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Bolivia, el cuarto país

con mayor
hacinamiento en sus
cárceles
La Defensoría del Pueblo identificó a más de 18.000 reclusos en las 56
cárceles y carceletas de Bolivia. Un 70% de esa cifra está recluido
preventivamente.

La cárcel de Palmasola es considerada la más peligrosa del país. Tiene


también un alto nivel de hacinamiento.

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Iván Paredes Tamayo

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24/12/2017

Bolivia se encuentra entre los diez países con mayor sobrepoblación


carcelaria en el mundo y es el cuarto a nivel latinoamericano. Se
superó la escala crítica y este año se llegó al 256% de hacinamiento
en los distintos centros penitenciarios. Y a eso se le suma otro
condimento, que la situación de los reos es precaria e infrahumana.
Este es un dilema que aún no fue resuelto por ningún Gobierno y cada
día que pasa se convierte en una tarea casi imposible de cumplir.
La Defensoría del Pueblo elaboró un documental en el que muestra la
realidad de los 56 centros penitenciarios de Bolivia. Las
imágenes duelen por el nivel de vida que llevan los reos, que en
realidad sobreviven en condiciones desalmadas e inclementes.
“La situación es precaria, en su mayoría, infrahumana, como en la
mayoría de los países del mundo. Lo más negativo es el
hacinamiento, que excepcionalmente no existe en algunas cárceles de
mujeres; conjuntamente se evidencia la falta de condiciones para las
terapias de estudio y trabajo en términos generales, aunque en una
parte de las cárceles un número importante de personas sí puede
acceder”, relata el defensor del pueblo, David Tezanos-Pinto.

La cifra de privados de libertad ya sobrepasó los 18.000 y las cárceles


del país solo pueden albergar a 5.600 reos. La sobrepoblación llega al
256% y la cifra es una alerta para las autoridades.

El director de Régimen Penitenciario, Jorge López, admite que existe


un hacinamiento crítico y apunta que el 70% de los 18.000 privados de
libertad no tienen una sentencia ejecutoriada. “El hacinamiento como
fenómeno emergente de la sobrepoblación de establecimientos
penitenciarios en principio es un resultado generado por la exagerada
aplicación de la medida cautelar más gravosa en materia penal: la
detención preventiva”, detalla.

La autoridad, como plan gubernamental para mejorar la situación en


las cárceles del país, enumera seis ejes temático: fortalecimiento
institucional, coordinación del sector público-publico, público-privado,
estrategias de reducción del hacinamiento, desarrollo de
infraestructura y equipamiento, programas de reinserción social
estructurados y seguridad penitenciaria. Todos los planes tienen
alcances a mediano y largo plazo, según López.

“Consideramos que la temática penitenciaria, más allá de la voluntad


política, encontrará solución cuando el sistema de justicia penal
cambie de paradigma y considere que la privación de libertad no es la
única respuesta al delito, y que la temática carcelaria se convierta en
una transversal en todos los estamentos del Estado boliviano”, sugiere
López.
Récord negativo
Bolivia es el cuarto país en Latinoamérica con mayor cifra de
hacinamiento carcelario, después de Haití, El Salvador y Venezuela. A
escala mundial, 115 países se encuentran por encima del 100% de su
capacidad carcelaria; 79 países superan el 120% de su capacidad, lo
que se denomina un hacinamiento crítico; y 51 países están por
encima del 150% de su capacidad, con un hacinamiento extremo.
Bolivia se encuentra en este último peldaño, con porcentajes variados
en las distintas penitenciarías, con un 256% de hacinamiento
promedio.
La cárcel de San Pedro, en pleno centro de La Paz, es un mundo
dentro de una ciudad. Ahí existen nueve secciones y en todas se paga
para poder sobrevivir. El dinero va directo a los delegados, quienes
implementaron una especie de sistema de privatización en un penal
público.
Horacio está en San Pedro hace tres años. Aún no tiene condena y
prefiere no hablar del delito por el cual lo acusan. Se enfoca más en la
situación dentro del penal. Llora, se amarga y algunas veces ríe. No
tiene a ningún familiar en La Paz, él es de Tarija. Hizo pocos amigos
en el panóptico y la mayor parte del tiempo se dedica a la carpintería,
el oficio con el que mantenía a su familia antes de ingresar al mundo
del delito.

