conato de lo que solemos aque­
llas palabras de gem ido, que Jesucristo quiso
que todos los di as tuviésemos en la boca ; Padre
nuestro que estás en los cielos : Perdónanos nues­
tras deudas, asi como jtüsotros perdonamos d nues-
ti'os deudores,

P A 11A L A M A Ñ A N A .

V ir t u d : Espíritu de penitencia.

lil alma que se \ e á punto de comparecer delan-


te de Dios (¿ y quién puede decir que no está cerca
de este momento?) debe pensar muy seriamente
en purificarse con la penitencia, por mucho que
pueda lisonjearse de que haya sido grande la pure­
za de sus intenciones y de su vida. Porque desgra­
ciada la vida mas inocente de los hijos de A dán , si
Dios la juzga sin misericordia. La vida de un cris­
tiano debe ser tan santa, las calidades que tiene
de hijo ele Biós y de miembro di1 Jesucristo te em­
peñan á virtudes tan rm montes y divinas, y lo
que prometió en Su bautismo- e s tan perfecto ; que
aun los mas puros sacerdotes se í'econocen culpa-
bles y se acusan á la faz de los santos altares de un
número infinito de pecados de omision y de des­
cuido ( i 3i>). ¿ La misma omision de la penitencia
ño es por sí mis tua un motivo de hacer penitencia
pata et cristiano , cuya vida toda debe ser , isegun
la expresión de! Concilio de Trento , una peniten­
cia continua P En efecto * nuestra vida , como
« dice S. Agustín ( i 3 i ) , cuanto mas en ella se

«llora, tanto es menos digna de lágrimas ; y cuanto


* estas son en ella mas raras, tanto mas merece
" ser llorada*.
Sin embargo lo que yo pido en este lugar no son
precisamente las obras exteriores de penitencia, que
cada uno debe medir según su estado, sus fuerzas, su
edad, su sexo, y sus pecados ; sobre lo cual no puede
darse otra regla general, sino la de no hacer cosa con­
siderable sin consejo, y fuera del camino de la obe­
diencia, Lo que yo principalmente encargo , ó por
ítiejór decir lo que el Evangelio y la justicia de
Dios exigen por punto general de toda cláse de
gentes, es el espíritu de peniten cia: un corazon
contrito y humillado , penetrado de dolor dé haber
ofendido á D io s: un corazón que sienta el peso dé
sus culpas'(i3a ) : un coraxon que gima siempre poí1
sus pecados íen la presencia de Dios : qü e los tríugá
frtcüei» temen te á su tnemoria para réprendersé y
humillarse por ellos : que vivamente persuadido de
que no tiene derecho á nada mas gueá la penitencia,
y qiie la misma gracia de la penitencia no se le
debe, sino que es un don gratuito de la misericor­
dia de D io s, el cual no puede obtener sino por la
sangre y por los méritos de Jesucristo } no cese
jamás de pedir este don humildemente á Dios por Je~
sucristo : que arregle bien su conducta, de modo que
en ella no haya cosa que pueda mover contra el la
ira de Dios y hacerle indigno de dicha gracia : que
llene su vida de buenas obras capaces de atraer
sobre sí los ojos del Criador : que se haga amigos
en el cielo con limosnas proporcionadas á sus bie­
nes y á sus pecados : que se separe cuanto pueda
del mundo y de sus vanas alegrías : que con el
pan cotidiano de la Divina palabra alimente los
buenos deseos qnie Dios \e inspira: que añada á la
Divina palabra la oracion, y á la oracion el ayuno,
ó alo menos una templanza uniforme con que se
p rive, sin afectación* de todo lo que no 'sirve mas
que á lisonjear la naturaleza y á contentar los sen­
tidos ; y en fin que esté dispuesto á recibir con Ja
sumisión mas perfecta las penitencias que el mismo
Dios le impondrá con enfermedades, aflicciones,
desgracias, pérdidas de bienes , humillaciones , y
todo lo demás de que el Señor juzgue á propósito va­
lerse para purificarle y ponerle en estado de satis­
facer á su Divina justicia.
CONCLUSION.
Exam en. Humillación . Oracion. Rezar el sal -
«o 76. Yo ce mea ad Dominum clamávi etc. * y
el 24. Ad te Domine levavi etc. Leer el capítu­
lo 3o. <leí Evangelio de S. Mateo.

Salmo LXXVI. Voce mea ad bominum etc.


1 Alzé mi v o z , y clamé al Señor ; á Dios clamé,
y me atendió. 2 En el dia de mi tribulación acudí
solícito á D io s, levanté por la noche mis manos
hacia é l , y no quedé burlado. Se había negado mi
alma á todo consuelo : 3 acordéme de D ios, y me
sentí bañado de gozo : ejercítenle en la meditación,
y caí en un deliquio de amor. 4 íistuvieron mis
ojos abiertos antes de la madrugada : estaba como
atónito, y sin articular palabra. 5 Páseme á consi­
derar los di as antiguos en que obró Dios tantas
m aravillas, y á meditar en los años eternos. í) Kn
esto me ocupaba allá en mi corazon durante !a no­
ch e, y lo rumiaba, y examinaba mi interior ( a ).
7 ^ Es posible, decía , que Dios nos ha de abando­
nar para siempre, ó no ha de volver á sernos pro­
picio ? 8 ¿ ó que ha de privar eternamente de su
misericordia a todas las generaciones venideras?
9 ¿Ha de olvidarse Dios de usar de clemencia? ¿ó

(# ) Los Setenta traducen eskallon, escardillaba


ó escudriñaba mi espÍ7'itii : andaba buscando rejle~
j dones con que poder consolarme.
detendrá non su ira el curso de sus misericordias ?
jo Entonces dije : Ahora comienzo d respirar; de
la diestra del Altísimo me viene esta mudanza,
j i Traeré á la memoria las obras del Señor, Sí
por cierto, haré memoria de las maravillas que has
hecho desde el principio, v i Y meditaré todas tus
obras , y consideraré tus designios* i 3 ¡ Oh D ios!
santo es tu camino. ¿ Qué Dios hay que sea grande
como el Dios nuestro ? i 4 Tu eres el Dios, autor
de los prodigios. Tú hiciste man i tiesto á los pue-
blos tu poderío : i 5 con tu brazo redimiste á tu
pueblo, á los hijos de Jacob y de Josef. 16 Viéron-
te las aguas ( b ) , ó D ios, viéronte los aguas ,* y se
llenaron de temor , y estremeciéronse los abismos.
ly Grande’ fué el estruendo de las aguas: tronaron
las nubes: atravesaron tus rayos, 18 girando en
torno ( c ) la voz de tus truenos. Relumbraron tus
relámpagos por toda la redondez de la tierra: toda
ella se estremeció , y tembló. 19 Te abriste camino
dentro del mar; caminaste por en medio de mu­
chas aguas , y no se conocerán los vestigios de tus
pisadas, 20 Condujiste á tu pueblo, como otras tan­
tas ovejas , por el ministerio de Moysés y de Aaron.

S a lm o XXJV. Á d te Domine levavi etc.


1 A t í , ó Señor, he levantado mi espíritu. 2 En
t í , ó Dios iriio , tengo puesta mi confianza : no

( b ) Alude a las aguas del mar Rojo. — ( c ) De


los egipcios, y trastornando sus carros.
quedaré avergonzado: 3 ni se burlarán de mí mis
enemigos; porque ninguno que espere en tí que­
dará confundido. 4 Sean cubiertos de confusión
todos aquellos que vana é injustamente obran la
iniquidad. Muéstrame, ó Señor, tus caminos, y en­
séñame tus senderos. 5 Encamíname según tu
verdad , é instruyeme ; pues tú eres el Dios
Salvador mió , y te estoy esperando todo el
dia. 6 Acuérdate, Señor, de tus piedades, y de
tus misericordias usadas en los siglos pasados.
7 Echa en olvido los delitos ó flaquezas de mi mo­
cedad , y mis necedades. Acuérdate de m í , según
tu misericordia : acuérdate ¿le m i , ó Señor, por tu
bondad. 8 El Señor es bondadoso y justo ; por ío
mismo dirigirá á los pecadores por el camino que
deben seguir ( a ). g Dirigirá a los humildes por
la via de la justicia: enseñará sus caminos á los
apacibles. ío Todos los caminos del Señor son mi­
sericordia y verdad para los que buscan su santa
alianza y sus mandamientos, n Por la gloria de
tu santo N om bre, ó S eñ or, me has de perdonar
mi pecado , que ciertamente es muy grave ( b ).
12 ¿ Quién es el hombre que terne al Señor ? Dios
le ha prescrito la regla que debe seguir en la car-

(# ) Dará á los pecadores la ley de ¡a penitencia


que deben guardar en el camino de esta vida.
( b ) San Gerónimo por peccatum multum entien­
de el pecado original. Otros creen que hablaba David
del a d u lte r io r del homicidio que cometió*
rera que escogió: i 3 reposará su alma entre bie­
nes, y sus hijos poseerán la tierra. i 4 £1 Señor ei
íirme apoyo de los que le temen , y á ellos revela
sus secretos ó misterios. i 5 Mis ojos están siempre
fijos en él Señor; pues él ha de sacar mis pies del
lazo. 16 Vuelve, Señar¡ hacía rní tu vista, y ten
de mí compasión; porque me veo solo y pobre.
17 Las tribulaciones de mi corazon se han multipli­
cado: líbrame de mis congojas. 18 Mira mi humi­
llación y mi trabajo,y perdona todos mis pecados.
Repara en mis enemigos cómo se han multipli­
cado Ty cuan injusto es el odio con que me abor­
recen. 20 Guarda mi alma , y líbrame : nunca quede
yo sonrojado, habiendo puesto en tí mi esperanza.
21 Los inocentes y justos se han unido conm igo,
porque yo esperé en tí. 22 ¡ Oh Dios mió ! libra á
Israel de todas sus tribulaciones.

'Gaiútülo III. de S. Mateo .


1 En aquella temporada se dejó ver Juan Bautista
predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo :
Haced penitencia, porque está cerca el Reino de
los cielos, 3 Este es aquel ele quien se dijo por el
profeta Isaías : E s la voz del que clama en el de­
sierto diciendo : Preparad el camino del Señor : ha­
ced derechas sus sendas. 4 Traía Juan un vestido
de pelos de camello y un cinto de cuero á sus
lomos, y la comida suya eran langostas y miel silves­
tre. 5 Iban pues á encontrarle gentes de Jerusal^n
y de toda la Judea, y de toda la ribera del Jordán;
6 y recibían de él el bautismo en el Jordán , con­
fesando sus pecados. 7 Pero como viese venir á su
bautismo muchos de los Fariseos y Sadueeos ? di-
joles : j Oh raza de víboras ! ¿ quién os ha enseñado
que con solas fas exterioridades podéis huir de la
ira que os amenaza ? 8 Haced pues frutos dignos
de penitencia, 9 y dejaos de decir interiormente :
Tenernos por Padre á Abraan; porque yo os digo
que poderoso es Dios para hacer que nazcan de es­
tas mismas piedras hijos á Abraan. 10 Mirad que
ya la segur está aplicada á la raiz de los árboles; y
todo árbol que no produce buen fruto será corta-
do y echado al fuego. 11 Yo á la verdad os bauti­
zo con agua para moveros á la penitencia; pero el
que ha de venir despues de mí es mas poderoso
que yo, y no soy yo digno siquiera de llevarle las
sandalias: él es quien ha de bautizaros en el Es-
píritu Santo y en el fuego. 12 El tiene en sus ma­
nos el bieldo, y limpiará perfectamente su era ; y su
trigo le meterá en el granero , mas las pajas que-
marálas en nn fuego inextinguible.— i 3 Por este
tiempo vino Jesús de Galilea al Joi'dan en busca
de Juan para ser de él bautizado. i 4 Juan empero
se resistía á e llo , diciendo : ¡ Yo dtbo ser bautiza­
do de t í , y tú vienes á mí! :5 A lo cual respon­
dió Jesús, diciendo: Déjame hacer ahora ; que asi
es como conviene que nosotros cumplamos toda
justicia, Juan entonces condescendía con él.
16 Bautizado pues Jesús, al instante que salió del
aguase le abrieron los cielos , y vio bajar al Espí­
ritu de DiosLen forma de paloma, y posar sobre él*
17 Y oyóáe una voz del cielo que decia : Este es
mi querido H ijo, en quien tengo puesta toda mi
complacencia,

P A R A L A TARD E*

V irtud : L a humildad.

Aunque todas nuestras potencias no son capaces


por sí de apaciguar la justicia de D ios, con todo
no es posible que la humildad deje de desarmarla*
No seguramente. Por justa que sea la cólera de
Dios 7 por irritada que esté contra la insolencia del
pecador, jamás resiste á la humildad,verdadera.
Resiste al orgulloso por mas que esté lleno de
buenas obras; pero cede al humilde aunque abru­
mado de iniquidades. Sin la humildad ni las bue­
nas obras de los justos, ni las austeridades de los
penitentes son del agrado de Dios ; ni ló fuera la
misma inocencia bautismal, si pudiese subsistir con
el orgullo* La humildad por sí sola suple por todo,
lo repara to d o, todo lo alcanza de la Bondad di­
vina. f¡ N o has visto á Acab humillado delante de
m i? decia Dios al profeta Elias ( i 33). Pues por­
que se ha humillado en mi presencia , yo no casti­
gará su casa mientras el viva. Y es de notar que
Acab era un enemigo del culto de Dios , un idóla­
tra, Tin .opresor de los pobres, un perseguidor y
asesino de los profetas, un hombre del todo: vert-
dido al pecado, ..
Pongámonos pues con frecuencia á los piés de
Jesucristo á imitación de la pobre Can anea ( i 34 )T
como débiles cachorrillos indignos de que Dios nos
eche una mirada ; y al contrario sobrado dignos de
que nos arroje de sí y nos prive de todas sus mi­
sericordias : pongámonos, con to d o , á sus piés
llenos de confianza, fundándola sobre los méri tos
de nuestro Salvador. Entremos en la casa de Dios
con la disposición de aquel humilde publicano {» 35),
grande en humildad, que se queda muy léjos, ni osa
levantar los ojos al rielo , hiere su pecho con vivo
dolor de sus pecados, y ocupado únicamente en la
vista de sus propias miserias, no piensa sino en atraer
con sus gemidos la misericordia de Dios. Derrame­
mos como la Magdalena sobre los piés de Jesucris­
to el agua de nuestras lágrimas, y sobre los pobres^
á quienes aquellos piés sagrados nos representan ,
abundantes limosnas; y dejando qne los hombres
nos condenen 7 suframos la confusion de nuestrps
pecados como la pecadora. No tengamos dificultad
en ponernos en él lugar del buen ladrón, el cual
no teniendo mas que un instante de vida j le apro­
vecha reconociendo al Salvador , y abandonándose
á su misericordia con una fe la mas viva y humil­
de. En la Escritura se da muchas veces á la peni­
tencia el nombre de humildad, porque ésta es la
principal parte ; es como el alma, la virtud y el
fondo de la penitencia. La cual no es otra cosa,
según la definición de Tertuliano ( i 36), «que el ar-
« te de humillar al hombre, y de ponerle con la
« humillación en estado de atraer sobre sí la mise-
« ri cor di a de Dios >».
Justo es pues que trabajemos en esto antes que
venga nuestro Juez, ó «antes de que hayamos de
comparecer en su presencia. Y para esto debemos
pedir á Dios con el mayor conato la gracia de co­
nocer bien que nada somos, por dos respectos ; á
saber, como criaturas y como pecadores, sin per­
der jamás de vista esta doble indignidad nuestra :
y pedirle además la gracia de tener siempre delante
de nuestros ojos, para que nos sirva de modelo , el
aniquilamiento y las humillaciones incomprensibles
del Hijo de D io s, nuestro amantísimo Salvador. La
humildad de Jesucristo es el remedio de nuestro
orgullo : y ella ha de ser también el modelo y el
maestro de nuestra humildad. Aprendamos pues
del Señor ( 1 3 7 ) á ser mansos y humildes de co­
razon. ; a despreciarnos á nosotros mismos, y á no
despreciar ninguna persona; á despreciar el honor
y la gloria del mundo ; y á despreciar el mismo
desprecio y esto es, á no hacer caso ni admirarnos
de que nos desprecien, de que nos murmuren,
de que nos calumnien, de que juzguen mal de no­
sotros j de que nos traten mal etc. Consideremos
que esto es lo que merece un pecador que ha des­
preciado á Dios : que es un remedio y un preser­
vativo contra el orgullo y la presunción, y un
medio que Dios nos pone en las manos para que
expiemos nuestros pecados , á fin de prepararnos
para la gloria eterna. Consideremos que esta gloria
172 FELICIDAD DE LA MUIRTE CRIST.

no puede merecerla el cristiano sino por las sendas


de la humillación : pues que su Cabeza y su Salva­
dor no mereció su propia gloria , sino humillán­
dose de un modo muy superior á cuanto se puede
imaginar ( i 3 8 ).

CONCLUSION.

Exam en. Humillación. Oracion. Rezar el sal­


mo 122, Ad te leva-vi oculos meos etc. ; y el sal­
mo i 3o. Domine non est exaltatum cor meum etc.
Leer el capítulo ío, de la Epístola á los Hebreos.

S a lm o CXXII. A d te lettavi oculos meos etc .


i A tí, ó Señor, que habitas en los cielos, levanté
mis ojos, a Como los ojos de los siervos están mi­
rando siempre las manos ó insinuaciones de sus
amos : como la esclava tiene lijos sus ojos en las
manos de su señora j así nuestros ojos están cla­
vados en el Señor Dios nuestro, para moverle á
que se apiade de nosotros. 3 Apiádate 7 Señor , ten
misericordia de nosotros, porque estamos muy
hartos; de oprobios: 4 llena de ellos está nuestra
alma, hecha la mofa de los ricos, y el escarnio de
los soberbios.

S a lm o CXXX. Domine non est exaltatum etc,


i O Señor, no se ha engreído mi corazon , ni
mis ojos se han mostrado altivos. No he aspirado
á cosas grandes, ni á cosas elevadas sobre mi ca­
pacidad. i Si yo no he sentido bajamente de mí ,
sino que al contrario se ha ensoberbecido mi áni­
mo ; como el niño recien destetado está penando
f ri los brazos de su madre , tal sea la pena dentro
de mi corazon. 3 Espere Israel en el S e ñ o r, desde
ahora y por siempre jamás.

Capítulo X. de de la Carta á los Hebreos.


1 Porque no teniendo la Ley mas que la som­
bra de los bienes futuros, y no la realidad misma
de las cosas (a ), no puede jamás por medio de las
mismas víctimas, que no cesan de ofrecerse todos
los años, hacer justos y perfectos á los que se
acercan a l a lta r , y sacrifican . 2 De otra manera
hubieran cesado ya de ofrecerlas; pues que los sa­
crificad ores, purificados una ve z, no tendrían ya
remordimiento de pecado. 3 Con todo eso, todos
los años al ofrecerlas, se hace conmemoracion de
los pecados: 4 porque es de suyo imposible que
con sangre de toros y de machos de cabrío se qui­
ten los pecados ( b ). 5 Por eso el Hijo de Dios al
entrar en el mundo dice á su eterno P a d r e : Tú
no has querido sacrificio, ni ofrenda; mas á mí
me has apropiado un cuerpo mortal ( c ) : 6 holo-

( a ) Como tiene la Ley evangélica los misterios


y dones de la g ra c ia , con que nos da ya en 'vida
como un principio de la felicidad eterna, — (¿) Ser­
vían únicamente aquellos sacrificios para excitar
la f e en Cristo, al cual figuraban j y con cuya f e
se justificaban los pecadores. — ( c ) Para que sea
eaustos por el pecado no te han agradado. 7 En­
tonces dije: líeme aquí que vengo, según está
escrito de mí al principio del Libro ó Escritura Sa­
grada {íl)ypara cumplir, ó Dios, tu voluntad. 8 A ho­
ra bien , diciendo: Tú no has querido , ni han si­
do de tu agrado los sacrificios, las ofrendas y ho­
locaustos por el 'pecado, cosas todas que se ofre­
cen según la Ley ¿ 9 y añadiendo : líem e aquí que
vengo, ó mi D io s, para hacer tn voluntad: claro
está que abolió estos últimos sacrificios , para es­
tablecer otro , que es el de su cuerpo. 10 Por esta
Voluntad pues (0) somos santificados por la obla­
ción del cuerpo de Jesucristo, hecha una ve£ sola.
11 Y a s í, en lugar de que todo sacerdote de la an­
tigua Ley se presenta cada dia por mañana y tar­
de á ejercer su ministerio, y á ofrecer muchas ve­
ces las mismas víctimas* las cuales no pueden jamás
quitar los pecados¿ 12 este nuestro Pontífice , des-
pues de ofrecida una sola hostia por los pecados,
está sentado para siempre á la diestra de D io s, i 3
aguardando entretanto lo que resta, es á saber t
que sus enemigos sean puestos, a l fin del mundo ,
por estrado de sus piés. i 4 Porque con una sola
ofrenda h ilo perfectos para siempre á los que ha
santificado. i 5 Eso mismo tíos testifica el Espíritu

'victima digna de tu infinita Magéstad. (d) D e l li­


bro de la Ley y de los Profetas , cuyo objeto ó princi-
pió y fin soy Yo. — ( e ) D e l eterno Padre cumpla
da p o r Jesucristo,
Santo. 'Porque despues de haber dicho : 16 Hé
aquí la alianza que yo asentare con ellos, dice el
Señor; Despues de aquellos dias, imprimiré mis
leyes en sus corazones , y las escribiré sobre sus
almas; 17 añúde en seguida : y ya nunca jamás
me ¡acordaré de sus pecados, ni de sus maldades*
18 Guando quedan pues perdonados los pecados,
ya no es menester oblacion por el pecado.
19 Esto supuesto , hermanos, teniendo la firy
me esperanza de entrar en el Sancta-Sanctorum,
ó Santuario del cielo por Ja sangre de C risto, 20
con la cual nos abrió camino nuevo y de vida p a ­
ta entrar por el velo ( / ) , esto es por su carne (g),
21 teniendo asimismo al gran sacerdote Jesucris­
to constituido sobre la casa de Dios ó la Iglesia:
22 lleguémonos d él con sincero corazon , con
plena fe , purificados los corazones de las inmundi­
cias de la mala conciencia (A), lavados en el cuerpo
con el agua limpia del bautismo : 23 mantengamos
inconcusa la esperanza ( i ) que hemos confesado
( que fiel es quien hizo la promesa) ; 24 y ponga-

( f ) Por el velo de delante del Tabernáculo }-


qué él disidió y apartó.— ( g ) Por su camie divi­
dida y sacrificada ; la cual recibida en la Eucaris­
tía , ó espiritualmente por medio dé la f e , es la que
nos conduce á la vida eterna. j— ( k ) P or medio
de la aspersión de la sangre de Cristo . — ( i ) De
los bienes eternos} que hemts confesado tener a í
recibir él bautismo.
uios los ojos los unos en los otros para incentivo
de caridad y de buenas obras ; 25 no desamparando
nuestra congregación , ó asamblea, de los fie les ,
como es eos Lumbre de algunos (jf), sino antes bien
alentándonos mutuamente, y tunto mas , cuanto
mas vecino viereis el dia ( k ). 26 Porque si peca­
mos á subiendas, después de haber reconocido la
verdad 5 ya no nos queda hostia que ofrecer por
los pecados ( /), 27 sino antes bien una horrenda
expectación del ju icio , y el fuego abrasador que
ha de devorar á los enemigos de D ígs. 28 Uno que
prevarique contra la Ley de Moysés y se haga idó­
latra , siéndole probado con dos ó tres testigos, es
condenado, sin remisión , á muerte. 29 Pues ahoraf
cuanto mas acerbos suplicios, si lo pensáis, mere­
cerá aquel que hollare al Hijo de D io s, y tuviere
por -vil é inmunda la sangre Divina del Testamento
por la cual fué santificado , y ultrajare al Espíritu
S a n to , autor de la gracia que recibió en el bau­
tismo P 3o Pues bien conocemos quien es el que
dijo : A mí está reservada la venganza ; y yo
soy el que la ha de tomar. Y también : El Se­
ñor ha de juzgar á su pueblo. 3 i Horrenda cosa
es p o r cierto caer en manos del Dios vivo ( m )

(y ) Q ue P or temor á orgullo abandonan la f e .


