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Sistema binominal:

¿se adecua al principio


“democrático”?

Curso: Instituciones Políticas Chilenas


Alumno: Ignacio Andrés Soto Riveros
Profesores: Rodrigo Díaz de Valdés
Rodrigo Delaveau
Antes de ver si el sistema binominal se adecua al “principio democrático”, debemos saber:
¿a qué nos referimos cuando hablamos de este concepto? Pertinente es para este caso, partir
por la definición de democracia, la cual es definida por la RAE como “doctrina política
según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder por medio de
representantes elegidos por medio de sufragio universal”1. Tomando en cuenta esto, la
noción “ajustarse al principio democrático” tiene que referirse al hecho de que si
efectivamente el pueblo está ejerciendo la soberanía. Esto puede verse en la medida de que
la decisión de la gente, la cual se ve plasmada en los resultados de las elecciones, está
correctamente representada en la asignación de escaños o puestos.

Previamente, también debemos saber qué es el sistema binominal. Este es un régimen


electoral de listas, en el cual, si la lista más votada dobla el porcentaje de votos de la
segunda con mayores preferencias, son elegidos sus dos candidatos. De lo contrario, se
eligen los candidatos más votados de las dos listas más votadas(1). Cabe recalcar que este
sistema es usado exclusivamente en nuestro país

Según muchas personas el gran problema del sistema binominal es el hecho de que la
asignación de escaños no representa realmente lo que la gente quiere, es decir, viola el
principio “un ciudadano, un voto”, desvalorizando o sobre-representando los votos de la
ciudadanía. Esto va en contra del ideal de los sistemas electorales, que es que se produzcan
efectos equitativos en la representación parlamentaria. Un ejemplo relativamente reciente,
que representa muy bien esta situación son las elecciones parlamentarias de 2005, más
específicamente en la circunscripción 7, correspondiente a Santiago Poniente, en la cual
Andrés Zaldívar, a pesar de haber obtenido casi 30.000 votos más que el candidato más
votado de la otra lista, Jovino Novoa, no pudo acceder al escaño, debido a que su lista no
dobló a la otra.

Otra gran crítica al binominal tiene relación con la casi nula participación de las minorías
que se da en este sistema, situación que no concuerda con el hecho de que “la soberanía
reside en el pueblo”, ya que de esta manera se está ignorando a una parte de este último y,
de alguna forma, se están desechando sus votos. Durante años (concretamente desde el
regreso a la democracia) en nuestro país la izquierda (Partido Comunista, Partido
1
http://www.diariollanquihue.cl/site/edic/20011126051247/pags/20011126061816.html
Humanista y otros más) no tuvo representación parlamentaria. Esto se remedió en las
elecciones del 2009, proceso en el cual se efectuó un “pacto por omisión” el cual consistía
en que la Concertación se abstenía de enviar un candidato, poniendo en su lugar al
candidato de la izquierda. Gracias a esto, el Partido Comunista logró obtener tres escaños.

(2)
Relacionado con esta última crítica algunos han manifestado que el sistema binominal
derivaría en una situación en que no se respetaría la Declaración Universal de los Derechos
Humanos(3), ya que en esta se asegura que "Toda persona tiene derecho a participar en el
gobierno de su país, ya sea directamente o por medio de sus representantes directamente
elegidos (...)" Esta condición (la contraria a los DD.HH.) procedería de la exclusión de las
minorías provocada por el binominal(*).

Viendo estos elementos vemos que el sistema binominal no es lo más ajustado a los
principios democráticos. Por esto, creo que lo más correcto sería cambiarlo por un sistema
proporcional, el cual se basa en que el que el porcentaje de votos que reciben los partidos
políticos determina el número de escaños que les son asignados en las asambleas
legislativas o parlamento.

No menciono a los sistemas mayoritarios (específicamente al sistema uninominal), porque


considero que estos regímenes excluyen de manera aún más drástica a las minorías.

Considero que sería correcto cambiar el sistema binominal por uno proporcional, dado que,
(5)
si bien sus defensores, dicen que el sistema asegura representación , esto es cierto solo
por una parte, esto porque el binominal solo asegura participación parlamentaria a la
segunda mayoría, dejando de lado, en la mayoría de los casos, a la tercera mayoría. Esto va
en contra de dos realidades y principios: primero que todo, Chile es un país pluralista, de
una complejidad muy grande, la cual se ve plasmada en el pluripartidismo presente en el
sistema político, el cual aún así no termina de representar a todos. Cabe recalcar que el
sistema binominal no calza con el pluripartidismo. Segundo, va en contra del mencionado
“un ciudadano, un voto”.

