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Revoluciones a lo largo de la historia.

Revolución Francesa (1789).

En la historia del mundo contemporáneo la Revolución Francesa significó el


tránsito de la sociedad estamental, heredera del feudalismo, a la sociedad
capitalista, basada en una economía de mercado. La burguesía, consciente de su
papel preponderante en la vida económica, desplazó del poder a la aristocracia
y a la monarquía absoluta. Los revolucionarios franceses no solo crearon un
nuevo modelo de sociedad y Estado, sino que difundieron un nuevo modo de
pensar por la mayor parte del mundo.

El final del siglo XVIII fue una época de trastornos en muchas partes del
hemisferio occidental. Trastornos que se pueden atribuir al fermento de las ideas
conocidas como la Ilustración. Estas ideas, reflejo de las necesidades y tensiones
de una sociedad cambiante, se basan en el nuevo conocimiento científico del
siglo XVII, que engendró una nueva fe en la razón y en el progreso. Por un lado,
esto llevó a un rechazo de la autoridad y a una afirmación de los Derechos del
Hombre. Por otro, las nuevas ideas fueron una inspiración para los monarcas que,
al terminar el siglo XVII, empezaron a concentrar el poder en sus propias manos
y a gobernar mediante agentes burocráticos nombrados por ellos.
El proceso revolucionario francés es el más importante dentro del agitado
panorama político del siglo XVIII. La historio- grafía se ha preocupado
constantemente de él y son muchos los escritos que presentan la Revolución
Francesa como una gran gesta o, por el contrario, un acontecimiento perjudicial
y hasta innecesario para Francia y la cultura occidental.

Hacia 1789 la organización política de Francia era la monarquía absoluta. El Rey


defendía que su poder derivaba de Dios, a quien únicamente debía cuenta de sus
actos. Sus súbditos no tenían ningún derecho, pero sí el deber de obedecer. El
monarca tenía poderes absolutos y nadie podía oponerse a su voluntad:
declaraba la guerra y hacía la paz, comandaba a los ejércitos, determinaba los
gastos, fijaba los impuestos, nombraba y destituía a los funcionarios y dirigía la
administración entera a su antojo. En la sociedad francesa del momento se
distinguían las siguientes clases sociales:

• El clero era la primera de las clases sociales privilegiadas. Conservaba un gran


prestigio e influencia. Recibía los diezmos de los fieles, poseía extensas
propiedades que abarcaban la cuarta parte de la superficie de Francia y no
pagaba impuestos.

• La nobleza era la segunda clase privilegiada que estaba formada por un número
de personas análogo al del clero, pues poseían tierras de parecida importancia y
extensión. Percibían de los campesinos, que vivían en sus tierras, los antiguos
derechos feudales y solo pagaban impuestos en casos especiales.

• En el escalón más bajo se distinguían distintas categorías, alguna de las cuales


había logrado privilegios. La capa superior era la burguesía, mientras que la
inferior estaba compuesta por los obreros y los campesinos. Debían pagar gran
cantidad de impuestos al Estado, el diezmo a la Iglesia y los derechos feudales al
señor.
La Revolución Francesa abarca un periodo de diez años, desde 1789 hasta 1799
en el cual surgieron nuevos usos y costumbres y triunfaron nuevos modos de
pensamiento y nuevas tendencias espirituales. Sus causas fueron, por una parte,
los abusos y arbitrariedades del Antiguo Régimen, y por otra, la acción de
pensadores y filósofos. Todo vino motivado por la debilidad de carácter del rey
Luís XVI y la grave crisis financiera que atravesaba el país. Los defensores de la
aplicación de reformas fiscales, sociales y políticas comenzaron a reclamar con
insistencia la satisfacción de sus reivindicaciones durante su reinado.

Uno de los acontecimientos de mayor alcance histórico de la Revolución Francesa


fue la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. En su doble
vertiente, moral y política, condiciona la aparición de un nuevo modelo de Estado,
el Estado de Derecho, democrático y nacional. Será la "Declaración de Derechos
del Hombre y del Ciudadano" francesa de 1789 la que sirva de base e inspiración
a todas las declaraciones tanto del siglo XIX como del siglo XX.
Revolución Rusa (1917).

El detonante de la Revolución Rusa de 1917 fue la dramática situación que había


generado la participación del país en la I Guerra Mundial. La revolución empieza
con una huelga de metalúrgicos y obreros textiles en San Petersburgo.
Posteriormente se producen manifestaciones de mujeres pidiendo paz y pan y
con gritos de “abajo la autocracia”. El régimen despótico del zar había estado
oprimiendo al campesinado durante siglos, lo que provocó tensiones dentro de
la clase baja rural que desembocaron en altercados. Económicamente, la inflación
y el hambre por toda Rusia contribuyeron al desarrollo de la revolución.

