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IDEOLOGÍA DE ACCIÓN POPULAR

PRÓLOGO
Uno de los signos más reveladores del espíritu del nuevo régimen que se ha inaugurado el 28 de Julio de 1963 ha sido haber
invitado a personalidades de categoría mundial a las ceremonias de la trasmisión del mando. El Presidente Constitucional de la
República, Arquitecto Fernando Belaunde Terry, invitó en calidad de amigos personales, a intelectuales, políticos, profesionale
directores notables de organismos internacionales.

Todos ellos fueron hombres especialmente aptos para comprender el significado de lo que está sucediendo en el Perú. La
intención al invitarlos no fue política. Fue simplemente un deseo de tener testigos. Su presencia no fue un compromiso político
puesto que en nada influyó en la selección la posición ideológica de las personas invitadas. Lo único que interesó fue la
preparación intelectual, la capacidad para comprender el sentido de los acontecimientos y de las metas de un movimiento que
responde a profundas exigencias históricas y sobre todo: la posibilidad de que fueran testigos objetivos, capaces de ver las cosa
por sí mismos y luego de contar lo que hubieran visto.

Era por eso conveniente que conocieran la ideología de nuestro movimiento. Porque hombres como ellos, acostumbrados a las
más severas disciplinas de pensamiento, no pueden aprehender las cosas sin pensar sobre ellas. Haber visto el entusiasmo
popular, haber sentido el soplo vigoroso de la renovación, haber sentido a su alrededor la nueva fe del pueblo, habría sido
incompleto si no hubieran escuchado el mensaje de la nueva ideología. Sólo los principios justificadores de la praxis, los
principios que sirvieron de guía a la acción del pueblo y que por eso hicieron posible la renovación, podían revelar a hombres
como ellos el sentido último de nuestro movimiento.

Desde un principio se pensó que Fernando Belaunde Terry expusiera en persona los principios de nuestra ideología ante sus
invitados personales. Nadie mejor que el propio creador de la ideología para presentarla ante testigos de tan alta calidad y tan
capaces de comprender en su verdadero sentido. Con esta intención se organizó una ceremonia especial, en la que, ante sus
invitados personales y ante grandes figuras de la intelectualidad peruana, el Presidente debería exponer la ideología de Acción
Popular. Pero, desgraciadamente, las majestuosas complejidades del protocolo hicieron imposible su presencia. El Presidente m
hizo, por eso, el honor de pedirme que yo hiciera la exposición de su doctrina.

El resumido texto que sigue, es el resultado de esta difícil misión. La calidad de los asistentes a aquella memorable ceremonia
exigía un planteamiento académico. Pero el carácter de actuación pública y de conferencia obligaba a la concisión ya un mínim
de concesiones literarias. El contenido de la conferencia intenta responder a esta doble exigencia. La exposición se basa en
diversos artículos publicados en la revista Revolución y en la revista El Mundo, y sobre todo en los apuntes y esquemas que
utilicé para dictar mis clases en la Escuela de Dirigentes de Acción Popular, a la que pertenezco - hoy con licencia - en calidad
profesor del curso "Ideologías Nacionales".

FRANCISCO MIRÓ QUESAD


Miembro del equipo ideológico de Acción Popu

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN


Los ejemplares que editamos en setiembre del presente año se agotaron rápidamente. Enviamos algunos a los invitados especial
del Presidente, Arquitecto Fernando Belaunde Terry, que vinieron a la trasmisión del mando; enviamos también algunos amigo
personales ya colegas tanto peruanos como latinoamericanos. Pero fue la demanda del elemento universitario la que agotó la
edición. Hemos creído por eso que es conveniente hacer una segunda edición de diez mil ejemplares. Esperamos satisfacer con
ellas las demandas de los estudiantes universitarios que día a día manifiestan con mayor énfasis su voluntad de poseer una
ideología nueva que haga posible satisfacer sus vehementes revolucionarias y que a la vez permita encauzarlas dentro de nuestr
propia realidad. De una ideología que permita además coordinar estas ansias con los aportes de la técnica moderna y del nuevo
pensamiento, con relación a los cuales las ideologías clásicas, aparecen como los inm6viles hitos de una historia superada.

A pesar de que el texto ha sido escrito pensando en el estudiantado de la universidad peruana, nos hemos esforzado en redactarl
de la manera más clara posible. Creemos, por eso, que puede leerlo cualquier persona que desee adquirir un conocimiento de la
ideología de Acción Popular que esté más allá de los slogans.
Hemos agregado al texto dos anexos porque cuando decidimos lanzar esta segunda edición hacia ya más de cien días de la
inauguración del nuevo régimen. Durante estos cien días hemos viajado por diversos lugares del Perú y hemos tenido el privileg
de entrar en contacto estrecho con diversas comunidades de campesinos.

Cuando escribimos el primer texto nuestro planteamiento fue puramente teórico. Nuestro material de trabajo consistió
exclusivamente en los dos textos básicos del fundador del Partido y creador de la ideología, Fernando Belaunde Terry, y en
algunos folletos partidarios. Fue el análisis de estos textos los que nos permitió interpretar la ideología de Acción Popular como
un humanismo situacional y al comunero como el elemento originario de este planteamiento histórico concreto. Ahora hemos
tenido ocasión de confrontar la teoría y hemos vivido una experiencia excepcional: la verificación y profundización de las tesis
Al entrar en contacto con el comunero y su circunstancia hemos tenido ocasión de beber en las mismas fuentes en las que bebió
Fernando Belaunde. El resultado de este contacto con el hontanar doctrinario, ha superado todas nuestras expectativas. No sólo
han verificado las tesis sino que se ha podido explorar la temática de manera más amplia y profunda. Hemos conquistado así un
e1lidencia: la cantera descubierta por el fundador del Partido es inagotable. Al dar nuevos pasos interpretativos y llegar más lej
que en los primeros planteamientos, hemos comprendido que la exégesis de la ideología creado por Fernando Belaunde Terry
está dando apenas los primeros pasos. Consideramos por eso que estos primeros desarrollos no son sino un modesto incentivo
para que, en el futuro, la nueva ideología florezca cada vez con mayor fuerza a través del impulso creador del joven pensamient
del Partido.

EL AUTO

LA IDEOLOGÍA DE ACCIÓN POPULAR


1. BELAUNDE Y LOS INTELECTUALES
¿Por qué los intelectuales han seguido a Belaunde ¿Por qué desde que apareció su figura meteórica la gran mayoría de 1os
pensadores peruanos, de los artistas, de los hombres de ciencia y de letras lo han apoyado sin vacilación?.

La historia es corta y clara. Hace apenas unos cuantos años, un hombre que encabeza un nuevo movimiento político comienza a
recorrer el Perú. Comienza a recorrerlo cuando, después de varias décadas de conformismo político, en que la historia del Perú
había quedado estacionaria, se había perdido la esperanza. El empantamiento parecía definitivo, la desilusión sin remedio el
abismo insobrepasable. En medio de este desierto se escucha un llamado de renovación. Belaunde y su movimiento Acción
Popular significa novedad en todo el horizonte. Proclaman nuevos métodos, nuevos ideales, nuevas metas políticas, presentan
nuevos hombres.

Por eso su mensaje llega a todos los ámbitos. Pero es el aspecto ideológico lo que hace vibrar del intelectual. Rompiendo
radicalmente con la tradición política peruana y latinoamericana, en la que han primado las ideologías de raigambre metafísica,
basadas en frondosas armazones teóricas, Belaunde esgrime una ideología simple basada en la afirmación del Perú, cuya fuente
de inspiración es nuestra pasada grandeza histórica. En primera aproximación, esto suena a paradoja. ¿Cómo es posible que una
ideología simple, que no sólo no se basa en principios metafísicos sino que hasta rechaza las filosofías extranjeras, haya
aglutinado en torno de ella, con pocas excepciones, a lo mejor de la intelectualidad peruana? (1). Así en su libro fundamental, e
que él expone su ideología de manera explícita, Fernando Belaunde nos dice:

Pocas naciones en el mundo tienen el raro privilegio de contener en su propio suelo la fuente de inspiración de una doctrina. E
Perú es una de ellas. Sin embargo, se ha anatematizado a los que no salimos en busca de filosofías extranjeras, en el vano
intento de importar ideas a un medio que hace siglos se distinguió en producirlas.

________________
(1) Fernando Belaunde Terry: La Conquista del Perú por los peruanos. Ediciones Tahuantinsuyo, Lima, 1959, pág. 17.

En estas palabras hay una vigorosa expresión nacionalista, hay una posición concreta, que rechaza las ideologías basadas en
doctrinas especulativas, hay, en apariencia, regionalismo. Todos estos son factores opuestos al panorama del intelectual que se
constituye sobre la base de abstracciones, generalizaciones y universalismos.

Sin embargo la atracción que Belaunde ha ejercido sobre los intelectuales peruanos desde que comenzó su campaña ha sido
inevitable, porque no sólo su posición del intelectual moderno, sino que coincide completamente con ella. La razón de esta
coincidencia, se halla en el concepto de "hombre". Uno de los grandes acontecimientos de la Cultura Occidental contemporánea
ha sido el descubrimiento de que la palabra hombre no significa nada si no se relaciona con una situación determinada. Hombre
ser humano, y todas las frases que pueden componerse teniendo como sujeto estos términos, carecen de sentido in abstracto.

Una de las limitaciones más graves del pensamiento helénico, limitación que fue heredada por el pensamiento occidental, fue la
de concebir al hombre como un ser análogo a los objetos naturales y artificiales que encontramos en torno a nosotros. Así como
las cosas tienen una esencia y puede hablarse de ellas en general, así se creyó que tenía sentido hablar generalidades sobre el se
humano y de esta manera se ocultó irremediablemente el verdadero sentido de lo humano. Se codificó al hombre; más aún, se le
transformó en una teoría, en un ente abstracto. Las nefastas consecuencias de esta concepción se yerguen como hitos negros en
dramático camino de la historia.

En nuestra América Latina, la consecuencia inescapable de esta concepción fue la de creer que mediante el empleo de una
ideología importada, creada con la intención de aplicarla a todos los países ya todas las épocas por igual se podrían resolver tod
los problemas. La ideología enciclopedista, fundamento de la praxis política que conduce a la Revolución Francesa, logra en
nuestras latitudes romper los viejos moldes y poner en movimiento a nuestros pueblos. Este éxito inicial hace creer que es la
ideología adecuada a nuestra realidad. Pero lo que ha sucedido es un fenómeno puramente superficial. La ideología
enciclopedista es utilizada por un grupo de criollos, descendientes de los españoles, que ocupan una situación privilegiada en
nuestra estructura social. Es utilizada de buena fe, porque el sonido de sus bellas palabras los hace pensar en términos
universales. Al hablar de Libertad, de Igualdad y de Fraternidad, los revolucionarios creen con toda su alma que hablan de la
libertad, dé la fraternidad de todos, criollos, mestizos, indios y negros.

Pero en realidad las palabras sólo tienen sentido para los que impulsan el movimiento. Las grandes masas indígenas, el
proletariado interno en el sentido de Toynbee, permanecen al margen. Para el indio que, desde la Conquista, ha servido a sus
opresores y que ni siquiera sabe castellano, las palabras hermosas, 1os juramentos solemnes, las declaraciones en honor del
hombre no se diferencia del silbido del viento en la noche solitaria, cuando penetra en las rendijas de su choza miserable. Las
grandiosas y sublimes palabras pronunciadas en nuestros movimientos de independencia sólo tienen sentido para una pequeña
minoría. Pero quienes las emplean están convencidos de que llegan a todos sus compatriotas. Se realiza así una revolución
abstracta, todo en función de un hombre abstracto. Nuestra realidad es ab initio, una realidad desgarrada, una realidad escindida
en dos porciones, una pequeña, luminosa, llena de palabras sonoras y otra inmensa, sombría, silenciosa. Un mero espejismo en
centro de un páramo sin fin.

