Vous êtes sur la page 1sur 20

TEORIAS DE LA PENA

Enviado por polidbello

Indice
1. Introducción
2. Teorías absolutas de la pena
3. Teorías Relativas De La Pena
4. Teorías mixtas o de la unión:
1. Introducción
El principal medio de que dispone el Estado como reacción frente al delito es la pena en el sentido de
"restricción de derechos del responsable". El orden jurídico prevé además las denominadas "medidas
de seguridad" destinadas a paliar situaciones respecto de las cuales el uso de las penas no resulta plausible.
De manera que el sistema de reacciones penales se integra con dos clases de instrumentos; penas y medidas
de seguridad. Desde la antigüedad se discuten acerca del fin de la pena fundamentalmente tres concepciones
que en sus más variadas combinaciones continúan hoy caracterizando la discusión, así, para explicar estos
remedios incluidos en la legislación penal se ofrecen estas diversas teorías que parten de puntos de vista
retributivos o preventivos, puros o mixtos que se encargan de fundamentar de diverso modo y de explicar
los presupuestos que condicionan el ejercicio del "ius puniendi" y la finalidad perseguida por el Estado con la
incriminación penal.
2. Teorías absolutas de la pena:
Son aquellas que sostienen que la pena halla su justificación en sí misma, sin que pueda ser considerada
como un medio para fines ulteriores. "Absoluta" porque en ésta teoría el sentido de la pena es independiente
de su efecto social, se "suelta" de él. El primer punto de vista es:
La teoria de la justa retribución:
Desarrollada por Kant, para quien al pena "debe ser" aun cuando el estado y la sociedad ya no existan,
y Hegel cuya fundamentación de la pena pública, fue la base que permitió la sistematización de la teoría del
delito, (elaborada a partir de la teoría de las normas de Binding) concibe al delito como al negación del
derecho, y a la pena, como al negación de la negación, como anulación del delito, como reestablecimiento del
derecho, entiende que al superación del delito es el castigo. En coincidencia con Kant, tampoco Hegel
reconoce finalidades de prevención, como el mejoramiento y la intimidación, como fines de la pena. Esta
constucción gravitó decisivamente en relación a la ulterior evolución del Derecho penal y, debido a que no
existen aun alternativas consolidadas, actualmente conservan relativa vigencia. En al jurisprudencia la teoría
de la retribución ha tenido un importante papel hasta hace poco tiempo.
Esta concepción recibe su característica de "absoluta" debido a que ve el sentido de la pena no en la
prosecución de alguna finalidad social útil, sino que sostiene que dicho sentido radica en que
la culpabilidad del autor sea compensada mediante la imposición de un mal penal, o sea que agota todo el fin
de la pena en la retribución misma, explicada por Kant como un imperativo categórico emergente de la idea
de justicia y fundamentada dialécticamente por Hegel como la negación de la negación del Derecho. Así,
niega una concepción del castigo que se fundamente en razones de utilidad social que ilícitamente convierta
al hombre en un "medio" instrumental en beneficio de la sociedad ya que tanto para Binding como para todos
los defensores de la teoría de la retribución, las concepcines preventivas resultan incompatibles con
la dignidad humana porque sólo cabe motivar con el castigo a los animales, respecto de los seres humanos la
única motivación admisible es la que surge de la propia norma, concebida como una orden –no matarás- que
precede a la descripción legal –al que matare a otro...se le impondrá una pena de..., cuya existencia es
independiente de la sanción.
El mal de la pena esta justificado por el mal del delito, es concebida como un mal que debe sufrir el
delincuente para compensar el mal causado con su comportamiento, pensamiento que reconoce como
antecedente la Ley del Talión. Ella niega o aniquila al delito, restableciendo el derecho lesionado, ha de
imponerse por el delito aunque resulte innecesaria para el bien de la sociedad, aunque no se logre un efecto
intimidatorio ni exista riesgo alguno de reincidencia debe igualmente aplicarse. Esto no significa que las
teorías retribucionistas no asignen función alguna a la pena: por una u otra vía le atribuyen la función de
realización de justicia. La opinión más generalizada afirma que la pena presupone la reprochabilidad del
comportamiento sometido a ella y expresa esa reprochabilidad. Es concebida por ésta teoría como reacción
por lo sucedido y desvinculada del porvenir ya que su fin es reparar el delito y no evitar delitos futuros. Esto
explica la sólida interconexión establecida entre las teorías del delito y la pena:
a)El fin de la pena es restablecer el orden alterado por el delito.
b) El delito, condición de la pena, exige la ralización de un comportamiento contrario a la norma, más, la
existencia de culpabilidad en el autor del mismo.
c)El sistema se basa en el libre albedrío siendo culpable aquél sujeto que pudiendo motivarse en el respeto de
la norma optó por la opción contraria y delinquió.
El haberse mantenido al margen de las exigencias que le plantaba el orden jurídico, no obstante haber podido
ajustarse a ellas ( el haber podido obrar de otro modo) es el criterio generalmente aceptado sobre el cual se
fundamenta el juicio de culpabilidad.
d)La medida de la pena depende de la gravedad del hecho realizado y el grado de culpabilidad del autor,
estableciéndose así un criterio de proporcionalidad entre el delito y la pena.
Algunas objeciones a las tesis retributivas:
Las críticas formuladas a esta teoría explican su progresiva decadencia que se pone de manifiesto en virtud
de que la misma ha sido abandonada por la doctrina penal contemporánea al menos en su perfil ortodoxo de
concepción absoluta.
En relación al fundamento y límite del "ius puniendi":
- Fundamenta el "para que" del castigo pero no explica ¿cuándo? el Estado debe hacerlo.
- No fija un límite en cuanto al contenido de la potestad penal estatal.
- Presupone la necesidad de la pena que debería en realidad justificar; llevada al extremo concluiría en que
debe castigarse al delincuente aunque ello no resulte necesario en el caso concreto.
Imposibilidad de verificar el libre albedrío:
- Presupone el libre albedrío o libertad de voluntad respecto de lo cual se sostiene que es irracional
fudamentar el derecho del Estado a imponer penas en la existencia de una culpabilidad basada en él debido a
que la libertad de voluntad del autor no es empíricamente demostrable.
La retribución como pago del mal con el mal. La racionalización de la venganza
- El pago o la devolución de un mal corresponde al arraigado impulso de venganza humano. La afirmación de
que con la pena se ejerce una retribución fáctica solamente puede justificarse en la medida en que ella impide
los actos de justicia por propia mano.
- Se entiende que el criterio retributivo no puede ser absoluto debido a que resulta evidente que no toda
culpabilidad debe ser castigada ya que la pena, en el caso concreto, puede producir efectos
contraproducentes (no explica ¿cuándo? el Estado debe aplicar la pena).
- La idea de retribución compensadora es vulnerable debido a que la pena no borra el mal causado por el
delito sino que en realidad añade un segundo mal, "el criterio talionario no permite recuperar el ojo de la
víctima quitando un ojo al autor".
Más allá de las críticas a la teoría hasta aquí expuesta, el Derecho penal contemporáneo no ha evolucionado
hacia un abandono total delos puntos de vista retributivos debido, fundamentalmente, a la fragilidad de las
teorías preventivas propuestas como alternativas. La sistematización de los presupuestos de punibilidad,
formulados por la escuela clásica desde perspectivas retributivas se vé como un conjunto de garantías del
gobernado frente al Estado y en los modelos propuestos en su reemplazo parecería estar corriendo resgo, ello
origina un rechazo de éstos, además, la circunstancia de que no se haya formulado aun ningún sistema que
ofrezca presupuestos de incriminación (teoría del delito) diferentes a los enunciados como consesuencia de la
concepción retributiva, da más fuerza a la sensación de que el abandono de dichas teorías
produciría inseguridadjurídica.
Además, debe concederse a esta teoría la virtud de haber concebido a la pena como una reacción
proporcional al delito cometido, estableciendo un límite a la pretensión punitiva estatal.
3. Teorías Relativas De La Pena
Las teorías preventivas renuncian a ofrecer fundamentos éticos a la pena, ella será entendida como un medio
para la obtención de ulteriores objetivos, como un instrumento de motivación, un remedio para impedir el
delito. Para explicar su utilidad, en relación a la prevención de la criminalidad, se busca apoyo científico.
Teorías de la prevención especial:
Desarrollada por diversas corrientes de pensamiento penal, como la escuela alemana de Liszt,
el positivismo criminológico italiano, el correccionalismo y la escuela de la defensa social. Aunque cada una
de ellas presente matices, resulta factible enunciar sus principales formulaciones. Es la posición extrema
contraria a la teoría de la retribución.
Según éste punto de vista preventivo-especial, el fin de la pena es disuadir al autor de futuros hechos
punibles, es decir, evitar las reincidencias (versión moderna de la teoría) y sólo es indispensable aquella pena
que se necesite para lograrlo, se procurará readaptar al autor mediante tratamientos de resocialización . Así,
la necesidad de prevención especial es la que legitima la pena, según Von Liszt; "sólo la pena necesaria es
justa". Se habla de "relativa" porque su finalidad está referida a la "evitación del delito".
La prevención especial no quiere retribuir el hecho pasado, no mira el pasado, sino que ve la justificación de la
pena en que debe prevenir nuevos delitos del autor. Esta concepción, influenciada por el determinismo, no
admite la libertad de voluntad, niega que la culpabilidad pueda ser fundamento y medida de la pena.
Von Liszt se dedicó a clasificar delincuentes considerando que la eficacia de la incriminación exige que ella se
adapte a cada sujeto, procurando corregir, intimidar o inocuizar, según la personalidad de
cada individuo sobre el que la pena deba cumplir su función preventiva, de modo que para dicho autor la
prevención especial actúa de tres maneras:
a. Corrigiendo al corregible: resocializacion
b. Intimidando al intimidable
c. Haciendo inofensivos a quienes no son corregibles ni intimidables.

