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Teoría cognoscitivista

Esta teoría está basada principalmente en aquellas observaciones hechas por el


biólogo y filósofo Jean Piaget, este sustentó su teoría al observar el comportamiento de
sus hijos y otros niños. La cognición es “la acción o proceso mental de adquirir
conocimientos a través del pensamiento, experiencias y sentidos” (Cook, Klein y Tessier,
2008).

Piaget propuso que los niños tienen una capacidad innata de adaptarse a su
ambiente, esta teoría se basa en tres principios fundamentales que son la atención, la
percepción y la memoria. La atención es cuando el niño se enfoca solamente en algo
específico que está ocurriendo en su ambiente, es básica para la teoría cognoscitiva, ya
que a través de este proceso se desarrollan las estructuras cognitivas. A medida que los
niños van creciendo, deben desarrollar dos habilidades distintas. La primera, es la
habilidad de enfocarse en los aspectos relevantes del ambiente y saber que pueden usarlo
para una tarea específica y la segunda es la habilidad de ignorar los estímulos que distraen,
esta habilidad va a ayudarle al niño a llevar a cabo tareas específicas y evitar en la mejor
medida las distracciones.

En cuanto a la percepción, se recibe la información a través de los sentidos, que


es el tacto, la vista, el gusto, oído y olor. De esta manera, los niños pueden crear una
imagen certera del ambiente que los rodea; cada persona procesa de distinta manera los
sentidos y los estímulos que recibe, por lo tanto, se tiene una distinta interpretación de la
percepción. Un concepto muy importante en la percepción es la discriminación, que es la
percepción de las similitudes y las diferencias de un estímulo similar, y es importante
para procesar la información, ya que esto mejora la atención. Se percibe en un principio
al estímulo como algo entero, por ejemplo, un sonido, pero los niños pueden tener la
capacidad de determinar el tono, la frecuencia, el volumen, el ritmo, entre otros, y pueden
saber si han escuchado esos estímulos con anterioridad. Todo esto se relaciona con el
aprendizaje de los niños y como se desarrollan en el área cognitiva.

La memoria juega un papel muy importante a la hora del aprendizaje y en el


desarrollo de la cognición. La memoria, se relaciona con los esquemas, que son “patrones
organizados de pensamiento y conducta que se siguen en situaciones particulares”
(Piaget, J). La atención y la percepción pasan por la memoria para quedarse así
establecidos como esquemas, que están sujetas a incorporar nueva información
(asimilación), o para cambiar un esquema que ya se había tenido (acomodación).

Esta teoría, por otra parte, se divide en 3 etapas, etapa Sensorio-Motor, etapa Pre
operacional y etapa operacional.

Etapa Sensorio-Motor (0-2 años)


A nivel sensorio-motor no existe distinción entre la percepción de una cosa
y la actuación en respuesta a la misma: en esta etapa el pensamiento es únicamente
la acción. Se trata de un conocimiento “figurativo”, mismo que solo tiene en
cuenta los aspectos inmediatos de una situación u objeto en cuanto el bebé observe
estos aspectos. Al principio esta acción de adaptarse del bebé puede ser cosa de
casualidad, pero se repetirá hasta que gradualmente se desarrolla un nuevo
esquema o se coordinan dos esquemas. Piaget llama a este proceso una “reacción
circular”. En estos primeros meses las reacciones circulares primarias capacitan
al bebé a moverse desde el esquema reflejo, al esquema sensorio-motor, más
diferenciado, de chupar los dedos o de ver un objeto y tocarlo por separado, a
tomar el objeto que puede ver. Esta etapa ha terminado cuando el niño es capaz
de representar simbólicamente lo que conoce, de modo que lo que conoce no está
ya ligado a lo que hace.

