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Qué es

La esquizofrenia es un trastorno mental grave que afecta al paciente deteriorando sus capacidades en
diversos aspectos psicológicos, como el pensamiento, la percepción, las emociones o la voluntad.

Los pacientes esquizofrénicos pueden perder el contacto con la realidad (psicosis), sufrir alucinaciones,
delirios (creencias falsas), tener pensamientos anormales y alteración del funcionamiento social y
laboral.

Etimológicamente significa «mente escindida». Con este término, se quería subrayar las alteraciones en
el pensamiento que presentan las personas que la padecen.

Causas
El origen de la esquizofrenia no se conoce con certeza. No obstante, en los últimos años se han logrado
algunos avances que permiten señalar diversos factores responsables del trastorno:

Alteraciones precoces del desarrollo del cerebro


Estudios con técnicas histopatológicas modernas y con técnicas de neuroimagen, como la resonancia
magnética, han detectado anomalías en la estructura de determinadas regiones cerebrales. Otras
técnicas, como la tomografía de emisión de positrones, han permitido observar algunas alteraciones en
el funcionamiento del cerebro de estos enfermos, en comparación con el de personas sanas.
Conjuntamente, estos hallazgos apoyan la teoría de que la esquizofrenia puede tener su origen en
alteraciones del desarrollo cerebral muy precozmente, en concreto, durante el desarrollo del cerebro
embrionario.

Predisposición genética

Aunque el mecanismo de transmisión no se conoce, sí se sabe que el riesgo de padecer la


enfermedad es mayor cuando existen antecedentes familiares de la misma. Sin embargo, la
presencia de antecedentes no es una condición necesaria ni suficiente; muchos pacientes no los
presentan y muchos sanos, sí. Esto indica que otros factores no genéticos también juegan un
papel importante en la génesis del trastorno.

Factores de riesgo/ambientales

Aún habiéndose producido importantes avances en el conocimiento de esta enfermedad,


podemos seguir afirmando, como se hacía hace diez años, que aunque sabemos que la
heredabilidad de la Esquizofrenia es sustancial, la etiología de la misma está mal explicada
en estos momentos (Cardno y Gottesman, 2000). A pesar de la importancia del componente
genético en el origen de la Esquizofrenia, el efecto de los genes puede depender además de
la interacción entre ellos, de la interacción con agentes ambientales, tanto biológicos como
psicosociales (Brown, 2006; Spauwen et al., 2006; van Os et al., 2005). A continuación se
exponen algunos factores ambientales que se han relacionado con la etiología de la
Esquizofrenia:

Estación de nacimiento: los individuos con Esquizofrenia tienen mayor probabilidad de haber
nacido en los meses de invierno, con un riesgo relativo del 10% para los nacidos en invierno
frente a los nacidos en verano (Bembenek, 2005). Este dato está fuertemente relacionado
con el hecho de que los pacientes cuyas madres se encontraban en el segundo trimestre de
embarazo durante una epidemia de gripe, tienen más riesgo de desarrollar Esquizofrenia
(Brown, 2006).

Infecciones: además de la gripe, se han implicado otras infecciones que supuestamente,


pudieran influir en el desarrollo del sistema nervioso central (Pérez Nevot et al., 2007) tanto
durante el embarazo como en los primeros años de vida: la rubeola en el primer
trimestre(Brown et al., 2001), polio en el segundo trimestre (Suvisaari et al., 1999),
varicela en el nacimiento (Torrey et al., 1988), herpes virus (Buka et al., 2008), o de
meningitis durante la infancia (Abrahao et al., 2005).

Complicaciones perinatales: estas complicaciones pueden referirse tanto al embarazo, al


parto como al desarrollo fetal (Hultman et al., 1999). La presencia de complicaciones
obstétricas perinatales aumenta la vulnerabilidad a la Esquizofrenia, (siendo el riesgo
relativo de padecer Esquizofrenia en estos sujetos de 2) (Verdoux y Sutter, 2002; Geddes et
al., 1999). Por otro lado, las complicaciones obstétricas son más frecuentes en las madres
de edad avanzada (Lopez- Castroman et al., 2010), lo que explicaría la relación entre
madres mayores e hijos esquizofrénicos.