En 1917 los movimientos de protesta aumentan y los soldados se amotinan,


confraternizando con los obreros y con el pueblo descontento. En este clima
consolidarán los “soviets”, que estarán llamados a tener un gran papel. Nicolás II
al ver que no controla la situación y que está solo, abdica en favor de su hermano,
el duque Miguel, pero este rechaza el poder, lo que pone fin a la monarquía en
Rusia.
Las Revolución Rusa de 1917 se divide en dos partes: la caída del régimen zarista,
conocida como Revolución de Febrero, y la creación del primer Estado socialista
del mundo, conocida como Revolución de Octubre, siendo Trotsky y Lenin sus
principales líderes.
Este fue uno de los más importantes hechos ocurridos en la época
contemporánea. Su impacto fue palpable tanto en América como en Europa.
Aunque la revolución no hizo expandir el comunismo como un efecto inmediato,
les dio a otros países convulsos del tercer mundo un ejemplo a seguir. Décadas
después, el modelo filosófico y gubernamental tomaría renovada notoriedad a
medida que Rusia, convertida en un estado socialista y en una superpotencia
económica y militar, se enfrentara a los Estados Unidos en la Guerra Fría.

Revolución Mexicana (1910).

La Revolución Mexicana fue un conflicto


armado iniciado en 1910 con un
levantamiento encabezado por Francisco
Madero contra el presi- dente autócrata
Porfirio Díaz. Se caracterizó por sus
movimientos socialistas, liberales,
anarquistas, populistas y agrarios.
Aunque en un principio era una lucha
contra el orden establecido, con el
tiempo se transformó en una guerra civil.

El gobierno de Porfirio Díaz, que se había iniciado con un primer mandato en


1876, era una dictadura. Su política era corrupta e impopular, pues después de
gobernar 34 años, solamente el 1% de la población mexicana era rica, mientras
que más del 90% vivía en la pobreza.

A pesar de eliminar sistemáticamente a sus opositores, surgió la figura de un


demócrata liberal llamado Francisco Madero, con aspiraciones de poder, que se
opuso a la reelección del dictador en 1910. Debido a esto, Madero fue
encarcelado. Luego huyó a Estados Unidos, encabezando desde el exilio una
oposición al gobierno, apoyado por la escasa clase media mexicana.

El espíritu revolucionario se expandió por todo el país. Las clases más marginadas
estaban se podían dividir en tres corrientes: la moderada de Francisco Madero, la
del agrarismo radical de Emiliano Zapata y la de los anarquistas y marxistas
radicales liderados por Ricardo Flores Magón. En 1911, Porfirio Díaz anunció su
renuncia.

Revolución Cubana (1959).


La Revolución Cubana es el movimiento revolucionario que provocó la caída de
la dictadura de Fulgencio Batista en 1959 y la llegada al poder del líder del Ejército
Rebelde: Fidel Castro. Después de instaurarse en el poder, el Movimiento
Revolucionario propugna que la Revolución Cubana aún continúa desde
entonces, por lo que abarca el período de tiempo entre el alzamiento contra
Batista y la actualidad.

En 1952 un golpe de Estado dirigido por Fulgencio Batista derrocó fácilmente y


sin resistencia al presidente electo Carlos Prío Socarrás, en un marco internacional
que transitaba los primeros momentos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y
la Unión Soviética. Inmediatamente se suspendieron las garantías
constitucionales y se instauró una fuerte dictadura militar. Dos años después se
celebrarían unas amañadas elecciones para la presidencia, cuyos resultados se
sabían de antemano. El argumento de Batista fue el de luchar contra la
corrupción, pero en realidad fue para tomar el poder y enriquecerse
particularmente él y sus allegados.

La continuación del escandaloso nivel de corrupción que caracterizó el periodo


republicano y el enriquecimiento de una oligarquía cada vez más reducida, que
llegó a afectar notablemente a la incipiente clase media cubana, llevaron a la
conformación de una oposición generalizada, partidaria de la insurrección para
desalojar del poder a Batista. Con esa oposición se identificaron numerosos
partidos políticos, sindicatos, movimientos estudiantiles e incluso sectores del
empresariado.

En esas condiciones, un grupo de jóvenes decidió tomar la lucha armada si era


necesario para derrocar al régimen de Batista. Este grupo de jóvenes, que se
hicieron llamar la "Generación del Centenario”, se organizó militarmente y,
liderados por Fidel Castro, en 1953 intentaron tomar varios cuarteles, fracasando
en el intento y sufriendo decenas de víctimas. El gobierno militar respondió con
una severa acción represiva que llevó a la detención y enjuiciamiento público de
Fidel Castro y otros atacantes.
Tras veintidós meses de prisión, ante la creciente presión popular e internacional
y varios intentos de insurrección, Fi- del Castro y sus compañeros fueron
absueltos en 1955. Pocos días después Castro fundó en la clandestinidad el
Movimiento 26 de Julio, una organización cuyo fin era derrocar a Batista y que
tenía una ideología de progreso y grandes cambios antiimperialista-democrática.