(/t) E l dia del juicio, que comenzará en la muerte
de cada uno. — .( / ) Puesto que hemos abandonado
d Jesucristo, única 'victimapara expiarlos. — No
ya como Padre misericordioso, sino como Juez in-
3a Traed á la memoria aquellos primeros días de
vuestra conversión , cuando despues de haber sido
iluminados ( n ) , sufristeis con -valor admirable un
gran combate de persecuciones : 33 por un lado
habiendo servido de espectáculo al m undo , por
las injurias y malos tratamientos que habéis recibi­
do ; y por otro tomando parte en las penas de los
que sufrían semejantes indignidades. 34 Porque os
compadecisteis de los que estaban entre cadenas 7
de mi’y preso por Jesucristo ; y llevasteis con alegría
la rapiña de vuestros bienes , considerando que te ­
níais en el cielo , y dentro de 'vuestro mismo cora -
5o/iun patrimonio mas excelente y duradero. 35 No
queráis pues malograr vuestra confianza ( ñ ) , la
cual recibirá un grande galardón: 36 porque os es
necesaria la paciencia, para que-haciendo la volun­
tad de Dios obtengáis la promesa (o ). 37 Pues
dentro de un brevísimo tiempo , dice D io s , vendrá
aquel que ha de venir, y no tardará (p ). 38 En­
tretanto el justo m ío, añade el Señ or , vivirá por
la fe animada de la caridad ; pero si desertare,
no será agradable , sino aborrecible á mi alma.
39 Mas nosotros, hermanos, no somos délos hijos

exorable. — ( n ) C&n ki gracia y f e bautismal.


(ft) .Adquirida, con tanto# trabajos ; mas sed cons­
tantes hasta el fin. — ( o ) L a promesa hecha á los
que perseveran. Bien que no tendréis que esperar
mucho. — (p ) Pues todos ¿os años que han de me­
diar son un momento respecto de la eternidad.
q u e desiertan de la fe para perd erse, sino tle los fie­
les y constantes para pon er en salvo el a lm a , y
asegurarle la eterna gloria .

DIA SEPTIMO.

E l cristiano debe desear la muerte como hijo de


A dán para no ofender mas á Dios .

Et he nos indü cas xn t e n t a t io n e m . — Y no nos


dejos caer en la tentaeion.

A unque seamos hijos de D i o s , m iem bros de Je­


su cristo , anim ados con su es p ír itu , y justificados
p o r su gracia - no p o r eso dejam os de ser hijos de
Adán. E n to d o el tiem po de esta vid a llevam os la
im agen del h o m b re terreno , y sentim os sus in cli­
n aciones en el fo n d o de nuestro corazon. Y si el
h o m b re in terio r está ren ovad o en parte y es parti­
cipan te de la ad o pcio n D iv in a , el h om b re exterior
perm anece c o r r o m p id o , y en la decrepitez y d ebi­
lidad co rresp on d ien te á su prim er origen. E s un
en em igo qu e alim entam os dentro de nosotros mis­
m os , y que está siem pre p ron to á darnos algún
g o lp e m ortal. Es u n v en en o d epositad o en nuestro
corazon, y que pu ed e sofocarn os en cualquier ins-
tan te de la vida. Es un manantial tU pecado y un
fondo de corrupción, de] cual se forman continua­
mente mil pensamientos, mil deseos indeliberados,
mil desarreglados movimientos, mil tentaciones ver­
gonzosas que se levantan contra el espíritu, y le
presentan duros combates , de que no puede salir
bien sino por milagro, esto es,por un auxilio sobre­
natural que no se le debe.
Aunque el Espíritu Santo no nos hubiese dicho
que la vida presente es una tentación ó combate
continuo ( 1 3 9 ), ¿ podríamos tener en ello la me­
nor duda ? ¿ Hay alguno que por su propia expe­
riencia no esté convencido de que no tiene que
esperar en esta vida paz ni tregua, ni con el mun­
do , ni con el dem onio> ni con nosotros mismos
que somos nuestro mas peligroso enemigo P ¿ Y se­
rá posible pensar en tan peligrosa y formidable
situación, sin quedar poseídos de un mortal so­
bresalto ? ¿ Será posible acordarse sin espauto de la
funesta experiencia que tantas veces se ha tenido
de la flaqueza humana i y de las heridas recibidas
en la cruel guerra entre la carne y el espíritu ?
¿ Será posible no desear libertarse cuanto ántes de
ese ángel de Satanás, y de esa sujeción á la con­
cupiscencia de la carne, y no suspirar con firme
esperanza por el efecto de la adopcion Divina con
que quedará perfectamente redimida nuestra alma y
bien sometidos á ella nuestros cuerpos? ¿Será posible
dejar de suspirar por lo que gemian y suspiraban
i8 o rr.i.icinA .fv djí i ,a m u e i í t e c k i s t .

tantas veces aquellos mismos que habían recibido


las primicias <lel espíritu apostólico ?
Ya pues que , como dice S. Agustin ( i 4o ) , es
un principio de felicidad el exacto conocimiento
de la propia miseria, pidamos á Dios la gracia de
conocer bien cuan miserable es nuestro estado ac­
tual : de conocer siempre mas y mas el peligro de
perder la vida eterna, en qu<^ estamos en cualquier
momento de la presente. Porque parece que la ma­
yor parte de los hombres están adormecidos sobre'
este particular. La con fusión y el tumulto de las
criaturas que absorven la atención de los hijos de
Adán y los tienen como encantados y hechizados,
no les deja pecíbir lo que pasa dentro de ellos
mismos , esto e s , en su cuerpo y en su corazon.
El Espíritu Santo comprendió todas las tenta­
ciones de esta vida en la concupiscencia de la car­
ne j en la concupiscencia de los ojos} y en la so-
bci'bta ú orgullo de la vida : esto es , en Jos pla­
ceres de los sentidos, en la curiosidad del espíritu,
y en el orgullo del corazón ( i4 T)f

Consideración J.

Si con los mayores Santos reflexionamos sóbrelas


tentaciones que nos vienen de nuestro cuerpo y por
ios sentidos, ¡cuantos y cuan grandes peligros vere­
mos en ellos! ¡ y con cuanta violencia acometen y ha­
cen penar á los buenos cristianos ! ¡ Qué combates no
tenemos que sufrir en todos tiempos contra nues­
tros ojo&! No hablo ahora de aquellos que se han
abandonado á los crímenes , y cuyos ojos, como
dice S« Pedro ( i 43) ? están siempre llenos de adul­
terio, y de un pecado que no cesa jamás. Hablo de
aquellas almas que , como el mismo Apóstol
dice del justo L o t, prohíben á sus ojos y á sus
oídos , en cuanto pueden, todo lo que es contra­
rio d la santidad : conservaba puros sus ojos y oídos
( i 43). ¡ Cuan dura es la persecución que padecen, co­
mo aquel justo, por las abominaciones de que e¿íá
lleno el mundo ! Además ¿ no estamos nosotros obli­
gados a velar incesantemente sobre nuestros ojos ,
siendo como son á veces unos ladrón es domésticos y
traidores , que abren la puerta de nuestra alma pa­
ra entregarla á sus enemigos? ¿N o debemos com­
batir todos los dias en nosotros mismos contra ei
placer necesario é inseparable de la comida y be­
bida , por miedo de que no nos lleve mas allá dei
justo límite , y de que esta necesidad no pase á ser
deleite excesivo y culpable ? En efecto la concu­
piscencia nos para continuamente lazos en el trán­
sito de la hambre á la saciedad * y al apoyo de la
incertidumbre en que estamos de si la necesidad
lo pide 7 ó si solo nos mueve el placer del gusto,
se halla muchas veces el alma vencida y herida por
e'l deleite sensual.
No me detengo en indicar por menor todas las
maneras con que el pecado entra en nosotros por
los oídos , y como por ellos se introducen insen­
siblemente en nuestro corazon todas las pasiones
de los demás, causando en él un estrago lerri-
ble. Paso en silencio los pecados del olfato, cuya
tentación es tal vez la mas débil y menos peligro­
sa, Pero ¿quién podrá defenderse de las tentaciones
de la lengua ? ¿ de esa parte del cuerpo tan pequeñar
y que causa desórdenes tan grandes ? El apóstol
Santiago (*44) n<>tiene reparo en compararla á una
chispa de fuego que causa el incendio de bosques
enteros: la llama un mundo entero de iniquidades y
y mal inquieto y rebelde; dice que está llena de
un veneno mortal que inficiona todo el cuerpo :
que estando ella inflamada con un fuego infernal
inflama todo el círculo ó curso de nuestra vida ; y
que el hombre que es capaz de domar las bestias
mas fieras, no puede domar su propia lengua.
¿Q uién no se estremece á vista de tan inminente
peligro P ¿ Y quién será tan presuntuoso que ste
imagine ser aquel varón perfecto que no ha p eca ­
do con su lengua P
Tanto ó mas terrible es aquella otra especie de
tentación que hacia temblar á los mismos Apósto­
le s^ que obligó á S. Pablo ( i 45), á aquel varón deí
todo celestial, á reconocerse hombre carnal, y como
vendido al pecado: y á lamentarse «de que no ha­
ce el bien que quiere, sino el mal que aborrece :
que nada hay de bueno en é l , esto es en su carne :
que dentro de él reside el mal hábito del pecado y
siente una ley que combate la de su espíritu , y le
tiene cautivo bajo la ley del pecado », Cuando ade­
más de esto se hace reflexión sobre las funestas
caídas de un sin húmero de personas que parecíen-
do invencibles por las tentaciones de esta especie y
han tenido la desgracia de sucumbir á ellas, ¿ có­
mo será posible estar tranquilo durante la vida pre­
sente T en la cual jamás puede haber seguridad en
esta parte ?
Este peligro y el conocimiento de tan vergonzosa
experiencia obligaba al Apóstol ( i 4 6 ) á castigar
su cuerpo y á tratarle como esclavo por temor de
merecer la reprobación , y á exclamarse entre sus­
piros y lágrimas i / Infeliz de m í / ¿quién me libra­
rá de este cuerpo de muerte P Es cierto que la gra­
cia de Dios , que se nos da por Jesucristo nos libra
de sus ataques: pero durante esta vida no nos li­
bra de este mismo cuerpa de muerte y de pe­
cado. Solo la muerte nos librará de él comple­
tamente ; y si nosotros no deseamos ni pedimos
con el Apóstol ( 1 4 7 ) esta libertad , será tal
vez porque nos acostumbramos y familiarizamos
demasiado con este cuerpo de muerte ó mortí­
fera concupiscencia ; y porque no conocemos
bastante el peligro en que estamos y estaremos
miéntras durará la yida presente.
¿ Guando llegará ¡ oh Dios mió ! el dia en que
mis ojos se cierren á la luz corporal, y á todos los
objetos sensibles que esparcen por mi vida una dul­
zura desgraciada y tan peligrosos atractivos P ¿Cuán­
do llegaré á no tener ojos sino para veros á Vos
ó Luz verdadera y eterna , que sois mi único bien ?
¿Guando no tendré oídos sino para oir vuestra voz,
ni lengua sino para alabaros, ni gusto sino en la
Verdad eterna ? ¿ Cuando respiraré solo para Vos,
y percibirá solo el suavísimo é incomparable olor
de vuestros perfumes? ¿Cuando dejaré de verme
despedazado por la cruel guerra de las pasiones
que combaten en mi carne ?
Desprended, ó Señor, á mi alma de tos lazos de
la concupiscencia, y acabad con esta guerra, absor-
viendo mi mortalidad en vuestra inmortalidad , á
fin de que mis sentidos interiores y exteriores go~
zen en Vos de una plena y deliciosísima paz.

Consideración II.

A esta primera especie de tentación se junta otra


muy diferente, que de todas maneras es mas peli­
grosa, como dice S. Agustín ( i 48 ). Pues á mas
de la concupiscencia de la carne que se baila en
todos los placeres de los sentidos, y de aquellos
deleites que arrastran con tanta vehemencia el co­
razon de los hom bres, hay en el alma una pasión
vo lá til, indiscreta y curiosa, que cubriéndose con;
el nombre de ciencia y de conocim iento, la indu­
ce á servirse de los sentidos, no ya para deleitarse
en la carne , sino para hacer experiencias y adqui­
rir conocimientos terrenos ó sensuales. No preten­
do hablar solamente de aquellas ciencias malhada­
das , curiosidades sacrilegas y artes mágicas abo-
minables, en que tal vez son muy pocas las perso­
nas que toman parte. Tampoco hablp del deseo
desarreglado de saber los secretos de D ios, y de
penetrar sus m isterio sd ejan d o correr con dema­
siada libertad al propio espíritu. Pero á mas de es­
tos excesos ¿ cuantos cristianos h a y , cuya vida se
emplea en dar pábulo á la pasión de la curiosidad ,
en nnos aplicándose continuamente á indagar los se­
cretos de la naturaleza , en otros por un vano de­
seo de conocer la vida de sus prójimos ? y algunos
alimentándose con noticias inútiles, con ]ecturas
vanas y peligrosas, con espectáculos profanos y
con otras curiosidades semejantes P ¿ Y quien deja
de experimentar con cuanta frecuencia y ligereza
por cosas de no nada nos vemos todos los dias
tentados por la curiosidad y vencidos de ella P
¿ Con cuanta facilidad y gusto oímos y nos ocupa­
mos en cuentos frívolos, y llenamos de fantasmas
nuestro espíritu, de suerte que se halla disipado y
como dividido entre mil cosas P De ahí nace que
comparecemos en la presencia de Dios de un modo
indigno del S eñ o r, y nuestras oraciones están
siempre perturbadas é interrumpidas con imagina­
ciones vanas, locas y ridiculas, que á tropel se nos
vienen al entendimiento.’ Toda nuestra vida está
llena de tales extravagancias ; y si no nos causan
mucha pena, señal es que no sabemos aun bien
qué cosa es hacer oracion á Dios , ni cuanto pade­
cen las almas santas cuando experimentan que no
pueden ocuparse en D io s, y rendirle los debidos
homenages sin que su espíritu y su imaginación ,
casi á pesar suyo , sean arrastrados lejos del Señor.
En esta situación .no.s hallamos, y no&-hallaré-*
mos siempre en este mundo. Y para amar semejan­
te estado, y no desear salir de él, preciso es que
sea rnuy débil nuestra fe. Si deseamos satisfacer
nuestra curiosidad, empleémosla en algo que sea
digno de llenar nuestra alma. Aspiremos á conten­
tar no los ojos de nuestro cuerpo con la vista de
la vanidad, sino los de nuestro corazon con la
contemplación de la Verdad eterna. Ni los oídos
quedan satisfechos con sonidos agradables > ni los
ojos con espectáculos alegres : solo allá en el cielo
se nos ha preparado un espectáculo que llenará nues­
tra alma, y la dejará plenamente saciada. Ver al Corde­
ro de Dios que con su sangre venció al león que inten­
taba devorarnos, y qu e le mató con su propia muerte:
ver á todos los miembros de este Cordero arranca­
dos victoriosamente de la gola del león, y despues
añadidos y unidos al cuerpo místico de Jesucristo;
contemplar á esta Cabeza y á sus miembros adoran­
do á Dios eternamente: ver al mismo Dios en su
magestad y en su gloria ; estos son los espectáculos
propios de los cristianos : esto sí que es digno de-
su curiosidad , y debe inspirarles gran disgus-
to de las cosas terrenas y de la vida presente, y
hacerles desear aquella vida en que se verán libres
de toda concupiscencia de los ojos y del espíritu.

Consideración IIL

Mas el origen de todas las tentaciones, la semi­


lla de todas las enfermedades del hom bre, y el ve­
neno mas sutil y que durante nuestra vida lleva­
mos en el fondo de nuestras entrañas, es el orgu­
llo : el primer origen de todo pecado es i a so­
berbia ? dice el Espíritu Santo ( Es una en­
fermedad tan arraigada en el corazon de los
hijos de Adán, y de tan difícil curación ; y es una
tentación tan violenta y tan mortífera, que Jesucris­
to que vino al mundo para curarnos de esta llaga,
dejó atormentar á S. Pablo eon aquellas tentacio­
nes vergonzosas y humillantes de que el Santo ( i 5o)
se quejaba con frecuencia, solo para preservarle de
sucumbir á la del orgullo y de la vanidad. Es ade­
más una llaga tan escondida, que muchas veces
cuanto mas se empeora tanto menos se conoce,
porque regularmente cubre el corazon de espesas
tinieblas. Así S, Pablo, hablando de muchos sober­
bios filósofos , dice que su corazon insensato se
llenó de tinieblas ( i 5i ).
En cuanto á las otras dos especies de corrupción
ó de concupiscencia , hay algunos medios para
conocer si es mucho ó poco lo que estamos domi­
nados de ellas: mas en cuanto á la pasión del orgullo
casi no hay medio para conocerlo. Ella es la mas re­
belde á todo remedio; porque es la mas opuesta á
Dios, y la mas indigna de su gracia: es la mas ruinosa
y la mas perjudicial; porque arruina é inutiliza to­
das las demas virtudes , y todas las obras buenas
sin exceptuar siquiera el martirio : es, en fin, la mas
sutil y la mas engañosa; porque el nacimiento ó
principio de las demás pasiones p or lo común es
vergonzoso, y por sí mismo inspira miedo u hor­
ror; al paso que el orgullo nace también de la vir­
tud, y de la victoria sobre todos los vicios. Cuanto
mas alabanzas merece un hom bre,, tanto mas mo­
tivo tiene de temer el orgullo. Herido está y vencido
desde el punto que las recibe con gusto : y si repe­
liéndolas con un generoso desprecio, queda al pa­
recer victorioso, y triunfa de las alabanzas y del or­
gullo ; su mismo triunfo 3 si no va con cuidado ,
hace revivir al enemigo , el cual por su turno que
da triunfante y puede decir : E cce vivo, ¿quid trium
pkas ? et ideo vivo, quia triumphas.
¡ Oh Dios m ió ! y en cuan infeliz estado se halla
el hombre en la vida presente ! ¿ Merece el nom­
bre de vida el estar en todos los instantes en inm i­
nente peligro de perder la vida verdadera ? En
efecto no se está con seguridad ni en un claustro
ni en el fondo de un desierto, ni en medio de las
mayores austeridades, de toda suerte de obras
buenas, y de las mas heroicas virtudes, ni dando
todos los bienes á los pobres , ni aun entregando
el cuerpo al martirio: porque el orgullo que se in­
troduce como una sierpe, y se esconde bajo aque­
llas flores de tan buen o lo r, y bajo de la misma
humildad, puede en un instante darnos una pica­
dura mortal, y hacernos perder con la vida el fruto,
de todos nuestros trabajos y de todas nues­
tras virtudes. Luego es muy ciego é insensato
aquel que tiene pena en seguir la voz de Dios
cuando le llama para librarle de todo-s estos temó-
res, y apartarle siempre de todas las tentaciones de
esta vida infeliz.
Concluyamos, pues, que para quien tiene una
viva fe } no hay cosa mas digna de desearse que la
m uerte; y que es incomprensible cómo puede jun­
tarse el conocimiento cierto é indudable que la fe
nos d a , y la experiencia nos confirma, de las mi­
serias de esta vida, y del peligro en que estamos
por el combate continuo entre el espíritu y la car­
ne, con ese asombroso amor y apego á la vida, y ese
temor excesivo de la muerte que tanto nos do­
mina , como si temiésemos llegar demasiado pres­
to al puerto, y hallarnos sobrado pronto en lugar
seguro.
Padre nuestro que estáis en los ciclos , y que
veis nuestros combates y nuestros peligros sobre
la tierra, no jws abandonéis por mas tiempo d la
tentación : llevadnos á V o s, y ponednos á cubier­
to de todo peligro en ese vuestro seno adorable
que abrís para vuestros hijos , y en el cual los ten­
dréis escondidos por toda la eternidad.

PARA LA M AÑANA.

V irtud : E l odio dei pecado.

No hay verdadera penitencia sin el odio del pe-


cado; y este odio debe ser sumo , supremo ó so­
berano. Porque cuan amable es Dios, tan digno de
odio es el pecado , que es su enemigo. El mismo
Dios le aborrece sumamente ó soberanamente, por­
que es la Bondad suma ó soberana. Y esto basta
para inspirar una aversión mortal contra el pecado
al alma que quiere agradar á Dios , y que se inte­
resa de veras en las cosas de Dios. Para conocer
bien hasta donde llega el odio que tiene Dios
al pecado, consideremos lo que hizo para casti­
garle 7 para destruirle y para prepararnos un re­
medio y un preservativo contra tal veneno.
I o (i Como le ha castigado? En los ángeles un so*
lo pecado lo fue de un modo tan espantoso, que
la mas noble de las criaturas de Dios pasó á ser el
monstruo mas disforme y mas horrendo de todos:
y seis mil arios de tormentos por este solo pecado
no son todavía mas que el principio de unos dolo­
res que comenzarán siempre y nunca jamás acaba­
rán. Un pecado de Adán que parece tan ligero , y
de que hizo nuevecientos años de penitencia so­
bre la tierra , ¿ qué trastorno no ha causado en
la naturaleza ? ¡ Cuan fatales han sido las conse­
cuencias de este pecado !
2o ¿ Y cuanto ha costado á Dios el destruirle?
En vano el entendimiento del hombre se agotaría
para representar el inexplicable odio y el infinito
horror que tiene Dios al pecado. Para concebirlo
es menester ver á un Dios que se aniquila hacién­
dose hom bre, derramando su sangre ? y muriendo
en la cruzr, á fin de destruir en su cuerpo los pe­
cados de los hom bres, y reconciliar á los pecado­
res, sufriendo la muerte en lugar dé ellos. En fin t
¿ cuán horrendo mal ha de ser el pecado, cuando
no ha podido curarse sino cori la misma muerte
de nuestro Divino Médico , y no siendo capaces
cualesquiera otros remedios sino para irritarle y
agravarle ? Porque todas las gracias necesarias para
vencer en nosotros nuestras malas inclinaciones y las
tentaciones del pecado, ó para recibir el perdón , to­
das son efecto de la pasión y muerte del Hijo de Dios.
Amas de que si miramos como cosa de poca impor­
tancia el ofender á Dios , si no reputamos esta
por la mayor de nuestras desdichas, preciso es que
seamos insensibles á la gloria que nos tiene prepa­
rada , y á nuestros propios males ■y que seamos
culpables de la mas fea y abominable ingratitud, si
no evitamos todo pecado con todas nuestras fuer-
xas, y si no le detestamos con sumo odio á impulsos
del amor de Dios.
Pero solo podremos discernir si huimos del peca­
do por amor de D ios, ó por temor del infierno ,
cuando procuremos evitar con todo el cuidado posi­
ble hasta los pecados mas ligeros. Porque el temor de
los suplicios eternos suele contribuir mucho á que
huyamos de aquellos pecados, que matando al al­
ma de un solo golpe la hacen digna de la muerte
eterna: en lugar de que el alma que procura evitar
con gran cuidado las menores faltas y todo lo que
desagrada á Dios, no obstante que sabe que por
las pequeñas faltas no la ha de condenar; esa alma
sí que puede tener el consuelo de creer que ama
de veras á D ios, y que este amor es el que la ha­
ce evitar y aborrecer todo pecado.
CONCLUSION.

Examinarse sobre el odio del pecado} y sobre e l


¡nativo que nos le hace aborrecer, y si este es el
amor de Dios, Humillación. Oracion. Rezar el
salmo 5. Verba mea auribus percipe e tc.; y el sal­
mo 12, Usquequó Domine etc. Leer el cap. 8. deS.
Juan desde el v. 3 i. a l 45*

S a lm o V. Verba mea auribus percipe etc .


i Presta oídos, Señor, á mis palabras: escucha
mis clamores. 2 Atiende á la voz de mis súplicas,
ó mi Rey y D io s mío. 3 Porque á tí enderezaré mi
oracion : de mañana, ó S eñ or, oirás mi voz. 4 Al
amanecer me pondré en tu presencia, y te contem­
plaré. Porque no eres tú un Dios que ame la ini­
quidad : 5 ni morará junto á tí el maligno , ni los
injustos podrán permanecer delante de tus ojos.
6 Tú aborrecerá todos los que obran la iniquidad:
tú perderás á todos aquellos que hablan mentira.
Al hombre sanguinario y fraudulento, el Señor le
abominará; 7 pero yo confiado en la muchedum­
bre de tus misericordias, entraré en tu casa; y po­
seído de tu santo temor , doblaré mis rodillas ante
tu santo templo. 8 Guíame, ó Señor, por la senda
de tu justicia ; haz que sea recto ante tus ojos mi
cam ino, por causa de mis enemigos. 9 Pues en
su boca no se halla palabra de verdad: su corazon
está lleno de vanidad y perfidia , 10 Su garganta
es un sepulcro abierto : con sus lenguas urden
tnntinnamcnte engaños. Júzgalos^, ó Dios mió.
i l ústrense sus designios, arrójalos fuera , Mj ó s de
tu presencia } como lo merecen sus muchas impie­
dades; puesto que-j ó Señor, te han irritado, n Al
contrario, alégrense todos aquellos que ponen en
ií su esperanza : se regocijarán eternamente, y tú
morarás en ellos. Y en tí se gloriarán todos los que
ainan tu santo Nombre, i.i porque tú colmarás de
bendiciones al justo. Señor, ron tu benevolencia >
como con un escudo, nos has cubierto por todos
lados:
S a l m o XII. Usquequo Domíne etc .

i ¿Hasta cuando , ó Señor, me has de tener-en


profundo olvido í* ¿ Hasta cuándo apartarás de mí
tu rostro í* 2 ¿ Cuanto tiempo andaré yo cavilando
conmigo mismo, penando mi corazon todo el dia t*
3 ¿Hasta cuando me.tiranizará mi enemigo ? 4 Vuel­
ve ? ó Señor Dios m ió , vuelve tu vista hácia n ií, y
escúchame benigno. Alumbra mis ojos, á fin dd
que no duerma yo jamás el sueíio de la muerte-:
5 no sea que alguna vez diga mi enemigo : He pre­
valecido contra él. Los que me atribulan , saltarán
de gozo si me ven vacilar. 6 Pero yo tengo puesta,
mi confianza en tu misericordia..Mi corazon salta­
rá de júbilo por la salvación que me vendrá de t í :
cantaré al Señor, bienhechor mió, y haré resonar con
himnos de alabanza el nombre del Señor Altísimol

C a p ítu lo VIII. del Em ngelio de S. Juan.