Edad de los padres: además de la ya mencionada edad de la madre, otros estudios han
encontrado una relación entre la edad avanzada parental y la Esquizofrenia (Zammit et al.,
2003; Malaspina et al., 2001; Byrne et al., 2003). Sin embargo, en un meta análisis
reciente se ha puesto de manifiesto que los padres de edad avanzada, independientemente
del sexo, tienen más riesgo de tener hijos con Esquizofrenia, y que este riesgo también es
mayor en los padres jóvenes menores de 25 años (Miller et al., 2010).

Cannabis: cada vez hay una mayor evidencia de la aparición de Esquizofrenia en


consumidores de cannabis (Le Bec et al., 2009; Sevy et al., 2010; Dragt et al., 2010;
Fernandez-Espejo et al., 2009; Wilson y Cadet, 2009). En los últimos años se ha llegado a
identificar al Delta9-THC como el principio activo del cannabis con más poder para producir
psicosis (Di et al., 2009).

Residencia urbana: el riesgo de presentar Esquizofrenia es mayor en aquellos que nacen o


crecen en áreas urbanas (van Os et al., 2005). Si bien se desconoce el mecanismo
etiopatogénico, se postula que sería la acción de factores biológicos y sociales más
predominantes en los ambientes urbanos lo que estaría detrás de este fenómeno, actuando
de forma sinérgica con la predisposición ambiental. Como candidatos potenciales
encontramos la contaminación, el uso de tóxicos (cannabis) o la exclusión social (Kelly et
al., 2010).

Etnia, inmigración y estrés psicosocial: al estudiar la aparición de la Esquizofrenia en


inmigrantes africanos o caribeños en el Reino Unido y Holanda, así como en sus
descendientes, se observó que tenían tasas 10 veces mayores que la población general. Sin
embargo, estas tasas no están tan elevadas en los inmigrantes de piel no oscura ni en sus
descendientes, lo que descarta que sea un efecto relacionado con la inmigración. Dado que
las tasas de Esquizofrenia en sus países de origen tampoco eran superiores, parece ser un
fenómeno relacionado con el estrés psicosocial de ser negro en poblaciones blancas (Eaton
y Harrison, 2000).

Neurotransmisión y circuitos en Esquizofrenia


El mecanismo neuroquímico de la Esquizofrenia permanece desconocido en nuestro tiempo.
La hipótesis Dopaminérgica ha sido la más aceptada, sin embargo, resulta insuficiente para
explicar toda la fenomenología de esta enfermedad y existen hallazgos que implican otros
sistemas de neurotransmisión.

Hipótesis Dopaminérgica

Esta hipótesis sostiene que los síntomas de la Esquizofrenia se deben a un exceso de


dopamina o a una elevada sensibilidad a este neurotransmisor (Matthysse, 1974). Se
formuló tras el descubrimiento de que los antipsicóticos efectivos en la Esquizofrenia eran
antagonistas de los receptores dopaminérgicos (Carlsson y Lindqvist, 1963) y tras la
observación de que los agentes liberadores de dopamina podían producir síntomas
psicóticos (Rotrosen et al., 1979; Thompson et al., 2004; Lieberman et al., 1987). Las
principales vías dopaminérgicas cerebrales que nos interesa señalar son:

Mesolímbica: Proyecta desde el área tegmental ventral del mesencéfalo a ciertas áreas
límbicas, como el núcleo accumbens, que forma parte del circuito de recompensa.
Teóricamente la hiperactividad dopaminérgica de esta vía explicaría la producción de los
síntomas positivos en las psicosis. Además, este circuito es importante para la regulación de
las respuestas emocionales, la motivación, el placer y la recompensa, por lo que una
disfunción a este nivel, podría explicar parte de los síntomas negativos observados en la
Esquizofrenia. En este caso, existiría un déficit en la función dopaminérgica. Quizás, la
mayor incidencia de abuso de sustancias en la Esquizofrenia, podría explicarse como un
intento de potenciar la función deficitaria de este sistema de recompensa o centro del placer
mesolímbico (Grace, 1993; Grace, 1991a). Por otro lado, la hiperactividad de las neuronas
dopaminérgicas de esta vía puede desempeñar un papel en las conductas agresivas y
hostiles de la Esquizofrenia, sobre todo si se asocia a un control serotoninérgico errático.