A finales de 1956 zarpó de México un barco con ochenta y dos guerrilleros del
Movimiento 26 de Julio, entre los que se encontraban el cubano Fidel Castro y el
argentino Ernesto “Che” Guevara. Dispersos, medio perdidos y perseguidos, los
expedicionarios sufrieron una seria derrota inicial debido a la cual poco más de
veinte hombres, de los ochenta y dos iniciales, sobrevivieron. Luego del
bombardeo de Alegría de Pío y del posterior asesinato de varios expedicionarios,
el gobierno de Batista difundió la falsa noticia de la muerte de Fidel Castro y de
todos los expedicionarios, lo cual entristeció los ánimos de numerosos
revolucionarios del país.

A finales de 1958 la debacle de la dictadura de Batista parecía inevitable. Las


milicias comandadas por el “Che” iniciaron el decisivo ataque contra la ciudad de
Santa Clara, llave del centro de la isla y último reducto antes de La Habana.
Cuando las tropas rebeldes tomaron el tren blindado que el gobierno había
enviado para fortificar la ciudad, Batista decidió huir a la República Dominicana,
quedando el país virtualmente acéfalo y a cargo del General Eulogio Cantillo. A
partir de ese momento el poder quedó definitivamente en manos de las fuerzas
revolucionarias. Históricamente, se toma como fecha del triunfo de la Revolución
Cubana el 1 de enero de 1959
Revolución Americana (1775).

En el siglo XVIII Gran Bretaña tenía colonias en el este de América del Norte, las
llamadas Trece Colonias. La Revolución Americana es el conflicto entre los
colonos de Nueva Inglaterra y Gran Bretaña, que culminó con la independencia
de los primeros. Un grupo de hombres de orígenes dispares lograría hacer de su
nueva patria la primera potencia económica y política del planeta a fuerza de
tesón, heroísmo y fortaleza.

El origen del problema tiene una base económica. Las colonias desarrollaron un
sistema económico propio y empezaron a ver a la metrópoli como una barrera
para su progreso. Gran Bretaña estaba interesada en disponer de las materias
primas americanas, pero no en desarrollar la industria. Además se reservaba para
ella el monopolio de varios productos, lo que complicaba el comercio de las Trece
Colonias con otras partes de América.

La tensión política también aumentó. En las colonias regía el Pacto Colonial, que
les concedía bastante autonomía. Existían unas asambleas que podían incluso
recoger parte de los impuestos. Los colonos debían pagarle impuestos a Gran
Bretaña, pero la realidad era que casi nunca lo hacían. Los colonos pensaban que
no debían pagar impuestos mientras no pudiesen elegir diputados en el
Parlamento inglés.
Esto acabó generando el llamado “conflicto de los impuestos”. El Rey Jorge III
intentó establecer varias leyes para regular los impuestos coloniales, pero la
respuesta de las colonias fue protestar y boicotear los productos ingleses.

En 1773 el gobierno inglés estableció las “Tea Acts”, por las que pretendía
monopolizar el comercio del té, lo que podía arruinar a los comerciantes
americanos. Estos atacaron disfrazados de indígenas unos barcos ingleses
cargados de té que había en el puerto de Boston.

En 1774 los representantes de las Trece Colonias se reunieron en el Primer


Congreso de Filadelfia, en el que se redactó una declaración de derechos y se
iniciaron los primeros movimientos de armas. La derrota británica en Lexington
le dio un mayor impulso a la insurrección.

En lo político, Thomas Jefferson, el artífice ideológico de la Revolución


Americana, redactó la “Declaración de los Derechos de Virginia”. En ella se
enunciaban los principios de la soberanía nacional, la división de poderes y el
sufragio, y fue la base de la Declaración de Independencia de Estados Unidos en
1776.

Los colonos contaron con la ayuda militar de Francia y España, que querían
debilitar a Gran Bretaña. El desarrollo de la guerra entró en su fase decisiva con
las victorias de los colonos en Saratoga (1778) y Yorktown (1781). Esto llevó a la
firma de la Paz de Versalles en 1783, en la que Gran Bretaña reconoció la
independencia de los Estados Unidos.

La Revolución Americana tuvo mucha influencia posterior. Fue un modelo para la


Revolución Francesa y para los movimientos de independencia del resto de
América, ya que la Constitución de 1787 fue la primera promulgada en el mundo
en la que se llevaban a la práctica los principios teóricos de la soberanía nacional
y la separación de poderes.
Revoluciones europeas de 1848.

El movimiento revolucionario de
1848 se caracterizó por su extensión
en muchos países. Además del
liberalismo y del nacionalismo, tuvo
un componente de revolución social
y obrera. Las causas que la provoca-
ron fueron las siguientes:

• La crisis económica desatada en


Francia como consecuencia de una
serie de malas cosechas, en especial la de la patata, alimento básico para las
clases populares. La crisis agraria influyó en los sectores industrial y financiero,
llevando al paro a muchos obreros.

• La negación de derechos y libertades a importantes sectores de la sociedad


francesa. La monarquía de Luis Felipe de Orleans solo satisfacía los intereses de
la alta burguesía, en tanto que la pequeña burguesía como el proletariado
quedaban política y económicamente desatendidos.