3 1 Decia pues á los judíos que creían en él : Si
i3
1^4 FUTJCIÜAn l>£ UA JÍLTIilíTE CJHIST.

perseverareis en mi doctrina, seréis verdaderamen­


te discípulos míos, 3a y conoceréis la verdad, y
la verdad os hará libres. 33 Respondiéronle e llo s:
Nosotros somos descendientes de Abraan , y jamás
hemos sido esclavos de nadie : f; cómo pues dices tú
que vendremos á ser libres? 34 Replicóles Jesús : En
verdad, en verdad os digo, que todo aquel queco-
mete pecado , es esclavo del pecado. 3Í) Es asi que
el esclavo no mora para siempre en la casa: el hijo
sí que permanece siempre en ella. 36 Luego si el
hijo os da libertad y seréis verdaderamente libres.
3 ^ Yo sé que sois hijos de Abraan; pero también
sé*que tratats de matarme, porque mi palabra ó
doctrina no halla cabida en vosotros. 38 Yo ha­
blo ló que he visto en mi Padre: vosotros hacéis
lo que habéis viáto en vuestro padre. 39 Respon­
diéronle diciendo : Nuestro padre es Abraan. Si
sois hijos de Abraan, les replicó Jesús, obrad como
Abraan. 4o Mas ahora pretendeis quitarme la vida,
siendo yo un hombre que os he dicho la verdad
( a ) que oí de Dios : no hizo eso Abraan. Vo­
sotros hacéis lo que hizo vuestro padre. Ellos Je
replicaron: Nosotros no somos de raza de fornica­
dores ó idólatras : un solo padre tenemos , que es

(a) La envidia ó el odio son la causa de que contra­


digamos á los que nos dicen Ja v erd a d ; y muchas ve­
ces cerramos los ojos d la luz, sol amonte porque nos
la presenta una persona á la cual aborrecemos ó
envidiamos. S. Aug. in Psalm.
Dios, 4a ^ cua^ ^es Jt'sus : Si Dios fuera
vuestro pudre, ciertamente me amaríais á mí-; pues
yo nací de- Dios , y he venido de parte de Dios :
que no he venido de mí mismo, sino que él me
ha enviado. 43 ¿ Porqué . pues no entendeis mi
lenguage ?.Es porque no podéis sufrir mi doctrina.
44 Vosotros sois hijos del diablo , y así quereis sa­
tisfacer los deseos de vuestro padre* El fué homi­
cida desde.el principio, r criado yWfy.no permane­
ció en la verdad ; y así no hay verdad en él. Cuan­
do dice mentira, habla como quien es * por ser de
suyo mentiroso, y padre de. la mentira. 4 5 A nií em­
pero no m eereeis, porque-os digo la verdad.

PARA LA TARDE.

V irtud : La vigilancia.

Gran cuidado se ha de poner en no olvidarse de


esta virtud, que es la que mas sirve para defender­
nos de la tentación y del pecado : virtud que el
Hijo de Dios nos ha recomendado mas expresamen­
te que las otras, por ser la mas necesaria para pre­
pararnos á una buena muerte y para el último jui­
cio. V elad y dice Jesucristo ( i 52 ) , porque no sa­
béis d que hora ha de venir vuestro Señor ; ni sa­
béis el dia ni la hora; y lo que es todavía m a s,
vendrá el Señor d la hora que menos penséis, Y
lo que os digo á vosotros, lo digo d todo el mundo.
V~dad: 'velad. Dichosos los siervos que cuando el
amo llegue los encuentre velando.
i 3-
iyf) P E M í ’. r i i A » DL í,í Mü E n r j c ciu.vr.

La virtud de la vigilancia so compone de muchas.


r \ Nuestro Señor incluye en ella todo lo qiie se nece­
sita para estar prontos a comparecer en su presencia
cuando nos d ice: E stad siempre aparejados . 2a. La
comparación que hace del momento de la venida del
Señor con el diluvio que sorprendió á los hombres
enteramente ocupados en las cosas de la vida pre­
sente , y en las acciones de la vida civ il, nos hace
ver que el Señor quiere que no pongamos todos
nuestros cuidados en la vida qué pasa, sino que
cada año r cada mes^ cada1semana y cada día, des­
tinemos algún tiempo para pensar en la vida eter­
na j en la:muerte que nos traslada á e lla / y en los
medios que Dios nos ha dado para prepararnos
á una y otra, de modo que no seamos sorprendi­
dos. 3Í!. Nos advierte también del sumo cuidado
que hemos de poner para no caer en el olvido de
la m uerte, figurada por el sueño de aquel hom­
bre que edtá durmiendo mi entras que los ladrones
asaltan su casa. Y pues que cualquiera para evitar
que le robasen no dejaría de estar velando si su­
piese la hora en que el ladrón na de venir ; justo
es que el cristiano que nó sabe á qué hora vendrá
el Señor para él, esté vigilante en todos tiempos, si
no quiere ser sorprendido.
4a. La aplicación de cada uno de nosotros á nues­
tras particulares obligaciones, eü también parte de
la vigilancia cristiana, como lo manifiesta la para-
bola del siervo fiel y prudente que se halla al íin
del cap. a4- de S, Matéo. 5a. También da el Señor
el nombre cié vigilancia al cuidado de tener la lám­
para en la mano, y de tenerla llena de aceite ; es Lo
es, según lo explica S. Gregorio Magno ( 1 53), tener
provision de obras buenas, y obras buenas que
sean puras, hechas enteramente por Dios, sin estar
corrompidas con la mezcla de la vanidad , ó de la
intención impura de agradar á los hombres ; por­
que la conclusión que saca el Señor de la parábola
de las cinco vírgenes prudentes, y de las cinco ne­
cias ó locas, es que es preciso velar , porque no
sabemos ni el día ni la hora* y que al llegar la
muerte ya no será tiempo de comenzar á obrar
bien. Todo el cap. 2 5. prueba la misma verdad.
6'a. La oracion es inseparable de la vigilancia. Por­
que si el Señor no vela sobre nosotros, y no nos
guarda con su mano omnipotente, en vano vela­
mos nosotros para guardarnos á nosotros mismos.
Y la oracion es et medio que tenemos para mover
al Señor á que veie sobre nosotros y por nosotros.
Por eso el Hijo.de Dios y sus Apóstoles han jun­
tado siempre estas dos cosas. F e ía d y orad y dijo
Jesucristo á sus discípulos la víspera de su muerte,
para no caer en la. tentación ( i 54 ). Y en S, Lucas,
despues de haber advertido á los hombres que no
dejen agravar ú ofuscar sus corazones ó entendimien­
tos con una vida regalada, y con los cuidados de es­
te mundo, temiendo que aquel dia terrible no los sor­
prenda de repente como Ja red á los pájaros, ó co~
mo un rayo, prosigue ( x55) : V eladpues, orando en
todo tiempo , á fin de merecer el evitar lodos los
males que so b reven d rán , y de com parecer con
confianza ante el Hijo del hom b re. S. Pedro p rín ­
cipe de los Apóstoles habla com o su M aestro
del ú ltim o tiem po de la vida : Por lo demás , d i­
ce { 1 56') , el fin de todas las cosas se 'vd acercan­
do : por tanto sed prudentes ; y velad en oraciones
continuas y fervorosas .— Perseverad en la oraciony
dice tam bién S. P ablo ( 1 5 ^ ) , velando en ella , y
acompañándola con acciones de gracias . — Hacien­
do en todo tiempo con espíritu y fe r v o r , dice en
otro lu gar ^ continuas oraciones y plegarias , y 've­
lando para lo mismo con todo empeño , y orando
p o r todos los santos ó fieles.
R eun ien d o pues todas estas distintas partes ? fo r­
m em os con ellas la vigilancia cristiana qu e tanto
nos encarga nuestro Señor. F ijem os en nuestro c o ­
raron aquellas tres palabras que reunió h ablan d o
de esté a su n to : v íd e te , v i g i l a t e , e t o e a te ( z 58 )-
v íd e t é : E stad alerta á lo que D ios exig e de vo­
sotros : fijad vu estra aten ción en vu estros d e­
beres: no perdáis de vista al S eñor que ha d e j u z ­
garos, y que desde ahora os está ju z g a n d o : refle­
xio n ad á m enudo sobre vo so tro s m ism o s : m editad
la L e y d e D ios en su D iv in a palabra : m irad y exa­
m inad bien vuestras acciones y los m ás o c u l­
tos m ovim ientos de vu estro co ra zo n , p revin ién ­
d oos para el exáinen qu e D ios ha de hacer d e v o ­
sotros.
v ig ila t e : Velad sobre las ocasiones d e hacer el
bien y^evitar el m a l, sobre vuestras in c lin a c io n e s,
sobre vuestras costumbres , .sobrv vuestros senti­
d o s, sobre vuestra imaginación , sobre vuestro es­
píritu, sobre vuestro corazon , sobre vuestra fa­
milia , sobre todas bis cosas , y sobre todas las
personas de que habréis de responder á Dios.
ORiTE: Orad en todo tiempo j en todo lugar y
de todas maneras, por vosotros,, por vuestros ami­
gos, y por toda la Iglesia. Es decir, que á mas de
las horas arregladas de vuestras oraciones , que se­
gún el espíritu de la Iglesia deben dividir vuestros
dias en varias partes, é interrumpir con frecuen­
cia las demas ocupaciones vuestras ; es menester
vivir siempre en espíritu de oracion, y que ten-
gais el corazon dispuesto de tal manera, que vues­
tras acciones y vuestros padecimientos , vuestras pa­
labras y vuestro silencio, vuestro reposo y vuestro
m ovim iento, todo contribuya á formar dentro de
vosotros el clamor y la plegaria de la caridad,
que es la única oracion que oye Dios.

CONCLUSION.

Exam en. Humillación. Oración . R ezar el salm o


6a. Deus Deus meus e tc.; y el 27, Ad te Domíne
clamabo etc. Leer el cap . 7°, de la Epístola á los Ro­
manos.

Salmo LXII. Deus Deus meus etc.


r ¡ Dios mío} oh mi Dios ! á tí aspiro, y me diri­
jo desde que apunta la aurora. De tí está sedienta
el alma mía : ¡ Y de cuantas maneras lo está tam-
bien este mi cuerpo ! 2 En esta tierra desierta é
intransitable y sin agua, me pongo en tu presen­
cia, como si me hallara en el Santuario, para con­
templar tu poder y la gloria tuya. .3 Mas aprecia-
ble es que mil vidas tu misericordia: por tanto se
ocuparán mis labios en tu alabanza. l\ Por eso te
bendeciré toda mi vida ? y alzare mis manos invo­
cando tu Nombre. 5 Quede mi alma bien llena de
tí) corno de un manjar pingüe y jugoso ¿ y enton­
ces con labios que rebosen de jú b ilo , te cantará
mi boca himnos de alabanza. 6 Me acordaba de tí
en mi lech o : en tí meditaba luego que amanecia •
y pues tú eres mi amparo. Y á la: sombra de tus
alas me regocijaré : 8 en pos de tí va anhelando el
alma m ia: protegido me ha tu diestra. 9 En vano
han buscado como quitarme la vid a: entrarán en
las cavernas mas profundas de la tierra r 10 entre­
gados serán á los filos de la espada * serán pasto
de las raposas. 11 Entretanto el Rey se regocijará
en Dios : loados serán aquellos que le juran r le
guardan fid e lid a d ; porque quedó así tapada la bo­
ca de todos los que hablaban inicuamente.

Salólo X X V il. A d te Domine etc.


1 A tí, ó Señor, clamaré : no te hagas sordo á
mis ruegos , Dios mío : 110 sea que no haciendo
tú caso de m í, llegue yo á contarme con los que
bajan al sepulcro, 2. Escucha , ó. Señor , la voz, de
mi humilde súplica cuando estoy orando á . l:/¡;
cuando extiendo en uUn niis manos hacia tu sant,u
templo. 3 No me arrebates de ésta pida con los pecaj
dores, ni me pierdas como á los que obran la iniqui­
dad ; los cuales hablan de paz con su prójimo, mi­
entras que están maquinando la moldad en sus co­
razones, 4 Dales á estos el pago conforme a sus fe­
chorías j y según la malignidad de sus maquinacio­
nes. Retribuyeles según las obras de sus manos :
dales á los tales su merecido («). 5 Por cuanto no
han considerado las obras del Señor, ni lo que ha
ejecutado su poderosa inano ; tú , Dios mió } los
destruirás, y no los restablecerás nunca, (y Bendito
sea el Señor, pues ha oido la voz de mi humilde
ruego. 7 El Señor es el que me auxilia y protege:
en él esperó mi corazon, y fui socorrido. Y resu­
citó mi carne; y asi le alabaré con todo mi afecto.
8 El Señor es la fortaleza de su pueblo: él es el
que en tantos lances ha salvado á su Ungido.
9 Salva, ó Señor, á tu pueblo, y llena de bendi­
ciones a tu heredad : rigélos tú y ensálzalos por
toda la eternidad.

C a pítulo VII. de la Epístola á los Romano#.


i ¿Ignoráis acaso hermanos (ya que hablo con
los que están instruidos en la Ley ) que la Ley nu
domina sobre el hombre, sino mientras éste vive i'

( a ) Este modo de hablar no es aquí impreca­


ción } sino una profecía r anuncio de ana verdad
que se había de cumplir literalmente en- la ruina
de Jerusalen .
*2 Asi es que una muger casada está ligada por la
ley del matrimonio al marido , mientras éste vive ;
mas en muriendo su marido, queda libre de la ley
que la ligaba al marido. 3 Por cuya razón será te ­
nida por adúltera, si viviendo su marido $e junta
con otro hom bre; pero si el marido m uere, queda
libre del vínculo, y puede casarse con otro , sin
ser adúltera. 4 A sí también vosotros, hermanos
mios , quedasteis muertos á la Ley en virtud de la
muerte del cuerpo de Cristo (ce), para ser de otro,
esto e s } del que resucitó de entre los muertos, á
Hn de que nosotros produzcamos frutos para Dios.
5 Pues cuando vivíamos según la carne, las pasio­
nes de los pecados, excitadas por ocasion de la
Ley ó con la misma prohibición ? mostraban su efi­
cacia en nuestros miembros, en hacerles producir
frutos para la muerte. 6 Pero ahora estarnos ya
exentos de esta Ley, ocasion de muerte, que nos te­
nia ligados; para que sirvamos á Dios según el
nuevo espíritu , y no según la letra ó Ley antigua.
— 7 Esto supuesto, ¿qué dirémos ? ¿E s la Ley la
causa del pecado ? Tío digo ta l: pero s í , que no
acabé de conocer el pecado , sino por medip de
la Ley. De suerte que yo no hubiera advertido la
concupiscencia m ia, ó que fu esen pecado los ma­
los deseos ? si la Ley no dijera : Tío codiciarás.

( « ) Con e l cual fuisteis crucificados ? y cayos


miembros sois; y asi estáis desobligados y libres
de ella .
8 Mas el pecado, o el deseo de este, estimulado con oca-
sion del mandamiento que lo prohíbe , produjo en
m í toda suerte de malos deseos. Porque sita la Ley

el pecado de la codicia estaba como muerto, y na­


die hada escrúpulo de cometerle . 9 Yo también vi­
vía en algún tiempo sin L e y , dirá o tro : mas asi
que sobrevino el mandamiento, revivió el pecado,
10 y yo quedé muerto. Con lo que aquel manda­
miento que debía servir para darme la vida, ha
servido para darme la muerte. 11 Porque el pecado,
tomando ocasion del mandamiento , ó avivándose
con la misma prohibición , me sedujo; y asi por la
'violacion de el mismo mandamiento j me ha dado
la muerte. 12 De manera que la Ley es santa, y el
mandamiento que prohíbe el pecado , santo es, justo
y bueno.
i3 ¿Pero qué, lo que es en si bueno, m ella
causado á rní la muerte ? Nada menos. Sino que el
pecado ó la concupiscencia es el que habiéndo­
me causado la muerte por medio de una cosa
buena, cual es la L e y , ha manifestado lo vene­
noso que él es : de manera que por ocasion del mis­
mo mandamiento, se ha hecho el pecado sobre ma­
nera maligno. i 4 Porque bien sabemos que la Ley
es espiritual ; pero yo por mí soy carn al, vendi­
do para ser esclavo del pecado. x5 Por Jo que, yo
mismo no apruebo lo que h ago ; pues no hago el
bien que amo : sino antes el mal que aborrezco, ese
le hago. 16 Mas por lo mismo que hago lo que no
amo, reconozco la Ley como buena, ly Y en este
lance, no tanto soy yo el que obra aquello, cuan Lo
el pecado o la concupiscencia que habita en nn\
18 Que bien conozco que nada de hueno hay en
m í, quiero decir en mi carne j pues aunque hallo
v.n mí la voluntad para hacer el b ie n , no ha­
llo cómo cumplirla. 19 Por cuanto 110 hago el bien
que quiero; antes bien hago el mal que no quiero.
20 Mas si hago lo que no quiero: ya no lo ejecuto
y o , sino el pecado que habita en mí. 21 Y asi es ,
que cuando yo quiero hacer el bien, me encuen­
tro con una Ley ó inclinación contraria : porque
el mal está apegado á mí. 22 De aquí es que me
complazco en la Ley de D ios, según el hombre in­
terior ; 23 mas al mismo tiempo echo de ver otra
ley en mis miembros, la cual resiste á la ley de
mi espíritu, y me sojuzga á la ley del pecado que
está en los miembros de mi cuerpo. 2,4 ¡O h. qué
hombre tan infeliz stiy yo ! ¿ Quién me libertará de
este cuerpo de muerte, ó mortífera concupiscencia i*
a5 Solamente la gracia de Dios por los méritos de
Jesucristo Señor nuestro. Entretanto yo mismo vi­
vo sometido por el espíritu á la Ley de Dios.; y
por la carne á la ley del pecado.
DIA OCTAVO.

E l cristiano^ como extranjero sobre In tierra y elmia­


rían o del cielo, debe desear la muerte por amor
de ¿a patria celestial.

Skd lib mia n os a *1 a l o . A m e t í. — Mas f ib r a nos de


mal . Amen. '

Fl cristiano no es de este mundo, al modo que


no lo es tampoco su mística cabeza Jesucristo. So­
bre la tierra el cristiano es un extranjero. r un des-'
terrado / un viajero y como le llaman los dos mas
grandes Apóstoles ( 1 ) ; Es un preso que tiene á
este muiido pot cárcel, y que suspira ríe continuo
por su libertad. Es un pasajero que no piensa mas
que en avanzar camino para llegar luego á su pa­
tria ó al término de su viaje. Es un hombre que sin
hacer caso de lo que encuentra en el camino de
esta vida, y olvidando cuanto deja atrás (i6o)’, avaiv
zn siempre hacia adelante, v corre sin intermisión
hacia el fin de su carrera para ganar el premio ó
corona de la felicidad celestial, á la cual nos lia
llamado Dios por Jesucristo. Es en:fin él cristiano
un hombre que en espíritu vive ya en el cielo de don-
dees ciudadano ; y que por el instmctOAle su nuevo
nacimiento **n Jesucristo debe llevar siempre en mjí
corazón Una oposicion continua al siglo presenté.
Por tanto mientras que habitamos en este cuerpo,
estamos distantes del Señor, dice S. P ablo, v como
fuera de nuestra patria (161) ; pues esta tierra de
tinieblas, esto región de la sombra de la muerte no
puede ser mas que un lugar de destierro para los
hijos de la luz y de la vida. Ni solo es este mundo
un país extrangero, por el cual viajamos ; sino que es
también un país enem igo, en que no hay cosa que
no debamos temer; porque el demonio nuestro ene­
migo irreconciliable es el príncipe que manda en
é l , y todas las pasiones combaten bajo sus órdenes
contra nuestra salvación.
¿Qué hacemos pues nosotros aquí abajo? ¿No nos
será muy ventajoso salir de esta infeliz casa de
nuestro cuerpo (16*2) , para ir á habitar con el Se­
ñor en la Jerusalen celestial que es nuestra ciudad,
nuestra patria y nuestra .feliz y eterna morada ?
¿ Y no hemos de desear ardientemente hallarnos
pronto en el término de nuestra carrera ? No ha de
ser nuestra mayor alegría el ver concluido nuestro
destierro, y no hemos de procurar nuestraseguridad
con salir cuanto antes de un país enemigo ( i 63), en
que hemos de estar siempre entre grandes peligros?
<¡ Porqué pues no suspira de continuo nuestro co­
razón por la patria celestial, y por la gloria inefa­
ble que allí se nos espera ? ¡Ah! Si nuestro destier­
ro nos fuese sensible y penoso , si nos arrancase
lágrimas y gem idos, sería imposible entonces que
amásemos el siglo presente , y que no prorrumpié-
seriios sin cesar en los clamores de un corazón in­
flamado de amor hacia aquel Señor que nos llama
á sí. El amoroso deseo de su venida es el que dis­
pone al corazon , para que sea capaz de recibirle
dignamente; y nosotros nos hallaremos en estado
de quedar llenos de él, si le deseamos con toda
la extensión de nuestra alma. Este santo afecto es
el que quiere Dios que produzca en nosotros su
Divina palabra : y á producirle en nuestro corazon
se dirigen las juntas religiosas délos pueblos fieles,
la celebración de los santos Misterios ? y d é lo s
sacramentos, la santidad del bautismo , ios cánticos
de alabanza que ofrecemos á Dios , y las exorta-
ciones de los pastores de la Iglesia, Todo esto se di­
rige no solo á echar en nuestros corazones la semi­
lla de tan santo deseo y hacerle nacer, sino tam~
bien á que crezca rápidamente, y se extienda con tan­
ta perfección , que sea capaz de recibir y contener
lo que ni los ojos han visto , ni los oídos han per­
cibido , ni el corazon del hombre ha podido com­
prender. Pesemos estas verdades, grabémoslas en
nuestro corazon, y acudamos á la oracion para
quedar plenamente convencidos y persuadidos; de
ellas.

Consideración L

Pidamos á Dios por Jesucristo que nos inspire


odio al mundo éste de Adán 7 que para nosotros
es un país extranjero. El mundo de Adán no es
mas que para los hijos de Adán- el mundo veni-
clero es la patria de los hijos del siglo venidero; ios
cuales son los que diceli con verdad y de todo su
corazon : Padre nuestro que estás en los cirios. Los
que dicen estas palabras , deben observar que el
mundo presente solo puede ser considerado de uno
de dos modos : ó como un-Egipto en que están su­
jetos á Faraón ; ó como un Desierto que atraviesan
conducidos por D io s, para llegar á la tierra pro­
metida. Si amamos el mundo, es éste para nosotros
un Egipto en que somos esclavos, en que recogemos
las pajas, en que llevamos el yugo insoportable de
la tiranía del verdadero Faraón, esto es, del demo­
nio que es el príncipe de este mundo. Si no le
amamos,-ya no es para nosotros un lugar de escla­
vitud, sino un desierto por donde andamos vagan­
do , en donde tenemos que combatir continuamen­
te j donde no hay reposo , donde nos pican las ser­
pientes venenosas, donde no hay morada fija, don­
de se vive en tiendasj y donde se padece mucha sed,-
y sed déla patria celestial: mas luego de llegados áesta?
no experimentaremos ya solamente algún refrigerio,
como siendo viajeros, con las aguas de la Piedra que
se nos dan en el Desierto, esto es, con los sacramen­
tos y con la gracia de Jesucristo ; sino que podremos
entonces saciarnos plenamente en la perenne fuente
de vida que hay en la tierra de los vivientes. Pro­
curemos pues estar siempre aparejados para salu­
de éste Desierto ? lleno de enemigos que nos ha­
cen continua guerra, y cuyo aire es muy pesti~
Sene ia l , y grande nuestro peligro ele quedar con­
tagiados.
S, Agustin se admira de que haya quien ame
al m undo, estando como está tan desfigurado por
las calamidades públicas que le han quitado todos
sus engañosos alhagos. ¿ Y no es todavía sin com­
paración mas aborrecible y mas desfigurado á los
ojos de la fe por la inundación de concupiscencias,
de crímenes y de pasiones que le dominan desde
la caída de Adán ? Mirémosle pues como a u n ajus­
ticiado , crucificado ó ahorcado de quien debemos
tener h orror; aí modo que también el mundo tie­
ne horror de nosotros, y nos mira como ahorca­
dos ó crucificados: E l mundo, dice el Apostol
( i64 ), está como crucificado para m í: y yo lo es­
toy para e l mundo.
Padre nuestro que estás en los cielos, de donde
nos habéis hecho ciudadanos por Jesucristo vues­
tro Hijo, que se entregó él mismo para sacarnos de
este siglo corrompido y m alo, dad luego el últi­
mo cumplimiento á vuestros designios, libera nos ¿1
m alo: libradnos de este mundo-de iniquidad, de este
centro de todo m al, de este desierto en que no se
hace mas que irritaros con sediciones, con mur­
muraciones y desobediencias, y en que el mismo
amor del mundo nos hace como idólatras suyos;
y haced que nuestra patria , esa tierra prometida á
vuestros escogidos, sea nuestro único deseo , y el
fin de nuestra carrera, y de este viaje tan largo y
tan molesto.
Consideración II.

