Vous êtes sur la page 1sur 3

DEUS LUDENS

Por José Álvarez López.

La total incompatibilidad entre las teorías atómicas cuánticas y la


Teoría de la Relatividad hizo completamente inaceptables para Einstein las
teorías estadísticas de la mecánica atómica. Fue por ello que Einstein
pronunció aquella célebre frase: “Dios no juega a los dados”.
El posterior éxito no solamente de las teorías atómicas estadísticas,
sino de teorías aún más incompatibles con el pensamiento einsteniano,
hicieron que al presente la Teoría de la Relatividad pasase a un segundo
plano en la preocupación de los físicos. Queda, pues, como saldo para la
física de esta época que Dios juega a los dados. Y en esto llegamos a coincidir
con viejas imágenes hindúes en que Shiva aparece jugándose el mundo a los
dados con su Shakti.
Además de esta cuestión moderna —y antigua— hay otros
planteamientos de este tenor que han llevado a muchos antropólogos a
definir al hombre como un “Homo Ludens”, o sea, un hombre que juega.
Quizás sea ésta una cualidad primordial del ser humano. Por lo
menos, la actividad intelectual es en esencia un juego. Y la actividad lúdica
llega a tales extremos que el más grande geómetra del siglo XX, Hilbert,
definió la matemática como “un juego que jugamos con símbolos
convencionales y reglas convencionales”. Según Hilbert, entre el juego de
póker y la matemática no hay diferencia.
Pero en el otro extremo de la cadena de jugadores la actividad lúdica
también ha sido presentida. Así, por ejemplo, Platón consideraba que los
dioses habían hecho al hombre para que fuera su juguete, y expresaba su
opinión al respecto diciendo:

“¿Qué mayor fortuna para el hombre que ser juguete en las manos de
Dios?”. “Hay que proceder seriamente en las cosas serias y no al revés.
Dios es por naturaleza digno de la más santa seriedad. Pero el hombre
ha sido hecho para ser un juguete de Dios y esto es lo mejor en él. Por
esto tiene que vivir la vida de esta manera, jugando los más bellos
juegos, con un sentido contrario al de ahora”.

