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Voces: AMENAZAS ~ DAÑO CAUSADO POR MENOR ~ DAÑOS Y PERJUICIOS ~ DEBER DE

VIGILANCIA PATERNO ~ EXCESO EN LA LEGITIMA DEFENSA ~ EXIMICION DE


RESPONSABILIDAD ~ HOMICIDIO ~ INDEMNIZACION ~ INDEMNIZACION POR FALLECIMIENTO
~ INTERPRETACION ~ INTERPRETACION RESTRICTIVA ~ LEGITIMA DEFENSA ~ MENOR ~
OBLIGACIONES DE LA PATRIA POTESTAD ~ OBLIGACIONES DE LOS PADRES ~ PATRIA
POTESTAD ~ PROGENITORES ~ RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES ~ RESPONSABILIDAD DEL
MENOR ~ RESPONSABILIDAD PENAL
Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala F(CNCiv)(SalaF)
Fecha: 26/08/1991
Partes: González de Guarasci, Hilda y otro c. Carto, Fabián A. y otros.
Publicado en: LA LEY1992-E, 396
Cita Online: AR/JUR/487/1991
Sumarios:
1. - Aun cuando la justicia penal haya considerado al demandado, que mató a la víctima aplicándole
varias puñaladas, autor personalmente responsable de homicidio cometido con exceso de la legítima
defensa, a los efectos indemnizatorios es posible atribuir íntegramente la responsabilidad al
homicida.
2. - Si la justicia penal ha tenido en cuenta la declaración del propio homicida, quien sostuvo que la
víctima lo amenazó con una botella, para considerar que simplemente hubo exceso en la legítima
defensa, a los fines indemnizatorios corresponde tener en cuenta la totalidad de las pruebas de la
causa penal y de la causa civil que desmienten la afirmación del homicida.
3. - La eximente de responsabilidad del art. 1116 del Cód. Civil, como excepción al principio general
del art. 1114, debe ser interpretada restrictivamente.
4. - Aunque el hecho ocurriera en momentos dedicados por el menor a su esparcimiento, y en la
calle, sin la presencia de sus padres, no es eximente. Lo determinante, respecto de la
responsabilidad paterna, es la existencia o no de vigilancia activa. Dicha vigilancia se relaciona, no
con la presencia física del padre en el momento del hecho, sino con la formación del hijo, a través de
la educación, elemento éste que se ha señalado como uno de los determinantes de atribución de
responsabilidad al padre.
Texto Completo: 2ª Instancia. -- Buenos Aires, agosto 26 de 1991.
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?
El doctor Bossert dijo:
I. El juez de primera instancia, en la sentencia de fs. 216/20, hizo lugar a la demanda deducida
por Hilda González de Guarasci y Luis Guarasci Camarota, contra Fabián A. Carto y la rechazó
respecto de Isabel Haydée Scichitano de Carto y Amado Carto. En consecuencia condenó a Fabián
A. Carto a abonar a los padres de la víctima la suma de AA 130.000.000 con más sus intereses que
se liquidarán en la forma dispuesta en el consid. IV. Impuso las costas del proceso y del perito al
vencido y por su orden las devengadas respecto de los restantes codemandados.
Apelaron dicho pronunciamiento la actora quien expresó agravios a fs. 230/33 y la demandada
quien lo hizo a fs. 236, siendo contestados a fs. 240/2 y 238/9 respectivamente.
II. Responsabilidad. La parte actora se queja de la atribución de responsabilidad efectuada por el
a quo quien la estableció en un 70 % a cargo del demandado y en un 30 % en la víctima.
El día 21 de junio de 1987, Carlos Guarasci González falleció a raíz de lesiones producidas por
arma blanca, ocasionadas por Fabián A. Carto.
Conforme surge de la causa penal (ver sentencia de fs. 418/35 y 466/7), Carto fue condenado por
ser autor penalmente responsable del delito de homicidio simple cometido en exceso de legítima
defensa.
Señala el actor que de la causa penal surge que el cortaplumas era de propiedad del demandado
Fabián Carto, lo cual es negado "descaradamente", --según dice el apelante-- en el juicio civil.
Agrega que del análisis de la pericia efectuada por el doctor Burgueño, surge que fueron varias
las lesiones recibidas lo que demuestra, a criterio del actor, que el homicida no obró simplemente
para defenderse, por lo que considera que corresponde atribuir la responsabilidad total al homicida.
El demandado, en cambio, considera que fue la víctima quien dolosamente inició el hecho que
ocasionara su muerte, por lo que solicita que se le atribuya solamente el 30 % de responsabilidad, y
consecuentemente se modifiquen los montos indemnizatorios.
No hay razón para eximir de responsabilidad total a quien causó el daño. Probado el hecho, --que
el demandado dio muerte a la víctima a través de ocho puñaladas-- su actuar determina su

