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Ecosocialismo

MANIFIESTO ECOSOCIALISTA
redactado por Joel Kovel y Michael Löwy

El siglo XXI se inicia de manera catastrófica, con un grado sin


precedentes de deterioro ecológico y un orden mundial
caótico, amenazado por el terror y por conglomerados de
guerra desintegradora, de baja intensidad, que se extienden
como gangrena a través de amplios segmentos del planeta
-África Central, Medio Oriente, Asia Central y del Sur y
noroeste de Sudamérica- y reverberan a través de las
naciones.

En nuestra visión, la crisis ecológica y la crisis de deterioro


social están profundamente interrelacionadas y deben ser
vistas como distintas manifestaciones de las mismas fuerzas
estructurales. La primera se origina ampliamente en la
industrialización rampante que desborda la capacidad de la
Tierra para amortiguar y contener la desestabilización
ecológica. La segunda se deriva de la forma de imperialismo
conocida como globalización, con efectos desintegradores en
las sociedades que encuentra a su paso. Más aun, estas
fuerzas subyacentes son esencialmente aspectos diferentes
de una misma corriente, que debe ser identificada como la
dinámica central que mueve a la totalidad: la expansión del
sistema capitalista mundial.

Rechazamos todos los eufemismos o la suavización


propagandística de la brutalidad de este régimen: todo
intento de lavado verde de sus costos ecológicos, toda
mistificación de sus costos humanos en nombre de la
democracia y los derechos humanos. Insistimos, por el
contrario, en mirar al capital desde la perspectiva de lo que
realmente ha hecho.

Actuando sobre la naturaleza y su equilibrio ecológico, el


régimen capitalista, con su imperativo de expansión constante
de la rentabilidad, expone los ecosistemas a contaminantes
desestabilizadores; fragmenta hábitats que han evolucionado
durante eones para permitir el florecimiento de los
organismos, despilfarra los recursos y reduce la sensual
vitalidad de la naturaleza al frío intercambio requerido por la
acumulación de capital.

En lo concerniente a la humanidad y sus demandas de


autodeterminación, comunidad y una existencia plena de
sentido, el capital reduce a la mayoría de la población mundial
a mero reservorio de fuerza de trabajo, mientras descarta a
muchos de los restantes como lastre inútil. Ha invadido y
erosionado la integridad de las comunidades a través de su
cultura global de masas de consumismo y despolitización.

Ha incrementado las desigualdades en riqueza y poder hasta


niveles sin precedentes en la historia humana. Ha trabajado
en estrecha alianza con una red de estados clientes serviles y
corruptos, cuyas élites locales ejecutan la tarea de represión
ahorrándole al centro el oprobio de la misma. Y ha puesto en
marcha una red de organizaciones supraestatales bajo la
supervisión general de los poderes occidentales y del
superpoder Estados Unidos, para minar la autonomía de la
periferia y atarla al endeudamiento, mientras mantiene un
enorme aparato militar para asegurar la obediencia al centro
capitalista.

Creemos que el actual sistema capitalista no puede regular, y


mucho menos superar, las crisis que ha desatado. No puede
resolver la crisis social y ecológica, porque hacerlo requiere
poner límites a la acumulación -una opción inaceptable para
un sistema cuya prédica se apoya en la divisa: ¡ crecer o
morir ! Y no puede resolver la crisis planteada por el terror y
otras formas de rebelión violenta porque hacerlo significaría
abandonar la lógica imperial, lo que impondría límites
inaceptables al crecimiento y a todo el "modo de vida"
sostenido por el ejercicio del poder imperial. Su única opción
restante es recurrir a la fuerza bruta, incrementando así la
alienación y sembrando las semillas del terrorismo... y del
antiterrorismo que lo sigue, evolucionando hacia una variante
nueva y maligna de fascismo.
En suma, el sistema capitalista mundial está en una
bancarrota histórica. Se ha convertido en un imperio incapaz
de adaptarse, cuyo propio gigantismo deja al descubierto su
debilidad subyacente. Es, en términos ecológicos,
profundamente insustentable y debe ser cambiado de manera
fundamental, y mejor aun, lo que pretendemos, reemplazado,
si ha de existir un futuro digno de vivirse.

De este modo, regresa la categórica disyuntiva planteada una


vez por Rosa Luxemburgo: ¡socialismo o barbarie!, en
momentos en que el rostro de esta última refleja ahora el
sello del siglo que empieza y asume el semblante de la
ecocatástrofe, el terror-contraterror, y su degeneración
fascista.

Pero, ¿por qué socialismo, por qué revivir esta palabra en


apariencia destinada al basurero de la historia por los
fracasos de sus interpretaciones del siglo XX?.
Por esta única razón: por muy golpeada e irrealizada que
esté, la noción de socialismo aún sigue en pié para la
superación del capital. Si el capital ha de ser vencido, tarea
que ahora tiene carácter urgente para la supervivencia de la
civilización misma, el resultado será por fuerza "socialista",
porque ése es el término que significa el paso hacia una
sociedad poscapitalista.

La torpeza en su aplicación pasada obliga a su reformulación


desde la radicalidad democrática y la participación activa y
fluida de los ciudadanos.

Si decimos que el capital es radicalmente insustentable y se


fragmenta en la barbarie esbozada arriba, estamos diciendo
también que necesitamos construir un "socialismo" capaz de
superar las crisis que el capital ha venido desatando. Y si los
"socialismos" del pasado fracasaron en hacerlo, entonces es
nuestra obligación, al elegir no someternos a un destino
bárbaro, luchar por uno que triunfe y aprender de los
aspectos que fallaron en el pasado para no repetirlos y
desmarcarse claramente de lo que el socialismo mal
entendido significó.

Y tal como la barbarie ha cambiado de un modo que refleja el


siglo transcurrido desde que Luxemburgo expresara su
alternativa fatídica, así también el nombre y la realidad de
"socialismo" deben hacerse adecuados para este tiempo.
Por estas razones escogimos llamar ecosocialismo a nuestra
interpretación del "socialismo" y dedicarnos a su formulación
desde el único ámbito de actuación de la democracia real y
participativa.

¿ Por qué el ecosocialismo ? Vemos al ecosocialismo no como


la negación sino como la realización de los socialismos "de
primera época" del siglo XX, en el contexto de la crisis
ecológica. Como aquéllos, éste se construye entendiendo el
capital como trabajo objetivado, y se funda en el libre
desarrollo de todos los productores o, en otras palabras, en el
desmantelamiento de la separación de los productores
respecto de los medios de producción. Entendemos que este
objetivo no pudo ser realizado por los socialismos de primera
época, por razones demasiado complejas de abordar aquí,
excepto resumirlas en los diversos efectos del subdesarrollo
en un contexto dominado por la hostilidad de los poderes
capitalistas existentes. Esta coyuntura tuvo numerosos
efectos nocivos en los socialismos existentes, principalmente
la negación de la democracia y el pluralismo ideológico junto
a la emulación del productivismo capitalista, lo que terminó
por conducir al colapso de esas sociedades y a la ruina de sus
ambientes naturales.

El ecosocialismo mantiene los objetivos emancipatorios del


socialismo de primera época y rechaza tanto las metas
reformistas, atenuadas, de los grupos y sectores de la
socialdemocracia que no cuestiona el sistema actual
económico, como las estructuras productivistas de las
variantes burocráticas de socialismo. En cambio, insiste en
redefinir tanto la vía como el objetivo de la producción
socialista en un marco ecológico. Lo hace específicamente con
respecto a los "límites del crecimiento" esenciales para la
sustentabilidad de la sociedad. Estos se adoptan, sin
embargo, no en el sentido de imponer escasez, privación y
represión. El objetivo, por el contrario, consiste en una
transformación de las necesidades y un cambio profundo
hacia la dimensión cualitativa, alejándose de la cuantitativa.
Desde el punto de vista de la producción de mercancías, esto
se traduce en una valorización de los valores de uso por sobre
los valores de cambio -un proyecto de vasto significado, que
se funda en la actividad económica directa.

La generalización de la producción ecológica bajo condiciones


socialistas puede proporcionar la base para superar las crisis
actuales. Una sociedad de productores libremente asociados
no se detiene en su propia democratización. Debe, por el
contrario, insistir en la liberación de todos los seres como
fundamento y propósito. Supera así el impulso imperialista,
subjetiva y objetivamente. Al realizar tal objetivo, lucha por
superar todas las formas de dominación, incluyendo en
especial las de género y raza. Y supera las condiciones que
dan origen a las distorsiones fundamentalistas y sus
manifestaciones terroristas.

En suma, supone una sociedad mundial en un grado de


armonía ecológica con la naturaleza impensable en las
condiciones actuales. Una consecuencia práctica de estas
tendencias se expresaría, por ejemplo, en la extinción de la
dependencia en los combustibles fósiles consustancial al
capitalismo industrial. Y esto a su vez puede proporcionar la
base material para la liberación de los países oprimidos por el
imperialismo del petróleo, mientras que permite la contención
del calentamiento global, junto a otros problemas de la crisis
ecológica.