“Todo es dinero acá. Te cobran por el espacio donde duermes, que es


muy pequeño y lo compartes con varios. Tienes que pagar para
comer, tienes que pagar para vivir, prácticamente”, expresa Horacio,
un hombre pequeño y que se califica con un buen jugador de fútbol.

La misma situación atraviesa Pedro. Él admite que está acusado de


robo. Está parado en la puerta central del penal de San Pedro junto a
varios reos. Espera a los visitantes y les pregunta a quién busca. Le
dan el nombre y corre gritándolo hasta dar con el individuo. De eso
cobra cinco bolivianos. Ellos son los ‘taxis’ del penal.

Pedro pasa días difíciles. Está arrepentido porque arruinó la vida de su


pequeña hija, que ahora tiene cinco años. Por ahora no tiene con
quien dejarla y vive con ella dentro de la cárcel. Prefiere no mostrarla,
pero seguro está perdida en el montón de menores que juegan entre
acusados de asesinatos, violaciones u otros delitos.
Relata que las noches son muy difíciles en San Pedro. Él abraza a su
pequeña y ruega para que la oscuridad desaparezca. Quiere una
mejor vida para su niña y está seguro de que en un futuro encontrará
un familiar que la cuide mientras él cumple su condena.

Como Pedro hay varios reos que viven con sus niños en el penal. Los
niños y niñas tienen dos vidas. Una dentro y otra fuera de la cárcel.
Son libres cuando salen a la escuela y logran distraerse por al menos
unas horas, pero regresan y se vuelven a inmiscuir en ese mundo
desalmado.
San Pedro tiene nueve secciones: La Cancha, Los Pinos,
Chonchocorito, El Palmar, Guanay, Los Álamos, San Martín, La
Prefectura y La Posta. Para ingresar a esta última sección un reo debe
pagar 4.000 dólares. Ya adentro, se le cobra por alquiler o anticrético
del espacio donde dormirá. Lo mismo sucede en las otras áreas, pero
con diferentes precios, que son manejados por delegados.
La mano de la Iglesia

La Pastoral Penitenciaria, que es un brazo social de la Conferencia


Episcopal Boliviana, identifica cada año los temas delicados que se
viven en los recintos penitenciarios del país. En esta gestión se
observa que los prediarios son insuficientes y que no llegan en los
plazos que corresponden; el hacinamiento continúa debido a la
lentitud de los operadores de justicia; el tema presupuestario y el
proceso de rehabilitación de cada privado de libertad.

El padre Leonardo da Silva Costa fue coordinador nacional de la


Pastoral Penitenciaria de Bolivia. El sacerdote volvió a su país, pero
explica que la organización religiosa tiene presencia en todas las
cárceles y que cuenta con agentes que no cobran un salario.

“Se intervino en todas las cárceles y tenemos el rol de animación,


articulación, formación, monitoreo y el trabajo de incidencia”, destaca
da Silva, quien además recalca que se asiste a los niños y niñas que
viven en los penales y también se da ayuda jurídica a los privados de
libertad.

Tezanos-Pinto identifica a las carceletas de Montero, en Santa Cruz,


Riberalta y Guayaramerín en Beni, como los centros con el nivel de
hacinamiento más alto y dramático del país, lo que sobrepasa
cualquier descripción. “El documental Cárceles y carceletas de Bolivia,
producido por la Defensoría del Pueblo, es elocuente y para muchos
es muy revelador”, elogia el defensor.
Palmasola es otro caso crítico. Es considerada la cárcel más peligrosa
de Bolivia, pero a eso se suma que también un reo, al igual que en
San Pedro, tiene que pagar para poder sobrevivir en un mundo
infrahumano. Tiene 33 sectores y todos ellos son administrados por
los delegados de la cárcel.
La más requerida

El área más requerida es el PC-4, donde los reclusos llegan a pagar


hasta 3.000 dólares de alquiler por un lugar donde pasar su condena.
Eso sí, el ambiente tiene todas las condiciones y hasta elementos de
lujo, como un gimnasio particular, internet abierto y televisión por
cable.