Mesocortical: Proyecta desde el área tegmental ventral a córtex prefrontal ventromedial y


dorsolateral. Los haces que conectan con el córtex ventromedial, se han relacionado con
funciones de regulación de emociones y afectividad, por lo que, un déficit dopaminérgico en
esta vía podría explicar parte de los síntomas negativos y afectivos observados en la
Esquizofrenia. Por otro lado, los haces que proyectan al cortex dorsolateral se relacionan
con la regulación de funciones cognitivas, por lo que algunos de los síntomas negativos y
cognitivos de la Esquizofrenia pueden ser debidos a un déficit de actividad dopaminérgica a
este nivel (Cropley et al., 2006).

Nigroestriada: Proyecta desde la sustancia negra del troncoencéfalo a los ganglios basales o
estriado. Esta vía forma parte del sistema extrapiramidal y desempeña un papel clave en el
control de los movimientos motores. En la Esquizofrenia no tratada, esta vía puede estar
relativamente preservada. Sin embargo, las sustancias que bloquean los receptores de
dopamina D2 en esta vía, reproducen trastornos de movimiento como la enfermedad de
Parkinson (con temblor, rigidez y acinesia/bradicinesia), acatisia y distonía, provocados por
la deficiencia de dopamina a este nivel. Cuando la dopamina está en exceso en esta vía, se
producen movimientos hipercinéticos como corea, tics o discinesias. Un ejemplo sería la
discinesia tardía inducida por neurolépticos que puede aparecer por el bloqueo crónico de
estos receptores en esta vía nigroestriada.

Tuberoinfundibular: Constituida por las neuronas que proyectan desde el hipotálamo a la


hipófisis anterior, mediando en funciones neuroendocrinas. Regula la secreción de prolactina
a la circulación sanguínea inhibiendo su liberación. Al recibir tratamiento con fármacos que
bloquean los receptores dopaminérgicos D2 en esta vía se elevan los niveles de prolactina,
pudiendo surgir efectos secundarios (galactorrea, amenorrea y disfunción sexual). En
pacientes con Esquizofrenia que no reciben tratamiento antipsicótico se considera normal el
funcionamiento de esta vía.

La hipótesis con más aceptación conceptual ha sido la dopaminérgica, a pesar de lo cual, el


grueso de los datos que la apoyan son indirectos (efecto psicotizante de sustancias
dopaminérgicas y efecto antipsicótico de fármacos antidopaminérgicos) (Keshavan et al.,
2008). En la versión revisada de la hipótesis dopaminérgica, se propone que la
Esquizofrenia se asociaría a una disregulación en la transmisión dopaminérgica: por un lado
se observaría una hiperfunción dopaminérgica subcortical en las proyecciones mesolímbicas,
que resultaría en la hiperestimulación de los receptores D2 con aparición de sintomatología
positiva. Por otro lado, una hipofunción en las proyecciones dopaminérgicas mesocorticales
al córtex prefrontal, que resulta en la hipoestimulación de los receptores D1 con la
consecuente sintomatología negativa, afectiva y cognitiva. Sin embargo, las vías
dopaminérgicas nigroestriada y tuberoinfundibular permanecerían relativamente
preservadas (Davis et al., 1991; Laruelle et al., 2003).

Alteraciones en moléculas del cerebro


Se ha descubierto que diversas sustancias llamadas neurotransmisores (los responsables de que las
neuronas se comuniquen adecuadamente) pueden estar desequilibradas en la esquizofrenia. Los
estudios sobre estas sustancias están siendo muy importantes para el diseño de fármacos cada vez más
efectivos.

Infecciones del embarazo y complicaciones del parto


Está en estudio si algunas infecciones por virus que padezca la madre durante el embarazo pueden ser
responsables de alteraciones del desarrollo cerebral normal del feto y que, a cierta edad, provoquen la
enfermedad. Por otra parte, se ha relacionado este trastorno con complicaciones durante el parto
(traumatismos, anoxia cerebral).

