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Gadamer

Estética y hermenéutica

Intuir, (anschauen), mirar (schauen), to show, están lingüísticamente relacionados con lo


<<bello>> (das Schone).

El hombre vive en el lógos, y el lógos, la liguisticidad del ser-en-el-mundo, tiene su


determinación en el hacer-intuitivo de algo, de tal modo que el otro lo vea. 156

La experiencia del arte no puede ser comprendida desde una contra posición abstracta al
conocimiento conceptual. Esto lo enseña, no en último lugar, el hecho de que a poesía pudo
convertirse en una literatura que ya no adoptaba la figura sonora sin renunciar por ello a su
esencia más propia.

¿Qué es lo que hace aparecer bello (o <<ya no bello>>, pero todavía <<arte>>) a una
conformación semejante, sea una obra pictórica o una obra arquitectónica, cantos, textos o
danzas? Bello no significa cumplir un determinado ideal de belleza, clásico o barroco, sino que
define al arte como arte, esto es, como el erguirse fuera de todo lo que normalmente se
dispone según un fin útil, y no invitar a otra cosa que a contemplar (anschauen). A esto es a lo
que llamamos <<obra>>.

Redoraré el esfuerzo poético de Hegel en el poema Eleusis, donde dice:


<<el sentido queda perdido en la contemplación>> (der Sinn verliert sich in dem
Anschauen)155

Se trata de retener el entrecruzamiento interno de lo formal y del contenido en la experiencia


del arte. Tal es el sentido de la no-distinción estética. en el análisis del concepto de
intuitividad, he percibido la ocasión de volver a iluminar --a partir de las palabras, es decir, de
la presentación lingüística, ya sea retórica o poéticamente-- lo que en Verdad y método había
expuesto como ontología de la imagen. Allí, el arquetipo (Urbild) llega a su presentación, y
ello precisamente por que no es una copia (Abbild) sino una imagen (Bild) real y efectiva. Lo
mismo ocurre aquí con lo lingüístico. La historia que se narra, por muy realista que sea, o la
situación evocada por un poema, no copia nada de la realidad. Antes bien, lo ´presentado se
eleva hasta una universalidad válida y una existencia permanente. Alcanza la dimensión de lo
válido y lo verdadero precisamente porque no es copia (Abbild). Es como una imagen (Bild)
que tiene su propia elevación, y en tanto que poetización, tiene su propia libertad poética, en
la cual pulsa muchas cosas innombrables. Así, la obra de arte posee una suerte de
autocertificación; como, por lo demás, sólo la tiene el mito, en el cual, propiamente, no se
cree, sino que se está dentro de su poder ontológico. Así está el arte ahí: para el oyente, para el
lector, el cantante, el actor y el espectador. La expresión inglesa fiction sugiere un concepto de
realidad que asume una reivindicación ontológica semejante. Me parece que el equilibrio se
vuelve a restablecer cuando introduzco para ello el concepto jurídico de representación
(Reprasentation), propio tanto de la imagen como de la palabra poética.
“¿Qué es lo que hace aparecer bello (o <<ya no bello>>, pero todavía <<arte>>) a una
conformación semejante, sea una obra pictórica o una obra arquitectónica, cantos, textos o
danzas? Bello no significa cumplir un determinado ideal de belleza, clásico o barroco, sino que
define al arte como arte, esto es, como el erguirse fuera de todo lo que normalmente se
dispone según un fin útil, y no invitar a otra cosa que a contemplar (anschauen).”