En los otros pabellones se edificaron casas de dos plantas construidas


por los mismos reos. Antes de alquilar piezas el preso es interrogado
por los delegados o “encargados de disciplina”. Les piden sus datos
personales, el de sus familiares, qué bienes tienen y basados en eso
deben pagar el derecho de piso. El preso es investigado y si detectan
que mintió, es castigado y la suma a pagar sube. Estos
datos comprobó EL DEBER en un reportaje realizado en junio de esta
gestión.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, a mediados de este año,


reconoció los problemas crónicos de la realidad carcelaria del país y
apuntó el colapso de los reclusorios de Montero, además de admitir
que los mayores índices de hacinamiento se dan en Palmasola y en el
penal cochabambino de San Roque.

Igual que López, la autoridad considera que las decisiones judiciales


de enviar a cárceles a detenidos preventivos es el factor principal para
que haya sobrepoblación carcelaria en el país.

“Podemos construir más cárceles, pero mientras el sistema de justicia


aplique como regla la detención preventiva en casos que no se
justifican, siempre tendremos una población penitenciaria creciente
permanente”, apuntó.

Otro aspecto que se transformó en un reto es la necesidad de que los


reclusos puedan reinsertarse en la sociedad luego de cumplir su
condena. El defensor del Pueblo cuestiona las “carencias” que existen
en la “crisis del sistema” para que un recluso pueda reincorporarse.
“Cuando se escucha a quienes se aprisiona preventivamente o
condena, uno puede sorprenderse con el trabajo, esfuerzo y voluntad
con el que muchos enfrentan su situación y el deseo de volver con
libertad de locomoción a la vida en sociedad, pese a la insuficiencia o
carencia de condiciones”.
Unir esfuerzos, una solución

El defensor del Pueblo pide al Gobierno central y a los subnacionales


unificar la batalla para solucionar el eterno problema carcelario en el
país. El ministro Carlos Romero también pide lo mismo a los entes
autónomos

La reforma judicial es de lejos la mejor forma para que los detenidos


preventivos no lleguen a colapsar las cárceles del país. Pero hay más
propuestas y una de ellas la lanza el defensor del Pueblo, David
Tezanos-Pinto, quien sugiere a las autoridades nacionales y
regionales articular esfuerzos para mejorar la situación carcelaria de
Bolivia.

“Será determinante articular el concurso de los diferentes niveles de


gobierno (municipal, departamental y central) en el marco de un plan
que puede ser quinquenal, cuatrienal o trienal. Asimismo, será
importante dejar sin efecto aquellas normas punitivas. Todos los
sistemas penales fracasan porque no son la solución a problemas o
falencias en la prevención”, remarca el defensor del Pueblo.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, hace eco de esa propuesta.


La autoridad plantea la necesidad de apoyo en las inversiones de los
gobiernos subnacionales para la construcción de más centros
penitenciarios, algo que por ahora no está en mente de las
gobernaciones del país por la reducción de sus recursos económicos.

Como otra alternativa, Romero presentó en 2016 un anteproyecto de


ley que autoriza el traslado de la cárcel de San Pedro a lo que es
ahora Chonchocoro, el cual debería pasar a otro lugar. Para ese afán
se invertiría Bs 100 millones. Hasta la fecha la iniciativa no fue
aprobada y quedó estancada en la Asamblea Legislativa
Plurinacional.

Como otros planteamientos para los demás reclusorios de Bolivia, el


ministro Romero pide, en este proyecto de ley, más cámaras de
seguridad, separación de funciones de seguridad y tareas
administrativas de Régimen Penitenciario entre el ámbito policial y
civil.
Proyecto de Romero
control de llamadas. El ministro de Gobierno, Carlos Romero,
presentó en 2016 un anteproyecto de ley con la intención de mejorar
la situación carcelaria del país. La iniciativa, estancada ahora en el
Legislativo, propone la instalación de cámaras de videovigilancia y de
registro biométrico en las afueras de la cárcel. También plantea
interceptar las llamadas que realizan los privados de libertad hacia
afuera.
Tecnología. La propuesta también reúne medidas tecnológicas para
un mejor control a los privados de libertad. Una de ellos es la
instalación de cámaras de videovigilancia en todos los centros
penitenciarios del país. Además, se habilitarían sistemas de control.
Funciones. Otro aspecto es la separación de funciones de seguridad y
tareas administrativas de Régimen Penitenciario entre el ámbito
policial y civil. Es decir, la Policía cumpliría un rol netamente de
seguridad y no se dedicaría a temas de administración. Esta función
sería ejecutada por personal civil a cargo de Régimen Penitenciario.