Evalúa tus síntomas

Síntomas
El principal problema relacionado con los síntomas de esta patología es que la mayoría son subjetivos,
es decir, sólo el paciente los experimenta, por lo que no pueden comprobarse. El segundo, es que la
esquizofrenia es una enfermedad que presenta muchas y variadas manifestaciones pero ninguna es
específica de ella, sino que también pueden estar presentes en otros trastornos mentales. Actualmente
se dividen los síntomas en dos grandes grupos:

Los positivos consisten en aquellas manifestaciones anormales que experimentan los pacientes, como
ver cosas que no existen (alucinaciones) o pensar que ocurren cosas que no son verdad (delirios).

Los negativos consisten en aquellas manifestaciones que hacen pensar que el sujeto está perdiendo
capacidades para pensar, sentir o hacer cosas con normalidad. Por ejemplo, dejar de hablar con fluidez,
tener interés por las cosas o las personas, por levantarse cada día a trabajar, etc. Es habitual que, con el
paso del tiempo, muchos de los síntomas se alivien. Sin embargo, suelen quedar algunas secuelas, como
abandono del cuidado de sí mismo, frialdad hacia los demás, indiferencia o desinterés por todo.

Los síntomas más característicos de la enfermedad son:


Delirios: Ideas erróneas de las que el paciente está convencido. Por ejemplo, creer que todo el mundo
está contra él o que tratan de perjudicarle.

Alucinaciones: Percibir algo que no existe. Por ejemplo, oír voces (que le insultan o hablan de él), o ver
objetos o caras que no están.

Trastornos del pensamiento: El lenguaje del paciente se hace incomprensible y con poca fluidez.

Alteración de la sensación sobre sí mismo: La persona siente que su cuerpo está cambiando, se ve a sí
mismo como alguien raro. Los pacientes pueden decir que no se reconocen al mirarse al espejo. Los
límites entre uno mismo y los demás no están claros, por ello, pueden creer que los demás pueden
saber lo que piensa o por el contrario, creen adivinar lo que otros piensan.

Deterioro de las emociones: La afectividad se va empobreciendo y puede llegar a la ausencia de


sentimientos. Los pacientes se muestran inexpresivos y se comportan con frialdad hacia los demás.

Aislamiento: Los pacientes se encierran en sí mismos y en su mundo interior. A este síntoma se le


denomina autismo. Se manifiesta porque el paciente se queda encerrado en su habitación y evita la
compañía de los demás.
Prevención
La esquizofrenia no se puede prevenir. Sin embargo, si el paciente sigue el tratamiento prescrito por los
especialistas, los síntomas sí pueden prevenirse y evitarse. De hecho, si el paciente abandona el
tratamiento es probable que muchos síntomas reaparezcan.

Tipos
Algunos investigadores creen que la esquizofrenia es un trastorno aislado, mientras que otros creen que
es un síndrome (un conjunto de síntomas) basados en numerosas enfermedades subyacentes. Se han
propuesto subtipos de esquizofrenia en un esfuerzo de clasificar a los pacientes dentro de grupos más
uniformes. Sin embargo, en un mismo paciente, el subtipo puede variar a lo largo del tiempo.

Esquizofrenia paranoide: Es el subtipo más frecuente. Predominan las ideas delirantes de persecución o
de perjuicio de otras personas hacia el paciente.

Esquizofrenia hebefrénica: En ella predominan las alteraciones en las emociones. Son características las
manifestaciones de lo que se denomina incongruencia emocional en las que, por ejemplo, el paciente se
ríe sin motivo aparente. Su comienzo es más precoz que la anterior y más grave.

Esquizofrenia catatónica: Se caracteriza por alteraciones motoras, generalmente inmovilidad


persistente, aunque puede alternar con crisis de agitación o puede presentar movimientos repetitivos.
Suele responder mejor al tratamiento.
Esquizofrenia indiferenciada: Cuando una esquizofrenia no reúne los criterios de los subtipos anteriores
o presenta varios de ellos se le llama indiferenciada.
Aunque estas divisiones se siguen utilizando, hoy se tiende a valorar y diferenciar estos trastornos en
función de la predominancia de síntomas positivos o negativos y, sobre todo, a medir la intensidad de
cada uno de estos síntomas mediante cuestionarios y escalas. Esto permite evaluar al paciente en
diversos momentos de su evolución, así como la efectividad de los tratamientos.

Los esquizofrénicos suelen perder el contacto con la realidad.

Diagnóstico
No existe una prueba diagnóstica definitiva para la esquizofrenia. El psiquiatra realiza el diagnóstico
basándose en una evaluación del historial de la persona y de su sintomatología.