Nadie puede leer estas propuestas sin pensar, primero, en


cuántos problemas prácticos y teóricos generan, y segundo y
más abrumadoramente, en lo lejanas que están con respecto
a la configuración actual del mundo, en su anclaje
institucional y en la forma en que se imprime en la
conciencia. No necesitamos desarrollar estos puntos, que
deberían ser instantáneamente reconocibles para todos. Pero
quisiéramos insistir en que sean tomadas desde una
perspectiva apropiada. Nuestro proyecto no consiste ni en
delinear cada paso de esta vía ni en ceder ante el adversario
debido a la preponderancia del poder que ostenta. Se trata,
en cambio, de desarrollar la lógica de una transformación
suficiente y necesaria del orden actual, y en empezar a
desarrollar las etapas intermedias en dirección a este
objetivo.
Lo hacemos para pensar con mayor profundidad en estas
posibilidades y, al mismo tiempo, empezar el trabajo de
diseñar junto a todos los que piensan parecido. Si algún
mérito hay en estos argumentos, entonces debe ocurrir que
pensamientos similares, y prácticas que realicen esos
pensamientos, germinen coordinadamente en innumerables
puntos alrededor del mundo.

El ecosocialismo será internacional, y universal, o no será. Las


crisis de nuestro tiempo pueden –y deben- ser vistas como
oportunidades revolucionarias, lo que es nuestra obligación
afirmar y dar nacimiento.

[La reproducción de este Manifiesto Ecosocialista, que


simultáneamente está siendo publicado en la revista norteamericana
Capitalism, Nature, Socialism, fue solicitada a Ambien-tico por varios
ecologistas costarricenses adherentes del mismo. Los autores
centrales del original en inglés son Michael Lowy (mlowy@free.fr) y
Joel Kovel]

Por una ética ecosocialista

Michael Lowy

El capital es una formidable máquina de reificación. Después


de la Gran transformación de la que habla Karl Polanyi, es
decir, después de que la economía capitalista de mercado se
ha autonomizado, de que se ha –por decirlo así–
“desatorado”, ésta funciona únicamente según sus propias
leyes, las leyes impersonales de la ganancia y de la
acumulación. Ésta supone, subraya Polanyi, “la
transformación de la sustancia natural y humana de la
sociedad en mercancías”, gracias a un dispositivo, el mercado
autorregulador, que tiende inevitablemente a “romper las
relaciones humanas y... aniquilar el hábitat natural del
hombre”.

Se trata de un sistema impiadoso, que avienta a los


individuos de los estratos desfavorecidos “bajo las ruedas
mortíferas del progreso, ese carro de Jagannâth”.
Max Weber ya había detectado en forma notable la lógica
“cosificada” del capital en su gran obra Economía y Sociedad:
“La reificación (Versachlichung) de la economía fundada sobre
la base de la socialización del mercado sigue absolutamente
su propia legalidad objetiva (sachlichen)... El universo
reificado (versachlichte Kosmos) del capitalismo no deja
ningún lugar a la orientación caritativa...” Weber deduce de
esto que la economía capitalista es estructuralmente
incompatible con los criterios éticos: “en contraste con las
otras formas de dominación, la dominación económica del
capital, por el hecho de su carácter impersonal, no podría ser
regulada éticamente... La competencia, el mercado, el
mercado de trabajo, el mercado monetario, es decir
consideraciones objetivas, ni éticas, ni antiéticas,
simplemente no-éticas... comandan el comportamiento en el
punto decisivo e introducen instancias impersonales entre los
seres humanos involucrados” . En su estilo neutral y no
comprometido, Weber indica lo esencial: el capital es, por su
esencia, “no-ético”.

El ecosocialismo se desarrolló –a partir de las


investigaciones de algunos pioneros rusos de final del
siglo XIX e inicio del XX (Serge Podolinsky, Vladimir
Vernadsky)– sobretodo en el curso de los últimos 25
años, gracias a los trabajos de pensadores de la talla
de Manuel Sacristán, Raymond Williams, André Gorz
(en sus primeros escritos), así como las importantes
contribuciones de James O'Connor, Barry Commoner,
Juan Martinez Allier, Francisco Fernández Buey, Jean-
Paul Déléage, Elmar Altvater, Frieder Otto Wolf, Joel
Kovel y muchos otros.

la mayor parte de sus representantes comparte ciertos temas


comunes. En ruptura con la ideología productivista del
progreso –en su forma capitalista y/o burocrática (léase
“socialista real”)– y opuesta a la expansión al infinito de un
modo de producción y de consumo destructor del medio
ambiente, representa en el movimiento ecológico la tendencia
más avanzada, más sensible a los intereses de los
trabajadores y los pueblos del sur, la que entendió la
imposibilidad de un “desarrollo sostenible” en el marco de la
economía capitalista de mercado.
¿Cuáles podrían ser los principales elementos de una ética
ecosocialista, que se oponga radicalmente a la lógica
destructora y “no-ética” (Weber) de la rentabilidad capitalista
y del mercado total, este sistema de “venalidad universal”
(Marx)?

Es importante que los individuos sean educados en el respeto


del medio ambiente y el rechazo del desperdicio; sin
embargo, el verdadero nudo está en otra parte: el cambio de
las estructuras económicas y sociales capitalistas-mercantiles,
el establecimiento de un nuevo paradigma de la producción y
la distribución, fundado, como lo hemos visto más arriba, en
la consideración de las necesidades sociales, –en particular, la
necesidad esencial de vivir en un medio natural no
degradado. Un cambio que exige a actores sociales,
movimientos sociales, organizaciones ecológicas, partidos
políticos y no solamente individuos de buena voluntad.
Esta ética es una ética humanista.

La crisis ecológica, amenazando el equilibrio natural del medio


ambiente, pone en peligro no solamente la fauna y la flora,
sino también y sobretodo la salud, las condiciones de vida, la
supervivencia misma de nuestra especie. Ninguna necesidad
entonces de hacer la guerra al humanismo o al
“antropocentrismo” para ver en la defensa de la biodiversidad
o de las especies animales en vía de desaparición, una
exigencia ética y política El combate para salvar el medio
ambiente, que es necesariamente el combate para un cambio
de civilización, es un imperativo humanista, relativo no
solamente a tal o cual clase social, sino al conjunto de los
individuos.
Este imperativo está relacionado con las futuras generaciones,
amenazadas con recibir en herencia un planeta inhabitable a
causa de la acumulación siempre más incontrolable de los
daños al medio ambiente. Pero, el discurso que centraba la
ética ecológica fundamentalmente en este peligro, está hoy
ampliamente superado. Se trata de una cuestión mucho más
urgente relacionada directamente con las generaciones
presentes: los individuos que viven al principio del siglo XXI
conocen ya las consecuencias dramáticas de la destrucción y
el envenenamiento capitalista de la biosfera, y arriesgan
encontrarse –en todo caso los jóvenes– dentro de veinte o
treinta años con verdaderas catástrofes.

Se trata también de una ética igualitaria: el modo de


producción y de consumo actual de los países capitalistas
avanzados, fundado en una lógica de acumulación ilimitada
(de capital, de ganancias, de mercancías), de desperdicio de
recursos, de consumo ostentoso y de destrucción acelerada
del medio ambiente, no puede de ninguna manera ser
extendido al conjunto del planeta, bajo el riesgo de una crisis
ecológica mayor. Este sistema está entonces necesariamente
fundado en el mantenimiento y la agravación de la
desigualdad estridente entre norte y sur. El proyecto
ecosocialista apunta a una redistribución planetaria de la
riqueza y a un desarrollo en común de los recursos, gracias a
un nuevo paradigma productivo.

La exigencia ético-social de la satisfacción de las necesidades


sociales no tiene sentido sino al interior de un espíritu de
justicia social, de igualdad –lo cual no quiere decir
homogenización– y de solidaridad. Implica, en última
instancia, la apropiación colectiva de los medios de
producción y la distribución de bienes y servicios “a cada uno
según sus necesidades”. No tiene nada que ver con la
pretendida “equidad” liberal que quiere justificar las
desigualdades sociales en la medida en que estarían “ligadas
a funciones abiertas a todos en condiciones de igualdad
equitativa de oportunidades” (Rawls) ; argumento clásico de
los defensores de la “libre competencia” económica y social.

El ecosocialismo implica, de igual manera, una ética


democrática: mientras que las decisiones económicas y las
elecciones productivas queden en manos de una oligarquía de
capitalistas, banqueros y tecnócratas, o en el desaparecido
sistema de las economías estatalizadas, de una burocracia
que escape a todo control democrático, no saldremos del ciclo
infernal del productivismo, de la explotación de los
trabajadores y de la destrucción del medio ambiente. La
democratización económica –que implica la socialización de
las fuerzas productivas– significa que las grandes decisiones
sobre la producción y la distribución no serán tomadas por
“los mercados” o por un politburó, sino por la sociedad misma
después de un debate democrático y pluralista en el cual se
opongan las propuestas y las opciones distintas. Es la
condición necesaria para la introducción de otra lógica
socioeconómica y de otra relación con la naturaleza.

