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Mitos de la selva:

LA SACHAMAMA
Es una boa gigantesca y solitaria, que vive en tierras pantanosas
de selva adentro. Llega un tiempo de su vida, quizá milenaria, en
que se incrementa su peso, es tal que ya no puede reptar,
entonces busca un lugar para vivir permanentemente. Entonces
libra, con su poderosa cola, un espacio lo suficientemente amplio,
allí pone su cabeza y espera. El gran poder de atracción que tiene
le permite halar a sus víctimas hacia esa especie de chacra que
forma delante de su cabeza.
Entonces, cualquier animal u hombre que, por ignorancia o
descuido, pase por su delante ve solamente su cabeza. Pero ya
será muy tarde. Porque habrá caído en el campo imantado de la
Sachamama, atraído hacia su poderosa mandíbula, para luego ser
triturado y tragado. Satisfecha su hambre, se pondrá a dormir por
una larga temporada.
Otros mitos cuentan que es la encarnación del espíritu de los rios
de la amazonía.
El chullachaqui
Duende o diablillo de selva, pequeño de estatura, viste siempre
una cushma o ponchito colorado cuando va a trabajar a su chacra
o anda de paseo. Puede transformarse tomando la forma o figura
de cualquier persona o animal, cuando quiere atrapar una nueva
y bella doncella y hacerla perder en el monte para siempre. Se
cuenta que las personas perdidas en la selva suelen encontrarlo.
El Chullachaqui no vuelve aparecer en el mundo real, y su víctima
pasa a formar a las legiones de duendes de este diablillo, de las
cuales es el jefe absoluto. En lo profundo de la selva posee chacras
donde cultiva sus alimentos, que resultan ser plantas venenosas
similares a la papa, la yuca y otros vegetales alimenticios.
Si fuéramos a la selva y encontráramos allí a un familiar u otro ser
querido casualmente y sin razón alguna, debemos ser precavidos.
Porque, seguramente, el Chullachaqui toma esa forma para
hacernos perder en el monte y solo podemos escapar de su
“encantamiento”, si logramos descubrir que su pie izquierdo tiene
la forma de una pata de cabra. Es raro pero también se cuenta que
pueden tener su pie en forma de patas de otro animal, o incluso
un pie humano vuelto hacia atrás.
LA RUNAMULA
La Runamula: una “mujer o gente” más mula “cruce de caballo con
burra”
Cuenta que cuando una mujer casada o comprometida, nativa o
mestiza seducía o era conquistada por un misionero, por raro
sortilegio, se convertía en un duende con cuerpo de mula, cabeza
y pecho de mujer, que vagaba en las noches de luna llena
asustando a los pobladores de los pueblos y caseríos, con sus
relinchos espeluznantes y el ruido producido por sus cascos, al
galopar sin rumbo por los alrededores. La gente sabía entonces
que había allí una mujer que mantenía relaciones prohibidas.
Entonces, los más valientes, perseguían al animal encantado para
ver en qué casa se metía o hacia donde se dirigía cuando
terminaba el encantamiento. La infiel descubierta, tenía que ser
llevada ante un buen curandero para que la curara, mediante
baños y sesiones de ayahuasca, liberándola del hechizo que sufría
por mantener amores prohibidos.
El mito peruano de los hermanos
Ayar
En este mito tradicional de los pueblos incas, se cuenta que en la
montaña conocida como Pacaritambo, cerca de la capital del imperio del sol,
Cuzco, aparecieron los hermanos conocidos como “Ayar” tras el diluvio que
provocó el dios Inti que acabó con los hombres y mujeres que antaño existían.

De esta montaña comenzaron su trayecto cuatro varones y cuatro mujeres (los


ocho hermanos). Sus nombres eran: Ayar Manco, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar
Auca por el lado de los hombres, por las mujeres eran: Mama Ocllo, Mama Cora,
Mama Rahua y Mama Huaco.

Los ochos hermanos buscaron, junto con los jefes de las tribus salvajes, nuevos
territorios fértiles en el sur. Sin embargo, no todo prosiguió pacíficamente, ya
que se produjeron problemas entre Ayar Cachi y el resto de los hermanos;
deseando estos últimos engañarlo y asesinarlo, por lo que lo dejaron encerrado
en una cueva cubierta con una enorme piedra de la que estaban seguros jamás
podría escapar.