No solo somos extranjeros en este m undo, en


nuestra propria patria, en medio de nuestros pa­
rientes y amigos, y en nuestra casa paterna ; sino que
somos también extranjeros en nuestro propio cuer­
po : el cual no es el cuerpo de un hijo de D io s,
ni de un ciudadano del cielo, sino el cuerpo de
un pecador y de un hijo de Adán. No tengamos
pues sentimiento por dejar un cuerpo que no es mas
que corrupción : pues sabemos por S. Pablo ( i 65)
<i que cuando esta casa de tierra en que habitamos,
como en una tienda, vendrá á disolverse, nos tie­
ne Dios preparada alfa en el cielo otra casa , que no
es obra de la mano de los hombres y que durará
eternamente. Suspiremos de continuo y avivemos
nuestros deseos y esperanzas por esa casa celestial.
Mientras que estamos en este cuerpo, gimamos bajo
su peso, deseando despojarnos de é l , y que cuanto
tiene de mortal quede absorvido por la vida; ya
que Dios nos ha formado para vivir en el estado
de inmortalidad , y nos ha comunicado su espíritu
Divino en prenda y señal de dicha gloria, y ya que
solamente este cuerpo es el obstáculo de nuestra
felicidad eterna
No basta el dejar sin pena este siglo malo , este
cuerpo de pecado, esta vida moribunda : es preci­
so que con nuestros deseos , oraciones y gemidos
obliguemos á Dios á que nos llame cuanto antes
de este destierro, y nos lleve á su celestial morada,
que es nuestra verdadera patria.
¡Cuando llegará \ oh Señor! el feliz momento
en que yo vaya á V os, y comparezca ante vuestra
presencia! Amen este siglo desgraciado, esta vida
toda animal, este muro de tierra que nos separa de
Dios, aquellos á quienes «el Dios de nuestro Señor
« Jesucristo, el Padre de la gloria, no ha dado el espí-
« ritu de sabiduría y de luz para que le conozcan, y
« á quienes no ha iluminado los ojos del corazon pa-
« ra hacerles stiber cual es la esperanza á que nos ha
« llamado, cuales las riquezas y la gloria de la heren-
« cia que ha destinado á sus santos (i66)*>. Pero no­
sotros á quienes ha hecho esta gracia, y tratado con
tanta misericordia, digamos con David (167): «¡ Ay ’
« ¡ que largo es mi destierro ! yo vivo aquí como un
« extrangero entre las tiendas de Cedar : mi alma
« está fastidiada de permanecer tanto tiempo con
« los enemigos de la paz Y levantando los ojos ,
las manos y el corazon hacia nuestro Padre que
está en los cielos , en donde por consiguiente está
también nuestra patria y nuestra herencia, clame­
mos con todas las fuerzas de nuestra fe , de nues­
tra esperanza y de nuestra caridad: Padre nuestro
que estáis en ios cielos , libradnos del mal á que
estamos expuestos sobre la tierra , esto es, de este
siglo malo á cuya vanidad estamos sujetos, y de
este cuerpo de pecado en quien reside el origen de
todo mal y de todo pecado ; y hacednos pasar des­
de este cuerpo mortal y perecedero al cuerpo ad-
i 4-
ni ¡rabie y celestial del misino Jesucristo, cuyo com­
plemento debemos formar en el cielo con todos
los Santos.

Consideración III.

Hay todavía otra servidumbre cuya libertad de­


bemos pedir cuando decimos: libera nos a malo.
El malo ó maligno por excelencia es el demonio. As 1
le llama comunmente S. Juan(i68) en sus cartas:
Habéis -vencido a l maligno. Y aunque aquel que
ha nacido de Dios , y no pecando se conserva pu­
ro , deja en fuerza de este Divino nacimiento de
estar sujeto al poder del demonio : el maligno no
le daña [ 169 ) ; sin embargo está en su imperio
mientras se halla en este mundo ; porque según nos
advierte S. Juan (169), todo este mundo está bajo
el imperio del demonio : todo el mundo está poseí­
do del mal espirita. S, Pablo ( 171 ) le llama dio s
de este siglo que ha cegado los entendimientos de
los incrédulos. Jesucristo ( 1 7 2 ) le llama también
el principe del mundo} porque reina en todos aque­
llos en quienes 110 reina la caridad, y los tiene
cautivos para hacer de ellos lo que quiere, como
dice S. Pablo. En cuanto á aquellos que han sacu­
dido el yugo y la tiranía del demonio, aunque no
ejerce sobre sus corazones su imperio ; no deja de
atacarlos, molestarlos y pararles lazos mientras v i­
ven en este mundo.
¿ Quién podrá comprender los peligros á que es­
tamos expuestos todos los dias por la malicia y.los
artificios de esto astuto enemigo que se sirve de to
das las criaturas que hay fuera de nosotros para
seducirnos y precipitarnos : que se vale del mundo
que es su dominio, y por el cual tiene esparcidos
sus ministros y emisarios para corrompernos; y
que irrita cuanto puede con sus venenosas saetas
nuestra concupiscencia 3 y cuantas llagas, resultas
del pecadoj hay en nosotros? Por esto dice el Após­
tol (173) que debemos estar siempre revestidos con
toda la armadura de D io s , para poder contrarres­
tar las asechanzas del diablo : porque no es nuestra
pelea solamente contra los hombres de carne y
sangre, sino contra los principados y potestades :
contra los adalides de estas tinieblas del mundo y
esto es, de este siglo tenebroso , contra los espíritus
malignos esparcidos en los aires . Es esta situación
muy terrible. Y ha de tener mucha presunción el que
no tema y no se espante al verse obligado á sostener,
hasta el último suspiro de la vid a , una guerra tan
cruel y tan peligrosa: y muy débil y poco ilustra­
da ha de ser la fe de quien no desee ver luego el
fin de esta guerra, aunque haya de ser también el
de nuestra vida.
¡ Oh Padre nuestro que estáis en los cielos! mi­
rad á vuestros hijos que están combatiendo sobré
la tierra. Porque ¿cuales son mis fu erzas 7 os di­
ré con el santo Job ( 1 7 4 ) ? para poder sobrellevar
tantos males? {¡ó cuando tendrá fin mi padecer para
Un cru­
prometerme el perseverar en la paciencia P
do y diario combate es la vida del hombre sobre
la tierra ; y yo no tengo fuerzas para poderle sos­
tener, ni la fortaleza necesaria para espejar con
paciencia el fin ele mi vida. Libradme, ó Dios mío,
de este enemigo implacable: libera me á malo.
¡Oh Divino Libertador ni io! Vos que me librasteis
de la sana de mis enemigos, vos ate ensalzareis
sobre las que se levantan contra m i, y me liberta­
réis del hombre inicuo(175), Librándome con vuestra
gracia de este hombre de pecado y de iniquidad
que hay dentro de mí mism o, y al cual aquel ene­
migo conmueve de continuo contra m í, me pon­
dréis en estado de no temer mas sus insultos. Apar­
tadme pues de esta región y reino de las tinieblas,
y hacedme pasar á la región de la Luz, al Reino de
vuestro Hijo muy amado (176).
Y vos , Salvador del m undo, que habéis desar­
mado los principados y las potestades, llevándolos
como en triunfo á la faz de todo el o rb e , despues
de haberlos vencido con vuestra cruz; coínpletad
en mí vuestra victoria, y libradme de ese persegui­
dor injusto que quiere arrebatarme 7 separarme de
V os, y quitaros un miembro'que habéis redimido
con vuestra sangre. Libradme, Señor, atrayéndome
hácia vos : vos que prometisteis (177) (t que el prín-
" cipe de este mundo sería arrojado fuera, y que
» cuando vos seríais levantado en alto en la tierra >
“ todo lo atraeríais á vos ». Sacadme pues de la
tierra, que en algún modo es todavía del dominio
de ese enemigo , y elevadme á vos. Porque sola-
mente eri vos puedo eslar á cubierto de sus terri­
bles tentaciones y engañosos artificios ( ).

P A R A LA M A Ñ A N A . .

V ir tu d : Oposicion d este inundo,

Jesucristo, nuevo Adán, es el padre de un nuevo


mundo, del todo opuesto al mundo de Adán. Este
se compone de hombres que como hijos de Adán
tienen corrompido el espíritu y el corazon , son
esclavos de la concupiscencia, enemigos riel orden,
mpotentes para el bien , y capaces de todo nial.
Aquel se compone de hombres que como regene­
rados en Jesucristo tienen renovado el espíritu y el
corazon , están animados del espíritu de Dios , po­
seídos por su gracia, arraigados en la caridad; que
son enemigos del pecado, inclinados á todo bien, y
como dice S Juan (179)^0 pueden pecar mientras que
estén siguiendo el espíritu de su nuevo nacimiento.
Jesucristo durante toda su vida llevó en el fondo
de su corazon una oposicion infinita á este mundo
corrompido, al cual habia venido á destruir. No podia
hallaren él complacencia alguna, ni vivir en él sino
por espíritu de sacrificio, y por un acto continuo de
sumisión á las órdenes de su Padre. Justo es pues
que á su ejemplo también sus discípulos conserven
un gran fondo de oposicion al siglo presente: que
miren con horror su espíritu y sus máximas ; que
teman sus favores y su amistad, acordándose de
aquellas palabras de Santiago (180): Alm as adúl
tenis y corrompidas no sabéis que el amor de es­
te mundo es una enemistad contra Dios ? Cualquie­
ra , pues 7 que quiere ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios . Justo es que se preser­
ven de la inquietud de sus cuidados , y de la ilu­
sión de sus deseos que sofocan la palabra de
í)ios (i8 r) , y que no se conformen con el mun­
do (182) por temor de borrar en sí mismos la ima­
gen de Oíos y de Jesucristo ; que siempre le con­
sideren lleno de lazos, como nos dice el Señor ( i 83)r
¡ A y del mundo por razón de los escándalos ! ; y
que se acuerden que Santiago (184) hace consistir
la pureza de la Religión y la verdadera piedad en
conservarse puro de la corrupción del siglo. Justo
es que no tomen parte en aquellas alegrías del mundo
que Jesucristo proscribió y condenó; y que tengan
siempre presente que el verdadero carácter de un
hijo de Dios consiste en no ser de este mundo , así
como no lo fue Jesucristo ; y que nosotros somos de
este mundo si amamos y somos amados del inundo,
y si obramos por el espíritu del mundo , y seguimos
sus perversas máximas. Se verá que somos realmente
del mundo, si nos gusta la conversación y trato del
mundo, si nos acomodamos al aire y á los modales de
él, y si tomamos parte en sus apetitos inmoderados.
Pero muchos hay que son del m undo, y se li­
sonjean de que no lo son , porque no están del
todo sumergidos en su concupiscencia: como si
esta no tuviese muchos grados, y como si en la
casa de nuestro enemigo no hubiese distintas ha-
Litaciones, al modo que las hay en la de nuestro
Patlre. Somos del mundo cuando estimamos sus
alabanzas, y como dice el Hijo de Dios ( i 85), cuan­
do buscamos la gloria que se dan los hombres los
unos á los otros, y no buscamos la que solo viene
de Dios. Somos del mundo cuando por miedo de
disgustar á los poderosos de este mundo , ó de
perjudicar á nuestra propia fortuna, ocultamos la
verdad ó dejamos de levantar la voz á favor de la
inocencia oprimida. Somos del mundo cuando
amamos los espectáculos y las vanas diversiones,
ó cuando sin amarlas las frecuentamos, por miedo
de que el mundo nos imponga la nota de raros ó
escrupulosos j y cuando perdemos el tiempo jugan­
do , ó en visitas inútiles, ó en largas conversacio­
nes, en que no se habla mas que de bagatelas ó de
cosas peligrosas. Somos también del mundo cuan-
do unimos la frecuencia de sacramentos con una
vida ociosa ó del todo in ú til, con la costumbre de
vestirse á la moda del m undo, y de hallarse e n
concursos mundanos, en que se murmura comun­
mente del prójimo, y de vivir con delicadeza y re"
g a lo , y con el deseo de elevarse sobre la propia
condicion.
Es preciso advertir también que una persona
que hace profesion de servir á D io s, si es de una
condicion mediocre será tratada de mundana en
el tribunal de D io s, aunque haya tenido menos
trato con el mundo que una persona de alta cali­
dad , la cual tiene que conservar ei decoro , ó ca­
rácter de un elevado puesto ó muy distinguido na
cimiento. Y que Dios mira con especial desagrado
i una persona instruida en las máximas del Evan­
gelio, educada en la piedad, y d quien hizo la gra­
cia de apartarla del mundo y de sus pompas ;
cuando no obstante allá en el fondo de su corazon
conserva aun inclinación y afecto á las cosas del
m undo; ó también cuando quiere distinguirse en
la profesión ó estado de piedad con cierto aseo y
compostura afectada, ó con modales que se diri­
gen á llamar la atención ó la vista de los hombres.
Cuide pues cada uno de observarse bien á sí
mismo y á su estado; y de examinar delante de
Dios, si en algunas cosas toma parte en el espíritu
del mundo , y en qué y de qué manera es del mun­
do , aunque no tenga deseos de serlo , y aunque le
míre con oposicion. Por último, S. Pablo hubiera
creído ser del mundo 7 si el mundo no hubiese sido
para él y él para el mundo como un ajusticiado, un
ahorcado, un crucificado. Y no liay duda que
nosotros, á imitación de este Apóstol, debemos to­
mar por divisa nuestra aquellas palabras que jamás
repite bastante el cristiano : Yo miro a l mundo co­
mo á un ajusticiado ó crucificado; y no soy mas que
un ajusticiado á los ojos del mundo (186).

CONC 1U S l O M ,
Exámetu Humillación. Oración. Rezar el sal­
mo 119. Ad Dominum cum tribularer etc.; y el
i 36. Super flumina etc. Leer en S. Mateo > capíta-
Til A O C T A V O . 2 19

los 5°. 6°. y 70. el Sermón del Señorea la montaña.

Salm o GXIX. A d Dominum etc.


t Clamé al Señor en mi tribulación, y me aLen-
dio. 2 Libra , ó Señor , mi alma de los labios ini­
cuos , y de la lengua dolosa. 3 ¿ Qué se te dará, ó
qué fruto sacarás ele tus calumnias , ó lengua frau­
dulenta ? 4 E l ser traspasada con agudas saetas ,
vibradas por una mano robusta, y ser arrojada en
un fuego devorador. 5 ¡A y de m í, que mi destier­
ro se ha prolongado! Habitado lié entre los morado­
res de Cedar ( a) : ó largo tiempo ha estado mi
alma peregrinando. 7 Yo era pacífico con los que
aborrecían la paz; pero ello s, asi que Ies hablaba,
se levantaban contra mí sin motivo alguno.

S alm o CXXXVI. Super Jlumina Babylonis etc .


1 En las márgenes de los ríos d el p a ís de Babi­
lonia , allí nos sentábamos, y nos poníamos á flo­
rar, acordándonos de t í , ó Sion. 2 Allí colgamos
de los sauces nuestros músicos instrumentos. 3 Los
mismos que nos habian llevado esclavos , nos pe­
dían que les cantásemos nuestros cánticos : los que
nos habian arrebatado de nuestra patria , decían :
Cantadnos algún himno de los que cantabais en
Sion. 4 ¿ Cómo hemos de cantar los cánticos del
Señor ( les respondíamos J en tierra extraña ?

( a ) O bárbaros sarracenos que van divagando


sin morada fija .
5 / j 4 h ! Si me olvidare yo de t í , ó Jevusalen, en
(regada sea al olvido, seca quede mi mano diestra.
6 Pegada quede al paladar la lengua mia, si no me
acordare de t í , ó Sion sa n ta : si no me propusiere
á Jemsalen por el primer objeto de mi alegría.
7 Acuérdate, ó Señor, de los hijos de Edom, los
cuales en el dia de la ruina de Jerusalen, decían:
Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. 8 ¡ Desven­
turada hija ó ciudad de Babilonia ! Afortunado sea
aquel que te diere el pago de lo que nos has he­
cho ti'i padecer á nosotros. 9 Dichoso sea aquel
que ha de coger algún día en sus manos á tus
chiquitos, y estrellarlos contra una peña ( * ) .

Sermón del Señor en la montaña . S. Mateo, cap. Y,


1 Mas viendo Jesús todo este gentío, se subió á
un m onte, donde habiéndose sentado se le acerca­
ron sus discípulos ; 2 y abriendo su D¿p¿na boca, los
adoctrinaba diciendo: 3 Bienaventurados los po­
bres de espíritu, porque de ellos es el reino de
los cielos, 4 Bienaventurados los mansos y humil­
des , porque ellos poseerán la tierra (ít). 5 Bien’
aventurados los que lloran ( b ), porque ellos serán
consolados. 6 Bienaventurados los que tienen ham­
bre y sed de la justicia , ó de ser justos y santos r

(* ) T a l destrozo te aguarda.
( a ) En especial la de los 'vivientes ? que es la
gloria. — ( b ) Los oprimidos y afligidos , y los que
llevan una vida penitente ,
porque ellos serán saciados. 7 Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericor­
dia. 8 Bienaventurados los que tienen puro su co-
razon, porque ellos verán áDios, 9 Bienaventurados
los pacíficos ( c), porque ellos serán llamados hijos
de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen per­
secución por la justicia ó por ser ju s t o s , porque
de ellos es el reino de los cielos, r i Dichosos se­
réis cuando los hombres por mi causa os maldije­
ren , y os persiguieren , y dijeren con mentira to­
da suerte de mal contra vosotros. 12 Alegraos en­
tonces y regocijaos, porque es muy grande la re­
compensa que os aguarda en los cielos. Del mismo
modo persiguieron á los profetas que ha habido
antes de vosotros* i 3 Vosotros sois la sal de la tier­
ra. Y si la sal se hace insípida ¿ con qué se le vol­
verá el sabor ? Para nada sirve ya, sino para ser ar­
rojada y pisada de las gentes. i 4 Vosotros sois la
luz del mundo. No se puede encubrir una ciudad
edificada sobre un monte. i 5 Ni se enciende la luz
para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un
candelero á fin de que alumbre á todos los de la
casa. 1 6 Brille así vuestra luz ante los hombres, de
manera que vean vuestras buenas obras y glorifi­
quen Á vuestro Padre que está en los cielos.
17 No penseis que yo be venido a destruir la doc­
trina de la Ley ni de los Profetas: no he venido

(c ) Los que -viven en paz y la procuran á ios


otros.
á destruirla, sino á darla sn cumplimiento ( d ).
x8 Que con toda verdad os digo, que antes falta­
rán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse per­
fectamente cuanto contiene la Ley hasta una sola
jota ó ápice de ella, ty Y así el que violare uno de
estos mandamientos, por mínimos que parezcan,
y enseñare á los hombrea á hacer lo mismo ,
será tenido por el mas pequeño, esto e s , por*
nulo } en el reino de los cielos ; pero el que
los guardare y enseñare , ese será tenido por
grande en el reino de los cielos. 10 Porque yo
os digo T que si vuestra justicia no es mas llena
y mayor que la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el reino de los cielos, a i Habéis
oído que se dijo á vuestros mayores : No ma­
tarás ; y que quien matare será condenado d muer-
te en juicio. 22 Yo os digo m as: Quien quiera que
tome ojerixa con su herm ano, merecerá que el
juez le condene. Y el que le llamaré haca, mere-

( d } Jesucristo dio cumplimiento d la Ley con su


doctrina, con sus obras , y con sus preceptos : dio
cumplimiento á Ias leyes ceremoniales, verificando
el objeto y e l fi n de ellas ¿ que era el mismo Jesucris­
to: d ¿«¿morales, vindicando su integridad éinteli­
gencia contra los Escribas y Fariseos que las ha­
bían corrompido con sus tradiciones y fa ls a inter­
pretación : y d las judiciales, dando cumplimiento
á lo que ellas significaban, y confirmando lo que
tenían de derecho común y perpetuo.
cera que le condene el Concilio. Mas quien le lla­
mare fa tu o , será reo del fuego del infierno. 23 Por
lauto, si id tiempo de presentar tu ofrenda en el
al tur, allí te acuerdas que tu hermano tiene algu­
na queja contra tí , 24 deja allí mismo tu ofren­
da delante del altar, y ve primero á reconciliarte
con tu hermano, y despues volverás á presentar
tu ofrenda. ü5 Componte luego con tu contrario,
mientras estás ron él todavía en el camino; no sea
que te ponga en manos del ju ez, y el juez te en-
tregüe en las del alguacil, y te metan en la cárcel,
26 Aseguróte de cierto que de allí no saldrás hasta
que pagues el último maravedí. 27 Habéis oido
que se dijo á vuestros mayores: No cometerás adul­
terio. 28 Yo os digo mas: Qualquiera que mirare
á una muger con mal deseo hacia ella, ya adulteró
en su corazon, 29 Que si tu ojo derecho es para
tí una ocasion de p ecar, sácale y arrójale fuera
de t í ; pues mejor te está el perder uno de tus
miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado
al infierno. 3o Y si es tu mano derecha la que te
sirve de escándalo ó incita á p e c a r , córtala y tíra­
la lejos de t í ; pues mejor te está que perezca uno
de tus miembros, que no el que vaya todo tu cuer­
po al infierno. 3 i Háse dicho: Cualquiera que des­
pidiere á su muger, déle libelo de repudio. 3ft Pe­
ro yo os digo, que cualquiera que despidiere á su
muger, si no es por causa de adulterio, la expone
á ser adii Itera ; y el que se casare con la repudia­
da, es asimismo adúltero (c). 33 También habéis oído
que se dijo á vuestros mayores: No jurarás en fal­
so , antes bien cumplirás los juramentos hechos al
Señor. 34 Yo os digo m as: que de ningún modo
juréis sin justo motivo , ni por el cielo, pues es el
trono de D io s; 35 ni por la tierra, pues es la pea­
na de sus pies; ni por Jerusalen, porque es la ciu­
dad ó corte del gran Rey : 36 ni tampoco juraréis
por vuestra cabeza } pues no está en vuestra manó
el hacer blanco ó negro un solo cabello. 37 Sea
pues vuestro modo de hablar , s í , s í: ó no , no :
que lo que pasa de esto , de mal principio provie­
ne ( / ’)* 38 Habéis oido que se d ijo : Ojo por ojo ,
y diente por diente. 3g Yo empero os digo, que
no hagais resistencia al agravio; ántes si alguno te
hiriere en la mejilla derecha , vuélvele también la
otra. 4o Y al que quiere armarte pleito para qui­
tarte la túnica , alárgale también la capa; 4 i y á
quien te forzare á ir cargado mil pasos, ve con él
otros dos mil. 4a Al que te pide, dale; y no tuerzas
tu rostro al que pretende de tí algun préstamo.
43 Habéis oido que fué dicho ; Amarás á tu próji­
mo , y ( han añadido malamente ) tendrás odio á
tu enemigo. 44 Y o os digo m as: Amad á vuestros