La necesidad de la pena es la que fundamenta en esta teoría de la imposición.


Pese a que existen razones para considerarlo concepción dominante, éste punto de vista también es
vulnerable.
Algunas objeciones a la teoría de la prevención especial:
En cuanto al fundamento y límites del "ius puniendi".
- El ideal de corrección explica el fin que persigue la pena pero no contiene ninguna justificación del "ius
puniendi".
- No sirve para fundamentar la conminación de penas, sino en todo caso, para fundamentar la aplicación y
ejecución de penas.
- No posibilitan una delimitación del ius puniendi en cuanto a su contenido.
- Pueden crear el riesgo de fundamentar el Derecho Penal contra los inadaptado –ene migos políticos- o los
asociales –mendigos, vagabundos, prostitutas, etc.
Resulta válido cuestionar el derecho del Estado a someter a tratamiento contra su voluntad a una persona,
especialmente si es adulta, porque puede traducirse en una manipulación de la personalidad para obligarla a
dejar de ser lo que quiere. La imposición coactiva de un proceso de resocialización entra en contradicción con
la idea de un estado de derecho que exige pluralismo. Así, el fin de resocialización será de tan poca precisión
que podría ampliar incontroladamente el poder del Estado en el campo del Derecho Penal. Incluso debería
perseguirse un tratamiento hasta que se dé la definitiva correción, aún a riesgo de que la duración sea
indefinida.
Imposibilidad de determinar la necesidad de la pena.
- En la mayoría de los casos, nuestros conocimientos empíricos no bastan para delimitar la necesidad de la
pena, lo que resulta extensivo a lo relativo a naturaleza y quantum de la pena. En aquellos supuestos en que
resulte posible determinar la falta de necesidad de prevención especial la única conclusión viable seria
la impunidad, o sea;
*delincuentes primarios y ocasionales: Porque no manifiestan peligro de volver a delinquir.
*delitos graves: en ciertos casos no hay peligro de repetición
*delitos cometidos en situaciones excepcionales: porque casi con seguridad no se volverán a repetir.
*delincuentes habituales: a veces no hay posibilidad de resociabilizarlos.
*delincuentes por convicción: se dificulta la resocialización debido a que para que la misma resulte viable es
indispensable la colaboración del delincuente y no cabe su imposición coactiva, no podría aplicársele por la
fuerza.
- En el ámbito de individualización de la pena, surgen nuevas objeciones por la imposibilidad de predecir los
efectos del tratamiento (si la pena se prolonga hasta que el tratamiento tenga éxito, el condenado queda a
merced de la intervención estatal).
Ilegitimidad de la resocialización coactiva:
- El Estado o la sociedad no tienen derecho alguno que les permita readaptar a según las reglas socialmente
impuestas, en forma coactiva, al autor de un delito determinado.
- No se puede, además, agotar el sentido de la pena en la readaptación social del condenado y el propósito de
evitar la reincidencia.
La razón por la cual la teoría de la prevención especial quedó detenida en su evolución, no logrando superar
las críticas apuntadas, se relacionan con su prematuro abandono de los conocimientos de
las ciencias sociales y de la investigación empírica para construir las categorías de autor que debían servir de
base al sistema.
Teorías de la prevención general:
Tiene origen científico en Feuerbach, concibe a al pena como una amenaza que por medio de las leyes se
dirige a toda la colectividad con el fin de limitar al peligro derivado de la delincuencia latente en su seno. Esta
coacción formulada en abstracto se concretiza en la sentencia, cuando el juez refuerza la prevención general
al condenar al autor debido a que por éste acto está anunciando a los demás lo que les ocurrirá si realizan
idéntica conducta (por eso, la lógica de éste criterio exige que las penas sean cumplidas, de lo contrario, el fin
intimidatorio se ve afectado). Así, en su formulación pura, estas concepciones no se fijan en los efectos que la
pena puede surtir sobre el autor mismo, de manera que, "prevención general", significa también evitación de
los delitos mediante la producción de efectos sobre la generalidad.
Estas teorías suelen ser identificadas con el aspecto intimidatorio de las penas ya que su justificación estará
dada por su fin de evitar la comisión de hechos punibles respectos de sus potenciales autores. La prevención
general actúa no sólo con la conminación general de penas, sino que adquiere mayor efectividad con su
imposición y ejecución. La conminación penal debe intimidar y la ejecución penal debe confirmar la seriedad
de la amenaza. Según Fouerbach; La ejecución de la pena tiene lugar "para que...la amenaza de la ley sea
una verdadera amenaza".
Esta teoría parece presentar la ventaja de no tener que recurrir al criterio clásico de la culpabilidad sino al de
motivabiliadad del autor. Así, el tipo penal consiste en la descripción de la conducta prohibida y su fin es
motivar (mediante la amenaza con una pena) para que esa conducta no se realice.
Teoría de la prevención general positiva:
La prevención general puede ser entendida de un modo diverso al precedentemente expuesto. Por una parte,
puede manifestarse por la vía de la intimidación a los posibles delincuentes (prevención general negativa), y,
por la otra, como prevalecimiento o afirmación del derecho a los ojos de la colectividad. Así se adjudica a la
pena ya un fin de conservación del orden, o de conservación del derecho, o para fortalecer la pretensión de
validez de las normas jurídicas en la conciencia de la generalidad, o buiebn reforzar las costumbres sociales y
la fidelidad al derecho o como afirmación de la conciencia social de la norma.
Algunas objeciones a la teoría de la prevención general
En cuanto al fundamento del "ius puniendi"
- Esta formulación encierra el peligro de su intrínseca debilidad para fundamentar cuándo es legítimo que el
Estado use la pena, deja sin resolver la pregunta siguiente; ¿frente a qué supuestos tiene el Estado la facultad
de intimidar?. Ello explica su tendencia a favorecer el "terror penal" (como ocurrió en la baja Edad Media con
la práctica de las ejecuciones ejemplares)
- Tampoco aporta datos acerca de ¿cuáles son los comportamientos esperados y cuáles los indeseables?.
En cuanto al límite del "ius puniendi"
- Podría terminar en una tendencia al terror estatal porque podría conducir a un Derecho Penal más ocupado
por su propia eficacia que por servir a todos los ciudadanos.
- No es posible determinar cual es el énfasis punitivo que es necesario aplicar al delincuente para lograr el
efecto intimidatorio en el resto del tejido social.
Indemostrabilidad de la coacción sicológica
- Las suposiciones sobre el efecto intimidatorio de las penas ejemplares sólo pueden pretender el status de
una cuestión de fe.
- Es muy difícil verificar cual es el efecto preventivo general de la pena. La idea de que la intensidad de la
amenaza es proporcional al efecto preventivo resulta, al menos, dudosa.
Utilización del delincuente para amedrentar a otros hombres.
- El interés público en la evitación de delitos no basta para justificar, respecto del afectado, lo que la pena a él
le ocasiona: la garantia de la dignidad humana prohibe utilizar al hombre como medio para los fines de otros
hombres.
- Es impugnable en sí mismo un criterio que utiliza al hombre de esa forma ya que no se lo castiga por
su acción sino por comportamientos que se supone que otros hombres pueden realizar, asumiendo sentido la
objeción kantiana a que lo seres humanos sean manejados como instrumentos para prevenir las intenciones
de otros.
Las impugnaciones a la teoría de la prevención general tampoco han provocado que el Derecho penal haya
podido despojarse totalmente de este punto de vista. Es importante señalar que fueron precisamente ópticas
de prevención general las que dieron lugar a uno de los más modernos intentos por fundamentar el sistema
penal: partiendo de la concepción de Luhmann de que el Derecho es instrumento de estabilización social, se
ha explicado la denominada "prevención general positiva".
4. Teorías mixtas o de la unión:
La polémica entre teorías absolutas y relativas de la pena evidencia que existe más de un fin de la pena ya
que ninguna de las mencionadas concepciones agota el fundamento para su explicación. De allí se derivan
teorías de la unión que procuran articular una síntesis entre las doctrinas en pugna. Parten del supuesto
realista de que no es posible adoptar una fundamentacion desde las formar puras pecedentemente señaladas
porque ellas ofrecen varios flancos a la crítica. Surgen así teorías pluridimensionales de la pena que suponen
una combinación de fines preventivos y retributivos e intentan configurar un sistema que recoja los efectos
más positivos d cada una de las concepciones puras hasta aquí analizadas.
Los intentos para presentar una fundamentación coherente de la pena, que contemple al mismo tiempo las
teorías absolutas y las relativas, son variados. Además, éstas "teorías de la unión" son dominantes en el
Derecho penal contemporáneo. Algunos autores señalan que su existencia pone en evidencia una crisis cuya
manifestación más evidente es la ausencia de respuestas doctrinarias y legislativas armónicas para justificar
el "ius puniendi" estatal, "con todas las consecuencias de inseguridad que de allí se derivan".
Comúnmente las teorías mixtas le asignan al Derecho Penal la función de protección a la sociedad, sin
embargo, tal función no reviste iguales características en todas las teorías. Pueden reconocerse
dos grupos de fundamentaciones:
a. Aquellas que postulan que la protección de la sociedad ha de basarse en la retribución justa y que los
fines de la prevención sólo juegan un papel complementario dentro del marco de la retribución.
b. Las que sostienen que fundamento de la pena es la defensa de la sociedad, y a la retribución
corresponde únicamente la función de límite máximo de las exigencias de la prevención, impidiendo que
conduzcan a una pena superior a la merecida por el hecho cometido.