La comitiva prosiguió con su camino y, al llegar a la gran montaña Huanacauri,


encontraron un enorme ídolo de roca con dicho nombre grabado. Al momento,
Ayar Uchu quedó convertido en piedra, pidiendo a sus hermanos que siguieran
el trayecto y que en su honor festejaran la fiesta del Huarachico.

Tiempo después, prosiguiendo con su itinerario, Ayar Auca fue transformado, a


semejana de Ayar Uchu, en roca. Finalmente, Ayar Manco llegó a la región de la
actual Cuzco acompañado por sus cuatro hermanas y por los líderes de las
tribus; pronto se percató de que la tierra era buena para sembrar plantas y para
criar animales, por lo que la comitiva decidió quedarse ahí y fundar una nueva
ciudad en nombre del creador del universo Viracocha, y para honrar al dios sol,
Inti; así, fundaron la capital del imperio del sol, Cuzco.
LA FUENTE DE LA VIDA

Si bien Viracocha creó el universo incaico, el dios Inti era la fuente la de la


vida. Como sucede en otras culturas, el dios que sustenta la vida es el más
importante. Para los andinos, el Sol proporcionaba la luz y el calor necesarios
para hacer brotar las plantas del grano. Sin el astro solar la vida de plantas,
animales y personas no podría existir. Además, al depender de la agricultura, los
incas hicieron de Inti su dios por excelencia. Fue tal el culto a este que los
emperadores se proclamaron sus descendientes legítimos. En suma, mientras
Viracocha dio origen al mundo, el dios Inti mantenía la vida sobre este con su
viaje a través del firmamento.
EL CULTO AL DIOS INTI

En un tiempo muy antiguo, Inti se manifestó a Inca Yupanqui y le ordenó


ser reverenciado adecuadamente. En aquella ocasión Inca Yupanqui
caminaba por el imperio, cuando el dios solar se manifestó. Este le dijo que el
imperio tendría grandes conquistas militares, por ello debía recibir las ofrendas
adecuadas. A partir de ese encuentro, el Inca mandó construir el templo
más importante de todos: Coricancha o Templo del Sol. Este templo sería el
corazón de la religión en el imperio de los andes.

A pesar de su benevolencia, cuando el dios Inti sufría un descontento el


Sol se eclipsaba. Para un pueblo totalmente solar un eclipse era un signo
catastrófico. En aquellos casos, el Inca manda elaborar ofrendas urgentes al dios
colérico. Por lo general, se ofrendaban animales, flores y un tipo de cerveza
llamada Chicha. Sólo de esta manera el dios Inti retiraba el espeso velo que
cubría los rayos del sol. Una vez más con la luz brillando en la superficie la vida
podía continuar.
LOS REGALOS DEL DIOS INTI

De acuerdo con los incas, todos los días Inti recorría el cielo diurno y cedía
el espacio nocturno a Mama Quilla. De manera similar a lo que creían
aztecas y mayas, el sol debía atravesar el cielo. Gracias a su presencia las
cosechas podían proliferar. Sin embargo, el viaje de Inti no era sencillo pues
debía sumergirse en el lejano mar. Cuando el Sol hacía contacto con los mares,
parte de estos se evaporaban. Después, el astro solar nadaba toda la noche hasta
reaparecer por el Oriente a la mañana siguiente. Se creía que el baño lo
revitalizaba.

En otro de los mitos, el dios Inti envía a sus hijos para civilizar a la
humanidad. En aquel tiempo, los hombres tenían costumbres salvajes y esto
entristecía al dios solar. Para remediarlo, pidió a sus hijos Manco Capac y Mama
Ocllo ir con los humanos y enseñar el conocimiento. De este modo, los vástagos
de Inti guiaron a la humanidad existente y fundaron Cuzco. A partir de ese
momento, los hermanos comenzaron el linaje de emperadores Inca.
EL HIJO DE VIRACOCHA

Para el pueblo inca, el dios Inti era uno de los hijos de Viracocha. En la
cosmogonía de los incas, el universo había sea creado por Viracocha. Este ser
primigenio estaba casado con Mama Cocha, divinidad de los mares. Ambos
tuvieron por descendientes al dios Inti (Sol), Pachamama (Madre tierra) y
Mama Quilla (Luna). A su vez, el dios solar tuvo por consorte a su hermana
lunar. Así mismo, se creía que los primeros gobernantes del imperio inca fueron
hijos de la pareja celeste.

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