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PRESENTACIÓN:

“¡ES HERMOSO SER MISIONEROS!”

Nuestro querido Papa Francisco siguiendo las huellas de sus predecesores y continuando con su
testimonio y magisterio en la Iglesia de Buenos Aires; hoy, desde la cátedra de Pedro, nos habla
permanentemente de la misión.

“Jesús no es un misionero aislado, no quiere realizar solo su misión, sino que involucra a sus
discípulos. Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el
estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por eso forma una comunidad de discípulos, que
es una comunidad misionera. Y los entrena para la misión, para ir.

Piensen esto, pregúntense: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? Ustedes, ¿son
valientes para esto, tienen la valentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros! Todos
deben ser misioneros, todos pueden sentir la llamada de Jesús e ir hacia delante a anunciar el Reino.

El Evangelio cuenta que los discípulos regresaron de su misión llenos de alegría, porque habían
experimentado el poder del Nombre de Cristo contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos Él
les da la fuerza para derrotar al maligno. Pero agrega: “No se alegren de que los espíritus se les
sometan; alégrense porque sus nombres están escritos en el cielo” (Lc 10, 20).

No debemos vanagloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: protagonista es uno solo,
¡es el Señor! protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Y nuestra alegría es sólo
esta: ser sus discípulos, ser sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio.”
(Ángelus 7/7/2013)

Si recorremos sus mensajes y actitudes en distintas ocasiones cuando estaba en la Arquidiócesis


volveremos a escuchar que la pauta de una Iglesia misionera es el índice de “calle” que tiene la Iglesia:
si la Iglesia es una iglesia callejera, recorriendo geriátricos, hospitales, lugares de misión, en las
vacaciones, en el verano, el invierno…afinar la puntería hacia dónde va la misión, hacia dónde va el
anuncio, salir de los grupos, de las seguridades para encontrarnos con tantos hermanos nuestros
alejados y desconocidos, que buscan la luz, el consuelo, la verdad, el sentido…que buscan la salvación.
Este salir es la misión.

“La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e
individuos independientes, precisamente porque los “confines” de la fe no sólo atraviesan lugares y
tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer…

… En esta situación tan compleja, donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto
por nubes amenazantes, se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el
Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión; anuncio de la cercanía de
Dios, de su misericordia, de su salvación; anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de
vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien.

El hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro
con Cristo puede darle.
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Traigamos a este mundo, a través de nuestro testimonio, con amor, la esperanza que se nos da por la
fe.

La naturaleza misionera de la Iglesia no es proselitista, sino testimonio de vida que ilumina el camino,
que trae esperanza y amor.

La Iglesia – lo repito una vez más – no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino
que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven
la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría,
compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado. Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia
en este camino.”

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2013

INTRODUCCIÓN
EL CORAZÓN DE APARECIDA ES LA MISIÓN

El corazón de Aparecida es la misión, como vocación absoluta de la Iglesia y de cada bautizado. En


nuestra Arquidiócesis estamos viviendo en Estado de Misión y todos los que participamos en las
comunidades de la Iglesia de Buenos Aires queremos renovar este compromiso misionero.

La realidad se presenta a menudo complicada y tal vez desconcertante, como cristianos queremos
vivirla como hombres y mujeres apasionados por el Reino, impregnando todas las estructuras de
la sociedad de un Amor que hemos conocido y que es lo mejor que nos pasó en la vida.

Queremos abrir nuestros ojos ante esta ciudad donde Dios vive y donde Dios necesita ser anunciado,
y salir llevado el anuncio del Evangelio siendo testigos, luz, calor, abrazo y abrigo allí donde el
Espíritu nos envíe.

“La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las
actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad
misionera.

Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía
afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la
justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo.

Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para
todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a
navegar mar adentro para una pesca abundante.

Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza (parresía), a la
misión de toda la Iglesia.” Documento de Aparecida 363
Estas breves reflexiones tienen una estructura simple:

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• Introducen los encuentros las citas del Documento de Aparecida para leer en común, son una
invitación a tomamos un tiempo para reflexionar y pensar según la espiritualidad de nuestro grupo un
compromiso misionero para ser vivido en nuestra realidad familiar, laboral, eclesial, social, en nuestro
ámbito.
• A continuación les proponemos meditar con textos del Evangelio que nos iluminan y desde los
cuales queremos redescubrir juntos el estilo misionero de Jesús.
• Siguen algunas preguntas que quieren ayudarnos a mirarnos interiormente, a contemplar nuestra
experiencia de vida, para ser capaces de compartirla después con nuestros hermanos.
• Cierra el encuentro una oración sencilla.

Que María, la primera misionera de Jesús, portadora de su Buena Noticia de amor y salvación para
todos, acompañe y guíe nuestras reuniones como Madre buena, discípula atenta y amorosa maestra
de vida:

“Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera.
Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga para que Él pueda derramar su vida en América Latina y
El Caribe. Junto con ella, queremos estar atentos una vez más a la escucha del Maestro, y, en torno a
ella, volvemos a recibir con estremecimiento el mandato misionero de su Hijo: “Vayan y hagan
discípulos a todos los pueblos”.

Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros, que hemos experimentado el encuentro


vivo con Él y queremos compartir todos los días con los demás esa alegría incomparable.”
Documento de Aparecida 364

FICHA 1
MISIÓN ES: CERCANÍA Y ENCUENTRO

I - Aparecida nos dice: “Dios vive en nuestra ciudad”

“La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como
también en sus dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como
por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos
y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de
libertad y oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de conocer a más personas,
interactuar y convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad,
solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre
más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él.

El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”, que baja del cielo, junto a Dios,
“engalanada como una novia que se adorna para su esposo”, que es “la tienda de campaña que Dios
ha instalado entre los hombres. Acampará con ellos; ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con
ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá ya muerte ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo
antiguo ha desaparecido”3. Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose en
Jesucristo, “el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin”4, que nos dice “Yo hago nuevas todas las cosas”5.

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La Iglesia está al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a través de la proclamación y vivencia
de la Palabra, de la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente, a
los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando en Cristo, como fermento del Reino, la
ciudad actual.”
Documento de Aparecida 514-516

• El Papa Francisco nos ayuda a profundizar:

“En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma
originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos
eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino
que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia.

Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al
encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales “lejanas”, pastorales
disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos por
supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la “revolución de la ternura” que provocó la
encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de
lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a
lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción
eclesial ni pertenencia eclesial.

La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y
crea una cultura del encuentro.”

Papa Francisco, Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM, Río de Janeiro 28/07/2013
II - La Palabra de Dios nos ilumina: “Vengan y verán”

“Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba,
dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio
vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que
traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía
y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón
Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al
Mesías», que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te
llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

“Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme».”
Juan 1, 35- 43

Apuntes para ayudar en la reflexión:

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En este evangelio de San Juan podemos contemplar la figura del Bautista que no busca protagonismo,
y que señalando a Jesús les dice a sus discípulos: “Miren, ese es el Cordero de Dios”. Centra toda su
atención y la de los dos discípulos en Él, sin preocuparle la posibilidad de quedar solo.

Jesús se da cuenta que lo siguen, se da vuelta y les pregunta: “¿Qué están buscando?” Para decidirnos
por un seguimiento a Jesús es necesario ponernos en camino como buscadores de Aquel que desde
siempre nos está esperando.

La respuesta es sencilla: “¿Maestro, dónde vives?”. Es otra manera de decir: “Queremos estar con
vos, invitanos”; y en realidad eso fue lo que hizo Jesús cuando les dijo: “Vengan y vean”. Juan nos
dice que pasaron con Él el resto del día, ya eran cerca de las cuatro de la tarde.

Pero las cosas no terminan allí. Cuando las experiencias son profundas uno no se puede quedar con
ellas sin compartirlas. Eso fue lo que les sucedió a los discípulos.

Andrés comparte su experiencia con el primero que encuentra y que es su mismo hermano Simón. Lo
hace con una frase muy significativa: “Hemos encontrado al Mesías”. Y no se limitó a contarle que
habían encontrado al Mesías sino que lo llevó hasta donde estaba Jesús. Una mediación perfecta.

Esto debe suceder siempre que nos encontramos con Jesús. No podemos guardarnos el hallazgo para
nosotros solos. Hay algo que nos impulsa a compartirlo con los demás no como noticia de última hora
sino como una invitación para que también otros lo encuentren.

“Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la
salvación. Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si
queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y
enfermos.”
Papa Francisco
Mensaje para Jornada Mundial de las Misiones 2013

III - Preguntas para animar y compartir:

1. Miramos nuestro interior:

• Miramos, escuchamos, contemplamos a Jesús y redescubrimos en sus palabras, gestos, actitudes,


sus rasgos y estilo misionero. Enumero en una o dos palabras que descubro hoy en este encuentro
con Él en su Evangelio:

• Le pregunto: ¿Qué esperas de mí hoy, en mi situación actual?

• Hago memoria del momento de mi vida en el que me sentí encontrado, alcanzado por Jesús.
¿Qué pasó en mi corazón?, ¿Qué experimenté?, ¿Qué cambio se dio en mi vida?

• ¿En mi vida es tan fuerte la presencia de Jesús y mi empeño por seguirlo que he ayudado a otros
a encontrarlo? ¿A quiénes he ayudado? ¿Quiénes me ayudaron a mí?

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Compartimos en grupo:

 ¿Qué camino grupal hemos hecho o estamos haciendo en la búsqueda sincera de Jesús vivo y
presente en nuestra ciudad, nuestra realidad? ¿Cómo estamos siguiendo sus huellas?

 ¿A qué compromiso comunitario misionero nos desafía este Evangelio a la luz de Aparecida y del
magisterio del Papa Francisco?

IV - Oración final:

“Padre de bondad, Tú que eres rico en amor y misericordia, que nos enviaste a tu Hijo Jesús para
nuestra salvación, escucha nuestra oración, escucha a tu Iglesia.
Que todos los bautizados sepamos responder al llamado de Jesús:
"Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos".
Fortalece con el fuego de tu Espíritu a todos los misioneros, que en tu nombre anuncian la Buena
Nueva del Reino.
María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompáñanos y concédenos el don de la
perseverancia en nuestro compromiso misionero.
Queremos ser como vos, queremos seguir a tu Hijo y descubrirlo cada día vivo y presente en nuestra
ciudad.
Queremos ser misioneros de la ternura, al servicio de la vida, cuidándonos y animándonos unos a
otros para ir transformando en Cristo, como fermento del Reino, nuestra ciudad actual.”

Amén