Por último, el ecosocialismo es una ética radical, en el sentido


etimológico de la palabra: una ética que se propone ir a la
raíz del mal. Las medias medidas, las semirreformas, las
conferencias de Río, los mercados de derecho de
contaminación son incapaces de aportar una solución. Se
requiere de un cambio radical de paradigma, un nuevo
modelo de civilización, una transformación revolucionaria.

Esta revolución toca a las relaciones sociales de producción –


la propiedad privada, la división del trabajo– pero también a
las fuerzas productivas. Contra cierto marxismo vulgar –que
puede apoyarse sobre algunos textos del fundador– que
concibe el cambio únicamente como supresión –en el sentido
del Aufhebung hegeliano– de las relaciones sociales
capitalistas, “obstáculos al libre desarrollo de las fuerzas
productivas”, hay que poner en cuestión la estructura misma
del proceso de producción.

Para parafrasear la célebre fórmula de Marx sobre el Estado


después de la Comuna de Paris: los trabajadores, el pueblo,
no pueden apropiarse del aparato productivo y hacerlo
simplemente funcionar en su provecho: tienen que “romperlo”
y sustituirlo con otro. Lo que quiere decir una transformación
profunda de la estructura técnica de la producción y de las
fuentes de energía –esencialmente fósiles o nucleares– que le
dan forma. Una tecnología que respecte el medio ambiente, y
las energías renovables –en particular la solar– está en el
corazón del proyecto ecosocialista .

La utopía del socialismo ecológico, de un “comunismo solar”


no significa que no haya que combatir desde hoy para
objetivos inmediatos que prefiguran el porvenir y están
inspirados en estos mismos valores:
- Privilegiar a los transportes públicos contra la proliferación
monstruosa de los automóviles individuales y el transporte
por carretera.
- Salir de la trampa nuclear y desarrollar fuentes energéticas
renovables.
- Exigir el respeto de los acuerdos de Kyoto sobre el efecto
invernadero, rechazando la mitificación del “mercado de los
derechos de contaminación”.
- Luchar por una agricultura biológica, combatiendo las
multinacionales de las semillas y sus OGM.
Son solamente algunos ejemplos, se podría fácilmente
extender el listado. Encontramos estas demandas, y otras
similares, entre las reivindicaciones del movimiento
internacional contra la globalización capitalista y el
neoliberalismo, que ha surgido de la conferencia
“intergaláctica” contra el neoliberalismo y por la humanidad,
organizada por los zapatistas en las montañas de Chiapas, y
que reveló su fuerza de protesta en las manifestaciones en las
calles de Seattle (1999), Praga, Québec, Niza (2000) y
Génova (2001). Un movimiento que no es solamente crítico
de las monstruosas injusticias sociales producidas por el
sistema, sino que es también capaz de proponer alternativas
concretas, como por ejemplo en el Foro Social Mundial de
Porto Alegre (enero de 2001).
Ese movimiento, que rechaza la mercantilización del mundo,
encuentra la inspiración moral de su rebelión y de sus
propuestas en una ética de la solidaridad inspirada en valores
sociales y ecológicos cercanos a los enunciados aquí.

Traducción: Massimo Modonesi

ECOSOCIALISMO: TENEMOS QUE CAMBIAR EL


PLANTEAMIENTO VITAL

Por: Clodovis Boff

El Ecosocialismo supone una nueva visión del


mundo
El Ecosocialismo es más que una cuestión puramente técnica
(cómo garantizar la «biosfera» y la naturaleza en general) y
más que una cuestión sólo social (de modelo económico y
político).

Es también eso, pero más al fondo es una cuestión cultural, o


sea, de concepción del mundo y de manera de comportarse
frente a las cosas. Se trata, concretamente, de una «cultura
de la vida» (como se ve en el hinduismo, en las culturas
indígenas).

El «descentramiento antropológico» desbanca sin duda el


antropocentrismo de dominación, por el que el ser humano
aparece en el mundo como déspota, «señor y dueño de la
naturaleza» (Descartes). Pero es posible concebir un nuevo
antropocentrismo, de comunidad en el que el hombre emerge
como administrador responsable del mundo y parte del
mismo y, por eso, servidor de la vida.

Plantear la cuestión de la ecología sin ver su contexto social


es quedarse en el ambientalismo o conservacionismo. Es
necesario plantear la cuestión del sistema social, y
particularmente del «control de los medios de producción»
(que pueden ser también los grandes «medios de
destrucción» ecológica). Hay pues una necesaria «ecología
social» y una indispensable consideración económica
(infraestructural) de la ecología. Ese es un punto que
frecuentemente se deja en la sombra. Sin embargo, son los
dueños de los grandes medios de producción los que son
potencialmente los mayores agentes de contaminación.

Por su «lógica sistémica», el capitalismo concretamente es un


modo de producción depredador (de la naturaleza humana y
de la naturaleza biosférica). La ecología cuestiona
necesariamente ese sistema socioeconómico.

Una política de tipo «ecocapitalista» no es capaz de resolver


la cuestión ecológica, (desde el punto de vista de las
estructuras sociales). Eso no significa que no se puedan o
incluso se deban apoyar estratégicamente medidas
particulares de un estado capitalista (sobre la deforestación,
leyes contra la polución, etc.).

Solamente en un sistema social de «economía


democratizada» (socialismo) se puede resolver, en cuanto a
estructuras sociales, la cuestión de la ecología. Decimos que
«se puede», pero no necesariamente, pues ahí se necesita
mucho más que una economía socialista: se necesita una
«cultura de la vida»; Por lo demás, es evidente que los países
llamados socialistas no consiguieron resolver esa cuestión. La
ecología, en efecto, tiene una dimensión social, sí, pero va
más allá. En ese sentido, es preciso hablar de Ecosocialismo
(socialismo con dimensión ecológica) o, tal vez, mejor
todavía, de «socialecologismo» (ecología con dimensión
socialista).

El enfoque correcto para tratar la cuestión social de la


ecología es a partir de las poblaciones empobrecidas por el
sistema capitalista, pues, es en ellos donde la vida, en su
expresión más alta (humana, moral y espiritual), se
encuentra más amenazada. Más que seres contaminantes, las
poblaciones empobrecidas son las víctimas del desastre
ecológico, porque tienen menos medios de defenderse.

Este criterio es importante dentro de la «jerarquía de la


vida», pues permite hacer la crítica al ecologismo romántico,
que lucha por defender mariposas y árboles, dejando de lado
la inmensa mayoría de los pobres (cosa que ocurre
frecuentemente en los círculos liberales y capitalistas).

Eso no dispensa a los pobres de la necesaria educación para


la ecología, tanto desde el punto de vista de la sensibilidad
cultural como de las técnicas ambientalmente sanas. Por el
hecho de que son las mayores víctimas de la destrucción
ecológica, tal vez los pobres puedan llegar a ser incluso los
protagonistas en este campo.

Joel Sangronis Padrón es Profesor UNERMB


Para comprender plenamente la problemática ambiental de
nuestro tiempo es menester remontarnos a las raíces del
modelo cultural dominante en el mundo en que vivimos.
Desde hace 500 años la mayor parte de las sociedades
humanas coexisten bajo el influjo del modelo histórico-
cultural europeo, mejor conocido como "cultura occidental".
Este modelo cultural -hoy dominante en casi todo el mundo-
se nutre fundamentalmente de 2 grandes fuentes: La filosofía
griega por una parte y la teología judeocristiana por la otra.

El Judaísmo es la más antigua de las teologías denominadas


"Abrahámicas", esto es, las religiones que provienen del pacto
que hizo Dios con el patriarca Abrahám; las otras dos son el
cristianismo y el islamismo.

Las dos primeras teologías comparten ciertos principios de fe


cuya incidencia en el desarrollo del modelo cultural occidental,
y por ende en la actual crisis ambiental mundial, es necesario
resaltar: El Pecado y la Caída: Según la doctrina del pecado
original contenida en el libro del Génesis, todo el mundo cayó
bajo el poder del demonio debido al pecado original
introducido por el ser humano.

Para el judeocristianismo - cuyo Dios es trascendente, no


inmanente: crea y gobierna la naturaleza pero no se identifica
con ella- la naturaleza a partir de la caída de Adán y Eva
perdió el carácter sagrado que había tenido hasta entonces,
(y que aun tiene para muchas otras formas de creencias),
pasando a ser la antítesis de lo divino, de lo sagrado:
corrompida, pecaminosa y decadente. Aun hoy, muchas
congregaciones cristianas utilizan el término mundano, el
mundo, es decir, el entorno, como sinónimo de pecado. El
texto bíblico en este punto es concluyente: "maldita sea la
tierra por tu causa" (Gen 3,17).

