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EL LIBRO DE ADAN

CAPITULO I

1. Gloria y alabanza a mi Señor, en nombre de la Vida


soberana, perfecta, excelente, suprema entre todas las obras.
2. Brillas un fulgor deslumbrante, tu imagen reina
venerablemente ante tu padre, el Señor de toda la grandeza.
3. ¿Qué son estas montañas cuya frente permanece inmóvil
en su altura infinita?
4. ¿Qué es esta agua que no se corrompe nunca y cuya
limpieza inalterable nadie puede turbar? Es la Vida la que da a
estas montañas su inmutable solidez; es la Vida la que da al agua
su fijeza y su inalterabilidad. ¡Oh Vida sublime!
5. ¿Quiénes son estos hombres, estos hermanos que han
pasado por este mundo haciendo el bien, que han despertado a
las inteligencias dormidas, superado todo tipo de peligros y a
quien nadie ha podido abatir, ni los rayos, ni el trueno ni las
tempestades ni las sediciones y el furor de los malvados?
6. Estos hermanos son Abel, Schetel, Amnet, Nazarenos
pacíficos y justos que han multiplicado las buenas obras,
7. que han iluminado las inteligencias oscurecidas por las
tinieblas, que han superado todas las dificultades de este mundo
y a quien nadie ha podido conmover, ni los rayos ni los truenos, ni
las tempestades ni el furor de los malvados.
8. A la vista del espectáculo de estos justos que luchaban
contra todo tipo de tempestades, la Vida los ha separado en su
sabiduría y desde lo alto del esplendor les ha dicho:
9. Alzaos, introduzcamos la muerte en este mundo, que es el
de los malvados, morada del mal y de la mentira.
10. Adán tiene mil años. Que aquellos que le dieron la
existencia lo saquen de la prisión del cuerno. Ya no envejecerá,
ya no se debilitará pues sus nietos, culpables hacia él, ya no lo
cubrirán de ultrajes.
11. Entonces la Vida suprema y soberana llamó y envió con
estas órdenes a los genios Zavr-il y Kemam-ir Zivo, *1
12. el primero para que hiciera salir las aguas de los cuernos,
13. el segundo para conducirlas a las moradas de la Vida, a fin
de que por su oficio la muerte fuera introducida en el mundo y
que la justicia fuera comunicada a la inteligencia que se digne
recibirla.
14. He aquí lo que la Vida pide aún: Quienquiera que envíe la
muerte, se colocará sobre sí mismo sesenta y seis obstáculos
que le impedirán llegar a la Vida.
15. Pues la muerte, esa inexorable dueña del género humano,
esa mensajera de los decretos eternos, no se dejará corromper ni
por los regalos ni por las caricias; nunca confundirá a un hombre
con otro.
16. Luego, a estos dos genios, a Zav-ril que tenía que desligar
las almas de su cuerpo, a Kemam-irYivo, que les tendría que
servir de guía, la Vida soberana les dice aún:
17. Pedid, id a este mundo que es el mundo de los malvados,
en esa morada del mal y de la mentira. Id al encuentro de Adán,
enseñadle la verdadera doctrina y decidle:
18. Adán, primogénito entre todos los hombres, que aún estas
mudo y dormido y eres estúpido, levántate y sal de este mundo,
morada del crimen y de la mentira.
19. Ya han pasado mil años sobre tu cabeza, ya no
envejecerás, ya no serás debilitado y tus nietos, tan culpables
hacia ti, no te ultrajarán más.
20. La Vida ha hablado y los genios obedecen a las órdenes
supremas. Zavril y Kemamir Yivo salen, uno para desligar las
almas y el otro para hacerles de guía; descienden al mundo,
morada del mal y de la mentira.

1
*Hijo Haman
21. Van al encuentro de Adán y le anuncian la palabra de Vida
diciéndole: Adán, primogénito entre los hombres, estás mudo y
dormido, eres sordo y estúpido. En nombre de la Vida, ¡levántate!
Sal de este mundo, morada del mal y de la mentira.
22. Ya han pasado mil años sobre tu cabeza. Ya no has de
envejecer, ni debilitarte, y tus nietos, que ya son tan culpables
hacia ti, ya no te ultrajarán más.
23. Ante estas palabras Adán se enardeció y se sintió rodeado
y penetrado por un calor vital, una saliva dulce y untuosa acarició
agradablemente su paladar mientras arrojaba una saliva amarga.
24. Pero en vez de erguirse, su espalda se volvió redonda.
Viéndose así, su corazón afligido y con lágrimas en los ojos, se
puso a gritar, a arrastrarse por el suelo y golpearse el pecho
aullando de dolor:
25. ¡Oh palabra que he oído! ¡Oh ciencia infinita que ha abierto
mis ojos! Mil años han pasado encima de mi cabeza desde que
estoy en este mundo.
26. Las patenas*2 serán quebradas antes que los cálices, los
tallos serán cortados antes que las espigas y las humildes
legumbres cosechadas antes que los arbustos.
27. La Vida ha dicho a Eva: subamos a la entrada de Feranch
Zivo, en la ribera del Jordán, el dueño de la vida, y al santuario de
nuestros padres y contemplaremos las aguas del Jordán.
28. Pero la Vida soberana y primera dijeron a Zavril el liberador
de las almas y Kemamir Zivo: Tú que todo lo sabes y a cuya
mirada no escapa ningún misterio, ningún secreto puede subsistir
delante de ti.
29. No necesitas que se te enseñe nada. He aquí que por orden
tuya hemos ido a buscar a Adán, el primogénito entre los
hombres. Pero conserva en su alma el gusto y el amor de los
bienes y los goces de este mundo y querría permanecer en él

2
* plato de las hostias – la casa limpia del Mesías
eternamente.
30. Entonces la Vida soberana les respondió: descended,
volved al mundo, morada de los malvados, del mal y de la
mentira.
31. Anunciadle a Adán la palabra de Vida y recitadle la santa
doctrina. Decidle: Adán, ningún hombre es más sabio que tú, nin-
gún podría aprender lo que tu sabes.
32. Así pues, he aquí lo que te decimos: Levántate, deja este
morada del mal y de la mentira. Ya no envejecerás, ya no te
debilitarás y tus hijos, tan culpables hacia ti, ya no te ultrajarán
más.
33. En efecto, los genios le dijeron: Adán, levántate, muere
como si nunca hubieras existido, que este cuerpo sea pasto de
los gusanos y de la corrupción, como si nunca hubiera estado
organizado. En cuanto a tu alma, ascenderá a la morada de sus
padres al lugar de la felicidad eterna.
34. Y Zavril el liberador y Kemamir Yivo descendieron al mundo,
morada de los malvados, del mal y de la mentira.
35. Anunciaron a Adán la palabra de Vida, le revelaron la
divinidad celeste y le dijeron: Adán, ningún hombre es más sabio
que tú, ningún hombre sería capaz de enseñarte aquello que no
sabes.
36. He aquí lo que te decimos: Levántate, abandona el mundo
morada del mal y de la mentira. Ya no envejecerás, ya no te
debilitarás y tus nietos, tan culpables hacia ti, ya no te ultrajarán.
37. Y también le dijeron: Oh Adán, levántate, muere como si
nunca hubieras existido, que tu cuerpo se vuelva pasto de los
gusanos y de la corrupción como si nunca hubiera estado
organizado.
38. Pues he aquí que tu alma ascenderá hasta la patria 3
celeste a la morada de tu padre, el lugar de todas las delicias.

3
Himno de la Perla 1; L.de los Muertos XVII:25
39. Y Adán le respondió: Oh lector que me anuncias la verdad
celeste, oh doctor que me das la instrucción divina ya he vivido
mil años y mil años más quisiera vivir.
40. íd, pues, a Schetel, mi hijo, enseñadle en su entrada al
mundo, pues este niño solo tiene ocho año y no ha conocido aun
mujer ni llevado la tiara de los hombres ni empuñado la espada
del guerrero o ni derramado sangre humana; enseñadle, digo,
cuál es el mundo en el que ha entrado.
41. Entonces Zavril el liberador y Kemamir Yivo, dirigiéndose a
la Vida soberana, primera, le dijeron:
42. Oh vida, madre nuestra, tú que todo lo sabes, tú para quien
no hay ni secretos ni misterios, he aquí que por orden tuya hemos
hablado a Adán y Adán nos ha enviado a Schetel, su hijo,
diciéndonos: He vivido mil años sobre la tierra y mil años más
quisiera vivir. Id, pues, a Schetel, mi hijo, mi bienamado, que sólo
tiene ocho años y aún no ha conocido mujer, ni llevado la tiara de
los hombres ni empuñado la espada del guerrero ni derramado
sangre humana.
43. Entonces la Vida soberana y primera es dijo: Bajad de
nuevo, id a ese mundo, morada del mal y de la mentira anunciad
a Schetel, hijo de Adán, levántate; muere como si nunca hubieras
existido, que tu cuerpo se convierta en pasto de los gusanos y de
la corrupción, como si nunca hubiera sido organizado; pues tu
alma regresará a su patria, al lugar de la felicidad eterna.
44. Savril y Kemamir Yivo descendieron al mundo morada de
los malvados, del mal y de la mentira; anunciaron la buena
doctrina a Schetel, hijo de Adán, y le dijeron:
45. Schetel, hijo de Adán, levántate y muere; como si nunca
hubieras existido; que tu cuerpo se convierta en pasto de Los
gusanos y de a corrupción, como si nunca hubiera sido
organizado. Pues tu alma regresará a su patria, el lugar de las
delicias eternas. Schetel le contesto:
46. Oh doctor que me anuncias las grandes verdades, oh buen
doctor que me enseñas los misterios eternos, hace apenas ocho
años que estoy en este mundo; aún no he conocido mujer ni
llevado la tiara de los hombres ni empuñado la espada del
guerrero ni derramado sangre humana en los combates.
47. Id, pues, hacia Adán mi padre, ya han pasado mil años
sobre su cabeza, que no envejezca más, que no se debilite, que
sus nietos tan culpables hacia él ya no le ultrajen.
48. Entonces le respondieron: Schetel, hijo de Adán, hemos
anunciado las mismas verdades a Adán, tu padre; fue él mismo
quien nos envió a ti Schetel respondió:
49. ¡Ay! Temo manifestar el deseo que tengo de no abandonar
la envoltura corporal y que la Vida me castigue por semejante
deseo.
50. Entonces Schetel. hijo de Adán, se levantó y tras hacer una
larga oración, se despojó de su vestidura de carne y de sangre y
se vistió de una vestidura de esplendor y se cubrió la cabeza con
una tiara de pura luz cuyo vivo destello sobrepasaba novecientas
noventa y nueve miríadas de veces el del sol y el de la luna.
51. Entonces los vientos celestes se levantaron en medio de
miríadas de Genios que revoloteaban a diestra y siniestra, y lo
depositaron sobre un trono luminoso.
52. Entonces Schetel, hijo de Adán, hizo esta ardiente oración:
Os suplico, Vida primera, Vida segunda y Vida tercera, os suplico
oh Jufin Jufafin, oh Samo Mano Semiro, oh viña eterna, manantial
de toda vida, árbol de la santidad y de la salvación,
53. haced que Adán mi padre, contemple la morada de gloria en
la que estoy en este momento; que sus ojos salgan de sus órbitas
que sus oídos oigan, que su corazón no se endurezca.
54. Esta oración, salida del corazón de Schetel, ascendió al
Trono de la Vida soberana y primera. Fue escuchada.
55. En efecto, Adán pudo contemplar la morada de gloria a la
que fue transportado su hijo. Sus ojos salieron de sus órbitas, sus
oídos oyeron, su corazón se abrió a la verdad y sin embargo gritó:
56. Oh hijo mío, sigue el camino que te convenga; yo voy al
mundo que amo.
57. Entonces Schetel le contestó: Espíritu insensato, corazón
estúpido, ¿acaso se ha de tragar la saliva que ha escupido la
boca? ¿Desea el niño que ha abandonado el seno de su madre
volver a él?
58. He aquí que ya que he abandonado este mundo sin haber
visto mis años cumplirse, lo mismo ocurrirá con todas las otras
criaturas; el embrión en el seno de su madre, el niño en la teta, la
virgen tímida, la mujer que ha dado a luz y el anciano, todo tendrá
sabor a la muerte.
59. Aún más, los poderes de este mundo desearán más la
muerte del joven, pero no siempre lo conseguirán.
60. Sin embargo, así como ha sido dicho, los vientos celestes
se llevarán a Schetel, el hijo de Adán, y le colocarán bajo la
vigilancia del tesorero Schelmai.
61. En ese momento, éste le abrió las puertas de los tesoros
eternos e hizo salir de ellos a Bar Gudo, el Señor de toda la
verdad.
62. Este genio mostró a Schetel la viña maravillosa cuyo interior
es esplendor, cuyo exterior es luz, cuyas raíces son un agua
divina y vital y cuyas ramas tantos genios sublimes.
63. Sus frutos son el alimento delicioso de las almas, Estas
almas comen de este fruto sin ser alteradas; beben del licor que
esta viña destila sin conocer la ebriedad;
64. a ella llegará a abrevar el hijo de la Vida soberana y el
príncipe de los Espíritus.
65. Además, todos estos habitantes de la patria celeste gozan
de una gloria y de una felicidad inalterables y eternas.
66. Sin embargo, Schetel, hijo de Adán, dijo: El camino que he
seguido, el camino por el que he llegado, será también el camino
que los hombres justos, fieles, honestos y pacíficos tomarán en
cuanto hayan abandonado su envoltura material.
67. Entonces los Espíritus y los reyes de la tierra de luz y de la
morada de la gloria dieron la mano a Schetel, hijo de Adán, y le
dieron el beso de paz.
68. He aquí destino que deseo y espero pues la vida es para to-
dos aquellos que esperan en ella.
69. Digámoslo, pues, la Vida es pura, la Vida es inmutable.
Amén.
CAPITULO II

1. En nombre de la Vida. La Vida soberana en su sabiduría ha


enviado al Liberador hacia Adán, para hacerle salir de la prisión
de este mundo,
2. de esta vocación de Fetahil donde ejercen su fatal y
pernicioso imperio los siete planetas,4 con el fin de despojarlo de
ese cuerpo perecedero, de ese cuerpo de barro e ignominia que
el mínimo soplo de viento puede derribar,
3. y que no es capaz de resistir ni a los mortíferos dientes del
rapaz león, ni al oleaje del mar enfurecido, ni a la punta de la
espada que desgarra, ni a la mordedura de la venenosa
serpiente.
4. Y entonces el alma fue separada del cuerpo de Adán.
5. No obstante, ese alma conversaba con el espíritu y el
cuerpo, decía: ¿Qué hacías aquí? ¿Qué viático tendremos en
nuestro camino? Pues el Liberador vendrá pronto a arrancarnos
de este mundo.
6. A ese discurso, ni el espíritu ni el Cuerpo contestaban nada.
No obstante, llegó el Liberador quien al despertar a Adán de su
letargo, le dijo: Levántate,
7. Adán, desnuda ese cuerpo perecedero, esa ropa de barro
que has revestido, esas prendas corporales, ese cuerpo inmundo
al que los siete planetas y las doce estrellas han prodigado sus