DEFINICIÓN DE PRESO
Preso es aquel que se encuentra en una prisión. Un preso, por lo tanto,
es una persona que está privada de su libertad y que es obligada a
permanecer en un lugar de encierro. Por ejemplo: “Estuve ocho años
preso por un crimen que no cometí”, “Dos presos se fugaron de una
cárcel de máxima seguridad”, “El secuestrador afirmó que, antes de ir
preso, prefiere morir”.
El Estado, a través del Poder Judicial, es la
entidad que determina qué individuos deben
quedar presos. Enviar a una persona a la
prisión es un castigo posible ante ciertos
delitos: la pena debe ser confirmada tras un
juicio en el que el acusado cuenta con ciertas
garantías y puede ejercer su derecho a defensa.
Si el acusado es encontrado culpable y la ley indica que el castigo por el
delito que cometió es un encierro en prisión, el individuo deberá pasar
una cierta cantidad de tiempo tras las rejas. En ese tiempo, por lo tanto,
será un preso.
La existencia de este tipo de castigo pretende reeducar al preso, actuar
como disuasión para quienes piensan delinquir y cuidar al resto de los
ciudadanos de los individuos que, por su conducta, pueden resultar
peligrosos.
La realidad de las personas que van a prisión es ignorada por la mayoría
de lapoblación, como demuestran diversos estudios y libros escritos por
exconvictos que buscan abrir los ojos de la gente con respecto a la vida
tras las rejas. En primer lugar, es importante mencionar que si bien en
ciertas partes del mundo como ser China, Estados Unidos, América Latina
y algunos países de África las cárceles pueden ser auténticos infiernos,
existen sitios en los cuales se respetan las necesidades de los presos e
incluso se les ofrecen oportunidades para crecer.

Cuando un individuo es condenado a


pasar un tiempo prisión, lo normal es que los jueces decidan a qué
establecimiento enviarlo; para ello suelen evaluar los detalles del caso y
tomar en cuenta la impresión que se llevaron de la persona durante el
proceso judicial. Por ejemplo, si el crimen es una violación y el acusado
se mostró violento e insolente en la Corte, es muy probable que no reciba
ningún tipo de piedad y sea enviado a la peor prisión posible.
Cabe mencionar que dentro de una prisión, no todos viven la misma
realidad ni reciben el mismos trato. Por lo general, estos edificios están
divididos en varias alas (también llamadas pabellones), cada una
destinada a un grupo de gente bien definido; dependiendo del país y de
las posibilidades, es común que una de dichas alas acoja principalmente a
los presos extranjeros. Las personas más violentas también suelen ser
agrupadas, por lo cual su pabellón resulta mucho más peligroso que, por
ejemplo, el de las personas mayores.
En cualquier caso, pasar meses o años en una celda, aislado del resto de
lasociedad, sin la posibilidad de reunirse con amigos, de dormir en una
cama cómoda y cálida, de salir a disfrutar del sol y la naturaleza, entre
otras tantas restricciones, tiene un precio muy alto a nivel
psicológico. Como si esto fuera poco, durante las fiestas tales como
Navidad y Año Nuevo, el ánimo de los presos suele decaer especialmente,
ya que la sociedad parece ignorarlos más que de costumbre.
Otro uso del concepto de preso refiere a aquel que se haya sometido por
una emoción, un estado anímico o un sentimiento: “Preso de un ataque
de furia, el hombre golpeó al policía en repetidas ocasiones hasta dejarlo
inconsciente”, “Estuve preso de la angustia durante años: por suerte, un
psicólogo me ayudó a salir adelante”.