En ambos casos, la protección de la sociedad es entendida en el sentido de protección de bienes jurídicos y


las conminaciones penales se justifican sólo, y siempre, por la necesidad de protección de bienes jurídicos.
En algunos exponentes de éstas teorías mixtas, la prevención general se presenta como la forma concreta de
protección de bienes jurídicos en virtud de que el fin de protección de bienes jurídicos, por sí solo, no legitima
la pena..-
Se sostiene que el criterio unificador se concreta en la afirmación de que cada concepción tiene influencia
diversa según el momento en que se la considere. De modo que el criterio preventivo general es el que más
gravita a nivel legislativo, es decir cuando se sanciona la norma que prevé sanción para todo aquel que realice
determinado comportamiento. Los puntos de vista retributivo pasarían a primer plano durante el proceso y
especialmente en la individualización judicial de la pena, ya que al sentencia debe establecerse considerando
preferentemente la gravedad del hecho cometido y la culpabilidad del autor. Pasarían a segundo plano
consideraciones preventivas especiales vinculadas a la personalidad del autor u al pronóstico de reincidencia,
limitándose la influencia de la prevención general a una función residual, relacionada con evitar la imposición
de una pena tan reducida que suponga efectos contraproducentes para el control social.
La teoría de más incidencia durante la ejecución sería la prevención especial en su versión moderna, debido a
que el sistema penitenciario debe orientarse al logro de la readaptación social del condenado.
En resumen: la teoría de la pena aquí sostenida puede ser resumida de la siguiente manera; la pena sirve a
finalidades de prevención especial y general. Es limitada en su monto mediante la medida de la culpabilidad,
pero puede no alcanzar esta medida, en tanto esto sea necesario para las necesidades de prevención
especial y no se opongan a ello requisitos mínimos de prevención general.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos10/pena/pena.shtml#ixzz5GkfNSMqU

Principios Fundamentales del Derecho Penal


DERECHO PENAL COMO MEDIO DE CONTROL SOCIAL-FUNCIÓN Y
FINES DEL DERECHO PENAL
Derecho penal como medio de control social:
Toda sociedad se organiza en torno de un determinado “orden” (cúmulo de
valores, ideologías, historia, etc., socialmente predominantes), por lo que
surge el consenso de la sociedad de “organizarse” en torno a dicho orden. El
Derecho es el instrumento jurídico, que sumado a los mecanismos sociales
naturales como la educación, la familia, la religión, etc., procuran proteger
dichos valores, con la finalidad última, de mantener el “orden social” y la
convivencia social “pacífica”.

En realidad, las relaciones entre los miembros de la sociedad no siempre son


pacíficas y por el contrario, muchas veces es violenta, que no pueden ser
controlados por medios de control naturales o formales, siendo necesario la
intervención de un control jurídico violento como es el Derecho Penal.
Efectivamente, el derecho Penal que no es otra cosa que un medio de control
social que emplea la violencia, violencia que está sometida al Derecho y a la
Constitución.
Debemos entender como control social al conjunto de medios sociales o con
repercusiones sociales que sirven para ordenar y regular el comportamiento
humano externo en muy diversos aspectos. El control social, no sólo
establece los límites de la libertad sino que es un instrumento que tiene como
fin socializar a sus miembros.
Hay dos formas de control social:
Controles informales: Son aquellos en los que el Estado no manifiesta de
manera directa su carácter represivo sobre las personas, sino que la presión
viene de otros individuos o grupos de ellos, ejem. Escuela, familia etc.
Controles formales: Son aquellos en los que el estado se manifiesta su poder
de reprimir y controlas a las personas, ejem. Derecho Penal, sanciones
administrativas etc.
El Derecho Penal es un medio de control social que se caracteriza por
imponer sanciones -penas o medidas de seguridad- cuando, se han cometido
acciones graves que atenten contra los bienes jurídicos de mayor valor de la
sociedad.
Función y Fines del derecho penal
La función que cumple el Derecho penal es el de ser un medio de control
social, que actúa de manera subsidiaria, en última ratio. El derecho penal, se
encarga de regular los delitos y las penas, y señalar con ello a la sociedad,
las conductas que se encuentran prohibidas penalmente.
Qué busca el Derecho penal con la función de control social, busca
básicamente 3 objetivos o fines:
Protección de los bienes jurídicos: El derecho penal al prohibir los delitos, en
realidad, lo que busca es proteger determinados bienes jurídicos de la
agresión de dichas conductas. Los bienes jurídicos pueden definirse como
aquellos presupuestos que la persona necesita para que desarrolle su
proyecto de vida y su personalidad en la sociedad.
Prevención de los comportamientos delictivos: El derecho penal busca
también prevenir los delitos, a través de la función motivadora de la Ley
Penal. Esta finalidad se cumple, a través de la prevención general y la
prevención especial. El primero se dirige a la sociedad en general, y la
segunda, a la persona culpable del delito.

