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PERSONALIDAD E IDENTIDAD

La constitución de nosotros como seres humanos no se hace recluidos con


nosotros mismos en nuestra mente, sino insertos en la sociedad. Que ella es un
factor esencial en la configuración de lo que podemos llegar a ser o a hacer, en
el fondo, somos nosotros, pero en un espacio y en un tiempo determinado, sin
los cuales no seríamos totalmente nosotros.
Por todo lo anterior, es necesario mencionar que las personas debemos pasar
por dos procesos diferentes, pero que corren generalmente paralelos, estos son
el de socialización y el de individualización.
El primero (socialización), tiene que ver con la capacidad de insertarnos en la
sociedad, adquiriendo un rol según sea el caso, y entablar relaciones con otros
miembros de la misma, considerarse parte de un conglomerado humano y de la
evolución de una comunidad (en el amplio sentido de la palabra), en el fondo,
ser uno con otros. Y es en esto mismo donde se sientan las bases de un proceso
de individualización, en el ser uno con otros, pues el individuo debe ser capaz de
reconocer ese uno, debe tener la capacidad de identificarse como un ser único
dentro del conglomerado humano, con determinadas características y modo de
ser, que hacen que sea ese uno y que se pueda relacionar con otros
reconociéndose en su individualidad.
Entonces, es en este contexto donde comienzan a analizarse dos fenómenos
propios de cada individuo, pero propio también de comunidades y de sociedades,
la construcción e identificación de personalidad y de identidad. Cada persona es
dueña de una personalidad y una identidad, aunque también hay identidades
colectivas.
Ahora, lo que nos ocupa es la construcción de personalidad e identidad, siempre
en relación con el contexto del sujeto y su proceso de socialización, distinguiendo
acá una socialización primaria, que es de vital importancia y que se da en la
niñez, especialmente en el seno de la familia y comienza con los vínculos de
apego (revisar guía de los vínculos de apego), y una socialización secundaria,
que son todos los vínculos sociales posteriores, a menudo se usen la palabra
personalidad e identidad como sinónimos y aunque estén íntimamente
relacionadas, no son en estricto rigor lo mismo.
Se podría decir que la personalidad es la manera en que yo soy y me comporto
en el mundo, ella contempla un determinado carácter o un temperamento.
Por temperamento entenderemos un conjunto de disposiciones afectivas que
predominan en el sujeto, que determinan sus reacciones emotivas. Éste se basa
en la herencia biológica, y por ello es difícilmente modificable.
Temperamento. Es la conformación reactiva de un individuo, el aspecto
espontáneo de su personalidad. Procede de la combinación de disposiciones
características emanadas de sus apetitos, emociones y estados de ánimo.
Por carácter entenderemos el conjunto de hábitos de comportamientos que se
va adquiriendo durante la vida. Por tanto, es adquirido y es una base psíquica de
la personalidad. En el diccionario de psicología del link anterior, carácter es
definido como: Conjunto de características que distinguen a una persona de otra.
La personalidad es la reunión del temperamento y carácter en una estructura.
Ahora, podemos decir también que es la organización de todo lo que determina
la conducta y el pensamiento de un individuo, el cómo es.
En cambio la identidad y construcción de la misma es un fenómeno bastante más
complejo y en constante movimiento, más activo. Es la identidad o la
construcción de ella quien tiende a la pregunta por quién soy. ¿Quién soy? Es
propiamente la pregunta por cuál es mi identidad, que puede modificarse o
mutarse por ¿quiénes somos las mujeres? Si lo que se busca es una identidad
de género, ¿quiénes somos? En general si se busca una identidad colectiva o
comunitaria.
La identidad no sólo está ahí, sino que es una necesidad básica del ser humano.
Según Erich Fromm (psicólogo social, psicoanalista y humanista alemán, muerto
en 1980) esa necesidad es vital en el ser humano y tiende necesariamente a
satisfacerla, como la necesidad de alimentarse. Dice que es tanto una necesidad
afectiva, es decir, que surge del sentimiento, como una necesidad cognitiva, que
busca la conciencia de sí mismo y del vecino al mismo tiempo, y dice también
que es activa, pues el hombre tiene que tomar decisiones haciendo uso de su
libertad y voluntad, es decir, no se trata sólo de ¿quién soy? Sino también, con
esto que ya soy, qué quiero ser y qué puedo ser.
Se podría decir que la identidad es el sello de la personalidad, y que tiene que
ver con el cruce entre individuo-grupo-sociedad, tiene que ver con nuestra
historia de vida, concepto de mundo, concepto de mundo de una época, etc.
La identidad es un proceso dinámico y en constante cambio, pero también es
establecer un centro, un YO relativamente estable que a pesar de las
modificaciones me permita seguir siéndolo. Después de cierto tiempo
(aproximadamente 20 años), el sujeto ya ha construido una identidad unificada,
ya ha formado ciertos pilares que a pesar de las constantes modificaciones
muestran que él es un ser único en el mundo, con un sello particular e irrepetible,
a pesar de la pertenencia a múltiples identidades, pues éstas además también
mutan en el tiempo, por ejemplo, primero eres mujer, luego profesional, y con al
tiempo adquieres la identidad de las madres y luego de las abuelas, pero tú eres
la misma. Esa búsqueda de identidad se vive más fuertemente en la época de la
adolescencia, con diversas crisis de identidad, como se les suele llamar. Ellos
(los adolescentes) son en esa época fuertemente egocéntricos, por eso mismo
la necesidad de sentar que no hay otros como ellos y trabajan por eso, más o
menos consciente.
Ahora, con esta conformación de personalidad y construcción de identidad
(llamaremos conformación al primer proceso, pues es menos activo por parte del
sujeto, y construcción al segundo, pues depende en gran medida del mismo),
también vamos configurando una identidad moral, el sujeto también es dueño de
una identidad moral, valórica, de principios y prioridades que le hace moverse
dentro de ciertos marcos éticos.