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responsabilidad. Pretende atenuarla en base a sostener que, a su vez, habría sido atacado por la
víctima con una botella; pero de esto no hay prueba en autos; los informes de los funcionarios
policiales, obrantes en la causa penal que se constituyeron en el lugar del hecho no refieren haber
hallado ni botellas ni restos de vidrio; ningún elemento probatorio, avala dicha afirmación del
demandado. El juez penal en su sentencia estableció que Fabián Carto fue "autor personalmente
responsable de homicidio simple cometido con exceso de la legítima defensa", y le impuso una pena
de tres años de prisión cuyo cumplimiento dejó en suspenso; esta resolución fue confirmada luego
por la Cámara Penal. Dicha sentencia expresa: "en el marco de incertidumbre probatoria reinante
corresponde no desechar de plano la versión de Carto y admitir, en la posición más favorable a él, la
existencia de la agresión ilegítima que invoca". El juez penal, entonces, ha tenido en cuenta el único
elemento en el que se funda la supuesta agresión con una botella: la declaración del propio homicida.
Revisando la causa penal se advierte que lo dicho por el homicida resulta terminantemente
desmentido por las restantes pruebas colectadas en esos autos: no sólo, como ya dije, el personal
policial no halló restos de botellas ni vidrios rotos, sino que las declaraciones de Olivera y Ferreira,
que acompañaban a la víctima Guaraschi, así como las declaraciones de Rosa I. Santillán, concubina
de Ferreira, y la de los restantes testigos presenciales, amigos del homicida, Bitonto y Quiroga,
demuestran que el hecho sucedió del siguiente modo: la víctima Guaraschi caminaba en compañía
de Ferreira y Olivera, cuando a raíz de ciertos insultos recibidos o intercambiados con un grupo de
muchachos, hubo un cambio de golpes de puño entre la víctima Guaraschi y uno de los individuos (el
posterior homicida); en ese momento, una persona que acompañaba al homicida se acercó y, con un
cuchillo, hirió en el estómago y en la mano a Ferreira, ante lo cual huyeron Ferreira y Olivera;
quedando sólo en el lugar la víctima Guaraschi, quien debió enfrentar la pelea con el homicida y sus
amigos; aunque evidentemente, también Guaraschi trató de huir, detrás de sus compañeros, ya que
Bitonto y Quiroga, amigos del homicida, dicen que en esas circunstancias llegaron en un vehículo,
advirtieron la pelea a golpes de puños, y luego Guaraschi y sus amigos se dieron a la fuga y fueron
corridos por el homicida y sus dos compañeros; agregan Quiroga y Bitonto que siguieron en su
vehículo tras ellos y un momento después encontraron en el suelo, apoyado contra una persiana, a
uno de los que habían peleado a golpes con sus amigos; se trataba, sin duda, de la víctima
Guaraschi. Quiroga, tras describir que la víctima estaba caída en el suelo, explica (a fs. 30 de la
causa penal), que "Fabián Carto se había ido del lugar en la moto que manejaba y acompañado por
un amigo de este último que le pidió que lo llevara hasta la casa que lo habían ensartado al que le
estaban pegando".
Además, la investigación policial encontró, escondido en el vehículo de uno de estos declarantes,
la navaja que utilizó el homicida para aplicar las ocho heridas a la víctima.
La declaración de la concubina de Ferreira corrobora que éste también fue herido de arma blanca
por el mismo grupo que atacó mortalmente a Guaraschi, y que incluso, cuando Ferreira llegó a su
casa "gravemente herido en la mano derecha y en el estómago", la declarante "se levantó, fue hasta
la puerta y observó a unos jóvenes en una moto quienes le expresaron 'vas a ser mujer muerta',
contestándoles la dicente que iba a llamar a la policía, retirándose del lugar en la moto que habían
llegado".
Es decir, está claramente configurado que más allá de que puede haber mediado un intercambio
de golpes de puño, el homicida, sin que mediara una agresión que de algún modo, aunque sea
mínimamente, lo justificara en el concepto de la legítima defensa, esgrimió un arma blanca y atacó
con ella a la víctima hasta darle muerte mediante ocho puñaladas; con el agravante de que esto
ocurrió cuando la víctima y sus amigos habían intentado darse a la fuga, siendo perseguidos por el
homicida y sus amigos. Y no terminó allí la actitud agresiva e ilícita del homicida, sino que concurrió a
la casa donde se había refugiado Ferreira, a proferir la amenaza de muerte que he trascripto.
Como se advierte, con prescindencia de la apreciación hecha en sede penal respecto de la
tipificación de la conducta del homicida, al que se le aplicó entonces, una pena de tres años de
prisión en suspenso, no quedan dudas, al tener que estimarse su responsabilidad y, en
consecuencia, la obligación de indemnizar, que corresponde adjudicar la responsabilidad íntegra al
homicida, modificándose así la sentencia de primera instancia.
III. Responsabilidad de los codemandados Isabel H. Scichitano de Carto y Amado Carto. El
apelante se agravia por cuanto el a quo manifestó que en autos resulta aplicable la eximente de
responsabilidad establecida por el art. 1116 del Cód. Civil. Señala que no debe confundirse la
responsabilidad penal del homicida con la responsabilidad social de los padres, quienes deben
responder en los términos del art. 1114 del Cód. Civil.
El a quo ha considerado que la responsabilidad de los padres no alcanza a los actos cumplidos