La insurrección, protagonizada por sectores burgueses, obreros y estudiantiles,


forzó la abdicación de Luis Felipe y la proclamación de la II República Francesa
bajo un régimen de acusado matiz social que aprobó las siguientes medidas:
sufragio universal masculino, libertad de prensa, libertad de asociación y derecho
al trabajo.

Posteriormente la revolución se radicalizó y la pequeña burguesía que había


estado del lado de las clases obreras se alió con la alta burguesía. La lucha contra
el absolutismo se transformó en una lucha interclasista entre burgueses y obreros
que se saldó con una fuerte represión.

Tras la aprobación de la Constitución fue nombrado presidente Luis Napoleón


Bonaparte, sobrino de Napoleón, quien en 1852 se proclamó emperador con el
nombre de Napoleón III, dando al traste con la mayor parte de las
reivindicaciones revolucionarias e inaugurando el Segundo Imperio Francés.

En otros territorios europeos también hubo movimiento revolucionarios: en


Nápoles se implantó una monarquía constitucional que sustituyó al absolutismo;
en los Estados Pontificios la sublevación hizo huir al Papa y se constituyó una
república; el reino de Lombardía-Véneto se sublevó contra los austríacos; en el
reino del Piamonte se creó una monarquía constitucional que se convirtió en el
motor de la unidad italiana; y en Alemania se aprobó una Constitución de base
censitaria.

Las revoluciones de 1848 abrieron una nueva etapa política por tres razones. En
primer lugar, fueron un punto de partida para las unificaciones de Italia y
Alemania. En segundo lugar, supusieron un avance de la democracia, pues en
algunos países se amplió el derecho al voto. Por último, aunque los obreros no
triunfaron, la reflexión sobre el fracaso fue el punto de partida para una
organización del movimiento obrero más moderna y eficaz.
Revolución de los Claveles (1974).

En la noche del 25 de abril de 1974 suena la canción revolucionaria “Grândola,


Vila Morena” en una cadena de radio portuguesa. Esta es la señal acordada por
algunos oficiales del ejército para ocupar los pun- tos estratégicos del país. Poco
después, el régimen dictatorial creado por Salazar, el más longevo de Europa, se
derrumba.

El levantamiento del sector de la izquierda del ejército, que contó con un gran
apoyo civil, no fue un golpe militar en el sentido estricto de la palabra, sino que
fue producto de una situación insostenible y de una dictadura que llevaba en el
poder más de cuarenta años. Se produjo por el hastío y enfado hacia una política
anclada en una guerra colonial sin salida. Mientras otros países dejaban paso a la
descolonización de una manera menos traumática y más adecuada para sus
intereses, Portugal seguía insistiendo en un imperio imposible que cada vez
costaba más muertos y recursos.

No obstante, el giro a la izquierda y el desapego al régimen también se


produjeron por una población empobrecida. La desigualdad social era enorme:
solo un centenar de familias ostentaban el poder económico. En la mayoría de
los casos la emigración parecía la mejor opción. A su vez, la explotación
latifundista en el campo era un escándalo a los ojos de la mayoría, como también
el hecho de que Portugal fuera un paraíso para nazis huidos de la justicia o
dictadores como Fulgencio Batista, mientras las cárceles se llenaban de presos
políticos.

En un país aislado desde hacía ya demasiados años, las palabras democratizar,


descolonizar y desarrollar se convirtieron en el lema y en el programa que guio
la revolución. De este modo, el día del movimiento militar, los ciudadanos, lejos
de hacer caso a los numerosos llamamientos para que no saliesen de sus casas
por su propia seguridad, simpatizaron rápidamente con lo sucedido y ocuparon
las calles en compañía de los sublevados.

La imagen que bautizaría este acontecimiento como la Revolución de los Claveles


sería la de esas concentraciones y manifestaciones espontáneas de ciudadanos
que, en Lisboa y con la ayuda de las floristas, colocaron claveles en los cañones
de los fusiles de los militares demócratas.

Tras el éxito de la revolución se liberaron a los presos políticos y se puso fin al


exilio de los líderes opositores. Al año siguiente, se convocaron elecciones
constituyentes, se estableció una democracia parlamentaria y se garantizó la in-
dependencia de las colonias.
Revolución China (1927).

La República China fue instaurada en


1911 bajo un grave conflicto interno,
que consistía en la lucha entre dos
bandos de ideologías opuestas. Por un
lado, el Partido Nacionalista, a cargo
del poder, que intentó crear un estado
fuerte, centralizado y militarizado.

En la línea opositora y mirando hacia el comunismo soviético, Mao Zedong, líder


del Partido Comunista, había captado adhesión popular entre los descontentos
de la marginal situación social que vivían, acosados por los imperialismos
extranjeros, sobre todo a partir de las Guerras del Opio, que obligaron a China a
abrir sus puertas al comercio exterior.

