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“El arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación

de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o


grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la
aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha
privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la
persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley.”

En otras palabras, la desaparición forzada sucede cuando una


autoridad del Estado priva de la libertad a un ciudadano. Los
funcionarios involucrados pueden ser un policía, un miembro del ejército
o civiles bajo las órdenes de cualquier funcionario público como un
Secretario de Estado, un gobernador, un presidente municipal, o el
mismo Presidente de la República. Es decir, no importa si los que
llevaron a cabo la desaparición fueron miembros del llamado
“crimen organizado” o civiles; si actúan bajo las órdenes de un
funcionario público, entonces se trata de una desaparición forzada.

Ahora bien, si te detiene un policía y te lleva al ministerio público,


entonces no se trata de desaparición forzada. Este delito sólo se
comete cuando, después de la privación de la libertad, los agentes del
estado se niegan a dar parte de tu paradero, o simplemente no te
presentaron ante las autoridades correspondientes cuando debían de
hacerlo.
¿Por qué existe?
Esta práctica se volvió común en América Latina a partir de los años
sesenta, con los gobiernos militares de distintos países. Por
ejemplo, en Brasil, a partir del golpe militar de 1964, que se encargó de
“eliminar” a la oposición con cuerpos policiacos, del ejército y
paramilitares. Esta estrategia partía de privar de la libertad
arbitrariamente a los que eran señalados como disidentes, generalmente
se les torturaba y asesinaba, para más tarde levantarles actas de
defunción falsas.

Otro de los países que padeció agudamente este delito fue Argentina, a
partir de 1973, y especialmente en la dictadura militar que corrió de 1976
a 1983. La estrategia fue anunciada en 1975 por el general golpista
Videla, quien declaró: “…morirán tantos argentinos como sea
necesario a fin de preservar el orden”. Se calcula que en ese periodo
se desaparecieron cerca de 30 mil personas.

México no ha estado exento de este delito, a pesar de que no tuvo una


dictadura militar en la segunda mitad del siglo XX. En este país, las
denuncias sobre este delito se empezaron a multiplicar desde los años
90, aunque cuentan con el antecedente de la llamada “Guerra
sucia” de los setentas. Desde entonces, numerosos activistas y
defensores de los derechos humanos en Chiapas, Guerrero y Oaxaca,
principalmente, han sido sustraídos de sus comunidades y sus
familias sin que se sepa cuál es su paradero.

Adicionalmente, se ha señalado el problema de desaparición forzada en


otros países como Colombia, Chile, Guatemala, El Salvador, Uruguay,
España, Argelia, entre muchos otros.

¿Por qué se comete este


delito?
La idea detrás de la desaparición forzada es privar a los ciudadanos de la
protección de la ley. Es decir, no sólo se trata de detenerlos, sino
también de dejarlos desamparados, sin protección, ante la violencia del
Estado. Si bien es cierto que los estados modernos cuentan con leyes
que hacen posible la privación de la libertad porque se ha cometido un
delito, todos ellos cuentan con reglas claras de cómo se debe de llevar a
cabo el arresto.

Cuando las reglas no se cumplen, la ley desaparece. Es como si de


pronto los “desaparecidos” dejaran de ser ciudadanos, dejaran de tener
derechos. Desaparecer a una persona significa negarle sus derechos
más fundamentales. Por eso, sólo los gobiernos pueden cometer
este delito.
¿Por qué es diferente a un
secuestro?
Materialmente, la desaparición forzada y el secuestro son lo mismo. Una
persona o un grupo de personas privan ilegalmente de la libertad a
alguien más. Sin embargo, existen dos diferencias clave:

1. En el secuestro, quienes actúan son particulares. Es decir, no


son funcionarios públicos. En la desaparición forzada
intervienen fuerzas del Estado de cualquier nivel. Desde
cuerpos de seguridad, hasta funcionarios públicos de
“escritorio”. No importa si los que privaron de la libertad no
sean agentes del estado, sigue siendo desaparición forzada si
actúan bajo la autorización o el apoyo de cualquier instancia
gubernamental.

2. El secuestro generalmente tiene como objetivo obtener “algo”


a cambio. Ya sean bienes materiales o cualquier otra cosa. En
cambio, en la desaparición forzada, la privación de la libertad
es el fin en sí mismo. En otras palabras, el principal objetivo
es justamente “desaparecer” a las personas, lo cual implica
que quedan aisladas de la ley.

Si encuentran a la víctima en
buenas condiciones, ¿se
anula el delito?
No, no se anula. Generalmente la desaparición forzada la padecen
activistas, opositores o personas que “incomodan” a los gobiernos; pero
no siempre se da por motivos políticos. También es delito de
desaparición forzada si un policía detiene a un ciudadano por motivos
personales, por ejemplo, o si se detiene a alguien que cometió un crimen,
pero no se le presenta ante las instancias correspondientes.

La tortura y el asesinato son agravantes de este delito. Pero, si una


persona desaparecida aparece después de un tiempo, y no fue
torturada; de todas maneras el delito se tiene que perseguir; porque
se aisló a la persona de sus derechos. No hay límite de tiempo
establecido para este delito, es decir, no importa si la persona
permaneció desaparecida muchos años o pocas horas.
Indígenas tzotziles. 28 de Agosto, 2001. El letrero dice “Retornan Víctimas de la Guerra Sucia”. (AP
Photo/John Moore)

¿En México se persigue este


delito?
Sí. Una reforma reciente ratifica lo establecido en la Convención
Internacional para la protección de todas las personas contra las
desapariciones forzadas.Además de que el Código Penal se reformó
para que quien cometa este delito pase entre 40 y 60 años de
prisión, sin derecho amnistía o indulto. La ley también establece que
el funcionario público responsable será removido de su cargo.

La ley existe. Pero es importante insistir en la voluntad política para


perseguir un delito como este. Una de las principales dificultades es
que, para perseguir este delito, es el propio Estado el que se persigue a
sí mismo (específicamente, a alguna de sus instancias).

Cifras de desaparición forzada


en México
El Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o
Desaparecidas en el 2016 marcaba un total de 30 mil 499 casos de
personas desaparecidas en México. En años recientes, la posibilidad
de obtener justicia para estas personas es muy baja. Entre 2014 y 2015
sólo se iniciaron 127 averiguaciones, de las cuales se desconoce la
cifra de casos resueltos conforme a la ley.