La situación que produce esta abstracción, este desgarramiento inicial, la conocemos de sobra. Mediante un dinamismo social e
histórico inflexible, se va creando una presión estructural cuyo avance amenaza terminar con todo. Porque se habló del hombre
pero el hombre fue considerado como una idea, surge ahora como una realidad amenazante. Porque se creyó que bastaba hablar
de amor por los hombres para amarlos, nos encontramos hoy con hombres de carne y hueso, que no nos aman. Nos encontramo
con el hombre de la barriada y del tugurio, con hombres que exigen y amenazan, aquí, allá, a nuestro lado, frente a nosotros (2)
________________
(2) Sobre este punto ver, Francisco Miró Quesada: El Indio como desgarramiento y como reconciliación. El Comercio, Lima. Ver también, Francisco Miró
Quesada, Nosotros, los subdesarrollados.

Por haber sido el Perú el país central de la dominación española, sus estructuras sociales fueron las más rígidas y por haber sido
las más rígidas, el movimiento de la Independencia las dejó casi intactas y por dejarlas casi intactas, es que hoy la presión es de
fuerza aterradora. El intelectual peruano de postguerra, el intelectual que forma parte de la tercera generación del siglo XX, se
encontró, desde hace unos años, frente a frente con esta situación. Nuestro país en realidad no era uno solo, sino dos países. Tod
lo que nos habían dicho sobre el Perú, sólo era válido para una pequeña porción de nuestra Patria. Lo demás se perdía en la brum
de lo desconocido. Nuestra realidad era un desgarramiento y su solución era una sola: la reconciliación. Mientras el Perú no fue
capaz de unificarse, mientras no fuera capaz de sobrepasar la ruptura entre el minúsculo grupo de privilegiados y la mayoría
explotada, mientras no fuera capaz de reconocer al hombre en el indio, sería incapaz de ser sí misino y de contener la presión
estructural que comenzaba ya a sofocarlo. Era por eso necesario encontrar una solución concreta, una solución capaz de hacer
posible esta reconciliación, de lograr el reconocimiento.

Era imprescindible y urgente encontrar una solución que tuviera sentido desde la situación humana en 1a que nos encontrábamo
La solución no la podían dar los partidos políticos de corte clásico, liberal-burgués, porque se fundaban en el concepto abstracto
del hombre que nos había llevado precisamente a la situación que se trataba de superar. No podía darla tampoco el marxismo,
porque a pesar de que nace en contraposición a la tesis burgués-liberal, tal vez por su mismo carácter antitético, es tan abstracto
como aquella. En ninguna doctrina se reduce el hombre a una pura teoría en tan escandalosa proporción como en el marxismo.
el origen del problema era, precisamente, el olvido del hombre concreto, de carne y hueso, el marxismo que reduce la esencia d
hombre a un proceso inescapable y que pretende encuadrar la realidad entera dentro de una teoría, no podía ofrecerla solución.
Había por eso que buscar otra salida.
2. EL PERÚ COMO DOCTRINA
Si el problema era el desgarramiento inicial, si la solución era la reconciliación, la única salida posible tenía que ser una praxis
política encaminada hacia una afirmación de la condición humana. Pero esta praxis no podía consistir en una nueva afirmación
abstracta, en una declaración romántica de amor universal por todos los hombres. Tenía que ser una afirmación concreta, una
afirmación que pudiera ser comprendida por todos los peruanos, que adquiriera su significación desde la situación misma de
nuestra realidad humana. Si el desgarramiento consistía en el desconocimiento del ser del indio, la reconciliación tenía que
consistir en una afirmación del ser del indio. No para negar los valores heredados de la cultura hispánica y occidental, el ser del
blanco, sino, sencillamente, para integrar lo que desde el comienzo había sido separado (3).
________________
(3) Sobre el sentido de la negación del indio por el conquistador español y sus descendientes, y sobre la significación de este hecho para nuestra histori
Ver, Leopoldo Zea: El Occidente y la conciencia de México. Porrúa y Obragón, México, 1953.
Ver también, del mismo autor sobre el tema del "desconocimiento": América en la conciencia de Europa, México, 1955, y América en la historia, México,
1957.

El Perú como doctrina, la ideología del Partido Acción Popular, creado por Fernando Belaunde Terry en 1956, permitía realizar
una praxis semejante. Por eso abrió a los intelectuales una nueva posibilidad: la esperanza de una acción que pudiese restañar la
herida inicial.

El principio fundamental del Perú como doctrina, la ideología creada por Fernando Belaunde Terry, es que el Perú histórico, de
ser la fuente de inspiración de nuestra acción política (4). El Perú tiene problemas urgentes que resolver y estos problemas exig
cierto tipo de soluciones complejas, que sólo en estos últimos tiempos están siendo entrevistas por las ciencias sociales, política
y económicas.
________________
(4) Fernando Belaunde Terry: La conquista del Perú por los peruanos, pág. 17, Op. cit. Pueblo por pueblo, págs. 163 y 165 Ediciones Tahuantinsuyo, Lim
1960.

Además, la única manera de que estas soluciones tengan sentido es actuando en función de su partido, presenta la audaz tesis de
que la realidad del viejo Perú imperial ofrece las bases para alcanzar la solución de nuestros problemas. No, por supuesto, desde
un punto de vista técnico, si- no como grandes líneas de fuerza que pueden orientar la acción. Así uno de los problemas más
graves del momento actual es la complicación de los mecanismos que deben ponerse en marcha para hacer posible el desarrollo
económico. El conjunto de estos mecanismos sumamente complejos, cuya determinación sólo puede lograrse a través de sutiles
frondosas técnicas matemáticas, se denomina planificación. En el antiguo Perú no existió, por supuesto una planificación
científica en sentido moderno, pero existió una planificación efectiva. De todos los estados antiguos, aquel que se organizó de
manera cercana de lo que hoy se llama planificación fue, sin duda posible, el antiguo Pero. Todo el sistema estatal se basaba en
previsión, he- cha posible a través de la estadística. La previsión para hacer posible la vida humana en condiciones satisfactoria
era la finalidad suprema del estado incaico. Se llegó a tal extremo en este afán que llegó a planearse, con sentido de estrategia
político-económica, la construcción de carreteras y el almacenamiento de alimentos e incluso hasta la construcción misma de la
ciudades, como lo muestra plenamente la piedra de Sayhuiti, sobre la que Belaunde ha escrito tan hermosas páginas (5).
________________
(5) Fernando Belaunde Terry: Pueblo por pueblo, pág. 104 y Sgti. Op. cit.

En cuanto a la fundamentación humana, es evidente que el punto de partida es el concepto de justicia. Como lo ha hecho notar
repetidas vetes el Jefe de Acción Popular, haciendo gala de su profundo conocimiento de la realidad social y económica del
Imperio, toda la estructura se basaba en una meta de justicia agraria, en el equilibrio hombre-tierra, la fundamentación humanis
culminación del proceso ideológico moderno que parte de la filosofía racionalista y llega a la afirmación radical de la dignidad
humana, se descubre también en los cimientos de la organización imperial del antiguo Perú.

Partiendo de este principio de afirmación, Fernando Belaunde construye una ideología basada en tres principios: la tradición
planificadora del Perú, la acción popular y la justicia agraria.

Ya hemos visto cómo la planificación, instrumento fundamental para hacer posible la transformación de nuestra realidad y logr
la reconciliación final entre la minoría dominante y la mayoría dominada, se encuentra en lo más hondo de nuestra tradición. Só
agregaremos que, el hecho de que exista en nuestro elemento autóctono una tradición planificadora facilita de manera
imprevisible la tarea de aplicar las modernas técnicas de desarrollo. Un pueblo acostumbrado al trabajo orientado hacia metas
comunes, se adapta mucho más fácilmente ala disciplina de la planificación moderna que un pueblo que carece de esta tradición

Hemos también adelantado el sentido que tuvo en el viejo Perú la justicia agraria. Sólo quisiéramos agregar que esta justicia,
lograda a través del equilibrio hombre-tierra ha sido única en su género. En ninguna cultura antigua ni moderna. El Estado tuvo
como meta suprema conservar el equilibrio hombre-tierra. En ninguna gran civilización el hombre y la mujer, al engendrar,
recibieron una nueva parcela de tierra para poder alimentar a su nuevo hijo.
En ninguna otra civilización el ideal de justicia social fue el motor de toda la organización colectiva. Como dice Toynbee con
admiración en la quinta parte de su monumental Estudio de la Historia; en el aspecto social y humano, la civilización andina
superó ampliamente a la grecorromana ya todas las demás civilizaciones, incluso a la misma occidental.

Pero nada puede hacerse a través de una planificación inspirada en un sentido de justicia si no existen medios materiales para
transformar la propia realidad. El problema del Perú es la falta de capitales, y la falta de capitales, de acuerdo con las
concepciones clásicas, hace imposible la dinamización de la economía. Para resolver este problema Belaunde descubre
nuevamente en la tradición del antiguo Perú, tradición que va mucho más allá del incario y que se inicia probablemente en los
tiempos aurorales del hombre de Lauricocha, la única solución posible. En el Perú, nos dice, falta el capital del dinero pero sobr
el capital de los brazos. El capital de los brazos se ha empleado a través de las centurias y se emplea aún en los más alejados
villorrios de nuestros Andes. El trabajo colectivo, en que todos los miembros de determinada comunidad prestaban su trabajo
para alcanzar una meta, fue lo que construyó la grandeza del sistema agrario y del sistema político del antiguo Perú. La minka o
cooperación popular ha existido desde tiempos inmemoriables y existe aún en todo su vigor en el Perú actual.

El descubrimiento de esta realidad es lo que inspiró a Belaunde el nombre mismo de su ideología: Acción Popular. En uno de s
primeros viajes políticos a través de la Sierra comprendió que por más capital que recibiéramos del exterior jamás podríamos;
recibir lo suficiente para pagar todo lo que tenemos que hacer para iniciar el despegue hacia el desarrollo. En un pequeño puebl
hizo un rápido cálculo mental de todo lo que sería necesario para dotarlo de sus instalaciones y edificios más elementales y el
costo pasaba de varios millones. Pero luego, algunos días más tarde, en el pueblo ya famoso de Chincheros, descubrió una serie
de edificios recién reparados y algunos de nueva construcción.

Al preguntar, admirado, a los vecinos que lo acompañaban quién había hecho la escuela, respondieron: el pueblo lo hizo, señor.
al preguntar quién había hecho la Iglesia, respondieron también el pueblo lo hizo... Y cuando preguntó quién había hecho la
pequeña carretera que empalmaba con la carretera mayor, la respuesta fue siempre la misma: el pueblo la hizo (6). Entonces
comprendió que estaba ante la misma energía que, siglos atrás, había construido los fabulosos andenes que hicieron posible la
justicia agraria en el Imperio. Comprendió que esa energía no estaba muerta, que era la energía viva y permanente del pueblo
peruano. Había nacido la idea que hará posible la transformación del Perú: el aprovechamiento del trabajo del pueblo
espontáneamente organizado en cooperación colectiva, orientada a través de la ayuda técnica e instrumental del Estado. Había
nacido Acción Popular. Había nacido un Perú, capaz de hacerse así mismo con sus propias manos.
________________
(6) Pueblo por pueblo. Pág. 15, op. cit.

3. LA IDEOLOGÍA DE ACCIÓN POPULAR COMO UN HUMANISMO SITUACIONAL


Hemos visto cuál era la situación de los intelectuales preocupados por los problemas del Perú. Hemos visto cómo el problema d
desgarramiento inicial los condujo inevitablemente a buscar una solución humana concreta dentro de la cual tuviera sentido
hablar del hombre: Hemos visto el camino que seguía Belaunde y cómo este camino lo condujo hacia el pasado para poder
lanzarse al futuro. Hemos seguido esta trayectoria espectacular de ancha base histórica, que lo conduce a buscar en el Antiguo
Perú la inspiración para resolver los problemas del Nuevo Perú.