Si la tierra, la naturaleza, es un lugar maldito por Dios, un


lugar de pecado y corrupción, es lógico comprender que
cualquier forma de agresión, ignorancia o irrespeto hacia ella
esté mas que justificado.

Al quedar la naturaleza desacralizada ningún acto del hombre


en su contra fue considerado como malo o reprochable. Esta
posición contrasta con la visión holística y sagrada que la
mayoría de nuestros pueblos originarios tienen con su
entorno. Hace cerca de diez años caminando en la Sierra de
Perijá con un indígena Barí, me sorprendió observar como
este le pedía permiso a un árbol antes de proceder a arrancar
sus frutos; al inquirirlo sobre el respecto me explicó que, de
no hacerlo así, el espíritu del árbol se negaría en posteriores
oportunidades a ofrecerle sus frutos y que corría el riesgo de
atraer sobre si el enojo del resto de espíritus que habitaban la
sierra que era su hogar y la fuente de sustento para él y su
gente.

De igual forma es interesante notar como uno de los


ecosistemas mas respetados y menos intervenidos de
Venezuela es la montaña de Sorte en el centroccidental
estado de Yaracuy, pues al ser este ecosistema el asiento de
la veneración y el culto animista de María Lionza, muy
extendido entre la población venezolana, se considera que
tanto la floresta como la fauna del lugar están protegidos por
la diosa y por ende no pueden ser dañados so pena de atraer
la ira de esta.
Es en el judeocristianismo donde se inicia la oposición
hombre-naturaleza. Si el hombre de la antigüedad, del que
los estoicos en occidente y las religiones y filosofías orientales
(Hinduismo, Budismo, Taoísmo) son claros representantes,
buscaban acomodar (y aun lo hacen) sus vidas y acciones a
los ritmos de la naturaleza, el hombre judeocristiano tratará
no sólo de negar y rechazar lo natural, sino de oponerse a ello
y aun de destruirlo. Las palabras del Cristo en el nuevo
testamento vienen a confirmar esta apreciación (mi reino no
es de este mundo Jn 18,36)

Patriarcalismo: (El hombre como centro del mundo). La


tradición judeocristiana no solo es antropocentrista (genero
humano), sino fundamentalmente androcentrista, es decir,
masculina. El hombre, no el género humano, es el punto final
de la creación; la mujer vino después como simple objeto de
compañía, como una segregación toráxica del primer hombre.
Las características femeninas y esencialmente maternas de
las divinidades de las sociedades neolíticas, mediterráneas y
germánicas en Europa y luego sus pares en América,
asociadas al culto de la tierra y de la naturaleza, fueron
perseguidas, deslegitimadas y execradas por la misoginia
exacerbada del judeocristianismo. Gaia no es sino una de las
innumerables diosas madres - genéricamente llamadas Venus
en arqueología - que existían en dichas civilizaciones. A la
tierra se le han dado innumerables nombres femeninos:
África, Europa, Galia, Hispania, Germania, América, Asia,
Grecia, Pachamama que revelan la importancia que, para la
mayoría de las culturas antiguas, tuvo desde un comienzo el
carácter femenino en la relación del ser humano con el
entorno en que habitaban.

El judaísmo desde un principio excluyó hasta lo máximo el


papel femenino en todo lo relacionado con su relación con la
divinidad. No existen diosas ni se acepta la presencia de
mujeres en el templo porque de antemano son tachadas de
impuras. En contacto con las religiones paganas el
cristianismo posteriormente adoptó la presencia femenina: la
Virgen María primero y las santas posteriormente, pero
asumiéndolas como excepciones a la regla de que todo lo
femenino era pecaminoso y corrompido en su esencia.

Antropocentrismo:En el relato genesíaco Dios creó al hombre


para que dominara sobre la tierra y sobre todo lo que en ella
existiera. De hecho, el dominio sobre la tierra y el resto de los
seres vivos no aparece como una simple posibilidad ¡es una
orden!: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra;
sometedla y sojuzgadla" (Gen 1, 28 ).

Posteriormente esta orden se repite y se refuerza a Noé:


"Procread y multiplicaos, y llenad la tierra", añadiendo "que
os teman y de vosotros se espanten todas las fieras y todas
las aves del cielo; todo cuanto sobre la tierra se arrastre y
todos los peces del mar los pongo en vuestro poder" (Gen 9,
2).

Como se puede observar, la naturaleza en el


judeocristianismo parece haber sido creada única y
exclusivamente para uso del hombre, un uso además fundado
en la agresión, como puede deducirse de los términos "que os
teman y de vosotros se espanten"; sin embargo, el mismo
texto bíblico considera al hombre existencialmente inclinado
al mal (Gn 8,21; Sal 51), por lo que de antemano la
naturaleza queda condenada a ser administrada por un ser
con tendencias al mal

Monoteísmo: Estos cultos monoteístas, (un solo Dios),


califican de idolatría cualquier acto de adoración que no vaya
dirigido a su único Dios, es decir, cualquier forma de
veneración o sacralización de los elementos que conforman la
naturaleza (bosques, ríos, lagos, animales, manantiales,
montañas, etc.) es considerada como un pecado abominable.
La consecuencia del desencantamiento o desacralización de la
naturaleza por parte de una de las fuentes de nuestro modelo
cultural es que ha permitido asumirla como un objeto de valor
mercantil, sujeta a las poderosas fuerzas del mercado, ajena
totalmente al mundo espiritual, y por ende, desprotegida y
vulnerable.

Uno de los padres de la iglesia católica, Santo Tomás de


Aquino, cuya obra fue el puente que unió el pensamiento
aristotélico con la teología cristiana expuso lo siguiente: "No
preguntará Dios al hombre que trato dio a los animales; no se
les juzgará tampoco por su comportamiento frente a la
naturaleza, no obtendremos salvación- prosigue el Doctor de
Aquino- diciendo al Señor: Es el mundo, gracias a nosotros,
mas bello, mas útil, más fructífero".

Por su parte otro icono del pensamiento cristiano-occidental,


San Agustín de Hipona acota que: "lo único importante para
nuestra salvación es que guíe nuestros actos el amor a la
divinidad", por lo que el amor a la naturaleza o al resto de la
creación no tiene ningún valor a los ojos de Dios.

Ideología Tribalista de la Elección. La noción de pueblo elegido


permitió desde un principio la exclusión y el rechazo de
cualquier otra forma de ver y entender el mundo. El
judeocristianismo mostró desde muy temprano una abierta
hostilidad e intolerancia hacia toda forma de cultura "pagana"
esto es, hacia toda cultura que no fuera la propia. Así, la
noción de superioridad espiritual fue usada para alentar las
guerras "santas", la inquisición, las conquistas y la esclavitud.

Como bien señala el teólogo brasileño Leonardo Boff: "las


iglesias fueron cómplices de la mentalidad que condujo a la
actual crisis mundial de la biosfera". De igual forma el
documento final de la VIII Asamblea del Consejo Ecuménico
de Iglesias reunidas en la ciudad australiana de Canberra
acotó: "Cuando más insistía la teología en la trascendencia de
Dios y su distancia del mundo material, tanto más la tierra
era considerada como un simple objeto de explotación
humana y como una realidad no espiritual".

RUDOLF BAHRO (1935 - 1997)


"Creo que la crisis ecológica traerá el fin del
capitalismo"
"Cuando las formas de una cultura vieja van
muriendo, la nueva cultura es creada por las
pocas personas que no le temen a la
inseguridad"
Su pensamiento exploraba con una despiadada honestidad las
contradicciones reales de la persona con ideas de izquierda
que se volvía “Verde”.

Para Bahro, la clase obrera junto con la burguesía son partes


intrínsecas del sistema industrial: "En el caso del capitalismo
los obreros son partes del carrusel de la formación
capitalista". Los sindicatos pertenecen a las fuerzas
societarias más conservadoras y se oponen a la trasformación
de la sociedad.

Bahro se oponía a ese “reformismo” que aparece como una


actividad opositora, pero que prolonga la vida ilusoria de la
sociedad industrial y capitalista.

Bahro, miembro fundador de Los Verdes (Die Grunen) de


Alemania occidental, fue elegido en 1980 para el Parlamento
Federal. Para él, la política Verde consistía en capturar la
conciencia de la gente, no en acumular votos.

Hacia 1985 había renunciado al partido. Su testimonio de


renuncia resaltaba que los Verdes no querían salir del sistema
industrial capitalista: "En vez de expandir la conciencia la
están oscureciendo a lo largo de toda la línea". Bahro
repudiaba particularmente la continua justificación de los
Verdes para no cambiar nada.
Para Bahro, las naciones industrializadas debían reducir su
impacto sobre la Tierra a un décimo de lo que ocurría. El
"desarrollo" estaba acabado. Como Arne Naess, filósofo
noruego de la ecología profunda, Bahro tenía una visión
biocéntrica y no antropocéntrica. A diferencia de Naess, Bahro
estaba inserto en la cultura de la izquierda.

