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MISTERIO Y TRANSPARENCIA

Josep Otón Catalán (2017)

1.1. La paradoja de la transparencia:


«el debate sobre la transparencia plantea otra cuestión fundamental. Pone también en tela
de juicio uno de los elementos esenciales de la urdimbre de lo sagrado: la opacidad de la
trascendencia. El núcleo constitutivo de la experiencia religiosa concierne a una dimensión
de la realidad —el Misterio— que escapa de la percepción humana y, por tanto, se resiste a
ser transparente. Esta concepción del Misterio aparece como alternativa a la posibilidad de
entender la existencia como un absurdo (Jean Guitton).»

«En realidad, se trata de un término que atañe al ámbito de la física. En sentido estricto, es
una cualidad de algunos materiales que permite ver con nitidez a través de ellos. La razón
estriba en que dejan pasar los rayos de la luz en vez de absorberlos tal como sucede con los
cuerpos opacos.» Otón nos dice que un cuerpo diáfano, es un cuerpo que deja pasar la luz
en su totalidad. Mientras que un cuerpo traslucido deja pasar la luz, pero lo que hay detrás
es difuminado. Sin embargo, los materiales transparentes no es que dejen ver a través de
ellos. Por el contrario, cabría pensar que la vista “pasa” de ellos, no les toma en cuenta, no
se detienen en ellos.

«Etimológicamente, la palabra «transparente» procede del latín. El prefijo trans indica «de
un lado al otro», «a través de», y el verbo parere significa «ser visible», «aparecer». Por tanto,
literalmente se podría traducir como «aparecer a través de» …» Pero, aunque se diga que es
un “aparecer a través de algo”, este “aparecer” carga primeramente con una potencialidad
subjetiva, un “ver del sujeto” a través del “objeto”.

«Además, la vitrina y el escaparate, [lo transparente] al captar la atención del observador


para mostrarle algo, ocultan otros objetos. Centran la mirada del espectador en un punto
mientras que el resto de su campo visual se difumina. Al tiempo que transparenta una reali-
dad, vuelve opaca otras.»
Por otro lado, «El velo, la tela que cubre una parte del cuerpo o un objeto para no ser visto,
ejerce una función inversa. Esconde algo y a la vez dirige la mirada hacia lo que es digno de
ser visto. Mientras vela, revela. Invisibiliza lo que merece la pena mirar. Lo oculta y, al mismo
tiempo, indica su ubicación.». El misterio, sería el recurso dela puesta artística de Christo y
Jeanne Claude.
1.2. La Sociedad de la transparencia:
La sociedad democrática ha erigido la idea de transparencia como el valor cívico y público
que le identificaría. Su apelación a la transparentación informática de la gestión y la adminis-
tración pública, promueve la organización de una sociedad civil en torno a estas exigencias y
al juicio contra lo misterioso. Ello, «porque presupone rectitud, coherencia y responsabilidad.
Nadie expuesto a la mirada vigilante de la opinión pública se atrevería a cometer una irregu-
laridad». En este sentido, la transparencia se ha convertido en una nueva ética y estética.
«No en vano el vidrio es un material duro y liso en el que nada se mantiene firme. También
es frío y sobrio. Las cosas de vidrio no tienen aura. El vidrio es el enemigo número uno del
misterio. También es enemigo de la posesión.» [Benjamin, «Experiencia y pobreza», en Dis-
cursos interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1998, pp. 170-171.]

«El vidrio de las casas transparentes, que provoca una continuidad casi total entre lo interior
y lo exterior, entre la esfera privada y la pública, es imagen de la conexión de la ciudadanía con
el poder político. La permeabilidad visual que proporciona la transparencia sugiere la fluidez
en la relación de los individuos con sus dirigentes. Los políticos rinden constantemente cuen-
tas de sus actuaciones frente a los ciudadanos […] Los electores exigen el acceso a la infor-
mación para crear una sociedad gestionada sin la interferencia de intereses subrepticios ni
de maniobras maquiavélicas.»

«La utopía moderna de lo transparente ha inspirado muchas de las reivindicaciones sociales


del siglo XX. Pretende iluminar los recovecos de la cultura para rescatar a la humanidad del
oscurantismo, la superstición y la manipulación.» Pero esta re-escritura transparente del siglo
xx por el siglo xxi, ¿no será a costas de la total imposibilidad de lo antiguo frente a lo presente
y nuevo?, cabría preguntarse si más que un “rescate” del pasado, es sino una “demonización”
de éste por parte del presente. E incluso, si el transparentar es bajo una mirada, una visión
que “ve a través de”, ¿qué mirada es ésta?, ¿a qué tipo de comprensión nos expulsa?

1.3 La transparencia distópica:


El anhelo de transparentación de finales de los años xix y principio de los xx, se ve truncado
según Otón, a causa de los totalitarismos y el rotativo uso de la idea de trasparencia. Contra-
rio a la idea de una visibilidad política frente a los ojos del pueblo, el siglo xx, se caracterizó
porque los regímenes hicieron visibles a las masas; el pueblo no podía verse oculto al buró,
y ella fue el arma del totalitarismo. -El régimen Nazi, hizo de la transparencia una de sus
principales armas, y transparento la condición de los sujetos con ignominiosos símbolos: ju-
dío, Gitano, etc.