Podemos comprender ahora por qué Belaunde causó tan grande impacto en el mundo intelectual peruano. Desde luego, éste no
fue el único factor. El apoyo de los intelectuales se explica por razones múltiples, por sus cualidades de político, por el hartazgo
ante una realidad empantanada y corrupta, por el único ofrecimiento viable de renovación, por su personalidad de líder que cau
extraño impacto en la psicología de las masas. Pero es la ideología de Acción Popular la motivación principal. Porque es en esta
afirmación del Perú en donde puede encontrarse la afirmación humana concreta que estaban buscando.

No es una afirmación del Pero que niegue el derecho a la existencia de las demás naciones. No es una afirmación de
reivindicaciones, no es una afirmación de conquista ni de agresión. Es una afirmación del Perú a través del reconocimiento del
valor de la cultura indígena. Es una afirmación del Perú a través del elemento más despreciado y discriminado, a través del
elemento vencido, despojado, sometido. Es descubriendo en la tradición del elemento menospreciado la inspiración para la
solución de nuestros grandes problemas, que Belaunde resuelve el problema del desgarramiento y es en esto que consiste su
originalidad ideológica. Porque aunque en el Perú y en toda América se ha hablado sin cesar del indio desde la Conquista hasta
nuestros días, y aunque en los tiempos de la República el indio ha sido tema obligado de todo movimiento político, jamás se
había utilizado la cultura autóctona como elemento ideológico. Los marxistas comienzan a hablar de la reivindicación del indio
El indio es la clase oprimida que dialécticamente se contrapone a la clase opresora y que habrá de destruirla. El planteamiento
dialéctico del problema del indio conduce inexorablemente al indigenismo, es decir a la afirmación de lo autóctono ya la
negación de lo occidental. Pero la ideología marxista es típicamente occidental y no incluye ningún elemento autóctono. Al neg
lo occidental por medio del indigenismo, se niega así misma y se hace inoperante. Lo mismo puede decirse de la ideología
liberal-burguesa y de todas las anteriores ideologías nacionales: ninguna toma en serio a lo autóctono como elemento ideológic
activo.

En cambio, la ideología de Acción Popular incluye elementos culturales autóctonos. El indio ya no es solamente meta de
reivindicación, sino que coopera activamente en el ideológico. La tradición imperial y, en general, del Antiguo Perú, como fuen
de inspiración incorpora de hecho al indio ala ideología política y al hacer esta incorporación otorga al indio toda la importanci
que, como ser humano, necesariamente tiene. El indio deja de ser el minoritario que queremos liberar, el ser disminuido que
queremos salvar, para tomarse elemento activo de la transformación del Perú.

Ahora la palabra hombre adquiere, por fin, pleno sentido en la política peruana. Porque si el problema fundamental es el
desgarramiento, el desconocimiento de la condición humana del elemento mayoritario del Perú, la única solución posible es la
incorporación de este elemento ala plena dignidad, el reconocimiento radical del elemento negado y desconocido y este
reconocimiento no puede hacerse con el solo ofrecimiento de salvación. Mientras el indio tenga que ser salvado seguirá siendo
indio. Sólo cuando sea también el salvador, habrá dejado de ser un inferior y será plenamente reconocido como hombre. Ya
través del Perú como Doctrina, el indio es ahora un salvador. El indio es, ahora, el hombre que indica el camino. El indio es el
hombre, cuya situación concreta ha consistido en la negación de su ser de hombre, y que ahora, por eso mismo es afirmado.
Desde la situación concreta de cada indio, Belaunde se eleva a la afirmación apasionada del valor universal del hombre. Y por
eso la palabra hombre, adquiere, en su mensaje, plenitud de sentido.

Es en este momento en que nuestras trayectorias se encuentran. Partiendo de la necesidad de un humanismo concreto en que el
ser inmediato del hombre fuera el punto de partida de la acción, buscábamos hace algunos años la manera de fundamentar una
praxis política adecuada a nuestra realidad nacional y llegamos a la conclusión de que mientras la praxis política estuviera
fundada en complejas doctrinas metafísicas de dudosa verdad, sería imposible alcanzar una fundamentación que no fuera
deleznable. Para realizar plenamente al hombre y lograr el reconocimiento total, era imprescindible liberarlo de teorías sobre su
propio ser que hicieran imposible reconocerlo en la inmediatez de su presencia. En El hombre sin teoría, logramos exponer esto
puntos de vista (7). Partiendo de la afirmación del valor de la condición humana, descubríamos la necesidad de una praxis polít
que hiciese posible la realización del valor proclamado. Belaunde partiendo de la situación concreta del Perú como país históric
descubría el valor de la condición humana que se revelaba en todas las expresiones de la civilización autóctona. Nosotros
descendíamos de lo humano hacia la praxis política. Belaunde ascendía de la praxis política hacia lo humano. Nos habíamos
encontrado y era imposible no seguirlo y así como nosotros lo encontramos otros intelectuales que Se afanaban por restañar el
desgarramiento inicial, también lo encontraron y también tuvieron que seguirlo y el pueblo lo encontró y lo siguió, y lo llevó al
triunfo. Fernando Belaunde Terry ha unido en torno de su figura a los intelectuales y al pueblo. Por es el Perú está en marcha:
Nada ni nadie podrá detenerlo.
________________
(7) Francisco Miró Quesada: El hombre sin teoría. Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima, 1959.

ANEXO I
RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES
La afirmación del hombre concreto a través de El Perú como Doctrina ha conducido a Belaunde al triunfo. Pero esto no signific
que no se le haya objetado.

Una de las principales objeciones ha sido y sigue siendo la del arcaísmo. Es absurdo, se ha dicho, que una doctrina que pretend
transformar el Perú se constituya sobre la base del pasado, cuando lo que se trata de forjar es el futuro. ¿Qué tenemos que ver
nosotros, han preguntado algunos, con el Incario, con la minka, con la organización agraria del Antiguo Perú?

Quienes hacen esta objeción no han comprendido el significado del mensaje de Fernando Belaunde Terry. Porque en ningún
momento ha dicho que debemos retornar al incario. La ideología de Acción Popular no es de ninguna manera una ideología
indigenista. No dice en ningún momento que hay que reemplazar los valores hispánicos para afirmar los valores indígenas. Lo
que hace es incorporar los valores del antiguo Perú a los valores occidentales. Lo que hace es mostrar que, si se reconoce el val
humano del indio, entonces es posible encentrar en la cultura autóctona una serie de aspectos positivos que pueden servir de
inspiración y guía para transformar nuestra realidad aplicando las más modernas técnicas. El Perú como doctrina no tiene pues
sentido de retroceso histórico, sino de avance hacia el futuro mediante la concepción humanista de la realidad histórica.

A través de esta concepción humanista no retrocede en el tiempo sino que rompe los moldes del dogmatismo teórico y hace
posible el empleo de moderna concepciones que de otra manera no sería posible emplear. Así su tesis de la Acción Popular
inspirada en la minka y su idea de mestizaje de la economía no significan que debemos regresar al sistema económico vigente e
el Imperio, sino que conciben la economía como una realidad humana, que depende del esfuerzo humano y no como un sistema
mecánico y extraño al hombre mismo que sigue leyes ciegas e inflexibles (1). En este sentido las tesis de Belaunde están mucho
más cerca de las modernas concepciones económicas que de las clásicas. En la siguiente cita del último libro de Parroux, el gen
innovador de la teoría económica, Leconomie des jeunes nations, nos parece reconocer el propio pensamiento de Belaunde.
________________
(1) Sobre este punto ver, Fernando Belaunde Terry: El mestizaje de la economía. Folleto editado por la Secretaría de Propaganda de Acción Popular.

"¿En el nombre de qué? ¿En el nombre del dinero y de los medios del dinero? Ningún hombre de Estado pienso, gustaría de
sostener esto. Es necesario que reconozca que el Plan es para el hombre y no para el dinero... El plan y su racionalidad,
conquistada poco a poco, tienden a satisfacer al hombre total, sus necesidades y sus aspiraciones".

El plan se torna el instrumento por excelencia de la producción del hombre por el hombre... (2).
________________
(2) Francois Perroux: Leconomie des jeunes nations, pág. 13. Presses Unviersitaires. París, 1963.

Y esto es precisamente el proyecto fundamental de Acción Popular: la forjación de un nuevo Perú con nuestras propias manos,
la conquista del Perú por los peruanos.

Se ha objetado también que no tiene sentido hablar del Perú como doctrina, porque una realidad material, como es el Perú no
puede ser doctrina. La doctrina es sólo un conjunto de normas y de enseñanzas humanas.

A esto respondemos que el Perú no es sólo una realidad material, sino histórica, es decir, humana y espiritual y que en este
sentido la historia sí puede ser enseñanza, y en consecuencia doctrina.

Pero lo que realmente ha querido hacer Belaunde al hablar del Perú como doctrina es superar la abstracción inicial de nuestro
nacimiento como nación. Por haber partido de ideas no verificadas y de una concepción abstracta del hombre, nuestro país naci
de espaldas a su propia realidad. Desde que nos independizamos hasta hace muy poco, el Perú habló constantemente sobre sí
mismo sin saber en realidad lo que era. Y este pecado de abstracción ha sido cometido por todas las ideologías anteriores. Si se
quiere realmente resolver los problemas del Perú hay que empezar por conocerlo como realidad y como historia. Este
conocimiento nos abrirá la única posibilidad de transformarlo y de alcanzar las metas de plenitud humana que nos hemos
propuesto. El conocimiento del Perú despliega ante nosotros la posibilidad de la acción, nos sirve de fuente de inspiración en el
movimiento ascensional.

En esta posición la ideología de Acción Popular no constituye una arbitrariedad, sino al revés: se inserta plenamente en la gran
tradición de la Cultura Occidental. Porque si algo caracteriza a esta cultura nuestra es su amor por la realidad. Los hombres de l
culturas no occidentales fueron malos observadores. Incluso los griegos creyeron que sólo pensando se podía conocer el mundo
El occidental considera que para conocer el mundo hay que enfrentarse a la realidad tiene un mensaje, una doctrina.
Para Leonardo de Vinci, el primer gran racionalista de la historia occidental, la gran maestra es la experiencia, es decir, la
observación de la naturaleza, o sea, de la realidad. Para Galileo, como afirma en su Saggiatore, la naturaleza es un libro abierto
cuyo lenguaje es la matemática; y para Newton, el espacio es el sensorium de Dios. La realidad ha sido pues para el occidental
gran maestra. La realidad debe ser desentrañada porque oculta un mensaje... no hay ninguna razón para pensar que una realidad
histórica no puede también ser la gran maestra, y ocultar un mensaje.

Pero así como para descubrir la doctrina profunda de la naturaleza se necesita del lenguaje de la matemática, así para descubrir
mensaje profundo de la realidad histórica se necesita de un lenguaje también propio. Quien no lo entienda no puede comprende
la doctrina. Quien no la entienda no sólo permanecerá ciego ante el mensaje sino que hasta lo encontrará ridículo. Así, hace poc
tiempo, un adversario político dijo que si se aceptaba el Perú como doctrina se caía en lo risible porque, entonces no habría
ninguna razón para no aceptar Chumbivilcas como doctrina y tenía razón. Quien acepta el Perú como doctrina, tiene que acepta
Chumbivilcas como doctrina y tiene también que aceptar a Chachapoyas, Tambopata y Paccaritambo.