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL DERECHO PENAL


1. CONCEPTO DE PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Los principios son ante todo, fuente origen y fundamento de aquello a que se
refieren. Por ellos comienza una cosa o un conocimiento. Fernández
Carrasquilla cita a Miguel Reale y dice que “se trata.....de ciertos enunciados
lógicos que se admiten como condición o base de validez de las demás
afirmaciones que constituyen un determinado campo del saber”
“Por los principios comienzan las ciencias y por lo tanto ellos explican todos
y cada uno de los conocimientos de cada ciencia particular pero se
encuentran fuera de esta y no pueden ser explicados por ello”.
“Los principios por consiguiente son el mejor punto de partida (se remite a
Aristóteles) pero de ninguna manera representan un punto de llegada o
estado terminal del conocimiento, para derivar conocimiento, los principios
deben ser desarrollados y concretados, de tal modo que el conocimiento que
se quede en ellos no pasa de la generalidad. En el campo jurídico esto
significa que han de ser puestas en relación de sentido y armonía, con las
normas a que se refieren y a las que inspiran. El principio que no se aplica,
no sólo no sirve para nada, sino que en verdad no es “principio de nada”.
“Los principios jurídico-penales son formulaciones conceptuales y abstractas,
no reductibles a otros conceptos del derecho penal, de lo que deriva o en lo
que se fundan todo conocimiento y toda norma jurídico-penal y de los que en
consecuencia no pueden separarse ninguna práctica (Teórica o judicial) del
Derecho Penal Positivo”.
(Fernández Carrasquilla, Pág. 6 y ss)
Resulta importante precisar que en el nivel en el cual enmarcamos el estudio
de los principios penales es como principios lógicos, y no como principios de
la naturaleza ontológica, debido a que ello nos llevaría a admitir que el delito
tiene existencia por sí misma, lo cual no compartimos.
2. IMPORTANCIA DE LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL
DERECHO PENAL
Compartimos la idea de Fernández Carrasquilla al decir que los “principios de
que se tratan sirven para determinar la orientación ideológica y funcional del
sistema penal y para manejar las normas penales y controlar su alcance,
racionalidad y legitimidad. Manejando de forma coherente los principios
jurídicos penales sabremos de dónde provienen las instituciones penales,
hacia dónde va la práctica del derecho penal, cuál es la orientación del
sistema penal (del que hace parte el derecho penal positivo), que es lo que
verdaderamente pretenden las normas penales y sobre todo cuál es el marco
de referencia dentro del cual forzosamente ha de moverse cualquier
interpretación de las normas subordinadas. No hay Derecho Penal sin
principios...”.