4
Más allá de estas esferas están las “Nueve Moradas” celestiales, donde, según los
Misterios, Demeter buscó en vano a la perdida Perséfone. Porque, desde estas moradas,
había caído en un estado material y mundano,y por lo tanto había caído bajo el poder de
los Gobernantes Planetarios, …….
En las Siete Esferas astrales la Luna es representativa del Destino, y presenta dos
aspectos, el benigno y el maligno. (La Virgen del Mundo. Pag.25)
favores, y prepárate a salir de este mundo pues tu tiempo ha
llegado a su término y la duración de tu existencia en este mundo
ha terminado.
8. La Vida me ha enviado hacia ti pan preguntarte si querías
retornar a la morada de la vida, a la primitiva patria de tus padres.
9. Ante estas palabras, Adán se echó a llorar y luego con la
voz entrecortada por sus gemidos, le dijo al Genio liberador:
10. Padre mío, si abandono este mundo, ¿Quién será su
guardián después de mí? ¿Quién será el compañero de mi
esposa Eva? ¿Quién cuidará las plantas que he sembrado?
¿Quién vivirá después de mí en la casa que he construido con
mis propias manos? Cuando la palmera dé su fruto, ¿Quién lo
recogerá? Cuando el Eufrates y el Tigris se desborden, ¿Quién
dirigirá sus aguas por los canales conductores para regar las
plantas? Cuando las mujeres jóvenes den a luz, ¿Quién las
aliviará? ¿Quién uncirá el toro al yugo y lo guiará para labrar la
tierra? ¿Quién agrupará los cameros, quién los conducirá a los
pastos y quién preparará la cama a los animales? ¿Quién será el
sostén de las viudas y de los huérfanos? ¿Quién vestirá al pobre
y abrigará su cuello con una estola? ¿Quién libertará al prisionero
y llamará a la vida a los muertos?.
11. Entonces el Libertador de la vida respondió a Adán: Ven,
levántate, Adán, sube a la morada de la luz, tu patria primitiva, a
ese lugar donde el sol no conoce ningún declive ni las tinieblas;
12. reviste una ropa de esplendor; envuélvete con un manto de
luz; coloca sobre tu cabeza una corona de pureza, de inocencia y
de gloria; ciñe tus riñones con esa agua misteriosa que calma y
cicatriza todos los dolores;
13. ven a ocupar tu lugar en el trono de esplendor que la Vida
te ha preparado para toda la eternidad y olvida la casa de tu
padre nutricio donde has aguantado durante tanto tiempo las
perpetuas persecuciones.
14. No añores el lugar que debes abandonar, pues debe
perecer dentro de muy poco tiempo ya no existirá; todo lo que
aquí se encuentra será destruido y nada de lo que está subsistirá.
15. Dado que todo el mal solamente se acrecentará, la indigna-
ción y la furia agitarán los pueblos y las ciudades.
16. Los hijos se levantarán contra sus padres y las hijas contra
sus madres; los hermanos se degollarán unos a otros; el marido
abandonará a su mujer y esta olvidará a su marido.
17. Pero para que el mal pueda tener algún remedio, para que
la furia que anima a los hombres pueda tener limites, para que los
huérfanos, los viudos y las viudas puedan recibir algún consuelo,
levántate, abandona este mundo y abandona este cuerpo de
barro.
18. Entonces, Adán replicó al Espíritu liberador Padre mío,
puesto que sabias que debía suceder así, ¿por qué me has
aprisionado en este cuerpo que debo abandonar?
19. Pero cuando lo haya abandonado ¿quién será su guardián?
Cuando duerma el sueño de la tumba, ¿quién lo despertará y le
dará de comer y beber? Cuando ruja el trueno, cuando el relám-
pago surque la nube, ¿quién levantará un templo para ponerlo a
salvo? Las tormentas caerán sobre él; los ardientes rayos del sol
lo quemarán; los vientos lo cubrirán de polvo. Los pájaros del
cielo devorarán ese cuerpo indefenso; usarán mis cabellos para
sus nidos; se alimentarán con mis carnes y desgarrarán mis
ropas. ¿Quién lo vigilará?
20. Si oh padre mío, quieres que parta contigo, permite que mi
cuerpo me acompañe, que sea mi compañero en el camino como
lo ha sido en este mundo.
21. Por lo demás, oh padre mío, no tengo a nadie más que
deba acompañarme no tengo ni oro ni plata que pudiera llevar
para los gastos de mi viaje.
22. El Libertador respondió a Adán: Oh, Adán, oh Adán, ¿de
dónde vienen esas lamentaciones por ese cuerpo de barro que
debes abandonar? ¿Acaso el cuerpo es la vida?
23. No y no, por lo tanto no puede subir a la morada de la vida.
24. Adán replicó al genio liberador Padre mío, ángel de la Vida,
accede por lo menos a que Eva, mi mujer, venga conmigo, que
me acompañe en mi viaje. Permite que mis hijos y mis hijas com-
partan mi suerte.
25. Cuando Eva, su esposa, oyó ese ruego, se echó a llorar y
exclamó: Sí. oh Adán, te acompañaré y seguiré siendo como en
el pasado tu compañera.
26. No obstante, el Libertador de la vida le dijo a Adán: El
cuerpo no vendrá a la morada de la Vida.
27. En cuanto a ti, no deposites tu confianza ni en tu padre, ni
en tu madre, ni en tus hermanos, ni en tus esposas, ni en el oro ni
en la plata, solo debe pertenecer a la Vida.
28. El hombre debe pensar sobre todo en la obra de los santos,
pues según esta obra será juzgado. Pues en cuanto salgan de la
vida, las almas sufrirán un juicio.
29. Y a ti, Adán, ¿qué te importan unos hermanos, unas her-
manas que te han colmado de ultrajes? tus hermanos serán los
genios, tus hermanas las majestades que permanecen sin cesar
ante la Vida y dirigen continuamente sus plegarias.
30. Oh Adán, ¿qué te importa a ti el oro? Esa vil materia que
pronto perecerá, ¿qué te importa la plata cuyo brillo se apagará
tan pronto?
31. En el camino por donde ando no hay nadie que tienda
emboscadas al viajero, nadie que desplace los límites de las
propiedades.
32. En cuanto a los que permanecen en este mundo, los
malvados; los ambiciosos, los avaros, en mí camino hay un mar
que se opone a su paso. Solo el hombre de bien podrá entrar allí,
pues sus buenas obras lo acompañarán y precederán.
33. No obstante, debes saberlo, la vía en la que camino está
sembrada de zarzas y espinos; siete murallas, que son otras
tantas montañas la rodean por todas partes. Allí está mi trono;
desde allí escojo las almas y admito una de cada mil.
34. Al oír esas palabras, Adán se echó a llorar. No obstante,
abandonó su cuerpo;
35. pero, al mirar hacia atrás. vio el cadáver que acababa de
abandonar y al que no debía retomar jamás y su corazón se
entristeció dolorosamente.
36. Sin embargo, inició su camino en medio de los aires, cual el
pajarillo que abandona su nido al que jamás podrá volver;
parecido también a un pájaro que huye de las redes que le
rodean por todos lados; parecido al animal que huye de su
guarida; parecido a la barca, juguete de los vientos y de las
tormentas; parecido al león que abandona su cubil; parecido,
finalmente, al carbunclo que cae de una tiara.
37. Al partir, Adán exclamó: ¡qué desgracia! qué desgracia!
Pues son mis hermanos quienes me han apartado lejos de ellos,
me han dado una efímera existencia en este mundo;
38. me han aprisionado en un cuerpo que no puede resistir ni la
mordedura del cruel león, ni los pérfidos ataques de los siete
planetas cuya impudicia. se acrecienta cada día, y me han
colocado en un tienda de barro que debía caer en ruinas muy
pronto
39. No obstante, son mis hermanos: y aunque estoy ligado a
ellos por lazos tan sagrados, no comparto su suerte; sólo yo me
he visto rechazado por su sociedad; solo yo he tenido que vivir
sobre la tierra hasta el día de mi liberación
40. ¿Ahora pues, ya que la voluntad suprema de los genios
había sido esa, la de introducirme en un cuerpo de barro para
hacerme salir pronto de él, ¿por qué han adornado con tanto
esmero ese templo, mi morada pasajera?
41. Pues, qué bello era el cuerpo que me habían dado! ¡qué
admirable estructura! ¡qué forma más graciosa. qué color más
agradable! ¿Dónde se podría encontrar un arquitecto, un pintor,
un escultor más hábil que el creador de este cuerpo? Le había
dado un cabeza alta y distinguida, una cabellera verdeante, unos
rasgos nobles y divinos;
42. había comunicado a esa cabeza una chispa de su
inteligencia; a su corazón, una parte de su sabiduría. Había
alumbrado un fuego celeste en sus ojos; le había dado una boca
para celebrar la Vida para siempre. dos manos para que se
dedicara a las gran obra; dos pies para ir de Oriente a Occidente.
43. ¿Debe esa magnífica obra convertirse en pasto de gusanos
y en corrupción?
44. sus ojos sólo son ya dos deformes agujeros; sus orejas que
se abrían a la palabra de la Vida están ahora cerradas; su boca
de donde fluían sin cesar las alabanzas de la vida está hoy muda;
sus manos que trabajaban sin descanso están inmóviles, y los
pajarillos ya no temerán acercarse a ese cuerpo sin defensa; sus
pies que andaban con tanto ardor por el camino del bien ahora
están agarrotados.
45. ¡Lástima! ¡Lástima! ¡lloro por no poder animar ese cuerpo!
46. Me digo a mí mismo: ¿Cómo podría en el futuro vivir en un
palacio en ruinas?
47. He sacudido esa vestimenta de polvo; se ha convertido en
pasto de los gusanos de la tumba, y su polvo ha volado a merced
de los vientos de ciudad en ciudad.
48. ¡Lástima! ¡Los hermanos no pueden redimirse unos a otros!
Si pudieran hacerlo, el cuerpo no conocería la muerte y el alma
no lo abandonaría;
49. si el padre pudiera redimir a su hijo, no existiría la sucesión
en este mundo; si el hijo pudiera redimir a su padre, no existirían
huérfanos en este mundo; si el marido pudiera redimir a su
esposa, no existirían las viudas.
50. El liberador de la vida le respondió: ¿A qué viene esta pena,
a qué viene esta tentación por la pérdida de un cuerpo, obra de
barro y de corrupción?
51. Alza tus ojos al cielo, mira la nube luminosa que desciende
a tu encuentro, conducida por cuatro hombres, hijos de la luz.
52. ¿No ves sobre esa nube, las resplandecientes estrellas, las
huellas luminosas, las coronas de alegría? Escucha la voz de
esos genios, hijos de la luz.
53. En efecto, le dijeron: ¿Por qué lloras, oh Adán? Adán les
respondió: Soy un esclavo sin amo.
54. Ellos añadieron: Oh Adán, eres el hijo de la Vida soberana,
el servidor de la muy alta Vida.
55. Ven pues, oh elegido de la Vida, oh puro, oh justo, llamado
justo por la misma boca de la Vida, ven, sube hasta nosotros y
acomódate en el centro de esta nube luminosa.
56. Te está reservada una magnífica morada, preparada por tus
padres pues has venido de ellos y te han arrancado de este
mundo corrompido, obra de Fetahil.
57. Entonces Adán dijo a los genios: Genios, hermanos míos, si
vuestra bondad lo permite, dejadme sólo una hora para rogar a
Eva, mi esposa, que me acompañe.
58. Cuatro genios respondieron al jefe de todas las
generaciones: No te inquietes Adán y apresúrate a gozar de la
felicidad reservada a los justos.
59. En cuanto hayas llegado a la morada de la gloria, Eva, tu
esposa, llegará a su vez así como toda tu familia
60. Entonces todas las generaciones estarán consumadas,
todas las criaturas perecerán; todas las fuentes y todos los mares
se agotarán y los ríos se secarán; las montañas caerán; las coli-
nas se allanarán,
61. Babel será destruida; Borref se desvanecerá como si jamás
hubiera existido, el país poderoso del norte sólo será un desierto;
Rumania será como si jamás hubiera existido, la China y las
Indias se desplomarán sobre sus vacilantes fundamentos, el país
de los Samaritanos y de los Tirios, así como la montaña de
hierro, es decir el país montañoso de los Calibos se minarán los
unos a los otros,
62. pero en medio de esas catástrofes, ¡desgraciado quién sea
juzgado culpable, expiará su crimen con la muerte!
63. Así serán castigados todos aquellos que al derramar sangre
humana sobre la tierra, hayan destruido a alguno de sus
semejantes;
64. que hayan consultado a los adivinos a los brujos, a los que
dicen la buenaventura; a los que hayan sido adúlteros, ladrones,
falsificadores, calumniadores, embusteros, envenenadores,
sacrílegos, incendiarios.
65. Entonces, mientras la tierra se precipita en el tarbado,(¿) las
estrellas, los planetas, el sol y la luna irán cada uno al lugar que
les está reservado.
66. Sucederá lo mismo con los cuatro vientos. En cuanto a los
malvados, irán a lo más profundo de las tinieblas.
67. Tú, Adán, serás feliz pues has a abandonado la morada de
duelo y de tristeza por la morada de la luz y de los ángeles.
68. No estés pues afligido por este mundo que debes
abandonar. Tus hijos y tus hijas te seguirán muy pronto, unos
antes, otro más tarde.
69. Hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos, todos conocerán
la muerte. Por ella, perderá el rey su corona y el hombre. libre su
gloria y su magnificencia. Por ella, la mujer perderá su belleza y
sólo se hallará frente a una tumba.
70. Sube pues, Adán, ve a presentarte al rey de la luz, el
soberano de la Vida primera creador de este mundo donde has
vivido.
71. Dile: ¿Por qué has hecho este mundo? ¿Por qué has
rechazado a las generaciones lejos de ti y has permitido que se
introdujera la discordia? ¿Por qué me has cubierto de vergüenza
asolando esta tierra cuyo guardián me habías hecho?
72. He aquí que los siete planetas y las doce estrellas la
gobiernan como soberanos y hacen sufrir a los miembros de mi
familia toda clase de persecuciones.
73. Si este es pues tu deseo, si una petición pudiera serte
agradable, que cese la desolación en este mundo, que triunfe la
luz; que no sea aniquilado el hombre de una familia, ni tampoco el
tuyo, ¡oh Vida primera y continua!
74. Salva la morada del hijo, del espíritu y del Mesías salva la
patria del Jordán arráncalo al dominio de los siete planetas.
75. Entonces el soberano de la Vida primera, dijo al padre de
todas las generaciones humanas: Tranquilízate, goza del reposo
de los justos.
76. Esta es la morada del hijo que habitan los genios tus
hermanos; en adelante será la tuya, Eva vendrá a su vez así
como todos los miembros de tu gran familia.
77. Seréis todos felices a los pies del trono de la Vida
Soberana, hasta el día del juicio, hasta la solemne hora en la que
resucitarás, pues tú resucitarás, oh Adán, y no sólo tú, sino
también tu familia.
78. Consuélate pues y sé feliz en esta dichosa espera, ¡la Vida
es Pura!
CAPITULO III

1. Esta es la palabra del ángel de la Vida, cuando después de


la muerte de Adán le explicó claramente lo que debía sucederle a
su raza.
2. Esto es lo que está decidido: Aquel que en el momento de
abandonar su cuerpo lo lamente, aquel que haya amado
demasiado los bienes perecederos de este mundo,
3. Quien hablando en contra de la palabra haya dicho lo que
no había ni visto ni oído,
4. Quien haya hecho distinción entre sus hermanos, para
separar al hijo de su padre, y a la hija de su madre, trabajado la
causa de Dios por dinero, abusado de la inocencia de mis
pequeñitos. Quien haya corrido los limites de una palabra, quien
haya cometido cualquier acción de injusticia, será maldecido por
el ángel de la Vida.
5. Se debe seguir, la vía de Adán, aquel que no quiera entrar
en ella, no entrará tampoco en la morada de la gloria y de la
felicidad; su alma estará excluida para siempre de la morada de la
luz.
6. La Vida es para aquellos que la conocen, que esperan 5 en
ella, que la aman. La Vida es eterna. La Vida es pura en todas
sus obras.