Pero nosotros aceptamos Chumbivilcas como doctrina, porque los que integramos el movimiento que ha formado Fernando
Belaunde Terry, reconocemos con toda humildad que en el Perú todo es mensaje y que nuestra realidad irradia enseñanzas, desd
las más majestuosas ruinas hasta los villorrios más pequeños. Quien no comprenda que el Perú como doctrina se encuentra en la
grandiosa tradición del Imperio y en la desvencijada choza del indio de la puna, quien no comprenda que el más modesto de los
indios nos puede dar las mejores enseñanzas con sólo mostrarnos la riqueza de sus posibilidades humanas, no ha entendido nad
del mensaje de Belaunde, no ha entendido nada de Acción Popular, no ha entendido nada de lo que está sucediendo en el Perú,
en el mundo entero. No entenderá nunca que así como la naturaleza es un libro abierto cuyo lenguaje es la matemática, así el Pe
es un libro abierto cuyo lenguaje es el reconocimiento humano.
ANEXO II
HURGANDO EN LA CANTERA

La luz y el prisma
Como todas las creaciones profundas, la ideología formulada por Fernando Belaunde Terry es simple. Considerada en sus texto
originales es un sistema de principios luminosos y sencillos, de fácil comprensión. Pero cuando se somete al análisis, sucede alg
sorprendente: su riqueza de contenido se despliega sin término. Como de una caja de Pandora, o de una cantera inagotable, las
consecuencias salen de los principios, se coordinan en forma inesperada, se aglutinan y sobre- pone a manera de edificio que
crece y se eleva sin cesar sobre cimientos cuya solidez se aprecia cada vez más claramente. Esta riqueza potencial nos hace
recordar a la aritmética, que parte sólo de siete verdades (postulados de Peano) y es capaz de derivar de ellas una cantidad
asombrosa de nuevas verdades (teoremas). En realidad el número de verdades aritméticas que pueden derivarse de las siete
verdades que se utilizan en el punto de partida, es infinito, no termina nunca. Lo mismo sucede con las interpretaciones de ciert
obras filosóficas, novelas, ensayos libros y textos religiosos.

El fenómeno de la riqueza implícita en los textos originales, puede compararse al fenómeno de la refracción y difracción de la
luz. La luz natural, la luz producida por la incandescencia es simple y clara. Pero apenas pasa por el prisma o la rejilla adquiere
mil formas complicadas, algunas de ellas inesperadas y espectaculares. Tanto con la refracción como con la difracción el anális
puede proseguirse sin término, descubriéndose cada vez nuevas y más refinadas formas.

Así, en el análisis espectral se ha llegado a dividir las rayas negras del hidrógeno y de otras sustancias y se ha mostrado que
forman un complicado sistema.

Es importante hacer notar que el análisis descubre elementos que estaban implícitos en el punto de partida y que este
descubrimiento no es arbitrario. Según sea el método empleado en el análisis (por ejemplo, en relación a la luz, refracción o
difracción), los resultados pueden variar. Pero todas las variaciones deben ser coordinables. El sistema analítico debe ser
consistente, sus diversos aspectos deben ser compatibles. Esto es lo que pretendemos haber hecho con El Perú como Doctrina.
Creemos que nuestro análisis ha sido hecho mediante el empleo de métodos objetivos y que sus resultados pueden ser juzgados
de acuerdo con estos métodos. Es cierto que estos resultados están determinados por el método empleado, que tiene dos aspecto
uno de explicitación lógica (derivación de consecuencias y análisis semántico) y otro histórico-existencial (determinación del
sentido ideológico en relación a la situación humana concreta, es decir histórica). Es cierto también que si el método hubiera sid
el etnológico, el sociológico o el psicológico, se habría llegado a otros resultados. Pero serían resultados compatibles y cada uno
de estos resultados sería objetivo, es decir, aplicando el método empleados, se podría juzgar si el análisis estaba bien o mal hech

El Perú como Doctrina es una ideología dinámica


El resultado principal de nuestro análisis es - ya lo hemos visto - que el Perú como Doctrina es un humanismo situacional. Es
decir un humanismo que afirma el valor del hombre es relación a una situación histórica determinada, porque este tipo de
afirmación concreta es el único que permite realmente dar significación a los principios proclamados. La situación concreta del
Perú (y de muchos países de América Latina) es lo que hemos llamado el desgarramiento inicial. Es la situación de inferioridad
desconocimiento en que se hallan las grandes mayorías autóctonas como resultado del gigantesco drama histórico de la
Conquista. En consecuencia, la solución es el reconocimiento de los hombres autóctonos y de su sistema cultural. El Perú como
Doctrina es la solución ideológica de este problema fundamental porque considera a la tradición cultural autóctona como fuente
de inspiración para la acción política.

Pero el reconocimiento del valor de la tradición autóctona no significa de ninguna manera un arcaísmo. Es cierto que la tradició
nos remite a una grandeza pasada, aun sistema que dio un aporte a la cultura humana que no ha sido igualada por ninguna otra
cultura: el imperio de la justicia a través de un sistema social que cuidaba de la situación económica de sus súbditos. Pero lo
fundamental del Perú como Doctrina no es la existencia en el pasado de un estado de cosas semejantes, sino su perduración has
el presente. Porque lo extraordinario no es solamente que haya existido en el antiguo Perú una tradición de justicia social, sino
que esta tradición haya sobrevivido hasta el presente. Es la existencia actual de este tipo de organización lo que sirve de punto d
partida de toda la doctrina. Es el descubrimiento de que en nuestra época, al igual que en el pasado, cuando una comunidad
necesita resolver un problema, es capaz de resolverlo colectivamente mediante la movilización voluntaria de todos los elemento
aptos, lo que sirve de punto de partida a la ideología de Acción Popular.

El Perú como Doctrina no nace como fruto de meditaciones teóricas históricas o filosóficas sino como impacto de una
experiencia directa y deslumbrante. A pesar de cuatrocientos años de negación y oprobio, a pesar de cuatro siglos de
desconocimiento y desprecio, el indio peruano, el comunero, ha sido capaz de conservar intacta la expresión más directa y
elevada de su alma colectiva. Es la experiencia presente la que remite al pasado, y, desde el pasado regresa con la fuerza y la
confianza necesaria para forjar el futuro. La fuente de inspiración de la doctrina, en su forma más directa, es el pueblo, es el
peruano actual en sus manifestaciones auténticas. En último término, el principio supremo del Perú como Doctrina es el valor d
pueblo mismo, el valor de los humildes. Es la realización más plena y más noble del humanismo: descubrir en el hombre
humilde, en el verdadero hombre del pueblo la verdad que debe aprenderse.

En este sentido El Perú como Doctrina es una doctrina dinámica. No es una ideología cerrada, que no puede progresar ni
enriquecerse, como por ejemplo, el marxismo, que es un sistema filosófico dogmático. Tiene, por cierto, principios permanente
pero su contenido se enriquece sin cesar porque su fuente de inspiración es el pueblo mismo. Por tratarse de un humanismo, los
principios supremos se han encontrado en los grupos humanos más discriminados. Han sido los comuneros los
humildes runakunalos que han indicado las bases permanentes de la doctrina. Pero lo han hecho a través de un contacto directo
entre el político y el pueblo. O sea, todos los principios y contenidos de la doctrina han surgido a través de este con, tacto, a
través de un proceso, de un descubrimiento dinámico.

Por eso el análisis teórico debe nutrirse también de este contacto que podría llamarse experiencia originaria. Así como los
principios permanentes de la doctrina nacieron cuando el fundador del partido, Fernando Belaunde Terry, contemplaba
asombrado las obras que los habitantes de Chincheros habían realizado por acción popular (1) así los análisis deben ser
confrontados a través del contacto con el pueblo. Es- te contacto permite verificar los análisis y sus consecuencias. Estas nueva
experiencias sirven a su vez de nuevo punto de partida, de nueva inspiración y permiten perfeccionar los análisis y reajustar la
teoría. El Perú como Doctrina es así una ideología viva, dinámica, que parte de principios permanentes, los grandes aportes
sociales de la tradición autóctona, pero que está en constante enriquecimiento, porque su última fuente de inspiración es el pueb
mismo y el pueblo es una fuente de inspiración inagotable.
________________
(1) Pueblo por pueblo Op. cit.

Es con esta intención que nosotros nos hemos aproximado al pueblo para verificar los análisis que realizamos, cuyo primer
planteamiento, se desarrolló en un nivel puramente teórico y al hacerlo hemos podido enriquecer los anteriores resultados, porq
el contacto con el pueblo, como la savia que nutre el árbol, ha hecho crecer nuevas hojas y ha producido nuevos frutos. En las
líneas que siguen exponemos los resultados de esta confrontación inicial.

Solución de la contraposición entre nacionalismo y humanismo


De acuerdo con los enunciados del Ideario del Partido, Acción Popular es un partido nacionalista. El mismo nombre de la
ideología. El Perú como Doctrina, no deja lugar a dudas. Un partido cuya inspiración es su propia tradición histórica es
evidentemente un partido nacionalista.

Esto parece contradecir nuestra interpretación humanista. En efecto, el humanismo consiste, en esencia, en el reconocimiento
universal del hombre, en la aceptación de que la mera condición humana confiere dignidad y sentido a la vida. El hecho de que
interpretación se funde en un humanismo situacional, es decir, concreto, refuerza la universalidad. Partir de una situación
histórica determinada para afirmar el ser del hombre, no es negar la universalidad de su valor. Es, al revés, ofrecer una
oportunidad efectiva de afirmar la dignidad humana. El humanismo situacional, no limita el valor de lo humano a una sola
situación histórica. Parte de la situación histórica del grupo humano, que se desea afirmar, para que la afirmación adquiera
plenitud de sentido y no se reduzca a palabras altisonantes.

El nacionalismo consiste en afirmar la superioridad del grupo humano que constituye la propia nación Históricamente todos los
nacionalismos han sido agresivos. Casi siempre han conducido a la guerra y al sojuzgamiento de los grupos humanos vencidos.
Incluso aquellos nacionalismos que no han sido belicistas, han terminado siempre en la convicción popular de la superioridad
espiritual de los connacionales. Una ideología nacionalista, parece, pues, al primer análisis, incompatible con una ideología
humanista.

Sin embargo, la ideología de Acción Popular contiene ambos elementos perfectamente armonizados. Porque se trata de un
nacionalismo que consiste en afirmar la dignidad y el valor humano de los elementos autóctonos discriminados. Nuestro
nacionalismo no consiste en afirmar que somos superiores a todas las demás naciones, o por lo menos a las naciones que
pertenecen a nuestro mismo grupo latinoamericano, sino en firmar que aquellos elementos que se consideraban inferiores, no lo
son. Los elementos autóctonos, los campesinos, los comuneros, han desarrollados expresiones culturales y sociales llenos de
originalidad creadora. Han sido capaces de crear un arte y un método de cooperación cívica que demuestra plenamente su
capacidad y constituyen una contribución permanente a la cultura universal. Nuestro nacionalismo no consiste en rebajar a las
demás naciones hermanas, sino en elevar aun elemento humano mayoritario que había sido injustamente rebajado.
En este sentido, aunque parezca paradójico, nuestro nacionalismo es un nacionalismo humanista, porque consiste en el
reconocimiento del vigor espiritual de un elemento humano que, hasta el presente, había sido desconocido por los grupos
dirigentes de la nación. Es un nacionalismo que sólo puede realizarse por medio de una afirmación humana.