3. PRINCIPIOS QUE RECOGE EL DERECHO PENAL PERUANO


El Derecho Penal peruano recoge una serie de principios que lo que
encontramos consagrados en la Constitución de 1993 y precisamente en el
Título Preliminar del Código Penal de 1991, sin olvidar los Tratados de
Derechos Humanos que suscribió el Perú. Así tenemos:
El principio de carácter teleológico de las penas.
El principio de legalidad.
La inaplicabilidad de la analogía.
El principio de lesividad.
El principio de que las sentencias se dictan por el juez competente.
El principio de ejecución penal.
El principio de responsabilidad penal del autor.
El principio de la responsabilidad penal por el hecho.
Las funciones de la pena y de las medidas de seguridad.
Aplicación supletoria de la ley penal.
Principio de irretroactividad de la ley penal, la retroactividad y la ultractividad.
El principio de la víctima.
El principio de la reserva de la ley.
El principio de igualdad.
Además de toda la gama de principios que no han sido normativisados por
nuestra legislación.
4. LIMITES DEL IUS PUNIENDI EN UN ESTADO SOCIAL Y
DEMOCRÁTICO DE DERECHO
4.1. Principio de Utilidad de la Intervención Penal.- Con este principio se
busca que sea capaz de evitar delinquir. Sin embargo, se sabe que la eficacia
del Derecho Penal puede ponerse en tela de juicio por ejemplo reincidencia,
empero para el autor... “La eficacia de la pena puede valorarse por si, no por
sus posibles, y estos han de buscarse entre los que no han delinquido y acaso
lo hubiesen hecho de no concurrir la amenaza de la pena.”
Se da el caso de que cuando disminuye de forma manifiesta la intervención
del Derecho Penal aumenta la delincuencia, por eso, el autor dirá... “que una
determinada reacción penal es inútil para cumplir su objetivo protector,
deberá desaparecer, aunque sea para dejar lugar a otra reacción penal más
leve”. Por ejemplo, cuando se suprime la pena de muerte no aumentan los
delitos, lo cual confirma que bastaba una pena inferior. “como ya señalaba
Beccaria, con frecuencia más importante que la gravedad del cortijo es la
seguridad de que se impondrá alguna pena.
4.2. Principio de Subsidiaridad y Carácter Fragmentario del Derecho
Penal.- El Derecho Penal deja de ser necesario si hay otras medidas menos
lesivas para los derechos individuales, esto según el autor “ trata de una
exigencia de economía social coherente con la lógica del Estado Social, que
debe buscar el mayor bien social con el menor costo social”. “El Derecho
Penal ha de ser la última ratio, el último recurso a utilizar a falta de otras
menos lesivas. El llamado “Carácter Fragmentario del Derecho Penal,
constituye una exigencia relacionada con la anterior. Ambas postuladas
integran el llamado Principio de Intervención Mínima”.
Principio de Subsidiaridad:
El autor plantea un orden de prelación:
1° Utilización de medios desprovistos del carácter de sanción.
2° Sanciones no penales.
3° Sanciones penales.
Principio de Carácter Fragmentario:
“Significa que el Derecho Penal no ha de sancionar todas las conductas
lesivas de los bienes que protege sino sólo mas modalidades de ataque más
peligrosas para ellas”. “Binding hablo por vez primera del carácter
fragmentario del Derecho Penal como un defecto a superar, complementando
la protección de los bienes jurídicos”.
Pero actualmente, se regula tal principio de manera positiva pues se asume
la prevención y no la retribución.
4.3. Principio de la Exclusiva Protección de Bienes Jurídicos.- “Los
intereses sociales que por su importancia pueden merecer la protección del
Derecho se denominan “bienes jurídicos”. La expresión “bien jurídico” se
utiliza en este contexto en su “sentido político-criminal” de objeto que puede
reclamar protección jurídico penal, en contraparición a su “sentido
dogmático”, que alude a los objetivos que de hecho protege el Derecho Penal
vigente. ”La protección que hace el Derecho Penal de los bienes jurídicos no
implica que todos los bienes jurídicos sean protegidos penalmente, así que
tampoco todo ataque a los bienes jurídicos sean protegidos penalmente
tuteladas deba determinar la intervención del Derecho Penal, pues esto se
opondría a los principios de subsidiaridad y carácter fragmentario del Derecho
Penal.
4.4. Principio de Humanidad de la Penas.- Esto es lo que más caracteriza,
según el autor, al origen y la evolución del sistema penal. “Nació este de la
mano de la reivindicación de una humanización del rigor de las penas
previstas en el derecho del antiguo régimen”. Fue uno de los puntos que
introdujo la ilustración. Por ende, cada vez se tiende más a la discriminación
de la gravedad de la pena o hasta al reemplazo de las penas privativas de
libertad por otras penas como las de multa, o hasta otras medidas
consistentes en la suspensión del cumplimiento de la pena, o de su propia
inaparición, o incluso en la renuncia a toda pena.
4.5. Principio de Culpabilidad.- En sentido amplio se concibe a la
culpabilidad, como presupuesto de la pena que puede “culparse” a quien la
sufra del hecho que la motiva. Para esto es preciso que se den los siguientes
requisitos:
Todos los principios que se derivan de la culpabilidad en sentido amplio se
funda en buena parte en la Dignidad Humana, pues mediante esto se exige
y ofrece al individuo la posibilidad de evitar la pena comportándose según el
derecho, por parte del Estado. Además esto esta acorde con cierta Seguridad
Jurídica, pues el individuo si actúa conforme a las normas no será castigado.
Así también, la exigencia de la igualdad hace que se prohíba el castigar a un
sujeto que no alcanza el nivel de nativabilidad previsto por la ley.
Principio de personalidad impide castigar a alguien por un hecho
ajeno.- Con esto se incluye a la responsabilidad colectiva. Empero, hay una
discrepancia acerca de si culpar a las personas jurídicas o a sus gestores
alternativamente.
Principios por responsabilidad por el hecho.- Que exige un “Derecho
Penal del Hecho”, se opone a la posibilidad de castigar al carácter o el modo
de ser. Además, aquí se debe concordar con el principio de legalidad y por
ende su exigencia de tipicidad de los delitos: según el mandato de
determinación. Lo contrario a esto hicieron los nazis, es decir, tipificaron al
homicida, al ladrón, etc.
Principio de dolo o de culpa.- Aquí por considerarse insuficiente la producción
de un resultado objetivo, se recurre a lo subjetivo. Así pues “hoy se admite
generalmente que la pena del delito doloso debe ser mayor que la del delito
imprudente y que ni siquiera concurre imprudencia, porque el sujeto no pudo
prever ni evitar el hecho, no cabe imponer pena alguna”. Con esto se rechaza
a los delitos cualificados por el resultado que suponía una responsabilidad
penal sin dolo ni culpa así como el versari in re ilícita.
Principio de atribubilidad normal o de culpabilidad en sentido
estricto.- Con esto se “... impide castigar con una pena al autor de un hecho
antijurídico que no alcance una determinada condición psíquica que permita
su acceso normal a la prohibición infringida...” por ejemplo: inimputable:
menor de edad, etc. También este principio ”puede apoyarse en la necesidad
que el hecho punible “pertenezca” a un autor no solo material y
subjetivamente, sino también como producto de una “racionalidad normal”
que permita verlo como obra de un ser responsable.” Esto también en
concordancia con el principio de Igualdad Real, según esto, se puede “...
considerar preferible el mecanismo de la pena que el de las medidas de
seguridad, cuando puede afirmarse la culpabilidad del sujeto, pero también a
excluir la posibilidad de una pena y admitir solo el recurso a medidas de
seguridad si falta la culpabilidad”. Esto teniendo en cuenta que las medidas
de seguridad son de aplicación subsidiaria respecto de la pena (de lo que
proponía la Positiva Italiana que se basaba en la alternancia.
Principio de Proporcionalidad.- “No sólo es preciso que pueda “culparse”
al autor de aquello que motiva la pena, sino también que la gravedad de éste
resulte nada a la del hecho cometido”. Criterio que sirve de graduación de las
penalidades. “La doctrina suele emplear el principio de proporcionalidad en
este sentido de limites de las medidas de seguridad y como contrapartida del
principio de culpabilidad que limita las penas”. Así como para graduar las
penas por lo que es un principio general de todo el Derecho Penal. Pero el
principio de culpabilidad es aún deficiente para asegurar la necesaria
proporcionalidad entre delito y pena, pues no se refiere si a la gravedad de la
lesión que se causa ni de que a esta lesión la cuantía de la pena. Así pues
se distingue dos aspectos en el principio de proporcionalidad:
e.1) Necesidad que la pena sea proporcionada al delito.- Esto se basa en la
conveniencia de una previa general intimidatoria y positiva (afirmar
positivamente la vigencia de las normas en la conciencia colectiva.
e.2) La exigencia de que medida de la proporcionalidad se establezca en
base a la importancia social del hecho (nocividad social. - En un Derecho
Penal democrático...”debe ajustar la gravedad de las penas a la
trascendencia que para la sociedad tienen los hechos a que se asignan,
según el grado de la nocividad social al del ataque, al bien jurídico”.
4.6. Principio de Resocialización.- Al darse la privación de libertad de
manera inevitable, habrá que configurar su ejecución de forma tal que evite
en lo posible sus efectos desocializador, fomenta cierta comunicación con el
exterior y facilita una adecuada reincorporación del recluso a la vida en
libertad...” o sea se debe extender a tal principio...”como un intento de ampliar
las posibilidades de participación en la vida social, una oferta de alternativas
al comportamiento criminal. Ello ha de suponer la libre aceptación por parte
del recluso, que no ha de ser tratado como mero objeto de acción
resocializadora de un Estado intervencionista, sino como un sujeto no privado
de su dignidad con el cual no se dialoga”.
Por último se plantea que el internamiento ante peligro de comisión de delitos
considerablemente graves.
Se debe tener en cuenta que tales valoraciones sociales también se aplican
a las medidas de seguridad, aquí la proporción se refiere: beneficios sociales,
grado de peligrosidad, gravedad de hecho cometido y de los que sea probable
que pueda cometer.
LOS PRINCIPIOS DEL DERECHO PENAL
Por Evelyn Bellido Cutizaca
Miembro del Instituto Rambell