(<?■) Porque todavía es muger del otro, aunque


dejada ó divorciada de él. — (/*) Proviene ó de la
desconfianza de aquel que exige el juramento, ó de
la malicia de aquel d quien se e x ig e , ó de la li­
gereza ó irreverencia de alguno , o de ambos.
enemigos’ haced bien á los que os aborrecen, v
orad por los que os persiguen y calumnian : 4 'j pa­
ra que seáis hijos imitadores de vuestro Padre ce­
lestial, el cual hace nacer su sol sobre buenos y
malos, y llover sobre justos y pecadores. 46 Que si
no amais sino ¿los que os aman, ¿qué premio habéis
de tener ? ¿ No lo hacen así aun los publícanos ?
47 Y si no saludais á otros que á vuestros herma­
nos, ¿qué tiene eso de particular ? Por ventura, ¿no
hacen también esto los paganos ? 43 Sed pues vo­
sotros perfectos , así como vuestro padre celestial
es perfecto, imitándole cu cuanto podáis.
C apítulo VI. 1 Guardaos bien de hacer vuestras
obras buenas en presencia de los hombres ron el
fin de que os vean : de otra manera no rec ibiréis
su galardón de vuestro Padre, que está en los cielos.
2 Y así cuando das limosna, no quieras publicarla
á son de trompeta, como hacen los hipócritas en
las sinagogas y en las calles ó plazas ? á fin de ser
honrados de los hombres. En verdad os digo , que
ya recibieron su recompensa. 3 Mas tú cuando
des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba
lo que hace tu derecha, 4 Parí* que tu limosna
quede oculta; y tu padre, que ve lo mas oculto, te
recompensara en público . 5 Asimismo cuando oráis
no habéis de ser como los hipócritas , que de pro­
pósito se ponen á orar de pié en las sinagogas y
en las esquinas de las calles, para ser vistos de
los hom bres: en verdad os digo , que ya recibie­
ron su recompensa. 6 T ú , al contrario, cuan­
do hubieres de orar, entra en tu aposento, y
cen ada la puerta, ora en secreto á tu Padre , y tu
Padre, que ye lo mas secreto, te premiará en público .
y En la oracion no afecteis hablar m ucho, como
hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser
oídos á fuerza de palabras. 8 No queráis pues imi­
tarlos, que bien sabe vuestro Padre lo que habéis
menester antes de pedírselo. 9 Ved pues cómo ha­
béis de orar : Padre nuestro que estás en los cielos :
santificado sea ,el tu nombre ; 10 venga el tu reino :
hágase tu voluntad, como en el cielo, así también
en la tierra, n El pan nuestro de cada dia ( a )
dánosle h o y : 12 y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos á nuestros deudo­
res : i 3 y no nos dejes caer en la tentación; mas
líbranos de mal. Amen. i 4 Porque si perdonáis á
los hombres las ofensas que cometen contra voso­
tros, también vuestro Padre celestial os perdonará
vuestros pecados. i 5 Pero si vosotros no perdonáis
á los hombres, tampoco vuestro Padre os perdona­
rá los pecados. 16 Guando ayunéis no os pongáis
caritristes , como los hipócritas, que desfiguran sus
rostros, para mostrar á los hombres que ayunan.
En verdad os d ig o , que ya recibieron su galardón.
17 T ú , al contrario, cuando ayunes, perfuma tu
cabeza y lava bien tu cara, 18 para que no conoz­
can los hombres que ayunas, sino únicamente tu

( a ) Se significa también el pan sobresubstantial,


o el alimento del alma , que es el mismo Jesucristo,
Padre que está presente á tod o, aun lo que hay de
mas secreto ; y tu Padre, que ve lo que pasa en se
creto, te dará por ello la recompensa. 19 No que­
ráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra,
donde el orín y la polilla los consumen, y donde
los ladrones los desentierran y roban. 20 Atesorad
mas bien para vosotros tesoros en el cielo: donde
no hay orin, ni polilla que los consuma ■ni tampo­
co ladrones que los desentierren y roben. 21 Por­
que donde está tu tesoro, allí está también tu 00-
razon. 22 Antorcha de tu cuerpo sou tus ojos: si
tu ojo fuere sencillo ó estuviere lim pio , todo tu
cuerpo estará iluminado. Mas si tienes malicio­
so ó malo tu ojo, todo tu cuerpo estará oscurecido.
Que si lo que debe ser luz en tí es tinieblas, ¡las
mismas tinieblas cuán grandes serán ! 24 Ninguno
püede servir á dos señores ; porque ó tendrá aver­
sión al uno y amor al o tro , 6 si se sujeta al pri­
mero , mirará con desden al segundo. No podéis
servir á Dios y á las riquezas. 2 5 En razón de ésto
os digo : no os acongojéis por el cuidado de hallar
que comer para sustentar vuestra vida, ó de donde
sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué
¿ no vale mas la vida ó el alma que el alimento, y
eí cuerpo que el vestido P 26 Mirad las aves del
cielo cómo no siembran , ni siegan, ni tienen gra­
neros : y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues
no valéis vosotros mucho mas sin comparación que
ellas ? 27 Y ¿ quién de vosotros á fuerza de discur­
sos puede añadir un codo á su estatura ? 28 Y
acerca del vestido , ¿ á qué propósito inquietaros í1
Contemplad los lirios del campo como crecen j
florecen. Kilos no labran, ni tampoco hilan : 29 sin
embargo yo os digo que ni Salomón en medio de
toda su gloria se vistió con tanto prim or como
uno de estos lirios. 3o Pues si una yerba del cam­
po que hoy es , ó flo rece , y mañana se echa en el
horno, Dios así la viste, ¿cuánto mas á vosotros,
hombres de poca fe? 3 i Así que, no vayais dicien­
do acongojados : ¿ Dónde hallaremos que comer y
beber? ¿Dónde hallaremos con que vestirnos i*
3 2 como hacen los paganos, los cuales andan
ansiosos tras todas estas cosas j que bien sabe vues­
tro Padre la necesidad que de ellas teneis. 33 Así
que, buscad primero el reino de Dios y su justicia,
y todas las demas cosas se os darán por añadidura.
34 No andéis pues acongojados por el dia de ma­
ñana ; que el dia de mañana harto cuidado traerá
por s í : bástale ya á cada día su propio afan ó tarea.
C apítulo VII. iN ojuzgeis á los demas si quereis no
serjuzgados. a Porque con el mismo juicio que juzga­
reis, habéis de ser juzgados; y con la misma medi­
da con que midiereis, seréis medidos vosotros.
3 Mas tú ¿ con qué cara te pones á mirar la mota
en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga
que está dentro del tuyo? 4 O ¿cómo dices á tu
hermano : deja que yo saque esa pajita de tu ojo ,
mientras tú mismo tienes una viga en el tuyo ?
5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo , y en­
tonces verás cómo lias de sacar la mota del ojo >
ríe tu hermano. 6 No deis á lo.s perros las cosus
santas j ni echáis vuestras perlas á los ccrdos; 110
sea que las huellen con suspiés, y se vuelvan con­
tra vosotros y os despedacen- 7 Pedid , y se os da­
rá : buscad, y hallaréis : llamad, y os abrirán.
8 Porque todo aquel que pide, recibe, y el que
busca, halla - y al que llama se le abrirá. 9 ¿ Hay
por ventura alguno entre vosotros que pidiéndole
pan un hijo suyo , le dé una piedra i1 io ó que si
le pide un p e z , le dé una culebra ? 11 Pues si vo­
sotros siendo malos, ó de mala raléa¡ sabéis dar
buenas cosas á vuestros h ijo s, ¿ cuánto mas vuestro
Padre celestial dará cosas buenas á los que se las
pidan? 12 Y así, haced vosotros con los demas
hombres todo lo que deseáis que hagan ellos con
vosotros ; porque ésta es la suma de la Ley y de
los Profetas. 13 Entrad por la puerta angosta; por­
que la puerta ancha y el camino espacioso son los
que conducen á la perdición, y son muchos los
que entran por él. i 4 ¡Oh qué angosta es la puerta,
y cuan estrecha la senda que conduce á la vida
eterna 1 ¡ y qué potos son los que atinan con ella!
i 5 Guardaos de los falsos profetas que vienen a
vosotros disfrazados con pieles de ovejas ; mas por
dentro son lobos voraces. 16 Por sus frutos ú obras
los conoceréis. ¿Acaso se cogen uvas de los espi­
nos } ó higos de las zarzas? 17 Así es que todo
árbol bueno produce buenos frutos } y todo árbol
malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no pue­
de dar frutos m alos, ni un árbol malo darlos bue
nos. i()Todo árliol que no da buen fruto, será cor­
tado y echado a] fuego. 20 Por sus frutos pues los
podréis conocer. 2 1 No todo aquel que me d ic e :
¡ Oh Señor, Señor! entrará por eso en el reino de
los cielos ; sino el que hace la voluntad de mi Pa­
dre celestial, ese es el que entrará en el reino de
los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel dia del
ju ic io ; ¡ Señor, Señor ! ¿ pues no hemos nosotros
profetizado en tu nombre, y lanzado en tu nom­
bre los dem onios, y hecho muchos milagros en tu
nombre ? 23 Mas entonces yo les protestaré : Ja-,
más os he conocido por míos : apartaos de m í,
operarios de la maldad. 2,4 Por tanto , cualquiera
que escucha estas mis instrucciones y las practica,
será semejante á un hombre cuerdo que fundó su
casa sobre piedra; 25 y cayeron las lluvias, y
los rios salieron de madre, y soplaron los vientos ?
y dieron con ímpetu contra la tal casa ; mas no
fué destruida, porque estaba fundada sobre piedra,
'26 Pero cualquiera que oye estas instrucciones que
doy y no las pone por obra, será semejante á un
hombre loco que fabricó su casa sobre arena ■27 y
cayeron las lluvias, y los rios salieron de madre, y
soplaron los vientos , y dieron con ín^petu contra
aquella casa , la cual se desplomó y su ruina fué
grande. 28 Al fin , habiendo Jesús concluido este
razonamiento , los pueblos que le oían no acaba­
ban de admirar su doctrina; 29 porgue su n^pdo
de instruirlos era con cierta autoridad soberana .
y na á la manera de sus Escribas y Fariseos.
PARA LA TARDE.

VinTun: Gemido del corazón.

R E C A P IT U L A C IO N .

¿ Cuál otro debe ser el resultado de las verdades


y virtudes consideradas en estos dias , sino el i n t e r
rior gemido del corazon ? Si somos criados para
D ios, y si no podemos esperar reposo ? verdadera
alegría ni felicidad sino en él, pues que es nuestro
centro, nuestro último fin, y nuestro todo ; ¿quién
dejará de gemir al verse tan distante del Señor,
separado de él por un caos infinito , y rodeado de
tantos peligros y enemigos interiores y exteriores,
que con tanto esfuerzo nos privan de unirnos con
él j y de andar por el camino que el Señor nos ha
señalado ?
Si somos los hijos de Dios, y nuestra adopcion es
todavía imperfecta , y por decirlo así no mas que
bosquejada : ¿ podemos dejar de gemir hasta que se
perfeccione esta Divina adopcion ? Tales gemidos
¿no deben ser en nosotros un efecto del espíritu de
adopcion, cuyas primicias hemos recibido para
desear su plenitud, como dice S. Pablo (187) en
persona de todos los cristianos ? Nosotros, dice el
santo Apóstol , que tenemos ya tas primicias del
Espíritu Santo 7 nosotros^ con todo eso, suspiramos
de lo íntimo del corazon} aguardando el efecto de la
adopcion de hijos de D io s , esto es , la redención
de nuestra cuerpo, délas miserias cíe esta vida t
por medio de su resurrección.
Si esperamos el Reino del cielo como herederos
de Dios en calidad de hijos suyos, y como here­
deros de Jesucristo en calidad de miembros de su
cuerpo , indignos somos de aquel Reino si no le
deseamos. Y poco deseamos un bien tan grande ,
si viéndonos en la esclavitud no gemimos y no
suspiramos por la corona que se nos espera, y
por el trono en que hemos de reinar con el mismo
Dios.
Si la Verdad eterna, sumamente hermosa é infi­
nitamente amable, que debe ser el alimento de
nuestra alma por toda la eternidad , no atrae nues­
tro corazon y no le arranca de dia y de noche
continuos suspiros á impulsos del deseo de saciar­
se con e lla : en vano nos lisonjeamos de conocerla
por la fe, y de aguardarla con la esperanza.
Por últim o, preciso es que estemos poco pesaro­
sos de nuestros pecados pasados, poco medrosos del
peligro de perecer en las varias tentaciones que nos
acometen todos los instantes, y poco sensibles á
niiest.ro destierro tan dilatado y tan lleno de mise­
ria s , si no son continuos nuestros clamores y sus­
piros hacia aquel Señor, que es el único que puede
librarnos perfectamente de nuestros pecados pasa­
dos , presentes y futuros , y sacarnos de nuestro
destierro en este mundo extranjero , en que lleva­
mos una vida tan enfermiza, y tan indigna de nues­
tro celestial- origen ; después dé habernos purifica.-*:
do aqui abajo del modo que puede hacerse en lu
tierra.
Ni debemos gemir únicamente por el sentimien­
to de nuestra miseria y de nuestros males : sino
también para invocar á nuestro único M édico} y
para alcanzar de él los remediós que nosotros mis­
mos no podemos proporcionarnos, y las virtudes
que lian de disponernos para el cielo , y hacernos
dignos de Dios,
Porque solo Jesucristo, esto es, la gracia de Dios
que Jesucristo nos mereció con su sangre, puede
mudar nuestro corazon de profano, ingrato> irre­
ligioso, en un corazon lleno del espíritu de piedad,
de reconocimiento , de religión y de amor de Dios ,
y de todas las cosas de Dios. Solo Jesucristo es el
autor y el consumador de la f e , la fuente de nues­
tra esperanza, y quien nos inspira la caridad, y en
vano buscaríamos nosotros por nosotros mismos
estas virtudes Divinas. A Jesucristo han de dirigirse
los deseos de nuestro corazon por medio de pene­
trantes gemidos interiores.
El deseo de ver á Dios , la pureza con que ha
de prepararse el corazon, la penitencia que atrae la
misericordia del Señor , la humildad que desarma
su justicia, el odio del pecado , la vigilancia cris­
tiana , la oposicion con este mundo , el deseo del
siglo venidero , y también la oracion y el gemido
del corazon, son gracias todas que no pueden ser
sino dones de D io s , y frutos del oculto gemido de
la oracion. Porque es precisa orar para aprender
á orar, y gemir para alcanzar e) espíritu de uit
santo gemido interior.
Gimamos pues y suspiremos por nuestra patria
celestial, y gimamos para alcanzar la gracia de ati­
nar bien el camino que nos ha de conducir á ella T
emprenderle con valor y seguirle con perseverancia:
la gracia de desear la gloria de nuestra patria con
sinceridad, de esperar con vigilancia el momento
que nos daiá la posesion de ella, y de sacrificarlo
todo para prepararnos de un modo digno de tal
bienaventuranza, y no perder jamás de vista la
celestial Jerusalen á que aspiramos. Los gemidos
son nuestro patrimonio sobre la tierra , al modo
que lo serán en el cielo las alabanzas de Dios. Pro­
pio es de miserables el llorar y gemir incesante­
mente. Si nosotros no geipimos ? señal es que no
sentimos nuestra m iseria; y si no la sentimos ni la
conocem os, no hemos andado todavía el primer
paso del camino del cielo,
¡In fe liz de m í! exclamaba un Apóstol (188) que
sentía vivamente su destierro y sus males ; / infeliz
de m i l ¿quién me librará de este cuerpo de muer­
ta , ó de esta mortífera concupiscencia ? Lamentán­
dose con tanta vileza de sus propias miserias, dice
S. Agustín, atrae con sus gemidos los auxilios det
Consolador. No adelanta poco hacia la bienaventu­
ranza quien llega áconqcer bien que es un infeliz;
y por eso dijo el Señor ( i8 y ) : Bienaventurados Iqs
tjfie.llomnygjmqn;porque ellos serán consolados, A l
contrarié getnir por la patria celestial es
apartarse lauto de ella, que S. Agustín (19a) no re­
para en d ecir: que quien no gime en este destier­
ro , nunca será consolado en la patria del cielo ■
de la cual no llegará á ser ciudadano , porque no
ha suspirado p o r ella -
Pero ¿quién formará este santo gemido, el gemido
de la paloma, sino la paloma misma ? Quiero decir,
el Espíritu Santo, que descendió,en esta figura so­
bre Jesucristo> para enseñarnos que una de las
principales funciones del Espíritu de Dios en nues­
tro corazon es formar este gem ido: y para decirlo
con las expresiones de que usó el mismo Espíritu
de Dios por el órgano de S. Pablo (191), para fo r­
mar en nosotros n uestras peticiones á Dios con ge­
midos que son inexplicables , gemidos en que la
gracia hace prorumpir á nuestro corazon ; y para
ponernos en el corazon aquella oracion Divina que
Jesucristo nos puso en la boca. Porque no es otra
cosa la Oracion Dominical que el gemido de un
corazon, que desprendiéndose de la tierra, lugar
de su destierro, se eleva hácia su Padre y hacia la
patria celestial. Esta es el lugar de su santificación
consumada y de su entera consagración á Dios
por medio de la perfecta adopcion : el lugar de su
eterno establecimiento en Dios por la entrada eri
su Reino , y de su perfecta sumisión á Dios con la
plenitud de la caridad, Es el lugar de la vida bien­
aventurada , en que su corazon ha de vivir del
mismo D io s, alimentándose con el pan eterno de
la Verdad Divina , y de Jesucristo sin ningún velo
y cara á cara; y en fin es el lugar de su entera Ir
bertad, pues allí quedará libre de todo mal, esto
es } de todo pecado, de toda tentación , de todo
enemigo y de toda miseria. Mas líbranos de mal.
Amen.
Por consiguiente toda oracion no es mas que ge­
mido , pues que toda oracion bien arreglada se
incluye en la Oracion Dominical. La última peti­
ción en que rogamos á Dios ser librados de mal,
nos advierte, según observa S. Agustín (192) que
conoció bien los secretos del santo gemido in­
terior, nos advierte con mucha especialidad que
todavía no gozarnos de aquel Bien, con el cual no
puede mezclarse ningún mal. Y esta demanda tiene
tan grande extensión, que el cristiano en cualquier
estado que se halle, no gime sino por ella, solo
por ella derrama las lágrimas de su corazon; por
ella ha de com entar, por ella debe proseguir sus
oraciones, y por ella debe concluirlas todas.
Por ella también debemos nosotros comenzar á
prepararnos para la muerte, y por ella debemos
proseguir, y proseguir sin intermisión ni suspen­
sión alguna - hasta que hayamos llegado a aquella
fuente de vida , el deseo de cuyas aguas ha de ser
en nuestro interior como una sed ardiente en todas
nuestras oraciones, mientras que vivimos todavía
en la esperanza de los hijos de D io s, y hasta que
se nos manifieste aquello que ahora esperamos y
vemos cubierto con el velo de la fe. Entretanto
pongámonos á cubierto bajo las alas del Seíior que
tiene presente todos nuestros deseos, y consolémo­
nos con lá esperanza de quedar algún dia saciados
y como embriagados en la abundancia de sil casa ,
y en el torrente de su gozo y de sus delicias. Por­
que en vos está, ó Dios m ió, el manantial de la
vida , y en vuestra luz ha de manifestársenos la
verdadera luz } cuando nuestro deseo quedará sa­
ciado , y ya nada habrá á que podamos aspirar con
núes tíos gemidos ; pues todo lo poseeremos en Vos
con un gozo perfecto y consumado por todos los
siglos de los siglos. Amen.

C GNCLTJSIOjV'.
Exam en. Humillación. Oración . Rezar el salmo
83. Quam dilecta tabbrnacula etc.; y el 121. L¿e-
tatus sum in Iiis etc. Leer e l cap. i°. de la Epístola
á los de Efeso, y el último del Apocalipsis.

Salmo LXXXIII. Quam dilecta tabernacula tua etc.


1 ¡ Oh cuán amables son tus moradas , Señor de
los ejércitos! 1 Mi alma suspira y padece deliquios,
ansiando estar en los atrios del Señor. 3 Transpor­
tan se de gozo mi corazón y mí cuerpo , contem­
plando al Dios vivo. 4 El pajarillo halló un hueco
donde; guarecerse, y nido la tórtola para poner sus
polluelos. Tus altares, ó Señor de los ejércitos , ó
Rey mío y Dios mío ( a ) : : : 5 Bienaventurados, Se­
ñor, los que moran en tu casa, alabarte han por

( n ) Sean mi casa y mi nido.


los siglos de los siglos. 6 Dichoso el hombre que
en tí tiene su amparo; y que ha dispuesto en su
corazon , 7 en este valle de lágrimas , los grados
para subir basta el Lugar Santo que destinó Dios
para sí ( b) . 8 Porque le dará su bendición el Le*
gislador: y caminarán de virtud en virtud; y el
Dios de los dioses se dejará ver en Sion. 9 ¡Oh Se­
ñor Dios de los ejércitos ! oye mi oracion : escú­
chala atento, ¡oh Dios de Jacob! 12 Vuélvete á mi­
rarnos, ¡oh Dios protector nuestro ! y pon los ojos
en el rostro de tu Cristo. 11 Mas vale un solo dia
de estar en los atrios de tu Templo, que millares
fuera de ellos. He escogido ser el ínfimo en la casa
de D ios: mas bien qué habitar en la morada de los
impíos. 12 Porque Dios ama la misericordia y la
verdad : dará el Señor la gracia y la gloria á los
que le sirvan, i 3 No dejará sin bienes á los que
proceden con inocencia. ¡Oh Señor de los ejércitos!
bienaventurado el hombre que pone en tí su es­
peranza.

Salm o CXXI. Lcetatus su/n in kis etc.


1 Gran contento tuve cuando se me dijo ; Iré-

( b ) A lu de á las espaciosas gradas que habia p a ­


ra subir a l Templo. Habia allí cerca un Dalle lla­
mado valle del llanto ó de las lágrimas. Judie, II.
1. 5. Créese que los Salmos graduales , ó de los
grados , se llaman así por ser los que se cantaban
subiendo al Templo.
inos á la Casa del Señor. 2 En tus atrios descansa­
rán nuestros piés, ¡oh Jerusalen! 3 Jerusalen, la cual
se va edificando como una ciudad, cuyas partes ó
habitantes están en perfecta y mutua unión. 4 Allá
subirán las tribus, todas las tribus del Señor, se­
gún la ordenanza dada Á Israel, para tributar kla~
hanzás al Nombre del Señor. S Allí se establecerán
los tribunales para ejercerse la justicia, el trono
para la casa de David. 6 Pedid d Dios los bienes
de la paz para Jerusalen, y d e cid : Vivan en la abun­
dancia los que te aman, ¡oh ciudad santal 7 Reine
kt paz dentro de tus muros, ó entre tu inmenso gen­
tío 7 y la abundancia entre tus torres ó palacios.
8 Por amor de mis hermanos y de mis prójimos,
he pedido yo la paz y prosperidad para tí. 9 Por
respeto á la casa del Señor Dios nuestro te procu­
ré tantos bienes.

C apítulo I. de la Carta de S* Pablo á Jos de Efeso.

r Pablo , por voluntad de Dios Apóstol de Jesu­


cristo , á todos los santos residentes en Éfeso , y
fieles en Cristo Jesús. ¿L a gracia sea con vosotros,
y la paz de Dios Padre nuestro y del Señor Jesucris­
to. 3 Bendito el Dios y Padre dtí nuestro Señor Jesu­
cristo^ que nos ha colmado en Cristo de toda suer­
te de bendiciones espirituales del cielo. 4 Así como
por él mismo nos escogió ántes de la creación del
m undo, para ser santos y sin mácala en su pre­
sencia por la caridad; 5 habiéndonos predestinado
al ser de hijos suyos adoptivos por Jesucristo , á
gloria su y a , por un puro efecto de su buena vo­
luntad } 6 a fin de que se celebre la gloria de su
gracia, mediante la cual nos hizo gratos á sus ojos
en su querido Hijo : 7 en quien por su sangre lo ­
gramos la redención, y el perdón de los pecados ,
por las riquezas de su gracia, 8 que con abundan­
cia ha derramado sobre nosotros, colmándonos de
toda sabiduría y prudencia ; 9 para hacernos cono­
cer el misterio ó arcano de su voluntad, fundada
en su mero beneplácito, por el cual se propuso
10 el restaurar en C risto, cumplidos los tiempos
prescritos, todas las cosas de los cielos , y las de
la tierra, reuniéndolas todas por él mismo en un
cuerpo ó Iglesia . 1 1 Por él fuimos también nosotros
llamados como por suerte, habiendo sido predestina­
dos según el decreto de aquel que hace todas las co­
sas conforme al designio de su voluntad: 12 para
que seamos la gloria y el objeto de las alabanzas de
/cj^-Cristo, nosotros los judíos7 que hemos sido los
primeros en esperar en él. 13 En él habéis esperado
también vosotros los gentiles , luego que habéis oído
la palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra sa­
lud, y en quien habiendo asimismo creído, recibis­
teis el sello del Espíritu Santo, que estaba prome­
tido ; i4 el cual es la prenda ó las arras de nuestra
herencia celestial , hasta la perfecta libertad del
pueblo, que se ha adquirido el Señor } para loor
de la gloria de él mismo, ifí Por eso yo estando,
corno estoy, informado de la fe que teneis en el
Sen oí1 Jesús, y. de vuestra caridad para con todos
los santos ó pobres fieles , í6 no ceso de dar gra­
cias á Dios por vosotros , acordándome de voso­
tros en mis oraciones, 17 para que Dios,- Padre
glorioso de nuestro Señor Jesucristo , os dé espíritu,
de sabiduría y de ilustración para conocerle; 18 ilu­
minando los ojos de vuestro corazon, á fin de que
sepáis cual es la esperanza , o lo que debeis esperar
de su vocucion , y cuales las riquezas y la gloria
de su herencia , destinada para los santos , 19 y;
cuid aquella soberana grandeza de su poder sobre
nosotros , que creemos según la eficacia de su po­
derosa virtud , 20 que él lia desplegado y hecho
patente en la persona de Cristo , resucitándole de
entre los muertos , y colocándole ;í su diestra en
los cielos, 21 sobre todo principado , y potestad,
y virtud, y donúnación , y sobre todo nombre por
celebrado que sea , 110 solo en e¿te siglo , sino tam­
bién en el futuro, a 2 Ha puesto todas las cosas ba­
jo de los piés de é l , y le ha constituido cabeza do
toda la Iglesia, así militante como triunfante ; 23 la
cual es su cuerpo, y e» ^ cual aquel qne lo com­
pleta todo en todos, halla el complemento de todas
sus miembros (.«).