2
HIRSCH (2010) p. 7
3
ART. 21, inc. 1° y 3°, Declaración Universal de los Derechos Humanos.
4
HIRSCH (2010) p. 8
5
CAREY (2006) p. 235
Ante esto, un defensor del binominal podría decir que es representativo ya que se generan
coaliciones fácilmente identificables para los votantes y que, además, el sistema ha
mejorado considerablemente la representación de las minorías que han querido y podido
(6) 3)
entrar en alianzas electorales amplias . . Considero que este argumento llega a ser casi
falaz, por lo siguiente: a) el hecho de que existan “coaliciones fácilmente identificables” no
asegura la representación, dado que muchas veces las personas, por el hecho de saber que
es casi seguro que saldrá elegido un representante de la lista, termina votando por el “mal
menor”, en el sentido de que no es necesariamente el candidato que él quiere, pero dentro
de los que están disponibles es el que menos le desagrada, con el fin de no perder el voto.
Esto es lo que se conoce como “voto útil”. b) cuando se dice que el régimen actual ha
“mejorado considerablemente la representación de las minorías que han querido y podido
entrar en alianzas electorales amplias” es sumamente engañoso por dos cosas: primero, para
que “quieran” entrar en estas coaliciones tienen que tener pensamientos similares (o sino la
asociación poco sentido tendría), de lo contrario se tendrán que hacer pactos con muchas
condiciones (en algunos casos exageradas). Además para los grandes conglomerados
políticos resulta muy poco atractivo perder un cupo para favorecer a un grupo pequeño. Por
último, cabe recalcar que en Chile, esta pseudo-representación de las minorías no se dio
sino hasta las elecciones del 2009, es decir tuvieron que pasar veinte años para que una
minoría tuviera acceso al Congreso (sin contar a los independientes, los cuales lograron su
puesto gracias a la enorme adhesión que tenían. Sin embargo estos son casos
excepcionalísimos). En este proceso, gracias a un pacto por omisión efectuado entre la
Concertación y el Partido Comunista, este último logró obtener tres escaños.

Por otra parte, considero que se debe pensar sobre un cambio de sistema teniendo en cuenta
que el actual sistema desincentiva considerablemente a la población, principalmente en los
jóvenes. Esta desmotivación se produce principalmente por la poca sensación de
participación que tienen los electores. Esta impresión se da en gran medida porque buena
parte de la competencia electoral se da en el proceso pre-electoral, es decir, en el momento
en que se están constituyendo las candidaturas, en el cual las cúpulas de los partidos
designan a los contendores. Dado que, en el caso de las dos listas mayoritarias, la

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CAREY (2006) p. 235
probabilidad de elección de uno de los dos aspirantes es altísima, la gente siente que su
voto casi no tiene valor.

Por el mismo camino, la gente nota que solo dos fuerzas pueden ganar las elecciones,
viendo las demás alternativas como inviables. Por esto las personas se ve muy forzada a
decidir solo frente a una disyuntiva (7).4.

A esto, quienes amparan el binominal sostienen que en otros países, los cuales tienen
diversos sistemas electorales, también muestran bajos índices de participación, lo cual
demostraría que la relación entre el sistema y la participación no sería efectiva, sino que
más bien el fenómeno se relacionaría con cambios que está sufriendo el sistema político.

Si bien está claro que no se puede atribuir toda la culpa de esta anomalía al sistema
binominal y es obvio que los sistemas políticos van cambiando con el tiempo, es evidente
que en nuestro país gran parte de la desmotivación que se da en una parte importante de la
población es debida a la gran previsibilidad que se deriva de este sistema.

En síntesis, podemos ver que en nuestro país lo más conveniente sería cambiar el sistema
electoral por uno que asegure la participación de todos. Ya pudimos ver los motivos por los
cuales el binominal no es un sistema que garantice la representación y participación. Como
ventaja se le puede reconocer la estabilidad y la gobernabilidad que trae este sistema,
debido a la existencia de, en la práctica, solo dos conglomerados con influencia, que se
hacen mutuo contrapeso. Sin embargo, esto no se relaciona con el hecho de si el régimen se
adecua a los principios democráticos o no.

Teniendo en cuenta estas faltas, nos damos cuenta de que ayudaría bastante a la
democratización de los procesos electorales un cambio de sistema. Por lo tanto,
considerando la naturaleza pluripartidista y pluralista de nuestro país, lo más conveniente
sería instaurar un sistema proporcional, específicamente uno D’Hont, que permite obtener
el número de cargos electos asignados a las candidaturas, en proporción a los votos
conseguidos, que es, como ya he dicho, el utilizado en las elecciones de concejales.

47
Veloso (2001), p. 12
Bibliografía

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