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El género como dispositivo de poder:

feminismos disidentes, estudios de género y trabajo.

Liliana Vargas – Monroy


Profesora Asociada. Universidad Javeriana
Correo electrónico: liliana.vargas@javeriana.edu.co

Centro CLACSO: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Javeriana


(CLACSO: CO-019)

Desde algunas de las más importantes discusiones de los feminismos contemporáneos,


hemos visto ascender en los últimos años una nutrida problematización al concepto de
género. Esta problematización implica una deriva, que marca algunas de las propuestas del
feminismo de la tercera ola y que es posible conceptualizar como un desplazamiento del
género como categoría de análisis /determinante de desigualdad, al género como dispositivo
de poder. Esta ponencia se ocupa de la discusión de este desplazamiento, abordando la
cuestión, desde la discusión de la propuesta de construir una genealogía de la ontología de
género de Judith Butler (1990) y del proyecto de una crítica somatopolítica de Beatriz
Preciado (2011). El recorrido que realizaremos, nos permitirá conceptualizar el género
como un dispositivo de poder (Amigot y Pujal, 2009), ocupándonos de examinar la utilidad
de este concepto – herramienta, para la investigación en las Ciencias Sociales.
Abordaremos esta discusión, desde una aproximación investigativa en el campo de los
estudios críticos del trabajo, en un recorrido que nos permitirá debatir las relaciones que se
tejen entre los ordenamientos laborales contemporáneos, las formas de gubernamentalidad
y el dispositivo de género. La exploración retomará resultados investigativos de
indagaciones realizadas en el contexto de la industria de flor cortada en Colombia.

Palabras clave: Dispositivo de género, Crítica somatopolítica, Género y trabajo.

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Quisiera comenzar mi argumentación, con dos fragmentos recogidos a partir de trabajo de
campo, al interior de la industria de flor cortada en Colombia. Los fragmentos, describen la
lógica que se juega en las acciones de formación y capacitación, aplicadas a mujeres
obreras de empresas floricultoras de la Sabana de Bogotá:

“Los cursos que hacíamos con las trabajadoras, eran para que ellas aprendieran a tener en cuenta su
situación, su economía, para que aprendiera a planear y a respetarse como mujeres… celebrábamos
el día de la madre, el día de la mujer, llevábamos conferencistas, buscábamos que les quedara algo
interno (…) ante todo algo formativo y moral… les llevamos conferencias de un sofrólogo o un
padre…” Carmenza, Gerente de Gestión Humana.

“La visión que siempre hemos tenido es que Gestión Humana debe buscar que las trabajadoras sean
felices, no solo dentro de la empresa sino fuera de ella, se trata de que vayan adquiriendo en su
proceso de formación, los modelos, los principios, la moral que les permitan actuar bien, que les
permita una concordancia entre el adentro y el afuera, es siempre pensando que ellas no vienen a las
empresa solo a trabajar (partimos de la integralidad del ser), sino a formarse como seres humanos”
Patricia, Directora de Gestión Humana

Siguiendo algunas de las propuestas de Michel Foucault y en concreto de los estudios de la


gubernamentalidad al interior de los espacios de trabajo, en trabajos anteriores he propuesto
que con estas acciones se despliegan formas particulares de gobierno de la conducta de las
mujeres trabajadoras, que se corresponden con órdenes disciplinares y/o de control
(Vargas- Monroy, 2011, 2013) discutidos ampliamente por distintos autores.