5
3En.XX:111; VI:1-2; XVII:17; Job 6:19; Sal. 30:18, 33:18, 37:9, 40:31, 49:23,
69:6, 104:27, 119:49, 145:15; 147:11,; Isa.
30:18, 40:31, 42:4, 51:5, 60:9; Lam.3:25,26; Luc.12:36; Rom.15:12; Heb.9:28,
10:13; 1En.XLVIII:4; Esd.VI:7; 191176:1, 011276:10, 020892:3; Tom,53;
2Ne.6:13; 18:17; DyC 19:27;
CAPITULO IV

1. En nombre de la Vida soberana. Esto es el misterio, la


doctrina santa que el ángel de la Vida ha revelado a los justos.
2. Cuando Adán, llegado al término de la vida, hubo
abandonado este mundo y su esposa Eva, sumida en el dolor y la
desolación, hubo pesado numerosos años de duelo y lágrimas,
apareció el espíritu, y colocándose ante e]la, le dijo:
3. ¿Por qué te desesperas, como si sólo fueras una viuda
corriente? Lloras por la muerte de tu esposo; golpeas tu pecho
viertes mares de lágrimas. Pero, ¿a quién has perdido? ¿Por qué
esa inmovilidad, esa fijeza que parece el último grado de
desespero?
4. Luego, para engañarla mejor, fingió a su vez un profundo
dolor. Sí, dijo, debemos lamentarnos. Desgraciada sea la mujer
que no llore su marido!
5. Entonces yo, Abel Zivo, vi enseguida que el pecado estaba
a punto de entrar en el Corazón de la desgraciada Eva y que ese
pecado le cerraría, las puertas de la morada que habitaba Adán.
Entonces la Vida me llamó a ella y me dijo:
6. Escucha, tú has introducido a Adán en el Paraíso, ve pues a
buscar a Eva su esposa; ilumina su Corazón, refuerza su valentía,
7. dile que de ella saldrán criaturas de elite que rendirán
homenaje a la Vida, que publicarán la buena nueva y la pura
doctrina que andarán con firmeza por la difícil vía de la justicia y
de la Vida.
8. Dile también que pronto volverá a ver y se reunirá con su
esposo; pero es necesario que seque sus lágrimas, que descubra
su velada cabeza, que devuelva a su corazón agitado por el dolor
la calma y la paz, y que tome a su vez la sublime vía de los hijos
de la paz.
9. Fiel a esas órdenes, Abel Zivo se presenta a la esposa de
Adán; la encuentra con la cabeza cubierta por un silicio,
sumergida en el más vivo dolor.
10. Al verle, Eva levanta la cabeza y exclama: ¿Qué te parece
la pérdida que he tenido?
11. El noble genio respondió: El marido que has perdido está
ahora en la gloria y en la luz. Por lo tanto es una gran locura por
tu parte el llorar por el que es feliz, el lamentarte por quién goza
de una felicidad sin límites.
12. Ten cuidado en no seguir en esto el ejemplo de los siete
planetas que, por su aparente desespero, quisieran sumergirte en
un desespero parecido.
13. Luego con su suave y dulce voz hizo penetrar la suave
persuasión en el alma de la afligida viuda; la previno contra las
sugestiones extrañas, le describió la felicidad de la que gozaba su
esposo y devolvió la alegría y la serenidad a su rostro.
14. Añadió: Ves ahora como tu dolor inspirado por los siete
planetas era insensato y sin objetivo, por lo tanto has pecado
pero tranquilízate, tu pecado será perdonado; pues te has
limitado a ceder a las pérfidas insinuaciones de los siete planetas.
15. Que tus ojos recuperen pues su esplendor primero:
levántate en la felicidad en la alegría y celebra la pérdida. que has
hecho y dirige a tu esposo oraciones y. acciones de gracia.
16. En efecto, Eva se levantó ahuyentando lejos de su corazón
las vanas lamentaciones, los dolores sensibles,
17. dijo en la alegría de su alma: El genio me lo ha anunciado;
estos pecados me serán perdonados, pues me he limitado a
obedecer a sugestiones extranjeras.
18. Me he sentado en el luto; me he abandonado locamente a
los transportes de un dolor sin objeto.
19. Luego añadió dirigiéndose a Abel Zivo: ¿Por qué no me has
dado el beso de paz que reconcilia? Sin embargo no has
despreciado el venir a mi; has consolado mi afligido corazón; has
secado mis lágrimas, ahogado mis sollozos, y tu voz suave, al
penetrar en mi corazón, ha introducido en él el bálsamo de la
alegría.
20. Entonces yo, Abel Zivo, le contesté: Era el guía y el
guardián del ser que te servía de esposo;
21. fui yo quien a través de las innumerables pruebas de este
mundo, lo conduje con seguridad; le hice entrever el palacio de
Abatur cuya mano bienhechora lo sostuvo durante el camino;
22. lo llevé a los pies del trono de la Vida segunda que le
comunicó su esplendor;
23. le. hice atravesar los arroyos de la Vida, le hice presenciar
el radiante espectáculo de los genios en sus moradas eternas,
finalmente lo instalé en una morada de gloria y de felicidad.
Solamente entonces descendí hacia ti.
24. Eva respondió: ¿Por qué no tuve yo la misma suerte? nadie
guió mis pasos: nadie me alimentó con la palabra divina, nadie
me reveló los sublimes misterios.
25. Yo le respondí: No me siento con un enemigo; no tengo
nada en común con él.
26. Eva me dijo: ¡Vamos, vamos! ¿Adán o yo éramos tus
enemigos?
27. Abel respondió: Ni tú ni Adán habéis sido mis enemigos,
sino los siete planetas y las doce estrellas cuya malignidad ha
experimentado él tan a menudo.
28. No obstante esos genios de la mentira intentaron un nuevo
esfuerzo contra Eva.
29. Entonces el Espíritu les habló así: Eva ha sido seducida por
la voz suave, arrebatadora del hombre nuevo, ya no gime en
nombre de su esposo; ya no vierte más lágrimas, se ha
enamorado de este hombre nuevo; y nuestro nombre ya no está
sobre sus labios.
30. Cesemos pues de añadir nuestras lágrimas a las suyas y de
gemir con ella.
31. No obstante, Eva se levantó y haciendo suceder las accio-
nes de gracias a las lamentaciones, dijo al hombre nuevo de la
luz: Ilumíname, ilumíname, oh creador de los genios, tú a quien
mi padre ha distinguido entre todos los demás, tú que has
arrancado el velo del luto de mi cabeza, tú que has secado la
fuente de mis lágrimas, finalmente tú que me has liberado de las
seducciones arrebatadoras de los siete planetas.
32. Después de haber dejado a Eva, subí hacia mi padre para
contarle lo que habían hecho los siete planetas, lo que el Espíritu
le había hecho a Eva, a Adán y en general a todos los hombres;
para decirle cómo había consolado a la mujer del primer hombre,
cómo había secado sus lágrimas y había hecho que las acciones
de gracias sucedieran a la pena.
33. No obstante Eva consolada de su pasado dolor, se levantó
y dirigiendo sin cesar sus ojos hacia la morada de la Vida y al
camino que había seguido el ángel de la Vida, se decía todos los
días de su vida:
34. ¿Cuando podré llegar a la morada de los bienaventurados?
¿Quién me otorgará la gracia que deseo, la de abandonar este
cuerpo de barro y subir por la vía de los hijos de paz, por el
sendero de los hombres de la justicia?
35. Al menos cuando haya dejado mis mortales despojos podré
contemplar al hombre que mis miradas desean y admirar el
magnífico lugar donde reside el Angel de la vida, podré ver los
imperecederos palacios donde habita.
36. Entonces los siete planetas empezaron a invocar a Eva que
no por ello dejó de insistir en su acción de gracias y que, invo-
cando al ángel de la vida repetía sin cesar:
37. Apresúrate, oh ángel de la Vida ven a liberarme de este
mundo, morada del mal y de la mentira. Los malvados conjuran
en contra mía; cada día inventan nuevas maquinaciones para
perderme; cada día prueban en contra mía su sacrílego arte;
dicen: exterminemos a los hijos de Adán!
38. Entonces el ángel de la Vida apareció ante Eva; la liberó del
lugar impío donde se hallaba y consoló sus penas.
39. Al verlo, Eva se prosternó contra el suelo y exclamó: Sé
bienvenido, oh señor, ven a arrancarme de este mundo, libérame
de mi cuerpo mortal e introdúceme en la asamblea de los
bienaventurados que tú presides.
40. Pero él le respondió: Ya está, la Vida me ha enviado a ti
para restablecer tu alma en el tesoro de tu padre.
41. Entonces Eva cayó en el abatimiento durante un día y la
mitad de un día.
42. El espíritu se aprovechó de ello, vino a ella y le dijo: ¿Por
qué has abandonado tu morada, por qué has abandonado tu
palacio?
43. Nosotros nos preguntábamos dónde debíamos buscarlo y
en quién debíamos depositar nuestra confianza.
44. Sin embargo. Abel Zivo se acercó a Eva y reforzando su fe,
extrajo su alma de su cuerpo y dijo a los siete planetas:
Levantaos, recibid el fruto de las obras de vuestras manos.
45. El Espíritu respondió a Abel Zivo: Lo has cogido todo, ¿qué
puede quedarnos?
46. El ángel de la Vida le dijo: Tus manos han descansado. no
has hecho nada, ¿qué puedes exigir?
47. Entonces el Eón se preparó para volver a su gloriosa patria.
48. Todavía le dijo a la familia de Adán: Sosteneos mutuamente
y sed, después de mi partida, los guardianes y los protectores de
los unos a los otros.
49. Voy a partir con el fin de llevar a Eva a una morada
imperecedera. Pero volveré pronto para liberaros a vosotros
también y os conduciré a la morada de gloria que se os ha
preparado.
50. No obstante, Eva exclamó: ¡Que tu protección no me
abandone!; ha llegado el momento, voy a subir a mi padre y a
sentarme sobre el trono que me está preparado.
51. Entonces los hijos de Adán, al verse abandonados sobre la
tierra, se echaron a llorar y exclamaron: Subes, nos dejas; qué
desgracia! ¿Qué será de nosotros?
52. El ángel de la Vida les respondió: Me voy para confirmar a
vuestra madre; pero confiad, volveré muy pronto con vosotros.
53. Y me fui, e instalé a Eva en la morada eterna. Luego le dije
a la Vida soberana: Oh Vida soberana, enviada al mundo, he ido
a visitar a las generaciones y a las criaturas; he liberado al joven
Schetel, le he arrancado a todas las seducciones, le ha dado una
corona de esplendor y lo he colocado en un trono de gloria; he
hecho lo mismo con los hijos de Adán que he elevado hasta la
santa morada.
54. De esta forma la familia de la Vida fue confirmada.
55. En cuanto a los siete planetas, empezaron a perseguirles
de nuevo.
56. No obstante el ángel de la Vida, para dar firmeza a los
hombres contra sus impíos esfuerzos, para prevenirles contra su
seducción, les dijo:
57. Sed firmes, resistid valientemente; pues quien persevere
hasta el final llegará a la morada de gloria donde Adán, donde
Eva su esposa gozan de una felicidad sin fin.
58. Esta es la voluntad de la Vida. Por consiguiente, en cuanto
un alma haya abandonado su cuerpo, la luz brillará sobre todas
las frentes;
59. ¡desgraciado sea quien vierta una lágrima! pero quien se
haya alegrado será feliz! Todo lo que pida le será otorgado; ¡será
por el poder otro Adán!
60. Gloria a la Vida. Es pura así como su ángel, así como aquel
que la ama y que la obedece. Amén.
CAPITULO V

