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AL REVÉS

Pedro Félix Novoa Castillo.

Me levanté con las patas arriba por la mañana después de una noche de fiesta. Me dibujó el
rostro un rictus de aburrimiento.

Recogí el periódico con la leche fresca al pie de la puerta, y hojeé de refilón el diario. Le
agregué un poco de café a la leche, y lo tomé calmadamente sabiendo que era domingo.

Mientras miraba la televisión, decidí rascarme por unos minutos la barriga y cambiar de
canal con el control remoto. Me aburrí de la tele y lo apagué. Me puse de pie del sillón.

El teléfono timbró y fui a tomarlo. Era la voz de una mujer arrepentida que rogaba: “Iván,
¿vendrás?”. Le respondí que sí y le pregunté si el tipo con el que estaba saliendo hace unos
meses iba a estar. “Claro, es mi pareja y la niña le está tomando cariño, además…”. El
teléfono colgó y siguiendo con la bocina en la mano lo solté.

Miré el calendario y grité por el cumpleaños de mi hija Magnita, encerré en un círculo


rojo la fecha de hoy. Miré más arriba y decía: no olvides que le prometiste escribir el
cuento del dinosaurio que vivía al revés.

Fui al baño para ducharme y afeitarme, terminando me eché desodorante y perfume. Luego
me amarré con una toalla para salir a mi cuarto. Me puse una trusa, un pantalón y una
camisa.

Empecé a apurarme cuando vi la hora en el reloj. Me calcé unos zapatos y con la corbata
ajustándome un poco el cuello, salí para la sala.

Miré por la ventana y me percaté de los peatones que cruzaban la pista en distintas
direcciones y a perros orinando en sus postes preferidos.

Un pordiosero estiraba la mano pidiendo limosnas en la entrada de una iglesia. Y una


ciudad desordenada donde los borrachines y malandrines escupen y mean en ella.

Después de un rato, encendí la computadora. Vi el cuento del dinosaurio en la pantalla, que


venía escribiendo hace un par de días. De pronto, alguien tocó el timbre insistentemente.
Me levanté y fui a abrir la puerta.

Observé a una mujer obesa y de aspecto lamentable que ofrecía unos bolígrafos. Dije que
no compraría nada y cerré la puerta. Interrumpido quise continuar escribiendo el cuento en
la computadora.

Leía cosas raras, todo al revés acerca del aspecto del dinosaurio. Y para poder escribir estas
últimas líneas tuve que dejar, por un momento, pensar las cosas en anverso.