Bahro despertó a la conciencia crítica en la ex República


Democrática Alemana, o Alemania oriental. Allí, un partido
comunista marxista era la premisa asumida como perspectiva
oficial. Bahro mismo se afilió al partido a los 17 años. Tras la
invasión de 1968 a Checoslovaquia canceló su identificación
con el régimen oficial. Fue encarcelado por escribir su primera
obra magna, 'La Alternativa en Europa Oriental', publicada en
Alemania occidental. Fue deportado de la RDA en 1979 tras
pasar dos años en prisión.

Evolucionó intelectualmente desde el comunismo/marxismo


crítico hacia el ecosocialismo. En esta senda, demolió las
ortodoxias de la izquierda, del partido verde y de la
burguesía.

Fue precursor del Biocentrismo de izquierdas y dejó una


extensa bibliografía.

Los siguientes libros existen en inglés:

• 'The Alternative in Eastern Europe', 1977. Bahro llamaba a


este libro "Una contribución a la crítica del socialismo
actualmente existente" desde una postura revolucionaria.

• 'Socialism and Survival', 1982.

• 'From Red to Green', 1984. Recomendado particularmente.

• 'Building the Green Movement', 1986.

• 'Avoiding Social & Ecological Disaster: The Politics of World


Transformation', subtitulado "Indagación de los Fundamentos
de la Política Espiritual y Ecológica", 1987 (en alemán) y 1994
(en inglés).
De la Ecología a la Ecología Social
Un análisis dialéctico de la realidad mundial
¿Quiénes contaminan? ¿De donde provienen las mayores
emisiones? ¿La ecología se remitirá solamente a analizar la
interrelación de las especies con su hábitat? ¿Qué espacio
podremos investigar si lo que está en juego aquí es la
totalidad de la vida en el planeta? ¿La pobreza genera
contaminación o los pobres son forzados a contaminar?

Hace casi 250 años Rousseau dio a entender que cuando la


humanidad se alejó de su hábitat natural, se convirtió en un
producto social. Marx y Engels estudiaron el surgimiento y
evolución de las primitivas sociedades como un proceso,
partiendo de la necesidad de protegerse y sobrevivir. A la vez
el humano produce cultura y es producido por ella como ser
social. Más allá de la discusión filosófica; que si el humano es
naturaleza, todo lo proveniente de él también lo es,
convengamos que este salto, gradual y no lineal, ha motivado
una nueva adaptación al medio con consecuencias dispares.

Algunos lo considerarán avances cualitativos, otros evolución


selectiva, y habrá - de hecho lo hay - quienes cataloguen a
esta circunstancia, como un avance contradictorio en sí
mismo. Freud, en "El malestar en la Cultura" (1), analiza la
contradicción irresoluble entre la necesidad de satisfacer los
instintos y la necesidad de la alianza fraterna, necesidad de
unirse para la supervivencia del grupo humano.

De la mente humana, su interrelación dialéctica con el medio


producto de una construcción social, surgieron los más
increíbles descubrimientos científicos y desarrollos
tecnológicos, pero al mismo tiempo, la humanidad, como
especie única, no pudo detener hasta hoy el ascenso hacia la
cúspide de su propia autodestrucción.

Pero para poder analizar esta situación, debemos


contextualizarla dentro de un marco teórico y haciendo
pequeños recortes de los procesos históricos. Basados en esto
y admitiendo la teoría evolutiva, los criterios de selección se
han visto atravesados por la influencia de los procesos
sociales. La misma selección natural, los ciclos vitales, la
concepción de tiempo y espacio, vienen soportando la presión
directa e indirecta de la actividad humana, alterando la
estructura biofísica que la naturaleza ha ido adaptando a lo
largo del tiempo. Y no tenemos temor en afirmar que la
selección artificial, patrimonio exclusivo de la conducta
humana en el planeta, viene teniendo mayor gravitación que
la selección natural.

En los últimos 200 años, con la aparición del capitalismo, el


criterio de selectividad, ubicó a los dueños de los medios de
producción, en la cúspide de la escala depredadora, a la que
denominaremos supra-especie, que no solo se nutre de sus
dominados: esto es, las tres cuartas partes de la población
mundial, sino decide por su propia lógica de existencia,
quienes sobreviven y quienes no. Cuando hacemos mención
al término depredador lo asociamos ex profeso a una
conducta perjudicial y destructiva, a diferencia del término
predador, que lo ubicamos dentro de la relación evolutiva
natural de algunas especies con las que son predadas.

Por ello, hablar de ecología obviando este contexto, es


divorciarse del análisis dialéctico de la realidad y llevar este
término al terreno de la ideología dominante. Nosotros
sumamos la variable social a la palabra ecología y la
profundizamos aún más, para concluir que toda ecología es
social, esto es: el análisis dialéctico de los sistemas políticos,
culturales, económicos y religiosos que afectan al planeta,
puesto que la ciencia, aun cuando se pretenda -infantilmente-
imprimirle un criterio de neutralidad, está en manos de
quienes ostentan el poder, y esa administración, obedece al
criterio de selectividad de la supra especie. La ciencia y la
tecnología en el sistema capitalista están al servicio de la
acumulación de capital y la máxima ganancia. En un sistema
no capitalista, ambas podrían liberarse de esta atadura y
desarrollar su potencial para beneficio de la humanidad,
proteger la especie y su hábitat, producir al menor costo en
términos de daño a los ecosistemas y empezar a superar la
brecha entre lo natural y lo social.

En la naturaleza las cosas sencillamente son. No están


atravesados por criterios ni juicios de valor ni de moral,
elementos construidos socialmente como herramienta de
sometimiento y dominación de la supra-especie hacia sus
congéneres. Esto es fácilmente demostrable, pues siguiendo
la teoría evolucionista y aceptando que la tierra tiene una
edad aproximada de 4.500 millones de años, la naturaleza ha
construido sus propios ciclos sin la presencia humana que
surge recién en los últimos dos millones de años.
En la naturaleza todavía no se ha podido comprobar que los
elefantes hagan meditación trascendental o que los monos
asistan a misa los domingos. En igual sentido, la calificación
monárquica del rey león, es otra maniobra de la clase
dominante para profundizar el pensamiento mágico y dar
como natural, la necesidad de un sistema jerárquico o de
clases, donde se justifica así la presencia mesiánica de
conductores y salvadores para la manada humana. La obra de
Walt Disney, en este sentido, ha operado eficazmente a través
de su obra en el pensamiento de los niños.

En la naturaleza no hay jerarquías sino necesidades que


tienen que ver con lo instintivo y la perpetuación de las
especies. No es sino a través del naturalismo dialéctico el
modo de interpretarla. La vida transita por las delicadas
hebras de una red, muchas veces invisible y sujeta a vínculos
tan frágiles imposibles de analizar bajo las variables del
tiempo humano. Expresiones como abeja "reina", cobran una
fuerte carga ideológica, dando así por sentada la división de
clases dentro de la propia especie. En realidad, la
organización interna, distribución de tareas, etc. queda a
cargo de las abejas "obreras", como en una verdadera
democracia, a través de la comunicación por olores, siendo la
única función de la reina y el zángano la reproducción.

Esta situación llevada al plano humano, y afianzada a través


de generaciones por los sistemas educativos capitalistas,
haría aparecer como natural esta división, cuando en realidad,
las clases sociales, la división del trabajo, las fuerzas morales,
la tradición y el pensamiento mágico reciclado en religiosidad,
son una construcción social que culminan con el control
ideológico de la población, violando aspectos fundamentales
de los derechos humanos y promoviendo la explotación del
hombre por el hombre, negando en consecuencia su a
derecho la libertad.

El concepto de especie superior, líder, jefe, el más apto, son


valoraciones humanas y giros idiomáticos que no se pueden
aplicar al funcionamiento de la naturaleza. El uso del lenguaje
utilizado por la clase dominante es una herramienta que no
podemos soslayar. La supervivencia de las especies depende
del hábitat donde se desarrollan y de la memoria genética.
Suponiendo una lógica de razonamiento, si es que la hay, a la
naturaleza solo le importa mantener las especies y no un
ejemplar. Por consiguiente, la conformación fisiológica de
plantas y animales están en permanente peritaje, pues de
esta relación dialéctica, surgirán aquellos ejemplares que se
consolidarán mediante la reproducción, o morirán para que
otros vivan.