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por el menor de 20 años fuera del hogar, en momentos dedicados al esparcimiento.
No me parece acertado este criterio. La eximente de responsabilidad del art. 1116, como
excepción al principio general del art. 1114, debe ser interpretada restrictivamente (Brebbia,
"Problemática jurídica de los automotores", t. I, p. 244; Kemelmajer de Carlucci, en "Código Civil
comentado", dir. Belluscio, t. 5, p. 621).
Que el hecho ocurriera en momentos dedicados por el menor a su esparcimiento, y en la calle, sin
la presencia de sus padres, no es eximente. Lo determinante, respecto de la responsabilidad paterna,
es la existencia o no de vigilancia activa (esta sala, LA LEY, 117-596; SC Tucumán, LA LEY 10-216;
K. De Carlucci, ob. y lug. cit.). Dicha vigilancia se relaciona, no con la presencia física del padre en el
momento del hecho, sino con la formación del hijo, a través de la educación, elemento éste que se ha
señalado como uno de los determinantes de atribución de responsabilidad al padre. No puede
sostenerse que medió una adecuada educación respecto del hijo, con su incidencia en la formación
del carácter y la adopción de actitudes ante terceros, cuando dicho menor actuó como el de autos, es
decir agrediendo a otra persona y ultimándolo mediante la aplicación de ocho puñaladas (en sentido
coincidente: SC Buenos Aires, 18/10/60, LA LEY, 101-612).
De manera que propongo se modifique esta parte de la sentencia, haciéndose extensiva la
condena a los padres del agente causante del daño.
IV. Valor vida. La parte actora solicita se eleve la indemnización. Considera que el cálculo debe
dar por resultado una "renta equivalente a la que hubiera correspondido a los beneficiarios de no
producirse el fallecimiento", sin estimar monto.
Esta indemnización tiende a resarcir al pariente que reclama, el valor económico de la asistencia
que habría podido recibir de la víctima a través de los años; para esta estimación, debe tenerse en
cuenta que la víctima tenía 29 años, no había completado sus estudios secundarios, no tenía un
trabajo regular sino que trabajaba espaciadamente, además de la edad y características de sus
padres actores.
Conforme a todo ello, me parece razonable la indemnización acordada, que propongo se
confirme.
V. Daño moral. La parte actora solicita se eleve en atención al padecimiento sufrido a raíz de la
muerte del hijo, sin estimar monto.
Las características personales de la víctima, su edad, etc., me inducen a proponer elevar aAA
130.000.000, monto actualizado a esta fecha, la indemnización por daño moral.
VI. Costas. La parte actora se queja por haberse eximido de costas a los padres del menor que
causó el daño.
Si bien propongo hacer extensiva a los progenitores la condena, considero que respecto de la
relación procesal entre el actor y dichos progenitores, las costas de ambas instancias deben ser en el
orden causado, ya que la edad del hijo, próximo a la mayoridad, y las particulares circunstancias en
que el hecho ocurrió, pudo llevar a tales demandados a considerarse con derecho a resistir la
pretensión del actor, en virtud de entender que les resultaba aplicable la excepción del art. 1116 del
Cód. Civil.
VII. Por lo dicho, voto para que se modifique la sentencia y se establezca la responsabilidad
exclusiva del demandado. Se haga extensiva la condena a los padres del homicida, se confirme la
indemnización por valor vida y se eleve la correspondiente al daño moral a AA 130.000.000. Se
declaren en el orden causado las costas de ambas instancias respecto de la relación procesal de la
actora con los padres del homicida. Las costas de alzada se imponen a la parte demandada en la
relación procesal entre la actora y el demandado Fabián A. Carto.
Por análogas razones a las aducidas por el vocal preopinante, la doctora Conde votó en el mismo
sentido a la cuestión propuesta.
Por lo que resulta de la votación que instruye el acuerdo que antecede, se modifica la sentencia
de primera instancia y se establece la responsabilidad exclusiva del demandado. Se hace extensiva
la condena a los padres del homicida, se confirma la indemnización por valor vida y se eleva la
correspondiente al daño moral a AA 130.000.000. Se declaran en el orden causado las costas de
ambas instancias respecto de la relación procesal de la actora con los padres del homicida. Las
costas de alzada se imponen a la parte demandada en la relación procesal entre la actora y el
demandado Fabián Carto. Difiérese la regulación de honorarios para una vez practicada la
liquidación definitiva. El doctor Nilve no firma el presente por hallarse en uso de licencia. -- Gustavo
A. Bossert. -- Ana María Conde. (Sec.: Carlos A. Carranza Casares).

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