Esta es una opinión de Platón con la cual yo no coincido. En mi


opinión, Platón se hubiera acercado a la verdad un poco más si hubiera
dicho que los dioses hicieron al hombre para jugar con él, no como un
juguete, sino como un contrincante. Pero la mitología y la tragedia griega se
caracterizan por este concepto del hombre como sujeto a sus dioses cual
reales juguetes. Sin embargo un pensador libre como Platón debió
plantearse otro esquema.
La idea de que la Divinidad ha hecho el Universo con un sentido
lúdico, se transparenta en cada paso de la física moderna. La física nuclear,
por ejemplo, tiene una estructura totalmente lúdica, pues le cabe a la
perfección la definición de la matemática de Hilbert. En nucleónica no hay
leyes, hay solamente reglas, precisamente “reglas de juego”. Observemos
bien que cuando jugamos a los naipes, todas las reglas que nos imponemos
son “reglas de exclusión” y, curiosamente, todas las reglas de la nucleónica
son “reglas de exclusión”.
Hay en la naturaleza de nuestros juegos un ingrediente indispensable
para que el juego tenga realmente interés... la inseguridad del resultado. Si
supiéramos de antemano cuál será el resultado de una partida de ajedrez, de
una carrera de caballos, de una partida de póker o de un campeonato de
fútbol, hace rato que nadie se interesaría por ellos.
Salvo en el juego de ajedrez, donde la inseguridad surge de la
complejidad extrema del juego, en los otros juegos la inseguridad del
resultado se determina deliberadamente por diferentes factores. En el póker
lo determina la rotación de los valores que forman un círculo cerrado donde
nadie está seguro de ganar, aparte del azar introducido por el corte de
naipes.
Pasando a la nucleónica, la inseguridad del resultado queda
determinada porque las reglas de exclusión tienen excepciones. Hasta ahora
los físicos no han encontrado una sola regla que no tenga excepciones. Más
estrictamente, todas las simetrías admiten alguna forma de asimetría.
Siempre hay una disonancia. Podemos afirmar que en la nucleónica no hay
regla sin excepción. Entre múltiples ejemplos, la regla “toda partícula tiene
una antipartícula” falla, y la invariancia frente a la inversión del tiempo
falla en la desintegración del kaón neutro, etc. En oposición con esta
estructura de la reciente nucleónica, las leyes de la física clásica no podían
admitir ninguna excepción. Una sola excepción derrumbaba una ley.
Pero aparte de todo lo anterior, que podría extenderse, se encuentra
en la nucleónica un ingrediente equivalente al azar de los naipes en el
famoso “Principio de Incertidumbre” de Heisenberg, que al abolir el
determinismo convierte a la nucleónica en el juego de dados que Einstein se
negaba a aceptar como real.
Pero la nucleónica no solamente nos conforma con las reglas de
exclusión determinadas por las simetrías (principios de conservación), sino
que inclusive las “figuras” de los juegos aparecen también allí. En el póker
tenemos figuras como la “pierna”, el “par doble”, la “escalera”, el “color”, el
“póker”, etc. En la nucleónica las figuras son la “extrañeza”, la “hipercarga”,
el “spin isotópico”, el “número leptónico”, el “color” (de los quarks), etc. Son,
con toda evidencia, figuras tan convencionales como las del póker, y con las
reglas de exclusión con sus excepciones, se convierte la nucleónica en un
auténtico juego de sociedad.
Esta es la descripción de una curiosa rama de la ciencia moderna que
todo físico nuclear conoce perfectamente. A la existencia de un sentido lúdico
en la nucleónica no hay oposición entre los físicos, a lo que ellos se resisten
es a admitir que alguien haya inventado este juego. Tampoco sabemos quién
inventó el póker, pero estamos seguros de que alguien lo inventó. Y estamos
seguros porque admitimos que hay jugadores, en cambio los físicos nucleares
se niegan a admitir que del otro lado del tablero haya alguien que juega con
ellos. Salvo Einstein, que admitía que Dios podía jugar al ajedrez, pero no a
los dados, los demás físicos están seguros de que Dios juega un “solitario” a
los dados.
En mi opinión la situación es intermedia, pues entre los dados al azar
y el ajedrez existen numerosos juegos, como el ya mencionado póker y
también el bridge. Observando la naturaleza de la moderna nucleónica
podríamos llegar a la conclusión de que Dios juega al póker, para corregir un
poco la expresión de Einstein.
Este es el esquema en que se encuentran envueltos los físicos
modernos, que en lo concerniente a Cosmología ya han llegado a la
conclusión —que hubiera sido herética hace un siglo— de que el Universo,
como dice la Biblia, fue creado “ex nihilo”, que tal es el fondo disimulado del
famoso “Big Bang” que es hoy el centro de todas las cosmologías. Y
recientemente el cosmólogo Paul Davies postula la necesaria presencia de
una inteligencia en la Creación, pues todo, sostiene este físico, tiene una
finalidad en la evolución del Universo.
Sobre este esquema actual de la física más moderna arrojemos el
ingrediente de la “Estructura Decimal del Átomo” —un hecho determinado
experimentalmente— y tendremos ante nosotros la presencia de un
auténtico “Deus Ludens”.
No es el caso ahora tratar de explicar por qué Dios cuenta de a diez...
lo que sí podemos explicar es por qué nosotros contamos de a diez. Es muy
simple, porque tenemos diez dedos en las manos. Los matemáticos mayas lo
hacían de a veinte, usando también los dedos de los pies. No pretendemos
que la Divinidad tenga diez dedos, pero sí que el hombre tiene diez dedos
manuales porque la Divinidad así lo ha querido. De otro modo no nos
hubiéramos enterado nunca de que del otro lado del tablero hay alguien que
puede jugar. Me atrevería a decir algo más... Alguien que pretende jugar con
nosotros.
Un concepto lúdico aún más acentuado tienen las regularidades
decimales del Sistema Solar. Estas regularidades decimales cumplen en el
Sistema Solar las funciones de las reglas de exclusión del Sistema Solar.
Pero las regularidades decimales del Sistema Solar (tema que
desarrollé in extenso en mi libro “El Mensaje de la Gran Pirámide”)... con
sus limitaciones, sus errores, su “excepción”, su ajuste a la estructura
mental de los Teoremas Métricos, la redundancia de números doblemente
repetidos en instancias indiscutiblemente intelectuales, etc., transparentan
una estructura mental idéntica a la humana. La aparición de las reglas de
la famosa “Cábala” en forma permanente en el Sistema Solar es otro
ingrediente intelectual. Si pudiéramos abrigar alguna duda sobre el carácter
lúdico del Sistema Nuclear, en lo referente a las regularidades del Sistema
Solar no puede caber duda alguna. El problema que se nos presenta es cómo
podemos intervenir en este juego a nivel cosmológico. Creo, con profunda
desazón, que por el momento lo único que podemos hacer es contemplar el
juego desde lejos, sin poder, todavía, intervenir en él.