1. En nombre de la Vida soberana, en nombre del ángel de la


Vida, la criatura más excelente de todas.
2. Es el esplendor y la luz, está encargado de iluminar el alma
al salir de su cuerpo, de despojarla de su vestimenta de carne y
de sangre, de su grosera envoltura y de protegerla contra las
persecuciones y las opresiones del exterior.
3. El alma, en cuanto hubo salido del cuerpo, pasó por la
morada que habita Eón Sado: la misión de ese genio es flagelar
cruelmente a las almas culpables, golpearlas con vergas de fuego
y de hacerles sufrir los suplicios de las devoradoras llamas.
4. Al ver esos tormentos, el alma conmovida y llena de
espanto, se dirigió a la Vida soberana y exclamó:
5. ¿Esta es la vida que he amado? ¿Esta es la justicia que
buscaba mi corazón? ¿Esta es la misericordia que me animaba?
6. Entonces le contesté: No temas nada, oh alma, pero sube a
la morada de la luz.
7. ¿Por qué has invocado a la Vida soberana y muy elevada?
8. Toma el nombre y el signo sagrado que has extraído de la
límpida agua, de donde vienen los tesoros del esplendor del
Jordán y de la fuente de la luz.
9. Ante esas palabras, los malditos cayeron de rodillas y
exclamaron: Ve pues, alma bienaventurada, sube hacia la vida
soberana que te llama, pero acuérdate de nosotros en la morada
de la felicidad.
10. Entonces les hablaba en esos términos: ¿Quién osaría
hablar de vosotros ante la Vida soberana?
11. Sois potencias rebeldes y no vasallos sometidos; sois
dioses sublevados y no hombres. Son vuestras obras quienes
deben hablar de vosotros al Muy Alto.
12. Subo pues a la morada de la luz y los genios, mis hermanos
me precederán.
13. Sin embargo los interrogaba y les preguntaba cuál era esa
prisión de la que había salido y quién era el que allí vivía.
14. Los genios, mis hermanos, me respondieron: Esta prisión
es la de Nebaz, una de las potencias del cielo; de allí se han
extraído los crímenes de la tierra, de allí se han poblado los ricos
que solo piensan en engordarse en este mundo; los hombres que
aman las discordias; los maridos que abandonan a sus mujeres, y
las mujeres que abandonan a sus maridos; finalmente, todos
aquellos que protegen las obras de mentira y de iniquidad.
15. Están allí atormentados por un fuego devorador que no se
apaga jamás sufren allí hasta el día del juicio, hasta el día de la
liberación.
16. Atravieso esta prisión diciéndome a mi mismo: De ahora en
adelante evitaré esos encuentros que sólo producen en mi sen-
timientos de pena y de espanto.
17. Así pues, el alma se fue y continuando su recorrido llegó a
otra prisión, la morada de Eón Sado, otro vengador providencial
que castiga a los malvados, que los flagela con un látigo de
llamas y los quema con un fuego inextinguible.
18. Al ver esos suplicios, el alma conmovida, y llena de
espanto, dirigió sus miradas hacia la Vida soberana y exclamó:
19. ¿Es esta la Vida que he amado? ¿es esta la justicia que mi
corazón ha practicado? ¿es esta la misericordia que me ha
penetrado sin cesar?
20. Entonces le contesté: Tranquilízate, oh alma, pronto
llegarás a la morada de la luz.
21. ¿Por qué invocas de esta forma a la Vida soberana y muy
elevada?
22. Devuelve tu nombre, devuelve el signo sagrado que por el
bautizo has extraído del agua santa que viene de los tesoros del
esplendor de la Vida y de toda la luz.
23. Entonces el alma, abriendo su corazón, devolvió todo lo que
había tomado prestado, su nombre y su signo sagrado.
24. Y los malditos cayeron de rodillas y le dijeron: Ve pues a la
morada de toda la felicidad, pero cuando estés frente a frente con
la Vida eterna, piensa en nosotros.
25. Entonces les hablé en estos términos: ¿Quién osaría hablar
de vosotros a la Vida soberana? Sois potencias rebeldes y no
vasallos sumisos; sois dioses sublevados y no hombres. Son
vuestras obras quienes deben recomendaros.
26. No obstante, continuo mi viaje y los genios, mis hermanos
me preceden en el camino.
27. Y yo los interrogaba diciendo: ¿Qué prisión es esta y qué
genio vive en ella?
28. Me respondieron: Esta prisión pertenece a Nebu, el escriba
lleno de sabiduría.
29. Es él quien ha presidido este libro y quien ha pronunciado
con su propia boca las maldiciones contra los escribas infieles.
30. En efecto, en esta prisión es donde echan los escribas que
ven con sus ojos, que oyen con sus orejas, que saben en su
corazón y cuyas obras no están de acuerdo con su ciencia.
31. Allí están atormentados por el ardiente fuego hasta el día
del juicio, hasta la hora de su Iiberación.
32. No obstante, abandoné esa prisión y me dije: De ahora en
adelante evitaré tales espectáculos que sólo producen en mi
dolorosos y penosos sentimientos.
33. Así pues el alma partió para visitar otros lugares. Llegó a la
prisión ocupada por el Eón Sado, otro vengador celeste que
castiga a los malvados, los flagela con un látigo de llamas y los
quema con un fuego inextinguible.
34. Al ver esos suplicios, el alma se detuvo conmovida,
horrorizada, dirigió la mirada hacia la Vida soberana y exclamó:
¿Es esta la Vida que he amado? ¿es esta la justicia que he
practicado? ¿Es esta la misericordia que me ha penetrado sin
cesar?
35. Pero yo le respondí: Calma tu agitación, pronto llegarás a la
morada de la luz. ¿Por qué invocas a la Vida soberana y muy
elevada?
36. Devuelve el nombre, devuelve el signo sagrado que has
recibido en el santo bautismo, y que vienen de los tesoros del
esplendor, de la fuente de toda luz.
37. En efecto, el alma devolvió lo que había tomado prestado,
un nombre y un signo e inmediatamente los malditos cayeron de
rodillas y dijeron:
38. Vete pues, oh alma bienaventurada, sube a la morada de la
luz, pero piensa en nosotros cuando estés frente a la Vida
soberana.
39. Pero yo les contesté ¿Quién osaría hablar de vosotros
delante de la Vida? ¡Sois potencias rebeldes y no sumisos
vasallos, sois dioses sublevados y no hombres! ¡Son vuestras
obras quienes deben recomendaros!
40. No obstante, continué mi camino, siempre precedido por los
genios, mis hermanos. Sin embargo, les pregunté lo qué era esa
prisión y quién era el genio que la habitaba.
41. Me respondieron: Esta prisión pertenece a las siete formas
que Fetahil ha creado, que están vestidas de rosa, coronadas de
impudicia y cuyos brazos desnudos están siempre preparados
para el crimen, y el corazón a la fornicación.
42. Añadí: En esta prisión, creación de Fetahil, ¿Quién se halla
encerrado? Son, me contestaron, mis hermanos, los que
pertenecen a Famur, los veintiocho inmoladores que traen los
filtros en mitad de los festines quienes sentados alrededor de su
víctima chupan su espumosa sangre;
43. son los adivinos, los envenenadores y las envenenadoras,
los adúlteros y todos los que se apoderan del bien ajeno; son los
que abren las puertas que ellos no han cerrado, los que rompen
el sello que ellos no han colocado, los que toman lo que no han
hecho, los que venden lo no les pertenece, los que matan a sus
propios hijos y conservan a los hijos de los demás; son todos los
que caminan en las tinieblas y cometen iniquidad.
44. Están atormentados por un fuego devorador hasta el día del
juicio, hasta la hora de la liberación.
45. Abandoné pues esa prisión mientras me decía: De ahora en
adelante evitaré ese espectáculo que sólo produce a mí
entristecida alma duelo y desolación.
46. El alma partió pues para explorar los lugares sometidos a
Sado. Allí también son atormentadas las almas de los malvados
que expían sus crímenes en los ardores de una ardiente hoguera.
47. Al ver esos suplicios ininterrumpidos, el alma sobrecogida
de espanto y de dolor, se dirigió hacia la Vida y exclamó: ¿Es
esta la vida que he amado? ¿Es esta la justicia que he
practicado? ¿Es esta la misericordia que me ha penetrado sin
cesar?
48. Pero yo le respondí: Cálmate, oh alma, pronto llegarás a la
morada de la luz. ¿Por qué invocas a la Vida soberana, eterna?
Devuelve el nombre, devuelve el signo sagrado que has recibido
del agua santa en el bautismo y que vienen de los tesoros del
esplendor, de la frente misma de la luz.
49. En efecto, el alma devolvió el nombre y el signo sagrado
que le habían sido dados, y los malditos inclinándose hasta tocar
el polvo con la frente, exclamaron:
50. Ve pues, oh alma bienaventurada, sube a la morada de la
luz; pero cuando estés frente a la Vida soberana ¡piensa en
nosotros!
51. Pero yo les contesté: ¿Quién osaría hablar de vosotros a la
Vida soberana? Sois potencias rebeldes y no sumisos vasallos;
sois reyes sublevados, no hombres: ¡son vuestras obras quienes
deben recomendaros!
52. y continué mi camino, precedido por los genios, mis
hermanos.
53. No obstante, les pregunté lo que era esa prisión y quienes
eran los que allí estaban encerrados. Me contestaron:
54. Esta prisión es para aquellos que devuelven menos de lo
que han recibido y que prestan con usura; allí están atormentados
por un fuego que no se apaga jamás.
55. Abandoné esos lugares de desolación diciéndome De ahora
en adelante evitaré un espectáculo tal que solo produce en mi
alma sentimientos de dolor y de espanto.
56. Así pues, el alma partió para explorar los lugares sometidos
a Sado, otra prisión donde los malvados son castigados en medio
de una ardiente hoguera.
57. Al ver esos suplicios el alma sobrecogida de espanto y de
dolor, se dirigió hacia la Vida y exclamó: ¿Es esta la vida que he
amado? ¿ese esta la justicia que he practicado? ¿es esta la
misericordia que me ha penetrado? Pero yo le respondí;
58. Cálmate, oh alma, llegarás a la morada de la luz. ¿Porqué
invocas a la Vida soberana, eterna? Devuelve el nombre,
devuelve el signo sagrado que has recibido por el bautismo en el
agua sagrada, y que vienen de los tesoros del esplendor, de la
fuente misma de la luz.
59. Y en efecto, el alma devolvió el nombre y el signo sagrado
que había recibido, y, de repente, los malditos, arrodillándose
hasta tocar el polvo con sus frentes, exclamaron:
60. Ve pues, oh alma bienaventurada, sube a la morada de la
luz, pero al menos cuando estés frente a la Vida soberana,
piensa, piensa en nosotros.
61. Entonces, yo le, contesté: ¿Quién osaría hablar de vosotros
a la Vida soberana? sois potencias rebeldes y no sumisos
vasallos: sois dioses sublevados y no hombres. ¡Son vuestras
obras quienes deben recomendaros!
62. y me alejé de esos lugares de desolación, precedido por los
genios, mis hermanos, diciéndoles: ¿Cuál es esta prisión y
quiénes están allí encerrados?
63. Me contestaron: Es la prisión de los sectarios del Mesías,
hijo del falso espíritu que se ha hecho pasar por Dios a los ojos
de los Nazarenos.
64. También están encerradas allí las cortesanas, las mujeres
jóvenes y las vírgenes, los solteros de ambos sexos, los hombres
que no han buscado a las mujeres, las mujeres que no han
querido marido, aquellos que no han matado a sus hijos, es
cierto, pero que por un fraude impío y sacrílego, matan el germen
de la vida en la misma morada de la vida.
65. Todos son atormentados sin descanso hasta el día del
juicio, hasta la hora de la liberación.
66. Abandoné esos lugares con el alma consternada y
diciéndome a mí mismo:
67. De ahora en adelante evitaré estos aflictivos espectáculos
que sólo producen en mi corazón, sentimientos de espanto y de
dolor.
68. Continué pues mi camino para ir a explorar los lugares
sometidos a Sado, otra prisión donde las almas de los malvados
son castigadas por las llamas de una ardiente hoguera.
69. Al ver esos atroces tormentos, el alma se sobrecogió de
espanto y de pena; se dirigió a la Vida soberana, eterna y
exclamó: ¿Es esta la vida que he amado? ¿Es esta la justicia que
he practicado? ¿es esta la misericordia que me ha penetrado sin
cesar?
70. pero yo le contesté: Cálmate, oh alma, pronto llegarás a la
morada de la luz. ¿Por qué invocas a la Vida soberana, eterna?
71. Devuelve el nombre, devuelve el signo sagrado que has
recibido por el bautismo en el agua sagrada y que vienen de los
tesoros del esplendor y de la misma fuente de la Vida.
72. Y en efecto, el alma devolvió el nombre y el signo sagrado
y, de repente, los condenados se arrodillaron hasta tocar el polvo
con la frente y exclamaron:
73. Vete pues, oh alma bienaventurada, sube a la morada de la
luz. Pero cuando estés frente a frente con la Vida soberana,
piensa, piensa en nosotros!
74. Entonces yo les dije: ¿Quién osaría hablar de vosotros a la
Vida soberana? sois potencias rebeldes, y no sumisos vasallos;
sois dioses sublevados y no hombres, ¡son vuestras obras quie-
nes deben recomendaros!
75. Entonces abandoné esa morada de iniquidades, precedido
por los genios, mis hermanos.
76. No obstante, les pregunté cuál era esa prisión y quiénes
eran los que allí estaban encerrados,
77. Me contestaron: Esta prisión pertenece a Avat, el espíritu
impúdico. Allí están encerrados los que alimentan las almas de
iniquidades, los que extienden oraciones de mentira, que no co-
men pan cuando tienen hambre, que no beben agua cuando
tienen sed, que, sentados en el luto y en las lágrimas, se afeitan
la cabeza y no saludan a los que les saludan. Todos están
atormentados por el fuego hasta el día del juicio, hasta la hora de
la liberación.
78. Abandoné esa morada de desolación diciéndome a mí
mismo: evitaré esos aflictivos espectáculos que invaden de
espanto y de dolor el alma.
79. El alma continuó pues su camino para explorar los lugares
sometidos al imperio de Sado, lugar de tormentos donde son
castigadas las almas de los malvados, en los ardores de una
ardiente hoguera.
80. Al ver esos suplicios, el alma sobrecogida de espanto se
dirigió hacia el lado de la vida y exclamó: ¿Es esta la vida que he
amado? ¿es esta la justicia que he practicado? ¿es esta la
misericordia que me ha penetrado sin cesar?
81. Entonces le dije: Tranquilízate, llegarás pronto a la morada
de la luz. ¿Por qué invocas a la Vida soberana, eterna?
82. Devuelve el nombre, devuelve el signo sagrado que has
recibido por el bautismo del agua santa, que vienen de los
tesoros del esplendor, de la fuente misma de la luz.
83. En efecto, el alma devolvió ese nombre y ese signo sagrado
y de repente los malditos prosternándose hasta tocar el polvo con
la frente, exclamaron
84. Vete pues, alma bienaventurada, sube a la morada de la
luz, piensa, piensa en nosotros.
85. Entonces yo les dije: ¿Quién osaría hablar de vosotros a la
Vida soberana? Sois potencias nuevas y no vasallos sumisos:
sois dioses sublevados y no hombres. ¡Son vuestras obras
quienes deben recomendarosl
86. Y abandoné esos lugares de desolación, precedido por los
genios, mis hermanos, y les interrogué diciéndoles: ¿Cuál es esta
prisión, quiénes son los que allí están encerrados?
87. Me respondieron: Aquí están encerrados primero Fetahil,
luego los príncipes malditos, los tiranos de los pueblos, todos
aquellos que sentados sobre un trono gobiernan con una verga
de hierro,
88. los que extienden la sangre de los desgraciados, absuelven
a los culpables, condenan a los inocentes, venden la justicia,
pervierten el derecho, ordenan lo que no han visto, utilizan falsos
testigos y son las plagas de sus pueblos. Están allí atormentados
hasta el día del juicio hasta la hora de la liberación.
89. Abandoné esos lugares de desolación diciéndome a mí
mismo: De ahora en adelante evitaré este aflictivo espectáculo
que sólo hace nacer en mi corazón sentimientos de espanto y de
tristeza.
90. Reanudé pues mi camino y llegué a los lugares donde reina
Abatur, el mayor, el más misterioso de todos los genios,
desconocido incluso para mis hermanos.
91. in embargo les pregunté que cuáles eran esos lugares y
quienes moraban allí. Me contestaron: Esta prisión es el dominio
de Abatur, el primogénito, el mayor y el más misterioso de los
genios.
92. Es él quién pesa las obras de los hombres, quien pesa tanto
su recompensa como su castigo; y cuando el bien vence al mal,
es él quien envía el alma a la morada de la vida; como la envía a
la morada de las tinieblas cuando el mal vence al bien.
93. Le pregunté también qué quiénes eran los que se hallaban
en la prisión de Abatur. Me contestaron: Son los Nazarenos, pero
no lo verdaderos Nazarenos: son los que no han asistido
asiduamente a la oración pública el día del sol, los que no se han
sometido a la autoridad, los que no han anunciado la buena
nueva, los que no han realizado buenas obras, los que han
negado la limosna a los pobres, no han abierto sus puertas a los
desgraciados y por una embustera hipocresía han querido
hacerse pasar por Nazarenos.
94. Entonces el alma se detuvo sobrecogida por la sorpresa y
mirando a su alrededor vio a Aïar Gufao bar Farïures Gufao,
genio de las aguas, fundamento de las almas, la madre de los
genios, viña eterna cuyas ramas son otros tantos rayos de luz,
cuyas almas forman las hojas.
95. Y luego el magnifico espectáculo de la morada eterna tuvo
lugar ante ella.
96. Entonces tomando al alma por la mano y dándole el beso
de la paz, la introdujo ante la Vida y la colocó sobre el trono que
le habían preparado. De esta forma vuelve a la Vida lo que
pertenece a la Vida, cómo a las tinieblas lo que pertenece a las
tinieblas. La Vida es para los que la conocen, los que cooperan
en ella y la aman. La Vida es pura en todas sus obras. Amén.
CAPITULO VI