Esta síntesis entre dos elementos que tradicionalmente han sido incompatibles es uno de los aspectos más originales de la
ideología de Fernando Belaunde Terry. Gracias al nacionalismo, a la afirmación de valores propios y autóctonos, la ideología e
dinámica y fuerte. Gracias al humanismo, la ideología es noble y universal. El humanismo tiene el privilegio de ser la suprema
expresión del espíritu humano. Pero por lo mismo que es universal, tiende a la abstracción y carece de un incentivo inmediato
para la acción. El nacionalismo es la afirmación del grupo, y en este sentido es una expresión biológica. Es la herencia de las
energías del clan primitivo. El nacionalismo es agresivo y tiene el peligro de transformarse en imperialismo. Históricamente los
excesos del nacionalismo han conducido a la guerra ya la negación del valor humano de los grupos conquistados. Pero en
cambio: todo nacionalismo ha producido siempre dinamismos irresistibles en las masas populares. Un nacionalismo que consist
en la afirmación del valor de las mayorías discriminadas, tiene el dinamismo y el empuje que caracteriza a todo nacionalismo, y
tiene además el elemento de ennoblecimiento espiritual que caracteriza a todo auténtico humanismo. Es un nacionalismo que
afirma el valor de un grupo dentro de la propia nación, y no niega el valor de las demás naciones (1).
________________
(1) Que nuestro nacionalismo sea humanista no significa que no afirme la soberanía nacional, sin concesiones de ninguna clase.
El humanismo no puede ser agresivo, pues entonces atentarla contra su misma esencia. Pero menos aún puede ser entreguista, porque el entreguismo
significa abdicación de la dignidad, transformación de la propia persona en instrumento de otros hombres. Un pueblo sólo puede reconocer el valor de los
demás pueblos cuando se enfrenta a ellos de igual a igual. Cuando se doblega ante la presión económica o política, cuando es instrumento para los fines
de otros pueblos, entonces no puede organizarse sobre sus bases humanistas, porque carece de las condiciones necesarias para afirmar la dignidad
humana. Todo pueblo entreguista está siempre dominado por oligarquías de corte arcaico que detentan el poder a espaldas del pueblo. Basta por eso qu
el pueblo tome su destino en sus propias manos, basta que las mayorías se liberen, para que el entreguismo sea imposible.

Colectivismo y libertad
Una noche llegamos a una modesta comunidad campesina. En medio del granizo y de la oscuridad ofrecimos una escuela al
pueblo y el pueblo se llenó de júbilo. Cuando emprendimos el regreso, a unos dos kilómetros de distancia, el carro se atolló en
barro producido por el granizo derretido. Por más esfuerzos que hicimos no pudimos moverlo. De repente aparecieron los
comuneros. Los misteriosos chasquis de las comunidades habían llevado la noticia. Como un río que se desborda llegaron en
tropel gritando y riendo. Rodearon el auto y como una pluma lo desplazaron varios metros.

En ese momento tuvimos una intuición definitiva. Los comuneros habían realizado algo que sólo podían realizar unidos. Su
unidad de acción, posible a través del esfuerzo colectivo, les había conferido una eficacia impresionante. Los que estábamos
dentro del carro sentimos una potencia sobrehumana. Era una fuerza aterradora, como si las aguas de una represa rebasada nos
hubieran arrastrado inexorablemente. Ni siquiera el terrible huayco tenía en esos momentos, la fuerza de los comuneros. La
unidad colectiva, y la tradición milenaria los habían transformado en fuerza de la naturaleza.

Pero esta fuerza era una fuerza libre. Los comuneros se unieron y se transformaron en una fuerza arrolladora, mediante un acto
espontáneo de voluntad. Vinieron hacia nosotros porque querían honrarnos con su aprecio. Eran fuertes porque eran unidos, per
también por que eran libres. Nadie les pidió que vinieran, nadie los obligó a ayudarnos. Cada uno de ellos, en un acto libérrimo
de voluntad decidió venir hacia nosotros y el resultado de esta libertad, fue la fuerza de su unidad. Vinieron todos juntos, como
fueran un solo hombre. Pero vinieron riendo y cantando. En su unidad casi militar se expresaba la fuerza épica de su
colectivismo. Pero en sus risas y en sus cantos resplandecía su embriagadora libertad. Sólo entonces comprendimos toda la
grandeza de los comuneros. De todos los grupos humanos que han existido en la historia, son los únicos que han resuelto de
manera definitiva el drama de la contraposición entre la sociedad y el individuo. El interés social exige que el individuo renunc
a sus intereses particulares. Pero la dignidad de la persona exige que el individuo conserve su libertad y su capacidad de decisió
El drama de la historia se debe fundamentalmente a esta oposición que parece insobrepasable.

Cuando la libertad es el valor supremo, los individuos se dejan llevar por sus intereses particulares, por el afán de poder y de
lucro y se olvidan del interés colectivo, de la angustia y de los sufrimientos de sus semejantes. Cuando el bienestar social se
sobrepone al individuo, el estado debe intervenir en la vida privada y atenta por esos contra la libertad. Los gobernantes caen en
el despotismo y terminan imponiendo a los ciudadanos principios y verdades arbitrarios. La dignidad de la persona desaparece
la sociedad se transforma en un campo de concentración.

Pero el comunero no corre ninguno de los dos peligros. El comunero está siempre dispuesto a actuar por el interés general. Está
en movilización permanente. Es siempre capaz de ofrecer horas extras de trabajo para beneficiar a su comunidad. Está ansioso d
esforzarse para realizar las metas del grupo, aunque él no saque ninguna ventaja inmediata. Pero todo esto lo hace libremente.
Porque él lo quiere hacer, porque así lo quieren todos los que viven en su comunidad, porque así lo quisieron sus padres y los
padres de sus padres.
Es imposible obligar a los comuneros a hacer las cosas contra su voluntad. Su colectivismo radical, que supera todos los
colectivismos conocidos, se funda en su libertad radical. Son colectivistas porque son libres. Por eso jamás podrán someterse a
colectivismo estatal, jamás podrán aceptar el yugo del estado totalitario. Ellos tienen clara conciencia de este hecho que
consideramos trascendental para la historia del Perú. Un día, un comunero del Centro, nos dijo con voz estentórea delante de to
su pueblo: en las comunidades hay comuneros pero no hay comunistas.

Cuando se comprende el verdadero significado de la acción comunitaria, cuando se comprende el verdadero sentido de la
asombrosa tradición de cooperación popular del pueblo peruano, base ideológica del Perú como doctrina, se tiene que aceptar q
los comuneros se han elevado a la más alta condición a la que puede elevarse el ser humano. Porque han logrado resolver el má
difícil y profundo de todos los problemas humanos: el de la contraposición entre el interés social y la libertad individual. El
comunero ha sido capaz de alcanzar el máximo de cohesión social dentro del máximo de libertad. Ha sido capaz de crear un
sistema original de vida; en que el individuo está al servicio permanente de la sociedad, sin que nadie lo obligue a estarlo. La
única razón que lo impulsa es su comprensión, ingenua, mas por eso mismo di- recta e inconmovible, de que el bienestar de la
comunidad es la más alta de todas las metas.

El comunero al resolver de manera única, la contraposición entre sociedad y libertad, realiza en forma cabal su ser de hombre. E
por eso, un hombre auténtico, un verdadero hombre y por eso infunde admiración y respeto. Es aún pobre y rudo, carece de
técnica y de ciencia, pero es el hombre más noble y más libre que pisa la tierra. Allí entre las montañas y las hondanadas, su
forma cuadrada y su color cobrizo adquieren dimensiones de apoteosis humana. Al verlo construir con sus propias manos sus
escuelas y sus casas, forjando en el barro fresco del atardecer el ser profundo del Perú, se siente una incontenible emoción. Sus
cantos y sus risas son el eco que producen sus manos rudas al modelar la tierra. Al escucharlos no podemos contener las lágrim
Consideramos que haber sido recibido por los comuneros, que haber estado junto a ellos y haber cooperado con ellos, es el may
de todos los honores. Y pensamos también que hoy, los comuneros indican el camino a todos los peruanos: el camino de la
movilización general para alcanzar el bienestar colectivo, de la movilización total, absoluta, en que todos los peruanos sin
excepción dediquemos todas nuestras fuerzas a la construcción de la Nueva Patria. De una movilización impulsada por la más
arrolladora de todas las fuerzas: la libertad de la persona humana.

ANEXO III
TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN

I. De la revolución en general
Acción Popular es un partido nacionalista y revolucionario, expresa el primer enunciado de nuestro ideario. En él se concentran
los anhelos de los cientos de miles de peruanos que han dado el triunfo a Fernando Belaunde Terry en las últimas elecciones y d
los millones que lo apoyan porque saben que el partido fundado por él está luchando por una nueva Paria y está realizando la
revolución necesaria para construirla.

Por eso mismo, porque el principio nacionalista y revolucionario es uno de los factores del triunfo y uno de los elementos básic
de la dinámica del partido, es del mayor' interés tener claras nociones sobre el significado de nuestro nacionalismo y nuestra
revolución.

Sobre el significado del nacionalismo en la ideología de Acción Popular, hemos hablado ya en las páginas anteriores. Hemos
visto que es un nacionalismo profundo, porque la fuente de inspiración de toda nuestra doctrina es nuestro mismo país, es la
tradición histórica de nuestro pueblo y hemos visto también que este nacionalismo tiene el carácter, único por cierto, de consist
en una afirmación humana y no en la negación de otras nacionalidades.

Queda por analizar, el sentido en que se emplea el término revolución. En las líneas que siguen, intentamos hacer este análisis d
la manera más resumida posible.

NUESTRA REVOLUCIÓN ES UNA REVOLUCIÓN AUTÉNTICA


El análisis, como veremos a continuación, conduce a un resultado fundamental: Acción Popular es un partido auténticamente
revolucionario. O sea, la revolución que proclama Acción Popular es una revolución que cumple con todos los requisitos con qu
debe cumplir un movimiento político para tener el derecho de llamarse a sí mismo revolucionario.

LAS CUATRO NOTAS PRINCIPALES DEL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN


Para poder llamarse tal, toda revolución debe presentar cuatro notas fundamentales: 1) debe proclamar un cambio de vigencias;
debe tener el poder de realizar el cambio proclamado; 3) debe realizar este cambio en un lapso determinado, es decir, el proceso
revolucionario debe tener un ritmo o "tempo" propio, pues si el cambio es demasiado lento, se puede hablar de evolución pero n
de revolución: 4) para realizar el cambio debe valerse del sistema legal constitutivo del Estado

CAMBIO DE VIGENCIA
Como lo muestra la sociedad moderna, el fenómeno básico de la vida social es que los seres humanos sólo pueden vivir en
sociedad si aceptan ciertas creencias básicas, ciertos valores y convicciones. Es debido a esta aceptación que actúan de una
manera y no de otra y que las actividades sociales se desenvuelven con- forme a cierto orden permanente. Ejemplo, la
organización monárquica de la sociedad. La monarquía como sistema social, ha durado miles de años, porque durante este laps
los hombres han tenido ciertas creencias, y han aceptado ciertos valores. Así, en Europa Occidental imperó la creencia de que l
reyes tenían derecho a gobernar a sus naciones porque así lo había establecido Dios. En consecuencia el rey encarnaba la máxim
jerarquía humana y sus decisiones debían ser respetadas de manera absoluta. Esta creencia y esta valoración tenían vigencia
social es decir tenían el poder de hacer actuar a los hombres sin que fuera necesario analizarlas ni discutirlas.

La actual organización democrática, supone la vigencia de creer que ningún hombre tiene derechos propios al gobierno, sino qu
éste debe serle conferido por decisión libre de sus semejantes. Esta creencia está indisolublemente unida a la valoración de la
persona humana como el elemento en torno del cual deben girar todas las organizaciones sociales. En una democracia toda
persona humana, por el hecho de ser tal, debe alcanzar la plenitud de su realización. (1)
________________
(1) Sobre el tema de las vigencias sociales, ver: Ortega y Gasset: El hombre y la Gente, Revista de Occidente, Madrid 1957; Julián Marías: La estructura
social, Revista de Occidente, Madrid 1955; Merton: Social Theory and Social Structure the free Press, llIinois, 1959, Newcomb: The study of consensus, e
Sociology today, Basic Books, New York, Tratado de Sociología (compendio por autores franceses) Kapeluz, Buenos Aires, 1963; Francisco Sánchez López
La estructura social Instituto de estudios político Madrid 1962; Francisco Miró Quesada: Introducción a la matemática finita (Orientada hacia el análisis de
las ciencias sociales). Primera Parte. Las matemáticas y la Cultura Occidental Curso mimeografiado de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de
Lima.