China contaba con una economía fundamentalmente agraria, con la mayoría de


sus tierras en manos privadas, organizadas bajo un rígido sistema feudal. Durante
la Segunda Guerra Mundial los japoneses invadieron el país y ambas fuerzas
internas en conflicto se unieron para enfrentarse al peligro exterior. Sin embargo,
el ejército del Partido Nacionalista se dedicó más a la lucha interna anticomunista
que a derrotar a los japoneses, siendo incapaz de promover una guerra de
guerrillas, como sí lo hicieron los comunistas, con un doble propósito: vencer a
los enemigos externos japoneses y demostrar su poder frente al partido
gubernamental, para extender la revolución en el campo.

Una vez finalizada la contienda mundial las disputas internas continuaron, incluso
con mayor intensidad, mostrando la fortaleza de las fuerzas revolucionarias. Los
comunistas avanzaron en dirección norte-sur y en 1948 controlaban la ciudad de
Harbin y casi todas las zonas rurales de Manchuria, cambiando su táctica de lucha
guerrillera por el de guerra abierta. En 1949 el ejército comunista entró en Tianjin
y en Pekín.

Ese mismo año los comunistas resultaron victoriosos, contando con la ayuda
soviética, y establecieron la República Popular China, a cuyo mando colocaron a
su jefe, Mao Zedong, contando con una población de aproximadamente
quinientos millones de habitantes, poniendo en vigencia su constitución, que
proclamaba al comunismo como partido único, mientras los nacionalistas
constituían su propio gobierno, la República Nacionalista China, en la isla de
Taiwan.

El “Gran Timonel”, como fue apodado Mao Zedong, trató de reconstruir la


economía China, deteriorada por la Segunda Guerra Mundial, siguiendo el
modelo del comunismo soviético, reforzando fundamentalmente la industria
bélica y colectivizando las propiedades rurales, donde se quería lograr un
excedente productivo, sobre todo de cereales, para repartir entre los pobladores
urbanos, pero este intento fracasó, lo que obligó a Mao Zedong a retirarse del
poder.
Primavera Árabe

Las revoluciones y protestas en el mundo árabe de 2010 a 2012, denominadas


por distintos medios como la Revolución democrática árabe o la Primavera árabe,
consisten en una serie de alzamientos populares en los países árabes,
principalmente del norte de África, calificados como revolución por la prensa
internacional, que comenzó con la revolución tunecina. Aunque, varios expertos
a nivel internacional, como Noam Chomsky, consideran las protestas de octubre
de 2010 en el Sahara Occidental como el punto de partida de las revueltas. Son
unas revueltas sin precedentes en el mundo árabe, ya que si bien en la historia
de éste ha habido numerosas revoluciones laicas y republicanas, hasta ahora
éstas se habían caracterizado por nacer a partir de golpes de Estado militares y
dar paso a gobiernos en cierta medida autoritarios con o sin apoyo popular, en
tanto que los acontecimientos actuales se caracterizan por un reclamo
democrático, y de una mejora sustancial de las condiciones de vida. Por la
naturaleza de sus protestas (libertades democráticas, cambios políticos,
económicos y sociales), estas manifestaciones masivas empiezan a ser
comparadas con las revoluciones de 1830, las de 1848 y las revoluciones en
Europa del Este a partir de la caída del muro de Berlín en 1989.

Túnez

En el caso de Túnez, la cantidad de turismo internacional y en especial europeo


que recibía consiguió un mayor arraigamiento de las ideas occidentales; Túnez
poseía, además, un gobierno menos restrictivo. Su economía estaba en manos
de unas pocas familias oligarcas que asumían muchas de las filiales de grandes
empresas extranjeras, especialmente francesas, que copaban los sectores
turístico, financiero, distribución comercial, telecomunicaciones, seguros e
industria. El gobierno de Ben Ali estaba además bien visto por la Unión Europea,
con quien firmó un tratado de libre comercio en 2008, desplazando su industria
allí debido a los bajos salarios tunecinos.

El régimen de Ben Ali había logrado un crecimiento sostenido pero concentrado


en unas pocas clases ricas situadas en las costas norte y noreste, en tanto que el
resto del país era pobre. Esta pobreza se acentuó a partir de la crisis económica
de 2008, que redujo el empleo y los salarios. Los parados llegaron (en cifras
oficiales, probablemente a la baja) a situarse entre el 20% y el 30% de la población
del país, pero con un porcentaje del 60% entre los menores de 30 años, donde
cerca del 75% de la población no supera esa edad; es importante contar aquí a
las mujeres, que en Túnez no sufren la represión islámica de otros Estados. Así,
probablemente la falta de expectativas de una vida decente para la juventud fue
un detonante mayor que la carestía de los productos básicos.

Todo ello terminó desembocando en la inmolación a lo bonzo de un joven de 26


años, Mohamed Bouazizi, debido a sus problemas económicos, desatando una
ola de manifestaciones en SidiBouzid que se extendió desde las periferias de
Túnez hasta su misma capital y terminó por derrocar al gobierno. Otra
particularidad de Túnez es que, al contrario que por ejemplo en Libia y Siria, su
gobierno no había otorgado privilegios empresariales y cargos gubernamentales
sistemáticamente al ejército. Éste se puso del lado del pueblo tunecino,
desobedeciendo las órdenes de Ben Ali.