1. En nombre de la Vida, soberana. La sabiduría, la paz y la


remisión de los pecados estén en el alma de Adán luhren, bar
Schurat, en mi esposa Mudalal fat Sharat, en mis hijos Simat,
Adam, Bebran,, Adam Zahnm y Sam, en los hijos de Mudajal, en
mi padre Iahia Baktiar bar Anhar Iasmin y en mi madre Scharat,
en las almas de mi padre y mi madre, de mis hermanos y
hermanas, tanto los que están vivos como los que están muertos.
2. Oh dulce Eón, oh Eón fuerte y fortifícador, oh Eón que
posees la balanza eterna, reúnenos todos contigo. Amén.
CAPITULO VII

1. En nombre de la vida, en nombre de la luz. Soy el Eón de la


Vida soberana, soy el Eón de la Vida muy elevada y muy grande.
2. ¿Quién me ha instalado en la tierra, quién me ha elevado
en medio de este mundo? ¿Quién me ha encerrado en un cuerpo
incluso los pies y las manos? ¿Dónde puedo ir así?
3. ¡Por que me han sacado del lugar donde estaba para
hacerme habitar en ese cuerpo incompleto?
4. De esta forma mis pies, esos pies brillantes están
escondidos en eso cuerpo, mi boca pura y radiante se ha
convertido en la boca de un cadáver mis ojos, donde respiraban
la luz y la vida, sólo son ya los ojos de un montón de barro;
5. mi corazón, apasionado por la vida, anima una vasija
perecedera, y mi inteligencia se ha oscurecido.
6. Tengo yo, el genio sublime, tengo que obedecer a las
órdenes de mi esclavo; ¡tengo que seguir su camino!
7. Pero sobre esta vía, ¿los siete planetas me permitirán
andar? ¿Cómo oír, cómo avanzar, cómo consolar mi desolado
corazón?
8. ¡Oh, cuántos peligros me acechan! ¡Cuántas misteriosas
emboscadas van los siete planetas y las doce estrellas a tender
en contra mía!
9. ¿Qué puedo hacer, contestar? ¿Cómo puedo recibir el
consejo de mi padre estando en medio de las tinieblas?
10. Así hablaba el Eón y su voz subió a la morada de la luz.
11. El ángel de la Vida oyó esa voz y de repente envió a él al
liberador, diciéndole: Ve, oh padre liberador, preséntate ante el
eón al que los réprobos desprecian y al verte brillará con un
nuevo esplendor.
12. En efecto, el liberador, velando su esplendor, se presentó al
Eón, hijo de los poderosos. Y mostrándose a él en todo su
esplendor lanzó un grito que le devolvió el valor.
13. Consuélate, Eón, consuélate; he venido a ti para no volverte
a abandonar. Pues tu voz ha subido hacia la morada de la luz y
me han enviado hacia ti.
14. Levántate pues, sal de ese tronco deforme donde te ha
encerrado el Eón, de ese cuerpo en el que has crecido y que no
tiene ni pies ni manos.
15. Levántate, sube al lugar de tu primitiva morada, a la morada
afortunada de los genios Vive entre esos genios tus hermanos y
vierte tus maldiciones sobre el mundo donde has vivido.
16. Tu esplendor será tu salvaguardia. Te precederá en la vía
de la vida y te establecerá sobre un trono inquebrantable en el
reino de la luz.
17. En cuánto a las siete estrellas que te han perseguido, no
tendrán felicidad alguna. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO VIII

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la vida muy grande y


muy elevada.
2. ¿Quién me ha arrojado en medio de los misterios y de los
símbolos? ¿Quién me ha colocado en medio de las
imperfecciones y de los vicios? ¿Quién me ha arrojado al fondo
de este abismo? ¿Quién me ha puesto sobre esta tierra profana
cuyas montañas tienen que ser destruidas, cuyos poderes deben
ser confundidos?
3. Así hablaba el Eón cuando su compañero vino a él, le dio
fuerzas y le dijo: ¿A qué vienen esas preguntas sobre el mundo
en el que vives? ¿No sabes, oh Eón, que solo sucede lo que tu
has decidido?
4. Escucha, pronto abandonarás esa morada de paso; pronto
subirás a sentarte en medio de nosotros.
5. Al decir estas palabras, el compañero, el ángel guardián
fortaleció la obra del Eón quien, a partir de entonces, ya no presto
atención ni a los réprobos ni al mundo perecedero en cuyo centro
se encontraba.
6. Pronto abandonó ese mundo donde había conocido las
privaciones y la miseria y al igual que la paloma se fue volando
hacia su verdadera patria donde, como premio a sus trabajos, fue
colocada sobre un trono de luz y de felicidad Entonces, invadido
por un entusiasmo santo, exclamó:
7. ¡Que bella es la palabra de mi padre! ¡Que admirable es la
voz de la vida! ¡Huid, huid, planetas seductores y corruptores! ¡El
destino de esta tierra maldita es el destino que os guarda!
¡Vuestra morada perecerá, pero yo reinaré con mi padre! ¡Gloria a
la Vida! Amén.
70.
CAPITULO IX

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha arrojado en medio de los combates de este
mundo? ¿Quién me ha colocado en medio de estas espesas
tinieblas? ¿Por qué han desarrollado ante mis ojos, o el
espectáculo de un fuego ardiente e inextinguible o el de un agua
profunda donde se forman los corruptores y los malvados?
3. Finalmente, ¿por que me han sumergido en este abismo sin
fondo cuya vista me ha causado vértigo y me ha hecho olvidar lo
que yo era y me ha vuelto sordo a las voces paternales?
4. Mientras el Eón se hablaba así mismo de esta forma el
Reparador se presentó a él y le dijo: No te han arrojado en medio
de los combates porque tu corazón se trastorna, ni en medio de
las tinieblas porque tus ojos son ciegos;
5. y si te han hecho ver ora un fuego devorador, ora un agua
profunda, no es para que tú mismo te olvides.
6. Todas esas cosas son indignas de ti: ¿podrían tener alguna
influencia sobre ti? Tú, el hijo de la Vida: ¿te dejarías cautivar por
lo que no tiene ni vida ni belleza? Tú, el hijo de la luz, ¿podrías
amar a las tinieblas?
7. Que tu corazón se calme, que tu alma se consuele. Eres un
arquitecto en este mundo; debes contemplar sin gozar, ni poseer.
8. Pronto vendremos a ti, pronto te arrancaremos de este lugar
de destierro, para conducirte a un palacio resplandeciente.
9. Entonces el Eón, consolado, se dejó llevar por sus impulsos
de agradecimiento y de alegría; exclamó: ¿Por qué no cantaría
las alabanzas de la Vida? ¿Por qué no publicaría los buiones (?)
de mis padres?
10. Ellos son quienes me han sostenido y protegido durante mi
exilio en la tierra cuando llegó el término de mi existencia, son
ellos quienes me han enviado el genio liberador quien, con su
poderosa mano, me han elevado hasta la morada de la Vida.
11. He olvidado el día del exilio y las generaciones caducas de
este bajo mundo, gozo de una felicidad sin límites y mi
agradecimiento no tendrá fin.
12. Que la Vida soberana sea bendecida. La vida es pura.
Amén.
CAPITULO X

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy grande y


muy elevada.
2. ¿Quién me ha sacado del tesoro donde vivía? ¿Quién me
ha arrojado en medio de los seres mortales?
3. Los malvados se han levantado contra mí; encolerizados,
han exclamado: ¡Retengamos al prisionero entre nosotros y que
se humille ante nosotros!
4. Entonces el Eón dijo: ¡Quisieran separarme de mi padre!
5. Cuando estaba pronunciando estas palabras, el liberador se
presentó ante él y dijo: oh Eón, no estés inquieto y que tu alma no
se deje invadir por sentimientos de temor y de dolor;
6. los malvados no serán superiores a ti, no podrán retenerte
con ellos en contra de tus deseos, pues la virtud de tu padre,
pues el mismo valor de tus hermanos estarán siempre contigo.
7. Al oír estas palabras, el Eón se tranquilizó y ya no temió las
maquinaciones de los malvados en contra suya.
8. Y rindiendo homenaje a Nebo, se preparó a entonar un
himno de alabanza.
9. Entonces su bienamado liberador se presentó otra vez ante
él, pero esta vez para sacarle de este mundo de miseria y de
lágrimas, y le dijo: Levántate Eón ven conmigo, vuelve a la
morada de la luz, tu Patria;
10. reviste esta forma admirable que no conoce ni las
imperfecciones ni el declive, de esta forma que es la forma de los
mismos genios.
11. La Vida recibió al liberador y le hizo sentar sobre el trono
que le estaba preparado. La Vida es pura Amén.
CAPITULO XI

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande; el hijo del esplendor y de la gloria.
2. ¿Por qué me han despojado del esplendor nata!? ¿Por qué
me han aprisionado en un cuerpo, un cuerpo frágil y perecedero
que debemos abandonar cuando lo hemos usado una vez?
3. ¡Oh, qué penoso me resulta este veneno! En el fondo de mi
mazmorra, ya no puedo ver la Vida!
4. Mientras el Eón exhalaba así sus quejas. el liberador vino a
él y le dijo: Tranquilízate; mientras estés encerrado en esta prisión
corporal, estaremos contigo y un día te elevaremos a tu
verdadero rango y te estableceremos en el trono de gloria que te
está preparado.
5. Pero para eso es necesario que tu tiempo se realice.
Entonces vendré a ti y te sacaré de este mundo.
6. Por lo tanto no te mezcles con los malvados, ten miedo de
su compañía; huye de sus confabulaciones; su poder no durará
mucho; pronto perecerán sin merced.
7. En cuanto a ti, eres mi propia forma, esa excelente forma
que me han dado los Señores.
8. Ahora bien, bajo esta forma te salvaré Así pues, abandona
tus ropas de paso pues los que han tramado maquinaciones en
contra tuya perecerán.
9. pero para ti la felicidad no tendrá limites, vivirás para
siempre en la morada de tus padres.
10. La Vida es pura en todas sus obras. Amén.
CAPITULO XII

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande;
2. Gozo de la misma felicidad que mi padre; brillo con su
esplendor.
3. Y no obstante, como si hubiera despreciado esa felicidad,
como si hubiera desdeñado ese esplendor he sido rechazado: me
han echado de la morada paterna y arrojado sobre la tierra.
4. ¡Qué desgracia! el cuerpo que me han dado caerá ante el
menor golpe; los malvados van a declararme la guerra; mi vida
será una vida de luchas.
5. Inducidos por las pérfidas sugerencias de los siete planetas,
los impíos se levantarán en contra mía.
6. ¿Podré resistir? ¿Puedo abandonar este mundo, volver a la
morada de mis padres, iluminarme otra vez con su esplendor,
alegrarme de su felicidad e inspirarme con los mismos tesoros?
7. Mientras el Eón hablaba así, el liberador vino a él y le dio:
Así pues, estás pidiendo el volver a participar en la felicidad de tu
padre, iluminarte con su luz.
8. Pides gozar otra vez de sus tesoros, de esos infinitos
tesoros de su infinita sabiduría;
9. soporta con paciencia los males de este mundo; combate
valientemente en los combates del Señor hasta que llegue tu
hora.
10. Entonces vendré a ti en una gloria y una luz infinitas.
11. Y en efecto, soporté pacientemente las pruebas de este
mundo; y cuando llegó el término de mi existencia, el liberador
vino a mí;
12. me arrancó de las trampas de los siete planetas; me
estableció en la morada de los pacíficos.
13. Fue entonces cuando empecé a participar en la felicidad y
el esplendor de mi padre, gocé con sus infinitos tesoros, participé
en su sabiduría.
14. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO XIII

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha sumido en esta infinita tristeza de los ángeles
malos cuyo olor es fétido y cuya forma abominable? ¿Quién me
ha arrojado en medio de estos genios del mal?
3. ¿Así pues es necesario que crezca en un ambiente que
detesto, entre seres cuyas obras aborrezco? ¿Debo tomar su
forma, vivir en su morada?
4. Mientras hablaba así el liberador vino a él y le dijo: Sí, el
olor de estos ángeles es detestable y ese olor, como tampoco su
forma no puede ser el tuyo.
5. Pero tú has escuchado mi voz, has oído mis palabras, ¡no
perecerás! Vengo a traerte una buena noticia.
6. Soporta pacientemente las miserias de este mundo. Esos
ángeles de las tinieblas que hoy te hacen enrojecer, enrojecerán
a su vez de confusión eterna.
7. Tu eres mi forma, por lo tanto, sé inocente como yo lo soy.
Que tus miradas estén siempre inclinadas hacia la patria celeste.
8. Estaremos contigo y nuestra luz iluminará tus pasos
9. Ante esas palabras, el Eón se deshizo en acciones de
gracias y exclamó: Oh liberador mío, he soportado las pruebas
de este mundo tanto tiempo como tú lo has deseado.
10. Las seguiré soportando si esa es tu voluntad. Pero también
espero que en tu sabiduría me envíes a aquel que debe
arrancarme de este diabólico ambiente de esos ángeles del mal
cuya forma es detestable.
11. En efecto, mi liberador ha llegado; me ha sacado de mi
prisión corporal y me ha conducido a la morada de la luz donde
me ha sentado sobre un trono de gloria y de felicidad.
12. Gloria a la Vida, gloria a aquel que ha venido a nosotros.
Amén.
CAPITULO XIV

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. He ido a encontrarme con las criaturas de este mundo; pero
ninguna me ha reconocido; ninguna ha tenido confianza en mi
hasta que tomé un cuerpo material, hasta que, convertido en
hombre, me mantuve sobre mis pies.
3. Pero ese Adán, en cuanto hubo visto el día, maldijo a su
Creador; blasfemó de su obra, obra que no estuvo completa
hasta que otro mundo fue creado para él.
4. Ahora bien, ese mundo estaba, como su Creador, lleno de
fuego y de vida; pero todavía no en perfecto.
5. Era necesario, para llevarlo a su estado de plenitud, la
creación de un cuerpo de apariencia engañosa, de efímera
existencia.
6. Para eso, me echaron lejos de mis hermanos, me arrojaron
a ese cuerpo de barro, a esa perecedera prisión.
7. ¿Cuándo podré salir de allí? ¿Cuándo la veré destruida?
¿Cuándo triunfará sobre sus ruinas?
8. Entonces subirá a la morada de la luz, mí patria natural;
entonces los siete planetas caerán, su poder será aniquilado para
siempre.
9. Mientras el Eón hablaba así, el liberador acompañado de
sus hermanos, vino a él y le dijo: Levántate Eón, abandona este
mundo, la causa de tus quejas y de tu tristeza, y que un profundo
sueño se apodere de esas tenebrosas potencias que han pesado
sobre tu existencia.
10. Levántate, digo, reviste un abundante esplendor, rodéate de
luz, ciñe la corona que consuela para siempre las angustias de
los afligidos.
11. No obstante, al verme subir a la morada de la vida, los
siete planetas, sumidos en el luto, comieron el pan del dolor y
fueron como encadenados por el abatimiento y el dolor.
12. En cuanto al Eón, nada más llegar a la morada de gloria,
olvidó el dolor y las lágrimas y liberado de todos sus temores
gozó de una felicidad inalterable.
13. Gloria a la Vida autora de esta felicidad. Amén.
CAPITULO XV