Los ejemplos anteriores son esquemáticos. En realidad toda la dinámica de la acción social se basa en sistemas sumamente
complicados de creencias y de valoraciones. Por eso se les pueden llamar sistemas de vigencias. (1) (2) (3)
________________
(1) O también complejos o constelaciones de vigencias.
(2) Algunos autores hablan de "consensus" en lugar de "vigencias".
(3) En la presente exposición se emplea el término "vigencia" en un sentido lato, no estrictamente técnico. Se adapta su empleo a los fines ideológicos d
la exposición. Para exposiciones más rigurosas ver bibliografía en la nota anterior.

A un sistema de vigencias corresponde un determinado tipo de organización social, es decir un complejo de estructuras política
jurídicas, económicas, religiosas, etc. Cada sistema de vigencias impone un de- terminado sistema de jerarquías humanas dentro
del sistema social.

La esencia de la revolución es el cambio en el sistema de vigencias. Mientras no se comprenda esto, no se comprende lo que es
verdad una revolución. El análisis superficial de los procesos revolucionarios conduce a la conclusión de que una revolución es
un cambio violento en el manejo del poder. Pero la violencia y el cambio en los grupos de poder, pueden reducirse a meros
revueltas, subversiones o asonadas. En una revuelta puede morir mucha gente y el poder puede pasar de unas manos a otras, y s
embargo no existir ninguna revolución. Si no hay cambio en las vigencias, no hay revolución, por más violencia que haya.

En el Perú, la mayoría de los cambios de poder llamados revoluciones, no han sido revoluciones. En realidad, hasta el momento
del triunfo de Acción Popular no ha habido ninguna verdadera revolución. Ni siquiera la que llamamos Revolución Libertadora
Emancipación. En la Emancipación, cambió el poder, pasó de manos de elementos españoles a elementos criollos, pero el sistem
de vigencias, salvo algunas resquebrajaduras y reajustes, quedó conservando todo su vigor. Las mismas creencias básicas, los
mismos valores fundamentales que trajeron los conquistadores, siguieron dando forma y estructura a la dinámica social peruana
Durante la Colonia y durante toda la República, un pequeño grupo dominante orientó y manejo la política y la economía peruan
Las grandes mayorías autóctonas fueron despreciadas, y se desconoció la profundidad de sus concepciones sociales y hasta la
belleza de sus expresiones artísticas. (1)

________________

(1) Podría decirse que hubo un cambio en el pase de las vigencias monárquicas a las democráticas. Pero este cambio fue superficial porque la condició
de las grandes mayorías autóctonas permaneció invariable y por eso la democracia no se realizó plenamente en el Perú.

Toda auténtica revolución consiste en un cambio efectivo en las vigencias sociales. La revolución es una sustitución de vigenci
o no es revolución. Por ejemplo, la Revolución Francesa consistió en cambiar las vigencias en relación al origen del poder y al
valor de los hombres. Las creencias en el origen divino de la institución monárquica y los valores humanos fundados en la sang
desaparecieron y fueron reemplazados por nuevos creencias y valoraciones referentes a la dignidad universal de todos los
hombres. De este cambio de vigencias se derivaron radicales consecuencias sociales, económicas y políticas.

No es necesario, desde luego, que se cambien todas las vigencias para que se produzca la revolución. Basta que se reemplacen
ciertas vigencias fundamentales por otras que ocupen su lugar. Por ejemplo, en la Revolución Norteamericana, se abolió la
vigencia del derecho divino de los reyes, pero se conservaron las vigencias. Por más radicales que sean los cambios, siempre ha
alguna conexión entre el antiguo régimen y el nuevo. Así, en la revolución bolchevique se conservaron numerosas vigencias
culturales, especialmente científicas y también muchas formas jurídicas (registros, inscripciones, títulos, etc).

El criterio para saber si la proclamación de nuevas vigencias es revolucionaria es el de la jerarquía dentro del sistema. Siempre
posible determinar las vigencias claves. Si el movimiento político persigue el cambio de vigencias claves, entonces es
revolucionario.

LA CONQUISTA DEL PODER


Para que un movimiento revolucionario pueda hacer realmente la revolución, debe tomar el poder. Sólo teniendo el poder políti
se pueden abrogar las viejas creencias y valoraciones e implantar las nuevas vigencias. Es la necesidad de llegar al poder lo que
históricamente, produce la violencia. Los grupos dominantes tienden de manera inevitable a perpetuarse en el poder. En el orige
de las sociedades, los grupos gobernantes representan auténticamente las vigencias imperantes. Pero llega un momento en que e
pueblo abraza nuevos valores y nuevas creencias. Entonces la minoría gobernante deja de ser creadora y se transforma en mino
dominante y opresora. (1)
________________
(1) Sobre este punto, ver Toynbee: Un estudio de la historia.

Por el sólo hecho de que nuevas vigencias comiencen a propagarse en el pueblo, comienza a constituirse una situación de tensió
social. Las grandes mayorías no creen ya en los valores que encarnan los grupos dominantes para justificar su posición de
supremacía. Es en estos momentos en que surgen nuevos movimientos políticos que tratan de reorganizar la estructura general d
la sociedad para que se conforme a las nuevas vigencias.

Muchas veces la resistencia que ofrece los viejos grupos dominantes es tan fuerte, que los grupos que representan las nuevas
vigencias sólo pueden imponerse por medio de la violencia. Algunas revoluciones, como la Francesa han presentado, por eso, u
violencia extrema. Pero otras veces los nuevos grupos han 1ogrado alcanzar el poder democráticamente. Así, la revolución soci
se hizo en Dinamarca antes que en Francia. Antes de la Revolución Francesa, los nobles daneses asumieron la causa del pueblo
realizaron una reforma agraria asombrosa para la época. Esta acción revolucionaria fue el origen de la transformación social
nórdica que ha conducido a los países que la hicieron alcanzar el nivel de vida más alto de todos los existentes. Algo parecido
sucedió en Inglaterra, Suiza, Holanda y Bélgica.

Algunos teóricos sostienen que si no se aplica la violencia no puede lograrse el poder necesario para realizar las nuevas vigenci
Pero no hay ninguna prueba de que las cosas sean en realidad de este modo. Lo único que se necesita es que el grupo
revolucionario que representa las vigencias de la mayoría esté en situación de cambiar el sistema jurídico estatal tanto como sea
necesario para realizar sus fines. Cuando el grupo revolucionario encarna auténticamente las vigencias de la mayoría, es siempr
posible hacer los cambios requeridos. Desde luego, el éxito de la empresa y la posibilidad del cambio sin violencia, dependen d
numerosos factores, entre los que deben contarse las condiciones sociales, económicas y psicológicas de la colectividad
correspondiente y la propia habilidad política del grupo revolucionario.

RAPIDEZ EN EL CAMBIO
No basta tener el poder de realizar los cambios para que haya revolución. Es necesario además que estos cambios se hagan en u
lapso determinado. Un partido político en poder que se demora veinte años en implantar las vigencias proclamadas, no podría
llamarse de ninguna manera revolucionario. Para que pueda hablarse de revolución, el cambio debe ser rápido. Todo ritmo o
"tempo" auténticamente revolucionario es acelerado. La misma palabra revolución, indica rapidez en el cambio, Revolución,
viene de "revolver", es decir, voltear por completar. La experiencia nos enseña que cuando algo se voltea por completo, se volte
rápidamente.

Es imposible poner plazo fijo a una revolución. Pero todos los pueblos del mundo que tienen sistemas de gobierno que se
renuevan periódicamente, tienen períodos que varían entre cuatro y seis años. Puede considerarse por eso, que un movimiento
revolucionario para ser tal, debe realizar los principios proclamados, en el lapso de un período gubernamental.

EMPLEO DEL MECANISMO JURÍDICO DEL ESTADO


Para realizar los valores proclamados y transformarlos en auténticas vigencias sociales, es necesario encauzar la acción social.
Esto es imposible sin un mínimo de coerción. Y este mínimo sólo puede lograrse a través de un sistema de normas jurídicas. En
consecuencia, para que las nuevas vigencias puedan realizarse plenamente, y los resultados de la revolución adquieran
permanencia, para que puedan pasar de vigencias constreñidas a vigencias universales, es necesario cambiar el sistema legal, qu
es base constitutiva del Estado. No es necesario cambiar todo el sistema legal para que se puedan realizar los valores proclamad
por el grupo revolucionario. Basta cambiar lo necesario para que puedan sancionarse las nuevas vigencias, para que las vigenci
puedan pasar del plano psicológico al plano legal, para que sea imposible dentro del dinamismo social, que los antiguos grupos
dominantes impidan la transformación.

II. De la revolución en el Perú

CRITERIO OBJETIVO DE LA PRAXIS REVOLUCIONARIA


Los anteriores desarrollos, a pesar de su carácter sintético y elemental, permiten sin embargo hacer uso de un criterio objetivo
para saber si un movimiento político es o no revolucionario. Basta comparar su ideología y sus realizaciones políticas con las
notas integrantes del concepto de revolución. Si estas notas se cumplen, entonces el movimiento es revolucionario. Si no se
cumplen, no lo es, por más violento y vocinglero que sea.

EL PERÚ COMO DOCTRINA CONSTITUYE UN CAMBIO RADICAL DE VIGENCIAS


Durante cuatro siglos, desde el triunfo de los conquistadores hasta que Fernando Belaunde Terry formula la ideología de Acció
Popular, imperaron en el Perú determinadas vigencias. Estas vigencias que podrían denominarse las "vigencias oficiales", estab
constituidas por las creencias y valoraciones de la minoría dominante, sobre las jerarquías sociales y culturales. Según las
actitudes explícitas e implícitas de la minoría dominante, los españoles fueron heroicos benefactores de las nuevas tierras. La ra
europea o caucásica era la raza superior. Su cultura, su ciencia, su sistema económico, su organización política, su capacidad de
producción, su técnica, su arte, eran lo único positivo del Perú. El indio era un ser inferior e inútil. Era ocioso, torpe, ingrato y
vengativo. Algunos hasta opinaban que mejor hubiera sido hacerlo desaparecer. Otros hablaban de importar seres blancos y
rubios, como si se tratara de vacas finas, para "mejorar" la raza.

Se veía con naturalidad que el indio, en un hosco silencio, trabajara las tierras de los ex-encomendadores y que un minúsculo
grupo usufructuara de este trabajo. Se veía con naturalidad que el indio viviera en estado miserable y que fuera víctima de la
ignorancia, de la enfermedad y del abuso de 1os gamonales. Se veía con naturalidad que el indio viviera exilado en su propia
tierra, que fuera el inferior, el extraño, el otro. En el Perú dominaba un pequeño grupo de occidentales, rodeado de un grupo
híbrido que medraba en torno de sus migajas y este grupo de occidentales se arrogaba todos los derechos y privilegios. Los que
pertenecían a él, eran los superiores, eran los verdaderos peruanos, los indios eran, sencillamente, los otros.

Pero he ahí que de repente surge un movimiento político que encarna unos valores que no son los oficiales, pero que representa
las vigencias de un Perú más verdadero y profundo. Un movimiento que denuncia la debilidad y la farsa de las vigencias oficial
y que proclama que en la vieja tradición autóctona se encuentra la inspiración de una nueva doctrina. Un hombre nuevo descubr
que en la tradición histórica de nuestro pueblo se revela el más hermoso ideal de justicia agraria que jamás haya existido, que en
ella se encuentran claramente las ideas de estado benefactor, de planificación y de acción colectiva libre. Este hombre que hace
estremecer al Perú con el vigor y la verdad de su mensaje, es Fernando Belaunde Terry.