Sin embargo en esta exposición, mi apuesta más fuerte, se dirigirá a mostrar como
estas formas de gobierno se articulan con un dispositivo de género al interior de las
empresas en las que estas mujeres trabajan. Esto me permitirá discutir un desplazamiento
en la comprension del género como categoría de análisis/determinante de desigualdad,
hacia una comprensión del mismo como dispositivo de poder. A partir de ahí, buscaré
explorar la pregunta de cómo se anuda y articula la (re)producción del género, con ciertos
ordenamientos contemporáneos del trabajo.
Para comenzar quisiera traer brevemente, dos definiciones que resultaran centrales
dentro de mi exposición, la primera es la definición de gubernamentalidad, la segunda es la
de dispositivo. Quisiera señalar también como estos dos conceptos de la obra de Michel
Foucault, abren el espacio que permite constituir un campo que podríamos denominar el
campo de estudios sobre la gubernamentalidad en el trabajo, dentro del cual el aporte de
diversos psicólogos críticos ha sido de gran importancia.
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Tomando como referencia los cursos de Foucault en el College de France de 1978 y
1979 – Seguridad, Territorio y Población, y El nacimiento de la Biopolítica –,
entenderemos la gubernamentalidad como un concepto referido a la conducción de la
conducta de los sujetos, a todas aquellas formas de pensar y actuar que han sido en
mayor o menor medida calculadas y sistematizadas, y que buscan dar forma, regular, o
administrar el comportamiento de otros. El concepto de dispositivo se refiere por su
parte, a todo aquello que tiene precisamente, esa capacidad de capturar, orientar,
determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las
opiniones y los discursos de los sujetos. (Agamben, 2005).
Probablemente los autores que primero y de manera más clara retoman el problema
de la gubernamentalidad para desarrollarlo en relación a los espacios de trabajo son Jaques
Donzelot (1981) y Nicolas Rose (1996, 1997). A estos dos autores sigue una amplia línea
de producción teórica que se articula alrededor de este problema. Transitando estas
discusiones, resulta claro sin embargo, que en muchas de ellas, la lectura de las formas de
gubernamentalidad se halla centrada en el contexto noratlántico y en el análisis de un tipo
de sujeto que, en su indefinición, parece claramente masculino.
Diversas propuestas feministas, argumentaran que estas discusiones no han
permitido comprender ni señalar las formas particulares de subordinación de las mujeres,
ni las fuentes de su subjetivación (Amigot y Pujal, 2009, 2010). A partir de ahí, algunas
discusiones del feminismo contemporáneo, se propondrá entonces, pensar el género como
un dispositivo, como un mecanismo capaz de capturar y orientar la conducta, que se
relacionaría claramente con la conformación del sujeto mujer en los discursos médicos,
psiquiátricos, educativos, laborales y en las prácticas institucionales con ellos articuladas,
entendiendo que los discursos acerca de la naturaleza de las mujeres son especialmente
relevantes en la producción de cuerpos y subjetividades femeninas “adecuadas”. (Amigot y
Pujal, 2009 )
Me dirigiré ahora, a explorar la relación entre género y trabajo, que resulta
particularmente ausente en muchos de los trabajos que hemos señalado hasta el momento.
Las preguntas que quisiera abordar en concreto, son las siguientes: ¿como se teje la
relación dispositivo de género y trabajo?, y de qué manera, estos dos elementos se anudan

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para el gobierno de los sujetos, en el sostenimiento de ordenamientos laborales y
económicos particulares.
Para avanzar, concentraré mi discusión en dos tipos de respuesta. Antes de
dirigirme a lo que sucede en la industria de flor cortada (que denominaré a partir de ahora
IFC), en Colombia, discutiré partir de las propuestas de Judith Butler y Beatriz Preciado,
—brevemente y desde una clave genealógica— la relación entre diferentes momentos
dentro de los ordenamientos laborales y económicos, y la (re)producción y prevalencia de
ciertos sujetos de género. Posteriormente me concentraré en el análisis de este problema en
el contexto de las transformaciones contemporáneas (1990-2010) de la IFC en Colombia.