Avalando la hipótesis Gaia (2), la tierra es una unidad viviente


en si misma donde se dan complejas interacciones que la
sostienen. La unicidad de cada especie inmersa en la gran
sopa de la diversidad, permite el flujo y reflujo de la energía
constante. No es casual, y fundamentalmente en occidente,
que la concepción judeo-cristiana antropocéntrica, eleve a los
humanos al rango de especie superior, mirando a la
naturaleza como depósito de recursos a ser utilizados, en
lugar de un eslabón en la cadena de la vida.
Y esto no es azaroso. Nada dentro de las sociedades es
casualidad. Siempre son procesos de acción y reacción, de
lucha permanente que determina a la postre, dos únicos
bandos: los dominados y los dominadores. En oriente la casta
religiosa que instrumentó el sometimiento de las masas con la
ilusión de un permanente reciclaje llamado reencarnación. En
Occidente como bien dio a entender alguna vez León
Rozistchner, la iglesia católica ha contribuido en regar y
abonar el terreno donde el capitalismo sienta sus bases. Y es
tan así, que no hay otra manera de explicar el proceso de
expoliación y acumulación para la obtención de la máxima
ganancia. Por ello, la cruz y la espada son elementos
indispensables en el proceso de dominación. El paraíso
terrenal para los ricos y el celestial para los pobres.

La contaminación: ¿Es política o ambiental?


En 1972 se realizó en Estocolmo, la primera Reunión Mundial
sobre medio ambiente, la Conferencia sobre Medio Humano.
Allí ya se advirtió que aún deteniendo las emisiones de
monóxido de carbono por completo, el efecto no podría ser
detenido en los próximos 100 años. La Organización
Panamericana de Salud en 1989, con motivo del
resurgimiento del cólera en Perú, diagnosticó que el 90 % de
las enfermedades en América Latina son producidas por la
pobreza, el hambre y la contaminación ambiental. En junio de
1992 se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra, Eco Río en Brasil.
Asistieron representantes oficiales de 179 países así como de
organizaciones no gubernamentales y los resultados se dieron
a conocer en todo el mundo por medio de la prensa.

"Ochocientos millones de hambrientos, 1 200 millones de


personas en pobreza extrema, 854 millones de adultos
analfabetos y 2.400 millones de personas sin saneamiento
básico, son una prueba. Cuarenta millones de enfermos o
contagiados por el virus del SIDA, dos millones de muertos
por tuberculosis y un millón por malaria cada año, son otra
prueba. Once millones de niños menores de 5 años morirán
este año por causas evitables, lo que además de una prueba
adicional, es un crimen"; expresó el 3 de septiembre de este
año, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en la
cumbre mundial sobre desarrollo sostenible de Sudáfrica.

Ahora bien. ¿Quiénes contaminan? ¿De donde provienen las


mayores emisiones que lejos de disminuir, han aumentado un
9 por ciento, y en el país más contaminador un 18 por ciento?
¿La ecología se remitirá solamente a analizar la interrelación
de las especies con su hábitat? ¿Qué espacio podremos
investigar si lo que está en juego aquí es la totalidad de la
vida en el planeta? ¿La pobreza genera contaminación o los
pobres son forzados a contaminar?

Los propietarios de los medios de producción determinan, no


solo, la distribución de la riqueza, sino los sistemas políticos
que regulan, bajo la fachada de la legalidad emanada del
Estado, la ideología del capital. El concepto de la propiedad
privada no existe en la naturaleza. Es una construcción social
que se inició con la aparición del Estado, la conformación de
una estructura familiar patriarcal y el prisionero de guerra
convertido en esclavo. La historia que viene ya la conocemos.
O acaso la frase de Rousseau de 1754 no sigue teniendo
vigencia, cuando señaló.. "El primero al que tras haber
cercado un terreno se le ocurrió decir, esto es mío y encontró
personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero
fundador de la sociedad civil. ¡¡¡Cuántos crímenes, guerras,
asesinatos, miserias, y horrores no habría ahorrado al género
humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja,
hubiera gritado a sus semejantes: Guardaos de escuchar a
este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de
todos y que la tierra no es de nadie!!!

Algunos podrán decir que los pueblos originarios eran más


ecológicos, como los Incas, con cultivos en terrazas o que en
la antigüedad la contaminación no era tan grave como en los
últimos doscientos años. Pero esta es una visión histórica
muy subjetiva. La misma que el ambientalismo aborda sin
cuestionar en nada la grieta profunda entre naturaleza y
sociedad; una postura emanada de la jerarquía dominante,
sentenciando la naturaleza a un rol pasivo y al humano -
mediante una especie de ingeniería - sacando, insertando,
reemplazando y hasta alterando los ciclos naturales; todo
esto, amparado en la frase que a tantos les gusta utilizar
como clisé: desarrollo sustentable.

En realidad no sería correcto aplicar el término contaminación


en los albores de la humanidad, cuando ésta vivía de frente y
no de espaldas a la naturaleza. Los pueblos nómades tiraban
los desechos a lo largo de su recorrido, pero al igual que las
manadas migrantes, no podemos decir que sus heces
contaminaran el suelo. Por otra parte, estas comunidades,
aprovechaban integralmente la naturaleza. Todavía no se
había inventado la sentencia bíblica: "Sed fecundos y
multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los
peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que
serpea sobre la tierra." (Génesis 1.26). Su pensamiento
mágico, se circunscribía básicamente a los fenómenos
atmosféricos y a la misma tierra que les ofrecía sus frutos.
Freud analiza con detenimiento esta situación en su libro
Tótem y Tabú. (3)

Es con el desarrollo del valor de cambio en detrimento del


valor de uso, cuando un nuevo modo de producción y
acumulación, que tratando a la naturaleza como renta y no
como un bien, comenzará a generar productos y residuos no
degradables. Situación agravada con el surgimiento de la
actividad hidrocarburífera, hoy por hoy, la principal fuente de
emisión contaminante. Baste recordar que las descargas de
dióxido de carbono están influyendo categóricamente en el
calentamiento global del planeta. Los ambientalistas se
preocupan solo por los vertidos tóxicos de una fábrica y son
funcionales a los economicistas de la supra-especie. Estos,
aparecen por los medios de difusión, afirmando que, por
ejemplo, el PBI (Producto Bruto Interno), creció una
determinada cantidad de puntos, dando a entender que ese
incremento significa un salto cualitativo para el conjunto de la
población. Que aumente los niveles de productividad en un
país, no determina la equitativa distribución de la riqueza.

Denunciar únicamente el vertido de desechos, es no querer ir


a la raíz del problema, es una pantalla del real conflicto en el
proceso industrial-contaminador. Para la Ecología Social, el
análisis transita por otro andarivel, porque no es lo mismo
desarrollo que calidad de vida. Los aspectos sociales,
económicos, laborales, salud, educación, son las variables
para determinar un correcto estudio de impacto ambiental y
determinar, lo más aproximadamente posible, por donde pasa
el verdadero progreso.

¿De quién es la fábrica? ¿Cuánto ganan los obreros? ¿En qué


condiciones laborales y de salubridad están trabajando? ¿Qué
tipo de industria y tecnología es? ¿Obsoleta o de punta? ¿Qué
marco de protección legal la ampara? ¿Qué políticos están en
el medio? ¿Qué beneficios otorga a la comunidad? El dinero,
¿se reinvierte al círculo productivo o sale fuera del municipio,
la provincia o el país? ¿ Bajo qué normas de calidad se han
producido los artículos, suponiendo que sea dentro del rubro
alimenticio? ¿Las del Ministerio de Salud como en la
Argentina, que autoriza una lista de aditivos prohibidos en
muchos países por su acción cancerígena , mutagénica (1) o
teratogénica? (2) ¿Es alimento adulterado como en el caso del
polvo de ladrillo que lo usan como colorante en lugar de
pimentón? ¿Se le agrega bentonita (mineral utilizado para
sellar las perforaciones petroleras), para que se infle como
algunos alimentos balanceados para perros y gatos? Y si de
bebidas analcohólicas hablamos, (mal llamadas jugos), donde
el 95 % del producido en el país se endulza con ciclamato y
sacarina para abaratar costos reemplazando al azúcar, es
decir: producto dietético que ingieren los niños. ¿Se
preguntaron cómo actúan estos químicos en un cuerpo en
formación? ¿ Cómo se transportan los productos? ¿Cuánto se
pierde en el proceso de almacenamiento, traslado y
distribución de los alimentos? ¿Quién controla los transportes
y sus emisiones de monóxido?

Habría mucho más para agregar a esta lista de preguntas.