Egipto

El ascenso de Mubarak a la presidencia se produjo en octubre de 1981, después


del asesinato de Anwar el-Sadat a manos de radicales islamistas durante el
desarrollo de una parada militar, quienes consideraban que Sadat había
cometido una traición al haber firmado un Tratado de Paz con Israel en Camp
David en 1979.

La primavera árabe alcanzó a Egipto y a regañadientes tuvo que renunciar el


presidente que se mantuvo en el poder con mano de hierro durante 30 años,
prácticamente convertido en un dictador, habiendo convertido a Egipto en un
estado policiaco, donde no se permitía la mínima oposición, además de haberse
diseñado y aprobado una constitución política discriminatoria, anacrónica y
cavernaria que vetaba la participación de la grandes mayorías en la vida política
del país con el apoyo militar gigantesco de 1.300 millones de dólares anuales de
los Estados Unidos.

El mariscal Mohamed Tantaui actual Jefe de la Junta Militar, estrecho colaborador


de Mubarak durante décadas arrastra los pies hacia la transición egipcia y ahora
el pueblo pide su alejamiento por las maniobras tramposas para perpetuarse en
el poder y proteger los privilegios e intereses del conglomerado militar industrial
existente en Egipto que solo beneficia a una pequeña elite.

En la primavera árabe en Egipto los militares cometieron toda clase de abusos


peor que en la época de Mubarak, masacrando al pueblo que protesta y
enjuiciando a 12.000 activistas que participaron en las protestas.

Entre ellos se encuentra encarcelado AlaaAbd El Fattah, activista por las libertades
y los derechos humanos, quien es un programador informático que desempeñó
un papel muy activo en las protestas de Tahrir, suya fue la idea del alumbramiento
de las series TweetNadwa convertidas desde entonces en un importante
instrumento de comunicación de los jóvenes combatientes egipcios, las mismas
que tuvieron un rol trascendental para el desarrollo de los acontecimientos.

Libia

Muamar Gadafi murió más de 40 años después de tomar el poder en Libia y tras
ocho meses de revolución y guerra contra su régimen dictatorial, el coronel fue
asesinado por los rebeldes en Sirte, su ciudad natal.

El sátrapa imploró "clemencia", pero sus captores carecieron de ella. Golpes,


insultos, empujones, una pistola en la sien... Numerosos vídeos grabados por los
propios rebeldes dejaron patentes las humillaciones a las que sometieron al
dictador libio y dieron la vuelta el mundo.

El cadáver de Gadafi y su hijo Mutassin fueron enterrados en un lugar secreto tras


cinco días de exhibición. Saif al Islam Gadafi, el hijo predilecto del dictador, sería
detenido el 19 de noviembre al sur del país.

Tras el fallecimiento del dictador, el Comité Nacional de Transición declaró la


liberación del país. Días después, su primer ministerio, Abdurrahim El-Keiba
nombró un gabinete destinado a integrar el mosaico de tribus que conforman el
país, cada uno con sus propios intereses regionales. Sin embargo, algunos de los
clanes de Libia ya han asegurado que no reconocen dicho gobierno.

Yemen

Animadas por el ejemplo de Túnez y Egipto, miles de personas se echaron a la


calle en enero de 2011 para pedir cambios después de 32 años de Gobierno de
AliAbdulaSaleh. Su partido, el Congreso General Popular, había intentado
impulsar reformas constitucionales que le permitiesen gobernar de por vida, o
bien, trasladar el poder a su hijo, jefe del cuerpo de élite del Ejército. A esta
situación política se le sumaban las paupérrimas condiciones de vida: la mitad de
los 23 millones de yemeníes viven con menos de dos dólares al día.
Las protestas contra el gobierno paralizaron Yemen durante diez meses. El país
estuvo a punto de sufrir una guerra civil mientras Saleh prometía que iba a firmar
un acuerdo de transición para negarse en el último minuto. Lo hizo en tres
ocasiones, hasta que finalmente firmó este miércoles en Riad (Arabia Saudí) el
esperado traspaso de poder acordado con los seis miembros del Consejo de
Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Omán, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes
Unidos y Bahrein).

Saleh reiteró que su deseo "no era monopolizar el poder" ni que murieran
personas en las revueltas contra su régimen y ha acusado a los partidos políticos
de retrasar el traspaso porque se unieron a la oposición. También ha firmado un
acuerdo de "garantías" para él y su familia, mediante el cual no serán perseguidos
por la Justicia y podrá trasladarse a Nueva York para recibir tratamiento médico
por las heridas sufridas en un atentado.