Trabajo y (re) producción del género

Judith Butler es probablemente, una de las primeras autoras que problematiza el concepto
de género. En el prefacio de 1990 a su texto sobre: El género en disputa, Butler plantea el
hecho de que los debates feministas contemporáneos sobre los significados del género
parecen conducir a la sensación de que las feministas que los realizan están “armando cierto
problema”, como si la indeterminación del género pudiera: “desembocar en un fracaso del
feminismo”. La pregunta desde estos feminismos disidentes parece ser si el género, tal
como este ha sido entendido hasta el momento: como una categoría que remite a una
construcción social que sostiene la desigualdad entre hombres y mujeres, debe continuar
como elemento central dentro del feminismo, o si por el contrario, debemos problematizar
la categoría, y en ese sentido poner al “género en disputa”.
El recorrido de Butler a lo largo del texto, hace precisamente lo último:
problematizar la categoría de género, desde el ejercicio de construir: una genealogía de la
ontología de género. La autora estadounidense, se pregunta de esta manera: ¿que ocurre
con la estabilidad de las categorías de género, cuando el régimen epistémico de aparente
heterosexualidad se descubre como lo que produce y reifica estas categorías presuntamente
ontológicas? Butler (1990) emprende entonces, la tarea de considerar las categorías
fundacionales del sexo, el género y el deseo, como efectos de una formación especifica del
poder, lo cual requiere ese cuestionamiento crítico, que Foucault, reformulando a
Nietzsche ha denominado genealogía.

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Es importante recordar aquí, que el trabajo genealógico se niega a buscar los
orígenes, y en ese sentido se negaría a buscar una causa primigenia, una verdad interna, en
este caso sobre lo femenino. Tal origen en suma, no existiría para la genealogía, por el
contrario, esta indagaría los intereses y las relaciones de poder que se pueden señalar como
causa de categorías de identidad, que son efectos de instituciones, prácticas y
razonamientos de origen diverso y difuso (Butler, 1990). La genealogía trabaja en este
sentido sobre lo azaroso y lo fortuito.
Continuando la tarea de Judith Butler, la filosofa española Beatriz Preciado,
propone su trabajo como: " una genealogía política del binarismo" (Preciado, 2011).
Emprendiendo una operación de deconstrucción crítica de las categorías de la metafísica
binaria y proponiendo que de hecho, desde sus orígenes el feminismo ha sido un proceso de
des identificación crítica respecto a categorías como las de mujer o feminidad. En este
sentido, Preciado (2011) concibe el feminismo como un "proyecto de crítica
somatopolítica": un proyecto que posibilita re-pensar y re-articular las relaciones entre
cuerpo, subjetividad y poder.
Retomaremos ahora brevemente, algunos elementos de esta crítica somatopolítica,
por lo interesantes que resultan a la hora de pensar los anudamientos que se dan entre
género y trabajo, al pensar el género como un dispositivo de poder. Recuperando algunos
de los análisis de Michel Foucault, Beatriz Preciado (2011) discute como con la revolución
industrial y la expansión del colonialismo se produce un proceso de secularización del
cuerpo: éste deja de estar habitado por el poder teocrático y empieza a ser ocupado por un
nuevo tipo de poder que podemos denominar institucional o disciplinario. Paralelamente,
comienzan a aparecer una serie de tecnologías y dispositivos de control y vigilancia,
emergiendo un nuevo modelo de diferencia sexual binario. Hasta ahí estaríamos al interior
de un periodo que Preciado sintetiza como el de una primera revolución sexual del género.
El régimen somatopolítico disciplinario, implica un control de la sexualidad, para
dirigirla y canalizarla hacia la productividad y en concreto hacia la productividad industrial.
Es un momento en que el ordenamiento binario de género se fortalece y se hace
hegemónico y donde la matriz heterosexual de poder se consolida. En Testo Yonki, libro del
2008, Preciado propondrá la emergencia de un nuevo paradigma somatopolítico que
denominará farmacopornográfico y que entra en juego en los últimos años. La autora