1. Soy el Eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Me decía a mí mismo: ¿Por qué ha sido cambiada mi forma
primitiva? ¡Ah, que me dejen volver a la morada de paz a la que
aspira mi corazón!
3. Que me devuelvan las reuniones celestes y las
conversaciones santas y las oraciones llenas de efusión de los
pacíficos;
4. que me iluminen con la luz de arriba y que finalmente sea
despojado de esta envoltura de oprobio.
5. ¿Cuánto tiempo estaré todavía ligado a ese cuerpo de
barro? ¿Cuándo vendrá a mí mi liberador? ¿Cuándo bajará sus
misericordiosos ojos hacia mi?
6. Mientras el Eón hablaba así, el liberador vino hacia él y le
dijo: Tu esplendor es el de la Vida, esplendor deslumbrante y
radiante.
7. ¿Por qué deseas otra luz que sólo puede tener el efecto de
disminuir la tuya?
8. No, nada es tan horrible como aquellos cuyo corazón está
lleno de vicios.
9. Entonces el eón con su boca pura y suave le respondió: Ay!
también yo soportaba una gran penuria, pero me has devuelto la
abundancia, me has inundado de luz, de fuerza y de valor.
10. Por tu gracia, por tu virtud que me has comunicado, por los
rayos de esperanza con los que me has iluminado, he dejado de
preocuparme por las horas y los minutos que todavía tengo que
vivir en este mundo, por la multitud que me rodea y por los siete
planetas.
11. Mi liberador ha llegado, me ha sacado de este cuerpo de
muerte para cubrirme de esplendor y de gloria y me ha colocado
sobre el trono reservado a los que han conseguido la victoria.
12. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XVI

1. Soy el eón de la Vida soberana de la vida muy alta y muy


grande, lleno de la doctrina de mi padre.
2. Pues tu eres, ¡oh padre mío! quien has sido mi maestro,
eres tu quien ha sido mi liberador.
3. Luego el eón añadió: ¿Dime por qué me has enviado a este
mundo?
4. Su padre le respondió: Te envío a un mundo que los hijos
de la paz han llamado a la existencia.
5. El hijo continuó: Si me envías a este mundo, dime qué
genio lo ha creado y entonces soportaré todo el mal que allí
encontraré.
6. Oh padre mío, el eón Fetahil ha descendido; y al ver el mal,
un profundo suspiro arrancó de su corazón. Gimió al verse
desposeído de su aureola de gloria, y lejos de venir a mí
apresuradamente, no se dignó ni mirarme ni hablarme.
7. ¡Cuánto dolor, cuánta angustia ha experimentado mi
corazón!
8. Pero lo que más amargo me ha resultado es el no haber
recibido ni consuelo ni consejo de mi padre.
9. ¡Oh padre mío! qué por fin te complazca enviarme un
compañero que me ilumine, que me ayude, que me haga llegar a
mi primitiva morada.
10. Mi padre respondió: Aunque conocieras al creador de este
mundo, no obtendrías lo que deseas.
11. Ante esas palabras, el eón dijo a sí mismo: Según lo que
dice mi padre, veo que tengo que permanecer en la prisión de mi
cuerpo hasta que él quiera sacarme de allí.
12. Pero cuando mi padre lo consienta, vendrá el liberador y
estaré salvado.
13. Pues sólo con asco soporto vuestra impura compañía, ¡oh
criaturas de este mundo! Vuestra compañía me cansa, vuestros
discursos me horrorizan, vuestros corazones son detestables ante
mis ojos.
14. Sólo me quedo con vosotros porque esa es la voluntad de
mi padre.
15. Finalmente, ha atendido mis ruegos. Ha enviado hacia mi
un compañero;
16. mis ojos se han abierto y han visto la luz; y mí boca ha
bendecido a ese genio sin mácula diciendo: Si alguna vez he
pecado contra ti, déjame en mi prisión carnal.
17. El me respondió: Cállate y consuélate oh hijo de los
grandes, que tu corazón no pierda la paz.
18. El eón respondió: No he faltado a ninguno de mis deberes;
¿cual será mi recompensa?
19. Entonces su compañero sacó al eón de su cuerpo, le dio la
ciencia de la vida, la paz eterna y la salvación y lo estableció en la
morada de esplendor y de gloria reservada para los pacíficos.
20. Gloria a la Vida que es pura, gloria a aquel que ha venido
hasta: nosotros Amén.
CAPITULO XVII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy grande y


muy alta.
2. ¿Quién me ha cubierto con esas ropas corporales?
¿Cuánto tiempo deberé quedarme en esta oscura prisión, en esa
morada de la imperfección y del vicio, yo que carezco de vicio e
imperfección?
3. No obstante, aquel me ha enviado a este mundo me ha
iluminado; con los rayos de su luz, he soportado con más
paciencia este destierro lejos de la patria:
4. y mi padre no ha podido decir: Este eón ha olvidado lo que
se le había encomendado; este eón ha perdido su estado de
inocencia.
5. No obstante, gracias a su padre, el eón obtuvo finalmente lo
que había pedido.
6. Me sacó de este mundo como se desenvaina una espada y
a partir de ese momento ya no me abandono más.
7. Pues sabía, mi bondadoso padre, que mi corazón era puro
y que en mí no había ni vicio ni imperfección.
8. Así pues, me sacó de la morada de las mentiras y de los
fraudes, y me estableció en la morada de la Vida, en medio de
tronos y de dominaciones que celebraban mis alabanzas
diciéndome: ¡Gloria a ti, oh eón, que has conservado pura la
gloria de tu padre!
9. Has sido salvado por su gracia, y su bondad llena de justicia
te ha establecido entre nosotros, Sí, eres digno de tal honor.
10. ¡La Vida es pura y adorable! Amén.
CAPITULO XVIII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Los malvados han venido a este universo; han construido
allí su morada y la han habitado; y ninguno de ellos me ha
reconocido y ninguno de ellos ha sido encontrado justo
3. ¡Oh señor! ¡Oh rey de la luz! Que te complazca enviarme un
ángel protector que me levante si me caigo, que me sostenga si
vacilo; que me defienda contra los esfuerzos de los siete
planetas.
4. Mientras el eón hablaba así, el liberador vino a él con la
misión de sostener su debilidad, de curar sus enfermedades, de
consolar sus dolores, de preparar sus vías.
5. Le dijo, mostrándole el camino: Ven, ven ¡oh eón! toma el
camino que te muestro que es el camino de la vida.
6. Vengo a liberarte de este mundo de tinieblas para colocarte
sobre un trono de gloria y felicidad.
7. Pues, aunque has soportado la persecución de este mundo,
tus pecados serán perdonados.
8. Así pues, vuelve para nosotros, Señor, vuelve y que tu
rostro nos recree como ha recreado a los genios sublimes de la
luz. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XIX

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha conducido a este lugar de tinieblas? ¿Quién
me ha conducido a esta morada de los rebeldes?
3. ¿Por qué, cuando a mi corazón le repugna, debo sufrir
persecución de los malvados? ¿Deberé vivir todavía mucho
tiempo con los leones y las serpientes voraces?
4. ¿Deberé vivir con los hijos de la iniquidad que habiéndose
despojado de todos los temores dicen audazmente: Aquel que
deberíamos temer, lo haremos temblar y lo someteremos a
nuestro imperio?
5. Pero el eón dijo a los siete planetas: ¡Vanos esfuerzos! La
virtud de mi padre, vuestro Señor, está conmigo; vuestros golpes
no llegarán hasta mi. No, no os temo y mi brazo acabará
reduciéndoos.
6. Mi felicidad es mayor que la vuestra, mis palabras más
sublimes, mis tesoros son más ricos.
7. Entonces los siete planetas, aterrorizados, se cubrieron la
cabeza de polvo, desgarraron sus vestiduras y exclamaron:
Echemos, echemos lejos de nosotros a este eón.
8. Mientras hablaban así, una voz se dejó oír desde arriba y
con aduladoras alabanzas excitó y soliviantó al genio.
9. Este se levantó furioso contra sus adversarios y les hizo
hirientes reproches.
10. Inmediatamente los malvados se desvanecieron ante mi
presencia pues la luz les hace huir a las tinieblas y la verdad
acalla la mentira.
11. No, esa verdad no iluminará el corazón de los pecadores; la
persecución que han hecho sufrir a los buenos llegará a su fin,
pero ¡su castigo no lo tendrá!
12. No obstante, los siete planetas todavía no habían sido
completamente rechazados cuando mi liberador llegó y les habló
severamente.
13. Pues todo ha sido perfectamente ordenado por las
potencias celestes; y la recompensa fue ligada por ellas a la virtud
y a la paciencia.
14. Ahora bien, el eón había sufrido pacientemente
persecuciones de todo tipo.
15. Por lo tanto el liberador vino a liberarle diciendo: ¡Ven, ven,
oh eón! quiero introducirte en la morada de los grandes, en el
palacio de las potencias;
16. ven a contar a los señores lo que te han hecho sufrir los
siete planetas.
17. En efectos, el eón abandonó sin añoranza el lugar de su
destierro, se presentó ante el trono de los señores y, en su
presencia les contó todo lo que le habían hecho soportar los siete
planetas.
18. Les dijo: Sabéis que esos ángeles de las tinieblas han
querido someterme a su poder, pero mi liberador ha llegado; me
ha instruido, iluminado, salvado, y he llegado ante vosotros.
19. Los señores le respondieron; El poder que has tenido para
vencer a tus enemigos es el premio a la paciencia; gracias a ella
has sido liberado para siempre de los siete planetas.
20. Y me colmaron de amistad y de honores.
21. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XX

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Soy el que mis hermanos han elegido para enviar a este
mundo, a esa morada mortal, en medio de una devastadora
desolación.
3. Al ver a ese eón, los siete planetas abrieron sus bocas de
iniquidad y de sus labios escaparon abominaciones como aguas
del mar Eritreo.
4. En cuanto a mi, no puedo dejar de sentir una profunda
tristeza al sentirme privado de mi liberador.
5. Pues me hallaba solo en medio de encarnizados enemigos,
sin un compañero para combatir conmigo, sin una voz amiga para
sostener mi valor.
6. No obstante, mi voz subió hacia el cielo; mis gritos fueron
oídos por los señores.
7. Y entonces una voz se dejó oír desde arriba y dijo: ¿Qué
has visto en este mundo que te ha aterrorizado? ¡Oh, Adán! Por
qué te trastornas, por qué te preocupas?
8. Bajo tu poder, destruiré a esos detestables ángeles a los
que temes. Someteré a esos demonios que te causan tristeza.
9. Te diré cómo podrás vencerles. Cubriré de tinieblas su boca
parecida al mar Eritreo; cerraré con cadenas de hierro sus labios
siempre abiertos a la impiedad.
10. Entonces el eón elevó a su vez la voz y dijo al ángel
liberador: ¡Oh padre mío! Si en el principio todo estuvo bien, ¿por
qué Fetahil, desposeído de su primitivo estado, ha esparcido por
el mundo las desgraciadas semillas de la muerte?
11. El liberador respondió al eón: ¡Oh Adán! calma tu corazón,
ahuyenta las preocupaciones de tu mente, procura no irritarte por
lo que ves; procura no maldecir a Fetahil.
12. Este mundo perecerá, este firmamento será enrollado como
un libro; el sol y la luna perderá su brillo y las estrellas cae rán del
cielo.
13. Esto es lo que le sucederá a la obra; en cuanto al obrero, en
cuanto a Fetahil recibirá el bautismo del Jordán y olvidará las
persecuciones que habrá, merecido.
14. Entonces te inclinarás ante ese Fetahil y será colocado por
encima de ti.
15. Así hablaba el liberador al eón; este cesó de maldecir a
Fetahil y dijo: El liberador ha venido a mi; me ha iluminado, me ha
mostrado el camino, me ha tendido la mano y me ha sentado
sobre el trono que me estaba preparado en la morada de la Vida.
16. Gloria a la Vida. Amen.
CAPITULO XXI

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy grande y


muy alta.
2. Los poderosos han dicho: Levántate, ve a la morada de los
siete planetas, a la morada de los ángeles rebeldes, de esos
genios de las tinieblas cuyos ojos no conocen la luz.
3. El eón les respondió: Si me enviáis junto a los siete
planetas, decidme lo que hacen, decidme cuáles son los
alimentos que podrían destruir en mí los principios de la Vida y
cuyo uso debo evitar.
4. Los poderosos replicaron: Te enviamos hacia los hombres
justos y honrados que se alimentan con el pan de la Vida.
5. Que tus obras estén pues a la altura de la misión que te
encomendamos.
6. Vete pues, entra en un cuerpo mortal y conviértete en el jefe
de las generaciones humanas.
7. El eón obedeció e hizo exactamente lo que le habían
ordenado. Por lo tanto, descendió a la morada de los siete plane-
tas y tras. haber sido testigo de sus tenebrosas obras, entró en un
cuerpo, obra de arte de belleza y armonía.
8. Inmediatamente los malvados se reunieron según su
costumbre, pero sus palabras eran confusas y desligadas.
9. En cuanto al eón, los maldijo y les habló en estos términos:
¿Hay alguno de vosotros que se me parezca? ¿Puede
compararse vuestra forma a la mía? ¿Dónde está vuestra bon-
dad? ¿Dónde están vuestros esfuerzos generosos? ¿Habéis
probado alguna vez el alimento que da la vida?
10. Repito, ¿hay alguno de vosotros que se me parezca?
11. Ante esas palabras, los siete planetas inclinaron la frente,
humillados y se dijeron entre ellos: Vamos, maldigamos a este
eón, rodeémosle con nuestras seducciones, aplastémosle para
que no pueda volverse a levantar.
12. Entonces Mana les respondió: Esfuerzos vanos, oh siete
planetas, no sucumbiré bajo vuestros golpes; no, no me dejaré
seducir por vuestras alucinaciones; no, vuestras tinieblas no
harán palidecer mi luz.
13. Vosotros mismos caeréis en vuestras propias redes.
14. En cuanto a mí, mis ojos están fijos en la Vida; mi
inteligencia está llena de la doctrina y de la virtud de los pode-
rosos.
15. Vuestros discursos son abominables, los míos están llenos
de verdad.
16. He seguido escrupulosamente las órdenes de los señores;
17. soy uno de los santos de la morada de la Vida; vosotros
estáis manchados y sois inmundos
18. ¿Quién os hace esperar el poder evitar la venganza
celeste?
19. Yo subiré a la morada de la Vida; vosotros descenderéis al
abismo.
20. El eón, vestido de blanco; hará su entrada en la morada de
la gloria e invocará al liberador.
21. En efecto, ese liberador ha venido, me ha salvado de las
trampas que me tendían los siete planetas; y escapé a sus
pérfidas maquinaciones, rompí los hierros en los que querían
tenerme encerrado.
22. Y el liberador respondió: Me has dicho: vivía en un cuerpo
mortal y mi liberador llegó para sentarme sobre un trono.
23. Dame pues, oh Vida soberana, dame una parte de tu
esplendor para vestir a este eón y traértelo digno de ti.
24. Y el eón se alegró de haber escapado a las manos
criminales de los siete planetas.
25. Se despojó de sus ropas materiales para revestir las de la
inocencia; y sentado sobre un trono de gloria me dijo: Levántate,
ven a tu eón, ven a gozar con aquel que has salvado y que
nuestros corazones se asocien como nuestras voces para cantar
a la Vida y a la luz pues el eón ha encontrado lo que había
buscado.
26. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XXII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Estaba en medio de los tronos celestes, ocupado en las
santas tareas cuando los poderosos me dirigieron la palabra y me
dijeron: Ven, oh eón, ven a nosotros y escucha nuestras órdenes.
3. El eón respondió: Heme aquí, decidme lo que deseáis de
mí.
4. Y le dijeron: Vete, márchate, visita el mundo, pues si no
desciendes, ¿quién será su salvador? ¿Dónde encontrará, si no
es en ti, el esplendor que necesita?
5. Por lo tanto, apiádate de sus habitantes y que sus
generaciones no se conviertan en las víctimas del fuego que
consume y jamás se apaga.
6. El eón respondió Iré, bajaré al mundo.
7. Los poderosos añadieron: Cumple pues fielmente la orden
que recibes.
8. Entra en un cuerpo mortal crece en ese cuerpo; luego
revela las verdades celestes, los misterios que regeneran y
salvan y que la familia humana se convierta en la tuya; sube por
los aires a la morada de la Vida y de la felicidad cuando tu
existencia llegue a su término, cuando el mundo tenga que cesar
de existir.
9. Su vigilancia será confiada a dos poderes y sus esfuerzos
sostenidos por los tuyos salvarán el mundo.
10. Y el eón obedeció, y no omitió ninguna de las cosas que le
habían sido ordenadas.
11. Entró en un cuerpo y se veló bajo esa envoltura eterna.
Luego reveló los misterios libertadores.
12. Adora pues a los señores, estate lleno de veneración por
los poderes celestes cuya misericordia ha dignado consolarnos y
salvarnos.
13. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XXIII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la vida muy alta y muy


