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JESÚS

y
los APÓSTOLES en GETSEMANÍ

MIRADA A LA VIDA

Si miramos la realidad de nuestro


entorno, lo que a primera vista
percibimos son unas determinadas
“notas” y que son impresionantes: el
poder de los políticos; el poder del
dinero y sus grandes ramificaciones
que dominan los pueblos y marcan el
curso de la historia; el poder y la
fuerza de las armas, tan sofisticadas
como mortíferas; y una amplia lista
de signos similares. Y junto a esta
realidad, la exaltación de la fuerza de los fuertes frente a los débiles; la
dureza del corazón de una minoría de la humanidad que permite, con
frialdad, que la mayoría sufra las consecuencias de las necesidades más
básicas y vitales, y que millones de hombres, mujeres y, sobre todo, niños
mueran de hambre, sin las atenciones mínimas.

Frente a esta constatación terrible y humillante, descubrimos que la


compasión, la solidaridad, la entrega en favor de los demás…, en
muchos casos son considerados como “cosa de los débiles”, de los
utópicos y soñadores que no tienen nada que hacer, más que “perder el
tiempo” en esas “pequeñeces”. Puede sonar a fuerte la afirmación; y la es.
Y es verdad que “teóricamente” no es considerado así, pero en la práctica,
en el día a día del caminar de la humanidad, así es la realidad. Acaso
una simple “emoción sentimental” ante un suceso o una historia heroica,
pero que desaparece rápidamente de la perspectiva de la vida de cada día,
porque ahí es donde se “cuecen” las habas.

Por lo tanto, el dominador (ya sea económico, político, armamentístico…)


es considerado más poderoso e influyente que el voluntariado
consagrado y entregado. El poder y la fuerza, es más considerado que
la mano tendida a la PAZ y a la reconciliación. La venganza parece ser
más efectiva que el perdón y el encuentro dialogado que lleva a una
convivencia pacífica.

Ante este “cuadro”, nos encontramos con la persona de JESÚS de


NAZARET, con toda su vida, y a lo largo de ella, capaz de
compadecerse, abierto al perdón y al encuentro entre las personas,
como ese estilo de vida que Dios quiere y por el que Él mismo apuesta,
dentro de aquella cultura concreta donde las claves eran muy similares a las
descritas y descubiertas en nuestra mirada a la realidad de nuestro entorno
y de nuestro mundo.

Hoy, nuestra CONTEMPLACIÓN (que es esa mirada profunda, que va


“más allá” de lo que a primera vista se ve), en esa contemplación de
Getsemaní, descubrimos algo grande, lleno de luz, aún en medio de las
lágrimas y “sudores de sangre” como se nos describe: un hombre lleva
hasta el final su SOLIDARIDAD con los más débiles; no le importa
que ello conlleve soledad, entrega e, incluso, muerte. Él lo asume con
plena conciencia y seguro de que es lo mejor, porque ahí muestra el
rostro del corazón de Dios. Esto es, cuál es el PROYECTO del AMOR
de Dios.

Nos guste o no, así le contemplan los seguidores a Jesús en Getsemaní:


profundamente cercano y solidario; dispuesto a todo para que -por fin-
la humanidad entienda que el CAMINO de la vida es algo diferente de
lo que “se lleva”.

Mirarle a los ojos a Jesús en Getsemaní, mantener nuestra mirada en


la suya, no es NADA FÁCIL. Y no porque sea una mirada dura la
suya, sino porque “habla” mucho; por eso impresiona.

Contemplemos el cuadro. Dejémonos “pillar” por cuanto ahí se nos


propone.

A LA LUZ DEL EVANGELIO

EVANGELIO: Mateo 26, 36-46

Después de la cena, Jesús fue con ellos a un huerto, llamado


Getsemaní, y les dijo:
- «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a


entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
- «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo».
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra oraba diciendo:
- «Padre mío, si es posible que pase y se aleje mí ese cáliz. Pero no
se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».
Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
- «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no
caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es
débil».

De nuevo: se apartó por segunda vez y oraba diciendo:


- «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba,
hágase tu voluntad».

Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban


muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba
repitiendo las mismas palabras.

Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:


- «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo
del hombre va a ser entregado manos de los pecadores. ¡Levantaos,
vamos! Ya está cerca el que me entrega».

HOY Y AQUÍ

¡Impresionante el cuadro! ¡Inmenso el mensaje que rezuma todo el


relato! Él, Jesús, enamorado de su Dios, -a quien llama Abbà, papá,
aitatxo-, ahora siente la soledad y el silencio de su Dios.