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realiza esta propuesta no sin antes aclarar, que la emergencia de nuevos paradigmas
somatopolíticos, no implica la desaparición de los anteriores, y que por el contrario, se
puede proponer que actualmente diversos regímenes somatopolíticos conviven,
estableciendo entre ellos diferentes tipos de relaciones (tanto conflictivas como
simbióticas).
Al hablar de los ordenamientos de género en los espacios de trabajo, podríamos
pensar entonces, en un momento que se correspondería con el ascenso de la
industrialización y que es posible pensar en particular en ciertos momentos, en clara
articulación con una primera revolución industrial del género. Esta primera revolución
industrial del género: régimen somatopolítico disciplinar, correría paralela al control y a la
producción/reproducción del cuerpo nacional, que tiene como contraparte la producción del
cuerpo heterosexual, y desde allí producción binaria del género (Preciado, 2011). Así: el
cuerpo masculino sería producido como máquina viva de producción, el femenino como
máquina de reproducción. En este sentido, la taylorización industrial corre paralela con una
taylorización de la sexualidad y la gestión biopolítica del cuerpo productivo y reproductivo
(Preciado, 2011)
Este momento nos es claro, se relaciona con la hegemonía del sujeto masculino en
los espacios industriales de trabajo. El modelo mantendría para el género masculino el
lugar (público) del trabajo en la industria, y para el género femenino el lugar (privado) del
trabajo en el hogar. No es necesario recordar aquí que el paradigma del trabajador fordista
es un hombre, heterosexual y de familia. Dentro de las aserciones que hacia Henry Ford,
estaba la de una búsqueda por llegar a pagar en sus industrias, salarios que permitieran a
sus trabajadores (hombres), sostener sus hogares y de ser posible en algún momento,
comprar uno de los autos que producían. Se construía así no solamente un trabajador
determinado, sino un sujeto masculino determinado: heterosexual, trabajador, y en
capacidad de sostener una familia. La matriz heterosexual de poder que según las
conceptualizaciones de Judith Butler (1990), se halla en la tras escena del binarismo de
género, resulta central en este momento.
Al pensar el problema en términos genealógicos tendríamos que pensar este, como
uno de aquellos momentos donde un conjunto de relaciones de poder difusas, se articulan
en la producción de cierto modelo de familia, para cierto modelo de producción. La

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producción binaria del género, tendría así, uno de sus mejores ejemplos en el apogeo del
modelo fordista en los USA, donde la mujer del hogar es el modelo femenino, y el obrero
o el hombre de la industria o de los negocios, el modelo masculino. Podemos encontrar
ordenamientos somatopolíticos similares durante en franquismo en España, y durante el
apogeo de periodos de la primera industrialización, en muchos lugares del mundo.
La incorporación de las mujeres en los espacios industriales, no rompe el modelo
binario y por el contrario parece consolidarlo en muchos momentos. Está incorporación se
dará en general en periodos en que una amplia población femenina se halla disponible, al
tiempo que la población masculina está ausente. La imagen de Rosie la remachadora, que
presentaré a continuación1, y que se convierte posteriormente, en un icono del feminismo,
nos habla de esta incorporación, en el periodo de la segunda guerra mundial.
La vinculación de mujeres a los espacios industriales, viene aparejada entonces, de
la valoración de la “fortaleza física que pueden llegar a lograr las mujeres”, pero también de
la inscripción de ciertas cualidades femeninas en el trabajo. Esta implicará también cierto
reconocimiento estratégico de parte de las industrias: el reconocimiento de las mujeres
como una fuerza de trabajo, que resulta más dócil y en la mayoría de los casos más barata.
Pero la relación mujer y trabajo en los espacios industriales, va a resultar también
en muchos momentos problemática. El temor de que las mujeres perdieran sus
características “femeninas” en el tránsito hacia el trabajo en las fábricas, fue un tema
recurrente en la historia de la industrialización de la fuerza de trabajo femenina. En este
sentido, Joan Scott (1999), propone un periodo posterior a la primera industrialización que
va a enaltecer un tipo de obrera capaz de traer las “cualidades femeninas” al trabajo.
Características como la delicadeza, la castidad, el cuidado, la religiosidad, los sentimientos,
la comunicación, son enaltecidas, convirtiéndose en cualidades que deben ser
particularmente vigiladas y custodiadas — diremos aquí gobernadas—, para que no corran
el peligro de “dañarse”.
Diremos entonces, que el ingreso de la fuerza laboral femenina a las industrias, va
aparejada de una serie de prácticas de gobierno que buscaran evitar el peligro de