grande.
2. Carezco de adulación y de mentira; jamás he tomado parte
en el discurso de los malvados, ni asistido a sus consejos; atados
en medio de los señores que rodean a la Vida,
3. ¿qué falta he podido cometer? ¿Qué he hecho contra los
genios escondidos que viven en la esclavitud de los poderes de
las tinieblas y que son las momentáneas víctimas de los
malvados?
4. Me han enviado a este mundo y he tenido que revestir unas
ropas de barro y de mentira.
5. Pero le fue contestado: no hemos querido que fueras el
esclavo de las generaciones humanas ni que te convirtieras en su
víctima pero hemos deseado que fueras para ellas un modelo de
paciencia y resignación.
6. Escucha y que en nuestra palabra repose tu confianza;
7. volverás a la patria celeste, recuperarás tu lugar entre
nosotros y seguiremos bendiciéndote.
8. El eón respondió: Bien, señores, si así debe ser, que vues-
tra voz llegue hasta mí cada día, que me aliente, que me
sostenga con el fin de que no caiga.
9. Si os dignáis sostenerme así con vuestras palabras inte-
riores, nada podrá prevalecer sobre mí; las malvadas criaturas
harán vanos esfuerzos para someterme a su poder y las
generaciones intentarán dominarme en vano.
10. Lo que dije complació a los señores. En efecto, cada día me
hicieron llegar su misteriosa y poderosa voz, cada día cuidaré de
sostener, de alentar mi corazón.
11. De esta forma el eón no cambió nada a lo que los señores
le habían ordenado.
12. Permaneció en la prisión de su cuerpo, soportó
pacientemente el ambiente en el que se vio forzado a vivir, tanto
tiempo como desearon los señores;
13. y cuando finalmente quisieron llamarme ante ellos; me
dijeron: Ven, oh dócil eón, ven oh elegido de arriba, has
soportado con paciencia las pruebas de este mundo, eón tan
digno de venir a vivir con nosotros.
14. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO XXIV

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha echado de la morada de la Vida? ¿Quién me
ha colocado en esta tierra, en medio de mis enemigos?
3. Mis amos ignoran pues a qué ambiente me han arrojado.
4. No obstante, su genio salió de arriba y se acercó a una
columna de carne y dijo al misterioso Adán escondido en esa
columna de carne:
5. Oh Adán, ¿quién te ha arrojado a esta tierra, en medio de
tus enemigos? ¿Acaso tus amos ignoran en qué ambiente te han
colocado?
6. Y si te hubieran conocido mejor, no te habrían alejado de
ellos y colocado tan bajo en medio de enemigos que te odian.
7. Entonces el misterioso Adán respondió al genio: No, no, oh
padre mío, los señores me conocen bien; sin ninguna duda saben
a qué lugar me han enviado, saben que nada puedo contra el
mundo donde me han hecho descender.
8. Ante esta respuesta, el genio se alegró y tomando a Adán
de la mano, le hizo salir de su prisión de carne y lo elevó a. la
morada de la gloria para colocarlo por fin en el centro de los
tesoros de donde había sido sacado.
9. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO XXV

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Estaba tranquilamente en el seno de los tesoros eternos,
ocupado en mis sagradas tareas cuando me sacaron de mi
reposo eterno para enviarme a la tierra.
3. Pero cuando vi ese mundo de forma detestable, de
corrompido corazón, me asquearon y horrorizaron los hombres
que lo habían vuelto así, y exclamé:
4. ¿Así pues abandonaré la morada de la paz para vivir en la
morada de la mentira? ¿Abandonaré los cánticos, los himnos de
alabanza para mancillar mis labios con cantos profanos? ¿Dejaré
la verdad de arriba para entrar en una prisión de mentira?
5. Así hablaba el eón cuando llegó e] liberador, rodeado de es-
plendor y de gloria y le dijo: Reviste tus ropas de luz y aún en esta
tierra de exilio procura no olvidar a los que has dejado en tu patria
y no participar en las obras de los malvados.
6. Entra pues en este cuerpo, convíértelo en tu morada y que
por ti nazca una generación bendecida que se convierta en la
familia de la Vida.
7. Y Adán le respondió: ¿Qué fuerza me das para revestir la
ropa de luz y de inocencia de la que me hablas? ¿Qué ayuda
tendré para vivir en una morada perecedera?
8. El liberador respondió: Tu fuerza será la misma fuerza de
los señores, tu sabiduría vendrá de arriba, será la de los
creadores mismos del mundo.
9. Entonces me fui, viví en la tierra y, escrupulosamente, no
cambié nada a todo lo que me habían ordenado.
10. Y, sorprendentemente los malvados vinieron a mi y me
bendijeron; pero los rechacé con asco y horror y les dije: ¿Que
pueden hacer vuestras bendiciones a quien ha recibido las
bendiciones de los poderes celestes?
11. Ante esas palabras, los malvados disimularon su rabia y
tramando contra mí criminales proyectos, se dijeron: Vamos,
finjamos sentir hacia él una amistad sin límites; ¡que le seduzca
nuestra vista y caiga!
12. Pero Adán comprendió sus pensamientos y les dijo: ¿A qué
viene esta amistad? Mis ojos y mi corazón no son para vosotros;
yo los levanto hacia el cielo.
13. Mientras esté entre vosotros, no me dejaré engañar por
vuestras mentiras. ¿Cesad pues de fingir conmigo!
14. Entonces el liberador vino hacia Adán y le dijo: Levántate,
ponte unas ropas de fuego y que una aureola de gloria sea tu
corona.
15. Sube así. a la morada de la Vida, en medio de los celestes
tesoros, tu primera patria.
16. Y Adán se levantó y subió a la morada de la Vida y,
olvidando toda la miseria de este mundo, dijo a los poderes
celestes:
17. He sido separado de vosotros, pero ya he vuelto.
18. ¡Bendito sea quien me ha liberado! Bendita sea la Vida que
me lo ha enviado!
19. Y tú, Adán, has actuado con nobleza, y tus obras han
merecido la gracia de la salvación; sucederá lo mismo con todos
los que imitarán tu ejemplo.
20. Gloria a la Vida que es pura; gloria al ángel de la Vida y a
su compañero. Amén.
71.
CAPITULO XXVI

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Estaba en medio de los creadores celestes, misteriosos y
benditos.
3. Benditos los que se parecen a ellos, pues su nombre jamás
perecerá. El que escuche sus palabras no sucumbirá y quién
celebre sus alabanzas, no participará en el destino del mundo.
4. Ahora bien, el eón dijo a los siete planetas: No viviré con
vosotros; no caeré en vuestras trampas; no me inclinaré ante
vosotros como un esclavo ante su amo; rechazaré vuestra
sabiduría; despreciaré vuestra protección, y me horrorizarán
vuestra doctrina y vuestras obras.
5. No, no seré contado como uno de vosotros; pues detesto
vuestras obras y todos los medios que empleáis para seducirme y
para engañarme.
6. Vuelvo a mi patria; voy a escuchar de nuevo las vivificantes
palabras de los creadores celestes, misteriosos y benditos;
7. la gloria y la luz serán mis ropas; mi sabiduría será su
sabiduría, y mi felicidad será el hacer siempre su santa voluntad.
8. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO XXVII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Estaba luminoso con la misma luz que mi liberador, cuando
me cogieron como a un vil esclavo; cuando me arrojaron a este
mundo, en medio de los pecadores y los réprobos, sus discursos
son abominables; entre ellos no hay concordia y la amistad es
completamente desconocida.
3. Todos son pendencieros; todos aman las riñas y las
disputas.
4. ¿Que podría hacer en ellos la verdadera doctrina?
5. Por eso su especie sólo son tinieblas; y su conversación
está rodeada de oscuridad. Sus moradas son viles y miserables;
están apiñados como repulsivos rebaños.
6. ¡Y me mezclaría con vosotros! ¡Y aumentaría vuestro
número! ¡Y participaría en vuestra malicia y en vuestras ini-
quidades!
7. ¿Qué me importan vuestras obras? son impuras y yo sólo
aspiro a la pura morada de la Vida.
8. ¿Qué me importa vuestra morada, a mí que debo habitar en
un palacio incomparable?
9. Entonces los siete planetas se dijeron entre ellos: En cuanto
Adán abandone este mundo, en cuanto suba a la morada de la
Vida, nuestro esplendor se eclipsará; nuestra luz se oscurecerá y
estaremos como si jamás hubiéramos existido.
10. En efecto, Adán subió a la morada de la Vida; la Vida lo
bautizó en las puras aguas del Jordán y lo confirmó para siempre
en la gracia.
11. Gloria a la Vida que es pura; gloria a aquel que ha venido a
nosotros. Amén.
CAPITULO XXVIII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Era un tesoro escondido, rico en medio de los más ricos.
3. ¿Por qué he cesado de contemplar ese admirado tesoro de
mi mismo liberador? ¿Por qué he dejado de leer y de gozar con la
sagrada escritura? ¿Por qué he sido enviado a este mundo?
4. ¡Oh, cuán grande es la belleza que he perdido! ¡Que
abominable es el espectáculo al que me han obligado a asistir!
5. Pude leer y disfrutar de la Sagrada Escritura, y ahora estoy
obligado a contemplar esas espesas tinieblas.
6. ¿Cuándo podré salir? ¿Cuándo volveré a ver el admirable
mundo que he abandonado?
7. Así hablaba el eón cuando desde la morada de la Vida se
dejó oír una voz; era la voz de los poderosos que le dijeron:
Pronto recibirás el tesoro que has perdido; volverás a ver allí el
admirado tesoro de tu mismo padre.
8. Pues si tú estás lleno de inquietud en esta tierra donde te
hemos enviado, nosotros estamos inquietos por ti.
9. Pues tu eres el hijo por excelencia, como nosotros mismos
somos los profetas sublimes y magníficos.
10. Acuérdate de que eres un eón que has visto la Vida;
procura pues no amar la muerte, a la malicia y a la perversidad.
11. Procura no atar tu corazón a la voluptuosidad de este
mundo, y abandonar el esplendor que te rodea, olvidar a los que
te han enviado a este mundo.
12. Entonces el eón, sintiendo sólo desprecio hacia Jurbo,
hacia los siete planetas y hacia todas sus abominaciones,
abandonó su impía morada y emprendió el vuelo hacia su patria.
13. Decía: Iré y volveré a ver las tierras celestes, según la
palabra de los poderosos.
14. Iré y volveré a ver las Santas Escrituras admiradas por
mismo padre.
15. Inmediatamente llegó el liberador y elevándose hacia la
morada de la Vida, le dijo: Ven, oh eón, ven a recibir los tesoros,
las Santas Escrituras, objeto de tus deseos.
16. A tu paciencia debes esta felicidad. Entonces el eón,
dejándose llevar por sentimientos de agradecimiento, bendijo a
los poderosos diciendo: ¡Gloria a los que me habéis llamado a
vosotros!
17. Ved lo que pueden vuestra gracia y vuestra virtud.
18. Le respondieron: Ven a recibir tu recompensa, ocupa tu
lugar en el banco que te ha sido preparado.
19. Gloria a la Vida. Amén.
CAPITULO XXIX

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha puesto en este mundo, quién me ha arrojado
a esta tierra de mentira? ¿Quién me ha vestido con esta túnica de
carne, con este cuerpo sujeto a todas las enfermedades y a todos
los dolores? ¿Por qué debo estar expuesto a prestigios y
seducciones de todo tipo? ¿Por qué me han separado del objeto
de mi alegría, para sumergirme en medio de esas perversas
naciones? ¿Debo pues vivir con los soberbios y los mentirosos?
3. ¡Ah! ¿Por qué no puedo salir de esta prisión de tinieblas
para volver a la morada de la luz, mi verdadera patria? ¿Por qué
olvidaría lo que debo a los poderes celestes para aplicar mis
manos a obras perecederas? ¿Puedo olvidar con que
misericordia me ha tratado la vida, me ha protegido de los
malvados, me ha revelado los misterios de la luz, y me ha hecho
oír la amada voz de mi salvador, voz deslumbrante cuyo sonido
hace temblar a los impíos?
4. Este salvador me ha dicho: Oh eón, valor, y subirás
conmigo a la morada de la luz.
5. Al verte, los malvados se consternarán; a su rabia, opón
una dulzura inalterable; y para esto huye del pecado y de la
menor mancha.
6. Fortifícate en la santa doctrina. y entonces volverás a ver el
esplendor celeste, revestirás otra vez la túnica de luz y ocuparás
tu lugar entre los justos y los fieles.
7. Pues, debes saberlo, de tu conducta aquí abajo dependerá
tu futuro aquí arriba.
8. Entonces la Vida añadió estas concluyentes palabras: Cree,
espera y subirás a la morada de tus padres.
9. Gloria a la Vida que es pura gloria a aquel que ha venido a
nosotros. Amén.
CAPITULO XXX