¡Qué dilema el de Dios!: salvar al Hijo amado y querido, o salvar a los


hijos, igualmente amados y queridos.

Aquí no hay nada engañoso, ni nada mágico por el que cambia toda la
situación. Dios ha optado por la SOLIDARIDAD hasta el extremo; el
AMOR como forma de hacer caer en la cuenta a los hombres y
mujeres que el CAMINO para llegar a Él, al Dios de la Vida en
plenitud, está ahí: en EXPERIMENTAR y ESTAR CERCA de tantos y
tantas a los que la vida no les ofrece otra cosa ni otro posibilidad.

Así es Dios. Por eso es Dios, aquél en quien creemos los seguidores de
Jesús.

Porque Jesús asume el plan del Padre en total FIDELIDAD a Él. Es


verdad que sus “amigos” no se han enterado porque duermen plácidamente.
Pero Jesús ha entendido cuál es el camino y se abre TOTALMENTE a
su Padre, acepta su propuesta y… ¡además con todas las
consecuencias!
Sus “amigos” tardarán en entender esta situación; tendrán que pasar
muchas cosas, acaso años. Entonces y sólo entonces comprenderán en
profundidad lo que está sucediendo en Getsemaní. De ahí que más tarde,
no les importará reconocer que se durmieron, mientras el Maestro se
encontraba en el límite de sus fuerzas.

Para encontrarse con Jesús en Getsemaní, es necesario “ESTAR


DESPIERTO”; y, además, meterse en ese clima de ORACIÓN, como el
mismo Jesús. Sólo así será posible “conectar” con los deseos del Padre,
asumir su camino y sentir a los hombres y mujeres como
HERMANOS, que se merecen todo, hasta una vida entregada en su
favor.

Sólo quien ha ESTADO en Getsemaní y ha CONTEMPLADO cuanto


allí se ofrece; ha entrado en COMUNIÓN con aquél que allí se entrega
en favor de sus hermanos… sólo ése entenderá que “quien entrega su
vida por mí, la encontrará…”. Sólo ése será una BENDICIÓN para el
mundo y para sus hermanos

¡Dichosos quienes se han encontrado con Jesús en Getsemaní,


porque serán creadores de VIDA!

ORACIÓN

¡Padre, lleno de amor y de misericordia!


Tú quisiste que tu Hijo se entregara hasta el final
para liberarnos a nosotros
de nuestra ceguera y de nuestra situación de pecado;
y lo llevaste a cabo en el silencio y en el sufrimiento
de la entrega incondicional de tu Amado.

Padre, por la acción de tu Espíritu,


anima nuestros corazones,
para que al estilo del mismo Jesús,
vivamos en fidelidad a la palabra dada
y al camino de solidaridad emprendido.

Ahora sabemos que no nos vas a dejar solos en la tarea,


como no le dejaste a Él,
sino que, incluso en el silencio,
estarás a nuestro lado dándonos tu fuerza
y sosteniéndonos en nuestra entrega.
¡Padre, hágase tu santa voluntad!
PLEGARIA

CREO

Yo creo sólo en un Dios,


en Abbá, como creía Jesús.

Yo creo que el Todopoderoso


creador del cielo y de la tierra
es como mi madre
y puedo fiarme de él.
Lo creo porque así lo he visto
en Jesús, que se sentía Hijo.

Yo creo que Abbá no está lejos


sino cerca, al lado, dentro de mí,
creo sentir su ALIENTO
como una brisa suave que me anima
y me hace más fácil caminar.

Creo que Jesús, más aún que un hombre


es Enviado, Mensajero.
Creo que sus palabras son Palabras de Abbá.
Creo que sus acciones son mensajes de Abbá.
Creo que puedo llamar a Jesús
la PALABRA presente entre nosotros.

Yo creo sólo en un Dios,


que es Padre, Palabra y Viento
porque creo en Jesús, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu de Abbá.

CANTO

Padre. Padre. Padre.


Me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea,
te doy las gracias.

Lo acepto todo,
con tal que tu voluntad
se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre,
no deseo nada más.

Yo te ofrezco mi alma
y te la doy
con todo el amor de que soy capaz,
porque deseo darme,
ponerme en tus manos,
sin medida,
con infinita confianza
porque Tú eres mi Padre.

(Grupo Kairoi – Disco: “Jesús es Señor” – Ed. PAX)

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