Se produce así un cambio radical en el sistema de vigencia. De elemento humano minimizado, el indio pasa a ser elemento
humano señero. No sólo muestra que su cultura es tan digna de ser tenida en cuenta como cualquier otra, sino que además ofrec
la solución al problema del desarrollo social y económico del Perú. Gracias a la espléndida tradición de cooperación popular qu
ha sabido conservar a través de las centurias, hace posible hoy día, realizar la capitalización necesaria a nuestro desarrollo. Si n
fuera por él, la región andina no podría desarrollarse con la rapidez necesaria, pues, por mayor que fuera el capital monetario
invertido, sería siempre insuficiente. Sólo con el aporte ciclópeo del trabajo de las comunidades, será posible salir del marasmo
en que nos debatimos. Sólo con la unión del capital monetario y del capital de los brazos comunales, podrá el Perú levantarse
sobre sus propias ruinas y construir su nuevo destino. El indio ha pasado así de ser ignorado y negado, a ser autor principal en l
salvación del Perú. Ha dejado para siempre de ser el otro, para adquirir la condición de protagonista en la forjación de nuestra
historia.(1)
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(1) Observe el lector que el cambio se produce en las vigencias claves, puesto que incide sobre jerarquías humanas. Las vigencias sobre valores human
matizan a todas las demás y les imponen un orden que varía en función de ellas. Ello se debe a que en todo sistema axiológico, (incluso en aquellos que
culminan en valores trascendentes) el valor "hombre" matiza toda la gama e imprime en ella un sello característico.

Posiblemente jamás en pueblo alguno se ha producido un cambio tan grande en las vigencias. Nunca un grupo humano pasó así
de la negación y del exilio a ocupar el centro del dinamismo nacional. En este sentido nuestra revolución es la más radical y
profunda de América Latina. Ni siquiera la revolución mexicana logró un cambio tan completo de vigencias. Porque aunque en
práctica el indio logró salir de la situación disminuida en que se hallaba, no llegó jamás a participar en la forjación de la
ideología. Los mexicanos liberaron a los indios, pero toda la ideología de la revolución fue de corte occidental. En su impulso
liberador los mexicanos negaron los valores hispánicos rechazaron todas las vigencias españolas, o por lo menos trataron de
hacerlo. Pero sólo utilizaron instrumentos intelectuales y sociales occidentales.

En el Perú, Acción Popular inicia un movimiento de liberación del indio, y lo lleva hasta sus últimas consecuencias; no sólo
pretende liberar al indio materialmente, no sólo pretende liberarlo de la explotación y del abuso de los ex conquistadores, sino
que persigue también su liberación espiritual. Al descubrir que el sistema social creado por el elemento autóctono ofrece nueva
soluciones, y que sólo a través de él se puede lograr el desarrollo del Perú, devuelve al indio su pasada grandeza, la seguridad e
sí mismo y la máxima dignidad humana. Y realiza a la vez una revolución gigantesca.(1) (2)

(1) No es necesario insistir en el hecho de que el cambio de vigencias claves que constituye la revolución conduce necesariamente a realizar las
transformaciones sociales que habitualmente se consideran como revolucionarias. El cambio en las jerarquías humanas obliga de manera inevitable a
cambiar la estructura social, económica, política, cultural, etc. de la colectividad en la que se han implantado las nuevas vigencias. Así, si se acepta que e
indio es ahora protagonista en la historia del Perú, es evidente que pasa a ocupar una nueva situación en las jerarquías sociales. Ya no es el ser
subordinado que fue durante tantos siglos, sino un hombre libre sin cuya contribución señera el Perú jamás podrá alcanzar sus metas históricas. En con-
secuencia, para que esta contribución sea posible necesita una nueva condición económica, porque mientras no sea libre económicamente no podrá
realizar el esfuerzo que todos esperamos de él. Pero esto no puede hacerse sin una adecuada reforma agraria, y esta reforma no puede hacerse sin la
reforma de la estructura del crédito y sin la reforma de la educación. Cada una de estas reformas conduce inexorablemente a otras y así, de reforma en
reforma, se llega a la necesidad de transformar la totalidad de la estructura socio-económica de la nación. El cambio en las vigencias claves significa así
dos cosas: significa una transformación social sistemática y en consecuencia revolucionaria en el sentido usual, y significa a la vez la plena justificación d
esta transformación.

(2) Al mostrar que los principios de Acción Popular constituyen un verdadero y profundo cambio de vigencias, nos hemos referido a la afirmación de
valores de Ia cultura autóctona ya su incorporación en el sistema ideológico. Hemos hecho esto, porque evidentemente esta afirmación y esta incorporac
constituyen la nota más espectacularmente revolucionaria de nuestro movimiento. Pero que el elemento autóctono sea un elemento ideológico constitutiv
de Acción Popular no significa que sea el único cambio de vigencias que merece llamarse revolucionario. Al lado de este cambio se hallan otros de carác
igualmente renovador. Así la emancipación de los villorrios es otro de los grandes principios de la ideología de nuestro movimiento. El Perú, debido a una
serie de circunstancias históricas y sociales, entre las que se cuenta el desgarramiento Inicial, es uno de los países más centralistas del mundo. Este
centralismo no sólo ha hecho que las capitales de provincias languidezcan en un intolerable abandono, sino que los pueblos pequeños hayan sido
olvidados en forma tal que parece que jamás hubieran existido. La indiferencia cruel y absurda del poder central frente a los villorrios del Perú es expresi
directa de la organización oligárquica de nuestro sistema socio-económico. Basta el más ligero análisis para comprender que mientras no se cambie por
completo nuestra actitud ante la provincia, el Perú no podrá dinamizar sus energías profundas. Por eso Fernando Belaunde Terry, en unas de sus más
hermosas páginas nos habla de la emancipación de los villorrios, y eleva esta emancipación a la categoría de principio ideológico de El Perú como Doctr
(Ver Pueblo por Pueblo; op. cit. pág. 151 y sgts). Este cambio de actitud, este aprecio decidido que se yergue vehemente y afirmativo frente al desprecio
tradicional de la oligarquía por el pueblo pequeño y lejano, es un cambio de vigencias tan nítido y tan profundo como la incorporación ideológica del
elemento autóctono.
Además de la emancipación de los villorrios, encontramos otros temas que expresan con mayor o menor énfasis claros cambios de vigencias, como el
mestizaje de la economía, la concepción de la economía como una actividad orientada hacia el servicio de la colectividad, el tema, aún su suficientement
analizado, verdadero tesoro ideológico de La Conquista del Perú por los Peruanos, etc.

CONQUISTA DEL PODER Y REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICO


Acción Popular cumple así la nota fundamental que debe cumplir todo movimiento político para llamarse auténticamente
revolucionario. Pero además de tener una ideología que constituye un cambio de vigencias claves, alcanza, en forma fulgurante
en sólo siete años de lucha, la conquista del poder. Y es capaz de lograr esta conquista democráticamente, sin derramar una sola
gota de sangre.

La razón que hace posible esta hazaña ha pasado en general desapercibido, porque, aunque parezca extraño, es una razón de
principio. Es el carácter humanista y consistente de su ideología la que ha permitido a Acción Popular alcanzar el poder
democráticamente. Porque la ideología de nuestro partido es, como hemos visto, humanista. Y toda ideología humanista, cuand
es verdaderamente humanista, persigue la afirmación de la dignidad de todos los hombres, sin excepciones de ninguna clase. La
afirmación del ser del indio, no significa de ninguna manera negación del valor del elemento occidental e hispánico del Perú. E
desde Fernando Belaunde: haber comprendido que una ideología para poder realizarse plenamente en el mundo real, debe ser
consistente. Toda ideología que pretende ser humanista pero que niega valores humanos, es inconsistente y trunca. Este ha sido
error del indigenismo primitivo y por eso nunca pudo triunfar. Un indigenismo que niega las excelencias de la cultura occidenta
es un humanismo inconsistente. Es inconsistente porque todo indigenismo recibe su fundamento y sentido del hecho de ser una
especificación del humanismo. Si no se parte del valor que confiere a todo hombre su mera condición humana, no hay ninguna
razón para luchar por la liberación de los in- dios. Si no se parte del principio humano universal (aunque sea necesario colocars
en situación para darle sentido en cada caso), no hay solución al problema de la contraposición de los grupos humanos.
________________
Analizar todos estos temas exige un trabajo mucho más sistemático que el presente, que no es sino un primer y modesto ensayo de interpretación. Como
hemos dicho en el prólogo de la segunda edición, los desarrollos de estas líneas no pretenden ser sino un punto de partida, un incentivo para que los
jóvenes elementos del partido culminen la tarea de analizar fondo el inagotable venero de El Perú como Doctrina.
Si se lucha por el indio, es porque, en caso de que los blancos fueran los oprimidos, se lucharía también por los blancos. Si se
reconocen los valores de la cultura autóctona, es porque se tiene la capacidad de re- conocer los valores de la formidable y
sublime cultura occidental.

Nuestra revolución aplica principios inspirados en la tradición autóctona. A través de la cooperación popular, afirma de manera
contundente el valor del antiguo elemento discriminado. Pero sin embargo, no niega los valores occidentales, porque la
afirmación de un grupo humano, no es incompatible con la afirmación de todos los grupos humanos. Además, el principio
autóctono fundamental, la mika y el ayni, la acción colectiva, no es incompatible con ningún sistema de valores centrado en el
valor hombre. Por eso hace posible realizar el humanismo hasta sus últimas consecuencias, sin contradicciones. Si el complejo
valores andinos que afirmamos, fuera incompatible con los valores occidentales, entonces la contraposición que ha existido en
Perú debido al hecho originario de la conquista sólo habría podido resolverse por la violencia. Pero lo más extraordinario de los
valores afirmados, es su perfecta compatibilidad con el núcleo esencial del sistema de Occidente.

Producida la Conquista, el hombre autóctono, conserva valores básicos y los trasmite celosamente de generación en generación
Aquellos valores incompatibles con los actuales principios democráticos y cristianos de Occidente, por razones obvias,
desaparecen y sólo se trasmiten valores estéticos que expresan el prodigioso sentido cósmico del andino, y valores sociales
encarnados en la cooperación comunal, en el sentido de justicia distributiva y en la previsión estatal. Y estos valores forman un
sistema abierto, tienen el carácter tal vez único de la compatibilidad universal; puede integrarse con cualquier sistema que
reconozca la dignidad y la libertad del hombre. Y en el caso especial del Perú no sólo son compatibles sino complementarios.
Gracias a que existe esta tradición, gracias a que ahora es posible sistematizar y tecnificar la cooperación popular, el Perú va a
poder desarrollarse, en el sentido en que los países de Occidente entienden el desarrollo. Se realiza así una síntesis perfecta entr
las dos culturas. Empleando la técnica de Occidente, se puede dar mucho mayor eficacia a la técnica andina de cooperación
popular. Y empleando la técnica andina de cooperación popular, se puede dar mucho mayor eficacia al proceso de capitalizació
que caracteriza el proceso de desarrollo de los países occidentales.

Esta consistencia humanista de la ideología de Acción Popular, el carácter de sistema abierto y universalmente compatible de lo
principios autóctonos utilizados, el carácter complementario de los dos complejos de valores que constituyen nuestra esencia
nacional, hacen posible que la violencia no sea necesaria en principio para realizar nuestra revolución.

Esto no significa de ninguna manera que no estemos decididos a luchar hasta las últimas consecuencias para imponer los
principios que proclamamos. Significa sencillamente que la violencia no es inevitable, y en consecuencia, que podemos confiar
en una auténtica revolución humanista, que persigue la liberación, aunque se trate de un solo individuo. Sólo en el caso de que
grupo minoritario que dominaba el Perú hubiera tratado de impedir por la fuerza el triunfo democrático del pueblo, la violencia
habría sido inevitable. Pero los valores proclamados por Acción Popular eran demasiado evidentes y adquirieron una vigencia
irresistible en las masas populares. Haber tratado de frenar el proceso democrático que llevó a Acción Popular al poder habría
sido insensato. Por eso los hombres y los grupos que encarnaban los nuevos valores, llegaron democráticamente al gobierno y
desde allí han iniciado de inmediato la revolución que proclamaban.