( a ) También puede tener este sentido; L a Iglesia


es el complemento ó la perfección de Cristo , en
tmanto él es su mística cabeza y lo llena, todo en
todos} form ando un todo cumplido y perfecto y y
comunicando á todos sus miembros el ser y la vida.
C apítulo XXII. del Apocalipsis. .
’■

■: i Mpstróme también un rio de agua-vivifica ó
de v illa , claro como un cristal, que manaba del
solu* de Dios y del Cordero. 2 Kn medio de la
plaza de la ciudad ? y de la una y otra parte del
rio , estaba el árbol de la vida , que produce doce
frutos, dando cada mes su fru to ; y las hojas del
árbol sanan á las Gentes (a). 3 Allí no;habrá jamás
:ittíddit:ion alguna: sino que Dios y el Cordero esta­
rán de asiento en ella, y sus siervos le servirán
de continuo y 4 y verán su cara, y tendrán el nom-
; bre de el sobre sus frentes* 5 Y allí no habrá ja­
más, noche;, ni necesitarán luz de antorcha , ni luz
, de sol;^ por cuanto el Señor Dios los alumbrará : y
reinarán por los siglos de los siglos. 6' Dijome m as:
Estas palabras son.dignas de todo crédito, y muj
verdaderas. Y. el Señor Dios de los espíritus délos
profetas ha enviado su Angel á manifestar á sus
siervos cosas que deben suceder pronto ( ¿ ) . 7 Mas
he.;aquí, dice e l S e ñ o r, que yo vengo á toda prisa.
Bienaventurado el que guarda las palabras de la
profecía de este libro- 8 Y yo Juan soy el que he
oído- y visto -«stas cosas: Y despues de oidas y vis-

( a ) .yííitde. a l rio y a l árbol da la vida, > que ha­


bía e/¿ c l p/uraiso : ai rio , del cual dipe el Predela
qiue alegra á la ciudad de Dios. -r¡- (bj) Esto es,
una darga série, d^ sucesps , que, va '.á qommzar
pronto,
r :; . ÜIA jOqTATO- , a4 3 .
fciSj me postré ante los piés del Angel , que me las
enseñaba } en acto de adorarle; 9 pero él me dijo :
Guárdate de hacerlo; que yo soy un consiervo tu­
yo / y de tus hermanos los profetas , y de Jos que
observan las palabras de la profecía de este libro.
Adora á Dios, io Díjome también : No seiles o
no tengas ocultas las palabras de la profecía ríe
este libro, pues el tiempo está cerca. 11 Él que.
daña , dañe aun ; y el que está sucio, prosiga en­
sucian José, que presto experimentarán su castigo i
pero el justo justifiqúese mas y mas ; y ¿1 stmtp
mas y mas se santifiquel 12 Mirad que yengo lúe?
go, y traigo conmigo mi galardón, para recompen­
sar á cada uno según sus obras, i 3 Yo soy el Alfa
y la Omega, el primero y el último , el principio
y el íin. 14 Bienaventurados los que lavan sus ves­
tiduras en la sangre del Cordero , para tener dere­
cho al árbol de la vida, y 'á entrar por las puertas
de la ciudad santa. i 5 Queden á fuera los perros,
y los hechiceros , y los deshonestos, y los homici­
das, y los idólatras, y todo aquel que ama y pla­
tica mentira. 16 Yo Jesús envié mi Angel á notifi-
caros estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz ó
estirpe, y la prosapia de David, el lucero brillante
de la mañana. 17 Y el Espíritu y la Esposa ( c )
dicen; Ven. Diga también quien-escucha ; Ven.
Asimismo el que tiene sed de gozar do mi p re ­
sencia , venga, y el que quiera, tome de valde

( c ) Que es la ig le s ia , me dicen sin. cesa r : Ven,


¿4 4 F l i L I C ED A I). DJL I.A - M U J 6 R T E CRIST.
V
«1 agua de vida, 1 8 Ahora b ien ,-yo' protesto á
todos los que oyen las palabras de la profecía de
este lib ro , que si alguno añadiere á ellas cual­
quiera cosa, Dios descargará sobre él las plagas
escritas en este libro. 19 Y si alguno quitare cual­
quiera cosa de las palabras del libro de esta profe­
c ía , Dios le quitará á él del libro de la vida, -y de
la ciudad santa, y no le dará parte en lo escrito.en
este libro. 20 El que da testimonio de estas co.sas
dice : Ciertamente yo vengo luego. Así sea. Ven, ó
Señor Jesús, ai. La gracia de nuestro Señor Jesu­
cristo sea con Unios vosotros. Amen, 1
m j o a r e s .d e l a sagrada e sc r it u r a

Y SAKTOS P A D R E S ,

<^UE SE EXTRACTAN Ó SK CITAS EN ESTA OBRA.

( t ) Ad Philip. L c- '2 i et seq. — I. ad Corinlh X K i>. 5o.


<■( seq.— IL iid Corinih. V. v. i et soy.— II. ad Timot. ¡V. v. 8 i,
( 2 ) Ecclesiustici XLI. n. 1, ct seq. O m o v s , qu am am a ra est
m em o ria tua honiíni pac^m hnbenti in substontiis s u is ; v iro q u ieto,
et cuius v ia d irecto sun t in ó m n ib u s , et ád h uc v a íen li accipere
cíb u m I
( 3 ) Ad P/til/ff. I . 1*, at. Milii vivere Christús est: et morí lucrum.
( 4 ) Ranuin. VI. 8. Si ^mem m ortut suim is cum C h r ís to , o red i-
m us quia sim a l etiam vivem us cum. C h r is to : seientcs qiic’rtl C hristús
resurgens ex m o rtu ís, Íam n on m oritu r.
( 5 ) TcrtuL de Orat. c. 1 .
( 6 J Rom, VIII. 26, S p iritu s adiuvnt in firm itate m nnstram :
n am qu id arem us sicut o p o r t e t, nesclm us : sed ipse Spiritus postu-
la t p ío n o bis gem itibas m en arra b ilib u s.
( I ) De haitatiom Christi lil>. I. c. i 9 . n. 6 ct seq.
( 8 J Lucce X II, i\ ^3. Beaius i líe scrvus, qucrn cum venerit D o-
ininus , invenerit ita iacicntem. Veré dico volt is , quoniam su pee
funnia qua: possidet, constituet illu m .— Mnttk. X X IV . ct f\t.
( 9 ) Luc. X X I. v. 28- Respicite et lévate capita vestra ; q u o -
iiia m ap p rop in quat redem ptin vestía.
( 1 0 ) S. Aug. tracl. IX. super I. Epist. S. Joan, n- S. edil.
Venet. ,¿762.
( I I ) Ibid. fi, 2 . Sunt eiiim Ilumines qui cum patitrtitia m o-
riuntur: sunt autem quídam perfecti qui cum patientia vivnnt.
Quid dixi ? Qui adhuc desiderat islam vitam , qiiamlo ¡lli venerit
die» mortis, patienter tolerat m ortem : luctalur adveisüm se ut se-
quatür voluntatem Dei • et hoc potius agit animo, quod eligít Deui,
( It )
non q u od eligit voluntas h u m a n a e t ex desidc,rio y ¡Ut piasentis fií
lucia cum m orte ; et adbibct patientiam el fon iu id in em m Epquo
anirno m o v ia tu r: íste patienter m orí tur- Q ui autem desidurat, sicnt
d icit A p o sto lu s , dissolvi et csse cum CSivtsto , non patienter m ori-
t u r , sed patienter v iv tt, deleclabititer m oritur.
[ 1 2 ) 1$. siugust. tract. XLVH . in Ex’ang. S. Joan, n, S. Vita
carnis tuse, anima lna : vita anima: liiíc, Deus tuus. Quotnodom ori-
lur caro amissá an im a, quae vita est eius: sic moritur anima amis-
so D e o , qni vita est eíus.
( i3 ) S. Bernard. Declamat. (¡ X X V . Kimiríim ad imaginem Dei
facía anima rationalis, cjeieris ómnibus occtipat-L potest, repíeri ora-
ninó nonpotest.Capacem Dei, quidquid Deo mímis est, non implebit.
( ) Exfjiii XVIII. v. i9. Sed audi verba mea atque consília ;
ct erit Deus tecum.
( 1 3 ) 5 . A u g u s l . Q u c e s l. in E x o d . li b . 2. ¿yticest. 6 8 . TJbí m i-

Íil videtur significan nimís intentum humanis actiünibus aniimim,


D eo quüdammodo vacüim , qno [it tantu plenior, quanto in super­
na atque ¡Eterna libertos ejttóndituv.
( ifi) Ephcs. III. v. i9,
( i ? ) S. A u gu st. Confes. lib .X . c. 28, C um inhaisero tibí ex om nt
m e , n n síp a m crit m ih i d o lo r ct la b o r ; et viva eiit vita mea , Iota
plena te. ííu n c autem q u on ia m quem tu im ples , sublevas eum ;
quoniam tui pie ñus 1non sum , oneri m ih i sum,
( 1 8 ) jPs. X X X . v, a r . A bscon de eos in a bscon dito fuciéi tu»,
á í-onturbatione bom in u m .
( 1 9 ) Ps. IV. 1/. 9 . In pace in idipsum , d o rm ia m , et requiescam .
( a o )S . diigust. Conjes. lib . IX. c. 4.
( a i ) Ibid. lib. XJII. c. 35 et 36-
( n a ) S, dug. tract. X XIII, in Joan. n. 5 -1, Insinuavít nobis
m en tem ration a lcm , quae inest b o m in i, non yegetari, non b eatifican,
n o n illu m in a ri, nisi ab ipsti substnntiá D e í... per corp oi’alia m u lceii
posse sensus corporis vel oflfendi, et propter hoc, id est propter co n -
son iu tn quoddam animae et corporis in hac vita atque com plexu de­
lectan anim am lenitis, vel contristan oflensis corporis sensibus: b«n-
titudinera tom en eius, qua fit beata ipsa anim a, n on fieri nisi partidpa-
ticne illius vit® semper vivae, incom m utabilis íeternajque subistantiae
q u s Deus est, u tq u o m o d ó anima quae inferior D e o e s t, id q u od ipsa
infeiiüa e st, hoc est corpas, facit vi veré; sic eandeni ;iniman» non
fuciat be até vi ve re nísi quod ipsa anima esl supcniis. Superior c«¡m
anima quíim Corpus, et superior quátn uiiimn Deus..... Servía!
anima Dom ino sno, neeouculcclur á servo suo. Hax est, fralres mei,
religio ehrístiana , qnae predica tur per totum mundurn horrentibus
inímicis, ct ubt vincuntur murmurantibus, ubi praevalent saivicnti-
bus. H^c est religio chiistUna, üt colíitur unus Deus , non ¡nultí
ílii: quia non facit anitnam beatam nisi unus Deus. Participaúone
Dei fit beata- ¡Non pavticipatione sanctre aníraze fit beata infirma
anim a, ncc pártícipatíone Angelí fit- beata sancta anima etc.
(^3 ) Apud S-Augusl. Qiicesí. X V 11. in Mttilh. n. 5. Item quo-
inodo quis velit vclle m oit , si aic Yelle morí peryenerat, qui iam.
habet sauam fidern et videt quó sibi perveniendum sil, ad hoc iam
proíicil ítt 1 i]>entcr de bae vitá díscedat. Non enim hoc est videro
quó sibi pcrveuietidum sit, quod est etiam amare illud et ilii iam
csse desiderarc : quod incuius animo cflectuin l'uei it, necesse est ul
libeutcr moiimur. Frustra iiaque dicunt quídam, qui iam sanam ü-
dera teinnit, ideó se nolle mor! ut proíictant, cum ipseprofcclus eorum
in eo [jrofectú sit, ul mnri velint. Si ergo vemm loqui voltmt, non
d ica n í: ideo mori nolo ul proficiam : sed ideo morí nolo, quia pa-
rum piofcci. Itrique mort nolle fidelibus non consilium est ut pro-
ficiant, sed indicium quod parura profecemrL. Proinde quod noluut
ut perfecti sint j vélinl, et perfecti sunt.
( a4) Isai' LV. v. 8. INon enim cogitationes rneae cogitíUÍones
vesü-ae, ñeque vía vestra vi® m es, dieit Domiims. Quia sicut exal-
tantur cceli á térra, s¡c exaltat® sunt vice rac,e a viís vestris , ct
cOgitationes mece á co^italionibus vestris.
P$. L X X II. v. aS. Mihi. auteni íulhacrere D co bonum est;
ponere in D om ino D co speni meam.
( 36 } I. Cbrinth. I. y. íj. Gratias ngo Deo meo semper pro vobis,
— Eph.es. V\ v. 20. Gratias agentes semper pro ómnibus.
(n i ) Ephes. J. v. 16 . Non cesso gratias agens pro vobis,
( 28 ) I. ad Thessal. V. v. 18 . In ómnibus gratias agite; haec est
cnim voluntas Dei in Christo le s u , in ómnibus vobis,
( s 9 ) I. ad 7 Uní. II. i>. 1 . Gratiarum acliones pro ómnibus ho-
m iuibus, proRegibus, etc. ,
( 3 o ) II. ad Car. I. v. n . Per m ullos gratiae aganttir pro ntibts.
— IV . v. i5 . Per multos in gratiarum actionc.— IX . v- 12 . M iuis-
t^rium huius oflicii.,,. abundat per militas gratiarum actiones.
( 3 i ' Mutth. X X I i. v. ’¿ i. Et accijiieus ca!icr:j» ^rarins egit,
(3 :i)S in sü m c o id a : H;i]jcmus ad Dümiimm. (iruiias íigainus
Dom ino Deo iiostro. Dignum et íustum est- Ver¿- tlignum ti
iustum est, ajqUuin et s.'ilciiare, nos tibí sempt-r et üljiqnt* grntias
ageve etc. Qrdo Missfü. ,
( 33) Ps. CXU. 3. Quid rctit'buum Düm ino pro ómnibus qu¡c
retribtfit mihi ?
( 3í¡ ) Joan. X V IL iJ. 24- Patee, quos dedisti mihi., voló ut ubi
sum <’¡jo., et il]í siiit mucuin : -ut videant claritatcm meam qnaui
dedisti mihi, II). v. 22 . Kt t*gy cl,íi¡jta tem qit;un deilfsti' mílü dedi eis?
utsin t ujiuin sícut ut nqs ún.um suihus. Ego Íí> eiü, et tu i ti me,
ut sint ciwsummati i11 wnam. : : ,
( 35 }, Mal.lh. V. 4G. Estate ergU yos peiílji:ti., slcm et pater yeste1
euelesíis iperfcctus est.
( 3 6 ) S. Ati". Confas. cap. idt. Post illa nos aequieinros m
lúa ^i"UidL sanctificaüoiie speniiiius. — et de O'jtri’p í. ct <*valia
mp, 6 - n- i O. ;
(3 7 ) Pkitlp. L v. ^3, Desidéríuin liabeus díssylvi i, t'lcssc cuín
Christy.
(3 8 ) Matlh. X V il. v. 5. H'ic est Films rnru.s dii'ectus , in quo
mihi bejie com placui.
(3 9 ) I. ad Corinlh. X V . á v. 35. cid £ju. $ed dicet- aliquis: QtiO-r
m oda tjes.urgent mortui ? Qualivt; covpuve Yemcnt ? Insipiens , tu
quod semillas, non vivíficatur, nisi prnis moriatur. Et quod semi­
nas f ijuii coi'pus quod iuLurum. est seminas , sed midtiun granum^
ut puta trítici, aut alicuius cíeterorum, Deus.Autem dat ílli fcorptis
sicutvult;; ét üiiiouiquc seminuni proprium corpus. INon om niscaro
tadem earo: sed alia quidem hom inum, alia vtro pecom m f alia vo-
Utci’uin, alia autem piscium^ etcorpora ca;[t;stia el corpqra leí res ti a...
Sic et resuriectio mortuorqra. Semina tur in cori'upúurte , surget in
incmTuptione : aemrnatur in ínfirmitatc, surget ¡11 yirtute. Semipatui"
corpus anímale, surget corpus spii'italc... Hqc, autem d íc o , Fia tres,
quia caro et sanguis réjjnuBi. lJei possideiií bou, possunt, ñeque
cqtí-iipttó .incOrruptelam .possidebit.
( 4 0 ) ■/«««. XV II. v. li). P ro eis ego sanctificO mfeipsum, ut siíit
et ipsi sanutLíIcati in. veri late.
( 4 1 ) Luc- X F lIi- v, 8. Veiuualumen Filius^ Iiumjíiiís venicns,
¿ putas invenitt fidem in ten a?
(4 ^ ) Ucebr. XI. <*. i. Est autem fides spetandarum substantítf
rerum ; firguiuentuin non íijiparenlium.
( 4 3 ) Hcebr. X . iJ. 36- Patíentia enim vobís neccssaría est, ut vo-
luíitatein De[ facientes, reporte lis promissiouein.— /£>. 38. lustus au­
tem ineus ex fi.de vivít: quótl si subtraxerit se, non placebit animse
me;e,
( 4 4 ) Habac. IJ. t>. 3 eí 4 Q uía a<&uc V»sus procuí, el apparebit
in finem , et non meritietur: si mOratn fecerit, eypecfca illum , quia
veniens veiiiet, et non tai da bit. Ecce qui incredulus t?st, non erit
n:cta anima etijs in semetipso: íustus autem in fide suá vivet.
( 4 5 ) Hcebv. X I v. i7. i9. Fide olitulit Abrabam Isaac, cum
tentaietut*, et imigenittim oflbrebat, qui susceperat repromissiontrs.
....arbitraus <, quia et a movíais suscitare potens est Deus.
(4 6 ) Matth, X . i'. 34- Non ven¡ pacem m U le re, sed gl&díum.
( 4 7 ) Lüc. II- v- 35* Tuam ipsias animam pertransibit gladius.
( t f i ) Ephes. II- v. to. Creati in Christo lesu,—■Eph, I. v, 4-
E legit nos in ípso ante mundí constitutionem.
( t f i ) Ib, t>, l et 3. Sanclis.. . et fideübus in Cbristd Icsu. Benedicta*
Deus... qui btnedixit... nosinCbriílO-
(5 o J Ib. v. 5. Praedestínavit nos in adoptíonem fíliorum per Ie -
suin Cbiistum in jpsmn.
( 5 i J Ib. //- v. 5. Cútn essemus m oituí peccatís, convivificavít
nos in Christo, chíus gratíú estís salvati,
( f o ) Ib- L v. 6 . Gvatifícavít nos in dilecto F tlio suo,
( 5 3 ) TI, Tlies. L v. io . Cum venerit glorificari in sanctis suis >
admiiabilis fierl tn ómnibus qui crediderunt.
( 5 ^ ) Eph. I. v. 5. s. Qui pradcstinavit nos in adoptionem filio-
ruin per lesum Christum in ipsum etc.
( 5 5 ) Eph. I. v. a3, Corpus ¡psius et plenitudo eius, qui omnia in
ómnibus adimpletur.
( 5 6 ) Lite. X I X . (A 12 et serj.
( 5 7 ) I. Connth. X V . 1 ^. Deinde finís , cuín tradiderít regnum
D eo et Patri , cum evacuaverit omne principatum et potestatem et
virtutem.
( 5 8 ) Ib. v. a5 et 26 . Oporte* autem illum reinare, doñee ponat
omnes inimicos sub pedíbus eius. JNorissima autem mímica destrue-
tur m ors: omnia enim subiecít sub pedíbus eius,
( 5 9 ) Ib. it. 2fi. Cum autem subíecta fuerint iili om n ia, tune et
ipsa Films ¡tubiculiis erÍL ei, qui subieeiL sibi omnia, ut sil Deus om -
nia in ómnibus.
(6o) Luc. X I X . y. i\. ISolumus lumc rcgnare supcr nos.
( 6 í ) Cassiattus lib. JX. c. iS. Ii;ec enim dicure vel opture i
crimitiosomtn nuIJus audebit, quia nec vi de ve tribunal itidicis
v o let, quisquís sub adventu eíus non palmam nce prem ia suís ine-
ritir, sed ptenum novit protinus repensandam.
( 62 ) Jac. I. v. 6 . 8 . Postulct autem iti firíe nil liEsitans: qui enim
harsitat, símiTis est iluctuí m aris, quí a vento movetuv et circum -
fertui,... V ¡r dúplex animo inconstans est in Omnibus viis 'suis.
( 6 3 ) A pac. IV. i i - Digims c.s Dom ine Deus uosteiíiccípere jdo-
riani, et hoiiorein , et viitutem : quía tu creasti omnia , et propter
voluntatein tuarn craut, et creata sunt. — Jbid. X IX . 6 . Atleluia:
quüinam regnuvit Dominus Deus noster omnípotens.
( § \ ) 7hessfil. I. 9 et io . Conversi eslis ad Deum á sEirmlacris 7
serviré Deo vivo él. vero ; et expeetnre Filíutn eiua de coelts,
(quem su.scitavit ex mortuis) Iesum, q u ierip u lt nos ab irá Ventura-
( 6 5 ) II. Ti/n. ÍV. 8, Iisíjni diligunt adventum eíus:
( fiG) Joan. X V . 1 1 . Ut gaudium meum in Yobis sit, et gaudium.
vestrum impleatui'l
(67 ) Ib. XVII. l 3. Ut habeant gaudium meum impletum in
semeLipsis,
(CiS) Jpnc. X IX . 7. Gaudeamus et exultemos, et detaas gloriam
ei: quía vehérunt miptije a g n i, et uxor eius pr;iíparavit se.
( 6 9 ) I. Corinlk. X V . 66. U bi est mors victoria tua? Ubi est.
mors s tí muí us tuus?
(lo ) II. Peí. til. t 2 . Expectantes et properanies ¡n adyenium
diei Dom ini.
( h ) Apoc. X X II. i7. Spiritus et sponsa dteunt: Veuí, Et qui
audit , dicat: V eni.— v. 2 1 - Etiacn veniocito : Amen. V e n i, D o­
mine Iesu.
( 'j-l) Apoc. III. 2 1 - Quí vicerit, dabo ei seelere mecum in tbro-
no meo , sicut et ego v ic i, et sedi ciim Patre m eo In throno eiusl
Qui habet aurcm, nudíat quid Spiritus dicat ecclesiis.
( 7 3 J Hcebr. II. i5. Et liberare eos qui timore m onís per loEam
vitam obnoxii erant sei vitati,
(lí\ ) II. <ul Tím. IV. 1 . Per adventuin ipsius ( Iflsu C brisli ) e
regnum eíus.
( 1 5 ) Tit. 11. i3. Pie vivaiñus in hoc secuIo } spectantes beatain
speni , et adventum gloríx mngni Dei ct Salvnloris nosLri Iesu
Christi,-Philip-III. 20. Kostra conversa lio ín cojlis est. XJnde etíam
Salvaloiem spectamus Dominuin noslrum lesum Christum^qui refor-
mavit corpus humilitatis nostrre, configuratum eorpori daiitatis suuí,
secundum operationem qua ctiam possít sublicere sibi omnia.
( 1 6 ) J. Pet. 3. llegeheravit nOS iil Spem viyam.
(1 1 ) jípoc. P1. i). Cantabant canlicum novum dÍcenles : Digmis
es Domine accipcre librum et aperire srgnacula eius: quOniam oc-
cisus es, et redemisti nos Deo in sanguina tuo... — y. ia. Et fccisli
nos Deo nos tro regnuin, et sacerdotes, et regtiavimus super terraro.
( 1 S ) Apvc. XI. i5. FacUim estregimm buius mundi, Domini nos-
iri ct Christi eius, et reguavit in sítenla s¡i-cu1orum : Am eu.-lb. v. \1.
GiaLtas agimus tibí, Dom ine Deus otnnípotens, qui es, ct qui eras,
ctqui venturus es : quia acccpisti virtutem mam mngnam, ct regnasli.
Ib. X U . m. íiunc facta est salus, et virtus, et regnum Dei nostrí, et
potestad Christi eius.
(1 9 ) Ihtíbr. X I. 9. io. Fide demoratus est in térra repromissio-
nis , tamqiiiim in aliena, in casulis habitando, cum Isaac et Jacob
cohairedibus repromissionis eiusdem. Expcctabat enim fundamen­
ta habentem ci-ví taicio : ruius artifL-x et conditur Deus.
( So J Philip. 111. v. 7 ad i/p Sed qua: milii fuerunt lucra, haec a i-
bitratus sum proptfír Chnstum detrimento. VenmLamcn existimo
omnia detrimentum esse propter cmincutein scíentiam lesu Clmsií
Dojnini m ei: pmpter quem omnia detrimentum fecí, et arbitm r ut
stercera, ut Christum Incrifaeiam, ct inveníar Ín iU o, non lialjcns
meara íustitiam qua; ex k g c est, sed illam qua; ex Pide est, Christi
lesu : qiise ex Dco est íustitía in íide , ad co^noseendum illu m , ct
virtutem lesm-rectíonis eius, ct socictatem pnssiomim illius : con-
fíguratus morti d us: si quo modo occm ram art resurm:lio.nem qu:e
est ex mortuis, INon quod iam acceperim, aut iam perfectus sim :
sequav autem si qun m odo comprehendnm, in í[UO ct comprehensus
sum a Christo Ic.su. Fraties, ego me non arbitmr eumprehendisse.
Uuum autem, qua: quidem retro sunt obliviscens , ad ea vcrci qua:
sunt priora, exiendens nacíp,sum, ad dcstitiatiim pnrscquov, ad bra-
viuin superna; voeationis Dei m Chrísto lesu,
( § i ) $. Ailg. in Ps. n, I). Oral jo qnn: non íil ]ier
( Vflt )
Chm tum , non solüm noli potest doTelf preenturn sed nlíam ipsa
íit in peccatum,
( f o ) Coloss. JJI. i l . Omnia et in ómnibus Christus.
f 8 3 JJoan. VI. 45- Erant omties doeíbiíes Dei.
^ 6/j. ) Joan. XVII. 26 . Ut dilectio, qua diloxisti me, in ípsi.s sil,
et ego in ipsis.
($>5J *S- Aug- Set'f)i. lio . in die Paschat. Catliedrarn habet in
coelo qui corda docet.
( 86 ^) S. Aitg* Serm. de marte lib. 2 . cap. 6 .
(&7 ) Matth, X X II. 3 d. In resurrectione,.. eruntsicut Angelí Dct
in coelo.
( 8SJ Ps. X X IV . Tribulntiones cordis met multipliratrc simt,
de necesaitatibus meis erue me.
(89J S, Aug. De Doct. Chrístiana. lib. III. cap. X . Non au-
tem praecipit Scriptura nisi chavitatem, nec culpat nisi cupidita-
tem : et eo m odo inform al moves hominum,
( 9 0 ) Joan. X IV , i5. Si diligitis m e, mandata men srrvntc.
( 9 i ) I. Cor, X. 3 i. Sive eTgo manducatis, sive bibilis, sive aliud
quid, facitis , omnia in glonam Dei fací te,
( 9 1 ) $. August, Serm. CLX Xl'IIL de verbis Apost. Si ergo
sermo meus invenit in cordibus ves tris alícpiam scínlillam gratuíti
amorts Dei , ipsam nutrlte, nd hanc au^endnm vos advócate pre-
c e , hurnilítate, doíore pcenitcntiíe, dilectione iustítíccop eríbus
bonis , gemitibus sinceris, conve] satione laudabili, amícitiíi fideli.
Hanc scintillam boní amoris fíate in nobís, nutríte in nobis : ipsa
cum creverít et flammam dignissimam et amplissimam feccrit,
om nium cupíditotum carnalium feena consumet.
(93) S. Aug, Conj- X III. c. 8 . Da mihi te Deus meus, redde te
m ih i: te enim amo , et si pamm e s t , amem vaüdms-
( 9 4 j /■ Joan. IV ’r i7, In hoc perfecta est chantas Dei nobiseum,
ut fiducinm Iiabeamus in die iudicii,
^ 95) Matth. X X IV . 45. Quis putas est fidelis servas etprudens?..
invenerit sic facientetn. — Luc. XII. 42. Quís putas est fidelís dis-
peiisator et prudens ?..... invenerit íta facientem.
( 96) Prov. X X I 28. Vir obedíens loquetur victoiíam.
^97) Lite.XVI. 10. Qui fidelis est in m ínimo, et tnm aion fidelis
e s t: et qui in modicú iniquus est, et in maiori inicpius est.
(9 B ) S. Aug. de Doct. ehrist. lib. IV. cap. XVIII. Quod
C }
ergo m inim am , m ínimum est: sed in ñiinimo fidelem esse , Euag--
num est.
(9 9 J S. Aug. Serm. X V lL in Ps. C X V lll. n. 5, Omnis crea tara
humana tamquam iu radice vitiata, quoniam veritati subiecta esse non
v olu it, subiecta est vanitati.— Sertn. XÍI. in Ps. C X V lll. n. I.
Sponte peccavit, et mímica facta est veritati: sed ut mérito punire-
tur, non sponte subiecta est vanitati.
( too ) 1. Joan. Ul. i. JNunr,filii Det sumos, etnondum apparuit
quid erimus. Scimus qurtniam cum apparaerit, simUes ei en m u s:
qüOniam vidcbimus eum sicuti est.
( 101 ) Ps. X X X V . v. io . ApLid te est fons v itje : et i n luinine
tuo videbimus lumen.
( i o s ) S. Aug. in ep. Joan, tract. IV. n. 6. Quia m odo vide­
ra non potestis officium vestrum, in desiderio sit. T ota vita Chris-
tiani. b o n í, sanctum destilen um est.
( io 3 ) S, Aug. Confes. lib. Vil. c. io . Tam quam audirem vo-
cem tuam. de excelso ; Cibus sum grandium : cresce et manducabi*
me. Nec tu me in te m utabis, sicut cibum carnis tu s, sed tu muta-
be lis in me.
( i o 4 ; $. Aug- t ract. X X X V 1 in Joan. Non per verba sonantia t
sed per lucentem veritatem.
( i o 5 ) II. Pet. I. v. i9 . Habemus firmiorem prophetlcum sermo-
n em : cui benafacitis attendentes, quasí lucemae lucenti in caligi­
noso loco, doñee dies elucescat, et lucifer oriatur in cordibus vestrij.
( io6 ) S. Aug. tract. X X X V . in Joan. Satíetas, ím niortalita» :
cibus, veritas.
( iol ) S. Aug. Confes. lib- VIL c. 10. jO eetema veritas, et
vera caritas , et cara ¿eternitas í T u es Deus naeuj. T ib í suspiro dle
ac nocte.
( 10SJ S. Aug, tract. X L I. ín Joan. n. i. Veritas incommutabí-
lisest. Veritas pañis est, mentes refictL, nec déficit: mutat vescen-
te m , non ¡psa in vesceniem muta tur,
( i o 9 ) Hcebr. IV. v. 9. Itaque relinqultur eabbatismus populo
D el.,., Festinemus ergo Ingredi in illam requiem.
( n o j & Aug. Confes. lib. X . [c. ü3. Beata quippe vita est gau-
d iu m de t c r ita te.
( ITt ) Sr Aug, X X X V III. inJoan. Incboasti ipso desiderio v i­
tara Angelo i u m .
(* J
( / • Corintk. Lf. v* 9. INec oculus v id it, nec auris audivitr
nec in cor hominis ascendit, quae prajparavit Deus diligenúbus se.
( i i 3 ) S. Aug. Conjes- lib. IX . c. 10 . Colloquebam ur crgo solí.,,
quarrefaamus Ínter nos apud prasentem veri tatem quod tu os, qualís fu­
tura cssot vita atternasanctorum, quam nec oculus vidít, nec auris att-
divit, n ecin cor hominí-s ascendit. Sed inhiabamu* o r e co r d isin su­
perna Alienta fontis t u i, fontis vitre qui est apud te, ut inde pro
captu nostro aapersi» quoquo m odo rein tan t ¡un cogitarem us,.,. Et
duin loquimur ct inhiamus illi , attágimus eam modice toto ictu
cordis y ct suspiravimus , ct reliquimus ihi religa tas primitías
spintust ect.
( I i4 J Matth- V. v. 8 . Beatí mundo eorde: quoníam ípsi Deum
videbunt.
( n 5 ) S. -dttg- Serm. C X X I. Amando Deum efficimur d i i : ergo
amando m undum , dicimur mundus.
(n (> J Gal. I. v, 10 . Si hominibus placerem, servus Christi non
tfssem.
( 1 17 ) Pp. L X X I I t>. 25 ad 38 . Quid enim mili i est in coelo? et a te
quid voluí super terram? Defecit caro mea et cor m eum : Deus cor-
dis mei, et parsmea Deus in lEternum, Quia ecce, qui elongant sea.
te, peribunt: perdidisti omnes qui fornican tur abs te. M ihi autem
adhacrere Deo bonum est, poneré in D om ino Deo spem meara.
( 1 1 8 ) Lite. XII. v. 5o. Baptísmo babeo baptizará; et quo m odo
coarcior usque dinn pet'ficíatuv!
( 1 1 9 ) S. August. tj'act. H I . in Joan. /i. 1 . — Ib. n. 2 .
Quid est hoc? Quomodó sequi iubes animam m eara, si turbar i
video animam [tuam? fquomodó safleram quod grave tanta firm i-
tos sentit ? quale ftindamentum quaeram , si petra succumbit?
Sed videor mihi audire in cogítatione mea respondentem mihi
Douiinum , etquodam iaodo dicentem : Magts sequeris, quia sic m e
interpone ut sufleras ; audisli ad te vocem foriitudinis m e¡s, aud¡
in me voctsm infirmítatts tu$ : vires sugiero ut curros, nec reprimo
quod acederas; sed transiera in me quod trepidas , et substemo
quod transcas. O Dom íne M ediator, Deus supra. n os, hom o prop-
ter n os, agnosco misericordiam tu am : nam quod tu tantus tuae
charitatis volúntate turbaris , mullos in torpore tuo , qui sus infir-
mitati* necesita le Lurbmitur , ne deipertuido pcieanl, consolarás.
( )
( 1 9.0) Joan. 1. tJ. 2¡). Ecce agivus D e i; ccce qui tnUit peccatnm
mundi.
( 12 1 ) Isaías L U I. á p. 4 od 7. Veré languores nos tros ipse
lu lil et dolores nostros ipse portan it ; et nos putavimus eum quasi
lep rosn m , et percussum á Deo et humilla,tutn. Ipse autem vulne-
i-atus estpvopter iniquitmes nostras, attritus est propter scelera nos­
tra : disciplina pacis nosUa super cum, et livore etus sanad sum ai.
Omnes nos qunsi oves erravimus,, unnsquisque in viam surtm de-
clinavít: et posuit Dom inus in eo iniquitatem omnium nostrum.
Oblatus est quia ipse voluit, et non apenjit os su u m : .sicut ovis ad
occisíqnem ducctui-, et quasi agnus coram tondente se obm utescei,
et non aperiet os suum,
( 122 ) Ilcebv. X v. 7 el 9. Tune d ixi: Eccc venio,... ut faciam,
Deus, voluntatem tuam.
( i a 3 ) Luc. X X II. v. 4^. VeL'untamen non mea volunto5 , sed
tua fíat
( ia 4 ) Phii- II- v- 8- Jfactus obedíens usque ad mortem.
("125) Luc. X X III. tJ. 28 . IS’ o lit e ílere s u p e r m e, sed super vos
ip sa s flete .
( 12 G) Iiccbv. IX. v. 22 . Sinc Bíinguinls efíusione non fit remi.ssio.
( 127 ) $■ siug- in Psalm. C XXF II. n. 3, Ipsi chnstianicum napítn
suo quod ascendlt in caelum, unus est Christús. ¡Son tile unus cr.
nos m ulti, sed et nos multi in illo uno unum. Unus ergo hom o
Christús, caput et cOrpus.
(128 ) Colas. I. 24 s. Nunt gaudeo in passionibus. pro vobís, ct.
adimpleo ea qu;c desunt passtonum Christi in carne mea, pro eoi'pore
eius, quod est Eccleaia: cuius factus sum ego minister... ut ímpleam
verbum Dei... ut exhibeam omnem homineni perfectum in Christo
Iesu... in quo et laboro , cenando etc.
C129) Joannis X I. v. 16 . Dixit ergo'Thom as, qut dícítur Dídv-
mus ad condiscípulos : Eamus ct nos, ut m oriamiir cum *>o,
( l3 o ) In ord. Mis. : Suscípe, Sánete Pater, omnipotcns a?ternc
D eas, hanc immacula tam hostiam... pro innumerabilibus peccatis
et oSensionibus et negligentiis meis etc.
( i 3 i ) S. J ug. Confes. lib. X . Cartera vem vitre huius tanto
mínüs lleuda, quanto magis íletur, et tanto mngis flenda quantó
UIUIU5 íletiiv.
( i3 'íj Ps. X X X f 7 /. v. f». Sií'uL unus <jr:ive y r í l M i n t supí?r me.
f i 33 J líí. J te g , X X L i\ a 9 . E t ía c tu s est ic m io D o m in í atl