Para establecer el diagnóstico de esquizofrenia, los síntomas deben durar por lo menos seis meses y
asociarse con deterioro significativo del trabajo, los estudios o del desarrollo social. La información
procedente de la familia, amigos o profesores es importante para establecer cuándo comenzó la
enfermedad.

El médico deberá descartar la posibilidad de que los síntomas psicóticos del paciente estén causados por
un trastorno afectivo. Con frecuencia se realizan análisis de laboratorio para descartar el abuso de
sustancias tóxicas o un trastorno subyacente de tipo endocrino o neurológico que pueda tener algunas
características de psicosis. Ejemplos de este tipo de trastornos son los tumores cerebrales, la epilepsia
del lóbulo temporal, las enfermedades autoinmunes, la enfermedad de Huntington, las enfermedades
hepáticas y las reacciones adversas a los medicamentos.

Tratamientos
El tratamiento de la esquizofrenia es farmacológico, principalmente con neurolépticos o antipsicóticos.
Se diferencian dos tipos de antipsicóticos:

Los clásicos: la clorpromazina, el haloperidol o la tioridazina.

Los neurolépticos atípicos: clozapina, risperidona, olanzapina, ziprasidona o quetiapina


Ambos grupos tienen en común la capacidad de corregir desequilibrios de los neurotransmisores, sobre
todo la dopamina, y aliviar los síntomas positivos. Sin embargo, los neurolépticos atípicos tienen
especial capacidad de conseguir el desequilibrio del neurotransmisor serotonina. A ello se ha asociado la
efectividad de este tipo de neurolépticos sobre los síntomas negativos. Los neurolépticos atípicos tienen
además la ventaja de producir menos efectos secundarios.

En casos muy concretos, como la escasa respuesta al tratamiento con medicamentos, con grave riesgo
de suicidio o agresión hacia otros, en el subtipo de esquizofrenia catatónica puede estar indicado el
tratamiento con electroshock. Pese a su mala prensa, las condiciones de aplicación actual del
electroshock hacen que sea un procedimiento seguro, además de muy eficaz.

Los tratamientos antipsicóticos han permitido que, en la mayor parte de los casos, el paciente con
esquizofrenia pueda vivir en comunidad. Es extraordinariamente importante aprovechar esta posibilidad
y combinar el tratamiento farmacológico con una serie de medidas destinadas a que el paciente esté
ocupado y activo.

Estas medidas constituyen lo que se denomina terapia psicosocial. Precisa de mecanismos asistenciales
como por ejemplo, talleres ocupacionales, centros de día, centros de salud mental y grupos de
autoayuda.

El diálogo entre paciente con esquizofrenia y el médico puede ser un instrumento terapéutico
importante, si tiene como fin que el enfermo conozca su patología. El médico le puede enseñar a
convivir con la patología y a utilizar sus propios recursos psicológicos y ajenos -familia, amigos, apoyo-,
para acercarse más a su entorno.

Por otra parte, es importante que el psiquiatra informe tanto al paciente como a los familiares con los
que convive sobre las características sintomáticas de la enfermedad y les ayude a distinguir cómo se han
manifestado en su caso particular, con vistas a prevenir o intervenir en caso de reagudización. También
es importante que el psiquiatra informe sobre los tratamientos antipsicóticos, sus efectos y ventajas, y
los posibles efectos adversos.

Además es necesario que el psiquiatra ayude al enfermo y allegados a que consigan una comunicación
adecuada en el medio familiar. Otras técnicas de psicoterapia individual, por ejemplo las de tipo
psicoanalítico, no parece ser eficaces en la esquizofrenia.

Otros datos
Pronóstico
El pronóstico de esta patología es complicado y depende de cada caso. Sin embargo, en la mayoría de
los pacientes los síntomas mejoran con el tratamiento farmacológico. Cuando se abandona los síntomas
suelen reaparecer.

Complicaciones
Los expertos señalan que los esquizofrénicos tienen más riesgo de:

Tener problemas con el alcohol y las drogas. Además, su consumo incrementa las posibilidades de que
reaparezcan los síntomas.

Desarrollar otras enfermedades debido al estilo de vida inactivo.

Tener efectos secundarios por los medicamentos.

Suicidio