Obviamente que es ideológico y más cómodo,
"escandalizarse" por los desechos tóxicos de una fábrica. Pero
el círculo de la contaminación es infinitamente más amplio,
donde las responsabilidades y complicidades políticas-
empresariales se amalgaman. Por esta razón observamos con
espíritu crítico, y mantenemos distancia, con los aspectos
cosmetológicos de personas o grupos, acomodados cada uno
en su pequeño espacio de poder, haciendo creer que se están
ocupando por un ambiente sano, cuando en realidad, lo
estructural no se quiere modificar. Y para esto, la
confrontación dialéctica con esa postura es un sencillo
ejemplo por todos conocido: la matanza de focas bebés. En
tanto haya una persona que quiera utilizar un tapado de piel,
habrá una organización cazadora dispuesto a suministrarlo. Es
que el tema ambiental, es un buen negocio para muchos. Así
como los presos son necesarios para dar sentido a jueces,
abogados, policías, servicio penitenciario. Los residuos, el
reciclado, estudios de impacto, las consultoras, dejan pingues
utilidades a sus actores. La Ecología Social no ingresa al
negocio de la conservación del planeta.

La Argentina tiene 37 millones de habitantes. Una superficie


de tierra donde una sola provincia albergaría a Italia. Suelo
-en líneas generales- no demasiado contaminado. Mucha
agua y energía. Riquezas naturales renovables y no
renovables para envidia del mundo. Que l5 millones estén en
la línea de pobreza, que haya entre un 18 y 40 % de
desocupación y subocupación, que 55 niños se mueran
diariamente por enfermedades producidas por la pobreza, que
los viejos tengan una doble muerte: la cronológica y la social,
que los jóvenes incurran en la droga y el alcohol por
desesperanza y falta de amor. Que miles de mujeres mueran
por abortos clandestinos y que la deserción escolar llegue al
50 %. ¿No les parece que son cosas muy pesadas para dejar
de lado cuando algunos se autotitulen ecológicos porque
despetrolaron un ave, o plantaron un cartel denunciando que
tal empresa contamina? ¿Es factible salvar las ballenas
colocando solamente una calcomanía en los autos o
aportando una cuota a una institución ambientalista?

Defino Ecología Social, a una postura ética, estética,


filosófica, política e ideológica de contemplar y obrar en el
mundo con una dialéctica holista. El ambientalismo critica la
contaminación ambiental, la tala de los bosques, la matanza
de animales, etc., pero solo se remite a fragmentar la
realidad, los efectos y no las causas problemáticas. La
ecología biológica analiza únicamente la interacción en los
ecosistemas. La Ecología Social, da una vuelta más de tuerca.
Se introduce en los sistemas sociales que imperan en el
planeta, y además de analizar los componentes ideológicos
que lo regulan, formula propuestas concretas de cambio,
donde la visión parcial del mundo es desechada, partiendo de
la premisa que la vida en el planeta, no es una cuestión de
jerarquías, sino de redes, donde un eslabón dañado, afecta a
la globalidad.

En tal sentido no dudamos en afirmar que hablar de ecología


a secas, sin la variable social, es el lenguaje de quienes viven
de su renta. De tal modo, es tendencioso y falaz discutir
sobre desarrollo sustentable, en tanto la brecha entre ricos y
pobres se ha ensanchado 74 veces con relación a los años 60.
Más que hablar de ecología, debemos hablar de política. Y lo
hacemos desde la denuncia, en el convencimiento que en el
modo de producción y distribución capitalista, en el marco de
sus propias contradicciones, no hay desarrollo sustentable ni
esperanza de sobrevida para nadie.

A partir de los años ochenta empiezan a adquirir validez y


vigencia los postulados de formas alternativas de desarrollo,
que procuran superar las limitaciones de los modelos hasta
entonces prevalecientes. Estas formas alternativas de
desarrollo han ido adquiriendo diferentes nombres y
acepciones, siendo una de las más citadas las de Desarrollo a
Escala Humana (4) y la de Desarrollo Integral. El postulado
básico del Desarrollo a Escala Humana es que el desarrollo se
refiere a las personas y no a los objetos.

Tomemos algunos pensamientos de Max Neef, autor bien


intencionado pero idealista al fin, con el que no aceptar este
postulado nos conduce a formularnos la siguiente pregunta
fundamental: "¿cómo puede establecerse que un determinado
proceso de desarrollo es mejor que otro?". Dentro del
paradigma tradicional, se tienen indicadores tales como el
Producto Bruto de un país (PBI) o de una región, que es
(caricaturizándolo un poco) un indicador del crecimiento
cuantitativo de los objetos producidos en ese país o región.
Necesitamos ahora un indicador del crecimiento cualitativo de
las personas. ¿Cuál podría ser?

Contestamos a la pregunta en los siguientes términos: "el


mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar
más la calidad de vida de las personas". De inmediato se
desprende la pregunta siguiente: "¿qué determina la calidad
de vida de las personas?". La calidad de vida dependerá de
las posibilidades que tengan las personas de satisfacer
adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales.
Surge entonces la tercera pregunta: "¿cuáles son esas
necesidades fundamentales, y quién decide cuáles son?".

"Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades


humanas tienden a ser infinitas; que cambian
constantemente, que varían de una cultura a otra y que son
diferentes en cada período histórico. Nos parece que tales
suposiciones son incorrectas, ya que son producto de un error
conceptual. El típico yerro que se comete en los análisis
acerca de las necesidades humanas es que no se explica la
diferencia esencial entre las que son propiamente necesidades
y los satisfactores de ellas".

"Es indispensable hacer una distinción entre ambos conceptos


por motivos tanto epistemológicos como metodológicos. Las
necesidades humanas pueden dividirse conforme a múltiples
criterios, y las ciencias humanas ofrecen en este sentido una
vasta y variada literatura. Nosotros combinaremos aquí dos
criterios posibles de división: según categorías existenciales y
según categorías axiológicas. Esta combinación permite
reconocer, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer
y Estar; y, por la otra, las necesidades de Subsistencia,
Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio,
Creación, Identidad y Libertad.

Cualquier necesidad humana fundamental que no es


adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. El
concepto tradicional de pobreza es muy limitado, ya que se
refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas
que se hallan por debajo de un determinado nivel de ingreso.
La noción es estrictamente economicista. Sugerimos no
hablar de pobreza, sino de pobrezas. Por ejemplo, hay una
pobreza de Protección (debido a sistemas de salud
ineficientes, a la violencia, la carrera armamentista), etc. Pero
las pobrezas no son sólo pobrezas, son mucho más que eso.
Cada pobreza genera patologías, altera la salud, toda vez que
rebasa, por su intensidad o duración, ciertos límites críticos.
Según la Organización Mundial de la Salud (5), sería el
completo estado de bienestar, físico, mental y social, que
permite al individuo relacionarse con el medio. Así la salud no
es solo la ausencia de afecciones y de enfermedades como
antiguamente se creía. Hoy en día se intenta que sea un
derecho humano fundamental, una meta social a alcanzar,
cuya responsabilidad debe ser asumida por los individuos,
obligando a los políticos a realizar una política de promoción
de la salud.

La definición de salud de la O.M.S. es demasiado teórica y


estática. O se posee salud o se carece de ella. Por esto, hay
quienes definen a la salud de una forma continua,
graduándola en muerte, perdida de salud, zona recta, salud
positiva y óptimo de salud. Éste último estado dependería de
las diferentes condiciones del entorno del individuo y
siguiendo este análisis, el objetivo que deberían adoptar las
distintas sociedades sería la de permanecer en la zona recta
donde la salud permite al individuo realizar sus actividades
según su estado fisiológico y participar de las actividades
propias de la comunidad".
Una Ecología de la mente
Estar sano es ser feliz, (6) señalé hace unos años ante
representantes de la O.M.S que visitaron mi provincia. La
salud ha quedado bien demostrado que no se mide por la
ausencia de las enfermedades. La salud es un perfecto
ecosistema en el que intervienen variables bien definidas.
Para nosotros la medición de esas variables se determinan
por las condiciones materiales de existencia, la relación
armoniosa del sujeto para consigo mismo y su vinculación con
los demás miembros de la especie. Pichón sentenció: "El
sujeto es sano en tanto aprehende la realidad en una
perspectiva integradora, y tiene capacidad para transformar
esa realidad, transformándose a la vez el mismo. El humano
es un ser de necesidades que sólo se satisfacen socialmente,
en relaciones que lo determinan".(7)

Ninguna de estas tres columnas puede faltar, y su continua


interacción dialéctica, permite el desarrollo sostenido de la
humanidad, a diferencia del resto de las especies, donde no
entran a jugar las construcciones culturales sino el instinto y
la herencia genética. Si cerramos más el círculo y lo
remitimos a los estados mentales, sería incongruente
colisionar con el enunciado Pichoniano cuando afirma que
toda psicología es social. Consecuentemente y en paralelo con
Murray Boochin, aseguramos que toda ecología es social.
Enfatizamos, por consiguiente, que la sociedad capitalista
promueve y profundiza la enfermedad en el planeta. Y no
puede ser de otra manera, toda vez que si nos remitimos a la
historia, no hay evidencia que en las primeras comunidades,
la depresión, por citar un emblema, haya estado presente.
Por otra parte, el estrés, que es natural en los animales como
elemento fundamental para el estado de alerta, se ha
convertido en una de las graves dolencias a escala mundial.