INTRODUCCIÓN
Los principios jurídicos son pautas sobre las cuales el legislador y los operadores del
Derecho buscan aplicar las normas y establecer las reglas señaladas para las distintas
situaciones en las cuales el Derecho intervenga[1]. Si un principio es aplicable a todas las
ramas del Derecho, estamos frente a un Principio General del Derecho; mientras si es
aplicable únicamente en cierta rama del Derecho, estamos frente a un principio específico
de dicha rama. Por eso hablamos de principios del derecho penal, laboral, administrativo,
tributario, etc.
En ese sentido, los principios penales son aquellos que se aplican en el ámbito del derecho
penal, y son los principios que sirven de garantía para la persona humana, toda vez que en
ella están consagrados los valores y límites del poder punitivo del Estado. Estos principios
son utilizados por los jueces, los legisladores, los creadores de doctrina y por los juristas en
general, sea para integrar lagunas legales o para interpretar normas jurídicas cuya
aplicación resulta dudosa.
Por ello, es muy importante conocer a cerca de los principios fundamentales que sustenta
el derecho penal, y específicamente los principios que nuestro derecho penal ha
consagrado a través del Título Preliminar del Código Penal, porque de esa manera
conoceremos el sustento de nuestros derechos y como también los límites del Estado en el
ejercicio de sus potestades punitivas. Es ahí donde radica el valor de este trabajo.
1.- CONCEPTO DE PRINCIPIOS DEL DERECHO PENAL
Los principios fundamentales del Derecho penal son pautas generales sobre los cuales
descansan las diversas instituciones del Derecho Penal Positivo. A nivel doctrinal se
considera que constituyen guía para la interpretación del conjunto de normas que integran
el ordenamiento jurídico-penal. Estos principios deben ser utilizados por las personas que
quieran aplicar sistemáticamente la legislación penal.
Los principios generales del Derecho son los enunciados normativos más generales que,
sin perjuicio de no haber sido integrados al ordenamiento jurídico en virtud de
procedimientos formales, se entienden forman parte de él, porque le sirven de fundamento
a otros enunciados normativos particulares o recogen de manera abstracta el contenido de
un grupo de ellos.
2.- LOS PRINCIPIOS A NIVEL DE NUESTRO DERECHO PENAL
En nuestra legislación los principios del derecho penal se encuentran ubicados en el Título
Preliminar del Código Penal, y todos ellos tienen sustento constitucional. Entre ellos
tenemos:
2.1.- PRINCIPIO DE LEGALIDAD
Es el principio más importante y tiene su base en el axioma acuñado por el jurista alemán
Feuerbach “Nullum crimen, nullu poena, sine lege”, que quiere decir: No hay delito ni pena
sin ley, que solo se considera delito al hecho y solo se puede aplicar una sanción penal
respecto a ese hecho si este está establecido previamente en la ley.
El principio de legalidad encuentra su respaldo constitucional en el artículo 2° inciso 24,
literal d) de la Constitución Política que dice “nadie será procesado ni condenado por acto
u omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente calificado en la ley, de manera
expresa e inequívoca, como infracción punible, ni sancionado con pena no prevista en la
ley”.
A nivel legal encontramos en el Artículo II del Título Preliminar del Código Penal que dice:
“nadie será sancionado por un acto no previsto como delito o falta por la ley vigente al
momento de su comisión, ni sometido a pena o medida de seguridad que no se encuentren
establecidas en ella”.
En ese sentido, por el imperio del principio de legalidad nadie podrá ser sancionado o
penado si es que su comportamiento no se encuentra previsto como delito o falta en el
ordenamiento jurídico al momento de su realización. Por ello, como manifiesta Guido
Águila[2] “este principio cumple la elevada función de evitar el poder arbitrario e ilimitado
del Estado. La única fuente del derecho penal es la ley, por ello los delitos y la penas solo
pueden crearse por la ley. Este principio opera como una garantía para el ciudadano”.
El principio de legalidad también ha sido adoptado por los convenios y declaraciones más
importantes que se han dado en el mundo. Así tenemos la Declaración Universal de
Derechos Humanos, el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y
el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los que también contemplan este
principio.
De modo que el principio de legalidad se constituye como el más importante y principal
límite frente al poder punitivo del Estado, pues éste sólo podrá aplicar la pena a las
conductas que previamente se encuentren definidas como delito por la ley penal. Por ello,
el principio de legalidad es pues una garantía para las personas, por cuanto sólo podrán
verse afectadas en sus derechos fundamentales cuando sus conductas se encuentren
prohibidas previamente por la ley.
GARANTÍAS QUE EXIGE EL PRINCIPIO DE LEGALIDAD
La doctrina reconoce cuatro garantías:
a) NULLUM CRIMEN, NULLA POENA SINE LEGE CERTA
Esta garantía exige al legislador que formule las descripciones de las conductas delictivas
de la manera más precisa posible, es decir la Ley penal debe ser redactada con la mayor
precisión posible (lex certa), principio que está dirigido al legislador y que se le exige que
“los tipos penales han de redactarse con la mayor exactitud posible, evitando los conceptos
clásicos, recoger las inequívocas consecuencias jurídicas y prever solo marcos penales de
alcances limitado. La razón del mandato de determinación radica como manifiesta
Heinrich[3] “en que la reserva de la ley únicamente puede tener completa eficacia si la
voluntad jurídica de la presentación popular se ha expresado con tal claridad en el texto
que se evite cualquier decisión subjetiva y arbitraria del juez”.
b) NULLUM CRIMEN, NULLA POENA SINE LEGE PREVIA
Este Principio es conocido como la prohibición de la retroactividad de a Ley penal, el cual
busca fortalecer la Seguridad Jurídica, y exige que el ciudadano conozca, en la actualidad,
qué conducta está prohibida y cuál es la pena que se aplica al infractor, en consecuencia
está prohibida promulgar leyes penales con efectos retroactivos, esto limita la libertad
decisoria del legislador. Como manifiesta Heinrich[4], “significa que una acción impune al
tiempo de su comisión no puede ser considerada más tarde como punible, al igual que se
excluye la posterior agravación penal. La prohibición de la retroactividad se aplica, además
a otros empeoramientos posteriores de la situación jurídica del delincuente”.
c) NULUM CRIMEN, NULLA POENA SINE LEGE SCRIPTA
Este principio es conocido como la prohibición de derecho consuetudinario para
fundamentar o agravar la penal. No hay delito, no hay pena sin ley escrita y calificada en la
ley de manera expresa, en consecuencia rechaza a la costumbre, a las fuentes generales
del Derecho y a la jurisprudencia, como fuente para calificar una conducta como delito e
imponer una pena; por esta vía no podrá crearse ningún nuevo tipo penal, ni agravarse la
pena, las normas penales sólo pueden estar establecidas por la representación del pueblo
(por el poder legislativo o por el poder ejecutivo en caso de delegación de facultad
legislativa), y con el procedimiento previsto para legislar. Como manifiesta Mir Puig[5], “con
la exigencia de una ley scripta queda, desde luego, excluida la costumbre como posible
fuente de delitos y penas. Mas tampoco basta cualquier norma escrita, sino que es preciso
que tenga rango de ley emanada del poder legislativo, como representación del pueblo.
Esto último afecta el sentido de garantía política del principio de legalidad. Quedarían
excluidas como fuentes de delitos y penas las normas reglamentarias emanadas del poder
ejecutivo como decretos, orden ministeriales etc.”
d) NULUM CRIMEN, NULLA POENA SINE LEGE STRICTA
Esta garantía es conocida como la prohibición de la analogía. Está prohibida aplicar por
analogía la ley penal en perjuicio del imputado, por lo que como manifiesta Heinrich[6] “la
función de garantía de la ley penal en su faceta de prohibición de la analogía comprende
todos los elementos del precepto penal que determinan su contenido de merecimiento de
pena y la consecuencia jurídica, es decir, los elementos del tipo del injusto y de la
culpabilidad, las causas personales de exclusión y anulación de la pena, las condiciones
objetivas de punibilidad y todas las sanciones”.