ENCAUZAMIENTO JURÍDICO Y "TEMPO" REVOLUCIONARIO


Vemos pues que se cumplen las dos primeras nota del concepto de la revolución. En primer lugar, la ideología de Acción Popul
proclama un sistema de valores claves radicalmente distinto del sistema de la minoría dominante. Por el solo hecho de existir
nuestra ideología constituye una manera de pensar, sentir y actuar completamente nueva en el Perú inicia una nueva manera de
vernos a nosotros mismos. En segundo lugar, los hombres que encarnan las nuevas vigencias, han sido capaces de llegar al pod
Y han llegado sin violencia, lo que hace posible realizar los valores proclamados - que son fundamentalmente humanistas -
plenamente, sin contradicciones ni desgarramientos.

¿Cumple nuestro movimiento con las dos notas restantes? Con toda evidencia. Porque al día siguiente de haber asumido el
mando, el Presidente Fernando Belaunde Terry remitió al Poder Legislativo un conjunto de proyectos de ley, encaminados a
cambiar el sistema legal imperante.

En este sentido. Acción Popular no está haciendo sino lo que han hecho todos los sistemas revolucionarios: cambiar el sistema
legal para hacer posible la realización de la transformación anunciada y darle carácter de permanencia. Esto es lo que hicieron l
hombres de la Revolución Francesa, de la Revolución Norteamericana y también de la Revolución Soviética. Esto es lo que han
hecho todos los auténticos revolucionarios.

Es frecuente que un partido político se presente como revolucionario, pero que, al llegar al poder, sólo o con aliados, no haga
ningún esfuerzo por cambiar el sistema legal imperante. Esto lo hemos visto en el Perú y se ha visto también en otros países.
Quienes así proceden, por más declaraciones que hagan, jamás podrán ser considerados, de verdad, revolucionarios. Pero Acció
Popular se caracteriza precisamente por lo contrario: por el denodado empeño que ha puesto en el cambio del viejo sistema lega
orientado hacia el beneficio de la minoría dominante. El sistema legal propuesto está orientado, en cambio, hacia el beneficio d
toda la nación. No ha sido necesario cambiar todas las leyes, puesto que hay una serie de estructuras sociales, como la familia, l
Iglesia, las garantías constitucionales de la libertad individual y social, etc" que no tienen nada que ver con los intereses de la
vieja oligarquía. Sólo se han cambiado o se están cambiando las leyes que han sido necesarios cambiar.

El sistema legal de la tenencia de la tierra, de la propiedad del subsuelo, etc., ha comenzado a cambiarse de inmediato para
encauzar la acción transformadora y darle carácter de permanencia. No hay pues la menor sombra de duda que en el Perú actua
se están cumpliendo los principios de la revolución. Desde luego, no se puede realizar los regímenes más violentos, como el
soviético, han podido hacer cambios legales completos e inmediatos. Pero es indudable que el tempo es revolucionario. Y, com
ya hemos visto, el tempo o ritmo revolucionario se caracteriza por la acción unitaria dentro del lapso del período gubernativo.
Hasta el momento se está dando carácter legal al cambio, y de este ritmo, es evidente que será posible realizar todos los cambio
legales necesarios para lograr plenamente nuestra revolución dentro del presente período presidencial. El tempo inicial no es po
cierto un adagio, ni siquiera un andante con brío, sino un scherzo.

Algunos pesimistas alegan que el hecho de no haber llegado al poder con mayoría parlamentaria puede paralizar la acción
renovadora. Pero quienes así hablan no tienen una idea clara de lo que es un proceso revolucionario. No se dan cuenta que cuan
un sistema de vigencias nace de las raíces mismas de la nación y los hombres que las encarnan llegan al poder, no hay fuerza en
la Tierra capaz de detener el cambio. Olvidan que la esencia de las revoluciones verdaderas es la irreversibilidad. Porque las
revoluciones que se inspiran en la afirmación apasionada del valor del hombre son las que hacen la historia.

ANEXO IV
EL PERÚ, EL OCCIDENTE Y EL MUNDO
En el anexo anterior, al referirnos a la Cultura Occidental hemos dicho con toda intención que es formidable y sublime. La
Cultura Occidental es formidable porque es la más poderosa de la tierra, y es sublime porque es la más fecunda y creadora.
Gracias a la técnica sin precedentes que ha sido capaz de desarrollar aplicando los resultados del conocimiento científico, ha
adquirido un poder que ha sobrepasado de manera aplastante al de cualquier otra cultura ya sea de la época actual o pasada. Per
esta técnica sólo ha sido posible porque la cultura occidental ha sido capaz de recrear la ciencia, creada por la cultura helénica,
superando también de manera sobrecogedora el aporte griego. Y la creación de la ciencia supone además la creación de la
filosofía, otro grandioso aporte occidental (con antecedente helénico).

Pero la existencia de la filosofía supone la existencia de un gigantesco complejo de formaciones culturales característicos que
hacen de la cultura occidental la más fecunda y creadora de todos los tiempos. Filosofía, ciencia y técnica, arte, religión, polític
democracia, derecho, economía de la abundancia, concepción ciclópea del destino humano que nos ha conducido a vencer la
maldición de la gravedad ya emprender la conquista del universo, he aquí la esencia de la Cultura Occidental que no sólo permi
sino obliga a llamarla sublime. Por esta razón, por su sublimidad y su fuerza arrolladora, la Cultura Occidental ha triunfado en s
competencia con todas las demás culturas y ha originado el prodigioso proceso histórico denominado proceso de
occidentalización. Todas las culturas existentes, en grado mayor o menor se están occidentalizando. Con relación a este proceso
es indiscutible que el Perú pertenece plena y claramente a la órbita de la Cultura Occidental.

No debemos por eso equivocarnos. El Perú como Doctrina, el descubrimiento de la autenticidad y fuerza de los valores
autóctonos no significa negación de los valores occidentales. Significa llana y simplemente que se ha aceptado, al lado del
complejo occidental de formaciones y valores, un complejo de gran significación constituido por formaciones y valoraciones
autóctonas. Este complejo es perfectamente compatible con el occidental, y es además complementario. Contribuye a afirmar m
la personalidad del Perú y a dinamizar de manera avasalladora las energías crea- doras y constructivas de nuestro pueblo, pero s
apartarlo de la órbita occidental; constituye, además, un proceso revolucionario, porque los grupos dominantes tradicionales no
aceptaban su vigencia y lo consideraban incompatible con el complejo occidental.

Es evidente que la incorporación de un complejo de valores autóctonos al complejo de valores occidentales contribuirá a dar un
fisonomía especial al Perú que se distinguirá entre los demás países de América Latina y del mundo por su carácter original y
creador. Pero esta distinción será dentro del ámbito de la Cultura Occidental por la doble razón de que esta cultura tuvo, a travé
del proceso de la Conquista, un impacto demasiado grande en la formación de nuestro país y de que el mundo todo se está
occidentalizando.

Este proceso de integración occidentalizante de proporciones colosales es de enorme interés filosófico e ideológico y apenas
comienza a comprenderse en términos adecuados. Su estudio rebasa los marcos del presente ensayo. Pero vale la pena decir
algunas palabras sobre la contribución de las culturas no occidentales al proceso de integración. La Cultura Occidental constitu
un complejo grandioso de creaciones humanas, pero desde su origen tiene tina limitación que no sólo es de efectos negativos si
trágicos: su fuerza expansiva es tan arrolladora que atenta contra el propio sistema de valores que constituye su esencia. Este
sistema culmina en los valores cristianos y humanistas sobre los cuales se erigen las grandes concepciones filosóficas y sociales
de Occidente. En consecuencia, la Cultura Occidental, que reconoce el valor de la dignidad humana y asciende - superando en
esto a todas las demás culturas - hacer: organizar una sociedad sobre la base de la justicia, crear un estado que velara por sus
súbditos y formar unos hombres capaces de trabajar libremente por el bien colectivo. Por eso ahora el Perú tiene algo que decir
mundo y ocupa una posición señera en el gran proceso histórico que es a la vez de integración y de liberación.

EL PERÚ COMO DOCTRINA se manifiesta, así, como una afirmación nacional, que a pesar de existir sólo en relación a una
situación histórica determinada, irradia un espléndido mensaje de universalidad. A través de esta universalidad el Perú inicia
nuevamente una marcha histórica ascencional, a una concepción universal de los derechos del hombre, al iniciar su aventura
imperialista se traiciona a sí misma y crea un callejón sin salida que amenaza destruirla y junto con ella a la humanidad entera.

Es el descalabro de dos guerras mundiales y la resistencia del mundo colonial, víctima de la traición de Europa a sí misma y, po
eso, a todos los pueblos de la tierra, lo que detiene este terrible movimiento de expansión política y económica y obliga a los
occidentales a tomar conciencia de la pavorosa situación histórica creada por ellos. Se origina así un movimiento ascensional
del Tiersmonde, o, para hablar en términos de Toynbee, del proletariado externo del mundo occidental en el cual los pueblos
subyugados Comienzan a hacerse sentir en la historia ya ofrecer aportes positivos. Se trata de un subproceso de complementaci
en el proceso de integración occidental, mediante el cual el Occidente comprende que Sólo aceptando los grandes valores
proclamados por las culturas sometidas puede cumplir realmente con las exigencias de su propio complejo de valores que, en
esencia, es humanista. Así, sólo aceptando el valor de lo que antes despreció, puede hoy día el occidental lavar la mancha de la
traición a su propia cultura.

En este movimiento de integración y de aporte creador de las culturas antes subyugadas, el Perú está en condiciones de cumplir
un papel de especial importancia. Porque, debido a las circunstancias que ya hemos expuesto, nuestro país ofrece una
contribución de hondo sentido humanista, a través de la cual realiza en forma cabal los valores que el Occidente, a pesar de que
toda su cultura se centraba en ellos, jamás fue capaz de realizar ni siquiera dentro de sus propios límites.

La tradición de cooperación popular que existe en el Perú, o mejor en la región cultural andina, supera la existente en todas las
demás regiones. En este sentido puede ser un verdadero modelo para aplicarla en otros países que necesitan hacer el esfuerzo
supremo de salir del subdesarrollo mediante un proceso de capitalización de emergencia. Los valores autóctonos reconocidos en
el Perú, rebasan así los linderos nacionales. No sólo son complementarios del proceso de occidentalización en el Perú sino que
pueden serlo en relación a vastos aspectos del proceso histórico actual. Este proceso, verdaderamente único, se caracteriza por s
ala vez una absorción y un reconocimiento de las culturas no occidentales. Una absorción porque todas ellas han tenido que
aceptar no solamente la técnica sino la mayor parte del complejo de valores occidentales. Un reconocimiento porque el Occiden
ha tenido que ceder ante las demandas de los pueblos sometidos y aceptar sus pretensiones de liberación. Y al ceder ante ellos s
ha abierto al reconocimiento de sus grandes creaciones culturales y humanas. En el caso de la cultura Andina, el Occidente pue
ahora ver en ella la expresión espontánea y ateórica de un humanismo que los europeos predicaron y no practicaron. La tradició
de cooperación popular de la región andina muestra cómo los hombres que antaño fueron conquistados y menospreciados fuero
capaces de hacer lo que antes y después que ellos nadie fue capaz de hacer: organizar una sociedad sobre la base de la justicia,
crear un estado que velara por sus súbditos y formar unos hombres capaces de trabajar libremente por el bien colectivo. Por eso
ahora el Perú tiene algo que decir al mundo y ocupa una posición señera en el gran proceso histórico que es a la vez de
integración y de liberación.

EL PERÚ COMO DOCTRINA se manifiesta, así, como una afirmación nacional, que a pesar de existir sólo en relación a una
situación histórica determinada, irradia un espléndido mensaje de universalidad. A través de esta universalidad el Perú inicia
nuevamente una marcha histórica ascencional.