                                                                                                               
1   Ver: http://bulldogvintage.wordpress.com/2009/01/09/the-many-faces-of-rosie-the-riveter-1941-1945/ y:

https://www.youtube.com/watch?v=AWdb5cJUboI

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“contaminar y dañar” a las mujeres, pero ante todo, retomando las propuestas de Beatriz
Preciado, que desde una somatopolítica disciplinar, van a (re)producir lo femenino en los
espacios de trabajo. Estas estrategias pueden ir desde prácticas de vigilancia sobre el cuerpo
y las conductas, hasta prácticas de capacitación y formación (dentro del trabajo), para
generar la obrera deseada.
Antes de pasar al siguiente punto en el que me dedicaré a lo que sucede al interior
de la IFC en Colombia. Es importante recordar, que desde hace algunos años, diferentes
autoras señalan con insistencia, una paulatina desaparición de la forma disciplinar en
ciertos contextos de trabajo, esta desaparición estaría relacionada con el paso del modelo
fordista al modelo posfordista. Como ya lo hemos mencionado, desde sus
conceptualizaciones Preciado (2011), hablará del transito de una somatopolítica
disciplinaria a una somatopolítica (y este es uno de los principales aportes de su trabajo),
que denominará: farmacopornográfica. Este desplazamiento implicaría una ruptura y
desplazamiento de las producciones de género de las que hemos hablado. Dentro del tema
que nos ocupa, implicará también, la paulatina aparición de nuevas formas de gobierno
sobre las mujeres trabajadoras, que si bien no desplazarían el ejercicio disciplinar discutido
anteriormente, si poblaran el espacio laboral de nuevas formas de gubernamentalidad,
donde el autogobierno parece resultar el elemento central.

Gubernamentalidad de género en la IFC

Me concentraré ahora, en lo que sucede al interior de la IFC en Colombia. Lo que haré será
cruzar la pregunta por las formas de gubernamentalidad en el trabajo que operan al interior
de la IFC, con la propuesta de pensar el género como un dispositivo de poder. Para abrir
esta parte, comenzaré señalando el hecho de que la IFC surge a finales de los años 60 y se
corresponde realmente con una agroindustrial, que combina en su tipo de producción
elementos del trabajo industrial con elementos del trabajo agrícola. En el momento de su
surgimiento, la mano de obra femenina es desde hace ya mucho tiempo ampliamente
aceptada en la industria colombiana. Diremos también, que su cercanía con el momento de
expansión del modelo neoliberal (que como sabemos, en América Latina se extiende a

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partir de los años 70), hace que desde el principio la industria tenga a las mujeres, como su
sujeto preponderante de trabajo.
Plantearé para avanzar 3 elementos buscando articular lo que he venido discutiendo
hasta el momento, al análisis de lo que sucede en la IFC en Colombia. Debo decir antes de
esto, que el material que voy a presentar, corresponde a partes de un ejercicio etnográfico,
en el que se realizo el seguimiento de 4 empresas floricultoras, durante el periodo
comprendido entre 1995 y 2010.

1. El dispositivo de género en articulación con los ordenamientos de producción

Frente a señalamientos de las difíciles condiciones de trabajo que se dan en las empresas
floricultoras, la IFC apela como una de sus defensas centrales, al argumento de ser una de
las industrias que genera mayor cantidad de empleo para las mujeres. Este hecho, se
propone como impulsador de relaciones de mayor equidad entre hombres y mujeres, lo que
permitiría “empoderar” a las trabajadoras en sus relaciones familiares y de pareja
(Friedemann - Sanchez, 2010). Como hemos mencionado, la IFC ha sido denunciada sin
embargo, como una industria con fuertes condiciones laborales, que general gran
afectación en la salud de las mujeres. En este sentido, el “empoderamiento” en el espacio
domestico, contrasta fuertemente, con condiciones de precarización e indefensión en el
espacio del trabajo.
Incluso actualmente, después de cierto retroceso en el empleo de la mano de obra
femenina en la IFC, hecho relacionado con la crítica que agencias internacionales y ONGs
realizan en los últimos años frente a las condiciones de trabajo que se dan en la industria,
aproximadamente un 70 % de su población trabajadora continua siendo de mujeres. Este
70% se halla ubicado el los cargos más bajos y peor remunerados. Más del 95 % de las
personas a cargo de las áreas de Gestión Humana son también mujeres. En contraste casi el
100% de las Gerencias Generales de las empresas están ocupadas por hombres, lo cual nos
permite una idea clara de la división sexual del trabajo que se da en la IFC.
Al explicar las razones de la alta población femenina en los cargos más bajos y en
los cargos de gestión del “recurso humano” en las empresas, estas eran las respuestas con
las que nos encontrábamos:

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Sobre las operarias mujeres:
• La mujeres son más delicadas para el trabajo de cultivo de la flor
• Tienen mayor estética para la elaboración de los ramos y bouquets
• Cuando son madres tienen mayor necesidad del trabajo y por tanto,
soportan mejor las condiciones difíciles de la industria

Sobre las mujeres en las áreas de Gestión Humana:


• La mujeres se preocupan más por la gente y las relaciones humanas y
pueden manejar mejor los problemas con los trabajadores
• Las trabajadoras las ven como una figura materna, que les
proporciona cuidados dentro del trabajo y esto las hace menos
propensas a la huelga

2. El dispositivo de género en articulación con el manejo de los sindicatos

En muchas de las entrevistas realizadas durante la exploracion en estas 4 empresas, aparece


la constante del surgimiento de las áreas de Gestión Humana como un mecanismo que
contiene la amenaza sindical. En general estas áreas estan dirigidas por mujeres y
compuestas tambien por jefaturas femeninas en sus principales divisiones. La lógica es la
que he señalado en el cierre del punto anterior: las mujeres son vistas como figuras
maternas que cuidan a las trabajadoras, lo que hace a las obreras menos proclives a la
sindicalización. La siguiente es una conversacion con una Gerente de Gestión Humana, en
la que aparece el elemento al que me refiero:

GGH: Por ese año, hubo un problema laboral de una huelga en una empresa que justamente quedaba
en Madrid.
E: ¿Qué empresa? ¿te acuerdas?
GGH: Bogotá Flowers
E: Una huelga de trabajadores....
GGH: Si, y obviamente la empresa desapareció. Hubo una huelga de un sindicato, no había una
experiencia de cómo manejar cosas como esas; entonces eso terminó en que todos perdieron. La
empresa se acabó, los trabajadores también salieron de ahí perdiendo, fue una situación muy
complicada. Entonces las empresas dijeron:
“bueno este tema laboral hay que mirarlo con atención” y se decidió comenzar a tra
bajar para fortalecer todo el tema de gestión humana, que como tu sabes, lideramos las mujeres. Las

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empresas se organizaron con esa finalidad y ahí comenzó el impulso a los programas de GH, así
empezó y posteriormente, se consolidó la Gerencia de Bienestar Social.

El siguiente cuadro muestra las transformación que se dan en las empresas, a partir de
reformas legales que se introducen hacia el año 2002 en el país, y que desembocan en la
desarticulación de las áreas de Gestión Humana. Quiero llamar la atención sobre lo que
sucede en este transito, con los sindicatos:

1995 - 2002 2002 - 2010

Consolidacion de las Áreas de Gestión Desarticulacion de las Areas de Gestión


Humana Humana
• Prácticas sobre las tabajadoras: • Prácticas sobre las trabajadoras:
⎯ Disciplinarización ⎯ Disciplinarización
⎯ Economización ⎯ Autorregulación (Prácticas de sí)
⎯ Moralizadoras y de ⎯ Las prácticas moralizadoras y de
⎯ Feminización feminización se debilitan
• POCOS SINDICATOS, LA • RESURGIMIENTO DE LOS
MAYORIA DE ELLOS SINDICATOS
PATRONALES

Por todo lo anterior ss y de negociar con los sindicatos.


3. El dispositivo de género en la producción de la “buena trabajadora”

A pesar del altísimo número de mujeres que hay en los cultivos y del hecho de que las
mujeres obreras resultan en muchos casos fuertemente sexualizadas (ya sea como víctimas
del acoso de los hombres – generalmente supervisores, o como provocadoras de los
mismos), en muchos de los discursos y conversaciones que pueden ser registrados en las
empresas, esta sexualización aparece siempre bajo el registro de una lógica de generización
binaria, donde la posibilidad de arreglos de género por fuera de la matriz heterosexual,
parecen excluidos.