Pero el estrés y la depresión están sujetos, indefectiblemente,


a las condiciones de vida que rodean al sujeto. Existen en la
actualidad pequeñas comunidades longevas en Eurasia que
consumen alcohol, grasas saturadas, tabaco, etc., con una
tasa de mortalidad oscilando en los 90 años (casi un 20 %
por encima de la media promedio de los denominados países
del primer mundo), en donde la contaminación social
burguesa no ha encontrado posibilidad de ingreso. No hay
una medicina honesta hoy en día que no atribuya -
fundamentalmente - a los estados de ánimo, como al caldo de
cultivo para la mayoría de las patologías existentes. No
obstante, es imposible separar de este contexto la
materialidad de las cosas que coadyuvan para profundizar la
crisis. Es oportuno rescatar el diálogo entre Pichón Riviere y
Zito Lema (8), cuando acuerdan que no es lo mismo la familia
en un país industrializado a uno dependiente. Si la familia es
la estructura social básica y la enfermedad mental es una
crisis que se configura en ese grupo, no es difícil asociar a la
desigualdad social como desencadenante. Las relaciones son
dialécticas, están en interacción con el medio. Esto es
ecología social y ya Pichón daba cuenta de esto.

El hambre, las enfermedades evitables, la riqueza acaparada


en manos de unos pocos, la impunidad a que son sometidos
millones de seres en todo el mundo por esta misma situación,
las condiciones de trabajo alienado, vida aglomerada en las
grandes ciudades, falta de espacios verdes, insuficiencia de
tiempos para el ocio y la recreación, ausencia de posibilidades
de estudio y logros intelectuales como creativos, son
violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Reformulamos el histórico axioma biologista: nacer, crecer,


reproducirse y morir, por.. "nacer por elección voluntaria de
padres, crecer en el ámbito de un hogar feliz y una sociedad
igualitaria, reproducirse y desarrollarse en el marco de las
posibilidades materiales y afectivas que solo brinda la justa
distribución de la riqueza y el ambiente perdurable, y morir
dignamente rodeado por los afectos a entubado en la cama
triste y solitaria de un hospital".

Lo actual -esta agonía diaria - determina una alteración psico-


física, por la cual, estamos atravesados y sujetos,
promoviendo de este modo, un círculo perverso que nos
remite a un estado primitivo de animalidad y barbarie, donde
la constante es resistir para no ser comidos; resistencia que
es patrimonio de unos pocos que pueden elevarse por su
propia alienación, y comprender el origen de la causa.

Hasta hace unos años, el infarto era patrimonio casi exclusivo


de los hombres. Las mujeres, por su propia conformación
fisiológica tienen un anti estresante natural: los estrógenos.
De un tiempo atrás para adelante, esto pareciera no alcanzar
y también son ellas las víctimas de esta afección como causa
de mortalidad. En Neuquén y supongo que será mucho más
grave en el resto del país dado que los salarios son
considerablemente menores, las maestras vienen atravesando
severas crisis mentales por la tensión que conlleva recibir la
carga emocional de una contención social hacia los
estudiantes; tarea que no les es propia y que corresponde al
Estado asumirla .Un estudio de este año realizado por la
Fundación para la Cultura del maestro Mexicano arroja
información más clarificante.

"La demora en el planteo de las enfermedades del trabajo


docente, es porque en su mayoría son de salud mental: son
más difíciles de aceptar tanto por el maestro como
socialmente. La resistencia descalifica al enfermo y éste teme
mostrarla y demandar atención como derecho. Las
alteraciones neuróticas y de la voz ocupan el primer lugar. En
este sentido Freud señaló: <"El ser humano cae en la
neurosis por no soportar el grado de frustración que le
impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura>. El
docente debe canalizar su ansiedad y angustia positivamente,
de lo contrario puede caer en diversas adicciones como
evasión y descarga de tensión. La violencia expresada en la
actividad sexual, social, política o deportiva, ya sea como
promotor o víctima, es una forma de descarga observada en
docentes con conflictos vitales y/o laborales. En salud mental
la fatiga residual se manifiesta casi siempre en formas
depresivas. Comienza a abandonarse en su arreglo personal y
descuida el cuidado de sus cosas, la casa, la ropa. Se vuelve
apático y desinteresado, se aísla y reduce su actividad social
y sexual. Solo desea descansar, dormir y relajarse... y no lo
logra. A veces recurre a la automedicación con antidepresivos
y/o ansiolíticos. Se le agrega a la fatiga, la adicción a los
psicofármacos o a otras drogas para llegar al alivio por medio
de la evasión. En estas condiciones la producción intelectual
del docente es casi nula y el cuadro depresivo se combina a
veces con excitación y agresividad. Comienzan las discusiones
laborales y familiares que incrementan su aislamiento.
Olvidos. Distracciones".
Me pregunto si es necesario describir la situación del resto de
los trabajadores y de los desocupados. En este congreso, hay
profesionales con mucha mayor capacidad y formación como
para que yo profundice sobre el tema. Pero no es
descabellado adentrarnos en la asociación directa que hay
entre la materialidad de las cosas y el estado de bienestar
psico-físico. Y necesariamente debemos hablar del perfecto
equilibrio que se da en un ecosistema.

Supongamos que haya una finalidad. ¿Cuál sería el fin último


en la vida de los seres humanos? Algunos podrán decir la
perpetuidad. Yo agregaría que perpetuidad sin placer es vivir
muriendo día a día. El placer de vivir justifica la existencia. Si
el pueblo disfrutara plenamente, y el placer reinara en todo lo
cotidiano, no serían necesarios dioses, ni el deseo de
perpetuidad, ni la contracción al trabajo alienado. No es muy
difícil comprender entonces, porque la iglesia católica desde
sus inicios, combate y reprime al placer como instrumento de
control ideológico.

Pero si no hay finalidad, sino intencionalidad, no creo que


conformarnos con no sufrir sea suficiente. Este planeta es
hermoso. Basta mirarlo desde el espacio exterior para que
nos conmueva su imagen azulada vagando a través del
cosmos. Desde lo matemático, su redondez configura una
línea de puntos infinita y permanente. Átomos que danzan
por las fuerzas opuestas en forma constante. No hay líneas
rectas, ni segmentos, ni nada que obstaculice el proceso
circular desde el Big Bang (9) para adelante. Hay belleza en
una roca, en el arroyo perdido en la montaña, en la fragilidad
dialéctica de una mariposa que antes fue gusano. Y se nos
hace muy difícil asociar lo bello y el placer que ello conlleva, a
solo resistir la angustia y el dolor. Belleza y placer deben,
irremediablemente, conducir a un estado de bienestar. ¿Amar
produce a veces sufrimiento? ¡¡¡Claro que sí!!!! Pero quien
quisiera la existencia sin esa "neurosis" excitante y vital. ¿Es
lo mismo padecer por amor que por hambre?
Si el planeta es hermoso, ¿no sería un enorme desperdicio
que las inmensas fuerzas materiales y espirituales
desarrolladas por la humanidad sigan en manos de los
depredadores capitalistas? Como dijeron hace más de un siglo
atrás Marx y Engels: ".... de lo que se trata no es de entender
al mundo sino de transformarlo". (10)
Y en este devenir, es posible que en el sistema sin jerarquías
ni clases sociales, que irremediablemente deberemos
construir hacia el logro de una sociedad justa e igualitaria,
podamos volver a la naturaleza, sin desechar la computadora
o la televisión, desde una tecnología con rostro humano, para
intentar reconstruir la felicidad que a lo mejor en tiempos
remotos, los humanos supimos tener.

El presente trabajo se ha realizado con la colaboración de la


Medica Veterinaria ,Gabriela Dono; Profesora, Marina
González y Profesor ,Marcelo Lafón.

Glosario

a) mutagénico: mutar, cambiar. (b) teratogénico: anomalías,


deformaciones; c) holista: global, total; d) Big Bang: teoría
científica acerca del surgimiento del cosmos

Fuentes

1) Sigmund Freud- Obras Completas - Amorrortu - 1998


2) James Lovelock - Atlas Gaia de la Gestión del Planeta -
Blume.1987
3) Sigmund Freud - Obras Completas - Ammorrotu - 1998
4) Manfred MAX-NEEF, M. et al. (1986). Desarrollo a escala humana:
Una opción para el futuro. Development- Dialogue,
Nº. Especial; 9-93.
5) O.M.S - documentos varios.
6) Antonio Miglianelli - Ecología y Salud - Ministerio de Salud de la
Provincia del Neuquén - 1991
7) Vicente Zito Lema: Conversaciones con Enrique Pichón Riviere -
Ediciones 5 - 1998
8) Vicente Zito Lema: Conversaciones con Enrique Pichón Riviere -
Ediciones 5 - 1998
9) Big Bang . Teoría científica acerca de la creación del universo
10) Marx y Engels-Fuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana
-Moscú - Edit. Progreso-1980