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


santa.
2. Los señores me han enviado desde su morada de gloria
con el fin de que al descender a este mundo, santifique la familia
de Adán y destruya el mal extendido sobre la tierra.
3. Los siete planetas lo vieron y fueron sobrecogidos de
espanto.
4. Entonces Adán les dijo: ¿Que os diré y qué queréis? y
añadió: ¡Oh raza perversa! ¿Cómo subiréis a la morada de la
Vida? ¿podréis hablar alguna vez en lengua sagrada? 6
5. Malditos, ¿cómo habéis caído del cielo?
6. No, no es por vosotros que venido este mundo; tenéis un
rey que no viene de la Vida, la Vida no me ha enviado a vosotros.
7. He venido para salvar de la perdición eterna a las obras de
la segunda Vida; y sus manos son puras.
8. Ante esas palabras los ángeles de las tinieblas intentaron
merecer sus buenas gracias.
9. Uno le presentó el agua, otro el viento, un tercero le trenzó
una corona, todos quisieron conversar familiarmente con él.
10. El eón los recorrió a todos con la mirada y por piedad no
quiso destruirlos pero al verlos su corazón se llenaba de tristeza.
11. Para ahuyentarlos, su mente recordaba la doctrina celeste,
pero sus esfuerzos eran vanos.
12. Entonces invocó siete veces a la Vida soberana, y le suplicó
que le enviara un compañero.
13. Sus deseos se cumplieron. La vía lo retiró de en medio de
los malvados, lo hizo subir a la morada de la luz y por fin pudo
6
2Ne.31:13; 32:2-3
contemplar el esplendor eterno.
14. Entonces vio al pacífico por excelencia que acudió a su
encuentro y le dijo: Ven, ven, amigo mío; has soportado las
pruebas de este mundo; no podías quedarte allí más tiempo.
15. Luego tomándolo de la mano, lo hizo sentar sobre el trono
de gloria que le estaba preparado!
16. Y todos los habitantes de la morada celeste exclamaron:
Bendito sea el Salvador que te ha liberado de la Vida impura.
Amén.
CAPITULO XXXI

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha echado de mi morada eterna para arrojarme
en medio de los siete planetas?; en medio de los malvados
irritados contra mí que cada día traman complots contra mí
diciendo: Apoderémonos de él, que se convierta en nuestro
esclavo y en parte de nuestra herencia.
3. Entonces Adán, trastornado por esas amenazas, se dijo a si
mismo: ¿Qué será de mi? los malvados me rodean, quieren
apoderarse de mí, convertirme en su esclavo y en parte de su
herejía.
4. Pero mientras decía estas palabras, el liberador vino a él y
le dijo: ¿Por qué te preocupas por esta tierra donde vives? ¿No
sabes que abandonarás este mundo y subirás a la morada de tus
padres, a la morada de la Vida?
5. Tranquilizado por estas palabras, Adán dejó de preocuparse
por lo que los malvados meditaban contra él y su vida solo fue un
largo acto de paciencia.
6. Pero por fin fue sacado del valle de pruebas y transportado
al mismo lugar donde reinan Mano y Demuto.
7. Entonces Adán, en medio de la alegría que inundaba su
alma, maldijo los siete planetas y les dijo: Seguid, seguid, vuestra
morada está en las tinieblas; la mía está al lado de mi padre:
¡para vosotros el mundo, para mí la Vida y la luz!
8. Gloria a la Vida que es pura; los que la tienen jamás
perecerán. Amén.
CAPITULO XXXII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. Vivía en medio de las generaciones.
3. Abel fue a la vez mi creador y mi salvador. Hijo del
esplendor y de la fuerza, fue mi sostén.
4. Fue él quien me arrancó de este perverso mundo, quien me
liberó de las manos de los malvados. ¿Qué digo? Fue él quien
iluminó mi vida y me mostró el camino de la luz.
5. Finalmente, fue el quién me vistió con resplandecientes
ropas y me hizo sentar sobre un trono de gloria y de felicidad.
6. La Vida es pura. Amén.
CAPITULO XXXIII

1. Soy el eón de la Vida soberana, de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha hecho abandonar mi morada eterna? ¿Quién
me ha arrojado en medio de las montañas y a la morada de la
muerte? ¿Quién me ha privado de la presencia de la Vida, de
esta excelente Vida que no conoce la imperfección?
3. Así hablaba el eón cuando el Liberador se acercó a él y
mostrándole la corona, los tesoros y el trono que les estaban
preparados, le dijo: Si tu corazón no hubiera estado siempre uni-
do a la Vida, no habrías merecido ni esta corona ni estos tesoros.
4. Te los he traído para que soportes pacientemente tu
estancia en este mundo.
5. Debes saber que las obras de tu padre, que las obras de la
segunda Vida perecerán.
6. En cuanto a ti, todas las veces que caiga sobre ti algún
apremiante peligro, mira hacia arriba; una voz se dejará oír, sigue
fielmente sus indicaciones.
7. Entonces sostenido por tres genios, el eón soportó
pacientemente las pruebas de este mundo.
8. Luego fue despojado de su envoltura material y conducido
por esos mismos genios a la morada de la luz, donde ocupó su
lugar en el trono que le había sido destinado.
9. Gloria a la Vida que es pura; gloria a aquel que ha venido a
nosotros. Amén.
CAPITULO XXXIV

1. Soy el eón de la Vida soberana. de la Vida muy alta y muy


grande.
2. ¿Quién me ha hecho abandonar mi morada eterna para
arrojarme en medio de los siete planetas? ¿Por qué me han en-
viado a este lugar de imperfección, de oprobio y de mentira?
3. Los misterios de las tinieblas me aterran, las cadenas de la
iniquidad me atormentan. ¿Por qué he visto el palacio de los
impíos y el triste espectáculo de sus impuras fiestas?
4. Esas eran mis quejas, la tristeza y el dolor se apoderaban
de mi alma y temía olvidar para siempre las palabras de los
poderes celestes.
5. Pero de repente vino a mí el liberador y me dijo: Vengo a ti;
oh eón, para exhortarte a la paciencia y al valor, sigue el camino
que te has trazado; termina las obras que has empezado; no te
dejes seducir, conserva tu corazón puro ante cualquier corrupción
y cualquier pecado.
6. Si imitas a los que te rodean, merecerás su mismo destino.
7. Pero si te separas de ellos, si huyes de sus ejemplos, sus
esfuerzos contra ti serán vanos; no conseguirán ni seducirte ni
desviarte de la verdadera vía.
8. Te libraré de las manos de esos malvados y tus ojos no
verán las tinieblas que serán la herencia de los impíos.
9. Pues solo busco los intereses de la Vida. Por amor a la
patria te exaltaré, te revelaré los misterios de Sam y te mostraré
el nombre por excelencia; el nombre de la triple pureza.
10. Así pues, tu corazón no debe inquietarse; olvida tus
pasados dolores y las persecuciones de este mundo.
11. Entonces el eón bendijo a su liberador y le dijo: Después de
haberme iluminado con tu luz, ¿por qué me dejas entre los
réprobos?
12. No obstante, pronto llegó al término de su existencia
entonces emprendió el vuelo y subió a su patria.
13. Los genios precedieron su marcha, otros acudieron a su
encuentro, le trajeron el esplendor que ilumina y la luz que corona
y lo colocaron sobre el trono de gloria que le estaba preparado.
14. Nosotros también te honraremos, te bendeciremos,
exaltaremos tu misericordia. ¡Has sido liberado, has sido
exaltado!
15. Por lo tanto, gloria a la Vida que es pura; gloria a aquel que
ha venido a nosotros. Amén.
CAPITULO XXXV

1. En nombre de la Vida soberana.


2. Que la ciencia eterna, la que da la vida y el perdón de los
pecados sea otorgada al alma de Adán Ziehrum bar Schorat, a
las almas de sus padres, de mis señores, de mis hermanos, de
mis hermanas que, liberadas de sus envolturas corporales ya no
volverán allí. Amén.
CAPITULO XXXVI

1. Oh eón, oh dulce eón, oh eón lleno de mansedumbre y de


misericordia, atrae a ti a todos aquellos que la balanza eterna
encuentre dignos de la recompensa eterna. Amén.
CAPITULO XXXVII

1. En nombre de la Vida soberana. ¡La luz es magnífica!


2. Cuando el firmamento fue abierto como un libro, cuando la
tierra fue condensada, cuando el sol y la luna hubieron empezado
su brillante carrera, los siete planetas y las doce estrellas,
uniendo sus esfuerzos, construyeron el cuerpo de Adán, pero les
fue imposible darle un alma.
3. Esa alma vino finalmente de la morada de la Vida,
acompañada por tres genios.
4. De pie alrededor del cuerpo del primer hombre, iban a
introducir ésta divina alma cuando esta entre sollozos y gemidos,
les dijo:
5. En nombre del cielo, oh hermanos míos esperad solamente
un día, solamente una hora para que mi voz suba a la morada de
la luz; dejadme decir a mis hermanos: ¿Qué he hecho, cuál es mi
crimen?
6. Me habéis echado de vuestro lado, me habéis echado de mi
morada eterna, me habéis privado del hogar maternal.
7. ¡Oh! Suplico al ángel de la Vida que me envíe rápidamente
a Tobo con el fin de que me libere de este mundo que ya me
pesa, con el fin de que destruya la obra de la mentira, que
devuelva mi cuerpo a su amo y me deje volver a subir a la
morada de la Vida, mi patria y mi origen.
8. ¡Oh! Que gracias a su ayuda los malvados no cierren mis
ojos a la luz y mis oídos a la divina palabra; que ignoren para
siempre mi celeste origen, y que mis miradas se desvíen de sus
obras de iniquidad y mis oídos de sus impúdicos discursos.
9. Ya veo a los pueblos y a las naciones rodearme en
compacta multitud, y extender sobre mí sus mares de veneno.
10. Me rodean los idólatras, los malvados preparan contra mi
sus filtros y sus seducciones quieren ahogar en mí la memoria de
los poderes celestes, arrojarme al abismo donde caen los impíos,
donde sólo encontraría horribles serpientes que me devorarían.
11. Entonces Tobo le dijo: ¡El alma de la Vida es pura! Estate
pues atento y entra en el cuerpo que te ha sido preparado.
12. Recógete en medio de este santuario; pero que ante tu vista
el león tiemble y se esconda, que la serpiente huya y que el rey
de las tinieblas se quede estupefacto.
13. Y el alma le respondió: Puesto que quieres que me encierre
en este cuerpo, que me meta en el fondo de este santuario, dame
al menos un ejército celeste para rechazar a mis perseguidores.
14. Y Tobo le respondió: ¿Por qué me pides un ejército celeste?
La Vida sacará de su tesoro para ti una armadura preciosa, la
constancia y la firmeza, que reposan en la justicia.
15. Añadió: Para ti, oh alma bendita, el firmamento ha sido
abierto como un Libro y allí han sido colgadas las estrellas.
16. Para ti ha sido creada la tierra y el agua se ha coagulado.
17. Para ti brillan el sol y la luna extiende su suave claridad.
18. Para ti finalmente han venido los siete planetas y las doce
constelaciones, han soplado los vientos, se ha dilatado el
aire y la sabiduría ha iluminado tu corazón con el fin de que jamás
pierda la memoria de las buenas acciones celestes.
19. Pero llegará un día y una hora en que los periodos serán
trastornados; donde las sombras se espesarán, la luna menguará
y la aurora y el crepúsculo experimentarán graves cambios;
entonces los días, los meses, las estaciones, las horas y las
partes de las horas estarán como si jamás hubieran existido.
20. También entonces el viñedo más floreciente se marchitará,
el oro perderá su valor, la plata será buscada en vano.
21. Los amos y los señores estarán consternados al. abandonar
el mundo, sus bienes, sus hijos para ir a quemarse en un fuego
devorador y los niños estarán sobrecogidos de dolor al abandonar
el mundo y al ver el universo, objeto de su cariño, reducido a
polvo.
22. Luego en nombre del ángel de la Vida, por su virtud y su
energía, penetré en el cuerpo que me había sido preparado como
un templo y, eligiéndome inmediatamente una compañera,
gracias a ella me convertí en el padre de las generaciones.
23. No obstante, los malvados irritados contra mí intentaban
sorprender la forma de existencia del alma de la Vida.
24. Entonces me alejé de ellos; pero el ángel del Señor me co-
municó su fuerza, me revistió de su esplendor, me envolvió de
luz, me coronó de inocencia y de justicia y me dijo: Oh alma, vigila
tus palabras, procura no mezclarte con los publicanos.
25. Gloria a la Vida que es pura; gloria a aquel que ha venido a
nosotros. Amén.
CAPITULO XXXVIII

1. Mi corazón ha amado la Vida y mi alma ha celebrado la


morada de la luz. Amén.
CAPITULO XXXIX

1. He recibido de los genios de la luz las provisiones para mi


viaje y estas provisiones son la justicia y la sabiduría.
2. ¿Quién me explicará la existencia de Fetahil, quién me
contará la creación del mundo?
3. ¿Por qué me han hecho abandonar mi morada eterna para
hacerme vivir en este mundo de mentira y de tinieblas? este
mundo lleno de malvados de endurecido corazón cubierto de
zarzas y espinas, llenos de prestigios, de astucias y artimañas.
4. Los siete planetas que allí moran traman todos los días
nuevos proyectos en mi contra; dicen: Hagamos vacilar su
constancia, oscurezcamos su sabiduría pero no por ello dejaba de
dirigir mis ojos hacia la luz.
5. Seguían diciendo: Que la adulación le haga sucumbir a
nuestros golpes.
6. Pero mi boca no dejó por ello de bendecir a la Vida.
Añaden; ¡Prodiguemos las mentiras! pero yo no dejé de distribuir
limosnas, de practicar las obras de la justicia y de la misericordia.
7. Dicen: Abandonémonos a los últimos excesos contra él,
matémoslo; pero yo seguí estando resignado y sometido a la
Vida.
8. Dicen: Hagámoslo de forma que adore a los siete planetas.
Pero yo no cesé de andar por las vías la justicia y de la fe.
9. Ellos dicen: Intentemos aumentar su orgullo; pero mis
miradas estuvieron sin cesar fijas en el cielo y mi alma, lejos de
complacerse en sí misma, sólo tuvo suspiros para su patria, para
la morada de la Vida.
10. No obstante la Vida, cumpliendo mis deseos, me envió al
liberador. Este me trajo las ropas de inocencia y de justicia y me
abrió los tesoros del esplendor y de la luz.
11. Luego, despojándome de mi envoltura corporal, fui puesto
en posesión de las fuentes de la Vida..

NOTA: Esta segunda parte se termina como la primera por una


fastidiosa lista de los diferentes autores con su genealogía, de donde la
presente liturgia ha sido tornada. Hemos creído ser del agrado de
nuestros lectores evitándoles una traducción que aunque no les
enseñaría nada nuevo les habría hecho revisar una lista de nombres
propios, desprovistos de cualquier interés histórico o literario.
72. En la edición de Norberg siguen algunos fragmentos que hemos
creído tener que traducir con el fin de hacer lo más completo posible la
obra más singular que ha creado el gnosticismo; o porque algunos de
ellos adoran pasajes oscuros que el lector estará contento de ver
explicar en la misma obra.