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La sexualización desemboca entonces, en la queja de cierta “inmoralidad” en la
conducta de las trabajadoras, lo que se resuelve en la gestión de variadas prácticas de
capacitación, dirigidas a la producción de una “buena trabajadora”, o de una: “trabajadora
con valores”. Quisiera recordar brevemente los fragmentos con los que inicio mi discusión,
estos hablan precisamente de estas prácticas de capacitación. Las mujeres “interventoras”
operan dentro en estas prácticas, como parte de otro juego binario, que se da entre cierto
modelo de ideal femenino, que tiene al frente a la trabajadora que debe ser transformada e
intervenida. En este espacio, el juego de disciplinarización es doble: hacia el cuidado de un
ideal de feminidad en el trabajo y hacia la producción de una buena administradora en el
hogar.
Para cerrar mi argumentación en este punto, quiero traer una lista de las diferentes
prácticas de capacitación y formación que se articulan dentro de las empresas en este
momento, llamando la atención sobre las prácticas del segundo grupo, que se relacionan
con los elementos que he discutido:
• Formación en el corte y manejo de la flor
• Capacitación en la elaboración de ramos y bouquets
• Capacitación para mejorar la postura corporal en el trabajo

• Capacitación en métodos anticonceptivos y de control de la natalidad


• Capacitación en manejo de la economía domestica
• Cursos de peluquería, panadería y arreglos navideños
• Charlas para la formación en “valores femeninos”
• Charlas sobre relaciones interpersonales
• Charlas sobre manejo y resolución de conflictos
• Talleres para “cultivar la paz en familia”

Muchas gracias.

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Referencias bibliográficas:

Agamben, G. (2005). ¿Qué es un dispositivo? Conferencia pronunciada en la Universidad


Nacional de La Plata. Disponible en: http://libertaddepalabra.tripod.com/id11.html

Pujal, M y Amigot, P. (2010). El binarismo de género como dispositivo de poder social,


corporal y subjetivo. Revista Quaderns de Psicología. 12(2), p. 131-148

Amigot, P., y Pujal, M. (2009). Una lectura del género como dispositivo de poder. Revista
Sociológica. Aproximaciones Al Poder., 70(20), p. 115-15

Butler, J. (1990). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.


Madrid: Paídos.

Friedemann – Sánchez, G. (2010). Ensamblar flores y cultivar hogares. Bogotá: ICAHN.

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Collège de France (1978-1979). Madrid: Akal Universitaria. (2004)

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Donzelot, J. (1981). Pleasure in work. Ideology and Consciousness. Vol 9 pp. (3-28).

Preciado, B (2008). Testo Yonky. Madrid: Espasa.

Preciado, B. (2011). Cuerpo impropio. Guía de modelos somatopoliticos y de sus posibles


usos desviados. Seminario Universidad Internacional de Andalucía. Sevilla,
España. Audio disponible:
http://ayp.unia.es/index.php?option=com_content&task=view&id=678&Itemid=9
3

Rose, N. (1997). El gobierno de las democracias liberales avanzadas: Del liberalismo al


neoliberalismo. Archipielago: Cuadernos de Crítica de la Cultura, 29, 25-40.

Rose, N. (1996). Inventing our selves: Psychology, power and personhood N.Y.:
Cambridge University Press.

Scott, J. (2008). Género e historia.Mexico, D. F.: Fondo de Cultura Económica.

Vargas- Monroy, L. y Pujal, M. (2013). Gubernamentalidad, dispositivos de género, raza y


trabajo: la conducción de la conducta de las mujeres trabajadoras. Universitas
Psychologica.12 (4), p.1255 – 1267.

13  
 
Vargas - Monroy, L. (2011). Gubernamentalidad, globalización y mujeres trabajadoras en
la industria de flor cortada en Colombia. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma
de Barcelona.

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