Etapa Pre operacional (2-7 años)


La etapa sensorio-motor termina cuando empieza la capacidad de
simbolizar, pero no se desarrolla plenamente hasta que el niño es “operativo”, es
decir cuándo va más allá de lo inmediato y transforma o interpreta lo que es
percibido. En primer lugar, aunque el niño es capaz de distinguir entre él mismo
y los objetos, no es capaz de concebir ninguna otra manera de experimentar los
objetos, si no es a su propio modo. Por ejemplo, si ponemos dos baldes que le
caben la misma cantidad de líquido y las llenamos de agua, solo que una es más
alta y estrecha que la otra, el niño, al preguntarle cuál tiene más agua, nos dirá que
la más alta (pues solo atiende a esa variable, sin considerar el ancho). Otra
característica del pensamiento pre-operacional es su irreversibilidad. Habiendo
pensado en un razonamiento en cadena A, B, C, el niño no puede volver atrás y
desenvolverlo en C, B, A. Puede llevarle un tiempo considerable, a veces hasta
los 7 años, el darse cuenta de que si 2 + 2 = 4, entonces 4 – 2 debe ser = 2. Así
también experimenta una gran dificultad para clasificar y serializar los objetos y
experiencias.

Etapas operacionales (concretas y formales)


El desarrollo de las operaciones dura de los 7 a los 17 y tiene dos sub-
etapas: “operaciones concretas” desde los 7 a los 11 o 12 y las “operaciones
formales”, de los 12 en adelante.

Durante el periodo concreto el niño empieza a desarrollar esquemas


cognitivos coherentes que, al principio son secuencias de acciones. El aspecto más
importante del pensar operativo es que es reversible y que el niño ahora no está
fácilmente inducido al error. En este periodo Piaget describe el funcionamiento
cognitivo en términos de estructura lógico-matemática.

Las operaciones concretas tratan directamente con objetos, pero las


operaciones formales se extienden a sistemas que incluyen las ideas de
combinación y posibilidad, debido a que el niño se da cuenta de las diferentes
variables, tales como el peso, la velocidad y el tiempo.

LA TEORÍA DE BRUNER DEL CRECIMIENTO COGNOSCITIVO

"E1 desarrollo del funcionamiento intelectual del hombre desde la infancia


hasta toda la perfección que puede alcanzar esta determinado por una serie de
avances tecnológicos en el uso de la mente" (Bruner, 1964, p. 1) Estos avances
tecnológicos dependen de las mayores facilidades lingüísticas y de la exposición
a la educación sistemática (Bruner, 1966).

Hay tres formas de representar el conocimiento y aparecen en una


secuencia de desarrollo: en acto, icónico y simbólico. La representación en acto
consiste en las respuestas motoras, los modos de manipular el medio. Operaciones
como andar en bicicleta o atar un nudo que representan actividades musculares,
que son definidas por las acciones que suscitan los estímulos. Para un pequeño, la
pelota (estímulo) se representa como algo que se arroja y bota (acciones). La
representación icónica es la de las imágenes mentales sin movimiento. Los niños
adquieren la capacidad de pensar en objetos que no están presentes. Los
transforman mentalmente y reflexionan en sus propiedades sin pensar en su
función o finalidad.
representación icónica permite reconocer los objetos cuando han sufrido
alteraciones menores (por ejemplo, montañas con o sin nieve). La representación
simbólica emplea sistemas de símbolos para codificar la información. Sistemas
notables son el lenguaje y la notación matemática. Permiten entender los
conceptos abstractos y modificar la información simbólica a resultas de
indicaciones verbales. Los sistemas simbólicos representan conocimientos con
características remotas y arbitrarias: la palabra Filadelfia se parece tanto a la
ciudad como una silaba sin sentido (Bruner, 1964). El modo simbólico es el último
en desarrollarse y se convierte con rapidez en el preferido, aunque se mantiene la
capacidad para representar el conocimiento en los modos actual e icónico.
Podemos experimentar la sensación de una pelota de tenis, formarnos una imagen
mental de ella y describirla con palabras. La primera ventaja del modo simbólico
es que permite representar y transformar el conocimiento con mayor flexibilidad
y posibilidades que los otros (Bruner, 1964).