Bahrein

Bahréin, el pequeño estado petrolero de apenas 750 kilómetros cuadrados y


menos de un millón de habitantes, vive una situación convulsa tras el
levantamiento de la mayoría musulmana chií contra la minoría suní que sustenta
a la dinastía de los Al Khalifa. Lo que comenzó como un remedo de la revuelta en
Túnez —fin a la discriminación que padecen los chiíes en materia de empleo y
vivienda— se ha convertido hoy en una reivindicación pura y dura del fin de la
monarquía absoluta. Lo que venga detrás no tiene que ser, precisamente, un
régimen de libertades para la minoría suní y el resto de las minorías.

Argelia

En Argelia las autoridades intentan sortear una primavera árabe al estilo de sus
vecinos orientales, que derrocaron a las dictaduras y se adentraron por el camino
de unas democracias en las que los islamistas son, por ahora, hegemónicos.

Más de 21,6 millones de argelinos, sobre una población de 36 millones, han sido
convocados a las urnas para elegir una Asamblea Nacional Popular de 426
diputados encargada de enmendar la Constitución. Votarán bajo la supervisión,
por primera vez, de 500 observadores internacionales.

El gran reto para el régimen es lograr una participación —en 2007 apenas llegó
al 36%, pero ahora aspira a que alcance el 45%— que respalde sus recientes
reformas, bastante superficiales, y contenga la progresión de los barbudos, sobre
todo de aquellos más vehementes.

Prueba de que algo ha cambiado es que los socialdemócratas del Frente de


Fuerzas Socialistas han renunciado a su tradicional boicoteo de las urnas y se
presentan en casi todas las 48 circunscripciones electorales. "No se trata de
apoyar a las autoridades sino de empujar hacia una transformación democrática
y pacífica", declaró Mustafá Buchachi, uno de sus responsables.

La última vez que Argelia se adentró por la vía democrática, con las legislativas
de 1991, los radicales islamistas del Frente Islámico de Salvación (FIS) estuvieron
a punto de adueñarse del Parlamento. Les detuvo, en enero de 1992, un golpe de
Estado militar que desembocó en una guerra civil larvada que se cobró 200.000
muertos.

Ahora "el régimen ha actuado con inteligencia porque ha levantado suavemente


la tapa de la olla a presión", explica John Entelis, profesor de la Universidad de
Fordham en Nueva York y buen conocedor del Magreb.

Siria

El país acumula problemas de todo tipo, especialmente económicos y


demográficos (el petróleo se acaba, más del 40% de la población tiene menos de
15 años y pocas perspectivas de empleo), pero el más grave y antiguo se
encuentra en la fractura religiosa. Tras la I Guerra Mundial, cuando desapareció
el Imperio Otomano y el territorio sirio de la época (que incluía Líbano) quedó
bajo control francés, la Administración colonial se apoyó en la minoría alauí, una
secta chií que constituía apenas el 10% de la población y que no se mostraba tan
reacia a la ocupación extranjera como la amplia mayoría suní (casi el 80%). La
transformación de los alauíes en élite administrativa marcó el futuro de Siria.

El problema más grave es la división entre la élite alauí y la mayoría suní

La independencia, a partir de 1944, abrió camino a una sucesión de golpes de


Estado. En 1963 el partido nacionalista árabe Baaz se convirtió en la principal
fuerza política, y en 1970, tras el golpe de Estado del entonces ministro de
Defensa, Hafez el Asad, en partido único. Asad hizo del Baaz, como Sadam Husein
con el Baaz iraquí, el eje de un Estado totalitario. Con una característica especial:
en todos los resortes del poder se situaba un alauí, como el propio Hafez el Asad.

Más del 40% de los sirios tiene menos de 15 años y el empleo escasea

Esa represión, que se unía a la practicada sistemáticamente contra los islamistas,


redujo aún más la élite dirigente. El Asad convirtió el poder en un asunto familiar:
la Guardia Republicana, el cuerpo militar más poderoso, quedó en manos de su
hermano menor, Mahir; los dos principales servicios de espionaje interno, la
Seguridad General y la Seguridad Militar, fueron asignados a su cuñado, Asef
Shawkat.

El fin de la primavera y la evidencia de que la corrupción era consustancial al


régimen, con Hafez o con su hijo, provocaron el divorcio entre el régimen y los
pequeños empresarios urbanos que lo apoyaban. El joven presidente, un hombre
al que se define como educado y amable y a la vez despiadado, no tuvo más
remedio que aliarse con unos pocos grandes empresarios, convertidos en
multimillonarios gracias a la tímida política de liberalización y privatizaciones. El
símbolo de esa casta de magnates es RamiMakhlouf, primo de Bachar el Asad.
Makhlouf, por encima del propio presidente, representa lo que más odian los
manifestantes de Deraa.

Es imposible predecir qué ocurriría en Oriente Próximo si cayera el régimen sirio,


algo por ahora improbable. Pero el vuelco sería, sin ninguna duda, el más
importante desde la revolución islámica en Irán.
Conclusiones

 Túnez fue el país donde primero prendió con éxito la mecha de la


insurrección
 Tras la caída de Mubarak los egipcios protestan ahora contra el poder
militar, que dirige el país
 El peor parado de los dictadores árabes fue Gadafi, que terminó siendo
asesinado en su ciudad natal.
 Ali Abdula Saleh finalmente firmó un acuerdo de rendición en Arabia Saudí
y ha traspasado el poder.
 El surgimiento de Wikileaks como plataforma de información general de
las actuaciones de los gobiernos sirvió para la llevar a la población el
conocimiento de los hechos de corrupción de los dirigentes estatales.