2.2.- PRINCIPIO DE LA PROHIBICIÓN DE LA ANALOGÍA
Como manifiesta Villavicencio[7] “la analogía puede ser entendida como el proceso por el
cual son resueltos los casos no previstos por la ley, extendiéndoles a ellos las disposiciones
previstas para casos semejantes (analogía leges) o están deducidos de los principios
generales del derecho (analogías juris)”.
En nuestra legislación penal se prohíbe la aplicación de la ley por analogía, es decir, no se
podrá aplicar a un caso que no está previsto en la ley una norma que no le corresponde.
Ello se encuentra previsto en el artículo III del Título Preliminar del Código Penal y halla su
sustento constitucional en el artículo 139º, inc. 9 de la Constitución Política del Perú.
En la doctrina suele diferenciarse entre analogía in bonam partem y analogía in malam
partem. La primera señala que está permitido el razonamiento por analogía y que el juez
puede acudir a normas semejantes para resolver el caso que está investigando. Asimismo
el empleo de este mecanismo de razonamiento analógico debe realizarse siempre y
estrictamente cuando sea a favor del reo o procesado.
Mientras que la analogía in malam partem señala todo lo contrario, es decir, que está
totalmente prohibido el razonamiento analógico, siempre y cuando lo único que se logre
conseguir es perjudicar al procesado o al reo.
2.3.- PRINCIPIO DE LESIVIDAD
Este principio prevé que la pena, necesariamente, precisa de la lesión o puesta en peligro
de bienes jurídicos tutelados por la ley.
Encuentra su sustento jurídico en el artículo VI del título Preliminar del Código Penal y su
sustento constitucional en el artículo 2° inciso 24, literales b y d.
Como manifiesta Bustos Ramírez[8], es un principio básico garantista del Derecho Penal
Democrático, que garantiza que “sólo se persiguen hechos que afecten a un bien jurídico,
ya que es el principio básico que desde los objetivos del sistema determina qué es un injusto
o un delito”.
Asimismo, como manifiesta Fernando Velázquez[9], el principio de lesividad, también
denominado del bien jurídico, o la objetividad jurídica del delito, se puede sintetizar en el
tradicional aforismo liberal “no hay delito sin daño”, que hoy equivale a decir que no hay
hecho punible sin bien jurídico vulnerado o puesto en peligro.
Definimos el bien jurídico como aquellos intereses sociales que por su notable importancia
para el desarrollo personal y para el desenvolvimiento de la sociedad en general son
merecedores de resguardo y protección a través de las normas jurídicas que componen el
Derecho penal. Por ejemplo: la vida, la libertad, entre otros
A través de este principio controlamos la función de la creación de nuevos delitos, obligando
al legislador a definir el bien jurídico que se quiere proteger a través de la ley penal.
Partiendo de esto, su importancia radica en que la protección del bien jurídico es la razón
que legitima la intervención penal.
Por otra parte, no se podrá decir que un acto es ilícito si no se encuentra fundamentado en
la lesión de un bien jurídico. Entonces, se entiende por lesión al bien jurídico, a toda aquella
acción que el agente cometa para causar un determinado daño a un bien que está protegido
por el ordenamiento jurídico.
En ese sentido a nivel de nuestra legislación no hay delito sin que exista una afectación o
daño a un determinado bien jurídico, es decir, no hay hecho punible si es que un bien
jurídico no ha sido vulnerado o puesto en peligro.
2.4.- PRINCIPIO DEL JUEZ NATURAL Y DEBIDO PROCESO
Sólo el Juez competente puede imponer penas o medidas de seguridad; y no puede hacerlo
sino en la forma establecida en la ley.
Esto es un principio de corte procesal y es una consecuencia directa del principio de
legalidad, pues únicamente el Juez competente es la que puede imponer una pena o
medida de seguridad, previo un proceso penal imparcial y cumpliendo con todos requisitos
previstos en la Ley.
Se sustenta en el artículo V del Título Preliminar del Código penal y también encuentra su
sustento constitucional en los artículos 139º incisos 1, 2 y 3; así como en los artículos 140º
y 173 ° de nuestra Constitución política.
Este principio constituye una garantía de la persona a ser juzgado por un Juez competente
y respetando el debido proceso.
2.5.- PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD PENAL O DE CULPABILIDAD
La culpabilidad puede ser entendida desde dos sentidos: en sentido amplio, expresa el
conjunto de presupuestos que permiten “culpar” a alguien por el evento que motiva la pena:
tales presupuestos afectan a todos los requisitos del concepto de delito; en sentido estricto,
se refiere sólo a una parte de tales presupuestos del delito, es decir, a los que condicionan
la posibilidad de atribuir un hecho antijurídico a su autor. Este principio tiene su soporte en
que la sanción jurídica se corresponde con la reprochabilidad social al autor del hecho –
quien en base a su libre albedrío y a su conocimiento realiza una conducta no adecuada al
ordenamiento jurídico vigente.
Asimismo de este principio devienen otros principios que en conjunto forman el principio de
culpabilidad, así:
a) Principio de personalidad
A través del principio de personalidad se señala que es responsable quien individualmente
ha cometido un acto delictuoso; es decir, se prohíbe que una persona responda
jurídicamente por hecho e injusto ajeno.
b) Principio del acto
Este principio se dirige hacia la conducta de la persona, en cuanto ha realizado aquella
conducta; es decir, hacia el hecho que ha cometido y no a la personalidad que contiene la
misma persona.
c) Principio de dolo o culpa
Este principio demanda al Derecho Penal que para que alguna persona sea declarada
culpable del hecho que ha cometido, es necesario que el hecho sea doloso (querido,
deseado) o culposo (imprudente).
d) Principio de imputación personal
Este principio se corresponde con la capacidad de ejercicio de la persona, es decir, si la
persona que ha realizado una conducta delictiva se configura como imputable.
2.6.- PRINCIPIO DE SUBSIDIARIDAD
La subsidiaridad se trata de la última ratio o extrema ratio. El principio de subsidiaridad
implica, como manifiesta Villavicencio[10], “solo debe recurrirse al derecho penal cuando
han fallado todos los demás controles sociales. El derecho penal debe ser el último recurso
que debe utilizar el estado debido a la gravedad que revisten sus sanciones. Los ataques
leves a los bienes jurídicos deben ser atendidos por otras ramas del derecho o por otras
formas del control social”.
Este principio señala que cuando se realice en la sociedad algún hecho delictivo, primero
debe recurrirse a otros recursos jurídicos –ya sean civiles o administrativos- que ha de
emplear el Estado para resolver el caso determinado; y, recurrir en última instancia al
Derecho penal, pues éste por intermedio de las penas se convierte en un mecanismo
traumático para el autor del hecho criminoso.
Por ello, el Derecho penal a través de este principio se reconoce como mecanismo de última
ratio.
2.7.- PRINCIPIO DE FRAGMENTARIEDAD
Este principio señala que el Derecho penal va a tutelar aquellos objetos e intereses que son
de importancia para la sociedad. Sin embargo, no toda conducta activa u omisiva que
ocasione lesión a determinados bienes jurídicos va a ser merecedora de intervención
punitiva, sino solamente aquellas conductas cuyo resultado delictuoso sea una vulneración
a aquellos bienes jurídicos de suma importancia, es decir, bienes jurídicos que requieren
de tutela penal para su desenvolvimiento en la sociedad. De ahí que, el Derecho penal no
proteja todos los bienes jurídicos sino una parte de ellos: bienes jurídicos penales.
Para determinar la fragmentariedad de la selección penal se puede partir de los siguientes
fundamentos: Primero, defendiendo al bien jurídico solo contra aquellos ataques que
impliquen una especial gravedad exigiendo a demás determinadas circunstancias y
elementos subjetivos. Segundo, tipificando solo una parte de lo que en la demás ramas del
ordenamiento jurídico se estima como antijurídico. Tercero, dejando en principio sin castigo
las acciones meramente inmorales[11].
2.8.- PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD DE LA PENA
Este principio señala que entre el delito cometido y la pena impuesta debe de existir una
proporción.
Este principio a la vez regula que para la imposición de la pena debe cumplirse con dos
requisitos fundamentales:

 Primero, que el delito haya sido cometido con dolo o culpa, de esta forma se excluyen
aquellos delitos que son cometidos por hecho fortuito.

 Segundo, que se establezca la culpabilidad del autor y que además reúna los requisitos
indispensables para que se pueda iniciar un proceso penal.
Como manifiesta Águila Grados[12], debemos distinguir en el principio de proporcionalidad
tres sub-principios:
a) Idoneidad.- El legislador al momento de imponer una pena debe prever que cumple con
un objetivo constitucionalmente legítimo.
b) Necesidad.- La intervención en los derechos fundamentales, a través de la legislación
penal, es necesaria cuando están ausentes otros medios alternativos que revistan cuando
menos la misma idoneidad para lograr el objetivo constitucionalmente legítimo y que sean
más benignos con el derecho afectado.
c) Proporcionalidad.- El grado de realización del fin constitucionalmente legítimo debe ser
equivalente al grado de afectación del derecho a la libertad personal.
2.9.- PRINCIPIO DE IGUALDAD ANTE LA LEY
La igualdad como derecho fundamental está prevista en el inc. 2 del artículo 2º de la
Constitución de 1993, que nos dice que toda persona tiene derecho a la igualdad ante la
ley, que nadie puede ser objeto de discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma,
religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole. Por ello, al hablar de la
igualdad, estamos frente a un derecho fundamental que consiste en la facultad que tienen
las personas para exigir ser tratado de igual modo que aquellos que se encuentran en una
idéntica situación, más no así para exigir ser tratado igual que los demás.
Esta igualdad constitucionalmente consagrada se ve reflejada en el derecho penal cuando
se establecen las garantías para el cumplimiento de un proceso justo: que el trato de las
personas al momento de sancionar un delito sea igual, sin hacer ningún tipo de
diferenciación.
Como manifiesta Bustos Ramírez[13], el principio de igualdad ante la Ley “resulta principio
básico y elemental garantista de un Derecho penal democrático la igualdad ante la ley. Esto
es así en la medida de que ya desde la Revolución Francesa y así en todas las
constituciones actuales, el principio de legalidad de los delitos y las penas es la "Carta
Magna del ciudadano" moderno en materia penal”.
2.10.- PRINCIPIO DE HUMANIDAD DE LAS PENAS
Este principio busca reducir esa secular violencia producida por la pena en el hombre y que
lo afecta en sus derechos más importantes e imprescindibles como la vida (pena de
muerte); libertad (pena privativa de libertad); y su patrimonio (pena de multa).
La principal misión de este principio es reducir la violencia estatal, aplicando las penas bajo
criterios razonables y adecuando las penas a la Humanidad del Hombre. Sirve como un
criterio rector y de orientación a la política criminal del Estado y al control penal en su
conjunto.
Ello es muy importante, toda vez que no solo se trata de sancionar o imponer penas al
delincuente, sino de reformarlo y hacer útil para la sociedad, pues solamente así podremos
lograr un mundo mejor y una vida en paz.

CONCLUSIONES
PRIMERA.- Los principios fundamentales del Derecho penal son pautas generales sobre
los cuales descansan las diversas instituciones del Derecho Penal Positivo, constituyen
guía para la interpretación del conjunto de normas que integran el ordenamiento jurídico-
penal.
SEGUNDA.- En nuestra legislación los principios del derecho penal se encuentran ubicados
en el Título Preliminar del Código Penal, y todos ellos tienen sustento constitucional.
Constituyen pautas sobre las cuales el legislador y los operadores del Derecho buscan
aplicar las normas y establecer las reglas señaladas para las distintas situaciones en las
cuales el Derecho Penal intervenga. Asimismo constituyen la garantía de defensa de los
derechos fundamentales de las persona.
TERCERA.- A nivel del Título Preliminar de nuestro código Penal se ha previsto los
principios como el de la legalidad, prohibición de la Analogía, Principio de Lesividad,
garantía Jurisdiccional, principio de Garantía de Ejecución, responsabilidad Penal,
proporcionalidad de la Pena, entre otros, sin que ello signifique que son los únicos
principios, sino que hay otros que están ubicados a lo largo de todo el texto de nuestro
Código Penal, y que también constituyen las garantías de la persona humana para el
correcto ejercicio y defensa de sus derechos.
CUARTA.- La perspectiva político criminal significa determinación de los principios básicos
de un derecho penal democrático, la dilucidación de su contenido, pero desafío político
criminal significa también entender que todo principio es sólo un programa de acción y
requiere por ello de implementación en una realidad concreta, la nuestra en nuestro país y
para nuestra población, pensando que todos somos humanos, pensando en un derecho
penal más humano.

BIBLIOGRAFIA
AGUILA GRADOS, Guido y CALDERON SUMARRIVA, Ana. El AEIOU del Derecho.
Modulo Penal. Fondo Editorial EGACAL. Lima, 2011.
ALVA MATTEUCCI, Mario. “El principio de continuidad de infracciones. Su implicancia en el ámbito
tributario”. Publicado en “Jurídica” Suplemento de análisis legal del diario oficial El Peruano. Edición
del martes 12 de abril del 2005. Número 41.

BUSTOS RAMIREZ, Juan. “Principios fundamentales de un derecho penal democrático”.


En: http://www.cienciaspenales.org/REVISTA%2008/Bustos08.htm
CREUS, Carlos. Derecho penal. General. Sexta Edición. Editorial Astrea. Buenos Aires,
1998.
EINRICH JESCHECK, Hans. Tratado de Derecho Penal Parte General”. Editorial COMARES.
Granada-España 1993.

MIR PUIG, Santiago. “Derecho Penal Parte General”. 7ma Edición. Editorial IBdeF. Buenos Aires,
2005

VELAZQUEZ VELAZQUEZ, Fernando. Manual de Derecho Penal. Parte General. Editorial


Temis SA. Bogotá, 2002.
VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. Derecho Penal. Parte General. Editora Jurídica
Grigley. Lima, 2006.
ZAFFARONI Eugenio Raúl, ALIAGA, Alejandro y SLOKAR, Alejandro. Manual de Derecho
Penal. Parte General. Editorial. Ediar. Buenos Aires, 2005.

[1] ALVA MATTEUCCI, Mario. “El principio de continuidad de infracciones. Su implicancia en el ámbito
tributario”. Publicado en “Jurídica” Suplemento de análisis legal del diario oficial El Peruano. Edición
del martes 12 de abril del 2005. Número 41. Páginas 6 y 7.
[2] AGUILA GRADOS, Guido y CALDERON SUMARRIVA, Ana. El AEIOU del Derecho.
Modulo Penal. Fondo Editorial EGACAL. Lima, 2011. p. 110.
[3] HEINRICH JESCHECK, Hans. Tratado de Derecho Penal Parte General”. Editorial COMARES.
Granada-España 1993. p. 122.

[4] HEINRICH JESCHECK, Hans. Tratado de Derecho Penal Parte General”. Editorial COMARES.
Granada-España 1993. p. 123.

[5] MIR PUIG, Santiago. “Derecho Penal Parte General”. 7ma Edición. Editorial IBdeF. Buenos Aires,
2005. P. 116

[6] HEINRICH JESCHECK, Hans. Tratado de Derecho Penal Parte General”. Editorial COMARES.
Granada-España 1993. p. 121.

[7] VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. Derecho Penal. Parte General. Editora Jurídica
Grigley. Lima, 2006. P. 90.
[8] BUSTOS RAMIREZ, Juan. “Principios fundamentales de un derecho penal democrático”.
Disponible en: http://www.cienciaspenales.org/REVISTA%2008/Bustos08.htm

[9] VELÁSQUEZ VELÁSQUEZ, Fernando. Manual de Derecho penal. Editorial Temis.


Bogotá, 2002. p. 17-18.
[10] VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. Derecho Penal. Parte General. Editora Jurídica
Grigley. Lima, 2006. P. 93.
[11] VILLAVICENCIO TERREROS, Felipe. Derecho Penal. Parte General. Editora Jurídica
Grigley. Lima, 2006. P. 94.
[12] AGUILA GRADOS, Guido y CALDERON SUMARRIVA, Ana. El AEIOU del Derecho.
Modulo Penal. Fondo Editorial EGACAL. Lima, 2011. p. 110.
[13] BUSTOS RAMIREZ, Juan. “Principios fundamentales de un derecho penal
democrático”. Disponible
en: http://www.cienciaspenales.org/REVISTA%2008/Bustos08.htm
Publicado por JOSE RAMOS FLORES. Abogado y Docente Investigador en 9:00