La vuelta a la democracia parlamentaria hizo surgir nuevamente el ideal de la transparencia.


Todo se clarifico y se transparento, sin embargo «Mostrarlo todo, sin discriminar lo relevante
de lo anecdótico, sin secuenciar de forma graduada la información para que pueda ser asimi-
lada, dejando que lo más estridente capte la atención del observador mientras le pasa por
alto lo fundamental, es otra manera de esconderse tras lo transparente»

Existe una controversia entre Adorno y Vattimo. Según el último, el desarrollo de los mass
media traería si bien no una sociedad transparente, sí por lo menos una más compleja que
tendría como base la explosión y multiplicación de las visiones de mundo. Mientras que por
otro lado, Adorno, decía que estos mass media traerían sino una homologación y nivelación
de la sociedad.
Con todo esto, años más tarde el propio Vattimo reconocía que, tras los atentados del 11
de septiembre, la transparencia que parecía anunciar una sociedad babélica, plural, libre y
alejada del control amenazador del totalitarismo, se ha convertido en una nueva forma de
dominio. El conjunto de políticas de seguridad surgidas tras la caída de las Torres Gemelas
«nos han vuelto tan transparentes que ni siquiera podemos crear ninguna confusión, nin-
guna Babel».

La DEMOCRATIZACIÓN de la vigilancia: «Hoy, el globo entero se desarrolla en pos de formar


un gran panóptico. No hay ningún afuera del panóptico. Este se hace total. Ningún muro
separa el adentro y el afuera. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios
de la libertad, adoptan formas panópticas. Hoy, contra lo que se supone normalmente, la
vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntaria-
mente a la mirada panóptica. A sabiendas, contribuimos al panóptico digital, en la medida
que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la
vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control» [Han, «La socie-
dad de la transparencia», p.94-95].
Mientras el Panóptico de Bentham presupone una transparencia unidireccional basada en
el ocultamiento del observador, similar a la del Gran Hermano de Orwell, en el panóptico
digital del que nos advierte Han, el control cuenta con la connivencia del individuo obser-
vado. Libertad y vigilancia se alían en la transparencia de la sociedad posmoderna.

2.1 Una Opacidad Obsoleta:


«Para la cultura moderna, la opacidad es la estratagema de los que se niegan a rendir cuen-
tas de sus acciones y se blindan de sus errores no facilitando la información que se les re-
quiere. En una sociedad imbuida por el clásico sapere aude [«ten el valor de usar tu propia
razón»] de Horacio convertido por Kant en la divisa de la Ilustración, los individuos están dis-
puestos a asumir sus responsabilidades como ciudadanos. No es de extrañar que en tal con-
texto haya surgido un sentimiento de indignación iconoclasta que aspira a liberarse de un
Dios opaco que se resiste a desvelar su identidad.»
2.2 Sin absoluto
«los ciudadanos de una sociedad con aspiraciones democráticas difícilmente pueden con-
sentir la presencia en su cultura de una realidad que se resiste a someterse a sus mecanismos
de transparencia. No obstante, al eliminar la imagen obsoleta del Dios opaco, Occidente se
ha quedado huérfano del Absoluto. La imagen anticuada de Dios no ha sido substituida por
otra más fidedigna; se ha visto suplantada por sucedáneos en apariencia más transparentes
—esto es, más comprensibles—, pero privados de la dimensión de trascendencia que anhela
el ser humano.»

* Exceso de luminosidad que hace desvanecer las cosas en su exposición.

*«El filósofo Byung-Chul Han es muy crítico con el abuso de la transparencia. Denuncia que
cualquier objeto, convertido ahora en simple mercancía, se ve obligado a estar expuesto para
ser. Desaparece su valor cultual en favor de su valor de exposición. No es importante por
existir, sino por ser visto. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica. Todo está
orientado hacia fuera, al descubierto, despojado, desvestido, desnudo…, sometido a «la ti-
ranía de la visibilidad».»

*Al ser humano no le basta con la crudeza de la información que le aporta una transparen-
cia fría, inmediata,
calculada, indecorosa, casi grosera. Esta falta de «encanto» muestra su rostro más perni-
cioso en las relaciones humanas. «Una relación transparente es una relación muerta, a la que
le falta toda atracción, toda vitalidad», puesto que «donde domina la transparencia no se da
ningún espacio para la confianza». Y Han advierte que «el amor sin laguna de visión es por-
nografía». Para él, «la pornografía carece de interioridad, reconditez y misterio».

*«El filósofo Francesc Torralba1 coincide con los planteamientos de Han. Defiende que la
cultura global de la transparencia no puede transgredir el secreto, porque entonces lo que
queda ya no es la transparencia, sino la exhibición de las intimidades confesadas, el imperio
de la pornografía emocional, mental y espiritual, la transgresión de la privacidad que el otro
nos ha revelado al oído»

*Han denuncia con dureza que «la sociedad de la transparencia es una sociedad sin poetas»
(LST, p.76)

1
Francesc Torralba, ¿Cuánta transparencia podemos digerir?, op. cit., p. 19.