Marcha sobre Roma (1922).


El descontento y la violencia social que
enfrentaba a comunistas y socialistas con
los sectores nacionalistas y liberales, el
desempleo y las huelgas junto a un
debilitado sistema político institucional
llevó al Partido Fascista a acometer la
conquista del poder.

La Marcia su Roma fue una marcha organizada por el entonces dirigente del
Partido Nacional Fascista, Benito Mussolini, entre el 27 y el 29 de octubre de 1922,
que lo llevó al poder. Más de medio millón de personas no militares y desarmadas
se pusieron en marcha aquellos días desde todas partes de Italia para llegar a la
capital y apoyar la toma de poder por parte de los fascistas.

La marcha marca el final del régimen parlamentario precedente y el principio del


régimen fascista, aunque la dictadura entró en vigencia más adelante, con el
asesinato de Giacomo Matteotti y la prohibición de los partidos de la oposición.

Para disolver la amenaza que presentaban los fascistas que llegaban a las afueras
de la ciudad, el gobierno del primer ministro Luigi Facta pidió el estado de sitio
para Roma y movilizar al ejército. Sin embargo, el rey Víctor Manuel III rechazó
firmar la orden, lo que significó el apoyo a Mussolini y a sus correligionarios. Las
razones de la negativa del monarca a oponerse a Mussolini son diversas y
confusas: se ha sugerido que temió perder su trono si rechazaba cooperar con
los fascistas, que deseó evitar una guerra civil, etc.

Mussolini, seguro de su control sobre los acontecimientos, estaba decidido a no


aceptar nada que no fuera el control del gobierno. Finalmente, el 29 de octubre
el rey le pidió que fuera primer ministro y que formara un gabinete.
Revolución Sandinista (1978).

La Revolución Sandinista comenzó en 1978 en Nicaragua y se extendió hasta


1990. Fue protagonizado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional,
poniendo fin a la dictadura de la familia Somoza sustituyéndola por un gobierno
de perfil izquierdista.

La lucha contra la dictadura de la familia Somoza, que ya había comenzado a


finales de los años 50, se intensifica significativamente en 1978. Al año siguiente
se firma el acuerdo de unidad por parte de los representantes de las tres
fracciones sandinistas y se decide impulsar la lucha. Se hace el llamamiento a la
ofensiva final y a la huelga general. Posteriormente, las columnas guerrilleras
entran en Managua con un amplio respaldo popular, consumando la derrota del
dictador Anastasio Somoza Debayle.

El nuevo gobierno, formado por un amplio espectro ideológico con presencia


socialdemócrata, socialista, marxista y con una influencia muy grande de la
teología de la liberación, trató de introducir reformas en los aspectos socio-
económicos y políticos de Nicaragua, tratando además los problemas relativos a
la sanidad, la educación y el reparto de la tierra que el país sufría.La oposición
armada realizada por los Estados Unidos, que hundió al país en una guerra civil,
junto a diversos errores de gobierno achacables a la inexperiencia de los
sandinistas, llevaron a Nicaragua a una posición económica crítica que hizo que
el Frente Sandinista de Liberación Nacional perdiera las elecciones en 1990,
poniendo fin al periodo revolucionario.
Revolución Iraní (1979).

La Revolución Iraní, que en 1979 supuso


el final del régimen del “Sha” y
estableció un nuevo régimen en Irán,
fue un acontecimiento inédito y
sorprendente en la historia del siglo XX.
En primer lugar, fue una revolución, en
el sentido de un movimiento subversivo popular que fue capaz de derribar un
régimen establecido. Por otro lado, fue la primera ocasión en la que el uso
político del Islam desempeñó un papel absolutamente primordial, superando con
mucho al que pudo tener en otro tiempo el nacionalismo de los países que
habían superado el colonialismo.

A finales de los años 70 surge el deseo de cambio de régimen: las


manifestaciones multitudinarias y las represiones se suceden. El “Sha” promete
emprender reformas políticas, pero el descontento es tan grande que se exige su
renuncia al poder.

Todo intento de sublevación era sofocado por la autoridad del “Sha”. Este se
apoyaba en la SAVAK, un grupo policial que se encargaba de vigilar todas las
actividades de la población civil. A ellos se les atribuyen las desapariciones y
torturas durante la dictadura. La SAVAK utilizaba métodos muy crueles, que iban
desde quemar los párpados de sus víctimas hasta lanzarlos contra planchas de
hierro al rojo vivo. Esta opresión, sumada a la desproporción social y económica
que vivía Irán en la década de los 70, provocó la caída del último líder de la
dinastía Pahlevi.