E lía m T h e s b it e ii d ic e u s : N o n tie v id is ti h u m ilia tu m A ehab co ra tu

m e? Q u ia ig it u t ’ h u m í l i a t u s e s t m e i ca u sá , 11011 i n d u c a i n m a lu in

iu d lc b u s e iu s .

. ( r3 4) M avc. V IL v. a 6 .
( i35) L u c. X V III. i 3.

^ i 3 6 ^l T e r t u l . l i b . d e p c e n i t e n t . c - 9 . H u m i l i f i c a n d i d ís o ip lín a ,

c o n v e r s a t iO n e m in iim g e n s m ís e r jc o r d i* D e i illic e m .

( 1 3 7 J M a t t h . X í . v. a 9 . D i s c í t e á m e , q u i a m i t i s s u m et h u m i-

lis c o r d c .

( i 3 8 ) P h il. I L v. 7 , E x in a n iv it s e t n e t í p s i i n i ........ l i u m i l i a v i t se-

m e tip s u m etc.

( i 3 9 J Job. V IL t-. 1 . M t lit ia est v ita h o m in is s u p c r t e r r a m .

( i 4 o ) S- in P s . V I I I . Q u i v e r o se c o g n o s c it ín vera «se

m is e r ia , e r it e tía m in vera F e lic íta te .

C 1 4 1 - } I- J o a n . I L v . 1 6 . Q m n e q u o d e st in m u n d o , c o n c u p is c e n ­
c ia c a r n i s e s t } et c o n c u p is c e n tia . o c u l o r u m , e t s u p e r b i a v i la e .

( il\ 1 ) II. P e í. 11. %>, i(\. O c u l o s lia b e n t e s p le n o s a d u lte r íi, et

in c e s s a b iJ is d e lic tE .

( l ¿ ¡ 3 ) Ib . v. 8 . A s p e c t u et a u ií it u íu s tu s e r a t,

( 1^4 ) Jw - v ' 5 s. L i n g u a m o d í c u m q o id e m m e m b r u m e st, et

m agna e x a lta t. E cce q u a n tu s ig u is , q u á in m agnam s ílv a m in c e n -

d it! E tlin g u a ig n is e s t, u n iv e r s ít a s i n i q u i l a l í s ... O m n is n a tu ra b e s -

t ia m m ...d o m a iit u r á n a tu tá h u m a n a : lin g u a m auL em n u llu s lio m i-

n u m d om are p O tcst. ..in q u ie t u m m a l u m f p le n a v e n e n o m o r t íf e r o e tc.

( i 4 5 ) lio tn . V IL v. 1 4 . E g o a u t e m c a m a l i s s u m , v e n u n d a t u s s u b

p e o c a to . Q u o d e n im o p e ra r, n o n in te llig o : n o n e n im quod v o ló iio r

n u m , h oc ago, sed q u od o d i m a lu m , illu d fa c ió ... K u q c a u le m ia m

n o n e g o o p e r o r illu d , sed q u o d h a b it a t in m e p e c c a t u n i,.. V íd e o au­

tem a l i a m l e g e m i n m e m b r i s r n e is , r e p u g n a n t e i n l e g i m e n t ís m e o ? , e t

c a p t iv a n t e m m e in le g e p e c c a t i, q u ;c e s t in m e m b r is m e is , l n f c l i x

ego H om o, q u is m e lib e r a v it d e c o r p o r e m q r t is h u iu s ? G r a t ín D ei

p e r le s u m -C h r is tu m D o m in u m n o s tru tn . lg it u r egO ip s e m e n t e s e r ­

v io le g i D e i ; c a r n e a u te m , le g i p e c c a t i.

( 14 6 ) /■ C o r in th . I X . v>. 2 8 . C a s tig o c o r p u s m eum et in ser-

v itn te m r e d ig o .

( x 4 7 ) P h .il. L v. ü S . D e s id e r iu m habens d iís o lv i,. e t esse cu m

C h r ííto .
( i .'j B ) S . s 4 u g l i $ t . C o n fe s, lib . X . c. 35, H uc a c c e c lÍ L a li a fo rm a

t e t i t a t i o n í s m u l t i p l i e iu s p e r i c u l o s a . P r a s tc r e a i n e r i i i n c o n c u p í s c e n t i a m

c a r n í s , quae í n e s t i n d e l e c m t ío n e o m n i u m se n su u m et v o lu p ta tu m ,

t u í s e r v ie n te s d e p e r e u t u , q u i lo n g e se fa c i u n t a te , in e s t a n im a : p e r

e o sd e m sen su s c o r p o r is q tr e d a m n o n se o b le c ta n d i in c a r n e , se d

e x p e r íe n d i p e r c a r n e m v a n a e t c u r io s a c u p id ita s , n o m in e c o g n it io n is

et s c ie n tiíE p a llia ta .

( i/|9 ) E cctes. X . v. i 5 . I n íü u m o m it ís p e c c a ti est s u p e r b ia . —

I T im . V I . v . iO - R a d i x e n í m o im ú u m m a lo r m n e s t c u p id iia s .

( i 5 o ) 11- G o r in th . X I I . v. 7 . j\ c m a g n itu d o r e v e la tio n u m e x to í-


l a t m e , d a t n s e s t m i l i ¡ s t í m u l u s c a m i s m e a :.

( i 5i ) H om . 1. v. a i. E ranuerun t in c o g ít a t io n ib u s su ís , e t ob-

s e m a tu m e s t in s ip ie n s c o r c o r u m , d ic e n t e s e n im se e s s e s a p ie n t e s ,

s tu lti fa e li s u n t.

( í b l) M a lÜ u XXIV. í >. 4 ^. V ig ila te , quia nescítís qun. hora


Dom inus vestir venturus sít. -A/ar. XIII. i-\ 32 s. D e d íc aulem illo
vel hora nemo scit... Videte, vigilatc et orate , nescitís enim quan-
do tempus sit...Q u o d autem yobis dico: ómnibus d ic o : V igi la te ,—
L u c. X II. v. 37. Beati serví illí quos cum venerit D o m in u s, inve-
n e iit vigilantes,.. E t vos estote parati, quía qua hora non pu tatís,
F iliu s hom ínis veniet.
( i 5 3 ) <S. G r e g o r . M a g . h o m il. i 3. in E v a n g e lio ,

( 1 5 4 ) M a tth . X X V I v . 4 1 - V ig i ló t e e t o r a te , u t n o n ¡tu m is in

t e n la tio n e m .

( 15 5 ) L u c . X X L v- 3 4 s . K e f o r t e g r a v e n t u r c o r d a v e s tr n í n e r a -

p u lá e t e b r ie ta te , e t c u r is h u i u s v i t a ; ; e t s t l p e r v c n i a t in vos repen­

tin a d ie s illa : tam q u a m la q u e u s e n im s u p e r v e n ie t in o m n e s ....

V ig ila te ita q u e o m n i te m p o r e o r a n te s , u t d ig n i lia b e a m in i fu g e re

is t a o m n i a q u a e f u t u r a s u n t , e t s t a r e a n te F i l i u m h o i n i n i s .

( 1 56) / P e í. IV . v. 1. O m n iu m a u te m fin ís a p p r o p in q u a v it,

E s t o t e ¡ta q u e p r u d e n te s , e t v i g i l a te i n o r a tio n íh u s ,

( 1 5 7) C a lo s . IV . v, 3 . O r a tio n i ín s t a t e , v ig ila n te s in ea in

g r a tia r u m a c tío n e .— E p it e s . V I . v. 1 8 . O ra n te s om ni te m p o r e in

s p ir itu : e t i n i p s o v i g i l a n t e s in o m n í i n s t a n t iá , e l o b s e c r a i í o u e p r o

O m n ib u s s a n c tis .

( i 58 ) M a r c . X I I I . v. 3 3 .

