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Howard Phillips Lovecraft (1890-1937)

Tal vez el nombre de H.P. Lovecraft –así firmaba sus relatos- no suene a los más jóvenes, o a
los que no están familiarizados con el terror, la fantasía o la ciencia ficción en la literatura, el
cine, la historieta, etc., pero el hecho es que el arte de imaginar otros mundos fue directa o
indirectamente influenciado por su trabajo. Un ejemplo local es el trabajo de Jorge Luis Borges,
donde la influencia lovecraftiana se deja entrever en “El Aleph” o “Las Ruinas Circulares”. La
principal innovación que trajo en principio (Lovecraft) al género del terror fue la creación de
toda una cosmogonía que va más allá de nuestra realidad y el universo conocido. Desde que
aparece en escena H.P.L., las casas encantadas, castillos tenebrosos, páramos tétricos, barcos
fantasma, etc., dejaron de estar habitados por fantasmas y espectros de los muertos. Eran
ahora la morada de “Dioses Primigenios” olvidados (para bien de la Humanidad), demonios y
monstruos, venidos de los “espacios exteriores” (exteriores a nuestra realidad, Lovecraft fue el
primero en jugar con el concepto de otras dimensiones) y de una antigüedad que hacía de la
Historia de nuestro mundo algo reciente y efímero. Entre sus trabajos más elogiados se hallan
los relatos agrupados bajo el título de “Los Mitos de Ctulhu”, de los que se destacan “La
Llamada de Ctulhu” y “La Sombra sobre Innsmouth”, entre otros. Su “creación” más conocida
(paradójicamente) es el Necronomicón, un ficticio grimorio pagano y maldito, escrito hace
siglos por el árabe loco Abdul Al Hazred, cuya existencia se transformó en una leyenda aparte.

Un rasgo característico de las historias de Lovecraft es la narración en primera persona,


fuertemente centrada en el estado de ánimo del protagonista, que generalmente se encuentra
al borde de una sima de terror y locura si no ha caído directamente en ella. El otro es la
descripción vaga, casi pudorosa de los seres que habitan el imaginario lovecraftiano,
demasiado horrorosos y abrumadores para detallar…

Hijo de un comerciante y una dama de la alta sociedad de Providence, Rhode Island, Lovecraft
era un niño de naturaleza frágil y enfermiza, que estudiaba en su casa bajo el halo de su
sobreprotectora madre. Su padre murió demente en un hospital (dato no poco relevante). De
joven comenzó a trabajar por muy poco dinero como corrector para otros autores y vendía por
míseras sumas sus relatos, que tuvieron gran éxito en publicaciones –por aquel entonces- poco
prestigiosas como la legendaria revista “Weird Tales”. Murió joven, pobre y muy lejos del
reconocimiento que obtuvo póstumamente, luego de que algunos amigos recopilaran sus
relatos y los publicaran en forma de libros. Su tumba se encuentra en Providence, bajo una
lápida que reza “I am Providence” y es lugar de peregrinación para admiradores, fanáticos y
lunáticos varios.

Daniel Brassesco.