( i 59) I. P etr. U . v. i r . O b secro vo s tam q u a m adven as et p e re -


gi'ínos alistinere vos filo-— líceb- XI. f. i3. Confitentes qnin pnr;-
grini ct hospii.es surU super terram.
( 160 J Philip. III v. [3. Qu;o retro sum oblivisceiis , ad en ven»
quae sunt priora fixLendcns me ipsum , ad destíiintum pei'aeqtiur , ad
bravium vocationis Dei in Christo iesu.
( 1 6 1 ) I. Oirínih. K v. 6 - Dum sumus in corpore peregrinamnr
a D om ino etc.
( 1G2 ) Ibid. 8. Audrmus .nitcm , et bonam volantalcm hnbeinus
magis peregrinan i corpore , et presentes esse ad Dom inum .
( i6 3 ) S. -dug. tract. X L. in Joan. Abundant tmiationes in
mando.
( Gnlat. VI. t^- M ihi mundus eruciíixus est, et ego mundo.
( iG5 J )I. Corint. V. 1 n d l . Scimus enim quomam si terrestris
domus nostra huíus habitationis dissolvatur, quod ffidiíieaLioncm ex
Deo habemus, domitm non manufaclam, rcternam in coelis. iNam in
hoc ingcmiscimus, habitationem nostram, qure de ecelo est, superin-
dui cupientcs.... INam ct qtú sumus in hoc tabernáculo, ingemisci-
inus gra-vatí: có quód noluraus expoliar! , sed supervcstiri • ut al>-
sorbeatur quod mortale est, i vita. Qui autem cíKcit nos in lioc ip~
ium ? Deus, qui dedit nobis pignus spiritus... scientra íjuoniam dum
sumus in corpore peregrinamur á D om ino etc.
C iGG^I Ephes. I. v, i7 . U t Deus D om im nostri Iesu ChristL
Pater gloria:, dflt yobís spiritmn sapíentia: etrcyclatíonEs, in agni-
tione ciu s; illuminntos oculos cordis v cstrl, ut scíatis qure sit spes
rocationiv eíus, et qn;o divílim gloria: hsemlitíitU eíus in snnetis.
( i6 7 ) Ps. CXIX. v. 5. Heum ihi! quia incoTatus meus prolnnga-
tus e s t : babitavi cum habilantibus Cedar : multum Íncola fuit ani­
m a mea. Cum bis qui oderunt paeem etc.
(16 8 ) I. Joan. II. m. i3 el Vicistis malignum.
( iG9J ib- V- v. i3. Scimus quia Omnis qui natus est c* Den,
íion peccat; sed gencratio Dei consei-yat etim, et malignus non lan-
git eum.
( i 7 o J / A . v■ t9. Scimus quoniam ex Deo sumus: et minulus
souis in m aligno positus est.
( i7 i ) II. ad Corinth. IV. 4- Deus huíus secuIí excLccavit mentes
ínfidelium ut non fulgeat iílis illuminatio Evangelii ele.
f t !?2 ) Joan. XII. v. 3 i. Nunc princeps huius muudi eiicietui-
■foras.
( \ 1 $ ) E p h e s . F I . v. ii. I n d u it e v o s a r m n t u r n m D e l , u t pos-
sitia sta re a d v e rs a s in s id ia s d ia b e d i. Q u o n ía m n o ti e s t n n b is c o llu c -
t a t i o a d versfts c a r n e m e t s a n g t iin e m , sed a d v e rs a s p r in c ip e s e t po-
Instate , ad v ersu s m u n d i re c to r e s t e u e b r n r u m h a r u m , c o n t r a s p i r i-
Lunlia n e q u itia ? in co e le s tib u s.
( il!\)Joh. FI. v. I i. Qu;eest entin fürtitudo mea, ut suslmeam?
mit quis finís m cus, ut patienter agam?
( i 7 5 ) Ps, XFII. v .l$ et 49. Deus... liberator roeus de mimicis
meis iracundia. Et ab iiisurgentíbus Í11 me exaltabís m e: á viro m t-
quo e ripies m«.
( i7 6 ) Colas, b v, i3. Eripuit nos de potestate tenebrarum , et
transtulit ín regnum F ilií dilectionis suae.
( i 7 7 ) Joan. XII, v. 3 i. Kunc princeps huius mundi eiicietur
furas. Et ego si exaltatm fuero a térra , omnia trabom ad meipsum.
( i7 8 ) Ps. X F II. v. 3o. In te eripinr a tentatione.
( i 7 9 ) L Joan, III. v. 9. Omnis qui natus est ex D e o , peccatum
non I’a cit : quouinm semen ¡psius m eo manet, et non potest pee-*
carc , íjuouiam ex Deo natus est.
{ 1S 0 )Jfic. IF- t'. 4- Kescitia quia amicitia istius mundi inímica
est D e i? Quicuinquc ergo voluerit amicus esse soiciili huius, m im i-
cus Dei ennstítuitur.
( í t í i ) Matth. X III. 22 . Solicitudo saículi istius, ct ial lucia divi-
liarum sulíbcanl verbum.
( 1 S2 ) jRom. X II. v. 2 . JNTolite conform an huie saecuto.
( iS 3 ) Matth. X F IIL v. 7. Va: mundo a scandalis.
( i 8 4 ) Jacob. L a7. Religió munda et ímmaculata apud Deum
ut Patrérn base est: Visitare pupíllos etviduas in tribulatíone eonun,
et imraaculatum se custodire ai) hoc sáculo.
( i85 ) Joan. FU. v. 18 , Qui ásem elipso loquitur, glonam p io -
príam q tu m t; qui autem quaerit gloriam eius , qui mísit e u m , bic
verax est , et íniustitia in ¡31o non est.
( 186 ) Gal. FL v. 14 . Mihi autem absit glorian nisi in cruce
Dnmini nOfitrl Xesu-Christi; per quem miiil mundus ciiirifixus est,
et ego mundo.
( iS7 1 Román. FIII. v. 23. ríos ipsí primitias spivltas baLentes ,
ct ipsí mira nos gcmíiaus , adoptionein filiorum Dei expectantes ,
redan piionem corporis nostri.
( 188 ) Rom, VIL v. 24■ Infelix ego h o m o ! Quis me libera y t fd e
corpore m onis iiuius ?
(1 8 9 ) Maith. V. v. 5. Beati tjui lugent: quomatn jpsi consola-
buntur-
( i 9 o ) S. 4ug. tract- super Ps. 148 . n. 4.. Qui autem non gemit
peregrinas , non gaudebit cívis j quia desiderium non est in i lio.
( i 9 i ) Rom. VIII. y. 26. Et Spiiitus adiuvat infirmitatem nós-
iram , nam quid oremussícul op ortet, nescimus : sed ipse Spiritus
postula!, pro nobis gemítibus inenarrabilibus.
( i9a ) S. Aug. Epist. i3o. v&l i3 i ad Probatn, n. 2 1 . C u m d ioi-
mus, Libera nos a malo ; nos admonemus cogitare n on du m n oí esse in
eo bono ubi nullum patiemur malum. E th oc quidem ultimum, quod
in Dominica oiatione positura est> tam late patct, uthomocbristianus
in qualibet fcribulatione constitutus in hoc gemitus edat, ín hoc la-
ciytnas fundat, hinc exordiatur, ¡n hoc im m Oietur, ad hoc termi­
ne! orationem.
EL PADRE NUESTRO
D E L E R M IT A Ñ O ,

•O manera de meditar la omcion del padre m uestro

c o n que un piadoso y sencillo ermitaño oraba to­


do él dia, y llegó ú desear la muerte, para unir­
se con Dios .

1.

PADRE NUESTRO QU E ESTAS EN LOS CIELOS*

¿ Cómo me atreveré yo, oh Dios m ío, á llamarte


Padre ? Pequé contra el cielo y contra tí , y no
merezco el nombre de hijo. A y! yo me tendría
por muy feliz, si te dignases tratarme como á uno
de tus criados. D isipé, cual otro hijo pródigo, la
augusta calidad de hijo de Dios , que me diste en
el;bautismo y formaba toda ini riqueza. Era feliz,
y no lo quise conocer. He vivido como los brutos
sin razón, y me he hecho semejante d ellos, de­
jándome llevar del amor de las cosas terrenas, sin
pensar m as que en mi cuerpo > y apegándome á
cuanto lisonjeaba mis sentidos; en lugar de din
g ir: todos mis pensamientos, deseos.¿ inclinaciones
hátia el cielo;'-en donde sabia que estaba mi Padre,
_( 2 )
mi patria y mi herencia. Sin embargo me has dado,
ó Dios mió j á tu Hijo, y el ser miembro- de su
místico cuerpo. Y por muchos y grandes que sean
los esfuerzos que yo he hecho para apartarme de
él j confio que pertenezco al número de aquellos
sobre los cuales quiso conservar eternamente todos
sus derechos, y que nadie puede arrancarlos de sus
manos. Mírame pues , Dios m ío, en tu muy amado
Hijo, en quien todas las cosas te agradan ; y lleva a
bien que como uno de sus miembros y como par­
te suya te diga, confiado en sus méritos } por la
virtud y santidad de tu Espíritu, y en compañía de
todos tus hijos que son sus miembros y componen
su cuerpo : Padre nuestro que estás en los cíelos.

II.

SANTIFICADO SEA EL TU N OM BRE.

¡P l u g u ie se á Dios que jamás hubiera yo deshon­


rado este Santo N om bre, que fué invocado sobre
mí en el bautismo ! Mi cuerpo y mi alma fueron
santificados y consagrados entonces para ser el tem­
plo de Dios vivo. Pero ay ! cuantas veces le he pro­
fanado , levantando en él el ídolo de mi orgullo y
de mi amor propio ¡ sacrificando á mis pasiones los
deberes mas esenciales de la Religión, y las obli-
paciones mas santas del cristianismo ! Tu solo ¡oh
•fl 1
Jesús! Sacerdote soberano, solo tú puedes renovar
en mí esta consagración } y ponerme en estado de
santificar de nuevo este Santo Nombre en mi cora­
zon por una verdadera penitencia. Sea pues invo­
cado sobre mí nuevamente este Santo Nombre
oh Dios mío ! para que sea santificado en mí para
siempre. Haz', Padre Santo , que tu Santo Nombre
reanime mi Fé en tu omnipotencia: que el tuyo !oh
Hijo Unigéhito de Dios! eleve y fortalezca mi espe­
ranza en tus méritos y en tu gracia; que el tuyo ¡oh
Espíritu Santo! me abrase en tu caridad, y me
establezca y arraigue en .ella por toda la eternidad.
-Pero haz ¡oh Trinidad Santísima! que este Santo
Nombre sea también santificado y adorado en espí­
ritu y verdad por todo el .mundo ; y que á este San*
ío Nombre se doble toda rodilla en é cielo , en la
tierra y en los infiernos ; Santificado sea e l tu
Nombre.

III.
VENGA. A NOS E L TU REIN O .

¿ Q ué es lo que he hecho ¡ oh Dios mió ! desde


que estoy en la tierra ? ¿ Qué otra cosa he hecho
mas que oponerme al establecimiento de tu reino
en m í , y acaso en o tros m u c h o s : atentar contra

los derechos sagrados d e tu corona : querer sacu ­

d ir el am able y u g o de tu im perio ; y hacer esfuer­

zos para su bir á tu tron o y rein ar en él en tu lugar

cual otro L u cifer P L o que el orgullo de éste le hizo

d ecir una sola v e z , lo h e d ich o y o in n u m era bles

veces con m is p e n s a m ie n to s , deseos y a ccio n es: lo

h e d ich o por la vanidad de m i e s p ír itu , p o r el or­

g u llo d e m i corazon , y p o r la hipocresía d e toda

m i c o n d u c ta , con la q u e h e qu erid o u s u rp a rla g lo ­

ria qu e solo á tí se d e b e ; y reinar en la o p in io n

de los hom bres, atrayén dom e su estim ación y la v e ­

neración q u é á tí te deben. Pero ya es tiem po ! o h

m i D i o s ! que se establezca en m í tu reino ? y se

acabe el d el pecado. P erezca en m í este reino fu ­

nesto, á costa de lo que mas amo : y lle g u e , y sea

lu ego , tu reino. Sí, S eñor Jesú s, ven y por tu gra­

cia o m n ip o ten te pon á tu Padre en posesión del

reino qu e le adquiriste á costa d e tu sangre : pero

v ive y reina con él p o r Jos siglos de lo s siglos*

IV.
HAGASE TU VOLUNTAD ASI EN LA TTERIIA COMO EN
EL CIELO.

B e ix a s en el cielo ¡o h D ios m ió ! p o rq u e en él
• ( 3 )
se hace tu voluntad perfectamente. Cúmplase tam­
bién en nosotros sobre la tierra esta voluntad santa,
para que reines en ella como en el cielo. ¿No debe
confundirme qae hasta aquí me haya yo abandonado
á mi voluntad propia, siguiendo mis pasiones como
un pagano ? ¿ No es ya justo que durante el tiempo
de vida mortal que me resta, viva ya no según las
pasiones , y sí según la voluntad de Dios ? Me pa­
rece que este es todo mi deseo y toda mi ambición.
Pero ay ! que yo me siento adherido á mí mis­
mo por mi voluntad propia, por una voluntad de
carne y de sangre que ha llegado á ser para mí
una cadena de fierro : y solo t ú , Señor, la puedes
romper, tú que has puesto tus delicias en hacer la
voluntad de tu P adre, y te has ofrecido á él para
ser su esclavo toda tu vida desde el primer momen­
to de tu entrada en el mundo. A tí ¡oh buen je sú s !
toca formar en mí esta voluntad santa; pues sabes,
cuando quieres, mudar la voluntad de los hijos de
Adán en voluntad de Dios. Tú solo puedes dar el
querer y hacer esta voluntad, y que yo pueda de­
cir eficazmente y de corazon '.Hágase tu voluntad^
asi en la tierra como en el cielo .
( « )

v .

E L PAN NUESTRO DE CADA. D IA DANOSLE H O Y »

Tonos los animales de la tierra aguardan de tí sis


alimento ¡ oh Dios mió ! según dice el Profeta. Tú
mismo se le preparas, y ellos le reciben de tu ma­
no. Alimentas también á los pájaros del cielo , y tú
misino, mandas por la boca de tu Hijo que consi­
deremos el cuidado que tienes de ellos, para ani­
marnos á poner en tí toda nuestra confianza 3 y á
arrojav en tu seno todas nuestras inquietudes. Mas
¡ oh Dios m ió ! los animales son lo que tú hiciste
de ellos: siempre han hecho tu voluntad, y nada
que los haga indignos de tus cuidados. Al contra­
rio yo. j Cuánto me desfiguró el pecado borrando
i¿n mí la imagen de tu santidad impresa en mí al­
ma ! Cuántas veces violando tu ley me he hecho
i n,digno de la vida y del alimento l No obstante } si
como el hijo pródigo, me he envilecido hasta nive­
larme :í Jos puercos, y reducídome al extremo de
desear su alimento, acúerdate , Señor ; que el pa­
dre de este hijo perdido no deja de matar un ter­
nero , y hacerle comer á su mesa. Si soy nn per­
ro que tantas veces he vuelto al vóm ito, no te ol­
vides de que también Jos cachorritos comen de las
migas que caen de las mesas de sus amos. Y pues
quieres todavía ¡oh Dios mío ! que me dirija á tí
corno á mi Padre, acuérdate que un Padre no da á
su hijo una piedra cuando le pide pan ; y que tu
amantísimo Hijo prometió en tu nombre que el
que buscase primero el reino de Dios y su justicia,
tendría por añadidura el alimento, el vestido, y
todo Jo demás* Yo busco por tu gracia este re in o ,
que consiste en la santificación de tu Nombre; y me
parece que siento una sed ardiente de su. justicia,
que es el cumplimiento de tu voluntad. No me nie­
gues pues el pan del cuerpo que quieres que pida;
pero dame también el pan del alma que deseo con
ansia, y te pido con todo el ahinco de mi corazon: es­
te pan de fe de que vive el justo : este pan de gracia
que es la vida eterna: este pan Divino que bajó del
cielo y da la vida al m undo: y concédeme que re­
cibiéndole, me alimente interiormente, y que ali­
mentándome , crezca en tu amor; y creciendo cada,
dia en caridad, llegue en fin á la caridad perfecta
y consumada en que el alma se alimenta de tí sin
velo y sin figura.
VI.
PERDONANOS NUESTRAS D EU D A S ASI COM O , N O SO TR O S

P E R D O N A M O S A N U E S TR O S D E U D O R E S *

P ero ¿ cómo se ha de recibir este pan celestial


en corazon cargado todavía con el peso de tantos
pecados , que te dan ¡ oh P ad ré! el derecho de sa­
crificarme como víctima á tu indignación? Solamen­
te tíi misericordia me puede librar de este p e so ,
perdonándome mis pasados desarreglos ;lo que coii
todo el corazón té pido por Jesucristo, que satisfizo
tan completamente á tu justicia, y cuyos méritos
suplen tan abundantemente mi indigencia y extre­
ma indignidad. Si hay alguna cosa que puedá dis­
m inuirla, es él amor, es la caridad que me has
dado para con niis' enem igos, y la disposición éri
qué estoy por !'tú gracia de perdonar las injurias ',
qué haya podid’o hacerme mi pi'ójiíno j y las deu­
das de los que rio pueden satisfacernie, Has e’riípe-
ííaido tu palabftr1¡ oh Dios ! de perdonar á Jos q u e;
perdonen* Este es un p acto, un contrató que' fiasf
tenido á bien hacer con tu criatura. Perdóname
pues, Dios m ió, pues yo perdono : obra conmigo
con misericordia, pues yo la tengo de mis herma­
nos, y ya no los miro como enemigos: y si mi corazoii
C 9 )
me üngaña, y jioy lan desgraciado que conserve
en él algún resentimiento voluntario, ó alguna
mala voluntad contra alguno > arranca de este mi
corazon todo cuanto pueda ser Contrario á la cari­
dad, y dáme un verdadero amor de mis enemigos,
si tengo alguno* para que puéda hacer confiadamen­
te la oracion que me lias mandado, y decir con tu
Espíritu : Perdónanos nuestras deudas , así como
nosotros perdonamos á nuestros deudores. : '

VIL
Y NO NOS D E J E S CAER EN L A T E N T A C IO N .

M as ¿ de qué me servirá, Dios mió , que me li­


bres de la pena de mis culpas pasadas- si me aban-
doilaíi á la malicia de mi coraitóñ? á la debilidad
de mi voluntad corrompida , y á 'tantas o casio n a
de pecar como me:cercan por todas partes ? Dígnate1:
préveiiir con tu grtlcia la malhadada inclinación de;
mi voluntad al mal.-Rompa tu poder esta cadena-de
fierro que lian formado en mí íó¡s malos hábitos./
Sostén';etin tu fuerzafla debilidad1;de mi lángiaitátt;
naturaleza. Derraríin sobre mí tu luz , pura- que
1os!luios que él déntonio me potíé d e :tatitos
dos:1Cóbrenle cdriTel escudo’ d é lííf e para rechazasj
los dárdós abrasadores de este ^ p irita maligno j
( IO )
y revístente con todas tus armas para combatir
contra la carne y la sangre, y contra todas las p o ­
testades del iniierno: pues que no espero síno en
tí ¡ oh Dios m ío ! que eres toda mi fortaleza y mi
refugio. En cualquiera oscuridad, en cualquier ol­
vido de mi obligación, y en cualquier entorpeci­
miento de corazon en que pueda hallarme en el
tiempo de las tentaciones, acuérdate, Señor, que mi
debilidad y mis necesidades claman por mí para que
rué sostengas : N o nos dejes caer en la tentación.

VIII.
MAS LIB R A N O S D E M AL. A M E N .

No te pido j qh Dios m ió ! que me libres de to­


do sufrimiento. Se que este es la herencia y el patri­
monio de los pecadores; que está en el orden de
tu justicia eterna, el que yo pague con el dolor el
amor del placer que m ellizo pecar : y que si como
cristiano estoy obligado á llevar mi cruz toda la
vida y como criminal debo vivir en oprobio, en lá­
grimas,, y en todos los trabajos de la penitencia.
Pero, Dios mio^ si me haces sufrir todo lo que me­
rezco , cuantas criaturas hay se armarán contra mí
para/ vengar, las injurias hechas por mí á su Cria­
dor. Vendrán sobre mí todas, las enfermedades y
( 11 )
aflicciones imaginables; y basta til demonio como
ministro de lu justicia tendrá derecho para apode­
rarse de mí, y emplear en mi cuerpo y en mi alma
todo su furor y toda su rabia. Líbrame, Dios m ió,
por la virtud de la cruz de Jesucristo tu amado
H ijo, que sobre ella triunfó de todas las potestades
del mundo y del infierno, y sufrió en su cuerpo y
en su alma cuanto era debido á tu justicia por mis
pecados. En él, por su gracia, y en unión de sus pa­
decimientos acepto y quiero sufrir las cruces, peni­
tencias y aflicciones que quieras enviarme en esta vi­
da. Por él también y por sus méi’itos te pido que
me libres del mal que mi debilidad no puede su­
frir. Pero sugeto mis deseos y oraciones a tu vo­
luntad soberana, No pido sino lo que sea mas dig­
no de tu grandeza y mas conveniente d tu gloria : y
aunque imploro tu misericordia, no huyo de abando­
narme i tu justicia, confiado en que ésta nunca
será sin misericordia. No, Padre de las misericor­
dias , no permitirás que yo sufra mas de lo que
pueden mis fuerzas con tu gracia. Espero que sos­
tendrás mi debilidad; y que si no me libras ente­
ramente en esta vida ni de los efectos del espíritu
m aligno, ni de la malicia de los hombres ni de las
aflicciones que merecen mis culpas , será para li­
brarme mas gloriosamente de mis males invisi-
{ 12 )
bles, y para hacerme evitar las penas eternas, en cu ­
ya comparación nada valen ni son todos los males
de esta vida* Yo me abandono pues a tí ¡ oh Padre
mío que estás en los cielos } para hacer peniten­
cia de mis pecados de! modo que sirva mas ¿ h a ­
cerme santificar tu Santo N om bre, á establecer en
mí tu reinó , á que cumpla riiejor tu voluntad , y á
recibir el pan de tu palabra, de tu gracia, de la
víctima eúcáríística; á purificarme de mis pecados,
á fortificarme contra la tentación 5 á librarme del
mal que te desagrada en mí, á hacerme desear los
bicñes eternos j y para prepararme á entrar en la
alegría de tu H ijo, y en la herencia de los que
has escogido, adoptado y santificado por él en la
eternidad y para la eternidad. A m en .
ELEVACION DEL ALMA

A JESUCRISTO
C O N S ID E R A D O CO M O SU PAN EN E L

SANTISIMO SACRAMENTO.

Salvador mío Je s u c r is t o , yo te adoro como pan


vivo y alimento de todos los espíritus criados, Go­
mo Verbo, como Hijo de Dios, como Verdad, como
Vida y como L u z, se alimentan de tí los Angeles
en el cielo contemplándote y amándote: Bajaste del
cielo a la tierra, y te hiciste hombre para ser el pan
de nuestras almas. ¡ Qué bondad ! ¡ Qué amor ! No
te contentaste con darnos, el ser y la vida y ha­
cernos nuevas criaturas infundiéndonos tu gracia:
quieres,además alimentarnos con tu misma carne y
sangre, con ese Pan divino, para conservar y forti­
ficar este nuevo ser que nos has dado. Mas ¿ cómo
podré yo comer este Pan? Creyendo en tíj y amán­
dote. Por la fe habitas en nuestros corazones, y
por la caridad estás en nosotros. Puedo alimentar­
me meditando tus misterios con una fe viva. T u
Divina palabra es ei pan : que contiene la verdad y
( >4 )
la introduce cu mi alma. Pero ¡ oh Divino Jesús !
tú te dignas alimentarla de otra nía ñora. Has bu­
llado un medio mas admirable y mas digno de tu
amor, instituyendo el Sacramento de la Eucaristía.
En él, nos das tu carne y tu sangre y tu Divinidad
bajo las apariencias'de pan y v in o , para que nos
alimentemos. ¡Olí pan adorable que contiene al
Hijo unigénito del Padre , al carácter de su subs­
tancia , á aquel por quien todas las cosas fueron
hechas, en quien todo subsiste , y en quien plugo
al Padre que residiere toda plenitud, plenitud de
gracia, de verdad, de gloria y de la Divinidad! ¡ Oh
Pan vivo que contiene el principio de toda santidad
que encierra en si todos los misterios de Jesucristo ,
que es la consumación , el cumplimiento y la ple­
nitud de todas las figuras: Sacramento en que el
hombre se alimenta de Dios que le crió y redim ió!
¡ Cuán infeliz he sido , Dios m ió , en separarme de
tí, y de tu santa casa donde tenia bienes abundan­
tes ! Huí á una tierra extraña donde mi indigencia
.llegó al extremo de no poder lograr para alinriento
;ni las sobras de los animales inmundos que guardaba.
A h ! Los bienes perecederos y los placeres crimina­
les que el demonio y el mundo proporcionan á sus
esclavos, aumentan su hambre, y entonces llega
también anegárselos. ¡ Placeres funestos, que rion-
cedidos matan y negados desesperan! No sucede
así en tu santa mesa ¡ oh Padre am oroso! En ella
se halla el pan de los escogidos, y el vino que for­
ana las vírgenes y fecunda las almas con santos
pensamientos, ardientes afectos y acendradas vir­
tudes. Seco se halla mi corazon y lánguido, porque
he sido negligente en acercarme á tu santa mesa.
Y cuando me he acercado ha sido como debía ?
i Ay de m í! Por una ceguedad inconcebible he co­
mido este Pan adorable, sumergido todavía mi co­
razon en el amor de las cosas del m undo, sin el
vestido de boda , y sin haber expiado mi larga
carrera de crímenes con una penitencia propor­
cionada á ellos. He comido el Pan de vida sin mu­
dar de vida, y en lugar de hallar en él la vida he
hallado una muerte horrible. No permitas, Señor,
me vuelva á suceder semejante desgracia : concede^
me el llorar siempre la profanación que he hecho
de este Pan divino.
Nos dices, Señor j que las cosas santas son para
los santos , y no para los perros. Dame esa san­
tidad tan necesaria: purifica mi alma, y revístela
<le tus méritos y virtudes. Concédeme el que yo
me acerque á esta santa mesa con un corazon con­
trito y humillado, con frutos dignos de peniten­
cia , con fe viv a , con esperanza firme y con una
caridad ardiente. Penetra mi espíritu y corazon
de la grandeza y santidad de este misterio ; y des-
pues de darme tan santas disposiciones, ven, Se­
ñor Jesús, ven á imprimir en mi alma todos los ca­
racteres de tu vida. Obra en mí los admirables efec­
tos que produces en los corazones bien dispuestos.
Acabe tu espíritu de santificar mi espíritu, y tu co­
razon de purificar el mió. Viva yo de tu vida, como
( 1(5)
tú vives de tu Padre. Permanece en mí para que yo
permanezca en tí para ser uno contigo como tú lo eres
cotí tu Padre. Transfórmeme en tí tu Divinidad: con­
sagre tu cuerpo el mió : hágale una hostia viva, san­
ta y agradable á Dios como es el tuyo. Resiéntanse
todos mis sentidos de la santidad y pureza de tu cuer­
po adorable. Dichosas una y mil veces las almas que
muertas al mundo viven tan santamente que pueden
acercarse á menudo á este Sacramento : que ham­
brientas siempre de este Pan celestial, es su única
pena verse privadas de é l ! Tú \ oh buen Jesús í eres
en este Sacramento todo el consuelo de estas almas
fieles. Acercándose a tí desaparece su abatimiento, y
reciben el consuelo en sus aflicciones. Contigo la vi­
da mortal les es enojosa, les agrada la cruz , son su
gloria las humillaciones, y obran con paz y con fer­
vor. Contigo combaten y triunfan de sus enemigos;
desprecian el mundo, y sus falsos placeres; mue­
ren con alegria , y se presentan en tu Tribunal con
confianza. Por la virtud de tu cuerpo, como dice
un Santo, no somos ya tierra y polvo, y dejamos de
ser cautivos, y somos ya libres. En fin este sa­
grado Pan es el que nos da esperanza de entrar ah
gun dia en el cielo, y de gozar de todos los bienes
que preparaste allí á los que te aman. A m en .

Imprenta.de J. V erdaguer . Barcelona. i 83a.